26522(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26522   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 014.  

Bogotá  D.C.,  febrero siete (7) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los mínimos presupuestos lógicos y argumentativos del libelo  de   casación   presentado   por   el   defensor   del  procesado  JESÚS   DAVID  ÁVILA  FRANCO  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  16  de agosto de 2006, confirmatoria de la dictada el 7 de julio anterior por el  Juzgado  6°  Penal  Municipal con funciones de conocimiento de la misma ciudad,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de  hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  24  de  octubre  de  2005,  al  lugar de  residencia   de   la  señora  Paola  Alicia  Ramírez  Rueda,    ubicado  en la carrera 73 No. 74-85, barrio Santa María del Lago de  esta  ciudad, cuando la mencionada se encontraba en compañía de su abuela y un  primo,  irrumpieron  seis  sujetos  provistos  de  amas  de  fuego,  quienes los  obligaron  a permanecer en uno de los baños de la vivienda.  Mientras ello  sucedía,  ingreso  al  inmueble otro primo de Ramírez  Rueda  de  nombre Jean Pierre  Castro  Viracachá, quien después de ser golpeado por  los  sujetos referidos, fue conducido al mismo lugar en donde se encontraban sus  demás  familiares.   Luego  de  que los agresores dejaron la vivienda, los  afectados  pudieron  corroborar  que  los  delincuentes sustrajeron la suma de $  13.000.000  que  tenían en efectivo, además de joyas, un computador portátil,  una grabadora y dos aparatos celulares.    

A  los dos días de ocurridos los anteriores  hechos,  cuando  las víctimas se presentaron a la Estación Décima de Policía  con  el objeto de formular la respectiva denuncia, Jean  Pierre  Castro  Viracachá  identificó  a  uno de los  agentes  de  policía  que  allí  se  encontraba como uno de los individuos que  participó  en  el  hurto.   El  uniformado  señalado  de participar en la  conducta  delictiva  responde al nombre de JESÚS DAVID  ÁVILA FRANCO.   

Con  fundamento en lo anterior, la Fiscalía  solicitó  la  captura  del mencionado, la cual, una vez producida, se legalizó  durante  audiencia  preliminar  llevada a cabo el 15 de diciembre siguiente ante  el  Juzgado  5°  Penal  Municipal  con  función  de  Control  de Garantías de  Bogotá.    Durante   la   misma   audiencia,  el  ente  acusador  formuló  imputación  en  contra  de  ÁVILA FRANCO  por  el  delito  de  hurto  calificado agravado, por la cual se lo  afectó   con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  centro  carcelario.     El    cargo    imputado    no    fue    aceptado   por   el  procesado.   

Ante  el  Juzgado  6°  Penal  Municipal  de  conocimiento  de  la  misma  ciudad,  con  fecha febrero 6 de 2006, la Fiscalía  presentó   escrito   de  acusación  por  el  mismo  delito  que  sustentó  la  imputación,  sancionado  en los artículos 239 y 240, inciso primero, numerales  3°   y   4°,   inciso   segundo,   “dado  que  el  comportamiento  delictivo  fue  realizado  con  violencia  contra  las personas,  utilizando  armas  de  fuego  y  por  más  de dos individuos que se pusieron de  acuerdo para cometerlo”.     

El  mismo  despacho  judicial  convocó para  audiencia  preparatoria, durante la cual negó solicitud de la defensa orientada  a  excluir  el  elemento  material  de  prueba  consistente en el reconocimiento  fotográfico  realizado  por  Edwin Jean Pierre Castro  Viracachá por considerarlo ilícito.   

Contra la anterior decisión, la misma parte  interpuso  recurso  de  apelación,  el cual se resolvió por el Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito  de  la  misma  ciudad,  en  el  sentido  de  revocar  la  determinación  apelada,  pero no con fundamento en los argumentos expuestos por  la  defensa,  sino por estimar que la Fiscalía omitió el deber que le asistía  de señalar la utilidad de esa prueba.   

La actuación retornó al despacho de origen,  en  donde se dispuso la realización del juicio oral, al cabo del cual, el 17 de  abril  siguiente,  se  profirió  sentencia  de  primer  grado,  por  cuyo medio  condenó  a  JESÚS  DAVID  ÁVILA  FRANCO  a la pena principal de ochenta  (80) meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, al encontrarlo autor penalmente responsable del  delito  por  el  cual  fue  acusado. En la misma decisión, el despacho judicial  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por el defensor del procesado, el Tribunal  Superior  de  Bogotá  la confirmó, mediante fallo del 24 de marzo del año que  transcurre,  decisión contra  la   cual   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación.     

LA  DEMANDA   

A través del libelo  presentado    por    el    defensor    de    ÁVILA  FRANCO    se  formulan  dos  cargos  contra  el  fallo  impugnado.   El  primero,  con  sustento en la causal segunda del artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, por nulidad de la actuación procesal y el segundo,  bajo  la  égida  de  la  causal  tercera  del  mismo  artículo, por violación  indirecta   de   la   ley   sustancial.   Los  reparos  son  del  siguiente  tenor:    

Primer  cargo.   Causal  segunda  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004.  Nulidad por desconocimiento del  debido proceso:    

Estima  el  actor que la sentencia impugnada  incurrió  en el motivo de casación invocado porque a partir del reconocimiento  fotográfico  practicado  por el mayor Hernando Vallejo  Castillo,  el  cual  se  declaró  ilegal  durante  el  trámite    de   la   actuación   procesal,   se   desconocieron   “los   más   elementales   principios   de   una   investigación  penal”.   

Lo  anterior, agrega el defensor, por cuanto  con  base  en  dicha prueba ilegal se libró la orden de captura en contra de su  defendido,    además    de   constituirse   en   el   fundamento   “no  sólo  de  la imputación sino de la imposición de la medida  de  aseguramiento  de detención preventiva al igual que de la acusación y como  si  fuera poco sólo mediante recurso de apelación en la audiencia preparatoria  fue   excluido   ese   supuesto  reconocimiento  fotográfico  por  abiertamente  ilegal”.   

Señala  que,  como  para  la  práctica del  aludido   reconocimiento   fotográfico   no   se   cumplieron   los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  252  de  la  Ley 906 de 2004, ello condujo a la  vulneración  del derecho de defensa de su prohijado e, igualmente, “del  principio  de investigación integral y como consecuencia de  los  mismos del debido proceso, ya que todo se originó a partir de ese supuesto  reconocimiento fotográfico ilegal”.   

De  esa  forma,  colige,  se  comprometieron  disposiciones  del  bloque  de  constitucionalidad  que  consagran el derecho de  defensa,  tales  como los artículos 8° de la Convención de San José de Costa  Rica  y  de  la  Ley 74 de 1968, así como los artículos 29 de la Constitución  Política y 3° de la Ley 270 de 1996.   

Sostiene,   además,   que   “como   el   reconocimiento  fotográfico  declarado  abiertamente  ilegal  da  lugar a actuaciones procesales necesarias posteriores, se cercena de  contera   el  derecho  de  defensa,  la  investigación  integral  y  el  debido  proceso”,  garantías  que  es  preciso  restablecer  casando  la  sentencia  y “convirtiéndose en sede de  instancia  a  través de del reenvió (sic)  se  declare  la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir  de  la  indagación”,     puesto     que     “si   algo   nace   ilegal   debe  terminar  ilegal”.   

Segundo  cargo.   Causal  tercera  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004.  Violación indirecta de la ley  sustancial   derivada   de   un   error   de   derecho   por   falso  juicio  de  legalidad:   

Comienza  por indicar el casacionista que el  yerro  de  apreciación  probatoria  formulado  se  produjo  en relación con el  testimonio    de    Edwin    Jean    Pierre   Castro  Viracachá,  el  cual debió ser excluido “de  conformidad  con  el  art. 455 y 23 de la ley 906 de 2004 por  ser testimonio derivado ilegal”.   

Recuerda  que  este  testigo se acercó a la  Estación  Décima  de  Policía  con  el  objeto de formular denuncia, en donde  identificó  al  uniformado que operaba como puerta muralla de haber sido uno de  los   sujetos  que  participó  en  el  hurto,  motivo  por  el  cual  el  Mayor  Hernando  Vallejo  Castillo,  sin  existir  denuncia  formal  alguna,  practicó  reconocimiento  fotográfico  utilizando  su  computador,  con presencia del Ministerio Público, “pero   desconociendo  los  más  elementales  principios  de  una  investigación penal”.   

Con  base en ese reconocimiento fotográfico  ilegal,  en  tanto  no  cumplió  con ninguno de los requisitos exigidos para su  realización  en  el artículo 252 de la Ley 906, Edwin  Jean    Pierre    Castro    Viracachá    reconoció  fotográficamente  a  su  defendido.   Agrega que por virtud del recurso de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  durante la audiencia preparatoria, se  declaró  la  exclusión  de  dicho  elemento  material  de  prueba “por    ser   abiertamente   ilegal”.   

Estima  que la misma suerte ha debido correr  el   testimonio   de   Castro  Viracachá,   que   se  constituyó  en  fundamento  del  fallo,  “por   haberse   contaminado   desde  el  supuesto  reconocimiento  fotográfico”,  en  atención  a  lo previsto en los  artículos  29  de  la  Carta  Política,  23  de la Ley 906 -el cual señala la  cláusula  de  exclusión  probatoria-  y  el  455  de la misma normatividad que  prevé la nulidad derivada de prueba ilícita.   

De  manera  que,  para el actor, el Tribunal  incurrió  en  error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad al valorar el  testimonio    de    Castro    Viracachá,  porque “debe aplicarse en este caso el  efecto  reflejo  o  efecto  dominó que consiste en que la prueba  obtenida  con  violación de un derecho fundamental es radicalmente nula y no puede surtir  efecto  alguno en el proceso, contaminando las restantes diligencias que de ella  se  deriven”;   postura  que, añade, comparten  esta Sala y la doctrina.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el    fallo    impugnado    y    dictar    el    de    reemplazo    “absolviendo  por  el  delito  de hurto calificado y agravado a mi  defendido”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Habida cuenta que los dos reparos propuestos  en   la   demanda  de  casación  objeto  de  estudio  exhiben   similares  defectos de lógica y adecuada  argumentación  que  impiden su admisión y  dado  que,  aun  cuando  se  formulan  con  base  en distintas    causales,   tienen   igual  fundamento,                procederá la  Sala,   por   elementales   razones   de  método  y  para  obviar  repeticiones  innecesarias,  a  asumir  su  análisis  dentro del mismo aparte.   

Pues  bien,  impera  precisar,  en  primer  término,  que  de conformidad con el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  “no  será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación, o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

Por  su  parte,  el  artículo 183 del mismo  estatuto  prescribe  que  el recurso extraordinario de casación se interpondrá  “mediante  demanda  que  de manera precisa y concisa  señale    las    causales    invocadas    y    sus   fundamentos”.   

Del  contenido  de  dicha  normatividad, se  deduce  que  los cargos contenidos en la demanda de casación deben exponerse de  manera   lógica   y   acompañados   de  adecuada  argumentación  y    que,  a  más  de  ello,  ha  de  evidenciarse  la  necesidad de proferir pronunciamiento de fondo con el objeto de  cumplir   alguno   o   algunos   de   los   fines   para   los   cuales   se  ha  previsto  el recurso.    

En   ese   orden   de   ideas,  la jurisprudencia ha venido señalando  que  con  el objeto de lograr alguno o algunos de los  fines  previstos  para el recurso de casación, la Corte emitirá fallo de fondo  superando    los    defectos   lógicos   y   argumentativos   que   exhiba   la  demanda  y que,      contrario     sensu,    puede  inadmitirla  cuando,  a     pesar    de    reunir    los    presupuestos  formales, de su contexto no  se   infiera   la   necesidad   de   proferir  fallo  de  fondo  o  porque     tampoco    surge  esa  posibilidad de la revisión del  trámite     cumplido     y     del    fallo    que    al    mismo    le    puso  fin.            

La  revisión de  los  reparos contenidos en la demanda presentada por el defensor de JESÚS  DAVID ÁVILA FRANCO, permite  evidenciar  que  no cumplen con  los  presupuestos  de  presentación  lógica  y  debida  argumentación que, de  conformidad    con    las    normativas    referidas,    se   exigen   para   su  admisión.   

En efecto, mientras en la primera censura el  casacionista  de  manera confusa se refiere a varios motivos de nulidad en forma  simultánea,  esto  es,  al  supuesto  quebranto  de  las  garantías  de debido  proceso,  derecho  de defensa e investigación integral, cuyas connotaciones son  diversas,  según  se ha expuesto en forma pacífica por la jurisprudencia de la  Sala,  en el segundo reparo incurre en contradicción mayor, cuando a través de  su  propuesta  invade  terrenos  de  distintas causales de casación al plantear  violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de derecho derivado de un  falso  juicio  de  legalidad  (causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004)  y  al  tiempo  el  desconocimiento del derecho de defensa de su prohijado  (causal  segunda  ibídem).   

A través de su reciente jurisprudencia, la  Sala  ha  sido  enfática en precisar que el recurso extraordinario de casación  dentro  del  nuevo  sistema procesal acusatorio implantado progresivamente en el  territorio  nacional  mediante  la  Ley  906  de 2004, continúa rigiéndose por  principios  tales  como  el  de  autonomía, prioridad y no contradicción, cuyo  propósito  no  es  otro  que  exigir  a  cargo  del  casacionista una lógica y  adecuada  argumentación  en  la  formulación  de  los  cargos.   Sobre la  naturaleza de estos principios, se ha dicho lo siguiente:   

El  principio de autonomía tiene por objeto  que  las  propuestas  que apunten hacia el resquebrajamiento del fallo deben ser  planteadas  en forma independiente, con miras a evitar que se incurra en mezclas  argumentativas  y  conceptuales, más aún cuando se trata de asuntos que tienen  fundamento en diversas causales de casación.   

El principio de prioridad, consecuente con el  anterior,  consiste  en  que  en  el  evento  de que se propongan varios reparos  contra  el  fallo  recurrido,  tales  deben  ser  presentados  de acuerdo con su  incidencia  procesal,  por  lo que los cargos con apego en la causal de nulidad,  deben  ser  presentados  en  forma prevalente respecto de los demás y, si todos  tienen  sustento  en  aquélla,  también deben ser esgrimidos de acuerdo con su  incidencia en la actuación.   

Lo anterior, porque bien puede ocurrir que la  Corte   no   requiera   pronunciarse   sobre  reproches  que  tienen  una  menor  repercusión  en  el  proceso  cuando  prospera uno de mayor incidencia, lo cual  haría          inoficioso          el          estudio          de          los  secundarios.                  

Por último, el llamado principio lógico de  no  contradicción tiene que ver con el hecho de que las propuestas excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en sus efectos, no pueden ser formuladas en una  misma  censura,  por  lo  mismo  señalado anteriormente en el sentido de que el  escrito  pierde coherencia y comprensión, al afirmarse que algo es y no es a la  vez.   

De  acuerdo  con lo anterior, no se remite a  duda  que  los  planteamientos  contenidos  en  los dos cargos de la demanda que  concita   la   atención   de  la  Sala,  comportan  planteamientos  de  diversa  naturaleza,  cuya discusión en sede extraordinaria no podían ser propuestos de  forma  coetánea,  como  así  lo  hizo  el  casacionista,  pues con esa actitud  atentó  contra  la  precisión  y  concisión que debe evidenciar la demanda, a  voces  de  lo  normado  en  el  aludido  artículo  183  de  la Ley 906 de 2004.   

Dicho  defecto, adicionalmente,  no  es  viable superarlo en procura de  cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario  previstos  en  el  artículo  180 ibídem, esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

Para  arribar  a la conclusión anterior es  preciso  tener  en  cuenta  que  los  dos reparos contienen un fundamento igual,  habida  cuenta  pretenden  demostrar  que  a  partir  del  ilegal reconocimiento  fotográfico  del  procesado  realizado por Edwin Jean  Pierre   Castro  Viracachá  la  actuación  procesal  subsiguiente      sufre      las      mismas     consecuencias     y,       por       tanto,    se    debe    anular  (primer  cargo,  con  sustento  en  el  motivo   segundo  del  artículo  181  de  la  Ley  906),  efectos  nocivos  que  cobijan  también  al  testimonio  del mencionado, el  cual,  según  el  censor,  se  constituye  en el fundamento principal del fallo  (segundo    cargo,   con   fundamento   en   el   motivo  tercero  del  artículo  181  de  la  Ley  906).   

Pues  bien,  revisados los registros de la  actuación  se  encuentra  que  no  existe  la  necesidad  de superar el defecto  advertido  de  la  demanda  para  realizar  alguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario,  habida cuenta que la fundamentación de las propuestas dista de  la realidad.   

Señala  el  libelista  que  los  efectos  nocivos   de   la  ilegalidad  del  reconocimiento,  cuya   proyección   alcanza   tanto  a  la  actuación  procesal subsiguiente  como    a   la   prueba   indicada,   derivan   de   su   declaratoria  por el juez que resolvió el recurso de apelación  interpuesto  por la defensa durante la audiencia preliminar contra la  negativa  del funcionario de primer  grado en ese sentido.   

Sin  embargo,  la  consulta  del  registro  audio  visual  contentivo  de          la         audiencia,  durante  la  cual  se desató el referido recurso,  muestra  que  si  bien  el  juez de segunda instancia revocó la  decisión   impugnada   y   excluyó   el   aludido  reconocimiento  fotográfico  del  catálogo  de los  elementos    materiales    de    prueba    presentado    por   la   Fiscalía    para    su    práctica  durante  la audiencia del  juicio  oral, no  tomó dicha decisión con base en el argumento expuesto por la  casacionista   en   el  sentido   de   que   fue  practicado   en   forma  ilegal,  sino  porque  el  ente  acusador  omitió   precisar  su  pertinencia  o  utilidad.   

De ahí que toda la argumentación expuesta  por   el   censor  a  través  de  los  dos  cargos  de  la  demanda,    al    partir    de    un    presupuesto    errado,       pierda       todo  sustento  y resulte insuficiente  para  evidenciar  que  no  obstante  los defectos  advertidos    existe  la necesidad de proferir fallo de fondo con  el  objeto  de  garantizar alguno de los fines del recurso de  casación.         

Por   lo   expuesto   en  precedencia,  la  conclusión  que  razonablemente  se  impone  es  la de inadmitir la demanda, de  conformidad  con  lo  dispuesto en el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

   

         Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor    del   procesado   JESÚS   DAVID   ÁVILA  FRANCO,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ     PINZÓN                      

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                      JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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