24410(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 24410  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 245  

Bogotá  D.C.,  cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ANA  ROSARIO   CATAÑO  LONDOÑO  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de  Pereira,  el   21  de  junio de 2005, mediante la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado Tercero Penal Municipal de la misma ciudad, el 16 de febrero de  2005,  y  la condenó a las penas principales de 24 meses de prisión y multa de  50  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes y a la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la sanción privativa de la libertad, como autora de la conducta  punible de estafa.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Ante el señor EFRAÍN GONZÁLEZ BERNAL se  presentó  ANA  ROSARIO  CATAÑO LONDOÑO en el año 2002, identificándose como  funcionaria  de la Tienda del Inmueble, Corporación de Ahorro y Vivienda CONAVI  de  Pereira,  quien  le  ofreció  unos  lotes  de terreno ubicados en sector de  corales  de  esta  ciudad  y  que  según  ella,  habían  sido rematados por la  corporación   a   clientes   morosos.   El   ofendido  se  dirigió  a  CONAVI,  cerciorándose  de  que  la  señora  CATAÑO  LONDOÑO  sí  laboraba  para esa  corporación   y  ante dicha certeza procedió  a hacer el negocio con  ella,  haciéndole  entrega  en  primer  termino  de  la  suma  de  $8.000.000 y  posteriormente  de  $4.100.000,  dinero  consignado  a  nombre  de la Tienda del  Inmueble  Conavi.  Trascurrido  un  tiempo,  en  vista de que la señora CATAÑO  LONDOÑO  no  iniciaba  los  trámites  notariales  de los lotes, el ofendido se  dirigió   hasta  las  instalaciones  de Conavi, donde le informaron que la  procesada  ya  no  trabajaba  en  esa  entidad  desde  el  mes  de  diciembre de  2002”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Catorce  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales Municipales de Pereira, el 22 de  septiembre  de  2003,  acusó  a Ana Rosario  Cataño Londoño,   por  la  conducta  punible  de  estafa.   

2.  El Juzgado Tercero Penal Municipal de  Pereira,  el  16 de febrero de 2005, dictó sentencia de primera instancia en la  que  condenó  a  la procesada a las penas principales de 24 meses de prisión y  multa  de  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como  autora de la conducta punible de estafa.   

3.   Apelado  por  el   defensor el  fallo,  el  Juzgado Segundo Penal de Circuito de Pereira, el 21 de junio de  2005, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  la  acusada  interpuso  recurso  de  casación excepcional. En escrito separado,  manifiesta  que  recurre  a  la  Corte  por  cuanto  que  a  su  defendida se le  vulneraron  derechos fundamentales, especialmente el debido proceso y el derecho  a  la  libertad, al no concedérsele la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

En  efecto,  dice  que  a la procesada se le  violaron  los  derechos  fundamentales cuando el juzgador  concluyó que no  se    hacia   merecedora    al   citado   mecanismo   sustitutivo   de   la  pena.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La defensa técnica de la procesada, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor, basado en la causal primera de  casación,  acusa  al  Juzgador  de  haber  violado  indirectamente una norma de  derecho  sustancial  por error de hecho “atribuible a  falso  raciocinio,  en  razón  de  que el sentenciador violó o desconoció los  principios  de  la  sana crítica al valorar los hechos y el material probatorio  conducentes    al    otorgamiento     de    la    condena   de   ejecución  condicional”.   

Después  de  reseñar  jurisprudencia de la  Corte,   aduce  que  el   Juzgado  negó la concesión de “la  condena  de ejecución condicional…construyendo a su amaño  unas  circunstancias impeditivas y una personalidad imaginaria de aquella que se  erigen  como  desaconsejable  para  el otorgamiento del beneficio-derecho…”,  no     estando     acorde     con     el     acervo  probatorio.   

A continuación cita el artículo 63.2 de la  Ley  599  de 2000 y seguidamente transcribe apartes  de las conclusiones de  las  sentencias  referente al por qué no se le otorgó a su defendida el citado  sustituto,  entre otros, que registraba antecedentes judiciales, y que en cuanto  a  la  gravedad  de los hechos y la personalidad de la incriminada se analizaron  fuera de contexto  por ambos juzgadores.   

En  el  capitulo  que  llamó  “CONTENIDO   MATERIAL   Y  OBJETIVO  DE  LA  PRUEBA  INDEBIDAMENTE  VALORADA”,  luego de hacer referencia a un fragmento  del  fallo  de  primera  instancia,  anota  que  en  lo  atinente al antecedente  judicial,  “la  condena”  fue declarada extinguida.   

Advierte que los juzgadores desconocieron el  significado   y los alcances del fenómeno de la extinción de “la  condena”, ignorando las reglas de  la  sana crítica y los artículos 7º, inciso final, 67 del Código Penal y 485  de la Ley 600 de 2000.   

Luego  de recordar una decisión de la Sala,  insiste  en  la violación indirecta del artículo 63 de la Ley 599 de 2000, por  falta  de  aplicación,  dado  que  la  condena antes reseñada no tenía fuerza  vinculante   para  que  se le hubiese negado a su defendida dicho mecanismo  sustitutivo de la pena.    

A continuación, resalta algunas expresiones  que califica como falsas apreciaciones:   

a.   “…La  implicada  viene  cometiendo  este tipo de delitos… sometiendo a sus víctimas  con sus múltiples habilidades…”.   

b.   “Las  personas   que   sólo   tienen   como  motivación  el  deseo  de  enriquecerse  fácilmente…  no  pueden  ser  consideradas como readaptadas, resocializadas y  reeducadas…más  aun  teniendo  en  cuenta  que  ha sido condenada por delitos  similares”.   

Argumenta  que los juzgadores se apoyaron en  falsas  apreciaciones  y  afirmaciones  que  no  corresponden  con  la  realidad  procesal,  habida  cuenta  que  el único precedente delictivo quedó extinguido  antes  de la nueva condena y que,  afirmar, entre otras cosas,  que su  defendida   “viene  cometiendo  este  tipo   de  delito”,  es  producto  del desconocimiento  de  las  normas  que  regulan  la  presunción  de  inocencia  y  la  validez de los  antecedentes judiciales.   

Advierte    que    “…   los  derechos  de  los  imputados  no  pueden depender del estado de  ánimo del juez al momento de tomar la decisión”.   

A  continuación  pasa  a  definir  el falso  raciocinio,  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia de la Corte, y señala que los  juzgadores  no  tenían  ningún respaldo probatorio en afirmar que su defendida  “…somete  a su víctima al error manteniéndola en  un  estado  de  zozobra  y de temor frente a tan difícil situación”, apreciación que no comparte.   

Asevera  que  sólo mediante un “ejercicio   mental   tan  caprichoso   y   libertino”  podía  el  juzgador  de  segunda  instancia  concluir  que la suspensión condicional de la  ejecución   de   la   pena  tenía  connotación  prohibitiva,  cuando  señala  “esta  clase  de  conductas  realmente despiertan el  reproche  y  la alarma social y exigen por tanto del estado un castigo ejemplar,  efectivo   y  aflictivo  de  la  libertad  individual  de  quien  obra  en  esas  circunstancias delictuales”.   

No comparte la afirmación de los juzgadores  para  negar  dicho  sustituto penal, en tanto que ello sería como exigir que el  “convicto”  debe  estar  readaptado, resocializado y reeducado.   

Comenta  que  la resocialización comienza a  partir  de  la  condena y no antes, tal como lo señala el artículo 4º, inciso  segundo,  del  Código  Penal  y  9º  del  Código  de Régimen Penitenciario y  Carcelario,   ignorados   en   el   fallo.   Afirma   que  las  sentencias   vulneran  las reglas de la sana crítica.    

Arguye que el testimonio  de la Gerente  de  la  Tienda  del  Inmueble  de  CONAVI,  se  utilizó  para  proclamar que su  defendida  “…si bien su empleador no la denunció,  fue  descubierta en otra serie de irregularidades atentatorias del patrimonio de  sus  congéneres”,  apreciación  que  califica como  irresponsable  y desatinada y que sirvió de soporte para negarle a su defendida  el derecho a la libertad.   

Sostiene   que   son  precarias   las  condiciones  para  declarar  como  probada y tener como verdad evidente  la  responsabilidad  penal  de  su  defendida, atropellando  los mandatos de la  ciencia  o  la  técnica  jurídica  consagrados  en  los  artículos  29  de la  Constitución   Política   y   7º,   inciso   primero,   de   la  Ley  600  de  2000.   

Luego     de     insistir    en    sus  planteamientos,   asegura  que los sentenciadores construyeron “un      perfil      macabro      y      alarmante      de      la  personalidad”     de    Cataño    Londoño,  producto   de  sus prejuicios  y caprichos, apartándose de las reglas  de la sana crítica.   

Manifiesta  que el fallador  dispone de  amplias  facultades  para  evaluar  los hechos  y al sentenciado, pero esta  “licencia  dista”  de la  arbitrariedad  y  la  imaginación  desbordada,  habida  cuenta que el mecanismo  sustitutivo de la pena  es un acto de justicia.   

Finalmente, insiste que si los sentenciadores  hubiesen  valorado  los  hechos y las evidencias de manera objetiva y serena, se  habría  otorgado  a su defendida la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena  a  la señora Ana Rosario Cataño Londoño, mujer acusada de un delito  simple   y    que  no  causó  a  la  víctima  o  a  la  sociedad  ningún  daño.   

En  consecuencia,  solicita a la Corte casar  “parcialmente  el  fallo acusado en cuanto denegó a  la   condenada  el  beneficio-derecho  de  la  suspensión  condicional  de  los  efectos   del  fallo  y,  en  su  lugar,  CONCEDER EL SUBROGADO mediante el  respectivo fallo de sustitución”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo  previsto por el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que  procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

2.  En el evento que ocupa la atención de la  Corte,  fácil  resulta  advertir  que  en  este  supuesto  sólo  procedía  la  casación  excepcional, en la medida en que la sentencia de segunda instancia la  dictó el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Pereira.   

Ahora  bien, también la jurisprudencia de la  Sala  ha sostenido, de manera incansable, que cuando de la casación excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera sucinta pero clara qué  es  lo  que  pretende  con el recurso, teniendo como norte que solamente procede  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Si bien es cierto que el defensor, en escrito  separado,     anunció    que   interponía   el   recurso   de   casación  excepcional,   en tanto que a su defendida se le trasgredieron los derechos  fundamentales  al  debido  proceso  y  a  la  libertad,  por cuanto que no se le  otorgó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena,  también  lo  es  que  el  único cargo  formulado  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  no se compadece con el  motivo    aducido     para    recurrir    a   través   de   la   casación  excepcional.   

En efecto, el libelista, como era su deber, no  construyó  el reproche por el motivo de inconformidad de violación de derechos  fundamentales,  en  especial  el  debido  proceso  y  la libertad, presuntamente  trasgredidos  por  el  sentenciador  al  negar  la suspensión condicional de la  ejecución  de   la  pena, en la medida en que el discurso argumentativo lo  centra en denunciar un error de hecho por falso raciocinio.   

Ahora  bien,  dentro  del entendido de que el  cargo  guarda  hegemonía con el motivo de casación aludido, tampoco cumple con  el  presupuesto  de  claridad  y precisión, en tanto que no enseñó a la Corte  cuál  fue  la regla de la lógica, el principio de la ciencia y/o la máxima de  la  experiencia  vulnerada  por  el  juzgador, yerro que condujo a excluir en el  juicio   de   derecho  la  aplicación  del  artículo  63  de  la  Ley  599  de  2000.   

El  discurso  argumentativo  de la censura se  queda  en  señalar la simple nomenclatura del error atribuido al juzgador en el  acto  de  apreciación probatoria; y, olvidando que la censura se postula contra  la   sentencia  de  segunda  instancia,  manifiesta  su  inconformidad  con  los  razonamientos  hechos  por  el  fallador  de  primera  instancia para negar a la  procesada   el  citado  mecanismo  sustitutivo  de  la pena privativa de la  libertad.   

De ahí que se advierta que el libelista tome  argumentos  que no fueron tenidos en cuenta por el juzgador de segunda instancia  al  momento  de desatar el recurso de apelación interpuesto contra la sentencia  de  primer  grado,  pues, en lo que se podría entender como la sustentación de  la  censura,  el reproche está dirigido a cuestionar los razonamientos del  juzgado  penal  municipal,  entre  ellos, que se tuvo en cuenta como antecedente  penal   una   “sanción”  impuesta   a   la   procesada   que  ya  se  había  extinguido.   

De  la  misma  manera, en lo que atañe a las  conclusiones  del  juzgador  de  segunda instancia, las califica de caprichosas,  libertinas  y alejadas de las reglas de la sana crítica, sin que en modo alguno  señale  y  evidencie  el principio trasgredido y cómo el mismo resquebrajó la  estructura    del   proceso   y   afectó   el   derecho   fundamental   de   la  libertad.   

Dicho  de  otra  forma, el libelista pasa por  alto  que  la  casación  no es una tercera instancia donde se pueda contraponer  los  criterios  del  juzgador  con base en personales apreciaciones, puesto que,  como  lo  ha  reiterado  la jurisprudencia de la Sala, el escrito con el cual se  pretenda   la   infirmación   de   la  sentencia  debe  respetar  los  precisos  presupuestos  señalados  en  la ley procesal para su elaboración, en la medida  en  que  esta  impugnación  extraordinaria tiene como único objetivo denunciar  vicios  de  derecho o de actividad cometidos en su elaboración o en el trámite  judicial,  según el caso, y, por supuesto, evidenciar su trascendencia frente a  las conclusiones adoptadas en el fallo.   

Empero,  como  se  ha  dicho, el discurso que  sustenta  el  único  cargo  formulado contra la sentencia se limita a presentar  personales  apreciaciones en abierta contraposición a la de los juzgadores, sin  que  ponga  en  evidencia  que  efectivamente  en  este  asunto  se debió haber  seleccionado  el  artículo  63  de  la  Ley  599  de  2000,  en tanto que en la  procesada  se  daban  todos los presupuestos reglados en la norma para suspender  condicionalmente la ejecución de la sentencia.   

Finalmente,  respecto  del  testimonio  de la  Gerente  de  la  tienda  del inmueble de Conavi, tampoco señaló y demostró el  postulado  que  informa  la  sana  crítica  vulnerado  en  su  apreciación  y,  menos,   las  razones  por las cuales, en su criterio,  los argumentos  de  los  juzgadores  resultaban  desatinados  y  los  suyos ajustados a derecho.   

Dicho  de  otra manera, el actor presenta una  visión  distinta  a  la  argumentada  por  el  Juzgado en procura de obtener la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena a favor de su defendida,  sin  que  evidencie  error  en  la selección o en la interpretación del citado  artículo 63 del Código Penal.   

         

Por  último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de  ANA  ROSARIO  CATAÑO  LONDOÑO,   que  determine  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a  nombre  de  la           procesada,  ANA ROSARIO  CATAÑO   LONDOÑO,   por  lo  anotado en la motivación de este proveído.  En    consecuencia,   se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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