24986(25-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24986  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    058   

Bogotá,    D.    C.,    veinticinco (25) de abril de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  las   demandas   de  casación  presentadas  por  el  defensor  de  HUMBERTO  GIRALDO  GIRALDO, condenado por  el   delito   de   homicidio   culposo,  y   por   el   apoderado   del  tercero  civilmente    responsable,   señora   OLGA  CRISTINA  MONTOYA  CASTAÑO,  conforme a los parámetros de la  casación discrecional.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.   Los  hechos  los  sintetizó  el  juzgador de segunda instancia, así:   

“El 20 de agosto  de  2002,  aproximadamente  a la 1:10 de la tarde, en la carrera 26 con calle 41  del  municipio  de  Tulúa,  el  campero  marca  Ford Explorer de placa CEN-167,  conducido    por    el   señor   HUMBERTO   GIRALDO  GIRALDO,  colisionó  con  la  motocicleta  de  placa  TLM-84A,  conducida  por la joven TATIANA GARZÓN JIMÉNEZ, quien falleció como  consecuencia de la colisión”.   

2.   Por  tales  hechos,  la Fiscalía  Treinta  y  Tres  Seccional  de  Tulúa,  el  26  de  mayo  de  2003,  profirió  resolución  de  acusación  en  contra  de  Humberto  Giraldo  Giraldo  como  autor del delito de homicidio  culposo,  decisión  que fue confirmada por la Fiscalía Quinta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Buga, según providencia del 3  de julio siguiente.   

3.   Agotado  el  juicio,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Tuluá, mediante sentencia del 12 de agosto de  2004,  condenó a Humberto Giraldo Giraldo  a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión, multa de  $6.180.000°°  y  a la privación del derecho a conducir vehículos automotores  por  el  término de 3 años y a la accesoria de rigor, como autor del delito de  homicidio  culposo.  Así  mismo,  lo  condenó  a  pagar  solidariamente con el  tercero   civilmente  responsable  la  suma  de  $2.542.023°°  por  perjuicios  materiales,  y  el  equivalente  a  500  salarios mínimos legales mensuales por  concepto de daño moral.   

4.   Apelado el fallo por el apoderado  del  procesado  y de la parte civil, el Tribunal Superior de Buga, el 26 de mayo  de  2005, lo modificó en el sentido de fijar el monto de los perjuicios morales  en  100  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  confirmándolo en lo  demás,  decisión  contra   la  cual  el  citado  profesional  del derecho  interpuso    “recurso   de   casación”.   

LAS     DEMANDAS     DE   CASACIÓN   

Demanda  presentada  a  nombre  de Humberto  Giraldo Giraldo   

Inicialmente  dice  que  en  este  caso  no  procedería  la casación ordinaria, toda vez que el delito de homicidio culposo  por  el  cual fue condenado su defendido no contempla pena máxima que exceda de  8  años.  Sin  embargo,  estima  que  como  el  fallo se dictó “bajo  el imperio de la Ley 890 de 2004”  la   cual  aumentó  las  penas  del  Código  Penal,  quedando  en  12  años  la  sanción máxima para la  mencionada  conducta  punible,  concluye  que sería viable la casación común,  así  ese  aumento  punitivo  no  se  hubiese  tenido  en cuenta “por  el principio de legalidad (fecha de los hechos 20 de agosto de  2002”.   

No  obstante,  en  caso  de que la Corte no  acepte  su  argumento,  dice  que  fundamenta el recurso extraordinario bajo los  lineamientos   de   la   casación   por   vía   excepcional,   “ya   que   el  alcance  de  la  presente  demanda  se  circunscribe  principalmente  a plantear la violación de derechos fundamentales, e incluso la  existencia de nulidad”.   

A continuación, luego de identificar a los  sujetos  procesales,  de  relatar  los hechos, de sintetizar tanto la actuación  procesal  como  los  fallos  de  primer y segundo grado y de solicitar a la Sala  revoque  el fallo impugnado y, por ende, profiera uno absolutorio por cuanto que  las  instancias no “pudieron deslucir la presunción  de  inocencia,  incluso  la duda razonable que emergió al momento de definir si  mi   pupilo   empleó   o   no   el   deber   objetivo   de  cuidado”,  al  amparo  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación   formula   un   único  cargo,  a  través  del cual acusa al sentenciador de haber incurrido en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho originado en  “falta  de  apreciación y error de apreciación en  las pruebas”.    

Dice   que   desde   los  inicios  de  la  investigación   su   defendido   “manifestó  que  buscando  visibilidad en un lugar donde evidentemente no la hay, en una maniobra  consciente  y  precedida  del  deber objetivo de cuidado, que consistió en que,  cuando  llegó  a la intersección de la carrera 26 con calle 41 de la ciudad de  Tulúa  –Valle–,  realizó  la  respectiva señal de  ‘PARE’  y  fue obligado por los obstáculos  visuales  ubicados  exactamente  al margen izquierdo de su posición, a salir un  poco  sobre  la  calle  41para  observar  si  venía  o no, algún vehículo por  aquella  vía, para poder rebasar dicha calle, cuando se presentó el infortunio  y  la  mala suerte, que por aquella ubicación del margen izquierdo, se dirigía  rauda  una motocicleta, totalmente orillada al margen derecho desde la calle 41,  en  la  cual  iba la jovencita Tatiana Garzón Jiménez, de tan solo 15 años de  edad,  lo  que seguramente redunda en poca experiencia para conducir vehículos,  además,  atareada con un portacomidas y sin casco protector, la que al rozar la  camioneta  de  mi prohijado, arrancó la placa del automotor que estaba detenido  haciendo  el  respectivo  pare, para luego perder el control y fallecer debido a  un trauma cráneo-encefálico”.   

Asevera  que  los  juzgadores de instancia,  quienes  sostuvieron  que  no  existen los obstáculos visuales indicados por el  procesado,         “contrariaron”  las  pruebas  documentales y técnicas obrantes en el proceso,  es decir, las fotografías, los planos y los informes técnicos.   

Después  de  transcribir  apartes  de  las  sentencias   de   primera   y   segunda  instancia,  las  cuales  califica  como  “inmotivadas  por  falta  de  apreciación  de  la  prueba”,  refiere  que  la  declaración del perito  técnico  Javier  Castiblanco Beltrán, la cual se llevó a cabo en la audiencia  pública,  aclaró  y  amplió  el informe técnico por él presentado, medio de  convicción  que  se  constituyó  en  el  sustento del bloque defensivo que dio  viabilidad  a  la  versión de su procurado. Sin embargo, arguye que al Tribunal  solo  le  interesó  que el perito en su informe técnico inicial haya dicho que  la  camioneta  estaba en movimiento a una “velocidad  mínima,  sin  darse  a  la  tarea de averiguar cuál era esa velocidad mínima,  dejando  a  un  lado  injustificadamente  la  prueba  que  nos  informa sobre la  velocidad”,  esto  es,  el citado testimonio, yerro  que se origina en una falta de apreciación.   

Reitera   que  el  citado  perito  en  su  declaración  catalogó  la  velocidad  que  llevaba  su defendido como mínima,  “lo  que  en  términos  forenses  se refiere a una  velocidad  entre 05 KM/h hasta 20 KM/H”, sin olvidar  que  también  “estableció  que  la  maniobra  que  explicó  el  procesado  en  la  indagatoria,  está  dentro  del  margen que se  estableció  científicamente como una velocidad mínima, es decir, mi prohijado  pudo estar casi detenido”.   

“Así entonces,  el  juez de segunda instancia de ninguna manera apreció esta prueba que surgía  importante,  pues  convergía  en  ella  un  testimonio  y  una declaración del  dictamen  forense,  el  mismo  dictamen  en  el  cual  se  basaron los jueces de  instancia  para  determinar la responsabilidad de mi defendido, ya que en éste,  el  dictamen  escrito,  solo se había determinado que la camioneta de mi pupilo  se      movía      a      una     ‘velocidad      mínima’,  pero  en la declaración juramentada y en la audiencia pública,  al  perito  Castiblanco  Beltrán  determinó  que  dicha  velocidad  mínima se  establece  en  términos  forenses  de 05KM/H a 20KM/h, y lo que favorecía a la  defensa,  fue  que  el  perito  sostuvo  que la maniobra que dijo haber hecho mi  defendido    GIRALDO    GIRALDO   estaba   en   ese   margen   de   ‘velocidad     mínima’,  y  por  tanto  era muy posible que  así  fuera como lo dijo el procesado y entonces, estuviera fuera del alcance de  la  jurisdicción  penal,  pues  con  esto  probamos  que  el conductor Humberto  Giraldo  Giraldo,  sí  estuvo consigo el deber objetivo de cuidado, hasta donde  la  vía le permitió ser prudente, pues debido a unos obstáculos visuales, fue  necesario   salir  un  poco  sobre  la  vía  adyacente  (calle41)  para  lograr  visibilidad”.   

En esas condiciones, insiste en afirmar que  en  la sentencia del Tribunal no se valoró el testimonio del mencionado perito,  surgiendo el acusado error de hecho por falta de apreciación.   

De  otra  parte,  sostiene  que también se  presentó  por  parte  del  juzgador  “error  en la  apreciación de las pruebas”.   

En efecto, dice que en el proceso aparece el  testimonio  de cargo de Amparo Arias Marín, prueba sobre la cual se refirió el  Tribunal,  para  lo  cual  copia  unos  fragmentos  del  fallo  y  de  la citada  declaración.  Sin  embargo, asevera que la segunda instancia dejó de lado, sin  analizar,  importantes testimonio de personas que fueron testigos de los hechos,  como  son  Sergio  González  Jiménez  y  Olga  Cristina  Montoya,  esposa  del  procesado,  mientras  que  el testimonio de Amparo Arias Marín no fue apreciado  “en debida forma”, pues  su     versión     “era     poco    más    que  sospechosa”   en   la  medida  en  que  dadas  las  condiciones de visibilidad, no pudo haber observado la colisión.   

Recuerda  que  cuando  los  testimonios son  amañados  o  no  se  sujetan a la verdad, la prueba pericial es la encargada de  “dirimir  esas  posiciones  polarizadas”  demostrando  que existen declaraciones falsas, “como  lo  es  el caso de la señora Amparo Arias Marín, quien dijo  que  la  camioneta  iba  rápido  no  iba  despacio, se tragó el PARE y además  quedó  en  la  mitad  de la calle, o mejor, colisionó con la motocicleta en la  mitad de la calle 41”.   

Advierte que la mentira de la señora Arias  Marín  es  fácil  identificarla,  toda  vez que físicamente sólo pudo ver la  camioneta  por la parte trasera, pues su casa está ubicada a 40 metros sobre la  carrera    26    pero    desde   atrás,   por   lo   que   su   “percepción es falsa”.   

Nuevamente recuerda que tanto la experticia  técnica  como  la  ampliación  de  la  misma  demostraron  que su defendido se  desplazaba    a    una    velocidad   mínima,   aspecto   que   “contraría”      tanto   “la   versión   de   la   testigo   Arias  Marín” como lo declarado por Sergio González Jiménez.   

De    otra    parte,   manifiesta   que  “en  cuanto al informe pericial del Dr. Castiblanco  Beltrán  ,  es  obvio  que  la  interpretación  es  errónea,  hay error en su  apreciación,   pues  el  juez  de  segunda  instancia  no  tuvo  en  cuenta  la  ampliación  que  hiciera  el  perito  en la declaración jurada en la audiencia  pública,   se   basó   en  lo  entregado  en  su  informe  escrito”,  yerros  que  de  no haberse cometido, el sentenciador hubiera  podido  concluir  que  en  realidad  su  defendido  no  sobrepasó  la señal de  “PARE irresponsablemente, sino que al contrario, en  una  maniobra  inteligente  y obligada por las características del lugar de los  hechos,  tuvo  consigo  el  deber  objetivo  de cuidado, el mismo que no tuvo la  jovencita motociclista”.    

Así mismo, en cuanto a las fotografías que  se  allegaron  al  proceso, las cuales indican que el lugar de los hechos es una  zona   bastante   arborizada,   demostrando  la  existencia  de  “claros     y     ostensibles    obstáculos    visuales”,  no  entiende  el  actor  cómo  el  Tribunal  afirmó que sí  existía  visibilidad  o que no existiendo la prudencia le indicaba al conductor  que  no  podía  introducir  su  automotor  en  la  calle  41,  conclusiones que  considera         “desafortunadas”.   

Además,  estima  que  la  calificación de  temeraria   que   hizo  el  ad  quem  respecto  del  proceder  de  su  defendido  “es  exagerada, pues aquella maniobra era necesaria  y  obligada,  de  lo  contrario  tendría  que  estar  con  el  vehículo  allí  estacionado por siempre”.   

Agrega  que lo anterior constituye un error  de  hecho  por apreciación errónea de las pruebas que analizó en precedencia,  yerro  que  generó  la  violación  indirecta  de  los artículos 13 y 29 de la  Constitución  política  y  232,  numerales  2°  y  3°,  y 306 del Código de  Procedimiento  Penal,  razón  por  la  cual, solicita a la Corte casar el fallo  impugnado   y,   en  su  lugar,  dictar  el  de  reemplazo,  el  cual  debe  ser  absolutorio.   

Demanda  presentada  a  nombre  del tercero  civilmente responsable   

El   apoderado   del  tercero  civilmente  responsable   acude   a   la  casación  por  “vía  excepcional”  en  aras  de  la  protección  de las  garantías  fundamentales  de  su  representada,  señora  Olga Cristina Montoya  Castaño,  toda  vez  que  el  fallo se produjo en un juicio viciado de nulidad,  “específicamente   porque  dicha  providencia  de  segunda  instancia,  haciendo una unión inclusive inescindible con la sentencia  de      primera      instancia,      resultó     evidentemente     INMOTIVADA   para   las   pretensiones  procesales      de     la     tercero     civilmente     responsable”.   

Luego   de   identificar  a  los  sujetos  procesales,  de  relatar  los  hechos, de sintetizar la actuación procesal y de  relacionar  los  fallos  de  primer y segundo grado, con fundamento en la causal  tercera    de    casación    formula    un   único  cargo,  a través del cual acusa al Tribunal de haber  transgredido   el   debido   proceso   y,   consecuentemente,   el   derecho  de  defensa.   

Sostiene  que  los  fallos  de instancia no  “dieron   siquiera   una   razón   por  lo  menos  enunciativa”   por   la  cual  se  condenó  a  su  representada  a  pagar  las  sumas  allí  indicadas  por  concepto  de daños y  perjuicios.   

En otros términos, los jueces de primera y  segunda  instancia “olvidaron por completo motivar o  explicar  las  razones  por  las cuales se condenaba a mi cliente, la cual está  vinculada  al  proceso como tercero civilmente responsable; ni el a quo, y mucho  menos  el  ad  quem  hicieron  valoración  alguna de los motivos por los cuales  debía  condenarse  a  la señora que fuera vinculada como responsable civil, es  decir,  en  el cuerpo de las dos (2) providencias no aparece acápite alguno que  indique   la   razón  motivada  o  siquiera  enunciada,  para  haber  condenado  solidariamente  a  mi  cliente  a  pagar  la  millonaria  indemnización que las  instancias determinaron”.   

Agrega  que  al  momento  de  admitirse  la  demanda  de  parte  civil  procedió, como apoderado de la señora Olga Cristina  Montoya  Castaño, a contestar inmediatamente el libelo y, posteriormente, en el  juicio  planteó  los  argumentos necesarios en procura de su defensa. Por ello,  no  entiende  por qué en los fallos no se dieron las razones para condenar a su  cliente,   “pues   era   imposible   con  esta  in  motivación  de  la  sentencia  hacer siquiera una crítica, porque no sabíamos  qué     criticar,     pues     nada    se    dijo    al    respecto”.   

Afirma  que  en  la  sustentación  de  la  apelación  contra  el  fallo  de primer grado hizo alusión expresa a la citada  falta  de  motivación,  para  lo cual transcribe un aparte, sin que el Tribunal  “haya  hecho siquiera manifestación referencial de  lo  argüido  por  el apoderado de la tercero civilmente responsable”.   

En  consecuencia,  como es clara la alegada  falta  de  motivación,  solicita a la Corte casar el fallo de segunda instancia  y,  por  ende,  que la “modifique o se reemplace, ya  que    la    nulidad   invocada   afecta   exclusivamente   la   sentencia   que  demandamos”. Subsidiariamente depreca a la Sala que  decrete  la nulidad del fallo y proceda a “enviar el  expediente   a   la   primera   instancia   donde  se  produjo  inicialmente  la  perturbación funcional (nulidad)”.   

Por  último,  aclara  que  “a  pesar  de  carecer en principio de interés jurídico el tercero  civilmente  responsable por aquello de la cuantía, nuestra demanda de casación  no    hace    referencia    a    tal    inferencia    indemnizatoria”,  sino a la violación de un derecho fundamental, motivo por el  cual acudió a la casación excepcional.   

ALEGATO   DE   LA   NO   RECURRENTE   

La  apoderada  de  la  parte  civil,  en su  condición  de  no  recurrente,  solicita  a la Corte la no admisibilidad de las  demandas  presentadas,  toda  vez que, en su criterio, las mismas no reúnen las  exigencias legales y técnicas para tal efecto.   

Además, dice que si bien en los libelos se  aduce  la  violación  de garantías fundamentales, la cual se hace consistir en  la  falta  de  motivación  de  los  fallos  de  instancia,  considera  que  tal  argumentación  no  tiene  fundamento alguno, en la medida en que las sentencias  contienen  las  consideraciones  fácticas,  jurídicas  y  legales  necesarias,  acorde  con  la realidad probatoria, sin que de ellas se desprenda irregularidad  alguna, como lo pretende el casacionista.   

Por ello, solicita a la Sala “no  casar  la  sentencia  impugnada” ni  “declarar    la    nulidad   invocada”  por  ser  “inexistente”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

A.   Demanda  presentada  a nombre de  Humberto Giraldo Giraldo   

1.  Sea lo primero recordar que no le  asiste  razón  al  libelista cuando refiere que al tener en cuenta en este caso  el  aumento  de  penas  previsto  en  la Ley 890 de 2004, el delito de homicidio  culposo  quedaría  con  una  sanción  máxima  de 12 años, aspecto que haría  procedente  la  casación  común  pese a que por razón de la favorabilidad los  jueces de instancia no aplicaron aquella normatividad.   

En  efecto,  el  fundamento  del  actor es  equivocado,  pues  olvida  que  la  Ley 890 de 2004 esta ligada al nuevo sistema  procesal  implementado  por la Ley 906 del mismo año, implicando que sólo debe  operar  en  las  mismas  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar del sistema  acusatorio  oral,  siendo  evidente  que en el Distrito Judicial de Buga, al que  pertenece  el  municipio  de  Tulúa  y  donde  ocurrieron  los hechos, el nuevo  sistema  entró  a  regir el 1° de enero de 2006, mucho después de la fecha de  ocurrencia  de  los acontecimientos fácticos, esto es, el 20 de agosto de 2002,  época  a la que no puede hacerse extensiva de manera retroactiva los efectos de  la mencionada Ley 890.   

Sobre este tema se ha pronunciado la Corte  en los siguientes términos:   

“Ahora  bien,  dado  que  la temática en discusión se circunscribe a la aplicación de la Ley  890  de  2004  en  un distrito judicial en el cual, para cuando se adoptaron las  decisiones  tanto  de  primera,  como  de  segunda  instancia, aún no se había  implementado  el  sistema  acusatorio,  oportuno  resulta  verificar  que  en el  trámite  previó  a  la  aprobación  y  sanción  de  la  referida ley se dijo  que:   

“i)                                   ‘Atendiendo     los    fundamentos  del  sistema  acusatorio,  que  prevé  mecanismos  de  negociación  y  preacuerdos, en claro beneficio para  la  administración  de  justicia  y  los acusados, se  modifican        las        penas…’1    (subrayas    fuera    de  texto).   

“ii)                     ‘La  razón  que  sustenta  tales  incrementos  (de  las penas establecidas en la Ley 599 de 2000, se  aclara) está ligada con la  adopción  de  un  sistema de rebaja de penas, materia regulada en el Código de  Procedimiento  Penal,  que surge como resultado de la  implementación   de  mecanismos  de  ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,  aseguren  la imposición de sanciones proporcionales a la naturaleza de  los    delitos    que   se   castigan’2  (subrayas  fuera de texto).   

        “iii)           ‘El  primer  grupo  de  normas  (aquellas relativas a la dosificación de la pena, se  aclara),  está  ligado a las disposiciones del estatuto procesal penal (Ley 906  de   2004,   se   precisa)   de  rebaja  de  penas  y  colaboración  con la justicia, que le permitan un adecuado margen de maniobra a  la  Fiscalía,  de  modo  que  las  sanciones que finalmente se impongan guarden  proporción  con  la  gravedad de los hechos, y a la articulación de las normas  sustantivas    con   la   nueva   estructura   del   proceso   penal’    3    (subrayas    fuera    de  texto).   

        “iv)                      ‘Teniendo   en   cuenta   que   se   hace   necesario   ajustar  las  disposiciones  del Código Penal a los requerimientos  que  implica  la adopción y puesta en marcha del sistema acusatorio,  solicitamos  a  la  Plenaria de la Cámara de Representantes dar  segundo  debate  al  proyecto  de  ley  número  251 de 2004 Cámara, 01 de 2003  Senado’   4  (subrayas  fuera de texto).   

        “v)            ‘El  actual  proyecto  de  ley,  insisto  hasta  la  saciedad,  únicamente tiene una  justificación  y  una explicación: permitir poner en  funcionamiento  el Código de Procedimiento Penal, que  se   convertirá   en  ley  de  la  república  y  que  fue  expedido  por  esta  Corporación’  5  (subrayas fuera de texto).   

        “vi)           ‘Lo  que  hay  que  modificar  son  algunos  artículos  del Código, en razón a que  como  entra  a  operar  el  sistema  acusatorio será  necesario    aumentar    algunas    penas    para    que    haya    margen    de  negociación,  porque  de lo contrario la sociedad se  vería  burlada  con  base  en las rebajas que pueda hacer el fiscal’    6.   

“Como viene de  verse,  es  evidente  que  por voluntad del legislador, el incremento general de  penas  establecido  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004 se encuentra atado  exclusivamente  a  la  implementación del sistema acusatorio (Ley 906 de 2004),  de  donde  puede  concluirse  que en aquellos distritos judiciales en los cuales  aún  no  se  ha  implementado  el  referido  sistema  procesal,   no   tiene   aplicación   el aumento de penas y por tanto, rigen  los   extremos   punitivos  establecidos  en  la  Ley  599  de  2000”.7   

Así, entonces, surge evidente que en este  caso  no  es aplicable la Ley 890 de 2004 como lo pretende el demandante, motivo  por  el cual resulta improcedente la casación común, toda vez que el artículo  109  del  Código  de  Penal  (Ley 600 de 2000), aplicable a este asunto, prevé  para  el  delito  de  homicidio  culposo  pena máxima de prisión de 6 años de  prisión,  siendo indiscutible que el artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal  exige para la procedencia de la casación común, entre otros requisitos,  que  se  trate  de delito que tenga señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho años.    

Por consiguiente, la pretensión del actor  no prospera.   

2.   No  obstante,  como el libelista  sustentó   el   recurso   de   casación   a   través  de  la  “vía  excepcional”,  procede la Sala a  pronunciarse   sobre   los  presupuestos  formales  de  la  demanda  presentada.   

En efecto, como se indicó, es evidente que  en  este  caso  sólo procede la  casación discrecional, pues el delito de  homicidio   culposo   por  el  cual  fue  condenado  el  procesado  Humberto  Giraldo  Giraldo, contempla una  pena  privativa  de  la  libertad  que  oscila  entre  2  y 6 años de prisión,  conforme así lo prevé el artículo 109 del Código Penal.   

Precisado  lo  anterior,  se  procederá a  verificar   las   demás   exigencias   para   acceder   a   esta   impugnación  extraordinaria.   

Así,  recuérdese que cuando la casación  se  intenta  por  vía  excepcional,  también se requiere verificar si el actor  cumplió  con  la  carga de fundamentar los motivos por los cuales considera que  se  ha  violado  una  garantía  fundamental  o  por  qué  se hace necesario el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  sólo  a esos eventos se restringe la  admisibilidad de esta modalidad casacional.   

Respecto  del  citado  presupuesto  de  la  fundamentación,  la  jurisprudencia  de  la Corte ha sido reiterada y clara que  cuando  se  trata  de  la  violación de un derecho fundamental, el casacionista  está  obligado  a  desarrollar una argumentación lógica dirigida a evidenciar  el  desacierto,  siendo  imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una  garantía  por  quebrantamiento  de la estructura básica del proceso o por  violación  de un derecho fundamental, e indicar las normas constitucionales que  protegen   el   derecho   invocado   y   su   concreto   conculcamiento  con  la  sentencia.   

En  lo que tiene que ver con el desarrollo  de  la  jurisprudencia,  el  casacionista debe manifestar si lo pretendido es la  actualización   de   la  doctrina  imperante,  la  unificación  de  posiciones  encontradas  sobre  el  particular  o  el  pronunciamiento sobre un tema aún no  desarrollado,  exponiendo  una  argumentación  lógica  que  demuestre  de qué  manera  la  decisión  demandada  de la Corte frente al punto que estima se debe  clarificar  presta  el  doble  servicio  de  solucionar  adecuadamente el caso y  servir de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

No  obstante,  dado que la casación es de  naturaleza  extraordinaria  y rogada, se debe elaborar la demanda respetando las  reglas  de  formulación, desarrollo y demostración del cargo, según la causal  invocada y el modo de violación de la ley sustancial señalado.   

En  el evento que ocupa la atención de la  Corte,  si  bien  es  cierto   que  el  libelista  afirmó  “que   el   alcance   de   la   presente   demanda  se  circunscribe  principalmente  a plantear la violación de derechos fundamentales, e incluso la  existencia  de  nulidad”,  también lo es que dicho  supuesto  se  quedó  en el simple enunciado, pues no expresó, de manera clara,  lógica  y  concreta, cuál fue el derecho fundamental supuestamente vulnerado y  su   repercusión   en   el   fallo,  limitándose  a  decir  que  se  trata  de  “una  sentencia  que  a  la postre se constituye en  inmotivada”, afirmación que se quedó en la simple  mención.   

En  efecto,  el  defensor  de  Humberto  Giraldo  Giraldo, en lugar de  centrar  su  argumentación con el fin de ilustrar a la Corte cómo en verdad en  este   asunto   se   afectó  de  manera  grave  un  derecho  fundamental  y  su  trascendencia  frente  a las conclusiones adoptadas en la sentencia, se limitó,  a  través  del único cargo  formulado,   a   hacer  cuestionamientos  atinentes  a  la  manera  como  fueron  apreciados  los  medios  de prueba allegados a la actuación, tales como que las  instancias  no  “pudieron  deslucir   la   presunción   de   inocencia,   incluso  la  duda   razonable   que emergió al momento de definir si mi pupilo empleó o no el  deber  objetivo de cuidado”, o que no se apreció el  testimonio  del  perito  Javier  Castiblanco  Beltrán,   funcionario   que   en  este  asunto  rindió  el  informe   técnico,  surgiendo  de  esa declaración el deber objetivo de cuidado que tuvo  su  procurado,   o   que   “se   logró   demostrar   que   el   automotor   de  mi  defendido    NO    arroyó    la    motocicleta   de   la   víctima”,  o que es mentirosa la declaración de la señora Amparo Arias  Marín,  o  que  “el  error  de  apreciación de la  prueba    pericial    se    presenta    en   varias   circunstancias”,  o  que  “las disquisiciones de la  segunda   instancia   las   considera   el  suscrito  desafortunadas”.   

Así,  olvido  el  demandante  que  no  es  suficiente  denunciar el supuesto vicio y demostrar su existencia, sino que para  la  adecuada  proposición  del  ataque es indispensable que se acredite de qué  manera el defecto denunciado afectó las garantías del procesado.   

En   ese   orden,  es  evidente  que  la  argumentación  así  planteada  carece  del  más  mínimo  desarrollo, pues no  ilustró  a  la  Corte cómo cada una de esas afirmaciones conducen a la alegada  transgresión  de las garantías fundamentales de la procesada y, en especial, a  lo    que    el    actor    denominó   “sentencia  inmotivada”.  En otros términos, no fundamentó ni  demostró   cómo   los   denunciados  “errores  de  apreciación  probatoria”  condujeron a la falta de  motivación  que mencionó al inicio de la demanda y que no volvió a referir en  el desarrollo de la misma.    

Además,  no  es consecuente que el actor,  invocando  la  “violación de derechos y garantías  fundamentales,   e  incluso  la  existencia  de  causal  de  nulidad”,   según   sus   propias   palabras,   el    único   reproche   lo   haya  fundado   en   causal     distinta     a     la    tercera    de   casación,   centrando   la  discusión  en  presuntos  errores  en la  apreciación  de  los medios de convicción  a  través  de   la     violación    indirecta    de    la    ley   sustancial,    sin   que    con   tal   argumentación   hubiese   demostrado   la  transgresión  de ningún derecho  fundamental   y,   menos,   la   existencia   de   un  vicio  que  hubiese   conducido     inevitablemente    a    la    anulación   de   la   actuación,  aspecto  que  tampoco  compagina  con  la final  solicitud  de  absolución  del  procesado  por  haber  conducido  su  vehículo  respetando el deber objetivo de cuidado.   

En  consecuencia,  como se advierte que el  peticionario  dejan  huérfano el desarrollo de la tesis que lo motivó a acudir  a  esta  vía extraordinaria y excepcional, la demanda se inadmitirá acorde con  lo establecido en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

B.   Demanda  presentada a nombre del  tercero civilmente responsable   

Debe  la  Sala indicar que en cuanto a los  requisitos  formales,  se  advierte que el libelista los cumple a cabalidad, por  cuanto  sustentó  el  motivo por el cual considera necesario un pronunciamiento  de  la  Corte  ante la vulneración de unas garantías fundamentales como son el  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa, siendo consecuente el único cargo  formulado con aquella fundamentación.   

Cierto  es que las argumentaciones con las  cuales  el  demandante  invoca  el  motivo  de  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales  para  acceder  a la casación excepcional no son extensas, lo que  no   significa  que  del  contenido  de  las  mismas,  correlacionadas  con  los  razonamientos     plasmados     en     el    único  cargo   formulado,  se  demuestre  con  claridad  la  pretensión de la defensa.   

En consecuencia, como la demanda reúne las  exigencias   formales   estipuladas   en   el   artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se  declarará  ajustada  y  se ordenará dar el traslado  correspondiente   a   la   Procuraduría   Delegada  para  la  Casación  Penal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  de  HUMBERTO  GIRALDO  GIRALDO.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

2.          ADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  apoderado  de  la  tercero  civilmente responsable, señora  OLGA    CRISTINA  MONTOYA  CASTAÑO.  Por  lo mismo, de acuerdo con lo preceptuado en el artículo 213  del  Código  de  Procedimiento  Penal, córrase traslado al Procurador Delegado  para  la  Casación  Penal  para que, dentro del término legal, rinda concepto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese   y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                             

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

         Secretaria     

1  Exposición  de  motivos  del Proyecto de ley por el cual se modifica la Ley 599  de 2000.   

2  Ponencia  para  primer  debate  al  Proyecto  de  ley  01 de 2003 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Senado.   

3  Informe  de  ponencia  para  primer debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

4  Informe  de  ponencia  para segundo debate al Proyecto de ley 251 de 2004 por el  cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

5  Intervención  del  Vicefiscal  General  de  la  Nación en el segundo debate al  Proyecto  de ley 251 de 2004 por el cual se modifica la Ley 599 de 2000. Cámara  de Representantes.   

6  Discusión  en  segundo  debate  del  Proyecto de ley 251 de 2004 por el cual se  modifica la Ley 599 de 2000. Cámara de Representantes.   

7 Fallo  de  tutela  24021  del  7  de  febrero de 2006. Ver también sentencia de tutela  20020 de la misma fecha.     

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