24401(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  24401   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.224  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de noviembre de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado JUAN VIANEY AYALA  LOBO,  al  tiempo  que  se  pronuncia de fondo en sede de casación acerca de la  violación  de  la  garantía  fundamental  de debido proceso con ocasión de la  pena  que  conjuntamente  con  Jorge  Enrique  Lobo  les  fuera  impuesta por el  Tribunal  de  Cúcuta  el 10 de junio de 2005 al confirmar el fallo condenatorio  emitido  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito del mismo Distrito Judicial  al  encontrarlos  responsables  en  calidad de autores del delito de acto sexual  violento agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El 7 de octubre de 2002 la señora Ana Miriam  Gelves  Gelves  denunció  que  su  compañero  permanente Jorge Enrique Lobo en  compañía  del  hermano  JUAN  VIANEY  AYALA  LOBO venían sometiendo de tiempo  atrás  a  su hija menor de diez años de edad L.K.G., (Artículo 47 Ley 1098 de  2006) a actos sexuales mediante violencia.   

Abierta formal investigación penal por parte  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  luego  de  vincular  a  través de  indagatoria  a JUAN VIANEY AYALA LOBO y declarar persona ausente a Jorge Enrique  Lobo,  mediante  proveído  del  21  de febrero de 2003 les resolvió situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin derecho a  la  libertad  provisional, como presuntos responsables del delito de acto sexual  violento agravado.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el mérito  probatorio  del  sumario  se calificó el 14 de abril de 2003 con resolución de  acusación  por  el mismo ilícito en el que concurrían causales de agravación  por  haber sido realizado por dos personas, el ostentar sobre la víctima cierto  carácter  o posición que la llevó a depositar la confianza y ser precisamente  ésta menor de 12 años de edad.   

En  firme  la  calificación el 5 de mayo de  2003  al  no  ser  objeto  de  impugnación,  la fase del juicio la adelantó el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Cúcuta, despacho que luego de adelantar  la  audiencia  pública,  emitió  fallo  el 15 de octubre de la misma anualidad  mediante  el cual condenó a los procesados como autores penalmente responsables  del  delito  objeto  de  acusación. A JUAN VIANEY AYALA LOBO le fijó como pena  principal  cinco  (5) años y cuatro (4) meses de prisión, en tanto que a Jorge  Enrique  Lobo  le impuso seis (6) años de prisión. Por el mismo término de la  pena  privativa  de  la  libertad  impuesta  a cada uno se les fijó la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  al  tiempo  que  les  fue  negada  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena, así como la prisión domiciliaria.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por   el   defensor   de  JUAN  VIANEY  AYALA  LOBO,  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta   mediante fallo de 10 de junio de 2005, confirmó íntegramente el  fallo,  por lo que insiste el mismo sujeto procesal a través de la impugnación  extraordinaria, demanda cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  formula un cargo por violación indirecta de la ley sustancial.   

Radica un error fáctico por falso juicio de  identidad  ante  la  distorsión  de  las pruebas en que incurrió el Tribunal y  porque  la apreciación probatoria riñe con los principios de la sana crítica,  lo  que  en su parecer llevó a la infracción de los artículos 7°, 232, 234 y  238 del Código de Procedimiento Penal.   

En concreto, aduce que el fallador no valoró  las  pruebas  en  conjunto,  y  que  si  hubiera  sido  inmediata la citación a  escuchar       a       JUAN       VIANEY      AYALA      en      “descargos”, tal y como lo solicitó a la  Fiscalía,  otro  habría  sido  el  rumbo  de  la  investigación  al practicar  inspecciones  judiciales  a  los  diferentes  sitios  y  confirmar  los horarios  referenciados  por  la menor y por él, con lo cual la investigación no habría  sido simplista, sino integral.   

Critíca  que  tanto  el instructor, como el  juzgador,  se  “casan” con  el  testimonio  de la menor, pese a su insularidad, toda vez que no hay elemento  de  juicio que desequilibre la credibilidad de los dichos de la víctima y de su  defendido,   —quien   no  eludió  la  acción  de  la  Fiscalía—,  y  que  al  acudir  el  Tribunal a los testigos de oídas como la  progenitora  de la niña y la psicorientadora “no son  más   que   muletillas   o   justificaciones  sin  ninguna  solidez”.   

Para el libelista, no resulta lógico que el  juzgado  rechace  el  horario de clases aportado por su representado especulando  que  éste  hubiera  podido  dejar  de asistir a las clases nocturnas para dar a  entender  que  en tales ausencias incurrió en el delito, cuando lo jurídico es  que  se  hubiera  agotado  la carga probatoria para demostrar si acudió o no al  centro   educativo   por   la   época   en   que   la  menor  dice  haber  sido  abusada.   

Refuta la consideración judicial que apoyada  en  los  dichos  de la progenitora y psicopedagoga de la menor resta importancia  al  hecho  de  que  la  niña haya referido a los médicos forenses que el abuso  sexual  solamente  provenía del novio de su señora madre (Jorge Enrique Lobo),  porque   en   criterio  del  libelista  ello  es  trascendente  por  cuanto  las  manifestaciones  de  los  galenos  corresponden  a valoraciones científicas con  inmediación  de  la  prueba al preguntarle a la víctima aspectos fácticos del  comportamiento  punible,  además,  porque  fueron rendidas bajo la gravedad del  juramento.   

En   suma,   considera  que  la  falta  de  valoración  en  conjunto  de  las  pruebas, unido a la carencia de antecedentes  penales  de su defendido descartan cualquier proclividad a los delitos contra la  libertad, integridad o formación sexuales imputados.   

Por  lo tanto, solicita a la Sala revocar la  sentencia  y  en  su  lugar  absolver  a  su  asistido  ante  la  existencia  de  dudas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Corte  ha insistido en que la demanda de  casación  difiere  ostensiblemente  de un alegato de instancia, porque requiere  una  presentación  lógica  adecuada  a  cada  una  de  las causales legalmente  establecidas,   con   el   respectivo   desarrollo   de   los   cargos  que  por  vicios    in   procedendo  o in iudicando se denuncien y  la  demostración  de  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  impugnado.   

Si se acude a la causal primera de casación  es  deber  ineludible  del censor clarificar la vía o concepto de violación de  la  ley  sustantiva, pues tal yerro de juicio del juzgador puede darse de manera  directa,  bien al momento de  seleccionar  la  norma  al versar sobre la existencia del precepto (falta    de    aplicación    o    exclusión   evidente),  por  una  equívoca  adecuación  de  los  hechos probados a los  supuestos   que   contempla   la   norma  (aplicación  indebida),  o  bien,  al  momento de interpretarla por  darle  un  sentido  que  no  tiene o errar en su significado  (interpretación errónea).   

O  también  la  violación  de  la  ley  de  carácter      sustantivo     puede     darse     de     manera     indirecta  a  través  de  yerros  en  el  proceso  de  aprehensión  y valoración probatorios, caso en el cual compete al  demandante,  además  de  individualizar  el  elemento  de convicción en el que  recae  el  vicio,  identificar  su  clase, sea error de  hecho   en  sus  diversas  modalidades:  falso  juicio  de existencia por omisión o  invención  del  medio  probatorio;  falso  juicio  de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación  de su  contenido  fáctico;  o  falso  raciocinio  al  infringir los postulados de la sana crítica. O si se trata de  un    error   de               derecho  debe el impugnante explicar si el  yerro    consistió    en    un   falso   juicio   de  convicción por negarle a la prueba el valor conferido  por  la ley u otorgarle un mérito diverso del que le es atribuido legalmente, o  por   un   falso   juicio   de  legalidad  al  valorar el juzgador alguna probanza con defectos formativos en  su   

incorporación      o      aducción  procesal.   

En  este orden, se advierten los desaciertos  en  que  incurre  el libelista al formular el cargo, no sólo por su precariedad  demostrativa,  sino  porque  a simple alegato de instancia se reduce su forma de  argumentar   ya   que  solamente  esboza  su  discrepancia  con  la  valoración  probatoria  y  conclusiones  de los juzgadores, enfrentado así su criterio a la  fuerza de convicción del material probatorio.   

En  efecto,  si bien anuncia que el reproche  contra  la  sentencia  lo  encamina  por  la causal primera de casación ante la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  no haber sido valoradas las  pruebas  en  su  conjunto,  fácilmente  se observa que su argumento lo encamina  hacia  la  pretermisión probatoria al dolerse de que la Fiscalía no actuó con  prontitud  a  fin  de  verificar  las  citas  que  acerca  de  sitios y horarios  referían  tanto  la  víctima,  como  su  defendido,  lo  que  en  criterio del  demandante habría dado otro rumbo a la investigación.   

Tal  postulado,  por  constituir un eventual  desafuero  procesal  con  aptitud para afectar la validez del trámite judicial,  debió  plantearlo  de manera independiente y prioritaria a través de la causal  tercera  de  casación,  por  nulidad,  con  la  indicación  de  los  medios de  convicción  que  no  fueron incorporados a la actuación, la explicación de su  conducencia,  pertinencia  y utilidad, pero principalmente, con la demostración  de  su  trascendencia  a  fin  de  denotar que su práctica resultaba vital para  arrojar un sentido diverso del fallo.   

El  demandante  confunde  así  dos momentos  trascendentales  en  lo  que  a  pruebas  se  refiere;  primero,  la aducción o  práctica  regida  por  el  carácter teleológico de la investigación integral  que  por  mandato  constitucional  impone  indagar  tanto  lo favorable, como lo  desfavorable  para  el  procesado,  y  segundo, su valoración en conjunto, como  paso  posterior,  que  implica  la confrontación de todo el caudal probatorio a  fin   de   establecer   el   grado   de   conocimiento   que  de  él  se  puede  extraer.   

Y ya respecto del sendero de violación de la  ley  por  el  que  orienta  el  libelista  su  reproche,  lejos  de  advertir la  distorsión  probatoria,  no  precisa  los elementos de convicción, ni menos su  real  contenido  fáctico  con el cotejo de la forma como éste se desdibujó en  el fallo.   

Efectivamente,  la  presentación global del  yerro  sobre  el  conjunto  probatorio  impide  abordar el reparo, por cuanto la  denuncia   de   un   falso   juicio   de  identidad  impone  la  obligación  de  individualizar  el  elemento  de  convicción  en  el  cual  recae  en  aras  de  evidenciar   el   falseamiento  de  su  contenido,  aclarar  así  lo  que  dice  objetivamente  y  lo  que  de  él  se  distorsionó  en  la  decisión, sea con  agregados  que  no  corresponden a su texto, por cercenamiento de algunos de sus  apartes o por la transmutación de su literalidad.   

Tampoco desarrolla su planteamiento acerca de  la  pretermisión  de  los  postulados  de la sana crítica para advertir que la  decisión  cuestionada  carece de una argumentación estructurada coherentemente  como  lo  enseña  la  lógica  o  que se aparta de la forma como se aplican los  principios  en  un  espacio  teórico  específico,  propio  de  la observación  científica,  o  de  los  juicios  que  se  forman  a  partir de comportamientos  sometidos  a  una  identidad  circunstancial  que arrojan las reglas de la vida,  pues  lo que propone el libelista es una nueva valoración probatoria pero desde  su  propia  visión  de  los  hechos  al  resaltar que el único responsable del  comportamiento  sexual ha de ser Jorge Enrique Lobo, compañero permanente de la  progenitora  de  la  menor,  pero  sin demostrar algún yerro judicial cuando se  predicó    también   la   responsabilidad   penal   de   JUAN   VIANEY   AYALA  LOBO.   

No  colabora en el propósito del recurrente  su  simple  afirmación de que al manifestar los peritos médico-forenses en sus  dictámenes  la  referencia  de  la  menor  acerca  del abuso sexual del que fue  víctima  en  el  cual  relacionaba  sólo  a  Jorge Enrique Lobo, por cuanto se  avizora  que el Tribunal también consideró las declaraciones de la progenitora  de  la  víctima,  Ana  Myriam  Gelves,  de  la psicóloga Sandra Orellano y del  profesor  Gregorio Mora, estos últimos pertenecientes al centro educativo donde  la  menor  cursa sus estudios, así como el dicho de la propia afectada que daba  cuenta  de  la  realización  de  comportamientos sexuales también por parte de  JUAN VIANEY AYALA LOBO.   

Así  las  cosas, el censor olvida que si se  trata  de  demostrar  errores  fácticos  en  torno a las pruebas, acorde con el  desarrollo  completo  del  cargo  es menester desquiciar todos y cada uno de los  fundamentos  probatorios  de la sentencia, porque basta que se mantenga uno solo  de  ellos  con  suficiente  contundencia  para  que  el  sentido de la decisión  conserve su doble presunción de acierto y legalidad.   

Tampoco         la             aseveración    que   de   manera   tangencial   hace   el  demandante acerca de la existencia de  dudas   cumple   con  una  argumentación  cuando de denunciar la carencia de una  convicción   razonada   científica   y   técnica   del   juzgador  se trata, falencia que en manera alguna  la    Sala    puede    subsanar   en   virtud  del  principio  de  limitación  que rige esta impugnación  extraordinaria.   

Por  lo anterior, acorde con las previsiones  del  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la inadmisión de la  demanda.   

CASACION OFICIOSA  

La Corte en decisión de 12 de septiembre del  año  en  curso  (Radicación  26967)  varió el criterio que ordenaba el previo  traslado  al  Ministerio Público a fin de que emitiera concepto, cuando, pese a  no  admitir  la  demanda  de  casación,  se  avizoraba la infracción de alguna  garantía  procesal  de los sujetos intervinientes que ameritara el ejercicio de  la  facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, al  considerar  que  ante  el  principio  de  pronta  y  eficaz  administración  de  justicia,  la  Sala  de  manera  inmediata  debe  corregir el yerro, sin que sea  necesario   el   concepto   del    Procurador   Delegado   ante  esta  sede  casacional.   

Ciertamente, en ocasiones precedentes, pese a  la  decisión  de no admisión de la demanda, la Corte ha corrido el traslado al  Ministerio  Público para ejercer su facultad oficiosa cuando advierte de manera  flagrante   la  violación  de  alguna  garantía  fundamental  de  los  sujetos  procesales,  postura  acorde  con  el  rol  que han de cumplir los Tribunales de  casación  que  implica “unas dimensiones más afines  con  el  vigente  Estado  Social y Democrático de Derecho (artículo 1º Const.  Pol.)  que,  en  protección  de  las  garantías  fundamentales  de  todos  los  asociados,  permitiera  la  casación  oficiosa  y  -más  adelante en el camino  evolutivo-  la  casación  excepcional  -en  postrimerías  y  en  respeto  a la  igualdad-   a   disposición  de  todos  los  sujetos  procesales”.1   

Surge  claro  que ante la autorización dada  por  el  legislador a la Corte para aprehender el estudio del proceso aun cuando  no  se  admitan los cargos formulados en la demanda, una vez advierta el agravio  que  haya  producido  el  fallo  de  segundo  grado  a  alguno  de  los  sujetos  procesales,   proceda  inmediatamente  a  corregirlo,  con  lo  cual  se  cumple  cabalmente  con  los  fines  de  la  casación  de  velar por la efectividad del  derecho  material  y las garantías debidas a las personas que intervienen en la  actuación penal.   

Aunque  el  Ministerio  Público por mandato  constitucional  debe  intervenir en los procesos judiciales en defensa del orden  jurídico,  el patrimonio público o de los derechos y garantías fundamentales,  con  el  nuevo  criterio de autoridad de la Corte no se relega la actuación del  representante  de  la sociedad, por cuanto al ser un tema no propuesto, ni menos  recurrido  por  tal  sujeto  procesal  en  las  instancias, se impone la rápida  acción  de  la  Corte como garante no sólo de los derechos fundamentales, sino  de  los  fines  esenciales del Estado, especialmente, el de asegurar la vigencia  de  un  orden  justo,  en  aras  de  la  materialización  de  la justicia en la  decisión.   

Precisado  lo  anterior, en el presente caso  surge  nítida  la necesidad de acudir a la facultad oficiosa que le confiere el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000 a la Corte, ante la infracción de la  garantía  del  debido proceso de los enjuiciados JUAN VIANEY AYALA LOBO y Jorge  Enrique  Lobo  por tener en cuenta el juzgador los mismos aspectos fácticos que  le  sirvieron para sustentar las causales de agravación específicas imputadas,  como  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  cuando  en  la  acusación no fue  considerada  alguna de estas últimas, situación que a la postre lo hizo ubicar  dentro  del  ámbito  de  movilidad  punitiva  en  los  cuartos  medios,  cuando  correspondía no sobrepasar el primero.   

Efectivamente,  la inclusión  de   circunstancias   de mayor  o menor  punibilidad en la resolución  de  acusación,  siempre que no hayan sido previstas de otra manera, tiene clara  trascendencia,  no  sólo  por  su  necesaria  discusión  y  contradicción  en  desarrollo  del  proceso,  sino  porque  ellas  se  reflejarán en el proceso de  dosificación  punitiva,  pues  fijados  los  límites  mínimos  y máximos del  delito  en  los  que  se  ha  de  mover  el  fallador  teniendo  en  cuenta  las  circunstancias  modificadoras  de  tales extremos (v.gr. causales de agravación  específicas),  establecerá según la concurrencia de causales de mayor o menor  punibilidad,  el  cuarto  o  cuartos  dentro  de  los  que deberá determinar en  concreto  la  pena  a través de la ponderación de los factores concernientes a  la  mayor o menor gravedad de la conducta, el daño real o potencial causado, la  naturaleza  de las causales que agraven o atenúen la punibilidad, la intensidad  del  dolo,  la  preterintención o la culpa concurrentes, la necesidad de pena y  la función que ella ha de cumplir en el específico caso.   

La  precisión  de  la acusación impide al  juez  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al  adicionar  hechos  nuevos,  suprimir  atenuantes  reconocidas  en  la  acusación  o  incluir  agravantes no  contempladas    en    ella    o   en   la   variación   de   la   calificación  jurídica,   so  pena  de  infringir  el  denominado  principio  de congruencia integrado por la correspondencia entre lo imputado, lo  juzgado y lo sentenciado.   

También  le  es  vedado  al  funcionario  judicial  considerar  más de una vez un mismo supuesto fáctico para deducir de  él    circunstancias  punitivas,  pues  se  constituye en una afrenta a la  prohibición de doble  incriminación.   

En    este   orden,   la   acusación      se      constituye      en     el   marco  conceptual,  fáctico  y  jurídico  de  la  pretensión  punitiva  del  Estado,  sobre  la  cual  se  soportará  el  juicio  y el fallo, garantía que se refleja en el  derecho  de  defensa ya que el procesado no podrá ser  sorprendido    con    circunstancias   que     no     haya       tenido     la     oportunidad   de   conocer  y  menos  de  controvertir.   

Por  lo expuesto,  en       este       caso      resulta       palmario       que      los  falladores,  sin  atender que en el pliego acusatorio  no    se   dedujeron   circunstancias   de   mayor   punibilidad,   incluyeron  factores  genéricos  de mayor intensidad punitiva para  fijar  la pena a partir de los cuartos punitivos medios y no en el primer cuarto  como   correspondía   con   el   argumento   de  la  concurrencia   de   causales   que  corresponden  a  los  mismos  supuestos  que   configuraron   las  circunstancias  específicas  de  agravación  previstas  para el delito de acto  sexual  violento,  con  lo  cual  se imputó  más  de  una  vez  un  mismo  marco  fáctico,  en  contra  de  la  prohibición  de doble  incriminación.   

Así,  el juez de  primer   grado   partió  del  rango  punitivo  de  cuatro  (4)  a  nueve            (9)  años  de  prisión previsto para el  delito  de  acto sexual violento en el que concurrían  circunstancias    específicas    de   agravación2   

,  y respecto de  Jorge  Enrique  Lobo  consideró que como:              “…aparece   el  antecedente  penal  de  anterior   condena   a   nueve   meses   de   prisión   como  responsable   de  un delito de Lesiones  Personales (fl.81),   lo   cual   nos   demuestra   su   personalidad   proclive  al  delito,    sin    que    podamos    perder  de  vista  que  era  él  quien  ejercía  autoridad  sobre  la  menor,  razones  que  llevan  a  este Despacho a  ubicarse   dentro   del   segundo   de  los    cuartos    referenciados  y  en  el  mismo, atendiendo la información de la menor,  creíble  por  las  razones antes expresadas, de la reiteración de la conducta,  se  considera  procedente  imponerle al mismo la pena principal de seis años de  prisión”   

En cuanto a JUAN VIANEY AYALA LOBO se estimó  que:  “…Ejecutó  similar  conducta, sin que pueda  deducírsele   la  circunstancia  de  agravación  punitiva  de  ejercer  alguna  autoridad  sobre la víctima pero sí las otras referenciadas, pues igual actuó  junto  a  otra  persona, siendo ostensible la escasa edad de la pequeña, la que  además  debía conocer por la cercanía con la madre, además de su cuñada, su  compañera  de  trabajo  y  por  consiguiente,  considera el Despacho procedente  sobre  el particular ubicarse igualmente en el segundo de los cuartos, dadas las  circunstancias  agravantes  en mención, pero teniendo en cuenta que no registra  antecedentes,  se  considera  procedente  imponer  el  mínimo  de la pena allí  propuesta  y por consiguiente, decide fijar como pena principal para el mismo la  de  cinco  punto  veinticinco  años,  correspondiente  a  cinco  años y cuatro  meses     de prisión”.   

Así, la afectación del debido proceso no se  configura  tanto por la falta de congruencia de la resolución de acusación con  el   fallo,  sino,  por  el  desconocimiento  a  la  prohibición  de  la  doble  valoración   (non   bis   in   idem),   en  relación  con  los  supuestos  de   participación plural,  minoría  de  edad  de  la víctima y posición de autoridad sobre la menor como  circunstancias  específicas  de  agravación  punitiva y factores genéricos de  mayor  punibilidad, desafuero inadvertido por el Tribunal con trascendencia, por  cuanto,  como se anotó, el ámbito de punibilidad se limitaba al primer cuarto,  lo  que impone que la Corte haga uso de su facultad oficiosa a fin de corregirlo  con la exclusión de tales causales.   

En  consecuencia,  para la correspondiente  redosificación   punitiva  se  deberá  partir  del  primer   cuarto   punitivo   establecido   para   el  delito  de  acto  sexual  violento    agravado    [48    a   63   meses   de  prisión],  por  lo tanto, respecto de Jorge Enrique  Lobo,   siguiendo  los  criterios  del  a quo para  no     imponer    el    mínimo    dada  la  gravedad de la conducta al tratarse de la afectación de la  libertad   y  formación  sexual  de  una  niña menor de edad con          la          cual,  contrariamente,  debía  asumir   una   actitud  ejemplarizante    por    ser    el   compañero   permanente   de   su  progenitora,  que se predica de la  conducta,  además de su reiteración, la concurrencia de tres circunstancias de  agravación  específicas,  unido  a los antecedentes  penales   que  obran  en  su  contra,  se   le  fijará  en  cinco     (5)    años    la prisión.   

En    relación    con    JUAN   VIANEY  AYALA  LOBO,  también  dentro  del  primer  cuarto  punitivo,  se  seguirán  los  criterios  tenidos en  cuenta    por   el   juez   que   al   excluir  la  causal   de  agravación  por  razón  de  la  autoridad  sobre  la  víctima  y  por   al   no   obrar  antecedentes     penales     le     impuso   la   pena  mínima,     por    lo    tanto,    se  fijará  la  sanción en  cuatro (4) años de prisión.   

Respecto   de   la   pena   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  y públicas se  determinará  para  cada procesado el mismo tiempo que corresponde a la sanción  privativa de la libertad.   

Finalmente,  dada  la sanción principal por  imponer  a  los  enjuiciados,  la  Sala  estima que lo decidido en manera alguna  afecta   las  consideraciones  de  los  juzgadores  en  las  instancias  que  no  concedieron  el  subrogado  penal de la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena,  por  no  cumplirse  con  el  requisito  cualitativo  dada la pena  impuesta.   

Ahora,  ante  la probabilidad de la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  intramural,  si  bien  se cumpliría la  exigencia  objetiva  para  acceder  a  tal  instituto, en cuanto la pena mínima  prevista  en la ley para el delito por el que se procede es inferior a cinco (5)  años  de  prisión,  no  ocurre  lo mismo con la exigencia subjetiva en la cual  corresponde  evaluar  el  desempeño  personal,  laboral,  familiar o social del  sentenciado  a  fin  de  deducir  razonadamente que no colocará en peligro a la  comunidad  y  que  no  evadirá el cumplimiento de la pena, así como estimar la  gravedad de la conducta.   

Aquí,  es  claro  que  conforme  con  las  consideraciones  de los juzgadores se trata de un comportamiento de entidad, que  se  ejecutó reiteradamente en afectación de la libertad y formación sexual de  una  menor  de  edad  dados  los  tocamientos  y  manipulación  de sus órganos  sexuales  y  la  obligación  para que hiciera lo propio con los varones bajo la  amenaza de que le pegarían si le contaba a la señora madre.   

Lo  anterior  no  permite  a la Sala suponer  fundada  y motivadamente que los procesados se abstendrán de poner en peligro a  la  comunidad  y  que  cumplirán la pena en sus domicilios, de ahí que como lo  determinó el fallador, deban cumplir la prisión intramural.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley.   

RESUELVE   

1.  NO ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta   por   el  defensor  de  JUAN  VIANEY AYALA LOBO, por las  razones manifestadas en la anterior motivación.   

2.          CASAR   DE  OFICIO Y PARCIALMENTE  el  fallo de segundo grado en el sentido de marginar  las circunstancias de mayor punibilidad por no haber  sido imputadas en la resolución de acusación.   

3.            SEÑALAR  que,  por  razón  de  lo  anterior  se  redosifica  la  pena principal impuesta a los  procesados  al  fijarla  respecto  de  JORGE  ENRIQUE LOBO en cinco (5) años de  prisión,  y  en  relación  con  JUAN  VIANEY AYALA LOBO en cuatro (4) años de  prisión.  El  mismo  lapso  respectivamente  se  fija  para  la  pena  accesoria  de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

3.            PRECISAR que en  lo demás el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                      MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZALÉZ             DE  L.                 

AUGUSTO   IBÁNEZ   GUZMÁN                               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                     JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Auto   del   19   de  agosto  de  2004.  Radicación  21302.   

2   El   ámbito   de   punibilidad   del  delito  es  el  siguiente:   

DELITO             

   

SANCIÓN  

Acto    sexual    violento     (Art.    206    Ley    599   de  2000)             

   

3     a     6     años     [36 a 72 meses]  

Agravación  específica (artículo 211)   

(aumento   de  una  tercera  parte  a  la  mitad)             

   

4  a  9 años       [48    a   108   meses]  

Cuartos  punitivos             

48 meses a 63  meses   

63 meses, 1 día a 78 meses  

78 meses, 1 día a 93 meses  

93 meses,1 día a 108 meses    

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