19888(28-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19888   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 107.  

          Bogotá   D.C.,   septiembre   veintiocho   (28)  de  dos  mil  seis  (2006).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  5  de  septiembre  de  2001, mediante la cual lo condenó a la pena principal de  treinta  y  nueve  (39)  años  y  seis  (6) meses de prisión como determinador  penalmente  responsable del concurso material homogéneo de delitos de homicidio  agravado   en   Fernando   Celis   Franco     y     Juan     Guillermo    Acosta  Botero,  decisión  que revocó el fallo dictado el 17  de  abril  de  2000 por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad  que  lo  había  absuelto de los cargos que por los referidos delitos le habían  sido formulados.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto  no casar la sentencia impugnada en  cuanto  se  refiere a los cargos “primero al séptimo  principales  y  primero  subsidiario”,  pero casarla  respecto  del cargo segundo subsidiario, esto es, por la presencia de errores en  la dosificación de la pena.   

HECHOS  

Aproximadamente a las diez de la noche del 2  de  enero  de  1997,  en  terrenos  de la finca La Brasilia ubicada en la vereda  Puerto  Espejo  del municipio de Armenia, agentes de la estación de policía de  dicha   localidad   encontraron   que   los  cuerpos  de  quienes  luego  fueron  identificados  como  Fernando Celis Franco     alias     “El    Mono”     y    Juan    Guillermo    Acosta  Botero,  eran consumidos por las llamas, motivo por el  cual  hicieron  lo  necesario  para  conseguir  que  no  fueran destruidos en su  totalidad e informaron de ello a las autoridades.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La Fiscalía Seccional de Armenia dispuso la  correspondiente  indagación  preliminar  y luego de practicadas algunas pruebas  ordenó  la  remisión  de  las  diligencias  a  esta  Sala, al advertir que las  sindicaciones  recaían  contra  CARLOS ALBERTO OVIEDO  ALFARO, quien ostentaba la condición de Representante  a  la  Cámara  por el Departamento del Quindío y por ello, tenía el carácter  de  aforado  de  conformidad  con lo establecido en el artículo 235 de la Carta  Política.   

El 19 de agosto de 1997 el Magistado Ponente  de  esta  Sala  declaró abierta la instrucción, en cuyo desarrollo se vinculó  mediante   indagatoria   a   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  ALFARO y le fue resuelta su situación jurídica el 21  de  abril  de  1998  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  determinador  del concurso de  delitos de homicidio agravado objeto de investigación.   

          Cerrado  el  ciclo  instructivo  e interpuesto sin éxito recurso de  reposición  por parte de la defensa contra tal providencia, esta Sala calificó  el  mérito del sumario el 16 de diciembre de 1998 con resolución de acusación  en  contra  del  procesado, como presunto determinador del concurso de conductas  punibles que sustentó la medida de aseguramiento.   

Entonces,  se adelantó la fase del juicio y  una  vez  concluida  la audiencia pública, el Consejo de Estado informó acerca  de  la  decisión  por cuyo medio dispuso la pérdida de investidura del acusado  OVIEDO  ALFARO. En razón de  la  pérdida del fuero congresional y en atención a que no se daba un evento de  prórroga  del  mismo  dada  la  naturaleza  de  los  delitos  investigados, tal  circunstancia  impuso  a  la  Sala  ordenar  la  remisión  del expediente a los  Juzgados  Penales  del  Circuito (reparto) de Armenia, habiéndole correspondido  al Juzgado Cuarto de la referida especialidad.   

El mencionado despacho solicitó el cambio de  radicación  a  otro distrito judicial invocando para ello la notoria influencia  “pública,   social,   deportiva,   burocrática  y  particularmente  política”  que  el exparlamentario  ejercía  en  el  Departamento  del  Quindío, petición a la cual accedió esta  Sala  mediante  providencia  del  14 de diciembre de 1999, disponiendo el envío  del  proceso a los Juzgados Penales del Circuito de Bogotá (reparto), donde fue  asignado  al  Juzgado  Veinticinco, que a su vez el 24 de enero de 2000 remitió  el  expediente  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad, dado  que   allí   se   adelantaba   la   etapa   del   juicio   contra  Guillermo   Díez   Alfaro  acusado  como  coautor  del  homicidio  agravado  en  Fernando  Celis  Franco   y  Juan  Guillermo  Acosta Botero.   

Mediante providencia del 31 de enero de 2000  se  dispuso  la  respectiva  acumulación  de  las  causas  y  el  22 de febrero  siguiente  se decretó la extinción de la acción penal adelantada en contra de  Díez  Alfaro en razón de su  fallecimiento.   

          El  17  de  abril  de  2000 el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Bogotá    profirió   fallo   por   cuyo   medio   absolvió   a   CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO de los cargos  que  por  los delitos ya referidos le fueron formulados en la oportunidad en que  se calificó el mérito del sumario.   

Impugnada  la  anterior  sentencia  por  la  Fiscalía  y  el  Ministerio  Público, el Tribunal Superior de Bogotá decidió  mediante  fallo  del  5  de septiembre de 2001 revocar la decisión absolutoria,  para  en  su  lugar  condenar  al acusado a la pena principal de treinta y nueve  (39)  años  y  seis  (6)  meses de prisión, a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por diez (10) años y al pago de la respectiva  indemnización  de  perjuicios al encontrarlo penalmente responsable, en calidad  de   determinador,  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado  de  que  resultaron  víctimas Fernando Celis Franco     y     Juan     Guillermo    Acosta  Botero.   

Contra  la  providencia  de segundo grado el  defensor   de   CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  interpuso  y  sustentó  en  oportunidad recurso extraordinario de  casación.  La  demanda   fue  admitida  por  encontrarse  que  reunía las  exigencias  formales establecidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 y en  el   curso   del   trámite   casacional   se  obtuvo  concepto  del  Ministerio  Público.   

LA DEMANDA  

El impugnante plantea contra la sentencia del  Tribunal   “siete   cargos  principales”  por  violación  indirecta de la ley sustancial determinada por  errores  de  hecho.  Además,  propone dos reproches subsidiarios, uno por falso  juicio   de   legalidad   y   el   otro   por   violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  por  razones  de  método  se  optará a continuación, por hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de  los cargos presentados por la defensa, a  sintetizar  acto  seguido  el  concepto del Ministerio Público respecto de cada  uno  de  ellos  y luego, a exponer los fundamentos de la decisión que habrá de  adoptar   la   Sala   en   relación   con   los   temas   propuestos   por   el  casacionista.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.                         Cargos principales.   

1.1.           Primero:  Error  de  hecho  por  falso  raciocinio  respecto de la declaración de José Faber  Ocampo Cardona.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  defensor  aduce  que  el Tribunal aplicó indebidamente los artículos 323 y 324  del  Decreto 100 de 1980 y dejó de aplicar el artículo 445 del Decreto 2700 de  1991,   pues  erró  al  considerar  que  José  Faber  Ocampo  estuvo  presente en el momento de la comisión  de los homicidios investigados.   

          Al  fundamentar  el  reparo  comienza  por afirmar que el mencionado  ciudadano  declaró  por  lo  menos  cinco  veces durante el proceso; en las dos  primeras  oportunidades no efectuó imputación alguna en contra de CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO, fue sólo en  la   tercera   que   lo  señaló  como  autor  intelectual  de  los  homicidios  investigados,  para  luego  retractarse  de  lo dicho en la cuarta intervención  procesal.   

          Puntualiza  que  erró  el Tribunal al señalar que dicho testigo en  su  primera  declaración formuló cargos contra OVIEDO  ALFARO,  cuando  lo  cierto es que ello ocurrió en su  tercera  intervención;  además, precisa que si de acuerdo con las reglas de la  experiencia  los  testigos  “tienden a ser veraces en  su  primera manifestación”, el Tribunal debió tener  en  cuenta  dicha  versión  inicial,  esto  es, la del 9 de septiembre de 1997,  durante  la cual sólo refirió que tuvo conocimiento de la muerte de su cuñado  Jaime  Hoyos  Ramírez cuando  se   encontraba   en   la   finca   y   recibió  un  mensaje  por  beeper,  amén de que en el pueblo corría  el  rumor  que  el  homicida había sido CARLOS ALBERTO  OVIEDO,   pero  que  desconocía  el  origen  de  tal  afirmación.   

          El   censor   indica  que  de  conformidad  con  las  reglas  de  la  experiencia,  en  su  declaración  inicial el testigo no iba a ocultar algo tan  grave  como  aquello que posteriormente declaró, esto es, que presenció cuando  CARLOS      ALBERTO      OVIEDO      impartió   la   orden   de   causar   la   muerte   a  Fernando   Celis   Franco  y  Juan  Guillermo Acosta Botero, así como su  ejecución   por   parte   de  “Frescolo” y otro individuo.   

También  señala  que en la “segunda  declaración”  de  José  Faber  Ocampo rendida el 2 de enero  de  1998,  éste dijo que era víctima de amenazas por parte de varias personas,  entre    ellas   CARLOS   OVIEDO   ALFARO,  dado  que  junto  con su hermana tenía conocimiento sobre quién  había   causado   la   muerte  de  su  cuñado  Jaime  Hoyos;  de  ello concluye el censor que las relaciones  entre  OVIEDO y Ocampo  eran  prácticamente  inexistentes  para   cuando   se   cometieron  los  delitos  aquí  investigados,  pues  éste  consideraba  que  aquél  era  el  homicida  de su cuñado, además de que no se  averiguó  por  las  amenazas  provenientes  de personas diversas a OVIEDO ALFARO.   

          Adicionalmente  expone que en “su tercera  declaración”,  José Faber  Ocampo  expresó  que  el  autor  de  la  muerte de su  cuñado  Jaime  Hoyos fue un  guardaespaldas  de  CARLOS  OVIEDO  ALFARO,  obedeciendo  órdenes de éste, según lo confesó el sicario que  se  encontraba  en  una  finca  en La Tebaida a donde fue conducido José   Faber   junto   con   su  hermana  Esperanza por un individuo de  apellido   Varela,   alias  “Jabón”,  afirmación  desmentida por su propia consanguínea.   

Concluye  el  casacionista  que  si el autor  material  de  la  muerte  de  Jaime  Hoyos  fue  Fernando  Celis  Franco,     persona     a     quien     CARLOS  OVIEDO   encargaba   de   tales  labores  delictivas,  “es   imposible   admitir   que   en   ‘pago’,  lo mantuviera amarrado como señala  el  testigo  estrella,  y  expuesto  para  que al día siguiente de la muerte de  Jaime    Hoyos,    fuesen    los   ofendidos   a   tomarle   cuentas”;   también   afirma   que  si  el  ejecutor  de  la  muerte  de  Jaime   Hoyos   continúo  trabajando     con    alias    “Jabón”  y  después  lo  mataron  en  la  Virginia,  según  lo declara  José Faber, ello no coincide  con   la   muerte   de   Fernando   Celis  que  se  investiga  en  este diligenciamiento, quien además de no  haber   fallecido   en   dicha   localidad,  era  apodado  como  “Mono”       o       “Balazo”,    y    no    “Jeringa”,    como   el   homicida   de  Hoyos.   

          De  lo  expuesto  deduce el censor que el testimonio de José   Faber   Ocampo  es  fantasioso  y  mentiroso,   razón  por  la  cual  no  debió  ser  tenido  en  cuenta  por  el  Tribunal.   

          Resalta    que    si   Varela   fue   una   de   las   personas   que  amenazaba  a  José  Faber  Ocampo,  no  es creíble que  fuera  aquél  quien  precisamente  lo llevó a entrevistarse con el homicida de  Jaime  Hoyos,  máxime si la  hermana  del  declarante,  esposa  del occiso, al día siguiente de su muerte se  encontraba   hospitalizada   al   resultar  lesionada  con  ocasión  del  mismo  atentado.   

          Reprocha  el  casacionista  que José Faber  Ocampo  también  hubiera declarado que una persona de  apellido  Palomino, familiar  de   su   cuñado,   fue   testigo   del   momento   en   el  cual  CARLOS  OVIEDO  dio  la  orden  de matar a  Jaime   Hoyos,  afirmación  desvirtuada   por  la  declaración  del  mismo  José  Fabián  Palomino, quien dijo no haberse dado cuenta de  ello,   circunstancia  que  en  criterio  del  defensor  pone  de  presente  que  José  Faber  mintió  a  la  administración de justicia.   

          Luego   de  transcribir  apartes  de  la  declaración  rendida  por  José   Faber  en  la  cual  señala    que   estuvo   presente   en   el   momento   en   que   CARLOS  OVIEDO ALFARO dio la orden de matar  a  Fernando  Celis Franco y a  Juan  Guillermo Acosta Botero  y  cuando  Juan  Ernesto Vásquez Corrales,     alias     “Frescolo”  y  un  ayudante de la finca la ejecutaron, el recurrente indica  que  si  para  aquella  fecha, esto es, 2 de enero de 1997, las relaciones entre  OVIEDO  ALFARO y José  Faber  eran  casi inexistentes pues  este   asumía   que  aquél  había  dado  muerte  a  su  cuñado  Jaime  Hoyos,  riñe  con  la  lógica que  CARLOS  OVIEDO permitiera que  José  Faber  presenciara el  doble  homicidio agravado para que tuviera la oportunidad de sindicarlo ante las  autoridades,  más  aún si está demostrado que para aquella fecha José  Faber  se  encontraba en Caucasia y  que  por  la  tarde  estuvo  hospitalizado  en el Centro de Atención Médica de  Urgencias  (CAMU)  de  Buenavista,  Hospital  de  San Nicolás, a trece horas de  Armenia.   

          A  manera de “mendaces manifestaciones de  José   Faber”,   el   casacionista   plantea   las  siguientes:   

          a)        Si     José     Faber     rindió         la        “tercera  declaración”  el  2  de  enero de 1998, esto es, un  año  después  de  tan  graves  hechos, no hay razón para que no recordara con  precisión   la   fecha   y   sólo   afirmara  que  ocurrieron  “en  enero como iniciando año”, cuando de  conformidad   con   las   reglas  de  la  experiencia  un  día  tan  impactante  difícilmente   podría   olvidarse.   Además,   no   aportó  el  número  del  beeper al que dijo se había  comunicado  CARLOS OVIEDO, ni  el  número  telefónico  al  que le respondió su llamado y tampoco señaló en  que  vehículo se transportó, imprecisiones inadmisibles de conformidad con las  reglas   de   la   sana   crítica   como   para   fundamentar   un   fallo   de  condena.   

b)            No  es  cierto lo dicho por José  Faber de que estuvo en compañía de  CARLOS  OVIEDO  cerca de dos  horas  y media el día de los hechos, esto es, “desde  pasadas  las ocho de la noche hasta las once y media”  o  que hubiera sido testigo de la comisión de los homicidios investigados, pues  se  acreditó  mediante  testimonios que el procesado fue recogido el 2 de enero  de  1997  a  las  once  de  la mañana en su casa materna por varios amigos, con  quienes  viajó  a  la  ciudad de Cali a ver una corrida de toros que culminó a  las  cinco  de  la  tarde  y  regresaron  a  Armenia sobre las ocho de la noche,  estuvieron  en  el establecimiento denominado “Tienda  de  Capota”  unas  horas  y luego se fueron a buscar  comida,  regresando  a  la  media  noche, donde se reunieron con otras personas.  Allí  CARLOS OVIEDO pagó la  cuenta  con  su  tarjeta  de  crédito (autorización No. 106111 impartida a las  9:40  p.m.)  y  se  fue  con  sus  compañeros  de  tertulia para el restaurante  “Rancho   Argentino”  a  donde  llegaron antes de las diez de la noche, sitio donde se encontraron con la  familia  Muñoz que se retiró  aproximadamente media hora más tarde.   

          Luego  de  cenar, CARLOS OVIEDO  pagó también esta cuenta con su tarjeta de crédito a las once y  media  de  la  noche  y  regresaron  a  la “Tienda de  Capota”,  donde  permanecieron hasta las dos y media  de la madrugada.   

También  indica el defensor que el Tribunal  descalificó  la prueba testimonial en torno a las actividades realizadas por su  asistido  el  día  de  los  acontecimientos,  ya  que  se  trataba  de  amigos,  copartidarios  y  beneficiarios de su carrera política, y sus dichos resultaron  bastante  homogéneos  acerca de las horas de ingreso y salida de los sitios que  frecuentaron,  pero  no  convergían en punto de los temas abordados durante las  charlas,  todo  lo  cual  constituye,  en criterio del casacionista, un error de  raciocinio,  pues  tales  declaraciones  fueron  rendidas año y medio después,  cuando  de  conformidad  con las reglas de la experiencia los testigos no están  en  capacidad  de  recordar los detalles que cuestiona el Tribunal, más aún si  obran  pruebas  documentales  como  los  recibos  de  pago de las cuentas en los  referidos  establecimientos  abiertos  al  público,  por  parte de CARLOS OVIEDO.   

          c)        Acerca  del  móvil  de  los  homicidios  de  que  fueron  víctimas  Fernando   Celis  Franco  y  Juan  Guillermo Acosta Botero  afirma   el   defensor   que   según  declaró  José  Faber,   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO   le   dijo   que  aquellos  decían  que  él  (José  Faber)  les  había  ofrecido  cien millones de pesos por matarlo, pero al ser interrogados acerca de  tal  circunstancia  la  negaron, lo cual motivó un altercado entre Fernando      Celis,      Juan   Guillermo   Acosta  y  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y  entonces éste  ordenó  a  Juan Ernesto Vásquez Corrales  (“Frescolo”)  matarlos, como en efecto ocurrió.   

          Estima   el   recurrente  que  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  experiencia  tal  respuesta  no  era  apta  para  desencadenar una reacción tan  cruel,  menos  si  el  móvil  expuesto  por  el  Tribunal  se refería a que el  ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero    quería   matar   a   CARLOS   OVIEDO  ALFARO  por  celos,  pese a que llevaba separado de su  esposa    Gloria    Patricia    Castaño   más  de  un  año  e,  incluso,  habían  hecho  separación  de  bienes.   

          Agrega  que  atenta contra la lógica y la ciencia la exposición de  José  Faber al señalar que  las  víctimas  fueron heridas con unos punzones en el corazón, se les sometió  a  torturas  con  unas  bolsas  plásticas  que les colocaban en sus cabezas por  cerca  de  dos  horas,  para ser luego ahorcadas, pues con la primera acción no  habrían sobrevivido más de unos pocos minutos.   

          d)        En  cuanto  se  refiere  a  la  incineración  de los cadáveres, el  defensor  estima  que  el  Tribunal  incurrió  en  error  de  raciocinio  al no  establecer   la   contradicción   del  testigo  José  Faber  sobre el particular, pues inicialmente dijo que  de  tal  situación  se  enteró  por  la  prensa,  pero  luego  manifestó  que  OVIEDO     ALFARO    y  “Frescolo”  “cuadraron  todo”  en su  presencia para quemar los cuerpos de las víctimas.   

          e)        Critica    el    demandante   que   José  Faber     hubiera    señalado    a    Orlando,     alias     “Frescolo”, como la persona que causó la  muerte    de    Fernando   Celis   Franco     y     Juan     Guillermo    Acosta  Botero,  pese  a  lo  cual, dentro del trámite que de  manera  separada  a  este  se  adelantó  para los no aforados por los referidos  homicidios,  se  vinculó  y  condenó  a  Juan Ernesto  Vásquez Corrales.   

f)            Como José Faber  Ocampo  declaró  que  mientras se causaba la muerte a  las   víctimas,  CARLOS  OVIEDO  ALFARO  se  reía,  el  recurrente estima que aquél simplemente repitió lo  dicho    por    su    hermana   Esperanza      respecto      de      la      actitud      de     OVIEDO cuando le reclamó por la muerte de  su    esposo    Jaime   Hoyos   Ramírez  – homicidio  cuya   investigación  fue  adelantada  en  otro  diligenciamiento  – y concluye que el declarante señaló  a  CARLOS  OVIEDO sólo para  tomar venganza a nombre de aquella.   

          En  cuanto  se refiere a la camioneta en la cual afirma José    Faber   se   transportaron   los  homicidas,  el  censor  dice que si en la minuta de la policía se consignó que  entre  los papeles hallados al Ingeniero Juan Guillermo  Acosta  Botero se encontraba la factura de compraventa  de  una  camioneta  Mazda de color rojo y tal información fue divulgada por los  medios  de comunicación, de allí pudo haber sacado el declarante la referencia  que sobre tal vehículo efectuó.   

          g)        Indica  el  casacionista que el Tribunal incurrió en error de hecho  por  falso raciocinio al no tener en cuenta que de conformidad con las reglas de  la  experiencia,  quien permanece con varias personas por espacio de dos horas y  media  como  lo declaró José Faber Ocampo,  es  posible que además de sus rasgos físicos, recuerde cómo se  encontraban vestidas, datos que el testigo manifestó no recordar.   

          h)        También     asevera     que    el    ad  quem  erró  de hecho por falso raciocinio al no tener  en   cuenta   que   José  Faber  Ocampo  inicialmente  refirió  que  los  cadáveres fueron transportados en  una  camioneta  y  que  sólo  estaban  CARLOS  OVIEDO  ALFARO,     Guillermo  Díez y Juan Ernesto Vásquez  Corrales                  (Frescolo),   pero   luego  aludió  a  un  “carro”   y  dijo  que  OVIEDO ALFARO se quedó en el  lugar  donde  se  cometieron  los homicidios aproximadamente con cuatro personas  más.   

          i)        Expresa  el  defensor  que  si  José Faber  Ocampo  dijo  en su declaración que se debía prestar  atención   a   los   nombres   de  varias  personas,  tales  como  Luis    Alfonso    Ocampo,   hermano   de  Víctor  Patiño  Fómeque y  Wilber  Alirio  Varela, alias  “Jabón”,    porque  trabajaban   con   CARLOS  OVIEDO  ALFARO  y podían tomar represalias por su testimonio acerca de los hechos  aquí  investigados,  le  correspondía al Tribunal tener en cuenta que el mismo  testigo  indicó  que  anteriormente  había  sido  investigado por el delito de  enriquecimiento  ilícito  y que probablemente le preguntaron por tales nombres,  motivo   por   el   cual   los  asoció  al  procesado  y  los  señaló  en  su  declaración.   

Además,  Alirio  Varela   fue   la  persona  que,  según  el  testigo  Ocampo  lo  había  llevado  junto    con    su    hermana   Esperanza  ante  el  homicida  de  su  cuñado Jaime  Hoyos,  pero  a su vez, en otra intervención dijo que  tal   individuo   era   una   de   las   personas   que  lo  venían  amenazando  telefónicamente,    circunstancias    que    no   fueron   valoradas   por   el  Tribunal.   

          Luego   de   las   que   el  casacionista  denomina  “mendaces      manifestaciones     de     José     Faber”,  continúa  con  los siguientes planteamientos dentro del mismo  cargo:   

Reprocha  que el ad  quem  descartara  las  retractaciones  ulteriores  de  José  Faber  Ocampo respecto  de  las imputaciones que formuló contra CARLOS ALBERTO  OVIEDO  por  considerar que se encontraba amenazado de  muerte,  cuando el mismo declarante dijo ante el Notario Primero del Círculo de  Armenia  y  el  Director  Seccional  de Fiscalías de la misma ciudad que cuando  señaló  a  OVIEDO ALFARO su  estado  de ánimo y emocional no eran normales, no tenía precisión ni claridad  sobre  lo  que declaraba y que posteriormente recapacitó, se tomó una medicina  y  deseaba  enmendar  su  error,  pues  no había sido testigo presencial de los  hechos que relató.   

          En   efecto,   precisa   que  si  ninguna  persona  diversa  de  los  funcionarios  de  la  Fiscalía  tenía  conocimiento  de  las  aseveraciones de  José  Faber  en  contra  de  OVIEDO  ALFARO,  no  había  lugar  a  que  fuera  objeto  de  amenazas,  lo  cual  permite  suponer  que  su  retractación   no  podía  ser  desechada  en  la  forma  en  que  lo  hizo  el  Tribunal.   

          Igualmente    señala    que    el    ad  quem  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia por  omitir  la valoración de la resolución del 28 de febrero de 1998 proferida por  una  Fiscalía  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos Humanos, mediante la cual  ordenó  apertura de instrucción y, a su vez, dispuso compulsar copias para que  se   investigara   a  José  Faber  Ocampo  por  la eventual comisión del delito de falso testimonio respecto  de  su  retractación y no por lo que dijo en las declaraciones a través de las  cuales  incriminó  a CARLOS ALBERTO OVIEDO  por  los  hechos  investigados,  lo cual permite advertir falta de  imparcialidad  del ente acusador, que tampoco fue sopesada en el fallo objeto de  impugnación.   

          Insiste  el  censor  en  que de acuerdo con las reglas de la lógica  era  imposible  que  CARLOS ALBERTO OVIEDO  fuera visto a las tres de la tarde del día de los hechos por unos  agentes  de  la  policía en el puesto de Puerto Espejo, y al mismo tiempo se le  hubiera  visto  en  una  corrida  de  toros  en la ciudad de Cali. Tampoco puede  aceptar  la  afirmación del Tribunal, según la cual, entre las ocho y las once  y  media  de  la  noche  del  mismo  día,  aquél  permaneció con José  Faber en la finca El Rocío, cuando  entre  las  cinco  y media de la tarde y las ocho de la noche regresó de Cali a  la  “Tienda  de  Capota”,  donde  estuvo  hasta  las  diez  de  la  noche, para luego ir al “Rancho  Argentino”  hasta las doce de la  noche  y  regresar  a  la  misma  tienda, donde permaneció hasta las tres de la  madrugada.   

Cuestiona  que el Tribunal no hubiera tenido  en    cuenta    la    declaración   del   agente   de   policía   Andrés  José  Consuegra quien dijo que en  horas  de  la  noche  todo  vehículo  que  pasara por el puesto de policía era  sometido  a  control y requisa y que ninguno de los agentes que estuvieron en el  referido  lugar en la noche de los hechos advirtió la presencia de CARLOS  ALBERTO  OVIEDO, motivo por el cual  asevera   que   no  es  cierto  que  el  procesado  hubiera  transitado  en  dos  oportunidades  por  allí,  pues se habría notado la presencia de los homicidas  con los cadáveres.   

          Dice  el  impugnante  que  el  Tribunal  no apreció “dentro  del  marco  de la experiencia” la  declaración  del  Mayor de la Policía William Víctor  Mora  Quiñonez,  quien  afirmó que de acuerdo con su  experiencia  de  17 años como investigador, la muerte de las víctimas ocurrió  en  el  sitio donde fueron encontradas a eso de las diez de la noche, hora en la  que   OVIEDO  ALFARO  ya  se  encontraba     en     el    restaurante    “Rancho  Argentino”,   según   se   acreditó  con  pruebas  testimoniales  y  documentales,  circunstancia  que  imposibilitaba arribar a la  certeza  sobre  su  responsabilidad e imponía aplicar el principio in  dubio  pro  reo en su favor confirmando  el fallo absolutorio de primer grado.   

          Debía  tenerse  en  cuenta, agrega, que la finca La Brasilia, donde  fueron  hallados  los cadáveres, pertenecía a Alfonso  Urrea   Botero,  cuñado  del  ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero, según lo  indicó    su   hermano   Alvaro   Acosta,  hecho  que resultó irrelevante para los investigadores, pero que  representa  una “importante coincidencia que no fuera  apreciada por el ad-quem”.   

          Para  llegar  al  sitio  donde  se  encontraban  los  cuerpos de las  víctimas  no era necesario pasar por el puesto de policía, en tanto que si era  preciso,  en  caso  de  que  el  traslado se hubiera efectuado desde la finca El  Rocío,  y  por  ello,  los  agentes  de  policía  se  habrían percatado de la  presencia  de  los  cadáveres  al  efectuar  el  respectivo control nocturno al  vehículo.   

El  Tribunal incurrió en error de hecho por  falso  raciocinio,  añade,  pues  con  la  diligencia  de inspección que fuera  ordenada   por  esta  Sala  al  Centro  Asistencial  de  Buenavista  (Córdoba),  dependiente  del  Hospital San Nicolás de Planeta Rica, se estableció que el 2  de  enero  de  1997,  esto  es,  el mismo día de los hechos aquí investigados,  José Faber Ocampo ingresó a  las   2:00  de la tarde por urgencias y salió a las 6:20 de la noche luego  de  ser  atendido por problemas alimentarios que le produjeron diarrea, vómitos  y  dolor  abdominal.  Pero  el Tribunal dejó de otorgar fuerza de convicción a  tal  medio  de  prueba,  amén  de  los testimonios de los médicos Mariano   Enrique   Vergara   Diago,   Jaime   de   Jesús  Bustillo  Petro y José Lupercio Herazo  Quiñones    recepcionados    durante    la    misma  diligencia.   

          Agrega   el   casacionista   que   el   ad  quem  consideró  que  José  Faber  Ocampo  no fue atendido en el mencionado Centro  Asistencial  el 2 de enero de 1997 y que tampoco regresó a su casa en Caucasia,  pese  a  que  los  documentos  que  soportan  la  historia  clínica  tienen  la  condición  de  públicos  en  cuanto  corresponden  a una entidad de asistencia  médica  oficial, tienen un origen distinto a lo expuesto por el propio paciente  y     el     médico     José    Lupercio    Herazo  Quiñones,  quien lo trató y sentó en dicha historia  sus  observaciones  personales  junto con las notas de la enfermera que ese día  prestó  turno, todo lo cual desvirtúa la certeza otorgada a lo expuesto por el  testigo   en  su  “tercera  declaración”,  pues  Caucasia dista de Armenia aproximadamente doce horas por  vía  terrestre  y no hay vuelos aéreos entre ambas ciudades, de donde concluye  que  José  Faber  no podía  estar  en  Armenia  a  las  ocho  de  la noche del 2 de enero de 1997 como lo ha  afirmado el Tribunal.   

          El   ad   quem  atribuyó  a  la  mencionada diligencia de inspección una ilicitud inexistente,  continúa,  sin tener en cuenta que fue ordenada por esta Sala a petición de la  defensa durante la fase del juicio.   

          Además,  dice el censor, la referida Colegiatura incurrió en error  de  hecho  por  falso  raciocinio  al  considerar que los pacientes Javier     Jadith     y    José  Faber  Ocampo habían ingresado por  primera  vez  al  citado  centro  asistencial el mismo día, sin apreciar que el  primero  ingresó  el  30  de  diciembre  de 1996, siendo tratado por la doctora  Liney,  quien  lo  atendió  nuevamente  el 2 de enero de 1997, salió al día siguiente y reingresó el 10 y  el  14  de los mismos mes y año, “razón por la cual  en  el  registro  diario  de  egresos  hospitalarios  aparecen  las  salidas del  mencionado  paciente  los  días  15  y  2  de enero de 1997, esta última fecha  errada,  pues de acuerdo a la historia clínica la salida se dispuso fue el 3 de  enero  de  1997,  a  menos  que  el  ingreso  del 2 de enero hubiera sido en dos  oportunidades”.   

          Como  el  Tribunal  consideró  que  José  Faber   Ocampo  no  estuvo  en  el  mencionado  Centro  Asistencial  dado  que  no  se encontraron los correspondientes recibos de pago,  según  el demandante, incurrió en un error de hecho por falso raciocinio, pues  tal  situación  es  imputable al desorden de la institución, no a la veracidad  de  las  pruebas que acreditan que allí fue atendido de urgencias el 2 de enero  de 1997 entre las 2:10 y las 6:20 de la tarde.   

          Además,    si   el   nombre   de   Faber  Ocampo  no  aparece  registrado  en  los  egresos  del  Hospital   San   Nicolás,   ello  no  permite  arribar  a  la  conclusión  del  ad   quem  de  que  no  fue  atendido  el  2  de enero de 1997, pues ingresó por urgencias y permaneció por  un  lapso  inferior  a  ocho horas, motivo por el cual no podía considerarse ni  registrarse   como   hospitalizado,   ya  que,  según  lo  declaró  el  doctor  Jaime    de    Jesús   Bustillo   Petro,  en  los  listados de egresos únicamente aparecían los pacientes  hospitalizados  por  más  de ocho horas; error de hecho por falso raciocinio en  el  que  incurrió el Tribunal, sin el cual se imponía confirmar la absolución  proferida en favor del procesado en primera instancia.   

          No  es cierto lo afirmado por el Tribunal en el sentido de que en la  diligencia  de  inspección  practicada al Hospital San Nicolás no se encontró  la  historia clínica de José Faber Ocampo   pues,   por  el  contrario,  durante  su  desarrollo  se  ordenó  incorporar a los autos en fotocopia la mencionada historia.   

          El  Tribunal  incurrió en error de raciocinio al no apreciar que la  declaración  incriminatoria de José Faber  tenía  situaciones irreales, al punto que se apoyó en su hermana  Esperanza,    quien   lo  desmintió  al  declarar que no había vuelto a ver a quien disparó contra ella  y   su   esposo   Jaime   Hoyos  Ramírez  y  que  tampoco  había  ido  con  José  Faber  al  otro  día  de  ser lesionada a una finca a  reconocer  al  sicario  que  les  disparó, pues se encontraba hospitalizada por  haber resultado herida durante el referido atentado contra su vida.   

Considera  el  casacionista  que el Tribunal  debió  tener  en  cuenta  la  declaración  inicial  que  rindió  José  Faber  y desestimar “la  tercera”,  en  la  cual  incrimina a  CARLOS   ALBERTO   OVIEDO.   

Además,   estima   que   el  ad   quem   debió  sopesar  las  razones  invocadas  por  José  Faber  para   retractarse   de   las  imputaciones  que  formuló  contra  OVIEDO  ALFARO,  al  reconocer  que no fue  testigo  presencial  de  los homicidios y que la historia que declaró la había  inventado  a  partir  de  lo  que  se  decía  en  la  calle  y en los medios de  comunicación,  más  aún cuando Esperanza,  su  hermana,  afirmó  que  no  tuvo conocimiento que éste fuera  víctima  de  amenazas  y  que,  si bien recién ocurrida la muerte de su esposo  Jaime  Hoyos  sí  recibió  amenazas,  lo  cierto  es  que  no supo de quién provenían, pese a lo cual, el  Tribunal    desecha   la   retractación   de   José  Faber  con  el  argumento  de que obedecía a amenazas  contra su vida.   

Resalta  el  demandante  que  Esperanza  Ocampo relató que desde finales  de  diciembre  de 1996 y hasta después del día de reyes de 1997 se fue con sus  dos   hijos   y  su  hermano  José  Faber  a  Caucasia,  distante doce o trece horas de Armenia por tierra, a  donde  una  prima  de  nombre  María  Eugenia Cardona  y  que  aquél  estuvo todo el tiempo en la casa de su  familiar,   salvo   un   solo  día  que  todos,  menos  ella,  se  fueron  para  Coveñas.   

De  lo anterior concluye el defensor que las  amenazas    que   se   dice   motivaron   la   retractación   de   José  Faber  no  existieron, que éste no  estaba  en  Armenia el 2 de enero de 1997, pues se encontraba en Caucasia y que,  por  tal  razón, no pudo ser testigo presencial de los homicidios investigados.  Por  ello,  la  declaración  a  través  de  la  cual  incrimina a CARLOS  OVIEDO es mentirosa, circunstancia  que    imponía   mantener   el   fallo   absolutorio   proferido   en   primera  instancia.   

          Agrega  que  no es cierto lo concluido por el Tribunal en el sentido  de  que  José Faber precisó  el  lugar donde se torturó y sacrificó a las víctimas de los homicidios aquí  investigados,  pues de una parte, el Mayor William Mora  Quiñonez  indicó  que  la  muerte  de los occisos se  produjo   en  el  mismo  lugar  en  el  cual  fueron  encontrados  y,  de  otra,  José  Faber  dijo  que para  llegar  a  la  finca donde tuvo lugar la muerte de las referidas personas había  que  pasar  por  una  escuela  que  se  encontraba  a  la  entrada,  lo cual fue  desvirtuado  durante  la inspección practicada al sitio, pues no existe escuela  alguna en la entrada a la finca El Rocío.   

          También  cuestiona el demandante que el Tribunal hubiera descartado  que  la  declaración de José Faber Ocampo  se  basó en las informaciones de los medios de comunicación y en  los  rumores que circulaban en el Departamento del Quindío, cuando lo cierto es  que  el  Magistrado  que  salvó voto respecto del fallo de condena expresamente  reconoció  que  era  un  hecho  notorio  que  todas  las personas en la región  tuvieron  conocimiento  de  la  forma en que ocurrieron los hechos investigados,  esto  es,  que primero los homicidas utilizaron punzones y luego los cuerpos sin  vida fueron incinerados para evitar su identificación.   

          Y  agrega  que,  de conformidad con las reglas de la experiencia, en  un  pueblo pequeño y con tanta publicidad, todos los habitantes del Quindío se  enteraron   del  suceso  y  a  partir  de  ello  José  Faber  edificó  su  declaración, motivo por el cual,  más     que    a    ésta,    debía    otorgársele    credibilidad    a    su  retractación.   

          Igualmente  expresa  que las pruebas por cuyo medio se demuestra que  José  Faber  Ocampo  estuvo  hospitalizado  el  2  de  enero  de 1997 en un centro asistencial de Bellavista,  cerca  de Tolú, así como las declaraciones de Argenis  Chocontá  Cuellar,  Douglas Medina Oviedo, Antonio José López, Jesús Alcides  Cardona  González,  Néstor  Jaime  Cárdenas,  José  Belmore  Muñoz Giraldo,  Esneda  Correa Vega de Muñoz, Oscar Hernán Muñoz Correa, Lina María Blandón  Jiménez,  el  testimonio  del  dueño del restaurante  “Rancho  Argentino” y los  recibos  de  pago que CARLOS ALBERTO OVIEDO  suscribió  con  cargo  a  su  tarjeta de crédito en los diversos  sitios  en donde estuvo acompañado por las mencionadas personas la noche de los  hechos,   permiten  concluir  que  frente  a  la  declaración  de  José   Faber   Ocampo  correspondía  al  Tribunal  declarar que existían serias dudas que debían ser resueltas en favor  del  procesado,  con  base  en  las  cuales  ahora solicita la absolución de su  procurado.   

          Concepto del Ministerio Público   

Respecto  de  este  primer  cargo principal  considera  la Procuradora Delegada que el censor parte de un supuesto equivocado  al  asumir  que  cada  una  de las diligencias que contienen las expresiones del  deponente  constituyen un medio de convicción independiente, susceptible de ser  atacado  de  manera  separada, cuando lo cierto es que el medio de prueba es uno  solo: el testimonio.   

Puntualiza    que    el    ad   quem   consideró   el   dicho  de  José  Faber Ocampo Cardona  en  su totalidad y tomó en cuenta sus diferentes manifestaciones, asignándoles  una   determinada   fuerza   de  convicción  que  no  es  la  que  comparte  el  censor.   

Añade que si bien es cierto en sus primeras  versiones   –   la  de  septiembre  9  de  1997  y de enero 2 de 1998, rendidas respectivamente ante una  Fiscalía   Regional   de  Armenia  y  la  Dirección  Seccional  de  Fiscalías  –     Ocampo  Cardona  no mencionó los hechos  relativos  al  doble  homicidio  de  que  trata  esta actuación, ello encuentra  explicación  en que dichas diligencias, que aquí obran como prueba trasladada,  versaron   sobre  un  hecho  diferente,  cual  fue  la  muerte  de  Jaime  Hoyos, razón por la cual no puede  inferirse   de   ello   un   silencio   deliberado   como   el  que  pregona  el  impugnante.   

Por el contrario, destaca la Delegada que si  en    la   primera   oportunidad   en   que   Ocampo  Cardona fue expresamente interrogado por el homicidio  de    Celis   Franco   y  Acosta  Botero  elevó las  imputaciones  contra  el  procesado, ninguna duda cabe que desde un principio se  mostró veraz y no calló los hechos que percibió.   

Precisa,  de  otra  parte,  que el Tribunal  asumió  que  la alegada supuesta alteración emocional del testigo José   Faber  Ocampo  al  incriminar  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO no  pasó  de  ser un argumento sin sustento probatorio que pretendió sirviera para  justificar  su  posterior  retractación y que por el contrario, el sentenciador  reconoce  que aquél sufrió un insuperable sentimiento de miedo, no para cuando  señaló   a   CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  como  determinador  de  los  homicidios  investigados, sino en el  momento de la retractación.   

También afirma la Delegada que las amenazas  que    recaían    sobre    los    hermanos   Ocampo  Cardona,  como  bien  lo  apreció  el  Tribunal,  se  debían    a   las   imputaciones   efectuadas   en   contra   de   OVIEDO  ALFARO, en un caso por la muerte  de  Jaime  Hoyos y en este,  por el doble homicidio de que da cuenta el proceso.   

Y  resalta que, a partir de diversos medios  de  convicción,  el  Tribunal  infirió  el  exagerado  poder  e influencia del  procesado  en su medio territorial y social, su poder de doblegar la voluntad de  quienes  declaran en su contra y aún su ”manifiesta  maldad  y  osadía perversa”, por manera que ninguna  inconsistencia  se  advierte  al  no  tener  como  incompatible,  de un lado, la  posible     enemistad     entre     José    Faber  Ocampo  y  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y de otro, la invitación que éste hiciera a  aquél  para  presenciar  el acto delictivo de que era capaz, razón por la cual  no  aplica  la  regla  de  experiencia  que  enuncia  el censor, según la cual,  “quien  ordena  la  ejecución de un crimen no deja  testigos,  menos  aún  si  alguno de éstos es un enemigo potencial”.   

         Igualmente  anota  la  Delegada que el ad  quem  no  otorgó credibilidad a los medios de prueba  que   acreditaban   la  estadía  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO        en        la        “Tienda    de    Capota”     y    en    el    “Rancho      Argentino” el día de los hechos, en cuanto los  testimonios  de los agentes de policía que lo ubicaron en el puesto de policía  de  Puerto  Espejo  para  el  día  y  hora  de  los  mismos  los  desvirtuaron,  apreciación en la que no se advierte yerro alguno.   

         Destaca  que los testimonios de quienes declararon haber compartido  actividades  con  el  procesado el día de los hechos no fueron desestimados por  ser   imprecisos   o   no  recordar  algunos  detalles,  sino  porque  todos  se  beneficiaron  con  la  carrera  política  del  procesado o eran sus seguidores,  amén  de  que  coincidieron  en  las  mismas  imprecisiones,  circunstancia que  condujo   al   ad  quem  a  considerar que fueron previamente preparados.   

En cuanto se refiere a la causa de la muerte  de  Fernando Celis Franco y  Juan     Guillermo    Acosta    Botero,  la  Procuradora  Delegada  asevera que no fue el altercado entre  estos   y   CARLOS   ALBERTO   OVIEDO   por  haber  negado  que  habían  ofrecido  dinero por la muerte de  éste,   como  lo  señala  el  impugnante  sino,  por  un  lado,  la  relación  sentimental   entre  el  procesado  y  la  esposa  del  interfecto  Acosta  Botero y, por otro, la intención  de  no  pagar a Celis Franco  un   dinero   que   le   debía   por   haber   ocasionado   la  muerte  a  otra  persona.   

Agrega  que  así  el  demandante  hubiera  demostrado  que  el  Tribunal  invocó  más  de una causa para la muerte de los  occisos   y  que  ambas  pudieran  haber  sido  excluyentes,  el  reparo  sería  intrascendente.   

Refiere  la  representante  del Ministerio  Público    que    si   bien   es   cierto   Ocampo  Cardona declaró que las víctimas fueron torturadas  durante       “mucho       tiempo”  después de que negaron haber ofrecido dinero para dar muerte  a  OVIEDO  ALFARO y éste  ordenó  ejecutarlas,  no  se infiere de lo expuesto en el fallo atacado que las  torturas  hubieran  durado  cerca  de  dos  horas y media después de haber sido  mortalmente  lesionadas en el corazón, pues lo que dice el testigo es que desde  su  arribo a la finca hasta cuando los cadáveres fueron sacados, transcurrieron  dos  horas,  circunstancia  que  denota  inconsistencia  en el planteamiento del  recurrente.   

Acerca de otra de las críticas formuladas  por  el  defensor  a  la  declaración de José Faber  Ocampo,   orientada  a  señalar  que  no  es  creíble su dicho, dado que no recordó la fecha del doble  homicidio  ni  las  prendas que vestían las víctimas a quienes vio durante dos  horas,  pero  sí aquella en que recibió una llamada telefónica, manifiesta la  Delegada   que  el  sentenciador  apreció  íntegramente  lo  expuesto  por  el  declarante,  fijando  su  atención  en  los  aspectos de mayor importancia, los  detalles  de  las  circunstancias narradas y su confirmación a través de otros  medios  de  convicción,  entre los cuales el Tribunal menciona expresamente que  tanto  el  testigo  de  cargo  como  los resultados de la necropsia coinciden en  detalles   como   las   punzadas   que  produjeron  la  muerte  de  Celis    Franco    y    Acosta   Botero   y  el  ahorcamiento  sufrido  por  ambos,  de donde concluye que pese a las contradicciones, su dicho  incriminatorio es creíble.    

Entonces  precisa  la Delegada que aún de  tenerse  por  acreditado el pretendido yerro, éste sería intrascendente puesto  que  no  fue  sobre  la hora en que el testigo recibió una llamada, la forma en  que  se  marchó del lugar de los hechos, si tenía o no vehículo o si sabía o  no   conducir,   la  ropa  que  vestían  las  víctimas  o  si  a  Celis  Franco  se  le  conocía por el  alias  de  “Jeringa”,  en  que  se  fundó  el  Tribunal para sustentar la condena, sino en aspectos de  mayor   importancia,   tales   como  la  apreciación  conjunta  de  los  medios  probatorios,  la  nula credibilidad de las pruebas de descargo y la convergencia  de  la mayoría de medios de convicción hacia la responsabilidad del procesado,  sin  que  tenga  incidencia alguna la indagación que omitieron los funcionarios  instructores   respecto   de  la  individualización  de  quienes  amenazaron  a  José         Faber        Ocampo.   

En punto de la retractación del testimonio  rendido    por   José   Faber   Ocampo,    la   Delegada   señala   que   si   bien   el   ad  quem no le otorgó credibilidad, lo  cierto  es que no se violó alguna regla de la sana crítica, pues en el trabajo  de  valoración  probatoria  se  ocupó  de  manera  prolija  de  desestimar los  soportes  documentales obtenidos en el centro de salud con los cuales la defensa  intentó  acreditar  que  el testigo presencial para el momento de los hechos no  se encontraba en Armenia sino en Caucasia.   

Concluye  indicando que el censor no logra  acreditar  que el Tribunal hubiera errado en la demostración de amenazas contra  el  testigo  o  en  la  inferencia  que  lo  llevó a restarle credibilidad a su  retractación,  para  lo cual destaca que aunque no existe prueba directa de las  amenazas,  los  hechos  que  menciona  el  sentenciador  permiten razonablemente  colegir  su  existencia, tales como las múltiples y extrañas retractaciones de  todo  aquel que con su testimonio incriminó al procesado, para concluir que las  amenazas  en  busca  de  una  retractación  constituyen  una forma de actuar de  CARLOS        ALBERTO       OVIEDO.   

Con  relación al hecho que el Tribunal no  hubiera  tenido en cuenta la resolución de 28 de febrero de 1998 por cuyo medio  una  Fiscalía  de  la Unidad Derechos Humanos ordenó compulsar copias para que  se   investigara   lo   dicho   por   José   Faber  Ocampo  en su retractación, la Delegada asevera que  si  bien  el ad quem no se  pronunció  sobre  el  particular,  sí  destacó  la  magnitud  del  temor  del  declarante  ante  las  amenazas  encaminadas  a  obtener que se retractara de su  dicho    incriminatorio   contra   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO,  al  punto  que  no le importó afrontar una  investigación   penal  por  el  delito  de  falso  testimonio  o  asumir  otras  consecuencias  sociales  derivadas  de  ello,  circunstancia que no denota error  alguno del Tribunal.   

Respecto  de  lo  declarado  por  el Mayor  Mora  Quiñones,  en  el  sentido  que  de  acuerdo con su experiencia a las víctimas se les ocasionó la  muerte  en  el  lugar  donde fueron encontradas, la Procuradora Delegada expresa  que  el  Tribunal  se  valió de las conclusiones del protocolo de necropsia que  dan   cuenta   de  quemaduras  en  los  cuerpos  de  las  víctimas  ocasionadas  postmortem,   lo   que  corrobora   el   dicho   del   testigo  José  Faber  Ocampo, al tiempo que demerita la opinión del Mayor  Mora  Quiñónes,  quien  testifica    sobre   aquello   que   percibió,   pero   no   compareció   como  perito.   

En cuanto se refiere a que el ad  quem  no  otorgó  credibilidad al  testimonio    de    Esperanza   Ocampo,  quien  desvirtúa  muchas  de las manifestaciones de su hermano  José    Faber,   la  representante   del  Ministerio  Público  aduce  que  ella,  como  hermana  del  amenazado,  lógicamente  debía  respaldar  su  retractación y negar cualquier  hecho    que    vinculara    a    CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  con  el  doble  homicidio,  sin  que  en tal  valoración  se  advierta  yerro  alguno  del  Tribunal,  más aún, cuando ella  también  tenía  la  condición  de  amenazada.  Por  tanto,  concluye  que  la  credibilidad  de  la declaración de Esperanza Ocampo  estaba   unida   a   la   de  la  retractación  de  José  Faber  Ocampo, si  esta  no  es  creíble,  tampoco  lo  era  la  otra,  que  simplemente intentaba  apoyarla.   

Agrega   que  pese  a  que  Esperanza  Ocampo  pretende  convencer  que  los  hechos ocurridos en la residencia de Wilber  Varela,         alias         “Jabón”  no  tuvieron ocurrencia, es  claro  que  esa  relación  sí  existía  y  ello lo demuestra el testimonio de  José  Faber  Ocampo que  deja  sin  piso el testimonio de su hermana, más aún cuando dicha relación se  prueba   con  la  declaración  de  José  Guillermo  Gutiérrez   Isaza,   propietario   de  la  Empresa  Electrónica  y  de Telecomunicaciones de Colombia Etelco, quien asegura que fue  visitado   por   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  junto  con  otras personas que tenían afán por encontrar entre  los   registros   de   su   empresa,   mensajes  donde  se  mencionara  a  alias  “Jabón”.   

Igualmente  dice  la  Delegada  que  si el  Tribunal  no cometió yerro alguno al no otorgar credibilidad a la retractación  de    José    Faber  Ocampo Cardona, carece de  sentido  insistir  en  el análisis de las afirmaciones que efectuó durante tal  diligencia,  para  lo  cual  basta  afirmar que el ad  quem enunció taxativamente la regla que utilizó en  su  razonamiento  probatorio,  así:  “no  siempre  puede  tenerse  como un fabulador al testigo que se presenta ante la autoridad a  relatar   un   hecho  con  posterioridad  a  su  difusión  por  los  medios  de  comunicación”,  de  donde  se  desprende que aún  asumiendo   que   los   delitos   investigados  tuvieron  una  amplia  difusión  periodística  en  el  Departamento del Quindío, no se acreditó que el testigo  la  hubiera  conocido  ni  que,  aún  de  haberlo sido, su testimonio terminara  guiado por tales comentarios periodísticos.   

        En  suma,  concluye  la  Delegada  que las razones que llevaron al  fallador  a  otorgar  credibilidad  al dicho de José  Faber  Ocampo fue su concordancia con otros medios de  prueba,  tales como los testimonios de los agentes de policía de Puerto Espejo,  la  coherencia  que guarda con los hallazgos consignados en las necropsias y, en  general,  el  detalle  con  que  presentó  su  narración,  de  modo  que no se  evidencia  en  la ponderación de su testimonio yerro alguno, menos cuando otros  medios  de  convicción, que el censor no ataca en este cargo, llevan a situar a  Ocampo  Cardona  en  la  escena de los hechos.   

        Por  lo  expuesto,  considera  que  el  cargo  no  está llamado a  prosperar.   

Consideraciones de la Sala  

          Impera  señalar,  en  primer lugar, que si bien en el desarrollo de  este  cargo  el  recurrente  no  guarda  un  hilo conductor, ni una metodología  específica,  la  Sala  procederá a pronunciarse sobre cada uno de los aspectos  que a través del mismo cuestiona, en los siguientes términos.   

En  cuanto  se  refiere  a  que José   Faber   Ocampo  sólo  señaló  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO como  autor  intelectual  de  los  homicidios  investigados  en  lo  expuesto  ante la  Fiscalía  Tercera  Seccional  de Armenia el 2 de enero de 1998, se encuentra de  una  parte, que tal circunstancia carece en sí misma de trascendencia como para  deducir que lo dicho por el declarante carece de credibilidad.   

Y de otra, que el demandante con el fin de  sacar  avante  su  propuesta  casacional  hace  abstracción  de la información  objetiva  que  brinda todo el recaudo probatorio, pues no se detiene a verificar  que  tanto  la  diligencia  del  9 de octubre de 1996 realizada por la Fiscalía  Tercera  Seccional de Armenia, como la adelantada el 9 de septiembre de 1997 por  la  Fiscalía  Regional de la misma ciudad, así como la efectuada el 2 de enero  del  año  siguiente  en  la  Dirección  Seccional  de  Fiscalía  de la citada  capital,   no   tenían  como  propósito  averiguar  acerca  de  la  muerte  de  Fernando  Celis  Franco y  Juan  Guillermo  Acosta,  dado  que  fueron  recibidas  dentro  del  diligenciamiento  adelantado  por  el  homicidio   del   que   resultó   víctima   Jaime  Hoyos,   en   hechos   distintos   a   los   aquí  investigados.   

Es  oportuno  precisar  que  si bien en el  encabezado  de  la  diligencia en la cual José Faber  Ocampo incrimina a CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  como determinador de los delitos de  homicidio  investigados,  se  anota  que  fue recibida el 2 de enero de 1997, lo  cierto  es que de su contexto se deduce que fue practicada el 2 de enero de 1998  (fol.  258  c.o.  No.  2),  circunstancia  corroborada  por  el  Fiscal  Tercero  Seccional   de   Armenia   mediante   oficio   No.  00028  del  8  de  enero  de  1998.   

Entonces,  es  evidente  que  el  defensor  desconoce  que  las  referidas  intervenciones obran dentro de este proceso como  pruebas   trasladadas   y   que   si   bien  es  cierto  en  ellas  José   Faber   Ocampo  no  señala  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  como  determinador  de  los  homicidios  en  Fernando  Celis  y  Juan Guillermo  Acosta,  tal  circunstancia  no  aporta  elemento de  juicio  alguno  que  permita restar credibilidad a lo expuesto por el mencionado  testigo  en  su  intervención  del 2 de enero de 1998 ante la Fiscalía Tercera  Seccional de Armenia.   

Advierte  la  Sala  que  en  la  referida  diligencia,    José    Faber   Ocampo   fue   suficientemente  explícito  acerca  de  la  manera  como  ocurrieron  los  hechos  investigados,  esto  es,  la forma de ejecución de los  atentados  contra  la  vida,  amén  de  que  explicó  la razón por la cual se  encontraba  presente, todo ello para señalar que quien determinó a los autores  materiales  a  ejecutar  la  acción  homicida  fue  el  procesado  OVIEDO ALFARO.   

        Es  así  como  en  dicha  intervención  señaló  a CARLOS     ALBERTO    OVIEDO    como  determinador   de   los   delitos   investigados,  lo  que  impide  afirmar  que  inicialmente  calló  tales hechos, más aún cuando no es de recibo la regla de  la   experiencia   que   invoca   el   censor   referida   a   que  los  testigos  “tienden a ser veraces  en   su   primera   manifestación”,  pues  a  tal  postulado  se  opone  la consideración de que por regla general los declarantes  siempre  dicen  la  verdad  dado  el  compromiso  civil y ciudadano derivado del  juramento  que previo a rendir su testimonio deben prestar. Conclusión que deja  sin asidero este puntual aspecto de la censura.   

          Además,  el  reclamo  del  defensor  orientado  a  demostrar que el  Tribunal  sólo debió tener en cuenta la primera intervención que obra en este  trámite,    durante    la    cual    José    Faber  Ocampo no incriminó a CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  resulta bastante inconsistente pues,  como  ya  se  dijo,  dicha  diligencia  obra  en  autos como prueba traslada del  proceso   adelantado   por   la   muerte   de   Jaime  Hoyos, de donde se desprende que si ninguna referencia  efectuó    respecto    de   la   muerte   de   Celis  Franco     y     Acosta  Botero,  es  porque  tal  no  era  el  objeto  que  se  perseguía  con  tal  medio  probatorio.  Por  ello,  no puede reclamarse que la  ausencia  de  aporte demostrativo de la mencionada prueba para los fines de este  diligenciamiento, sea tenida en cuenta en favor del incriminado.   

          También  se observa que carece de razón la crítica del demandante  en    cuanto   se   refiere   a   que   José   Faber  Ocampo  no  podía callar en su dicho inicial algo tan  grave  como  lo que dice haber visto, pues lo cierto es que, se reitera, no hubo  silencio  alguno de su parte, habida cuenta que el propósito de la declaración  y   posterior   ampliación   que   rindió   fuera   de   este  expediente  era  diverso.   

En  punto  de  lo  expuesto por José  Faber  Ocampo el 2 de enero de 1998  ante  la  Dirección  Seccional  de  Fiscalías  de  Armenia, al afirmar que era  víctima  de  amenazas  por tener conocimiento de los autores de la muerte de su  cuñado    Jaime   Hoyos,  encuentra  la  Sala  que  tal  circunstancia  no  guarda relación alguna con la  atribución  de  responsabilidad  efectuada  al  procesado,  más aún cuando el  censor  no atina a señalar la injerencia de tales amenazas en el testimonio por  cuyo    medio    incriminó    a    CARLOS   ALBERTO  OVIEDO     por    los    homicidios    objeto    de  investigación.   

          Aquí   resulta  importante  resaltar  que  el  Tribunal  de  manera  razonable  descartó  la  posibilidad  de  que  el  testimonio  de  José  Faber  Ocampo, a través del cual se  señala    a    CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  como determinador de los delitos contra la vida que motivaron este  diligenciamiento,  hubiera  sido  producto  de  amenazas  u  otros  factores que  permitieran  desvirtuar  su credibilidad, como en efecto lo pretendió demostrar  el  mismo  testigo  en su ulterior retractación. Para llegar a tal conclusión,  así     razonó     el     ad     quem:   

“Luego  dijo  que  fue por una crisis de nervios que dijo eso, como  consecuencia   de   unas   amenazas  que  por  vía  telefónica  se  le hacían; se mostró muy empecinado en aportar datos para que  el  ente  instructor se convenciera de ello; así dice que el 2 de enero de 1997  se  encontraba  con  su  hermana  en  Caucasia,  que incluso fue atendido por su  malestar  estomacal  y  estuvo hospitalizado (…). Ha pretendido simular que se  encontraba  en  una  crisis de angustia o ataques de  pánico   en   su  primera  versión,  lo  cual  no  es  nada  valedero,  pues no existen manifestaciones  externas    que    permitan    arribar    a    tal  conclusión”      (subrayas      fuera      de  texto).   

        Y,  puntualmente  señaló  el  Tribunal, que si en algún momento  mediaron  presiones  sobre Ocampo Cardona,    fue    cuando,    luego    de    sindicar    a   CARLOS     ALBERTO    OVIEDO    como  determinador  de  los homicidios de Celis  y  Acosta,  se retractó, aspecto sobre el cual señaló:   

“No cabe duda  que     este    sentimiento    (el    miedo,    se  aclara)  afloró  después  y  lo llevó a rendir su  segunda  versión;  se observa que el nivel de esa emoción era tan alto, que no  le  importó  enfrentar  procesos  penales  por  falso  testimonio, o desmerecer  frente  al conglomerado social, especialmente la comunidad quindiana, en la cual  se  desenvolvía,  lógicamente  porque un supremo valor estaba por encima, cual  era el de su vida”.   

          Ahora,  en  atención  a  que el recurrente afirma que si José  Faber  asumió que OVIEDO  ALFARO  ordenó la muerte de su cuñado Jaime   Hoyos,  las  relaciones  entre  ellos  eran  casi inexistentes y por tal razón no es creíble que lo invitara a  presenciar    la    forma    en   que   causaba   la   muerte   a   Fernando    Celis   y   Juan   Guillermo  Acosta,  es  preciso  señalar  que  sin  esfuerzo  se encuentra que tal planteamiento no se ofrece en  manera  alguna  suficiente para derruir la credibilidad otorgada por el Tribunal  al  testimonio  de  José  Faber  Ocampo.   

          En   efecto,   como   acertadamente   lo   señala  el  ad quem, la verdad es que:   

          “El  padre  de  Fernando,  señor  OSCAR  CELIS,  confirma  que existía amistad entre su hijo con Carlos Alberto Oviedo y  Guillermo   Díez   Alfaro,   alias   ‘Bambino’ y con  ‘Micollorón’.  Aduce  que  el mismo día en que se  produjo  el  deceso  de  su  hijo,  éste lo acompañó en horas de la mañana a  tomar  el  bus,  y le contó que el doctor Oviedo Alfaro le había ofrecido tres  millones  de  pesos  para que le sacara al ingeniero Juan Guillermo Acosta, para  el matarlo”.   

Igualmente  se  impone  destacar que en la  providencia  impugnada  el Tribunal resalta con fundamento en diversos medios de  prueba,  la  desmesurada injerencia que tenía CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO  en  el ámbito social de su  región,  al  punto  de haber sido capaz de conseguir que varias de las personas  que  declararon  en  su contra se retractaran con posterioridad o, por lo menos,  se  mostraran  dubitativas acerca de lo inicialmente afirmado, circunstancia que  permite  concluir  que  si  las  relaciones  entre  el  incriminado y el testigo  Ocampo  Cardona  no eran  estrechas,  ello  no  constituía  óbice  para  que  éste  fuera  invitado por  OVIEDO  a presenciar los  hechos que dieron lugar a este proceso.   

        Pero  aún más, se advierte que el reparo de la defensa carece de  trascendencia  en  punto  de  la  credibilidad  otorgada al testigo Ocampo  Cardona, pues lo cierto es que  la  precisión  en algunos de los detalles que suministró sobre la comisión de  los  delitos investigados, fue la que permitió al Tribunal arribar a la certeza  exigida    para    condenar    a   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO y por tal motivo, si entre éste y el testigo  mediaba  o  no determinada cercanía es circunstancia que carece de mérito para  derruir las conclusiones de la sentencia impugnada.   

En  cuanto  atañe  a  que  dentro  de  la  investigación  no  se  averiguó  por  las  amenazas  provenientes  de personas  diversas   a  OVIEDO  ALFARO  sobre    el    testigo   Ocampo   Cardona,  lo  que  sin  dificultad  se  encuentra es que el impugnante nada  dice,  ni  la  Sala  advierte, de qué manera la labor que echa de menos habría  conducido  a un fallo diverso del atacado, todo lo cual permite concluir que tal  planteamiento no pasa de ser una observación intrascendente.   

          Con   relación   a   que   José   Faber  Ocampo  declaró  que  el  autor  de  la  muerte de su  cuñado  Jaime  Hoyos fue un  guardaespaldas  de  CARLOS  OVIEDO  ALFARO,  obedeciendo  órdenes de éste, según lo confesó el sicario que  se  hallaba  en  una  finca  en  La Tebaida a donde fue conducido con su hermana  Esperanza por un individuo de  apellido   Varela,   alias  “Jabón”, una vez más la  Sala  encuentra  que el recurrente plantea aspectos que si bien pueden tener una  relación  lejana  con  los  hechos  investigados,  no  se ocupan en concreto de  derruir  los  fundamentos del fallo proferido por el ad  quem, en cuanto lo que se investiga en este asunto son  los    homicidios   de   Fernando   Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta    y    no   el   homicidio   de   Jaime  Hoyos,  de  modo  que si el aserto del casacionista es  cierto  o  falso,  ello  carece  de  relevancia  para afectar la declaración de  justicia que a través de la demanda de casación cuestiona.   

Con relación a que no resulta aceptable que  si  Fernando  Celis ocasionó  la  muerte  a  Jaime Hoyos por  orden    de    CARLOS   ALBERTO   OVIEDO,  este  lo  amarrara  y  lo  expusiera  ante  los  familiares de la  víctima   (José  Faber  y  Esperanza  Ocampo  Cardona),  para  la  Sala un tal planteamiento no sólo corresponde a una insular conjetura  del  demandante  sino  que, además, carece de virtud para derrumbar las razones  por  las  cuales  el Tribunal otorgó credibilidad al testimonio de José Faber Ocampo.   

En el mismo sentido resulta intrascendente si  el  apodo  de  Fernando Celis  era     “Mono”    o  “Balazo”,    y    no  “Jeringa”,   como   lo  manifiesta  el  defensor,  pues  se encuentra suficientemente demostrado con las  declaraciones   de   Oscar  Celis  Lozano,   Migdalia   Ortíz  Torres  y  Juan  Carlos Celis Franco,  entre  otras,  que  era  la  persona  que  bajo  la dirección de  CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  realizaba para él labores delictivas.   

Sobre  este  particular  tema,  en  el fallo  impugnado se precisó:   

“Y no cabe duda de  las  actividades que al margen de la ley realizaba el hoy occiso Fernando Celis,  alias  el ‘mono’         o         ‘balazo’;   por   eso,   procuraba   que  sus  familiares  no  se  dieran  cuenta de que, en sus actividades, empleaba para sus  conversaciones  telefónicas  líneas  ajenas, por ejemplo, acudía a casa de su  hermana  con  el  principal propósito de realizar y recibir llamadas, y se sabe  que  su  más  frecuente  interlocutor  era  Guillermo  Oviedo;  sus principales  confidentes  eran  su  hermano  de  catorce  años,  Juan Carlos y su compañera  permanente, Migdalia”.   

Como  el defensor concluye que el testimonio  de  José Faber Ocampo Cardona  es  fantasioso y mentiroso y, por tal razón, no debió ser tenido en cuenta por  el   Tribunal,  la  Sala  considera  razonablemente,  a  partir  del  precedente  análisis,   que  la  declaración  del  mencionado  ciudadano  no  solo  ofrece  credibilidad  suficiente  para  apuntalar  el fallo de condena sino que, lo más  importante,  guarda  coherencia  con  otras  pruebas  que  en  su momento fueron  ponderadas  por  el  ad  quem  para   llegar   a   la   certeza   sobre   la  responsabilidad  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  con  relación al  doble  homicidio  investigado,  sin que por ello resulte acertado afirmar que se  trata  de  un  testigo  fantasioso o que su dicho no debió ser tenido en cuenta  dentro  del  proceso de ponderación probatoria, con los efectos conocidos, como  lo pretende el defensor.   

          Respecto   de  que  si  Varela   fue   una   de   las   personas   que  amenazaba  a  José  Faber  Ocampo  y  por  ello  no  es  creíble  que  precisamente  él  lo  llevara  junto con su hermana Esperanza  a entrevistarse con el homicida  de   Jaime  Hoyos  al  día  siguiente  de  la comisión del delito, la Sala advierte sin dificultad que, una  vez  más, el recurrente alude a una temática impertinente, en cuanto no guarda  relación   directa   con  el  homicidio  de  Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta; vale decir, que aún de tenerse por demostrado  lo  dicho por el censor y ser ello cierto, en nada podría incidir en el sentido  del fallo atacado.   

          Similares  consideraciones  a  las  precedentes pueden efectuarse en  cuanto  se  refiere  al  planteamiento del casacionista orientado a señalar que  José  Faber  Ocampo también  declaró       que      una      persona      de      apellido      Palomino,  familiar  de  su  cuñado,  fue  testigo    del    momento    en    el   cual   CARLOS  OVIEDO   dio   la   orden  de  matar  a  Jaime  Hoyos,  afirmación desvirtuada por  la    declaración    del    mismo    José   Fabián  Palomino,  quien  dijo no haberse dado cuenta de ello.  En  efecto,  suficiente  resulta  reiterar  que tal reparo carece de virtud para  derruir  las  conclusiones  del  fallo,  en  cuanto  se  ocupa  de  ponderar una  afirmación  del  testigo  Ocampo  Cardona,  lo cual no conlleva a demostrar que mintió en todo cuanto expuso  a la administración de justicia.   

          Ahora,  acerca  de  las  que  el recurrente denomina “mendaces      manifestaciones     de     José     Faber”,  referidas  a  que no hay razón para que no precisara la fecha  en  que  ocurrieron  los  homicidios  investigados,  no  aportó  el número del  beeper al que dijo se había  comunicado  con CARLOS OVIEDO,  ni  el número telefónico al que le respondió su llamado y tampoco señaló en  que   vehículo  se  transportó,  encuentra  la  Sala  que  los  esfuerzos  del  demandante  por  minar  a partir de tales manifestaciones la fuerza demostrativa  del   testimonio  de  José  Faber  Ocampo  resultan  inanes,  pues de un lado, no precisa la regla de la sana  crítica  que  hubiera  podido ser quebrantada por el Tribunal en la valoración  de dicho testimonio.   

Y  de  otro,  no acredita en forma alguna la  repercusión  o impacto que tales supuestas falencias pudieran tener en cuanto a  la    declaración    de   responsabilidad   penal   contenida   en   el   fallo  recurrido.   

Como el impugnante plantea que no es cierto  lo  dicho  por José Faber  en  cuanto  a  que  estuvo  en  compañía  de CARLOS  OVIEDO  cerca  de  dos  horas y media el día de los  hechos,  esto  es,  “desde  pasadas las ocho de la  noche  hasta  las  once y media” o que hubiera sido  testigo  de  la  comisión  de  los  homicidios  investigados, pues se acreditó  mediante  testimonios  que el procesado fue recogido el 2 de enero de 1997 a las  once  de  la  mañana en su casa materna por varios amigos, con quienes viajó a  Cali  a  ver  una  corrida  de  toros  que  culminó  a  las cinco de la tarde y  regresaron   a   Armenia   sobre   las  ocho  de  la  noche,  estuvieron  en  la  “Tienda  de  Capota”  unas   horas   y   luego   se  fueron  al  “Rancho  Argentino”  a  donde llegaron antes de las diez de  la  noche,  para luego regresar a las once y media a la mencionada Tienda, donde  permanecieron  hasta  las dos y media de la madrugada, la Sala considera que tal  aspecto  fue  tratado  a  espacio  y  con  acierto por el Tribunal, amén de que  dichos   testimonios   no  fueron  desestimados  por  carecer  de  precisión  u  olvidar  algunas  minucias  fácticas,  sino porque,  además  de  ser  seguidores  y beneficiarios del procesado, coincidieron en las  mismas  imprecisiones,  todo lo cual permitió concluir que fueron preparados de  manera   previa   e  indebida  para  favorecer  los  intereses  de  CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  y,  de  esta  manera, conseguir que fuera exonerado de responsabilidad penal.   

Aspecto  sobre el cual, el Tribunal precisó  lo siguiente:   

“No es motivo  que  desvirtúe  la  responsabilidad  de Carlos Alberto Oviedo Alfaro, el que se  diga  que este estuvo durante el día en la ciudad de Cali, en el evento taurino  denominado  la Corrida del Toro, pues aún cuando se han aportado testimonios de  personas  que  dijeron  haberlo  acompañado  durante aquel 2 de enero, estos se  observan  parcializados  en favorecerlo, en razón a que han sido copartidarios,  amigos  de  varios  años  y  beneficiados  con la carrera política   (…).   Además   de   ello,   su  homogeneidad  es  sospechosa,  presupone  una preparación o acuerdo,  por  ejemplo, se ve que sus coincidencias se presentan en forma  precisa  en  cuanto a las horas de salida y de llegada; pero al ser interrogados  acerca  de  cuál  fue  el  tema  de  charla  en  el Restaurante Argentino, solo  aciertan  a  indicar  que  se  limitaron a hablar de la corrida. Es evidente que  este  punto,  no  fue  sometido  al  acuerdo  previo, y por ello se remitieron a  manifestar  lo  que  aparecía como obvio, pero nada más. Pero es completamente  ilógico  que  durante  aproximadamente nueve horas no hubieran charlado de algo  distinto.  Estos  hechos,  aunados  a  la  contradicción sobre la forma como se  distribuyeron,  convergen  de  manera unívoca a concluir que dichos testimonios  no  son  dignos de credibilidad” (subrayas fuera de  texto).   

        En  este  contexto  bien  vale  la  pena  señalar  que la Sala no  observa  vulneración  alguna  de  las reglas de la sana crítica en punto de la  valoración  de las referidas declaraciones por parte del Tribunal sino que, por  el  contrario, expuso razonadamente los motivos por los cuales consideró que no  se  ofrecían  creíbles, no sólo por lo anotado en la transcripción anterior,  sino  porque  con  los testimonios de los agentes de  policía    que    vieron    a    CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  en  el puesto de policía de Puerto Espejo a  las  tres  de  la tarde del día de los hechos, quedaron totalmente desvirtuados  los  testimonios  con  los cuales el defensor pretende dar pábulo a la coartada  invocada por su procurado.   

          Ahora,  en  cuanto  atañe a la crítica del recurrente, orientada a  señalar   que   según   lo   declaró   José  Faber  Ocampo,  el  móvil  de los homicidios en Fernando   Celis   Franco  y  Juan    Guillermo    Acosta   Botero   se  circunscribió  simple  y  llanamente  a  que  estos  negaron  que  Ocampo  Cardona  les hubiera ofrecido cien  millones  de  pesos  para  causar  la  muerte  a CARLOS  ALBERTO   OVIEDO   ALFARO,  circunstancia  que  en  su  criterio  no era apta para desencadenar una reacción tan cruel, observa la Sala  que  la  lectura  que  el  demandante  hace  de  la declaración de José  Faber  Ocampo  para  llegar  a  tal  conclusión, no solo es equívoca sino fragmentaria.   

          En  efecto,  en  el  fallo  impugnado se puntualizan los aportes que  sobre   el   particular   suministró   José   Faber  Ocampo, así:   

“Llegaron a la  Finca  de  Frescolo  –se  corroboró    que   se   trata   de   la   finca   “El   Rocío”   hoy   Los  Laureles–  ; Oviedo ya  estaba, no venía en la camioneta”.   

“Interrogaron  sobre   el   ofrecimiento   de   cien   millones   de   pesos.   Luego  hubo  un  altercado”.   

“Enseguida, se  expidió    la    orden    de    muerte    por   parte   de   Oviedo”.   

“Frescolo, con  su  acompañante,  les  hundieron  un punzón en el corazón, los ahorcaron, los  pusieron morados”.   

          Por  ello,  es  razonable  concluir  que el impugnante estructura de  manera  inadecuada  su  reparo,  pues es claro que el hecho de que las víctimas  hubieran  dicho  que  José  Faber  Ocampo  no  les  ofreció  dinero  para  causar  la  muerte a OVIEDO  ALFARO,  no  podía  haber sido la  causa   desencadenante   de   la  muerte  de  Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,  en  tanto  que es preciso tener en cuenta, de  una  parte,  que  la  queja  sobre  tal  aspecto deviene irrelevante pues si tal  hubiera  sido el motivo que determinó a CARLOS ALBERTO  OVIEDO  a  dar  la  orden  de  matar a los mencionados  ciudadanos,  ello  en nada afecta el juicio de responsabilidad que concluyó con  la sentencia de condena proferida en su contra.   

Y de otra, olvida el censor que también a  lo  largo  de la actuación y especialmente en el fallo se precisa que el motivo  para      que      se      dispusiera      la     muerte     de     Celis       y       Acosta  fue  la  relación  sentimental  que existía entre CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y Gloria  Patricia   Castaño  Sanz,  esposa  de  Juan   Guillermo   Acosta,  e  incluso  también,  para  no  pagar a Celis Franco un dinero ofrecido por la muerte de otro individuo.   

          En  cuanto se refiere a que atenta contra las reglas de la lógica y  las  leyes  de  la  ciencia  que  José  Faber  Ocampo  hubiera  dicho  que las víctimas fueron heridas en el  corazón  con  unos  punzones, que se las sometió a torturas con unas bolsas en  la  cabeza  por  cerca  de  dos  horas y que luego fueron ahorcadas, pues con la  primera  acción  no  habrían  sobrevivido  más  de  unos  pocos  minutos, sin  dificultad  nuevamente  la  Sala  advierte  que  el  demandante  se  sustrae por  completo  de  la  información  objetiva  que  los medios de prueba cuestionados  suministran,   pues   lo   que   el   referido   declarante  manifestó  fue  lo  siguiente:   

“Inmediatamente  Oviedo  dio la orden de matarlos y frescolo junto con un acompañante que tenía  hay  (sic) en la finca procedió a hundirles como especie de unos punzones en el  corazón   y   ahorcarlos   con  una  soga,  también  les  daban,  se  pusieron  inmediatamente  morados y con babaza, a Acosta lo tenían amarrado con las manos  atrás  y  ese  señor rezaba, fue muy triste ver eso (…) en el momento en que  ellos  estaban  amarrados los torturaban como para que hablaran, les metían una  bolsas  y  los  tapaban,  luego  nuevamente  se  las  quitaban (…) PREGUNTADO:  Cuanto  tiempo  aproximado duraron en la finca desde  cuando  Ud. llegó hasta que sacaron a estas dos personas muertas. CONTESTO: Eso  fue  aproximadamente  dos  horas  ya que los torturaron mucho tiempo,  o  como  dos  horas y media” (subrayas  fuera de texto).   

          A  partir,  entonces, del contenido material de esta declaración es  lo  cierto  que  no puede deducirse que las víctimas fueron mortalmente heridas  con  punzones  en  el  corazón  y  luego  torturadas  durante dos horas como lo  sugiere  el  defensor  sino  que, desde el momento en que el testigo llegó a la  finca  y  hasta  cuando  culminó el episodio transcurrieron cerca de dos horas,  durante  las  cuales  Celis y  Acosta  fueron  torturados,  para  finalmente  ser  heridos  en  el  corazón  con  los  referidos punzones y  además,  se  les  ahorcó con una soga, todo lo cual deja sin fundamento alguno  la crítica formulada.   

          Ahora,  en  cuanto a que el Tribunal incurrió en error de hecho por  falso  raciocinio al no establecer que el testigo José  Faber  Ocampo se contradijo, pues inicialmente sobre la  incineración  de  los  cadáveres  manifestó  que  de  ello  se enteró por la  prensa,  pero  luego dijo que OVIEDO ALFARO  y “Frescolo”  “cuadraron  todo”  en su  presencia  para  quemar  los  cuerpos de las víctimas, encuentra la Sala que un  tal  planteamiento,  como muchos de los que aquí ofrece el casacionista, guarda  relación  con  los  sucesos  investigados  pero  no  revela  importancia alguna  respecto  de  la  atribución  de responsabilidad penal de su representado, como  que   no   contradice   la   afirmación,   según  la  cual,  fue  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO quien dio la orden  de    dar   muerte   a   Fernando   Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta.   

          Y,    con    relación    a   que   José  Faber  dijo  que  el  nombre  de alias “Frescolo”      era      Orlando pese a lo cual, la persona que con  dicho  apodo  fue  procesada  y  condenada  como autora material de la muerte de  Fernando Celis y Juan   Guillermo   Acosta   resultó  ser  Juan    Ernesto    Vásquez    Corrales,  observa  la  Sala que el reproche así planteado carece de virtud  para  modificar  de  manera  alguna  las conclusiones del fallo atacado, pues lo  cierto,   se   reitera,   es   que   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO   dio   la   orden   a  un  individuo  apodado  “Frescolo”  y  a  otra  persona,  de que causaran la muerte a los ciudadanos mencionados, como en efecto  ocurrió.   Luego,  si  el  nombre  del  sujeto  conocido  como  “Frescolo”      era      Orlando        o        Juan              Ernesto,   ello   en   nada   afecta   la  credibilidad    del   testimonio   de   José   Faber  Ocampo  y  tanto  menos, la certeza obtenida de cuanto  declaró para condenar al procesado.   

Impera   en  este  momento  del  análisis  probatorio  propio  de  esta  sede resaltar que las consideraciones expuestas en  precedencia  también  sirven para desestimar los planteamientos del recurrente,  referidos  a:  i)  Que  José Faber Ocampo  declaró  que  mientras  se  causaba  la  muerte  a  las víctimas  CARLOS   OVIEDO  ALFARO  se  reía,  repitiendo  de  esta  manera  lo  expuesto  por  su hermana Esperanza  con  ocasión  de  la muerte de  Jaime Hoyos. ii) Que si entre  los  papeles  hallados  al  ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero se encontraba la factura de compraventa  de  una  camioneta  Mazda de color rojo y tal información fue divulgada por los  medios  de comunicación, de allí pudo haber sacado el declarante la referencia  que  sobre  tal  vehículo  efectuó.  iii)  Que,  contrario  a las reglas de la  experiencia,    José    Faber    Ocampo   no  recordó  como  se  encontraban  vestidas  las  personas  que  intervinieron   en   los   sucesos   investigados;   y   iv)   Que  José  Faber  Ocampo  inicialmente refirió  que  los  cadáveres  fueron  transportados en una camioneta y que para entonces  sólo   estaban   CARLOS   OVIEDO  ALFARO,  Guillermo Díez  y   Juan   Ernesto   Vásquez  Corrales  (Frescolo), pero  luego     aludió    a    un    “carro”  y  dijo  que OVIEDO ALFARO se quedó aproximadamente con cuatro personas más.   

          Lo  anterior,  porque  lo  que la Sala encuentra en este tema es que  los  mencionados argumentos del defensor no pasan de corresponder a conjeturas y  especulaciones  sin  demostración  alguna.  Además  se  advierte,  que ninguna  incidencia  tienen  en  el  sentido  del  fallo  impugnado, pues si CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  reía  o  no  al  momento  en  que  eran  torturadas y ejecutadas las víctimas, si en el lugar de  los  hechos  se  encontraba  o  no  una  camioneta  Mazada  de  color  rojo,  si  José Faber Ocampo recordó o  no  de qué manera se encontraban vestidas las personas que intervinieron en los  sucesos   que  motivaron  este  diligenciamiento  o  si  los  cadáveres  fueron  transportados     en     una     camioneta     o     en    un    “carro”,  son  aspectos  que  carecen  de  entidad   como  para  desvirtuar  que  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  impartió  la  orden  de  causar  la  muerte a  Fernando Celis y Juan  Guillermo  Acosta, hecho este último  que efectivamente tuvo ocurrencia en el mundo fenomenológico.   

Como  el  casacionista  manifiesta  que  si  José Faber Ocampo dijo en su  declaración   que   se   tuviera   en   cuenta   el   nombre   de  Luis    Alfonso    Ocampo,   hermano   de  Víctor  Patiño  Fómeque,  así  como  el  de  Wilber  Alirio  Varela,      alias      “Jabón”,  pues  al  trabajar  con CARLOS OVIEDO  ALFARO  podían  tomar  represalias por su testimonio,  correspondía  al  Tribunal  tener  en  cuenta que como el testigo anteriormente  había  sido  investigado  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito, donde  probablemente  le  preguntaron  por  tales  nombres,  lo que pudo ocurrir es que  terminara  mencionándolos  por  asociación, lo que sin dificultad se establece  es  que  el  recurrente  no  dice,  ni la Sala advierte, cuál es en concreto el  reproche  que formula a los falladores, quedando en claro, entonces, que una tal  afirmación  o  exigencia  de  cómo  se debió ponderar ese aspecto, no pasa de  corresponder  a una suposición irrelevante e indemostrada, así como ausente de  sustento    lógico   –  jurídico alguno.   

Además, si el Tribunal no tuvo en cuenta que  Alirio  Varela fue la persona  de  quien  el  testigo  dijo lo había llevado junto con su hermana Esperanza  ante  el homicida de su cuñado  Jaime Hoyos, palmario resulta  que   una   tal   queja  resulta  por  completo  desconectada  del  thema  probandum relativo a los homicidios  de    Fernando   Celis   y  Juan         Guillero        Acosta.   

          Acerca  de  que  en su retractación, José  Faber  Ocampo  ante el Notario Primero del Círculo de  Armenia  y  el  Director Seccional de Fiscalías de la misma ciudad expresó que  cuando    señaló    a   OVIEDO   ALFARO  su  estado  de  ánimo  y  emocional  no  eran  normales y deseaba  enmendar  su  error,  pues  no  había sido testigo presencial de los hechos que  relató,  en  criterio  de  la  Sala es claro que el ad  quem  acertó al desestimarla a partir de la siguiente  consideración:   

“Por ello la  Sala  considera, al igual que lo hiciera la H. Corte Suprema de Justicia, que la  postrera  retractación  (vertida  el  5 de febrero de 1998, Fol. 123 Circuito),  que  fue  el  pilar  de  la  absolución  en  mala hora proferida por el Juez de  Instancia,  en  acto  contrario  a  la  evidencia  de  los  hechos, no  merece  la  más mínima atención a nivel probatorio, pues no  encuadra  dentro  del  ya bien desentrañado acertijo que constituyen los hechos  en  que  se  producen  estas dos muertes. Ya la Corte  había  advertido  que  el testigo nada mencionaba sobre las supuestas presiones  que  (sic) terceros y que,  para  llegar  a un resultado práctico en busca de establecer la fe debida a los  testigos,  aconsejan  los  estudiosos que se tomen en  cuenta  factores  tales  como la capacidad mental, si sus sentidos estaban aptos  para  la  percepción  de  las  cosas a la cuales se refiere su declaración, si  depone  por  conocimiento  propio,  si hace relación circunstanciada y completa  extendida  a  lo  principal  y  accesorio  y,  en  fin, si le asiste interés de  mentir”.   

“Estudiado el  testimonio    inculpatorio   de   JOSE   FABER   CARDONA   OCAMPO   (sic),   no  encuentra  la  Sala  que  concurra  en  él  alguno  de  esos  factores que conduzcan a su desestimación,  porque  en el acta que da cuenta de su recepción no  aparece  constancia de que el compareciente visiblemente padeciera de enfermedad  o  que  se  hallare  vivamente  perturbado  por  cualquier  causa que permitiera  catalogarlo  como  inidóneo  para  declarar.  Y, lo que es más, depuso de  ciencia  propia,  pues se hallaba en el escenario de los hechos en el momento en  que   se   desarrollaban,  dando  precisa  cuenta  de  aspectos  sustanciales  y  accesorios  que  los rodearon, en forma tal que sólo  siendo  testigo  ático de su ocurrencia podría dar razón de ellos”. (subrayas fuera de texto).   

          A  partir, entonces, de lo que viene de exponerse, razonable resulta  concluir  que  la  retractación  de José Faber Ocampo  en  punto  del  señalamiento que hizo de CARLOS  ALBERTO OVIEDO como determinador de  los  homicidios  aquí investigados, se encuentra despejada de virtud para minar  la   credibilidad   de   su   testimonio   incriminatorio,   el  cual  encuentra  correspondencia  suficiente  en  otros  medios de prueba tales como las actas de  las  necropsias  practicadas  a  los  cadáveres,  donde  se corroboran detalles  suministrados  por  aquél,  amén  de  las  declaraciones  de los familiares de  Fernando   Celis   y   los  testimonios  de los agentes de policía que se encontraban el día de los hechos  en  el  puesto de Puerto Espejo y vieron allí a CARLOS  ALBERTO  OVIEDO todo lo cual, deja sin soporte la queja  del recurrente sobre el particular.   

Importa señalar que, sobre el específico  tema de la retractación, esto fue lo que precisó el Tribunal:   

        “Y     es     que    en  aquella  primera  versión  no  refleja  ninguna etiología de  transtorno         mental,        –   ninguna   disfunción   de   su  identidad,        percepción,       personalidad,       etc.       –  que es lo que han querido siempre  insinuar  la  defensa  e incluso, el procesado Oviedo, en la indagatoria ante la  Corte  Suprema  de  Justicia”  (subrayas  fuera de  texto).   

“El uso de un  buril,  punzón  o  elemento  semejante no es la única parte del relato que nos  pone  de  frente a la veracidad de su dicho como testigo ocular: este declarante  también  expresó  que los cuerpos fueron ahorcados mediante una soga y de ello  también       hay       evidencia       en       la       necropsia”.   

        Teniendo   en   cuenta   que   el  actor  refiere  que  si  ninguna  persona diversa de los funcionarios de la Fiscalía  tenía  conocimiento  de  las  aseveraciones de José  Faber en contra de OVIEDO  ALFARO,  no  había  lugar  a  que  fuera  objeto de  amenazas  y  por ello, su retractación no podía ser desechada en los términos  en  que  lo  hizo  el  Tribunal, suficiente resulta señalar que, como atrás se  dijo,  el  ad quem expuso  razonadamente  los  motivos  por  los  cuales  decidió  otorgar credibilidad al  testimonio   incriminatorio   y   desechar   la  retractación  de  José  Faber Ocampo, sin que de una tal  ponderación  probatoria  el  defensor acredite o la Sala advierta violación de  las  reglas  de  la  sana  crítica, como para tener por configurado el error de  hecho por falso raciocinio que postula.   

          Ya  en  cuanto  al error de hecho por falso juicio de existencia por  la  omisión  de  valorar la resolución del 28 de febrero de 1998 proferida por  una  Fiscalía  de  la  Unidad  de Derechos Humanos, mediante la cual ordenó la  apertura  de  la  instrucción  y a su vez, dispuso compulsar copias para que se  investigara    a   José   Faber   Ocampo  por  la eventual comisión del delito de falso testimonio respecto  de  su  retractación,  con  facilidad  se advierte que tal actuación carece de  relación    alguna    con    la    responsabilidad    penal   de   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  por  los  hechos  investigados,  pues  si  la  Fiscalía  acertó  o  no  al  ordenar  la referida  compulsación  de  copias  es  un  asunto  ajeno  por completo a la sentencia de  condena  objeto  de  impugnación  extraordinaria,  crítica que en consecuencia  resulta impertinente con relación a los intereses del procesado.   

          Y  en punto de la queja del recurrente referida a que el Tribunal no  apreció     “dentro     del    marco    de    la  experiencia”   la  declaración  del  Mayor  de  la  Policía  William  Víctor  Mora Quiñonez,  quien  afirmó  que de acuerdo con su experiencia de investigador  por  más  de  17  años,  la muerte de las víctimas ocurrió en el sitio donde  fueron  encontradas  a  eso  de  las  diez de la noche, lo que sin dificultad se  observa  es  que  el demandante no dice, ni la Sala advierte, la importancia que  lo  dicho  por  el mencionado servidor público pudiera tener en cuanto atañe a  la   declarada   responsabilidad   de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO.   

Además  de  ello, no hay duda que una tal  afirmación  no pasa de ser un simple comentario dado que el Mayor no presenció  los  sucesos  y  que,  en  casos  como  éste,  fue desvirtuado por las  conclusiones  del  protocolo  de  necropsia,  en  el  cual se  registra   que  las  quemaduras  de  los  cuerpos  tuvieron  lugar  postmortem, circunstancia que confirma  lo    expuesto   por   el   testigo   José   Faber  Ocampo.   

          Como   el   demandante   dice   que  el  Tribunal  no  apreció  una  “importante coincidencia”  referida  a  que  la  finca  La  Brasilia, donde fueron hallados los cadáveres,  pertenecía   a   Alfonso   Urrea  Botero,  cuñado  del  ingeniero  Juan Guillermo  Acosta  Botero,  encuentra la Sala que adicional a ese  escueto  enunciado, no se aprecia que el censor hubiera procedido a concretar la  censura  y  tampoco  a  señalar  la trascendencia que pudiera tener en el fallo  impugnado  de  haberse  logrado  acreditar,  circunstancia que imposibilita a la  Sala   proceder   a  la  evaluación  sobre  la  prosperidad  o  fracaso  de  su  planteamiento.   

Ahora bien, en razón a que para demeritar el  valor  probatorio  asignado  por  el  Tribunal a la declaración de José  Faber  Ocampo,  el defensor plantea  que  dentro de la actuación se acreditó que el 2 de enero de 1997, esto es, el  mismo  día  de  los hechos aquí investigados, hacia las dos de la tarde aquél  ingresó  al  Centro  Asistencial  de  Buenavista  (Córdoba),  dependiente  del  Hospital  San Nicolás de Planeta Rica –   distante   cerca   de   trece   horas   de  Armenia  –  y  salió  a  las  6:20 de la noche,  luego  de  ser  atendido  por  problemas alimentarios que le produjeron diarrea,  vómitos  y dolor abdominal, situación corroborada con las declaraciones de los  médicos  Mariano  Enrique  Vergara  Diago,  Jaime  de  Jesús  Bustillo Petro y José  Lupercio   Herazo  Quiñones,  a  partir  de  lo  cual  concluye  que no fue testigo presencial de los hechos que declaró, considera la  Sala  que  acertó  el  Tribunal  al  estimar que una tal información, lejos de  corresponder  a  la verdad de lo ocurrido, irrumpe en autos como “una burda mentira”.   

          En  efecto,  si ya en esta decisión se dijo que la declaración por  cuyo  medio José Faber Ocampo  se  retractó  de  las  sindicaciones  que  efectuó  en  contra de CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  ALFARO  por  su  intervención   a   título   de   determinador  de  los  homicidios  objeto  de  investigación  fue  debidamente  desestimada por el Tribunal, ahora corresponde  resaltar  las  razones que tuvo para concluir que la acreditación probatoria de  la   presunta  atención  médica  no  se  ofrecía  de  recibo,  que  concretó  así:   

“La táctica a la  que   tuvo   que   recurrir   Faber  Ocampo,  persiguiendo  que  el  funcionario  investigador  obtuviera el convencimiento de que él efectivamente había estado  en  la  ciudad  de  Caucasia, y que por tanto no pudo ser testigo presencial del  doble  homicidio,  fue  la de decir que estuvo tan enfermo que tuvo que acudir a  un  centro  hospitalario por urgencias. Procedió para reafirmar tal acotación,  a  aportar una constancia expedida por el Cami de Buenavista (Córdoba) donde se  indica  que fue atendido el 2 de enero de 1997 por el doctor Lupercio Erazo, con  impresión  diagnóstica  de desequilibrio hidroeléctrico por deshidratación y  toxiinfección alimentaria”.   

“El   hecho  ameritó  una  exhaustiva  investigación  ordenada  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  por  lo  que  se  comisionó  a la Fiscalía de la Unidad de Derechos  Humanos.   Se   extracta   de   las   probanzas  recopiladas,  que  conforme  a  los  archivos  de  historias  clínicas  solo  fueron  atendidos  por  urgencias  dos  pacientes:  José  Faber Ocampo Cardona y Javier  Jadith Medellín”.   

         “En  las  planillas  correspondientes al  registro   diario   de  egresos  del  hospital,  conformada  por  cuatro  hojas,  revisado  renglón  a  renglón  no  se encontró el  nombre  de  José  Faber  Ocampo,  en  cambio  si  se  leyó el nombre de Javier  Jadith”.   

         “Pero,   si  como  dicen,  la  disposición  de  turnos no permitía que estuviera más de un  médico  en  el  turno de urgencias, resulta realmente incongruente que aparezca  una   historia  suscrita  por  parte  de  la  Dra.  Liney  Barrera  y  otra  por  Lupercio”.   

         “En el hospital existen fólderes de las  planillas  discriminadas  por  fecha,  sin  embargo  no se encontró la historia  correspondiente a José Faber”.   

         “En     conclusión,     al  cotejar  el tratamiento dado a los dos pacientes recibidos por  urgencias  el  2  de  enero  de 1997, saltan a la vista grandes disparidades que  solo   apuntan   a   establecer  que  todo  fue  una  burda  mentira” (subrayas fuera de texto).   

          Tales  razonamientos  permiten  a  la  Sala  llegar  a  la razonable  conclusión  de  que  el Tribunal si ponderó tanto la diligencia de inspección  judicial  practicada  al  Centro  de  Atención  Médica  de Urgencias (CAMU) de  Buenavista   como  los  documentos  aportados  y  las  declaraciones  recibidas,  arribando  a  inferencias  diversas  a  las  señaladas  por el impugnante, pues  asumió  que  se  trataba  de  un  montaje orientado a otorgar credibilidad a la  retractación   de   José  Faber  Ocampo,  a  través  de un análisis que antes que apartarse de las reglas  de  la  sana  crítica,  las  tiene en cuenta de manera adecuada y que, de todas  maneras, prevalece sobre el que propone la defensa.   

          Además,  se impone agregar que no es cierto que el Tribunal hubiera  concluido  que  José Faber no  estuvo  en el mencionado Centro Asistencial por el no hallazgo de los recibos de  pago  de  los  servicios,  en  tanto que lo fue básicamente porque su nombre no  aparece  en  el registro diario de salidas, como si aparece el del otro paciente  atendido  por  urgencias el mismo día, esto es, Javier  Jadith Medellín.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  si  Javier  Jadith  fue dado de alta el 3 de enero de 1997 y no el  2  de  los  mismos  mes y año, fecha en la cual se dice que también salió del  servicio    de    atención   médica   José   Faber  Ocampo,  ello  no  explica la razón por la cual en el  registro  de egresos no aparezca el nombre de éste, pues lo cierto es que dicho  registro,  como  se anotó en la diligencia de inspección judicial, corresponde  a todo el mes de enero de 1997.   

Igualmente,     si     Javier     Jadith     y    José  Faber  Ocampo  fueron  atendidos el  mismo  día  por  urgencias,  cuando  cumplía  turno  sólo  un  galeno,  no se  encuentra  razón  plausible  alguna  para  que la historia de aquél apareciera  suscrita  por  Liney Barrera y  la    de   éste   por   Lupercio   Erazo.   

          Es  importante  resaltar que, como con tino lo destacó el Tribunal,  en  el  transcurrir  de este diligenciamiento se acreditaron varios episodios en  los  cuales,  quienes  han  sindicado  a CARLOS ALBERTO  OVIEDO  de  la  comisión  de  algún  comportamiento  ilícito,  posteriormente  se  han  retractado,  proceder  al  cual no fue ajeno  José  Faber  Ocampo,  quien  luego  de declarar contra el procesado y exponer de manera detallada la forma en  que    ocurrieron    los   homicidios   de   Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,  decide  retractarse  y  para  ello, invoca la  supuesta  atención  médica  que  recibió  el día de los hechos en el CAMU de  Buenavista.   

          Es  en  este contexto, entonces, donde cobra especial interés tener  en   cuenta   el   fuerte   ascendiente   que   se   dice   tenía  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO sobre personas que,  por  una  u otra razón, estaban con él ligadas, en punto de lograr de su parte  la  alteración  de  la  verdad como ocurrió con José  Faber  Ocampo y con el agente de policía Miguel  Angel Sandoval, quienes terminaron,  el  primero,  retractándose  de  su  declaración incriminatoria y, el segundo,  mostrándose  dudoso acerca de si el día de los hechos había visto o no que el  procesado  transitó  por el puesto de control de Puerto Espejo en un vehículo,  amén   de   que   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  arrimó  a  la actuación documentos que acreditaban que el puente  de  Puerto  Espejo  no  estaba de servicio el día de los hechos, situación que  fue desvirtuada.   

Así las cosas, en relación con la supuesta  concurrencia  a  un  Centro  Asistencial de José Faber  Ocampo  para  recibir  atención  médica,  razonable  resulta  concluir  que ello en verdad no se produjo y que cuanto se acreditó en  torno  de  ella  solo  corresponde  a  un montaje fraguado para dar soporte a la  postrera  retractación  del  mencionado  ciudadano,  pero desentendiéndose por  completo  de  que lo expresado en su testimonio incriminatorio encontró apoyo y  concatenación  en  otras  pruebas  y,  a  la postre, al efectuar la evaluación  conjunta  del  recaudo probatorio, permitió arribar a la certeza exigida por la  ley,  acerca  de  la  responsabilidad  penal  de CARLOS  ALBERTO   OVIEDO   ALFARO  como  determinador  de  los  homicidios   en   Fernando  Celis  Franco     y     Juan     Guillermo    Acosta  Botero.   

          Ya  en  cuanto  se  refiere a que Esperanza  Ocampo también dijo que desde finales de diciembre de  1996  y  hasta  después del día de reyes de 1997 se fue con sus dos hijos y su  hermano   José   Faber  a  Caucasia,  distante  doce o trece horas de Armenia por tierra, baste afirmar que  si    los    hermanos    Ocampo   Cardona  fueron  amenazados  por las sindicaciones que hicieron respecto de  CARLOS ALBERTO OVIEDO por los  homicidios  objeto  de  esta  investigación,  así  como  por  el  homicidio de  Jaime   Hoyos,  esposo  de  aquella,  no  hay  duda  que el único camino que le quedaba para salvar su vida  era   el   de   intentar  dar  fortaleza  a  la  retractación  de  José   Faber,  sin  que  por  tanto,  su  testimonio  sobre el particular sea digno de crédito, como en efecto lo asumió  el  ad  quem, al señalar lo  siguiente:   

“Lo dicho por  su         consanguínea         (Esperanza,  hermana  de  José  Faber,  se  aclara),   en  respaldo  de  esta  última  versión,  no  da  motivo  de  confiabilidad  para  la  Sala,  pues  es  entendible   que, al venir siendo  intimidado  su  hermano,  ella lo respaldara para evitar siniestros como los que  ya  se sabía era capaz de ejecutar u ordenar ejecutar Oviedo Alfaro”.   

        También  resulta  oportuno  puntualizar  que si bien Esperanza  Ocampo  intenta convencer a  la  jurisdicción  que los sucesos relatados por su hermano como acaecidos en la  residencia     de     Wilber    Varela,     alias    “Jabón”,  no  tuvieron  ocurrencia, lo cierto es que los autos revelan  que,  ciertamente,  si  existía  relación  entre  el  mencionado  individuo  y  CARLOS ALBERTO OVIEDO, si  se  tiene  en  cuenta  que José Guillermo Gutiérrez  Isaza,  propietario  de la Empresa Electrónica y de  Telecomunicaciones  de  Colombia Etelco declaró que un sábado del mes de abril  de  1998,  el  procesado concurrió a las instalaciones de su compañía y junto  con  varios  de  sus  escoltas revisaron los mensajes que aparecían a nombre de  Varela o “Jabón”,  hecho  este que desvirtúa  el  presunto  desconocimiento  de  OVIEDO       y       Varela.   

Ahora,  si se tiene en cuenta que el censor  reprocha  que  se  hubiera  otorgado  credibilidad al testimonio incriminante de  José Faber Ocampo pese a que  dijo  que  para  llegar  a  la finca donde tuvo lugar la muerte de las referidas  personas  había  que  pasar  por una escuela que se encontraba a la entrada, lo  cual  fue desvirtuado en la inspección practicada a dicho lugar, pues no existe  escuela  alguna  en  la  entrada  a  la  finca  El  Rocío, una vez más la Sala  advierte  que  el  impugnante olvida que los yerros demandables en casación son  aquellos  transcendentes, con entidad suficiente para trasmutar las conclusiones  del  fallo  atacado  y  no,  la  simple  y  llana  postulación  de nimiedades o  incorrecciones     frente    a    las    cuales    la    sentencia    permanezca  incólume.   

Es  decir,  si en verdad a la entrada de la  Finca  El  Rocío hay o no una escuela, ello sólo constituye un detalle carente  de  importancia  frente a la ponderación conjunta de todo el recaudo probatorio  y,  por tanto, sin virtud para restar credibilidad al testimonio de José  Faber  Ocampo  y  tanto  menos,  de  variar  el  sentido  del  fallo,  más aún, cuando éste también se soporta en  otras pruebas diferentes a la mencionada declaración.   

          Finalmente,  en  punto  de  la  crítica  del  censor  encaminada  a  señalar    que   como   el   testimonio   de   José  Faber  no  se  basó  en  percepción  directa  de los  hechos,  sino  en  las  informaciones  de  los  medios de comunicación y en los  rumores  que  circulaban  en el Departamento del Quindío, y que por ello debía  otorgársele   credibilidad  a  su  retractación,  encuentra  la  Sala  que  el  recurrente  omite valorar el aporte demostrativo de otros medios de prueba tales  como  las  declaraciones  de  los agentes de policía que vieron al procesado en  Puerto  Espejo,  así  como  los  datos  que  aportaron  los  protocolos  de las  necropsias,   coincidentes  íntegramente  con  la  exposición  del  mencionado  testigo,  más aún, si conforme atrás se dilucidó es claro que, de una parte,  al   rendir  su  testimonio,  José  Faber  no  se  encontraba  dentro  de  alguna  circunstancia especial que  permitiera  establecer su interés en faltar a la verdad y, de otra, que, por el  contrario,  es  sobre lo dicho en su retractación que se afianza la conclusión  de  su  especial interés por dar soporte a sus palabras, contando para ello con  el  montaje que en torno a una presunta atención médica recibida a trece horas  del lugar de los hechos, se elaboró.   

          Y  es  por  ello  que  el  siguiente  razonamiento  del ad  quem sobre el particular se ofrece asaz  acertado:   

“Pero   aun  aceptando,  en  gracia de discusión, que hubieran existido tales transmisiones,  nada  indica  que  José  Faber  las  hubiera  escuchado  y  que  si lo hizo, su  testimonio  hubiera  sido  orientado por ellas. Si tal cosa se aceptara, habría  de  admitirse  que,  siempre  que  un  testigo  se  presente ante la autoridad a  relatar   un  hecho,  con  posterioridad  a  su  difusión  por  los  medios  de  comunicación,  se  trate  de un fabulador. Para llegar a una conclusión de tal  naturaleza  o  que,  por  lo menos, genere duda en el juzgador, ha de tomarse la  prueba  en su conjunto, como lo aconseja la ciencia probatoria. Pero, en el caso  presente,  ninguna  operación  lógico  probatoria se ha siquiera esbozado, que  permita llegar a semejante conclusión”.   

Así las cosas, claro resulta que aún si en  verdad  la  ocurrencia  de  los  homicidios de Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta  tuvo  un amplio despliegue periodístico en el  eje   cafetero,   es   lo   cierto   que   no   se  demostró  que  José  Faber Ocampo hubiera tenido acceso a  tales  informaciones y tampoco se acreditó que estas fueran las únicas fuentes  materiales  de su testimonio, como para descartar por ello su presencia efectiva  en   el   lugar   y   en  el  momento  en  que  se  cometieron  los  mencionados  delitos.   

          Por  ello  encuentra la Sala que, como apropiadamente lo concluye la  Procuradora  Segunda Delegada en su concepto, los esfuerzos del casacionista por  restar  credibilidad y mérito suasorio a la declaración incriminatoria rendida  por    José    Faber   Ocampo   Cardona  resultaron  infructuosos,  en cuanto no logró acreditar que en su  ponderación  el  Tribunal  hubiera  incurrido  en yerro trascendente alguno que  pudiera  afectar  la  declaración de justicia contenida en el fallo que, por lo  demás, se sustenta también en otras pruebas de cargo.   

          Así  las  cosas,  la conclusión que sin dificultad se impone es la  de la improsperidad del cargo en tales términos planteado.   

1.2.          Segundo  cargo principal: Error de hecho  por   falso   raciocinio   respecto   de   las   declaraciones  de  Juan  Carlos  Celis  Franco,  Oscar  Celis  Lozano, Luz Neyda Celis  Franco  y  Migdalia  Ortíz  Torres.   

El demandante comienza por indicar que erró  el  Tribunal al afirmar que la relación entre Fernando  Celis  y  OVIEDO  ALFARO databa de mucho tiempo atrás,  pese  a  que  se  demostró  que  en  la reunión entre familiares de aquél con  Migdalia    Ortíz    y  Luis  Jaime  Álvarez Ángel,  alias   “Micollorón”,  realizada  el  22  de  diciembre de 1996, esto es, días antes del homicidio del  primero   de   los   nombrados,   Álvarez  les  manifestó  que ayudaría a Fernando  Celis    a    buscar    trabajo   con   CARLOS ALBERTO OVIEDO.   

          Aduce    que   el   ad   quem  tuvo  como  cierto el rumor de que CARLOS  ALBERTO  OVIEDO era el autor de todos los crímenes que  se  cometían  en  el  Quindío  y,  en particular, de la muerte de Jaime Hoyos.   

          a)  Respecto  de  la  valoración  del  testimonio  de  Juan  Carlos  Celis, el censor señala que  si  bien dijo que Fernando una  vez  le  manifestó  que  OVIEDO  ALFARO  le  iba  a  pagar  tres millones de pesos por matar a una persona en  una  discoteca  y posteriormente le contó que efectivamente había cumplido esa  labor   causando   la   muerte   de   un   individuo  de  apellido  Mejía,   también   agregó  que  varios  guardaespaldas  de  CARLOS  ALBERTO OVIEDO  lo  buscaban  con  frecuencia,  entre  ellos alias “Bambino”,  su  hermano  y lo llamaban al  beeper 463456 código 911, lo  cierto es que ello tales afirmaciones resultaron desvirtuadas.   

          En   esa   dirección,   indica  que  en  el  proceso  se  acreditó  documentalmente      que     el     referido     código     de     beeper   fue   asignado   a  Jorge  Iván  López Henao el 14 o el 17 de  enero  de  1997,  esto  es,  diez  días  después  de la muerte de Fernando  Celis,  de donde concluye que el  último  de  los nombrados no pudo haber sido contactado en vida por dicho medio  y  que  el  Tribunal  incurrió  en falso juicio de existencia por haber omitido  valorar  los  mencionados documentos, en la medida en que desvirtúan un posible  contacto   entre   los  hermanos  OVIEDO  y  Fernando Celis  a  través  de dicho medio de comunicación y permiten concluir que éste no fue  contratado  por  CARLOS OVIEDO  para  matar  a  Jaime Hoyos y  tanto menos que ofreció pagarle tres millones de pesos.   

Además, refiere el recurrente que dos días  después  Juan  Carlos  Celis  rindió  ampliación  de  su  testimonio, a través de la cual manifestó que la  persona  a  quien mató su hermano Fernando    fue    Jaime   Hoyos.   No  obstante,  la hermana del declarante, que a su vez fue la esposa  de  Jaime  Hoyos  y resultó  herida  en  el  atentado  que  culminó  con  la  muerte de aquél, declaró que  Fernando  Celis  no  fue  la  persona  que les disparó, afirmación corroborada por el funcionario del Cuerpo  Técnico   de   Investigación  Manuel  Antonio  Arias  Echeverri    al   declarar   que,   definitivamente,  Fernando  Celis  no  mató a  Jaime Hoyos, pues corresponde  a  unas  características  físicas diversas a las del retrato hablado que sobre  el homicida se elaboró.   

          También  señala  el  defensor  que en la segunda ampliación de su  declaración,    Juan    Carlos    Celis   dijo   que   no   conoció   a   Jaime  Hoyos,    pero    que    su   hermano   Fernando  le  comentó  que  éste  había  tenido   un   problema   con   CARLOS  OVIEDO    en    una   discoteca   y   que   por   ello,   OVIEDO  le ofreció tres millones de pesos  y   le   entregó  un  arma  para  que  lo  matara,  como  en  efecto  ocurrió;  adicionalmente    reitera   que   con   frecuencia   su   hermano   Fernando  le pedía que enviara mensajes a  Guillermo   Oviedo  (alias  “Bambino”)    vía  beeper  al  código  911  y  precisamente,  un  día antes de la muerte de su hermano le pidió le enviara un  mensaje  por el mismo medio al Ingeniero Juan Guillermo  Acosta.   

          Entonces,  el  impugnante  agrega  que de manera increíble, en esta  intervención    Juan    Carlos    Celis      señala      que      la      víctima     de     Fernando       fue       Jaime   Hoyos,   lo   cual  se  encuentra  desvirtuado;  que además incurrió en contradicciones pues anteriormente había  dicho  que el día de la muerte de su hermano no había hablado con él, pero en  esta   oportunidad   dijo   que  iba  a  cobrarle  el  dinero  que  CARLOS  OVIEDO  ALFARO le debía pero que,  en      autos     se     demostró     que     el     Ingeniero     Acosta  no  recibió  ningún  mensaje  de  Fernando   Celis   o   del  “Mono”  entre  el  21 de  diciembre  de 1996 y el 1º de enero de 1997, circunstancia que deja sin soporte  las afirmaciones del declarante sobre el particular.   

Destaca  que  en  el testimonio rendido por  Juan  Carlos  Celis  el 4 de  agosto  de  1998, contrario a lo que había expresado en ocasiones anteriores de  que   nunca   había   visto  a  Guillermo,  el  hermano  del  Congresista,  en  tal oportunidad lo describió  aduciendo     que     cuando     recogía     a    su    hermano    Fernando,  tuvo  la  oportunidad  de verlo  varias veces.   

          Una  vez más, continúa el demandante, en la referida diligencia se  refirió   a  la  muerte  de  Jaime  Hoyos,  al  ofrecimiento  de  los tres millones de pesos y a los mensajes  enviados  al  código  911 al hermano de CARLOS ALBERTO  OVIEDO,  además  de  que informó había entregado en  una   ocasión   a   su  hermano  Fernando  un  explosivo  que  fue  colocado en un establecimiento abierto al  público de Armenia.   

Afirma  el  casacionista  que  el  Tribunal  incurrió  en  un error de hecho por falso raciocinio al darle credibilidad a lo  expuesto   por   este   declarante,   pues   no   es   cierto  que  Fernando  Celis  hubiera causado la muerte  de  Jaime  Hoyos por orden de  CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  a  cambio  de tres millones de pesos y tampoco que hubiese hablado con el occiso el  día   de  su  muerte,  pues  Juan  Carlos  salió  de su casa muy temprano para poder llegar a la fábrica de  sombreros  a  las  siete de la mañana, donde permaneció hasta las cuatro de la  tarde.   

          Insiste   el   censor   en   que   lo   expuesto   por  Juan  Carlos  Celis  es  falso, pues no se  acreditó   que   su   hermano   Fernando   se   hubiera  entrevistado  con  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y  tanto  menos  que  “el  ex  congresista hubiera estado en Armenia en días diferentes al  24   y  31  de  diciembre  de  1996,  1º  y  2  de  enero  de  1997”.   

Agrega  que  el ad  quem    erró    al    concluir   que   Juan   Carlos  Celis  se  refirió  en  su  declaración  “al factor celos y al lanzamiento de un  Rocket  que  el  ingeniero  pensaba  lanzarle a Oviedo Alfaro, cuando el testigo  nunca  hizo  tales  manifestaciones en ninguna de sus intervenciones”.   

También  indica  que  erró el Tribunal al  asumir   que   el   código   911   que   le   fuera  asignado  al  beeper        de        Henao  en  enero 14 o 17 de 1997, esto es,  diez   días   después   de  la  muerte  de  Fernando  Celis,  fue  el  medio utilizado para acordar una cita  entre   este   y  Guillermo  Díez  Alfaro.   

Señala que no es cierto lo expuesto por el  Tribunal,  en  el  sentido  de  que  CARLOS   OVIEDO  y  su  hermano   tenían   conocimiento   del   viaje  que  emprendería  el  Ingeniero  Acosta  al  día siguiente y  que  por ello debían causarle la muerte antes de esa fecha, pues no obra prueba  alguna que así lo indique.   

b)  Acerca  del  testimonio de Oscar  Celis  Lozano,  padre de una de las  víctimas,  el defensor resalta que al declarar dijo que una vez “Micollorón”  habló  con  Fernando   y  le  dijo  que  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  lo había mandado  llamar  para  que trabajara como su guardaespaldas y, el mismo día de la muerte  de  su  hijo,  éste  le  comentó  acerca  de  la  infidelidad de la esposa del  Ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero     con    CARLOS    OVIEDO,  motivo  por  el  cual Acosta  “pensaba mandarle un rocket”.   

          Sobre  el particular indica que Juan Carlos  Celis  declaró  que  como  su  hermano  Fernando  sólo  confiaba  en  él,  no le  contaba  sus  asuntos a su padre, circunstancia que fue ratificada por éste, de  donde   concluye   el   recurrente   que   si   Oscar  Celis  se  limitó  a declarar lo que decía la esposa  del  occiso,  es  un  testigo  de oídas que no ostenta consistencia y carece de  aptitud para servir de sustento a un fallo condenatorio.   

          Adicional  a  lo  anterior,  el  defensor  refiere que el declarante  Oscar  Celis  fue  impreciso  acerca     de     la     responsabilidad     de     su     hijo     Fernando  en  la  muerte  de  Jaime  Hoyos  Ramírez,  pues  su dicho se  basa    en    lo    que    le   comentaron   Migdalia  Ortíz   o   Juan   Carlos  Celis  y  en  lo  sugerido  por  los  funcionarios que  efectuaron  el  interrogatorio,  sin  que  tuviera  conocimiento  directo de los  hechos  que  expuso.  Ello,  en  su criterio, constituía motivo suficiente para  desestimar sus afirmaciones.   

También  señala  que,  contrario  a  lo  precisado  por  el ad quem, no  se  demostró  que  entre  Fernando  Celis    y    CARLOS    OVIEDO   existiera  permanente  contacto  y, antes bien, lo que se probó fue  que  el  beeper supuestamente  utilizado  como  medio  de  comunicación  entre  ellos,  había sido asignado a  Jorge  Iván  López  Henao  después  de  la  muerte  de Fernando Celis,  más  aún  si en la transcripción de los mensajes recibidos por  el  Ingeniero  Acosta  no se  menciona    ni    al   procesado   OVIEDO  ni  a  su  hermano  Guillermo.   

c)  En  relación  con  la  declaración de  Luz   Neida  Celis  Franco,  hermana   del   occiso   Fernando   Celis,  considera  el  impugnante  que  si  bien  dijo  que  Fernando  le  había  comentado  el  24 de  diciembre  de  1996  que pronto iba a cobrar tres millones de pesos que, el día  de  los  hechos efectuó una llamada telefónica a eso de las once de la mañana  que,  como  a los cinco minutos lo llamaron y habló con una persona largo rato,  para  salir  cinco  minutos  más  tarde  de  su  casa  hacia la Universidad del  Quindío  a encontrarse con alguien cuyo nombre no recordó, lo cierto es que de  la       transcripción      de      las      llamadas      al      beeper    del   ingeniero   Acosta  se  establece  que  efectivamente  Fernando  Celis  lo llamó a  las 11:02 a.m., pero no logró localizarlo.   

Por lo expuesto, considera el demandante que  la  persona con quien habló telefónicamente por largo rato fue una distinta al  Ingeniero,  pues  de  la casa de la mencionada hermana salió a las 11:35 a.m. y  volvió  a  llamar  al  Ingeniero  a  la  1:47 desde el abonado 476833, no de la  residencia  de Luz Neida, cuyo  número  telefónico  corresponde al 458990. Posteriormente volvió a llamarlo a  las 3:10 de la tarde.   

          A  partir  de  las anteriores referencias considera que Fernando no dijo que se entrevistaría con  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO, pues  tal   nombre   habría   sido   recordado   por   Luz  Neida y si ello fue así, el Tribunal erró al afirmar  que  el  contacto  telefónico  permanente entre OVIEDO  y   Fernando demuestra que algo ilícito estaban fraguando.   

          Agrega   que  si  el  ad  quem    consideró   que   el   negocio   por   el   cual   Fernando  Celis iba a recibir tres millones  de  pesos  era  ilegal  dado  que  no  tenía  conocimientos  especiales  que le  permitieran  acceder  a  dicha  suma  en  una  noche y si además, concluyó que  aquél   iba   al   encuentro   de  OVIEDO,  y  que  el  negocio  del  que hablaba era entregar a Guillermo  Acosta para causarle la muerte,  incurrió en un error de hecho por falso raciocinio.   

Para demostrar el referido yerro señala el  censor  que  si  de  acuerdo con las reglas de la experiencia los hechos recién  percibidos  se recuerdan con mayor facilidad, resulta ilógico que la testigo al  otro     día     de     la     muerte     de     su     hermano    Fernando  no  recordara el nombre de quien  éste  le  manifestó  le  adeudaba  tres  millones de pesos, ni el nombre de la  persona  con quien dijo se iba a encontrar, pero ocho meses más tarde estuviera  en  capacidad  de  recordar  que  CARLOS ALBERTO OVIEDO  ALFARO  fue a quien su hermano se refirió como el que  le   había   enseñado   a   manejar   armas   y   para  quien  trabajaba  como  guardaespaldas.   

          Entonces  aduce  que  la falta de credibilidad de la testigo salta a  la  vista,  pues  Fernando no  iba    a    encontrarse    el    día    de    los   hechos   con   OVIEDO  y  mucho  menos  le  cobraría los  mencionados   tres   millones   de  pesos.  Tampoco  se  puede  aceptar  que  si  OVIEDO  ALFARO  conocía  a  Fernando hacía pocos días,  le  enseñara a manejar armas para contratarlo como guardaespaldas, en especial,  porque  no  se  acreditó  que  aquellos se hubieran reunido esa semana u otra y  menos   que  OVIEDO  supiera  manejar     armas,     pues    éste    nunca    tuvo    esquema    alguno    de  guardaespaldas.   

          Afirma  el  casacionista  que  en  la  ampliación  de su testimonio  efectuada  el  8  de  septiembre  de  1997,  Luz Neida  Celis    recordó    el   nombre   de   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO,  quien la  visitaba  frecuentemente  y  que  Fernando  le  comentó  haber  presenciado cuando aquél mató a una persona  conduciendo  su  vehículo, amén de que le adeudaba diez millones de pesos a su  hermano.   

          Sobre    la    ampliación    de    declaración   de   Luz  Neida  rendida el 4 de agosto de 1998  dice   el   recurrente   que   en   tal   oportunidad   dijo   que  Fernando  le  comentó  que tenia que ir a  hacerle  un  trabajo  a OVIEDO  para que le pagara una plata que le debía.   

          De  lo  anterior  considera  que  como el testimonio de Luz  Neida es ilógico pues inicialmente no  recordó  todas  aquellas  informaciones que expuso en las ampliaciones rendidas  años   después,   debió   ser   por  ello  desestimado  por  el  ad  quem  como  fundamento  del  fallo  de  condena.   

          Dice  el  impugnante  que  si en efecto se entabló alguna relación  entre   Fernando  Celis  y  OVIEDO  ALFARO,  esta  no pudo ser anterior al 22 de diciembre de 1996, razón por  la  cual  no  puede  afirmarse  que la misma databa de tiempo atrás y menos que  Fernando  hubiera podido ser  determinado   por   éste   para   ultimar   a   Jaime  Hoyos en agosto de 1996.   

          Adicionalmente  resalta  que tanto Migdalia  Ortíz  como  Jaime Álvarez  Ángel,          alias         “Micollorón”,  coinciden  en afirmar que  fue  sólo a partir del 22 de diciembre de 1996 que pudo existir algún vínculo  entre   Fernando   Celis   y  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO,    en    atención    a   que   Jaime  Alvarez  se  ofreció  a hablar con  OVIEDO    ALFARO    para  conseguirle  un  empleo  a  Fernando  Celis,  sin que se encuentre demostrado que ello fue así, o que este se  entrevistó   con   el   procesado  OVIEDO.   

Concluye  el  defensor  indicando  que  el  Tribunal  incurrió  en falso raciocinio, cuando de manera ilógica sostiene que  la  relación  entre  OVIEDO y  Fernando    Celis  databa  de mucho tiempo, pese a que  el  aparente  contacto  surgió  del  encuentro que tuvieran con “Micollorón” el 22 de diciembre de 1996,  o     sea     diez    días    antes    de    la    muerte    de    Fernando            Celis.   

          d)  En punto de la declaración de Migdalia  Ortíz  el casacionista afirma que no es cierto que el  Ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero   buscara  a  Fernando  Celis   para   que   le  cambiara  unos  dólares,  pues  “de  ninguna  manera  el  ingeniero  podría llegar a confiarle a una  persona  como  Fernando  el  manejo  de  dineros”  y  tampoco   es  cierto  que  la  intención  del  Ingeniero  era  la  de  matar  a  OVIEDO,  motivo  por el cual  éste  le  pidió  a  Fernando  que   le   “sacara”  al  Ingeniero para adelantársele y matarlo.   

          También  anota  el  impugnante  que  el Tribunal fundó el fallo de  condena  en “dos móviles irreconciliables: celos por  la  esposa  del  Ingeniero  e  interés  inexplicado de José Faber (sic)       por      eliminar      al  Parlamentario”,   pero  sin  llegar  a  fundamentar  razonablemente  ninguno  de los dos y agrega que “las  supuestas  infidelidades  (de  la esposa del ingeniero  Juan  Guillermo Acosta Botero  con  CARLOS ALBERTO OVIEDO, se  aclara)  solo estuvieron en la mente de Migdalia Ortiz  Torres,  y que no obstante, el Tribunal las acogió como verdaderas, incurriendo  en  error de raciocinio al trastocar lo falso en verdadero, y con tales premisas  imponer    una    sentencia    de    condena    ilegal   e   injusta”.   

Dado  que  en  su declaración Migdalia            Ortíz  dijo  que  el  31  de diciembre de  1996,    su    esposo    Fernando   Celis    le   manifestó   que   tenía   que   llamar   a   OVIEDO, oportunidad en la cual le entregó  un  papel  en el que se registra un número telefónico y un código para enviar  mensajes  a  un  beeper que, a  su  vez, aportó a esta investigación, el censor insiste en que aquella mintió  pues   el   número   allí   anotado   no  tenía  relación  con  OVIEDO             ALFARO,  dado  que el mismo le había sido  asignado  a  su  hermano  doce  días  después  de  la  muerte  de Fernando            Celis.   

El  recurrente  señala  que  constituye un  atentado  contra  la  lógica  y  las  reglas de la experiencia, sostener que el  “2  de  enero  de 1997 Fernando Celis logró cuadrar  todos  los detalles con los homicidas para sacar al ingeniero Acosta, siendo que  ni  siquiera  a  las  tres  de  la tarde de ese día había logrado contactar al  ingeniero,  y  mucho menos que exista el más mínimo indicio o relación de que  hubiera  podido  contactar  al  doctor Oviedo Alfaro, quien durante todo el día  estuvo  yendo  a  Cali,  asistiendo  a la corrida en esa localidad, regresando a  Armenia  a  eso  de  las  ocho  de  la  noche  y permaneciendo todo el tiempo en  compañía    de    muchas    personas,    tal    como    se    ha    demostrado  fehacientemente”.   

Y     expone     que     Migdalia   faltó   a  la  verdad  en  su  declaración   al   decir   que   Fernando  Celis fue quien  causó  la  muerte  de  Jaime  Mejía  en una discoteca, de  cuyo  acto  criminoso  provenía  el ofrecimiento de los tres millones de pesos,  pues ello es absolutamente falso.   

Incurrió  también el Tribunal en error de  raciocinio,  continúa  el  defensor,  cuando  no  se  detuvo  a verificar si la  descripción   suministrada  por  Migdalia  Ortíz respecto  de  Guillermo  Díez  Alfaro,  alias     “Bambino”,  correspondía  o  no  a  la  de  dicho  individuo, porque ello habría dejado en  evidencia que se refería a una persona distinta.   

          Dice     que     si     está     desvirtuado    que    Fernando            Celis    dio   muerte   a   Jaime             Hoyos,      o     que     OVIEDO             ALFARO hubiera tenido algo que ver con tal  delito,  el Tribunal incurrió en error de hecho por falso raciocinio al aceptar  como  veraz  la  declaración  de  Migdalia  Ortiz, con mayor  razón    cuando   refiere   que   OVIEDO      le      iba      a      dar     trabajo     a     Fernando  como  guardaespaldas, siendo que  ese hecho no está comprobado.   

También encuentra el casacionista que riñe  con  la  lógica  lo  afirmado por Migdalia   Ortíz   al  referir  que  cuando  Fernando  empezó  a trabajar con OVIEDO  a  veces llegaba con cien mil, doscientos mil o cuatrocientos mil pesos, pues en  la  última  semana  de  diciembre  de  1996,  fecha  del  encuentro  con  alias  “Micollorón”, la pareja  no  tenía  ni  siquiera  para  pagar  la  costura  del  traje cuya tela habían  comprado  justamente  el  22 o el 24 de diciembre de 1996, según lo declaró la  modista  María  Daniz  Patiño de Tabares.   

Respecto de este testimonio, es decir, el de  Migdalia    Ortíz   el   recurrente  agrega  que  se  contradice,       pues       inicialmente       dijo       que      Fernando            Celis  le  entregó  el 31 de diciembre de  1996  un  papel  con  un  número  telefónico  y  un  código  de  beeper,  pero luego afirma que dicho papel  fue hallado en la billetera del occiso.   

Por  lo  expuesto considera el casacionista  que    entre    Fernando  Celis   y   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  no  existía  una  estrecha  relación,  como  erradamente  lo  afirmó  el  Tribunal y que por tal  circunstancia,  no  existía  entre  ellos la suficiente confianza como para que  éste  solicitara  a  aquél  que “sacara”    al    Ingeniero   Juan   Guillermo  Acosta para causarle la muerte.   

          A  manera  de  conclusión  dice  que  mientras  los  familiares  de  Fernando Celis Franco estiman  que  éste  fue  el homicida de Jaime Hoyos,  la  familia del occiso tiene la seguridad de que él no fue quien  cometió  tal  delito.  Pese  a  ello,  el  Tribunal  sostiene  erradamente  que  OVIEDO  ALFARO  determinó a  Fernando   Celis  para  que  eliminara  a  Jaime Hoyos y a  su   vez   le   atribuye   haberlo   determinado  para  que  le  “sacara”  al Ingeniero y luego ordenar la  muerte de los dos.   

Como colofón de esta censura afirma que al  otorgarse   credibilidad   a   las   declaraciones   de   los   miembros  de  la  familia  Celis, incurrió el  Tribunal  en  error de hecho por falso raciocinio, más aún cuando la Fiscalía  no   dispuso   investigar  a  Guillermo  Díez  Alfaro  o      a      Jaime  Álvarez,         alias         “Micollorón”, pese a que eran señalados  como partícipes de los delitos investigados.   

Concepto      del      Ministerio  Público   

En   relación  con  el  segundo  cargo  principal   la   Procuradora   Delegada   señala   que   si  bien  Juan  Carlos Celis Franco no manifiesta  en    su    testimonio    que    Juan    Guillermo  Acosta  motivado por celos en contra de CARLOS  ALBERTO OVIEDO, quien mantenía  una  relación afectiva con su esposa Gloria Patricia  Castaño  Sanz,  quería  causarle  la muerte con un  rocket  y por tal razón  OVIEDO  se  le adelantó  ordenando  su  muerte,  como erradamente lo concluyó el Tribunal y entonces, se  configura  un  falso  juicio  de identidad por agregación, lo cierto es que tal  equívoco  carece  de  trascendencia en la determinación del sentido del fallo,  pues  fue con base en otras pruebas, que el sentenciador tuvo por demostrada con  certeza la responsabilidad del procesado.   

Añade  que  es posible que el mencionado  testigo  se hubiera contradicho en sus diferentes intervenciones procesales, sin  embargo,  de  ello  no  puede  concluirse  que  el ad  quem  incurrió  en el falso raciocinio que denuncia  el   demandante,   más  aún  cuando  la  declaratoria  de  responsabilidad  de  OVIEDO   ALFARO  no  se  sustentó  en  la  descripción que Juan Carlos Celis  Franco efectuó del procesado o de su hermano, ni en  si    acertó    al   mencionar   el   nombre   del   esposo   de   Esperanza  Ocampo Cardona, o si el 2 de  enero  de  1997  habló  con su hermano pues, aunque son hechos relacionados, la  imputación   o   no   de   la   autoría   de   la   muerte   de   Jaime  Hoyos al incriminado, carece de  virtud  para  afectar  la  atribución  de  responsabilidad  por  la  muerte  de  Celis    Franco    y  Acosta               Botero.   

        También   refiere  la  Delegada  que  el  Tribunal  analizó  los  hallazgos  probatorios  relativos  al  asunto  que  critica  el  casacionista  y  encontró  que  no obstante que el beeper    de    código    911    estaba   a   cargo   de   Jorge  Iván  López  Henao,  y  no  a  nombre   de   Fernando   Celis   Franco,  y  el  aparato  con  código  14500  a  nombre  de Laura  Milena  Oviedo  Alfaro, ello no  descarta  que  hubieran  sido  los  medios  técnicos que usó el procesado para  mantener   contacto   con  Celis  Franco,   en  el  entendido  de  que  “una  persona   puede  usar varios elementos de comunicación en una misma época  a  conveniencia”,  amén  de  que se evidencia que  tales aparatos no eran usados por sus titulares propietarios.   

Todo ello, bajo la óptica de la regla de  experiencia  enunciada,  llevó  al  sentenciador  a  conformar  un razonamiento  sólido  y  coherente  que  apoya  la  conclusión que no comparte el censor, es  decir,   el   trato   anterior  existente  entre  el  procesado  y  Celis Franco.   

        Asevera  la  representante  del  Ministerio Público que es cierto  que  el  ad  quem otorgó  credibilidad  a  las  declaraciones  de  los  parientes  del occiso Fernando   Celis   Franco  en  cuanto  refirieron  conocer  las  actividades que realizó el día de su muerte, para lo  cual,  partió  del exacto contenido de los medios de convicción (declaraciones  de   Oscar   Celis   y  Luz   Neida   Celis),  continuó  con  la  aplicación  de  una  regla de la sana crítica y finalmente  llegó  a  una conclusión coherente con el razonamiento, sin que en el mismo se  advierta falso raciocinio alguno.   

Respecto de la crítica a la credibilidad  del  testimonio  de  Oscar  Celis Lozano,  la  Delegada  expone que el Tribunal tuvo en cuenta dicho medio  de  prueba  luego  de  compararlo  con lo expuesto por los demás familiares del  occiso,  concluyendo  a  partir  de  ese análisis su coherencia, concordancia y  univocidad.  Destaca  que no todo lo que refirió dicho declarante fue de oídas  ya  que  también  depuso  acerca  de  los  comentarios que su hijo Fernando  Celis Franco le hizo sobre la  relación     que     mantenía     con     OVIEDO  ALFARO.   

De lo anterior concluye que el Tribunal no  cometió   error  alguno  en  la  valoración  del  testimonio  de  Oscar Celis Lozano.   

Precisa  la  Delegada  que no careció de  fundamento  la apreciación del Tribunal a partir de la cual concluyó que entre  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO y  Fernando  Celis  Franco  existía  una  relación  anterior  al  día  de  los  hechos,  sin  que resulte  relevante   establecer   las   fechas   exactas   en   que  tuvieron  lugar  los  encuentros   personales  o  la  equivocación  de  los  testigos  sobre las  mismas,  pues  si el trato entre el procesado y Celis  Franco  surgió  en  determinada fecha y no en otra,  ello  en  nada  contradice la declaración de responsabilidad del primero de los  nombrados.   

Y  añade  que  si  la  declaración  de  Luz Neida Celis Franco no  ofreció  información  detallada respecto de los hechos y posteriormente sí lo  hizo  a  través  de  una  ampliación,  ello  se explica por los datos que pudo  recoger  y  conocer  luego  de la muerte de su hermano, sin que pueda concluirse  que  el  Tribunal  incurrió  en yerro alguno al valorar su dicho, pues entonces  ningún  sentido tendrían las ampliaciones de denuncia, querella, declaración,  indagatoria  o  versión  libre,  en cuanto los deponentes no podrían adicionar  nada   a   lo   manifestado   inicialmente,   más   aún   si  el  ad    quem   encontró   coherencia,  concordancia   y  convergencia  en  sus  atestaciones  con  las  de  sus  demás  consaguíneos  y  así lo dejó consignado en el fallo, sin que tal razonamiento  vulnere regla alguna de apreciación probatoria.   

En   punto   de   la   declaración  de  Migdalia  Ortíz  y  su  posterior  ampliación,  la Procuradora Delegada afirma que tal como lo señaló  el  Tribunal,  sus  manifestaciones  coinciden  con la realidad que evidencia el  proceso,  es  decir,  que “no se trata de inventiva  de  esta”,  a  lo que el censor se opone aduciendo  solamente  que  imaginó  las  razones  de  la  muerte de su esposo Fernando  Celis,  sin  percatarse  que  “el  razonamiento  judicial  fue  estructurado  y  argumentado”,  en  tanto  que  el  casacionista se  limita  a  presentar  otra posibilidad de apreciación probatoria, sin demostrar  vulneración alguna de reglas de la sana crítica.   

Igualmente  puntualiza  que, en general, la  crítica   que   emprende  el  defensor  respecto  del  referido  testimonio  es  intrascendente,  pues  la responsabilidad del procesado no se edificó por haber  omitido   el  Tribunal  considerar  detalles  intrascendentes,  tales  como,  si  Celis  Franco  tenía dinero  para       pagar       una      costura,      si      alias      “Micollorón”   estaba  vinculado  a  la  administración  departamental como conductor, si Celis  Franco fue responsable de las muertes aludidas, porque  lo   que  el  Tribunal  consideró  fue  la  totalidad  de  la  declaración  de  Migdalia  Ortiz,  de  donde  concluyó  que  las  incriminaciones  formuladas  se encontraban respaldadas por  otros  medios  de  convicción,  sin  que hubiera detectado motivo alguno que la  llevara a mentir en algunos apartes de su dicho.   

La  representante  del Ministerio Público  señala  que  el  Tribunal ponderó ciertos medios de convicción, a partir  de  los  cuales  infirió  la  inclinación  del  procesado  hacia  reprochables  comportamientos  en  procura  de obtener beneficios ilegales como lo precisó al  hacer  referencia a su “manifiesta maldad y osadía  perversa“,   así   como   la   injerencia   que  evidentemente  tenía  en  los  medios  de  comunicación,  en  las gentes de su  región  y  en  todo aquél que le imputaba comportamientos punibles, lo que dio  lugar  a  que  esta Sala, mediante providencia del 14  de   diciembre  de  1999,  accediera  al  cambio  de  radicación   de   la   actuación   de   la   ciudad   de  Armenia  a  Bogotá,  dada   la   notoria   influencia   “pública,   social,   deportiva,  burocrática  y  particularmente  política”  que  el exparlamentario ejercía en el  Departamento  del  Quindío,  todo  lo  cual permite  advertir  las  reprobables  actitudes  que  explican  las amenazas al testigo de  cargo y su insistente retractación.   

        Para  concluir,  la  Delegada  señala  que el censor no acreditó  violación  alguna de las reglas de la sana crítica  en  el  razonamiento  del  Tribunal,  lo  que sustenta la afirmación, según la  cual,  los reparos formulados son inidóneos para derribar el fallo condenatorio  objeto de impugnación.   

        Consideraciones de la Sala   

En  relación  con  este  segundo cargo que  también  como  principal formula el censor, lo que sin dificultad se observa es  que  no  obstante estar orientado a desvirtuar el valor suasorio que el Tribunal  otorgó  a  ciertos  medios de prueba, emprende tal labor sin señalar o incluir  referencia  alguna  a  la regla de la experiencia, el principio lógico o la ley  científica  que pudo haber sido desatendida, omisión que se torna trascendente  si,  como  adelante  se  precisará, lo cierto es que tales reproches carecen de  virtud   para  afectar  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado.   

En  efecto,  en  cuanto se refiere a que la  relación    entre    Fernando    Celis   y   OVIEDO  ALFARO  no  databa  de  tiempo  atrás, dado que sólo  hasta  el  22 de diciembre de 1996, en reunión entre familiares de Fernando    Celis    con    Migdalia     Ortíz    y    Luis   Jaime   Álvarez   Ángel,   alias  “Micollorón”, éste les  manifestó  que  ayudaría a Fernando Celis  a  buscar  trabajo  con  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  encuentra  la  Sala  que  el  demandante  se  desentiende  por  completo  de  lo expuesto sobre el particular por Juan    Carlos   Celis   Franco   en   su  intervención  del  8  de  enero  de  1997,  oportunidad  en la cual, sobre este  puntual aspecto, dijo:   

         “Mi       hermano      (Fernando  Celis,  se  aclara)  todo me lo contaba a mi, me decía que no  le  contara  a nadie (…) Un día llegó tarde a la casa, me dijo que se había  ganado  una  plata,  $3.000.000,  le  pregunté  que  cómo y me dijo que OVIEDO  había  tenido  un  problema en una discoteca con un duro y le dijo a mi hermano  que  si  se  quería  ganar  tres millones, mi hermano le dijo que si, OVIEDO le  dijo  que  mate  a  ese man, me parece que me dijo que MEJIA (…) que dizque lo  mató  y  se la ganó, pero lo estaban tetiando con esa plata (…) Eso  hace  como dos meses. Ellos iban tarde de la noche a buscarlo  en  una  cuatro  puertas  roja (…) los tipos siempre  eran  los  mismos,  el  hermano  de  Oviedo  que le decían BAMBINO e iba con el  guardaespaldas  y con otros tres o cuatro. Mi hermano  salió  de  la cárcel como en enero del año pasado, estuvo un tiempo sin hacer  nada  y  luego  le  presentaron  a  esos  hombres  BAMBINO  y  OVIEDO, mantenía  mencionándolos   a   ellos”   (subrayas  fuera  de  texto).   

          Del  contenido material del referido testimonio, razonable se impone  concluir,    de    una    parte,    que    la   relación   entre   Fernando     Celis    y    CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  databa  de por lo  menos  dos  meses  antes  a  la  muerte  del primero y de otra, que por ello, el  reparo  del  censor  carece  de  relevancia alguna en punto de la atribución de  responsabilidad  a  su  procurado,  pues lo cierto es que efectivamente, mediaba  entre    ambos    una   relación,   en   virtud   de   la   cual   Fernando  realizaba  ciertas  labores para  OVIEDO.   

        Ahora  bien,  dado  que  el defensor cuestiona la credibilidad del  testimonio  de  Juan Carlos Celis Franco,     por     considerar     que     el    código    beeper  911  al que dijo su hermano se  comunicaba       con      “Bambino”,   hermano   de   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,     fue     asignado    a    Jorge  Iván López Henao el 14 o el 17  de  enero  de  1997,  esto  es, diez días después de la muerte de Fernando   Celis,   lo  que  la  Sala  encuentra    es    que   el   ad   quem  analizó  detenidamente  tal aspecto y observó que si   bien   dicho   código   estaba   a   cargo  de  Jorge  Iván López Henao y no a nombre  de  Fernando Celis Franco,  y  el código 14500 figuraba a nombre de Laura Milena  Oviedo  Alfaro,  ello  permitía concluir que fueron  los   medios  utilizados  por  el  acusado  para  comunicarse  con  Fernando  Celis Franco, dado que dichos  códigos   no   eran   usados   por  sus  titulares,  en  el  entendido  de  que  “una  persona  puede usar varios elementos de  comunicación     en     una    misma    época    a    conveniencia”.   

Al respecto, sobre el particular señaló  el Tribunal lo siguiente:   

“El porqué  (…)  Guillermo Díez Alfaro, hermano del congresista, optó por usar el beeper  asignado  a  un  tercero  de nombre Jorge Iván López Henao, situación que fue  puesta  de  presente   por parte del investigador Luis Carlos Cerra Vargas,  en  desarrollo  de  la misión legalmente asignada como miembro del CTI, como lo  entendió  la H. Corte Suprema de Justicia al resolver la situación jurídica a  Carlos  Alberto Oviedo Alfaro, tiene su razón de ser  en   maniobra   intencional   para  encubrir  actividades  ilícitas”.   

“El  agente  investigador  Luis  Carlos Cerra Vargas, quien analizó este tópico, indicó en  su   informe   ‘Este  código  se  encuentra  a  nombre  de  Jorge  Iván  López  Henao,  pero siendo  utilizado     por     una     persona     diferente     apodada     ‘Bambino’  de  nombre  Guillermo  al parecer  hermano   de  Carlos  Alberto  Oviedo’  el  cual se complementa con el informe SIAO No. 217 de diciembre  15  de  1997  en  donde  se  concluye que la persona a quien llaman ‘Memo’,            ‘Bambino’  y  Guillermo es la misma persona,  identificándola   como  Guillermo  Díez  Alfaro”  (subrayas fuera de texto).   

Para  concluir  este  razonamiento, de la  siguiente manera:   

“Si   el  hermano  del  procesado,  Guillermo,  tenía por la época un beeper con código  distinto  (0014500),  tampoco  es elemento de juicio  que  los  aparte  del  compromiso  penal,  ya  que una persona puede usar varios  elementos  de  comunicación  en  una  misma  época, a conveniencia.   Si  bien  Carlos  Alberto  Oviedo  Alfaro  dice que nunca  marcó  el  código  911  y  que  tampoco  envió mensajes, pues sus secretarias  cumplen  esa  actividad,  se  constata  que el beeper que se hallaba a nombre de  Laura  Milena  Oviedo  Alfaro,  estaba  en  manos  de un hombre, a juzgar por el  contenido de los mensajes”.   

“Destaca   la  resolución  de  acusación  una  serie  de registros de Beeper del Código 911,  donde   se   advierten  las  extrañas  relaciones  de  Guillermo  o  Bambino  y  ‘el    Dr’         u         ‘Oviedo’, que no son otros que Guillermo Díez  Alfaro  y  Carlos  Alberto  Oviedo,  pues  este  último  es propietario de unas  oficinas  en  al  Banco  Popular,  según  la  relación  de bienes de folio 97,  cuaderno  2,  hay mensajes dejados por su secretaria  Claudia  y  se hace relación al teléfono 448020 que pertenece, precisamente, a  su  oficina,  además  de  que  se  cita  el  apartamento  de  El  Portal, donde  precisamente  habitaba el parlamentario para la época de los hechos” (subrayas fuera de texto).   

Habida cuenta que también el censor expone  que   posteriormente   Juan  Carlos  Celis  precisó que la persona a quien su hermano ocasionó la muerte fue  a  Jaime Hoyos, pero la esposa  de   este   declaró   que   no   fue  Fernando  Celis  quien  les  disparó  a ella y a su cónyuge y que por  ello,  el  declarante  no  es digno de crédito, se impone precisar que, en todo  caso,  el  testimonio  de Juan Carlos Celis  no  fue el fundamento del fallo de condena proferido en contra del  procesado,  razón  por  la  cual,  la  sentencia  así  proferida  no se vería  comprometida   con   la   crítica   del   impugnante,   resultando,   entonces,  intrascendente  establecer  si se entrevistó o no con su hermano el día de los  hechos,   si   describió   o  no  a  Guillermo  Díez  Alfaro,    si    a    su    hermano    Fernando  le  entregaron o no un explosivo  para  que lo colocara en un establecimiento público de Armenia, si la muerte de  Juan  Guillermo Acosta estuvo  determinada  por el “factor celos y al lanzamiento de  un  Rocket  que  el  ingeniero  pensaba  lanzarle  a  Oviedo  Alfaro”,     si     éste     y    Guillermo  Díez  tenían conocimiento del viaje que emprendería  el  Ingeniero  Acosta al día  siguiente y que por ello debían causarle la muerte antes.   

          En  general,  como  ya se advirtió, no hay duda que el esfuerzo del  demandante  por  minar la credibilidad otorgada por el Tribunal al testimonio de  Juan  Carlos  Celis  resulta  estéril,  tanto  por  la  ausencia  de demostración de yerros en el proceso de  valoración  probatoria que concluyó con la decisión de condena, pues sobre el  tema  se limita a ofrecer su particular ponderación de las pruebas, como por la  falta  de  trascendencia  de  tal declaración en el sentido del fallo objeto de  impugnación.   

En relación con la crítica que el defensor  formula  a  la  credibilidad  que  asignaron los falladores a la declaración de  Oscar  Celis Lozano, padre de  una  de  las  víctimas, específicamente en cuanto se refiere a que declaró lo  que    le    comentó   Migdalia   Órtiz,  compañera de Fernando Celis  y  que  por  tal motivo, es un testigo de oídas que al no ofrecer  credibilidad   carece   de  aptitud  para  fundamentar  un  fallo  condenatorio,  encuentra  la  Sala que tal reparo no se compadece con la realidad que los autos  ponen  de  presente,  pues  lo  declarado  por dicho testigo no fue ex  auditu,  como fácilmente surge de los  siguientes apartes de su testimonio:   

“Hace  por  ahí  unos  ocho  días  (esta declaración fue recibida el 3  de  enero  de  1997,  se  precisa) llegó un señor que  llaman  MICOLLORON  a  la casa mía, entonces la señora mía abrió la puerta y  le  dijo  a  mi  hijo  FERNANDO  que lo necesitaban, porque el tipo que digo que  llegó  a  preguntar por el, FERNANDO salió y estuvo hablando con ese señor de  un  carro  verdecito,  último modelo (…) FERNANDO entró a la casa otra vez y  me  dijo  ‘Papá,  me  mando  a  llamar  el  doctor OVIEDO ALFARO’,  entonces  yo  le pregunté que para  qué  y  él  me  dijo que era para que le trabajara de guardaespaldas (…), me  dijo  FERNANDO:  ‘Papá me  hace  un  favor,  mañana  cuando usted se levante me llama que tengo que hablar  con  el  doctor  OVIEDO  ALFARO  (…) ‘No   papá   es   que   lo   que   pasa   es  que  él  (OVIEDO   ALFARO,   se   aclara)  es  que  Guillermo  tiene un roto (sic)  para  tirárselo  la doctor ALFARO, y yo como soy amigo de él yo le dije que lo  iban  a  matar  y  entonces  ALFARO me dijo que si lo  sacaba  me  daba tres millones de pesos’,  aclaro  que me dijo fue un rocket”. Al  preguntársele   cuándo   fue  la  última  vez  que  habló  con  Fernando    contestó:   “Fue  ayer  por la mañana, me dijo lo que  expuse  y  que  se  iba  para donde ALFARO, salió y no  volvió” (subrayas fuera de texto).   

          Adicional  a  ello  durante el testimonio rendido el 9 de septiembre  de  1997,  Oscar Celis Lozano  agregó:   

“A   veces  (Fernando,  se  aclara)  llevaba  armas  a la casa,  llevaba  una  pistola  9  mm  marca  Browing y revólveres de distintas marcas y  calibres  y  decía  que  eran  de  ellos (…) por el conocimiento que tengo de  estos  hechos,  inmediatamente  me di cuenta que era positivo lo que FERNANDO me  había  dicho esa mañana, salió todo lo que él me dijo, mataron a BOTERO y lo  mataron     a     él    también    para    no    dejar    testigos”.   

          De  las anteriores transcripciones se advierte, como ya se dijo, que  los  aspectos de importancia para dilucidar tanto el vínculo entre CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  y  Fernando  Celis, como la responsabilidad de  aquél  respecto  de  la  muerte  de éste que fueron relatados por Oscar   Celis   Lozano,   los   percibió  directamente,  sin  que  entonces  sea  de  recibo  aceptar  lo  expuesto por el  casacionista  de  que se trata de un testigo de oídas y que por ello, no merece  credibilidad.   

Como también el defensor manifiesta que el  Tribunal  erró  al  considerar  con  base  en  el  testimonio  de  Luz  Neida Celis Franco, hermana del occiso  Fernando  Celis, que éste se  iba   a   encontrar  el  día  de  los  hechos  con  el  Ingeniero  Acosta y, posteriormente, con CARLOS  ALBERTO  OVIEDO, cuando en realidad  ello  no  fue así, observa la Sala que la queja del recurrente resulta bastante  deleznable,  como  que construye su argumentación a partir de conjeturas que no  encuentran  soporte  en  el  recaudo  probatorio,  tales  como  que Fernando no dijo que se entrevistaría con  OVIEDO  ALFARO  pues si ello  hubiera  sido  así,  tal  nombre  lo  recordaría  Luz  Neida,   planteamiento   que   además   de  resultar  intrascendente  en  punto  de  las  conclusiones del fallo impugnado, carece por  completo de acreditación.   

          Similares   consideraciones  pueden  efectuarse  acerca  de  que  el  Tribunal  incurrió  en un error de hecho por falso raciocinio al afirmar que si  Fernando    no    tenía  conocimientos  especiales  en un arte, profesión u oficio, no podía ganarse la  suma  de tres millones de pesos en una noche y que por ello, su actividad no era  otra  que  la  de  entregar  al Ingeniero Acosta Botero  a     CARLOS    ALBERTO  OVIEDO;  no obstante, el recurrente no indica por qué  se  presenta  el  yerro  de  raciocinio,  ni identifica el principio lógico, la  máxima  de  la  experiencia  o  el  postulado  de la ciencia quebrantado con la  consideración  del  ad quem y  menos  aún,  demuestra  la  trascendencia  de  la  declaración de Luz  Neida  Celis Franco en la sentencia de  condena  proferida  contra su patrocinado, como que no fue solo con base en este  testimonio  que  el  ad  quem  estructuró el fallo atacado.   

          De  todas  manera,  el  Tribunal, sobre este testimonio, precisó lo  siguiente:   

“De esa sobre  remuneración  que  sus  familiares  cuentan,  la Sala infiere la ilegalidad del  mismo,  además,  porque  el occiso era una persona sin conocimientos especiales  que  calificaran  su  trabajo, al punto de poder ganar tres millones de pesos en  tan  solo  una  noche,  como  él  mismo se lo manifestó a su padre”.   

          Dado  que  el  demandante  afirma  que  sólo fue hasta cuando en su  intervención  del  8  de  septiembre  de  1997 que Luz  Neida   Celis  recordó  el  nombre  de  CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO, una vez más  la  Sala  encuentra que se desentiende de las pruebas obrantes en la actuación,  pues  en  la  declaración rendida por la mencionada señora al otro día de los  hechos,  esto  es,  el  3 de enero de 1997, declaró que su hermano Fernando          “muchas  veces  llamó  a  un tal OVIEDO”,  argumento   de   más   para  observar  la  sin  razón  del  planteamiento  del  defensor.   

Es   necesario   puntualizar  ahora,  que  pretender  restar  mérito  suasorio  a  una  declaración con el simple y llano  argumento  de  que  inicialmente  el  testigo  no  recordó  o  expuso todas las  informaciones  concernientes  al  asunto,  como  lo  pretende la defensa en este  caso,  no  pasa  de  corresponder  a un argumento asaz especulativo, carente por  completo  de  soporte  en  los  principios  de  la  lógica,  las máximas de la  experiencia  o  las  leyes  de la ciencia y si ello es así, es claro que por lo  mismo, no tiene vocación de prosperidad.   

          Habida  cuenta  que  el impugnante manifiesta que si en verdad entre  Fernando    Celis    y   OVIEDO   ALFARO  mediaba  alguna  relación,  esta  no  pudo  ser anterior al 22 de  diciembre  de  1996  y  que  como  no  había  transcurrido  mucho  tiempo desde  entonces,  por  ello  aquél  no podía ser determinado por éste para ultimar a  Jaime  Hoyos  en  agosto  de  1996,  sobre  el  particular  suficiente se impone señalar que el demandante no  explica  ni  la  Sala consigue establecer la importancia de una tal observación  respecto de la atribución de responsabilidad cuestionada.   

        Al  apreciar las declaraciones cuya credibilidad ataca el censor a  través   de   este   cargo,   esto   es,   los   testimonios   de  Juan     Carlos    y    Luz  Neida  Celis  Franco, así como el  de  Oscar  Celis  Lozano,  encuentra  la  Sala  que  el  Tribunal  otorgó a cada uno de ellos el valor que  consideró  pertinente,  luego  de  analizarlos a la luz de los principios de la  sana  crítica, para además de allí establecer las actividades de Fernando  Celis  tanto  el  día de su  muerte,   como  días  antes  y  en  especial,  su  cercanía  con  CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  en  torno  a  labores    delictivas,    sin   quebranto   de   regla   alguna   de   la   sana  crítica.   

        En   efecto,  el  ad  quem al abordar tal ponderación probatoria señaló:   

“El padre de  Fernando,  señor  Oscar  Celis, confirma que existía amistad entre su hijo con  Carlos  Alberto  Oviedo  (…)  el  mismo día en que se produjo el deceso de su  hijo,  éste lo acompañó en horas de la mañana a tomar el bus y le contó que  el  Doctor  Oviedo  Alfaro le había ofrecido tres millones de pesos para que le  sacara  al  ingeniero  Guillermo Acosta, para él matarlo (…) Supo que su hijo  estuvo  en  la casa a la 1:30 p.m. y que había manifestado que iba al encuentro  con la gente de Oviedo”.   

“El contacto  telefónico  permanente  por  parte  de  Oviedo  y sus enviados con Fernando, da  clara  cuenta  que algo ilícito estaban fraguando (…) pues se sabe que siendo  aproximadamente   las  11:45  de  la  mañana,  su  hermana Luz Neida Celis  Franco  escuchó que le dejó mensaje (a Juan     Guillermo     Acosta,    se  aclara) para que le devolviera la llamada, hecho que  tiene  doble  constatación  (…).   Salió  de  la  casa  de  su  hermana  manifestándole  que  iba  a  hacer  ‘un negocio, un trabajo”.   

“Las  declaraciones  de  padre y hermana del occiso se concatenan y permiten establece  que  Fernando Celis iba al encuentro de Oviedo, y que el negocio del que hablaba  era   ir   a   entregar   a   Guillermo,   para  que  lo  asesinaran”.   

Adicional  a  lo anterior, respecto de la  relación    entre    Fernando   Celis  y  CARLOS ALBERTO OVIEDO, dijo el Tribunal:   

“En   su  declaración  Juan  Carlos  Celis  Franco, hermano de Fernando Celis, expone que  por  confidencias  que  su  consanguíneo  le  hacía, pudo enterarse que Oviedo  Alfaro  le  debía  tres  millones  de  pesos  por la realización de un trabajo  consistente  en  haber  matado  a  un ‘duro’,  que  el hermano de Carlos Alberto Oviedo (…) lo mismo que sus guardaespaldas y  el  chofer  de  este  último  (…)  siempre  buscaban a su hermano”.   

“(…)  El  padre  de  Fernando,  señor Oscar Celis, confirma que existía amistad entre su  hijo   con   Carlos  Alberto  Oviedo”.   

“La  Corte  Suprema  de  Justicia  captó  desde  el  mismo auto de detención contra el hoy  exparlamentario,     en     el     sentido    de    que    Alias    ‘el         Mono’        o        ‘Balazo’,  esto  es, Fernando Celis, tenía  una  estrecha relación con éste, pues en varias ocasiones era buscado en horas  de  la  noche  en  lujosos  vehículos  por  Guillermo Díez Alfaro y Luis Jaime  Álvarez     Ángel,     alias     ‘Micollorón’.   Por  ello  no  se  explica la inquietud de la defensa, en  cuanto  pretende  que  entre estos no existía la suficiente confianza como para  solicitarle    colaborar    en   el   asesinato   de   Juan   Guillermo   Acosta  (…)”.   

Como  igualmente  el  recurrente censura la  credibilidad   que  los  falladores  otorgaron  al  testimonio  de  Migdalia  Ortíz,  esposa  de Fernando  Celis,  observa la Sala que como  ha  ocurrido en el extenso desarrollo de este segundo cargo, no atina a precisar  la  indebida  aplicación de un principio lógico, una regla de la experiencia o  una  ley  de  la  ciencia  o la desatención de alguno de ellos o de todos en el  proceso  de  valoración  de  su  testimonio  con el fin de atribuirle o negarle  poder  suasorio en la atribución de responsabilidad del procesado, limitándose  el  demandante  a  aludir  una  y  otra vez a trivialidades desconectadas de los  fundamentos   de   la  sentencia  impugnada,  restándole  de  esta  forma  toda  posibilidad de éxito a este puntual reproche.   

Si  el  Ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  Botero buscaba a Fernando  Celis  para que le cambiara unos  dólares  o  no,  si  la intención del Ingeniero era la de matar a OVIEDO   o   no,  si  al  percatarse  que  CARLOS  ALBERTO OVIEDO tenía  una  relación  afectiva  con  Gloria Patricia Castaño  Sanz,    esposa    del    Ingeniero    Acosta,  éste  planeaba  atacarlo  con un  rocket,  pero  aquél  se le  adelantó  y ordenó su muerte, si Migdalia    no    describió    acertadamente    a   alias   “Bambino”,      si      Fernando trabajó o no como guardaespaldas  de  OVIEDO  ALFARO, si en la  última       semana       de      diciembre      de      1996      Fernando  estaba  o  no  en condiciones de  pagar   la  costura  del  traje  cuya  tela  había  comprado  con  Migdalia una semana antes, si el papel que  con        un        número       telefónico       entregó       Migdalia  a  la  Fiscalía le fue dado por  Fernando  el 31 de diciembre  de  1996  o  fue  hallado  en  la billetera del occiso, son todas, observaciones  carentes  de relevancia en punto de la declaración de responsabilidad penal del  incriminado,  como  que  en  nada  desvirtúan  la intervención de CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO, en calidad  de   determinador   de   los  homicidios  de  Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,    mediante    orden   impartida   a   alias  “Frescolo” y por lo menos  a  otra  persona  que  estaba  en  la finca El Rocío la noche del 2 de enero de  1997.   

          Tales  críticas, además, no alcanzan a desvirtuar el análisis que  sobre  el  testimonio  de  Migdalia Ortíz realizó el Tribunal en los siguientes términos:   

“La relación  del  occiso  con Carlos Alberto Oviedo y su gente, concretamente Guillermo alias  ‘Bambino’   y   Micollorón,  era  bastante  anterior:  nada  distinto  puede  colegirse  de  lo  manifestado por parte de la  compañera  de  Fernando,  Migdalia  Ortiz  Torres.  A ella le confesó que  había  matado a un tal Jaime por encargo de Oviedo, y refiere que para el 22 de  diciembre  inmediatamente  anterior,  su  compañero  Fernando  se encontró con  ‘Micollorón’  y estuvo con aquel toda la tarde; que cuando su esposo regresó,  le  comentó  que  a  partir  de  la  fecha  iba  a  trabajar  con  Oviedo  como  guardaespaldas,  desde  ese  momento, comenzaron a ir a recogerlo; esos trabajos  se  convirtieron  en  momentos  de  ocupación  precedentes  al homicidio que se  fraguaba”.   

“Tampoco  ha  de  decirse  que  Migdalia  ha pretendido vincular per se a Carlos Alberto Oviedo en  el  homicidio de su esposo: qué razón tendría si fuese cierto que aquel sólo  le  procuraba  el  bien,  por  ejemplo,  conseguirle empleo? (…) Evidentemente  fueron  todas  las  manifestaciones  de  su  cónyuge  las que le llevaron a tal  conclusión,  y  la  coincidencia de que el día de marras aquel expresó que se  iba  con  gente de Oviedo y que durante el lapso de los quince días anteriores,  las   visitas   de  Guillermo  alias  ‘Bambino’  fueron  mucho  más  frecuentes.  No se trata de  inventiva     de     esta,    porque    todo  guarda  coincidencia  perfecta  con  la realidad;  ni  tampoco  de  que hubiese tenido tiempo para maquinaciones tan  complejas    como    esta”   (subrayas   fuera   de  texto).   

Lo   dicho  en  precedencia  autoriza  la  razonable  conclusión,  según la cual, en la valoración de las pruebas de que  viene  de  hacerse  referencia,  el ad quem   no  incurrió  en  yerro  de  valoración  probatoria  que  fuera  necesario  corregir  en  sede  de  casación, amén de que tampoco el demandante  logró  demostrar  alguno  trascendente en la declaración de justicia contenida  en el fallo impugnado.   

Oportuno se ofrece resaltar que en punto de  la  violación indirecta de la ley sustancial que se configura por errores sobre  la  apreciación  de  las  pruebas,  no es a partir del cuestionamiento de datos  nimios  o  detalles  intrascendentes  y carentes de injerencia en el sentido del  fallo  que  se consigue derruir la fuerza de convicción de los medios de prueba  declarada  por  los  falladores, pues imprescindible resulta identificar en qué  consistieron  los yerros denunciados y a partir de ello, demostrar objetivamente  su  ocurrencia  y  lo más importante, denotar que influyeron de manera decisiva  en  la  declaración  de  justicia  que se impugna, proceder del cual adolece el  cargo  objeto  de  análisis,  en  forma tal que ello conduce a su fracaso, como  atinadamente lo depreca la Procuradora Delegada.   

Ahora bien, como al culminar esta censura el  demandante  afirma  que  la  Fiscalía  no  dispuso  investigar  a  Guillermo  Díez  Alfaro  o a Jaime   Álvarez,  alias  “Micollorón”, baste aducir que dentro de  esta  misma  actuación  fue procesado el primero de los nombrados a quien se le  acusó    como   coautor   de   los   homicidios   agravados   en   Fernando   Celis   Franco  y  Juan   Guillermo   Acosta   Botero,  pero  mediante  providencia del 22 de febrero del 2000 se decretó la extinción de la  acción    penal    adelantada    en    su    contra    en    razón    de    su  fallecimiento.   

          Respecto  del  segundo,  esto  es, de Jaime  Alvarez,  no obra en este diligenciamiento elemento de  juicio  que  permita concluir que fue vinculado a proceso alguno con ocasión de  los    homicidios   de   Fernando   Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta.   Pese   a   ello,  es  claro  que  tal  circunstancia  carece  de  trascendencia  en  punto  de  la declarada responsabilidad penal de CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO,  sin  que  entonces resulte pertinente alegarla en esta sede casacional.   

1.3.          Tercer  cargo  principal: Error de hecho  por  falso  raciocinio  respecto de las declaraciones de la familia Acosta  Botero  y el móvil del homicidio  de      Juan     Guillermo     Acosta.   

Aduce  el  defensor  que  como  el Tribunal  planteó    que   el   móvil   de   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO  para  haber  dispuesto la muerte del Ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta  se  circunscribe    a    que    éste    le    había   comentado   a   Fernando  Celis  que sentía rencor hacía  OVIEDO porque estaba saliendo  con     su     esposa     y     quería    atacarlo    con    un    rocket, razón por la cual el procesado se  le  adelantó,  considera  que  no  obstante ese enunciado, lo cierto es que las  autoridades judiciales no ahondaron sobre el particular.   

Y agrega que el supuesto móvil pasional fue  producto   de   la   imaginación  de  Migdalia  Ortiz  Torres,  quien  lo  contó  al  padre  de Fernando  Celis y a la familia Acosta.   

          Para  demostrar  el  anterior  aserto  manifiesta  que  si  bien  el  Tribunal  se  refiere  a  lo  expuesto  por la esposa del Ingeniero Acosta,  Gloria  Patricia  Castaño Sanz, así como a los testimonios de  las  hermanas  de  la  víctima,  esto es, Olga Lucía,  Inés   Helena   y   Silvia   María  Acosta,  termina  incurriendo  en un error de hecho por falso juicio de existencia por omisión al  no  referirse  de manera alguna ni ponderar dentro del análisis de las pruebas,  lo  declarado  por  Álvaro  Acosta Botero, también hermano del occiso.   

Luego  de  citar  apartes  iniciales  de la  declaración  del  mencionado  deponente, el casacionista destaca cuanto afirmó  en   punto   de   los  problemas  existentes  entre  el  Ingeniero  Guillermo           Acosta  y  su  esposa para decir que, eran  económicos.   

También  resalta  que  el mismo declarante  dijo  que  la  finca  La  Brasilia  donde  fueron  encontrados los cadáveres de  Fernando Celis y Juan  Guillermo  Acosta  pertenecía  a su  cuñado  Alonso Urrea             Botero.   

A  partir  de  lo  anterior,  el  defensor  considera  que el Tribunal no tuvo en cuenta que lo dicho por el citado testigo,  quien  además  no  tenía  conocimiento  de  circunstancia alguna en torno a la  muerte  de  su  hermano y tanto menos respecto de la infidelidad de la esposa de  éste  con CARLOS ALBERTO            OVIEDO o los celos que por ello sentía su  consanguíneo.   

          Acto  seguido  el censor transcribe otros apartes de la declaración  de  Álvaro  Acosta y plantea  que  fue Migdalia Ortíz  quien  le  dijo  que  Fernando            Celis  era  un delincuente de lo peor, que  había  dado  muerte a una persona en Salento y a Jaime  Hoyos  por órdenes de CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  que  éste  había tenido relaciones  íntimas       con      la      esposa      del      Ingeniero      Acosta      y     que     Fernando    se   había   encargado   de  “sacar” al Ingeniero para  que   OVIEDO  ALFARO dispusiera su muerte.   

Adicional  a  lo  anterior,  expone que las  declaraciones  de  Olga  Lucía  Acosta,  Inés Helena  Acosta  Botero  y  Silvia  María Acosta hermanas de la  víctima,    también    “se   vieron   afectadas,  contaminadas  por  el engaño y la mentira de Migdalia, lo cual dejó de sopesar  el  Tribunal,  incurriendo  por  ello  en falso juicio de raciocinio” (sic).   

          También  afirma  el  demandante que no es cierto que el hermano del  procesado  hubiera  estado  el  2  de  enero de 1997 por los lados de la casa de  Fernando, pues aquél dijo en  su  indagatoria  que  el día de los hechos permaneció en la residencia materna  durante   todo   el   día   en   compañía  de  varios  amigos  y  familiares,  manifestación que no fue desvirtuada.   

Y agrega que de lo expuesto por Alvaro  Acosta  se  deduce  que  existían  otros  motivos  poderosos  que  pudieron  influir  en  la causa de la muerte del  Ingeniero   Acosta,   como  serían  factores  económicos  muy  fuertes  y  “los  malos  pasos  en  los  que  al  parecer  andaba  el ingeniero y su desespero por  adquirir  dinero”, diferentes a los celos, más aún  cuando  la  separación de hecho entre él y su esposa se había producido desde  hacía  varios  meses  y no por infidelidades, sino por los problemas de índole  económico.   

De   otra  parte  el  actor  señala  que  Silvia  María  Acosta Botero  no  solo declaró que CARLOS ALBERTO ALFARO  tenía  relaciones  con  Gloria Patricia  Castaño  sino  que divulgó en el Quindío que era un  matón,  motivo  por  el  cual  fue  denunciada  por  los  delitos de calumnia e  injuria,  habiéndose  retractado  de  su  dicho  con  posterioridad,  según se  acreditó  con  documentación  aportada  por la defensa que esta Sala devolvió  aduciendo  que  tales  declaraciones  no  comprometían la responsabilidad de su  representado  y,  en  consecuencia,  no  debieron  ser  tenidas en cuenta por el  Tribunal.   

          Igualmente    manifiesta    que    el    esposo    de   Silvia  Acosta declaró que su cónyuge le  había  comentado  que  el  Ingeniero  Juan  Guillermo  Acosta   y   su   esposa  tenían  problemas  por  la  infidelidad  de  ésta,  pero  sin  que  se mencionara el nombre de CARLOS             OVIEDO,  con  lo cual, según el defensor,  se  desvirtúan  las declaraciones de la señora Acosta  “hecho  que el Tribunal no  apreció  debidamente,  incurriendo  por ello en error de raciocinio”.   

          Y   señala   que   Olga   Lucía  Acosta  Botero  declaró  lo  que  le  dijeron  sus  hermanos  Alvaro   y   Silvia,  quienes a su vez reprodujeron los  comentarios   de   Migdalia  Ortíz,  esto  es, que el ex  –     parlamentario  OVIEDO   ALFARO  estuvo  de  alguna  manera vinculado a la muerte de su hermano Juan  Guillermo  Acosta, pues aquél mantenía relaciones con  Gloria  Patricia  Castaño,  esposa  de  éste  y  sugirió que se escuchara el testimonio de la empleada del  servicio  Blanca Inés             Posada  sobre el particular, la cual, pese  a  que  le adeudaban sus prestaciones sociales y por ello tenía resentimientos,  dijo  que  no había observado infidelidades de su patrona, con lo cual quedaron  sin   fundamento   las  afirmaciones  de  Olga  Lucía  Acosta.   

          Concepto del Ministerio Público   

Sobre el tercer cargo principal formulado  por  la  defensa  técnica,  la  Delegada  comienza  por señalar que si bien la  declaración  de  Álvaro  Acosta Botero   no   fue   apreciada   por   el  ad  quem,  lo  cierto  es  que no constituyó fundamento  para  deducir la responsabilidad penal del procesado por el doble homicidio. Por  ello   considera   que  la  crítica  del  demandante  sobre  el  particular  es  intrascendente  en  cuanto  carece  de  virtud  para  afectar  el  sentido de la  sentencia  y  precisa  que  si  el  Tribunal  dio  credibilidad a algunas de las  afirmaciones    de    Migdalia   Ortíz   no   fue   gracias   a   las   atestaciones   de   Álvaro  Acosta Botero, quien se limita  a  relatar  aquello que le refirió la citada dama sin expresar si le merecía o  no  credibilidad,  sino  merced  a  otros  medios de convicción respecto de los  cuales en el fallo se consignó la respectiva ponderación.   

Luego, en cuanto atañe a la crítica del  censor  sobre  la  credibilidad  de los testimonios de las hermanas Acosta  Botero, la Delegada afirma que  se  trata de la suposición de hechos que no figuran en el expediente, es decir,  nada  de  ello está probado, por manera que no es posible edificar un juicio de  legalidad  del  fallo  si las censuras dirigidas en su contra parten de presumir  hechos o argumentos que el mismo no contiene.   

Finalmente,  la  Delegada  resalta que la  acreditación  del  móvil  de  la  muerte  de  Juan  Guillermo  Acosta  Botero, la obtuvo el ad  quem a partir del análisis de las  declaraciones  de sus parientes y que, en suma, es notoria la intrascendencia de  los  medios  de  convicción  atacados, en la medida que carecen de aptitud para  afectar  la  atribución  de  responsabilidad  al procesado y por ello, el cargo  así formulado no tiene vocación de éxito.   

        Consideraciones de la Sala   

En  relación  con  este  cargo  referido  fundamentalmente   al   móvil  que  determinó  el  homicidio  de  Fernando     Celis    y    Juan  Guillermo  Acosta, encuentra la Sala  que  la  censura  del  casacionista  no consigue desvirtuar las conclusiones del  fallo  atacado, pues reprochar que las autoridades judiciales no ahondaron sobre  si   en   verdad   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  dispuso la muerte del Ingeniero Guillermo  Acosta  en  atención a que éste había comentado que  lo  iba  a  matar  porque  estaba  saliendo  con  su esposa y por ello él se le  adelantó,  constituye  a lo sumo una inquietud de la defensa, pero no un reparo  capaz  de  derruir  los pilares probatorios de la sentencia de condena objeto de  este recurso.   

Además,  como  ya  se  dijo al analizar el  cargo  segundo  del libelo, si el móvil para disponer la muerte de Juan   Guillermo  Acosta  fue  de  índole  pasional  u  obedeció  a otras circunstancias, es claro que ello en nada incide  en  la  condena  proferida  en contra de CARLOS ALBERTO  OVIEDO,  en  razón  a  que  sobre el particular no se  estructuró  la atribución de responsabilidad, como bien lo señala la Delegada  del  Ministerio  Público y, tampoco tiene relevancia alguna tener en cuenta que  tal  móvil,  antes  que  corresponder  a  la  realidad, se trata de una especie  inventada     por     Migdalia    Ortíz, como lo señala el defensor.   

En  efecto,  lo  cierto es que se encuentra  suficientemente  demostrado  en  grado  de  certeza  que  el 2 de enero de 1997,  CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO  ordenó     a     alias     “Frescolo”  y  por lo menos a otra persona que se encontraba en la finca El  Rocío,  que dieran muerte a Fernando Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,  luego  de  haberlos  sometidos a intensos sufrimientos tales como  colocarles  unas  bolsas  plásticas  en la cabeza, para finalmente herirlos con  unos  punzones  en  el  corazón  y  ahorcarlos con una soga, de donde fácil es  concluir  que  la temática alrededor del móvil carece de trascendencia, según  se advirtió.   

          Ahora  bien,  como el recurrente plantea un error de hecho por falso  juicio   de  existencia  por  omisión  del  análisis  de  la  declaración  de  Álvaro   Acosta   Botero,  hermano  del  occiso,  observa  la Sala que ciertamente, dicho testimonio no fue  ponderado.  Sin embargo, también se advierte que su relato, de una parte no fue  fundamento  de  la  sentencia  recurrida y de otra, las referencias que efectúa  respecto  de  problemas  económicos  de su hermano o el énfasis que imprime al  decir  que  no  sabía  nada  acerca  de problemas familiares entre Juan  Guillermo y su cónyuge Gloria  Patricia, amén que desconocía si  su  consanguíneo tenía o no relaciones con la otra víctima o con CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  permite concluir  que  contrario  a  lo  planteado  por  el  censor, ningún aporte de importancia  podía     haber     ofrecido     el     declarante     en    el    desideratum     de     establecer    la  responsabilidad   penal   del   procesado,   todo   lo   cual  permite  afirmar,  razonablemente, que una tal omisión deviene intrascendente.   

          Suficiente  resulta  con  la  siguiente  referencia a su testimonio,  para sustentar la anterior conclusión:   

“Yo  con  Juan  Guillermo  la  íbamos  bien  pero no teníamos mucha  comunicación  (…)  él  tenía problemas de índole  económica  y  eso  le  costó  el  matrimonio (…) hasta que ella (la  esposa, se aclara) se fue de la casa y  él      siempre      estuvo      esperanzado     en     recuperarla”.   

Acerca  de Fernando  Celis  manifestó: “Nunca  vine  a  saber  de  éste  caballero (…)”.   

Y, sobre problemas de su hermano en cuanto a  su    vida    familiar:    “A    mi   no  me  consta  nada de esto, no podría yo sostenerlo,  existen algunos comentarios, pero a mi personalmente no me consta  nada     y     no     quiero     hacer     referencia     de    ello”.   

Finalmente,  en  punto  de  si sabía de una  relación   de   amistad  o  de  negocios  entre  Juan  Guillermo  y  CARLOS ALBERTO  OVIEDO         expuso:         “Nunca,  el es un jefe político, pero no  más” (subrayas fuera de texto).   

Adicionalmente  bien  está precisar que si  Álvaro  Acosta  Botero dijo  que   la   finca   La  Brasilia  donde  fueron  encontrados  los  cadáveres  de  Juan   Guillermo  Acosta  y  Fernando  Celis pertenecía a  su     cuñado    Alonso  Urrea     Botero,  ello,  como  lo anterior, en nada  afecta  el  juicio  de  responsabilidad  penal que en relación con el procesado  OVIEDO  ALFARO  efectuó  el  Tribunal.   

Y  ya  en  cuanto  tiene  que  ver  con las  declaraciones  de Olga Lucía, Inés Helena  y Silvia María Acosta Botero   hermanas   de   la   víctima,  quienes  según  el  casacionista  “se  vieron afectadas, contaminadas por el engaño y  la  mentira  de  Migdalia, lo cual dejó de sopesar el Tribunal, incurriendo por  ello  en  falso  juicio  de  raciocinio”, suficiente  resulta  manifestar  que  la  crítica  a  su  valoración  por  el ad  quem  se queda en el simple enunciado,  pues  el  defensor  no  señala  y la Sala no advierte, cuál fue la regla de la  sana  crítica  que  violó  el  Tribunal  en su apreciación, circunstancia que  impide  ponderar  la trascendencia de un tal yerro en el sentido de la decisión  impugnada,   más   aún,  si  tales  testimonios  no  constituyeron  pilar  del  fallo.   

          Lo  que  revelan  los  autos  es  que  a  partir  de  las anteriores  declaraciones  el  Tribunal  simple y llanamente dejó planteado que, en efecto,  existieron  relaciones  afectivas  entre  la  esposa  del Ingeniero Juan   Guillermo   Acosta  y  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO, lo cual dedujo de  lo  relatado  directamente  por Olga Lucía  e  Inés Helena Acosta Botero,  sin  que  de  manera  alguna  puede concluirse que su dicho está  influenciado   por   los   comentarios   de   Migdalia  Ortíz, como sin demostrarlo lo afirma el censor, más  aún  si  se  tiene  que  no  fue con base en la prueba de la relación afectiva  entre    el    incriminado    y    la    esposa   del   Ingeniero   Acosta   que   se   lo   condenó   como  determinador   penalmente   responsable   de   los   delitos  por  los  que  fue  acusado.   

Así   se   refirió   el   ad     quem    sobre    este    puntual  aspecto:   

“(…)  sin  embargo  ello  no  desvirtúa la relación sentimental con Carlos Alberto Oviedo  Alfaro,  pues  se  cuenta  con  la declaración de la señora Olga Lucía Acosta  Botero,  hermana  del  interfecto  Juan  Guillermo, quien asegura que Gloria, su  cuñada,  mantenía relaciones amorosas con Carlos Alberto.  Lo propio hace  Inés  Helena  Acosta  Botero,  otra  de  sus hermanas, quien asegura que Carlos  Alberto  Oviedo  Alfaro  fue  visto  en  varias  ocasiones  con  Gloria Patricia  Castaño  y  que,  por  esa razón, su hermano había hablado con Carlos Alberto  Oviedo     para     que     dejara    tranquila    a    su    esposa”.   

          Por  lo expuesto, palmario resulta que el defensor no logra a partir  de  sus  críticas  a  la  ponderación  de  los  testimonios  de  los  hermanos  Acosta Botero efectuada en el  fallo  atacado,  socavar  las  deducciones  obtenidas  por el Tribunal luego del  pertinente  análisis probatorio para arribar a la certeza de la responsabilidad  penal    de    CARLOS   ALBERTO   OVIEDO  en  los  homicidios  objeto de investigación, pues sus reproches,  como  ya  se anunció, carecen de trascendencia en la medida en que no tienen la  virtud  de  incidir en el sentido de la providencia recurrida. Por ello, como lo  sugiere   la   Procuradora   Delegada,   el   cargo   no   está  llamado  a  la  prosperidad.   

1.4.          Cuarto  cargo  principal: Error de hecho  por  falso  raciocinio  en relación con las intervenciones de los agentes   investigadores durante este trámite.   

Afirma  el  casacionista  que el Tribunal  incurrió  en  yerro  de  tal  naturaleza  al afirmar que los agentes del Cuerpo  Técnico    de    Investigación   no   tuvieron   injerencia   alguna   en   el  diligenciamiento,  cuando  lo  cierto  es que, por el contrario, el Investigador  Luis  Carlos Cerra           Vargas  se empeñó en hacerle creer a  los    juzgadores    que    existía    relación    entre    el    beeper  Código  911  y  Guillermo         Díez           Alfaro,  hermano  del  ex congresista,  pese  a  que  tal  numero  fue asignado a Jorge Iván  López  Henao  el  14 o el 17 de enero de 1997, esto  es,  diez  días  después  de  la muerte de Fernando  Celis.   

Añade que tal servidor del CTI pretendió  hacerle  firmar  al  dueño  de la empresa Etelco una declaración en la cual se  consignaban  situaciones acomodadas, lo que dio lugar a que el Tribunal asumiera  que    el    código    911    tenía    alguna   relación   con   CARLOS           ALBERTO          OVIEDO,  incurriendo en error de hecho  por  falso raciocinio, dado que se acreditó documentalmente que tal código fue  asignado  a  Jorge  Iván  López  Henao  a  partir  del  14  ó  el  17  de  enero  de  1997, es decir, con  posterioridad a la fecha de los homicidios investigados.   

          Agrega  el  censor  que  el Tribunal incurrió en error de hecho por  falso  raciocinio  al dar credibilidad al documento inicialmente suscrito por el  Gerente     de    Etelco,    Guillermo    Gutiérrez  Isaza,  pues sólo aparece firmado por un investigador  del   CTI,   esto   es,   por   Luis   Carlos   Cerra  Vargas,  quien  en su pretérita declaración exhibió  un  particular interés en comprometer al doctor OVIEDO  ALFARO  en  la  comisión  de  los  homicidios  aquí  investigados,    documento    que    no   aparece   firmado   por   Gutiérrez, por no estar de acuerdo con lo  allí consignado.   

También    anota    que   María             Montoya            Gómez declaró que fue presionada por los  funcionarios     del     CTI     para     que     acusara     a     CARLOS             ALBERTO            OVIEDO de ser el autor del homicidio de su  hermano  Jairo  Duque             Valencia.    Igualmente    Marlen             Roa              Balaguera   afirmó   que  lo  dicho  por  Migdalia  Ortíz a su esposo  le  había  sido  aconsejado  por  un  funcionario de la Fiscalía que le pidió  declarar  en  contra de OVIEDO  ALFARO   y,   a   su  vez,  José     Libardo            Yépes             Murillo  manifestó  bajo  la gravedad del  juramento  que  funcionarios de la Fiscalía le prometieron una rebaja de pena a  cambio de su declaración contra el referido procesado.   

Y  agrega que el Tribunal tuvo en cuenta el  testimonio  de  Noel Noscué,  sin  percatarse  que  con  base en sus manifestaciones se iniciaron dos procesos  contra  CARLOS ALBERTO OVIEDO,  dentro  de  los  cuales, en uno se revocó de la medida de aseguramiento y en el  otro, se profirió preclusión de la investigación.   

Además  reprocha  que el Tribunal afirmara  que  el procesado era proclive a incurrir en tráfico de influencias y compra de  votos,  pues tales afirmaciones se sustentan en un escrito sin fecha ni firma de  funcionario  alguno,  a  partir  de  lo  cual  se  asumió  en  el  fallo que la  retractación   de   José  Faber  Ocampo no era creíble.   

Concepto del Ministerio Público  

          Con  relación  al  cuarto  cargo principal, la Procuradora Delegada  considera  que  el  censor  pretende rebatir los razonamientos que condujeron al  Tribunal  a  otorgar  credibilidad  a  los  testimonios,  documentos  e informes  cuestionados,  oponiéndoles  el  contenido  de otros medios de convicción cuya  fuerza   probatoria   apunta   en  sentido  diverso,  así  como  su  particular  apreciación  de dichas pruebas, pero sin demostrar la presencia de yerro alguno  en la decisión atacada.   

Puntualiza   que   la  relación  entre  CARLOS    ALBERTO    OVIEDO    ALFARO  y  Fernando Celis Franco  a  través  de un buscapersonas con código 911 ya fue objeto de  censura  y  de  pronunciamiento  de la Procuraduría en cargo anterior. Y agrega  que  es  cierto  que el Tribunal omitió considerar la declaración del empleado  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación Luis Carlos  Cerra  Vargas,  pero  que  pese  a ello, como en tal  testimonio  no se afirma nada diverso a lo ya sabido, esto es, que el móvil 911  de   beeper  aparecía  asignado  a López Ocampo,  pero  era  utilizado  por Guillermo Díez,    alias    “Bambino”,   hermano   de   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  tal  circunstancia  pronto deja en claro la  intrascendencia del reparo.   

        En   punto  del  testimonio  de  José  Guillermo  Gutiérrez  Isaza  expresa  el Ministerio  Público  que  el  Tribunal al ponderarlo se percató de que la inicial versión  incriminatoria  está  contenida  en un acta sin firma, pero también consideró  las   razones   de   fuerza   mayor  –  desperfectos  mecánicos  y problemas de impresión –   que  condujeron  a  que  la  diligencia   no  pudiera  ser  inmediatamente  suscrita  por  el  deponente.  No  obstante,  a  partir  de  tal situación concluyó que la posterior declaración  del  testigo denota algo que se ha convertido en regla en el devenir procesal de  este  asunto,  esto  es,  que  todo aquél que ha incriminado al procesado se ha  visto  obligado a retractarse, situación que no ha sido obstáculo para adoptar  las decisiones que en derecho y justicia corresponden.   

Por  ello  considera  la Delegada, que el  ad    quem   otorgó  credibilidad    al    testimonio    de   Gutiérrez  Isaza  no  solo  a partir de sus propias expresiones  incriminatorias,  sino  del  análisis  de las mismas al lado del testimonio del  Fiscal   que   practicó   la  diligencia,  las  atendibles  circunstancias  que  impidieron  oportunamente  su  firma y la retractación de otros testigos que en  algún  momento  comprometieron  la  responsabilidad  del  procesado,  todo ello  mediante  una  construcción  lógica  y razonable, acorde con los principios de  estimación probatoria.   

También resalta que en el fallo impugnado  no  se  mencionan  los  testimonios de María Montoya  Gómez  o  José Libardo  Yépez  Murillo  para sustentar la condena proferida  en  contra  del  procesado,  omisión  que deviene intrascendente porque ninguna  información  que contribuya a apoyar las pruebas de descargo o a socavar las de  cargo ofrecen los deponentes.   

A  continuación  indica  la  Procuradora  Delegada  que Noel Noscué  declaró  ante  el  Juez  Regional de Armenia que fue requerido por OVIEDO  ALFARO  para  que  elevara una  queja  ante  la  Procuraduría  en la cual sostuviera que miembros del CTI de la  Fiscalía  lo  habían  presionado  para incriminarlo y entonces precisa, que la  mención  del  testimonio de Noel Noscué   sirvió   al   ad  quem  no  para  edificar  la  responsabilidad  penal  de  OVIEDO  ALFARO  por  los homicidios de  que  trata  esta  actuación,  sino para ilustrar y llamar la atención sobre la  reiteración  de  una  práctica  que  en  por  lo  menos  en tres oportunidades  ocurrió  en el devenir procesal de este caso, cual fue la retractación de todo  aquél que inicialmente incriminó al procesado.   

        Acerca  del  informe sobre el tráfico de influencias, la Delegada  señala  que  el Tribunal estimó que a partir del mismo era dable cuestionar el  respeto  que  el  procesado tenía por las autoridades judiciales y a apoyar una  inferencia   ya  demostrada,  cual  es  que  la  retractación  de  José   Faber   Ocampo   Cardona  fue  producto  del  poder  de  sojuzgamiento  que  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  tenía sobre los habitantes del eje  cafetero.  Además,   precisa  que no se trata de un informe anónimo, sino  de  un informe de inteligencia, cuya apreciación por parte del Tribunal ninguna  incidencia  tuvo  en  el fallo de condena, dado que no acredita algo diferente a  lo  que  ya estaba demostrado con otros medios de prueba, esto es, las actitudes  reprochables  del procesado hacia la administración de justicia y su influencia  en la retractación del testigo de cargo.   

Para  la  Delegada, la crítica según la  cual  las declaraciones incriminatorias sólo tienen por objeto desprestigiar la  carrera   política   de  OVIEDO  ALFARO,  no  es  más  que  una  particular  apreciación probatoria del  defensor   diversa  a  la  del  ad  quem,   que   no   logra   constituir  un  yerro  trascendente  en  el  razonamiento y sentido del fallo.   

En  suma,  considera la representante del  Ministerio  Público  que  los  medios  probatorios  cuya estimación se critica  resultan  manifiestamente intrascendentes para modificar el sentido del fallo ya  que  se trata de testimonios, informes y documentos que carecen de virtud, tanto  para  brindar  soporte  a  las exculpaciones del procesado, como para desvirtuar  las  pruebas  de  cargo,  de  modo  que el fallo puede permanecer incólume aún  admitiendo  los  errores que invoca el casacionista. Por ello considera que esta  censura tampoco debe prosperar.   

        Consideraciones de la Sala   

En  razón  a  que  el impugnante aduce a  través  de  este  cuarto cargo principal que los agentes del Cuerpo Técnico de  Investigación  tuvieron injerencia en el diligenciamiento, en cuanto realizaron  varias  actividades  tendientes  a  perjudicar  a  su asistido, entre las cuales  está  que  el  investigador  Luis Carlos   Cerra  Vargas  se  empeñó  en  hacerle  creer  a  los  juzgadores  que existía relación entre el beeper  código  911  y  Guillermo         Díez           Alfaro,  pese  a  que  tal  numero fue  asignado  a  Jorge  Iván  López  Henao  el 14 o el 17 de enero de 1997, es decir, diez días después de  la    muerte    de    Fernando   Celis,  sin  dificultad  advierte  la  Sala, en primer término, que la  falta  de  imparcialidad  de  los  investigadores  es  asunto que no corresponde  evaluar   en   esta   sede,  pues  para  ello  el  legislador  ha  definido  los  correspondientes  mecanismos  correctivos  de índole disciplinaria y penal, que  debieron ser ejercidos en el momento oportuno.   

En segundo lugar, es claro que la referida  falta  de  imparcialidad  de  tales servidores públicos no compromete de manera  alguna  la  actividad  de  los  falladores,  salvo  que aquellos hayan alterado,  modificado  o  cercenado  el contenido de los medios de pruebas recaudados, caso  en     el    cual,    proceden    las    mencionadas    acciones    penales    y  disciplinarias.   

Para   concluir  se  encuentra  que  la  temática  referida a que el defensor considera que no existía relación alguna  entre  el  beeper código  911    y    Guillermo  Díez   Alfaro,   dado  que  fue  asignado  a  Jorge  Iván López Henao  diez  días  después de la ocurrencia de los sucesos aquí investigados, pese a  lo    cual    el    investigador    Luis    Carlos  Cerra  se empeñó en demostrar que tal era el medio  utilizado  por  el  hermano  del  procesado  para  comunicarse  con Fernando  Celis, fue ya fue abordada al  hacer el análisis del segundo cargo.   

En efecto, en el estudio de dicha censura  concluyó   la   Sala  que  el  ad  quem  analizó  detenidamente  tal aspecto y observó que si  bien  el código beeper  911  estaba  a  cargo  de Jorge Iván  López   Henao   y  no  a  nombre  de  Fernando  Celis  Franco,  y el código  14500  figuraba  a  nombre  de  Laura  Milena Oviedo  Alfaro,  ello  apuntaba  a  demostrar que fueron los  medios   utilizados   por   el   acusado   para   comunicarse  con  Fernando  Celis Franco, dado que dichos  códigos    no   eran   usados   por   sus   titulares,   pues   “una  persona  puede usar varios elementos de comunicación en  una  misma época a conveniencia”, más aún cuando  aparecen  mensajes  con  el  registro del número telefónico de la oficina y el  apartamento  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO.   

Adicional a lo expuesto considera la Sala  que  si  bien  el  Tribunal  no  ponderó  la declaración del agente del Cuerpo  Técnico   de   Investigación   Luis  Carlos  Cerra  Vargas,  lo  cierto  es que ella no suministra datos  nuevos   en   cuanto  a  la  frecuente  comunicación  entre  el  incriminado  y  Fernando Celis, pues ello  se  encuentra  acreditado  con  otros medios de prueba como las declaraciones de  los   familiares   del  último  de  los  nombrados,  motivo  por  el  cual,  el  planteamiento   que   en   tal   sentido   efectúa   el   casacionista  resulta  intrascendente,  más aún, si el testimonio de dicho investigador no se erigió  de   manera   alguna   en   fundamento   del   fallo   objeto   de  impugnación  extraordinaria.   

Ahora  bien,  en  atención  a  que  el  casacionista  aduce  que  el  referido  investigador pretendió hacerle firmar a  José   Guillermo   Gutiérrez   Isaza,  dueño  de la Empresa Electrónica y  de   Telecomunicaciones   de  Colombia  Etelco,  una  declaración  en  la  cual  se  consignaban  situaciones acomodadas, como que un  sábado  del  mes  de  abril de 1998 fue visitado por  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  junto  con  sus  escoltas  y  luego  de  intimidarlo  verificaron  si  entre los  registros  de  su  empresa  aparecían  mensajes  donde  se  mencionara  a alias  “Jabón”   o   a  Varela,  fácilmente  se  vislumbra que una tal queja no encuentra asidero en la actuación.   

Así   pues,  al  valorar  el  referido  testimonio,  el  ad  quem  notó  que la intervención del 6 de mayo de 1998 aparece suscrita por un Fiscal  Regional   de   la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  el  investigador  Luis  Carlos  Cerra, pero  no  por  el deponente, pero igualmente dilucidó que la falta de la rúbrica fue  producto  de  dificultades técnicas y logísticas en su recepción, como fueron  los   desperfectos   mecánicos   y   problemas  de  impresión,   según   fue   declarado  por  el  Fiscal  que  recepcionó  dicha  diligencia.   

También  dejó en claro el Tribunal, que  la   ulterior  intervención  del  declarante  José  Guillermo    Gutiérrez   realizada   el   28   de   mayo   de   1998,  corresponde  a  una  especie  de  retractación,  pues  refiere  que  nunca  antes había declarado dentro de este  trámite  y  que  en  una  ocasión  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  le solicitó que le permitiera verificar los  mensajes   que   figuraban   a   nombre   de   una   hermana  suya,  a  lo  cual  accedió.   

A  partir de lo anterior, el ad  quem  consideró que ésta última  exposición    de    Gutiérrez   Isaza  corresponde a una retractación, proceder que no era extraño al  curso  de  este  diligenciamiento en el cual, desde el testigo presencial de los  hechos     José     Faber     Ocampo,   hasta   uno   de   los   agentes   de  policía,  Miguel   Sandoval  Prada,  que  vio  a  CARLOS  ALBERTO OVIEDO el  2  de  febrero  de  1997  en  Puerto  Espejo,  con  posterioridad  han intentado  retractarse de sus iniciales declaraciones incriminatorias.   

A  partir  de la anterior consideración,  considera  la Sala que acertó el ad quem     al     ponderar     la     declaración    de    Gutiérrez  Isaza  que  aparece sin su  firma,  resaltando  para  ello no solo sus manifestaciones incriminatorias, sino  el  testimonio  del  Fiscal  de  la Unidad de Derechos Humanos que practicó tal  diligencia,  a  través  del  cual  explicó  las  dificultades  que  impidieron  oportunamente  que  el  declarante  la  suscribiera,  situación  probatoria que  permite  concluir  ausencia de yerro alguno en la apreciación de dicho medio de  prueba por parte del Tribunal, que sobre el particular puntualizó:   

“Si  bien  aquella  declaración  inicial  no  fue firmada, nada irregular se presentó por  parte  del fiscal de la Unidad de Derechos Humanos, Dr. Leonardo Augusto Cabana,  pues  él  ha  explicado  en la diligencia de audiencia pública ante la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia con bastante expresividad lo  acontecido   en  aquella  oportunidad,  coincidiendo,  en  gran  parte,  con  lo  expresado  por  José  Guillermo  Gutiérrez  Isaza; así por ejemplo, mencionan  ambos  los  desperfectos  mecánicos  de  la máquina de escribir y fallas en la  impresora,  como  los  motivos  por los cuales la diligencia no pudo ser firmada  enseguida  de  su  realización.  Ello, sin embargo, no obsta para que esta  Sala,  al momento de valorar ese inicial testimonio,  le  conceda credibilidad, pues fácilmente se colige que hubo un arrepentimiento  por  parte  de  este  declarante  en  cuanto a las frases que había pronunciado  comprometiendo  a Carlos Alberto Oviedo Alfaro.   Por  eso, a aquel funcionario de la Fiscalía se le concede todo crédito; no es  dable   cuestionar   su   transparencia   cuando   ha   presentado  explicación  satisfactoria  y  cuando  es la misma versión posterior del declarante en donde  da  elementos  para  constatar  que fue un repentino cambio de parecer lo que lo  determinó  a  negarse  a firmar la inicial versión, que sólo se explica en el  hecho  de  haber  recibido algún tipo de presión”  (subrayas fuera de texto).   

En atención a que el impugnante afirma que  María    Montoya            Gómez declaró que fue presionada por los  funcionarios     del     CTI     para     que     acusara     a     CARLOS             ALBERTO            OVIEDO de ser el autor del homicidio de su  hermano  Jairo  Duque             Valencia,       que      Marlen             Roa              Balaguera   afirmó   que  lo  dicho  por  Migdalia  Ortíz a su esposo  sobre   la   intervención   del   procesado   OVIEDO  ALFARO,  le  había sido aconsejado por un funcionario  de   la   Fiscalía  y  a  su  vez,  José     Libardo  Yépes    Murillo  manifestó  bajo  la gravedad del  juramento  que  funcionarios de la Fiscalía le prometieron una rebaja de pena a  cambio  de su declaración contra el referido incriminado, la Sala encuentra que  una  tal  censura  no  guarda  consonancia  alguna con la sentencia condenatoria  proferida  en  contra del acusado, pues tales declaraciones no fueron apreciadas  como  medios  en  favor  o  en contra de CARLOS ALBERTO  OVIEDO  por  parte  del  ad  quem.   

        En  este  punto  del  análisis  es necesario resaltar que, por el  contrario,  las diligencias dan cuenta que en algunas ocasiones fue CARLOS  ALBERTO  OVIEDO quien presionó  a  los  declarantes para favorecer sus intereses, como, entre otros, lo informó  Noél    Noscué   al  señalar:   

“El  señor  Oviedo  el  día  nueve me mandó llamar a mi casa para que fuera al consultorio  de  él,  yo  fui  y  este  señor  me  dijo que él  necesitaba  que  yo  fuera  a la Procuraduría  y dijera que estos señores  del   CTI   me   estaban  presionando  para  dar  otra  declaración,  que  dijera que ellos me tenían demasiadamente amenazado (…)  si  no me sostenía en la declaración contra el señor Oviedo por la muerte del  señor  del CTI (…) PREGUNTADO: Sírvase informarnos si efectivamente usted ha  recibido  algún  tipo  de presión por parte de los señores investigadores del  CTI.   CONTESTO:   No”  (subrayas fuera de texto).    

        Importa,  así  mismo,  tener  en  cuenta en este contexto, lo que  sobre  las presiones ejercidas sobre los declarantes, puntualizó el Tribunal al  indicar:   

“Y vemos que  no  es  sólo  en  este  proceso;  fuera  de  los casos de Faber Ocampo y de los  agentes  que  estaban  en  el  puesto de policía la noche de autos, es algo que  aconteció  también  en  la  investigación  adelantada  por  los  punibles  de  secuestro,  respecto del testigo Noel Noscué que luego de declarar en contra de  Oviedo  Alfaro, dijo que lo había hecho porque Jamer y Villada del CTI, tenían  la       intención      de      ‘hundirlo’  ofreciéndole  como  contraprestación  enviarlo  a los Estados Unidos.  El  mismo  Noel  Noscué  se  retracta en la investigación adelantada contra Oviedo  Alfaro  y  Carlos  Arbey  Melo  Tobón,  en  razón  de  la  muerte violenta del  investigador     Carlos     Humberto     Guzmán     Bermeo    (…)”.   

De  lo dicho en precedencia, razonable se  impone   concluir  que  la  especie  introducida  por  la  defensa  orientada  a  cuestionar   la   imparcialidad   de   los   agentes   del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  quienes  a  ella  pudieron  faltar  con  la  sola  finalidad de  perjudicar   al   procesado,   sólo  constituye  una  afirmación,  además  de  indemostrada, desvirtuada por el acervo probatorio.   

De  otra  parte,  en cuanto se refiere al  informe  que  entregó  la  policía sobre el eventual tráfico de influencias y  compra   de   votos  por  parte  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO,  suficiente  resulta  señalar que tal medio  probatorio  no  fue  tenido  en  cuenta  como  fundamento  de  la atribución de  responsabilidad  penal  que  es objeto de impugnación, toda vez que simplemente  vino  a  ratificar un aspecto que ya se encontraba acreditado en autos, esto es,  el  poder  de  injerencia  que  aquél  tenía  sobre  los  habitantes  del  eje  cafetero.   

Lo  anterior,  porque  sobre este puntual  aspecto, esto fue lo único que dijo el Tribunal:   

“La Policía  Judicial  presentó un amplio informe sobre el tráfico de influencias realizado  por  parte  del procesado Carlos Alberto Oviedo, en donde además se anexa copia  de  dos denuncias presentadas por la compra de votos, lo cual permite cuestionar  su  exiguo  respeto hacia las autoridades judiciales y viene a convertirse en un  argumento  para predicar que la retractación de José Faber Ocampo Cardona, fue  producto  del  poder político que tenía para la época de las investigaciones,  como    también    de    las   amenazas   de   muerte   presentadas”.   

Finalmente,  en  cuanto  atañe a que las  declaraciones  de cargo sólo tienen el propósito de minar la carrera política  del  procesado,  considera  la  Sala  que una tal afirmación no es más que una  peculiar  y  particular  apreciación  del defensor, indemostrada y además, sin  virtud  para  derribar  la  sentencia de condena  proferida en contra de su  procurado,  en  especial,  porque no demuestra que en verdad el Tribunal hubiera  incurrido   en   yerro   trascendente   alguno   en  la  ponderación  de  tales  pruebas.   

Como   acertadamente   lo   expuso   la  Procuradora  Delegada, es evidente que esta censura se sustenta en la crítica a  la  ponderación  de  ciertos  medios  probatorios  que  a la postre, resultaron  intrascendentes  en  punto  del  sentido del fallo impugnado, dado que no apoyan  las  exculpaciones del procesado ni desvirtúan las pruebas de cargo, por manera  que  la  sentencia  permanecería  incólume  aun  si  se admitieran los errores  señalados por el recurrente.   

          En tales condiciones, el cargo no prospera.   

1.5.          Quinto  cargo  principal: Error de hecho  por  falso  raciocinio  respecto  del  fallo proferido en contra de Juan    Ernesto    Vásquez    Corrales  (Frescolo) y la propiedad de  la finca donde se cometieron los delitos.   

          Asevera   el   impugnante   que   el   ad  quem   incurrió  en  falso  raciocinio  al  traer  a  colación  como  prueba de la responsabilidad de CARLOS  ALBERTO  ALFARO,  la  sentencia  de condena de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  de  Armenia  en  contra de Juan   Ernesto  Vásquez  Corrales,  alias  “Frescolo”,  quien  por  razón  de  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  terminó siendo investigado y  juzgado  en  forma  separada  y  se  lo  condenó  como  autor  material  de los  homicidios aquí investigados.   

          En  punto  de  la  demostración  de  su aserto manifiesta que no se  tuvieron  en  cuenta los planteamientos que el Magistrado disidente expuso en el  salvamento  de  voto  que  presentó  respecto  del referido fallo de condena de  Vásquez   Corrales,   al  señalar  que  su  vinculación  se produjo “como por  arte  de  magia, llegó en paracaídas”, amén de que  no  se  había  obtenido  certeza  sobre  su responsabilidad con relación a los  mencionados  delitos,  en  especial,  porque  no  se  estableció  si  en verdad  “Frescolo”  era el mismo  Juan        Ernesto        Vásquez.   

          También  aduce  el  censor  que el Tribunal asumió en la sentencia  atacada  que  los homicidios ocurrieron en la finca de la esposa de Vásquez  Corrales con base en lo dicho por  José Faber Ocampo, sin tener  en  cuenta que se demostró que aquél no había vuelto al fundo de su ex esposa  desde  su  separación  matrimonial,  como  en efecto lo declararon María   Rosmira   Tangarife   Vanegas  y  José     Uriel     Roldán     García.   

          Concepto del Ministerio Público   

En   relación  con  el  quinto  cargo  principal  la  Procuradora  Delegada  afirma  que  si  bien  el  Tribunal  no se  pronunció  sobre  la  sentencia  a la cual se refiere el demandante ni sobre el  salvamento  de  voto  a  la  decisión  allí  contenida, tal omisión carece de  trascendencia   respecto   del   sentido   del  fallo  objeto  de  este  recurso  extraordinario,  por  cuanto  si en tal “sentencia  de  casación” se encontró ajustado a derecho el  fallo    que    determinó    la    responsabilidad    penal   de   Vásquez  Corrales  por  la autoría  material   del   homicidio   de   Fernando   Celis  Franco y Juan Guillermo  Acosta  Botero,  no  se  entiende  qué importancia  pueda  tener  para  socavar  las  bases  de la sanción proferida dentro de esta  actuación    contra    el    procesado    OVIEDO  ALFARO  como  determinador  del  mismo  hecho, más  aún,  cuando  “el  sentido  de  la  sentencia de  casación   (sic)  lo  determina  no  su  salvamento  de  voto,  sino  la  decisión  mayoritaria de la  Sala”.   

Por  ello  concluye  que  si  bien  el  sentenciador  dejó  de  apreciar  el salvamento de voto que menciona el censor,  tal   omisión   no   resulta   trascendente   para  modificar  el  sentido  del  fallo.   

       Ahora,    con    relación   al   verdadero   nombre   de   alias  “Frescolo”,   la  Delegada  afirma  que  “el  Tribunal  no  excluye  inconsistencias  en  el  dicho de Ocampo Cardona,  entre las cuales pudiera  ubicarse  su  confusión  en el verdadero nombre de alias frescolo o la errónea  descripción  morfológica  que intenta el Mayor Mora Quiñones, sino las supera  al  encontrar que son mayores y de más trascendencia los hechos incriminatorios  que  se  desprenden  del dicho del testigo y de los medios de convicción que lo  corroboran  que  aquello  de  escasa  o  nula  importancia  en donde se detectan  fragilidades”.   

Y puntualiza que si alias “Frescolo”  no  tenía  acceso a la  finca  donde  ocurrieron  los  hechos,  tal  circunstancia  no  pasa  de ser una  apreciación  del censor que se aparta de la del Tribunal al llamar la atención  sobre  el hecho de que las muertes hubieran ocurrido en un inmueble de propiedad  de  la  esposa  de su autor material, sin que ello denote yerro alguno que viole  de manera trascendente regla alguna de la sana crítica.   

       Finalmente,  en  cuanto  a este cargo, la Delegada señala que el  Tribunal    no    condenó    a   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO   por  considerar  que  los  homicidios  se  perpetraron   en   la  finca  de  propiedad  de  la  esposa  de  “Frescolo”,    sólo    que   esa  circunstancia    constituyó   un   elemento   más   que   permitió   atribuir  responsabilidad  al procesado por la determinación del doble homicidio sin que,  por  tanto, dicha situación sea determinante de la condena impuesta, motivo por  el  cual,  si  el  sentenciador  no  profundizó  sobre  el  particular, ello no  comporta violación trascendente de las reglas de la sana crítica.   

       Con  base en lo anterior, considera que el cargo no está llamado  a la prosperidad.   

          Consideraciones de la Sala   

En  cuanto  a  este  quinto  cargo  que  también   como   principal  plantea  el  recurrente,  es  claro  que,  como  su  aseveración  apunta  a que el Tribunal incurrió en falso raciocinio al traer a  colación    como    prueba    de    la    responsabilidad    de    CARLOS  ALBERTO  ALFARO, la sentencia  de  condena  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Armenia  en    contra    de    Juan    Ernesto    Vásquez  Corrales,        alias        “Frescolo”,  como autor material de  los   homicidios  aquí  investigados,  considera  la  Sala  que  nuevamente  el  casacionista  no plantea la ley de la ciencia, el principio lógico o la máxima  de   la   experiencia   quebrantada   por   el   ad  quem,  omisión  que sin duda le impide señalar en  qué  consistió  el  agravio  que  dice  se  pudo  haber  ocasionado, de manera  indirecta, a la ley sustancial.   

Además  de lo anterior, si el artículo  54  de  la  Ley  270  de  1996,  Estatutaria  de la Administración de Justicia,  establece    en   punto   del   quorum     deliberatorio     y     decisorio     que    “Todas  las decisiones que las Corporaciones judiciales en pleno o  cualquiera   de   sus  salas  o  secciones  deban  tomar,  requerirán  para  su  deliberación  y  decisión, de la asistencia y voto  de  la  mayoría de los miembros de la Corporación,  sala  o  sección” (subrayas fuera de texto), para  la  Sala  resulta incomprensible, por decir lo menos, que el demandante pretenda  reivindicar  el  valor  del  salvamento  de  voto  por  encima  de  la decisión  mayoritaria  por  virtud  de  la  cual  resultó condenado alias “Frescolo”.   

Lo  anterior  es  así,  dado  que  en  tratándose  de jueces colegiados, es la posición mayoritaria la que finalmente  prevalece  sobre  la  disidencia,  más  aún,  cuando  en  casos  como el de la  especie,  no  se  vislumbra  la  trascendencia  que  pudiera  tener  el referido  salvamento  de  voto  respecto de la sentencia de condena proferida en contra de  CARLOS       ALBERTO       OVIEDO.   

       Es  oportuno  precisar que el ya mencionado salvamento de voto no  acredita  asunto  diverso  a  que  un  Magistrado  de  la  Sala de Decisión del  Tribunal  de  Armenia  no  estuvo  de  acuerdo  con  la  decisión de condenar a  Juan    Ernesto   Vásquez   Corrales,   alias   “Frescolo”,  como  autor  material  de  los  homicidios  de Fernando   Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,  sin  que a  partir  de  allí  pueda  arribarse  válidamente  a conclusiones tales como las  propuestas  por el censor, esto es, que el condenado no es el mismo que ejecutó  a  las  víctimas, que fue indebidamente vinculado al proceso penal tramitado en  su   contra   o   que   existen  dudas  sobre  su  responsabilidad,  pues  tales  planteamientos  debieron  ser  presentados  a  través de los canales ordinarios  dispuestos  por  el  legislador  respecto  del  fallo adverso proferido en dicho  trámite   y   no   dentro   de  este  diligenciamiento,  que  se  ocupa  de  la  responsabilidad  que como determinador de los referidos homicidios corresponde a  CARLOS    ALBERTO    OVIEDO    ALFARO.   

       Además,  el  censor  no  demuestra,  ni  la  Sala  advierte,  la  importancia  que en el sentido del fallo impugnado pudiera tener el hecho de que  alias  “Frescolo” no  tuviera  acceso a la finca donde ocurrieron los sucesos investigados, motivo por  el  cual,  una  tal  aseveración,  cierta  o  falsa,  no  modifica la sentencia  atacada,  dado  que  la  condena  de  CARLOS ALBERTO  OVIEDO  no  se  sustentó  en  afirmación  alguna  relacionada  con  el  propietario del predio donde ocurrieron los delitos objeto  de investigación.   

A  partir  de  las razones expuestas, es  claro que el cargo está llamado al fracaso.   

1.6.          Sexto cargo principal: Error de hecho por  falso  raciocinio  respecto  de las declaraciones de los agentes de policía que  se  encontraban en el puesto de control de Puerto Espejo en la tarde del día de  los hechos.   

Afirma el impugnante que si bien el Tribunal  dijo  que  los  agentes  que estaban de turno en el referido puesto de Policía,  esto  es, Miguel Ángel Sandoval Prada, Oscar Murillo y  Jaime  Rodríguez,  dieron  cuenta  bajo juramento que  vieron   pasar  por  allí  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO  a  las tres de la tarde del día de los hechos  en  su  vehículo  color  gris oscuro de modelo reciente, ello no se corresponde  con la realidad procesal.   

Para sustentar tal afirmación, señala que  el  agente  Murillo dijo que  quien   había   visto   pasar   a   CARLOS   ALBERTO  OVIEDO      fue     el     agente     Sandoval, pero se equivocó al afirmar que  bajó    junto    con    éste   hasta   el   puente,   pues   si   Sandoval  se  encontraba  de Comandante de  dicho  puesto,  considera  el  censor  que  de  allí no podía moverse. Además  resalta  que  si  Murillo dio  cuenta  también  que en ese momento estaba distraído, ello quiere decir que no  estaba    en    condiciones   de   percibir   la   presencia   de   OVIEDO  ALFARO  dentro de un vehículo que  pasó muy rápido por aquél sitio.   

Respecto  de  lo  declarado  por  el agente  Jaime  Eugenio Rodríguez, el  casacionista  asevera  que  éste  no  vio  el día de los hechos a CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y  solo  escuchó  comentarios  al  respecto  de  parte de alguno de sus compañeros, motivo por el  cual  estima que el Tribunal incurrió en un error de hecho por falso raciocinio  al  dar por acreditado que, en efecto, el procesado se desplazó en un vehículo  junto  con  otras  personas a las tres de la tarde del día de los hechos por el  puesto  de  policía de Puerto Espejo y que el referido automotor regresó sólo  con el conductor a las siete de la noche del mismo día.   

Acerca   del   testimonio   del   agente  Miguel  Ángel Sandoval Prada  el   demandante   afirma  que  al  parecer  fue  recepcionado  por  el  Jefe  de  Inteligencia  del Departamento de Policía Sijin Jesús  E.  Méndez  Granados  y  por  el  agente Andrés   Consuegra   Parga,  quienes  se  habían   entrevistado   con   el   hermano   y   el   padre   de   Fernando  Célis, una de las víctimas. Por  ello,   el   mencionado  declarante  dudó  acerca  de  si  vio  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO con gafas oscuras o  sin  ellas cuando pasó por el puesto de control indicado dentro de un vehículo  con cinco personas más.   

Y  anota que si bien el agente Sandoval  dijo  que quien señaló el paso  de   OVIEDO  ALFARO  por  el  puesto       de       policía       fue       el       agente      Rodríguez,  lo  cierto es que éste en su  declaración  sólo refiere que algún compañero le hizo notar la presencia del  mencionado ciudadano.   

En suma, concluye el censor que el error de  hecho  por falso raciocinio en el cual incurrió el Tribunal consistió en tener  por  demostrado  el  paso  de  su  asistido  por el puesto de policía de Puerto  Espejo  aproximadamente  a  las tres de la tarde del día de los hechos, lo cual  sólo  corresponde  a  la  suposición  de alguno de los agentes de policía que  allí  se  encontraban,  más  aún,  “si tenemos en  cuenta,  como  lo  da  a entender el fallo, que el nexo causal en los homicidios  estaría  en  el  compromiso de Fernando Celis de sacar al ingeniero Acosta para  ultimarlo,  pues  Celis  a  las  tres  de  la  tarde  ni siquiera había logrado  entrevistarse  con  el  Ingeniero  Acosta,  quien de acuerdo al testimonio de su  hermano  el  doctor  Acosta  y  de su hermana Inés, fue visto a las cinco de la  tarde    en    Armenia    y    a    las    seis    por    el   Tapao”.   

          Añade  que si fuera cierto lo declarado por los agentes de policía  “se   estarían   contrariando  las  reglas  de  la  experiencia,  que enseñan lo ilógico que resulta que quien estuviera planeando  un  crimen, se dejara reconocer, o que yendo desprevenidamente desplazándose en  un   automotor   a   considerable   velocidad,  los  policías  hubieran  podido  reconocerlo”.   

También  señala  el  impugnante  que  si  CARLOS  ALBERTO OVIEDO debía  regresar  por  la misma vía y después de la seis de la tarde se bajaba la vara  de  control  del puesto de policía para efectuar registros a los vehículos que  por  allí transitaban, no habría podido superar ese mecanismo de seguridad sin  ser  visto,  e igualmente, no podían haberlo hecho quienes, según lo precisado  en  el fallo, se encargaron del traslado de los cadáveres de la finca El Rocío  a La Brasilia.   

Adicionalmente  pone de presente que existe  prueba  que  contradice  lo  expuesto  por  los  agentes  de  policía  pues, de  conformidad  con  varios  testimonios,  a la hora en la que aquellos dicen haber  visto  CARLOS ALBERTO OVIEDO,  éste  se  encontraba  en  la  ciudad  de  Cali  asistiendo a la “Corrida  del  Toro”, regresando a Armenia  cerca  de  las  ocho  de  la  noche, momento a partir del cual estuvo con varios  conocidos   en   la  “Tienda  de  Capota”,  para  salir  de  allí  en grupo cerca de las diez de la noche  hacía     el     “Rancho    Argentino”,  donde  permaneció  también  en compañía de varias personas  hasta  pasada  la  media  noche.  Porque  lo  cierto es que  los homicidios  ocurrieron  entre  las  nueve y treinta y las diez de la noche, en un sitio para  llegar al cual no era necesario pasar por el puesto de policía.   

          De  lo  anterior  concluye el casacionista que existe duda acerca de  si  su  representado pasó o no por el lugar donde dicen los agentes de policía  lo  vieron  a  las  tres de la tarde, lo que impide obtener la certeza requerida  para proferir fallo de condena en su contra.   

          Concepto del Ministerio Público   

          En  referencia  al  sexto  cargo  principal,  la  representante  del  Ministerio  Público  señala  que  la apreciación de las pruebas por parte del  Tribunal  se  muestra  sólida,  especialmente  en  cuanto alude al dicho de los  agentes  de  policía  que  se  encontraban  en  el  puesto de control de Puerto  Espejo,  quienes dieron cuenta de la presencia del procesado en inmediaciones al  lugar donde sucedieron los hechos.   

El  sentenciador no fue ajeno, agrega, a la  retractación    del    agente   Sandoval,  que  apuntaba a crear duda respecto de sus iniciales atestaciones  incriminatorias,  pero  acertó  al  descartar  la  credibilidad  del  cambio de  opinión  del  testigo  a  través  de  una estimación lógica del proceder que  resultó  habitual  en  este  diligenciamiento,  esto  es,  que  varios  de  los  declarantes   se   retractaron   con  posterioridad  de  los  señalamientos  de  responsabilidad  que  efectuaron  respecto  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  y  que  por  tanto,  se aviene con la  totalidad del acervo probatorio.   

Destaca  la  Delegada  que  el  Tribunal  advierte  en  el  fallo  que existía más de una vía para llegar a la finca El  Rocío  donde  ocurrió  el doble homicidio y que solo por una de ellas, el paso  por    el    puesto    de    policía    de    Puerto    Espejo   no   resultaba  obligatorio.   

Además,  otros  medios  de convicción,  entre  ellos  el  testimonio  de  José Faber Ocampo  Cardona,   conducen   a  establecer  no  sólo  la  presencia  sino  la participación del procesado en los hechos criminosos objeto  de imputación y luego de condena.   

Finalmente, en cuanto a este cargo, asegura  que  ninguna trascendencia tiene en este caso la regla según la cual quien va a  cometer  un  crimen se cuida de ser reconocido, porque lo cierto es que conforme  al  razonamiento del fallador, del cual no se ha acreditado hasta el momento una  trascendente  ilegalidad,  lo  cierto  es  que  OVIEDO  ALFARO  efectivamente  transitó  frente  al puesto de  policía  de  Puerto Espejo el día de los hechos, sin que entonces se afecte de  manera  alguna  la atribución de responsabilidad que con base en prueba diversa  contiene el fallo atacado.   

          Por   ello,   considera  la  Delegada  que  este  reproche  no  debe  prosperar.   

          Consideraciones de la Sala   

          A  través  de este sexto cargo principal el demandante cuestiona el  hecho  de  que  el  Tribunal  hubiera  dado  plena  credibilidad al dicho de los  agentes  de  policía  Miguel  Ángel  Sandoval Prada,  Oscar   Murillo   y   Jaime   Rodríguez,  quienes  se  encontraban  en  el  puesto  de control de Puerto Espejo en la tarde del día en  que  tuvieron  lugar  los  homicidios  investigados  e  informaron haber visto a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO hacia  las tres de la tarde del mencionado día.   

Sobre  el particular, encuentra la Sala que  el  recaudo  probatorio  otorga  suficiente  soporte  a  las consideraciones del  ad  quem,  pues es lo cierto  que  el  agente Miguel Angel Sandoval Prada  es contundente y reiterativo en sus intervenciones del 8 de enero,  el  5  de  febrero  de 1997, el 4 de febrero y 13 de marzo de 1998, a través de  las  cuales  refiere que aproximadamente a las “15:00  horas”  del  día  de  los hechos, encontrándose de  turno  en  el  puesto  de  policía  de Puerto Espejo, observó que CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO se desplazaba  en    la    parte    delantera   derecha   de   un   vehículo   “cuatro  puertas” de color gris petróleo,  acompañado  por tres personas más, ubicadas en el asiento trasero y que luego,  aproximadamente  a  las seis de la tarde de ese mismo día, vio nuevamente pasar  el mismo rodante, pero ya solo ocupado por el conductor.   

          En   este  contexto  impera  señalar  que  el  agente  Sandoval   precisa   que   reconoció   a  OVIEDO ALFARO por tratarse de  un  personaje político muy conocido en Armenia, llegando incluso a aseverar que  dicho  ciudadano  en  ese  momento  tenía  gafas  oscuras. Es solo en su quinta  intervención  que  el  referido  agente  afirma  que  no  está seguro si en el  mencionado  automotor se encontraba o no CARLOS ALBERTO  OVIEDO, declaración esta última que, en criterio que  comparte  la  Sala  fue  bien  desestimada  por  el  ad  quem  al  comportar  una  especie de retractación del  testigo  frente  a  hechos  que inicialmente narró de manera clara, enfática y  coherente.   

          Sobre   este   puntual   aspecto,   esto  fue  lo  que  precisó  el  Tribunal:   

“A las tres  de  la  tarde  fue visto Carlos Alberto Oviedo Alfaro por los agentes del puesto  de  policía  aledaño,  quien se desplazaba en su vehículo color gris oscuro y  de  modelo  reciente, con otros hombres más, según lo atestiguaron los agentes  Miguel  Ángel Sandoval Prada y Oscar Murillo y Rodríguez lo siguieron hasta el  puente  del  río  Puerto  Espejo,  pero  no  lo  alcanzaron.  No  se puede tener en cuenta el testimonio posterior de Sandoval,  donde   ya   se   muestra   dubitativo,  pues  sus  compañeros  fueron  enfáticos  al decir que él se los señaló y además  no  era un carro cualquiera ni un ciudadano común, era el político nombrado de  la  región,  por ello, su primigenia versión es la  que  se  ve  dotada  de  credibilidad, no en cambio la subsiguiente, en donde ya  responde  sin  espontaneidad, con frases cortas y tratando de generar duda sobre  su  captación  sensorial inicial” (subrayas fuera  de texto).   

       Razonamiento  este  que encuentra soporte, como ya se dijo, en el  acervo        probatorio,        pues        el        agente       Sandoval, en la declaración rendida  el 8 de enero de 1997 había expresado:   

“Cuando notamos  el  paso  de  un vehículo de color gris PETROLEO, cuatro puertas y en  la  parte delantera iba el señor DR OVIEDO ALFARO  (…)  PREGUNTADO:  Sírvase  manifestar el porqué usted dice que  era  el señor OVIEDO ALFARO. CONTESTO:  Porque es una persona muy conocida  aquí   en   Armenia   y   también   muy   conocido   por   televisión  y  por  periódico” (subrayas fuera de texto).   

         Y  esto  fue lo que contestó el mismo agente a una de las preguntas  que se le formularon el día 5 de febrero de 1997:   

“PREGUNTADO:  Conoce  al  doctor  Carlos  Alberto  Oviedo Alfaro, en caso afirmativo nos dirá  desde  cuándo  y  por  qué.   Igualmente agregará si para la fecha antes  mencionada  lo  vio  pasar  por  el  puesto  de Puerto Espejo? CONTESTO: Sí, lo  conozco  desde  que  llegué  a  Armenia  hace  ocho  años  (…)  Lo   vi   el  dos  de  enero  a  eso  de  las  tres  de  la  tarde  aproximadamente,  bajó  desconociendo  el destino, noté la presencia cuando me  encontraba  de  servicio ahí afuera en ese momento bajaba el hombre” (subrayas fuera de texto).   

         A  su  turno,  durante  la  declaración  rendida el 4 de febrero de  1998, el referido agente expuso:   

“Esa  tarde  pasó  el  señor  OVIEDO  ALFARO,  el parlamentario por las vía que conduce de  ARMENIA  al  corregimiento  de  PUEBLO TAPAO (…) él iba en la parte delantera  del  vehículo  al  lado  derecho del conductor y en la  parte  de  atrás  iban  tres  personas  más  (…) PREGUNTADO: Sus compañeros  también  observaron que el que transitaba esta vía era el parlamentario OVIEDO  ALFARO.  CONTESTO:  Ellos  también  lo  observaron  y  también dijeron que era  él” (subrayas fuera de texto).   

          Finalmente,  en  su intervención del 13 de marzo de 1998, el agente  Sandoval  expresó:   

“Yo vi bajar en  un  carro  al  doctor  Oviedo Alfaro, con otras personas que no distinguí (…)  PREGUNTADO:  Conocía  usted  con anterioridad a esa  fecha   lo   suficiente  al  doctor  Carlos  Alberto  Oviedo  para  afirmar  tan  categóricamente  que  era  él  a  quien  vio  pasar esa fecha. CONTESTO Si, en  muchas  ocasiones  lo  había visto por televisión, por prensa y sabía que era  él” (subrayas fuera de texto).   

          También  en  apoyo  de  lo  declarado  por  el  agente Sandoval,  obra  el  testimonio del agente  Jaime   Eugenio  Rodríguez  quien  dijo que el 2 de enero de 1997, encontrándose de guardia en el puesto de  control  de  Puerto  Espejo vio pasar un vehículo gris petróleo, momento en el  cual   uno   de  sus  compañeros  dijo  que  dentro  de  él  iba  CARLOS  ALBERTO OVIEDO, quien fue dirigente  deportivo en el Departamento del Quindío.   

          A  su  vez,  el  Subintendente Luis Eduardo  López  Duque  corrobora  lo  expuesto por los agentes  Sandoval   y  Rodríguez,  en  el  sentido  de que días  después   de   ocurridos   los  delitos  contra  la  vida  que  motivaron  este  diligenciamiento,   “uno  de  los  agentes  que  se  encontraba  en  horas  de  la tarde en el puesto de Puerto Espejo el día en que  ocurrió  el  hecho  comentó  que  había  visto  pasar  al doctor OVIEDO en un  automóvil”.   

          Así   las  cosas,  no  queda  duda  alguna  en  cuanto  a  que  las  declaraciones   de   los   agentes   de   policía  ofrecieron  al  ad  quem total credibilidad en el tema que  introdujeron   al  proceso,  lo  que  de  contera  lo  condujo  a  desechar  las  testimonios  y  medios  de prueba con los cuales se pretendió acreditar que, la  tarde   del   día   de  los  sucesos  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  se  encontraba  en  la ciudad de Cali, pues lo  cierto   es   que  las  referidas  atestaciones  de  los  policiales  encuentran  correspondencia  con  lo  declarado  por  José  Faber  Ocampo,  más  aún,  cuando  no se advierte que tales  servidores  públicos tuvieran especial interés en faltar a la verdad y que, si  bien  el agente Sandoval en su  quinta   intervención   intentó   mostrarse   dubitativo,   sus  declaraciones  precedentes fueron claras y precisas.   

En   este  contexto  obligado  se  impone  puntualizar  que  si uno o varios de los agentes de policía se desplazaron o no  con  el objeto de verificar el destino del vehículo en el cual iba CARLOS  ALBERTO OVIEDO, o si el que primero  lo   vio   fue   Sandoval  o  Rodríguez,   ello  apenas  constituye  circunstancias  intrascendentes  o,  lo que es lo mismo, carentes de  virtud  para  concluir  que  los  agentes  mintieron  a  la  administración  de  justicia,  según  lo pretende el censor, pues lo que se encuentra acreditado es  que  el  procesado  efectivamente fue visto cerca de las tres de la tarde cruzar  por  el  puesto  de  policía  de  Puerto Espejo, sitio cercano a la finca donde  ocurrieron  los  hechos,  por agentes de policía que se encontraban de guardia,  más  exactamente  por  el agente Miguel Angel Sandoval  Prada,  sin  que  tal  aseveración constituya en modo  alguno  una “suposición”,  como lo sugiere la defensa.   

          Ahora  bien,  como  el  recurrente manifiesta que de acuerdo con las  reglas  de la experiencia resulta ilógico “que quien  estuviera   planeando   un   crimen,   se   dejara   reconocer,   o   que  yendo  desprevenidamente  desplazándose  en un automotor a considerable velocidad, los  policías  hubieran podido reconocerlo”, encuentra la  Sala  que la regla con base en la cual el recurrente sustenta su discurso, no es  de   recibo   en   este   asunto,   por  las  razones  que  a  continuación  se  exponen.   

Las reglas de la experiencia se configuran a  través  de  la  observación  e  identificación  de un proceder generalizado y  repetitivo   frente   a   circunstancias   similares   en  un  contexto  temporo  –  espacial  determinado.  Por  ello,  tienen pretensiones de universalidad, que sólo se exceptúan frente  a  condiciones  especiales  que  introduzcan cambios en sus variables con virtud  para   desencadenar   respuestas   diversas   a   las  normalmente  esperadas  y  predecibles.   

          Así  las  cosas,  las  reglas  de  la  experiencia  corresponden al  postulado  “siempre o casi siempre que se presenta A,  entonces,  sucede  B”,  motivo  por el cual permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el  acontecer   que   sobrevendrá   a   la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de establecer a  partir   de   la   observación   de   un   suceso   final  su  causa  eficiente  (retrospección).   

          Precisado  lo  anterior  encuentra  la  Sala  que  el  enunciado del  casacionista,  esto  es,  que  quien se encuentra planeando un delito no se deja  reconocer   por   persona  alguna  ni  actúa  desprevenidamente  para  que  las  autoridades  se  puedan  percatar de su presencia, no corresponde a una regla de  la  experiencia,  pues  en  el acontecer diario se advierte que no siempre quien  planea  la  comisión  de  una  conducta  punible se asegura de no ser visto por  otras  personas, pues puede ocurrir que le sea indiferente tal percepción ajena  de  su  ilícito  o que no cuente con que pese a sus previsiones sea observado y  descubierto, como en efecto, aconteció en este asunto.   

Lo  anterior es así, pues lo cierto es que  CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO  no  contó  con  que  al  cruzar en su vehículo junto con otras personas por el  puesto  de  policía  de  Puerto  Espejo,  por  lo  menos  uno de los agentes de  policía  que allí prestaba guardia se percatara de su presencia, circunstancia  que  permite  advertir  que  la  referida  máxima  no  resulta aplicable a este  caso.   

          Por  el contrario, lo que si resulta curioso, por decir lo menos, es  que  precisamente  el agente Sandoval Prada,  quien  en  cuatro oportunidades afirmó con seguridad haber visto  hacia  las  tres  de  la  tarde  del dos de enero de 1997 al doctor OVIEDO  ALFARO  cruzar en un vehículo por  el  puesto  de  Puerto Espejo, en una quinta intervención resuelve decir que de  ello  no  está  seguro,  con  el  claro propósito de crear duda probatoria que  podría favorecer al procesado.   

          Ahora,   dado   que   el   defensor   indica   que  si  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO debía regresar por  la  misma  vía  y  después de la seis de la tarde se bajaba la vara de control  del  puesto  de  policía  de  Puerto  Espejo  para  efectuar  registros  a  los  vehículos  que  por  allí  transitaban,  no podía ni él ni los encargados de  trasladar  los cadáveres superar tal barrera sin ser vistos, basta replicar que  el  Subintendente Luis Eduardo López Duque sobre tal aspecto aclaró lo siguiente:   

“(…) sí había  otra  vía,  me  refiero  a  una  vía  de  servidumbre que conduce al Barrio La  Virginia   de  Armenia,  pasando  por  la  finca  La  Brasilia   (donde   fueron  hallados  los cadáveres, se precisa) y encontrando una  puerta  metálica en predios de la finca la Platina y por esta vía se  puede obviar el paso por el reten de Puerto Espejo” (subrayas fuera de texto).   

Así las cosas, el argumento del recurrente  carece  de  soporte, en tanto que queda claro que sí era posible eludir el paso  por  el  puesto  de policía de Puerto Espejo, de donde se concluye que tanto el  incriminado  como  quienes  trasladaron los cadáveres, no tenían que transitar  por  allí, pues podían tomar la ruta atrás señalada, circunstancia que, a la  postre,  deja  sin  piso la crítica que el defensor presenta contra el Tribunal  por   no  haber  tenido  en  cuenta  la  declaración  del  agente  de  policía  Andrés José Consuegra quien  dijo  que  en  horas  de  la  noche  todo  vehículo que pasara por el puesto de  policía  de Puerto Espejo era sometido a control y requisa y que ninguno de los  agentes  que estuvieron en el referido puesto durante el término de la noche de  los  hechos  advirtió  la  presencia de CARLOS ALBERTO  OVIEDO.   

          Adicional   a  lo  anterior  impera  destacar  que  el  ad  quem  sobre  el  particular  de manera  atinada expresó:   

“En diligencia de  inspección  judicial  realizada el 7 de mayo de 1999, por la Unidad Nacional de  Derechos  Humanos,  orientada a establecer las distancias, tiempo de recorrido y  estado  de las vías, entre los lugares denominados restaurante Rancho Argentino  y  Puerto  Espejo  Finca  El  Rocío,  se  logró  determinar  que  existen  dos  rutas:  la  primera en la cual no es necesario pasar  por  el  puesto  de  policía denominado Puerto Espejo,  pero  sí es preciso hacerlo por el puente Río Espejo vía Armenia Pueblo Tapao  –  Montenegro, dejándose  en  claro  que si este puente estuviera inutilizable no se lograría el acceso a  la  finca El Rocío, con un tiempo de cuarenta minutos; el segundo camino fue el  de  desviar  después  de  atravesar  la  ciudad  de Armenia, tomar la vía a la  Tebaida,  volteando  por la calle 50 a la derecha, pasando por frente del Puesto  de   Policía,   en   lo  cual  se  gasta  un  tiempo  promedio  de  veintitrés  minutos” (subrayas fuera de texto).   

Y  más  adelante  sobre  el  mismo  tema  puntualizó:   

“Otra  de  las  coartadas    de   OVIEDO   ALFARO,   ha   estado   encaminada   a   demostrar  que el paso por el sitio Puerto Espejo estaba negado, y  para  eso  igualmente  se  ha  valido  de la aportación de constancias sobre el  estado  del  puente,  las cuales quedan sin piso por la afirmación seria de los  policiales,  que  nada tenían en contra suya, y es que  a  la  defensa  le  queda  difícil  convencer  de  que  sobre ellos también se  influenció   por  parte  de  las  fuerzas  oscuras,  no  pues  si  hubo  alguna  influencia,  esta  fue posterior y tendiente a producir el efecto opuesto, el de  favorecer  al  procesado”  (subrayas fuera de texto).   

          Por  las  razones  expuestas,  este  reproche  del  censor  no está  llamado a prosperar.   

1.7.          Séptimo cargo principal: Error de hecho  por   falso   raciocinio   en   cuanto   a   la   ubicación   de   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO al momento  de comisión de los delitos investigados.   

Afirma  el  defensor  que  el  ad  quem  incurrió en error de raciocinio  sobre  ese  particular  aspecto,  pues  lo que el acusado quiso resaltar fue que  encontrándose  cerrada  la  vía por el sitio opuesto al lugar de control de la  policía  en Puerto Espejo, si realmente él hubiera pasado por allí a las tres  de  la  tarde,  necesariamente  los  agentes  tenían que haberlo visto pasar de  regreso  a  la hora que fuera, lo cual no ocurrió porque esa tarde estaba en un  lugar distante.   

          También  refiere  el censor que si las muertes ocurrieron entre las  nueve  y  media  y  las  diez  y  media  de  la  noche  del  2 de enero de 1997,  CARLOS ALBERTO OVIEDO no pudo  haber   estado   presente,   dado   que  se  encontraba  en  la  “Tienda  de  Capota” y el “Rancho  Argentino”,  como  se  acreditó  testimonial   y  documentalmente,  circunstancia  que  desvirtúa  el  dicho  de  José   Faber   Ocampo   y  demuestra  que  el  Tribunal  incurrió  en un error de raciocinio al asumir que  podía  encontrarse a la misma hora en dos lugares diversos y distantes, pues el  último  de  ellos dista en tiempo aproximadamente 25 minutos de la finca donde,  según  el  testigo Ocampo, se  cometieron los homicidios investigados.   

Adicionalmente  expone  que  el  Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  dado  que CARLOS  ALBERTO  OVIEDO refirió que cuando  estuvo    en   el   “Rancho   Argentino”  el  día  de  los  hechos,  no  se  enteró que allí estuviera  también     la    esposa    de    Juan    Guillermo  Acosta,  ya que al estar ubicado en el salón pequeño  no  tuvo  oportunidad  de  verla,  lo  cual fue corroborado por varios testigos,  entre  ellos,  José Belmore Muñoz Giraldo,     su    esposa    Esneda,  su  hijo  Oscar Hernán Muñoz Correa y  Lina  María  Blandón,  a  los cuales el ad      quem     no     les     otorgó  credibilidad.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  defensor  solicita  a  la  Sala casar el fallo impugnado, para dejar sin efecto la condena  proferida  en  contra  de  su  asistido  y  “para que  adquiera  ejecutoria  la  sentencia  absolutoria que profiriera el 7 de abril de  2000  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de esta ciudad capital”.   

          Concepto del Ministerio Público   

       Acerca   del   último   cargo  que  el  defensor  presenta  como  principal,   la   Delegada   advierte   que  el  ad  quem  a la vez que tuvo en  cuenta  las  explicaciones  del  procesado,  también  apreció  los  medios  de  convicción   aludidos,   respecto   de   los   cuales   encontró   importantes  inconsistencias   en   los   testimonios   de   descargo  en  cuanto  resultaban  inusualmente  coincidentes  en  la  medida en que guardaban silencio respecto de  los   mismos  temas,  amén  de  que  todos  eran  vertidos  por  partidarios  y  beneficiarios  de la carrera política del procesado, lo cual estimó se alejaba  de  las  reglas  de  la  experiencia  que  gobiernan  la apreciación e diversos  testimonios  sobre  un  mismo  asunto.  Tales  argumentos llevaron al Tribunal a  restarles  credibilidad  a  través  de  un  razonamiento  lógico,  coherente y  consistente  que  se  ajusta al común ocurrir de las cosas y respeta las reglas  de la sana crítica.   

Por tanto, para la Delegada efectivamente  existió  apreciación  de  los  medios  de  convicción  que  el  censor estima  omitidos  en su poder suasorio, habiéndose además expuesto las razones por las  cuales no se les otorgó la credibilidad que reclama el demandante.   

De otra parte, también puntualiza que si  CARLOS    ALBERTO    OVIEDO    ALFARO  no fue visto en su camino de regreso del  lugar  donde  ocurrieron  los  hechos  hacia  Armenia,  esto es, en el puesto de  policía  de Puerto Espejo ni tampoco fue detectado el tránsito de la camioneta  donde  se  transportaron los cadáveres al sitio donde fueron incinerados, tales  cuestionamientos  no alcanzan a desvirtuar la conclusión obtenida del análisis  conjunto  de  los  medios de convicción que señalan el lugar de ubicación del  procesado para el momento de los hechos.   

Finalmente  enfatiza  la  Delegada  que  el  Tribunal  precisó  igualmente que la vía que cruzaba por el puesto de policía  de  Puerto  Espejo  no  era  la  única  existente  para  llegar  al lugar donde  ocurrieron  los  hechos,  razonamiento  que  en  nada se aparta de las reglas de  estimación  probatoria.  Por  ello,  su  concepto es el de que esta censura, al  igual que las anteriores, no tiene vocación de prosperidad.   

          Consideraciones de la Sala   

En  torno a la temática central de este  último  cargo  subsidiario orientado a cuestionar la presencia del procesado en  el  lugar  de  los  hechos,  con el argumento respaldado por los testigos que al  ad   quem   no   le  merecieron  credibilidad, no obstante haber referido un periplo que fue cumplido  en  un  tiempo  determinado,  esto es, que para el momento en que los agentes de  policía  afirman  que  vieron  a  las tres de la tarde del 2 de enero de 1997 a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  en  Puerto  Espejo,  éste  se  encontraba  en la ciudad de Cali asistiendo a la  “Corrida del Toro”,  regresando  a  Armenia  cerca de las ocho de la noche, momento a partir del cual  estuvo  con  varios  conocidos  en  la  “Tienda de  Capota”  y  de allí salió en grupo cerca de las  diez    de    la   noche   hacía   el   “Rancho  Argentino”,  donde  permaneció  en compañía de  otras  personas  hasta cerca de las tres de la mañana, como ya tuvo oportunidad  de  precisarlo  la  Sala,  los  testimonios  presentados  por  la  defensa  para  demostrar  tal  coartada fueron desestimados por el  Tribunal  en  razón  a  que,  además  de  ser  seguidores  y beneficiarios del  procesado,  coincidieron  hasta  en  las  mismas  imprecisiones, todo lo cual le  permitió  concluir  que  para  declarar  fueron  preparados  de manera previa e  indebida.   

          Así razonó el Tribunal sobre tal aspecto:   

“Su  homogeneidad     (de    los    testimonios,    se  aclara)     es     sospechosa,     presupone      una     preparación     o     acuerdo,  por ejemplo, se ve que sus coincidencias se presentan en forma  precisa  en  cuanto a las horas de salida y de llegada; pero al ser interrogados  acerca  de  cuál  fue  el  tema  de  charla  en  el Restaurante Argentino, solo  aciertan  a  indicar  que  se  limitaron a hablar de la corrida. Es evidente que  este  punto,  no  fue  sometido  al  acuerdo  previo, y por ello se remitieron a  manifestar  lo  que  aparecía como obvio, pero nada más. Pero es completamente  ilógico  que  durante  aproximadamente nueve horas no hubieran charlado de algo  distinto.  Estos  hechos,  aunados  a  la  contradicción sobre la forma como se  distribuyeron,  convergen  de  manera unívoca a concluir que dichos testimonios  no  son dignos de credibilidad” (subrayas fuera de  texto).   

          Por  lo  expuesto,  la  conclusión  a  la  que razonablemente y sin  dificultad  se  llega  es  que  el censor falta a la verdad cuando afirma que el  Tribunal  aceptó  que  el procesado podía estar a la misma hora en dos lugares  diferentes,  pues  lo  que  realmente ocurrió fue que optó, de conformidad con  las  reglas  de la sana crítica, por otorgar credibilidad a las manifestaciones  de  los  agentes  de  policía y al testimonio de José  Faber  Ocampo, los cuales resultaron avalados por otros  elementos  de  juicio, como los protocolos de las necropsias y las declaraciones  de  los  familiares  de  las  víctimas,  a  la  vez que decidió desestimar los  testimonios que pretendían acreditar la coartada del procesado.   

          Adicional  a lo anterior se tiene que la  Sala  no  observa  quebranto  alguno  de  las  reglas  de la sana crítica en el  proceso  de valoración de dichas pruebas, pues lo que sin dificultad se aprecia  es  que  el  Tribunal  expone  con detalle y de forma lógica las razones que lo  llevan  a  restarles  credibilidad, en especial, porque con las declaraciones de  los    agentes    de   policía,   particularmente   del   agente   Miguel  Angel  Sandoval Prada, se evidencia  que,  contrario a lo expuesto por el casacionista, no hay duda que a las tres de  la  tarde  del  día  de  los  hechos  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  no  estaba en la ciudad de Cali, sino cruzando  por  frente  al  puesto  de  policía de Puerto Espejo, muy cerca al lugar donde  ocurrieron los sucesos objeto de investigación.   

Para culminar, necesario se impone resaltar,  una  vez  más,  que  si era posible eludir el paso por el puesto de policía de  Puerto  Espejo, tanto CARLOS ALBERTO OVIEDO  como  quienes  trasladaron  los  cadáveres  no tuvieron que haber  transitado  necesariamente  por  allí,  dado  que  podían optar por otra ruta,  conclusión   que  deja  sin  fundamento  el  planteamiento  de  la  defensa  al  respecto.   

       En  tales  condiciones,  el  reproche  tampoco  está  llamado  a  prosperar.   

          A  manera  de  conclusión  de  los  siete  cargos propuestos por el  defensor  como  principales  se  tiene, que el fallo de condena proferido por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  en  contra  de  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO ALFARO como determinador de los delitos  de  homicidio  en  Fernando  Celis  Franco     y     Juan     Guillermo    Acosta  Botero,  se  sustenta  adecuadamente  en el testimonio  rendido  por  José  Faber  Ocampo Cardona  la  tarde  del  2  de  enero  de  1998  ante  la Fiscalía Tercera  Seccional  de  Armenia,  cuyos detalles acerca de la forma en que ocurrieron los  hechos  resultaron  corroborados por otros medios de prueba tales como las actas  de  las  necropsias  practicadas a los cadáveres, amén de las declaraciones de  los    familiares   de   Fernando   Celis  y los testimonios de los agentes de policía que se encontraban el  día  de  los hechos en el puesto de Puerto Espejo y vieron allí a CARLOS  ALBERTO  OVIEDO, todo lo cual dejó  sin  soporte  las  quejas del recurrente orientadas a demostrar que no se había  obtenido la certeza requerida para condenar a su procurado.   

2.          Cargos subsidiarios:   

2.1.           Primer  cargo  subsidiario:  Error  de  derecho   por   falso  juicio  de  legalidad  respecto  de  la  declaración  de  José     Faber     Ocampo     Cardona.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el demandante afirma que el fallo violó indirectamente la ley  sustancial,  en  cuanto  incurrió  en  falso  juicio  de  legalidad al apreciar  indebidamente  la  prueba considerada el pilar del fallo de condena, esto es, la  tercera     intervención     de     José    Faber  Ocampo el día 2 de enero de 1998, en la medida en que  su  aducción al proceso no se cumplió con las formalidades establecidas en los  artículos  246,  255,  292  y 186 del Decreto 2700 de 1991, en concordancia con  los   artículos   185,    229   y   254   del   Código  de  Procedimiento  Civil.   

Con  el  fin de demostrar la censura afirma  que   el   viernes   2   de   enero   de   1998,  una  vez  salió  José   Faber   Ocampo   de  rendir  otro  testimonio  ante  el  Director Seccional de Fiscalías de Armenia, en el cual se  refería   a   la   muerte   de   su   cuñado   Jaime  Hoyos,  sin  más  se  presentó  en el despacho de la  Fiscalía  Tercera Seccional de Armenia y efectuó una narración respecto de la  muerte  de  su  cuñado, testimonio que no se había ordenado, dado que allí no  se   adelantaba   la   investigación   por   el   homicidio   de   Jaime Hoyos.   

          Y  agrega  el  censor  que  el  lunes  5 de enero de 1998, el Fiscal  Tercero  Seccional  de  Armenia  remitió a la Fiscalía Primera Seccional de la  misma  ciudad  copia  de la mencionada declaración, la cual fue incorporada sin  formalidad  alguna  a la indagación preliminar radicada con el número 299, que  fue la génesis del presente averiguatorio.   

          Entonces,  la  Fiscalía Primera Seccional dispuso la ampliación de  dicho  testimonio  mediante  resolución  del 20 de enero de 1998, la cual no se  pudo  llevar  a  cabo,  pues el lunes 5 de enero del referido año, José  Faber  Ocampo  concurrió  ante  el  Fiscal  Tercero  con  el  fin de retractarse de lo dicho, sin que en tal momento  fuera  escuchado, con el argumento de que dicho funcionario no tenía a cargo el  proceso.   

          Luego  de transcribir el texto de los artículos 186, 246, 255 y 292  del  Decreto  2700  de  1991  y 185 y 254 del Código de Procedimiento Civil, el  censor  señala  que  la  mencionada declaración no cumplió con los requisitos  que  para el interrogatorio del testigo tiene previstos la ley, fue recibida por  un  despacho  distinto  al que motivara la primera intervención del deponente y  si bien se dispuso su ampliación, ella no se llevó a cabo.   

          Además,  con su posterior retractación, el declarante José    Faber   Ocampo   “dejó  sin  piso o fundamento los dichos allí consignados, y en esa  medida,  la  declaración  no  tenía  la  validez  exigida  por la ley para con  fundamento   en  la  misma  haber  proferido  un  fallo  de  condena”.   

          Con  base  en lo anterior, el recurrente solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  “para  que  quede  vigente el fallo  absolutorio  que  a  favor  de  CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO emitió el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  el  7  de  abril de 2000”.   

          Concepto del Ministerio Público   

La Delegada del Ministerio Público comienza  por  señalar  que  la   Fiscalía  Primera  Seccional de Armenia tuvo a su  cargo    la    actuación    procesal   por   el   homicidio   de   Fernando   Celis   Franco  y  Juan  Guillermo Acosta Botero, despacho que  mediante  resolución  de  3 de enero de 1997 dispuso la práctica en particular  de  algunas  pruebas  y  en  general,  de  todas  aquellas  necesarias  para  el  esclarecimiento de los hechos.   

A su vez, la Fiscalía Tercera Seccional de  la  misma  ciudad  adelantó  la investigación por el homicidio de Jaime Hoyos.   

       Dado  que  algunas  pruebas practicadas en uno de tales despachos  revestían  importancia  dentro  de  la  investigación  surtida en el otro, los  Fiscales  intercambiaron y se remitieron entre sí las  piezas procesales y diligencias probatorias del caso.   

Fue mediante comunicación del 5 de enero de  1998  que  el  Fiscal Tercero Seccional remitió al Primero copia del testimonio  recibido  a  José  Faber  Ocampo  Cardona  dentro  del  cual incluyó referencias a la muerte de Jaime  Hoyos  y, también, acerca de la de  Fernando   Celis  Franco  y  Juan Guillermo Acosta Botero,  texto   incorporado   por   la   Fiscalía  Primera  Seccional,  “gracias  al  decreto  de  manera  genérica de todas las diligencias  encaminadas  a  esclarecer los hechos, según se consagró en la correspondiente  resolución”.   

          Añade   la   Delegada   que   la   declaración   de   José  Faber  Ocampo  resultaba pertinente  respecto   de  la  investigación  adelantada  por  la  muerte  de  Jaime  Hoyos,  pero  también dentro de la  adelantada   por   la   muerte   de  Celis  y  Acosta; que  tal  diligencia  no fue traslada en copia simple sino en original firmado por el  declarante  y  el  Fiscal  Tercero Seccional; y que la recepción del mencionado  testimonio  no  fue  inmotivada,  pues  su  razón se encuentra en el testimonio  rendido  el  2  de  enero  de  1998 por el mismo Ocampo  Cardona  ante  la  Dirección Seccional de Fiscalías,  con  ocasión  de sendas actuaciones preliminares adelantadas por las Fiscalías  Primera   y   Tercera   Seccionales   por   los   homicidios   de   Jaime       Hoyos,       Fernando   Celis   Franco  y  Juan Guillermo Acosta Botero.   

Además,  continúa,  si  el  testimonio de  José   Faber   Ocampo  que  cuestiona  el censor se refería a hechos diversos a la muerte de su cuñado, es  circunstancia carente de virtud para invalidar tal medio de prueba.   

Luego  afirma  la  Delegada  que si bien el  testimonio  así  trasladado  no  fue  notificado  a los sujetos procesales y no  consta  que  la  Fiscalía  hubiera  requerido  expresamente  al  deponente para  relatar   los   hechos  conocidos  o  le  hubiera  informado  el  objeto  de  su  declaración,  ello no constituye irregularidad alguna, pues la notificación de  la  prueba  trasladada  tiene  por objeto que los sujetos procesales conozcan el  contenido  del medio probatorio, el cual fue suficientemente debatido a lo largo  de  esta  actuación.  Por  ello,  en  criterio de la Delegada, tal irritualidad  deviene  intrascendente  en  punto de afectar en forma alguna la estimación del  referido  medio  de  convicción,  todo lo cual conlleva a que el cargo no esté  llamado a prosperar.   

          Consideraciones de la Sala   

Con el fin de abordar el estudio de este  primer  cargo  subsidiario,  es  necesario  precisar  que básicamente el censor  alude  a que la tercera intervención de José Faber  Ocampo  ocurrida  el 2 de enero de 1998 no cumplió  con   las   reglas   dispuestas   en  la  ley  para  su  aducción  como  prueba  trasladada.   

Sobre el particular, lo que de inmediato  se  observa  es  que una tal situación tuvo ocurrencia en la etapa instructiva,  adelantada  por  la  Fiscalía  Primera  Seccional  de  Armenia,  despacho  que  con  plena  competencia funcional decidió a través de  providencia  del  3  de  enero  de  1997, decretar en particular la práctica de  algunas   diligencias   y   en   general,  de  las  demás  necesarias  para  el  esclarecimiento de las conductas aquí investigadas.   

Y si ello es así, como en efecto lo es, no  queda   duda   alguna   en   cuanto   a  que  la  declaración  de  José  Faber  Ocampo,  fue  incorporada al  proceso  de  acuerdo  a  los  cánones legales que rigen la materia, esto es, en  consonancia con el debido proceso probatorio.   

       En  efecto,  como  a  la  Fiscalía  Tercera Seccional de Armenia  correspondió    la    investigación   por   el   homicidio   de   Jaime  Hoyos y tanto en este despacho  como  en  el  de  la Fiscalía mencionada anteriormente se advirtió que algunas  pruebas   podrían   ser   de   importancia   en  la  investigación  adelantada  recíprocamente  por  su  homólogo, decidieron remitir las piezas procesales de  interés  a  cada  uno  de  los expedientes, como se advierte en la resolución  del  10 de enero de 1997 y en la comunicación suscrita  el   mismo  día  por  la  Fiscalía  Primera  Seccional  de  Armenia  y  en  la  comunicación  de  fecha  5  de  enero del mismo año, remitida por la Fiscalía  Tercera Seccional de la misma ciudad.   

A su vez, el 5 de enero de 1998 la Fiscalía  Tercera  Seccional  remitió  a  la  Primera  copia  del  testimonio  recibido a  José Faber Ocampo Cardona en  el  cual  declaró  tanto  sobre  la  muerte  de  Jaime  Hoyos   como  en  relación  con  los  homicidios  de  Fernando Celis y Juan  Guillermo Acosta. Declaración que se  entiende  incorporada  a  este  trámite  mediante  la  genérica ordenación de  incorporación  de  las pruebas orientadas a esclarecer los hechos investigados,  como ya se dijo, en la resolución del 3 de enero de 1997.   

          Así  las  cosas,  como  fácilmente  se  advierte,  es claro que la  aludida  declaración de José Faber Ocampo   no   solo   contenía  aportes  con  relación  al  homicidio  de  Jaime  Hoyos,  sino también  respecto   de   los   de   Fernando  Celis   y   Juan  Guillermo  Acosta,  lo  cual  constituía razón suficiente para que por el mecanismo  legal  de  la  prueba  trasladada,  hubiera  terminado formando parte, de manera  legal, del plexo probatorio del presente proceso.   

Además, bien está precisar igualmente que  dicho  testimonio  no fue trasladado en copia informal, sino en original firmado  por el declarante y el Fiscal Tercero Seccional de Armenia.   

Sobre  el  particular,  esto  es,  sobre la  razón  del  intercambio de elementos probatorios, en el ya citado informe del 7  de enero de 1998 se dijo lo siguiente:   

“Se   viene  adelantando  en  estas  fiscalías  (1ª y 3ª Delegadas ante los Jueces Penales  del  Circuito  de  Armenia)  investigaciones  previas  por  los tipos penales de  homicidio  en  contra  de  sindicados  en  averiguación  y  donde  figuran como  ofendidos-occisos  Juan  Guillermo  Acosta Botero, Fernando Celis Franco y Jaime  Hoyos  Ramírez,  las  cuales  aparecen  radicadas  a los números  828-1 y  776-3.     Dentro    de    las    mencionadas  investigaciones,  el  día dos de enero del corriente año el señor José Faber  Ocampo  Cardona  rinde  declaración  ante  el  Director Seccional de Fiscalías  donde    manifiesta    haber    recibido    amenazas    de    muerte.    (…)  Con  fundamento  en  lo  anterior,  la  Fiscalía Tercera Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito  le  recibió  declaración  juramentada  al  citado  Ocampo  Cardona  quien  hace  una  clara  referencia a los hechos ocurridos el 2 de  enero  de  1997 cuando fueron muertos violentamente Juan Guillermo Acosta Botero  y   Fernando   Celis   Franco”  (subrayas  fuera  de  texto).   

También  resulta  imprescindible  resaltar  que,  a  pesar  de  que  la  mencionada  prueba  trasladada no fue notificada de  acuerdo  con  las exigencias dispuestas por el legislador respecto de esta clase  de  medios  probatorios,  no  hay  duda que como de tiempo atrás lo ha dicho la  Sala,  tal  incorrección  no  genera  nulidad  de la prueba y tanto menos de la  actuación,  siempre  que  se  cumplan las finalidades de las normas que así lo  disponen,  que  no  son  otras  que los sujetos procesales tengan acceso a dicha  prueba  y  cuenten con oportunidades reales de contradicción, situación que se  presentó  en  este  caso,  dado  que  tanto  la defensa como los demás sujetos  procesales  tuvieron  acceso  a  tal  testimonio  y  pudieron  controvertirlo de  diversas  maneras  durante  el  desarrollo  del trámite, circunstancia procesal  acorde  con  las  pautas  jurisprudenciales que la Sala ha tenido oportunidad de  señalar, así:   

“Lo que interesa  a  la  Corte  respecto  de  la  prueba  trasladada  frente  a  la  validez en su  aducción,  no  es  el  proceso de formación en la actuación de origen sino el  rito  de  su  traslado  y la posibilidad de que una vez incorporada, los sujetos  procesales   hayan   podido   conocerla   y  por  ende  ejercer  el  derecho  de  contradicción”1.   

Así  las  cosas, como la incorrección que  denuncia  el  impugnante carece de virtud para afectar la validez de dicho medio  de  prueba  que sirvió como base fundamental para proferir sentencia de condena  en   contra   de   CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  es  indudable  que,  como  certeramente lo solicita la Procuradora  Delegada, el cargo no debe prosperar.   

2.2.          Segundo  cargo  subsidiario:  Violación  directa   de   la   ley   sustancial   en   punto  de  la  dosificación  de  la  pena.   

Bajo  la  égida  de  la  causal primera de  casación,  cuerpo  primero,  el  recurrente postula la violación directa de la  ley  sustancial, por aplicación indebida de los artículos 58 numeral 5º, 60 y  61  de  la  Ley  599  de  2000  y falta de aplicación de los artículos 7º del  Código de Procedimiento Penal y 8º del Código Penal.   

Con  el fin de demostrar tal irregularidad,  señala  el  recurrente  que  si  bien  el  Tribunal tuvo en cuenta los extremos  punitivos  establecidos en el artículo 104 de la Ley 599 de 2000 para el delito  de  homicidio  agravado  en  cuanto  resultan  más  favorables al procesado, lo  cierto  es  que  al  momento de individualizar la pena ponderó la circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad establecida en el numeral 5º del artículo 58  de  la Ley 599 de 2000 referida a la realización de la conducta dificultando la  defensa  de  la  víctima,  la  cual ya había sido apreciada como circunstancia  específica  de  agravación  del  homicidio al serle imputada por colocar a los  occisos  en  situación  de  indefensión. En virtud de tal argumento, considera  que    se    violó   el   principio   non   bis   in  ídem.   

          Agrega,  que  no  fue tenida en cuenta la circunstancia genérica de  menor  punibilidad  establecida  en  el  numeral  1º  del  artículo  55  de la  mencionada  legislación,  que se refiere a la ausencia de antecedentes penales,  dado  que en contra se su procurado no obra sentencia condenatoria ejecutoriada,  omisión  que condujo a que el Tribunal no se ubicara en los cuatros intermedios  de dosificación punitiva, sino en el cuarto superior.   

          Por  ello, concluye que la pena mínima de veinticinco (25) años de  prisión   dispuesta   para   el   delito   de  homicidio  agravado  sólo  debe  incrementarse   en  razón  de  la  causal  genérica  de  agravación  punitiva  establecida  en  el  numeral  7º  del artículo 66 del Decreto 100 de 1980, que  corresponde  al  numeral  10  del  artículo  58 de la Ley 599 de 2000, esto es,  porque  los  comportamientos  investigados  se  cometieron  en  coparticipación  criminal,    circunstancia    que    fue   deducida   en   la   resolución   de  acusación.   

Precisa  que  dicho  incremento debe ser de  once  (11)  meses  de  prisión  tendiendo  en  cuenta  para  ello  los extremos  punitivos  establecidos  en  el  artículo 104 de la legislación penal vigente,  pues  “la  diferencia  entre  40 años y 25 es de 15  años,  dividido  entre  16 causales de agravación genérica, da once meses por  cada una de ellas”.   

Posteriormente  el recurrente aduce que, de  manera  errada,  el Tribunal aplicó los criterios de dosificación establecidos  en  la  Ley  599  de  2000, los cuales resultan desfavorables a su representado,  pues  de conformidad con lo señalado en el artículo 61 del Decreto 100 de 1980  la  pena  mínima  de  veinticinco  (25)  años  de  prisión  para el delito de  homicidio  agravado,  sólo  podría  ser incrementada en once (11) meses por la  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad determinada por haber obrado en  coparticipación  criminal,  y  a  este resultado adicionarse un (1) año y seis  (6)  meses  en  razón  del  homicidio  agravado concurrente, según lo tasó el  ad  quem,  para arribar a un  guarismo   definitivo   de   veintisiete   (27)  años  y  cinco  (5)  meses  de  prisión.   

Con  fundamento en lo expuesto, el defensor  solicita  a  la Sala casar parcialmente el fallo atacado, para en su lugar tasar  la  pena  que  corresponde  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO     en     la     forma     señalada     en  precedencia.   

          Concepto del Ministerio Público   

Considera la Delegada en primer término que  al  comparar  el  contenido y alcance de la causal de agravación para el delito  de  homicidio  establecida  en el numeral 7º del artículo 104 de la Ley 599 de  2000  con  la circunstancia de mayor punibilidad dispuesta en el numeral 5º del  artículo  58  del  mismo  estatuto,  razonablemente  se  infiere  que  ambas se  estructuran a partir de una misma circunstancia fáctica.   

La  primera  de  tales  normas,  agrega  la  Delegada,  hace referencia al aprovechamiento por el sujeto activo del delito de  una  situación  de  indefensión  o  inferioridad en que se encuentra el sujeto  pasivo  o  la  creación  por  parte del agente de esa situación, lo cual no es  materialmente   diferente   del   aprovechamiento   por   el  sujeto  agente  de  circunstancias  que  dificultan  la  defensa  del  ofendido  como  lo refiere la  segunda  de  las  disposiciones.   Aquello  que  dificulta la defensa de la  víctima  no  es más que una de las muchas formas como se exterioriza el estado  de indefensión.   

Concluye, entonces, que acierta el censor al  criticar   esta   doble  imputación  en  cuanto  contraría  el  principio  del  non bis in idem. No obstante,  precisa  que la circunstancia de mayor punibilidad establecida en el numeral 5º  del  artículo  58  de  la  Ley 599 de 2000, adicional a las establecidas en los  numerales  8º y 10º de la misma norma y por las cuales se acusó al procesado,  llevaron  al  sentenciador  a  fijar la pena dentro del último cuarto punitivo,  sin  que  haya  tenido repercusión diversa en el fallo en punto de la fijación  de la pena impuesta.   

Acerca   de  la  circunstancia  de  menor  punibilidad  determinada  por la ausencia de antecedentes penales (artículo 1º  del  artículo  55  de la Ley 599 de 2000), la Delegada manifiesta que dentro de  la  actuación  se  acreditó que contra CARLOS ALBERTO  OVIEDO   ALFARO   no  obraba  sentencia  condenatoria  ejecutoriada,  situación que da razón al censor al reprochar que si se hubiera  reconocido  tal  circunstancia  de  menor  punibilidad,  el  Tribunal se habría  ubicado  al  momento  de  dosificar  la  pena  dentro  de  los cuartos punitivos  intermedios, con efecto favorable a los intereses del procesado.   

De  otra  parte,  la Delegada encuentra que  acertadamente  el  Tribunal  reconoció que la Ley 599 de 2000 es más favorable  frente  al  Decreto  100  de  1980  porque  fija  los extremos punitivos para el  homicidio  agravado entre un mínimo de 25 años de prisión y un máximo de 40,  mientras  que éste, preexistente a la comisión de los hechos, contemplaba para  el  mismo  delito  una pena mínima de 40 y una máxima de 60 años de prisión,  pero  erró  al  aplicar  el  sistema  de  tasación  porque  en este aspecto le  resultaba más favorable al procesado el Decreto 100 de 1980.   

Por  ello  indica  que  es  pertinente  el  reconocimiento  de la causal de menor punibilidad prevista en el numeral 1º del  artículo  55  de  la  misma  ley,  lo  que ubica el ámbito de movilidad en los  cuartos medios, esto es, entre 345 y 435 meses de prisión.   

Pero  más  favorable  resulta todavía,  puntualiza  la Delegada, la aplicación del sistema de dosificación previsto en  el  Decreto  100  de 1980 porque entonces se partiría del mínimo de 300 meses,  inferior  a los 345 meses (mínimo punitivo de los cuartos medios, aplicable por  concurrir  circunstancias  de  menor y mayor punibilidad) y mucho más a los 435  del último cuarto, que el tenido en cuenta por el Tribunal.   

Así,  pues,  para  la  representante  del  Ministerio  Público,  una  vez  enmendados  los  yerros  del  Tribunal, la pena  resultante  de  la tasación así efectuada siempre será menor que la impuesta,  lo  cual  corresponde  actualizar en aplicación del principio de favorabilidad.   

En  consecuencia,  sugiere  a la Sala casar  parcialmente  el fallo para, en su lugar, efectuar la dosificación punitiva que  en  derecho  corresponda  conforme  a  los  criterios  mencionados  y respetando  aquella  efectuada  por  el  sentenciador  en  lo  que  no  fue  objeto de yerro  sustancial.   

Consideraciones de la Sala  

          En  cuanto  se refiere a esta segunda censura subsidiaria, encuentra  la  Sala que por elementales razones de método se impone analizar separadamente  los  cuatro reproches que subyacen en su formulación, referidos todos, eso sí,  al   tema   de   la   dosificación   de   la   pena   impuesta  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO. A ello se procede  de la siguiente manera:   

a)  Violación  del  principio non  bis in ídem por aplicación indebida  del numeral 5º del artículo 58 de la ley 599 de 2000.   

Pues bien, el recurrente afirma que tanto la  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad  prevista en el numeral 5º del  artículo  58  del  estatuto penal, como la de agravación específica contenida  en  el  numeral  7º  del artículo 104 de la misma legislación, corresponden a  una  misma  temática  y  a  partir  de  ello, considera que en relación con su  procurado  al  ser actualizadas en su contra, con efectos punitivos, se vulneró  el   principio   de   non  bis  in  ídem.   

Visto  el  anterior  planteamiento, para la  Sala  es  claro  que  en  esta  materia asiste suficiente razón al demandante y  también  a  la  Procuradora  Delegada,  pues  no hay duda que tales agravantes,  genérica  una  y  específica  la  otra, se estructuran a partir de unos mismos  supuestos  de  hecho,  como sin dificultad se concluye del contenido material de  los  referidos  preceptos  de  la  Ley  599  de 2000 que, como ya se dijo, es la  llamada  a regular este caso en cuanto se refiere a la punibilidad, que sobre el  particular rezan:   

“Artículo  58.  Circunstancias  de  mayor  punibilidad. Son circunstancias de mayor punibilidad,  siempre   que  no  hayan  sido  previstas  de  otra  manera:   

“5.  Ejecutar la  conducta  punible  (…)  aprovechando circunstancias de tiempo, modo, lugar que  dificulten  la  defensa del ofendido” (subrayas fuera  de texto).   

“Artículo 104.  La  pena  será  de  veinticinco  (25)  a cuarenta (40) años de prisión, si la  conducta   descrita  en  el  artículo  anterior  (que  tipifica   el  delito  de  homicidio,  se  aclara)  se  cometiere:   

“7. Colocando a  la  víctima  en  situación de indefensión o inferioridad o aprovechándose de  esta situación”.   

Una  vez  establecido  el  anterior  marco  normativo  que  regula  la  temática  punitiva  cuestionada  por el recurrente,  encuentra  la  Sala que como ya se dijo, le asiste razón, pues en primer lugar,  no  hay  duda  en cuanto a que colocar “a la víctima  en  situación  de  indefensión” equivale a realizar  el   comportamiento   de   forma   tal   que  se  dificulte  la  “defensa  del  ofendido”,  como que una y  otra  circunstancia,  aquella  específica  para  el  delito de homicidio y esta  genérica,  apuntan  al  mismo  ámbito de protección, esto es, obstaculizar la  defensa  del  titular  del bien jurídico tutelado, coartar la posibilidad de su  reacción y actuar sobreseguro del éxito de la conducta dañosa.   

En  segundo  término  se  observa  que  el  legislador  condicionó la aplicación de las circunstancias genéricas de mayor  punibilidad  a  que  “no hayan sido previstas de otra  manera”,  motivo  por el cual, es evidente que si en  este  asunto el Tribunal tuvo en cuenta al momento de dosificar la pena tanto la  circunstancia  de  agravación  específica  y  por  eso se ubicó entre 25 y 40  años  de  prisión,  como  la  genérica y por tal razón dosificó la sanción  dentro  del  último  cuarto  de  movilidad punitiva, incuestionable resulta que  violó  el  principio  non  bis  in  ídem  al  ponderar  dos  veces  el  mismo  factor  para  agravar la pena  impuesta  a  CARLOS  ALBERTO OVIEDO ALFARO.   

En  efecto,  dado  que  por razón de estar  prevista    la    circunstancia   genérica   con   carácter   supletorio,   su  actualización,  cuando  ya  lo  había  sido  la  circunstancia  específica de  similar  naturaleza,  resultaba  un  imposible  jurídico,  que  al haberse dado  reclama  en  esta  sede  el  necesario correctivo, teleológicamente orientado a  preservar  la  intangibilidad  del principio non bis in  ídem  que  en  este  caso,  dice  relación  con  la  prohibición de doble valoración de un mismo supuesto de hecho.   

De conformidad con lo expuesto, tal como lo  demanda  el  censor y lo señala la Delegada, se impone la casación parcial del  fallo  impugnado,  para marginar la circunstancia genérica de mayor punibilidad  considerada  por el ad quem al  dosificar la sanción impuesta al incriminado.   

b)  Falta de actualización de la causal de  menor  punibilidad  prevista en el numeral 1º del artículo 55 de la Ley 599 de  2000.   

Con  relación  a la circunstancia de menor  punibilidad  determinada  por la ausencia de antecedentes penales (artículo 1º  del  artículo 55 de la Ley 599 de 2000), considera la Sala que asiste razón al  casacionista,  pues  a  partir  de la comunicación  remitida  a  esta Corporación por la Coordinadora del Grupo de Antecedentes del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  el  23  de septiembre de 1997 y los  informes  suscritos  por  la Secretaría de esta Sala, razonable es concluir que  contra el incriminado no obra sentencia condenatoria ejecutoriada.   

Y  si  ello  es  así, como en efecto lo  es,  es  claro que en este caso, entonces, se imponía  tener  en cuenta la circunstancia genérica de menor punibilidad por carencia de  antecedentes   penales,  dado  que  sólo  pueden  tener  tal  connotación,  de  conformidad  con  el precepto constitucional contenido en el artículo 248 de la  Carta   Política   “las   condenas  proferidas  en  sentencias  judiciales en forma definitiva”, esto es,  que hayan adquirido ejecutoria material.   

Impera  resaltar,  así  mismo,  que  si de  conformidad  con  la norma rectora establecida en el artículo 7º de la Ley 600  de  2000,  “únicamente  las  condenas proferidas en  sentencias   judiciales   en   firme   tienen   la   calidad   de   antecedentes  penales”, no hay duda que en este asunto era preciso  tener  en  cuenta  la  referida circunstancia de menor punibilidad al momento de  dosificar   la   pena.   Como  en  tal  sentido  no  procedió  el  ad  quem,  ello  constituye  irregularidad  sustancial  que  también  reclama  correctivo al cual se procederá mediante la  casación parcial del fallo.   

c) Violación del principio de favorabilidad  por aplicación indebida del sistema de cuartos.   

En  cuanto  atañe  a  la  crítica  del  defensor  orientada  a  cuestionar que en el trabajo de individualización de la  pena  se  aplicó  el  sistema  de cuartos establecido en la Ley 599 de 2000, el  cual  resulta  desfavorable a los intereses de su representado, advierte la Sala  que  como  en múltiples oportunidades lo ha expuesto, una afirmación genérica  sobre  la  favorabilidad  o  no  del  sistema  de cuartos frente a la previsión  contenida  en  el artículo 61 del Decreto 100 de 1980 resulta imposible, pues a  una  conclusión  tal  sólo  se  puede  llegar  luego  de  realizar  el trabajo  dosimétrico  con arreglo a los diversos parámetros, única forma de obtener un  dato  cuantitativo cierto, que sustente de manera objetiva cualquier conclusión  de                  favorabilidad2.   

En   el   caso   de   la   especie  se  tiene:   

i)  Al  aplicar el sistema de dosificación  establecido  en el artículo 61 de la Ley 599 de 2000 y dado que, como atrás se  dijo,  no  concurre  la circunstancia genérica de agravación establecida en el  numeral   5º   del   artículo   58   del   mencionado  estatuto  que  alude  a  “Ejecutar  la  conducta  punible  (…) aprovechando  circunstancias  de  tiempo,  modo,  lugar que dificulten la defensa del ofendido  (…)”,   pero   si   subsisten   las   otras   dos  circunstancias  genéricas  de mayor punibilidad imputadas en la acusación, que  son  las dispuestas en los numerales 8º y 10 del precepto citado, las cuales se  refieren  a  “Aumentar inhumana y deliberadamente el  sufrimiento  de  la  víctima, causando a ésta padecimiento innecesario para la  ejecución    del    delito”   y   “Obrar   en  coparticipación  criminal”,  respectivamente,  amén  de  que también concurre la circunstancia genérica de  menor  punibilidad  que  corresponde al numeral 1º del artículo 55 del Código  Penal,  vale  decir,  “La  carencia  de antecedentes  penales”,  la  sanción  se  ubicaría dentro de los  cuartos  punitivos  intermedios,  debiendo  partirse  del  límite  inferior del  primero de ellos, esto es, de 345 meses de prisión.   

ii)  Si se aplicara en la dosimetría de la  pena  el  artículo 61 del Decreto 100 de 1980, el cual dispone un procedimiento  simple,  habida  cuenta  que  el  marco  punitivo  genérico  dispuesto  por  el  legislador  para  el  respectivo  delito  (300  a  480 meses de prisión para el  punible  de  homicidio  agravado)  no está afectado por factores reales como la  división  en  cuartos  de  que  trata  la  Ley  599  de  2000 en atención a la  concurrencia  de  circunstancias genéricas de mayor o menor punibilidad, lo que  en  principio  determina  que  para tasar la sanción se debe partir del límite  mínimo  de  pena establecido en el respectivo tipo penal, que en este caso, por  tratarse   del  delito  de  homicidio  agravado,  corresponde  a  300  meses  de  prisión.   

De  lo  expuesto  concluye  la  Sala que el  sistema  de  dosificación  de  la  pena  establecido  en el Decreto 100 de 1980  resulta  más  favorable  al procesado que el sistema de cuartos contenido en la  Ley  599  de 2000, pues la pena base en aquél ordenamiento resulta ser inferior  en    3    años    y   9   meses   que   la   establecida   en   esta   última  legislación.   

Lo  expuesto impone, tal como lo demanda el  recurrente  y  lo  sugiere  la Procuradora Delegada, casar parcialmente el fallo  impugnado  a  fin  de dosificar la pena aplicando ultraactivamente el sistema de  dosificación  de  la  pena  dispuesto  para  tal  efecto en el artículo 61 del  Decreto   100   de  1980,  por  resultar  más  favorable  a  los  intereses  de  CARLOS     ALBERTO     OVIEDO    ALFARO.   

d)  Indebido incremento de la pena con base  en el numeral 10 del artículo 58 de la Ley 599 de 2000.   

Como  también el demandante afirma que con  fundamento  en  la  causal de mayor punibilidad establecida en el numeral 10 del  artículo  58  de  la Ley 599 de 2000 no podía incrementarse la pena en más de  11  meses,  dado  que  si  la  diferencia  entre  el  mínimo y el máximo de la  sanción  dispuesta para el delito de homicidio agravado es de 15 años y son 16  las  causales  de  mayor punibilidad, la concurrencia de cada una de ellas sólo  permite  aumentar  la  pena base en 11 meses, encuentra la Sala que su argumento  no está llamado a prosperar por las siguientes razones:   

i) Tal como atrás se dilucidó, a pesar de  que  se  dispondrá  en  esta  decisión marginar la causal de mayor punibilidad  establecida  en  el  numeral  5º  del  artículo 58 de la Ley 599 de 2000, aún  perviven  otras  dos  de  dichas  circunstancias  que  fueron  imputadas  en  la  acusación,  esto  es,  las  dispuestas  en  los numerales 8º y 10 del referido  precepto.   

          ii)  Yerra  el  casacionista  al  proceder  a  dividir la diferencia  existente  entre los extremos punitivos para el delito de homicidio agravado (15  años)  por el número de causales genéricas de mayor punibilidad (16), pues si  tal  hubiera  sido  la  voluntad  del legislador, le habría bastado disponer un  quantum  fijo  de aumento en razón de la concurrencia de cada causal, cuando lo  cierto  es  que  una  tal  ponderación  en  el  incremento  de la sanción debe  efectuarse  conforme  a  los  criterios  establecidos  en  el  artículo  61 del  estatuto  punitivo,  dentro  de los cuales la presencia de dichas circunstancias  conforma  apenas  uno de los varios elementos de valoración judicial que impide  aplicar el mínimo de la sanción.   

          iii)  El recurrente no acredita de manera alguna que el ad  quem haya incurrido en yerro sobre tal  temática,  de  donde  se  observa  que su disentimiento sólo se sustenta en su  particular  manera de dosificar la pena, sin indicación de criterio científico  o  legal  alguno que permitiera aceptar tal impacto dosimétrico de las causales  genéricas de intensificación punitiva.   

Por tanto, esta parte de la censura no está  llamada a prosperar.   

          e)  Conclusión  y  efectos  de  la  prosperidad  parcial  del   segundo cargo subsidiario   

Habida  cuenta  que  como  consecuencia del  análisis  de los temas planteados por el casacionista a través de este segundo  cargo  subsidiario,  la  Sala  ha  llegado  a  la  razonable conclusión, que se  corresponde  con  el  concepto  de  la  Procuradora Delegada, de que tres de los  reparos  están  llamados  a  prosperar,  esto  es:  (i)  La  marginación de la  circunstancia  genérica  de intensificación punitiva establecida en el numeral  5º  del  artículo  58  de  la  Ley  599  de 2000; (ii) El reconocimiento de la  circunstancia  genérica  de  menor  punibilidad  prevista en el numeral 1º del  artículo  55  del  referido  ordenamiento;  y  (iii) La tasación de la pena de  acuerdo  con  los  parámetros dosimétricos establecidos en el artículo 61 del  Decreto  100 de 1980, se impone entonces, proceder a la individualización de la  pena   que   corresponde,   en  definitiva,  purgar  al  procesado  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO  ALFARO,  haciendo  producir   los   efectos   que   en   esta   materia   tienen  los  factores  ya  señalados.   

Pues bien, en esto se tiene que partiendo de  la  pena  mínima  de 300 meses establecida para el delito de homicidio agravado  (numeral  7º  del  artículo 104 de la Ley 599 de 2000), se incrementará en 14  meses  y  11  días,  que  corresponde  al  4.79%  de  aumento  que  dispuso  el  ad quem a la sanción base en  razón  de  “la absoluta gravedad de la conducta, el  máximo  daño  real causado, la naturaleza de las causales de agravación (…)  la   máxima   intensidad   del   dolo,  que  sobrepasó,  incluso,  el  momento  consumativo,   para   llegar   al  delito  agotado,  al  total  delito,  con  la  incineración  de  los  cadáveres,  la  irrefragable necesidad de la pena y las  funciones  de  prevención general contra esta clase del horrendos crímenes, de  retribución  justa  a  los  parientes de las víctimas y a la sociedad que aún  permanece  horrorizada,  de  prevención  especial,  para  que  nunca  vuelva  a  incurrir  en esta clase de crímenes, así como de reinserción social, producto  de  la  anterior función”, para un resultado parcial  de 314 meses y 11 días.   

          Del   mencionado   rubro   deben   descontarse   2  meses,  dada  la  marginación  de la circunstancia de mayor punibilidad establecida en el numeral  5º  del  artículo  58  de  la Ley 599 de 2000 (aprovechando circunstancias que  dificulten  la  defensa  del  ofendido)  e igualmente, otros 2 meses más por la  presencia  de  la  circunstancia  de menor punibilidad establecida en el numeral  1º  del  artículo  55  del  mismo  ordenamiento  (la  carencia de antecedentes  penales),  todo  lo  cual  arroja  un  resultado parcial de 310 meses y 11 días  respecto de un homicidio.   

El  anterior guarismo debe ser incrementado  en  el  4.10%  (12  meses  y  21  días)  que corresponde proporcionalmente a la  adición  ordenada  por  el  Tribunal  en razón del segundo delito de homicidio  agravado   concursante,   para   arribar  a  un  quantum  final  de  trescientos  veintitrés  (323)  meses  y  dos (2) días de prisión como pena principal, los  cuales  equivalen  a  veintiséis (26) años, once (11) meses y dos (2) días de  prisión,  rubro  en  el  cual  se  impone  modificar  la  sanción  impuesta  a  CARLOS  ALBERTO  OVIEDO en el  fallo objeto de impugnación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.                    CASAR  parcialmente  el  fallo  de segundo grado, para reducir la pena  principal  impuesta  a  CARLOS ALBERTO OVIEDO ALFARO  a veintiséis (26) años, once (11) meses y dos (2)  días de prisión, de conformidad con la argumentación precedente.   

2.           PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra  esta  providencia  no  procede  recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                          MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Impedido  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANES            YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

CASACIÓN No. 19888  

NO CASA  

TRIBUNAL DE BOGOTÁ  

MAGISTRADA PONENTE:  

Dra. MARINA PULIDO DE BARÓN  

RESOLUCIÓN DE ACUSACIÓN:  

16    DE    DICIEMBRE   DE   1998   (1ª  instancia)   

PRESCRIPCIÓN:  

16  DE  DICIEMBRE  DE  2008   

PROYECTÓ:  

HERNANDO BARRETO ARDILA  

31 DE AGOSTO DE 2006  

11:00 A.M.    

1  Sentencia del 29 de julio de 1998. Rad. 10827, entre otras.   

2  En   este  sentido  sentencia  del  9  de  marzo  de  2006.  Rad.  21305,  entre  otras.     

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