25740(20-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No  25740  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  056  

Bogotá,  D.  C., veinte (20) de abril de dos  mil siete (2007).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CELEDONIO  RAMÍREZ ACERO, condenado por el  delito  de  invasión de tierras y edificaciones, conforme a los lineamientos de  la casación discrecional.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos los sintetizó el juzgador  de segunda instancia, así:   

“La señora Yaneth  Esmeralda  Ramírez  Hurtado  contrató  los servicios profesionales del abogado  Alirio  Ramírez  Acero  (q.e.p.d.),  para  obtener  la  reivindicación  de  un  inmueble  de  su  propiedad, ubicado en la carrera 35D N° 188-54 de Bogotá, la  decisión  judicial  le  fue favorable. El 18 de noviembre de 2000 fue asesinado  el  abogado  en  mención sin que la señora Ramírez Hurtado hubiese pagado sus  honorarios   profesionales   que  serían  tasados  por  el  juzgado.   

“Valiéndose  de  esta  circunstancia  y  aduciendo  que su hermano era el propietario del 50% del  inmueble  referido,  y que la señora Marlen Solano Cifuentes en representación  de  la  menor  hija del obitado, como sucesora le habría vendido esos derechos,  el   señor   CELEDONIO  RAMÍREZ  ACERO  en  el  mes  de  junio  de  2001, se instaló en el inmueble de la  denunciante  Yaneth Esmeralda Ramírez Hurtado impidiendo que la misma ejerciera  ‘el  goce y uso del bien,  la     percepción    de    sus    frutos    y    su    disposición’”.   

2.   El  Juzgado Cincuenta y Nueve Penal  Municipal  de  Bogotá,  mediante sentencia del 4 de agosto de 2004, condenó al  abogado   Celedonio   Ramírez   Acero   a  la  pena  principal  de  36 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la libertad, como autor del delito de  invasión  de tierras y edificaciones que le fuera imputado en la resolución de  acusación,   la  cual  cobró  ejecutoria  el  22  de  diciembre de 2003.   

3.  Apelada la anterior decisión por el  procesado,  el  Juzgado  Diecinueve  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, mediante  sentencia  de  segunda instancia fechada el 20 de enero de 2006, la modificó en  el  sentido  de  condenar a Ramírez Acero a  las  penas  principales  de  24  meses  de prisión y multa de 50  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la libertad. Así mismo, la adicionó  concediéndole   la   prisión   domiciliaria.   En   lo  demás  la  confirmó.   

4.   Inconforme  con el fallo de segundo  grado,  el  procesado  interpuso  recurso de casación excepcional y, dentro del  término legal, su defensor presentó la respectiva demanda.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El   defensor   del   procesado,  luego  de  identificar  a  los  sujetos procesales, de sintetizar los hechos y de hacer una  relación   de   la   actuación   procesal,   en   el  capitulo  que  denominó  “Procedencia       de       la       casación  excepcional”, afirma  que,  de conformidad con el inciso tercero del artículo 205  del  Código  de  Procedimiento  Penal, en este asunto se cumplen los requisitos  para  acudir  a  la  casación  discrecional,  ya  que  la  sentencia de segunda  instancia  la  profirió un juzgado penal del circuito, además de que el delito  por   el   cual   fue  condenado  su  procurado  contempla  pena  máxima  de  5  años.   

Luego  de citar jurisprudencia de la Sala que  precisa  las  exigencias  propias  de  la  casación  excepcional,  dice  que la  impugnación  discrecional  se orienta a demostrar la violación de los derechos  fundamentales  de  su  defendido, para lo cual, con base en el cuerpo segundo de  la  causal  primera  de  casación,  formula  un único  cargo contra el fallo de segundo grado.   

Así, acusa al juzgador de haber incurrido en  violación  indirecta del artículo 263 del Código Penal, originada en un error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia, norma aquella que no hubiera sido  aplicada   indebidamente  si  el  sentenciador  “no  hubiese  ignorado  unas  pruebas,  cuya  debida  contemplación,  en  cambio, lo  hubiera  conducido  a  un  inexorable  fallo  de  ABSOLUCIÓN, bien porque queda  entonces  demostrada  la  inocencia  del  acusado,  ora debido a que existe DUDA  razonable         acerca        de        esa        responsabilidad”.   

A continuación, refiere que como en este caso  el  ataque  en  sede  de  casación discrecional involucra un error por omisión  probatoria  que  conduce  a  la  transgresión  de  la garantía fundamental del  debido  proceso, necesariamente se impone su admisión como así lo ha precisado  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  la que cita y transcribe, toda vez que dicha  omisión  hace parte de la actuación y, por ende, de la aplicación del derecho  material o sustancial.   

En   esas   condiciones,  sostiene  que  el  sentenciador   omitió   el   “anverso”  del  documento  por medio del cual su defendido arrendó, el 10  de  mayo  de  2001,  el  inmueble  a Andrés Arturo Bolívar León, para lo cual  transcribe     el     contenido     del    texto    de    las    “cláusulas adicionales”.   

Igualmente,   dice   que   en   el   mismo  capítulo          de        “cláusulas  adicionales”  se consignó que el 15 de noviembre de  2000  el  doctor  Alirio  Ramírez  Acero celebró contrato de arrendamiento con  Gonzalo  Bolívar  Bohórquez  y  Andrés  Bolívar  León, texto que igualmente  procede   a  copiar  y  que,  en  su  criterio,  también  fue  omitido  por  el  juzgador.   

Asevera  que  la  incidencia  de  la omisión  valorativa  de  las  partes  transcritas y que se refieren a las “cláusulas  adicionales” es notoriamente  significativa,  toda  vez que su defendido “redactó  así  esas  cláusulas,  copiándolas  sustancialmente  del contrato que 6 meses  atrás  celebrara  su hermano Alirio como coarrendador (lo acompañó dona Yanet  Esmeralda  Ramírez  Hurtado)  CONVENCIDO  de que este último era efectivamente  codueño  del  50%  del predio, y precisamente por eso  fue  que  inicialmente canceló algún arriendo a la copropietaria señora Yanet  Esmeralda”.   

Arguye que su procurado, desde el comienzo de  la  investigación,  viene  reiterando que procedió a ocupar el inmueble porque  su  hermano  había  fallecido  y por que la esposa de éste, Marlén, le contó  que  por  concepto  de  honorarios  devengados por el éxito procesal él había  quedado  como  dueño  de  la  mitad,  siendo  ello el motivo por el cual Alirio  Ramírez,  el  15  de  noviembre  de  2000,  arrendó el predio en su calidad de  codueño,  sin  olvidar  además que “nadie aquí ha  cuestionado  que  efectivamente el doctor Celedonio le compró en 10 millones de  pesos  esos  derechos que correspondían a la hija de Alirio-Marlén”.   

En  esas condiciones, afirma el libelista que  su  procurado  estaba  facultado  para ejercer actos de señor y dueño sobre el  mencionado   inmueble,   “y  para  responderle  al  fallador,  si  canceló  algún arriendo a la denunciante, fue justamente porque  la    estimó    y   estima   aún   como   dueña   de   la   mitad”.   

Dice que “esos dos  folios  vuelto  ignorados por el fallador” establecen  que   el  procesado  “no  tuvo  conciencia  de  que  invadía,  sino,  por el contrario, actuó así convencido razonablemente de que  procedía  del  modo que se le viene censurando porque tenía todos los derechos  que  le  otorgaba  con  claridad  la  ‘cláusula                primera               adicional’    que    se   ha   mencionado   y  transcrito”.   

Asevera que “tiene  razón  el sentenciador cuando observa que la esposa del doctor ALIRIO no podía  ‘cobrarse     por  derecha’  los honorarios  de  su esposo y que lo legal era que acudiera a la regulación de los mismos que  contempla  el  artículo  69 del Código de Procedimiento Civil, pero ella no es  abogada,  sino odontóloga, y, como se vio, le vendió a su cuñado Celedonio el  50%  que  precisamente  su recién fallecido esposo había alquilado como primer  arrendador”.   

Concluye,  entonces,  que  debe admitirse que  “esa   inocencia   e  ingenuidad  la  recibió  el  procesado  Celedonio,  a  quien podría reprochársele  negligencia  o  precipitud en no constatar si legalmente su hermano era dueño o  poseedor  de la mitad del predio, situación que podría general “culpa”,  modalidad  que  no  admite  el  delito por el cual fue condenado.   

De  otra  parte,  sostiene  que  el resto del  caudal  probatorio  allegado  al proceso avala el convencimiento que rodeó a su  procurado,  según así se constata con los testimonios de Carlos Virgilio Feo y  José  Libardo  Barreto,  quienes le escucharon decir que era dueño de la mitad  del predio.   

Por lo anterior, agrega que como mínimo queda  la  duda razonable en el sentido de que su defendido no actuó con dolo, pues no  sabía  que  invadía  sino  que  entraba a un inmueble que le pertenecía en el  50%, aspecto que lo hace responsable penalmente.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  al procesado del cargo imputado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Es  evidente  que,  de  conformidad  con  el  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, sólo procede en este asunto  el  recurso de casación discrecional, pues la sentencia de segunda instancia no  la  dictó  un   tribunal  superior  de  distrito  judicial sino el Juzgado  Diecinueve  Penal  del Circuito de Bogotá, en la medida en que el procesado fue  condenado   por   un   delito   de   competencia   de   los   juzgados   penales  municipales.   

De  igual  manera, es claro que el procesado  Celedonio  Ramírez  Acero,  a   través  de  su  defensor, tiene legitimidad e interés para recurrir a  través  de  esta  vía  extraordinaria  excepcional, según así lo autoriza el  artículo 209 ibidem.   

Así  mismo,  recuérdese  que  cuando  la  casación   se  intenta  por  vía  excepcional,   requiere   no   sólo   que   se   trate  de  una  sentencia   de  segunda   instancia   y   que   la   conducta   punible   sea   sancionada   con   pena  distinta   a   la   privación   de   la   libertad   o   que     esta    sea    inferior    a    la   pena   exigida   para   la   casación  ordinaria,  sino   que    también    es   preciso  que   el   actor   cumpla    con    la    carga    de    fundamentar   los    motivos    por    los   cuales   considera   se   ha   violado   una  garantía  fundamental  o  porque    se   hace   necesario   el   desarrollo   de    la    jurisprudencia,    pues   sólo   a   esos   eventos   se   restringe   la   admisibilidad  de   esta  modalidad  casacional.    

En  el  asunto  que ocupa la atención de la  Corte,  se  observa que el censor cumplió con el anterior presupuesto, al haber  señalado  las  razones  por  las  cuales  acude  a  esta sede, es decir, por la  garantía de los derechos fundamentales.   

Y  si  bien,  en  principio, el único  cargo formulado contra el fallo de  segunda  instancia  está sustentado en una causal distinta al de la nulidad, de  todos  modos  el  contenido demostrativo del mismo guarda logicidad y coherencia  con  el  motivo  seleccionado y sobre el cual se apoya el recurso extraordinario  excepcional.   

Al   respecto,  la  Sala  ha  indicado  lo  siguiente:   

“De  manera  que  cuando  se  acude  a la casación discrecional en busca de la protección de las  garantías   fundamentales,   los   motivos   que   guardan   ilación   con  el  desconocimiento  de  estas  deben ser propuestos y desarrollados conforme a cada  una  de  las  causales  previstas  en  el  artículo  207  de la ley 600 de 2000  pues   no  todas las garantías se relacionan con la actividad procesal, ya  que   existen   otras   que   se   vinculan  con  la  declaración  del  derecho  sustancial.   

“Así,   es  pertinente  distinguir  las  violaciones  de  las  garantías que corresponden a  errores  de  procedimiento  y  por  tanto denunciables por la causal tercera, de  aquellas   cuyo  desconocimiento  configuran  vicios  de  juicio  o  de  mérito  atacables por la causal primera.   

“De  ahí  que  cuando  se reprocha la violación al debido proceso porque en la sentencia se ha  omitido   la   valoración   de   medios   de   convicción   que   hacen  parte  materialmente   de   la   actuación,   se  está   en   presencia   de   un   yerro   de  juicio  sobre la  declaración  o  aplicación  del  derecho  material o sustancial, cuya denuncia  –según  lo  dicho-  debe  hacerse por vía de la causal primera cuerpo segundo.   

“Luego la denuncia  de  un  reparo  como  el  señalado  corresponde  hacerla  bajo  alguna  de  las  modalidades  del error de hecho por falsos juicios de existencia o de identidad,  sea  que  se trate de una omisión total o de una parcial de la prueba o pruebas  ignoradas,  correspondiendo  pedir  en  sede  de casación una vez demostrada la  censura  propuesta  y  su incidencia en el sentido de la sentencia su reemplazo,  conforme  a  lo  previsto  en  el numeral 1º del artículo 217 de la ley 600 de  2000”.1   

En consecuencia, porque la demanda reúne los  requisitos  legales,  se  declarará  ajustada  y  se  ordenará dar el traslado  correspondiente    a    la    Procuraduría    Delegada    para   la   Casación  Penal.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

ADMITIR la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   CELEDONIO  RAMÍREZ ACERO. En consecuencia,  de  acuerdo  con lo preceptuado en el artículo 213 del Código de Procedimiento  Penal,  córrase  traslado  al  Procurador Delegado para la Casación Penal para  que, dentro del término legal, rinda concepto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso   

Notifíquese   y   cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                             

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

         Secretaria     

1  Casación discrecional 24011 del 22 de septiembre de 2005.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *