26528(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26528  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 31   

          Bogotá, D. C., siete de marzo de dos mil siete.   

VISTOS  

         

Se  pronuncia  la  Corte en relación con el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor de  FÉLIX    EDUARDO    OTÁLORA    SOLER,  contra  el  fallo  del 5 de julio de 2006 expedido por la Sala de  Decisión  Penal en Descongestión del Tribunal Superior de Florencia, Caquetá,  por  cuyo medio confirmó la condena de 48 meses de prisión y multa equivalente  a  20 s.m.l.m.v. que como penas principales le impuso al procesado, entre otros,  el  Juzgado 5º Penal del Circuito de Bucaramanga, Santander, mediante sentencia  del  25  de  febrero  de 2004, al hallarlo responsable de la conducta punible de  interés ilícito en la celebración de contratos.   

  ANTECEDENTES   

         

Conforme  con  la  síntesis  que  de  los  acontecimientos  y  la  reseña procesal se hace en el fallo impugnado, se tiene  que   FÉLIX   EDUARDO   OTÁLORA  SOLER,  a la sazón presidente de la Asamblea Departamental de Santander,  en  el  mes  de   noviembre  de  1999  suscribió  convenios por vía de la  contratación  directa para la actualización de los sistemas de computación de  la  Corporación  con  las  empresas “Distribuciones  Especializadas”,           “Contacto  Empresarial” y “UP.  Grade  Comp.”,  por  las  sumas de  $46’200.000,  $53’250.000     y  $50’486.000,   en   su  orden,   compañías  de  propiedad  de  Javier  Villamizar  Ariza,  Sandra  Liliana  Agudelo  Durán  -esposa del anteriormente nombrado- y Fabián Nicolás  Altamar Rincón, respectivamente.   

No  empece  las  advertencias  que  sobre la  prohibición  de  una tal triangulación contractual le hicieran la Secretaria y  el  auxiliar  de  la  Corporación,  Adriana  Contreras  Acevedo  y Víctor Hugo  Acevedo,  el  regente  de  la  Duma  hizo  caso  omiso  de las mismas con tal de  favorecer  a  Villamizar  Ariza,  de  quien  se afirma cobró los cheques que se  giraron   para   la   cancelación  de  dichos  contratos.  Ese  fraccionamiento  contractual  le  permitió  al  implicado  evadir  el  procedimiento licitatorio  establecido para estos eventos en la Ley 80 de 1993.   

De  la irregularidad en cuestión y de otras  de  la  misma  índole,  dio  amplio  despliegue  uno  de  los periódicos de la  región,  hecho que sumado al escrito anónimo enviado a la Fiscalía General de  la  Nación  informando  de  las  mismas  anomalías,  dio pié para que el ente  instructor  decretara  el  16 de marzo de 2000 la apertura de la correspondiente  pesquisa  ordenando  la  vinculación  de  los  presuntos responsables. El 19 de  febrero  de  2002, luego de escuchar en descargos a los encartados, la Fiscalía  4ª   Delegada  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  OTÁLORA SOLER, entre otros,  a  quien en resolución del 24 de octubre siguiente, previa clausura de la etapa  instructiva,  acusó, en calidad de autor, por el delito de interés ilícito en  la celebración de contratos.    

En  firme el pliego de cargos y culminado el  juicio,  se  profirieron  los  fallos  de primero y segundo grados de los que se  hizo  mérito  en  el  acápite  inicial  de  este  proveído, por cuyo medio se  declaró  la responsabilidad penal del citado justiciable respecto de los hechos  materia de juzgamiento.   

LA  DEMANDA   

              

          Al amparo de la causal  tercera,  un  único  cargo plantea el censor, atinente a que el fallo recurrido  en  sede  extraordinaria  se  profirió  en  juicio  viciado  de nulidad, por su  indebida    motivación,    lo    cual    resulta    violatorio    del    debido  proceso.   

          Tras     citar  pronunciamientos  de  esta Corporación relativos al tema -la motivación de las  sentencias  judiciales  que  como  imperativo  constitucional  y legal establece  nuestro  ordenamiento,  supone  debida argumentación, adecuada fundamentación,  confrontación  de lo fáctico y lo jurídico, y una conclusión armónica entre  los  hechos y el derecho-, sostiene el censor en desarrollo de la censura que la  sustentación  del  fallo  que  el  Tribunal  expidió es “incompleta  o deficiente, pues el sustento de la  decisión  es  precario  y  no  alcanza  a traslucir los fundamentos fácticos y  jurídicos  que  soportan  la  misma  (…)”   

Critica     al  Ad-Quem por  la  “escasez     y     poquedad”   de   sus  argumentos,  no  empece  lo  cual  concluyó  en  la  responsabilidad  de  su asistido aduciendo que el hecho de entender vulnerado el  principio  de  transparencia,  implicaba la tipificación del delito de interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos, dejando de lado, por completo, no  sólo  la  respuesta concreta, precisa y fundada de la defensa, sino también el  “correspondiente  juicio  sobre     los     elementos    probatorios    que    apoyaban    su    decisión  final”,  de  los  que  ni  siquiera   se   ocupó,   y   menos   adujo   las   razones   jurídicas  de  su  conclusión.   

Diciendo  confrontar  la  sentencia   impugnada   con  las  exigencias  que  jurisprudencialmente  se  han  decantado  acerca de una adecuada sustentación, afirma el actor que el fallo en  cuestión     carece    de    una    “verdadera     y     relevante    fundamentación    probatoria    y  jurídica”,   en  cuanto  resolvió   el   problema   planteado   de   una  manera  “en    extremo    simplista”     sin     abordar     el    fondo    del  asunto.   

El  juzgador  omitió  referirse  a  las  pruebas  que  comprometen la responsabilidad de su defendido.  Así,  estima  que  el  procesado  lo  que  quiso  fue  favorecer al contratista  Villamizar  Ariza,  dada  la relación que existió entre una hermana de éste y  aquél,  dama  que  para la época de los hechos investigados tenía un contrato  de  prestación  de servicios con la Asamblea Departamental. Tampoco abordó con  suficiencia  el  tema  de  la  supuesta “triangulación   contractual”  que  se  le  endilga, cuando es lo cierto que no conocía a los  contratistas  y,  sin  mayores  explicaciones,  concluye  en la existencia de un  ilegal  “fraccionamiento de  contrato”.   Incompleta  también  resulta la motivación de la sentencia respecto al punto planteado por  la  defensa  en  relación  con  la atipicidad de la conducta, cuyo análisis se  circunscribió      a      un      “superficial”  examen    de    los    elementos    probatorios   en   los   que   sustenta   su  decisión.   

Lo  anterior,  dada  la  desatención  a  los  argumentos defensivos, conlleva a la violación del debido  proceso   por   quebrantamiento   al  derecho  de  defensa  y  al  principio  de  contradicción,   alega   el   actor,  “ya  que  resulta  evidente  que  la  carencia  de  respuesta  a los  argumentos  del  apelante,  debido a la deficiente motivación del fallo, impide  en  esta  hora  a  todos  los  sujetos procesales -y en particular a la defensa-  conocer   el  preciso  sustento  de  la  decisión  judicial.”   

Casar   la  sentencia  recurrida  decretando  la nulidad de la misma, para que en su lugar se proceda a  dictar  la  de  reemplazo,  es  la  petición  que  el  demandante  eleva  a  la  Sala.                  

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          “Incompleta  o  deficiente”  motivación  del  fallo impugnado, en cuanto su fundamentación  fáctica  y  jurídica es precaria por la “escasez y  poquedad”  de  sus  argumentos,  al  punto  que  el  sentenciador  dejó  absolutamente  de  lado  no  sólo  la  respuesta concreta,  precisa   y   fundada   de   la   defensa,   sino  también  el  “correspondiente   juicio   sobre   los  elementos  probatorios  que  apoyaban  su  decisión  final”,  de  los  cuales ni  siquiera  se  ocupó, y menos adujo las razones en derecho de su conclusión, es  el sustento de la nulidad que aquí reclama el censor.   

          Para  la  estimación  de  los razonamientos expuestos en la demanda  como  razón específica de la invalidación que el actor persigue a través del  único  cargo  que postula en sede del extraordinario recurso, y como quiera que  el   argumento   toral   de  su  discurso  hace  relación  a  que  el  juzgador  “dejó de lado, por completo, no sólo la respuesta  concreta  de  la defensa en su recurso de apelación, sino que tampoco se ocupó  del  correspondiente  juicio  sobre  los  elementos  probatorios que apoyaban su  decisión  final,  así  como  tampoco  esgrimió  las  razones jurídicas de su  conclusión  en  derecho”,  resulta  imprescindible  establecer  qué  alegó  el  procesado  y  su defensor en la vista pública, que motivó su inconformidad con  el  fallo de condena cuestionado, y cuál o cuáles fueron las respuestas que en  la  sentencia  se  dieron  a  las  tesis  o  inquietudes  del  sujeto  o sujetos  procesales   impugnantes,   todo  lo  cual  se  ignora  porque  el  casacionista  pretermitió  indicarlo.  Valga  decir,  se  echa de menos en la demanda toda la  argumentación  necesaria  para  demostrar la postura deficiente o incompleta de  la  sentencia  de  segunda  instancia  frente a la controversia planteada por el  casacionista.   

            

          Las  simples  referencias  genéricas  a  posibles  vulneraciones al  debido  proceso  o  del  derecho  a  la  defensa,  tiene  dicho  la Corte, no es  argumentación  válida  para  el desquiciamiento de un pronunciamiento judicial  que  goza  del  doble atributo de acierto y legalidad; es menester precisarlas y  acreditar  el  perjuicio  irrogado  en la situación particular de quien así lo  aduce,  sin  dejar  de  lado  la indicación de su incidencia determinante en la  decisión  censurada,  pues,  al  fin  y  al  cabo, será la decisión final del  proceso  la  que  consolide la irregularidad o explique su eficacia o ineficacia  frente  a  las reglas que gobiernan las nulidades, de acuerdo con lo establecido  en   el  artículo  310  del  Código  de  Procedimiento  Penal  -principios  de  instrumentalidad   de   las   formas,   protección,   trascendencia  y  extrema  razón-.1   

En  casos  como  el  examinado,  cuando  ni  siquiera  se  identifica  el objeto del recurso extraordinario en su naturaleza,  estructura,  características  y comportamiento, ha dicho la Sala que el escrito  desconoce    el    principio   lógico   de   razón  suficiente.   Ocurre  que para empezar a discutir  sobre  la  verdad  que  aduce  el  demandante,  es  necesario conocer primero la  realidad  objetiva  a  la cual se refiere, pues “sin  razón   suficiente   no  hay  razón  posible  y  sin  razón  posible  no  hay  conocimiento.”   

Es   que   en   virtud  del  principio  de  trascendencia  no  basta  indicar, a manera de genérico postulado, como lo hace  el  censor,  que en la mentada providencia se omitió señalar las pruebas sobre  las  cuales se cimentó la condena; o cuáles son las que demuestran la autoría  de  la  ilicitud y cuáles los elementos estructurantes del delito atribuido, en  cuanto  que,  a  su  juicio,  de  “ninguna manera el  sentenciador  se  refirió  a las probanzas que comprometían la responsabilidad  de  OTÁLORA  SOLER”.   No,  necesario se torna  también  relacionar  por parte del casacionista cuáles fueron los elementos de  persuasión  cuya  valoración  desechó  el  fallador, a pesar de existir en el  proceso;  o qué pruebas permiten hablar de la inocencia de su pupilo, y cuáles  otras  tienden  a  demostrar  el  comportamiento  delictivo endilgado; o de qué  manera  se  le  impidió  controvertir  la  prueba aducida al proceso; o cuáles  medios   se   practicaron   sin   que   se  hubiese  tenido  la  oportunidad  de  controvertirlas,   debiéndose   acreditar,   además,   el  influjo  que  tales  irregularidades  tuvieron  al  momento del fallo y que, de no haberse producido,  otra  hubiese  sido  el  sentido  de la decisión. A nada de ello se alude en el  escrito con que se pretende sustentar la impugnación.   

Cuando  se  plantea la violación del debido  proceso   por  defectos  de  motivación  de  la  sentencia  -por  deficiente  o  incompleta  según  lo  denuncia  el  libelista-,  se  impone como carga para el  demandante  la  obligación de contrastar el contenido integral de los fallos de  primera   y   segunda   instancias,  ejercicio  que  por  completo  incumple  el  censor.   

Ahora bien, no es lo mismo que una decisión  judicial  adolezca  de defectos de motivación, a que la misma no cumpla con las  expectativas  del sujeto procesal que la tilda de inadecuada o desacertada en su  fundamentación  fáctica,  jurídica  o  probatoria,  hipótesis que se refleja  precisamente  en  el  ataque  elevado  por  el  demandante en este asunto. En el  primer  caso, el error será de actividad, susceptible de ser atacado dentro del  marco  de  la causal tercera, mientras que en el segundo será de juicio, tema a  ser  planteado  dentro  del  ámbito  de  la primera. Por ende, atenta contra el  principio  de no contradicción y autonomía de las causales, mezclar, dentro de  un mismo reproche, argumentaciones de una y otra índole.   

Así, ante los insalvables defectos de orden  técnico  y  de  fundamentación,  falencias  que la Corte no puede enmendar por  virtud  del  principio  de limitación que gobierna la casación, se inadmitirá  la  demanda  con  la  que  se  pretende  su sustentación, de conformidad con la  previsión    contenida    en   el   artículo   213   del   estatuto   procesal  penal.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   FÉLIX  EDUARDO  OTÁLORA  SOLER, conforme  con   las   motivaciones   plasmadas   en  el  cuerpo  del  presente  proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria     

1 C. S.  de  J., Sala de Casación Penal, Auto de 23 de julio de 1998, Rad. 13.409, entre  otros.      

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