25731(19-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25731  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta  N° 073  

Bogotá,  D.  C., diecinueve (19) de julio de  dos mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  HÉCTOR DARÍO SUÁREZ BOTERO.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“El 15 de enero de  2002,   arribó  el  señor  HÉCTOR  DARÍO  SUÁREZ  BOTERO   al  aeropuerto  José  María  Córdoba  de  Rionegro  (Ant.),  en el vuelo proveniente de la República de Panamá. Y al ser  registrado  su  equipaje  y confrontado su contenido con el acta de declaración  de  mercancía y dinero N° 1237453 suscrita por él, se estableció que en ella  no  figuraba  registrada para efectos de legalización la mercancía consistente  en  varias  alhajas  confeccionadas  con  oro  italiano, avaluadas en la suma de  $138.000.000,oo,  razón  por la cual se le incautó, habiéndosele impuesto una  sanción   administrativa   aduanera   e   iniciándose   el   presente  proceso  penal”.   

2.   La  Fiscalía  Cuarta  de la Unidad  Seccional  Especializada  en  Delitos  de Contrabando y Evasión de Impuestos de  Bello  (Antioquia),  el  5  de  noviembre  de  2004,  profirió  resolución  de  acusación   en   contra  de  Héctor  Darío  Suárez  Botero,   por  el  delito  de  contrabando,  conducta  prevista  en  el  inciso segundo del artículo 319 del Código Penal (Ley 599 de  2000),  norma  vigente  para la época de los hechos (15 de enero de 2002) y que  contempla  pena  de prisión que oscila entre 5 y 8 años de prisión, decisión  que  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Antioquia,   según   providencia   del   8   de  febrero  de  2005.     

3.  El Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Rionegro,  mediante  sentencia  fechada  el  14  de julio de 2005 condenó a  Héctor Darío Suárez Botero  a  las  penas  principales  de  5  años  de  prisión y multa de 1.500 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y a la accesoria de rigor, como autor del  delito  de  contrabando  imputado en la resolución de acusación. Así mismo se  le sustituyó la prisión por la prisión domiciliaria.   

4.  Apelado  el  fallo  por  la defensora del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  el  2  de  marzo de 2006, lo  confirmó.  Contra  esta  determinación,  la mencionada profesional del derecho  interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

La   defensora   del  procesado  Suárez  Botero,  luego de identificar a  los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos y de relacionar la actuación  procesal,  al  amparo  de  las causales tercera y primera de casación, presenta  dos cargos contra la sentencia de segunda instancia, a saber:   

Primer  cargo   

Acusa  a  los  juzgadores  de  haber  dictado  sentencia  en un juicio viciado de nulidad por transgresión el debido proceso y  el  derecho  de  defensa,  consagrados  en los artículos 29 de la Constitución  Política y 8° del Código de Procedimiento Penal.   

Refiere  que la Fiscalía Cuarta Seccional de  Rionegro  dispuso  la  apertura  de  investigación  previa  por  el  delito  de  “favorecimiento  de contrabando. Consecuente con lo  anterior,  el  señor SUÁREZ BOTERO fue escuchado en versión libre, en el cual  se  le  hizo  saber que la conducta investigada podría encuadrar en los delitos  de  favorecimiento  de  contrabando  y/o  contrabando.  Culminó  la indagación  preliminar    con    apertura    de    instrucción    por    el    delito    de  contrabando”.   

No  obstante,  dice  que  en la diligencia de  indagatoria  la  Fiscalía  formuló  cargos  en  contra  de su procurado por el  delito       de       “favorecimiento       de  contrabando”,  luego  de  lo  cual y consecuente con  dicha   imputación   se   abstuvo   de  resolver  la  situación  jurídica  y,  posteriormente,  sin  que  mediara  prueba  sobreviniente  a  la indagatoria que  modificara  la  “base  fáctica  de  la imputación  jurídica  provisional”, clausuró la investigación  y  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra  de  Suárez  Botero  por  el  delito       de       “contrabando”, resolviendo  su situación jurídica.   

Teniendo  en  cuenta lo anterior, asevera que  durante  toda  la investigación la fiscalía mantuvo el cargo de favorecimiento  de  contrabando,  siendo  frente  a  esa  punible  que el sindicado elaboró las  estrategias defensivas a lo largo de la instrucción.   

Por  lo  tanto,  afirma  que el derecho a ser  informado  del  cargo  por  el  cual se procede, no puede ser un mero formalismo  sino  una verdadera garantía que efectiviza el derecho de defensa, en la medida  en  que  sólo  a  partir del conocimiento de la imputación jurídica es que el  sindicado  puede seleccionar su estrategia defensiva, derecho fundamental que en  este  caso  se  vio  afectado,  pues  su  procurado  no  tuvo  la oportunidad de  “conocer  durante  el  sumario  que  en realidad se  habría  de  proceder  por un delito de contenido y consecuencias punitivas más  gravosas  que  aquél  por  el  cual  fue  indagado”,  resultando  privado  de  la  posibilidad de optar por decisiones que le habrían  permitido   acceder   a   beneficios  legales,  “en  particular  el  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  condena,  posibilidad  con  la  que  teóricamente  contaba  bajo la imputación  jurídica     efectuada    en    la    diligencia    de    descargos”.   

“En   otras  palabras,  dado  que en la diligencia de indagatoria al señor SUÁREZ BOTERO se  le  hizo  saber  que  estaba  siendo  vinculado  a la actuación procesal por el  delito  de  favorecimiento  de contrabando, para el sindicado la amenaza de pena  oscilaba  entre  uno  y  cinco  años  de prisión, razón por la cual resultaba  absolutamente  innecesario abordar desde la órbita de la defensa la posibilidad  de  ser  condenado  por una sanción que le impidiese gozar del subrogado penal,  porque  ante  la  inexistencia  de circunstancias de mayor punibilidad y, por el  contrario   la   constatación  de  otras  de  menor  punibilidad  (hacer  cesar  voluntariamente  los  efectos  nocivos  del  delito), en el peor de los casos la  pena  a  imponer  no superaría los 36 meses de prisión. De tal suerte que bajo  ese  contexto  terminar  irregularmente  el  proceso  renunciando  al  derecho a  continuar   defendiéndose,   no   le   habría   representado  ninguna  ventaja  significativa,  si  se  tiene  en  cuenta  que  la  ejecución de la hipotética  sanción  se habría suspendido por el término de dos años, independientemente  de   si   el   monto   de   la  pena  impuesta  hubiese  sido  menor”.   

Por  consiguiente,  estima  que  desde  ese  panorama  es  que  se  entiende  por  qué  la  fiscalía  incurrió en yerro al  efectuar  el  proceso  de  adecuación jurídica de la conducta y su consecuente  denominación  jurídica  en  la  indagatoria,  obstaculizando  de esa manera el  derecho  de  defensa  de  su  defendido  en  la instrucción, motivo por el cual  solicita  a la Corte casar el fallo impugnado y, en su lugar decretar la nulidad  de   la  actuación  a  partir  del  cierre  de  la  investigación,  inclusive.   

Segundo  cargo   

Con  fundamento  en la causal primera, cuerpo  primero,  de casación, acusa la sentencia de ser violatoria, de manera directa,  del   artículo   27   de  la  Ley  599  de  2000,  por  falta  de  aplicación,  “al   haber   dado  por  consumado  el  delito  de  contrabando…,   no   obstante  que  el  mismo  apenas  alcanzó  el  grado  de  tentativa”.   

Luego de transcribir un párrafo del fallo del  Tribunal,  de citar el artículo 27 del Código Penal, de hacer unos comentarios  conceptuales  del  instituto  de  la tentativa y de examinar la descripción del  tipo  penal  de  contrabando,  previsto  por el artículo 319 ibidem, afirma que  dado  los  hechos  por  los  cuales  fue  procesado  su  representado,  los  que  consistieron  en  arribar  del  exterior  al  aeropuerto  José  María Córdoba  trayendo  consigo  mercancías  por valor superior a 100 salarios mínimos, debe  admitirse  que  la  modalidad  de  comisión  del  delito  no corresponde con la  “introducción  por lugar no habilitado”,   sino   a   la   importación   al  territorio  colombiano  de  mercancías,  las  cuales  se  ocultan,  disimulan  o  se  sustraen  del control  aduanero.   

Dice  que  el  contrabando  es  un  delito de  resultado,  toda  vez  que  para  su  realización  el  sujeto debe efectuar una  sucesión  de  actos  encaminados  a  ese  fin,  como es la introducción de las  mercancías  ocultándolas o sustrayéndolas del control aduanero, de tal suerte  que  para  su  realización se debe adelantar un camino hasta su agotamiento, el  cual   sólo   se   logra   efectivamente   cuando   el  individuo  importa  las  mercancías.   

Frente  a ello, sostiene que la construcción  dogmática  realizada  por  el  tribunal  no  es  acertada, toda vez que en ella  “hay   un   elemento   fáctico   extraño   a  la  descripción      típica      del      delito,     a     saber     ‘descubrimiento  de las mercancías en  el  equipaje del viajero’;  mientras,      de      otro     lado,     parece     asimilarse     ‘la    intervención    y    control  aduanero’     al  diligenciamiento  del  formato  conocido  bajo  el  nombre  de  Declaración  de  Viajero.  Bajo  esa  concepción,  entonces, la conducta típica consistiría en  ‘habiendo si descubierto,  importar  mercancías  sin  declararlas  en el formulario respectivo’.  De  ahí  que,  por ejemplo, si el  viajero  no  es  descubierto,  no  se  tipificaría  el delito de contrabando ni  siquiera  en  el  grado de tentativa. En realidad la motivación de la sentencia  acusada  es un fenómeno aparejado a la captura o incautación (flagrancia) y no  a     la     sistemática     propia     de    este    tipo    penal”.   

Después  de  explicar  el  significado de la  palabra  “intervención”  (intervención  y  control  aduanero)  y  de examinar el vocablo “control”     y     la    conjunción  “y”,  refiere  que  es  claro  que  la  prescripción de la norma exige que la conducta del agente evite  tanto  la  intervención como el control, es decir, que eluda la “la  toma en parte de las autoridades aduaneras y la comprobación o  inspección   que   ellas   pueden   realizar   en   el  lugar  donde  ellas  se  efectúan”.   

“Admítase  en  gracia  de  discusión  que  el  documento de declaración de viajero constituye  inicio  de intervención aduanera por parte del estado en la medida en que éste  puede  suscitar la intromisión de las autoridades para efectos de control. Pero  por  sí  mismo  dicho  documento  no  agota el tipo, toda vez que de un lado no  representa  la  intervención  estatal misma ni trae aparejada la comprobación,  pues  esta última acción implica la confrontación física de lo consignado en  el  documento.  Así  las  cosas,  lo  que sanciona el artículo 319 del Código  penal  es  la  introducción  de mercancías al territorio nacional eludiendo no  sólo  la  intromisión estatal  aduanera, sino también y fundamentalmente  la  inspección  de  las  mercancías  por  quienes  están  autorizados para el  efecto.  Prueba  de  todo  lo anterior, es que hipotéticamente hablando podría  ocurrir  que  el  agente  que  ha  declarado no traer mercancías para evitar la  intervención  y  control  aduaneros,  decida  al momento de arribar ante dichas  autoridades  declarar  las  mismas  y  pagar  los  importes pertinentes. En este  último   caso,   aunque   hubo   un  acto  preparatorio  (diligenciamiento  del  formulario)      la      conducta      no      sería      delictiva.   

“Desde   esa  perspectiva  quien realiza actos idóneos inequívocamente dirigidos a burlar la  intervención  aduanera,  pero  no  logra  por  motivos  ajenos  a  su  voluntad  franquear  dicha  interferencia  y  el  control vinculado a la misma, aun cuando  efectuó  actos  preparatorios  idóneos, la acción no agota la totalidad de la  descripción  del artículo 319, valga la redundancia, porque no pudo evitar que  se  cumpliera  la  comprobación  o inspección aduaneras, misma que son las que  dan    al   traste   con   la   culminación   del   iter   criminis”.      

En consecuencia, dice que como su procurado no  pudo  introducir  al  país  las  mercancías  a  pesar  de  que haya tratado de  traspasar  los  controles  aduaneros  ocultando las mismas, resulta obvio, en su  criterio,  que la conducta lo fue en grado de tentativa, toda vez que la acción  no   se   produjo   por    causas    ajenas    a    su   voluntad,    razón    por   la   cual   solicita   a   la   Corte  casar el fallo impugnado y, en su lugar, dictar el que  en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Observa la Sala que en este caso no procede el  recurso extraordinario de casación.   

En  efecto,  como  quedó   plasmado   en  los antecedentes  de  esta providencia,   el   procesado   Héctor   Darío   Suárez   Botero   fue  condenado   por     el     delito    de    contrabando    que   describe   abstractamente  el  artículo  319,  inciso segundo, del Código  Penal  (Ley  599  de  2000),  conducta   punible   que   se   cometió   bajo  su  vigencia, norma que contempla una pena privativa de la  libertad que oscila entre cinco (5) y ocho (8) años.   

Así  mismo,  el artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000) dispone que el recurso extraordinario de  casación  procede contra sentencias de segunda instancia dictadas, entre otros,  por  los  Tribunales Superiores de Distrito Judicial por delitos que tengan pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo exceda de 8  años.   

En    esas    condiciones,   en   el   evento   que  ocupa  la  atención   de   la   Corte   y   teniendo   en   cuenta   que,     como     se    indicó,    los    hechos   ocurrieron    bajo   la  vigencia   de   la   Ley   600   de   2000,   resulta  evidente colegir  que   el    recurso    de   casación   no   procedía,   toda    vez    que   la  conducta   punible   por   la   que   fue   condenado   el   procesado       Héctor      Darío      Suárez      Botero,    el   máximo    de   pena   privativa   de   la libertad  no  excede   los  ocho  (8)   años,  como  así lo impone el citado  artículo 205 ibidem.    

De   otra   parte,   se   advierte     de     manera     clara    que    la   libelista     no    interpuso     el     recurso    de   casación   excepcional,   pues   revisado  el  escrito  por     medio     del    cual    manifestó    su   inconformidad     contra    la    sentencia    de   la   Sala   de   decisión   Penal  Tribunal  Superior   de   Antioquia  y  la  demanda,  se  observa   que    no   hizo    mención    alguna   a   este   discrecional   medio   de   impugnación,  motivo  por   el     cual    la    Corte,    en   virtud    del   principio   de  limitación,  no puede  entrar  a   reemplazar    a    la    demandante    en   estos   aspectos.   

Por    consiguiente,    la   demanda   se  inadmitirá.   

Por  último,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora de  HÉCTOR DARÍO SUÁREZ BOTERO.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JAVIER    ZAPATA    ORTIZ                                                        TERESA RUIZ NUÑEZ   

                                                                                         Secretaria   

    

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