25676(01-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25676  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

                                     MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Aprobado Acta N°.09.  

Bogotá,  D. C., febrero  primero (1°) de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto    por    los    defensores    de    los   procesados   MANUEL   DE   JESÚS  NÚÑEZ  VENGOECHEA,  LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO,    y    HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO  contra  el  fallo  proferido  por el Tribunal Superior de Bogotá de fecha mayo 7 de 2004, mediante  el  cual  confirmó  en lo esencial la sentencia dictada por el Juzgado 44 Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 8 de  noviembre de 2002, por cuyo medio  condenó  a  los  dos  primeros  como cómplices del delito de peculado por  apropiación  y  al  último  en  la misma calidad por el delito de contrato sin  cumplimiento de  requisitos legales.     

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

En  la  sentencia  de  segunda instancia, se  efectuó  una compilación adecuada de los supuestos fácticos que dieron origen  a la presente actuación, en el siguiente sentido:   

“En razón de su cargo como Director de la  Caja  de  Previsión Social de Comunicaciones -CAPRECOM- el señor Hernán José  Mogollón  Bacca,  celebró  una  serie  de  contratos,  los  cuales presentaron  distintas  irregularidades  en  el  desarrollo  de  la  etapa precontractual que  coadyuvaron al descalabro económico de esta entidad.   

Dicha defraudación vinculó a funcionarios  subalternos  y  a  particulares, quienes incrementaron su patrimonio a costa del  presupuesto  estatal,  evitando  para tal fin el procedimiento de la licitación  pública,   donde   la   gerencia   de   esta  entidad  contrató  directamente,  desconociendo   fehacientemente   los  principios  fundamentales  que  rigen  la  contratación  estatal,  situación que llevó a iniciar investigación penal en  contra  de la gerencia, resultando de ésta, una acumulación de causas seguidas  por  el  ente  fiscalizador  en  contra  de  los  mismos  sujetos”.   

A las diferentes instrucciones penales que se  abrieron   por   los   anteriores   hechos,   fueron   vinculados   Hernán  José Mogollón Bacca, gerente de  la     entidad    perjudicada,    Aldemar    Franco  Montenegro,  Orlando  José  Araque  García,  Miguel  Antonio López Sánchez, Alfonso Gutiérrez Martínez,  Jaime  Losada Suárez y Orlay  Quintero   Mallungo,   así   como  los  particulares  contratistas  MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ VENGOECHEA,  LUIS    IGNACIO    TOURIÑO   ABASOLO   y        HERNÁN       JAVIER       PULIDO       CARDOZO.   

Clausuradas las investigaciones, se calificó  su mérito con resolución de acusación, de la siguiente forma:   

La Fiscalía 287 Seccional de esta ciudad el  26  de  mayo  de  1998,  en  contra  de  Hernán José  Mogollón  Bacca,  como  presunto  autor del delito de  peculado  por apropiación y contrato sin cumplimiento de requisitos formales y,  como  supuestos  cómplices,  a  los  procesados  LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO por la conducta de peculado  por      apropiación,      Alfonso     Gutiérrez  Martínez   por   tentativa   del   mismo   delito  y  HERNÁN    JAVIER   PULIDO   CARDOZO   por  el  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  en  concurso  homogéneo.   Esta  decisión cobró ejecutoria el 2 de julio  siguiente.   

La Fiscalía Quinta Seccional de Popayán el  22  de octubre de 1999 adoptó la misma determinación en contra de Hernán   José   Mogollón  Bacca,  como  presunto  autor  del concurso de delitos de peculado por apropiación y falsedad  ideológica  en  documento  público  agravada  por  el  uso  y  de Jaime   Losada   Suárez  como  supuesto  cómplice  de  peculado  por apropiación y determinador de falsedad ideológica  en documento público agravada por el uso.   

Por su parte, la Fiscalía Quinta adscrita a  la  Unidad  Nacional Especializada en delitos contra la Administración Pública  de  Bogotá,  el  26 de febrero de 2001 dictó igual determinación en contra de  Hernán    José   Mogollón   Bacca   y  Aldemar  Franco Montenegro   como   posibles   coautores   de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  peculado por aplicación oficial diferente e interés ilícito en  la  celebración  de  contratos  y  de  Orlando José  Araque  por los punibles de peculado por apropiación,  interés  ilícito  en  la  celebración  de contratos y falsedad ideológica en  documento   público   agravada  por  el  uso.   Por  su  parte,  acusó  a  Miguel   Antonio   López   Sánchez   como  autor  del  reato de prevaricato por omisión y, en calidad de  presuntos  cómplices,  a  los  procesados Orlay José  Quintero  por  el  delito de interés ilícito en  celebración  de  contratos y MANUEL DE JESÚS NÚÑEZ  VENGOECHEA,  por peculado por apropiación.  Esta  decisión  fue confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de la misma  ciudad             el            13            de            junio            de  2001.                 

La  fase del juicio correspondió tramitarla  al  Juzgado  44  Penal del Circuito de Bogotá despacho que, un vez acumuló las  causas  que  se  adelantaron  con fundamento en las investigaciones anteriores y  surtió  el  trámite legal pertinente, dictó sentencia de primera instancia el  8  de  noviembre  de  2002,  por  cuyo  medio condenó al procesado Hernán  José Mogollón Bacca a las penas  principales   de   treinta  (30)  años  de  prisión,  multa  por  valor  de  $  880.166.691,  correspondientes al valor de lo    apropiado, y 660  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  lapso  de diez (10) años, tras encontrarlo autor  penalmente  responsable  de  los  delitos de peculado por apropiación, peculado  por  aplicación  oficial  diferente,  contrato  sin  cumplimiento de requisitos  legales,  falsedad  ideológica  en  documento  público agravada por el uso, en  concurso homogéneo y heterogéneo.   

También  profirió  sentencia de condena en  relación    con    los    siguientes    procesados,    según   se   expone   a  continuación:   

-Aldemar  Franco  Montenegro  como  autor  penalmente responsable de los  delitos   de   peculado  por  apropiación,  peculado  por  aplicación  oficial  diferente  y  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  en concurso  homogéneo  y  heterogéneo, a las penas principales de veinticinco (25) años y  diez  (10) meses de prisión, multa por valor de $ 706.065.301, correspondientes  al  valor  de lo apropiado, y 550 salarios mínimos legales mensuales vigentes e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de diez (10)  años.   

-Orlando  José  Araque  García  como  autor penalmente responsable de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación, falsedad ideológica en documento  público  agravada por el uso y contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo,  a las penas principales de veintiún  (21)  años  y  cuatro  (4) meses de prisión, multa por valor de $ 222.937.254,  correspondientes  al  valor  de  lo  apropiado,  y 175 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  lapso de diez (10) años.    

-Miguel  Antonio  López  Sánchez como autor penalmente responsable del  ilícito  de  prevaricato  por  omisión  en  concurso  homogéneo  a  las penas  principales  de  seis  (6) años y cuatro (4) meses de prisión, multa por valor  de  140 salarios mínimos legales mensuales vigentes e interdicción de derechos  y   funciones   públicas   por   el   mismo   lapso   de  la  privativa  de  la  libertad.    

-HERNÁN  JAVIER  PULIDO  CARDOZO  como cómplice del punible de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  en  concurso homogéneo, a las penas  principales  de siete (7) años y tres (3) meses de prisión, multa por valor de  160  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e interdicción de derechos y  funciones   públicas   por   el  lapso  de  cincuenta  (50)  meses.    

-LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO como cómplice del delito de peculado  por  apropiación  en  concurso homogéneo, a las penas principales de siete (7)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión,  multa  por  valor  de  $ 106.962.464,  correspondientes  al  valor  de  lo  apropiado,  e  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por un período igual al de la pena principal.    

-Alfonso Gutiérrez  Martínez  como  cómplice  del delito de peculado por  apropiación  en  la modalidad de tentativa a las penas principales de cinco (5)  años  de  prisión  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  mismo lapso.   

-Jaime  Losada  Suárez  como  cómplice  del  delito  de peculado por  apropiación  y  determinador  de  falsedad  ideológica  en  documento público  agravada  por  el  uso  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo,  a  las penas  principales  de  once  (11) años de prisión, multa por valor de $ 139.533.390,  correspondientes  al  valor  de  lo  apropiado,  e  interdicción  de derechos y  funciones   públicas   por   un   período   de  diez  (10)  años.    

-Orlay   José  Quintero  como  cómplice del ilícito de contrato sin  cumplimiento   de  requisitos  legales  en  concurso  homogéneo,  a  las  penas  principales  de cinco (5) años y seis (6) meses de prisión, multa por valor de  48  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes e interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  de treinta y un (31) meses.    

-MANUEL DE JESÚS  NÚÑEZ   VENGOECHEA  como  cómplice  del  delito  de  peculado  por apropiación, a las penas principales de seis (6) años y ocho (8)  meses  de  prisión,  multa  por valor de $ 34.442.400 (valor de lo apropiado) e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un período igual al de la  pena principal.    

En  la  misma  providencia,  se  absolvió a  Hernán    José   Mogollón   Bacca   y  Aldemar  Franco Montenegro  del  delito  de  peculado  por  apropiación  en favor de terceros  “en  relación con los contratos suscritos con Luis  Fernando    Pabón    Hernández    –contratos  056  y  078/94  y 098/95” y a  Miguel   Antonio   López   Sánchez   por  el  delito  de  prevaricato por omisión, imputado “con    relación    al    contrato   No.   117/95”.   

Así mismo, se condenó al pago de perjuicios  materiales   en   la   cantidades  estipuladas  a  los  procesados  Hernán  José Mogollón Bacca, gerente de  la     entidad    perjudicada,    Aldemar    Franco  Montenegro,  Orlando  José  Araque  García,  Jaime  Losada  Suárez, MANUEL     DE     JESÚS     NÚÑEZ     VENGOECHEA    y   LUIS   IGNACIO   TOURIÑO   ABASOLO  y  se  absolvió  de  dicho  pago  a  los  sindicados  HERNÁN    JAVIER    PULIDO    CARDOZO,  Orlay  Quintero  Mallungo y      Miguel      Antonio     López  Sánchez.   

De igual forma, se negaron los beneficios de  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y prisión domiciliaria a  los    incriminados    Hernán    José   Mogollón  Bacca   y   Orlando  José  Araque,  mientras  que  se  concedió  el  segundo  a  Aldemar  Franco  Montenegro.   

Contra  esta  determinación,  interpusieron  recurso  de  apelación  el  apoderado  de  la parte civil en representación de  CAPRECOM,  los  defensores  de  los procesados Hernán  José   Mogollón   Bacca,  Orlando   José   Araque,  Aldemar  Franco  Montenegro,  MANUEL  DE JESÚS NÚÑEZ VENGOECHEA, LUIS IGNACIO TOURIÑO ABASOLO y      HERNÁN      JAVIER     PULIDO  CARDOZO.           

En  razón  de  lo  anterior,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá el 7 de mayo de 2004 dictó sentencia de segunda instancia,  mediante la cual adoptó las siguientes determinaciones:   

Revocó  la  condena en contra del procesado  Miguel   Antonio   López   Sánchez   y,  en su lugar, lo absolvió del cargo por el delito de prevaricato  por omisión en concurso homogéneo.   

Reformó  la  condena  en  contra  de  los  procesados  Mogollón Bacca,  Franco         Montenegro         y  Araque  García “por la celebración  del  contrato 162 de 1996”, variando la calificación  del    delito    de       peculado   doloso,   que   “se       dedujo       en       la       sentencia”,     por  culposo.   

De  esa  forma, redujo las penas impuestas a  los procesados referidos en los siguientes términos:   

A  doscientos  dieciséis  (216)  meses  de  prisión  y  multa  por  valor de $ 791.426.192, correspondientes al valor de lo  apropiado,   y  a  300  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  la  de  Hernán    José    Mogollón    Bacca.   Dejó   incólume  el  término  establecido  para  la  interdicción de derechos y funciones públicas.   

A  ciento  ochenta (180) meses de prisión y  multa  por $ 617.324.802 (valor de lo apropiado) y 200 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  la  de  Aldemar  Franco  Montenegro,  sin  sufrir  variación  la  pena  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas.   

A  ciento  treinta  y  dos  (132)  meses  de  prisión  y  multa  por  $  222.937.254  (valor  de lo apropiado) y 100 salarios  mínimos   legales  mensuales  vigentes  la     de    Orlando    José    Araque  García,  sin  que  tomara  determinación  alguna  en  relación con la interdicción de derechos y funciones públicas.   

A  veinticuatro (24) meses de prisión y, en  el  mismo lapso, la interdicción de derechos y funciones públicas, la impuesta  a    Alfonso    Gutiérrez    Martínez.   

A  sesenta  (60) meses de prisión y, por la  misma   duración,  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  de  LUIS    IGNACIO    TOURIÑO    ABASOLO.  La pena de multa se dejó en la misma cantidad.   

A  cincuenta y cuatro (54) meses de prisión  y,  por  el  mismo lapso, la interdicción de derechos y funciones públicas, la  de   HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO.   La multa se tasó en 15 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.    

A   treinta   y   dos   (32)   meses   de  prisión  la de Orlay  Quintero  Mallungo.  No tomó  determinación en relación con las demás sanciones.     

A cuarenta y cuatro (44) meses de prisión y,  por  el  mismo  lapso,  la interdicción de derechos y funciones públicas la de  Jaime  Losada Suárez.   La multa se estableció en $ 50.259.501.   

Inconformes  con  la anterior decisión, los  defensores    de   los   procesados   Jaime   Losada  Suárez,   Orlando  José  Araque  García,  Aldemar Franco Montenegro, Orlay Quintero Mallungo,  MANUEL  DE  JESÚS NÚÑEZ VENGOECHEA,  LUIS    IGNACIO    TOURIÑO   ABASOLO   y    HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO,  interpusieron   en   su   contra   recurso  extraordinario  de  casación.    

Posteriormente,  el  Tribunal,  admitió  el  desistimiento  presentado  por  los dos primeros defensores y declaró desiertos  los   recursos  interpuestos  por  Franco  Montenegro  y       Quintero  Mallungo.   

Remitida  la  actuación a la Sala, mediante  auto  de  fecha  28  de  junio de 2006 admitió las demandas presentadas por los  defensores  de los sindicados MANUEL DE JESÚS NÚÑEZ  VENGOECHEA,       LUIS      IGNACIO      TOURIÑO      ABASOLO      y   HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO,  por  lo  que  procede  ahora a pronunciarse de fondo a  través de este providencia.   

LAS DEMANDAS  

Corresponde  en  este  acápite  realizar la  compilación  de  las  demandas  allegadas  por  los  defensores de MANUEL  DE JESÚS NÚÑEZ VENGOECHEA, LUIS IGNACIO TOURIÑO ABASOLO  y  HERNÁN  JAVIER  PULIDO  CARDOZO;  sin  embargo,  se  prescindirá  de  ello en  relación  con  la  del último en mención habida cuenta que, como se expondrá  más  adelante, la acción penal que se sigue por el único delito seguido en su  contra   actualmente   se   encuentra   prescrita,  fenómeno  que,  bien  está  señalarlo,  se  consolidó  desde  mucho  antes de que el expediente arribara a  esta  Corporación  para  el  estudio sobre los presupuestos de lógica y debida  argumentación de las demandas presentadas.   

1.  Demanda  presentada por el defensor del  procesado     MANUEL     DE     JESÚS     NÚÑEZ  VENGOECHEA:   

Bajo la égida de la causal primera prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el casacionista formula tres cargos  contra  el  fallo impugnado;  el primero de ellos, con carácter principal,  por  violación  directa  y,  los dos últimos, formulados subsidiariamente, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  todos  los cuales, a su juicio,  condujeron  a  la  aplicación  indebida  de los artículos 30 del Código Penal  vigente  y 133 del estatuto punitivo anterior (modificado por el artículo 19 de  la  Ley 190 de 1995) y la correlativa falta de aplicación de los artículos 1°  al  5°  y  21  de  la última codificación en cita.  Los  reparos se  proponen en los siguientes términos:   

1.1. Primer cargo, violación directa de la  ley sustancial:   

Señala  el censor que se incurrió en este  quebranto   porque  lo que se tuvo como probado no se adecua típicamente a  los  elementos del delito de peculado por apropiación por el cual se condenó a  su defendido en calidad de cómplice.    

         A  partir  de  la  reproducción  literal  de algunos fragmentos del  fallo  impugnado,  aduce  que  el Tribunal aceptó la celebración, ejecución y  liquidación  del  contrato  cuestionado  y  únicamente  reprochó  haber  dado  preferencia  a la cotización del representante legal de la empresa “Nobel   Impresores”   y   no  a  la  presentada  por  la  Imprenta  Nacional  “siendo que  existía     entre      una    y    otra    una    diferencia    económica  ostensible”.   

         Al  respecto,  agrega  que  no  se tuvo en consideración que en los  procesos   licitatorios   no  siempre  se  debe  optar  por  la  propuesta  más  económica,  sino  por  aquella  que, además de un buen precio, ofrezca mejores  condiciones  de  calidad  en  materiales,  trabajo  y  cumplimiento oportuno del  contrato.   

         Señala  que los juicios valorativos del  juzgador  al  afirmar  la  existencia  del  delito  contra  el  interés  de  la  Administración  Pública,  no  se  compadecen  con  lo  que se dio por probado,  porque  ellos  de  ningún modo constituyen demostración fehaciente de que hubo  apropiación  de  bienes  del  Estado,  motivo  por  el  cual  el comportamiento  imputado  deviene  simplemente  atípico,  máxime  si se tiene en cuenta que la  providencia  impugnada  “pasó  por  alto aspectos,  también   probados   por   concurrentes   medios   aplicados  en  la  actividad  verificatoria  o  reconstructiva,  que  establecen  que  el valor o precio de lo  cotizado  por  NOBEL  IMPRESORES,  fue  apenas  lo  justo  para la contratación  propuesta y efectuada”.   

         Desde  esa  perspectiva,  entonces, lo que se tuvo por probado en el  proceso  no se refleja en el mundo de lo real y, por lo tanto, no se corresponde  con  la  hipótesis descrita en la norma que describe el punible de peculado por  apropiación,  a  lo  que  se  suma  que  como la complicidad es accesoria de la  autoría  y  requiere  que  el punible en relación con el cual se pregona tenga  existencia  jurídica,  mal  se  puede  considerar  responsable  penalmente a su  defendido.   

         Añade  que  también se dejó de aplicar la previsión dispuesta en  el  artículo 21 del estatuto penal de 1980, regulador de la relación causal, a  partir  de  la cual se deduce que su defendido no es responsable penalmente, por  cuanto  “él  no tiene por qué asumir las reales o  supuestas  irregularidades  internas que administrativamente pudieron ocurrir en  CAPRECOM,  pues,  en  relación  con  tal  situación  no tiene la condición de  garante,  ligado  con  el  deber social de cuidado para evitar exceder el riesgo  permitido,  puesto  que,  como  supuesto  cómplice  no  podía  ejercer, por no  tenerlo,   el   dominio   del   hecho”.       

         En    consideración    a    lo    expuesto,   solicita   casar   la  sentencia    recurrida  y, en su lugar, dictar el fallo que en derecho  corresponda  “absolviendo a MANUEL DE JESÚS NÚÑEZ  VENGOECHEA”.   

1.2.  Segundo  cargo  (subsidiario).   Violación    indirecta   de   la   ley   sustancial   por   falso   juicio   de  existencia:   

Para el defensor, las sentencias de primera  y  segunda  instancia  incurren en error de hecho por falso juicio de existencia  en  la  apreciación  probatoria,  lo  cual  condujo  a  la  violación  de  las  disposiciones  sustanciales  atrás  señaladas  y,  como  normas  medio, de los  artículos 232, 233, 234 y 238, del estatuto procesal penal.   

Lo  anterior,  debido  a que los juzgadores  omitieron la valoración de las siguientes probanzas:   

1.           Las cotizaciones que obran en la carpeta  correspondiente  al  contrato  157 del 95, concurrentemente con la de la empresa  “Nobel  Impresores” por  valor    de    $70.300.000   y   que   presentaron   las   firmas   “Consorcio  Gráfico  Ltda.” por monto  de   $82.600.000,   “Beyerg   Ltda.”   por   $82.000.000   y   “Diseños  y  Promociones”    por    $83.000.000,   las   cuales  “reflejan objetivamente, como demostración, que lo  cotizado  y  contratado  por  y  con  ‘Nobel      Impresores’,   estuvo   por  debajo  de  los  otros  cotizantes”;    en   consecuencia,  que  “los  parámetros    económicos   se   dieron   apenas   dentro   de   lo   justo   y  racional”.   

2.            Las   cotizaciones   presentadas   por  “Artes  Gráficas Industriales Ltda.”,  “Industria Litográfica Boston y Cia.  Ltda.”, “Impresora Litus  Ltda.”,     “Color  Cuatro”   y   “A  Todo  Color”   muy   similares   a   la  de  “Nobel Impresores”.   

3.             Los   testimonios   de   Juan  Camilo  Pulido  Arce,  Germán   Méndez   Tobón,  Hernando    Gutiérrez    Patiño,   Francisco   Javier   Salamanca  Rosas  y  Orlando Rodríguez  Medina, los cuales “versan  sobre  un  trabajo  y  material  no  de  las  calidades  en  elementos  y  labor  equivalentes  a  lo  contratado  con  ‘Nobel      Impresores’     y     realizado    por    esta     empresa”.   

4.            Las   declaraciones   de  Rafael  Humberto  Salcedo  y Nelson   Enrique   Castro,   quienes  en  condición  de  representantes legales de las otras empresas cotizantes en forma  clara  y  responsiva  suministraron  información seria y atendible en relación  con   la   cotización  presentada  y  el  contrato  que  celebró  “Nobel Impresores”.   

En  contraste,  agrega,  los sentenciadores  basaron  la  declaración  de  responsabilidad de su prohijado únicamente en el  oficio  del  9 de octubre de 1995 dirigido a la Imprenta Nacional y la respuesta  que  dio  esta  empresa,  en la solicitud de una cotización que también tenía  como  destino  la  misma  firma,  de  fecha  agosto  11  del  mismo  año, en el  certificado  de  disponibilidad  presupuestal,  en  el  contrato  firmado  entre  CAPRECOM    y   “Nobel   Impresores”,  en  la  póliza  de  seguro constituida por esta última y en las  indagatorias  de  Hernán Mogollón Bacca    y    MANUEL   DE   JESÚS   NÚÑEZ  VENGOECHEA.   

Si   no  se  hubiera  incurrido  en  este  “trascendental   error   de   hecho”,  asegura  que  el  fallo sin duda alguna hubiera sido absolutorio,  pues  lo  que  se  desprende  de  las  pruebas  no  valoradas es que el contrato  celebrado    entre    MANUEL   DE   JESÚS   NÚÑEZ  VENGOECHEA,   como   representante   de   la   firma  “Nobel  Impresores”,  y  CAPRECOM,  cumplió  parámetros    económicamente  razonables con la  obtención  de  una  utilidad  apenas  justa, sin que haya existido apropiación  ilícita   de   bienes   del  Estado  a  favor  de  servidores  públicos  o  de  particulares.   

El  yerro  a que hace referencia determinó  que  el  sentenciador  “alejado de todo análisis y  valoración    racional,    en   forma   por   demás   simplista”,  concluyera  “la existencia jurídica  del  delito de Peculado por Apropiación y la complicidad en el mismo del señor  NÚÑEZ  VENGOECHEA,  cuando  esta última figura, como dispositivo amplificador  del  tipo,  es  dependiente  accesoriamente  de  la  autoría,  es decir, por la  condición  anotada,   jurídica, ontológica y lógicamente la complicidad  no     tiene     existencia     autónoma     e     independiente”.   

Acto   seguido,   señala   que  como  el  sentenciador  desconoció pruebas legalmente producidas en el proceso incumplió  el   deber   funcional   que  le  asistía  de  decidir  con  fundamento  en  la  oportunamente  recaudada, así como de valorarla conforme a los principios de la  sana crítica.   

         Solicita,  en consecuencia, casar la sentencia impugnada y proferir,  en   su   lugar,   fallo   absolutorio  a  favor  de  su  prohijado.     

         1.3.  Tercer  cargo  (subsidiario).  Violación indirecta de la  ley sustancial por falso raciocinio.   

A  juicio  del  demandante  este  yerro  se  evidenció  por  cuanto  el  sentenciador  en  la  valoración  de  las  pruebas  “se  divorcia  de  la  lógica, la experiencia y el  sentido  común” al reducir a sólo tres aspectos la  existencia   del   delito   de  peculado  por  apropiación,  como  también  la  participación  a  título de cómplice del procesado, esto es, a la solicitud y  respuesta  de  la cotización por parte de la Imprenta Nacional, a la diferencia  de  precio  entre  los  distintos  oferentes  y  a la amistad existente entre el  director de CAPRECOM y el procesado.   

Con esa actitud, añade, el juzgador olvidó  valorar  otras pruebas obrantes en el proceso “tales  como   varios  testimonios  y  otras  cotizaciones”,  análisis  que  resulta sesgado y, por ende, violatorio de las reglas de la sana  crítica,  lo  cual  determina  el  yerro  propuesto,  por  desconocimiento  del  contenido  del  artículo  238  del  estatuto  procesal que exige su valoración  conjunta  y,  en  su  lugar,  dio  paso  a  subjetividades y juicios caprichosos  extraños a la persuasión racional.   

Sobre el particular, aduce que “es   falaz   y   paralogístico”  el  argumento  del  Juzgado,  compartido  por  la  segunda  instancia,  de  dar  por  establecida   la   lesividad  al  patrimonio  estatal,  como  expresión  de  la  antijuridicidad  material  del  delito  contra  la  Administración Pública, en  “la diferencia económica existente entre el precio  o    el   valor   de   lo   ofrecido   en   la   cotización   de   ‘Nobel      Impresores’,  finalmente contratado y ejecutado,  con   lo   cotizado   por   la   Imprenta  Nacional  por  el  mismo  trabajo  de  impresión”; ello, porque a semejante determinación  se  llegó  luego  de sustraerse a valorar un cúmulo de pruebas, como las otras  cotizaciones       presentadas      por      las      empresas      “Consorcio  Gráfico  Ltda.”, “Beyerg Ltda.”, “Diseños y  Promociones”,   “Artes   Gráficas   Industriales   Ltda.”,  “Industrias  Litográficas  Boston  y  Cia. Ltda.”, “Impresiones Litus Ltda.”, “Color  Cuatro”   y  “A  todo  Color”,  a  través  de  las  cuales  se  demuestra  objetivamente  que  el  costo  y  precio  de la oferta del procesado fue justo y  razonable  de  acuerdo  con  la calidad de los materiales utilizados, el trabajo  aplicado y la clase de impresión que se garantizaba.    

Agrega  que  a  partir  de  un  análisis  racional,  lógico  y  basado  en  la  experiencia y en el sentido común, no se  podía  limitar  la  valoración  probatoria  a  la sola confrontación insular,  parcial  y  simple  de  las  dos  cotizaciones  en  comento, sino que han debido  considerarse  las  demás señaladas, con un criterio imparcial y objetivo, para  evitar caer en el falso raciocinio que denuncia.   

A la deficiencia anterior, prosigue, se suma  otra     “no    menos    palmaria”, consistente en  abstenerse  de  considerar  que  de  acuerdo  con la regulación del Estatuto de  Contratación  o  Ley  80  de 1993 y otras disposiciones que lo complementan, la  oferta  más  económica  no  siempre  constituye  una  regla  absoluta que deba  acogerse  en  los procesos licitatorios, porque igualmente es necesario tener en  cuenta la calidad y condiciones de las demás.   

Añade  que  se  incurrió  en  la  misma  modalidad  de  error  en  la  apreciación de las probanzas al dejar de apreciar  “otra serie de elementos probatorios”,  refiriéndose  específicamente a los testimonios de Juan  Camilo  Pulido  Arce,  Germán   Méndez   Tobón,  Hernando    Gutiérrez    Patiño,   Francisco   Javier   Salamanca  Rosas,  Orlando  Rodríguez  Medina,   Rafael   Humberto   Salcedo  y  Nelson   Enrique   Castro,  todos  ellos  alusivos   al   trabajo   contratado   con   “Nobel  Impresores”.   

Así  mismo,  destaca,  se  incurrió en la  misma  incorrección  por distorsión del “análisis  probatorio”   al   tener   como  fundamento  de  la  participación  de  su  defendido  la  amistad  que sostenía con el director de  CAPRECOM,   pues   por   ninguna   parte  del  proceso  se  constata  que  dicha  circunstancia hubiera influido para cometer el delito.   

Sobre  el  particular,  puntualiza  que  la  experiencia  de  las  relaciones  humanas  no permite colegir que el vínculo de  afecto  entre  las  personas  indefectiblemente  determine que estén de acuerdo  para  delinquir,  lo  cual  tan  sólo  se  acepta  como  una mera posibilidad o  probabilidad,  grados  de  conocimiento  que  no  implican demostración y mucho  menos certeza excluyente de duda razonable.   

En   ese   mismo   sentido   califica  de  “desfasado” el análisis  valorativo   de  la  prueba  concluyente  cuando  se  señala,  desde  la  misma  instrucción,  que  “Nobel Impresores”  era  una  empresa  de fachada, lo que está fuera de todo contexto  lógico  porque  las  pruebas  obrantes  en  el proceso objetiva y racionalmente  demuestran todo lo contrario.   

Para   el   censor,  entonces,  el  error  consistente  en que el juzgador se abstuvo de examinar la prueba en su totalidad  condujo  a que incurriera en el error de raciocinio que postula, porque no está  acreditado  que  su defendido convino previa o concomitantemente con el director  de  CAPRECOM  para  auxiliar  o  ayudar  a  la ejecución del delito y menos aun  cuando  se da por establecido un supuesto de hecho que no guarda correspondencia  con la hipótesis legal del peculado por apropiación.   

En   virtud   de  lo  anterior,  solicita  casar  el fallo impugnado y absolver al procesado.   

2.  Demanda  presentada por el defensor del  procesado  LUÍS IGNACIO TOURIÑO ABASOLO.   

Formula   tres  cargos  contra  el  fallo  impugnado,  con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación prevista en el  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000. Los dos primeros reparos por violación  directa    de    la    ley    sustancial   y,   el   tercero,   por   violación  indirecta.   

2.1.          Primer  cargo.  Violación directa de la  ley sustancial.   

         Comienza  por  indicar  el  censor  que  la  causal de casación que  invoca  a  través  de  esta  censura  condujo  a  la  aplicación  indebida del  artículo  133  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  que sanciona el tipo penal de  peculado  por  apropiación, modificado por los artículos 18 y 19 de la Ley 190  de  1995, error en que se incurrió por aplicar “una  norma  sustantiva  que  no corresponde a lo que se tiene como probado dentro del  proceso  y  constituye la situación fáctica objeto de análisis”.        

Para sustentar su pretensión, señala que a  partir  de lo consignado en el fallo impugnado en cuanto a la responsabilidad de  su  defendido  -fragmentos  que  transcribe literalmente- se quebranta de manera  flagrante  el  principio  de  no  contradicción “en  tanto  la  conducta  del encausado, la encuadra en un tipo penal, que para otros  efectos,  sabe  que  no  la  puede  contener,  precisamente  por  no  reunir las  condiciones  necesarias  para  ello,  como  lo son, las especiales calidades del  sujeto agente”   

Dicho  de otro modo, agrega, no obstante el  fallador  parte  de  aceptar  que su defiendo realizó materialmente la conducta  típica,  admite al mismo tiempo que no era posible encuadrarla en el tipo penal  en  comento  por  no  reunir las condiciones especiales que se exigen del sujeto  activo,  por  lo  que  opta  por  imputar responsabilidad a título de cómplice  “como  si existiera el injusto de complicidad en el  peculado    como   figura   autónoma   en   el   Código   Penal”.   

Adicionalmente  aduce  que  no  es  posible  considerar  como  constitutivo del detrimento patrimonial del Estado y por tanto  del  delito  de  peculado,  la  conducta de obtener una ganancia por parte de su  defendido, porque ello no la hace necesariamente ilícita.   

Esto,  en  tanto  no  puede  ser típica de  peculado  la  conducta  de  quien adquiere un producto y lo oferta por un precio  muy  superior  y  menos  si dicha oferta es aceptada, así el adquirente sea una  persona  de  derecho público, pues ello sería tanto como considerar delictivos  todos los eventos en que se actúa con ánimo de lucro.   

         Por  consiguiente,  una  conducta  ajustada  a derecho, como aquella  propia  de la búsqueda de utilidad, a la postre desplegada por su defendido, no  se  corresponde  ni  naturalística  ni  jurídicamente al supuesto de hecho del  delito  imputado,  basado en la indebida apropiación de bienes de propiedad del  Estado  y  específicamente de los dineros del patrimonio de CAPRECOM, en virtud  de  un  contrato que “no fue descalificado como para  dar   lugar   a  la  imputación  de  un  delito  de  aquellos  relativos  a  la  contratación”.   

         En  síntesis,  puntualiza  que  se  incurre  en  el  yerro  alegado  “bien   por   estar  atribuyendo  la  realización  material  de  la conducta   a quien no la puede realizar por no reunir  las  condiciones requeridas, bien porque se pretenda encuadrar en el supuesto de  hecho  del  tipo  penal  una conducta que es a todas luces lícita;  o bien  porque  se pasen por alto los elementos de la conducta desplegada por el sujeto,  para  equipararla  con  la  contenida  en  el  tipo  penal  que  cuenta con unas  características  disímiles,  lo  cierto  es  que  todo ello comporta de manera  conjunta  e  incluso  individualmente consideradas, una indebida aplicación del  artículo  133  del Código Penal vigente para la época de los hechos, en tanto  se    tiene   como   típica   una   conducta   que   no   corresponde   a   tal  descripción”.   

        De  acuerdo con lo expuesto, solicita casar el fallo impugnado, para  en su lugar absolver a su defendido.     

2.2. Segundo cargo. Violación directa de la  ley sustancial.   

         A   través   de   este  reparo  el  casacionista  sostiene  que  el  sentenciador  aplicó  indebidamente  el  artículo  30  de  la  Ley 599 de 2000  referente a la complicidad.   

         Comienza   por   advertir   que   aun   cuando  esta  censura  está  estrechamente  relacionada  con  la  anterior, opta por exponerla separadamente,  pues  aunque  se  plantea también por violación directa de la ley de carácter  sustancial,  difiere  en cuanto a la norma que es objeto de indebida aplicación  (complicidad),  por  cuanto  no  se  compadece con lo que está demostrado en el  proceso.   

Indica  que  el  yerro alegado a través de  este  reparo  deviene del hecho de que la condena a título de cómplice apareja  un  juicio  de  valor  a  partir del cual se verifique que ha existido un aporte  eficaz  al  injusto  de otro quien, por reunir las calidades exigidas en el tipo  legal,  se  yergue  en  el  autor de la infracción penal;  sin embargo, la  sentencia  recurrida tiene como base otra situación de hecho que no se ajusta a  tal  imputación,  por  cuanto atribuye al procesado la realización material de  la    conducta    típica    consistente    en    obtener    una    “superlativa  y  desbordada” ganancia  con  la  venta  de los equipos médicos a CAPRECOM, situación que fácticamente  se   adecua  al  injusto  principal, pero que se pretende atribuir como una  situación accesoria.   

Desde   ese   punto   de  vista,  añade,  “erróneamente  se  tiene  como típica la conducta  sin  serlo  efectivamente”,  siendo  lo determinante  “que se están confundiendo conceptos en torno a la  participación  que  conllevan  la  indebida imputación a título de cómplice,  cuando  ello  no era procedente en tanto debía realizarse un análisis diverso,  seguramente  ajeno  a  la  posibilidad  de  comisión de un delito con un sujeto  activo calificado”.   

En  síntesis,  indica  que  el  error  que  postula  es  de  identidad dado que “no se trató de  una  benévola  concesión  en  el  juicio de valor”,  pues   se   entiende   de   las  conclusiones  del  juzgador  que  el  procesado  “recorre    integralmente    el   tipo   con   su  conducta”  como  si  se  tratara de un autor, pero a  renglón  seguido  aplica la consecuencia de otra categoría dogmática, como lo  es  la  del  cómplice  quien  apenas  presta  una  ayuda  a  la  ejecución del  delito.   

         Expresa  que  tal  yerro  fue  determinante  para  la atribución de  responsabilidad  de su defendido, por cuanto no se demuestra la existencia de un  hecho  punible  ajeno  al  que su defendido haya contribuido y si no existe nada  principal  a  lo  que  acceda  su  conducta, resulta un imposible jurídico  atribuir responsabilidad a su defendido a título de cómplice.   

3.-  Tercer cargo (subsidiario). Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad.   

         Señala   el   casacionista  que  se  incurrió  en  esta  causal  a  consecuencia  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en la  valoración  probatoria que determinó la indebida aplicación del artículo 133  del Decreto Ley 100 de 1980.   

Dicho error, agrega, se produjo “en  torno a la prueba del sobre-costo de los elementos y equipos  vendidos  por  Touriño  Abasolo  a CAPRECOM”, lo que  incidió  para tener como típica la conducta de su defendido cuando en realidad  no lo es.   

En  procura  de su demostración, indica el  casacionista  que    de  acuerdo  con  lo  expuesto por el juzgador es  típica  la  conducta consistente en que LUÍS IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO obtuvo una ganancia desproporcionada  en  la  venta  de  los  equipos  médicos  que previamente había adquirido a un  precio  muy  inferior, con lo cual dio por demostrado que existió un detrimento  del  patrimonio  del  Estado y, paralelamente, una indebida utilidad a favor del  procesado cuando realizó su venta a CAPRECOM.   

Agrega  que  el  simple  hecho  de  existir  diferencia  entre  el  precio de adquisición y el de reventa de un producto, no  es  demostrativo  de  que  se haya ocasionado detrimento patrimonial al Estado o  que   esa   diferencia  corresponde  a  una  indebida  apropiación  de  dineros  públicos,  pues  tal  diferencia puede responder “a  oscilaciones  del  precio  propias  de  su  fijación  con  base  en precios del  productor  inicial  determinados  en  monedas  extranjeras,  a  un cambio en las  condiciones  del  mercado que haya determinado un aumento desproporcionado de la  demanda  frente  al  mismo producto, o incluso a un actuar especulativo, pero en  todo   y   de   acuerdo   con   las   reglas   de   la  experiencia,  no  supone  indefectiblemente,  la  causación  de un detrimento al comprador”.   

Contribuye  a  demostrar  dicho  aserto, la  diferencia  de  precio  que  dio  el  mismo  distribuidor directo respecto de un  equipo  que  en los primeros meses del año tuvo un valor de sesenta millones de  pesos  incluido  el impuesto de IVA y, a los pocos meses, se había incrementado  su   valor  en  cuarenta  y  cuatro  millones  de  pesos,  sin  que  esa  simple  comparación,  similar  a la que hizo el juzgador, signifique que dicha empresa,  por  la  superlativa  diferencia que se presentó en un corto periodo de tiempo,  haya incurrido en tentativa de peculado.   

Por lo expuesto, a juicio del demandante, se  incurre  en  error  de  valoración de la prueba cuando el sentenciador concluye  que  en  razón  de  la  diferencia  de  precios  de  adquisición  y de venta a  CAPRECOM,  se  causó un detrimento indebido al patrimonio del Estado, porque lo  primero  no  es  condición  de  lo  segundo ya que muchas otras razones podían  confluir a su explicación.   

Sostiene  que  la  sentencia tuvo en cuenta  para  demostrar   la producción del perjuicio que para un específico  equipo  la  empresa  MERCK  en  junio  de  1996  lo  cotizó  a la Clínica Fray  Bartolomé  de las Casas por un valor infinitamente menor al de compra por parte  de   la  entidad  oficial  a  la  “Comercializadora  Touriño  y  Uribe  y Cia Ltda.”. y si bien a primera  vista  tal  valoración se muestra acorde con la lógica y las reglas de la sana  crítica,   ello   finalmente   se   desvirtúa  habida  consideración  de  las  condiciones   reseñadas,   también   relevantes,   que   tornan  diferente  la  contratación  con  una  u  otra  empresa,  como  las  modalidades  de pago, las  obligaciones  adicionales  a la entrega, los costos al negociar con entidades de  carácter  público  (pólizas, publicaciones y demás) o las variaciones de las  demandas del mercado.   

Con fundamento en lo anterior, estima que es  evidente  que  se  incurrió en el error de apreciación probatoria referido por  tergiversación  absoluta  de  la  prueba  y  que, de no haber incurrido en él,  “inexistente  sería  la circunstancia que se tiene  como  determinadora  del  perjuicio  patrimonial  para  la entidad estatal y por  tanto  la  conducta  que  se considera encuadra en el tipo penal de peculado, de  tal  manera  que  no  habría  sido imputada la comisión de tal ilícito a LUIS  IGNACIO      TOURIÑO      ABASOLO”.             

         Por  consiguiente, solicita casar el fallo objeto de impugnación y,  en  su  lugar,  absolver al procesado de los cargos que le fueron imputados como  cómplice del delito de peculado por apropiación.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal, comienza por realizar algunas disertaciones generales en punto  del  fenómeno de la complicidad, las que por ser válidas para la situación de  todos  los  recurrentes  se sintetizarán a continuación, no así se procederá  en   relación  con  sus  reflexiones  respecto  del  contenido  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HERNÁN  JAVIER  PULIDO  CARDOZO,  puesto  que,  como  el mismo  representante  de  la  sociedad  lo señala, a su favor opera el fenómeno de la  prescripción  de  la  acción  penal seguida en su contra desde antes de que se  profiriera el fallo impugnado.   

Expone  el Procurador Delegado que a partir  de   la       definición   legal   de   la  complicidad  su  “comportamiento no es por si mismo adecuado al tipo  penal  determinado que realiza el autor”.  Ello,  en  tanto  el cómplice simplemente colabora en un hecho típico ajeno y por eso  su  participación  es  accesoria  y  así  funciona  en  el ámbito del injusto  típico,  de modo que “si el autor obra amparado por  una  causal  de  justificación  que  hace  desaparecer la ilicitud en términos  absolutos,  la  exención  de  responsabilidad  también  se  hace  extensiva al  participe”,  lo que también se puede expresar en el  sentido  de  que  si bien el cómplice no realiza el acto punible descrito en el  tipo  penal  que  otro lleva a cabo, su responsabilidad presupone que se realice  la conducta típica y antijurídica por parte del autor.   

Aduce  que  los  tres  recurrentes  fueron  condenados  en  calidad  de  cómplices  y  todos en forma unánime rechazan esa  imputación  con  fundamento  en la misma causal primera de casación en sus dos  sentidos de infracción de la ley de carácter sustancial.   

Acto seguido, se ocupa de los planteamientos  expuestos  en  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado  HERNÁN    JAVIER   PULIDO   CARDOZO               que, por lo  consignado  en  el  párrafo  inicial de este acápite, no se abordarán en esta  providencia.   

Culminada  la  disertación  del Procurador  Delegado  en  punto de tales planteamientos, se ocupa, en forma conjunta, de las  demandas   de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ  VENGOECHEA  y      LUÍS     IGNACIO     TOURIÑO  ABASOLO.   

Así,  comienza por referir al primer cargo  de  dichos  libelos,  cuyo  fundamento radica en la violación directa de la ley  sustancial,  orientados  a  cuestionar la adecuación típica del comportamiento  realizado  con  base  en los elementos configurativos del delito de Peculado por  Apropiación que impiden imputación a título de complicidad.   

Al  respecto,  sostiene inicialmente que en  estas   censuras  se  incurrió  en  algunas  incorrecciones  referentes  a  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación, para luego precisar que en los  fallos  de  instancia es indudable que la declaratoria de responsabilidad de los  procesados  recurrentes  surge  como  cómplices  del  delito  de  peculado  por  apropiación   a   favor  de  terceros,  cuya  autoría  imputa  a  Hernán  José  Mogollón  Bacca porque si  bien  se  encontró  que  no  existe  la prueba de la apropiación de dinero por  parte  suya, la hay en cuanto a que tuvo el propósito doloso de contratar en su  condición  de  Director de CAPRECOM “y en ejercicio  del  cargo  con  personas  a  las que estaba unido por lazos de amistad para que  estas   obtuvieran   desmesuradas   ganancias   en   detrimento  del  patrimonio  estatal”.   

Puntualiza que los impugnantes se limitan a  reproducir  las  consideraciones  sobre  la  situación  en  particular  de  los  procesados  a nombre de quienes presentan las respectivas demandas y de ese modo  el  yerro  que  se  atribuye al fallo “se manifiesta  segmentado      del      contexto      integral     del     fallo”.   

Así  ocurre,  añade,  en relación con la  censura   propuesta   por   el  defensor  de  NÚÑEZ  VENGOECHEA  orientada a demostrar que no se estableció  su  responsabilidad  en  calidad de cómplice, pues se le imputa la realización  material  de  la conducta descrita en el tipo penal de peculado, pero ello no se  corresponde  con la ayuda o colaboración a un delito ajeno producto del acuerdo  previo o concomitante que caracteriza a la complicidad.   

Sin embargo, expone el Delegado que para la  teoría  subjetiva  no  fue  impedimento  tener  como  partícipe  al sujeto que  realiza   personalmente  la  acción  delictiva  que  se  describe  en  el  tipo  penal.   

A continuación, se refiere a la teoría del  dominio  del  hecho  como  criterio diferenciador o delimitador entre autoría y  participación,  al  considerar  que  entre  varios  concurrentes  en  un hecho,  responderá  en  calidad  de autor aquél que tiene el dominio de la acción, de  la funcionalidad del hecho, o de la voluntad de otro.   

          Expone   que  el  legislador  nacional  eventualmente  también  requiere  que  esa  figura  central del suceso presente  ciertas  características  particulares o tenga ciertos deberes a su cargo, como  en  el  caso  de los delitos especiales, para que sea considerado como autor, de  modo  que  la  violación  del  principio  lógico  de  no contradicción que se  predica  del  Tribunal  porque  a pesar de atribuir al procesado la realización  material  de  la  conducta típica de peculado se lo condena por complicidad, no  se   alcanza   a   entender   “porque  mediante  la  argumentación  de  mayor a menor si basta la simple ayuda o colaboración de la  persona  para  que  se  lo  declare  responsable de la complicidad del delito de  otro,  a  fortiori  si  el  aporte  es  mayor  porque  realiza la conducta misma  conjuntamente  con el autor, y nada de extraño tiene que por razones de índole  estrictamente  dogmática,  se  considere  al que tiene el dominio de la acción  pero  no  cumple  con  los requisitos especiales que el legislador exige para la  condición   de  autor  de  un  delito,  un  simple  partícipe,  a  título  de  determinador o de cómplice”.   

Por lo mismo, agrega el Procurador Delegado,  carece  de  sentido la opinión expuesta en el segundo cargo de la misma demanda  por  cuyo  medio se censura la indebida aplicación del dispositivo amplificador  del  tipo  a  partir  de  que  no se razonó o adelantó el juicio que se debió  cifrar  en  la simple ayuda o colaboración para dar por establecido el supuesto  de hecho de la norma.   

         En  relación  con  la  prédica  contenida  en  las dos demandas en  cuanto  a  que  la  adecuación  del  comportamiento  de  los  procesados  a  la  descripción  típica  del  delito  de  peculado  por  apropiación  obedeció a  errores  de  hecho  en  la  apreciación probatoria determinantes de infracción  indirecta  de  la  ley  de  carácter  sustancial  respecto  de  la  prueba  del  sobrecosto  de los elementos y equipos vendidos a CAPRECOM, señala que es claro  que  desconocen  los  presupuestos  de un tal tipo de error, pues es cuanto a la  censura   presentada  por  el  defensor  de  TOURIÑO  ABASOLO  lo  que  en  verdad  subyace  es “un  sofisma  de  composición  mediante el cual pretende que las  deducciones  del  juzgador  sean  entendidas  como un atributo intrínseco de la  prueba,  y en esa forma deja clara su intención de oponerse a los razonamientos  conclusivos del Tribunal”.   

         Por  su parte, añade que en relación con la censura presentada por  el  defensor  de  NÚÑEZ VENGOECHEA “basta leer los  apartes  pertinentes  de la sentencia del Tribunal para poner de presente que al  revés  de  lo que se sostiene, no se soslayó el cotejo del precio de los otros  oferentes”, como también lo hizo el sentenciador de  primer  grado  respecto  de la calidad del trabajo de compilación de las normas  jurídicas de CAPRECOM.   

Además,  para  el  Procurador Delegado, si  bien  es  cierto  que  este  profesional  se  ocupó de indicar los elementos de  convicción  que  sirvieron  de fundamento a las sentencias de primera y segunda  instancia,  en  manera alguna los cuestiona o descalifica por deleznables, en su  lugar,  lo  que  hace  es postular en cargo separado un falso raciocinio, por la  argumentación           “falaz          y  paralogística”  que  determinó  el  incumplimiento  legal  por  parte  del  juzgador del análisis total y particular de las pruebas  dentro de la órbita de la sana crítica.   

Pero en ese propósito, agrega el Procurador  Delegado,   tampoco  demuestra  el  carácter  manifiesto y grave del falaz  razonamiento  que  atribuye  a los sentenciadores por haber llegado a la certeza  de  la  existencia  del  ilícito con fundamento en el examen de las pruebas que  estimó  suficientes,  prescindiendo  de otras, sino que simplemente se conforma  con   la  generalidad  de  anunciar  el  quebranto  de  la  lógica,  ciencia  y  experiencia o sentido común.   

Así  mismo, las afirmaciones del libelista  sobre  la  necesidad  conforme a la ley de contratación administrativa de tener  en  cuenta  otras  condiciones distintas a la del precio menor de la oferta y la  de  no  tener  como regla común el acuerdo delictivo con base únicamente en la  amistad,  no  alcanzan  a  desvirtuar  por  completo  todos  los fundamentos que  sirvieron  al  fallo  para  llegar  a la certeza de la comisión del delito y la  responsabilidad  penal  de autor y cómplices, constituyendo apenas una opinión  diferente frente a las pruebas.   

Como  son  protuberantes los desaciertos de  las  demandas  y  a  ello  se  aúna  la falta de razón de la pretensión, ello  obliga a la desestimación de la totalidad de los cargos.   

En  el capítulo siguiente del concepto, el  Procurador     Delegado    refiere    a    “otras  determinaciones”,  a través del cual puntualiza que  la  acción  penal  seguida en contra de LUÍS IGNACIO  TOURIÑO   ABASOLO  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación     en    su    calidad    de    cómplice,    referida    a    los  contratos       205  y 245 de 1996, en los que el valor  apropiado      fue      de      $16’510.000      y      $23’433.000, respectivamente, se encuentran prescritas.   

         Lo  mismo  sucede,  según el Representante del Ministerio Público,  con   relación   a   otros   procesados   que   no   ostentan   la  calidad  de  recurrentes.   En  primer  lugar,  respecto  de la acción penal seguida en  contra     de     Alfonso    Gutiérrez,  a  quien se le profirió resolución de acusación como cómplice  del  delito  de peculado por apropiación en grado de tentativa, por el contrato  No.   301   de   1996   y   cuya   cuantía   no   superó  los  $31’900.000,   

Igualmente   se  verificó  el  fenómeno  extintivo  de la acción penal en cuanto a la adelantada en contra del procesado  Orlay  Quintero  Mallungo, a  quien  se  le  profirió  resolución  de acusación en calidad de cómplice del  delito de interés ilícito en la celebración de contratos.   

Con  sustento  en  lo  expuesto,  solicita  desestimar  los  cargos propuestos en cada una de las demandas y de oficio casar  el  fallo  respecto  de  los procesados HERNÁN JAVIER  PULIDO   CARDOZO   y  LUÍS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO, declarando la extinción de  la  acción  penal  por la delincuencia que se le imputo al primero, mientras al  segundo  en relación con el delito de peculado por apropiación por cuantía de  $16.510.000   y   $23.433.000  relacionado  con  los  contratos  205  y  245  de  1996.   Del  mismo  modo,  sugiere disponer la cesación de procedimiento a  favor  de  Alfonso  Gutiérrez  Martínez  y  Orlay  Quintero Mallungo,  por  prescripción de la acción penal de los delitos de peculado  por  apropiación  que  se  imputó  al  primero  y  de  interés ilícito en la  celebración de contratos al segundo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuestión previa:  

Prescripción     de    la    acción  penal:   

Previo  a  adoptar  decisión  de  fondo en  relación   con   las   demandas   presentadas   por   los   defensores  de  los  procesados     LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO   y   MANUEL   DE  JESÚS   NÚÑEZ  VENGOECHEA  advierte la Sala que  algunas  de  las  acciones  derivadas de los delitos por razón de los cuales se  adelantaron  procesos  separados que, en la etapa de la causa fueron acumuladas,  ya  prescribieron,  lo  que  torna  indispensable su declaratoria, a los cual se  procederá previas la siguientes consideraciones:   

Para  facilitar  la  labor de establecer el  cómputo  del  término  prescriptivo  de  cada  uno  de  tales delitos, la Sala  abordará  su  estudio en forma independiente, no obstante lo anterior, antes de  proceder  a  efectuar  dicho  cálculo,  oportuno  se ofrece precisar las reglas  legales que rigen la determinación del término de prescripción.   

En  ese  orden  de  ideas, se tiene que de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 83 de la Ley  599  de  2000  (en  el  mismo  sentido,  el  artículo 80 del Decreto Ley 100 de  1980,   vigente   para   la  fecha  en  que  se  cometieron  la  totalidad  de  las  conductas), en la  etapa  de  la causa el término de prescripción de la  acción  penal  se  interrumpe  y comienza a correr a  partir  de  la  ejecutoria de la resolución de acusación por un tiempo igual a  la   mitad   del   establecido   para  la  fase  de  instrucción,  sin  que  pueda  ser inferior a cinco (5)  años,  como así lo indica el artículo 86 de la primera normatividad en cita y  el 84 de la segunda.   

     

        Adicionalmente,    cabe  indicar  que  por  virtud  de que la totalidad de las  conductas      imputadas      se     cometieron  en  vigencia    del    Decreto   Ley   100   de   1980,   es   necesario,  en  procura  de   establecer  el  máximo    de   la   pena,   efectuar   cotejo con las  disposiciones  de  la  Ley  599  de  2000,  a  fin  de  determinar cuál resulta  favorable  para  los efectos del cómputo que ocupa la  atención.     

Pues   bien,   de   conformidad  con  la  metodología   anunciada,  encuentra  la  Sala  que en  relación    con   la   primera   causa   acumulada   actualmente   están  prescritas  las  acciones penales seguidas en contra de los  procesados   recurrentes  en  casación  HERNÁN  JAVIER  PULIDO  CARDOZO  por el  concurso      homogéneo      de     delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos  legales  en  calidad  de  cómplice y  LUIS    IGNACIO   TOURIÑO   ABASOLO   por  el  delito  de  peculado  por  apropiación  que se le imputó  también  en  esa  calidad  respecto    de    los    contratos    205  y  245 de  1996.    

Así mismo, están prescritas las acciones  penales  seguidas  en  contra  de  los  procesados  no  recurrentes en casación  Hernán       Mogollón       Bacca,  como autor  del  punible  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y la  seguida  en  contra  de Alfonso  Gutiérrez  Martínez  a título  de   cómplice   de   tentativa   de   peculado  por  apropiación, respecto del contrato 301 de 1996.   

Para los efectos indicados, es preciso tener  en  cuenta  que  la  resolución  de  acusación  proferida por la Fiscalía 287  Seccional  de  Bogotá es de fecha 26 de mayo de 1998 y que cobró ejecutoria el  2  de  julio  de  la  misma  anualidad,  fecha en la cual el mismo ente acusador  declaró  desierto  el único recurso de apelación interpuesto en su contra por  el      defensor     de     Alfonso     Gutiérrez  Martínez.   

Las  primeras acciones penales comprendidas  en  esta  causa  que  se  encuentran  prescritas  son  las adelantadas contra el  procesado  recurrente  en  casación  HERNÁN  JAVIER  PULIDO  CARDOZO,   en su calidad de cómplice del  concurso  homogéneo  de  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos  legales.   

Al  respecto,  impera  señalar  que dicho  delito  se  sanciona  en  el  artículo  146,  modificado  por el 1° del Decreto Ley 141 de 1980, 57 de la Ley 80 de 1993 y 18  y  32 de la Ley 190 de 1995, así como en el 410 de la  Ley  599 de 2000, con una pena máxima de doce             (12)  años de  prisión,  guarismo  que  se  tiene como término de prescripción para la fase instructiva.   

A  estos  doce  (12)  años  ha  de  descontarse  una sexta parte (menor proporción),  como  quiera  que  la imputación en contra del procesado se atribuyó a título  de  cómplice,  según  lo disponen uniformemente los  artículos    24    del    Decreto    Ley    100    de   1980   y   30  de  la  Ley  599 de 2000, para una  sanción    máxima    de    diez    (10) años,  quantum  que al  reducirse a la mitad para  el cómputo de prescripción en la  fase  del juicio, permite inferir que el término     definitivo     de     prescripción     es  de cinco  (5) años.   

             

Significa  lo anterior que las  acciones  penales         adelantadas    en   contra   de   PULIDO         CARDOZO        se  encuentran  prescritas habida cuenta  que    la   resolución   acusatoria   proferida   en   esta   causa,   como  ya  se  señaló,  cobró  ejecutoria el 2   de   julio   de   1998,   habiendo  transcurrido  más  de  los cinco años a que se ha hecho referencia, los cuales  se    cumplieron    el    2    de   julio  de  2003, fecha anterior a la del  proferimiento del fallo impugnado.   

De  la  misma forma están prescritas las  acciones  penales  comprendidas dentro de esta misma causa adelantadas en contra  del     procesado     LUIS    IGNACIO    TOURIÑO  ABASOLO,  también  recurrente  en casación, por el  delito  de  peculado  por  apropiación,  en  calidad de cómplice,             derivadas  de    los    contratos    205   y   245 de 1996.   

En  ese  sentido,  oportuno  se  ofrece  precisar   que   el  valor  apropiado  respecto   de   estos  contratos  fue  de   $  16.510.00     y     $     23.433.000,  respectivamente,     cuantía    que    resulta    superior    a    cincuenta        (50)  salarios mínimos legales mensuales  de  ese  año  ($  142.125)  e  inferior a doscientos  (200),  de  tal  suerte que la pena máxima tanto para el artículo 133  del  Decreto  Ley  100  de 1980, modificado por los artículos 18 y 19 de la Ley  190  de  1995,  como  para  el  artículo  397  de  la  Ley  599  de 2000, es de  quince      (15)  años.   

A este último monto punitivo se le reduce  una  sexta  parte, dada la  imputación     en    contra    de    TOURIÑO    ABASOLO    a  título  de cómplice, para un subtotal de doce (12) años, seis  (6)  meses,  el que a su vez se disminuye  en  la  mitad,  por  razón  de la interrupción del término de  prescripción   en   la   fase  del  juicio,  lo  cual  arroja  un  total  de  seis  (6) años y tres (3) meses, lapso que se cumplió  el    2    de    octubre    de    2004,  mientras  se  surtían  los  traslados legales previstos para la sustentación del recurso  extraordinario de casación.   

Como se señaló en precedencia, también  se  encuentra  prescrita  la  acción  penal comprendida dentro de esta causa en  contra   del  no  recurrente  en  casación  Hernán  Mogollón  Bacca  por  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales en calidad de coautor.   

Efectivamente,      tal   como   se  dejó  dicho  con  antelación,  este  delito  es  sancionado  con  una  pena  máxima de doce (12) años tanto en el artículo 146  del  Decreto Ley 100 de 1980, modificado por el 1° del Decreto Ley 141 de 1980,  57  de  la  Ley 80 de 1993 y 18 y 32 de la Ley 190 de 1995, como en el 410 de la  Ley 599 de 2000.   

Este  quantum  se reduce en la mitad por virtud de la interrupción  del  término  de prescripción para la fase del juicio, lo cual arroja un monto  de   seis   (6)  años,  guarismo  que  se  incrementa en dos más, por virtud  de  su condición de servidor  público, para un  total  de ocho (8) años de término de prescripción de esta acción en la fase  del juicio.   

Dicho      lapso     contado  a  partir de la ejecutoria de  la  resolución  de  acusación  se  cumplió el 2 de  julio   de   2006,  esto  es,   cuando   el   proceso  se  encontraba  en  la  Procuraduría  Delegada  para la emisión del correspondiente concepto sobre las  demandas de casación.       

Así   mismo,   según   se  indicó,  también  se  encuentra  prescrita  la única acción penal seguida en contra del procesado no recurrente  Alfonso     Gutiérrez     Martínez,  como cómplice del delito de peculado por apropiación en grado  de  tentativa  en  relación  con  el  contrato  301  de  1996,  por  valor de $  136.000.000.   

Como   quiera   que   el  valor  de  lo  apropiado  por  razón de este contrato supera con  creces  el  monto  correspondiente  a  200  salarios  mínimos  vigentes para el  año de 1996      ($     28.425.000, teniendo en cuenta que el valor del  salario  mínimo  para  ese año era de $ 142.125), la pena máxima correspondiente   es  de  quince          (15)  años,  tanto para el artículo 133  del  Decreto  Ley  100  de 1980, modificado por los artículos 18 y 19 de la Ley  190 de 1995, como para el 397 de la Ley 599 de 2000.   

Este monto se disminuye en una sexta parte  por  razón  de  que  la  responsabilidad  se  imputa  al  sindicado  en  calidad  de cómplice     y     en    una    cuarta  parte más en consideración a que la conducta se atribuye  en     grado     de     tentativa,    para   un  subtotal  de  ciento      doce      (112)   meses  y  quince  (15) días, sobre el cual se descuenta la  mitad  por  virtud  de la  interrupción  del  término  de  prescripción  para  la  fase  del  juicio, lo  que    arroja    un  término  de cincuenta    y   seis   (56)  meses  y   siete  (7)  días.   

Sin  embargo,  como  este  quantum  es  inferior  al  mínimo  de  cinco  (5)  años  en  que opera la prescripción de la acción penal durante la  fase   del   juicio,   este   último  es  el  que  se  tiene  en  cuenta  para  tal efecto, configurándose      dicho   fenómeno   el   2   de   julio   de   2003,  esto es, antes de que se profiriera  el fallo de segundo grado.   

En    cuanto    a   la   tercera  causa  acumulada se tiene que  únicamente    está  prescrita   la   acción   penal   seguida   en  contra  del  no  recurrente  en  casación  Orlay Quintero  Mallungo,  a  quien se condenó como cómplice  del delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

A  efectos de establecer la prescripción  de  esta  acción  penal,  impera  señalar  que  la  resolución  de acusación  dictada  dentro  de esta  causa     por     la    Fiscalía    Quinta  adscrita  a la Unidad Nacional  Especializada   en   delitos  contra  la  Administración  Pública  de  Bogotá  se  profirió  el  26 de  febrero  de  2001,  la  cual  alcanzó ejecutoria el  13  de  junio  de  la  misma  anualidad,  fecha  en la cual fue confirmada por la Fiscalía Delegada ante  el Tribunal de la misma ciudad.   

Ahora, como se expuso previamente, las dos  legislaciones  sustanciales  que han regido a partir de la fecha de comisión de  esta    conducta   la  sancionan  con una pena máxima de diez (10)  años  de  prisión,  guarismo que se reduce en la mitad en la fase del juicio, para un  total   de   tiempo   de   prescripción   de  cinco  (5) años.   

Por consiguiente, es claro que a la fecha  ya   ha   operado   el  fenómeno  extintivo  de  la  acción  penal  por  este  delito,  pues  a partir  del  día  en que cobró  ejecutoria   la  resolución  de  acusación  ya  ha  transcurrido  dicho lapso,  toda vez que ello    ocurrió    el   13  de  junio  de  2006,  esto       es,       antes     de     que     el    expediente    arribara    a    esta  Corporación  procedente  del  Tribunal  de  Bogotá  para el estudio sobre la  admisibilidad     del     recurso     extraordinario     interpuesto.        

   

Si  ello  es  así, como en efecto lo es,  resulta  evidente  que  a  la Sala no le queda camino jurídico diverso a seguir  que  declarar  prescritas  las  acciones  penales  derivadas  de  los delitos de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales en  concurso  homogéneo por el cual se acusó y condenó  a   HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO,    en  calidad  de cómplice; peculado por apropiación respecto de los contratos 205 y  245  de  1996 imputado a  LUIS    IGNACIO    TOURIÑO    ABOSOLO,  también  como  cómplice;   contrato  sin cumplimiento de  requisitos  legales  deducido  a  Hernán  Mogollón  Bacca   en  calidad  de  autor;   peculado  por  apropiación  en  grado  de  tentativa  por  el  cual  se  acusó  y  condenó a  Alfonso    Gutiérrez    Martínez    en  calidad  de  cómplice  y;   contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  por  el  cual  fue  condenado  como  cómplice Orlay  Quintero  Mallungo.     

En  consecuencia,      se     ordena     la     cesación    del    procedimiento    adelantado    en    su  contra, amén de marginar de la dosificación punitiva  establecida  en  el  fallo la pena impuesta por los referidos delitos, tarea que  se efectuará en acápite posterior.   

Cuestión    de    fondo:     

Impera  precisar, en primer término, que  la  Sala  se  abstendrá  de emitir pronunciamiento de fondo en relación con la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado HERNÁN    JAVIER    PULIDO   CARDOZO  toda    vez    que,  como  se  señalara  en  el  acápite precedente, la  acción   penal  adelantada  en  su  contra,  como  cómplice  del  concurso   homogéneo  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  se  encuentra  prescrita.   

Ahora,  como  sin  dificultad  alguna se advierte que el  cargo  primero  de  la  demanda presentada por el defensor del  procesado     MANUEL     DE     JESÚS    NÚÑEZ  VENGOECHEA   y   el  propuesto  también  en  forma  prioritaria    por    quien    actúa   en   representación   de   LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO tienen  sustento   similar,   habida  cuenta  coinciden  en  plantear   que   se   incurrió   en   violación   directa   de  la  ley  sustancial  ante  la  imposibilidad  de  condenar como cómplice a los mencionados a  partir  de  los  supuestos de hecho demostrados y por  la     naturaleza  accesoria  de  la  complicidad atribuida,    se  asumirá   su   estudio   de   fondo   a  través  del mismo acápite, con el  fin    de    evitar    incurrir   en   repeticiones innecesarias.   

Igual       proceder      se      acometerá  en  relación  con las censuras     segunda y tercera contenidas  en     la     demanda     allegada     por     el     defensor     de    MANUEL    DE   JESÚS   NÚÑEZ  VENGOECHA, pues si bien a  través  de ellas se formulan diversas modalidades de  yerros en los que habría  incurrido  el sentenciador  al    apreciar    la  prueba,   esto      es,     errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia    (cargo  segundo)  y  por  falso  raciocinio               (cargo  tercero), no lo es menos  que  las  dos  censuras  apuntan  hacia  idéntica  comprobación atinente a que  fueron  omitidas  las  mismas  probanzas.   

De          acuerdo con  la  metodología  señalada,  se procede a dar respuesta de fondo a las censuras  propuestas, de la siguiente forma:   

1.         Cargo        primero     de     las    demandas   presentadas   por   los   defensores   de   los  procesados  MANUEL     NÚÑEZ     VENGOECHEA    y     LUIS     IGNACIO     TOURIÑO  ABASOLO.    Violación   directa   de  la  ley  sustancial:   

El      primer      aspecto    coincidente    de    estas  censuras  tiene  que ver  con      que     la     conducta     imputada  a  los  procesados no se  adecua  a  los  elementos del tipo penal de peculado por apropiación por el que  fueron  condenados en condición de cómplices.    

Para  el caso  particular   de  MANUEL  NÚÑEZ        VENGOECHEA,        sostiene    su   defensor,  porque no se tuvo en consideración  que      si      bien      la     oferta     presentada     por     “Nobel  Impresores”      presentaba      “una     diferencia    económica  ostensible”     con    la    de    la   Imprenta  Nacional,  no  se puede tomar éste como el único  factor   que   determina  la  selección.   Y,  en  el  de de LUIS  IGNACIO  TOURIÑO ABASOLO, como a  su  turno  lo señala su defensor, porque la reventa de bienes a un precio mayor  por   el   que   fueron  adquiridos  representa  conducta  atípica,  en  cuanto  desconoce  que        el       ánimo   de  lucro  caracteriza  a  la  actividad comercial.   

   

En  los  dos  casos,   los  reparos  analizados  enfocan  su  atención en uno de  los  múltiples  aspectos,  y  ni  siquiera  el más  importante,   en   que  se  basó  el  supuesto  de  hecho  que  dio  lugar  a  los  sentenciadores  para  edificar  el  juicio de responsabilidad en       contra       de       los  procesados  como  cómplices  del delito de peculado  por apropiación.   

Así, en lo que refiere a la situación de  MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ  VENGOECHEA,  cuya  responsabilidad  penal se derivó a partir de    la  celebración  del  contrato  157/95  suscrito  entre  la  EPS  CAPRECOM  y  la  firma         contratista        “Nobel  Impresores”,  representada  por  el  primero, con el  objeto  de  efectuar  una  compilación   de  normas  jurídicas  para  la  entidad  oficial  contratante,  no  es  cierto,  como lo  sostiene  el  actor, y para lo cual basta consultar el fundamento de los fallos,  que   el   supuesto   de   hecho   para  la  imputación  criminal  “únicamente”  haya radicado en la  diferencia   económica   ostensible   entre  la  propuesta  presentada  por  la  “Imprenta Nacional” y  la sociedad que a la postre se seleccionó como contratista.   

Realmente   esa   no   fue   sino   una  circunstancia  más  que  se  añadió  a  la larga lista de irregularidades que  encontraron  los juzgadores en las diversas fases de este trámite contractual y  que   condujeron  a  inferir  que  el  objetivo  fundamental  de  los  distintos  intervinientes   de   la   conducta  punible  era  marginar  de la adjudicación de este contrato a la empresa estatal “Imprenta  Nacional”, que para ese  tipo   de  servicios,  entiéndase,  compilación  y  codificación  normativa,  por  virtud  de  lo  previsto  en la Ley 109 de 1994,  tenía  prioridad, quedando así el camino libre para  celebrar   el   contrato  con  la  empresa  “Nobel  Impresores”    representada   por   MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ VENGOECHEA,  quien  tenía  lazos  de  amistad  con  el  director  de  CAPRECOM, Hernán Mogollón Bacca.   

Con  ese  objetivo,  según  lo  señalan  unánimemente  los  juzgadores  de  instancia,  todo  empezó  desde  la  fase  precontractual         al        exigirse  a    “La   Imprenta  Nacional”      un      plazo      excesivamente   breve  para  la  entrega  del  trabajo,  el  cual, como era  esperarse,  no  se  comprometió  a  cumplir,   permitiendo   de  esa  manera,  conforme  con las previsiones de la citada Ley 109,  que  se  abriera  la  licitación al  sector privado.   

Pero,  como  lo enfatiza especialmente el  a-quo,  lo que resulta más cuestionable es  que  este  lapso ya no se  exigió  para  las  firmas  particulares participantes  en  la  licitación.   Otra anomalía tuvo que  ver  con  que  al proceso licitatorio no se invitó a ninguno de los proveedores  normales   de  la  EPS,  todo  lo  cual  permite  colegir  que  el proceso se  concibió     con     el    único    fin    de    escoger    a    “Nobel  Impresores”,     empresa    que    a  la  postre  ni siquiera  cumplió  los términos convenidos en  el  contrato  157/95, sin  que  la  entidad ejerciera los correctivos previstos,  lo  cual  también  resulta  altamente comprometedor.   

Este cúmulo de  irregularidades,   como   ya  se  dijo,   debidamente  explicadas  por  los  falladores,  evidencia la  manifiesta    intención    de    adjudicar    el    contrato   a   “Nobel  Impresores”,  representada  por   el  procesado  NÚÑEZ  VENGOECHEA,       quien      sostenía  lazos  de  amistad  con Hernán  José     Mogollón     Bacca,     director    de  CAPRECOM,  de  modo que, como atrás se anunció, el  hecho  de  que  esta firma  hubiera  sido  seleccionada aun cuando presentó una  oferta  a  un  precio  mayor  al  de  la  “Imprenta  Nacional”,  no  constituye  el  fundamento  de  la  imputación,  sino  una  más  de  la  irregularidades  que se presentaron en el  trámite de adjudicación del contrato a dicha empresa.   

La  verdadera  imputación o reproche que  surge  precisamente de la sumatoria de las irregularidades denotadas, es que con el objetivo de apropiarse  de   recursos   de  la  entidad  estatal  CAPRECOM,  su  director,  Hernán    José   Mogollón   Bacca,  adjudicó   este   contrato   de   forma   irregular  a  su  amigo  MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ VENGOECHEA,  quien  se  prestó  para  tal  efecto,  contribuyendo  a  la conducta de aquél,  mediante  colaboración  que   se  calificó   por   los  funcionarios  a  título  de  complicidad,  por   lo   que   para  la  Sala  no  tienen  asidero  los argumentos  del libelista orientados  a  señalar  que  la conducta de su  defendido  no  encaja  en el tipo penal de peculado por apropiación      en      la     calidad     atribuida     de     cómplice.   

Ahora,  en  cuanto  a lo pretextado por el defensor del  procesado  LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO  frente a su compromiso penal derivado de la  celebración  de  los  contratos  205 y 245 de 1996,  entre    la    firma  “Touriño  y  Uribe  y  Cia.  Ltda.”,      representada      por     el  mencionado, y  CAPRECOM,  cuyo objeto consistió en  el  suministro de equipos de medicina para algunas ciudades del departamento del  Valle  del  Cauca  y para la clínica Fray Bartolomé de las Casas de la capital  de  la  república,  respectivamente,  enderezados a  indicar  que  tampoco  su conducta encaja en el tipo  penal  de  peculado  por  apropiación,  porque  los  juzgadores             edifican    el  detrimento   patrimonial   de   CAPRECOM  en  la  diferencia  entre  los  precios  de adquisición y venta  de    los    equipos,  sin  tener en cuenta que  ello    obedeció   a  la actividad lícita    desplegada   por   su  defendido  de  obtener  lucro,  a  lo que se suma que  su    valor    para    esa   época   prácticamente se duplicó en el mercado.   

Como  sucediera  con  la  propuesta  del  defensor    de    NÚÑEZ   VENGOECHEA,  situación  similar  se  advierte  en  este  caso,  dado que la  imputación  no  se  limitó  a  que TOURIÑO ABOSOLO  por  razón  de los contratos obtuvo un sobrecosto o  una   significativa  ganancia,  sino  que  ésta  fue  simplemente  una  de  las  múltiples  irregularidades que permitieron arribar a  la  conclusión  de  que  a  través  de  estos  contratos lo que en realidad se  buscaba era la apropiación de los bienes de la entidad oficial.   

En   ese   sentido,   los  sentenciadores     precisaron    que  en  estas  contrataciones  se  vulneraron principios  regentes de esta materia,  contenidos  en  la  Ley  80  de  de 1993, como los de transparencia y selección  objetiva  del  contratista, por desconocimiento de la  ritualidad   prevista   en   dicho   estatuto.    

Una  tal situación se hizo manifiesta en  relación  con el contrato 205 de 1996, cuando pese a  que  se  recibió  de  forma extemporánea la propuesta de la firma “Touriño  y  Uribe  y Cia. Ltda.”,  se le adjudicó el contrato.   

Igualmente   grave   resultó   que  en  este  trámite  contractual  se  hubiera  establecido  un  precio  de  venta  de  los equipos sin siquiera  consultar  su  valor  comercial  en el mercado y que se haya incumplido el plazo  para     su     entrega.    O,    como    lo    puntualiza    el    ad-quem,        que  tampoco  se  acudió  al  listado de  proveedores  y  que  obren  inconsistencias entre las fechas de presentación  de las ofertas con    la    del    certificado   de  disponibilidad presupuestal.   

Y, ya en relación con los dos contratos,  no  puede  dejar  de  llamar  la atención que se hubiera elegido a un amigo del  multimencionado  director  de  CAPRECOM para esa época, personaje que, además,  ninguna  experiencia  tenía  en  ese  ámbito, cuando quiera que se le conocía  como   comerciante   de  prendas  de  vestir,  máxime  cuando  éste  mismo  en  indagatoria  adujo  que  los requerimientos de la entidad oficial se los hacían  llega  vía  fax  a  la ciudad de Barranquilla, lo cual no se corresponde con el  mecanismo  legal  previsto  para     este    tipo   de   contratos,   esto  es, a través de avisos o convocatorias públicas.             

Ello     significa,    contrario  sensu  a  lo que expresa el  actor,   que  no  es  ni  mucho  menos  cierto  que el supuesto de hecho en  contra    de    TOURIÑO    ABASOLO   radicó   exclusivamente  en  el  sobre  costo  que obtuvo por la  venta  de  los equipos, el  cual  no  se  adecua a los elementos del tipo penal de peculado por apropiación  por  el cual se lo condena en los fallos,   porque   la   imputación   va  mucho  más  allá.   

En    efecto,    el    verdadero  supuesto  de hecho, como lo  denomina  el  libelista,  o  base  de la imputación,  como   también   lo   fue   la   de   NÚÑEZ  VENGOECHEA,  y  que  también  surge  sin  dificultad alguna de los fallos, consiste en que dada la amistad que  sostenía  con el director de CAPRECOM, Hernán José  Mogollón   Bacca,  colaboró  para  desfalcar  los  recursos  de  dicha  entidad,  a través de contratos  que    irregularmente   se   le   adjudicaron,   lo  cual   encuentra  cabal  adecuación  al  tipo penal por el que fue condenado  en calidad de cómplice.   

Un cuestionamiento  adicional que   por   la   misma   senda  de  la  violación  directa se atribuye al fallo a   través   de  la  primera  censura  propuesta por el defensor  de    MANUEL   NÚÑEZ   VENGOECHEA   tiene  que  ver  con  que  no  es  posible deducir responsabilidad  alguna  en  contra de su  defendido     en    atención    a    que    no    tenía   posición   de  garante  frente  a  los  recursos       de       la       entidad      pública      afectada.   

Este argumento  carece  de razón, puesto  que  si  bien  ha  dicho la Sala que la “posición   de   garante   es   la  situación  en  que  se  halla  una persona, en virtud de la cual tiene el deber  jurídico  concreto  de  obrar para impedir que se produzca un resultado típico  que   es   evitable”1,    frente   a    la  situación  del  mencionado  ello no tiene incidencia  porque  dicho  deber  estaba  en  cabeza  del  director  de CAPRECOM  quien,  junto  con  otros  funcionarios  de  la  misma  entidad,  defraudó           la          expectativa   de   defensa  de  tales  recursos,    y    por    ello    asumen       responsabilidad      como  coautores,  en tanto que  el   reproche  criminal  que  surge  contra  NÚÑEZ  VENGOECHEA  deviene  de  la ayuda que prodigó  a  la  conducta  de  aquellos,  prestándose         como        contratista     para    el   desfalco   de   los  bienes   de dicha entidad.   

Otra  temática en la que indiscutiblemente  se  encuentran  puntos de afinidad entre las propuestas de los defensores, tiene  que  ver  con el hecho de que la conducta que se endilga a los procesados en sí  misma  considerada  es  principal  y  no  accesoria, como se exige para atribuir  responsabilidad  a  título de complicidad y que, por ende, se confunden las dos  nociones dogmáticas.   

Sin   embargo,  una  tal  conclusión  se  construye  a  partir  del mismo error señalado en precedencia de no identificar  debidamente la imputación que obra en contra de los procesados.   

Ahora  bien,  la  Sala también encuentra  carente    de   razón   el   planteamiento   del   defensor   de   TOURIÑO    ABASOLO    según  el  cual se vulnera el principio lógico de no contradicción    cuando    se    le  atribuye  responsabilidad  a título de cómplice  a    pesar   de   que   no   ostenta   la   cualidad   exigida   para   el   sujeto  activo  de  servidor  público.       

Al   margen   de  cualquier  discusión  dogmática,   lo   cierto   es    que  este  reproche  evidencia  la  misma  inconsistencia  de  los  anteriores,  porque en los fallos, como ya se precisó,  claramente  se  atribuye  al aludido una conducta accesoria a la de los autores,  en  cuyo  caso  no  se  exige  que  tenga las mismas calidades del sujeto activo  calificado.   

Para  zanjar  cualquier duda al respecto,  oportuno  se  ofrece  recordar lo que el juzgador de  primera  instancia  precisó  en  punto  de  la  participación  de TOURIÑO     ABSOLO,    pero    que    igual    se    hace    extensivo   a   NÚÑEZ  VENGOECHEA,  al  calificar  su  conducta de la siguiente forma:   

“Y es que  para    lograr   la   defraudación   del   patrimonio   estatal,   era  necesaria  su  colaboración,  no  respecto   al   trámite   interno,  sino  para  servir  de  medio  -contratista  previamente  escogido-  para  lograr  la  exacción  del dinero estatal, una vez  adjudicado el contrato”.   

Si ello es así, como en efecto lo es, no  resulta  razonable  exigir  que  en  el  caso de los  cómplices  para que se configure la conducta se deba  tener  la  misma  calidad  del  sujeto  activo  o  que  se  realice  la conducta  sancionada  en  el  tipo,  pues se trata  simplemente  de  contribuir  a  la conducta de otro.   En  un  tal caso, lo que impera demostrar es que realmente  se   está   ante   una  conducta    punible  principal,  que  efectivamente  hubo un aporte a  su   realización   y  que  medió  acuerdo  previo  o concomitante (expreso o  tácito)      para     prestar     la     ayuda2.        

Por  lo expuesto, la conclusión a la que  se  llega en relación con las dos censuras que concitan la atención de la Sala  es la de su improsperidad.   

      

2.    Cargos   segundo  y  tercero  de  la demanda presentada  por   el   defensor  de  MANUEL  DE  JESÚS  NÚÑEZ  VENGOECHA.   Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial:   

No obstante que  estos   reparos   se  presentan  en  forma individual, alegándose a través del primero de ellos un error de hecho por falso  juicio  de  existencia y en el tercero (último de la  demanda)    un   falso   raciocinio,   como  se anunciara al momento de explicar la metodología a seguir  para  brindar respuesta a los cargos, se abordará su  análisis  de  fondo de manera coetánea toda vez que  sin   dificultad   alguna   se   advierte   que  su  contenido  es  igual.   

En  efecto, a través de las dos censuras  el  casacionista  pretende  demostrar  que el juzgador omitió la valoración de  algunas  pruebas  con  la  entidad de derruir la declaratoria de responsabilidad  del  fallo  impugnado,  lo  cual  se  tradujo  en el  desconocimiento   de   las   reglas   de   la  sana  crítica  relacionadas  con los principios lógicos,  las    máximas    de   la   experiencia   y   el   sentido   común.   

Pues bien, la confrontación del contenido  de    los   fallos   en   punto   de   la    responsabilidad    de   NÚÑEZ  BENGOECHEA,   permite   arribar  a  las  siguientes  conclusiones:   

En  primer  lugar,  no  es  cierto  que los  sentenciadores  hayan  omitido  valorar  las  cotizaciones  presentadas  por las  firmas   “Consorcio  Gráfico  Ltda.”   “Beyerg   Ltda.”,  “Diseños  y  Promociones”,  a  partir  de  las  cuales  el censor  pretende  demostrar  “que  lo cotizado y contratado  por   y   con   ‘Nobel  Impresores’,  estuvo por  debajo  de  los otros cotizantes” y, de ese modo, que  “los  parámetros  económicos  se  dieron  apenas  dentro de lo justo y racional”.   

Sin  dificultad alguna se advierte que el  fallador    de   primera   instancia   analiza   todas   las   fases   de   esta  contratación,  involucrando  las  cotizaciones presentadas por las firmas referidas, a pesar de  lo  cual concluye, como ya se señaló en cuanto a la  propuesta  contenida  en la primera censura, que todo  obedeció  a  un  plan  preconcebido  con  el  objeto  de  excluir  del  proceso contractual a “la  Imprenta  Nacional”  y  permitir  así  adjudicar  el  contrato   a   NÚÑEZ   VENGOECHEA,   con     quien     el    director    de    CAPRECOM    mantenía        lazos        de  amistad.   

Tampoco  el  sentenciador  se  sustrajo  a  valorar   las   declaraciones   de   Rafael  Humberto  Salcedo  y  Nelson  Enrique  Castro,  representantes  legales de las otras empresas  que  presentaron  cotizaciones,  por cuyo medio aspira demostrar que el contrato  con  la  empresa  “Nobel Impresores” fue transparente.   

Con  respecto a estos testimonios, precisó  el   ad-quem,  que aun cuando el defensor los presenta  con  el objeto de desvirtuar la acusación, ello “no  resulta  viable  porque  la  comparación  debe  hacerse es con el trabajo de la  Imprenta  Nacional  que  eran las dos cotizaciones que se tuvieron en el momento  de  la  adjudicación,  y así fuese de mejor calidad la que ofreciera Nobel, en  principio  de  la  economía  y de austeridad que debió regir la adjudicación,  fue  violado  por  Mogollón al optar por Nobel, que en últimas no respondió a  las  expectativas  fijadas en la oferta”.     

De lo anterior emerge diáfano que carece  de  razón  el  libelista cuando afirma, a través de las dos censuras objeto de  análisis,  que  se  configuró  error de apreciación probatoria derivado de la  omisión de los antedichos medios de convicción.   

En  segundo  lugar, conviene advertir que  todas   las   pruebas  referidas  por el demandante, incluyendo también    los    testimonios    de  Juan  Camilo  Pulido  Arce,  Germán Méndez Tobón,  Hernando   Gutiérrez   Patiño,   Francisco  Javier  Salamanca  Rosas,  Orlando  Rodríguez  Medina,  Rafael Humberto Salcedo y Nelson Enrique Castro,   a   través   de  las  cuales  el  demandante  persigue          demostrar  que  el  presente  trámite  contractual  se desarrolló dentro de los parámetros  de    lo    “justo   y   racional”,       tampoco      tienen  la  entidad  de  desvirtuar  el  carácter  doloso  de  la  conducta  desplegada  por  el  procesado  tendiente a  facilitar  la  exacción indebida de los recursos  de  la  entidad estatal, pues  para  llegar  a  una  tal  conclusión    los    falladores    elaboraron   un  estudio                 detallado y  minucioso       de       este      trámite,    al    cabo   del   cual  objetivamente  encontraron  múltiples  violaciones a la legislación que regula  la  materia contractual, cuya gran solidez no se ve menguada por lo que surge de  estas probanzas.   

Así  las  cosas,  se  concluye  en  la  improsperidad   de  los   reparos  objeto  de  atención;   por  un  lado,  en tanto los  errores  de  apreciación  probatoria propuestos a través de  los  cargos  referidos  no  se concretan  y,  por  otro,  porque  tampoco     tienen     la     entidad     de    desvirtuar  los graves señalamientos del  fallo.   

3.   Cargo  segundo  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor   de   LUIS  IGNACIO    TOURIÑO  ABASOLO.              Violación       directa       de      la      ley  sustancial:   

A  través  de  este reparo propuesto  bajo  la  égida  de  la  causal  primera de casación  prevista  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por violación directa de  ley  sustancial, se sostiene fundamentalmente          por   el   defensor   de   TOURIÑO  ABASOLO  que  como  el  grado  de  participación de la complicidad exige un  aporte      a      la      conducta  de un  autor,  en  consideración  a  su  naturaleza  accesoria  o  secundaria,  no  se  satisface  en  cuanto a la conducta de su prohijado  porque  el supuesto de  hecho    que    se   le   atribuye   consiste      en      haber     obtenido     una     “superlativa   y  desbordada  utilidad  en  la  venta  de  unos  elementos   y   equipos   médicos  a  CAPRECOM”,  situación  que  no reviste la naturaleza accesoria  que  caracteriza  a  la  complicidad y que la hace confundir con la categoría    dogmática   de   la  autoría.   

Como    quiera    que   este   reparo   está  sustentado  sobre  iguales argumentos a los de la primera censura  contenida  en  la misma  demanda,     con    la    única    divergencia   consistente   en  que  mientras   en   ésta  el  actor  alude  a la  aplicación  indebida de la figura de la complicidad (artículo 30 de la Ley 599  de  2000) al cabo que en  el  anterior  lo  hizo en relación con la disposición que sanciona la conducta  punible  de  peculado  por  apropiación por la cual se condenó a su defendido,  lo    cual   a   su  juicio  era            suficiente            para            justificar        su       presentación  autónoma, es  evidente  su  improsperidad,  pues  al igual que el anterior,  parte    de    una   premisa   errada.     

Ciertamente,      en   la   respuesta   dada  a  la  primera  censura  se     dejó     suficientemente     en     claro    que     la     imputación     en    contra    de    TOURIÑO  ABASOLO  no se contrajo   a   la   obtención   de   un   generoso  sobrecosto        frente  al  valor de adquisición de  los      equipos      suministrados,  aspecto  en  el  que  insiste  el  demandante    en    este    reparo,   sino       por       el       hecho       de      que,  unido  por  vínculo  de  amistad  con  el  director  de  CAPRECOM,  prestó  su  colaboración  para figurar como contratista,     y     así     facilitó   la   apropiación  de  cuantiosos  recursos  de la entidad  a través de contratos irregularmente adjudicados.   

Por recaer en  la            misma           inconsistencia     del     cargo  anterior,   no   es  necesario  agregar más  a  lo ya expuesto y, en  consecuencia,     se     impone     la   improsperidad  de  la  censura.   

4.   Cargo  tercero  (subsidiario)    de   la   demanda  presentada    por    el    defensor    de    LUIS  IGNACIO    TOURIÑO  ABASOLO.              Violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho por falso juicio de  identidad:   

Estima el  actor  que en la sentencia impugnada se deformó el  hecho  de  que  por existir una diferencia entre el precio de adquisición de un  producto  y  el  de  reventa  se  ocasionó  un  detrimento  patrimonial  o  una  apropiación   de  dineros  del  Estado,  porque  ello  bien  pudo  responder  a  oscilaciones    del    precio    propias    de    su    fijación    en   moneda  extranjera, a un cambio  en  las  condiciones  del mercado determinado por un  aumento  desproporcionado  de la demanda frente al mismo producto o incluso a un  actuar  especulativo,  “pero  en  todo  caso y de  acuerdo     con   las   reglas   de   la  experiencia,  no supone  indefectiblemente la causación de un detrimento al  comprador”,  de  modo  que la tergiversación que  acusa   se   produjo   porque   el  juzgador  no  tuvo  en  cuenta  dichas  razones que pudieron influir  en        la       referida       diferencia de precios.   

Para  la  Sala  el  planteamiento  del  casacionista  no demuestra que la prueba haya sido objeto de tergiversación, en  tanto  alude   a  circunstancias  eventuales  que  no  cuentan  con ningún  tipo  de respaldo en el  proceso, pues lo que objetivamente está demostrado  es  que  en  la  adjudicación  de los contratos 205 y 245 de 1996 a favor de la  empresa    “Touriño    y    Uribe    y    Cia.  Ltda.”,  representada  por       el      procesado      TOURIÑO      ABASOLO,  se  desconocieron  disposiciones del estatuto de contratación  con  el  único  de  propósito  de  facilitar  la  apropiación  de dineros del  Estado.   

Las referencias que elabora el demandante  para  cuestionar  la  inferencia  extraída  por  los juzgadores frente al sobre  costo  del precio de los equipos médicos no sólo se basa en aspectos meramente  especulativos,   sino   que   además,   aun   si   en  gracia  de  discusión  se  admitieran,  están  desprovistas  de  la  fuerza necesaria para resquebrajar el contenido del fallo,  puesto  que, como se      ha señalado con persistencia  en  los acápites previos, éste tan sólo es uno de  los  aspectos  en  que  se  fundó  la  conclusión   de  que  TOURIÑO     ABASOLO     concertó  previamente   con   su   amigo   Mogollón   Bacca  la  forma  de  vulnerar  el patrimonio de CAPRECOM,  interviniendo   como  contratista   en  un  ramo  en  el  que  no  tenía  experiencia alguna.   

Por  consiguiente,  la  conclusión  que  razonablemente  se  impone  en  relación  con  el planteamiento expuesto por el  defensor   de   LUIS   IGNACIO   TOURIÑO  ABASOLO  a   través  de  esta  censura,     también     es     la     de    su  improsperidad.     

De  lo anterior se desprende que ninguno  de  los  errores  planteados  por  los defensores        de        los  procesados MANUEL     DE     JESÚS    NÚÑEZ    VENGOECHEA    y    LUIS   IGNACIO   TOURIÑO  ABASOLO tiene concreción y  que  la  decisión  que se impone adoptar, en consecuencia, es la de no casar el  fallo impugnado.   

Cuestión     final:    

Consecuencias jurídicas de la prescripción  de  la  acción  derivada de algunas de las conductas punibles     objeto de investigación:   

Importa  precisar  que  en  la  labor  de  redosificación de la pena, que en este caso opera  única    y    exclusivamente   por   razón  de  la prescripción de algunas acciones penales, como lo  tiene  dicho  la  Sala,  se  respetarán  los  parámetros  establecidos por los  falladores       cuando       procedieron       a       su       correspondiente  individualización.   

Oportuno igualmente resulta destacar   que   respecto   de  los  procesados    HERNÁN   JAVIER   PULIDO   CARDOZO,  Alfonso  Gutiérrez  y Orlay  Quintero  Mallungo, a cuyo favor opera la cesación  de   procedimiento   a   consecuencia   de   la  prescripción  de  todas     las    acciones         penales   seguida   en   su  contra,  se  prescindirá  de  la imposición de pena alguna y de  las consecuencias que acarrea.   

No  sucede  lo  mismo  en relación   con  los  procesados  LUIS  IGNACIO     TOURIÑO     ABASOLO    y       Hernán       Mogollón  Bacca, en tanto el fenómeno prescriptivo operó en  forma  parcial, por lo que se torna imperativo proceder a redosificar la pena en  lo siguientes  términos:   

En cuanto al  procesado    LUIS    IGNACIO   TOURIÑO   ABASOLO  se  tiene  que  en  los  fallos  de  instancia  se  declaró  su responsabilidad a título de cómplice  por  la  comisión  de cuatro conductas de peculado  por     apropiación    derivadas    de  los  contratos  129 y 296 de 1996, cuya cuantía superaba los  200  salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes  de  esa  época  y,  por  los  contratos  205  y  245   de   la  misma  anualidad,  cuya  cuantía  se encontraba entre los  50   y  200 salarios mínimos.   

Como     quiera     que,  según  se plasmó en precedencia, procede la prescripción  de  la  acción  penal  por  las dos últimas conductas aludidas respecto de las  cuales   se  dispuso  la  cesación  de  procedimiento  a  favor  del  procesado  TOURIÑO  ABASALO, del  monto      de      la     pena     impuesta      deberá      excluirse     la sanción correspondiente.   

En  ese  orden  de  cosas,  se tiene que  el    juzgador    de   primer   grado  al  individualizar  la  sanción  privativa de la libertad para  este  procesado  y  tras  establecer  que  la conducta más grave era uno de los  peculados  por  la  mayor  cuantía  de  apropiación  por el que correspondían  ochenta  (80)  meses de prisión, señaló que “se  incrementarán  cuatro  (4)  meses  por  el  delito  del inciso 3° concurrente,  y,  por  los  dos que se enmarcan en el inciso 1°,  seis  (6)  meses,  para imponer en definitiva siete  (7)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión,  multa equivalente al valor de lo  apropiado,    $    106.962.464    –numeral  4°  del  artículo  39  del  Código Penal –  e  interdicción  de derechos y  funciones    públicas    por    un    período    igual    al    de   la   pena  principal”  (subrayas  fuera         de         texto).           

Con  base  en la pena impuesta, negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  a  TOURIÑO  ABASOLO,  pero  otorgó el  sustituto de la prisión domiciliaria.   

Por  su  parte,  el Tribunal Superior de  Bogotá  estimó  en  punto de la dosificación punitiva que su inferior aplicó  desfavorablemente  el  sistema      de      cuartos      previsto  en  la  Ley  599 de 2000, motivo por el cual redujo las  penas     de     acuerdo     con    las      directrices      del      Decreto     Ley     100     de  1980.        

Así,  específicamente   en   cuanto   a   la  pena  impuesta  a  este  sindicado,  plasmó  las  siguientes  consideraciones:    “En lo que respecta  a  LUIS  IGNACIO  TOURIÑO ABASOLO, por igual motivación, se rebaja la pena por  el  peculado  más severamente sancionado a 36 meses y por concurso se  sumarán  veinticuatro  meses  más, para un total de sesenta  (60)  meses  de  prisión,  la  multa  se mantiene igual y la inhabilitación se  merma  en  la  misma  proporción  de la privativa de la libertad”,  sin  que efectuara alguna modificación en punto del subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y del sustituto de la  prisión domiciliaria.   

Sin         dificultad    alguna    se    observa    que    el   iudex  ad  quem,  a diferencia de su  inferior,    no    expresó    el    quantum   individual   para      cada     una       de       las          delincuencias   concurrentes,     lo     que    obliga     entonces    a  acudir a los parámetros expuestos  por  el  funcionario  de primera instancia.  En  tal   sentido   se  logra  establecer  que  la  proporción de incremento por estas conductas al momento  de    dosificar    la    sanción    fue    de    un   6.66%,   el   cual   deberá  aplicarse  sobre  la  pena  redosificada  por  el  fallador  de  segundo  grado  en  procura  de  establecer  la  sanción definitiva a imponer a  TOURIÑO             ABASOLO.     

Una tal operación arroja una       disminución    efectiva    de    118    días  de prisión,  por   lo   que   en  definitiva     la  pena   privativa  de  la  libertad  a  imponer  en  relación   con   este  procesado  es  de   cincuenta   y   seis           (56)  meses  de  prisión   como  cómplice  de  la  conducta  punible  de  peculado  por  apropiación  en  concurso  homogéneo. En       igual      término  se fijará la pena de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, al paso que la  pena  de multa, impuesta  exclusivamente   por  razón  de  lo  apropiado,  se  reducirá  a  sesenta  y  siete millones diecinueve  mil   cuatrocientos   sesenta   y   cuatro   pesos  ($67.019.464),            resultado   de  descontar  el  valor  de  lo  apropiado  por  los  contratos 205 y 245 de 1996  .   

En  cuanto a la condena en perjuicios en  contra  del  procesado,  también  fijada por el  valor    de    lo    apropiado,   se   reducirá   igualmente   a   $            67.019.464,      para   cuya  actualización,  como  se  precisó      por      el      a-quo, se dividirá este valor por el del  salario  mínimo  para  el  año de 1996 ($ 142.125), lo cual arroja un monto de  471.55   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.    

Resta  señalar  en relación con la pena a imponer a este  procesado  que  las determinaciones aquí adoptadas  no  afectan  lo  resuelto  por  las  instancias  en  relación  con  el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional y el  sustituto de la prisión domiciliara.   

Situación    similar   ocurre  en  lo  que  concierne con la  pena   impuesta  al procesado Hernán Mogollón  Bacca,  a  cuyo  favor  se  decreta  cesación  de  procedimiento  respecto  del  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales por prescripción de la acción penal.   

A  dicho  procesado  se  lo condenó en primera instancia como  autor  del  concurso  de  delitos  conformado por 14 peculados por apropiación,  peculado  por  apropiación  oficial  diferente,  contrato  sin  cumplimiento de  requisitos   legales   y  falsedad  ideológica  en  documento público agravada por el uso.   

El   juzgador  de  primera  instancia,  al  momento  de  fijar  la  pena  impuesta  a  este  sindicado,  una  vez  estableció  que el delito de  mayor  gravedad  era  el  peculado  por  apropiación en cuantía superior a los  doscientos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes por el que   correspondía   una  pena  de  quince  (15)  años de  prisión,  consignó que  en  relación  con  la  conducta  concurrente  de  contrato  sin cumplimiento de  requisitos    legales   procedía   un   incremento   de   ciento   diez   (110)  meses.   

En  cuanto  a  la  sanción  pecuniaria  precisó  que  se fijaba en “$ 880.166.691, que es  el   valor   de   lo  apropiado,  y  660  salarios  mínimos  legales  mensuales  –  que corresponde a  los  22 contratos de la conducta punible descrita en  el  artículo  146  del decreto 100/80 y por el peculado por aplicación oficial  diferente,  como  lo  dispone  el  artículo  39,  numeral 4° del Nuevo Código  Penal,    que    es   igual   en   la   anterior   codificación-”.   

El  juzgador  de  segunda  instancia, por su parte, redujo la pena  impuesta  a este sindicado por las razones expuestas  y       puntualizó      que      “Hernán   José  Mogollón  Bacca,  acusado  por  un  concurso  homogéneo   de   peculados  por  apropiación,…  en  la  suscripción  de  14  contratos,  se  parte  de ciento diez (110) meses, atendiendo la cuantía de las  distintas  incursiones,  para  iniciar el conteo de la pena por el peculado más  grave,  esto  es,  el  que  supera  la cuantía de 200 salarios mínimos legales  mensuales…  cifra  a  la  cual  se aumentará como  consecuencia   del   concurso  homogéneo  con  los  peculados  de igual e inferior cuantía, conforme a la lista que realiza el juez  en  el  fallo  531  de  la sentencia, uno de ellos en la modalidad de tentativa,  además  del  peculado por aplicación oficial diferente referido a un contrato,  como   por  el  concurso  con  la  conducta  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales, cometida en concurso homogéneo y sucesivo,  involucrando  22  contratos y por el concurso de falsedades de cuatro documentos  en  un  contrato  más,  según  se explicó en la anterior motivación, la suma  global  de ciento seis (106) meses, para un total de DOSCIENTOS DIECISÉIS (216)  MESES (18 años) DE AÑOS”.   

Así   mismo,   dejó   invariable  la  pena  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,   tasada  por  el  inferior  en  10  años,  y  redujo  la     condena     en    perjuicios  derivada   de   las  conductas       de       peculado      a      $  791.426.192”.   

Significa  lo anterior que, al igual que  lo  ocurrido  con  la determinación de la penas por los delitos concurrentes en  cuanto      al      procesado      TOURIÑO    ABASOLO,   aquí    tampoco    el    Tribunal  estableció    un    monto   específico   para   cada   una   de   ellas,    sino    que    procedió    a   efectuar   un  aumento  global  de  106  meses,  lo  que  impone  partir  de las proporción  aplicada  por  el  a-quo.          

En   ese  orden  de  cosas,   se  tiene  que  la  proporción  de   incremento  aplicada  por  el juez de primer grado en relación con la  conducta  punible de contrato sin cumplimento de requisitos legales fue  del  25.82%,  la  cual  deberá  aplicarse  sobre  el  monto  definitivo  de  pena  impuesto  por  el Tribunal de  doscientos  dieciséis  (216)  meses  de  prisión,  para  un  total de sanción  privativa  de  la  libertad  a  imponer  respecto de este procesado de   ciento   sesenta  (160)       meses      de   prisión.  Ninguna  alteración  sufre  la  pena  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  fijada  por aplicación favorable del Decreto Ley 100 de 1980 en diez  (10) años.   

La   pena  pecuniaria  fijada  por  el  ad  quem en trescientos  (300)  salarios  mínimos por razón de los delitos de contrato sin cumplimiento  de  requisitos  legales  y peculado por aplicación oficial diferente, se reduce  en  la  mitad,  esto es, a ciento cincuenta salarios  mínimos   legales   mensuales,  en  virtud  de  la  extinción de la acción penal por el primer delito.   

En  lo  que  toca  con  la  condena  en  perjuicios   en   contra  del  procesado  Mogollón  Bacca resulta preciso señalar que no sufre ninguna  alteración,   habida   cuenta   la   misma   se  limitó  a  las  conductas  de  peculado.   

Y,   como  ocurrió  respecto  de  la  redosificación de  la  pena  del  procesado anterior, lo aquí decidido  tampoco     tiene  incidencia  frente  a lo  resuelto   por   los  juzgadores  en punto del subrogado penal de la condena de ejecución condicional  y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.                DECLARAR   prescritas       las      acciones      penales  derivadas  de   los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales  seguidas  en contra de HERNÁN JAVIER PULIDO CARDOZO  como   cómplice,  en  concurso               homogéneo    (causa    1);   tentativa   de   peculado   por  apropiación  en  contra  de  Alfonso    Gutiérrez    Martínez   en   calidad   de  cómplice  (causa  1);   interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos    en    contra    de   Orlay   Quintero  Mallungo,      como      cómplice   (causa   3);   peculado  por  apropiación   (contratos   205  y  245  de  1996)  en  contra  de  LUIS  IGNACIO  TOURIÑO  ABASOLO  en  calidad   de   cómplice   (causa  1)  y,  en  contra  de  Hernán Mogollón  Bacca  por el delito de  contrato     sin     cumplimiento    de    requisitos    legales    como   autor  (causa  1),  de  conformidad  con  las  razones  consignadas en la anterior  motivación     y,  ordenar,     en  consecuencia,   la  cesación   del   procedimiento   adelantado   en   razón   de  estos         delitos.   

       2.                   NO   CASAR   la  sentencia  atacada  en  razón  de los cargos  propuestos    por  los                   demandantes.   

3.           CASAR oficiosa y  parcialmente  el  fallo  recurrido,  exclusivamente  en  cuanto  se refiere a la  dosificación  de  la  pena impuesta a los procesados referidos, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         4.        SEÑALAR,    en    consecuencia,    que  LUIS    IGNACIO   TOURIÑO   ABASOLO   en  su  condición  de cómplice penalmente responsable del concurso  homogéneo  de  delitos de peculado por apropiación (contratos 129 y 296) queda  condenado  a  purgar  las  penas  principales  de cincuenta y seis (56) meses de  prisión,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  termino y multa por valor de sesenta y siete millones diecinueve  mil  cuatrocientos  sesenta  y  cuatro  pesos  ($  67.019.464), así mismo se lo  condena  al  pago de perjuicios por valor equivalente a 471,55 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

         5.        INDICAR       que       Hernán  Mogollón  Bacca en su condición  de  autor  penalmente responsable del concurso homogéneo de delitos de peculado  por  apropiación  y  heterogéneo  con  contrato sin cumplimiento de requisitos  legales,  falsedad  ideológica  en  documento  público  agravada  por  el uso,  peculado  por aplicación oficial diferente y peculado culposo queda condenado a  purgar  las  penas  principales  de  ciento  sesenta  (160)  meses  de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  diez  (10)  años  y  multa por ciento cincuenta salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  (valor de lo apropiado) y setecientos noventa y un  millones   cuatrocientos   veintiséis   mil  ciento  noventa  y  dos  pesos  ($  791.426.192).   

6.                PRECISAR   que  por  razón  de lo decidido los  procesados  HERNÁN  JAVIER PULIDO CARDOZO, Alfonso  Gutiérrez      Martínez     y     Orlay  Quintero  Mallungo,    quedan    marginados    de    cumplir    pena   alguna   o  las  consecuencias  que  acarrea.   

         7.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ   PINZÓN            

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                           JORGE  LUIS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Excusa justificada  

   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia de fecha julio 27 de 2006, Rad. 25536.   

2  Sentencia de fecha junio 22 de 2006, Rad. 23836.      

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