24373(02-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24273  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado Ponente:   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.   109   

Bogotá,  D.C.,  dos (02) de octubre de dos  mil seis (2006).   

  VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada a través de apoderado por el  ciudadano  RAÚL  ANTONIO  PÉREZ  MÚNERA,  condenado  a  la  pena principal de  cincuenta  y  dos  (52)  meses  de prisión, en calidad de autor de prevaricato     por    acción    en    concurso    homogéneo    y  sucesivo.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los acontecimientos que dieron lugar a la  investigación  penal  fueron  relatados así por la Sala de Casación Penal, en  el fallo de segunda instancia:   

“En el municipio  de  Betania  (Antioquia),  Argemiro  de  Jesús  Cano  Arboleda  (a.  Fritanga),  indigente   reconocido  en  la  región  especialmente  por  ser  consumidor  de  sustancias  estupefacientes  y  pegante  o  “sacol”,  el  que  inhala de una  botella,   desbordó  la  tolerancia  de  la  comunidad  y  de  las  autoridades  municipales,  pero  particularmente  la  del  Comandante  de Policía, Cabo Luis  Alfonso  García  Méndez,  quien,  ante  las quejas de la ciudadanía,  le  preguntó  al  Juez  Promiscuo  Municipal  de esa localidad, doctor RAÚL  ANTONIO  PÉREZ  MÚNERA,  que le  diera  una salida para solucionar la situación pues no obstante de los llamados  de  atención y las medidas policivas, no se había logrado impedir que siguiera  dando mal ejemplo a la juventud.   

El  Juez  Municipal  le  sugirió  que  una  opción  era la acción de tutela, vía que el Comandante de Policía, auxiliado  en  la  confección  de  la  demanda  por  el Personero Municipal, Carlos Arturo  Arroyave, presentó ante el señalado despacho judicial.   

Iniciada    así    la    tramitación  constitucional,   en  la  que  se  demandó  la  protección  de  la  comunidad,  especialmente  la  de  los niños por riesgo a sus derechos constitucionales por  imitación  de las malas costumbres, luego de escuchar a varios de esos jóvenes  que  veían  al accionado inhalar pegante, finalizó con sentencia de fecha 5 de  septiembre  de  1997,  a  través  de  la  cual  se ampararon los derechos de la  “población  infantil”,  la “buena salud”, “la vida” y “las buenas  y  sanas  costumbres”,  lesionadas  por  el  señor  Argemiro  de  Jesús Cano  Arboleda  al  “inhalar pegante de zapatos delante de la población en general,  entre  ella  los  menores  OSCAR  FERNANDO GUTIÉRREZ, ELKIN DARÍO HERRERA R. Y  VIDAL  RAIGOZA  RENDÓN”.  En  el  mismo  acto  se  le señaló que en caso de  incumplir con la obligación sería sancionado por desacato.   

Esta   determinación   fue   notificada  personalmente al accionado el 11 de septiembre de 1997.   

El  12 de septiembre siguiente, se llevó a  cabo  diligencia “de descargos” por parte del accionado, como quiera que fue  sorprendido  por uniformados en el momento en que supuestamente inhalaba pegante  en  la  vía  pública, motivo por el cual fue llevado ante estrados judiciales.  Luego  de  escucharlo,  se  procedió  a  declararlo  responsable  en  la  misma  diligencia  por desacato a la sentencia del 5 de septiembre y en consecuencia se  le  impuso  como  sanción  seis  (6) meses de arresto y multa de un (1) salario  mínimo legal mensual vigente.   

En  la  determinación  (numeral  4°),  se  consagró  expresamente  que  debido  al “riesgo” y “peligro” que con el  proceder  del  accionado  se vislumbraba para la comunidad, el arresto se hacía  efectivo  “desde  ya”.  La  notificación  de  la medida se hizo en la misma  fecha  y  se  ordenó  (numeral  5°) su envío ante el superior para desatar la  consulta la cual se hizo  en el efecto devolutivo.   

Es de anotar que el arresto se hizo efectivo  por  las  autoridades  de  policía  en  ese  mismo  instante, es decir el 12 de  septiembre de 1997.    

El  Juzgado  Promiscuo  de Familia de Andes  (Antioquia),  al  que  correspondió  el  control  de  la medida a través de la  consulta,  en decisión del 1° de octubre de 1997 decidió revocar la decisión  sancionadora   por   no   haber  dado  trámite  el  incidente  procesal  y  por  irregularidades  en  la  acción  de tutela, y dispuso su libertad inmediata, no  sin  antes  compulsar  copias  para  que  se  investigara  al  juez.”   

2. Adelantada la fase instructiva y cerrada  la  investigación, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia  calificó  el  mérito  del  sumario,  el  6  de agosto de 1998, con resolución  acusatoria  en  contra  del  Juez  PÉREZ  MÚNERA por el delito de prevaricato,  tipificado  en el artículo 149 del Código Penal de 1980, modificado por la Ley  190 de 1995.   

Dicha   determinación   fue   objeto  de  apelación  por el defensor, pero fue confirmada por una Fiscal Delegada ante la  Corte Suprema de Justicia, en resolución del 2 de octubre de 1998.   

3. Surtida a cabalidad la etapa de la causa,  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Antioquia, mediante sentencia del 21 de  octubre  de  1999  absolvió  al  funcionario judicial investigado de los cargos  formulados en la acusación.   

4. El Fiscal Delegado ante la Corte Suprema  de  Justicia  interpuso  el recurso de apelación, pues en su criterio el acopio  probatorio  demostraba  la  responsabilidad penal del Juez, RAÚL ANTONIO PÉREZ  MÚNERA,  por  prevaricato  por  acción,  tanto en la  sentencia  de  tutela,  como en el auto a través del cual decidió el incidente  de desacato.   

Al  desatar  la  alzada, con fallo del 3 de  diciembre  de  2003  (radicación  16950),  la Sala de Casación Penal revocó íntegramente la decisión de  primera  instancia; y en su lugar condenó a RAÚL ANTONIO PÉREZ MÚNERA, en su  condición  de  Juez  Promiscuo  Municipal  de Betania (Antioquia), por  el  delito de prevaricato por acción en concurso homogéneo y  sucesivo, a la pena principal de cincuenta y dos (52)  meses  de  prisión,   a  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por igual lapso, y al pago de multa por valor equivalente a  sesenta  (60)  salarios  mínimos  legales mensuales. De otra parte, le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, y le  sustituyó por domiciliaria la pena de prisión impuesta.   

5.  Posteriormente,  el  implicado  RAÚL  ANTONIO  PÉREZ  MÚNERA  confirió poder especial a un profesional del derecho,  quien    en    nombre    de    aquel,   interpone   la   presente   acción   de  revisión.   

6. Los Honorables Magistrados de la Sala de  Casación  Penal,  Marina  Pulido  de  Barón,  Alfredo  Gómez  Quintero, Edgar  Lombana  Trujillo, Jorge Luis Quintero Milanés, Yesid Ramírez Bastidas y Mauro  Solarte  Portilla,  manifestaron  su impedimento, por haber suscrito el fallo de  casación.   

Se  efectuó  el  sorteo de conjueces, y la  colegiatura  así  integrada,  por  auto  del  9  de febrero de 2006, aceptó el  impedimento de aquellos dignatarios.   

  LA  DEMANDA   

El apoderado de RAÚL ANTONIO PÉREZ MÚNERA  solicita  la revisión del fallo, con fundamento en el numeral 3° del artículo  220  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), por cuanto la acción  de  revisión  es  viable  cuando  “después  de la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos nuevos o surjan pruebas, no conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan  la inocencia del condenado o su  inimputabilidad”.   

1.  Se  refiere a los acontecimientos, a la  actuación  procesal y a la valoración de las pruebas recaudadas, y asegura que  las  pruebas  nuevas  que  aporta  “desvirtúan  el  presunto  concierto  del  sentenciado  y  el  suboficial  de la policía que fue  tenido  en  cuenta  por  la  Sala  de  Casación  Penal para deducir el dolo del  primero”.   

2.  Dice  que  una prueba nueva consiste en  “la constancia del otrora Comandante de la Policía  de  Betania,  Cabo Primero LUIS ALFONSO GARCÍA MÉNDEZ, con la cual se acredita  que  entre éste y el señor Juez Promiscuo Municipal de la citada población no  pudo  existir  contubernio,  concierto  o  connivencia  para conspirar contra el  demandado      ARGEMIRO      CANO      ARBOLEDA1,    más   conocido   como  “Friganga”,  que  por el contrario las relaciones entre los dos funcionarios  –judicial  uno  y  de  policía  el  otro-  eran bien lejanas, situación que de haberse conocido en la  época  de  los  debates” habría incidido para que  la Sala de Casación Penal descartara el dolo.   

3.  La  otra  prueba nueva que menciona el  libelista  es  el testimonio extra proceso del ciudadano Argemiro Cano Arboleda,  cuyo  contenido  material  no  fue  conocido por los juzgadores al tiempo de los  debates,  “y con el cual se demuestra que él no es  una  persona  indigente  y  tampoco  inimputable-  como lo denota la Corte en el  fallo  condenatorio, sin fundamento…que el accionado por el contrario tenía y  posee  un  razonamiento  normal  y  que  se  encontraba orientado en tiempo y en  espacio…”;  por  lo  cual,  cometió un error la  Sala  de Casación Penal al suponer que el afectado con la acción de tutela era  una persona indefensa y desprovista de toda protección.   

4.  Para  el  libelista,  si  la  Sala  de  Casación  Penal  hubiese  tenido  la  oportunidad  de apreciar esas pruebas, no  habría  considerado  indigente  al  señor Argemiro Cano Arboleda; y tenía que  descartar  que  entre  el  Cabo  de  Policía  de  Betania  y  el Juez Promiscuo  Municipal  del  mismo  lugar  existiera amistad o algún grado de confianza, que  les  permitiera  concertarse  o  ponerse  de  acuerdo  para  perjudicar  a dicho  ciudadano.   

5. Agrega que las pruebas nuevas desdibujan  el  dolo  que  se  atribuyó  al  Juez  condenado  en el fallo cuya revisión se  pretende,  o  cuando  menos  enseñan  que  no  existe  certeza para mantener la  sanción  penal,  siendo  necesario  absolverlo  en  aplicación  del  principio  in       dubio       pro       reo.   

Anexa  el  poder para actuar; copia de las  sentencias  de  instancia  con certificado de ejecutoria, copia de la constancia  suscrita   por  el  Cabo  de  Policía,  Luis  Alfonso  García  Méndez;  y  la  declaración extra juicio del señor Argemiro Cano Arboleda.   

Con  base  en  los  anteriores argumentos,  solicita  a  la  Sala  de  Casación Penal declarar fundada la causal tercera de  revisión  y  dejar  sin efecto la sentencia condenatoria proferida contra RAÚL  ANTONIO LÓPEZ MÚNERA.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

1. La demanda de revisión que no se adecue  con  los  parámetros  que  establecen  los  artículos 220 y 222 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000)  no  podrá  ser  admitida,  pues  es  inaceptable  que so pretexto de la excepcional acción, se intente regresar a la  controversia  probatoria,  ya finiquitada en las instancias, al punto de generar  la  expedición  de  decisiones  que al haber hecho tránsito a cosa juzgada son  inamovibles y permanecen amparadas con certeza de intangibilidad.   

Tal  el  caso  del  libelo  cuyos aspectos  formales  se  analiza, pues el apoderado concentró su esfuerzo en demostrar que  el  fallo  condenatorio se construyó sobre errores de apreciación probatoria y  sin   fundamentación   razonable;  y,  en  cuanto  a  la  causal  de  revisión  seleccionada,  prácticamente se limitó a aportar los documentos que eleva a la  categoría    de    “pruebas   nuevas”,  pero sin demostrar  la manera cómo ese  aporte da  al  traste  con  los  cimientos  del  fallo  condenatorio; es decir, en estricto  sentido,  incumplió  con  el  deber  de  enseñar  a  la  Corte “los  fundamentos  de  hecho  y  de  derecho  en  que  se  apoya la  solicitud”,  según  lo exigido por el numeral 3°  del artículo 222 ibídem.   

2. En punto de la causal invocada, esto es  el  numeral  3°  del  artículo  220  ibídem,  para  que  la demanda pueda ser  admitida,   el  postulante  debe  presentar  un  discurso  jurídico  coherente,  tendiente   a   demostrar,   con  apoyo  en  los  anexos  pertinentes,  que  con  posterioridad  a la sentencia condenatoria aparecieron hechos nuevos o surgieron  nuevas  pruebas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,   de   manera   que  se  genere  un  grado  significativo  de  persuasión en el sentido que el condenado puede ser inocente  o  que  pudo haber actuado en condiciones de inimputabilidad, independientemente  de  la  decisión que hubiere de adoptarse en la sentencia que decida la acción  de revisión.   

Implica como mínimo identificar, explicar  y  aportar,  si  fuere el caso, los hechos y pruebas nuevas, elaborando con base  en  ellos  proposiciones  jurídicas  idóneas  para  verificar  que, de haberse  valorado  al  tiempo  del  proceso,  se  hubiera concluido que el enjuiciado era  inocente, o que era inimputable.   

Se trata, pues, de remover la autoridad de  la  cosa juzgada buscando evitar la persistencia de un fallo que ahora se revela  materialmente  injusto,  ante  el  advenimiento  de  hechos o pruebas nuevas con  entidad  suficiente  para  tornar  la  condena en absolución, por inocencia del  procesado,   o   permitir  la  modificación  de  las  decisiones  tomadas  para  adaptarlas a quien ha debido procesarse como inimputable.   

3.  Sin  embargo,  no  toda  circunstancia  relacionada   con   los  sucesos  ignorada  antes  de  proferirse  la  sentencia  condenatoria  puede  catalogarse como hecho nuevo, ni todo aspecto probatorio no  advertido  a  tiempo  se aviene con la noción de prueba nueva, en los términos  del régimen de Procedimiento Penal.   

La   Sala,  en  su  jurisprudencia,  ha  insistido  en los elementos que deben concurrir para la correcta comprensión de  estos  conceptos.  A  la  sazón,  en  sentencia  del  18 de febrero de 1998, se  expresó:   

“El  hecho  nuevo,  como  lo  ha  sostenido  la  Sala  de  manera  reiterada, “…es aquel  acaecimiento  fáctico  vinculado  al delito que fue objeto de la investigación  procesal,  pero  que  no  se  conoció en ninguna de las etapas de la actuación  judicial  de  manera  que no pudo ser controvertido;  no se trata, pues, de  algo  que  haya  ocurrido  después  de  la  sentencia,  pero  ni  siquiera  con  posterioridad  al  delito  que  se  le  imputó al procesado y por el cual se le  condenó,  sino  de  suceso ligado al hecho punible materia de la investigación  del  que,  sin  embargo,  no  tuvo conocimiento el juzgador en el desarrollo del  itinerario procesal porque no penetró al expediente.”   

“Prueba  nueva  es,  en  cambio,  aquel  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial,  testimonial)  que  por cualquier  causa  no se incorporó al proceso, pero cuyo aporte ex novo tiene tal valor que  podría  modificar  sustancialmente  el juicio positivo de responsabilidad   penal  que  se  concretó  en la condena del procesado.  Dicha prueba puede  versar  sobre  evento  hasta  entonces desconocido (se demuestra que fue otro el  autor  del  delito)  o  sobre  hecho  conocido  ya  en  el proceso (muerte de la  víctima,  cuando  la prueba ex novo demuestra que el agente actuó en legítima  defensa),  por  manera que puede haber prueba nueva sobre hecho nuevo o respecto  de  variantes  sustanciales de un hecho procesalmente conocido que conduzca a la  inocencia o irresponsabilidad del procesado.”   

“No  se dará, desde luego, esta causal  de  revisión, cuando el demandante se limita a enfocar de otra manera hechos ya  debatidos  en  el  juicio  o pruebas ya aportadas y examinadas en su oportunidad  por   el   juzgador,   pues   en  tales  casos  lo  nuevo  no  es  ni  el  hecho  naturalísticamente  considerado,  ni la prueba en su estructura jurídica, sino  tal  vez el criterio con que ahora los examina el demandante, y no es eso lo que  la    ley    ha   elevado   a   la   categoría   excepcional   de   causal   de  revisión”.2   

4.  En  el  presente  caso, el demandante  otorga  el carácter de pruebas nuevas a una constancia expedida por el entonces  Comandante  de  Policía  de  Betania  (Antioquia),  Cabo  Luis  Alfonso García  Méndez, que es del siguiente tenor:   

“El suscrito  Comandante  de  la  Estación de Policía de Betania certifica que el día 13 de  julio  de  1.996  a  eso  de  las  17:00 horas se cometió un atentado contra 22  personas  y  el  señor  Juez  Promiscuo  Municipal  de  esta  localidad y quien  resultó herido por dicho artefacto explosivo.   

También  es  cierto  que este Comando ha  tenido  información  referente  a  un  posible  atentado contra el señor RAÚL  ANTONIO  PÉREZ  MÚNERA,  Juez  Promiscuo  Municipal  y que yo personalmente lo  enteré  para  que  extremara  sus  medidas  de seguridad, en especial cuando se  desplaza  de  este  municipio  a  la  ciudad  de Medellín, Dicho atentado está  patrocinado  por  la  delincuencia  predominante en éste Municipio.”   

El  libelista pretende que esa constancia  tiene  la  virtualidad de demostrar que entre el Juez Penal Municipal de Betania  (Antioquia)  y  el  Comandante  de  Policía  de  esa localidad, no existía una  relación  de  amistad o confianza que hubiese facilitado entre ellos un acuerdo  para  privar de la libertad al ciudadano Argemiro Cano Arboleda, quien consumía  drogas en el parque principal de dicha población.   

En realidad, no se alcanza a comprender la  manera  cómo  del contenido de esa certificación, que se refiere a un problema  de  orden  público, se pueda colegir la conclusión que el censor propone; vale  decir,  que no existía una relación de confianza entre el Juez y el Comandante  de  Policía  de  Betania;  ni siquiera se logra percibir alguna relación de lo  uno  con  lo  otro;  y mucho menos la incidencia que pudiese tener ese documento  sobre  las  motivaciones  del fallo, que, por cierto, el libelista no especifica  como  era  imprescindible, pues no verificó que esa presunta amistad se hubiese  tomado  como  fundamento  de  la sentencia condenatoria; y no podía cumplir tal  requisito,  porque las bases del juzgamiento fueron plurales y distintas, según  se verá más adelante.   

5. De igual manera, el apoderado de RAÚL  ANTONIO  PÉREZ  MÚNERA  otorga  la  entidad de prueba nueva a una declaración  extra  juicio,  rendida  por  Argemiro Cano Arboleda, el ciudadano privado de la  libertad  por  disposición  del  Juez  procesado, donde además de expresar sus  generales   de  ley,  asegura  que  “nunca  en  el  despacho  Judicial  de  Betania,  nunca  me  trataron como INDIGENTE, y nunca me  dijeron  que yo era un indigente, por el contrario, el trato que recibió fue de  personas   profesionales   en  la  materia,  y  con  mucho  respeto.”   

El demandante piensa que esa declaración  es  suficiente  para   desvirtuar la situación de indigencia del ciudadano  afectado  con  la  sentencia  de  tutela  cuestionada,  y  que  descartada dicha  situación,   se   derrumbarían   los   pilares   del   fallo   cuya  revisión  pretende.   

Sin  embargo,  el  libelista nada explica  acerca       de      la      trascendencia      de      esa      “nueva”   circunstancia   frente  al  acopio  probatorio  compilado  en el curso del proceso; ni siquiera insinúa los  motivos    por    los    cuales    lo    aducido    por    el    “testigo”  que  eleva a la categoría  de   prueba  nueva  tendría  entidad  para  derruir  la  ponderada  estimación  probatoria,  que  hicieron  los  jueces  de  instancia  antes  de  arribar  a la  convicción  de  certeza  acerca  de  la  responsabilidad  penal  del Juez Penal  Municipal  de  Betania  (Antioquia), RAÚL ANTONIO PÉREZ MÚNERA; y mucho menos  propone  alguna  reflexión  que  induzca  a  la  Corte a pensar por qué, si se  recaudara  tal  declaración,  el  mencionado  ex  funcionario  judicial podría  resultar absuelto.   

6.  La  constancia  y la declaración que  promociona  la  demanda  no alcanzan la entidad jurídica de pruebas nuevas para  efectos  de la presente acción de revisión, concepto que no se restringe a que  dichos  medios  no se hubiesen aportado al proceso por haberse conocido después  de  agotado  el  trámite, o aún después de la sentencia. Se exige, en cambio,  además,  verificar  que si los Jueces de instancia hubieren conocido y valorado  la  evidencia  que se dice novedosa, entonces hubiesen absuelto al implicado, en  lugar de condenarlo.   

De  lo contrario, si, como en el presente  caso,   en   modo  alguno  se  demuestra  la  manera  como  las  “pruebas   nuevas”  desvirtúan  los  testimonios,  indicios  y  reflexiones  del  fallo condenatorio, la solicitud de  revisión  queda  sin  elaboración  conceptual,  y  más bien se asemeja a otro  alegato  de  instancia,  sin  aptitud  para  persuadir  a  la Corte acerca de la  existencia de razones para tornar la condena en absolución.   

En  efecto,  en lugar de confeccionar con  base    en    las   “pruebas   nuevas”  premisas  lógicamente  construidas, el demandante salta a la  conclusión  de  que  son  suficientes  para mutar la condena en absolución, de  donde  resulta  un  intento  más por ahondar en la idea según la cual nunca ha  existido  la  certeza  ideal  para  responsabilizar  a  PÉREZ  MÚNERA,  por el  concurso de prevaricatos que le fueron endilgados.   

7.  Era  deber  del defensor exponer a la  Corte  los  motivos  que  le  daban  pie  para  inferir  que las “pruebas  nuevas”  tenían el talante  suficiente  para  dejar  sin  base jurídica las sentencias de instancia, en las  cuales   se   analizaron   pluralidad   de   aspectos,   como  por  ejemplo  los  siguientes:   

-. Se encuentra la preconcebida decisión  del  juez  ante  su manifiesto y así expresado querer de que al indigente se le  debía  aplicar  una  sanción más duradera, que las medidas correccionales que  ya le habían impuesto.   

-.  El  juez,  pese  a  su  experiencia y  conocimiento  de  la  normatividad, dio al traste con todo un procedimiento como  es  el  de la acción de tutela, además que denotó una abierta arbitrariedad y  capricho   cuando  decidió  imponer  la  sanción  por  desacato  luego  de  un  brevísimo trámite incidental.   

-.  El cúmulo, entidad y connotación de  los  yerros que se advierten en el comportamiento del juez llevan a colegir, que  el  funcionario  judicial  sabía  y  conocía  que  con su actuar manipulaba el  ordenamiento  legal  y  lo  hacía  cumplir unos fines para los cuales no estaba  destinado.   

–  Conforme  la  versión  que rindió el  Comandante  de  Policía,  cabo  Luis  Alfonso  García  Méndez,  se  establece  claramente  que  el juez sabía de la inconformidad que generaba en la comunidad  la  consuetudinaria  actitud  del  indigente  de consumir pegante en público, y  emitió     su     concepto    acerca    de    la    eventual    “solución”  a  la problemática como  era la interposición de una acción de tutela.   

-.   Se  colige  un  latente  y  cierto  prejuzgamiento  en  el  juez  acerca  de  lo  que  debía  hacerse  una  vez  se  interpusiera  la  demanda  de  tutela,  la  cual, así lo había manifestado, se  traducía en una solución a la situación.   

– El juez adelantó el trámite de tutela  sin  escuchar  la  versión  del  particular  accionado.  Esto  revela  la firme  intención  de  dar  por  sentado  y  por demostrado que la situación, conocida  privadamente    por    el    juez,    no    justificaba    un    mayor    acopio  probatorio.   

-.  No  se  notificó  la iniciación del  trámite  al  ciudadano  afectado; es decir, todo el trámite se adelantó a sus  espaldas.  En  trámite  del  incidente  de  desacato  se  siguió  en  la misma  tónica.   

-.  No  se  brindó argumento alguno para  concluir  que  la  corrección  a  través  de la sanción de arresto, se hacía  necesaria  en  procura  de  la  protección de los derechos fundamentales de los  supuestos afectados con la acción nociva del accionado.   

-.  Erró  la  decisión  de sanción por  desacato  en  cuanto al efecto en que se concede a la consulta; pues, se hizo en  el  efecto  devolutivo  siendo que debía ser en el suspensivo. Es decir, que no  se  podía  ejecutar  la  sanción hasta tanto no se resolviera por el superior.   

-.  La  sanción  impuesta  fue  la  más  drástica    y    arbitraria    (seis   meses   de  arresto),   sin   consultar   la  proporcionalidad,  ponderación y equivalencia frente a la naturaleza de tal medida.   

-.  No se observa influjo de algún error  en  el  Juez,  quien por el contrario, tenía experiencia específica en materia  de acción de tutela.   

8.  Como  se  observa,  en desarrollo del  proceso  se  debatieron  con  amplitud  pluralidad  de  aspectos.  Para  nada se  menciona  la  presunta  amistad  entre el Comandante de Policía de Betania y el  Juez  de ese municipio. La indigencia de la víctima de la injusta detención se  menciona,  no  en  punto de alguno de los elementos estructurales de la conducta  punible  de  prevaricato  por  acción,  sino  para destacar la arbitrariedad de  orden  impartida  en  la  acción  de  tutela,  ante la indefensión de quien la  padeció.   

De  suerte  que  los aportes de libelista  resultan  completamente inanes frente a la solidez de la cosa juzgada, cuando el  fundamento  del fallo radica en el poder suasorio derivado de plurales medios de  convicción   y   deducciones   indiciarias,  que  no  explora  el  defensor  en  confrontación  con  la  “prueba nueva”.   

9. Entonces, el apoderado, apartándose de  la  naturaleza jurídica de la acción de revisión, incurre en la desafortunada  equivocación  de  confundir  la noción de prueba nueva, con la proposición de  algunos  elementos  relativos a circunstancias ya conocidas en el expediente, de  los  cuales  extrae  otra  manera de entender y sopesar el acopio probatorio que  fue  incorporado  en  el  momento  oportuno  y que ya fue objeto de controversia  durante las fases de instrucción y juzgamiento.   

Esa   defectuosa  postulación  permite  verificar  que  la  pretensión  subyacente consiste en que la Sala de Casación  Penal   realice   una   nueva  estimación  del  conjunto  probatorio,  cometido  incompatible  con  la  causal  de  revisión seleccionada, y que a estas alturas  resulta del todo impertinente.   

10.  En ese orden de ideas, la demanda de  revisión será inadmitida.   

De  conformidad  con  los artículos 171,  176,  186,189  y 223 del Código de Procedimiento Penal, contra el presente auto  procede el recurso de reposición.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1. Inadmitir la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  de  RAÚL ANTONIO PÉREZ  MÚNERA.   

2.  Contra el  presente  auto  procede  el  recurso  de  reposición  en  los  términos de los  artículos  171,  176, 186,189 y 223 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de 2000).   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        GUILLERMO ANGULO GONZÁLEZ   

                                                                                 Conjuez   

RICARDO          CALVETE  RANGEL                                                                         SOLEDAD CORTES DE VILLALOBOS   

Conjuez                                                                               Conjuez   

GUILLERMO   GARCÍA   GUAJE                                        ANDRÉS F. RAMÍREZ MONCAYO   

Conjuez                                                                                 Conjuez   

YESID    REYES   ALVARADO                                        JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

Conjuez                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Ciudadano   particular,  privado  de  la  libertad  por  disposición  del  Juez  Promiscuo   Municipal   de   Betania  (Antioquia),  por  considerar  que  había  desacatado  la  orden impartida en la sentencia de tutela, donde se materializó  el ilícito de prevaricato.   

2 .  Sentencia  de diciembre 1º de 1983. Reiterada en sentencias de abril 22 y 24 de  1997 del abril 29 del mismo año.     

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