28050(09-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  28050   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 141  

Bogotá D.C., nueve (9) de agosto de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  debida  argumentación  de  las  demandas  de  casación   presentadas  por  los defensores de los procesados LUIS EDUARDO  MONTAÑO  DÍAZ,  VICTOR  MARIO  DE LA CRUZ CALDERÓN, GILBERTO MESSA MOSQUERA y  FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN,  contra  el fallo de segundo grado de 11 de octubre de  2006  emitido  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali mediante el cual revocó la  absolución  proferida  por  el  Juzgado  Décimo  Penal  del Circuito del mismo  Distrito  Judicial,  y  en  su  lugar  los  condenó  como autores del delito de  homicidio culposo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal de la siguiente forma:   

“El miércoles 14 de diciembre de 1994, en  atención  a  que  presentaba síntomas de enfermedad grave, cuya causa solo era  posible  determinar  en un centro médico especializado previa hospitalización,  fue  remitida  por  el  CAB  de  Yumbo  a la Clínica Rafael Uribe Uribe de esta  ciudad    la    señora    Silvia    Janeth    Orejuela    Muñoz   —persona  de  27  años de edad con 36  semanas   de   su   primer   embarazo—  quien  falleció  a  las 11:00 de la noche del 20 de diciembre de  ese  mismo año, —luego de  que  a  las  10:00  de  la  mañana  de  ese  mismo  día murió la criatura que  esperaba—,  debido a que  los  médicos  LUIS EDUARDO MONTAÑO DÍAZ, FERNANDO ÁNGEL PABÓN, VICTOR MARIO  DE   LA   CRUZ   Y   GILBERTO   MESSA   MOSQUERA   no   le  dieron  ‘el  manejo médico adecuado y apegado  a  las  normas  de  atención o lex artis ya que no se llevó a cabo un completo  estudio   de   la   paciente  con  una  terapéutica  consecuente…’.”       

Con  base  en  la  denuncia  formulada  por  Chistian  Bernardo  Lara  Quintero, esposo de la occisa, la Fiscalía General de  la  Nación  abrió  investigación  penal y vinculó a través de indagatoria a  los  galenos  del  Instituto  de  Seguro  Social,  LUIS  EDUARDO MONTAÑO DÍAZ,  FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN,  VICTOR  MARIO  DE  LA CRUZ CALDERÓN Y GILBERTO MESSA  MOSQUERA,  y al momento de resolver su situación jurídica, el 23 de febrero de  1999  se  abstuvo  de  imponerles  alguna  medida  de aseguramiento y ordenó la  preclusión de la investigación en su favor.   

Pese  a  lo  anterior,   en  virtud del  recurso  de  apelación elevado por la representante del Ministerio Público, la  Unidad  de  Fiscalías Delegada ante el Tribunal Superior de Cali el 23 de julio  siguiente  revocó  tal  decisión,  en  su  lugar, afectó a los procesados con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  con  el  beneficio de la  libertad  provisional,  como  presuntos  responsables  del  delito  de homicidio  culposo,  a  excepción  de  LUIS  EDUARDO  MONTAÑO DÍAZ de quien confirmó la  determinación  de  resolver  de  manera favorable su situación jurídica al no  imponerle alguna medida.   

Clausurada  la  instrucción, el mérito del  sumario  se  calificó  el 9 de octubre de 2000 con resolución de acusación en  contra  de  todos los procesados como autores del ilícito de homicidio culposo,  decisión  que  adquirió  firmeza  luego  de  que el 19 de diciembre de 2000 el  superior impartiera su confirmación.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de Cali, despacho que aceptó la constitución de  parte  civil  promovida  por el padre y hermano de la occisa y tras adelantar la  respectiva  audiencia  pública,  mediante  fallo  de  7  de  diciembre  de 2005  absolvió a los procesados de los cargos imputados.   

Inconforme  el  representante  de  la  parte  civil,  impugnó  la decisión, y el Tribunal Superior de Cali mediante fallo de  11  de  octubre  de  2006  la  revocó  para en su lugar condenar a LUIS EDUARDO  MONTAÑO  DÍAZ,  FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN,  VICTOR MARIO DE LA CRUZ CALDERÓN Y  GILBERTO  MESSA  MOSQUERA  como  autores  del  delito de homicidio culposo a las  penas  principales de treinta y dos (32) meses de prisión y multa de cuatro mil  quinientos  pesos  ($4.500,oo),  así  como  a las accesorias de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena  privativa  de la libertad, prohibición del ejercicio de la profesión por  el  término  de  cuatro  (4)  años  y  pérdida  del  empleo  público dada su  vinculación con el Instituto de Seguros Sociales.   

Mediante  auto  de 7 de noviembre de 2006 el  Tribunal  negó  la  cesación  de  procedimiento  que  por  prescripción de la  acción  penal  solicitaron  los defensores de VICTOR MARIO DE LA CRUZ, GILBERTO  MESSA  Y  LUIS  EDUARDO  MONTAÑO  en  razón a que el término de prescripción  tenía  el  aumento  de  la  tercera  parte  dada  la  condición  de servidores  públicos  de  los enjuiciados. Así mismo, por proveído del 20 de noviembre de  2006  negó la “revisión”  de  la  decisión  anterior  que  pedía  el  apoderado  de  los  dos  iniciales  procesados.   

Contra  la  sentencia  de  segundo grado los  defensores  de  todos  los  incriminados  interponen  recurso  extraordinario de  casación  excepcional, con la presentación de las respectivas demandas. Acerca  de su admisibilidad se pronuncia la Corte.   

LAS  DEMANDAS   

1.            En  nombre  y  representación  de  LUIS  EDUARDO  MONTAÑO  DÍAZ,  VICTOR  MARIO  DE  LA CRUZ CALDERÓN y GILBERTO MESSA  MOSQUERA   

Los defensores dicen justificar la casación  excepcional  en la garantía de los derechos fundamentales de sus representados,  específicamente  del  debido  proceso,  toda  vez  que  el  Tribunal emitió la  sentencia  cuando  ya había perdido su potestad punitiva en la medida en que la  acción penal del delito de homicidio culposo estaba prescrita.   

Así,  al  amparo  de  la  causal tercera de  casación  postulan  la nulidad del fallo al considerar que el juzgador dejó de  aplicar  los  artículos 83 y 86 de la Ley 599 de 2000 que establecen las reglas  de  la  prescripción  y  aplicó  indebidamente  el  artículo 329 del anterior  Código Penal o 109 del nuevo ordenamiento sustantivo.   

Destacan que el delito de homicidio culposo,  según  el  artículo  109 de la Ley 599 de 2000, tiene una pena máxima de seis  (6)  años  de  prisión, y si a esto se le incrementa una tercera parte dada la  condición  de  servidores  públicos  de  los  enjuiciados  arrojaría ocho (8)  años,  por ende, como la resolución de acusación quedó ejecutoriada el 19 de  diciembre  de  2000  y a partir de allí se reinicia el término prescriptivo el  cual  no  puede  ser inferior a cinco (5) años, la acción prescribió el 20 de  diciembre  de  2005,  en  tanto  que la sentencia el ad  quem la emitió el 11 de octubre de 2006.   

Por  lo  tanto, solicitan a la Sala casar el  fallo  y  decretar  la cesación de procedimiento por haber operado el fenómeno  de la prescripción de la acción penal.   

2.                En   nombre   de   FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN   

El  defensor  en un primer cargo reitera los  fundamentos  expuestos  por sus colegas acerca de la prescripción de la acción  penal derivada del delito imputado a su defendido.   

En  el  segundo cargo denuncia la violación  directa  de la ley sustancial por interpretación errónea del artículo 329 del  anterior  Código  Penal  ya  que, como lo concluyó el juez de primer grado, no  existió  la  conducta  punible  de  homicidio  culposo,  pues  el  actuar de su  defendido    se   ajustó   a   las   lex  artis, máxime  que  no  se  estableció  la causa de muerte de la víctima al no practicarle la  diligencia de necropsia.   

Pone de manifiesto que en este caso la muerte  era  inevitable  ante  el  cuadro  de hepatitis fulminante, síndrome de hellp o  hígado  agudo  graso  del embarazo que presentaba la víctima, causas probables  pero    no    probadas    y    que   por   lo   mismo   no   incriminan   a   su  representado.   

Por  lo  anterior,  pide  a la Sala casar el  fallo y en su lugar absolver a su poderdante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En   atención   a  que   los  hechos ocurrieron en 1994 época para la   

cual  el  delito  de  homicidio  culposo  se  sancionaba  con  prisión  de  dos (2) a seis (6) años, según el artículo 329  del  Decreto-Ley  100  de 1980, la ley procesal en ese entonces aplicable era el  artículo  218 del Decreto 2700 de 1991, con la modificación introducida por la  Ley  81  de  1993  que permitía la casación ordinaria en aquellos procesos por  delitos  cuya  pena  máxima fuese o excediese de seis (6) años de prisión, lo  que  indica que en este caso  la  vía  apropiada  para recurrir en casación es la  común.   

En efecto, ante la aplicación favorable de  los  requisitos  establecidos  por la ley vigente al momento de los hechos, dado  que  en  el  artículo 218 del Decreto 2700 de 1991, la  casación  ordinaria  estaba  establecida  contra  las  sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y por el  Tribunal  Penal  Militar, cuando se procedía por delitos que tuvieran señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo fuese igual o superior a seis (6)  años,    resultan    superfluos   los   argumentos  de     los           censores encaminados a motivar la atención de  la  Corte  por alguna de las vertientes consagradas legalmente para la casación  discrecional.   

No  obstante lo anterior, los razonamientos  de     los         demandantes  se  entenderán  como fundamento para  demostrar      los  cargos  formulados,  y no como una  exigencia para resolver la aptitud de la demanda.   

1.           Cargo común. Nulidad   

Al       amparo   de  la  causal    tercera    por   nulidad,   la crítica a la legalidad   

de   la  sentencia  la  fundan              los           censores    en  la  violación  del  debido  proceso al considerar que  para  el  momento  en  que  el  Tribunal  Superior  de Cali emitió sentencia de  segundo  grado  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  homicidio  ya  se  encontraba prescrita.   

La  Sala ha insistido en que la casación es  un  recurso  de  ámbito  restringido  en  el  que la pretensión de examinar la  legalidad   del   fallo   no  puede  estar  incluida  en  un  escrito  de  libre  formulación   a  manera de simple alegato de instancia, porque ha de tener  unos  contenidos  de  claridad  y  precisión,  amen  de coherencia que permitan  entender  el  vicio  que  se  denuncia,  así  como  la  identificación  de sus  consecuencias.   

Concerniente  a la postulación y desarrollo  de  la  causal  tercera  de  casación ha sido criterio reiterado de la Sala que  aunque  su  demostración  suele  no  ser  tan estricta como la exigida para las  otras  causales,  de todas formas debe el demandante observar reglas de claridad  y  precisión  sobre el vicio in procedendo que anuncia.   

Esa  mayor libertad que se permite cuando se  opta  por  la  aludida causal no exime tampoco al actor de acatar los principios  que  orientan  la  declaración y convalidación de las nulidades, en ese orden,  debe  advertir la entidad del vicio procesal, las normas que estima conculcadas,  especificar  el  momento  de la actuación en que se produjo y demarcar su radio  invalidante,  así como también, ha de acreditar la injerencia desfavorable que  tuvo  tal anomalía en el fallo para demostrar cabalmente que al no existir otra  manera    diversa   de   restaurar   el   derecho   afectado,   se   impone   la  anulación.   

Hechas  las anteriores precisiones, la Corte  advierte  la  precariedad  demostrativa  de  la  irregularidad que denuncian los  defensores,  unido  a  su  posición  obcecada  acerca del cómputo del término  prescriptivo  de la acción penal, lo que a la postre tornan los cargos carentes  de la idoneidad necesaria para su admisión.   

Asumen  una postura distante del criterio de  autoridad  que  conforme  con  la  Ley 599 de 2000 ha tenido la Corte Suprema de  Justicia  acerca  del cómputo del término de prescripción de la acción penal  cuando  se trata de delitos cometidos por servidores públicos con ocasión o en  razón  de  sus  funciones en el entendido que el lapso mínimo de prescripción  de  la  acción  penal corresponde a seis (6) años y ocho (8) meses tanto en la  etapa  instructiva  como  en  la  fase de juzgamiento, puesto que si el término  prescriptivo  señalado  por  el  artículo 86 en concordancia con el inciso 5º  del  artículo 83 del citado ordenamiento arroja una pena máxima inferior a los  cinco  años  de  prisión, se tendrá como mínimo los 5 años aumentados en la  tercera parte.1   

2.  Segundo  cargo  en  representación  de  FERNANDO ANGEL PABÓN   

Igual vacuidad se advierte en el cargo que de  manera   independiente  postula  el  defensor  de  FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN  por  violación  directa  de  la  ley sustancial ante la interpretación errónea del  artículo  329  del  anterior  Código  Penal,  por  cuanto lejos de respetar la  apreciación  y  declaración de los hechos asumida por los juzgadores, presenta  su  particular  punto de vista para denotar que su defendido actuó conforme los  disponen las reglas y procedimientos médicos.   

De  tiempo atrás la Corte ha enfatizado que  la  simple  oposición  del  criterio  defensivo  a los criterios de valoración  probatoria  empleados  por  los  juzgadores  no  es  suficiente  para motivar el  análisis  de  la  legalidad  del  fallo,  porque debe sujetarse a las técnicas  establecidas  para  probar la existencia de yerros manifiestos y esenciales, con  incidencia en el sentido de la decisión.   

A    simple    discrepancia   con   las  consideraciones  judiciales  se  reduce la postura del demandante al reparar que  no  se  acreditó  la  causa de muerte de la víctima ante la ausencia de prueba  científica   al   respecto,   posición  distante  de  un  yerro  de  carácter  interpretativo  relacionado  con  el  delito de homicidio culposo, pues es claro  que  el  reproche  sobre  la atipicidad de tal comportamiento debió encaminarlo  bajo  la  misma  causal,  pero como un error de selección normativa mediado por  yerros  de  carácter  probatorio,  circunstancia adicional para advertir que el  reparo  no  puede ser admitido, en cuanto su postulación y desarrollo comportan  falencias  que  no  corresponde  enmendar  a  la Sala en virtud del principio de  limitación  que  rige  esta  impugnación extraordinaria, de conformidad con lo  establecido en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Es  evidente, entonces, que los impugnantes  no  cumplen con los fundamentos lógicos y de debida argumentación que se deben  observar   cuando   de  la  denuncia  de  la  ilegalidad  del  fallo  se  trata,  circunstancia  adicional  para  advertir que los cargos no pueden ser admitidos,  en  cuanto  su  postulación y desarrollo comportan falencias que no corresponde  enmendar  a  la  Sala  en  virtud  del  principio  de  limitación que rige esta  impugnación extraordinaria.   

No obstante lo anterior, como se advierte una  eventual   trasgresión  a  los  derechos  y  garantías  fundamentales  de  los  procesados  en  lo  que  tiene  que  ver  principalmente  con  la presunción de  inocencia,  la  Sala  correrá  traslado  al  Ministerio Público para que emita  concepto  sobre  tal  asunto,  pues  ameritaría  el  ejercicio  de  la facultad  oficiosa  que  en virtud del artículo 216 del la Ley 600 de 2000 le asiste a la  Corte al respecto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR las  demandas  de  casación interpuestas por los defensores  de  LUIS  EDUARDO  MONTAÑO  DÍAZ, VÍCTOR MARIO DE LA CRUZ CALDERÓN, GILBERTO  MESSA  MOSQUERA  y  FERNANDO  ÁNGEL  PABÓN,  por  las  razones expuestas en la  anterior motivación.   

2.            CORRER  traslado  de  oficio  al  Ministerio  Público   para   que   emita  concepto  de  rigor  sobre  la  posible  vulneración de las garantías de los procesados.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

          Notifíquese     y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Salvamento parcial de voto  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         MARÍA        DEL        ROSARIO        GONZALÉZ        DE       L.             

Aclaración de voto  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                   YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                            

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 MAURO   SOLARTE   PORTILLA                            

     Salvamento parcial  de   voto                                                        Salvamento  parcial  de  voto   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

         SALVAMENTO   DE  VOTO   

Como  quiera  que  a través de providencia  proferida  en  el  presente  asunto el nueve de agosto último, la Sala decidió  correr  traslado  oficioso  al  Ministerio  Público  para que emitiera concepto  sobre  la  eventual violación de garantías fundamentales de los procesados, en  lo  que  tiene  que ver principalmente con la presunción de inocencia, con cuya  decisión  no  estuve  de  acuerdo, los argumentos que entonces expuse adquieren  plena  validez  ahora y por ende, a ellos me remito para expresar las razones de  disentimiento    respecto    de   la   decisión   adoptada   en   la   presente  sentencia.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

MAGISTRADO  

fecha ut supra  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

El  suscrito  Magistrado,  con  el  habitual  respeto  por  las decisiones mayoritarias, procedo a consignar las razones de mi  disentimiento  que me llevaron a salvar parcialmente el voto en relación con la  decisión  mayoritaria de 9 de agosto del año en curso, a través de la cual se  inadmiten  las  demandas  de  casación  formuladas  en  representación  de los  procesados  pero  se  ordena correr traslado al Ministerio Público a fin de que  emita  concepto  acerca  de  la  posible  violación  de  las  garantías de los  enjuiciados,  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  presunción  de  inocencia,  circunstancia  que  ameritaría el ejercicio de la facultad oficiosa que en  virtud   del   artículo   216   del   la  Ley  600  de  2000  le  asiste  a  la  Corte   

Estoy de acuerdo con la Sala al inadmitir las  demandas  de  casación  dadas  las insalvables deficiencias argumentativas y de  demostración de los cargos formulados.   

No   obstante,   me  aparto  conceptual  y  jurídicamente  de  la  posición  de  la Corte al correr traslado al Ministerio  Público,  en  cuanto  ello comporta una postura de nueva valoración probatoria  ajena al juicio técnico jurídico que implica la casación.   

Es cierto que en ocasiones precedentes, pese  a  la  decisión  de  inadmisión  de la demanda la Corte ha corrido traslado al  Ministerio  Público  para  ejercer su facultad oficiosa, pero ha sido cuando de  manera   flagrante   se   advierte  la  infracción  de  alguna   garantía  fundamental  de  los  sujetos intervinientes, v.gr., en lo que tiene que ver con  aplicación   de   la  ley  más  favorable,  tasación  punitiva,  reformatio      in     pejus,     entre  otras.   

Lo anterior obedece al rol que han de cumplir  los   Tribunales  de  casación  que  implica  “unas  dimensiones  más  afines con el vigente Estado Social y Democrático de Derecho  (artículo  1º Const. Pol.) que, en protección de las garantías fundamentales  de  todos los asociados, permitiera la casación oficiosa y -más adelante en el  camino  evolutivo-  la casación excepcional -en postrimerías y en respeto a la  igualdad-   a   disposición  de  todos  los  sujetos  procesales”.2   

Además,  está  en  clara  armonía  con lo  dispuesto   por   la   Corte  Constitucional  cuando  al  analizar  el  término  “podrá”  contemplado  en el  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento  Penal  acerca  del principio de  limitación  de  la casación que faculta a la Corte al ejercicio oficioso de su  función,   cuando   señalo   que:   “La  expresión  ‘podrá’  no hace referencia a una especie de  discrecionalidad  absoluta de la Corte Suprema de Justicia por cuya virtud, ante  la  violación  de  las garantías fundamentales por la sentencia que examina en  casación,  estaría facultada por la norma para decidir a su arbitrio si casa o  no  casa  la  sentencia.  El  correcto  entendimiento  de  la  norma enseña que  mediante     la     expresión     ‘podrá’,  lo  que  el legislador pretendió fue introducir una autorización para que la Corte  case  la  sentencia  en la que se perciba ostensiblemente el vicio anotado, a lo  cual  procederá  de  oficio,  pues  de lo contrario, se expondría ella misma a  quebrantar         esas        garantías”3   

.  

Y   si   bien  con  base  en  la  anterior  autorización  se  ha  entendido  que aun tratándose de demandas que no reúnan  todos  los  requisitos formales puede la Corte aprehender el estudio del proceso  cuando  aparezca  la  ostensible  violación  de  una  garantía,  en este caso,  considero  que  al  ordenar  correr  traslado  al Ministerio Público para luego  emitir  fallo  de  casación  adopta  la  Sala  el  papel de instancia ordinaria  encaminado   a   reexaminar   los  criterios  de  valoración  judicial  de  los  juzgadores,  máxime cuando aquí  ninguno de los demandantes abogó por el  desconocimiento  de  la  presunción  de inocencia o violación del principio de  in dubio pro reo.   

Estimo    así    que    solamente     se    debieron   inadmitir  las  demandas  de  casación,  con  lo  cual  la  decisión de segunda instancia hubiera adquirido firmeza.   

Con toda atención,  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

         Magistrado   

    

1 Cfr.  Entre  otras  providencias  del  23  de marzo y 6 de junio de 2006, radicaciones  24300  y  25531,  en  su orden, así como sentencia de única instancia de 16 de  febrero del 2005, radicado 15.212.   

2  Auto   del   19   de  agosto  de  2004.  Radicación  21302.   

3    CORTE  CONSTITUCIONAL.  Sent.  C-657/96,  M.P.,  Dr.  FABIO  MORÓN  DÍAZ,  reiterada en la sentencia C-252 de  2001, M.P., Dr. CARLOS GAVIRIA DÍAZ.     

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