25667(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25667  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

                                     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Aprobado acta N° 102  

Bogotá,  D. C.,junio veinte (20) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Rendido  el  concepto de rigor por parte del  Procurador  Primero  Delegado  para  la Casación Penal, la Sala decide de fondo  sobre  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ    TIBERIO    ALVARADO    TARAZONA,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el 23 de enero de 2006, confirmatorio del dictado por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma sede el 19 de agosto de 2005,  por  cuyo  medio  condenó  al  aludido  y  a  Héctor  Caamaño  Carvajal,  a  la  pena principal de seis (6)  años  y  ocho  (8) meses de prisión y a las accesorias de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas y privación del derecho a la  tenencia  y  porte  de  armas,  por  el  mismo  lapso,  como  autores penalmente  responsables  del  delito  de  hurto calificado y agravado, en concurso con acto  sexual  en  persona puesta en incapacidad de resistir y porte ilegal de armas de  defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los primeros los resumió el Tribunal de  la siguiente manera:   

“El 7 de junio  de  2005,  aproximadamente  a  las 21:00 horas, cuatro individuos arribaron a la  finca  La  Capuchina  del municipio de Rionegro (S.), lugar donde amenazaron con  armas  de fuego, amordazaron y retuvieron en uno de los cuartos de la vivienda a  todos  los  allí  residentes, a la par que realizaron en el patio trasero actos  de  tocamiento en los senos y la vagina de una menor (a quien habían atado a un  árbol,  precisa  la  Sala) sin quitarle la ropa, para después huir con la suma  de  $200.000  y  los  muebles  hurtados.  Sin  embargo,  tres  de  ellos  fueron  aprehendidos  a  las 00:10 horas del día siguiente, cuando se desplazaban en el  vehículo  Chevrolet  de  placas  IDA  769,  siendo  identificados  como Héctor  Caamaño   Carvajal,   José   Tiberio  Alvarado  Tarazona  y  Walter  López”   

          2.  La  Fiscalía  Seccional  de  Bucaramanga  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  Héctor   Caamaño  Carvajal,  JOSÉ  TIBERIO  ALVARADO  TARAZONA  y  Wálter  López,  a quienes les definió la situación  jurídica  el  14  de  junio  de  2005 con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  sin  derecho  a  libertad  provisional,  por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  en  concurso  con  acto  sexual  en  persona puesta en  incapacidad de resistir, agravado.   

3.  Inmediatamente  después  de cerrarse la  etapa  instructiva, los procesados aportaron constancia de haber indemnizado los  perjuicios  ocasionados,  a  la  vez  que  manifestaron  su deseo de acogerse al  mecanismo  de  sentencia anticipada. El 6 de julio de 2005, el fiscal dispuso la  libertad  provisional  de  los aludidos y el 11 siguiente celebró la respectiva  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  a  la  cual solamente  acudieron   Héctor  Caamaño  Carvajal  y      JOSÉ      TIBERIO     ALVARADO  TARAZONA,  quienes  con  la  presencia  de su defensor  aceptaron  la  responsabilidad  respecto  de los ilícitos de hurto calificado y  agravado,  acto  sexual en persona puesta en incapacidad de resistir, agravado y  porte    ilegal    de   armas   de   fuego   de   defensa   personal.   

4.  Finalmente,  el  19 de agosto de 2005 se  profirió  fallo,  por  cuyo  medio  Héctor  Caamaño  Carvajal   y  JOSÉ  TIBERIO  ALVARADO   TARAZONA   fueron  condenados  a  la  pena  principal  de  seis (6) años y ocho (8) meses de prisión y a las accesorias de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  y  privación  del  derecho  a  la tenencia y porte de armas. Así  mismo,  se les negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

         5.  El  defensor  de los procesados interpuso recurso de apelación  contra  la  sentencia  de  primer grado, en busca de obtener, por favorabilidad,  rebaja  de  pena en un 50%, de acuerdo con lo previsto en el artículo 351 de la  Ley  906  de  2004 y, consecuencialmente, concederles la suspensión condicional  de la ejecución de la pena o la prisión domiciliaria.   

6.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  confirmatorio   del   de   primera  instancia,  el  defensor  interpuso  recurso  extraordinario    de    casación   a   nombre   únicamente   de   JOSÉ  TIBERIO ALVARADO TARAZONA, allegando  la  correspondiente  demanda,  la  cual  fue  admitida por reunir las exigencias  lógico  formales y de adecuada fundamentación establecidas en el artículo 212  de  la  Ley  600 de 2000. En el curso del trámite casacional se obtuvo concepto  del Ministerio Público.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  plantea contra la sentencia del Tribunal dos cargos,  ambos  por violar directamente la ley sustancial, el primero por “exclusión  evidente”  del  artículo 40  del    estatuto    procesal    penal    y   el   segundo   por   “exclusión  evidente”  del artículo 351  de la Ley 906 de 2004.   

En  el  primer  cargo  sostiene  que resulta  vulneratorio  de  los artículos 13 y 29 de la Constitución Política que quien  se  acoja a la sentencia anticipada allí donde se aplica el nuevo sistema penal  acusatorio  se  haga  acreedor  a  una  rebaja  superior  a  la  reconocida a su  defendido.   

Y  en  el segundo reproche señala que si el  sentenciador  hubiese  tenido  en  cuenta  la  personalidad  del  procesado,  la  equidad,  la  ausencia  de  antecedentes  y  las  circunstancias  de atenuación  punitiva,  no  lo habría condenado a la “exagerada e  injusta”  pena que le impuso ni le hubiera negado la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

A  través de las dos cesuras en mención el  casacionista  persigue,  entonces,  que la Corte case el fallo de segundo grado,  para  rebajar  la  pena,  de conformidad con el nuevo estatuto procesal penal y,  consecuencialmente,  otorgar  al  procesado  la  suspensión  condicional  de la  ejecución de la pena.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

A  manera de aclaración previa, empezó por  anunciar  que el estudio de los dos reproches lo haría de manera conjunta, dado  que  ambos  apuntan  a  censurar la falta de aplicación del artículo 351 de la  Ley  906  de  2004,  con  el  propósito  de  obtener  la  rebaja  de pena allí  consagrada,  cuya  exclusión  por  los juzgadores condujo al desconocimiento de  los  principios  de  igualdad y favorabilidad, pues aunque no menciona de manera  expresa  ese  último,  del  contexto  de  la  demanda  se advierte que pretende  también su reconocimiento.   

Destacó  luego  que  en este caso le asiste  interés  jurídico  al  actor  para  interponer  el  recurso  extraordinario de  casación,  pues aun cuando la sentencia se pronunció por vía del mecanismo de  terminación  anticipada  del  proceso,  el  reproche  se orienta a demostrar la  vulneración  de  los principios de igualdad y favorabilidad con repercusión en  la  dosificación  de  la  pena, que constituye uno de los aspectos en relación  con  los  cuales el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 autoriza al procesado o a  su defensor para recurrir el fallo.   

          Refiriéndose  ya al fondo de la materia, consideró la Delegada que  aunque  el  inciso  final  del artículo 6º de la Ley 906 de 2004 establece que  las  disposiciones de ese código se aplicarán exclusivamente a las actuaciones  adelantadas  por  delitos  cometidos  con  posterioridad  a su vigencia y que el  mismo  estatuto previó la gradualidad para la implementación del sistema penal  acusatorio  allí  contemplado,  tales  situaciones no impiden el reconocimiento  del  principio  de favorabilidad a casos como el presente donde dicho sistema no  había  empezado  a  regir  cuando  tuvieron  ocurrencia  los hechos, como lo ha  expresado la Corte Constitucional.     

          Al  respecto,  hizo también alusión a decisiones de la Sala en las  cuales  se ha admitido esa posibilidad, cuando no se desnaturaliza el componente  esencial  del  sistema  acusatorio.  Sin  embargo,  se  apartó parcialmente del  criterio  mayoritario  de la Corte, plasmado en la sentencia del 23 de agosto de  2005  (Rad. 21954), según el cual no resulta dable aplicar por favorabilidad la  rebaja  de  pena  contemplada en la Ley 906 de 2004 a los asuntos tramitados con  fundamento  en  la  Ley  600  de  2000,  porque todas las formas de terminación  anticipada  de  la  actuación  reguladas  en  el nuevo esquema penal acusatorio  implican  una  consensualidad  que involucra  un acuerdo bilateral entre la  fiscalía y el procesado.   

          El    desacuerdo   del   Procurador   Delegado,   según   así   lo  precisó,   recae en punto del allanamiento a los cargos regulado en la Ley  906,  porque,  en su criterio, contrario a lo que acontece con los preacuerdos y  negociaciones,   aquella   figura   sí  guarda  similitudes  con  la  sentencia  anticipada  prevista  en  la Ley 600, en tanto las caracteriza la unilateralidad  en  la  manifestación  de  voluntad  de aceptar los cargos sin condicionamiento  alguno,  amén  de  que ambas suponen que el procesado haya sido informado de la  imputación,  que  la  aceptación  resulte equivalente a la acusación y que el  respectivo  fallo  sea  de  carácter  condenatorio  con  el  otorgamiento de la  correspondiente rebaja de pena.   

          Para  el  representante  del  Ministerio Público, la postura que de  esa  manera plantea no implica afectación al esquema esencial del nuevo sistema  penal  acusatorio,  no  obstante  la  distinta  filosofía  que  informa los dos  estatutos   procesales   en   relación   con   “la  justificación,  presupuestos,  trámite,  finalidad  y  efectos”.   Es   de   la   opinión,  de  otra  parte,  que  el  ius   puniendi   del   Estado   perdería  legitimidad  si  por  razones  estrictamente territoriales una persona recibiera  tratamiento   desfavorable   por   cuestiones   de   logística   institucional.   

          En   ese   sentido,  consideró  que  no  puede  convertirse  a  los  ciudadanos  en  instrumento  para el cumplimiento de la plena implementación de  un  sistema,  por  el  mero hecho de haber delinquido durante su transición, de  manera  que no resulta dable interpretar tal gradualidad, en forma de impedir la  aplicación  de  principios  constitucionales  sobre  los  cuales  se  funda  la  organización  estatal,  como  la  favorabilidad  y  la igualdad, según así lo  reiteró la Corte Constitucional en recientes sentencias de tutela.   

          Por  lo  anterior,  solicitó  casar  parcialmente la sentencia para  otorgar  la rebaja de pena prevista por aceptación de responsabilidad en la Ley  906   de   2004   y,  consecuencialmente,  conceder  al  procesado  ALVARADO    TARAZONA    la   suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, si hubiere lugar a ello. Así mismo, y  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 229 de la Ley 600 de 2000,  pidió hacer extensiva la decisión al procesado no recurrente.   

          De  otra  parte, demandó casar la sentencia de manera oficiosa, por  cuanto  los  sentenciadores  vulneraron el principio de igualdad al dosificar la  pena  considerando  los  incrementos punitivos señalados en la Ley 890 de 2004,  pese  a que cuando ocurrieron los hechos no había empezado a aplicarse el nuevo  sistema penal acusatorio en el Distrito Judicial de Bucaramanga.   

          Sustentó  dicho pedimento en varios pronunciamientos de la Sala, al  amparo  de  los  cuales  resulta  imperioso  concluir  que el sistema acusatorio  constituye  un  conjunto  de  disposiciones  sustanciales  (Ley  890  de 2004) y  procesales  (Ley 906 de 2004), que conforman una unidad entre sí, de manera que  su  vigencia y validez depende de su mutua interrelación, sin que entonces haya  lugar  a  aplicar las primeras (las disposiciones sustanciales) a aquellos casos  no    tramitados   con   fundamento   en   las   segundas   (las   disposiciones  procesales).    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestiones previas.   

         Antes    de    abordar   el   estudio   de   la   temática  de fondo puesta a consideración de  la  Sala  por  el  impugnante  y  por  el  Ministerio  Público, se hace necesario hacer dos precisiones. En  primer  lugar,  que  aun cuando el actor propone dos cargos, su examen  se  efectuará  en  forma  conjunta,  pues,  como lo señala el Procurador Primero Delegado,  ambos  se  orientan a obtener el reconocimiento de la rebaja de pena contemplada  en  el  artículo 351 de la Ley 906 de 2004, en vez de  la  aplicada  por  los  juzgadores  de instancia,   esto  es,  la  prevista  en  el  numeral  4º  del  artículo 40 de la Ley  600  de  2000,  equivalente  la  misma  a  una  tercera parte, en  contraste  con la consagrada en la primera de esas disposiciones que se extiende  hasta la mitad de la sanción.   

Al  respecto,  se  tiene  que  si bien en el  segundo  reproche el casacionista aduce que el procesado no requiere tratamiento  penitenciario,  señalando  algunas  razones en orden a demostrar ese aserto, lo  cierto  es que el cargo lo plantea también con sustento en la causal primera de  casación,  cuerpo  primero,  por  falta  de aplicación (o exclusión evidente,  como  lo  dice  el  censor),  del  artículo  351  antes citado, siendo entonces  incuestionable  que  su  pretensión  es  denunciar  allí,  igualmente,  la  no  concesión  de  la rebaja prevista en esa disposición, debiéndose entender que  los  argumentos  adicionales  relacionados  con  la  personalidad  y ausencia de  antecedentes  que  expone  apuntan  a  que la Corte, de acceder a su pretensión  principal,   conceda   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

         Y  en  segundo término, que cuando se trata, como en este caso, de  sentencia  anticipada,  la Sala viene sosteniendo que el impugnante en casación  tiene  las  mismas  restricciones que operan para el recurso de apelación si el  recurrente  es  el  procesado  o  su defensor, de suerte que solamente le asiste  interés  en  los  precisos  eventos  a  que  se  refiere  el inciso décimo del  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000,  esto  es,  dosificación de la pena,  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena privativa de la libertad y extinción del  dominio  sobre  bienes,  sin  que  entonces le resulte válido discutir aspectos  atinentes  a  la  ocurrencia  del  hecho  o  a  la  responsabilidad,  pues  ello  implicaría  una  inadmisible  retractación  a la manifestación de aceptación  que  en  su  momento  efectuó  respecto de los cargos  1.   

         Ese  presupuesto  de  legitimación,  como  lo  pone de presente la  Delegada,  se  cumple  en  este  caso,  pues  la  discusión  planteada  por  el  casacionista,  como  ya se dijo, se concreta al no otorgamiento de una rebaja de  pena   superior  a  la  concedida  por  los  falladores  como  consecuencia  del  acogimiento  al  mecanismo de sentencia anticipada, aspecto que se relaciona con  la dosificación de la sanción.   

         Sobre  la rebaja de pena prevista en el artículo 351 de la Ley 906  de 2004.   

         La  Sala  mayoritariamente  sentó  ya  su criterio en torno a este  tema,  precisando  que  si  bien  resulta  dable,  en  virtud  del  principio de  favorabilidad,  aplicar  en forma retroactiva el estatuto procesal penal de 2004  a  los  casos  tramitados  bajo  la  égida  de la Ley 600 de 2000, ello resulta  improcedente  en  lo  relativo  al instituto de la sentencia anticipada, por las  características  disímiles que tiene esa figura con las formas de terminación  anticipada  de  la  actuación  reguladas  en el nuevo sistema penal acusatorio.   

Las  razones  de  dicha  postura  aparecen  condensadas  en  reciente  sentencia  de  casación que importa entonces traer a  colación  aquí,  como  argumentos que se ofrecen suficientes para despachar en  forma  desfavorable la pretensión del actor. Se expresó la mayoría de la Sala  así:   

“…  como  lo  ha  dicho…  la Sala, de  acuerdo  con el artículo 29 de la Constitución Política y frente al principio  de  favorabilidad,  la  gradual  aplicación del nuevo sistema inmerso en la Ley  906  de  2004 no es óbice para que a procesos rituados bajo el amparo de la Ley  600  de 2000 se aplique una nueva codificación adjetiva siempre que ella regule  de   manera   más  benigna  institutos  procesales  análogos  y  de  carácter  sustancial, contenidos en una u otra legislación.   

   

No obstante, frente al tema planteado por el  casacionista,  si bien es cierto que los institutos de sentencia anticipada y la  aceptación  de  cargos  o  de  imputación  tienen  origen  en el derecho penal  premial,  también  lo  es  que  cada  una  guarda  características propias que  consignadas  en  un  sistema  determinado  las  hace  diferentes  y  acordes  al  mismo.   

Sobre este puntual aspecto vale inicialmente  destacar que la jurisprudencia de la Corte ha dicho lo siguiente:   

“…no puede perderse de vista que tanto la  Ley  600 como la 906 responden a sistemas procesales expedidos por el legislador  con  arreglo  y  en desarrollo de normas constitucionales diferentes, por lo que  la  comparación  para  establecer cuál de las normas sustanciales coexistentes  inserta  en alguno de los dos sistemas de juzgamiento que hoy operan en el país  resulta   más   favorable,   abarca  la  necesaria  comparación  del  régimen  constitucional dentro del cual fue emitida.   

“De  allí  que  la  aplicación  de  la  favorabilidad  respecto  de determinadas normas contenidas en la Ley 906 a casos  regulados  por  la  Ley  600,  depende  de  la  equivalencia  de los respectivos  institutos,  la  cual,  desde ya se advierte, no se consolida en los casos de la  aceptación  de  la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en  los  artículos  293 y 351 de la primera normatividad, y la sentencia anticipada  regulada  en el artículo 40 de la segunda, pues además de que fueron moldeados  con  arreglo  a  esquemas  constitucionales  diferentes,  configuran  institutos  procesales  sostenidos  en  bases filosóficas distintas: aquél en el paradigma  del  consenso,  ésta  en  el  del  sometimiento”.2   

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­Así,  la  sentencia  anticipada que prevé la Ley 600 de 2000 y la  terminación  anticipada  regulada  por  la  Ley 906 de 2004 tienen origen en el  derecho  penal  premial,  según  el  cual,  el  procesado  renuncia al trámite  integral  del proceso a cambio de un beneficio punitivo. No obstante, respecto a  su  aplicabilidad surgen, de manera evidente, características distintas que las  hacen diferentes entre sí.   

Es  verdad  que  en la sentencia anticipada  propia  de  la  legislación  del  año  2000,  se sustenta sobre el acto libre,  voluntario  y  unilateral  del  procesado  en  cuanto  a  su  manifestación  de  acogimiento  frente  a  las consecuencias jurídicas que ello implica, así como  también las etapas sobre las cuales se puede materializar.   

Sin embargo, tales reglas no son predicables  respecto  de  la  terminación anticipada que contempla la Ley 906 de 2004, toda  vez  que  este  instituto  se  edifica sobre unos precisos parámetros como son:  “Preacuerdos  y  negociaciones  entre la Fiscalía y el imputado o acusado”,  fundados  en el consenso, el cual tiene como objetivo fundamental los siguientes  fines previstos en el artículo 348:   

a)  Humanizar  la  actuación procesal y la  pena.   

b)    Obtener    pronta    y   cumplida  justicia.   

c)  Activar  la solución de los conflictos  sociales que genera el delito.   

d) Propiciar la reparación integral de los  perjuicios ocasionados con el injusto.   

e)  Lograr la participación del imputado o  acusado en la definición de su caso.   

Teniendo   presente   esas   finalidades,  comienzan  a  emerger  claras  las  divergencias  entre  los citados institutos.   

En  efecto, si bien es cierto que dentro de  la  concepción  de  Estado  social  democrático  de  derecho  el juzgador debe  propender,  entre  otras  cosas,  por  el  restablecimiento  del  derecho de las  víctimas,  también lo es que dentro del nuevo marco de procesamiento penal con  tendencia   acusatoria   y  fundado  en  el  consenso,  el  instrumento  de  los  preacuerdos  y  negociaciones  se  erige  como  el  mecanismo  para  activar  la  solución  de  los  conflictos  sociales,  propiciar  la  reparación integral y  lograr  la  participación  del  imputado  o  acusado  en  la  resolución de su  caso.   

El  instituto de sentencia anticipada sólo  se  funda  en  la  terminación  anormal  del proceso sin que el mismo estuviera  supeditado  a  ningún  tipo de negociación con la Fiscalía, ni condicionado a  la  reparación  integral de los daños ocasionados con la conducta punible, sin  desconocer  que en el instituto de preacuerdos y negociaciones es posible que la  terminación  anticipada  del  proceso  sea producto de una decisión unilateral  del imputado o acusado.   

El  nuevo  sistema  de  procesamiento  que  consagra  la  Ley  906 de 2004, “por el contrario, Fiscal y procesado acuerdan  la  rebaja, que por eso se estableció flexible, resultando la misma dependiente  de  consideraciones como el ahorro de proceso, la contribución del procesado en  la  solución  del caso, su disposición a reparar efectivamente a la víctima y  otras  similares  que  en  momento  alguno se pueden confundir con los criterios  legales  para  fijar  la  pena,  sin  pasar  por  alto obviamente las directivas  adoptadas  por  la  Fiscalía en materia de acuerdo o preacuerdo y las pautas de  política  criminal  eventualmente  existentes, circunstancias todas respecto de  las  cuales  quien  cuenta con información para el discernimiento respectivo es  el Fiscal y no el juez.   

“Ahora  bien:  la  circunstancia de que el  allanamiento  a  cargos  en  el Procedimiento Penal de 2004 sea una modalidad de  acuerdo,  traduce  que  en  aquellos  casos  en  los  que el sujeto activo de la  conducta  punible  hubiese obtenido un incremento patrimonial fruto de la misma,  debe  reintegrar  como  mínimo  el  50%  de  su valor y asegurar el recaudo del  remanente  para  que  el  Fiscal  pueda  negociar y acordar con él, conforme lo  ordena el artículo 349 de esa codificación.   

“Una interpretación contraria, orientada a  respaldar  la  idea de que aceptar los cargos en la audiencia de formulación de  imputación  exonera  de  ese  requisito para acceder a la rebaja de pena, riñe  con  los fines declarados en el artículo 348 ibídem y específicamente con los  de  obtener  pronta  y cumplida justicia, activar la solución de los conflictos  sociales  que  genera  el  delito  y  propiciar la reparación de los perjuicios  ocasionados  con él, a cuyo cumplimiento apunta la medida de política criminal  anotada,   de  impedir  negociaciones  y acuerdos cuando no se reintegre el  incremento patrimonial logrado con la conducta punible.   

“La noción de pronta y cumplida justicia,  entonces,  debe  entenderse  en  la  nueva  sistemática  de manera integral, es  decir,   no  sólo  en  la perspectiva de lograr una sentencia condenatoria  rápidamente  a  cambio  de  una ventaja punitiva para el procesado –que  es  lo  que  pasa en la sentencia  anticipada—, sino además  en  la  necesidad de restablecer el equilibrio quebrantado con el delito, que es  lo  que finalmente soluciona el conflicto al verse la víctima compensada por la  pérdida                 sufrida”.3   

Así mismo, no se puede perder de vista que  el  instituto  del  allanamiento  de  cargos  en la audiencia de formulación de  imputación  se  sustenta  en el concepto de preacuerdo o acuerdo, habida cuenta  que  la  manifestación   de  allanamiento,  que  si bien la hace de manera  libre  y  voluntaria  el  imputado, de todos modos siempre conlleva a un acuerdo  sobre  el monto de la rebaja de pena, sin perder de vista que en algunos eventos  el  mismo  surge  como  consecuencia  de la información que debe suministrar el  Fiscal  conforme  lo  ordena  el  numeral 3° del artículo 288 de la Ley 906 de  2004.   

Contrario  a  lo regulado para la sentencia  anticipada,  en  el instituto de allanamiento de cargos, el Fiscal y el imputado  no  solo  llegan  a acuerdos sobre el porcentaje de la rebaja de pena, que puede  ir  hasta  la  mitad  de  la pena a imponer, sino que también el consenso puede  recaer  sobre  el reconocimiento de la prisión domiciliaria o de la suspensión  de  la  ejecución de la pena, aspectos que el juez debe acatar siempre y cuando  no se quebranten garantías fundamentales.   

Por  ello, fácil resulta evidenciar que en  tratándose  de  la  sentencia anticipada, hecha la manifestación unilateral de  aceptación  de  cargos,  la  misma  no  sólo  termina allí, sino que también  ningún   tipo   de   consenso  la  sustenta,  quedándole  al  sentenciador  el  proferimiento   de   la   correspondiente   sentencia,  teniendo  en  cuenta  el  sometimiento  que  hizo  el  sindicado  o acusado de los cargos formulados en su  contra.   

Igualmente  las  diferencias  también  se  advierten  a  lo  largo  de ambos procesos frente a los institutos que ocupan la  atención  de la Sala, pues consecuente  con  el  principio   de   consensualidad,   la   ley   dispuso   en  el  numeral  5°  del  artículo  356  que  sea el juez de conocimiento quien, en la  audiencia    preparatoria,    requiera    al   acusado   para    que   “manifieste   si  acepta   o   no   los   cargos”,   evento  en  el  cual,  en   caso   de   que   no   haya  habido   preacuerdos   con    el    Fiscal,    procederá    a    dictar   sentencia     si     el    acusado     los    aceptó,   debiendo     reconocer     “hasta     una    tercera   parte”,   pues de haber existido acuerdo con la Fiscalía, necesariamente  el  juez  debe  acatar  lo  acordado,  siempre  que  no  se desconozcan derechos  fundamentales,  sin  olvidar  que  el  artículo  352  precisa que “cuando los  preacuerdos  se  realizaren  en este ámbito procesal (preacuerdos posteriores a  la  presentación  de  la  acusación),  la  pena  imponible se reducirá en una  tercera parte”.   

A  su  vez,  en  cuanto  al juicio oral, el  artículo  367  dispone que el juez “advertirá al acusado, si está presente,  que  le  asiste  el  derecho  a  guardar  silencio y a no autoincriminarse, y le  concederá  el  uso de la palabra para que manifieste, sin apremio ni juramento,  si  se  declara  inocente o culpable”. En caso de ser afirmativa la respuesta,  el  juzgador,  siguiendo el mandato del artículo 368 (condiciones de validez de  la  manifestación), debe proceder a establecer si dicha aceptación es producto  de  un  acto  unilateral  o  de  “una  manifestación  preacordada”  con  la  Fiscalía,  situaciones  que  dan lugar a dos posibles definiciones: si se trata  de  la  primera,  el juez, luego de verificar que el acusado “de manera libre,  voluntaria,  debidamente  informado de las consecuencias  de  su   decisión   y   asesorado   por  su  defensor”,   procede   a  dictar   sentencia  condenatoria,  dentro   de   la  cual  debe  reconocer  una “rebaja  de   una      sexta      parte      de     la     pena   imponible”.   En   cambio,  tratándose  de la segunda, la Fiscalía  debe  indicar  al  juez  los  términos  de la misma (del preacuerdo o acuerdo),  expresando  la  pretensión punitiva que tuviera, situación que lleva al juez a  “no  imponer  una  pena  superior a la que le haya solicitado la Fiscalía”,  siempre y cuando acoja dicha manifestación (artículo 369).   

Como  se  observa,  la   mecánica    jurídico    procesal    que    0sustenta   la   actual  terminación   anticipada   del   proceso   difiere   notoriamente   de   la  sentencia anticipada   de    la    Ley   600   de   2004,   máxime   cuando   aquella,   apoyada   en   el   consenso,   contempla     una    intervención    neurálgica    y   dinámica     por    parte     de     la    Fiscalía,   aspectos   estructurales   que  son  propios  del   nuevo  sistema  de  procesamiento  penal  y  que,   por   lo   mismo,  lo  distancian  y excluyen  del  anterior  procedimiento,  el  cual,  como  se  indicó,  tuvo  génesis  en  una  concepción constitucional distinta.   

En    síntesis,    la   Corte    reitera    la    conclusión    de   que   la    sentencia  anticipada   de   la   Ley   600   de   2000   y   la   aceptación  de  cargos   de   la  ley 906  de  2004  no  son  lo   mismo  y  ,   en   consecuencia,   no  es  viable   aplicar   por  favorabilidad  ninguna  rebaja  de  esta  última  en  el  evento  examinado”4.   

        No prospera la censura.   

        Casación oficiosa.   

        Los  hechos  por  los cuales se condenó al procesado JOSÉ       TIBERIO       ALVARADO      TARAZONA      ocurrieron  el  7  de  junio  de 2005 en la ciudad de Bucaramanga.  Para  esa  época  no  había  empezado  a  aplicarse  en  el  Distrito Judicial  correspondiente  a  esa  ciudad el nuevo sistema penal acusatorio contemplado en  el  Acto Legislativo No. 3 de 2002 y desarrollado en la Ley 906 de 2004, pues en  virtud   de   la  gradualidad  prevista  para  su  implementación  en  el  Acto  Legislativo  en  mención,  el artículo 530 de la citada ley estableció que en  dicha  jurisdicción territorial el sistema empezaría a operar a partir del 1º  de  enero  de  2006. Esa la razón, precisamente, para que el presente asunto se  esté   rituando   al   amparo   de   las   disposiciones   de  la  Ley  600  de  2000.   

        La  Sala,  desde  las  sentencias  de  tutela  proferidas  el 7 de  febrero  de  2006  en  los  radicados  Nos.  20021  y  20020,  viene sosteniendo  invariablemente  que el incremento punitivo establecido en el artículo 14 de la  Ley  890  de 2004 está atado a la aplicación del nuevo esquema procesal penal,  de  suerte que las sanciones establecidas en los respectivos tipos penales sólo  pueden  elevarse, por efecto de dicha ley, si la actuación procesal se adelanta  con   sujeción   a  las  disposiciones  del  nuevo  sistema  penal  acusatorio.  Sustraerse   a  esa  orientación  jurídica,  consideró  la  Corporación,  es  vulnerar  valores  superiores  como el principio de igualdad. Al respecto, en el  primero de los citados fallos se señaló:   

          “Ahora  bien,  dado  que la temática en  discusión  se  circunscribe  a  la  aplicación  de  la  Ley  890 de 2004 en un  distrito  judicial  en el cual, para cuando se adoptaron las decisiones tanto de  primera,  como  de  segunda instancia, aún no se había implementado el sistema  acusatorio,  oportuno  resulta  verificar  que  en  el  trámite  previó  a  la  aprobación y sanción de la referida ley se dijo que:   

“i)                                    ‘Atendiendo     los     fundamentos  del  sistema  acusatorio,  que  prevé  mecanismos de  negociación  y preacuerdos, en claro beneficio para la  administración  de  justicia  y  los  acusados,  se  modifican        las        penas…’5    (subrayas    fuera    de  texto).   

ii)              ‘La  razón  que  sustenta  tales incrementos  (de las penas establecidas en la Ley 599  de  2000,  se  aclara) está  ligada  con  la  adopción de un sistema de rebaja de penas, materia regulada en  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  que surge como  resultado    de    la    implementación    de    mecanismos   de   ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones en contra de grupos de delincuencia  organizada   y,   al   mismo   tiempo,  aseguren  la  imposición  de  sanciones  proporcionales  a  la  naturaleza  de  los  delitos  que se castigan’6    (subrayas    fuera    de  texto).   

          iii)                      ‘El primer grupo de  normas  (aquellas  relativas  a  la  dosificación de la pena, se aclara), está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal (Ley 906 de 2004, se  precisa)  de  rebaja de penas y colaboración con la  justicia,  que  le  permitan  un  adecuado margen de maniobra a la Fiscalía, de  modo  que  las  sanciones  que finalmente se impongan guarden proporción con la  gravedad  de  los  hechos, y a la articulación de las normas sustantivas con la  nueva  estructura  del  proceso  penal’  7 (subrayas fuera de texto).   

          iv)                       ‘Teniendo en cuenta  que  se  hace necesario ajustar las disposiciones del  Código  Penal  a los requerimientos que implica la adopción y puesta en marcha  del  sistema  acusatorio, solicitamos a la Plenaria de  la  Cámara  de Representantes dar segundo debate al proyecto de ley número 251  de  2004  Cámara,  01  de  2003 Senado’  8 (subrayas fuera de texto).   

          v)        ‘El  actual  proyecto  de  ley, insisto  hasta  la  saciedad,  únicamente  tiene  una justificación y una explicación:  permitir  poner  en  funcionamiento  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  que se convertirá en ley de la  república    y    que    fue   expedido   por   esta   Corporación’    9    (subrayas    fuera    de  texto).   

          vi)                       ‘Lo  que  hay  que  modificar  son  algunos  artículos  del  Código,  en razón a que como   entra  a  operar  el  sistema  acusatorio  será  necesario  aumentar   algunas  penas  para  que  haya  margen  de  negociación,  porque  de lo contrario la sociedad se vería burlada con base en  las  rebajas  que pueda hacer el fiscal’  10.   

Como  viene  de  verse,  es evidente que por  voluntad  del  legislador,  el  incremento  general  de  penas establecido en el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004 se encuentra atado exclusivamente a la  implementación  del  sistema  acusatorio  (Ley  906  de  2004),  de donde puede  concluirse  que  en  aquellos  distritos  judiciales en los cuales aún no se ha  implementado    el   referido    sistema    procesal,    no   tiene   aplicación   el  aumento  de  penas  y  por  tanto, rigen los  extremos   punitivos   establecidos   en   la   Ley   599   de  2000”.   

        Por  su  parte,  en  la sentencia de tutela dictada en el radicado  No. 20020 se expresó:   

“Las  penas  menores  se compadecen con un  sistema  que  consagra  rebajas  menores;  y  las  penas mayores, con un sistema  amplio  en  concesiones  y  negociaciones,  pues  sólo dentro de esa lógica se  asegura  la imposición de sanciones proporcionales y racionales a la naturaleza  de los delitos que se castigan.   

Además,   para  el  caso  debatido,  esta  interpretación  resulta compatible con la ya definida imposibilidad de asimilar  el  instituto  de  la  sentencia  anticipada  de  la  Ley 600 de 2000 con el del  allanamiento  a  la imputación de la Ley 906 de 2004, contenida en la decisión  de  la Sala mayoritaria del pasado 14 de diciembre de 2005, radicado No. 21.347,  entre  otras  determinaciones,  lo  cual  desecha  la  posibilidad de invocar la  favorabilidad  del último precepto a casos que no están sometidos a su imperio  porque, se reitera, no se trata de institutos asimilables.   

Por  lo  tanto,  en  los  casos de sentencia  anticipada  de  la  Ley 600 de 2000, no es posible invocar la aplicación de las  rebajas  más  generosas  de  la  Ley 906 de 2004, establecidas para delitos con  penas  incrementadas  en  virtud  de  la  Ley  890  de 2004, incrementos que, se  reitera,  no operan para los casos que se rigen por el primer sistema, solución  que   dinamiza   el   principio   de  igualdad  en  la  aplicación  de  la  ley  penal.      

         

No  puede obviarse que la igualdad se halla  instalada  en  el  ordenamiento  jurídico  supremo  como  principio y regla y a  partir  de tal recepción configura un derecho y una garantía. En su condición  de  principio  irradia  al  resto  del  ordenamiento,  constituye  una  guía de  apreciación  y, al mismo tiempo, se define como un mandato de optimización, al  cual  debe  someterse  el  juez  cuando  aplica  la  ley  a  un  caso  concreto.   

El principio de igualdad constitucional se  integra  con el concepto de ser mirado como igual y con el de igual tratamiento.  En  su  condición  de  derecho, habilita a los individuos dentro del sistema la  facultad  de  formular  oposición  frente a normas o actos violatorios de aquel  principio  en  términos  generales  o  francamente  discriminatorios  desde  lo  específico,  estatus negativo, o de exigir algún comportamiento determinado de  los poderes públicos, estatus positivo.   

Y,  finalmente,  en  su  condición  de  garantía,  aunque  sustantiva  y  no meramente procesal, en tanto constituye un  presupuesto  para  la  efectividad  de  las  diversas  libertades o derechos”.   

Dicho  criterio fue reiterado por la Sala  en    los    autos    del    23    de    febrero11   y   16   de   marzo  de  200612   y,   más  recientemente,  en  el  auto  del  25  de  abril  de  200713  y  en  la  sentencia  de  casación  del  21  de marzo del mismo  año14.   

        En  el  caso  que concita la atención de la Sala, se observa que,  ciertamente,  al  dosificar  la  pena los sentenciadores aplicaron el incremento  punitivo  previsto  en la Ley 890 de 2004, pese a que ello no era viable, porque  el  presente  asunto se tramita bajo los parámetros procesales de la Ley 600 de  2000.    

        Así  las  cosas,  conforme  lo  solicitó  la  Delegada, la Corte  casará  de  manera oficiosa y parcialmente la sentencia impugnada, para excluir  de  la  sanción  el  aumento  punitivo  indebidamente  aplicado, lo cual impone  redosificar  la pena. A ello entonces se procede, siendo necesario precisar que,  para  ese  efecto,  se  tendrán  en  cuenta  los  criterios  aplicados  por  el  sentenciador de primer grado.   

        Así,   se   tiene   que   el   a  quo  seleccionó  la  sanción  considerando los extremos  correspondientes  a  los  cuartos mínimos de cada punible. De esa manera, en el  caso  del  hurto calificado y agravado los fijó entre 74 meses y 20 días y 270  meses  de  prisión,  en  el del acto sexual en persona puesta en incapacidad de  resistir  entre  64  meses  y  88  meses y 15 días, y en el del porte ilegal de  armas entre 16 y 30 meses.   

        Lo  anterior  significa  que  al  excluirse de la dosificación el  incremento  previsto  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, esto es, de una  tercera  parte a la mitad, los límites punitivos correspondientes a los cuartos  mínimos,  en  el  caso  del  hurto,  quedan entre 56 y 87 meses, en el del acto  sexual  entre  48  y  63  meses  y en el del porte ilegal de armas entre 12 y 21  meses.     

        Para   el   atentado   contra   el   patrimonio  económico,  cuya  punibilidad  le  sirvió de base en orden a la tasación de la pena por tratarse  del  reato  que  contempla  la  sanción  más  grave, el juzgador determinó 90  meses,  que  equivalen  al  7.85%  del  monto  que va del mínimo al máximo del  cuarto  inferior.  Aplicado  ese  porcentaje a los nuevos límites punitivos, la  sanción  ahora  a  imponer  por  ese  punible  sería  de  58 meses y 13 días.   

        Sin  embargo,  se  observa  que el juzgado reconoció disminución  punitiva  por  reparación.  El  artículo  269  del  estatuto punitivo autoriza  rebajar  por  ese  concepto  de  la  mitad  a  las  tres cuartas partes. Como el  sentenciador  decreció  la  pena  en  un 55.55%, quiere decir ello que la nueva  sanción   a  irrogar  por  el  hurto  será  de  25  meses  y  29  días.    

        A  su  turno,  para  el  atentado contra la libertad, integridad y  formación  sexuales,  el  fallador fijó 60 meses, que representan el 93.75% de  los   64   meses  correspondientes  a  la  frontera  inferior  que  seleccionó.  Considerando  ese  porcentaje  frente  a  los  48  meses determinados para dicho  aspecto  en  la  nueva  dosificación,  el  guarismo  a aplicar por razón  de  ese  ilícito  será de 45  meses.    

        Finalmente,   para  el  porte  ilegal  de  armas  el  a  quo  señaló  10  meses, monto que  equivale  al  62.5% con respecto al extremo mínimo que determinó en su momento  (16  meses);  luego  el  guarismo  a  imponer  ahora  será  de  7  meses  y  15  días.   

        Sumadas  las cantidades a aplicar por cada ilícito, se obtiene un  total  de  78  meses  y  14  días,  que  disminuidos en la tercera parte por la  sentencia  anticipada,  se  convierten  en  52  meses y 9 días. En este último  monto,  entonces,  se  determinará la nueva sanción privativa de la libertad a  la  cual  se  condena  al  procesado  JOSÉ  TIBERIO  ALVARADO              TARAZONA. En esa  misma   proporción   se   fijarán   también   las   sanciones  accesorias  de  inhabilitación  para el ejercicio de derecho y funciones públicas y privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  armas,  igualmente  impuestas en la  sentencia.   

        Como,  incluso, con la disminución que se hará la sanción sigue  siendo  superior  a tres (3) años de prisión, la Sala no concederá al acusado  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la pena, como lo  pretende su defensor.   

Por último, de acuerdo con lo establecido  en  el  artículo  229  de  la  Ley  600 de 2000, los efectos benéficos de esta  decisión se harán extensivos al procesado no recurrente.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE   

       1.                     CASAR  de  manera  oficiosa  y parcialmente el fallo de segundo grado en el sentido de dosificar la  pena  principal  que  corresponde  a  JOSÉ  TIBERIO  ALVARADO       TARAZONA      y      HÉCTOR   CAAMAÑO   CARVAJAL,   como  autores  penalmente  responsables  del  delito  de  hurto calificado y agravado,  cometido  en  concurso  con  acto  sexual  en  persona  puesta en incapacidad de  resistir,  agravado y porte ilegal de armas de fuego, en cincuenta (52)  meses  y nueve (9) días, lapso en  el  cual  también  se  tasan  las  penas  accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la  tenencia y porte de armas.   

         2.        En  lo  demás,  el  fallo  impugnado  se mantiene sin modificación  alguna.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Salvamento parcial de voto  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO DE  BARÓN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

Salvamento parcial de voto  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Salvamento parcial de voto  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER           ZAPATA          ORTÍZ   

Salvamento parcial de voto  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Al  respecto, ver auto del 7 de febrero de 2007. Rad. 26351.   

2  Sentencia de casación Rad. 25300 del 23 de mayo de 2006.   

3  Sentencia 21347 del 14 de diciembre de 2005.   

4  Sentencia 23486 del 3 de mayo de 2007.   

5  Exposición  de  motivos  del Proyecto de ley por el cual se modifica la Ley 599  de 2000.   

6  Ponencia  para  primer  debate  al  Proyecto  de  ley  01 de 2003 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Senado.   

7  Informe  de  ponencia  para  primer debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

8  Informe  de  ponencia  para segundo debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

9  Intervención  del  Vicefiscal  General  de  la  Nación en el segundo debate al  Proyecto  de ley 251 de 2004 por el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara  de Representantes.   

10  Discusión en segundo debate del Proyecto de ley 251 de 2004 por  el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

11  Rad. 24890.   

12  Rad. 25133.   

13  Rad. 24986.   

14  Rad.26065.     

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