26199(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26199  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 69  

Bogotá,  D.C,  nueve  de  mayo  de  dos mil  siete.   

V    I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  MIGUEL  HUMBERTO GALÁN BALAGUERA, contra la sentencia de segundo grado de fecha  31  de  mayo  del  año  anterior,  por  cuyo medio el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  San  Gil,  confirmó  el  fallo  proferido  por el Juzgado Segundo  Promiscuo  Municipal  de  dicha localidad, condenando al procesado en cita, tras  hallarlo  responsable  del  delito  de  lesiones personales dolosas, a las penas  principales  de  24 meses de prisión y cinco mil pesos de multa, a la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por  igual  lapso,  y  a  cancelar  por concepto de perjuicios materiales, la suma de  $16’345.545.40 y por daños  morales  el  equivalente  a  63.43 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  con  lo  cual  se  apartó  de  la  condena  inicial,  señalada  en  300 gramos  oro.   

ANTECEDENTES  

De  acuerdo  con los hechos reseñados en la  sentencia,  en  horas  de  la  madrugada del 26 de noviembre de 1999, Juan Pablo  Abril  Romero  caminaba en compañía de Néstor Iván Gutiérrez, por el sector  de  Los  Olivos  del  municipio  de San Gil, cuando, rozándolos, pasó cerca de  ellos  Miguel  Humberto Galán Balaguera, quien conducía el vehículo automotor  de  placa  BUL  085,  lo que propició el reclamo airado de los primeros, razón  por  la  cual  el  conductor,  deliberadamente  giró el vehículo y lo dirigió  hacia  los  peatones, arrollando a Abril Romero, quien, por obra de las lesiones  padecidas,  sufrió  incapacidad  definitiva  de  45  días y secuela permanente  consistente     en     perturbación     funcional    del    miembro    inferior  derecho.   

          El  mérito  del  sumario  fue  calificado  por la Fiscalía Primera  Local  de  San Gil, mediante resolución del 19 de febrero de 2003, en la que se  acusó  a  MIGUEL  HUMBERTO  GALÁN  BALAGUERA  como  presunto autor de lesiones  personales  dolosas.  Dicho  proveído fue confirmado por el superior funcional,  el 7 de mayo de igual año.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  de  MIGUEL  HUMBERTO  GALÁN  BALAGUERA  aclara que la  demanda  de  casación penal se encuadra en el presupuesto de la excepcionalidad  “para  garantizar  los  derechos fundamentales del acriminado, consistentes en  lograr  la  efectividad  o  reconocimiento  de las garantías constitucionales y  derechos  fundamentales  del  DEBIDO PROCESO y DERECHO DE DEFENSA”, vulnerados  por  la  sentencia  acusada,  ya  que  modificó en forma gravosa la condena por  daños  morales  que  inicialmente  fue  fijada por el A quo, en 300 gramos oro,  pero   que   incrementó   a   63.43   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

          Agrega  que el fallo atacado acusa errores de juicio y actividad, lo  cual  exige  un  debate  in  iure  de  su  legalidad,  para reconstruir el orden  jurídico    alterado.    Son    cuatro    los    cargos    que    postula    el  demandante:   

          Cargo primero:   

          Amparado  en  la  causal tercera del artículo 270 (sic) del Código  de   Procedimiento   Penal,   determina   la   “violación  directa  de  norma  sustancial”  por  error  de  hecho,  debido  al desconocimiento del derecho de  defensa,  al  no decretarse la nulidad originada por haberse coartado la defensa  material en audiencia de juzgamiento.   

          En  efecto,  señala  que  el  Ad  quem,  al  confirmar la sentencia  recurrida  en  apelación,  incurrió  en un error de garantía al convalidar la  actuación  del  A  quo,  que en audiencia de juzgamiento, coartó la actuación  del  vocero,  impidiéndole  presentar  la  argumentación  defensiva  de  orden  material.  Para  sustentarlo, transcribe apartes del acta de audiencia pública,  en  la  que  el  vocero anuncia que antes de “reefectuar” sus planteamientos  defensivos,  advertía “error en la variación de la calificación del mérito  del  sumario”,  lo que genera nulidad por violación a los derechos de defensa  y debido proceso.   

          Manifiesta  que tal afirmación, permitía inferir que la nulidad no  era  el  argumento central defensivo de la vocería, sino una pretensión previa  que  fue  despachada  desfavorablemente  y  por  tal  motivo la Jueza de primera  instancia  dispuso que la misma se tuviera como argumentación defensiva para su  poderdante,  por  lo  cual  dispuso  continuar  con  el  desarrollo  del debate,  concediéndole  el  uso de la palabra al defensor, lo que considera abiertamente  violatorio  de los derechos constitucionales y procesales del sindicado, máxime  que   el   Ad  quem  ni  siquiera  se  tomó  la  molestia  de  referirse  a  la  argumentación formulada en el escrito de apelación.   

          Apoyado   en   citas   jurisprudenciales,  el  demandante  considera  vulnerados  los  derechos constitucionales previstos en los artículos 2°, 13 y  29  de  la  Carta Política, los procesales contenidos en los artículos 6° del  Código  Penal  y  6°,  8°  y  10  del  Código  de Procedimiento Penal, y los  consagrados en los instrumentos internacionales.   

          Solicita  que  para  el  restablecimiento de garantías por error de  hecho  del  Ad  quem, al convalidar el fallo de primera instancia, se decrete la  invalidación,  anulación  o  revocación  de la sentencia demandada en sede de  casación,    para    retrotraer    la    actuación    a    la   audiencia   de  juzgamiento.   

          Cargo segundo:   

          “Violación  directa  de  norma sustancial”, por error de hecho,  debido  al  desconocimiento  del  debido proceso, al no decretar nulidad alegada  originada  en  la  transgresión  al  derecho  de defensa, es el siguiente cargo  invocado,  de  nuevo  con fundamento en la causal tercera del art. 270 (sic) del  Código de Procedimiento Penal.   

          Sostiene  el  recurrente,  que el error de hecho en que incurrió el  Ad  quem,  al  confirmar  la sentencia apelada, cristaliza un error “in    judicando”,   toda   vez   que  convalidó   actuaciones   de   hecho   del  A  quo,  pues  coartó  el  derecho  constitucional  del  procesado a un juicio sujeto a normas preestablecidas y con  la  observancia  de  todas  las  formalidades  y requisitos legales de un juicio  penal.   

          A  renglón seguido, aduce que el derecho al debido proceso se halla  directa  y  estrechamente vinculado al principio de legalidad, lo que conduce al  respeto  de todos los procedimientos legales, en aras de garantizar los derechos  del  sindicado,  desconocidos  en  éste  evento,  ya  que  no  se  le permitió  ejercitar  defensa material por medio de su vocero, ni se tuvieron en cuenta los  motivos  y razones expuestos en la apelación del fallo, que hicieron referencia  a  la  revocatoria  de  la  sentencia  de  primer  grado, por nulidad sustancial  generada  en  la  afectación  al  debido  proceso,  ya  que  a  pesar de que la  juzgadora  fue  advertida  por  el  vocero,  sobre  el error en la denominación  jurídica  del  punible  contenida  en  la  calificación  del mérito sumarial,  omitió  darle trámite oficioso de solicitar a la fiscalía la variación de la  calificación;  además,  incurrió  en  error de hecho al negar el trámite del  recurso  de apelación promovido por el vocero, contra aquélla decisión, y por  la   incongruencia   entre   “la  conducta  punible  probada  como  causada  o  cometida”   y   el   tipo   penal   por   el   que  se  emitió  decisión  de  condena.   

          Afirma   el  casacionista  que  la  solicitud  formal  para  que  la  juzgadora  oficiosamente  instara  a  la  fiscalía  sobre  la  variación de la  calificación,  la hizo con base en el numeral 2° del artículo 404 del Código  de  Procedimiento  Penal, teniendo en cuenta que al procesado en la indagatoria,  se  le  formuló  cargo  por  el delito de lesiones personales culposas, pero el  ente  instructor  lo  modificó  por  el  de  lesiones  personales dolosas en la  resolución  de  acusación, sin que existiese prueba adicional o sobreviniente;  agrega  que  no  obstante  lo  anterior, la jueza resolvió desfavorablemente la  petición  y  de  haber  dado  curso  a  la  misma,  la fiscalía habría podido  acogerla  o  apartarse,  con  lo que sencillamente se hubiese obrado en derecho,  pero   al  omitirlo,  contaminó  el  principio  rector  de  legalidad,  lo  que  constituye vulneración tajante del debido proceso.   

          Como  si lo anterior fuera poco, dice que al negar la concesión del  recurso  de  apelación  que  debidamente  facultado  interpuso  el  vocero,  en  ejercicio  de  la defensa material, frente a su decisión de no solicitarle a la  fiscalía   la  variación  de  la  calificación,  la  A  quo,  que  volvió  a  equivocarse  al  facilitar el traslado sin la previa sustentación, incurrió en  actuación  irregular,  arbitraria  e ilegal, que debió ser subsanada por al Ad  quem,  mediante la revocatoria de la sentencia, para retrotraer la actuación al  momento  de  la  calificación  del  mérito sumarial, por el delito de lesiones  personales  dolosas, o en su defecto, a la audiencia de juzgamiento, para que se  hiciera la denegada solicitud a la fiscalía.   

          Manifiesta  que  los  errores  de  hecho enunciados y desarrollados,  necesariamente  conducen  a  que  se haya vulnerado el debido proceso, de suerte  que  la convalidación por parte de la segunda instancia, la hace inmersa en los  mismos  yerros,  en  detrimento  de  las garantías fundamentales del sindicado,  quien   fue   condenado   sin   haber   sido   juzgado   conforme  a  las  leyes  preexistentes.   

Como normas violadas cita los artículos 2°,  13  y 29 de la Carta Política, 6º del Código Penal, 6º y 10° del Código de  Procedimiento     Penal,     y     las     consagradas     en    los    tratados  internacionales.   

          Para  finalizar,  pide  que al momento de decretar la invalidación,  anulación  o  revocación  de  la  sentencia demandada en sede de casación, se  ordene  retrotraer  la  actuación  a  la audiencia de juzgamiento, en la que se  garanticen todos los derechos del procesado.   

          Cargo tercero:   

          Con  apoyo  en la causal primera del artículo 270 (sic) del Código  de   Procedimiento   Penal,   fundamenta   “violación   indirecta   de  norma  sustancial”,  por  error de hecho ante la falsa apreciación de la prueba para  mantener  la  condena  por  daños  materiales  no  demostrados  ni  probada  su  cuantía.   

          Expone  el  demandante  que el Ad quem, al confirmar la sentencia de  primera  instancia,  incurrió  en error de hecho por falso juicio de existencia  de  la  prueba  que  eventualmente  hubiese  demostrado  la  causación  y  real  ocurrencia  de  los  daños  materiales  allí  reconocidos; afirma que en claro  desconocimiento  de  lo  establecido en los artículos 97 del Código Penal y 56  de  la  Ley  600  de  2000, se despachó desfavorablemente su vertical ataque al  fallo,   pues  consideró  que  el  lesionado  no  sufrió  perjuicio  de  orden  patrimonial  alguno,  o  por lo menos, la parte civil no acreditó la magnitud o  cuantificación  de  dicho  daño,  de  allí  que  debió  revocarse el numeral  tercero del proveído apelado.   

          Indica  que  ni  la  parte  civil  ni oficiosamente la juzgadora, se  tomaron  la  molestia  de  demostrar  la  ocurrencia  y  cuantificación  real y  soportada  de  los  daños  patrimoniales,  ya  que  “simplonamente”  se dio  crédito  a  valoración mediante prueba pericial, la que no obstante haber sido  objetada,  los  peritos  designados  en  el  trámite  incidental, al graduar el  monto,  incurrieron  en  las  mismas  falencias,  ya  que  determinaron el lucro  cesante    en    probabilidades   de   ingresos   del   lesionado,   prolongaron  caprichosamente  a  ciento  treinta  los  días  de  incapacidad,  pese a que se  demostró  que  el  afectado  reingresó  al  Ejército  a  los cincuenta días;  también  en  forma  caprichosa  establecieron una pérdida laboral del 30%, sin  recurrir  al  diagnóstico  de  la junta regional de calificación de invalidez,  apoyados   en   una  confusa,  antitécnica  y  no  probada  valoración  de  la  perturbación  funcional  del  órgano  de locomoción, que denominaron “daño  biológico”;  y  porque  dedujeron inexactamente el monto de valoración de la  referida    secuela    lo    que    arrojó    una   suma   de   $16’345.545.50.   

          Enuncia  a  continuación  lo  que a su modo de ver, debe tenerse en  cuenta  para  la  determinación  del  daño  emergente y el lucro cesante, para  sostener  que  las conclusiones de los peritos están viciadas por error grave y  que  el  Ad quem, por no haber tenido en cuenta sus argumentos sobre el tópico,  incurrió  en  error de hecho por falso juicio de existencia, al suponer pruebas  que  no  aparecen dentro del expediente para mantener incólume la sentencia, ya  que  desconoció  el  criterio  unificado por la ley procesal, en el sentido que  los  daños  deben estar plenamente probados para su reconocimiento y condena, y  que  el  dictamen  pericial  es  un  simple  concepto  y  no  un medio de prueba  definitivo,  lo  que  a  su  vez  avala  doctrina  y  jurisprudencia que trajo a  colación.   

          En  el  momento  en  que  la segunda instancia confirmó el fallo de  primer  grado,  plantea,  convalida la vía de hecho que se genera en la condena  al  pago  de  perjuicios  sin estar demostrada su existencia ni materializada su  cuantificación,   lo   cual   vulnera  los  artículos  2°,  13  y  29  de  la  Constricción  Nacional,  97 -inciso final- del Código Penal, 56 del Código de  Procedimiento  Penal  y  todos  los instrumentos internacionales que vinculan al  Estado Colombiano.   

          Depreca  por  tanto,  que  al  momento de decretar la invalidación,  anulación  o  revocación  de  la  sentencia demandada en sede de casación, se  ordene  modificar  la  de  primer  grado,  mediante  la  revocatoria del numeral  tercero.   

          Cargo cuarto:   

          El  cuarto  y  último  cargo lo fundamenta en la causal primera del  artículo  270  (sic)  de la Ley 600 de 2000, por “violación directa de norma  sustancial”,  por  error  de derecho, debido al desconocimiento y vulneración  del  principio  rector  del  non  reformatio  in pejus, al agravar la condena de  daños morales subjetivos.   

          Informa  el  casacionista que en la sentencia demandada, emitida por  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de San Gil, al resolver la impugnación  del  fallo  de  primer  grado,  formulada  por  la defensa como único apelante,  agravó  la  condena  respecto  de  los  daños morales subjetivos, inicialmente  cuantificados  en  300  gramos  oro,  que  en  1999  constituían $5’277.180.oo, los cuales modificó por el  equivalente  a 63.43 salarios mínimos legales mensuales, que para el mismo año  representan              $15’233.700.34.   

Dicho proceder, argumenta, configura un error  de  derecho  por desconocer el principio rector de non reformatio in pejus, pues  antes  que  reconocer  el exceso del monto determinado en la condena, lo agravó  arbitrariamente  con  una  suma superior, en clara violación del inciso 2° del  artículo  18  del  C.P.P.,  que  es  un principio general de derecho procesal y  garantía  constitucional,  consistente  en  que  siendo  el  condenado apelante  único,  no  puede agravársele la pena inicialmente impuesta. Para reforzar sus  asertos,   trae  a  colación  cita  doctrinal,  enumera  genéricamente  varios  pronunciamientos  de  la  Corte  Constitucional y alude al criterio que sobre el  particular ha plasmado la Sala desde hace varias décadas.   

          Tras   citar   como  infringidos  los  artículos  31  de  la  Carta  Política,  18  –inciso 2°-  de  la  Ley  600  de  2000  y  los tratados internacionales, pide que en sede de  casación,  se  invalide, anule o revoque la sentencia demandada, para que en su  reemplazo  se  modifique  la  de  primera instancia, mediante la revocatoria del  numeral  4°,  o  en  su  defecto,  para  que  se  ordene la modificación de la  decisión  inicial,  con  la reducción de los daños morales a una cuantía que  excede un salario mínimo legal mensual vigente del año 1999.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para abordar el estudio del presente asunto,  ha  de recordarse que de acuerdo con la Ley 600 de 2000, que lo rige, la demanda  de  casación  discrecional  debe  reunir  los  requisitos  establecidos  por el  artículo  212  y,  además,  expresar  la  necesidad  de  su  admisión para el  desarrollo  de la jurisprudencia o la garantía de los derechos constitucionales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  puede  ser  admitida, correspondiéndole decidir a la  Corte,  en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o  rechaza.   

          En  éste  caso el demandante se encaminó a alegar la violación de  garantías  fundamentales  del  procesado MIGUEL HUMBERTO GALÁN BALAGUERA, como  fuente  de  su  pretensión casacional, pero aunque enuncia los vicios que en su  sentir  atentan  contra  ellas,  no  atinó  a  indicar la trascendencia que los  mismos tienen en el fallo impugnado. Veamos.   

          Cargo Primero:   

          El  planteamiento  de  la nulidad sobre el enunciado de que no se le  permitió  al  acusado  ejercer  el  derecho  a  la defensa material, al haberse  restringido  el  uso  de  la  palabra  a  quien  designó  como vocero, no está  acompañado  de  la argumentación tendiente a sustentar la trascendencia de tal  irregularidad.   

          Según  se  reseñó  en  el  resumen  de la demanda, el defensor se  queja  de  que  después  de que el vocero invocara en la audiencia pública una  nulidad,  no  decidida  por el juzgador, no se le permitió continuar con el uso  de la palabra.   

Sin embargo, no explica en la demanda, cuál  fue  la actitud asumida por el interviniente después de la determinación del A  quo,  es  decir, no expone si insistió en que se le permitiese continuar con el  uso  de  la  palabra,  pues tratándose de un acto de disposición discrecional,  como  lo  es  la  intervención  del  procesado  en la audiencia pública, lo ha  debido  demostrar. Así lo ha considerado la Corte, por ejemplo, en el siguiente  pronunciamiento:   

“La  Corte  ha  sostenido  que  cuando  el vicio compromete un acto de postulación discrecional  de  los  sujetos  procesales,  como  por ejemplo el derecho de impugnación, sus  efectos   invalidatorios  dependerán  no solo de su trascendencia, sino de  la  circunstancia  de  no  haber  sido saneado con motivo de la actitud procesal  asumida   por   la   parte  afectada,  pues  si  guarda  silencio  frente  a  la  informalidad,  o  concita  la  prosecución  del trámite procesal haciendo caso  omiso  de  ella,  habrá  de  entenderse  que  dispone  del  derecho  que le fue  socavado,  renunciando  a  su  eventual ejercicio, y que el vicio, por tanto, ha  sido  convalidado,  acorde  con  lo  previsto en el artículo 308.4 del estatuto  procesal  (Cfr.  Casación  de  12  de  febrero  de 1998, Magistrado ponente Dr.  Arboleda    Ripoll)”1.   

No  acreditada entonces la trascendencia del  vicio  que  afecta  el  acto  que  se  estima  irregular,  el cargo no puede ser  admitido.   

          Cargo Segundo:   

          En  relación con la segunda censura, el demandante sostiene que por  no  haberse  dado  curso  a  la solicitud de nulidad, con la cual aspiraba a que  oficiosamente  fuese  variada la calificación jurídica de la conducta punible,  se menoscabó la garantía fundamental del debido proceso.   

          Se  tiene  dicho  por la Sala que el debido proceso como traducción  del  principio  lógico  antecedente-consecuente, se relaciona con una sucesión  integrada,  gradual  y  progresiva  de  actos regulados en la ley, que tiene por  objeto  la  verificación  de  un  delito  y  la consecuente responsabilidad del  imputado,  orientados al fin de obtener una decisión válida y definitiva sobre  los             mismos             temas2.  De  este  modo,  el  debido  proceso  se  afecta  cuando  se  pretermite  expresamente  un  momento  procesal  requerido  por  la ley para la validez del que sigue, evento en el cual, procede  la declaratoria de nulidad.   

          A  juicio del censor, se desatendieron las formas propias del juicio  por  no haberse declarado la nulidad que planteó como vocero en la audiencia de  juzgamiento,  a  modo  de  sugerencia,  pues  la  actuación  del  A  quo debió  consistir  en  la  variación  oficiosa  de la calificación jurídica, o por lo  menos,  trasladar  la  solicitud  a  la  fiscalía,  para  que  la aceptara o se  opusiese.   

          Sin  embargo, advierte la Sala que la no resolución de una nulidad,  para  nada  afecta  la  estructura  del  proceso,  máxime si no se acredita que  realmente  existió  el  vicio  que  se  alegó  en  ese  momento,  es decir, no  demuestra  el  accionante  que  se  haya  dado  la  nulidad  cuya omisión en su  resolución  se  denuncia.  Además,  lo  que  observa la Sala es que detrás de  dicha  solicitud,  el  peticionario  pretende  la variación de la calificación  jurídica  de  la  conducta,  sin  estar  autorizado para hacer ese pedimento en  dicho  momento  procesal,  de acuerdo a lo establecido en el artículo 404 de la  Ley 600 de 2000.   

          Precisando,  en  punto  a  la  variación de la calificación en ese  sistema procesal, la Sala ha sostenido:   

“3.7  La  hace  el  fiscal  por  propia  iniciativa  o  a  petición  del  juez, pues aquél, en la etapa de juzgamiento,  continúa con la función acusadora.   

Si el juez advierte la necesidad de cambiar  la calificación, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos:   

3.7.1. Debe manifestarlo en el momento de la  intervención  del  fiscal  en  la audiencia, ya que la mutación sólo se puede  hacer  en  esta  precisa  oportunidad  procesal  y  por  una  vez, como se verá  adelante.   

3.7.2. Debe expresar los motivos por los que  estima que debe ser modificada.   

3.7.3.  No implica valoración alguna de la  responsabilidad.   

3.7.4. Si el fiscal admite que hay necesidad  de  reformarla,  procederá  a hacerlo. Si no, deberá expresar las razones para  oponerse.  Pero,  de  todos  modos,  expuesto  el criterio del juez, éste será  considerado  como  materia  del  debate  y  de  la sentencia, para efectos de la  consonancia  entre  ésta  y  la  acusación,  debiendo  el  juez instruir a los  sujetos procesales  al respecto.   

3.8. Ni la variación hecha por el fiscal de  la  calificación  provisional, ni la manifestación del juez sobre la necesidad  de  hacerlo,  son  providencias  o  actos  decisorios,  sino  simples posiciones  jurídicas  que en guarda del derecho de defensa, de la lealtad procesal y de la  estructura  lógica  del  proceso,  se  les  ponen  de  presente  a  los sujetos  procesales,   para   que   conocidas  puedan  debatirlas,  por  lo  que  no  son  recurribles.   

3.9. La oportunidad procesal para trocar la  calificación,  es  la intervención del fiscal en la audiencia, porque al haber  concluido  con  antelación a ella la práctica de pruebas, ya se cuenta con los  elementos  de  juicio suficientes para determinar si la dada es la adecuada o si  se debe cambiar. Además, porque así lo dispone la ley.   

3.10.  Sólo  una  vez  se  puede variar la  calificación,  pues  debe  llegar  un  momento en que la imputación devenga en  definitiva  e  intangible,  en  guarda  del  derecho  de  defensa, de la lealtad  procesal, del orden del proceso y del principio de preclusión.   

Así  mismo,  como  se dijo, únicamente en  esta  oportunidad  procesal puede exponer el juez su criterio sobre la necesidad  de  modificarla3.   

          De  manera  entonces  que  al  no  haberse  demostrado por parte del  censor  la  trascendencia de la irregularidad por él denunciada, se inadmitirá  el cargo.   

          Cargo Tercero:   

          De  entrada  advierte  la  Sala que la sola sustentación del cargo,  fundado  en  un  supuesto  error  de  hecho por falso juicio de existencia de la  prueba  que eventualmente hubiese demostrado la causación de daños materiales,  no  es  suficiente  para acreditar la violación de garantías fundamentales que  al inicio de su demanda alega el censor.   

En  efecto,  al  margen  de  los  argumentos  expuestos  en  orden  a acreditar unos supuestos yerros en la valoración de las  pruebas,  por  parte  alguna  se  expone y menos se infiere, que en el análisis  probatorio  exista  quebranto  directo o inmediato de algún derecho fundamental  cuya  garantía deba proveer la Corte en sede de casación, pues todo indica que  la  inconformidad  de  éste  recurrente  con  la  sentencia se manifiesta en la  discrepancia  con  la  apreciación  de  los  elementos  de  juicio que llevan a  acreditar  la  causación  de  los  daños materiales, motivo éste que no está  contemplado  en  la  ley como propiciador del extraordinario recurso por la vía  excepcional.   

          Esa  discusión,  frente a la forma en que se asumió la valoración  de  las  pruebas,  bien podría tener arraigo en el cargo formulado al amparo de  la  causal  primera,  pero no fundamenta la necesidad del recurso extraordinario  por  la  vía  discrecional,  pues  en  tales  casos,  dado  el motivo en que se  fundamenta  el  yerro, es indispensable escindir de la censura la justificación  de la discrecionalidad del recurso.   

          Además,  el pretendido falso juicio de existencia se descarta en la  misma  argumentación,  porque  a  renglón  seguido,  admite  el  censor que la  decisión   contenida   en   la  sentencia  demandada,  se  fundó  en  dictamen  pericial.   

          Por  lo tanto, como no fueron acreditadas las razones por las cuales  se  consideraba  necesaria  la  intervención  de  la  Sala,  la demanda deviene  inepta,  y de ahí que resulte imperativo que en lo que refiere al tercer cargo,  se decrete su inadmisión.   

          Cargo Cuarto:   

          Tampoco  se vislumbra el desconocimiento de garantías fundamentales  en  lo  que  al  cuarto  cargo  atañe,  pues  la  Sala tiene establecido que la  obligación   civil   indemnizatoria,   que   deriva   de   la  declaratoria  de  responsabilidad   en   la   conducta  punible,  es  ajena  al  principio  de  la  non  reformatio  in pejus que  trae a colación el demandante.   

          En   efecto,   la   Sala   se   ha   pronunciado   de  la  siguiente  manera:   

“(…) la expresión “pena” contenida  en  el  artículo  31  de  la Carta Política “hace relación a un ámbito muy  específico,  esto es, a las diferentes sanciones previstas en la ley sustancial  penal  que en sus diferentes categorías limitan o restringen algunos derechos y  libertades   del   justiciable,  característica  que  hace  diferencia  con  la  indemnización  de  perjuicios,  en  cuanto  esta  condena  se  impone  como una  consecuencia  del  hecho punible, fuente de la obligación de cubrirlos al tenor  de lo señalado en el artículo 1.494 del Código Civil”.   

“Desde  luego, el Código Penal de 1980 y  Ley  599  de  2000,  conciben  la  pena  y  la  obligación  de  indemnizar como  consecuencias  derivadas  del hecho punible”. En la sistemática de la segunda  legislación,  “quizás  con  mejor  técnica  legislativa,  se insertó en su  Libro  Primero, Título IV lo relacionado con las consecuencias jurídicas de la  conducta  punible,  entre  las  que se encuentran, dentro del Capítulo Primero,  las   penas,   sus   clases   y  sus  efectos,  y  en  el  Capítulo  Sexto,  la  responsabilidad   civil  derivada  del  hecho  punible.  Coincide  este  diseño  legislativo  con  la  jurisprudencia sostenida y consistente de la Corte, según  la  cual  los  perjuicios  que  nacen de la comisión de un delito no pueden ser  tenidos como una pena”.   

“Queda claro, entonces, que los perjuicios  no  tienen  la naturaleza de pena o, si se quiere, de sanción. Por esta razón,  el  artículo  204 del Código de Procedimiento Penal no proyecta sus efectos en  punto   de   la   prohibición   de  reforma  peyorativa  a  la  obligación  de  indemnizarlos  que  se haya impuesto al condenado en la sentencia respecto de la  cual  éste  tiene  la calidad de apelante único”4.   

         En  consecuencia,  como  el  vicio  alegado  no  vulnera  garantía  fundamental  alguna,  la  demanda  será igualmente objeto de inadmisión, en lo  que respecta al último cargo.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación,  que  por  vía  discrecional  presentó   el   Defensor  del  procesado      MIGUEL      HUMBERTO      GALÁN  BALAGUERA,  conforme  lo consignado en la parte motiva  del presente proveído.   

          Contra este auto no procede recurso alguno   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA               JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 C. S.  de  J.,  Sala  de Casación Penal, Sentencia, Sentencia del 27 de abril de 2000,  Rad. 12.029   

2 C. S.  de   J.,   Auto  de  segunda  instancia  del  18  de  diciembre  de  2001,  Rad.  17.919.   

3 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto  del  14  de  febrero  de  2002, Rad.  18.457.   

4 C. S.  de  J.,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  del  25  de  mayo de 2006, Rad.  22.411.     

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