26339(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26339  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 49  

          Bogotá D.C., abril once (11) de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

          Conceptúa  la  Corte  en relación con la solicitud de extradición  del   ciudadano   colombiano   ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  elevada  por  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de  América a través de su Embajada en Colombia.   

ANTECEDENTES  

El mencionado ciudadano es requerido para que  comparezca   en   juicio   “por  delitos  federales  narcóticos”  ante la Corte Distrital de los Estados  Unidos  para  el  Distrito de Columbia, dado que, con fecha abril 18 de 2006, el  Gran  Jurado profirió en su contra la segunda acusación sustitutiva N° 05-342  (RCL), por cuyo medio se le formuló el siguiente cargo:   

“CARGO  UNO:   Comenzando  el  28  de  abril  de  2005  o  alrededor  de esa fecha, siendo la fecha exacta desconocida para el Gran Jurado,  y  con  continuación  después  de  esa fecha hasta la fecha en que se presenta  esta  acusación,  inclusive,  en  Colombia  y  en  otras  partes,  los acusados  …ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  …, e integrantes del concierto tanto conocidos  como  desconocidos  que no han sido acusados, con conocimiento de causa y dolosa  e  intencionadamente  se  combinaron,  concertaron,  confederaron  y concordaron  entre  sí  y  con otras personas tanto conocidas como desconocidas para el Gran  Jurado,  para  distribuir  cinco kilogramos o más de una mezcla y sustancia que  contenía  una  cantidad perceptible de cocaína, una sustancia controlada de la  Tabla  II,  con  la  intención  y el conocimiento de que dicha sustancia sería  importada  ilícitamente a los Estados Unidos, en violación a las Secciones 959  y 960 del Título 21 del Código de los Estados Unidos”.   

1.            Documentos allegados con la solicitud de  extradición.   

Con  el objeto de formalizar la solicitud de  extradición,  fueron  allegados al presente trámite los siguientes documentos,  debidamente   traducidos   y   legalizados  ante  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores:   

Nota Diplomática N° 1855 de fecha agosto 2  de  2006 y Nota Verbal  N° 2592 de 13 de octubre del mismo año, a través  de  las  cuales  la  Embajada  de  los  Estados  Unidos  solicita  la detención  provisional  con fines de extradición de ENRIQUE OYOLA  ROPERO  y  formaliza  su  solicitud  de  extradición,  respectivamente.   En   ellas,   se   precisa  que  se  trata  de  un  ciudadano  colombiano  nacido  el   25   de  mayo  de  1966  y  titular  de  la  cédula de ciudadanía número  85.450.575.   

         

Copia  de  la  acusación  No.  05-342 (RCL)  dictada  por  el  Gran Jurado ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos  para  el  Distrito  de Columbia, de fecha 30 de septiembre de 2004 sustituida en  abril 18 de 2006.   

         

Copia  de la orden de arresto de fecha 13 de  abril  de  2006  expedida  por  la  referida Corte Distrital, contra  ENRIQUE  OYOLA  ROPERO, para que responda  por unos cargos.   

Copia de las disposiciones del Código Penal  de  los  Estados  Unidos  relativas a los cargos contenidos en la resolución de  acusación.   

Declaración   jurada   de   PATRICK  H.  HEARN, Fiscal de Tribunales de  la   Sección   de   narcóticos   y  drogas  peligrosas,  División  Penal  del  Departamento  de  Justicia  de los Estados Unidos, a través de la cual efectúa  una  presentación  de  los  procedimientos  policiales y judiciales realizados,  así  como  del  compromiso de responsabilidad del solicitado, y de ROBERT  ZACHARIASIEWICZ, Agente Especial de  la   Administración   Antinarcóticos  (DEA),  quien  actuó  en  las  diversas  averiguaciones  y  pesquisas que determinaron la acusación presentada contra el  requerido en extradición.   

2.            Actuación  surtida  previo el envío de  las diligencias a la Corte.   

El  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América,  mediante  Nota  Diplomática  No.  1855  de  fecha  agosto 2 de 2006,  solicitó  la  detención  provisional  con  fines de extradición del ciudadano  colombiano    ENRIQUE    OYOLA    ROPERO,  a  quien  las autoridades judiciales de ese país a través de la  resolución  de  acusación  N°  05-342  (RCL)  de  30  de  septiembre  de 2004  sustituida  el  18  de  abril  de  2006,  le profirieron cargos relacionados con  delitos     federales     de     narcotráfico,    concretamente    “Concierto  para  cometer el delitos narcotráfico ”.   

Con  fundamento en la anterior petición, el  Fiscal  General  de  la  Nación  mediante  resolución  de  agosto  10 de 2006,  decretó  la  captura  con  fines  de  extradición  del  solicitado, la cual se  produjo  el  16  de  agosto  siguiente  durante  la diligencia de allanamiento y  registro  cumplida  en  el  inmueble  ubicado  en  la  calle 15 N° A N° 35 -28  Urbanización  Galicia  en la ciudad de Santa Marta, departamento del Magdalena,  por   funcionarios  de  la  Dirección  Antinarcóticos,  regional  de  policía  judicial zona norte, de la Policía Nacional.   

          Actualmente,  el  mencionado  ciudadano  se  encuentra privado de su  libertad    en    la   Penitenciaría   de   Máxima   Seguridad   de   Cómbita  (Boyacá).   

Mediante  Nota  Verbal  No.  2592  del 13 de  octubre  de  2006,  la  Embajada  de  los  Estados Unidos de América formalizó  la   solicitud  de  extradición  de ENRIQUE OYOLA  ROPERO,  oportunidad  en  la que ratificó que este es  requerido  por  el  Tribunal de Distrito de Columbia a través de la resolución  de     acusación     N°     05    –   342 (RCL) de 30 de septiembre de 2004 sustituida en abril 18  de  2006,  mediante  la  cual  le  profirió  cargos  relacionados  con  delitos  federales  de narcotráfico, concretamente “Concierto  para  fabricar  y  distribuir  cinco  kilogramos  o  más  de  cocaína  con  la  intención  y  el conocimiento de que la cocaína sería importada ilegalmente a  los Estados Unidos y ayuda y facilitamiento de dicho delito ”.   

Ello  dio lugar a que el  Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  con  oficio  No.  OAJ.E.  1960  de  octubre  17 de 2006  conceptuara  que  “En  atención a lo establecido en  nuestra  legislación procesal penal interna, me permito manifestarle que por no  existir  Convenio  aplicable  al  caso es procedente obrar de conformidad con el  ordenamiento procesal penal colombiano”.   

3.    Actuación    surtida    en   esta  Corporación.   

Proveniente del Ministerio de Justicia y del  Derecho  se  recibió  por esta Sala la aludida solicitud de extradición con la  documentación  anexa.   De  inmediato,  se  dio  inicio  a  este  trámite  garantizando  el  derecho  de  defensa al requerido y luego se dispuso, mediante  auto  de  noviembre  23 de 2006, correr el traslado previsto en el artículo 500  de  la  Ley  906  de  2004,  dentro  del  cual en forma exclusiva la defensa del  solicitado  en  extradición  presentó  memorial  deprecando  la  práctica  de  pruebas.   

La  Sala,  mediante auto de 28 de febrero de  2007,  negó  por  improcedente la solicitud probatoria elevada por el defensor,  al  tiempo  que  dispuso  correr  el  traslado  previsto  en  la misma norma del  estatuto  procesal  penal,  luego de lo cual se corrió el traslado dispuesto en  la providencia impugnada.   

Dentro  del término previsto para presentar  alegatos  de  conclusión,  únicamente el Representante del Ministerio Público  allegó  escrito con el fin de que sea tenido en cuenta por la Corte al proferir  su concepto.   

ALEGATOS DE CONCLUSIÓN  

Con  ese  propósito  el  Procurador  Cuarto  Delegado   para  la  Casación  Penal,  hace  una  síntesis  de  la  actuación  cumplida,   de los soportes allegados con la solicitud de extradición, del  marco  legal  que  rige  este trámite y de los aspectos que constituyen el tema  del  concepto  que  corresponde  emitir  a  la Sala, para adentrarse luego en el  análisis de cada uno de tales aspectos.   

Indica  que  los  documentos  presentados en  apoyo  de  la  solicitud  de  extradición  lo  fueron  recurriendo  a  la  vía  diplomática  y  cumpliendo  las  exigencias legales, por lo que son formalmente  válidos   y   satisfacen   los  requisitos  establecidos  por  el  ordenamiento  jurídico,  dado  que  no  solo  contienen la información legalmente requerida,  sino   que  respecto  de  la  misma  se  surtió  el  trámite  inherente  a  su  autenticidad.   

Igual  acontece  con  la demostración de la  plena  identidad del requerido, habida cuenta que en los documentos que soportan  la  solicitud  de  extradición  se  precisó  que  éste  responde al nombre de  ENRIQUE  OYOLA ROPERO, que es  ciudadano  colombiano,  titular  de  la  cédula  de ciudadanía N° 85.450.575,  nacido  el  25  de  mayo de 1966 en Santa Marta, Magdalena, datos que igualmente  corresponden  a la persona capturada por orden del Fiscal General de la Nación,  de  acuerdo  con  los  documentos que dan cuenta de su aprehensión.     

En   punto   al   principio  de  la  doble  incriminación    precisa    que    el    cargo    atribuido    a   ENRIQUE  OYOLA  ROPERO y otras personas por  el  Gran  Jurado  para la Corte del Distrito de Columbia en la acusación 05-342  (RCL),  se concreta a un delito de concierto para fabricar y distribuir cocaína  en  los  Estados  Unidos,  comportamiento  que al compararse con la legislación  penal  colombiana,  encuentra  adecuación  típica  en los artículos 376 y 340  modificado  por  la  Ley  733  de 2002 que en su orden corresponden al tráfico,  fabricación   o  porte  de  estupefacientes  y  al  concierto  para  delinquir.  Circunstancia  que  lleva  a  concluir  que  se cumple con el principio de doble  incriminación,  además  del  atinente  al mínimo de pena exigido, en razón a  que  ambos  conductas  están  sancionadas  con  penas  de prisión superiores a  cuatro años.   

Por  otra parte, la providencia proferida en  el  extranjero  se asimila en su carácter formal a la resolución de acusación  de  nuestro  sistema  procesal en la medida que refiere en detalle las conductas  atribuidas  al  requerido, señala las normas a las que se adecua en ese país y  determina  la  persona en quien recae el compromiso penal; además el propósito  de  esta  decisión  es  dar  lugar  a  la  etapa del juicio, cometido que en la  legislación nacional cumple la resolución de acusación.   

Con  base  en  lo  anterior,  el  Procurador  Delegado  estima  que  resulta  viable  conceptuar  de manera favorable sobre la  petición    de   extradición   de   ENRIQUE   OYOLA  ROPERO,  presentada por las autoridades de los Estados  Unidos,  por el cargo que le  atribuye la Corte Distrital para el Distrito de Columbia.   

          Por  último advierte que de emitir la Corte concepto favorable a la  extradición  y  de  concederla  el Gobierno nacional, se requiera a los Estados  Unidos  de  América  a  que se comprometa a que el solicitado no sea sometido a  juicio  por  delitos  diversos  de  los  que  motivaron  la  petición, a tratos  crueles,  inhumanos o degradantes, ni a desaparición forzada, tortura o a penas  de  destierro,  prisión  perpetua  o  confiscación,  ni  a  la pena de muerte,  medidas contrarias a los postulados de la Constitución Política.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          Aspectos Generales.   

Como   reiteradamente   ha   precisado  la  jurisprudencia   de   la   Corte,  su  competencia  dentro  de  un  trámite  de  extradición  se circunscribe a la emisión del concepto sobre la procedencia de  entregar  o  no  a  la persona solicitada por otro país, luego de verificar las  exigencias  dispuestas  por  el  legislador (artículos 493, 495 y 502 de la Ley  906  de  204),  teniendo  en  cuenta  para  ello,  además  y primordialmente la  previsión  constitucional  contenida  en  el  inciso 2º del artículo 35 de la  Carta  Política  que  autoriza  la  extradición  de colombianos por nacimiento  cuando  son  reclamados  por  delitos  distintos  de  los conocidos como delitos  políticos,  que  hayan  sido  cometidos  en  el  exterior,  siempre  que  tales  comportamientos  también  estén  contemplados  como  conductas  punibles en la  legislación  penal  interna y que la comisión de los mismos sea posterior a la  fecha  de  promulgación  del  Acto Legislativo No. 1 de 1997, esto es, al 17 de  diciembre de tal anualidad.   

Dado que según lo expresó el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  dentro  de  este  diligenciamiento, no existe tratado de  extradición  vigente  entre  Colombia  y  los  Estados  Unidos  de América, el  trámite  de  la  solicitud  de extradición y el concepto que como culminación  del  mismo  debe  emitirse,  se  surtirá  y  emitirá  de  conformidad  con las  exigencias     señaladas    en    el    Código    de    Procedimiento    Penal  Colombiano.   

Por  tanto, en el momento actual corresponde  realizar  el análisis previo a la emisión del concepto, según lo precisado en  el  artículo  502  del  referido  ordenamiento,  sobre los siguientes puntuales  aspectos:   validez   formal  de  la  documentación  allegada  por  el  país  requirente;  demostración plena de la identidad de la  persona  solicitada;  concurrencia  del  principio  de  la doble incriminación,  según  el  cual  “el  hecho que motiva”    la    solicitud    también   debe   estar   “previsto    como  delito  en  Colombia  y  reprimido  con  una  sanción  privativa  de  la  libertad  cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4)  años”;  y  acreditación  de  la  “equivalencia     de     la     providencia    proferida    en    el  extranjero”  con  la  acusación propia del sistema  procesal colombiano.   

          Pues   bien,  en  relación  con  cada  uno  de  tales  aspectos  se  tiene:   

          1.        Validez formal de la documentación.   

          Según  lo  establece  el artículo 495 del estatuto procesal penal,  la  solicitud  de extradición debe efectuarse por vía diplomática y de manera  excepcional  por  la  consular  o  de  gobierno  a  gobierno,  adjuntando  copia  auténtica  del  fallo  o  de  la  acusación  proferida  en  el extranjero, con  indicación  de  los  actos  que  determinan la petición, así como del lugar y  fecha  en  que  fueron ejecutados, los datos que permitan identificar plenamente  al  reclamado  y  copia  auténtica  de  las disposiciones penales aplicables al  caso;  documentos  que  deben  ser  expedidos  en  la  forma  establecida por la  legislación  del  país  reclamante  y  traducida  al  castellano,  si fuere el  caso.   

A  su  vez,  el artículo 259 del Código de  Procedimiento  Civil,  modificado  por  el  Decreto  2282 de 1989, dispone en el  numeral  118  de  su  artículo 1º que los documentos públicos otorgados en un  país  extranjero  por  uno de sus funcionarios o con su intervención, deberán  presentarse  debidamente autenticados por el cónsul o agente diplomático de la  República  y, en su defecto, por el de una nación amiga, lo cual hace presumir  que se otorgaron de acuerdo con la ley del respectivo país.   

La firma del cónsul o agente diplomático se  abonará  por  el  Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y si se trata  de  agente  consular  de  un  país  amigo,  se  autenticará previamente por el  funcionario  competente  del  mismo  y  los  de éste por el Cónsul Colombiano,  disposición   aplicable  al  caso  en  virtud  del  principio  de  integración  normativa  previsto en el artículo 25 y el inciso último del artículo 515 del  estatuto procesal penal.   

          Los   mencionados   requisitos   legales,  sin  lugar  a  dudas,  se  encuentran   orientados   a  exigir  que  como  sustento  de  una  solicitud  de  extradición,  el  Estado  requirente  debe  remitir  en  todos  los casos y sin  excepción  alguna,  los soportes de la misma pero no de manera simple, sino con  el lleno de las referidas exigencias formales.   

          Advertido  lo  anterior,  se  observa que el Gobierno de los Estados  Unidos  de América solicita por vía diplomática la extradición del ciudadano  colombiano    ENRIQUE    OYOLA    ROPERO  a  través de su Embajada en Colombia y que para tal efecto anexó  copia    de    la    resolución    de    acusación    No.    05   – 342 (RCL) de 30 de septiembre de 2004  sustituida  en  abril  18  de  2006,  dictada  por  el Gran Jurado ante la Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para el Distrito de Columbia, en la cual se  relaciona  la  conducta  objeto de censura, así como los lugares y fechas de su  ocurrencia.   

          También  allegó copia de la orden de arresto expedida en contra de  ENRIQUE  OYOLA ROPERO, por la  Corte  para  el  Distrito  de Columbia el 13 de abril de 2006, para que responda  por  los  cargos  que  el  Gran  Jurado  le  atribuyó en la acusación aludida.   

Fueron  aportadas las declaraciones juradas  de  PATRICK  H. HEARN, Fiscal  de  Tribunales de la Sección de Narcóticos y drogas peligrosas División de lo  Penal  del  Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a través de la cual  realiza   una  presentación  de  los  procedimientos  policiales  y  judiciales  efectuados,  así  como  del  compromiso de responsabilidad del solicitado, y de  ROBERT       ZACHARIASIEWICZ,       Agente  Especial  de la Administración Antinarcóticos (DEA) de los  Estados   Unidos,   responsable   de  las  averiguaciones  que  determinaron  la  acusación  presentada  por  la  Corte  para  el  Distrito de Columbia contra el  requerido  en  extradición,  quien  además  de confirmar los pormenores de los  cargos,  especificó  los  datos  de  identidad  del acusado y las disposiciones  normativas aplicables al caso.   

         

Los   referidos   documentos   obran   en  traducción  al  castellano certificada y autenticada conforme a la legislación  propia  del  Estado  requirente,  cuentan  con la certificación de autenticidad  expedida  por JASON E. CARTER,  Director  Adjunto de la Oficina de Asuntos Internacionales de la División de lo  Penal  del  Departamento  de Justicia de los Estados Unidos, quien es reconocido  en   tal   condición   por   el   Procurador   del  mismo  país,  ALBERTO R. GONZALES.   

         Se  adujeron sendas certificaciones sobre la referida documentación  suscritas     por    CONDOLEEZZA    RICE,  Secretaria  de  Estado  de los Estados Unidos y    PATRICK   O   HATCHETT,   Auxiliar  de  Autenticaciones  del  Departamento de Estado, cuya firma fue formalizada ante la  Cónsul de Colombia en Washington D.C.   

         A  partir  entonces  de  tales  documentos,  es  claro que el primer  requisito  exigido  por  el  artículo  502  de  la Ley 906 de 2004 se encuentra  suficientemente acreditado.   

2.           Demostración  plena de la identidad del  solicitado.   

         

La  anunciada  exigencia,  cuya evaluación  debe  efectuar  la  Sala  en  el  concepto  que  le corresponde emitir, apunta a  establecer   que  la  persona  procesada  (acusada  o  condenada)  en  el  país  reclamante,  es  la  misma  sometida  al  trámite de extradición, sin que ello  implique  determinar  su  verdadera  identidad, pues para tenerlo por acreditado  suficiente  resulta  que  exista  plena  coincidencia  entre una y otra de tales  personas.   

Sobre  el  particular  se tiene que el Gran  Jurado  convocado por la Corte para el Distrito de Columbia acusa a ENRIQUE  OYOLA ROPERO;  la  orden  de  arresto fue librada en contra del mismo y en la Nota Verbal 1855 de agosto 2  de  2006,  remitida tiempo antes de que se produjera su captura, así como en la  Nota  Verbal número 2592 de octubre 13 de la misma anualidad, por cuyo medio se  formaliza  la  solicitud  de  extradición,  se  indican  el  referido  nombre y  apellido   del   reclamado   y   se   precisa  que  el  solicitado  “  es  ciudadano  de  Colombia,  nacido  el  25  de  mayo de 1966,  portador de la cédula de ciudadanía N° 85.450.575”.   

La  persona  capturada por orden del Fiscal  General   de   la   Nación  con  fines  de  extradición  se  identificó  como  ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  con  cédula  de  ciudadanía  número 85.450.575 y así se ha notificado de diversas  decisiones  adoptadas  en el marco de este trámite, en el que además otorgó a  su  defensor  poder  para  representarlo,  en  escrito  signado con tal nombre e  identificación.   

De lo expuesto puede concluirse que en punto  de  la  plena  identidad  del ciudadano colombiano solicitado en extradición no  existe  dubitación  alguna,  en  tanto  que  con  los  mismos datos con que fue  solicitado  se  ha  identificado  y  firmado en repetidas oportunidades, sin que  tampoco   haya   elevado   ningún   cuestionamiento   sobre   este   particular  aspecto.   

         De  conformidad  con  lo  anterior,  estima  la  Sala  satisfecha la  exigencia     legal    de    la    plena    identidad    del    solicitado    en  extradición.   

         

3.               Principio     de     la     doble  incriminación.   

En  el análisis de la operatividad de este  principio  debe  la  Sala  establecer  si  los comportamientos delictivos que se  imputan  al  requerido  en  el  país  solicitante  tienen  en Colombia la misma  naturaleza,  esto  es, que también sean considerados como conductas ilícitas y  que,  además,  tengan  señalada  como  sanción una pena mínima no inferior a  cuatro (4) años de prisión.   

Dado  que  se  trata  de  un  mecanismo  de  cooperación  internacional,  el  mencionado cotejo debe adelantarse con base en  los  preceptos  internos  vigentes  para el momento en que se rinda el concepto,  motivo  por  el  cual  resulta  improcedente  la  aplicación  del  principio de  favorabilidad  con  ocasión  del tránsito legislativo, en cuanto los preceptos  del  país  requerido  no  son  objeto  de  aplicación  por  parte  del  Estado  reclamante1.   

ENRIQUE   OYOLA  ROPERO   es  solicitado  para  dar respuesta a la resolución de acusación  No.   05  –  0342  (RCL),  dictada  por  el  Gran Jurado ante la Corte Distrital de los Estados Unidos para  el  Distrito  de Columbia el 30 de septiembre de 2004, sustituida el 18 de abril  de  2006,  en  la que se le atribuyen conforme la Nota Verbal 2592 de octubre 13  de  2006,  cargos  de concierto para cometer delitos federales de narcotráfico,  señalados  en  la  acusación  en  los  términos que se dejaron transcritos al  inicio del concepto.   

Las  normas  que  consideran  violadas  las  autoridades  de  ese  país,  de  acuerdo  con el cargo primero formulado por la  Corte  para  el  Distrito de Columbia corresponden al Título 21, Secciones 959,  960   y   963   y   Título   18,   Sección   2  del  Código  de  los  Estados  Unidos.   

         

Disposiciones legales que de acuerdo con los  documentos allegados, tienen el siguiente contenido:   

         

“Título 21, Sección 959  

             Posesión,    fabricación   o   distribución   de   sustancias  controladas   

(a)Fabricación o distribución con fines de  importación ilícita.   

Será ilegal que cualquier persona fabrique  o  distribuya  una  sustancia  controlada  de  la  Tabla  I  o  II …(1) Con la  intención  de  que  esa  sustancia o ese químico sea importado ilícitamente a  los  Estados  Unidos  o  a  las aguas dentro de las 12 millas de la costa de los  Estados  Unidos;  o  (2)  con  conocimiento  de que esa sustancia o ese químico  será  importado  ilícitamente a los Estados Unidos o a las aguas dentro de las  12 millas de la costa de los Estados Unidos.   

Título 21, Sección 960  

         Actos Prohibidos   

                       (a)Actos  Ilícitos   

El  que-  (1) en violación a las Secciones  952,  953, o 957 de este título, con conocimiento de causa o intencionadamente,  importe  o  exporte  una  sustancia controlada, (2) en violación de la Sección  955  de este título, con conocimiento de causa o intencionadamente trae o posea  a  bordo  de  una  embarcación,  aeronave o vehículo una sustancia controlada,  o   (3)  en  violación de la Sección 959 de este título, fabrique, posea  con  intenciones  de  distribuir,  o  distribuya una sustancia controlada, será  castigado   de   acuerdo   con  lo  previsto  en  la  subsección  (b)  de  esta  sección.   

                    

(b)  Las  penas.  (1)  En  el  caso  de una  violación  a  la  subsección  (a)  de  esta  sección,  que  trata de— (B) 5  kilogramos  o  más  de  una  mezcla  o  sustancia  que  contenga  una  cantidad  perceptible  de:  …  (ii)  cocaína,  sus  sales,  sus  isómeros  ópticos  y  geométricos,   y  las  sales  de  los  isómeros  ópticos;  ***(iv)  cualquier  compuesto,  mezcla o preparado que contenga alguna cantidad de cualquiera de los  incisos (i) a (iii).   

***  el  que cometa tal violación a la ley  será  castigado  con  la  pena  de  prisión por un término de cuando menos 10  años   y no mayor que la cadena perpetua ***, con una multa que no deberá  exceder  de  lo  autorizado  en  el  título  18  o  US $ 4,000.000 si el reo es  individuo***, o con ambas penas.   

         Título 21, Sección 963   

         Tentativa y asociación ilícita   

El  que  intente o concierte para perpetrar  cualquier  delito  definido  en este subcapítulo será castigado con las mismas  penas  que  se  prevén  para  el  delito  cuya  comisión era el objetivo de la  tentativa o el concierto.   

Título 18, Sección 2  

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         (a)  El  que  cometa  un  delito  en  contra de los Estados Unidos o  apoye,  instigue,  aconseje,  ordene,  induzca  o  logre su  perpetración,  será castigado en calidad de autor.   

         (b)  El  que  intencionadamente cause que se lleve a cabo un acto el  cual,  si él u otro lo realizara directamente sería un delito en contra de los  Estados Unidos, será castigado en calidad de autor”.   

Las  anteriores conductas por las cuales se  acusó    a   ENRIQUE   OYOLA   ROPERO   se  encuentran  tipificadas  en  el  Código Penal Colombiano, de la  siguiente manera:   

Artículo  340  de  la  Ley  599  de  2000,  modificado  por  los artículos 8° de la Ley 733 de 2002 y 19 de la Ley 1121 de  2006:   

“Concierto  para delinquir. Cuando varias  personas  se  concierten  con el fin de cometer delitos, cada una de ellas será  penada,  por  esa  sola  conducta,  con  prisión  de  cuatro  (4)  a  nueve (9)  años.   

Cuando   el  concierto   sea   para  cometer  delitos  de…  tráfico  de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas (…) la pena será de prisión de  ocho  (8)  a  dieciocho  (18) años y multa de dos mil setecientos (2.700) hasta  treinta   mil   (30.000)   salarios   mínimos   legales   mensuales”.   

Artículo   376   de   la   Ley   599  de  2000,  modificado  por  el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

“Tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.  El  que  sin  permiso de autoridad  competente,  salvo  lo  dispuesto  sobre  dosis para uso personal, introduzca al  país,  así  sea  en  tránsito  o  saque  de  él,  transporte, lleve consigo,  almacene,  conserve,  elabore, venda, ofrezca, adquiera, financie o suministre a  cualquier  título droga que produzca dependencia incurrirá en prisión de ocho  (8)  a  veinte  (20)  años  y  multa  de  mil  (1.000) a cincuenta mil (50.000)  salarios mínimos legales mensuales”.   

Así  las  cosas,  al  cotejar  las  normas  invocadas  por  Estados  Unidos  como  país  requirente  con  las disposiciones  internas  de Colombia, fácilmente se advierte que la conducta de Concierto para  delinquir,  agravada  por  la  naturaleza  de  los  actos,  en este caso delitos  relacionados  con  el  narcotráfico,  al  igual que el Tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes,  se  encuentran  penalizadas  tanto allí como acá.   

Adicional a lo anterior, se observa que los  comportamientos  por  los  cuales  fue  acusado ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  por parte del Gran Jurado ante la Corte  del  Distrito de Columbia, se encuentran sancionados en la legislación punitiva  de  Colombia  con  pena  privativa  de  la libertad superior a cuatro (4) años.   

En  suma,  estima  la Sala que se encuentra  satisfecha  la  exigencia  de  la  doble  incriminación,  dado que, además, la  mencionada    conducta    no    corresponde    a   delitos   políticos   o   de  opinión.   

En  cuanto  se  refiere a que la acusación  también  incluyen  sanciones  de  decomiso de conformidad con las disposiciones  legales  del  país requirente, las cuales buscan concretar esa medida sobre los  bienes  adquiridos  con ingresos obtenidos como resultado de la comisión de los  anteriores  delitos  y  si  dichos  bienes no estuvieren disponibles sobre otros  bienes  del  acusado,  preciso  es  señalar  que  dicha  mención  no puede ser  entendida en estricto sentido como un cargo.   

En  efecto,  como  ya ha tenido ocasión de  expresarlo  esta  Corporación en situación similar2,  el  señalamiento de la pena  de  decomiso  no  comporta  imputación  alguna, sino a lo sumo el anuncio de la  consecuencia   patrimonial   que  la  declaratoria  de  responsabilidad  acarrea  respecto  de  los bienes involucrados en los delitos por cuya comisión se acusa  al  requerido, tema ajeno a la solicitud de extradición y que, por tanto, no se  encuentra  comprendido  dentro  de  la  temática  de  la  cual debe ocuparse el  concepto que corresponde emitir a la Sala.   

4.           Equivalencia de la providencia proferida  en el extranjero con la acusación del sistema procesal colombiano.   

Al  respecto, compete a la Sala señalar en  el  concepto  si  el  acto  judicial  por  cuyo  medio  se acusa al reclamado en  extradición  en  el  Estado  requirente  es  equivalente  a  la  resolución de  acusación propia del sistema procesal colombiano.   

Según  se ha señalado en forma reiterada,  no  se  trata  de  una  identidad  entre  ambas  decisiones  judiciales, pues lo  importante  es  establecer  que  con  ellas  se  abre el paso al juicio donde se  debatirá  la  acusación,  que en tal pieza procesal aparezca un relato sucinto  del  comportamiento  imputado  con  especificación  de  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  y  su  calificación  jurídica, con el correspondiente  señalamiento de los preceptos aplicables.   

Como  sin  dificultad  puede observarse, es  evidente  que  la  acusación  N°  05-342  (RCL)  dictada  contra  ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  por el Gran Jurado  convocado,  por  la  Corte  Distrital  de los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia,  al  igual  que  ocurre  con  la demanda acusatoria en el ordenamiento  interno  colombiano,  marca  el comienzo del juicio, en el cual el acusado tiene  la  oportunidad  de  controvertir  las pruebas y los cargos por los cuales se le  acusa.   

Además,   según   la   documentación  debidamente  aportada  por  vía  diplomática,  autenticada  y  traducida,  las  acusaciones  señalan  los  cargos  imputados  y  las  disposiciones  del  país  requirente  que  se  estimaron  violadas;  también  aparecen  relacionados  los  lugares  de  ocurrencia  de  los comportamientos (costa  norte  de  Colombia,  Centro  América  y  México,  desde  donde  se  fabricó,  transportó,  distribuyó  o intentó distribuir cocaína con el conocimiento de  que  sería  importada  o  distribuida  en   los Estados Unidos),  y  su época (comenzando el 28 de abril  de  2005  y  hasta  la  fecha  de  presentación  de  la acusación),  así como el nombre del acusado, ENRIQUE  OYOLA  ROPERO  y  los  datos  que  permiten  su  plena  identificación.   

También  se  allegaron  las  declaraciones  juradas  de  PATRICK H. HEARN,  Fiscal  de  Tribunales  de  la  Sección  de  narcóticos  y  drogas peligrosas,  División  Penal  del  Departamento  de  Justicia  de  los  Estados  Unidos y de  ROBERT       ZACHARIASIEWICZ,       Agente   Especial   de  la  Administración  Antinarcóticos  (DEA),  declaraciones   que   apoyan   la   actuación   y  señalan  el  compromiso  de  responsabilidad  del  requerido,  luego  es  evidente  la  equivalencia entre la  acusación  emitida por el Gran Jurado ante la Corte del Distrito de Columbia, y  la  establecida  en  nuestro  sistema;  obviamente, se trata de una equivalencia  material y no de identidad de formas.   

         Por   tanto,   estima  la  Sala  que  esta  exigencia  se  encuentra  acreditada,  pues las acusaciones del Gran Jurado que acompañan la petición de  extradición,  son equivalentes a la acusación de que tratan los artículos 336  y 337 de la Ley 906 de 2004.   

De conformidad con lo expuesto, coincidiendo  con  las consideraciones del Procurador Cuarto Delegado para la Casación Penal,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL emite CONCEPTO FAVORABLE  a   la   solicitud   de   extradición  del  ciudadano  colombiano  ENRIQUE  OYOLA  ROPERO,  formulada  por el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América a través de su Embajada en Bogotá  para  que  responda  por  el  cargo  uno  consignado  en  la  acusación  No. 05  – 342 (RCL) dictada por el  Gran  Jurado  ante  la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito de  Columbia,  de  fecha  30  de  septiembre  de  2004  sustituida  en  abril  18 de  2006.   

Ahora   bien,   corresponde  al  Gobierno  Nacional,  como  lo acota el colaborador del Ministerio Público, condicionar la  entrega  a  que  el  extraditado  no  vaya  a ser condenado a pena de muerte, ni  juzgado  por  hechos  diversos a los que motivaron la solicitud de extradición,  ni  por  sucesos  anteriores  a  la  fecha indicada, ni sometido a desaparición  forzada,  torturas,  tratos  o  penas  crueles, inhumanos o degradantes, ni a la  sanción  de  destierro, cadena perpetua o confiscación, conforme lo establecen  los artículos 11, 12 y 34 de la Carta Política.   

Adicional  a  lo  anterior,  corresponde al  Gobierno  Nacional  exigir  al  país  reclamante  que  en  caso  de un fallo de  condena,  tenga  en  cuenta el tiempo que ENRIQUE OYOLA  ROPERO  ha  permanecido  privado  de  su  libertad con  ocasión de este trámite.   

La  Sala  ha de indicar que en virtud de lo  dispuesto  por  el  numeral 2º del artículo 189 de la Constitución Política,  le  compete  al  Gobierno,  encabezado  por  el  señor  Presidente como supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales, realizar  el  respectivo  seguimiento  a  los  condicionamientos  que  se  impongan  a  la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

Comuníquese por Secretaría de la Sala esta  determinación    al    requerido    ENRIQUE   OYOLA  ROPERO,  a  su defensor, al Procurador Cuarto Delegado  para  la  Casación  Penal y al Fiscal General de la Nación para lo de su cargo  con     relación     al     detenido     preventivamente     con    fines    de  extradición.   

Devuélvase la actuación al Ministerio del  Interior   y   de    Justicia   para   los   trámites   subsiguientes   de  ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración    de    voto                                                                                           Permiso   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                              JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes3 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”4   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce5,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Cfr.  Concepto del 22 de julio de 2004. Rad. 22206, entre otros.   

2  Concepto del 8 de junio de 2005. Rad. 23293.   

3 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

4  Sentencia C-1106/00.   

5 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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