26670(24-01-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26670  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 06   

Bogotá,  D.C.,  veinticuatro de enero de dos  mil siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  la  apoderada  de las víctimas Natalia  Margarita  Zamora  Guzmán y sus dos menores hijos Ana Manuela y José Alejandro  Ramírez  Zamora,  contra  la  decisión  de  segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Armenia el 5 de septiembre de 2006,  mediante  la  cual  revocó  el auto que negó la preclusión solicitada a favor  del  procesado  LUIS  GUILLERMO  BLANDÓN  JIMÉNEZ  y  en su lugar la decretó,  ordenando  el  levantamiento  de todas las medidas y anotaciones que se hubieran  derivado  de la acción penal adelantada en su contra por el delito de homicidio  culposo.   

ANTECEDENTES DEL CASO  

          Los  hechos objeto de la investigación tuvieron ocurrencia el 10 de  marzo  de 2006 en la vía que de la ciudad de Armenia conduce al municipio de la  Tebaida,  Quindío, específicamente a la altura del Club Campestre, sitio en el  cual  el taxi Mazda 323 de placas VKH- 259, conducido por Ferney Fernando Franco  Gaviria,  colisionó  con  la  buseta  Chevrolet de placas WRC-995 conducida por  LUIS  GUILLERMO  BLANDÓN  JIMÉNEZ, a consecuencia de cuyo impacto falleció en  el  mismo acto el señor Alejandro Ramírez Suárez, quien viajaba como pasajero  en  el  primer  vehículo, cuyo conductor sufrió lesiones de consideración, al  igual que doce personas más que viajaban en la buseta mencionada.   

            Con  ocasión  del  homicidio del pasajero del taxi se adelantaron  diligencias  preliminares  a efectos de establecer el responsable del accidente,  pero  ninguna  imputación  se  hizo  respecto  del conductor del mismo, pues la  compañía  Aseguradora  Solidaria de Colombia Ltda., acudió a indemnizar total  e  integralmente a la señora Natalia Margarita Zamora Guzmán, según documento  signado  por  la  misma, lo cual dio lugar a la preclusión de la instrucción a  favor  del citado Ferney Fernando Franco Gaviria, decisión que una vez en firme  dio  lugar  a  solicitud  similar en pro de LUIS GUILLERMO BLANDÓN JIMÉNEZ, la  cual fue despachada adversamente.   

          Sin  embargo,  la Fiscalía insistió en la petición de preclusión  a  favor  del  último,  argumentando que éste no era responsable del acontecer  trágico  en el que perdiera la vida el señor Ramírez Suárez, como quiera que  BLANDÓN  JIMÉNEZ  como  conductor de la buseta debió enfrentar una situación  de  fuerza  mayor  o  caso  fortuito,  derivado de la intempestiva invasión del  carril  por  el  que  transitaba,  por parte del conductor del taxi en el que se  movilizaba la víctima.   

          Después  de  escuchar  a  las partes en la audiencia celebrada para  tales  fines  el  23 de agosto de 2006, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Conocimiento   de   Armenia  negó  la  preclusión  solicitada,  decisión  que  impugnada  por  la  Fiscalía  fue  revisada  por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Armenia, que en proveído del 5 de septiembre de 2006 la  revocó  y  en  su  lugar  decretó la preclusión de la instrucción a favor de  LUIS  GUILLERMO BLANDÓN JIMÉNEZ tras encontrar probado que éste no infringió  el   deber  de  cuidado  que  le  era  exigible  como  conductor  del  vehículo  automotor.       

En el numeral tercero de la parte resolutiva  del  proveído  el  Tribunal  anunció  que  contra  esa  decisión procedía el  recurso  de  casación que debía interponerse en el término común de 60 días  después  de  la  notificación, según lo normado en el artículo 183 de la Ley  906 de 2004.   

          Dentro  del término señalado, la apoderada de las reconocidas como  víctimas,  señora Natalia Margarita Zamora Guzmán y sus dos menores hijos Ana  Manuela  y  José Alendro Ramírez Zamora, presentan demanda de casación contra  la  “sentencia”  de  preclusión, alegando la violación indirecta de la ley  sustancial  por  errores  de hecho y de derecho, con base en los cuales pretende  que  se  case  la  decisión  recurrida  y  en su lugar se niegue la preclusión  solicitada a favor de BLANDÓN JIMÉNEZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

          La  casación  en el sistema procesal penal colombiano sólo procede  contra  sentencias, entendidas  por   tales   el  acto  jurisdiccional  que  pone  fin  al  proceso  o  resuelve  definitivamente  el  asunto,  condenando  o absolviendo al procesado, tradición  que  no  cambia  en el sistema adoptado a través de la Ley 906 de 2004, pues al  igual  que  en  los  anteriores  estatutos,  su  naturaleza  está definida como  aquella  providencia  que decide sobre el objeto del proceso, el cual no es otro  que la responsabilidad del procesado.   

Por lo tanto, si la decisión que se impugna  a  través  de  ese  extraordinario recurso no cumple tal condición básica, es  decir,  si no contiene un pronunciamiento expreso sobre la responsabilidad penal  de  quien  está  siendo sometido a juzgamiento, condenándolo o absolviéndolo,  carecerá   de  tal  carácter  (sentencia),  y  no  tendrá  ese  mecanismo  de  impugnación.   

          Es cierto que el artículo 334 de la Ley  906  de  2004 denomina “sentencia” a la decisión que decreta la preclusión  de  la  investigación,  tal  como  se  lee  en  su  tenor literal del siguiente  contenido:   

“Artículo 334. Efectos de la decisión de  preclusión.  En  firme  la  sentencia que decreta la  preclusión,  cesará  con  efectos de cosa juzgada la  persecución  penal  en  contra  del  imputado  por  esos hechos. Igualmente, se  revocarán  todas  las  medidas  cautelares  que  se le hayan impuesto” (se ha  resaltado).   

                     

          No  obstante,  ya  la  Sala,  en  auto  del 30 de noviembre de 2006,  dentro  del  radicado  No.  26.517,  determino  que  esa  disposición  no puede  interpretarse  con  sujeción  exclusiva  a  su  tenor  literal  sino  de manera  sistemática  y  tomando  como  eje hermenéutico la propia denominación que el  legislador le asignó.   

          Dentro  de  ese  contexto  interpretativo,  dijo  la  Sala, la nueva  normatividad  procesal  no  implicó  un cambio frente a la naturaleza jurídica  que  reviste  una  decisión  de  preclusión  de  la instrucción, pues como se  afirma en el antecedente citado,   

“(…) la regulación efectuada tanto en la  Ley  600  de  2000 (art. 169) como en la Ley 906 de 2004 (art. 161) acerca de la  clase  y  naturaleza  de  las  providencias  que  se profieren en el decurso del  proceso   penal  son  en  esencia  similares,  con  las  únicas  modificaciones  consistentes  en  que  los  autos interlocutorios ahora se denominan simplemente  “autos”  y  los de sustanciación “órdenes”, denominación esta última  que  igual  se  asigna a las decisiones de la Fiscalía. Pero la definición que  el  legislador asignó tanto en uno como en el otro estatuto procesal a cada una  de  esas  providencias,  se  repite, es sustancialmente idéntica, de suerte que  sentencias  siguen  siendo  aquellas que “deciden sobre el objeto del proceso,  bien  en  única,  primera o segunda instancia, o en virtud de la casación o de  la   acción   de   revisión”,   en   tanto  que  autos  (los  de  naturaleza  interlocutoria)  continúan  siendo aquellos que “resuelven algún incidente o  aspecto sustancial”.   

          “Frente   a  tales  definiciones  y  con  referencia  al  estatuto  procesal  penal  de  2000, la jurisprudencia de esta Corte siempre entendió que  la  preclusión  de  la instrucción (o la cesación de procedimiento, según el  estado   del  proceso  en  que  se  emita  la  decisión)  revestía  naturaleza  interlocutoria,  y  de ahí que jamás se haya admitido la interposición contra  decisión   de   esa   naturaleza   del  recurso  de  casación,  en  tanto  ese  extraordinario  medio de impugnación sólo procede contra sentencias de segunda  instancia,  conforme  lo  establece  el  artículo 205, mandato que –dicho  sea  de paso- se mantiene en la  Ley 906 de 2004 (art. 180).   

          “Y  como  atrás  se  señaló, se carece de razones para concluir  que  ese  entendimiento  legal  ha variado con la expedición del nuevo estatuto  procesal   penal,  sólo  porque  el  artículo  334  antes  citado  utiliza  la  expresión  “sentencia”.  Si  no  fuera  así, resultaría inexplicable, por  ejemplo,  que  el  legislador  hubiese distinguido entre sentencia y preclusión  cuando  en  el  artículo  32,  numeral  2º de la Ley 906 de 2004 atribuye a la  Corte  Suprema de Justicia el conocimiento de la acción de revisión en caso de  proferirse  alguna  de  esas decisiones por parte de la propia corporación o de  los  Tribunales  Superiores. E igual acontece con los artículos 33, numeral 3º  y  34,  numeral  3º al radicar en los Tribunales Superiores similar competencia  si  la sentencia o la preclusión es emitida por los Jueces Penales del Circuito  Especializado,  los  Jueces del Circuito o los Jueces Municipales del respectivo  distrito.   

          “En  ese  mismo  orden de ideas, obsérvese cómo el artículo 192  de  la  misma  Ley  906  de  2004  estructura  las causales de procedencia de la  acción  de  revisión,  según se trate de sentencias condenatorias, sentencias  absolutorias o decisión de preclusión.   

          “Así  las cosas, si la Ley 906 de 2004 frente a la regulación de  la  acción  de  revisión  distinguió entre sentencia y preclusión, es porque  partió  del  presupuesto  que  se trata de providencias que revisten naturaleza  jurídica diversa”.   

“Una  reflexión adicional que sustenta la  anterior  conclusión  tiene que ver con la disposición contenida en el último  inciso  del artículo 176 de la misma Ley 906 de 2004, de acuerdo con el cual la  “apelación  procede,  salvo los casos previstos en este código, contra   los   autos   adoptados   durante  el  desarrollo  de  las  audiencias,   y  contra  la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria”  (se  subraya),  porque  si  no se entendiera que la preclusión  reviste  carácter interlocutorio (o auto en la nueva sistemática procedimental  penal),  esa  determinación  no  sería  susceptible del recurso de apelación,  puesto   que  la  misma  de  ser  considerada  como  “sentencia”  ni  es  ni  condenatoria ni tampoco absolutoria (…)”.   

          En   el   mismo   antecedente   la   Sala   hizo   alusión  a  otro  pronunciamiento  reciente,  en  sede  de  tutela,  en  donde  expresamente se le  asignó  el  carácter  de  auto  al  que  resuelve  acerca  de  la solicitud de  preclusión:   

“(…)  Igualmente  ha de dejarse en claro  que  el  pronunciamiento  que  en  la  respectiva  audiencia  haya  de  hacer el  cognoscente  en  uno  u  otro  sentido,  vale  decir,  negando  o  decretando la  preclusión,  tendrá el carácter de auto, en la medida en que a través de ese  pronunciamiento  está  resolviendo un aspecto sustancial de la actuación (art.  161-2);  tan  trascendente  que puede -con efectos de cosa juzgada- extinguir la  acción penal.   

          “Ahora,  de  cara  a  la  posibilidad de impugnación no vacila el  juicio  para predicar la procedencia de los dos recursos ordinarios, esto es, la  reposición  (que procede para todas las decisiones, excluida la sentencia) y la  apelación,  porque  esta  la  admiten ‘los    autos    adoptados    durante    el    desarrollo    de   las  audiencias’  (cfr  art.  176)”1.   

          Finalmente,  como  un argumento más para sustentar la tesis que hoy  rige  alrededor  del  punto discutido, la Sala acudió al contenido material del  artículo  177 de la Ley 906 de 2004, para advertir que al regular en su numeral  2º  el  efecto  en  el  cual  se  concede  el  recurso  de apelación contra la  preclusión,  de  manera  clara se refirió al “auto  que  decreta  o rechaza la solicitud de preclusión”,  norma    que    confirma    que    la    preclusión    es    un    auto  y  que  contra  él sólo procede el  recurso de apelación.   

En  las anotadas condiciones, la pretensión  de  la  apoderada de las víctimas, orientada a que la Corte revise en casación  la  preclusión  de  la  instrucción  decretada  a  favor  del  indiciado  LUIS  GUILLERMO  BLANDÓN  JIMÉNEZ,  resulta improcedente. De una parte, por no tener  la  decisión  contra la cual se dirige el recurso la condición de sentencia, y  de  otra,  porque  de  acuerdo con la ley procesal que rige el caso, el auto que  decreta   o   rechaza  la  preclusión  sólo  es  susceptible  del  recurso  de  apelación.   

                     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.           Rechazar   el   recurso   de   casación  presentado  a nombre de las víctimas Natalia Margarita Zamora Guzmán y sus dos  menores  hijos  Ana  Manuela  y  José  Alejandro  Ramírez  Zamora,  contra  la  decisión  mediante  la  cual se precluyó la instrucción a favor del indiciado  LUIS  GUILLERMO  BLANDÓN JIMÉNEZ por las razones expresadas en la parte motiva  de esta decisión.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA       

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  del  21  de  marzo  de  2006.  Radicación  24749.     

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