24935(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24935  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  245   

Bogotá D. C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  la defensora de JAIR SANTA GRAJALES, contra el fallo  del  1°  de  septiembre  de 2005, mediante el cual el Tribunal Superior de Cali  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera instancia, dictada el 20 de  junio  del  mismo  año  por  el  Juzgado  Trece Penal del Circuito de Cali, que  condenó  a  dicho  procesado  por  el delito de actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años agravado por  cometerse en persona  menor   de  doce  años,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,   a   la   pena  principal  de  ochenta  (80)  meses  de  prisión,  a  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por igual lapso, a indemnizar  los   perjuicios  ocasionados  con  la  infracción;  y  le  negó  la  prisión  domiciliaria  y  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de segunda instancia:   

“Se originaron el veinte (20) y veintiuno  (21)  de agosto de 2002, cuando las señoras NANCY MOLINA VALENCIA, SANDRA PARRA  ÁVILA   y   LUCELLY  VIÁFARA  CAICEDO,  en  representación  de  S…E…J…,  E…T…p…y  J…M…M…  denunciaron  al  señor  JAIR SANTA GRAJALES por el  motivo  de  mostrar  sus  genitales  y  tocarle  los senos a uno de los menores,  quienes  han  sido  víctimas del comportamiento mencionado reiteradas veces por  parte           del           sindicado.”1   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  contra la sentencia del Tribunal  Superior  de Cali propone la defensora de JAIR SANTA GRAJALES, con fundamento en  la  causal  primera  de casación contemplada en el artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  por  violación  directa  de la ley  sustancial.   

Diserta  ampliamente  sobre el principio de  favorabilidad  y  los  derechos  a  la  defensa  y  al  debido proceso, como son  regulados  en  la  normatividad  interna  y  desde  la perspectiva del bloque de  constitucionalidad.   

Sostiene    que    el    Ad-quem vulneró directamente, por falta  de  aplicación  el  artículo  314  de  la  Ley  906 de 2004, sobre la prisión  domiciliaria,  el cual debió tenerse en cuenta por favorabilidad, según los ha  venido  reconociendo  la  jurisprudencia;  ya  que  ese  precepto  no señala un  límite de pena para la procedencia de ese sustituto.   

Se  debe  casar  la  sentencia  impugnada  –dice  la  censora- para  que  prevalezca  el  derecho  sustancial  de  modo  que  se  conceda la prisión  domiciliaria al implicado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.  De conformidad con el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000, vigente al tiempo de los  hechos,   la   casación   procede   contra   sentencias  de  segunda  instancia  “en los procesos que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho  años,  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una medida de  seguridad.”   

Como en el presente asunto, el implicado fue  acusado   y   condenado   en  las  instancias  por  el  delito  de  actos  sexuales  con menor de catorce años agravado por realizarse  sobre  persona menor de doce años, que se reprime con  prisión  de cuatro (4) a siete (7) años seis (6) meses, de conformidad con los  artículos  209  y  211  del Código Penal (Ley 599 de 2000), se concluye que el  asunto  no  admite  la  casación común y que, por tanto, eventualmente podría  aceptarse  la  impugnación  extraordinaria  si  la  Corte  lo  estima necesario  “para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  garantía         de        los        derechos        fundamentales”.   

2. En ese orden de ideas, era necesario que  la  libelista  acudiera  a la casación excepcional que prevé el inciso 3° del  artículo  205  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), expresando  la  necesidad  de su admisión para el desarrollo de la jurisprudencia o para la  garantía  de  los  derechos constitucionales que hubieren sido transgredidos en  el  trámite  ordinario  del  proceso,  únicos motivos por los cuales puede ser  admitida,   correspondiéndole   decidir   a   la  Corte,  en  ejercicio  de  la  discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o rechaza.   

3.  Así  las  cosas,  en  tratándose  de  casación  excepcional,  es  imprescindible  dar a conocer a la Sala las razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa que el recurso de casación excepcional  debe  ser  admitido,  motivos que no pueden confundirse con el desarrollo de los  cargos  concretos  que  se  eleven por alguna de las causales contra el fallo de  segundo  grado,  pues  si  así fuere, no existiría ninguna diferencia entre la  casación discrecional y la casación corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando  previamente la Corte  haya  arribado a la conclusión de que es necesario tramitar, por excepción, el  recurso  extraordinario  en  pro  de  las garantías fundamentales o con miras a  desarrollar la jurisprudencia.   

4. Cuando se aboga por la efectividad de los  derechos  fundamentales,  al  libelista  corresponde  identificar  la  garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la protege, y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso; esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  se  ha  sostenido  que  es  deber del impugnante indicar si lo  pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la  unificación  de  posiciones  disímiles de la Corte, o el pronunciamiento sobre  un   punto   concreto   que  jurisprudencialmente  no  ha  sido  tratado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia favorable de la  pretensión  doctrinaria frente al caso y la ayuda que prestaría a la actividad  judicial,   por   trazar   derroteros   de   interpretación   con  criterio  de  autoridad.   

Como ninguno de esos aspectos fue abordado,  mas  allá  de  un  escueto  enunciado sobre la supuesta necesidad de aplicar el  principio  de  favorabilidad,  la  demanda,  presentada  cual  si  se tratara de  casación  común,  es  improcedente  y  por  ello será inadmitida, disponiendo  consecuentemente   la   devolución   de   las   diligencias   al   Tribunal  de  origen.   

Nada  se  dice  sobre  el  adelanto  de  la  jurisprudencia;  y  el  debido proceso no se menciona, cuando esa argumentación  era  indispensable  en  el sentido de demostrar la supuesta relevancia de algún  defecto  de  garantía  o de estructura que hubiese ocurrido mientras se surtía  el rito.   

Las omisiones destacadas en precedencia son  suficientes  para  inadmitir la demanda, máxime que tampoco en la sustentación  de  los  cargos se encuentra una referencia coherente y sistemática, o al menos  tangencial,  a  cualquiera  de los aspectos que eventualmente posibilitarían el  recurso extraordinario de casación.   

5.  Amén  de  lo  anterior, en realidad el  libelo  cuyo  aspecto  formal se examina no alcanza a estructurar una demanda de  casación  admisible,  puesto  que  lejos  de  adentrarse  en el desarrollo y la  demostración  de  la  violación  directa  de  la ley sustancial, la censora se  limita  a mencionar toda una serie de preceptos nacionales e internacionales que  de  alguna  manera  consagran  garantías  para  el  procesado  y  asegura,  sin  explicación    adicional    de    ninguna    especie,   que   el   Ad-quem   omitió  la  aplicación  del  artículo   314   (sustitución   de  la  detención  preventiva)  del  Código de Procedimiento Penal, Ley  906 de 2004, lo cual resultaba necesario por favorabilidad.   

En  realidad, como se observa, no existe un  cargo  casacional confeccionado de un modo comprensible y no se logra entender a  qué  alude  la  censora, ni cómo se relaciona ese precepto con alguna omisión  en  que  hubiesen  incurrido los jueces de instancia; ni explica por qué piensa  que  el artículo 314 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal para  el    sistema    acusatorio,   resultaba   favorable   a   los   intereses   del  implicado.   

6.  No está por demás recordar que a JAIR  SANTA  GRAJALES  le  fue  negada  la  prisión domiciliaria en consideración al  factor  subjetivo, es decir con base en lo indicado por las pruebas allegadas al  expediente.  Así  las cosas, en este evento, si la libelista pretendía sugerir  que  el  Tribunal  Superior  se  equivocó al estimar dicho factor, no ha debido  postular   la   violación   directa   de   la   ley  sustancial,       sino      la      indirecta,  demostrando la incursión en  alguno   de   los   errores   de   hecho    o    errores   derecho en el ejercicio de apreciación probatoria.   

No  sobra  recordar  que  los  errores  de  hecho pueden consistir en i)  falso  juicio existencia  (omisión  o  suposición de  prueba), o ii) falso juicio  de  identidad (tergiversación,  recorte  o  adición  de  la prueba)    o    en    iii)   falso       raciocinio      (distanciamiento  de  los parámetros de la sana crítica: lógica,  experiencia  y  ciencias);  y  que  los  errores  de  derecho  pueden presentarse  por   i)   falso   juicio  de  legalidad  (si se transgrede de modo sustancial el  debido  proceso  probatorio)  y  ii)  falso juicio de  convicción  (excepcionalmente admisible en casación,  cuando  se  desconoce  el  valor  asignado  previamente  a  una  prueba  por  el  legislador,   lo   cual   implica   una   tarifa  legal  probatoria).   

7. No debe perderse de vista que el recurso  extraordinario   de   casación  se  rige  por  el  principio  dispositivo,  las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la competencia de la Sala de Casación  Penal,  con  excepción  de  la nulidad que puede ser decretada oficiosamente en  aras   de   la   protección   de  los  derechos  fundamentales  y  la  eventual  intervención  de oficio para el restablecimiento de garantías superiores a los  sujetos procesales, si a ello hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de la ley, que hubiese ocurrido por errores de juicio o actividad  y  no  se hubiese advertido ni enmendado en la sentencia de segunda instancia; y  como  tal,  comporta  la  elaboración  de  un juicio lógico jurídico sobre la  sentencia    misma,   siguiendo   el   derrotero   trazado   en   las   causales  invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible mantener su vigencia.   

8.    Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en la revisión del expediente se observa la vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite el ejercicio de las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de JAIR  SANTA GRAJALES.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  En  aplicación   del  numeral  8°  del  artículo  47  de  la  Ley  1098  de  2006  “Por  la cual se expide el Código de la Infancia y  la  Adolescencia”, se prescinde del nombre del menor  afectado, debido a que esta providencia puede ser publicada.     

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