25604(23-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 25604  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 89   

          Bogotá, D.C., veintitrés de agosto de dos mil seis.   

VISTOS  

         

Se  pronuncia  la  Corte en relación con el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor de  HUGO  BERNI  ORTEGA  LÓPEZ,  contra  el  fallo del 6 de febrero del año en curso, obra del Tribunal Superior  de  Cali, Valle, por cuyo medio confirmó la condena de 78 meses de prisión que  el  Juzgado Décimo Penal del Circuito de la misma ciudad le impuso al procesado  mediante  sentencia  del  13  de  junio  de  2005, al declararlo responsable, en  calidad de autor, de la conducta punible de concusión.   

HECHOS  

El 21 de marzo de 2003, José Manuel Álvarez  Bustos,  conductor  de  la  Empresa de Transportes Puerto Tejada S.A., instauró  denuncia     criminal     contra     HUGO    BERNI  ORTEGA,  guarda de tránsito adscrito a la Secretaría  de  Transporte  Municipal  de  Cali,  como quiera que, según el denunciante, el  servidor  público  le  había  exigido  la  suma  de $200.000.oo para omitir la  elaboración  de  un  comparendo  por  haber  infringido  disposiciones  que  le  impedía  la  prestación  de un servicio especial sin autorización legal, y la  consecuente  retención  de  los  documentos  del  vehículo y de su licencia de  conducción,  los  cuales  le serían devueltos a la presentación del automotor  en los patios de la entidad oficial.   

Por  tales hechos, el guarda de tránsito en  mención  fue  escuchado  en indagatoria bajo el cargo de concusión, delito por  el  cual,  una vez resuelta su situación jurídica con imposición de medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación -la que  posteriormente  se  le  sustituyó  por  detención domiciliaria-, y fenecida la  etapa  sumarial,  la Fiscalía lo acusó mediante resolución del 27 de abril de  2004.       

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  primera,  un  único  cargo  formula  el  demandante  contra la sentencia recurrida, acusándola de violar los Arts. 29 de  la  Constitución  Política,  7º,  232  y  238  del C. de P. Penal, normas que  establecen  que  en  materia  penal  las decisiones judiciales deben tomarse con  sujeción  al  debido  proceso, lo que de suyo entraña la necesidad e idoneidad  de  la  prueba,  así  como  su  capacidad  para brindar la certeza necesaria en  relación  con la ocurrencia del hecho y la responsabilidad del procesado, pues,  de   no  ser  así,  ha  de  darse  aplicación  al  principio  de  in  dubio  pro reo, como de una tal manera  debió ocurrir en este caso.   

          En  desarrollo  de la censura, sostiene el libelista que el Tribunal  incurrió  en  un error de hecho en la apreciación de la prueba testimonial que  sirvió  de  fundamento  al fallo acusado, yerro determinado por un falso  raciocinio en cuanto que, amén de  no  haber valorado en su integridad la prueba allegada al sumario, se le asignó  a  la  exposición  hecha  por  el  denunciante  y a la declaración del testigo  Hernán   Carabalí   Carabalí,   “una  fuerza  de  convicción  que  no tiene”, con lo cual vulneró las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, los dictados de la lógica, las máximas  de la experiencia y las leyes de la ciencia.   

          Siguiendo  la  orientación  argumentativa expuesta por el ofendido,  consideró  el  fallador  que  no era posible admitir que el denunciante hubiese  sido  aleccionado  o  maliciosamente  asesorado por los directivos de la Empresa  para  la  cual  laboraba en el momento de los acontecimientos, tal como lo dejó  entrever  en sus alegatos, aduce el actor -dichos empresarios realmente eran los  directos  afectados  con  la  imposición  de una multa por la prestación de un  servicio  no autorizado, explica-, “ya que prueba de  ello  lo  sería  que,  conociendo  el  conductor  sobre  la rivalidad entre los  guardas  y  la  empresa de transporte Puerto Tejada (por los controles ejercidos  contra  vehículos  de  esa  empresa), de haber sido instruido seguramente se le  hubiese  indicado que no dijera nada sobre la conversación que sostuviera sobre  lo  sucedido  con  el  gerente  de  la  mencionada  empresa,  JORGE  E. GRANADOS  MANCHOLA,  para  hacer  ajeno  dicho  evento  a  cualquier sospecha.”   

          De   la   misma   manera,   critica   el   censor   al  Ad-Quem  por  haberle dado crédito a las  atestaciones  de  Hernán Carabalí, de quien dijo carecía de antecedentes para  inferir  de  su  dicho  motivos de animadversión, malvados o protervos para que  declarara  falazmente,  no  obstante  su  prontuario  de multas como reiterativo  infractor  de normas de tránsito; y a las del citado Carabalí Carabalí dizque  por  resultar  coincidente  en  lo esencial con el denunciante, desestimando las  contradicciones  que  cabe  observar  en  su relato, por considerar que ellas en  nada    afectaba    “la    credibilidad   de   lo  expuesto.”   

          Tales  los  fundamentos  básicos  de  la determinación de condena,  medios  que  fueron  erróneamente  valorados  merced al falso raciocinio en que  incurrió  el  juzgador,  al  asignarles “una fuerza  probatoria  que  no  tienen”,  reitera, vicio que se  tradujo  en  la  vulneración de los postulados de la sana crítica que impidió  el  reconocimiento  del  principio  de  in  dubio pro  reo, cuya aplicación ahora dice impetrar.   

          Los  declarantes  que desfilaron por la actuación -algunos de cuyos  nombres  cita  haciendo  alusión al contenido de sus atestaciones-, actuaron en  solidaridad  de  gremio, muy  común  entre  los  transportadores,  deja  entrever  el  censor.  No reparó el  Tribunal   que  las  situaciones  que  se  describen  a  través  de  la  prueba  testimonial    “reflejan   contenidos   anormales,  contradictorias,    que    como    tales    deben    restar    credibilidad   al  testimonio.” Los aspectos que cuestiona, afirma, son  de  aquellos sobre los cuales se ha de esperar una identidad absoluta, que ni el  paso  del  tiempo  los  puede  alterar fácilmente, por resultar significativos,  determinantes e importantes para quien dice haberlos presenciado.   

          En  suma,  a  juicio del demandante se carece en la actuación de la  prueba  necesaria  para  condenar.  El yerro denunciado deviene trascendente, en  cuanto   de  haberse  apercibido  el  juzgador  de  ello,  lo  expuesto  por  el  denunciante  habría  quedado  sin  soporte  probatorio  alguno, dando paso, por  contera,  a  que  hubiese  operado  el  in  dubio pro  reo.   

          Casar  la sentencia recurrida y en su lugar proferir la de reemplazo  con   carácter  absolutorio,  es  la  solicitud  que  el  actor  impetra  a  la  Sala.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Desde  la  enunciación  de  la censura, el  reparo  asoma  inidóneo  habida  cuenta  del  evidente  desconocimiento  de  la  técnica casacional que enseña el actor.   

          Ciertamente,  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la  Sala que los  errores  de  hecho  por  transgresión  a  los  postulados que gobiernan la sana  crítica  como método de apreciación probatoria -falsos raciocinios-, tal como  aquí  lo denuncia el censor al amparo de la causal primera, cuerpo segundo, por  transgredir  indirectamente  disposiciones  de  derecho sustancial, se presentan  cuando  el juzgador al ponderar los medios que sirven de sustento a su decisión  y  fijarles  su  mérito  persuasivo,  se aparta de los límites fijados por los  dictados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de la experiencia  o el sentido común.   

      

          Su  demostración  no  se  logra contraponiendo a la valoración que  los  juzgadores  hicieron  de  la prueba, la que en criterio personal del censor  debió  ser  acogida,  sino  mostrando  que la realizada por ellos contraría de  manera  manifiesta  los  principios  de  la sana crítica. Esto significa que el  desarrollo  del  cargo  debe  tener  siempre  como  referente el contenido de la  sentencia,  y  que es a partir de lo que allí se dijo, y no de las convicciones  personales  del  actor,  que  debe construirse el ataque, con indicación de los  principios  de  la  lógica,  las  reglas de experiencia, o los postulados de la  ciencia que en cada caso fueron quebrantados por los juzgadores.   

          Por  el  carácter  rogado que la casación ostenta, tiene por carga  el  demandante  abordar la demostración de cómo habría de corregirse el yerro  probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte  dispositiva   de   la   sentencia,  valga  decir,  indicar  cuál  debe  ser  la  apreciación  correcta  de la prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado  lugar  a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  que se  cuestiona.   

          Esta  tarea  implica un nuevo análisis del acervo probatorio, no de  manera  insular  sino  en  confrontación con lo acreditado por los elementos de  juicio  acertadamente  apreciados,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales  establecidas  para  cada  medio  probatorio en particular, y las que refieren el  modo  integral de valoración, en orden a hacer evidente la falta de aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho sustantivo, pues  es  la  demostración  de la transgresión de la norma de derecho sustancial por  el   fallo,   la   finalidad  de  la  causal  primera  en  el  ejercicio  de  la  casación.   

          Luego,   entonces,   no   se  trata  de  enfrentar  el  criterio  de  valoración  probatoria  del  impugnante  al  del  juzgador,  con  el equivocado  propósito  de   hacerlo prevalente, puesto que, como de igual manera lo ha  hecho  explícito  la  Sala  y ahora lo reitera, en primer término, el error de  hecho  por  falso  raciocinio surge del desconocimiento de las reglas de la sana  crítica  por  parte  del  juzgador, como ya se anotó, y no del hecho de que el  funcionario  se aparte de los criterios de valoración probatoria de los sujetos  procesales;  y  en  segundo  lugar,  porque  el examen probatorio y las premisas  conclusivas  de  los fallos de segunda instancia prevalecen sobre los realizados  por  las  partes, por encontrarse amparados de la doble presunción de acierto y  legalidad.        

Pues  bien,  en el asunto a examen por parte  alguna  se  ocupa el demandante en demostrar que el sentenciador desconoció los  postulados  de  la  lógica  o las reglas de la experiencia en la asignación de  fuerza  persuasiva  a  las  pruebas  cuya  errada  apreciación aduce. Y tampoco  acreditó  que  la  estimación  probatoria  y  las  conclusiones  del fallo por  irrazonables,  ilógicas  o  arbitrarias,  deban  descartarse  por contrariar la  verdad  procesal.  Lo que realmente se evidencia es su pretensión de hacer  imperar  su  criterio  de valoración probatoria sobre el del juzgador, a partir  de   consideraciones   de   carácter   general   sin  concretar  yerro  alguno.   

Lo  anterior  surge patente, si se repara en  que  de lo que realmente se duele el censor es que el fallador hubiese desechado  las  argumentaciones  expuestas  por  la  defensa  técnica  en  sus alegatos de  conclusión   y  de  sustentación  de  la  apelación,  respecto  del  supuesto  aleccionamiento  o  asesoría  maliciosa prestada por parte de los directivos de  la  empresa  transportadora  a  su  conductor,  para  acoger  los  del  presunto  ofendido,  aserto  este  ayuno  de demostración. O, como también lo afirma sin  lograr   acreditarlo,   que   por   solidaridad   de  gremio  al  que  tanto  se  acude  en  el medio de los  transportistas,  la mayoría de los declarantes que desfilaron por la actuación  hubiesen  favorecido  los  intereses  no  sólo de su compañero, sino los de la  empresa   para   la   cual   laboraban,   circunstancias   inadvertidas  por  el  sentenciador.   

En  suma,  como  en el fondo lo que el actor  reprocha  es  la  credibilidad  que  los  juzgadores le otorgaron a determinados  medios  en  tanto  se  los  restó  a otros, dígase finalmente que dentro de la  autonomía  de  apreciación  probatoria  la labor del juez al evaluar el caudal  probatorio  consiste  precisamente  en  definir  a  qué elementos de juicio les  reconoce  mérito  y  a  cuáles  no,  para  llegar a su convencimiento sobre la  verdad  de  lo  acaecido,  establecer  la  base  fáctica  de  la sentencia y la  declaración del derecho en la parte resolutiva del fallo.   

Como el libelo examinado no cumple en lo más  mínimo  con  las  exigencias  legales de toda demanda en forma habida cuenta de  los  insalvables  defectos de orden técnico y de fundamentación, falencias que  la  Corte no puede enmendar por virtud del principio de limitación que gobierna  la  casación,  se  impone  su  inadmisión  de  plano  de  conformidad  con  la  previsión    contenida    en   el   artículo   213   del   estatuto   procesal  penal.   

Finalmente,  no  se  observa  violación  a  garantía  fundamental  alguna  que  en  virtud del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal conduzca a la Sala a actuar oficiosamente.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de HUGO  BERNI  ORTEGA  LÓPEZ por su defensor, conforme a las  motivaciones    plasmadas   en   el   cuerpo   de   este   proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en   virtud   a   lo   dispuesto   en  los  Arts.  213  y  187,  inc.  2º   C.P.P.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN               MARINA PULIDO DE BARÓN          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER  ZAPATA  ORTIZ                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ               Secretaria                 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *