26707(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26707   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 031.  

Bogotá  D.C.,  marzo  siete  (7) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a pronunciarse acerca las  exigencias  de  lógica  y  debida  argumentación  de las demandas casacionales  presentadas    por    los    defensores    de    los   procesados   SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA  y  FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Medellín el 8 de mayo  de  2006,  confirmatoria  –  con      modificaciones      al     incrementar     la   sanción   inicialmente  impuesta  –  de  la  dictada por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Bello  el  5  de  agosto de 2005, por cuyo medio los condenó, a los dos primeros, como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso de delitos de prevaricato por  acción    y    al    último,    como    autor    de   sólo   uno   de   tales  comportamientos.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que dieron lugar a esta actuación  procesal  fueron  sucintamente  expuestos  de manera adecuada por el Tribunal en  los siguientes términos:   

“Los  señores  SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA SORENER ZAPATA HUERTA y FERNANDO MEDINA  SÁNCHEZ,  por  los  años 2001 y 2002, se desempeñaron como Directores durante  algunos  períodos  de la Cárcel de San Quintín de Bello (Ant.) y en ejercicio  de  funciones inherentes al cargo concedieron reiteradamente permisos a internos  que  ostentaban  la  calidad  de  condenados  y  otros  sindicados para realizar  trabajos   extramuros,  sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales”.   

Inicialmente  la  Fiscalía  Seccional  de  Medellín  dispuso  la  respectiva  indagación  preliminar y luego de practicar  algunas  diligencias  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó  mediante  indagatoria a SERGIO LEÓN RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA  SORENER  ZAPATA  HUERTA  y FERNANDO MEDINA SÁNCHEZ,   resolviéndoles   su   situación  jurídica  absteniéndose  de  imponerles medida de aseguramiento.   

Una  vez  cerrada  la  fase  instructiva, el  mérito  del  sumario  fue calificado el 22 de diciembre de 2003 con resolución  de  acusación  en  contra  de  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ  ZAPATA  y  MARÍA  SORENER ZAPATA HUERTA como coautores  del   concurso   de   delitos   de   prevaricato   por   acción.   FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ fue acusado como  autor  de  una  de dichas conductas punibles, decisión que al ser impugnada por  la  defensora de aquellos, fue objeto de confirmación por parte de la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Medellín mediante proveído  del 29 de marzo de 2004.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Bello, despacho que una vez surtido el  rito  correspondiente  profirió  fallo  el  5 de agosto de 2005, por cuyo medio  condenó  a  SERGIO LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA SORENER ZAPATA HUERTA  a  la  pena  principal  de cuarenta y ocho (48) meses de prisión,  multa  por  valor de sesenta (60) salarios mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)  años,  sin  derecho  al subrogado de la condena de ejecución condicional,  pero  concediéndoles  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva de la intramural,  como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso  de delitos por el cual  fueron acusados.   

En la misma decisión condenó a FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ  a  la sanción  principal  de  treinta  y  seis  (36)  meses  de  prisión, multa por la suma de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el referido lapso y le  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, como autor  penalmente responsable del delito de prevaricato por acción.   

          Impugnada  la  sentencia  por la defensa y la Fiscalía, el Tribunal  Superior  de  Medellín  la confirmó mediante fallo del 8 de mayo de 2006, pero  modificó  la  pena de prisión impuesta a SERGIO LEÓN  RAMÍREZ   ZAPATA  y  MARÍA  SORENER  ZAPATA  HUERTA,  tasándola  en  sesenta  (60)  meses, proveído contra el cual los defensores de  los procesados interpusieron recurso extraordinario de casación.   

LAS DEMANDAS  

Dado   que  el  defensor  de  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y  MARÍA  SORENER  ZAPATA HUERTA allega dos  libelos,  uno  en  nombre  de  cada  uno  de  sus  procurados,  los  cuales  son  sustancialmente  similares,  tanto  su  resumen  como análisis se realizará en  forma  conjunta. De manera independiente se estudiará la demanda presentada por  el  defensor  de  FERNANDO MEDINA SÁNCHEZ.   

En nombre de aquellos, el recurrente formula  dos  cargos  contra  la  sentencia  del Tribunal, el primero, por violación del  derecho  a  la  defensa  técnica  de sus asistidos y el segundo, por violación  directa  de  la  ley  sustancial  derivada  de la interpretación errónea de la  expresión    “manifiestamente   contrario   a   la  ley”  contenida en el artículo 413 de la Ley 599 de  2000.   

Por  su  parte,  el  defensor  del procesado  MEDINA  SÁNCHEZ  postula  y  desarrolla  un  solo  reproche  por  violación directa de la ley sustancial por  indebida interpretación del delito de prevaricato por acción.   

Con   la   finalidad  de  fin  de  sortear  repeticiones  inútiles,  por  razones de método se procederá a continuación,  por  sintetizar  cada  uno  de  los  planteamientos  de  los  recurrentes,  para  inmediatamente  verificar  si  en  su postulación y desarrollo cumplen o no con  las  exigencias  de lógica y adecuada fundamentación requeridas para acceder a  este recurso extraordinario.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Ha  puntualizado  la  Sala  que  al  emprender  el  estudio sobre la  admisibilidad  de  las  demandas  de  casación le corresponde verificar que los  impugnantes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  debida  argumentación  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por la  jurisprudencia,  con el propósito de que este medio impugnaticio extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Dichos  requisitos  se  orientan  a  conseguir que los libelos se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar   el   anunciado   estudio   sobre   los   cargos  formulados  por  los  defensores.   

1.             Demandas   presentadas  en  nombre  de  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA SORENER ZAPATA  HUERTA   

1.1.          Primer cargo: Violación del derecho a la  defensa técnica   

          Con  base en la causal tercera de casación el recurrente afirma que  en  el curso de las instancias se violó el derecho a la defensa técnica de sus  representados,  pues  desde  la misma indagatoria no les informó el defensor de  confianza  que  los  asistía  “la  importancia  del  aporte    probatorio    para    acreditar   que   no   cometieron   los   hechos  denunciados”.   

          Añade  que  si  bien  posteriormente  designaron  a otra abogada de  confianza,  lo  cierto  es  que  esta no solicitó la práctica de prueba alguna  orientada  a  desvirtuar  la  sindicación  efectuada  por  la  Fiscalía,  como  podrían  ser  las  declaraciones de Martha Elena Henao  Piedrahita,  Jaime  Ignacio  Ramírez Escobar, Néstor León Arcila Cardona, Luz  Mery  Gallego  Marín,  José  Iván  Chica  Garzón, Gloria Inés Cardona Mesa,  Héctor  Alonso  Arbeláez Pulgarín, Alejandro León Restrepo Molina, Francisco  Javier  Giraldo  Giraldo,  Jorge  Iván  Hernández Gallego, Carlos Arturo Parra  Muñoz   y   Adrián  Rodríguez  Lopera,  quienes  se  beneficiaron    con    los    permisos   otorgados   supuestamente   de   manera  irregular.   

          También   dice   que  se  pudieron  escuchar  en  declaración  los  funcionarios  judiciales  consultados  por  los  acusados  cuando  adoptaron las  decisiones      por      las     cuales     son     cuestionados     en     este  diligenciamiento.   

          Igualmente  indica  que  contra  la  decisión  por  cuyo  medio  la  Fiscalía  decidió  abstenerse de imponerles medida de aseguramiento al momento  de  resolverles  su  situación  jurídica,  la  defensora  no interpuso recurso  alguno.   

El  recurrente  manifiesta  que  tampoco  la  defensa   presentó   alegatos   precalificatorios  una  vez  cerrado  el  ciclo  instructivo,  dejando  con  ello  que la Fiscalía construyera la acusación con  base única y exclusivamente en su visión del asunto.   

Agrega  que  si  bien  la  defensora  de sus  prohijados  interpuso recurso de apelación contra la resolución acusatoria, lo  cierto  es que “el desarrollo conceptual esgrimido en  esta  sustentación  se  queda  sin fundamento probatorio por la ausencia de esa  actividad  durante  la etapa de instrucción”, motivo  por  el  cual  la decisión fue confirmada en segunda instancia por la Unidad de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Medellín.   

          De  otra  parte  afirma  el  defensor  que en la fase del juicio los  mismos  procesados  solicitaron  la  práctica de pruebas, pero al ser negada la  recepción  del  testimonio  de  Constanza  Morales de  Peñuela  e  interponer estos y sus defensores recurso  de  apelación  contra  tal decisión, fue objeto de confirmación por parte del  ad   quem   dado  que  fue  “defectuosamente        sustentado”.   

Cuestiona  el  demandante que al surtirse el  traslado  previsto  en  el  artículo  400  del estatuto procesal, la defensa no  solicitó  la  nulidad  de  la  actuación  por  ausencia  de asistencia letrada  durante  el  sumario y tampoco solicitó escuchar en declaración a los internos  que    se   beneficiaron   con   los   permisos   otorgados   por   SERGIO    LEÓN    RAMÍREZ   ZAPATA   y   MARÍA   SORENER   ZAPATA  HUERTA,  razón  por  la  cual  sólo  se  decretó la  práctica de pruebas solicitadas por los mismos acusados.   

Señala   que  en  la  audiencia  pública  intervinieron   el   vocero   y   el   defensor   del   procesado   RAMÍREZ  ZAPATA,  así  como SORENER  ZAPATA y su defensora, diligencia  en  la  cual  se  alegó  la  inocencia  de  los incriminados en atención a que  actuaron  convencidos  de  que sus decisiones se ajustaban a la ley, pero pese a  ello,  el  a quo los condenó  en  la  forma  ya indicada, pues los defensores no aprovecharon su intervención  para  solicitar  la  declaratoria de nulidad de la actuación por violación del  derecho a la defensa técnica.   

          En   punto  de  la  trascendencia  de  la  censura  el  casacionista  manifiesta  que  “si se hubiese asumido la defensa en  forma  diligente  también se habrían podido solicitar las declaraciones de los  señores  beneficiados  con  la  supuesta actividad delictiva de los procesados,  quienes  podrían  haber  dado  cuenta  de  las  actuaciones  realizadas por los  acusados  y la legalidad de las mismas y sobre todo, si esos permisos se venían  expidiendo  con  anterioridad  y exigiendo iguales requisitos a los exigidos por  los acusados”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto, el impugnante solicita a la Corte  casar  el  fallo  atacado  en el sentido de declarar la nulidad de la actuación  procesal   a   partir   de  la  resolución  de  cierre  de  la  investigación,  disponiendo,  en  consecuencia, la remisión del diligenciamiento a la Fiscalía  Seccional de Medellín.   

Previo  a  emprender  el  estudio  de  este  reproche  se  impone indicar que acerca de la demostración de la causal tercera  de  casación  ha  dicho  la  Sala,  que si bien puede ser menos exigente que la  acreditación  de  las  otras  causales, lo cierto es que resulta imprescindible  que  el  censor  precise con claridad la especie de irregularidad sustancial que  determina  la invalidación, así como los fundamentos fácticos y los preceptos  que  considera  conculcados,  con la indicación de las razones de su quebranto.  También  es  de su resorte especificar el límite de la actuación a partir del  cual  se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura de la nulidad, amén de  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  conculcado  y,  lo  más  importante, acreditar que la anomalía denunciada tuvo  incidencia  perjudicial  y  efectiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Una  vez precisado lo anterior, encuentra la  Sala  que  el  recurrente  no se sujeta a las referidas exigencias casacionales,  pues  si  bien reprocha la actividad profesional de quienes lo precedieron en su  encargo  defensivo,  no  se  detiene  a  señalar  en concreto de qué manera la  estrategia  que  asumieron  conculcó efectivamente el derecho de defensa de sus  asistidos,  amén  de que tampoco señala sin especulaciones y conjeturas, cuál  habría  sido  realmente  la  incidencia  en  el  fallo  de  una labor defensiva  diversa,  como  que  únicamente  realiza  vagos  e  imprecisos  comentarios sin  acometer el desarrollo correspondiente al cargo que postuló.   

          En  efecto,  no  señala  cómo  habría  variado  el  resultado del  proceso  si  la  defensa  hubiera  solicitado  escuchar  en  declaración  a los  internos   que  se  beneficiaron  con  los  permisos  para  trabajar  extramuros  expedidos  por los acusados o a los funcionarios que opinaron sobre la legalidad  de  tales  decisiones  administrativas,  pues  es  claro  que no correspondía a  aquellos  “haber  dado  cuenta  de  las  actuaciones  realizadas  por  los acusados y la legalidad de las mismas y sobre todo, si esos  permisos  se  venían expidiendo con anterioridad y exigiendo iguales requisitos  a los exigidos por los acusados”.   

No  precisa  cuál  sería el interés de la  defensa  en  impugnar  la  decisión  por  cuyo  medio  la  Fiscalía  resolvió  abstenerse de imponer medida de aseguramiento a sus representados.   

Tampoco  indica  en  concreto,  esto es, sin  especulaciones,  en  qué  habría  variado  el curso del diligenciamiento si la  defensa   hubiera   presentado   alegatos   precalificatorios   o  por  qué  la  impugnación  interpuesta  por  la  defensora  que  actuaba  en  nombre  de  sus  patrocinados  contra  la resolución acusatoria careció de soporte probatorio y  por ello fracasó.   

          No  demuestra  por qué el recurso de apelación interpuesto por los  defensores  contra  la  decisión del a quo     de    no    escuchar    en    declaración    a    Constanza   Morales   de   Peñuela   fue  “defectuosamente        sustentado”,  además  de  que  no  precisa  cuál  habría  sido  el aporte  demostrativo   y   favorable   a   los   intereses  de  los  acusados  de  dicho  testimonio.   

Finalmente,  no  atina  a  explicar por qué  dentro  del  traslado previsto en el artículo 400 del estatuto procesal o en la  audiencia  pública,  los  defensores  tenían  que  solicitar  la nulidad de la  actuación por ausencia de defensa técnica.   

          Las  razones  expuestas  resultan  suficientes  para concluir que la  censura  objeto  de  análisis  no  se ajusta a las reglas de lógica y adecuada  fundamentación   requeridas   para   acceder  a  este  recurso  extraordinario,  circunstancia que impone su inadmisión.   

1.2.          Segundo  cargo: Violación directa de la  ley  sustancial  derivada de la interpretación errónea del artículo 413 de la  Ley 599 de 2000   

Invocando  la  causal  primera de casación,  cuerpo  primero,  el  defensor  manifiesta  que  los  falladores  incurrieron en  violación  directa  de  la ley sustancial, esto es, del artículo 413 de la Ley  599   de   2000,   en   cuanto   interpretaron   erróneamente   la   expresión  “manifiestamente  contrario  a  la  ley”.   

En  el  desarrollo del reproche aduce que si  bien  los  sentenciadores  consideraron que el otorgamiento de los permisos para  laborar  extramuros  a  los internos de la Cárcel de San Quintín desconocieron  lo  establecido  en los artículos 86, 87, 146 y 147 del Código Penitenciario y  Carcelario  (Ley  65  de 1993), lo cierto es que las decisiones a través de las  cuales  se  concedieron  tales permisos no resultan manifiestamente contrarias a  la   ley,   pues   responden   a   una   interpretación   sistemática   de  la  legislación.   

Añade que de conformidad con lo expuesto por  esta  Sala  en auto del 15 de septiembre de 2004 se concluye que, además de los  condenados,  también quienes ostentan la condición de procesados tienen acceso  a  los  referidos  permisos  para  realizar  trabajos  fuera del establecimiento  carcelario,  con  mayor  razón,  cuando  en este asunto tales autorizaciones se  otorgaron  previo  el  cumplimiento de los requisitos establecidos en la ley, la  cual  no  es  suficientemente  clara  sobre  el particular e impone efectuar una  tarea hermenéutica.   

          Puntualiza  que  de  no  haber efectuado la referida interpretación  por   parte  de  sus  representados,  un  procesado  no  accedería  al  trabajo  extramuros,  pues  no  cumpliría las cuatro quintas partes de la pena impuesta,  razón  para afirmar que la interpretación resulta acorde a la legalidad, luego  no  puede tildársele de prevaricadora, en especial si esta Sala ya ha precisado  que  el  competente  para otorgar los ya mencionados permisos es el director del  establecimiento carcelario donde se encuentre el recluso.   

Concluye  señalando  que la interpretación  planteada  por  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA en las decisiones cuestionadas  resulta   razonable,   se   funda   en   el  “efecto  útil”,   amén   de   que   corresponde   a   una  interpretación   sistemática,   pues   la   posición  jurídica  de  aquellos  “al  conceder los permisos para trabajos extramuros,  bajo  el  entendido  de  que  obraban conforme a derecho, puede ser una opinión  criticable  – sin olvidar  que  no  son  unas  personas  con  formación  jurídica -, pero ello no la hace  arbitraria  o  aberrante;  es  solo  una  disyuntiva  jurídica,  si  se  quiere  argumentativa  más favorable y más respetuosa de los derechos de los internos,  pero  finalmente se entiende como un ejercicio de hermenéutica, que a la postre  puede  conducir  a un juicio ex post de desacierto pero nunca un desconocimiento  claro y abierto del orden jurídico”.   

          En  apoyo  de  su planteamiento cita el Instructivo No. 5 del 1º de  enero  de  2003,  la  Circular  No.  020 de 1998 y las Resolución 2376 de 1997,  todos  emanados  del  Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC, así  como  el  artículo  149 de la Ley 65 de 1993 y un concepto del Viceministro del  Interior   y   de   Justicia   sobre   los  beneficios  administrativos  de  los  internos.   

          Con   base   en   lo   anterior,   el   demandante  afirma  que  los  sentenciadores  violaron  de  manera  directa  el artículo 413 de la Ley 599 de  2000  al  interpretarlo  de  manera errónea, circunstancia que impone a la Sala  casar  el  fallo  atacado,  para, en su lugar, absolver a los procesados por los  cargos objeto de acusación.   

Considera la Sala que en su aspecto formal el  recurrente  sujeta  su argumentación a las reglas que de tiempo atrás han sido  establecidas  por  la jurisprudencia en punto de la invocación de la violación  directa  de  la  ley sustancial, pues se ocupa de un yerro de los juzgadores que  recae  necesaria  e  inmediatamente  sobre  la  normatividad,  circunstancia que  traslada  el debate a un ámbito estrictamente jurídico, para lo cual acepta la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias  e  inmodificable  dentro  del  proceso.   

En  efecto, plantea la violación directa de  la  ley sustancial y orienta su discurrir a demostrar que los falladores erraron  al  considerar  que  los  actos  por  cuyo  medio  los  funcionarios  procesados  otorgaron  permisos para adelantar trabajos extramuros a algunos de los internos  de  la  Cárcel  de  San Quintín son manifiestamente contrarios a la ley. En el  desarrollo  de  tal  cometido pretende acreditar que tales actos administrativos  responden  a  una  interpretación  sistemática  y razonable de la legislación  penitenciaria, dada su ambigüedad.   

         Las  anteriores consideraciones permiten  concluir  que  es  procedente  admitir  el cargo así  propuesto    por    el  defensor,  motivo  por  el  cual  se impone surtir el  traslado  previsto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000, a fin de que el  Ministerio   Público   rinda   concepto   sobre  el  particular.   

2.             Demanda   presentada   en   nombre  de  FERNANDO MEDINA SÁNCHEZ   

Cargo único:           Violación  directa  de  la  ley  sustancial   por   indebida   interpretación  del  delito  de  prevaricato  por  acción   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo primero,  el  recurrente  afirma  que  los  sentenciadores  violaron  directamente  la ley  sustancial,   pues  en  este  asunto  “se  presentó  una   enorme  irregularidad  en el ajuste del tipo penal de la conducta que  corresponde  a  una  objetiva  violación del artículo 86 de la Ley 65 de 1993,  con   lo   cual   se   le   imputa   la   existencia  de  un  delito”.   

          Señala        que        la        expresión       “manifiestamente  contrario  a la ley” que  aparece  en  la descripción típica del delito de prevaricato por acción no se  encuentra  satisfecha en la conducta de FERNANDO MEDINA  SÁNCHEZ,  quien sólo en una ocasión otorgó permiso  para   trabajar   extramuros   a   un   interno  que  tenía  la  condición  de  procesado.   

Destaca que de conformidad con el artículo  86  de  la Ley 65 de 1993, el otorgamiento de dichos permisos era de competencia  de  los  directores  de  los  establecimientos  carcelarios  y  en virtud de tal  precepto    su    asistido    realizó    la    conducta   que   ahora   se   le  cuestiona.   

También resalta que dentro de la actuación  obra  un  documento  de  fecha  25  de  marzo de 2003, por cuyo medio el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de Medellín precisa que el permiso  para  desarrollar actividades extramuros para parte de los sindicados compete al  director   del   establecimiento   carcelario.  Además,  también  aparece  una  comunicación  suscrita  por  el  Fiscal Setenta y Siete de Medellín en sentido  similar.   

Concluye que “no  existe  una  norma  rectora  que  prohíba  expresamente  otorgar beneficios y/o  gracias   a   quien  tiene  derecho,  como  sindicado,  luego  si  es  facultado  legalmente,  valga  su  interpretación, por los artículos 85 y 87 del estatuto  penitenciario  ese  obrar  legal  y no contrario a la ley. Y de la misma manera,  ese  actuar  legal  y administrativo conforme a  la ley no derivó una fuga  ni  en  la  comisión  de delitos producto del beneficio, ni beneficio personal,  económico ni de otra naturaleza”.   

          A  partir  de  lo expuesto, el demandante considera que se violó el  principio  de  legalidad,  razón  por la cual solicita a la Sala casar el fallo  atacado,  con  el  propósito  de  que  se  declare  que el delito imputado a su  procurado no existió.   

Encuentra la Sala que acierta el defensor al  invocar  la  causal  primera de casación cuerpo primero, esto es, la violación  directa  de  la  ley sustancial para cuestionar la interpretación del artículo  413  de  la  Ley  599  de  2000, además de que en el desarrollo de su libelo no  cuestiona  las  pruebas  obrantes  en  el informativo, circunstancia que permite  concluir  que  si el cargo se encuentra debidamente formulado, debe ser admitido  por la Sala.   

Adicionalmente   se   tiene   que  si  el  planteamiento  es similar al segundo reproche contenido en la demanda presentada  por  el  defensor  de  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y  MARÍA   SORENER   ZAPATA  PUERTA,  es  claro  que  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el artículo 229 de la Ley 600 de 2000 la  decisión   que  respecto  de  aquellos  se  adopte  debe  hacerse  extensiva  a  FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ,  dado  que  también  fue  acusado  por  el  delito de prevaricato por acción al  otorgar  un  permiso  para  trabajar  extramuros  a  un interno que no tenía la  condición de condenado.   

          Así  las  cosas,  se  impone  admitir  el  cargo  propuesto  por el  defensor  del  procesado  MEDINA  SÁNCHEZ   y   surtir,  en  consecuencia,  el  correspondiente  traslado  al  Ministerio Público a fin de que rinda concepto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.                      INADMITIR  el   primer   cargo  de  las  demandas  de  casación interpuestas por el defensor  de  los  procesados  SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA y  MARÍA   SORENER   ZAPATA   PUERTA,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

2.            ADMITIR  el   segundo   cargo  de  los  libelos  casacionales  presentados  en  nombre  de  los  mencionados  ciudadanos,  así como la demanda  presentada   por   el  defensor  de  FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ,   de  conformidad  con  lo  dicho  en  este  proveído.   

         3.                      SURTIR  el  traslado  previsto  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000  al  Ministerio  Público,  con  el  propósito  de que  rinda concepto sobre los cargos admitidos.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

Impedido  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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