26672(25-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26672  

3CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 58  

Bogotá, D. C., abril veinticinco (25) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Procede la Sala a calificar, en los términos  señalados  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, la demanda presentada por  el  defensor  de  los  procesados ALDO SALVINO MANZUOLI  y  PAULINA  OFELINA  ARANGO  HERNÁNDEZ,  libelo con el cual sustenta el recurso de  casación  que  interpuso  contra la sentencia del 13 de marzo de 2006, por cuyo  medio  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó, con modificación que recayó  en  el  monto  de  los perjuicios, el fallo del 21 de abril de 2005, mediante el  cual  el  Juzgado  47  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede  condenó a los  prenombrados  a  las  penas  principales  de 36 meses de prisión y $3.000.oo de  multa,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso fijado para la privativa de la libertad,  como coautores del delito de estafa agravada.   

HECHOS  

Se relataron en la sentencia de primer grado  de la siguiente manera:   

“Se afirma que la  señora  LUZ  MARINA  AMAYA  GONZÁLEZ,  en  razón  de la deuda hipotecaria que  tenía  con  la  señora  PAULINA  OFELINA  ARANGO  HERNÁNDEZ,  por  la suma de  veintinueve  millones  de  pesos  ($29.000.000.oo), más los intereses mensuales  del  4%  pagaderos  anticipadamente,  según reza en la escritura 2051 del 24 de  mayo  de  1996,  registrada  en  la  Notaría  9ª  de  la  ciudad y la precaria  situación  económica  que  atravesaba,  de manera “simulada” le enajenó a  aquella  su  residencia,  ubicada  en  la  calle  101  No.  53-17,  barrio Nuevo  Monterrey,   por   la   suma   de   cuarenta   y   cuatro   millones   de  pesos  ($44.000.0000.oo),  como  lo enseña la escritura 077 del 14 de enero de 1997 de  la  Notaría 9ª de la ciudad, con la promesa, según lo convenido con el señor  ALDO   SALVINO  MANZUOLI,  esposo  de  ARANGO  HERNÁNDEZ,  que  la  prenombrada  levantara  la  hipoteca  que  pesaba  sobre  el  bien, con el fin que ella misma  adquiriera  un  préstamo  hipotecario  ante  alguna  entidad  bancaria, dado el  reconocimiento  comercial  que  tenía  y  con el fruto de aquél, descontara la  deuda  hipotecaria  de  veintinueve  millones  de  pesos  ($29.000.000.oo) y los  intereses  adeudados  por  LUZ  MARINA AMAYA GONZÁLEZ a quien le entregaría el  saldo  y  finalmente,  le  devolvería  la  vivienda,  en  la  medida que ARANGO  HERNÁNDEZ,  le  subrogaría  la  deuda,  para que ella continuara cancelando el  préstamo.   

“Sin embargo, se  estableció  que PAULINA OFELIA ARANGO HERNÁNDEZ no solicitó préstamo alguno,  tal  como  lo  aseguró  el procesado SALVINO MANZUOLI, tampoco le entregaron el  excedente  de  la  venta, por el contrario, se conoció que aquél en compañía  de  su  esposa  logró vender la propiedad a los esposos JORGE ELIÉCER CASTILLO  HERNÁNDEZ  y  BERTHA  CECILIA  PANTOJA  ORTIGA,  por la suma de sesenta y cinco  millones   de   pesos   ($65.000.000.oo),   sin   recibir   la   diferencia   la  denunciante”.    

ACTUACION PROCESAL  

1.-  Con fundamento en la denuncia formulada  por      Luz     Marina     Amaya     González,  la  Fiscalía  328  Seccional de esta ciudad decretó el  1º de agosto de 1997 la apertura de investigación previa.   

2.- El 12 de febrero de 1998 la Fiscalía 86  Seccional  dispuso  la  iniciación  de instrucción criminal, en el curso de la  cual  escuchó  en  declaración  de indagatoria a ALDO  SALVINO  MANZUOLI  y  PAULINA  OFELINA   ARANGO   HERNÁNDEZ,  a  quienes  resolvió  situación  jurídica con providencia del 22 de septiembre del precitado año, a  través  de  la  cual  les impuso medida de aseguramiento de caución prendaria,  por el ilícito de estafa agravada por la cuantía.   

3.-  Al  resolver  recurso  de  reposición  interpuesto  en  forma  principal por la defensa, el Fiscal 86 revocó la medida  de  aseguramiento  y,  en  su  lugar, se abstuvo de afectar con decisión de esa  naturaleza a los procesados.   

4.- Mediante resolución del 22 de noviembre  de  2001,  el  instructor  clausuró  la  investigación,  y  una  vez resolvió  negativamente  recurso  de  reposición  formulado  contra  esa  determinación,  calificó  el  mérito  del sumario con resolución de acusación, que profirió  contra    ALDO    SALVINO    MANZUOLI   y      PAULINA      OFELINA     ARANGO  HERNÁNDEZ,  como  coautores  del  punible  de  estafa  agravada por la cuantía.   

5.-   El   pliego  acusatorio  de  primera  instancia,  que  data del 30 de abril de 2002, obtuvo confirmación por parte de  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá, según proveído  del  7  de  febrero  de 2003, emitido en virtud de la apelación interpuesta por  los procesados.   

6.-  Correspondió  adelantar  la  fase  del  juicio  al  Juzgado 47 Penal del Circuito de Bogotá, cuyo titular llevó a cabo  las  audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, y luego puso fin a la instancia  con  la  sentencia que, en razón de la apelación formulada por la defensa, fue  confirmada  por el Tribunal Superior de citada Capital, decisión que, a su vez,  mereció   la   interposición   por  ese  mismo  sujeto  procesal  del  recurso  extraordinario de casación, razón de la intervención de la Sala.   

LA  DEMANDA   

Cuatro  cargos,  el  primero al amparo de la  causal  primera,  el  segundo  bajo  la  égida  de  la causal segunda y los dos  últimos  con  sustento  en  la  causal tercera, formula el impugnante contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Bogotá. A continuación se sintetizan las  razones   con   las   cuales   fundamenta   el   demandante   cada  uno  de  los  reparos.   

     

a. Cargo primero.     

Aunque  el actor invoca la causal primera de  casación,  el  desarrollo  de esta censura lo orienta a demostrar la existencia  de  nulidad.   En  ese orden, aduce que en este caso se violó el artículo  153   del   estatuto   procesal  penal  de  2000,  situación  que  comporta  la  invalidación  de  la actuación, porque sin allegarse la información que en el  curso  de  la  instrucción  se  ordenó pedir, encaminada a saber el estado del  proceso   civil   por   simulación   promovido   por  la  señora  Luz  Marina  Amaya  González  contra  los  aquí  procesados,  el  fiscal  calificó  el  mérito  del  sumario y profirió  resolución  de  acusación  en  desmedro de éstos, decisión confirmada por la  fiscalía de segunda instancia.   

De  esa  manera  y máxime cuando el proceso  civil  en alusión fue fallado por el Juzgado 17 Civil del Circuito de Bogotá y  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior de Bogotá , en sentencias del 5 de  junio  de  2001  y  25  de septiembre de 2002, respectivamente, en el sentido de  absolver    a    los    demandados,    el    ente    acusador    “cometió”  una prejudicialidad conforme a  la  norma  última  citada,  con  lo cual incurrió en nulidad por violación al  debido  proceso,  que  tanto  el  juzgado  de  primer  grado  como  el  Tribunal  ad   quem   estaban  en  la  obligación de declarar de oficio, precisó el actor.   

En  su  criterio,  si  la  fiscalía hubiese  esperado  el fallo definitivo emitido por la jurisdicción ordinaria en lo civil  no  hubiera  llamado a juicio a sus representados o, de hacerlo, “seguramente  se  hubiera  dado  una  calificación diferente y menos  gravosa  a  mis  poderdantes, como lo explicaré mejor  en el segundo cargo  de  esta  demanda…Además, los términos de prescripción (derechos que tienen  los  sindicados)  hubieran  podido  cambiar  a  favor  de mis prohijados si este  proceso  de  naturaleza  de Derecho Penal ordinario se hubiese suspendido por un  año  como  lo  estipula el artículo 153 del Código de Procedimiento Penal del  año 2000…”.    

En  esas condiciones, por haberse violado la  ley,   solicitó  casar  la  sentencia  de  “primera  instancia”.   

          b) Cargo segundo.   

          Sostuvo   que   la   resolución   de   acusación  y  la  sentencia  condenatoria  no  guardan  armonía,  porque  mientras la primera de esas piezas  procesales  imputa  a  los  procesados  el  delito  de  estafa  agravada  por la  cuantía,  el  fallo  les formula juicio de reproche, si bien formalmente por el  ilícito  de  estafa  agravada  por  la  cuantía,  en realidad por una deuda de  naturaleza  civil,  causante  de  lesión enorme o de enriquecimiento sin causa.   

          Explicó  tal  argumentación,  señalando que en tanto la fiscalía  atribuyó  a los acusados inducir en error a la denunciante, para que ésta, sin  quererlo,  les  trasladara  el  dominio  y  posesión  del inmueble, con lo cual  obtuvieron   provecho  patrimonial  ilícito,  la  condena  se  emitió  por  la  apropiación   del   excedente   de   dinero   que   la   señora   Luz  Marina  Amaya  González  adeudaba  a  aquéllos,  esto es, $36.000.000.oo, si se tiene en cuenta que vendieron el bien  raíz  en  la  suma  de  $65.000.000.oo,  y  la acreencia ascendía a la suma de  $29.000.000.oo   

          Para  el actor, los hechos por los cuales se emitió la condena a lo  sumo  configurarían  el  delito  de  abuso  de  confianza  o el de abuso de las  condiciones  de inferioridad, pero nunca el de estafa. Pero en la medida en que,  añadió,  a los procesados se les condenó por una deuda de carácter civil, se  incurrió  en  violación  al  inciso final del artículo 28 de la Constitución  Política  y  al  “derecho de la legítima defensa”  consagrado  en el artículo 8º de la Ley 600 de 2000,  por cuya razón solicitó casar la sentencia.   

     

a. Cargo tercero.     

Considera  el demandante que la sentencia de  segunda  instancia  es  nula,  porque  dos  de  los  integrantes  de  la sala de  decisión  que  participaron  en  su  proferimiento,  entre  ellos  el  ponente,  debieron  declararse impedidos al concurrir en ellos la causal sexta prevista en  el   artículo  99  del  estatuto  procesal  penal  de  2000,  dado  que  dichos  funcionarios  intervinieron en la aprobación de la providencia emitida el 28 de  noviembre  de  2003, por cuyo medio el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la  admisión  de la demanda de constitución en parte civil presentada a través de  abogado por la denunciante.   

          En  su  concepto,  la  omisión  de  los  magistrados constituyó un  prejuzgamiento,  pues  ya  habían  anticipado  su  criterio en relación con la  parte  civil.  Con  ello, añadió, vulneraron el debido proceso y el derecho de  defensa   de   los  procesados,  al  aumentar  los  perjuicios  fijados  por  el  a  quo,  con desconocimiento  consecuencial  de  la  decisión  adoptada sobre la materia por la jurisdicción  ordinaria en lo civil.   

          Adicionalmente,  el actor censura a los dos funcionarios en alusión  por  no  dar  trámite  a  la  recusación  que en forma expresa les formuló el  procesado    ALDO    SALVINO    MANZUOLI    luego   de  emitida  la  sentencia  de  segunda  instancia,  situación  con  la  cual desatendieron, entre otras disposiciones, el contenido  de  los  artículos  104,  105  y  106  de  la  Ley  600 de 2000 y la previsión  establecida  en el inciso primero del artículo 151 del estatuto procesal civil,  norma  esta  última  que  establece  que  la  recusación  puede  formularse en  cualquier momento del proceso.   

          A  manera  de  reflexión,  el demandante destaca, finalmente, cómo  mientras  al  confirmar  la  admisión  de  la demanda de constitución en parte  civil  el  Tribunal  utilizó  tres  hojas  y  media, decisión que, por demás,  estima  violatoria  del  numeral 4º del artículo 48 del código procesal penal  de  2000,  en  la  sentencia,  en  cambio, sobre el tema de la legitimidad de la  parte  civil  gastaron  tan  sólo  cinco  líneas y media. Según el actor, esa  parquedad  confirma que la corporación en mención ya tenía fijado el criterio  al respecto.   

          Con  fundamento  en  los anteriores argumentos, solicitó a la Corte  declarar  nula  la  sentencia  de  segunda instancia y, en su lugar, proferir el  fallo  de  reemplazo  u  ordenar  al  Tribunal emitir una nueva decisión de esa  naturaleza.   

          d) Cargo cuarto.   

          Para  el  demandante,  el  juzgado  de  primera  instancia no debió  admitir  la  demanda  de constitución en parte civil, por cuanto lo relacionado  con  la indemnización de perjuicios fue definido por la jurisdicción ordinaria  en  lo civil. Al hacerlo y confirmarse esa decisión por el Tribunal de Bogotá,  prosiguió,  se vulneró el numeral 4º del artículo 48 de la Ley 600 de 2000 y  de paso el debido proceso.   

          Por  lo  anterior,  solicitó  declarar  la nulidad de las referidas  decisiones,  precisando  que  tanto la sentencia de primera instancia como la de  segundo  grado  están  también  revestidas  de nulidad, por cuanto en ellas se  impuso  el  pago  de  unos  perjuicios,  no obstante que la justicia civil ya se  pronunció al respecto, condena que entonces deviene ineficaz.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La demanda de casación no es un escrito de  libre  elaboración.  No  resulta  suficiente, para acceder a ese extraordinario  medio  de impugnación, la presentación de un alegato de aquellos que se suelen  allegar  ante  las  instancias.  Es  necesario  que  el  libelo,  además de los  presupuestos     de    legitimidad,    oportunidad  y  procedibilidad,  satisfaga unos requisitos mínimos  de  coherencia  y lógica argumentativa, donde aparezca expresada la causal y la  formulación  del cargo o cargos aducidos en contra de la sentencia cuestionada,  con  indicación  en  forma  clara  y precisa de sus fundamentos, según así lo  tiene  establecido  el  artículo  212, numeral 3º de la Ley 600 de 2000.    

Sólo   si   se   cumplen  esas      exigencias     mínimas     tendrá     la     demanda   idoneidad   para   desvirtuar  la  doble  presunción  de  legalidad  y  acierto  de  que está revestida la sentencia atacada y demostrar,  consecuencialmente,  que  la  decisión  judicial quebranta de manera frontal el  derecho  sustancial  o  vulnera  las  garantías constitucionales de los sujetos  procesales.   

          En  el  caso  que concita la atención de la Sala, se observa que el  libelo  objeto  de  examen no cumple esos presupuestos Así, se tiene que, en el  primer  cargo, a pesar de que  el  demandante  anuncia  su  formulación  con  apoyo  en  la  causal primera de  casación,  lo  cual  le  exigía  demostrar  que  el  sentenciador incurrió en  violación  de  una  norma  de  derecho  sustancial, ya fuese en forma directa o  indirecta,  todo  el  desarrollo del cargo se corresponde con la causal tercera,  en  la  medida  en  que  se  dedica  a  predicar  la  existencia  de nulidad por  calificarse   el  mérito  del  sumario  sin  esperar  la  información  que  el  instructor  pidió  acerca  del  proceso  civil  que la denunciante Luz  Marina  Amaya  González promovió por  separado contra los aquí procesados.   

          Es  evidente  entonces que el actor, con sacrificio de la claridad y  coherencia  con  que debe plantearle a la Corte la censura, pretendió demostrar  una  situación muy distinta a la que enunció. Pero, así se quisiera pasar por  alto  esa  impropiedad  y entender entonces que la intención del demandante fue  la  de  formular el cargo bajo la égida de la causal tercera, tampoco el reparo  en ese sentido cumple los parámetros que le son propios.   

          Dígase,  en  primer  término,  que  el  impugnante  desconoce  sin  empacho  el  principio  de autonomía que es inherente al recurso de casación y  conforme  al  cual cada uno de los cargos deben ser formulado con indicación de  la  causal  y mediante la expresión independiente de sus fundamentos, de manera  que  las  censuras  por  sí  mismas  sean  suficientes o tengan individualmente  capacidad      para     quebrar     el     fallo1,  sin  que sean admisibles las  remisiones        a        otros       reparos2,  como lo hizo el actor cuando  invitó  a  revisar los fundamentos del siguiente cargo en busca de demostrar la  trascendencia del primero.   

          Y  en  segundo  lugar,  necesario se hace precisar que aun cuando la  causal  tercera  de casación no le impone al demandante acudir a unas rigurosas  y  sacramentales  fórmulas  sin  las  cuales  la  censura  estaría  llamada  a  fracasar,  esa flexibilidad no lo releva de cumplir unos mínimos requisitos que  son   indispensables   para   la   cabal  comprensión  de  la  pretensión  del  casacionista.   

          Dichos  presupuestos tienen que ver con la necesidad de que el actor  “identifique claramente el motivo sobre el cual gira  la   irregularidad   que  advierte,  la  causal  de  nulidad  que  procede  como  consecuencia   de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan  su  pretensión,  la  trascendencia  que  genera bien en el marco de la estructura del proceso o en el  de  las  garantías  fundamentales  de  quien  la invoca y el momento procesal a  partir  del  cual se debe invalidar la actuación”3.           

          Varios  de  esos  requisitos  no  los  satisface  el  impugnante. En  efecto,  de  una  parte, con evidente especulación se limitó a señalar que si  la   Fiscalía   hubiese   esperado   el   fallo  definitivo  proferido  por  la  jurisdicción  ordinaria  en  lo  civil  no se hubiera emitido la resolución de  acusación  o, al menos, la calificación se habría dado por una conducta menos  gravosa  y,  además, los términos de prescripción serían distintos. Pero, se  sustrajo  a  explicar  de  qué  forma la omisión del instructor de decretar la  prejudicialidad  civil  afectó de manera sustancial la estructura del proceso o  quebrantó las garantías fundamentales de los acusados.   

De  otro lado, tampoco precisó el momento a  partir   del   cual   debe  invalidarse  la  actuación.  Al  respecto,  se  circunscribió   a  solicitar  que  se  case  la  sentencia  de  “primera  instancia”,  sin  precisar  desde qué momento del proceso debe decretarse la nulidad.   

          El  segundo cargo  el  demandante  lo  asienta en la causal segunda de casación y, en armonía con  ello,  plantea  que  la  sentencia  no  es  congruente  con  la  resolución  de  acusación.  No obstante, termina propugnando por la absolución de los acusados  o  por  su  condena  por  un  delito  menos grave, al argumentar primero que los  hechos  constituyen  una  deuda  de  naturaleza  civil, y después que a lo sumo  éstos  arrojarían  la  estructuración del punible de abuso de confianza o del  ilícito  de  abuso  de  las  condiciones  de  inferioridad,   con  lo cual  traslada  la discusión del ámbito de la causal segunda, a los terrenos propios  de la primera.   

          Pero  es  más. El actor predica la incongruencia con sustento en un  hecho  irreal,  porque si bien el fallador de primera instancia, distanciándose  de  la  imputación  fáctica  contenida en el pliego acusatorio, estructuró la  estafa  con fundamento en que los procesados vendieron el inmueble a los esposos  Castillo  Pantoja por la suma  de   $65.000.000.oo,   ocultando  ese  precio  a  la  denunciante,  a  quien  le  manifestaron  que  el  valor ascendió tan sólo a $44.000.000.oo, apropiándose  de  la  diferencia  existente  entre  uno  y  otro monto, lo cierto es que dicho  desaguisado  fue,  sin  decirlo  expresamente,  corregido por el sentenciador de  segundo  grado,  quien  analizó el asunto de manera diferente a como lo hizo el  a  quo, pero coincidente con  el criterio plasmado al respecto en la resolución acusatoria.   

          Los  siguientes  apartes  de la decisión del Tribunal confirman tal  aserto:   

          “Resulta  evidente  que  al  texto de la  escritura  pública  No.  77  de  enero 14 de 1997 autorizada en la Notaría 9ª  no   puede   reconocérsele   un   valor  probatorio  intrínseco  pues  está  demostrado  que  en ese acto  faltaron   flagrantemente  a  la  verdad  las  contratantes  Amaya  González  y  ARANGO  HERNÁNDEZ en cuanto  la  primera  declaró  haber  recibido de la compradora el valor completo de los  $44.000.000.oo  que  se  mencionan  en la cláusula 3ª de la escritura pública  No.  77,  por  una  parte,  y, por la otra, al haber declarado la segunda que ya  había  recibido en forma “real y material” el inmueble negociado, dado que,  de  lo  averiguado  en este proceso, resulta que la vendedora no había recibido  sino  $29.000.000.oo y a esta suma podía agregar una más pequeña por concepto  de intereses…” (fl. 13 cd. Tribunal).   

          “…   

          “…  resulta  mucho  más  creíble  la  versión  de  la  denunciante  en el sentido de que la enajenación del inmueble  que  aparece ella formalizando mediante escritura pública No. 77 de enero 14 de  1997  fue simulada, aparente, no real, no producto de  una  decisión de la mencionada vendedora de despojarse del dominio del inmueble  en  forma  definitiva,  y  que  constituyó únicamente una maniobra  tendiente,  por  una  parte,  a  evitar  que  respecto de ese bien  pudiera  hacerse efectiva medida judicial interdictoria alguna que al parecer le  parecía  (sic) a Luz Marina inminente por razón de otra deuda a su cargo y, de  otra  parte,  a obtener un crédito hipotecario que le  permitiera    recuperar    el   dominio   legal   del   mismo   bien”. (fl. 14 cd. ídem).   

“…   merece  credibilidad  prevalerte  el  dicho de la denunciante Luz Marina Amaya González  sobre   el   de  los  acusados  ALDO  SALVINO  MANUOLI  y   PAULINA  OFELIA  ARANGO  HERNÁNDEZ  y  que de ello se deriva necesariamente la  conclusión  de  que éstos últimos se confabularon en determinado momento para  obtener  un  lucro  indebido  en  desmedro  de  los  intereses económicos de la  denunciante,  a  quien  engañaron cuando le hicieron  creer  que  estaban  dispuestos  a  mantener  virtualmente  a su disposición el  inmueble  tantas  veces referenciado para que ella pudiera recuperarlo cuando le  fuera  otorgado  un  crédito  bancario” (fl. 15 cd. ibídem).   

Se recuerda que la resolución acusatoria se  edificó  sobre  la  base  de  que  los  procesados  indujeron  en  error  a  la  denunciante,  en el sentido de que una vez obtuvieran el crédito con la entidad  bancaria  le  subrogarían la deuda y le retornarían la propiedad del inmueble.  Bajo  tal  promesa,  según  la  pieza  calificatoria,  la  señora Amaya  González  suscribió  la escritura  pública  No.  77  de  enero  14  de  1997,  mediante  la  cual transfirió el dominio del bien a Paulina  Ofelia  Arango Hernández, sin que  ésta  y  el  otro  acusado  cumplieran  lo  prometido,  pues  con posterioridad  enajenaron   el   inmueble   a  los  esposos  Castillo  Pantoja.  Y  tal  situación fáctica fue la misma que  estimó  el Tribunal en su decisión, como se desprende de los fundamentos antes  transcritos.   

Conforme  lo tiene dicho la Sala, el recurso  de  casación  constituye  un  juicio  de  legalidad  a  la sentencia de segunda  instancia,  de  manera  que la impugnación debe dirigirse contra ésta, a menos  que  el  ad  quem  avale  lo  decidido  por  el  a  quo, lo  cual no aconteció en el presente evento.   

Los cargos tercero y  cuarto  el  actor  los  postula  por vía de la causal  tercera  de  casación  (dictarse la sentencia en un juicio viciado de nulidad).  Sin  embargo,  en  su  formulación  el  demandante  desconoce  el  principio de  prioridad  que  gobierna el recurso de casación, conforme al cual los reproches  deben  presentarse  dependiendo  de  la  mayor o menor cobertura que tengan para  afectar  la legalidad de la actuación, de manera que, en el caso de la nulidad,  aquella   irregularidad   “con  mayor  capacidad  de  regresar  el  proceso  al  punto  más  lejano  goza  de  prioridad frente a las  demás”4.   

Lo  anterior  porque en la cuarta censura el  actor  pretende  la invalidación de las decisiones que admitieron la demanda de  constitución  en  parte  civil,  emitidas  antes  del  fallo de primer grado, e  incluso  la  invalidación  de las sentencias de primera y segunda instancia, en  tanto  en  el  tercer  cargo  solamente  aspira  a dejar sin validez esa última  determinación.   Es  evidente  entonces  que  debió  plantear  los  cargos  en  cuestión  a  la  inversa,  es  decir,  primero el atinente a la admisión de la  parte  civil  y luego el relacionado con la no manifestación de impedimento por  parte  de  dos  de  los miembros de la sala de decisión que emitió el fallo de  segundo grado.   

Fuera  de  lo  anterior,  el  desarrollo del  tercer  cargo  se efectúa en  forma  confusa, pues el impugnante no es claro en precisar si el cuestionamiento  obedece  al  hecho  de que los magistrados no se declararon impedidos o si lo es  por  no  dar  trámite  a la recusación formulada por el procesado SALVINO MANZUOLI.   

Si  se entendiera que el reparo lo motiva la  no  manifestación de impedimento, refulge evidente que con ello el casacionista  desatiende  paladinamente  la  jurisprudencia  que la Corte tiene consolidada al  respecto,  consistente la misma en que la omisión en tal sentido (no declararse  el  funcionario  inhibido para conocer del proceso) no comporta nulidad. Así lo  reiteró   la  Sala  en  la  sentencia  del  19  de  enero  de  20065, decisión en  la  cual  evocó algunas de las múltiples determinaciones que esta Corporación  ha  emitido  sobre  el  tema,  a  saber,  sentencias  del  23  de  noviembre  de  19896,     8    de    agosto    de    19967,   14   de   septiembre   de  20008    y   8   de   noviembre   de   20009  y  auto  de segunda instancia  del      14      de      abril      de      199410.   

Ahora  bien,  si la intención del actor era  denunciar  la  no  tramitación  de  la  recusación  formulada  por el acusado,  necesario  se  hace  responder  que  tal  cuestionamiento desborda el ámbito de  acción   del   recurso  extraordinario  de  casación  que,  como  se  dijo  en  precedencia,  constituye un juicio de legalidad al fallo de segunda instancia, y  es   claro   que   la  situación  planteada  por  el  demandante  ocurrió  con  posterioridad  a  su  proferimiento,  pues la recusación la formuló cuatro (4)  días después de emitirse esa decisión.   

La  omisión  de  los magistrados debió ser  planteada  por  el recurrente ante la misma corporación de segundo grado a modo  de  nulidad  presuntamente  generada  en  el trámite de ejecutoria del fallo de  segundo  grado.  Desde  luego,  la  Corte  ostenta  la facultad para, de oficio,  declararla  con  exclusión  de cualquier otra determinación, pero no lo juzgó  pertinente  por  no  evidenciar  en  tal  proceder la presencia de irregularidad  sustancial,  si  en  cuenta  se  tiene que la recusación tenía como propósito  impedir  que  los  mismos  magistrados  (exactamente dos) que participaron en la  adopción  de  la  providencia  mediante la cual se confirmó la admisión de la  demanda  de  constitución  en parte civil, intervinieran en el proferimiento de  la  sentencia  de  segunda instancia, pero al haberse ya emitido ésta cuando se  formuló  la  recusación,  surge  incuestionable  que  con  ello  el mencionado  incidente perdió su objeto.   

Frente  al  cuarto  cargo,  importa  anotar, adicionalmente, que la causal  escogida  por  el impugnante para cuestionar la admisión de la parte civil y la  posterior  condena  en  perjuicios no es la correcta, porque la intervención de  dicho  sujeto  procesal  no  constituye  presupuesto de validez de la actuación  penal.  En  otras  palabras, con y sin  la parte civil el juzgador está en  la  obligación  de  adelantar  el  proceso y, si es del caso, llevarlo hasta el  momento  procesal  de la sentencia, donde deberá, de acuerdo con lo previsto en  el  inciso  primero  del  artículo  56  de la Ley 600 de 2000 y en el evento de  dictar  fallo  desfavorable  a  los  intereses  del  sujeto pasivo de la acción  penal,  condenar  en  perjuicios,  siempre  que  éstos estén demostrados en el  expediente.   

Y, como lo ha señalado la jurisprudencia de  esta    Corte,   el   juez   ad   quem   puede,   incluso,  aumentar  en  forma  oficiosa  el  monto  de  los  perjuicios,  sin  que ello constituya violación al principio de prohibición de  reformatio   in   pejus11.   

De la demanda surge que, en realidad, bajo el  ropaje   de   la  nulidad,  el  impugnante  denuncia  la  violación  de  normas  sustanciales,  tales  como  el  inciso  final  del  artículo  56 del código de  procedimiento penal de 2000, norma que establece lo siguiente:   

“Cuando  obre  prueba  de  que el ofendido ha promovido independientemente la acción civil, el  funcionario  se  abstendrá  de  condenar  al  pago  de  perjuicios.  En caso de  hacerlo,      será      ineficaz      la      condena      impuesta”.   

Siendo  así la situación, le correspondía  con  tal  fin  acudir,  en  principio, a la causal primera de casación a que se  refiere  el  numeral  1º  del  artículo  207 de la codificación antes citada.  Empero,  como  la discusión que de esa forma plantea toca exclusivamente con lo  referente  a  la  indemnización de perjuicios, es evidente que debió sujetarse  para  la  postulación  del  cargo  tanto  a  las  causales  como  a la cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación civil, según los dictados  del  artículo 208 del estatuto procesal civil de 2000. Sobre esta temática, la  Corte tiene dicho lo siguiente:   

          “En  vigencia  del decreto 2700 de 1991,  la  Sala  en repetidas oportunidades realizó las precisiones de rigor cuando de  reclamar  perjuicios  en  sede  de casación se trata, consideraciones que en lo  pertinente  hoy mantienen su vigencia frente a las regulaciones que acerca de la  misma  materia consagra el nuevo Código de Procedimiento Penal. En una de ellas  dijo  la  Sala12:   

‘a) Si el recurso  se  interpone  para  censurar exclusivamente el contenido penal del fallo, será  procedente  si éste fue proferido en segunda instancia por un Tribunal Superior  de  Distrito  Judicial,  el Tribunal Nacional o el Tribunal Penal Militar, y que  al  menos  uno  de los delitos de que trata tenga señalada pena privativa de la  libertad   cuyo   máximo,   atendidas   las  circunstancias  de  agravación  y  atenuación  modificadoras  de  la  punibilidad, sea o exceda de seis (6) años.  (Artículo 218 del C. de P. P. incisos 1o. y 2o.).   

‘b)  Cuando  el  objeto  de  la  demanda es impugnar únicamente lo referente a la indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia  condenatoria de segunda instancia  dictada  por  alguno  de  los  Tribunales  mencionados,  no  juega  para nada el  requisito  de  la  pena correspondiente al delito, pero en su lugar, para que el  recurso   sea  procedente  es  necesario  que  la  cuantía  de  la  resolución  desfavorable  al recurrente sea la requerida para recurrir en casación civil, y  que  la  demanda  se  presente  por  esas  causales.  (Art.  221  C.  de P. P.).   

‘c) Si el censor  pretende  formular  cargos  contra  la  sentencia  respecto  del  tema  penal, y  también  en  materia  exclusivamente  de  indemnización  de  perjuicios  puede  hacerlo   en   la   misma   demanda   en   capítulos   separados,  pero  respecto  de cada uno de los tópicos que pretende cuestionar  se  deben  reunir  sus respectivos requisitos, es decir, para lo primero la pena  máxima  prevista,  y para lo segundo la cuantía que en ese momento se exija en  casación    civil’”  (subrayas        fuera        del       texto)13.   

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  366  del  estatuto procesal civil, modificado por el artículo 1º de  la  Ley  592  de  2000, para acceder al recurso de casación en materia civil es  necesario  que  el  valor  de  la  decisión  desfavorable  sea  o exceda de 425  salarios  mínimos  legales  mensuales.  Este  requisito  no  se satisface en el  presente  caso,  porque  la  indemnización de perjuicios fijada por el Tribunal  ascendió  a  254  salarios mínimos legales mensuales, de donde se sigue que el  demandante  carece  de  interés  para  recurrir  ese aspecto de la sentencia de  segunda instancia.   

En  suma,  como  el  actor  no  cumplió las  exigencias  de  adecuada  y  lógica  argumentación en relación con los cuatro  cargos  que  formula  contra el fallo de segundo grado y, adicionalmente, frente  al  último de ellos carece de legitimación para recurrir en casación, la Sala  inadmitirá   la   demanda   instaurada   por   el   defensor   de  ALDO   SALVINO   MANZUOLI  y  PAULINA         OFELINA         ARANGO        HERNÁNDEZ.   

          Al  margen  de  lo  analizado,  es  preciso  anotar que la revisión  integral  de  la  actuación  procesal,  incluido  el  fallo,  no  evidenció la  vulneración  de garantías fundamentales que impongan la intervención oficiosa  de la Sala en orden a su restablecimiento.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados ALDO  SALVINO  MANZUOLI  y  PAULINA  OFELINA  ARANGO HERNÁNDEZ, por las razones consignadas  en la anterior motivación.   

         

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                                                                  JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Cfr.  Sentencia del 15 de noviembre de 2001. Rad. 12031.   

2 Cfr.  Sentencia del 27 de noviembre de 2001. Rad. 11.111.   

3   Auto del 26 de octubre de 2006. Rad. 25702.   

4   Sentencia del 29 de agosto de 2000. Rad. 15338.   

5   Rad. 20769.   

6   Rad. 3600.   

7   Rad. 10632.   

8   Rad. 13268.   

9   Rad. 14078.   

10 Rad.  9169.   

11    Cfr.   Sentencia   del   16   de   marzo   de  2005.  Rad.  21595.   

12  Casación del 30 de julio de 1996. M.P. Ricardo Calvete Rangel   

13     Sentencia   del   15   de   diciembre   de   2000.   Rad.  13693.     

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