26411(08-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 26411  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado  Acta    No.  221   

Bogotá     D.    C.,    ocho (8) de noviembre de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ALBERT  JOVANY     DÍAZ     JARAMILLO    y    ANDRÉS   MAURICIO   RENDÓN   GÓMEZ   (o   JHON  FERNANDO  GÓMEZ  SUÁREZ,    o    GÓMEZ  ZEA),  contra  la sentencia del catorce (14) de julio  de  dos  mil  seis  (2006)  por medio de la cual el Tribunal Superior de Pereira  confirmó  el fallo condenatorio proferido el 31 de mayo anterior por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, que los halló responsables de  tres  conductas  de  homicidio  agravado  doloso,  cuatro conductas de homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa (estas últimas a título de dolo eventual) y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal y los condenó a las penas  de  seiscientos  (600)  meses  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  de  funciones  públicas por veinte años y les negó el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

         

HECHOS  

El 2 de febrero de 2006 a las 10:30 a.m., en  el  sector  denominado  “La  Carrilera  del crucero de Cuba” en la ciudad de  Pereira,  se  presentó  una balacera en la que resultaron eliminados Jhon Jairo  Parra  Aristizábal (a. Tom), Henry de Jesús Loáiza Montes (a. Tungo) y Martha  Isabel  Henao, quien pasaba  coincidencialmente  por  el  lugar, al tiempo que se atentó contra la humanidad  de  Ánderson  Parra  Aristizábal,  Diego  Alejandro Henao Rodríguez, Luz Mary  Castro González y Jhon Jairo Noreña.   

La  oportuna  presencia  de  agentes  de la  Policía  Nacional  en  el  lugar  de  los hechos hizo posible la captura de los  autores      de      dichos      crímenes,  porque  testigos presenciales de los mismos indicaron a  las  autoridades  del orden  las  residencias  donde se  refugiaron los implicados.   

Así         que,   instantes  después  de   la   ocurrencia   fueron  capturados  ALBERT    JOVANY    DÍAZ    JARAMILLO  (a.  Nene)  y  ANDRÉS MAURICIO RENDÓN  GÓMEZ  (o  JHON  FERNANDO  GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.  “Muelón”,  quién también recibió una  herida  de  bala  en  el  teatro  de  los  acontecimientos);   los  dos  se  refugiaron  en la casa  número 3 de la manzana 21 A del Barrio Leningrado,  a   unos   doscientos   setenta   metros   del   sitio   donde   sucedieron  los  hechos.   

Al   momento   de   estas  dos  capturas,  uno  de  los  policiales  (Guillermo  Antonio  Porres  Giraldo)   pudo   observar   que   DÍAZ   JARAMILLO  lanzó  un  trapo  azul que resultó ser una camiseta  marca    DIESEL,    ensangrentada   y   perforada    por    un    impacto   de   proyectil   de   arma   de  fuego,  que resultó ser de  propiedad     de     su     compañero     y    que    envolvía    el  arma de fuego de la que pretendieron  deshacerse para eludir la acción de las autoridades.   

El  arma  que  se  halló  envuelta  en  la  camiseta  azul  era  una pistola semiautomática, calibre 9 mm, con capacidad de  carga  en  el  proveedor  para  quince  (15)  cartuchos,  marca  Pietro Beretta,  con  número serial borrado  y  en  buen  estado  de funcionamiento (cfr. Evidencia número 2, informe de los  Agentes    que   incautaron   el   arma,  Humberto  Arenas  Dominguez y Carlos Albarracín, conc. evidencia  número  15, testimonio del Ag. Gómez Giraldo).   En    la    escena    del   crimen   fueron   hallados   algunos   proyectiles  y  vainillas  que resultaron  compatibles  con esa arma y  en  los  cuerpos  de  Henry de Jesús Loaiza Montes y  Martha  Isabel  Henao Torres se rescataron proyectiles  compatibles con aquella pistola.   

En  relación  con  las  otras  capturas,  en    la   casa  número  254  de  la  manzana  19,  cercana      a      la      anterior,      fueron  aprehendidos      cuando      se      encontraban  escondidos  en  un  cuarto  de depósito, el menor de  edad   de   nombre   C.  H.    P.    (a.    Chinga)    –quien   aceptó   haber  disparado  contra  una  de las víctimas (Jhon Jairo Parra) y fue dejado a disposición del  juez      de      menores-     y     RICARDO    ANTONIO    SÁNCHEZ   (a.  Beto);   en el lugar se incautaron dos   (2)   armas   de   fuego   dentro  de  un  balde de materiales de desecho.   

Las    armas    eran,    una  pistola semiautomática, calibre 9 mm, con capacidad de carga  en   el   proveedor  para  quince  (15)  cartuchos,  marca  Pietro  Beretta,  de  fabricación  industrial,  con  número  serial  D-123692,  en  buen  estado  de  funcionamiento.   (Evidencia  número  5; conc. evidencia 26) y una pistola  semiautomática,   calibre   9   mm,  marca  Smith  &  Wesson,  fabricación  industrial,  con proveedor para dieciséis (16) cartuchos, con número de serial  borrado  pero con prueba química de revelado se pudo constatar que sus dígitos  son  HAK3032,  en  buen estado de funcionamiento.  (Evidencia número 2, en  concordancia   con   la   evidencia   26).   Se  recogieron  en el teatro de los hechos tres vainillas  que   compatibles   con   el   arma   Smith & Wesson.   

El  Juez  de primera instancia absolvió a  RICARDO  ANTONIO  SÁNCHEZ  por  duda,  pues  consideró  que  no aparece prueba  directa  o  indirecta  que  lo  vincule  a  los hechos juzgados, “sólo  que  fue  retenido en compañía del menor de edad Cristian  Pescador   y   en  el  inmueble  donde  fuera  capturado  había  “un  arma”  (sic),   sin   que  se  hubiesen  realizado  los  estudios  correspondientes  para determinar que él la  portaba…”,  además  de  que  no  se recibió el  testimonio  del  menor  vinculado a las conductas delictivas porque se fugó del  centro de rehabilitación donde estaba recluido.   

ANTECEDENTES  

La audiencia de formulación de imputación  la  realizó el Fiscal 24 de la Unidad de Reacción Inmediata de Pereira el 3 de  febrero  de  2006;   La  Fiscal  Quinta  de  Pereira  presentó  escrito de  acusación  el 5 de marzo de 2006 por tres homicidios agravados (Artículos 103,  104  num.  4  y  5  del C.P.), cuatro homicidios agravados en grado de tentativa  (Artículos  103,  104  num.  4  y  5  en conc. Con el art. 27 del C.P.) y porte  ilegal de armas de fuego (art. 365 del C.P.)   

Las agravantes imputadas se relacionan con  el  motivo  abyecto o fútil y con la participación de un menor de edad (folios  1   –  12);   se  adicionó  con  el  escrito  de  descubrimiento de pruebas (fls. 16 –   18).    Los   acusados  no  aceptaron los cargos, no se celebraron preacuerdos.   

El  15  de  marzo celebró la audiencia de  formulación  de  acusación  (fl.  19);  el 17 de abril el juzgado Primero  Penal  del  Circuito  celebró la audiencia preparatoria (fl. 20);  el 3 de  mayo  de  2006  realizó  la  audiencia  de juicio oral y público y anunció el  sentido   del   fallo   (fls.   28   – 31).   

El  Juzgado  Primero Penal del Circuito de  Pereira  con funciones de juez del conocimiento profirió sentencia condenatoria  el  31  de  mayo  de  2006  por  los  delitos  objeto de acusación, no obstante  excluyó  el  motivo  abyecto  como  causal de agravación punitiva (folios 33 –  43);    el   fallo   fue   impugnado   por  el  defensor  técnico  de  los  sentenciados.   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Pereira,  dentro de la limitación del recurso, confirmó la decisión el 14  de   julio   de   2006   (fls.   63  – 88).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Los     falladores     –tanto  de  primera  como de segunda  instancia-   llegaron   a  la  conclusión  de  que  ALBERT    JOVANY    DÍAZ    JARAMILLO  (a.  Nene) y ANDRÉS MAURICIO RENDÓN  GÓMEZ  (o JHON FERNANDO  GÓMEZ  SUÁREZ, o GÓMEZ  ZEA  a.  “Muelón”)  fueron  capturados  en  una  especial  situación de flagrancia una vez se refugiaron en la casa número 3 de  la  manzana  21  A  del  Barrio Leningrado, a unos doscientos setenta metros del  sitio     donde    sucedió    la    balacera.     Esto    fue    lo    que  argumentaron:   

1)   El Juzgado  

Estimó que la  Policía  acudió  al  teatro  de  los acontecimientos instantes después de los  disparos   y   que  por  indicación  de  la  comunidad llegaron hasta la casa donde se habían refugiado  los  autores  del  múltiple  atentado;   uno  de  los uniformados ejerció  vigilancia   externa   del   inmueble   y   pudo   observar   que   DÍAZ  JARAMILLO  lanzó un trapo azul  (que   resultó   ser  una  camiseta  marca  DIESEL,  ensangrentada, perforada por un impacto de proyectil  de  arma  de  fuego,  de  propiedad   de   su   compañero);   la  prenda  envolvía  un  arma  de fuego de la que pretendieron  deshacerse para eludir la acción de las autoridades.   

El  arma  que  se  halló  envuelta  en la  camiseta  azul  era  una pistola semiautomática, calibre 9 mm, con capacidad de  carga  en  el  proveedor  para  quince  (15)  cartuchos,  marca  Pietro Beretta,  con     número     serial    borrado  y  en  buen  estado  de  funcionamiento.   (cfr.  Evidencia  número 15).   

Con   base  en  experticia  científica  (dictámenes de balística  sobre  los fragmentos de proyectiles encontrados en los cadáveres), en el fallo  de  primer  grado  se  encontró demostrado que tres vainillas encontradas en el  lugar  de  los  hechos fueron percutidas por la pistola marca Smith & Wesson  calibre  9 mm. Núm. HAK3032 y otras tres fueron percutidas por la pistola marca  Pietro Beretta calibre 9 mm sin número.   

De  los  proyectiles hallados en la escena  del  crimen,  uno  de ellos (el rotulado con el número cinco) fue disparado por  la  pistola  calibre  9 mm marca Smith & Wesson núm. HAK3032 , mientras que  el  rotulado con el número 10 fue disparado por la pistola marca Pietro Beretta  9 mm sin número (ver evidencia número 26).   

Advirtió  el  juzgado           que          “no   fue   casualidad”   la   captura   de  ANDRÉS       MAURICIO       RENDÓN      GÓMEZ      (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.             “Muelón”)  porque  los  Agentes  de  Policía  Jesús  Enoc  Valencia  González,  Luís  Alberto  Parra  Martínez y Guillermo  Antonio    Porres    Giraldo    que   adelantaron   el   operativo   acudieron   inmediatamente   y  por  indicación  de  la  ciudadanía  llegaron  hasta la casa donde estaba refugiado  junto  con  ALBERT JOVANY DÍAZ JARAMILLO.   

Recordó además  que   existe  plena  identidad  entre  la  trayectoria  de los disparos registrada en la prenda de vestir  ensangrentada  con  la  herida  de  en  el cuerpo del acusado;  de la misma  manera,    existe    identidad    plenamente   acreditada   entre   los  rastros  de  sangre de la camiseta  perforada   por   proyectil  de  arma  con  la sangre del acusado ANDRÉS       MAURICIO       RENDÓN      GÓMEZ      (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,   o   GÓMEZ  ZEA).   

En ese sentido lo atestiguaron en el juicio  la  experta en balística  forense  (evidencia número 22, introducida al juicio  por   la   Fiscalía  y  aceptada  como  prueba  del  proceso),     y     la    testigo    –perito-  Dra.  Margarita Arregocés  Torregosa,  quien  rindió  su  versión  a  partir de experticia científica de  confrontación  de  rastros  del  “ADN”,  prueba  científica con el máximo  grado  de confiabilidad (Evidencia número 24 aducida  como prueba al proceso).   

Refirió el juzgado que la testigo de cargo  –y  también  víctima  del  atentado-  Sra.  Luz  Mery  Castro  (esposa  de  Henry  Loaiza, víctima de  homicidio),   reconoció   al   acusado   ANDRÉS  MAURICIO  RENDÓN  GÓMEZ  (o  JHON FERNANDO GÓMEZ  SUÁREZ,   o   GÓMEZ  ZEA)  y  lo  señaló en  audiencia pública como uno de los homicidas.   

Con  respecto  de  la  responsabilidad  de  ALBERT    JOVANY    DÍAZ    JARAMILLO  el  juzgado  recordó que fue uno de las dos personas capturadas  en  la casa número 3 de la manzana 21 del barrio Leningrado, que fue acordonada  por     la     Policía     cuando    –después  de  huir  del  sitio  del  atentado-       ingresaron      allí      para  refugiarse.   

DÍAZ JARAMILLO  era      la     persona     que     vestía   el   overol   azul   y   se   deshizo   de  el  durante  la huída;  además,  fue  quien  lanzó  el arma envuelta en la camiseta de su compañero para tratar  de  deshacerse  del  artefacto  que los comprometía  penalmente;   se  constató  que  la pistola de  caracteres      borrados     fue     percutida    en    la   escena   del  crimen.   (Evidencia  número  2,  informe  de los Agentes que  incautaron  el  arma  Humberto  Arenas  Dominguez  y  Carlos  Albarracín, conc.  evidencia  número  15,  aducidas  como  pruebas  al  proceso).   

2)  El Tribunal  

Sostuvo  que  el  testimonio  de  Cristian Hernández Pescador no se  recaudó  en  la audiencia del juicio oral por “fuerza mayor sobreviniente”,  que consistió en la fuga del menor del centro de rehabilitación.   

En los registros  de  la  audiencia de juicio oral aparecen cercenadas las declaraciones de cuatro  Agentes  de  la  Policía  Nacional,  entre ellos el de Guillermo Antonio Porres  Giraldo  (quien observó cuando uno de los incriminados lanzó una camiseta azul  donde  envolvía  el  arma  de  fuego)  y  por  ello  compulsó copias penales y  disciplinarias      para     investigar     lo     que     ocurrió.    No  obstante,  precisó  que  existen pruebas diversas que fundamentan el sentido de la condena:   

2.1.    Un   estado   especial   de  flagrancia,  en  la  medida  que  “…por voces de  auxilio  la comunidad señaló a las autoridades de Policía el lugar de refugio  de  los  antisociales para que fueran capturados.  Detrás de esa vivienda,  precisamente,  fue  encontrada  la camisa azul con manchas de sangre que cubría  una  pistola  utilizada  en  el  crimen,  es  decir, huellas o evidencias de las  cuales   se  puede  inferir,  con  seguridad,  que  quien  las  llevaba  consigo  participó    momentos    antes    en    el    crimen    investigado”.   

2.2.    Las  llamadas  telefónicas  interceptadas  con  posterioridad  a  la  ocurrencia  de los hechos y que tienen  valor  probatorio autónomo al haber sido introducidas debidamente al juicio por  el  Agente  Alberto  de Jesús Vallejo Londoño, se refieren, tanto al motivo de  los  delitos –conflictos  entre  bandas  de  narcotraficantes- como a las personas que participaron:   “El  Muelón”,  “Nene”  y “Chinga” (el menor capturado), también se  menciona  el  compromiso  en  ese  asunto  del  absuelto  (a.  Beto).   Sin  desconocer  el  mismo  contexto  de  acción  referido a la fuga de todos en una  misma    dirección,    además,   que   con   anterioridad   había  lanzado  amenazas  contra la vida de  los  occisos,  como lo refirió el testigo Jesús Loáiza Martínez (padre de la  víctima Henry Loaiza).   

2.3.   Los dos jóvenes sentenciados,  ALBERT    JOVANY    DÍAZ    JARAMILLO  (a.  Nene) y ANDRÉS MAURICIO RENDÓN  GÓMEZ  (o JHON FERNANDO  GÓMEZ  SUÁREZ, o GÓMEZ  ZEA  a.  “Muelón”)  entraron  a  la  residencia  precisamente  a  la hora en que se cometió el delito  –cuando  la dueña estaba ausente-    porque    el   primero   tenía  llave  de  la  puerta, de  donde   se   infiere   que   éste   llevó  a  Jhon  Fernando      a  aquel lugar con el fin de buscar refugio.   

Como     se    sabe,    Jhon  Fernando  recibió un impacto de  bala   en  el  enfrentamiento  y  usó  la  camiseta azul que envolvía una de las pistolas con las que se  cometió el crimen, tal como lo demuestran las pruebas de ADN.   

2.4.   De  otra  parte,  el  Tribunal  refirió   tanto   las   entrevistas   (pruebas   de   referencia   –art.  440 del C. de P.P.), como los  testimonios         (testimonios        de        referencia        –art.  381) rendidos en audiencia de  juicio   oral  por  Harold  Stiven  Orozco  y  Anderson  Parra,  quienes  aunque  reticentes,  ratificaron  las  versiones  que  rindieron en la entrevista;   hicieron  lo  propio  Andrés Julián Parra Aristizábal y Diego Alejandro Henao  Rodríguez,  quienes  ratificaron  que fueron entrevistados y que la versión de  la  entrevista  es  correcta,  aunque  confirmaron  que estaban siendo objeto de  amenazas.   

Explicó  que estos testigos especiales se  califican   como   “NO   DISPONIBLES”,   en   la  medida  que  hicieron  una  manifestación   aseverativa,   pero   a   la   fecha  del  juicio  “no  quieren,  no pueden o no están  obligados”  y  en  ese  momento  se  habilita  que al juicio comparezca un tercero que ponga de presente  lo conocido.   

No  se puede negar la validez del dicho de  los     testigos     reticentes    –dijo-   por   el   prurito   de   que  “…digan no recordar los relatos que ofrecieron y  acerca  de  los cuales se les interroga, aunado a la insistencia obstinada de no  querer  declarar  de  nuevo  precisamente  porque  quedó  probado  el temor que  sienten  al  hacerlo,  da  pie  fundadamente  a  que  se  corra traslado de esas  entrevistas  anteriores allegadas al juicio por intermedio de otros declarantes,  estos  sí  directos en cuanto escucharon de sus labios todo lo en ellas vertido  y  que  fueron  recepcionados bajo la gravedad del juramento, con posibilidad de  un  interrogatorio  cruzado  ante  la  señora  Juez,  es  decir,  con  el pleno  despliegue    de    las    garantías    fundamentales   de   contradicción   e  inmediación”,  porque  la versión de una persona  renuente  en  la audiencia pública no es insular y cobra validez por la vía de  los investigadores que tuvieron asignado el caso.   

En  ese  entendido,  los relatos ofrecidos  antes  del  juicio  por esos jóvenes da cuenta que tuvieron percepción directa  de  los  hechos.   Desde  esa óptica, sostuvo el Tribunal que el  juzgador  se habilita para apreciar  esas pruebas.   

2.5.    En   relación   con   los  reconocimientos, resulta  cierto    que    los    citados    testigos    identificaron    a   ANDRÉS       MAURICIO       RENDÓN      GÓMEZ      (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.     “Muelón”     y     a     ALBERT   JOVANY  DÍAZ  JARAMILLO  (a.  Nene)  como  los mismos que participaron en los hechos.  (conc. Arts. 246 y  252  del  C. de P.P.) y esas pruebas fueron aducidas al juicio, previa práctica  legítima  (mediante  orden  del  fiscal  y  con  participación  del Agente del  Ministerio   Público)   por   medio   del   órgano   de   prueba  –policía    judicial-   para   su  correspondiente controversia.   

2.5.   Se  refirió  finalmente a la  declaración  creíble  de  Luz  Mary  Castro,  que  señaló de forma directa a  ANDRÉS   MAURICIO   RENDÓN   GÓMEZ  (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.  “Muelón”  como  el autor de la muerte de su  marido.   

       LA IMPUGNACION   

Dos  reparos contra el fallo presentó el  casacionista:    el   primero   –principal-  lo  fundamentó  únicamente  en favor de ALBERT  JOVANNY  DIAZ  JARAMILLO (en la  medida  que  la pretensión de esta censura favorece de manera exclusiva a él y  no  al  otro  sentenciado);   el  segundo  cargo  lo  presentó en favor de  ambos            sentenciados.   

Primer  cargo  (principal).  Nulidad  (parcial)  por  violación  del  derecho  de defensa por falta de investigación  integral      (art.    181    – 2 del C. de P.P.)   

1)         Argumenta  el  recurrente  que  solicitó  de  forma  oportuna  el  recaudo  de  un  medio  de  convicción  que  fue  decretado  por  el  juez  del  conocimiento,  de  manera  que  la  omisión  en  la  práctica de esa prueba se  traduce en violación del derecho de contradicción y de defensa.   

En  la  audiencia  preparatoria, tanto la  Fiscalía       como       la       defensa       solicitaron       –en común- escuchar en la audiencia  del  juicio oral el testimonio de Cristian Hernández Pescador, el menor que fue  aprehendido  poco  después  de  los hechos junto con  otra   persona   procesada,   cuando  se  escondía  en  el  interior  de  un  inmueble  donde también se halló una pistola Smith & Wesson, calibre 9 mm,  Núm.     HAK     303,     que     –según  la  experticia  técnica-  emitió  uno de los proyectiles  incriminados.   

Ya  en  la  audiencia  de juicio oral, la  Fiscalía  desistió  de  forma  inexplicada  de  la declaración del menor y el  juzgado  optó  por  aplazar  el  recaudo  del testimonio del joven hasta cuando  correspondiera  a la defensa la actividad   probatoria  en  el  juicio;   sin  embargo,  para  aquella  oportunidad  el  joven se  había  escapado  del centro correccional de menores y de esa manera se cercenó  el  derecho  de  defensa  y  el  derecho de contradicción, pues se privó a los  acusados     de     la     oportunidad     de     determinar     “circunstancias  que  habrían  podido  modificar favorablemente su  situación”.   

2)   De  otra  parte, la testigo Luz Mary Castro González, quien desde la entrevista que  rindió  cuatro  horas  después  de  los  hechos  y declaró en la audiencia de  juicio  oral,  contó  que  escuchó  la  balacera y se asomó a la puerta de su  casa,  e inmediatamente fue empujada hacia adentro por su esposo Henry de Jesús  Loaiza    Montes   que  pretendía        entrar        –herido fatalmente- para salvar su vida.   

En esas específicas condiciones en que la  testigo  refirió  los  hechos,  su  versión “no es confiable” –dice-          pues      para     aquel  instante en que percibió estaba confundida, ofuscada, presa de  la  sorpresa,  de  la angustia, del pánico y del terror por la condición de su  esposo   gravemente   herido   y   por  ver  a  otra  dama  herida  –agonizante-    que   ingresó   a  la     casa     en  aquel   momento,   sin  soslayarse  que  la testigo Castro González también  fue alcanzada por impactos de bala.   

La  confiabilidad del testimonio proviene  de  quien  percibe  en  un  ambiente  de  normalidad  relativa, pero una persona  sometida  precipitadamente  a  una  fugaz  pero  contundente oleada de violencia  –cuyo  blanco resultó  ser  su  compañero  sentimental-  difícilmente  se  encuentra  en  condiciones  objetivas  y  subjetivas  propicias  para  ofrecer  una  versión confiable, que  fundamente el sentido del fallo.   

Con   todo  –dice-   otorgándole   credibilidad  al  dicho  de  la  señora  Castro  González,  es  de  resaltar  que  incriminó únicamente a quien se hizo llamar  ANDRÉS   MAURICIO   RENDÓN   GÓMEZ  (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.   “Muelón”,   pero   no   a   ALBERT   JOVANY  DÍAZ  JARAMILLO  (a.  Nene)  a  quien ninguna prueba testimonial o técnica válidamente practicada en  la  audiencia  de juicio oral lo ubica en el lugar y momento de la ejecución de  los   crímenes,  ni  lo  sitúa en contacto directo con las presuntas armas homicidas.   

El   testimonio   del   joven  Cristian  Hernández  Pescador  adquiere  importancia porque en el proceso ante el juez de  menores  confesó  la  autoría del homicidio de Jhon Jairo Parra Aristizábal y  por  ello debió haber estado presente cuando se consumó el delito contra Henry  de Jesús Loaiza Montes y Martha Isabel Henao Torres.   

La  defensa  pretendía demostrar con ese  testimonio  directo  de un autor, que el señor DÍAZ  JARAMILLO   no  tuvo  intervención  activa  en  la  ejecución    de    ninguna   de   esas   conductas  punibles;    por   ello  requiere  de  la  Corte  que declare la nulidad a  partir de la audiencia de juicio oral.   

Segundo   cargo   (subsidiario).   Manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las  pruebas que sustentan la sentencia (Art. 181 num. 3)   

Estima el actor que de conformidad con el  artículo  379  del C. de P.P., sólo se tienen como pruebas únicamente las que  hayan  sido  practicadas  y controvertidas en presencia del juez en la audiencia  de  juicio  oral;  la  admisión  de  pruebas  de  referencia es excepcional y taxativa a la luz de los  artículo  381  y  438  ib.;  una de las causales de admisión de prueba de  referencia  –dice-  es  cuando no se dispone de declarante directo.   

En  el caso objeto de examen es claro que  existió  renuencia  a testificar por parte del joven  Cristian     Hernández     Pescador,    mas    no  incapacidad  física  para  hacerlo,  por  ello debe  despojarse  de  efectos  probatorios  todo  elemento que no haya sido legalmente  incorporado  y  debatido  en  la  audiencia de juicio oral, como los formatos de  entrevistas  y  las  actas  de reconocimiento fotográfico (art. 252) en fila de  personas (art. 253).   

Las  entrevistas  adquieren  valor  para  efectos  de  la  impugnación  de  la  credibilidad del testimonio a tenor de lo  previsto en el numeral 4 del artículo 403 del C. de P.P.   

Esas     pruebas     –reconocimiento  fotográfico  y  en  fila  de  personas-  tienen identidad como presupuesto de procedibilidad (porque  la  policía  judicial  las  puede practicar previa autorización del fiscal que  dirige    la    investigación),   pero   cualquier  información  útil  para  la  investigación  que  ofrezca  quien  efectúe  la  identificación  únicamente  podrá  apreciarse  con  alcance probatorio si esa  persona  rinde  testimonio  en  audiencia  de  juicio oral, porque el juez sólo  puede   tener  como  pruebas  únicamente  las  que  hayan  sido  practicadas  y  controvertidas  en  su  presencia,  siendo ilegal conferir efectos probatorios a  simples documentos procesales.   

Por  ello  el  libelista   consideró   que   es   pertinente   la  intervención   de   la  Corte  para  que  dicte  el  correspondiente  fallo  de  sustitución.   

AUDIENCIA  DE  SUSTENTACIÓN  DEL RECURSO  EXTRAORDINARIO DE CASACION   

DEMANDANTE  

Insistió a la Corte que era necesaria la  declaración  del  menor Cristian Hernández Pescador para definir el sentido de  la  sentencia, en la medida que, como autor confeso los homicidios, conoció las  circunstancias  de la ejecución y “lógicamente la  inocencia de sus defendidos”.   

Recordó  en  por  previsión expresa del  artículo  361  del  C.  de P.P., el Juez no puede decretar pruebas, que ante la  negativa  de  algunos  testigos de rendir declaración en la audiencia de juicio  oral  los  podía  castigar  con  arresto  porque  la  Ley le concede facultades  persuasivas  y  coercitivas  cuando  el  testigo  se  niega  a  colaborar con la  Administración  de justicia;  recalcó que el Juez no tiene que intervenir  en  la  dirección del interrogatorio porque esa es facultad del sujeto procesal  que pide la prueba.   

En  los  casos  de  testigos renuentes la  fiscalía  tenía la facultad legal que le da el artículo 284 para provocar que  las   declaraciones   se   recaudaran   como   prueba  anticipada,  sin  embargo  –dice-  no adoptó esa  estrategia.   

En  todo  caso,  como el contenido de las  entrevistas  no  fue  ratificado  en  audiencia pública por los testigos, tales  evidencias carecen de validez como pruebas del proceso.   

Y  como  el  fallo  se basó en elementos  carentes  de capacidad probatoria, la Corte debe declarar la nulidad a partir de  la audiencia preparatoria para facilitar el derecho de defensa.   

FISCAL  

Recordó  que es una facultad legal de la  fiscalía  retirar los testigos que estima que no favorecen su teoría del caso,  que  el  artículo  362  del  C. de P.P. fija el orden como deben recaudarse los  testimonios en la audiencia de juicio oral y público.   

Sostuvo  que  la circunstancia de la fuga  del  menor  no  es  atribuible  a  ningún  sujeto procesal, ni al juez, ni a la  Administración  de  justicia;   si el testigo que se fugó no hubiese sido  “testigo  común”  sino  solicitado  exclusivamente  por la defensa, ninguna  nulidad  habría.   Sin  embargo,  en  ausencia de normatividad expresa que  regule  la  forma  en  eventos  de  testigos  comunes, la Corte debe expresar la  manera  como  proceder  cuando  existe  solicitud  conjunta,  que se presenta en  eventos excepcionales como éste.   

Las  personas  que  comparecieron  a  la  audiencia  del  juicio oral y se negaron responder no son testigos de referencia  (El  Tribunal  no  debió  referirlos  de esa manera);  las entrevistas que  rindieron  pueden  ser  apreciadas por el juez en la medida que, en la audiencia  del  juicio  oral las ratificaron “de alguna manera”.  (cfr. Sentencias  del  9/11/2006,  Rad.  núm.  25738;   sentencia  del  7/2/2007, rad. núm.  26727).   

Los testigos que se negaron a declarar en  la  audiencia  del  juicio oral también fueron víctimas, estuvieron vinculados  al  programa  de  protección  de  víctimas  y  testigos y ante la evidencia de  amenazas  manifestaron  en  la audiencia de juicio oral que no querían volver a  hablar  del  tema  porque  ello  no  revive  a  su  ser  querido.  Ante esa  situación  el  fiscal  solicitó  al  juez  permiso para leer las entrevistas y  solicitó  al  testigo  que  las  leyera  y  así se hizo.  Entre tanto, la  defensa    optó    por    no    contra   interrogar   a   “un  testigo  de  esos”.   

La Fiscalía sostuvo la tesis de que en el  proceso   se   respetaron   los   principios   de   publicidad,  inmediación  y  contradicción  de  la  prueba y por ello solicitó no casar la sentencia, entre  otras  razones  porque  no  se  puede  desconocer la circunstancia de haber sido  capturados  en  flagrancia, además de que se tiene prueba técnica, científica  y  testimonial  (de los policías que asistieron a la captura) que compromete la  responsabilidad de los sentenciados.   

MINISTERIO PÚBLICO  

Participó de la tesis de la disposición  de  la  prueba, evento en el cual es permisible retirar testigos;  precisó  que  la  prueba de referencia también se relaciona con hipótesis exceptivas de  imposibilidad de declarar  (art.  438  del  C.  de  P.P.)  que  no  siempre  obedecen  a las circunstancias  expresadas  en  la  norma (pérdida de memoria, muerte, secuestro, desaparición  forzada);   admitió  la  existencia los eventos  similares   entre  los  que  caben  “circunstancias     que     minan     la     disponibilidad     del  testigo”.   A  un  testigo amenazado no se le  puede exigir que comparezca.   

Sin   embargo,  la  Administración  de  justicia  no  se  puede  sustraer  a  dar  credibilidad  a  las  manifestaciones  legalmente  hechas  en  el  proceso;   en  esas  condiciones  el  juez debe  “ponderar”  el  dicho  del  testigo  que  no  se  encuentra  disponible,  es  reticente, muestra actitud displicente, por amenazas, etc..   

Se  puede  apreciar  el dicho del testigo  renuente  mediante  el  mecanismo  que  ofrece  el artículo 438 (como prueba de  referencia),  cuando  la  declaración fue rendida ante un investigador de campo  que  incorpora  al  juicio oral y público el contenido de la entrevista y rinde  su  testimonio;   las partes pueden interrogar   y  contra  interrogar  al  testigo.   

Solicitó  a  la  Corte no casar el fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES  

Es competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  propuesto  contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Pereira, bajo el supuesto de  que  la  finalidad del recurso propende por la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la jurisprudencia (Cfr.  Artículos 32-1,180, 181 y 184 de la Ley 906 de 2004).   

Cargo  principal.   Nulidad  (parcial)  por  violación del derecho de defensa por  falta     de    investigación    integral     (art.    181    – 2 del C. de P.P.)   

Se responde esta censura con la precisión  que  impone el principio de limitación del recurso extraordinario de casación,  en  el  sentido  de  que  el  recurrente propuso el cargo de manera exclusiva en  beneficio      de     ALBERT     JOVANY     DÍAZ  JARAMILLO  (a.  Nene), de  quien  sostiene  que  ninguna  prueba lo ubica en el  lugar  y  momento  de  la  ejecución  de los crímenes ni lo sitúa en contacto  directo con las armas homicidas.   

Dos temas diferentes trató el recurrente  en  esta  primera  censura:  el desistimiento de  una  prueba común (un testimonio que en últimas no se practicó porque, siendo  el  testigo  requerido  un  menor  de  edad y estando comprometido en los mismos  hechos,  se  fugó del centro asistencial y por ello  no  compareció al juicio)  y la credibilidad de otro testigo.   

Escindida  así  la  censura,  la  Sala  resuelve  los  problemas  jurídicos  que propone el  actor:   

1)   El  testigo  común;   el  desistimiento  de la prueba por uno de los sujetos procesales;  la fuga del  testigo   

Argumenta  el recurrente que solicitó de  forma  oportuna  el  recaudo de un medio de convicción que fue decretado por el  juez  del  conocimiento, de manera que la omisión en la práctica de esa prueba  se    traduce    en    violación   del   derecho   de   contradicción   y   de  defensa.   

En  la  audiencia  preparatoria, tanto la  Fiscalía       como       la       defensa       solicitaron       –en común- escuchar en la audiencia  del  juicio oral el testimonio de Cristian Hernández Pescador, el menor que fue  aprehendido  poco después de los hechos, junto con Ricardo Antonio Sánchez (a.  Beto),  cuando  se  escondía  en  el  interior de un inmueble donde también se  hallaron  dos  pistolas,  una  de ellas Smith  &  Wesson, calibre 9 mm, Núm. HAK303, que –según   la  experticia  técnica-  emitió uno de los proyectiles incriminados.   

En  la  audiencia  de  juicio  oral  la  Fiscalía  desistió  de  forma  inexplicada  de  la declaración del menor y el  juzgado  optó  por  aplazar  el  recaudo  del testimonio del joven hasta cuando  correspondiera  a  la  defensa  la  actitud  probatoria  en el juicio;  sin  embargo,  para  aquella  oportunidad  el  joven  se  había  escapado del centro  correccional     de     menores     y     de     esa     manera     –según  el  recurrente- se cercenó  el  derecho  de  defensa  y  el  derecho de contradicción, pues se privó a los  acusados     de     la     oportunidad     de     determinar     “circunstancias  que  habrían  podido  modificar favorablemente su  situación”.   

En  relación  con  el  testigo  común,  algunas  situaciones especiales pueden presentarse, pero fundamentalmente que se  trate  de  testigo único,  o    testigo    que  no      reúna      tal      calidad.   

Si lo primero, necesariamente habrá lugar  a  proferir  fallo  absolutorio por falta de prueba;  si lo segundo, habrá  lugar     a     proferir     la     decisión     de     mérito    –absolutoria,    condenatoria,   o  declaratoria  del  estado de incertidumbre- con base en la prueba con que cuente  el proceso.   

La   Sala  juzga  como  una  situación  normal  las  vicisitudes  que   se   puedan   presentar   en   el  proceso  con  los  testigos  que  bien pueden optar por no asistir  al  juicio, por ser reticentes, por no responder, por negar versiones anteriores  –como las que dieron en  entrevistas,    reconocimientos    en   filas   de   personas,   reconocimientos  fotográficos-,  por  fugarse  si  son  reclusos,  la muerte del testigo es otra  eventualidad,   etc.,   como   también   es  normal  que un sujeto procesal desista de una prueba si así  lo considera.   

Como se trata esencialmente de un proceso  de       partes,       desde       esa       óptica       es       razonable  que  quien ha solicitado la  práctica  de  una  prueba  desista  de ella en el juicio si así lo estima a la  hora  de  definir  en la audiencia las pruebas que soportan su teoría del caso,  bien  porque  ese  medio  de convicción no alcanza sus expectativas procesales,  bien  porque  de  manera  inexplicada,  asumiendo  en  todo  caso  el riesgo que  implique  la  decisión  del sujeto procesal, opta por retirar de su expectativa  probatoria determinado medio de convicción.   

Es   claro  entonces  que  un  sujeto procesal puede legítimamente desistir de la práctica  de    una    prueba   en   el   juicio,   sin   que   eventualmente   y  aún  respetando el principio de imparcialidad,   el   juez   pueda   requerir   o  pedir   de   explicaciones   por  las  cuales  opta  la   parte   por   esa  determinación;    en   todo  caso,  la  decisión  de retirar la prueba  está ligada a la visión  insular  de  sacar  avante  la  teoría del caso del  interviniente respectivo  (autónoma de la parte).   

La  determinación  del  fiscal  en  este  sentido   (desistir  de  una  prueba  previamente  solicitada)  tendrá  efectos  vinculantes  sólo en el  caso  de  que  se  trate de prueba única,           pues, en tal evento el fiscal quedará sin  teoría  del  caso  y el  juicio  quedará  sin  acusador  y  sin prueba.   (Sin   perjuicio  de  la  eventual  responsabilidad  que  pueda  comprometer  al  funcionario,    en   tratándose   de   retirar   pruebas   trascendentales   de  cargo).   

No sucede igual  cuando  existe  multiplicidad  de  opciones  probatorias,  porque en ese caso el  fallo  tendrá  que  fundamentarse  en  ellas  y  obviar la prueba desistida, no  practicada, en fin, no disponible.   

En  el asunto  bajo     examen     lo    que    alega  el  casacionista  es  que, tanto la  fiscalía  como  la defensa habían solicitado el testimonio de un menor de edad  vinculado     a     los     mismos     hechos    (testigo    común);  que  la  fiscalía  desistió de la  prueba  y  como la defensa también había presentado  aquel  testimonio  como pretensión a practicarse en  el  juicio,  el juez no recibió la versión cuando el menor fue traído para la  sesión  de  práctica  de las pruebas pedidas por el  acusador  y lo aplazó para cuando correspondiera el  turno   de   aducción   de   medios   de la defensa.   

Sin  embargo,  el  menor  se  fugó  del  establecimiento   y   el   testimonio  nunca pudo recibirse.   

La   Sala  encuentra    que   tal   vicisitud   no  es  imputable  al  juez  o a los sujetos procesales y  corresponde  a  la  mecánica procedimental del juicio oral sin  que  sea razón eficiente para sostener –por  sí-  que se lesionó el derecho de defensa  de  la  contraparte;  la fuga del testigo es una  situación     exógena     que     no     puede     atribuirse     –por      sí-      a  la  responsabilidad  del  sentenciador,  ni  tampoco  a  alguna  maniobra  desleal  de un sujeto procesal –mientras   no   se   demuestre  lo  contrario-.   

Cuando  hay  solicitudes de pruebas comunes (porque las requiere tanto la fiscalía como la  defensa), lo recomendable  es  que  al momento de desistir del medio de convicción pedido por la Fiscalía  se   requiera   a   la  otra  parte  para  saber  si  persiste  en la práctica  del  medio, sobre todo si  se  trata  de  testimonios  de  personas  que  requieren  de  todo un despliegue  operativo    para   que   estén   disponibles   en   la   audiencia  (testigos  frágiles,  volubles, timoratos, amenazados, personas  que  difícilmente  puedan  presentarse por diferentes razones, personas bajo el  influjo  de circunstancias que permitan intuir contingencias futuras que afecten  la   imparcialidad   del  dicho,  etc.).    ¡Lo   recomendable  es  ser  cauto    y   asegurar   la   evidencia!.   

En el presente juicio, con sobrada razón  la  Juez  increpó  a la  Fiscal      para      que      informara     con  antelación   su  determinación  de  desistir  del  testimonio,  para  no fomentar inútiles costes  operativos  de transportar al testigo detenido  desde su sitio de reclusión, en fin,  para  que  no desistiera a última hora de la prueba.  Pero  hasta  ahí  llegaba  su  función  recriminadora,  esto  es, por aspectos  simplemente   logísticos   o  económicos,  más  no  a  entenderse   como   un   reproche   por   el   ejercicio   de  una  facultad  legal.    

Sin  embargo,  el asunto es determinar si  de  cara  a la sentencia,  la  decisión  que  se  adopta  en  esas  precisas  circunstancias  es     ilegal     o    no  lo  es.  La Sala responde que  el  desistimiento  de  una  prueba  por  uno  de los  sujetos      procesales      no     lesiona  garantías defensivas de la contraparte.   

Lo  razonable  era  no  desperdiciar  la oportunidad de recaudar el  testimonio   ya   que   se  había  transportado  al  joven   al   estrado   judicial.   Ante  el  desistimiento  de  la  fiscalía,  lo  prudente  era  requerir a la defensa sobre si iba a persistir en el  testimonio  y  recibirlo  como   una   prueba   de  la  defensa  y   contrainterrogarlo   al   hilo   de  la  teoría  del  caso  de  la   contraparte;   resuelto el impasse,  la       audiencia       debe      continuar  hasta  agotar las pruebas de  la   fiscalía.   Era  una  cuestión  de  método,  de  coste   /  beneficio,  de  manejo  del  desarrollo de la audiencia y nada más.   

No  obstante,  la  Sala insiste en que la  renuencia  del  testigo no  es  imputable  al  juez  y  por  ello  aquí  no  hubo violación del derecho de  contradicción.   

A   más  de  ello,  el  argumento  del  recurrente  es  del  todo  especulativo  cuando arguye que el joven se  escapó  del   centro   correccional   y   de  esa  manera  se  cercenó  el  derecho  de  defensa  porque se privó  a    los    acusados   de   la   oportunidad   de   determinar   “circunstancias  que  habrían  podido  modificar favorablemente su  situación”,  siendo  evidente  que  no  sustentó  cuáles  eran  esas  “circunstancias”  que  de  presentarse modificarían de  manera favorable el sentido de la sentencia recurrida en casación.   

En  la  audiencia  de sustentación de la  demanda  de  casación afirmó el defensor que Cristian Hernández, como  autor  confeso  los  homicidios,  conoció    las    circunstancias    de    la   ejecución   y   “lógicamente   la   inocencia   de  sus  defendidos”,  sin embargo, por ser una prueba que nunca se practicó, tampoco  es  factible  especular  sobre el contenido del dicho del menor, porque nunca lo  rindió.   

Por  manera  que  el impugnante no logró  fundamentar    la    veracidad    ni    la    trascendencia    de   su   insular  afirmación.   

2.     La    credibilidad    del  testigo   

Argumentó  el  recurrente  que  Luz Mary  Castro   González   rindió   una  entrevista  cuatro  horas  después  de  los  hechos;  que  también  declaró  en  la  audiencia de juicio oral y en su versión dijo que escuchó la  balacera,  se  asomó a la puerta de su casa e inmediatamente fue empujada hacia  adentro  por  su  esposo  Henry de Jesús Loaiza Montes quién pretendía entrar  –herido de muerte- para  salvar   su   vida;   no  obstante  observó  y  señaló  en  la  audiencia  pública  de  manera  inequívoca al atacante de su  cónyuge,  quien  se  hizo llamar ANDRÉS MAURICIO  RENDÓN  GÓMEZ  (o JHON  FERNANDO    GÓMEZ    SUÁREZ,    o   GÓMEZ          ZEA          a.  “Muelón”).   

Para el demandante, la versión rendida en  esas  específicas  condiciones “no es confiable”, pues la confiabilidad del  dicho depende del estado de confusión y ofuscación del testigo.   

A     la    censura    propuesta   en  esos  términos,  dos  críticas  deben  hacérsele,  una  en  sede de pura  técnica   de   formulación   del   cargo   y   otra   de   mérito:   

2.1.  El libelista hilvana de manera  impropia   al   interior   de   una  censura  por  nulidad  (error  in   procedendo   de   garantía  por  violación   del  derecho  de  defensa),  cuestiones  propias  del  error  de  derecho por falso juicio de  convicción  cuando  lo  pretendido es “negar valor  –      negar  confiabilidad”  a determinado medio de convicción  testimonial  porque  se  rindió bajo tales o cuales  circunstancias.   

Las críticas a  la   contemplación   material   o   jurídica   de   la   prueba   deben  hacerse  al  amparo  de la causal tercera del artículo 181  ib.,  porque son enfoques  relativos    a    la    producción   de  la  prueba,  que  difieren fundamentalmente de las casuales de  nulidad     (numeral     segundo)    anteriormente  previstas de manera taxativa en el artículo 306 de  la  Ley 600 de 2000, y regidas fundamentalmente por los principios del artículo  310 ibídem.   

La   Ley   906   de  204  no  reprodujo  con exactitud este par de  disposiciones    que  evidentemente  son  postulados  axiológicos  (normas  de principio) fácilmente  deducibles  de revisar al hilo el derecho fundamental  al   debido   proceso  consagrado  en  la  Carta  Política  (Cfr.  Art.  29)  y  las    normas    del  procedimiento   penal   relativas   a   la   competencia   del  juez:         Libro   Primero,   Título   I             –Jurisdicción  y  competencia-  de las  que  se advierte con precisión que es nula de pleno  derecho  la  actuación  que desconoce la competencia  del juez.  (conc. Artículo 456 del C. de P.P.)   

Al    repasar    las    disposiciones       sobre  la actuación penal (Libro  Primero,  Título II           -Acción            Penal-,           Título          III            –Medidas  Cautelares-,  Título       IV      –Partes Intervinientes, Título       V      –Deberes    y   poderes   de   los  intervinientes   en   el   proceso   penal,  Título  VI    –La       actuación-),   es   deducible   que  los  procesos  adelantados  al  margen  del rito establecido en el  sistema  de  enjuiciamiento  de  la Ley 906 son actuaciones nulas por violación  del   debido   proceso,   sin  perjuicio  del  tema  relacionado  con  la exclusión de prueba  que,  en  principio, genera la exclusión y no la anulación del  proceso  (Conc. Arts. 23, 232, 445, 457 del C. de P.P.;  sentencia C-591 de  2005).   

Y todo aquello que afecte de alguna manera  la  garantía  del  juez  imparcial  afecta  el  derecho  de defensa y hace nula la actuación.   

Por  manera  que  si  el  interés  del  libelista  en este reparo era negar la legitimidad en el aporte de un testimonio  porque   percibió   los   hechos  en  determinadas  circunstancias  adversas  –miedo,   pánico,  confusión,   ofuscación   etc.-   y   desde   esa  perspectiva   el  demandante  estima  que  la  prueba  no  tiene  ningún  valor  jurídico,  es  “poco  confiable”  (tarifa  probatoria negativa),  el  reparo  debió  formularse  al  amparo  del numeral 3° del  artículo       181,      por      vicios      en      la      producción   de   la  prueba  en  el  juicio   (Libro   III   -El   Juicio-,  Título  IV  –Juicio    oral-,  Capítulo         III         –Práctica de la prueba-, artículos 372 al 458).   

En  virtud  de ello, debió demostrar que  una  prueba  recaudada  en  esas  precisas  condiciones no tiene aprobación del  ordenamiento  jurídico  y  por ello se hace inviable  la    contemplación  jurídica      de      la      misma.   Sin embargo, la Sala no encuentra disposición alguna que  impida      recibir      una      versión      del     testigo     –  víctima y apreciarla como prueba  única o de manera articulada.   

En todo caso, este género de censuras no  son  viables  de  formular  bajo los derroteros de la  nulidad  de  la  actuación,  porque ningún error in  procedendo  se detecta a partir de la versión de un  testigo         –        víctima.   

Ahora  bien,  si  la  esencia  del debate  radicara    en    la  contemplación  material  de     la     prueba,     por     eventuales     errores     de     apreciación,   el   reparo   debió  formularse  y  desarrollarse  bajo  cualquiera  de  los  sentidos previstos para  demostrar  errores  de  hecho.  (falsos juicios de existencia por omisión,  suposición,  falsos  juicios  de identidad o errores de razonamiento del juez),  pero  el actor nada discutió sobre la contemplación  material o jurídica de la prueba.   

Entonces dígase:  las críticas a la  “confiabilidad  de  la versión” no pueden argüirse al amparo de la nulidad  de  la  actuación,  sencillamente  porque cuando un reproche de esta naturaleza  prospera,  lo  propio  es  que  la  Corte  asuma funciones de instancia y repare  directamente  el  agravio  mediante  el  mecanismo  de  corrección  de  errores  in  iudicando, es decir,  no debe anular el proceso.   

2.2.      En     relación   con   el   mérito   de  la  crítica  a  “la  confiabilidad”  del testimonio  de  la señora Castro González, es pertinente decir  que   esa   persuasión   no   fue   insular,   no   fue   exclusiva,   no   fue  excluyente  porque  tal  incriminación no        fue       prueba      única;       ciertamente     la     testigo  sindicó  con precisión como  autor  de  los disparos en contra de su esposo a JHON  FERNANDO    GÓMEZ    SUÁREZ,    o   GÓMEZ         ZEA        (o       ANDRÉS         MAURICIO         RENDÓN        GÓMEZ)    a.  “Muelón”,   pero  la   confiabilidad  del  dicho   derivó  de  la  apreciación  articulada        de   aquella   versión  con  la  demás  evidencia       probatoria       –testimonial  y  técnica,  incluida la  captura  en  flagrancia- que lo compromete, junto con  ALBERT    JOVANY    DÍAZ    JARAMILLO   (a.  Nene)  en  los  actos  homicidas  ejecutados  en     un    mismo    contexto    de    participación:   

No  se olvide  que   ambos   sentenciados   fueron  capturados  en  flagrancia1,  agazapados  en  la  misma  casa  que les sirvió de madriguera,  cuando  pretendieron  deshacerse de una de las armas  incriminadas,   instantes  después  de  cometer  el  múltiple  atentado  y bajo la sindicación de numerosas personas que señalaron  a    los    Agentes    el   lugar   del   refugio.    En  ese  contexto  –salvo  una  paradoja-  la captura en flagrancia  no    puede    desconocerse    bajo    ningún    punto   de   vista.   

Por manera que no es cierta la afirmación  del  recurrente  cuando  sostiene,  en  una  especie  de alegación abierta, sin  técnica   de   ninguna   especie   que,  si  –en  gracia  de  discusión-  se  otorga  credibilidad parcial al dicho de la señora  Castro     González,     sólo     debería     condenarse    a    ANDRÉS       MAURICIO       RENDÓN      GÓMEZ      (o     JHON     FERNANDO     GÓMEZ  SUÁREZ,  o  GÓMEZ  ZEA  a.  “Muelón”  a  quien  increpó  directamente  del  homicidio  de  su  esposo,  porque  la  testigo  no  incriminó a ALBERT  JOVANY DÍAZ JARAMILLO (a. Nene).   

Es   claro   para   la   Sala  que  la  determinación  de responsabilidad contra éste, no depende de la versión de la  señora    Luz    Mary    Castro    sino   de   la   apreciación   conjunta  de  su  comportamiento  y  de  la  captura  flagrante,  de donde se dedujo que  ALBERT          JOVANY         participó    en   las   conductas  punibles.   

Tanto ALBERT  JOVANY  DÍAZ  JARAMILLO  (a.  Nene)  como  el otro  sentenciado   fueron   aprehendidos   en  un  contexto  unitario de acción y de responsabilidad penal,  cuando  pretendieron  deshacerse  de  la  pistola  Pietro Beretta con caracteres  borrados     y     demostrado    está,           técnicamente      -mediante  evidencias admitidas como  pruebas  en  el  juicio-  que   fue  de  esa  misma  pistola  de  la  que  se  dispararon  los  proyectiles  que impactaron en las  humanidades   de   Henry   de   Jesús  Loaiza  Montes  y  Martha  Isabel  Henao  Torres2.   

Por modo que  desconoce  la  verdad  el  que  se diga   que   ninguna   prueba  testimonial  o  técnica  válidamente  practicada   en   la   audiencia   de   juicio   oral   lo  ubique  en   el   lugar  y  momento  de  la  ejecución   de   los   crímenes,  pues  una  tal  afirmación  desconoce  abierta  y  arbitrariamente  la  captura  en flagrancia,  indiscutible aquí.   

Por ello, en  nada  incide  el  hecho  de  que  el  menor Cristian Hernández Pescador no haya  rendido  su  testimonio,  pues  la  decisión  de  mérito  se  funda  en prueba  suficiente  (aducida  legítimamente    a   la   audiencia   de   juicio   oral),   que   de   ningún   modo   desdibuja  el  compromiso  penal  del  sentenciado  ALBERT  JOVANY  DÍAZ     JARAMILLO     (a.    Nene)    como   coautor   impropio   de   los   homicidios.   

Frente  a  la  coautoría  vale  la pena  nuevamente  recordar que no es atinado sostener que en los delitos cometidos por  un  número  plural  de  personas,  que  han actuado bajo un designio común, la  acción  se  divida  para  responsabilizar  a  cada  interviniente  sólo por la  fracción de hecho que haya ejecutado materialmente.    

De  ahí  que para estos efectos el acto  colectivo  debe apreciarse en su conjunto y como lo ha dicho la Corte, “en los  casos  en  que  varias  personas  proceden  a una empresa criminal, consciente y  voluntaria  división  del  trabajo  para  la producción del resultado típico,  todos  los  partícipes  tiene  la calidad de autores, así su conducta vista en  forma  aislada  no  permita  una  directa  subsunción  en el tipo, porque todos  están  unidos  en  el  criminal  designio y actúan con conocimiento y voluntad  para  la producción del resultado comúnmente querido o, por lo menos, aceptado  como                  probable”.3   

En   esas   condiciones  específicas,  dada   la   captura  en  flagrancia,  la  conclusión  no  puede ser diversa a que los dos asumieron la  empresa  criminal  en  coautoría como lo dedujo el  sentenciador,   pues  la  evidencia  técnica,  científica  y  testimonial  los  compromete  en  iguales  circunstancias  temporales  y  modales  como  asunción  conjunta de una conducta delictiva.   

El cargo no prospera.  

Segundo   cargo   (subsidiario).   Manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las  pruebas que sustentan la sentencia (Art. 181 num. 3)   

El  libelista  argumenta  que, según el  artículo  379  del C. de P.P., sólo se tienen como pruebas únicamente las que  hayan  sido  practicadas  y controvertidas en presencia del juez en la audiencia  de  juicio  oral,  y  la  admisión  de  pruebas  de referencia es excepcional y  taxativa  a  la luz de los artículo 381 y 438 ib.;  una de las causales de  admisión  de  prueba  de referencia –dice-    se   presenta  cuando no se dispone de declarante  directo.   

1)   En el caso objeto de examen es  claro   que   existió   renuencia   a   testificar   por   parte   del     joven     Cristian     Hernández    Pescador,  mas  no  incapacidad física para  hacerlo,      por      ello      –dice-  debe  despojarse  de efectos probatorios todo elemento que  no    haya    sido    legalmente   incorporado   y  debatido  en  la audiencia de juicio oral, como los  formatos  de  entrevistas  y las actas de reconocimiento fotográfico (art. 252)  en fila de personas (art. 253).   

La  réplica  del  censor se responde  así:   

1.1.  En relación con el testimonio  del  joven  Cristian  Hernández Pescador, quien se fugó del establecimiento de  reclusión   y   su  versión  nunca  se  recaudó  (véase  supra  –  cargo  primero,  numeral  1, el  desistimiento de la prueba común).   

1.2.  En lo que tiene que ver con la  afirmación  según  la  cual no tienen efectos probatorios los elementos que no  hayan  sido  legalmente  “incorporados”  a  la  audiencia  de  juicio  oral  y  público, como son el  reconocimiento  fotográfico  y el reconocimiento en fila de personas, pues esas  evidencias  “tienen identidad como presupuesto de  procedibilidad”  (porque la policía judicial las  puede  practicar  previa autorización del fiscal que dirige la investigación),  pero  cualquier  información  útil  para  la  investigación que ofrezca quien  efectúe  la  identificación  “únicamente podrá  apreciarse  con  alcance probatorio si esa persona rinde testimonio en audiencia  de    juicio   oral”,   porque   “el  juez sólo puede tener como pruebas únicamente las que hayan  sido     practicadas    y    controvertidas    en    su    presencia”,    siendo    ilegal    conferir    efectos   probatorios   a  “simples    documentos   procesales”:   

El  temario  así  propuesto  requiere  precisiones de la Sala, que se expresan de la siguiente manera:   

Una     es     la     incorporación   de  la  prueba  al  proceso,  y  otra  cosa  es  la  controversia  y la  apreciación  de  la  prueba  una  vez incorporada legítimamente y debatida en la audiencia de juicio  oral y público:   

A la luz de los artículos 382 y 379 del  C.  de P.P., en concordancia y de conformidad con las técnicas de indagación e  investigación  (Libro  II, Títulos I y II del C. de P.P.;  artículos 200  al  285)  los elementos  materiales  probatorios y la evidencia física (Art.  275  ib.)  que recauden quienes fungen como órganos  de  indagación  e  investigación  son  medios  de  conocimiento  y  tienen vocación probatoria siempre que su aducción al proceso  penal  se  haga respetando los principios rectores y las garantías procesales y  constitucionales.   

Los medios del conocimiento obtenidos en  actos   de   indagación  y  de  investigación  técnica  o  científica,  como  experticias,   diagnósticos,  entrevistas,  reconocimientos,  declaraciones  de  eventuales  testigos,  interrogatorios  a indiciados, informes de investigación  de     campo,     actas    de    reconocimiento    fotográfico,    huellas,     manchas,     residuos,    vestigios,    armas,  dineros,  mensajes  de datos,  textos   manuscritos,   mecanografiados,   grabaciones   fonotípicas,   videos,  etc.  (art. 275 literal h) son evidencia probatoria  del   proceso   cuando  son presentados ante el  juez  en  la  audiencia  de  juicio  oral  por  el sujeto procesal a través del  testigo           de          acreditación      (fuente      indirecta      del  conocimiento     de    los    hechos)    que    es   el   responsable   de  la  recolección,  aseguramiento       y       custodia       de      la      evidencia.   

La  validez  de  la prueba así obtenida  está   supeditada   a   que  se  reciba       y       recaude  en  el  marco  de  la  legalidad  (artículos    276   al   281);    en   tales  condiciones,    son   pruebas    del  proceso  y por ende, apreciables  de  conformidad  con  el  artículo  273  ib.;   por  manera  que  su  apreciación  se  regula  de  conformidad   con  los  criterios  establecidos  en  la  ley  para  cada  prueba  legalmente  establecida, porque de principio “Toda  prueba  pertinente es admisible…” (Artículo 376  ib.)  y apreciable (art.  380  ib.)  según  los criterios establecidos en el  respectivo capítulo.   

Además  de  ello,  si  el  órgano  de  indagación    e   investigación   comparece   a   la   audiencia   de   juicio  oral        como        “testigo        de  acreditación”,            certifica   idoneidad  en     la     materia     de    la    experticia    técnica    o  científica   y  se  somete  a  la  contradicción  -interrogatorio  y  contrainterrogatorio-  de  los sujetos procesales (el debate  que  refiere el censor), su testimonio es prueba del  proceso,   tanto   como   los  medios  de  conocimiento  que  aporte  (documentos,  entrevistas,  reconocimientos, actas,  videos, etc.), sencillamente porque  entran  al  juicio  oral  por  el  umbral  de  la  legalidad  cuando el juez del  conocimiento       así       lo      declara4.   

En ese orden, el testimonio (de  oídas)  que  rinde deberá ser  apreciado  y controvertido como prueba testimonial (artículos 383 a 404);   los    dictámenes  periciales  que  suministre  el  experto  y  su dictamen se apreciarán bajo las  reglas  de  contemplación  jurídica y material de esas experticias (artículos  405  al  423 ib.);   los   documentos   que  suministre  –entre  los  que  caben  los  textos  manuscritos, las grabaciones  magnetofónicas,   los   discos   de  todas  las  especies,  los  videos,  las  fotografías,  cualquier  otro  objeto similar…  art.  424-  se apreciarán como tal a la luz de los  artículos  425  al  434;  las pruebas de referencia (practicadas por fuera  de   la   audiencia   de  juicio  oral  y  que  son  utilizadas   para   probar   o   excluir   uno   o   varios  elementos  del  delito…)    se  valorarán a la luz de  los artículos 438 al 441 ib.   

Por  manera  que, después de haber sido  legítimamente  incorporado  un medio cognoscitivo (elemento material probatorio  y      evidencia      física     Art.  275)  de manera legítima por el sujeto procesal,    bien    de   forma   directa,  ora  a  través  del  órgano  de indagación o de investigación (testigo  de  acreditación, fuente indirecta del conocimiento de los hechos) que    la   recaudó   en   la   FASE   DE   INDAGACION  E  INVESTIGACION  y   acreditada   la   cadena   de   custodia,  en  fin,   la   legalidad   del  medio  de  convicción     y    la    controversia    (Art.  392),  será  un  referente  válido  –prueba-  en el  JUICIO,    óptimo  para  definir la responsabilidad penal en cualquier  sentido:   condenatorio,  absolutorio,  o  declaratorio  del estado de duda  (Arts. 7 y 381del C. de  P.P.).   

1.  3.   En  materia  de   apreciación   de  medios  del  conocimiento:       entrevistas   (artículos   205  y  206  del  C.  de  P.P.9  y  testimonios    (artículos    383  –  404  ib.)  suele  suceder                –y  es lo  que  advierte la Sala en este caso- que se presenten  fallas en los procesos  de       rememoración,      fallas  en el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el  contrainterrogatorio,       fallas    en    la    forma    de   sus   respuestas   y   fallas   en   la  personalidad  del  testigo      como      fuente      directa   del  conocimiento  de  los  hechos,       porque      es      razonable  que la persona que otrora  declaró,   reconoció,   fue  entrevistado,  dictaminó,  ante  el  órgano  de  indagación  e  investigación,  a  la  hora  de  la  audiencia de juicio oral y  público  no  rememora por las más diversas razones  (entre   las   que   no   se   descartan   la   voluntad  renuente  –nada  se, no recuerdo, nada digo,  mi   versión   ya  no  revive  al  muerto,  etc.-,  el  miedo,  el  terror,  la  amenaza,  la  amnesia,  problemas  fisiológicos  o  psicológicos que alteren el raciocinio,                etc.5),  sencillamente  porque no  es    tarea   fácil  señalar  en  audiencia  de  juicio  oral  y  público a uno dos o más      procesados:         “Tu   mataste  a  mi  hijo…  a  mi  hermano,   a   mi   tío,   etc.”.   ¡Ello  es    humanamente  entendible!.   

No    obstante,    la   fuente  indirecta del conocimiento de  los  hechos  (es decir,  el  testigo  de  acreditación, el representante del órgano de indagación o de  investigación,         policía  judicial, perito, experto técnico  o  científico,  etc.)  que  accedió  al  medio  de conocimiento comparece como  testigo,  rememora  bien, se somete a los contrainterrogatorios de parte, relata  con  exactitud  el  verdadero  comportamiento  del  entrevistado,  el  verdadero  sentido de sus respuestas, la verdadera incriminación, etc..   

En  este  caso, el medio de conocimiento  así     acreditado    (que    está    integrado    por    la   versión   preliminar   –entrevista,    reconocimiento,  acta-,  la  versión  de  la audiencia pública del  testigo   –algunas  veces     retráctil,     renuente,     elusivo,  etc.-  y el testimonio del órgano de indagación e  investigación)    es    prueba    integral   del  proceso     susceptible     de     contemplación   jurídica   y   material  articulada.   

En  esos  eventos  el  juez  tiene  dos referentes   con   respecto   al  tema de prueba a los que se enfrenta:   

De          una parte, la posición –explicable-  que  adopta  en  la  audiencia      el      primer      testigo  (fuente  directa o primaria del conocimiento  de  los hechos) que ante el órgano  de        indagación       e       investigación       dijo       una  cosa  y  en  el  juicio  no  se  ratificó,  se  retractó,  nada  recordó,  nada dijo, negó haber dicho, negó  haber   reconocido,  etc.,  y  de  otra,  la  versión  del  “testigo    de    acreditación”,  representante   del   órgano   de  indagación  o  investigación   que  lo  entrevistó,  lo  examinó,  etc.,  compareció  a  la  audiencia   pública,   acreditó   su   idoneidad,   acreditó   la  cadena  de  custodia  de los elementos materiales probatorios y  evidencia  física,  aportó  documentos  obtenidos  (actas,    entrevistas,    dictámenes,   fotografías,   documentos   gravados,  reconocimientos,  etc.), se sometió a los contrainterrogatorios y su testimonio  y aportes fueron admitidos legalmente como pruebas del proceso.   

Cuando  este  tipo  de eventualidades se  presenta   –que  no  serán  pocas  las  veces-  la Sala precisa que en casación no se está ante un  error       in      iudicando      relacionado  con  la  contemplación  jurídica  de  la  prueba,  porque  no  existen  de  principio  vicios  de  aducción,  ni  tarifa  probatoria  positiva  o  negativa  desconocida.   

Recuérdese  que  cuando  el  Juez  de  la  causa,  que es por excelencia juez de garantías,  declara  una  a  una  la  aptitud probatoria de la evidencia, la prueba tiene un  aval      de     legalidad     que     habrá     que     desquiciarse   de   manera   prioritaria   en  sede       de  casación.   

Y  si no se  trata  de  un  error de derecho, como lo advierte la  Sala  en  este  caso, entonces el problema será de  contemplación material  de  los  medios del conocimiento (artículo 382), es  decir, errores de hecho.   

El   testimonio,   la  entrevista,  el  reconocimiento,   el   documento,   el  disco  CD.  ROM,  etc.,  como  evidencia  legítimamente    practicada    y    aceptado(a)   como   prueba   del   proceso   es  susceptible  de  controversia  a  partir  del  momento  de  aducción,  cuando el juez declara la  legalidad  de  su  aporte  en  el  Juicio  y garantiza a plenitud las      observaciones   de   las   partes   tanto   a  la  evidencia  en  sí           (respecto  de  su  autenticidad, apreciación, claridad, grado de  aceptación   de   principios   científicos,   técnicos),   como  mediante     los    interrogatorios    y    contrainterrogatorios  tanto     a    la  fuente    directa   del   conocimiento   de   los  hechos   (léase   persona   renuente)  como  a  la  fuente indirecta del  conocimiento   (léase  testigo  de  acreditación,  órgano de indagación e investigación   –  policía  Judicial,  perito,  etc.) que aportó  la evidencia y se sometió a  la legítima controversia en el juicio.   

Con respecto de la prueba testimonial, a  la  luz  del  artículo  404,  si el nódulo de la cuestión se detecta en “el  proceso  de  rememoración”  por olvido, retractación, etc. -insiste la Sala-  el   juez   estará   frente   a   una  vicisitud  relativa  a  la  contemplación  material de la prueba  más  no  frente  a un  problema  de  legalidad  de  la  evidencia;  se  trata   de   un  asunto  relacionado  con  “…el  comportamiento  del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio,  la     forma     de     sus    respuestas    y    su    personalidad”.   

Para   la   Sala   es   claro    que    la   contemplación  de   prueba  testimonial  no  tiene  un  referente  exclusivo,   único   y  excluyente,  circunscrito  a  la  actitud  del  testigo  (fuente  primaria  del  conocimiento de los hechos)  en    la    audiencia    de    juicio    oral   y  público.   

En   síntesis:    No  es regla del pensamiento judicial  penal  (tarifa  probatoria  negativa)  predicar  que  si el testigo que ayer  imputó  ante  el órgano de investigación y hoy se retracta o nada contesta en  el   juicio,   por   esa   razón   le  imprima  un  sentido  absolutorio  a  la  sentencia.   Dicho  de  otra  manera,  el juez  tiene  el  deber  constitucional  y  legal  de apreciar las pruebas válidamente  aducidas  al  proceso  y  fallar  en  justicia, de conformidad con el sistema de  persuasión  racional  con apoyo en los medios probatorios con los que cuenta el  proceso.   

Es factible apreciar la credibilidad del  dicho  del  renuente a  partir  del diálogo que ofreció durante el proceso  desde  el momento del recaudo del elemento material  probatorio  y  evidencia física legalmente aceptado  en    el    juicio   (art.   275   ib.);   es  viable  apreciar  la  versión  (incluso  la  actitud  pasiva  del  testigo  en  la  audiencia de  juicio   oral   y   público)  y  confrontarla  con  aquella  que  rindió  ante  el  órgano  de  indagación  e  investigación  para  hacer  inferencias       absolutamente  válidas6,  puesto  que  se  trata  en  síntesis  de apreciar un medio de  conocimiento  legítimo,  de  cara  a  los  criterios  de  apreciación  de cada  prueba   en  concreto  (testimonial, documental, etc.).   

Por  ello,  el  concepto de prueba  testimonial  como  medio del  conocimiento  no  es de cobertura restrictiva;  no se puede entender cómo,  si  el  testigo  directo, en la audiencia del juicio  oral  se  retracta  o  guarda silencio, entonces de  nada  valen  las  imputaciones  que  hizo ante el órgano de investigación o de  indagación,  las  evidencias que suministró y que  fueron    aportadas    legítimamente  por  el  testigo  de  acreditación  que también declara en el  proceso.   

La  esencia  del     proceso    constitucional    –         penal     es     acceder    al    valor  justicia,   en   síntesis,   porque  se  trata  de un proceso de búsqueda  de   la   verdad  que  tiene  por  finalidad  hacer  prevalecer  el  derecho sustancial sobre el derecho formal…, se trata de hacer  justicia  material  en  cada   caso7.   

Es  palmario  que  si ante el órgano de  indagación  e  investigación  dijo una cosa y en la audiencia de juicio oral y  público  dijo  otra  (u  optó por no responder absolutamente nada –aquí  algún  testigo  tuvo  esa  actitud),     el     testimonio     como    evidencia    del    juicio  que   es,  articulado  con  la  evidencia  que  se  suministre  al proceso  (entrevista,  documento,  acta, reconocimiento, video, etc.), y con el dicho del  órgano  de  investigación e indagación (Policía Judicial, experto técnico o  científico,    testigo   acreditado,   etc.),  ofrecen  de  hecho  un  diálogo  a  partir  del  cual  es    legítimo    hacer    inferencias  probatorias  a  la  luz  de la contemplación material de la prueba testimonial,  documental,       etc..       ¡Esa es la esencia del papel del juez!.   

Hay eventos de múltiples sesiones en las  que  el testigo afirma una cosa en una sesión y en otra se retracta, se olvida,  se  torna  escurridizo,  etc.;          una         versión   puede   tener   más   de   un   referente,  la  que  ofreció el entrevistado   ante  un  órgano  de  indagación e investigación es una de ellas.   

La  máxima  virtud  del buen juez es la  apreciación  correcta  de  la  prueba  para  proferir  una  decisión  que  sea  expresión    adecuada    de    la   justicia material.   

Si  la persona que representa al órgano  de   indagación   e  investigación   se   acredita  como  testigo  y  aporta  evidencias  legalmente  suministradas  por  la  fuente primaria del conocimiento, acude al juicio oral y  rinde  una versión coherente, seria, demostrable de  los  hechos  objeto  del  proceso  penal, su aporte  tiene  la  validez  de la prueba en el juicio porque  es un testigo de oídas.   

El  proceso  penal  es  y  sigue  siendo  un proceso dialógico8  y la esencia del papel del  juez     radica     en     auscultar    la    credibilidad    de    todos  los  medios  de  conocimiento  legalmente        establecidos       (pruebas       directas,       documentos,   testimonios   directos   e  indirectos,   videos,   cintas   magnetofónicas,   pruebas  de  referencia,  inferencias  lógicas,  etc.) todo ello dentro del marco de la Constitución, la  ley    y    el    respeto    de    los   derechos  fundamentales9.   

Por ello, la  Sala  expresa su criterio en el sentido de que las pruebas legalmente aducidas a  la  audiencia  del  juicio  oral  y público por el representante del Órgano de  Indagación  e  Investigación a través de testigos  de    acreditación,    después   de   aportadas  legítimamente   y   puestas  a  la  orden  de  la  controversia,   son  pruebas  del  proceso  y  por  consiguiente  apreciables  según  los  criterios  de cada medio de convicción,  tanto    como    el    testimonio    de   persona  renuente,   cuya   contemplación   material   es  susceptible     de     conjurarse    con  la  versión  que  suministre el  testigo de acreditación.   

1.3.1.       Es  por  ello  por  lo  que  los formatos de entrevistas, las  actas  de  reconocimiento fotográfico, las actas de reconocimiento a través de  fotografías,    los    videos    relativos   a   reconocimientos   a  través  de fotografías y en fila  de          personas          (Arts.  205,     206,    252,    253,    275)  que  fueron  aducidos y admitidos  por  el  juez  como  prueba  en  la  audiencia del juicio oral, son medios  de  conocimiento susceptibles de apreciación por el juez  del    caso    a   través   de   las   reglas   que   rigen   cada   medio   de  convicción       en      concreto.   

1.3.2.  De otra parte, es cierto que  las   entrevistas  adquieren  valor  para  efectos  de  la  impugnación  de  la  credibilidad  del  testimonio  a  tenor  de  lo  previsto  en  el  numeral 4 del  artículo  403  del  C.  de P.P.;  no obstante,  cuando   se  está  ante  un  testigo  que  rehúsa  responder  el  interrogatorio  del  fiscal,  el interrogatorio de la defensa, el  interrogatorio  (excepcional)  del juez, habrá de predicarse que no fue exitosa  la  impugnación  de  la  credibilidad  del  testigo  ejercitada por los sujetos  procesales   en  los  contrainterrogatorios,  sin perjuicio de    la    facultad    de  contemplar  la  prueba legítima, entendida en su contexto de  “medio  del conocimiento” (elemento material probatorio, evidencia física o  cualquier   medio   técnico   o   científico  que  no  viole  el  ordenamiento  jurídico),  legalmente  aportado como prueba en la  audiencia de juicio oral y público.   

El cargo no prospera.  

EL INDUBIO PRO REO FRENTE A LA EVIDENCIA  PROBATORIA.     LA    ABSOLUCIÓN   DE   RICARDO   ANTONIO   SÁNCHEZ   (a.  Beto).   

El  Juez  de  primer  grado absolvió al  procesado  con  el argumento de que “…no aparece  en  su  contra  una  prueba  directa  o  indirecta  que  lo vincule a los hechos  juzgados,  sólo  que  fue  retenido  en  compañía del menor de edad Crístian  Pescador  y  en  el  inmueble  donde  fuera capturado había un arma  [sic]  sin   que   se   hubiesen  realizado  los  estudios  correspondientes   para   determinar  que  él  la  portaba….”;   no  obstante,  además  de  la  imprecisión  que señaló el Tribunal (eran dos  armas  las  que  había  en  un balde, junto a los capturados), la Sala advierte  cosa diversa en materia de pruebas de cargo:   

Si  se  parte  del  presupuesto  de  que  “…el juez tiene el deber constitucional y legal  de  apreciar  las pruebas válidamente aducidas al proceso y fallar en justicia,  de  conformidad  con  el sistema de persuasión racional con apoyo en los medios  probatorios      con      los      que     cuenta     el     proceso”,  a  su  turno, la Sala también  tiene el deber de hacer las siguientes observaciones:   

De   ninguna   manera   se  puede  soslayar el hecho de que,  habiendo   prueba   de   responsabilidad  penal  se  solicite  por  uno  de  los  intervinientes    en    el    proceso    penal   la   absolución   –por        duda-,   se  profiera  sentencia  absolutoria  de  primera  instancia  –por duda-  en  favor de uno de los coautores y no se impugne la decisión  absolutoria  fundamentada  en  la  duda  por  el  representante  de la Fiscalía  General de la Nación.   

El   funcionario  (léase  Agente  del  Ministerio       Publico,       Fiscal,       Juez)      está      exhortado  a  cumplir  fielmente los  deberes       que       la       Constitución      y     la     ley     le     imponen,   sobre   todo   cuando   se   es  garante    institucional   de   la   Administración   de   Justicia;   por  ello, dentro de marcos  razonables,  el  funcionario  tiene  el deber jurídico de apreciar correctamente   las   pruebas   del  proceso,   la   duda  es        un        estado       racional     del    conocimiento,  no  se puede convertir en una gratificación, en un  aguinaldo,     en    una    regalía.   

La   duda   es   un  estado        insalvable  del  conocimiento,  tiene  que aparecer fundamentada        en       insuperable  condición  probatoria,  tanto  para  absolver  por  falta  de  prueba  que demuestre con suficiencia  la   inocencia   del  procesado,  como  para  condenar por  falta de  prueba    que    con    suficiencia    permita    declarar    la    certeza  de  la  responsabilidad;  de lo contrario, en uno y  en    otro   caso   la   sentencia   de   mérito   debe   ser   absolutoria   o  condenatoria.   

En  suma, cuando hay suficiente evidencia  en   uno   u   otro   sentido,   no   puede   haber   duda   y  no  puede  haber  absolución.   

En  este  caso  hubo captura en  flagrancia;   la persona fue  sorprendida  o  individualizada  al  momento  de cometer el delito y aprehendida  inmediatamente  después  por persecución o voces de auxilio de quien presencie  el  hecho;   fue sorprendida y capturada con objetos instrumentos o huellas  (una  de  las  pistolas  incriminadas)  de  los  cuales aparece fundadamente que  momentos  antes  cometió  o  participó en el delito.  (Art. 301 del C. de  P.P.).   

En  sede  del  recurso  extraordinario de  casación  el  yerro que evidencia la Sala no puede ser enmendado por virtud del  principio  de  limitación  que gobierna el recurso extraordinario (el procesado  absuelto  no  es  recurrente)  y  además  por la prohibición constitucional de  reforma peyorativa.   

No   obstante   ello,   la   Corte  Suprema  de  Justicia  como  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  no  puede  sustraerse  del  deber  de  hacer  las observaciones necesarias cuando advierta un dislate en que  se  incurre  por  ligereza  del  sistema  judicial para no observar lo evidente,  sobre   todo   cuando   genere   impunidad   absoluta   o   relativa10.   

1)      La     captura     en  flagrancia   

RICARDO    ANTONIO    SÁNCHEZ   (a.  Beto)      fue      capturado      junto   con   el   menor  Crístian  Hernández  Pescador  (a.  Chinga),  mimetizados  “piel a piel” –así  lo refirió en audiencia el  Policía  que los capturó- en un cuarto de materiales (despensa  – bodega)  de   una   casa,   en   condiciones  absolutamente  iguales  a  la  de  los  dos  sentenciados;   por  voces  de  quienes presenciaron el hecho se señaló a  las  autoridades  el  lugar donde quisieron obtener refugio;  junto a ellos  –en  un  balde  de  materiales- había dos armas:   

Una  pistola  semiautomática, calibre 9  mm,  con  capacidad  de  carga en el proveedor para quince (15) cartuchos, marca  Pietro  Beretta,  de  fabricación  industrial, con número serial D-12369Z y en  buen  estado  de  funcionamiento.   (Descrita  como  arma número dos en la  evidencia  26)  y  una  pistola semiautomática, calibre 9 mm, marca Smith &  Wesson,  fabricación  industrial, con proveedor para dieciséis (16) cartuchos,  con  número  de  serial  borrado  pero  con prueba química de revelado se pudo  constatar  que sus dígitos son HAK3032, en buen estado de funcionamiento.   (Descrita como arma número tres en la evidencia 26).   

2)     La    experticia    de  balística   

Se  constató,  más allá de toda duda,  que    del    arma   Smith   &   Wesson   fueron   disparados   proyectiles  hallados  en  la escena  del      crimen,      donde      también     se     recogieron     vainillas  que fueron percutidas por  ese   artefacto.    En   efecto,   tres   de   las  vainillas  incriminadas  correspondieron  a aquella pistola;  un proyectil incriminado hallado en el  teatro  del  crimen  fue  disparado  por  esa arma  (cfr. Evidencia número  26).   

3)   El  reconocimiento  en fila de  personas   

A  través  de  Rubén  Darío  Cortez,  investigador  de  campo,  la Fiscal aportó la evidencia número 34, que es bien  importante  en  lo  que  tiene  que  ver con el reconocimiento de que fue objeto  RICARDO  ANTONIO  SÁNCHEZ  (a.  Beto)      como      partícipe      de      aquellos     hechos:   

El  testigo  – víctima,  Diego  Alejandro  Henao  Rodríguez  lo  reconoció  en fila de  personas  en  diligencia  que se realizó el 15 de febrero de 2006, la  diligencia  de  reconocimiento  se llevó a cabo en  presencia  de  los defensores contractuales de los procesados  (Dres.  Henry  Rodríguez  Valencia y Javier Gutiérrez Rincón);  también  se   hizo   presente   la   representante  del  Ministerio  Público;      el     acta     de     reconocimiento    fue   legalmente   aportada   a   la   investigación   y   en   ella   puede  leerse  lo  siguiente:   

“…Y   el   tercero,   Ricardo,  sé  que  se  llama  así  porque  yo  lo  vi  en  la  URI,  él  es  motilado con cuadritos, estatura 1,75  aproximadamente,  delgado,  trigueño  claro,  no  me  acuerdo  de más  pues  solo  lo vi el día 02 de  febrero  de  este  año  cuando  ocurrieron  los  hechos.   PREGUNTADO:     Manifieste    de  izquierda   a   derecha   en   qué   número   reconoce  alguna  persona.   RESPONDE.   Sí  el  segundo de izquierda a derecha, se le pide que diga en  voz   alta   sus   nombre   y   apellidos,   manifiesta   llamarse  RICARDO        ANTONIO        SÁNCHEZ.         PREGUNTADO:   Manifieste  por  qué  reconoce  al  señor RICARDO     ANTONIO     SÁNCHEZ.  RESPONDE:   El día que sucedieron los hechos en que ellos mataron a Henry,  Jhon  y  a  la  señora,  éste  señor llevaba una pantaloneta hawaiana, zapote  encendido,  tirando  a  amarillo,  eso  fue el jueves ya iba para las once de la  mañana  de  diez  y media a once, lo vi subiendo para capilla de leningrado dos  sin  camisa,  llevaba  algo  en la camisa envuelta, presuntamente él fue el que  sacó  la  uzi a los agentes de policía, quienes no encontraron el arma o no se  sabe  qué  hicieron  con ella.  PREGUNTADO:  Usted con anterioridad a  estos  hechos  había  llegado  a  ver  a  este  muchacho.  RESPONDE:   No.   El día de los hechos fue la primera vez que lo vi, luego lo vi en la  URI   cuando   fui  a  reconocer  los  sujetos  a  petición  de  un  agente  de  policía.             Un            judicial.             PREGUNTADO:      Dónde    se  encontraba  usted  exactamente  el  día  de  los hechos, 02 de febrero de 2006,  RESPONDE:   Me  encontraba  enseguida  de  la  casa  de  Henry Loaza Montes  sentado  en el andén junto con él, nadie mas.  PRETUNTADO.  Sírvase  manifestar  qué  sucedió el día 02 de febrero de 2006 cuando Usted estaba con  Henry.   RESPONDE:   Un  joven  aproximadamente de trece años, fue el  que  inició la balacera matando primero a Jhon, y el que siguió fue el muelón  matando  a  Henry  porque  casi  me  mata a mi…”  (Folios    113   –  114;  Evidencia número 34).   

4)   Una  estipulación  (video  de  reconocimiento en fila de personas)   

El  investigador  filmó  un video de la  diligencia    de    1   minuto   con   49   segundos   que   aportó, con cadena de custodia,   a   la   audiencia   de  juicio  oral   y   fue  tenido  como  prueba  estipulada    en    el       proceso      (la  número 15).  Al   observar   las   imágenes   es  perceptible  que  a  petición  del funcionario de Policía Judicial,  el  número  2  de la fila pronunció su nombre “RICARDO                ANTONIO               SÁNCHEZ”.   

El acta de la  diligencia  aparece  suscrita  por  los  representantes  de  la  defensa, por el  representante  del  Ministerio Público, por el testigo y por dos investigadores  de       campo;        es parte de la Evidencia número 34.   

Ese reconocimiento en fila de personas y  el  video  que  da  cuenta  de  que  RICARDO ANTONIO  SÁNCHEZ  efectivamente  fue  reconocido por una de  las  víctimas  tiene  identidad  probatoria,  en  tanto  registros  debidamente  aportados    como   evidencia   y   sometidos   a   la   controversia   de   las  partes.     Su  apreciación   debió   haberse  realizado  de  conformidad  con  los  criterios  establecidos    para   cada   medio   de   convicción   específico;   por  manera que no se trata  de  “simples  documentos  procesales”  con  los  efectos  minimizados que la  defensa alegó.   

Advirtió  con razón el Tribunal que la  prueba  de  cargo  ni siquiera fue controvertida por la defensa en la medida que  no  presentó  su  teoría del caso, no presentó pruebas de descargo contra las  pruebas  aducidas  por  el  fiscal  y limitó su intervención a las alegaciones  conclusivas  orientadas  en todo caso a decir que si  hubo  una  conducta  delictiva  más  no  prueba de  responsabilidad penal.   

La  Sala  encuentra que se trató de una  estrategia  defensiva que de ninguna manera implica  –en  el  caso  del  procesado   absuelto-  ni  la  demostración  de  la  duda  ni  la  dervistuación  de  la presunción de  la inocencia.   

Por  ello, la Sala compulsará copias de  la  presente  decisión  con  destino al Consejo Superior de la Judicatura, a la  Procuraduría  Delegada  para el Ministerio Público y la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  del  Distrito  Judicial    de    Pereira,    para       que      se   adelante   la   investigación  correspondiente.   

En  mérito de lo anteriormente expuesto  la  Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación  Penal  y administrando Justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

Primero:              NO  CASAR  la  sentencia del 14 de julio de 2006 proferida por el Tribunal  Superior de Pereira.   

Segundo.       COMPULSAR  copias  de  la  presente  sentencia  con  destino al Consejo Superior de la Judicatura, a la Procuraduría  Delegada    para    el    Ministerio    Público    y   ante   la   Fiscalía    Delegada    ante    el    Tribunal    Superior    de  Pereira,  de  conformidad  con las motivaciones del  último   título   del   fallo,  para  lo  de  su  competencia.   

Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase y devuélvase al  Tribunal de origen.   

   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

       (COMISIÓN     DE  SERVICIOS)   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ                                          MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE L.   

AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN                                  JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                     

       YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA            

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1De  conformidad  con  el  artículo  301  de  la  Ley  906 de 2004 “…Por eso, la  definición  que  al respecto traía el Código de Procedimiento Penal anterior,  y  la  actual  del  artículo  301  de  la  Ley  906 de 2004, conllevan a que la  flagrancia  se  vincule  necesariamente  a  la captura del autor del hecho, pues  “hoy   en  día  la  tesis  según  la  cual  era  perfectamente  viable que se presentara el fenómeno de la flagrancia, entendida  como  evidencia procesal, sin su correlativo de la captura como su consecuencia,  ya  no  es predicable”1,  toda  vez que de acuerdo con la última normatividad  en cita, se entiende que hay flagrancia cuando:   

“1.   La  persona  es  sorprendida  y  aprehendida al momento de cometer el delito.   

2.   La   persona   es   sorprendida  o  individualizada  al  momento  de  cometer el delito y aprehendida inmediatamente  después   por   persecución   o   voces  de  auxilio  de  quien  presencie  el  hecho.   

3.  La persona es sorprendida y capturada  con  objetos  instrumentos  o  huellas,  de los cuales aparezca fundadamente que  momentos antes ha cometido un delito o participado en él”.   

Como  se  ve,  en  todos  los  eventos el  sorprendimiento  de  la persona está inescindiblemente ligado a la captura y en  cada  uno  de  ellos  se  establece una diferencia temporal de menor a mayor, en  todo  caso limitada por una determinada inmediatez a la comisión del delito y a  la  posibilidad  de  predicar  la  identificación  y  consecuente  autoría del  aprehendido;  circunstancia  que  a su vez, frente a cada una de las situaciones  planteadas  conlleva  a  unas  determinadas  exigencias  valorativas que compete  hacer al Juez.   

En  el primer caso, el sorprendimiento es  concomitante  a  la  captura,  en  tanto que se ejecuta al momento de cometer el  delito.  Esta  situación resulta evidencia de difícil controversia frente a la  identificación  e  individualización  del  autor,  independientemente  de  las  razones que puedan o permitan explicar su comportamiento.   

En el segundo caso, a la persona también  se  le  sorprende  cometiendo  el  delito, sólo que la captura no ocurre en ese  preciso  momento,  sino  inmediatamente  después,  y  como  consecuencia  de la  persecución  o  voces  de auxilio de quien presencia el hecho, pues sabe quién  es  el autor y cuál es su identificación o las señales que lo individualizan.   

El  tercer  supuesto hace referencia a un  sorprendimiento  posterior  a  la comisión del hecho. Aquí la captura no tiene  una  actualidad  concomitante  a  su  ejecución  puesto  que no se requiere que  alguien  haya  visto  a su autor cometiendo el delito, sino que son los objetos,  instrumentos  o  huellas  que  tenga  en  su  poder,  los  que permiten concluir  “fundadamente”, esto  quiere    decir,    con    poco    margen    de    error,    que    “momentos  antes” lo ha cometido o  participado   en   él…”.    (Cfr.   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  sentencia del 30/11/2006, Rad. núm. 25136)   

2Cfr.  Evidencia  número 2, informe de los Agentes que incautaron  el  arma  Humberto  Arenas  Domínguez  y  Carlos  Albarracín,  conc. evidencia  número 15.   

3Sentencia  del 28/09/2006, rad. núm. 20662;  Providencia del  28/02/1985 citada en el fallo del 24 de enero de 2001. Rad. 12993.   

4En  el mismo sentido, sentencia del 21/02/2007, Rad. núm. 25920.   

5Cfr.  Sentencia del 09/11/2006, rad. núm. 25738.   

6Casación del 30/03/2006, Rad. núm. 24468.   

7Cfr.  Salvamento  de  voto  en  el fallo que declaró exequible el artículo 361 de la  Ley 906 de 2004 (Mg. Nilson Pinilla Pinilla)   

8Cfr.  Sentencia del 19/06/2003; rad. No. 18483.   

9Cfr.  Auto de casación del 02/11/2006, rad. núm. 26089.   

10Cfr. Sentencia del 19/10/2006, rad. núm. 25724     

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