26510(14-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26510  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 036  

Bogotá, D.C., marzo catorce (14) de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Se  decide  acerca de la admisibilidad de la  demanda  presentada por el defensor de BIBIANO IBARGUEN  OSPINA  y ALEXÁNDER HURTADO JIMÉNEZ, libelo a través  del  cual  pretende sustentar el recurso de casación que interpusiera contra la  sentencia  del  14  de  julio  de  2006,  por cuyo medio el Tribunal Superior de  Quibdó,  al  revocar la absolución proferida por el Juzgado Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma sede, condenó a los indicados procesados a la pena  principal  de  26  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  “pérdida”  de  los  derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  como  autores  determinadores  del  delito de  homicidio agravado.   

HECHOS  

El  25  de  diciembre de 2000 arribaron a la  residencia    del    líder    indígena    Embera    de   nombre   Armando   Achito  Lubiaza  cuatro  sujetos  provistos  de armas de fuego y vistiendo prendas de uso privativo de las fuerzas  armadas.  Dos  de ellos ingresaron a la casa y dispararon sin miramientos contra  el  antes  mencionado,  quien  perdió  de esa manera la vida. Además de líder  indígena,  Achito Lubiaza era  presidente  del  concejo  municipal  de Juradó (Chocó), lugar donde ocurrieron  los  acontecimientos, y estaba a la cabeza de la coalición política que obtuvo  las  mayorías  en  la  elección  popular  de  alcaldes  realizada en el mes de  octubre de 2000 en el citado municipio.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-  Con  fundamento en comunicación que la  Defensoría  del  Pueblo  envió  al  señor Fiscal General de la Nación, en el  sentido  de  solicitar  la  iniciación de la investigación correspondiente por  razón  de  los hechos antes reseñados, mediante resolución del 15 de enero de  2001  el Director Nacional de Fiscalías asignó a la Unidad de Derechos Humanos  con  sede  en  Bogotá tal responsabilidad, y es así como el 17 de enero de ese  año  una  fiscal  de  dicha  Unidad  decretó  la iniciación de investigación  previa.   

2.-  Practicadas  algunas  pruebas, el 21 de  mayo  de  2001  la funcionaria instructora dispuso la apertura de investigación  penal,  como  consecuencia  de  lo  cual ordenó vincular mediante indagatoria a  Gaspar      González     Lozano,     alias       “Toniño”,     ALEXÁNDER    HURTADO     y    EDUARDO    HURTADO,   contra   quienes  decidió  además  librar  orden  de  captura.   

3.- El 16 de julio de 2002, declaró persona  ausente   a   Gaspar  González  Lozano,  y   por   resolución   del  18  siguiente  dispuso  vincular  a  la  investigación   a   Rusbel   Moreno   Cuesta,  alias  “Misael”,     así    como    a    BIBIANO  IBARGUEN  OSPINA,  para  lo  cual  ordenó expedir las respectivas solicitudes de aprehensión.   

4.-  Al  resultar  infructuosa su búsqueda,  mediante  decisión  del 12 de agosto del precitado año la instructora declaró  personas  ausentes  a  Rusbel  Moreno  Cuesta, BIBIANO  IBARGUEN   OSPINA,   ALEXÁNDER   HURTADO  JIMÉNEZ  y  Eduardo       Hurtado       Jiménez.   

5.-  El  2 de diciembre de 2002 resolvió la  situación  jurídica  de  los  vinculados,  optando  por  imponerles  medida de  aseguramiento  por  el  delito  de homicidio agravado, así: contra BIBIANO  IBARGUEN  OSPINA,  ALEXÁNDER  HURTADO  JIMÉNEZ  y Eduardo  Hurtado   Jiménez,  como  autores  determinadores,  y  contra  Rusbel Moreno Cuesta y  Gaspar González Lozano, como  autores materiales.   

6.-      Capturado      IBARGUEN   OSPINA,   se  le  escuchó  en  indagatoria,  y  el  22  de  junio  de  2004 la investigadora decretó el cierre  parcial  de  la  instrucción,  decisión  que cobijó al antes mencionado, así  como  a Rusbel Moreno Cuesta y  Gaspar  González Lozano. Esa  determinación,  empero,  se  dejó  sin validez con providencia posterior para,  finalmente,  el  31  de julio del mismo año, proferirse nuevo cierre parcial de  la  instrucción,  clausura  que  comprendió a éstos, así como a BIBIANO   IBARGUEN   OSPINA  y ALEXÁNDER HURTADO JIMÉNEZ.   

7. Mediante proveído del 8 de septiembre de  2004,  una Fiscal adscrita a la Unidad Nacional de Derechos Humanos calificó el  mérito  del  sumario, profiriendo resolución de acusación contra BIBIANO   IBARGUEN   OSPINA  y   ALEXÁNDER   HURTADO   JIMÉNEZ,  como  presuntos   determinadores  del  delito  de  homicidio  agravado.  En  el  mismo  pronunciamiento    decretó   la   nulidad   en   relación   con   Gaspar  González  Lozano  y  Rusbel   Moreno   Cuesta,  por  no  estar  debidamente identificados e individualizados.   

8.-  Declarados  desiertos  los  recursos de  reposición   y   apelación   interpuestos   por  la  defensa  de  IBARGUEN  OSPINA  y desestimada en segunda  instancia,  por  interposición  extemporánea,  la  apelación formulada por el  Ministerio  Público,  el  proceso  pasó  a  conocimiento del Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Quibdó,  cuyo  titular  practicó en su momento la  audiencia  preparatoria,  luego la pública de juzgamiento, y el 17 de noviembre  de  2005  puso  fin a la instancia con la sentencia absolutoria que favoreció a  los dos acusados.   

9.- El fallo fue apelado por la fiscalía, y  el  Tribunal  Superior  de  Quibdó, como ya se dijo, lo revocó para condenar a  los  procesados  como  determinadores  del  delito  de  homicidio  agravado.  La  decisión  de  segundo  grado ameritó la interposición por parte de la defensa  del  recurso  extraordinario de casación, impugnación que concita la atención  de la Sala.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación,  el  actor  formula  un  único  cargo por violación indirecta de la ley. En ese  orden,  reprocha  a  la  sentencia  de segundo grado incurrir en falso juicio de  identidad   por  no  analizar  el  caudal probatorio de manera integral, lo  cual le impidió apreciar la duda que surge en el proceso.   

Con tal error, en concepto del demandante, el  Tribunal  vulneró los artículos 7º, 24, 232 y 238 de la Ley 600 de 2000, así  como  los artículos 103 y 104 de la Ley 599 de 2000 por aplicación indebida, y  2º, 9º, 12, 21 y 22 ibídem por falta de aplicación.   

Para sustentar el reparo, inició señalando  que  las  razones con fundamento en las cuales se edificó la condena carecen de  las  repercusiones  probatorias  dadas  en  el  fallo  y  se  trata solamente de  “argumentaciones   dubitativas,   afirmaciones   no  confirmadas,  decires,  comentarios,  versiones  escuchadas  y  no  presenciadas  directamente,  deducciones  inconsistentes,  creencias  o sospechas infundadas y  carentes   de   respaldo  procesal,  soterradas  enemistades,  cuando  no  odios  recónditos”. Situaciones todas que, en su criterio,  generan  dudas y nunca certeza sobre quiénes ocasionaron la muerte del concejal  indígena.   

Bajo tal esbozo, a renglón seguido reseñó  los  varios errores que, según expresó, le impidieron al Tribunal reconocer la  duda,  y  al  efecto  empezó  por  ocuparse  de fundamentar que, contrario a lo  afirmado   por  esa  corporación,  el  occiso  sí  tenía  problemas  con  los  paramilitares,  de  manera que éstos bien pudieron ultimarlo, y no la guerrilla  como  se concluyó en la sentencia. Luego hizo referencia a otras causas que, de  acuerdo  con  el  expediente,  pudieron  determinar  la muerte de la víctima, a  saber:   

1) “Lo mataron por  gestionar  la  fuerza  pública”; 2) “El    hecho    ocurrió    por    unas   botas   entregadas   a   la  guerrilla”;   3)   “Lo  mataron    por    disputas    territoriales”;   4)  “La  muerte  de ARMANDO ACHITO LUBIZA se produjo por  no   dejar   reclutar   a   los   indígenas”;   5)  “Lo      mataron     por     un     radio     de  comunicaciones”;  6)  “Lo  ultimaron    por   no   prestar   un   motor”;   7)  “Lo     mataron     por    no    conceder    unos  auxilios”; 8) “Lo mataron  por  denunciar  al  guerrillero  Toniño  por el robo de unos cerdos”;  y 9) “Lo mataron por hablar con los  paramilitares       o       ser       informante      de      éstos”.     

      

Pasó  posteriormente  a  poner  de presente  circunstancias  adicionales  que, en su criterio, igualmente generan dudas en el  plenario.  Entre  ellas, mencionó: a) BIBIANO IBARGUEN  no  se  encontraba  en  Juradó  cuando ocurrieron los  hechos;     b)    ALEXÁNDER    HUERTADO  y  su  hermano  Eduardo el día anterior se fueron “río  arriba”; c) La supuesta lista en la  que  aparecían  los  occisos,  nunca se demostró; d) Nunca se demostró que se  hubiese   pagado   por  la  muerte  del  líder  indígena;  e)  A  Bibiano  la guerrilla intentó matarlo; f)  Éste  no  amenazó jamás a Armando Achito;  g)  Bibiano era  amigo  de  los  indígenas  y  no es cierto que Armando  Achito  lo hubiera denunciado; y h) Las relaciones con  el otro grupo político eran buenas.   

Para el casacionista, si el Tribunal hubiera  analizado  en  conjunto las pruebas recaudadas en la foliatura habría apreciado  esas,  y  otras  circunstancias  que  menciona en la demanda, lo cual lo hubiese  llevado  a  reconocer la existencia de dudas sobre los autores del homicidio y a  rechazar,  por  tanto, “los rumores, los decires, las  conjeturas,  las  sospechas  y  los comentarios”, con  cuyo    fundamento    el    ad   quem   cimentó el fallo condenatorio.   

Pidió de esa forma casar la sentencia y, en  su lugar, proferir absolución a favor de los procesados.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La demanda de casación no es un escrito de  libre  elaboración.  No  resulta  suficiente, para acceder a ese extraordinario  medio   de   impugnación,   la   presentación   de   un  alegato  de    aquellos    que   se   suelen   allegar   ante   las        instancias.  Es  necesario que el libelo, además de  los  presupuestos  de  oportunidad  y  procedibilidad,  satisfaga  unos  requisitos mínimos de coherencia y lógica argumentativa,  donde  aparezca  expresada la causal y la formulación del  cargo  o  cargos aducidos en contra de la sentencia cuestionada, con indicación  en  forma  clara  y precisa de sus fundamentos, según así lo tiene establecido  el  artículo  212, numeral  3º  de  la  Ley  600  de  2000.    

Sólo si se cumplen esas exigencias mínimas  tendrá  la  demanda idoneidad para desvirtuar la doble presunción de legalidad  y   acierto   de   que   está  revestida  la  sentencia  atacada  y  demostrar,  consecuencialmente,  que  la  decisión  judicial quebranta de manera   frontal   el   derecho  sustancial  o  vulnera  las  garantías  constitucionales  de  los  sujetos procesales.   

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,   el   demandante   denuncia   la   violación  indirecta  de  la  ley  por  incurrir  el fallador de  segunda  instancia, conforme  dejó  entrever,  en error de hecho en la modalidad de  falso juicio de identidad.   

El  falso  juicio  de  identidad,  según  jurisprudencia  consolidada  de esta Corte, se presenta cuando se distorsiona un  medio  probatorio en su expresión fáctica, atribuyéndole contenidos que no le  pertenecen  o cercenando los que le corresponde; en otras palabras, se altera la  prueba, haciéndole decir lo que no expresa.   

“En  tal  caso  –ha  precisado  la  Sala-  debe   el  impugnante  señalar  mediante  el  cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en  el  medio probatorio y lo asumido en el fallo, qué  aparte  fue  omitido o añadido a la prueba, qué efectos se produjeron a partir  de  ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es  la trascendencia del yerro en la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  parte  resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico  que  no puede ser demostrado con la exposición subjetiva del  criterio  del  actor  acerca  del  valor  que corresponde al medio de prueba que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta que materialmente acredite que el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión         reprochada,…”1.   

En   la   extensa   demanda  que  presentó  el impugnante omitió por  completo  mencionar cuál o  cuáles   de  los  medios  probatorios  con cuyo amparo se cimentó la sentencia  condenatoria, distorsionó  o   deformó   el   Tribunal.   Mucho   menos   especificó   qué  contenido  se  adicionó  o  se  cercenó indebidamente  a  esa o esas determinadas pruebas. Por  lo  mismo,  se  sustrajo  totalmente  a  explicar  la  trascendencia  del presunto falso juicio de identidad.   

En realidad, lo que el demandante cuestiona  al  fallador  no  es,  como  lo anuncia, la tergiversación de la prueba sino la  falta     de     un     análisis     integral     de    la    misma,   que   de  hacerlo  hubiera llevado, en su criterio, a reconocer  la  existencia  de  dudas  en el plenario.  En  ese  sentido, no debió entonces acudir al error de hecho por  falso   juicio   de   identidad   sino  denunciar  un falso raciocinio frente a la apreciación del arsenal  probatorio.   

Pero   en   tal  caso,  le  correspondía  demostrar  de  qué  manera, al valorar la prueba, el  juzgador  desconoció  los  principios  de  la sana crítica que, como ha tenido  oportunidad  de  expresarlo  la  Corte, dicen relación con los postulados de la  lógica,  las  reglas  de  la  experiencia  y  los  principios  de  la  ciencia.   

Ningún  esfuerzo, empero, hizo al respecto  el  libelista,  quien  se  dedicó  en  la demanda a efectuar su propio análisis de la prueba a partir del  cual,  según  expresó, surgen diversas circunstancias generadoras de dudas que  imponían  el  reconocimiento  del  principio in dubio  pro  reo.  Y esa particular  valoración  del  conjunto  probatorio  la opone a la efectuada por el Tribunal,  con  la  pretensión de que  la   Corte   acepte  la  suya  y  desestime  la  del  juzgador.   

Tal modo de proceder resulta inadmisible en  sede  de  casación,  donde  para que el ataque tenga  vocación  de prosperidad es insoslayable demostrar la  presencia   de   graves   yerros   de   apreciación  probatoria y no simplemente  disparidad    de   criterios   en   esa   temática.   

Pero   es   más,   la  falta  del  rigor  argumentativo   que   es   inherente  al  recurso  de  casación    se    hace    todavía    más  manifiesta cuando se observa que en  la  demanda  el  actor se queja por la no práctica de  algunas  pruebas  y,  además,  por  la  ruptura  de  la  unidad  procesal al no  investigarse   conjuntamente   en   este  proceso  la  muerte  del  alcalde  de  Juradó, elegido en los comicios del año 2000, señor  Henry   Perea   Torres,  también atribuida a los aquí acusados.   

Con lo anterior desatiende de manera palmar  el   principio   de   autonomía   de   las  causales  de  casación,  pues  las  situaciones que  se  acaban  de  esbozar  ninguna  relación  tienen  con  el  error   de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  que,  como  único  cargo,  formuló a la sentencia,  y   más   bien   corresponderían   a   yerros   in  procedendo  que,  por  ello,  debió  denunciarlos a  través  de  la  causal  tercera  de  casación (art.  207.3  Ley  600  de  200),  mediante  la demostración de la trascendencia de la  irregularidad, labor que omitió acometer.   

Siendo  entonces evidente que la   demanda  no  cumple  los  requisitos  previstos en   el   artículo   212  del  código  de  procedimiento  penal,  la Sala la inadmitirá de  plano.   

Cuestión final  

Como   quiera   que   la   Corte  advierte  que la pena accesoria  de    “pérdida”  de  derechos  y  funciones  públicas  se  tasó  en  el  mismo lapso fijado para la sanción de prisión,  la  cual  se determinó en veintiséis (26)       años,      situación   que  puede  eventualmente  derivar   violación  de  garantías  de              los        procesados  porque el artículo 44 del estatuto  punitivo  de 1980, modificado por el artículo 28 de la Ley 40 de 1993, a su vez  modificado  por  el  artículo  3º  de  la  Ley  365  de 1997, en cuya vigencia  ocurrieron    los    hechos    objeto   aquí   de   juzgamiento,   contemplaba  como  límite  máximo  para  la  imposición  de  la  accesoria  de  esa  naturaleza  diez  (10)  años, se  surtirá  traslado  al  Ministerio Público para que se pronuncie al respecto y,  posteriormente,  dictar  la  decisión  de  fondo  que  en  derecho corresponda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de      BIBIANO     IBARGUEN   OSPINA  y  ALEXÁNDER  HURTADO  JIMÉNEZ,  conforme a las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo     187     del     estatuto    procesal  penal,  contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

2.          CORRER   traslado  al  Ministerio  Público  por  el  término  de  veinte  (20) días para que conceptúe sobre la  posible  vulneración  de garantías fundamentales de  los         procesados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración    de    voto                                                     Salvamento de voto   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Permiso  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Providencia del 23 de noviembre de 2006. Rad. 26357.     

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