25931(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25931   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 245.  

          Bogotá  D.C.,  diciembre cinco (5) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CARLOS  NOEL  BUITRAGO  VEGA,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por  el Tribunal Superior de Yopal el 3 de  febrero  de 2006, mediante el cual lo condenó como autor penalmente responsable  del  delito de concierto para delinquir agravado por pertenecer a grupos armados  ilegales  y  actuar  como  uno  de  sus  cabecillas,  decisión  que  revocó la  sentencia  dictada  el  18  de  julio  de 2005 por el Juzgado Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma ciudad, que lo había absuelto de los cargos por la  referida conducta punible.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  fundamento  en  la denuncia presentada  por  Víctor  Francisco Feliciano Chávez  ante  el  Grupo  Gaula  de  Yopal  el  26  de  abril de 2004 y el  testimonio      de      Gustavo     Ramírez   Ibáñez,     quienes  señalaron  a  NOEL BUITRAGO  alias                  “Porremacho”    como    directivo  de las Autodefensas Campesinas  del  Casanare  (ACC),  en cuya condición secuestraba y reclutaba personas entre  los   doce   (12)   y   cuarenta   (40)   años   de  edad, dicho grupo organizó un operativo que culminó  con   la   aprehensión  del  sindicado  en   la  Finca  Los  Moriches,  vereda  Caño  Rico,  municipio  de  Monterrey,  hallando  en  su  poder  pistolas, munición, teléfonos celulares y  un     radio     de  comunicaciones.   

La   Fiscalía  Especializada   de   Yopal  declaró  abierta  la  instrucción,  en  desarrollo  de   la   cual   vinculó  mediante      indagatoria      a     CARLOS  NOEL  BUITRAGO  VEGA,  definiéndole su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  como posible  autor  del delito de concierto para delinquir (inciso  2º      del      artículo      340     del     estatuto     penal).   

          Cerrada  la  fase instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  24  de  diciembre  de  2004  con  resolución  de  acusación  en contra del  procesado  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos  de  concierto para  delinquir  agravado  (numeral 3º del artículo 340 del Código Penal) y cohecho  por ofrecer.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Yopal, despacho que una vez surtido  el  rito  dispuesto  por el legislador profirió fallo el 28 de julio de 2005, a  través  del  cual  absolvió  a  CARLOS NOEL BUITRAGO  VEGA de los cargos por los que se lo acusó, decisión  que  al ser impugnada por la Fiscalía, fue revocada mediante sentencia del 3 de  febrero  de  2006 proferida por el Tribunal Superior de Yopal, para en su lugar,  condenar  al  mencionado  ciudadano  a  la  pena principal de nueve (9) años de  prisión  y  multa  de  tres  mil  (3000)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo término de la sanción privativa de libertad,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  concierto  para delinquir  agravado  por  pertenecer  a  grupos  armados  ilegales y actuar como uno de sus  jefes.   

En  la misma providencia le fue negada tanto  la  condena de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva  de la intramural.   

Contra   el   fallo   del   ad    quem    la    defensa   interpuso  oportunamente  recurso  extraordinario  de casación, allegó la correspondiente  demanda,  la  cual  fue  admitida,  y  se  ha  recibido  concepto del Ministerio  Público sobre la misma.   

EL LIBELO  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el  defensor formula un cargo contra el fallo de segundo grado  por   violación  directa  de  la  ley  sustancial,  derivada  de  la  falta  de  aplicación  del artículo 71 de la Ley 975 de 2005 y la aplicación indebida de  los incisos 2º y 3º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000.   

En la fundamentación del reproche aduce que  el  Tribunal no tuvo en cuenta que entre el fallo de primera instancia proferido  el  18  de julio de 2005 y la sentencia de segundo grado dictada el 3 de febrero  de  2006 se produjo un cambio legislativo, pues el 25 de julio de 2005 entró en  vigencia  la  Ley  975,  la cual establece en su artículo 71 que incurren en el  delito  de sedición quienes conformen o hagan parte de grupos guerrilleros o de  autodefensa    cuyo   accionar   interfiera   con   el   normal   funcionamiento  constitucional o legal.   

Agrega  que  si  los  precedentes  de  esta  Colegiatura  son vinculantes, según lo ha señalado la Corte Constitucional, el  Tribunal  desconoció  decisiones  de  esta Sala (autos del 28 de marzo de 2006.  Rad.  25058  y  24990, 22 de noviembre de 2005. Rad. 24441, 19 de enero de 2006.  Rad.  24417  y  12  de  diciembre  de  2005. Rad. 24261), mediante las cuales se  precisó  que  “cualquiera fuera la denominación de  los  ilícitos en que incurran los miembros de las autodefensas, si el implicado  actúa  movido  por  aquellas  finalidades y cumple la labor asignada dentro del  colectivo  criminal,  con  sujeción  a  las  órdenes  y  directrices del mando  responsable,  será  sedición y no concierto para delinquir el delito imputable  por  el  solo hecho de la pertenencia a la agrupación, por supuesto en concurso  con  los  delitos  específicos  que haya podido cometer, que serán catalogados  como comunes” (radicado 24435).   

También dice que si el referido artículo 71  de  la  Ley  975  de  2005 fue declarado inexequible mediante sentencia C-370 de  2006   por  la  Corte  Constitucional,  sin  que  se  hubiera  concedido  efecto  retroactivo  a  tal  decisión,  es  claro  que  la  norma en cita debe producir  efectos  desde su promulgación hasta la declaración de inexequibilidad, época  dentro  de  la  cual  se  encuentra  el  asunto  que  motivó  esta  actuación,  circunstancia  que  condujo a la falta de aplicación del artículo 71 de la Ley  975  de  2005  y  la aplicación indebida de los incisos 2º y 3º del artículo  340 de la Ley 599 de 2000.   

          Precisa  que  el  mencionado  yerro  privó a su representado de ser  considerado  un  actor  político  y  acceder  a los beneficios de la Ley 418 de  1997,  reformada  por  las  Leyes  548  de  1999  y 782 de 2002, así como a los  beneficios de que trata el artículo 13 del Decreto 128 de 2003.   

A partir de lo anterior, el defensor solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado, para en su lugar, proferir la respectiva  sentencia de reemplazo.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

Afirma  el Delegado que si bien el artículo  71  de la Ley 975 de 2005 estuvo vigente entre en 25 de julio de 2005 y el 18 de  mayo  de  2006  y  que  esta  Sala  señaló  en  varios pronunciamientos que de  conformidad  con  dicha  legislación  cometían  el delito de sedición quienes  conformaran  o  hicieran  parte  de  grupos  guerrilleros o de autodefensa, cuyo  accionar  interfiriera  con  el normal funcionamiento del orden constitucional y  legal,  circunstancias  que darían razón al recurrente en su planteamiento, lo  cierto  es  que  mediante  sentencia  del  pasado  11 de julio la Sala varió su  criterio sobre el particular.   

          En  efecto,  resalta  que  en la referida decisión la Sala precisó  que  existe una clara diferencia entre la sedición en cuanto delito político y  el  concierto  para  delinquir  agravado,  pues  aquella  atenta contra el orden  constitucional  y  legal en búsqueda de un nuevo orden, circunstancia en la que  no  se  encuentran  los miembros de los grupos de autodefensa, para concluir que  “aceptar  que  en lugar de concierto para delinquir  el  delito  ejecutado por los miembros de los grupos paramilitares constituye la  infracción  punible  denominada  sedición, no sólo equivale a suponer que los  mismos  actuaron con fines altruistas y en busca del bienestar colectivo sino, y  también,  burlar  el  derecho  de  las víctimas y de la sociedad a que se haga  justicia  y que se conozca la verdad, pues finalmente los hechos podrían quedar  cobijados con la impunidad absoluta”.   

          Puntualiza  que  la Sala señaló cuatro motivos para considerar que  los  miembros  de  las autodefensas no pueden ser tenidos como sediciosos: 1) La  Constitución  señala  criterios  básicos para establecer el delito político.  2)  La  teoría  del  delito  permite  distinguir  un  antagonismo  entre delito  político  y  concierto  para  delinquir.  3)  Aceptar  que  el  concierto  para  delinquir  es  un  delito político desconoce el derecho de las víctimas. 4) La  declaratoria  de  inexequibilidad  del  citado  artículo  71  impide  que tenga  efectos    hacia    el   futuro   y   podría   aplicarse   la   excepción   de  inconstitucionalidad  para  evitar  su  vigencia temporal antes de ser declarado  contrario a la Constitución.   

          Con  fundamento  en lo anotado, el Procurador Delegado considera que  de  acuerdo  con  la decisión adoptada por esta Sala el 11 de julio de 2007, no  resulta  viable  aplicar  al  procesado el artículo 71 de la Ley 975 de 2005 en  sustituto  de los numerales 2º y 3º del artículo 340 de la Ley 599 de 2000 y,  en consecuencia, el cargo no está llamado a prosperar.   

CONSIDERACIONES       DE      LA  CORTE   

Con el propósito de adoptar la decisión que  corresponda,  la  Sala estima pertinente recordar inicialmente lo expuesto sobre  el  artículo  71 de la Ley 975 de 2005 con posterioridad a su expedición, para  luego  ocuparse de la variación jurisprudencial introducida sobre el particular  y,  finalmente, abordar dentro de su función unificadora, el alcance del delito  político y sus conexos.   

          1.        Alcance del artículo 71 de la Ley 975 de 2005.   

Sobre el mencionado precepto señaló la Sala  lo siguiente:   

“Mediante  esta  norma  el  legislador  reformó  directamente  el Código Penal en el sentido de  tipificar  bajo  el  nomen  juris  de  ‘sedición’  la  conducta  de  ‘quienes  conformen  o  hagan  parte de grupos guerrilleros o de autodefensa cuyo accionar  interfiera   con   el   normal   funcionamiento   del   orden  constitucional  y  legal’, de donde deviene  indudable  que  no  empece las precisiones sobre el ámbito de aplicación de la  codificación  en  cita, su artículo 71 está llamado  a  producir efectos generales, como quiera que a partir de su vigencia todas las  hipótesis  en que la imputación fáctica contra un sindicado se haga consistir  en    ‘pertenecer   o  conformar’  uno  de  los  mencionados  grupos  armados con las consecuencias allí señaladas –  interferir en el funcionamiento del  orden  constitucional  y legal vigente –  resulta  inequívocamente  típica  de esta especial modalidad de  sedición”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Como viene de verse, a partir de la vigencia  de  la  Ley  975  de  2004,  entendió  la  Sala  que la conducta consistente en  pertenecer      a      los     denominados     grupos     de     “autodefensa”  cuyo  accionar interfiere  el  normal  funcionamiento  del régimen constitucional y legal vigente, pasó a  ser  típica  del  delito  de sedición, precisando que ello no comportaba que a  través  del artículo 71 de dicha legislación se hubieran derogado los incisos  2°  y  3°  del  artículo  340  del  Código  Penal, ni que todo actuar de una  persona   que   conformara  o  hiciera  parte  de  uno  de  aquellos  grupos  de  “autodefensa”  constituyera  automáticamente  delito  de  sedición,  motivo  por  el  cual se  establecieron  como  criterios  para  diferenciar una hipótesis delictiva de la  otra,            los            siguientes2:   

(a)           Se  trataba  de  un delito de sedición,  cuando  la  conducta imputable al procesado consistía en militar o pertenecer a  un  grupo  armado  al  margen  de la ley, bajo órdenes de un mando responsable,  grupo  del  cual se pudiera predicar que ejercía sobre una parte del territorio  operaciones  militares  sostenidas  y  concertadas,  dirigidas  bien  contra las  fuerzas  regulares,  ora  entre los grupos armados irregulares entre sí, con la  consecuencia   inmediata  de  impedir  el  normal  funcionamiento  del  régimen  constitucional y legal.   

(b)           También  se  tipificaba  el  delito  de  sedición  cuando  las  conductas  específicas  ejecutadas por miembros de esos  grupos  armados irregulares, estaban razonablemente vinculadas a la realización  de  los  objetivos  perseguidos  por  dicha  agrupación  y,  en  tal  contexto,  resultaba   predicable   su  relación  de  medio  a  fin  en  el  marco  de  la  confrontación  armada con las autoridades legítimamente constituidas o con los  grupos guerrilleros.   

(c)           En  cambio,  se  tipificaba el delito de  concierto  para  delinquir  cuando  el  acuerdo  para  la  comisión  de delitos  indeterminados  tenía un fin puramente individual, desligado de las directrices  genéricas  o  específicas  impartidas por el mando responsable en el escenario  del   conflicto   armado,  esto  es,  de  las  finalidades  perseguidas  por  la  organización armada ilegal.   

Por  ello  se  dijo que estaban incluidos en  esta  categoría,  no  en  la  sediciosa,  quienes  hacían  parte  de  bandas o  pandillas,  o  conformaban  grupos  de  justicia  privada o de sicarios, pues no  obstante  que  ellos  acudían  a la utilización de las armas, podían llegar a  ejercer  cierto  control  territorial y asumir la forma de una organización con  mandos  definidos,  sus  acciones  no  se enmarcaban en la lucha que pretende el  derrocamiento   del  régimen  (guerrilla),  ni  tampoco  se encaminaba a la eliminación de dicha disidencia  por   vía  de  las  armas  (autodefensas),  de suerte que la sola pertenencia a ellos seguía siendo típica  del delito de concierto para delinquir agravado.   

(d)           Igualmente,  se  señaló  que  la nueva  modalidad  de  sedición  podía  concursar  con  el  delito  de  concierto para  delinquir,  cuando  no  sólo  se  hacía  parte  de un grupo de “autodefensa”  con  el compromiso previo  expreso  o  tácito  de realizar conductas al margen de la ley en el marco de la  confrontación  armada,  sino  que  se  desarrollaban  acuerdos privados para la  realización  de  delitos  indeterminados  desligados del grupo armado ilegal al  que se pertenecía.   

          2.        Variación   de   la   jurisprudencia  (auto  del  11  de  julio  de  2007.   

La posición expuesta fue la adoptada por la  Sala  en  punto  del  entendimiento  del  artículo 71 de la Ley 975 de 2005, no  obstante,  como  acertadamente  lo señala el Procurador Delegado, dicha postura  – en la cual fundamenta el  demandante    su    solicitud    de    casación    del    fallo    –   fue   sustancialmente   modificada  mediante  providencia  del  11  de  julio  de  20073,   en   la  cual  se  afirmó  in  extenso  que  mediaban  “Razones de orden sustancial sobre la imposibilidad  de   equiparar   el   concierto  para  delinquir  con  la  sedición”, que pueden ser sintetizadas así:   

(i)  “La Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia ha consignado que el delito  político  tiene ocurrencia cuando se atenta contra el régimen constitucional y  legal  vigente en búsqueda de un nuevo orden, resultando un imposible jurídico  predicar  de  tales  conductas  su  adecuación  al  delito  de  concierto  para  delinquir”.   

“Debido a que los  hechos  delictivos  cometidos  por  cuenta  o  en nombre de los paramilitares no  fueron   ejecutados   con   el   propósito   de   atentar  contra  el  régimen  constitucional  y  legal  vigente,  con denunciado apoyo de importantes sectores  institucionales  y  procurando  obtener  beneficios  particulares,  pretender   que   una   norma  identifique  como  delito  político  conductas  claramente  señaladas  como  delitos  comunes resulta contrario a la  Constitución  vigente,  desconoce  la  jurisprudencia  nacional y contradice la  totalidad      de      doctrina      nacional      y      extranjera”.   

“(…)  quienes  hayan  estado vinculados a los grupos paramilitares o de autodefensa, cualquiera  sea  el  grado  de participación en la organización y en los delitos cometidos  por  cuenta  de  la misma, no pueden ser beneficiarios de amnistía, indulto, su  extradición  está  permitida  y,  por  regla  general,  no  podrán acceder al  servicio  público  y  si llegasen a ser elegidos a alguna corporación pública  se  encontrarán  en  causal  de  pérdida  de  la  investidura por subsistir la  inhabilidad  derivada  del  antecedente  penal  que  surge de la comisión de un  delito que apareja pena de prisión”.   

(ii)    Desde    la    “teoría   del  delito”  “al  hacer  una  comparación  entre  lo  que se entiende por delito  político  frente  a  los elementos que estructuran el concierto para delinquir,  aparecen  notas  sobresalientes  que  los  hacen diferentes, inclusive los tipos  penales    “se    repelen    entre    sí,    son  excluyentes”,    de   manera   que   el        legislador        está       impedido       –so   pena   de  subvertir  el  orden  jurídico–    para  asimilarlos,  homologarlos  o igualarlos desde los elementos que estructuran uno  y   otro   reato   así   como  para  darles  idéntico  tratamiento”.   

“El bien  jurídico protegido en los delitos  políticos  es  el  régimen  constitucional  y  legal  porque  el  rebelde o el  sedicioso  se  levanta  contra las instituciones para derrocarlas o perturbar su  funcionamiento.  En  el  concierto  para  delinquir  se  atenta  contra  el bien  jurídico  de  la seguridad pública, el cual resulta lesionado cuando se altera  la  tranquilidad  de  la comunidad  y se genera desconfianza colectiva para  el       ejercicio      de      las      actividades      ordinarias”.   

“La acción  típica del rebelde o sedicioso  se  encauza  a  un  supuesto  fin  colectivo de bienestar pues busca derrocar al  gobierno  legítimo  para instaurar uno que cree justo e igualitario o perturbar  la  operatividad  jurídica  del  régimen  vigente; en el concierto se busca la  satisfacción  de  necesidades  egoístas, individuales de los asociados pues el  responsable  de  tal  injusto  se coliga con el propósito de cometer delitos en  forma  indiscriminada  sin  que  sea  necesaria la producción de un resultado y  menos  aún,  la  consumación  de  un  ilícito  que concrete el designio de la  concertación”.   

“El dolo  que  se  presenta  en  el  delito  político  se dirige a socavar la institucionalidad proponiendo un nuevo orden o  perturbando  el  existente  y promoviendo otro en el que se mejore la dirección  de  los  intereses públicos; el conocimiento y la voluntad de los copartícipes  del  concierto entraña solapamiento con la institucionalidad pues gracias a las  carencias  del  Estado –la  impunidad–    buscan  beneficios      particulares      a      través      del     delito”.   

“El sujeto  pasivo del delito político es el  Estado,  la  institucionalidad,  el  gobierno  que  se  pretende  derrocar  o su  régimen  constitucional  o  legal suprimido o modificado, de donde se tiene que  el  rebelde  puede  ser  investigado y juzgado en cualquier lugar del territorio  nacional;  en  el  concierto para delinquir el colectivo ciudadano, la sociedad,  es  quien  resulta  afectado  y  la  judicatura  del  lugar en que se produce el  acuerdo  criminal  es  la  encargada de investigar y juzgar el hecho”.   

(iii)  “Aceptar  que  en  lugar  de concierto para delinquir el delito ejecutado por los miembros  de  los  grupos  paramilitares  constituye  la  infracción  punible  denominada  sedición,  no  sólo  equivale  a  suponer  que  los  mismos actuaron con fines  altruistas  y  en  busca  del  bienestar  colectivo  sino, y también, burlar el  derecho  de  las  víctimas  y  de  la  sociedad a que se haga justicia y que se  conozca   la   verdad,  pues  finalmente  los  hechos  podrían    quedar    cobijados   con   la   impunidad   absoluta   –entendida por la Corte Interamericana  de   Derechos   Humanos   como  la  falta  en  su  conjunto  de  investigación,  persecución,  captura,  enjuiciamiento  y  condena  de  los responsables de las  violaciones  de los derechos protegidos por la Convención Americana–  que  se les brindaría por medio de  amnistías  e  indultos,  medidas  que  podrían  ser  tomadas a discreción del  ejecutivo  y  el  legislativo y sin posibilidad de control judicial, tornándose  en  un imposible la obtención de la verdad, el deber de recordar y el derecho a  saber     lo     que     realmente     sucedió     en    el    caso”.   

(iv)  “Frente a  las  violaciones  de  los  derechos  humanos  el  Estado  debe  garantizar a las  víctimas  un recurso efectivo que ofrezca resultados o respuestas adecuadas, lo  que  equivale a decir, ni más ni menos, que un remedo de justicia no equivale a  hacer  justicia.  Dicho  en  otros términos: sólo se  hace  justicia  y  se  obtiene  eficacia del recurso efectivo cuando quienes han  sufrido  la  violación  de  los derechos humanos, quienes han sido víctimas de  los  delitos  cometidos por los grupos paramilitares, o sus familiares, obtienen  verdad, justicia y reparación”.   

“Atendiendo los  mandatos   imperativos   que   se  irradian  desde  el  principio  de  legalidad  interpretado  sin  desconocimiento  del  apotegma  de la proporcionalidad, es un  error  de  la  democracia  permitir que fines ilegítimos puedan cobrar fuerza a  través  de  una  jurisprudencia  equivocada,  pues  la norma del concierto para  delinquir  es la adecuada para responder a las amenazas y lesiones que en contra  de   los   bienes  jurídicos  se  diseminan  desde  las  estructuras  de  poder  constituidas  por  las organizaciones paramilitares o de autodefensa” (subrayas fuera de texto).   

A  partir  de las consideraciones expuestas,  entre  otras,  concluyó  la Sala “que a pesar de la  vigencia  temporal y la posibilidad de invocación favorable del artículo 71 de  la  Ley  975  de  2005,  no es viable su aplicación”  porque:   

“1).   La  Constitución  establece  criterios  básicos  sobre lo que se debe entender por  delito  político;  2).  Desde  la  teoría  del  delito  se  puede distinguir y  establecer  el  antagonismo  entre  los  delitos  políticos y el concierto para  delinquir;  3).  Aceptar  que el concierto para delinquir es un delito político  lleva  al desconocimiento de los derechos de las víctimas; y, 4). Al haber sido  declarado  inexequible  el  precepto,  no puede seguir produciendo efecto alguno  hacia  el  futuro  en  el  mundo  jurídico,  y  cualquier juez puede aplicar la  excepción  de inconstitucionalidad por razones de fondo para evitar su vigencia  temporal   antes   de   la   declaratoria  de  inexequibilidad  por  razones  de  forma”.   

          3.        Noción y alcances del delito político   

La  determinación  del  concepto  de delito  político  ha planteado de siempre bastantes dificultades, motivo por el cual se  han     suscitado     intensas    discusiones    en    la    doctrina    y    la  jurisprudencia.   

          3.1.                      Teorías    sobre   la   noción   de   delito  político   

Acerca  de  la  noción  de delito político  existen   varias   teorías,   son   ellas,  la  objetiva,  la  subjetiva  y  la  ecléctica4.   

En  virtud  de la primera, que corresponde a  los  denominados  delitos políticos puros,  el  delito  político supone la lesión o puesta en peligro de la  organización  política,  constitucional  o legal del Estado, es decir, pondera  exclusivamente  el  bien jurídico contra el cual se dirigen las conductas, como  puede  ocurrir en nuestro medio con los delitos de rebelión, sedición, asonada  y conspiración, entre otros.   

          De  acuerdo  con  la  teoría  subjetiva,  que trata de los llamados  delitos       políticos       relativos       o  concurrentes,   lo  que  identifica  la  índole  del  referido  delito  es el móvil político que determina su realización, esto es,  que       tenga       una       pretensión      contraestatal      –    no    paraestatal   –   en  el  sentido  de  subvertir  la  organización  política,  constitucional  o  legal  del  Estado  en  procura de  conseguir  el  beneficio  común, contando para ello con propósitos sociales y,  en  suma,  que  se  trate  de  un proceder altruista, con independencia del bien  jurídico  lesionado  o  puesto  en peligro, caso en el cual, podrían tener tal  connotación  política  delitos  comunes  por antonomasia como el homicidio, el  hurto, el incendio, el daño, etc.   

          A  su  vez,  la  teoría ecléctica refunde en una sola fórmula las  anteriores,  pero  en  cuanto  da  preponderancia  al  criterio  objetivo  o  al  subjetivo, se subdivide en extensiva y estricta o restringida.   

          En  la teoría ecléctica extensiva son delitos políticos tanto las  conductas  que  atentan  contra  la organización política o constitucional del  Estado  (delitos  políticos  puros),  como  aquellas  que  sin dirigirse contra  dichos  bienes  jurídicos  tienen  una  finalidad política (delitos políticos  relativos o concurrentes).   

Para los partidarios de la teoría ecléctica  estricta  o  restrictiva sólo tiene el carácter de delitos políticos aquellos  actos  que  comportan un atentado a la organización política, constitucional o  legal  del  Estado,  siempre  que se encuentren motivados por razones políticas  (delitos políticos puros).   

          Por  tanto,  en  las  teorías eclécticas sucintamente expuestas se  encuentran  excluidas  de  la  noción  de  delito  político  las conductas que  atenten  contra  el  Estado en sus ámbitos organizacionales, constitucionales o  legales,  cuando  sean producto de pretensiones no políticas, como el ánimo de  lucro,  el  exclusivo  beneficio  personal  o  de  un grupúsculo de individuos.  Igualmente  carecen  de  tal  condición  los  delitos  comunes  realizados  con  finalidades  diversas  a la política. Sobre el particular ha señalado la Corte  Constitucional:   

“El   delito  político  es aquél que, inspirado en un ideal de justicia, lleva a sus autores  y  copartícipes  a  actitudes proscritas del orden constitucional y legal, como  medio  para  realizar  el  fin  que  se  persigue.  Si  bien es cierto el fin no  justifica  los  medios,  no puede darse el mismo trato a quienes actúan movidos  por  el bien común, así escojan unos mecanismos errados o desproporcionados, y  a   quienes  promueven  el  desorden  con  fines  intrínsecamente  perversos  y  egoístas.  Debe,  pues, hacerse una distinción legal con fundamento en el acto  de  justicia,  que  otorga  a  cada  cual  lo  que  merece,  según su acto y su  intención”5.   

          Dentro   de   los   denominados   delitos   políticos  relativos  o  concurrentes se encuentran los complejos y los conexos.   

El    delito    complejo    –   a  diferencia  del  delito  simple  caracterizado  porque  la  lesión  es  única,  como  ocurre  en  el  homicidio  – supone la fusión de dos  o  más  conductas  punibles  que  configuran  un  comportamiento más grave que  aquellas  tomadas  independientemente.  Tal  ocurre,  por  ejemplo, con el hurto  simple  (artículo  239  de  la  Ley 599 de 2000) y la violación de habitación  ajena     (artículo     189    ejusdem),  los  cuales  se encuentran refundidos en una sola fórmula en el  hurto  calificado  por  la  penetración  arbitraria, engañosa o clandestina en  lugar  habitado  (artículo  240-3  ídem).   

          Los  delitos  conexos  son  aquellos que se encuentran estrechamente  entrelazados,  como  ocurre cuando un punible se comete como medio para alcanzar  un  fin  delictivo  (conexidad  teleológica), por ejemplo, cometer un homicidio  para  realizar  un  hurto.  También, cuando una conducta punible se comete para  asegurar  el  producto  de otra, v.g. Cuando se lavan los activos procedentes de  un delito de extorsión (conexidad paratática).   

Finalmente,  en aquellos casos en los que el  segundo  delito  se  comete  para  ocultar  uno anterior, por ejemplo, cuando se  causa   la   muerte   al   testigo  de  un  acceso  carnal  violento  (conexidad  hipotática).   

No  es lo mismo delito complejo que concurso  de  delitos  o  delitos  conexos.  En el delito complejo la misma ley en un tipo  crea  el  compuesto  como  delito único, pero en el tipo intervienen dos o más  delitos  que  pueden  figurar  por  separado; en cambio, en el concurso y en los  delitos  conexos, las infracciones no existen como una sola, sino separadamente,  pero es un mismo sujeto quien las ejecuta.   

          3.2.                      Delito político y conexos   

          Efectuadas  las  anteriores  precisiones  encuentra  la  Sala que es  bastante  frecuente  que  el  delito  político resulte conexo, en alguna de las  hipótesis  señaladas,  con  otros  comportamientos, y a la postre concurse con  estos,  circunstancia  que  en  sí  misma  no  permite  otorgar,  sin  más, la  condición  de  delito político a tales conductas estrechamente enlazadas, como  que  simple y llanamente darán lugar a un concurso material efectivo de delitos  y,  entonces,  corresponderá  aplicar las reglas punitivas que se establecen en  el  artículo  31  de  la  Ley  599  de 2000. Asunto diverso será, que a dichos  actos,  en  razón  de su conexidad con delitos políticos, se haga extensivo el  tratamiento    especial    dispuesto    para    estos   dentro   de   especiales  condiciones.   

          Tampoco  es  viable  asumir  que  ciertos  comportamientos, como por  ejemplo  el  homicidio  en combate, tienen la condición de hechos copenados con  el  delito político, pues en tal caso se trata también de un concurso material  de  delitos,  frente  al cual sólo el legislador, acatando la Carta Política y  la  normativa internacional, podrá ampliar el carácter de delito político por  conexidad a dicho atentado contra la vida.   

          3.3.                      Beneficios      derivados     del     delito  político   

En   la   Carta  Política  se  establecen  especiales   prerrogativas   en   el  tratamiento  de  los  delitos  políticos,  así:   

“Artículo  35.-   Se  prohíbe la extradición de colombianos por nacimiento.  No  se    concederá    la    extradición    de    extranjeros   por   delitos      políticos     o     de  opinión”.   

“Artículo  150.-   Corresponde  al  Congreso hacer las leyes.  Por medio de ellas  ejerce las siguientes funciones:   

“17.   Conceder,  por mayoría de los dos tercios de los votos de los miembros de una y  otra  Cámara  y  por  graves  motivos  de  conveniencia  pública, amnistías  o indultos generales por delitos políticos.   En   caso   de  que  los  favorecidos  fueren  eximidos  de  la  responsabilidad  civil  respecto  de particulares, el Estado quedará obligado a  las       indemnizaciones       a       que       hubiere      lugar”.   

“Artículo  179.-  No podrán ser congresistas:   

“1º.-   Quienes  hayan  sido  condenados  en  cualquier época por sentencia judicial, a  pena  privativa  de  la  libertad, excepto por delitos  políticos        o        culposos”.   

“Artículo  201.-     Corresponde    al    Gobierno,   en   relación   con   la   Rama  Judicial.   

“2.-   Conceder  indultos por delitos políticos,  con  arreglo a la ley, e informar al Congreso sobre el ejercicio  de  esta  facultad.  En  ningún  caso  estos  indultos  podrán  comprender  la  responsabilidad     que    tengan    los    favorecidos    respecto    de    los  particulares”.   

“Artículo  232.   Para  ser Magistrado de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema  de Justicia y del Consejo de Estado se requiere:   

“3.   No  haber  sido  condenado  por  sentencia judicial a pena privativa de la libertad,  excepto    por    delitos    políticos o culposos”.   

“Artículo  299.-   En  cada  departamento  habrá  una  corporación administrativa de  elección  popular  que  se  denominará Asamblea Departamental, la cual estará  integrada  por  no  menos  de once miembros ni más de treinta y uno.   

“Para   ser  elegido  diputado  se  requiere  ser  ciudadano  en  ejercicio,  tener  más  de  veintiún  años  de  edad,  no  haber  sido  condenado  a  pena privativa de la  libertad,    con    excepción   de   los   delitos  políticos   o  culposos  y  haber  residido  en  la  respectiva  circunscripción electoral durante el año inmediatamente anterior a  la fecha de la elección”.   

“Artículo  Transitorio   30.   Autorízase  al  Gobierno  Nacional  para  conceder   indultos   o   amnistías   por   delitos  políticos  y  conexos,    cometidos   con   anterioridad   a   la  promulgación   del   presente   Acto   Constituyente,   a  miembros  de  grupos  guerrilleros  que  se  reincorporen  a  la  vida  civil  en  los términos de la  política  de  reconciliación.   Para  tal  efecto  el  Gobierno  Nacional  expedirá    las   reglamentaciones   correspondientes.    Este   beneficio  no   podrá   extenderse  a  delitos  atroces  ni  a  homicidios   cometidos   fuera  de  combate  o  aprovechándose  del  estado  de  indefensión  de  la  víctima”  (subrayas  fuera de  texto).   

         3.4.                      El    delito   político   en   los   procesos  transicionales   

          Es  cierto  que los procesos transicionales de los Estados conllevan  tensiones  entre los derechos de las víctimas que exigen la obligación estatal  de  investigar,  acusar y condenar a los responsables de violaciones de derechos  humanos,  y  el  imperativo  de  tomar  decisiones  propias de tal circunstancia  coyuntural,  tales  como  otorgar  amnistías  o indultos. Una tal situación se  encuentra  en  principio  recogida en el artículo 6-5 del Protocolo Adicional a  los  Convenios  de  Ginebra  de  1949,  el  cual  establece  que  al  cesar  las  hostilidades  de  un  conflicto  armado interno “las  autoridades  en el poder procurarán conceder la amnistía más amplia posible a  las  personas  que  hayan  tomado  parte  en  el  conflicto  o que se encuentren  privadas  de la libertad, internadas o detenidas por motivos relacionados con el  conflicto”.   

No  obstante,  respecto  de  quienes  hayan  cometido:  (i) Crímenes de guerra, esto es, violaciones al derecho de la guerra  (ius  in bellum), de las que  hacen  parte  tanto las infracciones graves al Derecho Internacional Humanitario  cometidas   en   el  marco  de  un  conflicto  armado  internacional,  como  las  violaciones  graves  al  derecho  Internacional  de  los  Derechos  Humanos y al  Derecho  Internacional  Humanitario con ocasión de un conflicto armado interno,  (ii)   Crímenes   de  lesa  humanidad,        es        decir,        conductas        de       asesinato,    exterminio,   esclavitud,  deportación  o  desplazamiento  forzoso,  encarcelación,  tortura,  violación  sexual,   prostitución   forzada,  esterilización  forzada,  persecución  por  motivos  políticos,  raciales,  nacionales,  étnicos, culturales, religiosos u  otros     motivos     definidos,     desaparición     forzada,     apartheid  u  otros  actos  inhumanos que  causen    graves   sufrimientos   o   atenten   contra   la   salud   mental   o  física6,  no  cometidos  necesariamente en el curso de un conflicto armado,  suponen  la  existencia  de  un  ataque generalizado7   o  sistemático8, así como la  presencia  de  un  móvil  o ingrediente subjetivo constituido por una política  discriminatoria9,  o  (iii) En general, conductas que hayan vulnerado gravemente los  derechos  humanos o el derecho internacional humanitario, la facultad de otorgar  amnistías  o  indultos  se  encuentra  palmariamente demarcada por los límites  propios del derecho internacional.   

En  efecto,  como  las  obligaciones de los  Estados  para  con la comunidad internacional no pueden ser anuladas, abolidas o  suspendidas  por  encontrarse  en  una  especial  circunstancia transicional, se  impone  en  tal  caso,  como  lo  ha puntualizado la Comisión Interamericana de  Derechos  Humanos,  “compatibilizar el recurso a la  concesión  de  amnistías  e  indultos a favor de personas que se han alzado en  armas  contra  el  Estado, con la obligación de éste de esclarecer, castigar y  reparar   violaciones   a  los  derechos  humanos  y  al  derecho  internacional  humanitario”10.   

          Así  pues,  la  mencionada Comisión ha considerado que la facultad  de   otorgar   amnistías   sólo  es  procedente  respecto  de  quienes  fueron  sancionados  o  procesados  única  y  exclusivamente  por  haber participado en  hostilidades,  no  así  con  relación a aquellos que quebrantaron la normativa  del     derecho     internacional     humanitario11.   

Además,  otras  instancias internacionales  han  señalado  que  las  violaciones  al ordenamiento internacional constituyen  delitos  internacionales  y  que  por tanto, no pueden ser objeto de amnistía o  indulto12,  dado  que  se  trata  de  aquellos  comportamientos cuya gravedad  compromete  la  paz  y  la  seguridad mundial, así como la estabilidad ética y  política  del  orden  internacional,  y  con  cuya  comisión  se  vulnera a la  humanidad  en  su  conjunto y no a la persona individualmente considerada. Entre  otros,  son  tenidos como crímenes internacionales los crímenes de guerra. Hay  dos  categorías  de  delitos  internacionales: (i) Las  violaciones  graves: Conductas contra la humanidad y el  derecho  internacional  humanitario,  ocurridas  en  situaciones  distintas a un  conflicto  armado,  o  con  ocasión  de  un  conflicto  armado interno, que los  Estados  tienen  la  obligación  de  hacer  cesar  mediante la elección de los  medios  apropiados  para  ello,  y (ii) Las    infracciones   graves:   Comportamientos  contrarios  al  derecho  internacional humanitario,  acaecidos  en  el  marco  de  un conflicto armado internacional, que los Estados  tienen    la   obligación   explícita   de   reprimir   penalmente13,  con mayor  razón  si  en  las  sociedades  fundadas  sobre presupuestos democráticos y el  respeto  a  los  derechos  fundamentales,  resulta cada vez menos demostrable la  legitimidad  de  recurrir  a  la  fuerza  o a conductas delincuenciales a fin de  expresar   la   inconformidad   política   o   en   procura   de  pretender  la  transformación       de       la      sociedad14.   

         Por su parte la Corte Constitucional ha señalado que:   

“No   puede  sostenerse  que  exista  en  la  Constitución  una  autorización  ilimitada al  legislador  para  dar  un  tratamiento  privilegiado a los llamados delincuentes  políticos.  Por  el contrario: el trato favorable a quienes incurren en delitos  políticos  está  señalado  taxativamente  en  la propia Constitución. Por lo  mismo,  el  legislador  quebranta  ésta  cuando  pretende legislar por fuera de  estos  límites,  ir más allá de ellos. Cabe anotar que ni la Constitución ni  la  ley  definen  o enumeran los delitos políticos. Suelen considerarse delitos  políticos  en  sí,  en  nuestra legislación, los de rebelión y sedición. En  conexión  con  éstos  pueden cometerse otros, que aisladamente serían delitos  comunes,  pero  que por su relación adquieren la condición de delitos conexos,  y  reciben,  o  pueden  recibir,  el  trato  favorable  reservado  a los delitos  políticos.  En  conclusión: el trato favorable a los delitos políticos, en la  Constitución,  es  excepcional y está limitado por las propias normas de ésta  que  se  refieren  a  ellos.  Normas  que  son por su naturaleza excepcional, de  interpretación        restrictiva”15.   

         En sentido similar puntualizó:   

         “Si   se   tiene   en  cuenta  que  al  legislador  le  asiste  una amplia capacidad de configuración normativa siempre  que  se  ejerza  dentro  de  los  límites constitucionales, es claro que de esa  capacidad  hace  parte  la posibilidad de extender tales beneficios (indultos  y  amnistías, se aclara) a los  delitos  conexos  con  los  delitos  políticos.  No  obstante,  se trata de una  facultad   que,   como  cualquier  otra,  también  está  sometida  a  límites  superiores,  fundamentalmente  los  criterios de razonabilidad e igualdad.   De  acuerdo con estos criterios, el legislador no puede extender arbitrariamente  esos  beneficios  a  conductas  ajenas  a  su  naturaleza,  ni  tampoco realizar  inclusiones   o   exclusiones   que   comporten   un   tratamiento  diferenciado  injustificado”16.   

          Sobre  la  misma  temática  se establece en el Estatuto de la Corte  Penal    Internacional    que    la    competencia    de   dicho   tribunal   se  constituye:   

“Afirmando que  los  crímenes  más  graves de trascendencia para la comunidad internacional en  su  conjunto  no  deben  quedar  sin  castigo  y que, a tal fin, hay que adoptar  medidas  en  el plano nacional e intensificar la cooperación internacional para  asegurar  que  sean  efectivamente  sometidos a la acción de la justicia (…);  Decididos  a  poner  fin  a  la  impunidad  de los autores de esos crímenes y a  contribuir  así  a  la prevención de nuevos crímenes; (…) Recordando que es  deber  de  todo Estado ejercer su jurisdicción penal contra los responsables de  crímenes internacionales…”.   

          Adicionalmente,  es  clara  la  presencia  de  tal limitación en el  carácter   humanista  plasmado  en  la  Constitución  Política,  pues  en  su  artículo 30 transitorio dispuso:   

“Artículo  Transitorio   30.   Autorízase  al  Gobierno  Nacional  para  conceder   indultos   o   amnistías   por   delitos  políticos  y  conexos,    cometidos   con   anterioridad   a   la  promulgación   del   presente   Acto   Constituyente,   a  miembros  de  grupos  guerrilleros  que  se  reincorporen  a  la  vida  civil  en  los términos de la  política  de  reconciliación.   Para  tal  efecto  el  Gobierno  Nacional  expedirá    las   reglamentaciones   correspondientes.    Este   beneficio  no   podrá   extenderse  a  delitos  atroces  ni  a  homicidios   cometidos   fuera  de  combate  o  aprovechándose  del  estado  de  indefensión  de  la  víctima”  (subrayas  fuera de  texto).   

          Entonces,  es  procedente  concluir  que  el legislador no puede, so  pena  de contrariar la Carta Política y la normativa internacional, denominar o  tratar como delitos políticos a:    

         (a)  Conductas  que  comporten  un  atentado contra el Estado en sus  ámbitos  organizacionales,  constitucionales o legales, cuando sean producto de  pretensiones  no  políticas,  como  el ánimo de lucro y el exclusivo beneficio  personal,  así  como  los delitos comunes realizados con finalidades diversas a  la política.   

          (b)  Comportamientos  que  por  quebrantar  el derecho internacional  tienen  la  connotación  de delitos internacionales y, por tanto, carecen de la  condición  de delitos políticos, en cuanto no pueden beneficiarse con indultos  o  amnistías17.   

De lo expuesto se colige sin dificultad, de  una  parte,  que  si  ya la Sala ha puntualizado recientemente en la providencia  cuyos  apartes  fueron  transcritos, que ni aún por disposición del  legislador  es  viable  equiparar  el  delito  de  concierto para delinquir con el de sedición y, de otra, que una tal  equivalencia  es  contraria  al  ámbito  de aplicación del delito político de  acuerdo  con  la  Carta Política y la normativa internacional, resulta evidente  que  la  queja  del  recurrente  está  llamada  al  fracaso,  toda  vez  que se  fundamenta,  precisamente,  en  la  tesis  contraria,  esto es, que CARLOS   NOEL  BUITRAGO  VEGA  quien  fue  condenado  por el delito de concierto para delinquir agravado, debe serlo por el  punible  de  sedición,  a partir de la aplicación ultraactiva del artículo 71  de  la Ley 975 de 2005, el cual, como lo ha puntualizado la Sala, es contrario a  la   Carta   Política,   en   cuanto   asimila  indebidamente  un  delito    común   a   un   delito político.   

Lo  dicho  en precedencia constituye razón  suficiente   para  concluir  que  el  cargo  postulado  y  desarrollado  por  el  recurrente  no  está  llamado a prosperar, lo que conlleva a anunciar que no se  dispondrá la casación del fallo atacado.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 18 de octubre de  2005. Rad. 24275, entre otros.   

2 Auto  del 18 de abril de 2006. Rad. 25317, entre otros.   

3 Auto  de segunda instancia dentro del Radicado 26945.   

4 Ver  José  Cerezo  Mir.  Obras  Completas. Derecho Penal.  Parte   general.   Ara   editores.   2006.   pg  345  ss.   

5  Sentencia C- 009 de 1995.   

6  Artículo 7o del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.   

7  El  carácter  masivo  de  los ataques para que se estructuren los crímenes de lesa  humanidad  no fue invocado inicialmente en el Tribunal de Nuremberg, pues fue un  elemento  latente  y  evidente  en  las  conductas que allí se investigaron; no  obstante,  posteriormente  en  el  caso  “Justicie”  contra  14 funcionarios  judiciales  se precisó por el Tribunal militar americano de Nuremberg que “lo  que  se  condena  no  es el crimen aislado de un particular alemán ni el crimen  aislado  en  contra  de  un  particular,  perpetrado  por  el  Reich alemán por  mediación  de  sus  oficiales. Es significativo que la ley utiliza las palabras  en   contra   de   cualquier  población  en  vez  de  en  contra  de  cualquier  individuo civil“.   

8 Así  fue  reconocido  en  1961  por  la  Corte  de  Distrito de Jerusalén en el caso  “Eichmann”,  al  acreditarse una campaña nazi de exterminio, mediante actos  aparentemente  aislados  pero  que formaban un todo. De igual manera el Tribunal  para  la  ex  Yugoslavia  asume  que las ejecuciones ocurridas en el hospital de  Vukovar  se  integraban  al contexto general y organizado del ataque a la ciudad  de  Vukovar.  Igual pronunciamiento se efectúa por parte de este tribunal en el  caso  “Nicolic”, respecto de los actos cometidos por un comandante serbio en  un   campo   de   detención   en  la  región  Srebrenica,  parte  oriental  de  Bosnia.   

9 Así  en  el  caso  “Dusko  Tadic”,  sentencia de mayo 7 de 1995, proferida por el  Tribunal para la ex Yugoslavia.   

10  Informe  de  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el proceso de  desmovilización en Colombia. 2004. párrafo 25.   

11  Informe  No. 1/99 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Caso Lucio  Parada  Cea  y  otros versus  El Salvador. Párrafo 116.   

12  Tribunal   Penal  Internacional  para  la  antigua  Yugoslavia.  Caso  Celibici.  Sentencia del 20 de febrero de 2001.   

13  Artículo  49  Convenio I; artículo 50 Convenio II; artículo 129 Convenio III,  artículo 146 Convenio IV, artículo 14 Protocolo II.   

14  García  Amado  Juan  Antonio. “Delito político. Al  hilo  de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Colombia de 11 de julio  de     2007”.     Universidad    de    León  (España).   

15  Sentencia C-456 de 1997.   

16  Sentencia C-695 de 2002.   

17 En  este   sentido   Quintero   Olivares  Gonzalo,  “La  revisión   del   delito  político:  islamismo  y  otros  problemas”,   en   Cancio   Meliá,   Gómez-Jara  Díez  (coordinadores),  Derecho  penal  del  enemigo. El discurso penal de la  exclusión,  Madrid,  Edisofer,  2006,  vol.  2,  p.  693.     

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