21390(12-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  21390   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.170  

Bogotá D.C., doce (12) de septiembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado  por  el  defensor de EDWAR DARÍO FONTECHA MERCHÁN, OMAR  CASTAÑEDA  ANGARITA  y  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA, contra el fallo de segundo  grado  de  31  de  marzo  de  2003  mediante  el  cual  el  Tribunal Superior de  Valledupar  confirmó  el  proferido  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Aguachica  (Cesar) por cuyo medio condenó a los dos primeros como coautores del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado y hurto calificado y agravado, en  tanto  que  al  último  enjuiciado  sólo  fue  por  el  mencionado ilícito de  carácter patrimonial.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Tras  la  exigencia  que el prestamista Luis  Ángel  Sosa  Pineda le hiciera a OMAR CASTAÑEDA ANGARITA para que le cancelara  la  suma  de $500.000,oo pesos que le adeudaba, éste contrató a EDWAR FONTECHA  MERCHÁN para que acabara con la vida de su acreedor.   

Así,  el  11  de marzo de 2001 CASTAÑEDA y  FONTECHA   se   trasladaron   a   la   región   conocida  como  “El              Amarillo”  del municipio de San Alberto  (Cesar)  y cuando Luis Ángel Sosa Pineda se apeaba de una motocicleta y entraba  a  una  de  sus  fincas, FONTECHA le propinó un disparo con arma de fuego en la  nuca,  pero  como  aún  daba  señales  de  vida le asestó una herida con arma  blanca  en el cuello. Seguidamente lo despojaron de algunas de sus pertenencias,  como  joyas,  entre  ellas,  una  pulsera  de  oro,  dinero  en  efectivo  y  la  motocicleta en que se movilizaba, ocultando luego el cadáver.   

Posteriormente  se  dirigieron  a la casa de  Jeinyr  Alonso  Quintero  Romero,  donde guardaron la motocicleta y acudieron al  bar  “Noches de              Ronda”  dedicándose a consumir licor y  a  discutir  al  exigir FONTECHA MERCHÁN el pago prometido por el crimen. Allí  en  garantía  de  pago  por el valor de lo consumido FONTECHA MERCHÁN dejó la  pulsera de oro sustraída al occiso.   

Ya en las horas de la noche los dos iniciales  partícipes,  en  compañía  de  Jeinyr  Alfonso  Quintero  Romero  y  Robinson  Caballero  Murcia  se  dirigieron  al  apartamento  donde  residía el obitado y  procedieron  a  llevarse  varios  bienes,  entre  ellos algunos pertenecientes a  otras  personas  que  eran dejados en prenda al prestamista, sacando los enseres  en  una  camioneta  que  se  encontraba  parqueada en el garaje. Cumplido ésto,  acudieron  al  sitio  donde  habían ocultado el cadáver para llevarlo hasta el  puente del río Lebrija desde donde lo arrojaron.   

Ante  la  denuncia  formulada  por María de  Jesús  Sosa  dando cuenta de la desaparición de su padre, la Fiscalía General  de  la Nación adelantó las diligencias preliminares y mediante proveído de 22  de  junio  de  2001  abrió  formal  investigación  penal  en  contra  de  OMAR  CASTAÑEDA  ANGARITA,  EDWAR DARÍO FONTECHA MERCHÁN, ROBINSON CABALLERO MURCIA  y   Jeinyr  Alfonso  Quintero  Romero,  librando  las  respectivas  órdenes  de  captura.   

Hecha efectiva la aprehensión sólo respecto  de  los  tres primeros, así como de Miguel Ángel Reyes Carrascal a quien se le  encontró  en  su  poder  la pulsera de oro del interfecto, se les vinculó a la  investigación  a  través de indagatoria y su situación jurídica se resolvió  el  5  de  julio  de 2001, con medida de aseguramiento de detención preventiva,  sin  el  beneficio  de  la  libertad  provisional,  como presuntos coautores del  concurso  de  delitos de homicidio agravado, hurto calificado y agravado y porte  ilegal  de arma de fuego. Respecto de Reyes Carrascal, se abstuvo el despacho de  imponerle  alguna  medida  al aclarar que la tenencia de la joya obedecía a que  fue  dejada  por  FONTECHA en garantía por la deuda adquirida por el consumo de  licor en el bar que él administraba.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el mérito  probatorio  del  sumario  se calificó el 7 de noviembre de 2001 con resolución  de  acusación  en  contra  de CASTAÑEDA, FONTECHA y CABALLERO por el delito de  homicidio  “CALIFICADO” y  hurto  calificado  y  agravado  conforme  con los artículos 104 numeral 4° del  Código  Penal  de  2000,  350 y 351 del anterior ordenamiento sustantivo, en su  orden.  En  la  parte  motiva  de la misma providencia se consideró precluir la  investigación    a    favor    de    Reyes   Carrascal   por   el   delito   de  receptación.   

En  firme  la  calificación  una  vez  que  mediante  proveído  de  28 de diciembre de 2001 se declaró desierto el recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor de FONTECHA MERCHÁN —ante       su       falta      de  sustentación—,  la  fase  del  juicio  la  adelantó  el  Juzgado Penal del Circuito de Aguachica (Cesar),  despacho  que  luego de llevar a cabo el acto público de juzgamiento, a través  de  fallo  de 5 de septiembre de 2002, condenó a EDWAR DARÍO FONTECHA MERCHÁN  y  OMAR  CASTAÑEDA ANGARITA como coautores del concurso de delitos de homicidio  agravado  y  hurto  calificado  y  agravado  (conforme  con  los artículos 104,  numeral  4°  de la Ley 599 de 2000;  350, numeral 3° y 351, numerales 9°  y  10° del Decreto Ley 100 de 1980), a la pena principal de trescientos treinta  (330)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  término  de  ocho  (8)  años, así como a la de  carácter  civil  de  pagar  la  suma  de  diez  (10)  y cincuenta (50) salarios  mínimos  legales  mensuales por concepto de perjuicios materiales y morales, en  su  orden. Respecto de ROBINSON CABALLERO MURCÍA lo absolvió del delito contra  el  bien  jurídico  de  la  vida, pero lo condenó como coautor del ilícito de  hurto  calificado  y  agravado a treinta y siete (37) meses de prisión, fijando  en  igual  periodo  la  sanción  de  interdicción  ciudadana  y  como  pago de  perjuicios  materiales  determinó  la  suma  equivalente  a  diez (10) salarios  mínimos legales mensuales.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  representante  del  Ministerio  Público,  el  defensor  común  de los  procesados  y el enjuiciado EDWAR DARÍO FONTECHA MERCHÁN, el Tribunal Superior  de  Valledupar  mediante fallo de 31 de marzo de 2003 confirmó íntegramente la  decisión,  por  lo que insiste el representante judicial de los enjuiciados con  la interposición del recurso extraordinario de casación.   

El  mismo juez colegiado por auto del 24 de  febrero  de  2003  le  concedió  la  libertad  provisional a ROBINSON CABALLERO  MURCIA,  por  reunir  los  requisitos  para  hacerse  merecedor  a  la  libertad  condicional.   

LA  DEMANDA   

El   defensor  formula  dos  cargos  al  amparo de las causales tercera   

y  segunda  de casación, tanto por nulidad,  como  por  falta  de consonancia de la sentencia con los cargos formulados en la  resolución de acusación.   

Primer   Cargo  (Principal):  Nulidad  por  violación del debido proceso   

Señala  que  en  desarrollo  de  la  vista  pública,   el  Fiscal  y  el  representante  del  Ministerio  Público  en  sus  intervenciones  variaron  la  calificación jurídica de la conducta atribuida a  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA  al  estimar que sólo se le podía enjuiciar por el  delito  de  hurto  calificado y agravado y no por el homicidio agravado, sin que  se  hubiera  tenido  en  cuenta  para  ello lo dispuesto en el artículo 404 del  Código  de  Procedimiento  Penal  que regula lo referente a la variación de la  adecuación típica.   

Aduce que de tal modificación no se surtió  el  traslado  a los demás sujetos procesales a fin de que pudieran analizarla y  solicitar  la  práctica  de  pruebas,  con  lo cual se desvió el procedimiento  fijado  por  la  ley,  situación  que en su criterio riñe con la Constitución  Política,  los  Tratados  y  Convenios Internacionales ratificados por Colombia  sobre   derechos  humanos,  además, se infringió el derecho fundamental a  la legalidad de CABALLERO MURCIA.   

Por     lo     anterior,   solicita  a la Sala casar la sentencia y decretar la   

anulación  procesal  desde  la  audiencia  pública   para   que   se    realice   formalmente  la  variación  de  la  calificación  jurídica,  así  como  se  disponga la libertad inmediata de sus  defendidos.   

Segundo   cargo  (subsidiario):  Falta  de  consonancia de la sentencia con la resolución de acusación   

El  defensor  pone  de  manifiesto  que  la  resolución  de  acusación  abarcó  los  delitos de homicidio agravado y hurto  calificado  y  agravado  en  contra  de sus tres asistidos, pero en la audiencia  pública  el  Fiscal  y  el  representante  del  Ministerio Público variaron la  calificación  jurídica  provisional  de  las  conductas  atribuidas a ROBINSON  CABALLERO  MURCIA, al considerar que sólo se le podía enjuiciar por el punible  de  índole  patrimonial  y  no  por  el ilícito contra el bien jurídico de la  vida, petición que efectivamente atendió el juzgado en el fallo.   

En su concepto, la falta de consonancia de la  sentencia  con  los  cargos  formulados  en  la  resolución  de  acusación  se  constituye  en  un  error  de  actividad  que  va  en contra de la Constitución  Política  los  Tratados  Internacionales  y  el  acatamiento  de  los  derechos  humanos,  en  una  clara  vía  de  hecho con la cual se les vulneró el derecho  fundamental a la legalidad de sus tres representados.   

Por  lo  tanto, solicita a la Corte casar la  sentencia  y  declarar la nulidad a partir de la audiencia pública a fin de que  se rehaga la actuación.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  sugiere  a  la  Sala  no  casar la sentencia por razón de los  cargos  formulados,  pero casarla de oficio y parcialmente dada la incongruencia  que  advierte  con  los  cargos formulados en la resolución de acusación en lo  que respecta al delito de hurto.   

Primer  cargo:  Nulidad  por  violación del  debido proceso   

Considera la Delegada que el reproche no debe  prosperar,  porque  el  libelista no se detuvo a explicar la trascendencia de la  irregularidad  que  denuncia acerca del procedimiento que debió cumplir el juez  frente  a  la variación jurídica de la calificación que considera realizó el  Fiscal en la audiencia pública.   

Luego de explicar que el Fiscal al intervenir  en  la  vista pública estimó que si bien ROBINSON CABALLERO MURCIA fue acusado  por  el  delito  de  homicidio agravado y por ello era necesario “rectificar”  dicha  imputación  al  no  obrar  en  el  plenario  prueba que lo involucrara de manera directa o indirecta  con  ese  ilícito,  solicitó que fuera absuelto del mismo, pero manteniendo la  acusación   por   el  punible  de  hurto  calificado  y  agravado.  Resalta  la  Procuradora  que  en  manera  alguna se evidencia irregularidad que menoscabe el  debido   proceso,   pues  no  hubo  variación  de  la  calificación  jurídica  provisional  sino  el cambio de postura de la   fiscalía   frente  a  uno  de  los  cargos  formulados  en  la  resolución  de  acusación  en  contra  de  uno de los procesados para pedir su  absolución.   

Defiende así la posición del ente acusador  por  ajustarse  a las previsiones de la Ley 600 de 2000 acerca del rol que asume  el  Fiscal  en  la  fase  de  juzgamiento  en  la que como sujeto procesal puede  incluso  solicitar absolución a pesar de que haya proferido la acusación, como  también  puede  el  juez  dictar  sentencia  de  condena  en  contravía  de la  petición absolutoria elevada por el Fiscal.   

Por  último,  la  Delegada afirma que no se  advierte  el  perjuicio  causado  al procesado con el actuar de los funcionarios  judiciales,  cuando  contrariamente  le  resultó una solución favorable al ser  absuelto por el delito de homicidio agravado.   

Segundo  cargo:  falta  de congruencia de la  sentencia con los cargos formulados en la resolución de acusación   

También  considera  la  representante  del  Ministerio  Público  que  la  censura  no  tiene vocación de éxito, ya que al  cotejar  la  resolución de acusación en la cual a ROBINSON CABALLERO MURCIA se  le  imputaron  los  delitos de homicidio agravado y hurto calificado y agravado,  con  el  fallo  mediante  el cual se le absolvió del primer punible, pero se le  condenó   por   el   ilícito  de  carácter  patrimonial,  no  se  avizora  la  incongruencia  referida  por  el  libelista,  pues  en ese caso no era necesario  acudir   al  procedimiento  de  la  variación  de  la  calificación  jurídica  provisional  contemplado  en  el  artículo  404  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

Aduce  que  tampoco al absolver a uno de los  procesados  del delito de homicidio agravado se modificó de manera desfavorable  la  acusación  formulada  en  su  contra, ya que contrariamente, al analizar el  caudal  probatorio  y  evidenciar que no se contaba con la certeza reclamada por  el  legislador  para  condenar,  se  dio  aplicación  al principio in   dubio  pro  reo  en  su  favor  para  absolverlo por tal ilícito.   

Casación oficiosa  

Finalmente  la  Delegada  insta  a la Sala a  casar  de  oficio y parcialmente el fallo ante la condena de los enjuiciados por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado  conforme con los artículos 350,  numeral  3°  y  351 numerales 9° y 10° del anterior Código Penal, por cuanto  tales    circunstancias    no   fueron   precisadas   en   la   resolución   de  acusación.   

Reseña  que  si  bien  en  la acusación se  desprende   fácticamente  que  el  apoderamiento  se  llevó  a  cabo  mediante  penetración  furtiva a la residencia de la víctima, de noche y por más de dos  personas,  jurídicamente  el  acusador  se limitó a citar los artículos 350 y  351    de    la    legislación    penal    aplicable,   sin   especificar   las  causales.   

En consecuencia, solicita que se enmiende el  error  al  considerar  el  hurto  simple  y  no  calificado y agravado, debiendo  redosificar la pena impuesta.   

De   otra  parte  reseña  las  siguientes  situaciones  a  fin  de  que  se  compulsen  las  copias pertinentes para que la  fiscalía   adopte  las  determinaciones  a  que  haya  lugar,  en  atención  a  que:   

–  Al definir la situación jurídica de los  procesados  se  les  imputó  el  delito  de  porte  ilegal  de armas de defensa  personal  pero  no  se  hizo  mención  del  mismo  al  calificar el mérito del  sumario.   

– Se ordenó la vinculación de Jeinyr Alonso  Quintero Romero pero no se materializó.   

–  Aunque la fiscalía en la parte motiva de  la  resolución  de  acusación  estimó  que  respecto  de  Miguel Ángel Reyes  Carrascal  se  debía  precluir la investigación por el delito de receptación,  no incluyó tal determinación en la parte resolutiva.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  la  premisa  relacionada  con  que  al  intervenir  el  Fiscal  en  la  audiencia  pública  y  solicitar la emisión de  sentencia  absolutoria  por  uno  de los delitos endilgados a ROBINSON CABALLERO  MURCIA,  se varió la calificación jurídica provisional, denuncia el censor en  cargos  separados,  tanto  la pretermisión del debido proceso, como la falta de  consonancia  de  la  sentencia  con  los  cargos formulados en la resolución de  acusación.   

Pese  a  lo  anterior,  para  la  Sala ambas  censuras  responden  a  dos  matices de una misma pretensión y fundamentación,  por lo tanto, resulta aconsejable su análisis de manera conjunta.   

Conforme con los requisitos previstos en los  numerales  1°  y 3° del artículo 398 de la Ley 600 de 2000, ordenamiento bajo  el  cual se emitió la calificación del sumario, se exige que en la resolución  de  acusación la imputación no sólo sea fáctica, sino también jurídica, lo  que  impone detallar la conducta con todas sus circunstancias, aún cuando en la  fase  del  juicio  pueda ajustarse la adecuación típica a través del trámite  previsto  en  el artículo 404 del mismo estatuto, que  puede  operar a   iniciativa   del   funcionario   acusador  o  por  petición  o  insinuación del juzgador.   

La  inobservancia  del instituto destinado a  variar  la  calificación jurídica en la fase del juicio, además de constituir  un  desafuero  procesal,  se refleja en la afectación del derecho de defensa al  no  contar  el  incriminado  con la oportunidad para controvertir la acusación,  incorporar  nuevos  elementos  de juicio o suspender el proceso para analizar la  nueva  imputación,  al  tiempo que puede conllevar la afectación del principio  de  congruencia  que  debe  guardar la sentencia con los cargos formulados en la  resolución de acusación.   

La  Sala  de  manera paradigmática desde la  decisión  del 14 de febrero de 2002 (Radicación 18452) precisó con base en la  normatividad  adjetiva  del  año  2000  los aspectos que se deben observar para  variar  la  calificación  jurídica  provisional cuando se advierte error en la  calificación  por  parte  del  funcionario acusador al valorar los elementos de  convicción  o  en  la  selección  del  precepto  que  regula el comportamiento  investigado,   o   cuando   por  prueba  sobreviniente  se  altera  un  elemento  estructural  del  tipo,  la forma de coparticipación o imputación subjetiva, o  algún  evento  configurador  de  circunstancias  que  modifiquen  los  límites  punitivos    que    hagan    más    gravosa   la   situación   jurídica   del  enjuiciado.   

Efectivamente, el carácter protector de las  garantías  del  procesado  que informa este procedimiento especial hace que sea  de    ineludible   observancia   cuando   se   vaya   a   agravar   su  situación  judicial, de ahí que no  sea  necesario su adelantamiento cuando de algún modo se le va a favorecer dado  que   el  juez  puede  degradar  la  responsabilidad.  De   manera  que  si  el  Fiscal  considera  que  el  enjuiciado   debe   ser  condenado  por  una  especie  delictiva  de  menor entidad que la imputada en la  acusación  o  que  se  le  debe  reconocer una circunstancia atenuante o alguna  causal  que  aminore  o  aún  excluya  su  compromiso penal, sólo basta con su  alegación  al  momento  de  su  intervención  en la  oportunidad      respectiva      en      la      vista      pública.   

Precisado lo anterior, resulta claro que en  el  presente  caso,  la  intervención  del  Fiscal  en la audiencia pública al  solicitar  la  absolución para uno de los procesados por uno de los delitos que  le   fueran  endilgados  en  la  resolución  de  acusación  en  manera  alguna  constituye variación de la calificación jurídica.   

Ciertamente,  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA  mediante  resolución  del 7 de noviembre de 2001 fue acusado por los delitos de  homicidio  “calificado”  conforme  con  el  numeral  4°  del  artículo  104  del  nuevo  Código  Penal  (por  precio  o  promesa  remuneratoria)  y hurto calificado y agravado contemplado en los artículos 350 y  351 del anterior Código Penal.   

Por  su  parte,  el funcionario acusador en  desarrollo   de   la   vista   pública  manifestó  que  si  bien  los   cargos   en   contra   del  citado  procesado    habían  abarcado   el   delito   contra   el   bien  jurídico  de  la  vida,  era necesario rectificar tal postura:  “porque  no  se  encuentra  dentro de la actuación  procesal  una  prueba  que  lo  involucre  de  manera directa o indirecta con la  muerte  de  SOSA  PINEDA,  entonces,  como  aquí  lo  que  se trata es de hacer  justicia  la  Fiscalía  pide  al  señor  Juez  la  absolución  para  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA,  alias VALENCIANO, pero lo que si no se puede soslayar es que  él  sería  acreedor  a  una  sentencia  de  condena  por  el  delito  de HURTO  CALIFICADO  Y  AGRAVADO,  sin  perjuicio  de que se compulsen copias para que se  investigue   procese   y   condene   por  encubrimiento  por  favorecimiento.”   

Lo  anterior  demuestra  fehacientemente  que no se modificó en manera alguna la especie delictiva, sino  que  conforme  con el material probatorio obrante en el proceso que no soportaba  la  certeza  para emitir fallo de condena por el delito de homicidio, se instaba  la  absolución  del  incriminado,  pedimento que lejos de agravar su situación  jurídica,  lo  favorecía,  como  efectivamente  ocurrió en el fallo cuando se  concluyó  que:  “En lo que  respecta  a  la  participación  del  acusado  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA alias  “Valenciano”,  en  el  homicidio  de  SOSA  PINEDA,  el  plexo probatorio es  categórico  en  señalar que este personaje no tuvo ninguna actuación  en  el  crimen  en  comento,  en  la medida que su intervención en estos hechos fue  posterior  al  acribillamiento del obitado, pues como este ajusticiado lo acepta  en  su  primera  injurada que rindiera, que su actuar ilícito se circunscribió  en   el   apoderamiento   de  los  bienes  de  propiedad  del  occiso  y  en  el  acompañamiento   a   los   homicidas   de   recoger  el  cadáver  y  posterior  desaparición  del  cuerpo sin vida de la víctima, por lo que su comportamiento  tiene  relevancia  para  el derecho penal para otras conductas punibles, pero no  para  el  hecho  delictivo de homicidio, como lo puntualizan acertadamente en la  audiencia  pública,  el  Fiscal  de  la causa y el representante del Ministerio  Público,  toda  vez  que,  en  el  plenario no existe prueba que le enrostre su  participación  en  el  execrable homicidio en la persona de SOSA PINEDA, por lo  tanto,  no  es  posible hacer algún juicio de adecuación típica, a título de  autor,  coautor  o  partícipe, por la conducta punible de HOMICIDIO AGRAVADO, a  CABALLERO  MURCIA,  en  plena  materialización  del  principio universal del in  dubio  pro  reo, en donde toda duda se resuelve a favor del procesado, entonces,  por  este  hecho  punible,  este despacho, lo absolverá de los cargos que se le  imputan.  Debiéndose  eso  sí,  compulsar  las  respectivas copias para que se  investigue  la posible conducta punible contra la eficaz y recta impartición de  justicia,  consagrada  como ENCUBRIMIENTO POR FAVORECIMIENTO, en que haya podido  incurrir el ajusticiado CABALLERO MURCIA.”   

En  este  orden,  no podía exigirse que la  Fiscalía  obcecadamente  y  en  apego a la resolución de acusación pidiera la  condena  por  el  concurso  delictual  endilgado  a CABALLERO MURCIA, cuando las  pruebas   sólo  acreditaban  su  compromiso  penal  en  el  punible  contra  el  patrimonio  económico  ante  el       apoderamiento       de       los      bienes      del      obitado,  de  manera  que  al no existir  certeza  de  su  responsabilidad en la occisión no le quedaba camino diverso al  ente      acusador     que     solicitar     la     absolución     por             este   ilícito,  postura  que  incluso  avaló el representante del Ministerio Público.   

Como       lo       destaca  la  Procuradora  Delegada en su  concepto,  el papel del Fiscal en el sistema procesal  que  informa  el  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000) fundado           en   los   principios   de  separación  funcional  entre  investigación y juzgamiento e imparcialidad de los servidores  judiciales,  permite  que en desarrollo de la vista pública el Fiscal se aparte  de  la resolución de acusación proferida  en contra el  procesado    y    pedir,  incluso,  la  emisión  de  sentencia   absolutoria,   postura   que   no   vincula  al  juez,  y    sin    que    para   tal    pedimento    sea   necesario   el   adelantamiento  de  la  variación de la imputación jurídica.   

Finalmente, además de no configurarse algún  desafuero  procesal,  no se advierte cómo al solicitar el Fiscal la absolución  para  uno de los enjuiciados por el delito de mayor entidad que se le imputó lo  haya  perjudicado,  menos,  cómo  tal  situación  haya  redundado  también en  disfavor de los otros coprocesados.   

Así  las  cosas,  dada  la  sin  razón del  demandante, los cargos no tienen vocación de prosperidad.   

Casación oficiosa   

De  acuerdo  con  la  solicitud que eleva la  Procuradora  Delegada,  la  Sala  evidencia la necesidad de acudir a la facultad  oficiosa  que  le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, habida cuenta  que  se  advierte la falta de consonancia de la sentencia respecto de los cargos  endilgados   en   la   resolución  de  acusación  en  lo  que  tiene  que  ver  exclusivamente con el delito de hurto calificado y agravado.   

En  efecto,  en la resolución de acusación  proferida  por  la  Fiscalía el 7 de noviembre de 2001, si bien se precisó que  en  el  delito  de homicidio era predicable la causal de agravación prevista en  el  numeral  4º del artículo 104 del nuevo Código Penal, no sucedió lo mismo  respecto  del  delito  de  hurto  imputado  a  los  procesados, por cuanto no se  detallaron  las  circunstancias  que  lo  calificaban y agravaban al simplemente  citar    los    artículos    350    y    351    del    anterior    ordenamiento  sustantivo.   

Pese  a  lo anterior, el juzgador de primer  grado,   al  momento  de  emitir  fallo  por  el  delito  concurrente  de  hurto  dedujo  la circunstancia  calificante prevista en  el  numeral  3º  del  artículo  350  del  Decreto-Ley 100 de 1980 “mediante  penetración  o  permanencia  arbitraria,  engañosa o  clandestina   en  lugar  habitado”,  así  como  las  causales  de  agravación  específicas  contempladas  en  los  numerales  9º y  10º   del   mismo ordenamiento “de noche,  o  en  lugar  despoblado  o  solitario” y  “con  destreza,  o arrebatando cosas y objetos que las personas  lleven  consigo;  o  por  dos o más personas que se hubieren reunido o acordado  para  cometer  el  hurto”,  en  su orden.   

La Sala ha enfatizado en que la resolución  de  acusación  requiere inequívoca imputación jurídica, debiéndose precisar  el  supuesto  fáctico que configura la conducta con sus circunstancias a fin de  que  sean  deducidas  en  el  fallo,  “sin que ello  implique  que  figure  en  la  parte  resolutiva  de la acusación, ni que se le  identifique  por  su  denominación  jurídica  o  por la norma que la consagre.  Implica,  pues,  valorada atribución, de tal suerte consignada en cualquiera de  las   fases   de   la   acusación,   que  no  se  abrigue  duda  acerca  de  su  imputación”.  (Decisión  del  23 de septiembre de  2003. Radicación 16320).   

Aquí es patente  la  vaguedad de la resolución de acusación acerca de  la  conducta  atentatoria  del bien jurídico del patrimonio económico, pues no  se  incluyó  la  nomenclatura legal de alguna circunstancia de intensificación  punitiva,   ni  tampoco  se  puede  establecer  del  recuento  fáctico  que  el  propósito    del    ente    acusador    haya    sido    atribuirlas    a    los  incriminados.   

En     este    orden,    como  el  juez  no  está facultado para  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al adicionar hechos nuevos, suprimir  atenuantes  reconocidas en la acusación o incluir agravantes no contempladas en  ella  o en la variación de la calificación jurídica  y  la inclusión de circunstancias de agravación que  modifican  los  extremos  punitivos  tiene  clara trascendencia por su necesaria  discusión  y  contradicción para establecer el equilibrio de las partes,   al  advertir  que  la  sentencia  desbordó  los  términos  y  alcances  de  la  acusación   al   sorprender   con   la   deducción  de  una  circunstancia calificante y dos causales de  agravación   para   el  delito  de  hurto  que  no  fueron  conocidas  por  los  enjuiciados,  lo  que  constituye  un  manifiesto  error  de  los  juzgadores al  desconocer  el principio de congruencia que debe existir entre la acusación con  el     fallo     definitivo,    se    impone  que  a  través  del  ejercicio de la facultad oficiosa la  Corte corrija tal yerro.   

Es necesario entonces, eliminar como criterio  de  adecuación  típica  las  circunstancias  previstas  en los artículos 350,  numeral  3º  y 351 numerales 9º y 10º del anterior Código Penal que incluyó  el  juzgador singular, error que inadvirtió el Tribunal, y que conlleva a tener  el delito como un hurto simple.   

No  obstante  lo  anterior,  previo  a  la  consecuente  redosificación  punitiva,  dado que se está frente a un hurto sin  alguna  circunstancia  calificante y agravante, la Sala advierte que respecto de  la  acción penal derivada de tal punible ha operado  el fenómeno de la prescripción.   

Según lo normado en el artículo 83 de la  Ley  599  de 2000 (que corresponde al artículo 80 del anterior estatuto penal),  durante  la  etapa  de  instrucción  la  acción penal prescribe en un término  igual  al  máximo  de  la  pena  establecida en la ley, sin que en ningún caso  pueda  ser  inferior a cinco (5) años ni superior a veinte (20). En la etapa de  la  causa  tal  término  empieza  a  contarse  a  partir de la ejecutoria de la  resolución  de  acusación o su equivalente, por un tiempo igual a la mitad del  establecido  para la fase instructiva, pero en ningún caso puede ser inferior a  cinco (5) años.   

El  delito  de  hurto  simple  en  que queda  reducido  uno  de  los  comportamientos  desplegados por los procesados acaeció  bajo     la     vigencia     del    anterior    Código    Penal    —artículo        349—,  que  tenía  prevista  una  pena de  prisión  de  uno  (1) a seis (6) años, límite punitivo máximo que no sufrió  modificación  con  el  artículo  239  de la Ley 599 de 2000 y que por lo mismo  hace  que  el término de prescripción para la fase del sumario sea de seis (6)  años  y que para la etapa del juicio corresponda a cinco (5) años, que como se  dijo, es el término mínimo dispuesto por el legislador.   

Por el mencionado comportamiento se acusó a  los  procesados  EDWAR  DARÍO  FONTECHA  MERCHÁN,  OMAR  CASTAÑEDA ANGARITA y  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA  el  7 de noviembre de 2001, decisión que adquirió  firmeza  una  vez  que  mediante  proveído del 28 de  diciembre  de  2001  se declaró desierto el recurso de  apelación  formulado por el defensor de FONTECHA MERCHÁN, lo que denota que el  término   prescriptivo   de   cinco  (5)  años  de  tal  acción  se  cumplió  el 29 de diciembre de 2006,  circunstancia  que  así impone declararlo y que determina disponer la cesación  de   procedimiento   respectiva   por   tal   comportamiento   a  favor  de  los  enjuiciados.   

Como  la  cesación  de procedimiento por la  declaración  de  prescripción de la acción penal derivada del delito de hurto  simple  tiene  incidencia  en  los  aspectos  punitivos  del fallo impugnado, se  deberá  redosificar  la pena impuesta solamente respecto de FONTECHA MERCHÁN y  CASTAÑEDA  ANGARITA  al  excluirlo de la dosificación fijada, quienes entonces  sólo  quedarán condenados como coautores penalmente responsables del delito de  homicidio agravado.   

En  este  caso, el juzgado de primer grado  respecto  de  los  procesados  EDWAR  DARÍO FONTECHA MERCHÁN y OMAR CASTAÑEDA  ANGARITA  ubicado en el primer cuarto punitivo del delito de mayor entidad, esto  es,  el homicidio agravado, partió del mínimo de trescientos (300) meses a los  que   adicionó   diez  (10)  meses  más  ante  la  gravedad  y  modalidad  del  comportamiento,  y  por razón del hurto calificado y agravado les impuso veinte  (20)  meses,  para  un total de trescientos treinta meses (330) de prisión. Por  lo  tanto, se retirarán esos veinte (20) meses para fijar en definitiva la pena  en trescientos diez (310)  meses de prisión.   

Respecto  de  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA al  haber  sido condenado únicamente por el delito patrimonial ante la cesación de  procedimiento  por  prescripción  de  la  acción penal no se hace necesario la  redosificación  punitiva,  pero  el juez de primera  instancia  procederá a la cancelación de los compromisos adquiridos        por        el  citado  procesado  en  razón  de este diligenciamiento, los  registros  y  anotaciones  originados  por el mismo y  devolverá  la  caución  que  prestó  para  hacerse  merecedor a la libertad provisional.   

Como consecuencia  de  lo  anterior,  se  deberá  también declarar la prescripción de la acción  civil,  por  lo  tanto  se  excluirá de la indemnización de perjuicios la suma  equivalente  a  diez  (10)  salarios mínimos legales mensuales fijada para cada  uno  de  los  procesados  por  concepto  de daños materiales, debiendo entonces  FONTECHA  MERCHÁN  y  CASTAÑEDA  ANGARITA  responder  solamente  por  la  suma  equivalente  a  cincuenta  (50)  salarios mínimos legales mensuales como daños  morales derivados del delito de homicidio agravado.   

Finalmente, en lo que respecta a la solicitud  de   compulsación   de   copias  con  destino  a  la  Fiscalía  que  eleva  la  representante  del Ministerio Público, se accederá únicamente en lo que tiene  que   ver   con  la  situación  de  Jeinyr  Alonso  Quintero  Romero  dado  que  efectivamente  se  ordenó  su  vinculación  penal  para  lo  cual se libró la  respectiva  orden  de captura, pero no se materializó mediante su indagatoria o  declaración  de  persona ausente, sin que tampoco se advierta que haya ocurrido  un   cierre  parcial  de  la  investigación  que  lo  haya  excluido  de  éste  diligenciamiento,  por  lo  tanto,  el  juez  de  primer  grado  procederá a la  compulsación  correspondiente  a  fin  de  que  la  misma fiscalía instructora  continúe    la    investigación    que   inició   en   contra   de   Quintero  Romero.   

De  otro lado, lo que refiere la Procuradora  acerca  de  que  en  la  providencia mediante la cual se resolvió la situación  jurídica  de  los  procesados  se  incluyó el delito de porte ilegal de armas,  pero  la  resolución  de acusación no lo abarcó, además de que no constituye  desafuero  procesal  alguno  si se tiene en cuenta que ante la desaparición del  cadáver,  toda vez que fue arrojado al río Lebrija sin que se haya encontrado,  la  materialidad  de  tal  ilícito se dificulta, pero se muestra innecesaria la  compulsación  de copias, por cuanto la acción penal derivada para tal conducta  punible estaría prescrita.   

Por  último,  en  la otra irregularidad que  denuncia  la representante del Ministerio Público sobre la situación jurídica  de  Miguel  Ángel  Reyes  Carrascal,  si  bien  en  la  parte  resolutiva de la  calificación  sumarial  no  se  hizo  expresa  alusión  a  que se precluía la  investigación  en  su favor por el delito de receptación, tal y como se había  concluido  en  la parte motiva, ha de entenderse tal decisión ante el carácter  vinculante  de  la  inclusión  de  su  análisis  en  la providencia que denota  claramente  que  la  voluntad expresa del instructor fue excluir al procesado de  los   hechos   investigados   por   no   advertir   algún   compromiso  en  los  mismos.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.          No casar el  fallo  por  razón  de  los  cargos  formulados  por el defensor de EDWAR DARÍO  FONTECHA    MERCHÁN,    OMAR   CASTAÑEDA   ANGARITA   y   ROBINSON   CABALLERO  MURCIA.   

2.               Casar  de  oficio  y parcialmente el  fallo  impugnado  en el sentido de marginar del delito de hurto la circunstancia  calificante  y  las  causales  de agravación especificas deducidas en contra de  los   procesados,   por   no   haber   sido   incluidas  en  la  resolución  de  acusación.   

3.            Precisar  que,  como  consecuencia  de  lo anterior, al quedar el delito patrimonial en un hurto  simple la acción penal derivada del mismo ha prescrito.   

4.            Cesar    procedimiento,  por  lo  tanto,  en  favor  de  EDWAR  FONTECHA  MERCHÁN, OMAR  CASTAÑEDA  ANGARITA  y  ROBINSON  CABALLERO  MURCIA  por  el  delito  de  hurto  simple.   

5.               Concretar  que, por razón de la cesación de procedimiento aquí  dispuesta,  la  pena  principal  impuesta a los procesados EDWAR DARÍO FONTECHA  MERCHÁN  y  OMAR  CASTAÑEDA  ANGARITA, al quedar condenados como coautores del  ilícito   de  homicidio  agravado,  es  de  trescientos  diez  (310)  meses  de  prisión.   

6.             Declarar  la  prescripción  de  la  acción  civil  derivada  del  delito de hurto simple, en  consecuencia,  eliminar  de la indemnización de perjuicios la suma de diez (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales  fijada  en  el fallo de primer grado por  concepto de daños materiales.   

7.            Precisar,  que  corresponde   al  juez  singular  proceder  a  cancelar  tanto  los  compromisos  adquiridos  por  ROBINSON  CABALLERO MURCIA por razón de este diligenciamiento,  los  registros  y  anotaciones  originados por el mismo, así como devolverle la  caución  que prestó para hacerse merecedor a la libertad provisional. También  dará  cumplimiento  a  la  compulsación  de  copias aquí ordenada para que la  fiscalía  instructora  continúe  la  investigación  que  inició en contra de  Jeinyr Alonso Quintero Romero.    

8.            Indicar  que a  favor  de  Miguel Ángel Reyes Carrascal se precluyó la investigación mediante  providencia  calificatoria  emitida  por  la  Fiscalía  el  7  de  noviembre de  2001.   

9.            En  lo  demás,  el  fallo  impugnado se  mantiene incólume.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                      MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZALÉZ             DE  L.                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                              JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *