26272(23-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26272  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.133  

Bogotá,  D.C., veintitrés (23) de noviembre  de dos mil seis (2006).   

VISTOS:  

Mediante  sentencia dictada el 24 de mayo del  año  en  curso, el Juzgado 8º Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  Medellín,  condenó  a  JAIME  ANDRÉS CANO CANO y a MANUEL SALVADOR VÉLEZ  VÉLEZ  a  las  penas  principales de 33 y 35 meses de prisión y multa de 1.4 y  1.5  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, respectivamente, precisando  que  la  sanción  pecuniaria  debería  amortizarse  con  trabajo.  Les  impuso  también  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas por el período de la privación de la libertad, en calidad  de coautores  del delito de porte de estupefacientes.   

A  los  dos  sentenciados  se  les  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Apelada la decisión anterior por la defensora  de  los  sentenciados,   en  fallo  del  28  de junio del presente año, el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la reformó en el sentido de imponer a MANUEL  SALVADOR  VÉLEZ  33  meses  de  prisión  y  multa  de 1.4 salarios mínimos en  mensuales legales, y la confirmó en lo demás.   

Impugnado  en  casación  el fallo de segundo  grado, procede la Sala a calificar la demanda sustentatoria.   

LOS HECHOS:  

El Tribunal los sintetizó así:  

“Varios  agentes  adscritos  a  la policía  nacional  habían  establecido  en el barrio Santa Fe de esta ciudad, carrera 52  con calle 25, un retén móvil el 28 de abril último.   

“Pasadas   las   cinco   de   la  tarde,  sorprendieron  a los individuos Jaime Andrés Cano Cano y Manuel Salvador Vélez  llevando  consigo,  estratégicamente  camuflada,  nada menos que 22.9 gramos de  cocaína   y   864.3   gramos   de   marihuana,   a  más  de  14  pastillas  de  benzodiacepina.   

“Fueron  aprehendidos  en  flagrancia  y  dejados  a  disposición  de  la  fiscalía  que  en  punto  se  esmeró  por la  legalización  de  la  captura  y de la incautación de esas sustancias. Tras la  formulación  de  la  pertinente  imputación,  esas  dos  personas manifestaron  voluntariamente  su  culpabilidad,  razón  por  la  cual  la  carpeta  pasó de  inmediato   a   la   judicatura   de  la  ciudad  para  los  efectos  procesales  restantes”.   

LA DEMANDA :  

En  escrito  de  difícil  comprensión,  la  defensora  común  de  los  sentenciados  MANUEL  SALVADOR VÉLEZ VÉLEZ y JAIME  ANDRÉS  CANO  CANO hace una exposición de la actuación procesal; cuestiona la  sentencia  de  primer grado por haber impuesto mayor pena al primero amparada en  la  existencia  de  antecedentes,  pues  tal  proceder  le parece violatorio del  derecho a la igualdad.   

Asimismo  se muestra inconforme porque a los  procesados  no  se  les otorgó la libertad, ni la prisión domiciliaria, pese a  que  al  momento  de  la  comisión del delito, tal como lo imputó la Fiscalía  sólo   llevaban   consigo   estupefacientes,   pero   no   los   traficaban  ni  transportaban,   pues   al   respecto  el  ente  acusador  no  aportó  pruebas,  “es   decir,   no  se  presentó  una  estadística  cuantitativa  de  cuantas  (sic)  personas  que  han sido judicializadas con sus  comportamientos  de  estos  sujetos  procesales, es decir, que el señor juez no  podrá  agravar la pena por circunstancias ajenas a su voluntad, sino conforme a  las  normas  existentes,  sustanciales  y  procesales  de  nuestro  ordenamiento  jurídico”.   

Acto  seguido,  se  refiere  de  nuevo  a la  “pena domiciliaria”   para  agregar  que “en este caso hablamos de 33 meses  lo  que  representa  menos  de  tres  años  y  en  el otro caso fueron 35 meses  también  inferior  a  tres  años.  Debe entenderse señor Magistrado que a mis  defendidos  les  procede  el  principio  de favorabilidad que la ley permite, en  casos  de  allanarse,  donde  mis defendidos han dejado de reclamar sus derechos  fundamentales  constitucionales  como son: el debido proceso, la presunción, el  derecho  de  contradicción  y  el  de inocencia para dar paso a decidir libre y  voluntariamente  a  declarar  la  existencia  de  unos  delitos, amparados en el  principio   de   favorabilidad,   a  su  ves  (sic)  evitar  un  desgaste  a  la  justicia”.   

Se refiere al trámite de la apelación de la  sentencia  de primer grado y a la decisión adoptada por el Tribunal Superior de  Medellín,   específicamente  a  los  argumentos  expuestos  para  mantener  la  negativa        de        la        “detención  domiciliaria”      y      pide      “encarecidamente”   se le conceda  a  JAIME ANDRÉS CANO CANO, en atención a que se trata de una joven de 19 años  de  edad,  con  poca  experiencia en la vida, campesino y de escasa escolaridad,  pues  la  cárcel  no  es  el  medio adecuado para su resocialización. Además,  cumple  con  todos  los requisitos señalados en el artículo 324 del Código de  Procedimiento  Penal  y  durante el trámite de la actuación, que permanecieron  en  detención domiciliaria, tanto él como MANUEL SALVADOR estuvieron atentos a  los  llamados  de  la  justicia, pese a que se les advirtió que podrían quedar  privados de la libertad.   

Reitera  que  tanto  el Juez de primer grado  como   el  Tribunal  actuaron  arbitrariamente  al  negar  la  libertad  de  sus  representados,  no  obstante  satisfacer  los  presupuestos para la “detención  domiciliaria”,  y concluye  que  los fallos de primero y segundo grados no tuvieron un criterio equitativo y  proporcional,  como  que  sus dos defendidos cumplen también con los requisitos  de  arraigo  a  la comunidad, sentido de familia y domicilio permanente y fueron  condenados a penas que superan los 5 años.   

Solicita,    entonces,    “les     sea     concedida     la     medida     de     detención  domiciliaria”  a los sentenciados JAIME ANDRÉS CANO  CANO y MANUEL SALVADOR VÉLEZ VÉLEZ.   

Como  sustento  de su petición en relación  con  JAIME  ANDRÉS  CANO  CANO  anexa  prueba  testimonial  y pide “enviar  el  recurso  de  casación  a  la Corte Constitucional de  Bogotá y proceder al trámite correspondiente”.   

CONSIDERACIONES:  

La  confusión argumentativa y conceptual que  se  observa  en el escrito que a manera de demanda ha presentado la defensora de  los  sentenciados  JAIME  ANDRÉS  CANO  CANO y MANUEL SLAVADOR VÉLEZ VÉLEZ no  permite a la Corte decisión diferente a la de su inadmisión.   

En efecto, sin enunciar siquiera alguna de las  causales  previstas  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, como motivos de  procedencia  de  casación,  a  través de las cuales se pretende de la Corte un  control  constitucional  y  legal  contra la sentencias de segunda instancia, la  apoderada  de  los  sentenciados  presenta una serie de numerales atinentes a la  secuencia  de  la actuación procesal quejándose de manera confusa acerca de la  negativa  de  la  “pena  domiciliaria”, que indistintamente refiere también  como  “detención  domiciliaria”  y  lo  que  resulta  más  desconcertante,  termina    pidiendo    que    la    actuación   sea   remitida   a   la   Corte  Constitucional.   

Todo  lo anterior, a no dudarlo, acredita con  amplitud  el  total  desconocimiento  que  la  recurrente  tiene  en  materia de  jurisdicciones,   institutos   como   la   detención  domiciliaria  y  prisión  domiciliairia y desde luego del recurso de casación.   

Por ello, no está de más precisarle que por  mandato  de  la  propia  Carta  Política,  la  Corte  Suprema de Justicia es la  máximo  organismo  de la jurisdicción ordinaria y en esa condición su primera  función,   acorde   a  lo  dispuesto  en  el  numeral  1º  del  artículo  235  íb.  es  la  actuar  como  “tribunal  de  casación”;  mientras  que,  la  Corte  Constitucional  es la  máxima autoridad de la jurisdicción constitucional.   

Y  si  bien  a  las  dos  corporaciones  les  corresponde  la  protección  de los derechos constitucionales, como es deber de  todas  las  autoridades del país, cada una de ellas ejerce sus funciones dentro  de  un  ámbito  de  competencia  limitado.  La  Corte Suprema de Justicia, y en  particular  la  Sala  de  Casación  Penal,  lo  hace  de  manera interna en los  procesos  penales, como así lo recordó la Corte Constitucional en la sentencia  C-590 de 2005, al precisar que:   

“En  ese  sentido,  el recurso de casación  constituye  un  mecanismo  extraordinario e interno de control jurisdiccional de  la  legalidad  de  los  fallos.   Se  trata de un mecanismo de control, por  cuanto  a  través  de él se asegura la sujeción de los fallos judiciales a la  ley  que los gobierna.  Es extraordinario, por cuanto se surte por fuera de  las  instancias  en  tanto  no  plantea  una  nueva consideración de lo que fue  objeto  de debate en ellas, sino un juicio de valor contra la sentencia que puso  fin  al  proceso  por  haberse  proferido  con  violación  de  la ley.  Es  interno,  por  cuanto  se  surte  al  interior  de cada jurisdicción, siendo el  competente   para  tramitarlo  y  resolverlo  el  Tribunal  de  Casación.   Finalmente,  implica  un  juicio  de  valor  que  exige  la confrontación de la  sentencia con la ley”.   

En  esa  medida,  el recurso de casación, no  obstante  su  finalidad y la flexibilidad con la que fue concebido en la Ley 906  de  2004, sigue siendo reglado, esto es, sujeto al cumplimiento de un mínimo de  presupuestos  de lógica que obedecen a su propia dialéctica, pues es un juicio  constitucional  y  legal  a  una  sentencia  mediante la cual se han agotado las  instancias  ordinarias. De ahí que las causales de procedencia sean taxativas y  correspondan,  cada una de ellas a un fundamento teórico determinado, que deben  en   todo   caso   exponerse,  como  lo  manda  el  artículo  183  íb. “de manera  precisa y concisa”.   

En el escrito objeto de estudio por la Sala no  se  cumple  ni lo uno ni lo otro. De manera indistinta la casacionista cuestiona  el  fallo  de  primer  grado en cuanto a la pena impuesta MANUEL SALVADOR VÉLEZ  VÉLEZ,  sin  considerar que en la sentencia de segunda instancia el Tribunal la  redujo  tasándola  en  el  mismo  quantum  en  que  le  fue  determinada  a  JAIME  ANDRÉS  CANO CANO, y por  supuesto,  la  censora  tampoco  repara  en  que es la segunda de las decisiones  mencionadas la que es objeto del recurso.   

Por  último,  las  quejas  en  cuanto  a  la  negativa  de  la  “detención  domiciliaria”  dejan  al  descubierto  que la  petente  no  diferencia  entre dicho instituto y el de la prisión domiciliaria,  que  sería el predicable en este caso en atención a que se trata de un proceso  en  el  que  se profirió sentencia y sus fines tienen que ver con la ejecución  de  la pena, cuyos presupuestos de procedencia corresponden a un ámbito diverso  a los de la detención domiciliaria.   

En  ese orden, y en el evento de entender que  se  trató de un lapsus calami  de  la  libelista  referirse a la detención domiciliaria cuando lo que pretende  es  la  prisión  domiciliaria  a  favor de sus representados, y que la queja se  remite  al  cumplimiento  de  los  requisitos  señalados en el artículo 38 del  Código  Penal,  lo  cual  no dejaría de ser especulativo porque ni siquiera se  menciona  dicha preceptiva, lo cierto es que, como no se propuso cargo alguno, y  tampoco  demostró  ninguna de sus afirmaciones, la Corte carece de elementos de  juicio  para pronunciarse al respecto, y menos para suplir esa deficiencia de la  demanda  y  entrar  a  escoger  cuál  de  los  motivos de casación resultaría  alegable,  máxime  que a la postre el escrito se reduce a una súplica para que  se  acceda  a  tal  instituto,  ya que aparte de las escuetas afirmaciones de la  recurrente, no se acreditó yerro alguno en la decisión atacada.   

De igual manera, tampoco encuentra la Sala que  en  el  presente  caso  se  consolide  una  situación  que  permita superar los  defectos  de la “demanda” para emitir fallo de fondo para cumplir cualquiera  de los fines de la casación.   

Cuestión final.  

Habida  cuenta  que  contra  la  decisión de  inadmitir  la  demanda  de casación presentada a nombre de los procesados JAIME  ANDRÉS  CANO  CANO y JUANM ANUEL SALVADOR VÉLEZ VÉLEZ procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la Sala ha definido  las   reglas   que   habrán   de   seguirse   para  su  aplicación1,    como  sigue:   

a)  La  insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo  decido.  También podrá ser provocado oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  no hubiera sido interpuesto por el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado que no haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b) La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  o  ante  uno  de  los  Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados que  no haya intervenido en la discusión.   

         

c)  Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.  No  admitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los  procesados  JAIME  ANDRÉS  CANO  CANO  y MANUEL  SALVADOR  VÉLEZ VÉLEZ.   

2.   Contra   esta   decisión  procede  la  insistencia.   

3. En firme esta determinación, devuélvanse  las diligencias al Tribunal de origen.   

Notifíquese y cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                         MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                                 

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                 YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

Comisión de servicio  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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