26346(14-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26346  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  144   

Bogotá, D.C., catorce (14) de agosto de dos  mil siete (2007).   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  de NÉSTOR  ADELMO  MARTÍNEZ MARTÍNEZ, contra el fallo del 30 de  enero  de  2006, mediante el cual el Tribunal Superior  del   Distrito   Judicial  de  Bogotá,  confirmó  la  sentencia adoptada por el  Juez      Quinto      Pena      del      Circuito  Especializado, el 29 de abril de 2005.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.   El  24  de  diciembre  de  2002,  en  el barrio Castilla de esta ciudad, fue interceptado el  vehículo    que    conducía    ORLANDO    CAÑÓN  SÁNCHEZ,  por  varios sujetos que se trasportaban en  una  camioneta  roja, quienes afirmaron pertenecer al D.A.S., y le exigieron una  alta  suma  de  dinero  para  no  comprometerlo  en  un  delito  de  tráfico de  estupefacientes.  Mientras lo retuvieron junto con el vehículo, su  esposa  YESENIA       WILCHES       CAMARGO,  acordó  con  los infractores que ella  conseguiría   treinta   millones   de   pesos   ($   30´000.00).  NÉSTOR  ADELMO  MARTÍNEZ MARTÍNEZ, fue  capturado  por  miembros  de  la  policía  nacional,  al  momento de recibir el  dinero.   

2. La Fiscalía   28    Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  11  de  noviembre de 2003, confirmó la  resolución  de  acusación  contra   NÉSTOR  ADELMO,  proferida  por el Fiscal 13 Delegado ante los Juzgados  Penales  del  Circuito  de  la  misma ciudad, el 11 de  septiembre de 2003.   

El Juzgado Quinto  Penal   del   Circuito   Especializado,  condenó   a  NÉSTOR  ADELMO, como autor responsable del punible de  Secuestro      Extorsivo     Agravado,  a  la pena principal de veintiocho (28) años de prisión, multa  equivalente   a  cinco  mil  (5.000),  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso de  20 años.   

Contra  el  fallo  de  primera  instancia  interpuso  la  defensa  técnica  recurso de apelación; alzada que resolvió el  Tribunal  Superior de Bogotá, confirmando la providencia recurrida.   

El  defensor  de  NÉSTOR  ADELMO,  interpuso  y  sustentó  el recurso  extraordinario de casación.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la Ley 600 de 2000, el  actor   atacó   el  fallo  de  segundo  nivel  al  amparo  de  la  causal  primera de casación, al haberse  infringido  “de manera directa el art. 10, 11, 169,  170  ley  599  del  2000  por  que  (sic)  respecto  del  mismo incurrió en una  aplicación indebida”.   

Sustenta   el   cargo   aseverando   que  “la  intención de los condenados no era coartar la  libertad  de Orlando Cañón o de su esposa si no utilizaron un constreñimiento  para obtener el dinero”.   

Argumenta  el  ataque criticando los medios  probatorios,   de   donde   concluye:   i)   que  su  prohijado  no  tuvo  la  intención  de  secuestrar  al  denunciante,  ii) menos aún,  exigir      por      su      libertad,      dinero      alguno,     iii)   lo   que   se   consumó  fue  un  constreñimiento  para  obtener dinero, iv)  que  la versión de la víctima en relación a que los procesados  lo   iban   a   cargar   con   marihuana   no  es  cierta,  porque  “al  ser  capturados  no  les  fue  encontrado  ningún  tipo  de  alucinógenos”;             v) que no hay prueba que responsabilice a  su  mandante, vi) que no hubo  lesividad     en     el     actuar    de    los    sentenciados,    vii)    que    es    inadmisible    la  responsabilidad  objetiva  o  deducción  de  pena  sin  prueba  y  viii)  que  jamás  se configuró dolo ni  preterintención.   

A renglón seguido, comunica que la víctima  (esposa)  con  su  actuar  “se  convierte en agente  provocador  por  haber  prestado  su  aquiescencia  para  la  realización de la  conducta  ilícita  en el evento de portar el dinero en un bolso para que Nestor  (sic) Martínez lo recibiera”   

Indicó que las amenazas no se hicieron con  armas  de fuego, “usual en hechos de secuestro… de  tal    manera   el   tipo   penal   que   corresponde   es   la   tentativa   de  extorsión”;   porque   además  un  secuestro  es  perpetrado  en  sitios despoblados, mediante amenazas físicas, con utilización  de  la  fuerza  y  con  armas de fuego “y no como lo  narra la víctima”.   

Por último, adujo que el propósito de los  coimputados  era  poner  a  disposición  de  las autoridades a la víctima sino  reunían  la  suma  de  dinero  por  ellos  requerida, más nunca pensar que esa  exigencia  de  dinero  era  a  cambio de su libertad; y como en el actuar de los  sentenciados   hubo   un  “no  hacer”  entonces   no  se  adecua  el  secuestro  extorsivo sino una  tentativa  de  extorsión, dada incluso por la aquiescencia de la víctima quien  prestó  su  consentimiento  para  capturar a su prohijado. En consecuencia, los  actos  fueron atípicos “carentes de antijuridicidad  debido    a    que    la    víctima    obró   como   agente   provocador   del  delito”.   

Solicita  casar  el  fallo  demandado  para  adecuar la conducta al tipo penal tentado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  NÉSTOR  ADELMO MARTÍNEZ MARTÍNEZ, no  reúne  los presupuestos de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda. Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, violación de  la  ley  sustancial por vía directa del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, en  su  desarrollo  y  demostración  incurre en graves fallas que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  unida  a  los  fallos, tampoco es una adición insustancial de ideas en busca de  un   fin   jurídico  subjetivo  o  hipotético  del  censor  para  asegurar  la  demostración  de  la violación de la ley sustancial.   

El yerro del actor consistió en abordar el  ataque  criticando  las pruebas, situación que lo distanció por completo de su  propuesta   casacional,   toda   vez   que,  la  vía  directa por él escogida, trae consigo la obligación  de  respetar  el  plexo  probatorio  y,  desde  luego,  la  persuasión racional  otorgada  a  los mismos por los falladores. Por tanto, debió postular de manera  imprescindible  una  argumentación  en  derecho, en el juicio predicado por los  funcionarios  en  torno a la dogmática jurídica aplicada al caso, si es que se  quiere  degradar  un  delito  consumado  a uno tentado; pues si se está ante un  vicio  de  selección de una norma de derecho sustancial, en esas circunstancia,  era  de  suponer  que  el  error  es de adecuación de la norma a los hechos, en  contraste con lo decidido en instancias.   

Desde  luego, es pertinente referirse a los  medios  probatorios  fundamento  del  fallo,  pero  es  inadmisible cambiarle la  valoración  a  los  mismos,  con  lo  cual  el  ataque  pierde  su esencia y se  convierte  en un simple alegato de instancia; por ejemplo, cuando afirma que los  hechos  no  son como los contó la víctima, que los funcionarios condenaron sin  pruebas y que  no existió dolo en el actuar de su poderdante.   

La  demanda  en  estudio  no  integra  los  principios  que  sustentan  la  casación  como el de autonomía, claridad,  razón  suficiente y no contradicción. La claridad, si se quiere, debe estar en  armonía  con  una mínima coherencia jurídica pues, sin que sea considerado un  argumento  de fondo, tiene gran significado, toda vez que el actor desconoce los  contenidos   jurisprudenciales  relacionados  con  el  punible  de  secuestro  extorsivo en lo atinente a las  exigencias  dogmáticas  de  su  consumación;  lo  que  implica que, privación  ilegal  de  la  libertad  aunada al propósito ilícito pecuniario determinan el  agotamiento  de  la  conducta,  más  no  como  lo comprende el libelista que es  “un    constreñimiento    para    obtener    el  dinero”.   

En  consecuencia,  la  demanda presenta una  marcada   confusión  de  teorías  jurídicas  al  unir  en  una  misma  fuente  epistemológica   temas  tan  opuestos  como  el  dolo  y  la  culpa;  elementos  subjetivos  del  tipo  con verbos rectores; el delito tentado con el consumado y  el  acoplar  los  actos  desplegados  por los coimputados con los de la víctima  para  trasmutarlos  en argumentos que desquician el sistema de derecho penal, lo  cual  pondría  en  discusión si la víctima actuó como coautora al entregarle  el  dinero  por  ellos requeridos, cuestión descabellada, por decir poco. Amén  que   el   postulado   de   trascendencia, fue desconocido en su integridad.   

Se  verifica,  entonces,  que  el libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  inspira el instituto casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de  NÉSTOR  ADELMO  MARTÍNEZ  MARTÍNEZ,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso,  no se percibe en su  contexto,  que se hubiese violentado alguna garantía fundamental que amerite el  facultativo  ejercicio  de  la  oficiosidad,  en  virtud  de los dispuesto en el  artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación        discrecional       presentada  a  nombre  de NÉSTOR ADELMO  MARTÍNEZ    MARTÍNEZ.   

Segundo:  Contra  la  presente  providencia  no procede recurso  alguno.   

         

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal         de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                                       IMPEDIDA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

    

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                         MAURO SOLARTE PORTILLA   

            

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

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