28705(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28705  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÉS   

Aprobado acta No.245  

Bogotá,  D.C., cinco de diciembre de dos mil  siete.   

La  Sala  decide  si  admite  la  demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor  de  LUCELLY  TRÓCHEZ  CHOCUE,  contra la sentencia del 25 de julio  de  2007  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, con  la  cual  confirmó  la  emitida  por  el  Juzgado 1° Penal del Circuito de esa  ciudad  que  la  condenó a la pena de 54 meses de prisión y multa de $628.266,  sin  derecho  a  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena ni a la  prisión   domiciliaria,  por  haberla  encontrado  responsable  del  delito  de  tráfico,     fabricación     o    porte    de    sustancias    estupefacientes  agravado.   

H E C H O S  

Los sintetiza el Tribunal indicando que: “El  8  de  abril de 2007 en las instalaciones de la Cárcel de Buga fue capturada en  flagrancia  LUCELLY  TRÓCHEZ  CHOCUE,  cuando estaba en la fila de ingreso y el  canino  LUNA  dio  señales  de  alerta.  En el registro personal autorizado por  ella,  se  le  halló  una  bolsa  envuelta  en  cinta  que  contenía sustancia  pulverulenta  con  olor  característico  a basuco, cuyo peso neto fue de 127.79  gramos de derivado de cocaína.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Las  autoridades  carcelarias  pusieron  en  conocimiento  de  la  Fiscalía estos hechos, entidad que solicitó audiencia de  formulación  de  imputación,  en  la  cual  la señora TRÓCHEZ CHOCUE aceptó  cargos   como   autora   del   delito   fabricación,   tráfico   y   porte  de  estupefacientes, previsto en el artículo 376-2 del Código Penal.   

Las  diligencias fueron repartidas al Juzgado  1°  Penal  del  Circuito  de Buga, que en audiencia del 4 de julio del presenta  año impuso la condena antes referida.   

La  defensa  apeló  del  fallo  con  el  fin  específico  de  que  se  reconociera  la  prisión  domiciliaria en favor de la  procesada,  petición  a  la  que no accedió el Tribunal en la sentencia que es  objeto de recurso extraordinario.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

En  la  demanda  se proponen dos cargos de la  siguiente manera:   

1. A través de la causal primera de casación  prevista  en  el  numeral  1°  del  artículo  181 del Código de Procedimiento  Penal,  el  actor  acusa  la  sentencia  de  violar por  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida,  una  norma  del  bloque de  constitucionalidad  o  legal  llamada a regular el caso  (L. 750/02, L. 82/93, L. 906/04 art. 461 y C.N., arts. 42, 43, 44).   

Según  entiende  el  demandante, este asunto  presenta  una  suerte  de tensión entre la unidad familiar, los derechos de los  niños  y  el  reconocimiento  de la procesada como madre cabeza de familia, por  una  parte,  y la gravedad de la pena que impone negar la prisión domiciliaria,  por  la  otra,  perspectiva  desde  la  cual  no se puede pretender una  interpretación  en  derecho  que  anteponga  la  condición de  gravedad  del  hecho  punible  o  que  reclame  precedencia  sobre  los derechos  fundamentales de las personas.   

Asegura   que  la  sentencia  desconoce  el  artículo  44 Superior porque, a pesar de que se reconoce la condición de madre  cabeza    de   familia   de   la   procesada,   el   sentenciador   ‘da  una  aplicación  distinta  en  la  valoración    de    precedencia    por    la   gravedad   del   hecho   punible  cometido’,  la  cual ubica  por  encima  de  los  derechos  fundamentales de los hijos menores de la señora  TRÓCHEZ CHOCUE.   

Si  se hubiere optado por una interpretación  inversa,  agrega,  el reconocimiento de la prisión domiciliaria habría logrado  armonizar  los  derechos  en   tensión que proclama, esto es, que  la  procesada  descontara la penalidad imputa y que los menores  gozaran  del  esquema  de  protección  constitucional  en plena satisfacción y  respeto.   

Solicita,   en   consecuencia,  que  se  de  aplicación  al  bloque  de  constitucionalidad  y  se conceda a la procesada la  prisión domiciliaria.   

2.  En  el  segundo cargo el actor enuncia el  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las  pruebas  sobre  las  que  se  funda  la  sentencia,  tema  en  el que destaca la  ecuación  lógica  de  precedencia elaborada por el Tribunal, para referir que:  “…  de  tener a P1 (unidad familiar derechos de los  niños),  P2 (deber estatal de aplicar adecuadamente el derecho penal y proteger  a  la sociedad), C (supuestos de hecho –   circunstancias   que   rodean   el   presente   caso),   no   resulta   ser   la   consecuencia   jurídica  R  (la  prisión  carcelaria)…” porque  “…  se  deben  evaluar  los  valores de verdad aportados en las pruebas y la  situación  preexistente  del  núcleo familiar, la que le fue reconocida por el  juez  en  la  condición de madre cabeza de familia, fundamentado en las pruebas  de    la   visita   domiciliaria   de   la   trabajadora   social   Dra.  GLORIA NANCY GIRALDO AGUIRRE y de los  demás  documentos,  de  certificaciones  individuales, sociales, laborales y de  familia  que  se  acompañaron a la audiencia de individualización de pena y de  sentencia…”   

Considera,  entonces, que en esa ecuación el  Tribunal  incurrió  en  el  falso  juicio  de  existencia  “…  [porque] se parte de la premisa de que el  internamiento   carcelario   no   aparece   determinante  para  que  su  familia  (de   la   procesada)  se  desintegre  ni  para  que sus hijos queden desprotegidos por que (sic) con ellos  permanecen  otros  familiares  que  pueden  velar y cuidar de ellos…”. En su  criterio,  ésta  es  una suposición de existencia de la prueba sobre la que el  ad-quem  fundamenta  el  juicio  de  precedencia  de P2  sobre    P1,  con  la  que  distorsiona y altera el reconocimiento hecho por el  juez   de   que  LUCELLY  TRÓCHEZ  CHOCUE  es  madre cabeza de familia. De ese modo, omite las pruebas que se  allegaron para demostrar tal condición.   

Con  este  error,  agrega,  el Tribunal viola  indirectamente  la  ley sustancial y la Constitución Nacional, fundamentalmente  el  interés  superior  de  los  derechos del niño y de la unidad familiar, los  cuales  se  desintegran  porque  se  supone la existencia de otros parientes que  suplan la ausencia de la procesada en el núcleo familiar.   

En  síntesis,  aboga  porque  se  elabore un  juicio   de   precedencia   que  privilegie  los  intereses  correspondientes  a  P1,  a partir de las pruebas  que  demuestran  que  la  procesada  es  madre cabeza de familia, y en el que la  consecuencia     lógica     sea    el    reconocimiento    de    la    prisión  domiciliaria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  el  inciso  segundo del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004  “No  será  seleccionada, por auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación,  o  cuando  de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”   

Frente  al  recurso  de casación en el nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal, la jurisprudencia de la Corte tiene dicho que  es  deber  ineludible  del  demandante justificar la impugnación acorde con las  finalidades  legales  establecidas  en  el  artículo 180 de ese estatuto: si se  trata  del  interés personal en aras de la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos  por  estos,  o  por  el  interés  general  de  la  unificación de la  jurisprudencia.   

También  ha  señalado que como presupuestos  procesales   de  la  impugnación  concurren  no  solo  los  aspectos  objetivos  referidos  a  que  se  trate de sentencias de segundo grado y que se haga dentro  del  término  establecido,  sino  aquellos enfocados en el interés   y  la  legitimidad  para  acceder  al  recurso,  los  cuales  imponen  al actor el deber de acreditar la afectación de  derechos  o  garantías  fundamentales, señalar la causal a la que acude con el  desarrollo  adecuado  de los cargos que le dan sustento y demostrar la necesidad  del    fallo   de   casación.   De   lo   contrario,   el   libelo   no   será  admitido.   

Según  estos  parámetros  no  basta  que el  recurrente  presente  su  oposición  a  la  valoración  probatoria  obtenida a  través  de  las  instancias  o  siente  su  posición  sobre  un tema jurídico  específico;  debe enseñar la existencia de errores manifiestos y trascendentes  en  la  decisión,  en  los  que  pudo  incurrir  el  sentenciador,  en  orden a  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con que viene precedido  el fallo de segunda instancia.   

En este orden de ideas, dando por sentado que  el  demandante tiene interés en el recurso porque pretende para la procesada el  sustituto  de  la prisión domiciliaria que negaron los jueces, la Corte procede  a examinar la viabilidad de los cargos propuestos en el libelo.   

Cargo   primero.  Interpretación  errónea  o  aplicación  indebida  de  una norma del bloque de  constitucionalidad,    constitucional    o   legal,   llamada   a   regular   el  caso.   

La  violación  directa  de la ley sustancial  versa  exclusivamente  sobre  un  yerro  de  juicio  en el cual incurre el   juzgador  al  cotejar  la  disposición  que  se  ocupa del supuesto fáctico en  concreto.  Dicho  error  puede  ser  de  selección  normativa  al radicar en la  existencia  del  precepto  (falta de aplicación o exclusión evidente), por una  equivocada  adecuación  de los hechos probados a los supuestos que contempla la  norma   (aplicación  indebida),  o  bien,  de  carácter hermenéutico por  darle  a la disposición un sentido que no tiene o errar en su significado   (interpretación errónea).   

De  esa  manera,  al  recaer  el yerro de los  juzgadores  de  manera  directa sobre la normatividad, el debate se circunscribe  netamente  a  lo  jurídico  por  manera  de  evidenciar que se dejó de lado el  precepto  que  regula  la  situación  específica  demostrada, que tal hecho se  ajusta  a  otra  disposición  normativa, o porque se desbordó el alcance de la  norma  aplicada  al  caso  concreto,  lo  cual  exige  necesariamente aceptar la  apreciación    y    declaración    de    los    hechos   realizada   por   los  juzgadores.   

En  esta especie, el actor acusa la sentencia  de  violar  por interpretación errónea o aplicación  indebida,  la  norma  sustantiva  que  debe regular el  caso.   

El  embate,  de principio, resulta equivocado  porque  simultáneamente  proclama  dos  modalidades  excluyentes  de violación  directa:  de un lado, la aplicación indebida de la norma, con lo que apuntaría  a  sostener  que  el  Tribunal  aplicó  una  que  no  se adecua a los supuestos  demostrados  en  el proceso, es decir, que no  estaba llamada a resolverlo,  pero  a la vez, sostiene que la disposición (extraña al caso) fue interpretada  en  forma errada por el sentenciador, esto es, que el proceso de selección y de  adecuación  al  caso, sí fue el correcto, pero al interpretarla el Tribunal le  asignó   un   sentido   que   no   tenía   o  que  resultaba  contrario  a  su  contenido.   

Además  de  lo  anterior,   el cargo no  especifica  la  norma  que  se reputa indebidamente aplicada ni concreta aquella  que  debió  atenderse  para  resolver  el  caso, y a pesar de que refiere a los  artículos  42,  43  y  44  Superiores,  omite indicar donde radica el error del  Tribunal,  o  por  qué esas normas constitucionales tenían aplicación directa  en el presente caso.   

En  realidad,  la  censura  se  limita  a  un  discurso  en  el  que  se afirma que el reconocimiento de la condición de mujer  cabeza  de  familia,  en el proceso penal en el que se le reproche la ejecución  de  un  delito,  conduce a la concesión de la prisión domiciliaria, sucedánea  de la intramural.   

Es decir, antes que identificar un error en el  que  verdaderamente  haya  incurrido  el sentenciador, lo que hace es exponer su  consideración  personal  en  torno al tema de la prisión domiciliaria frente a  las condenadas que tienen la referida condición.   

El  tema,  como se sabe, está regulado en la  Ley  750  de  2002,  cuya  aplicación,  a  no dudarlo, efectuaron los jueces de  instancia.  El  recurrente,  por  el  contrario,  se limita a relacionarla, pero  omite  cualquier  análisis  enderezado  a  demostrar  que respecto de esa norma  existió  alguno  de  los errores que proclama, de donde resulta fácil concluir  que  el  ataque  carece del desarrollo suficiente para demostrarle a la Corte la  existencia de la violación directa que se le propone.   

Olvida  el demandante que el instituto por el  que  aboga,  si  bien  lo  estableció  el legislador con el fin de beneficiar a  quien  siendo  cabeza de familia, tenga la posibilidad de cumplir la pena que se  le  imponga  en  su propia residencia, “… no lo abandonó al cumplimiento de  requisitos  objetivos como la naturaleza del hecho o la demostración de aquella  condición,  sino que lo vinculó a circunstancias que denoten la preponderancia  que  en materia criminal se ha venido decantando en cuanto que la comunidad debe  ser       objeto       de       protección.”1   

Razón   por  la  que,  además,  la  Corte  Constitucional  (C-184-03)  destaca que “es legítimo  para  el  legislador  introducir  derechos  en  materia  penal  a mujeres que se  encuentran   privadas   de    libertad,   como   por  ejemplo  la  prisión  domiciliaria;  pero por otra  parte  considera  que  no  concederla a una mujer cabeza de familia cuando ésta  pone  en  riesgo  la  seguridad  de la comunidad y puede representar una amenaza  para  los  derechos  de  los  asociados,  es legítimo, porque es constitucional  restringir      esa     posibilidad     en     tales     condiciones.”   

Conforme a lo anotado, como el actor no   lo  desarrolla  en  debida  forma,  la Corte inadmitirá la demanda por el cargo  analizado.   

Cargo  segundo.  El  demandante  afirma  que  la  sentencia  de  Tribunal contiene un falso juicio de  existencia,  porque  concluyó  que  el  cumplimiento  intramuros  de la pena no  conlleva  a  la  desintegración  de  la  familia  de  la  procesada,  ni  a  la  desprotección  de sus hijos ya que existen familiares que pueden cuidar y velar  por ellos.   

Con    ello,    sostiene,    se  distorsiona y altera el reconocimiento que se hace en el proceso  de  que  LUCELLY TRÓCHEZ CHOCUE es madre cabeza de familia, es decir, se omiten  las  pruebas  que  reconocen  ese  hecho y, además, se  supone  la  existencia  de  otros  parientes  que  suplirían  la ausencia de la  procesada en su núcleo familiar.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  tiene  dicho  la  Corte,  se  genera  cuando un medio de pruebas es  excluido  de  la  valoración  que  efectúa  el  juzgador  no obstante resultar  incidente  frente al fallo que se controvierte (ignorancia u omisión), o porque  el  juzgador  lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  no existir materialmente en el  proceso,     concediéndole    un    efecto    trascendente    (suposición    o  ideación).   

Si el actor acude a esta vía tiene por deber  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso; luego  de  ello,  debe  establecer  su  incidencia  de  cara  a  la  decisión  que  se  controvierte  y  a  favor  del  interés  que  representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que  además  le  impone  demostrar  que  la  determinación no se  mantiene con fundamento en otros medios de persuasión.   

Frente   a  la  omisión  que  denuncia  el  demandante  resulta  evidente  que  el  error no existió, pues precisamente por  tener  la  procesada  la  condición de mujer cabeza de familia, el sentenciador  procedió   a  examinar  el  cumplimiento  de  todos  los  restantes  requisitos  necesarios  para conceder el sustituto de la prisión domiciliaria, previstos en  el  artículo  1°  de  la  Ley 750 de 2002, de lo cual concluyó que, según su  desempeño  personal,  social, laboral o familiar, no procedía concederlo y que  la   gravedad   de  la  conducta  aconsejaba  la  prisión  carcelaria  para  el  cumplimiento  de  las funciones de la pena de prevención especial, reinserción  social y prevención especial.   

Y, frente a la suposición de la existencia de  familiares  que  puedan  velar  por  los  hijos  de  la  procesada,  el actor no  demuestra  cuál  es  la  incidencia  de tal conclusión ni pone de presente las  normas  del  ordenamiento  que  resultaron  afectadas,  tan  solo  se  opone  al  análisis   que  condujo  a  los  jueces  a  la  improcedencia  de  la  prisión  domiciliaria  en  este  caso, en atención a la falta de sensibilidad social, de  respeto  por  la  salud  colectiva,  escrúpulos  para  atentar  contra ese bien  jurídico  y  por  desconocer  el  valor  e importancia del trabajo honrado, que  ocasionarían  riesgo a la comunidad frente a la posibilidad de que la procesada  persistiera en la actividad delictiva.   

En  consecuencia, este segundo cargo también  presenta  deficiencias  que  conducen  a  la  Corte  a  inadmitir  la demanda de  conformidad  a  lo  previsto  en el artículo 184-3 del Código de Procedimiento  Penal,  sin  que  exista  lugar a superar los defectos de los que adolece, en la  medida  que  no advierte la necesidad de intervenir en procura de cumplir alguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario  previstos en el artículo 180 Ib.,  referidos  a  la  efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a éstos y la  unificación de la jurisprudencia.   

Precisión       final.   

En consideración a que contra la decisión de  inadmisión  de  la demanda de casación procede el mecanismo de insistencia, de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, pero  allí   no   se   regula   su   trámite,  la  Sala2  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para su aplicación, de las  siguiente manera:   

“1. La insistencia es un mecanismo especial,  ajeno  a  la  naturaleza  impugnatoria  que  sólo  puede  ser  promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante  la cual la Sala decide inadmitir la demanda de casación.   

2. La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que hayan salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

3.  Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4. El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  presentada   por   el  defensor  de  LUCELLY  TRÓCHEZ  CHOCUE,   por   las   razones   consignadas  en  esta  decisión.   

Procede      el      mecanismo     de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ          MARÍA   DEL   R.   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN      JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS             JULIO  E.  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 29-05-03. Rad. 20697.   

2  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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