22898(19-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22898  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N° 119  

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de octubre de  dos mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve   la  Corte  el   recurso     extraordinario    de    casación    interpuesto  por   el  defensor  de  KEITH   HARRY   MOLINARES   DÍAZ  contra   la   sentencia    proferida   el   3   de   junio   de   2004   por  el  Tribunal  Superior  del   Distrito    Judicial    de    Barranquilla,   mediante   la    cual    confirmó    la  dictada   por   el   Juzgado    Quinto    Penal    del   Circuito   de   la     misma     ciudad,    en    la    que    lo   condenó   a   la   pena   principal  de  60   meses    de    prisión,   a  la   accesoria   de   inhabilitación      para      el     ejercicio     de   derechos   y funciones  públicas  por  el  mismo   término    de    la    pena   privativa   de   la  libertad   y  al  pago  de  los  perjuicios,   como   coautor  del  delito  de  hurto calificado   y  agravado.   

H E C H O S  

El  Procurador  Delegado los sintetizó de la  siguiente manera:   

“En un sector del  barrio  Olaya  de  la ciudad de Barranquilla se hallaba a eso de la diez y media  de  la  noche  del 1° de mayo de 2003 Jean William Archibold Hooker acompañado  de  su  hija  Johana  en un vehículo de su propiedad, cuando varios sujetos los  sorprendieron  y  bajo  intimidación  con  arma  de  fuego lo despojaron de una  cadena     y     del     automotor     en     el     cual    huyeron”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con base en una investigación preliminar, la  Fiscal  Primera Delegada de la Unidad de Estructura de Apoyo en Averiguación de  Responsables  de  la  Fiscalía  General  de la Nación de Barranquilla, el 2 de  mayo de 2003, declaró la apertura de la instrucción.   

Escuchado   en   indagatoria   Keith  Harry Molinares Díaz, la situación  jurídica  se  la  resolvió la Fiscalía Cincuenta y Seis de la Unidad  de  Patrimonio  Económico  de  Barranquilla,  que ya conocía de la actuación, con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el  delito  de hurto  calificado y agravado.   

Declarado  persona  ausente Antonio González  Mancera  y  resuelta  su situación jurídica, se cerró la investigación y, el  27  de  agosto  de  2003,  se  calificó  el  mérito  del  sumario en contra de  Keith Harry Molinares Díaz y  Antonio  González  Mancera  por  la  conducta  punible  de  hurto  calificado y  agravado.   

El  expediente  pasó al Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de  Barranquilla que, luego de celebrar la audiencia preparatoria  en  la  que  declaró  la  nulidad  parcial  de  lo  actuado respecto de Antonio  González  Mancera,  el  19  de  diciembre  de 2003, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que  condenó  a  Keith Harry Molinares Díaz  a la pena  principal  de  60  meses  de prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad y al pago de perjuicios, como coautor de la conducta  punible de hurto calificado y agravado.   

Apelado   el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el Tribunal Superior de Barranquilla, al desatar el recurso, el 3 de  junio de 2004, lo confirmó en su integridad.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  de Keith Harry Molinares Díaz,  con  base  en las causales tercera y primera de casación presenta cuatro cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente manera:   Primer  cargo   

Basado  en  la  causal  tercera de casación,  acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad,  por violación del debido proceso y del derecho de defensa.   

Dice que en el proceso no se dio cumplimiento  con  lo  normado por los artículos 332  y 344 del Código de Procedimiento  Penal,  puesto  que la Fiscalía profirió, el 2 de mayo de 2003, resolución de  apertura  de investigación preliminar no obstante estar su defendido plenamente  individualizado,   “de   acuerdo   con  el  informe  policivo,  no  fue  citado  a  comparecer  personalmente a ejercer su derecho de  defensa.  Por el contrario se le profirió orden de captura la cual dio positivo  el 5 de mayo de 2004”.   

Además, sostiene que el 2 de mayo de 2004 el  funcionario  instructor  practicó  diligencia de reconocimiento “fotográfico”  al  procesado  Molinares  Díaz.  De  esa  manera, concluye que habiendo imputado conocido no se le dio la  “oportunidad   de   defenderse   de   esa   prueba,  comunicándole  la  existencia del proceso, además porque la prueba se recibió  sin la presencia de un defensor”.   

Dice  que  de  igual  manera  “el  periodo  de la investigación preliminar fue cosas de unas pocas  horas”,   motivo  por  el  cual  la  actuación  se  encuentra viciada de nulidad.   

Asevera  que  el  vicio  es  trascendente  al  haberse  adelantado  investigación  preliminar  a  espalda  de su representado,  yerro  que  implicó  que  se recogieran elementos de juicio que fueron sustento  del juicio de condena.   

Por  lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, declarar la nulidad de todo lo actuado a  partir  “de la investigación preliminar”.   

  Segundo  cargo   

Esta  vez  con  apego en la causal primera de  casación,   acusa  al  Tribunal  de haber violado, de manera indirecta, la  ley  sustancial por error de hecho por falso juicio de identidad, yerro cometido  en  la apreciación de los testimonios de Lilibeth Rondón, Dunia Sigrid Bravo y  Bernie Salazar González.   

Anota que el día y la hora en que ocurrieron  los  hechos  Molinares  Díaz se encontraba en la iglesia en donde oficiaba como  Pastor  el  señor  Molinares  Díaz.  Terminado el rito salió con las hermanas  Lilibeth  y  Dunia, para luego, junto con la primera,  tomar rumbo hacia su  casa  en  el  barrio  Universal, motivo por el cual no podía ser el autor de la  conducta ilícita.   

Dice  que el Tribunal cometió error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en  la apreciación probatoria al estimar las  versiones  de  Lilibeth  y  Dunia,  para  lo  cual copia un fragmento del fallo.  Enseguida  dice  que  “lo  que dice la prueba es que  después  de  haber salido KEITH HARRY MOLINARES DÍAZ, de la iglesia a las 8:30  se  quedó  conversando  con  sus  amigas,  luego  salieron  a buscar un bus, se  quedaron  comiendo pizzas en un establecimiento y posteriormente salieron a casa  de  LILIBETH en la urbanización el Universal, de donde se despidió de su amiga  a las 10:45P.M.”   

Manifiesta  que  la residencia de Lilibeth se  encuentra  ubicada  en  la  urbanización  Universal  en  donde se encontraba el  procesado,  lugar distante al sitio en que se produjo el ilícito apoderamiento.  “En  consecuencia  por  razones  de  tiempo y lugar,  KEITH  HARRY  MOLINARES  DIAZ  no  podía  estar  en  ese  lugar  de  los hechos  delictuales a la hora de ocurrencia”.   

Reitera   que   el  yerro  de  apreciación  probatoria  condujo  al  juzgador  a predicar la certeza en cuanto a la autoría  del  hecho  delictual.  Por  ello,  agrega,  tomó como soporte las versiones de  Yohana Archibold Cabezas y  Marlevis Torres Hernández.   

De  esa manera, destaca que si el juzgador no  hubiese  cometido  dicho yerro se habría absuelto al procesado ante la ausencia  de certeza.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar, absolver al acusado del cargo fomulado en  la resolución de acusación.   Tercer  cargo   

Con  base  en la causal primera de casación,  acusa  al Tribunal de haber violado, de manera directa, la ley sustancial, yerro  que se advierte en la determinación de la pena.   

Acota  que de haberse tasado correctamente la  pena  se  le  debió imponer 46 meses de prisión “(3  años  y  10  meses  de prisión), conservando los cuatros meses que impuso el a  quo  sobre  la  pena  básica,  porque  a  la  pena  mínima  de  42 meses se le  agregarían   4  meses  por  la  gravedad  de  la  conducta de que trata la  sentencia  en  el párrafo trascrito anteriormente. Pues el primer cuarto en que  se   movería   el   juzgador   debió   partir  de  42  meses  a  67  meses  de  prisión”.   

Advierte  que  la  pena  fue  erróneamente  dosificada  y  debe  corregirse  tal  desacierto  conforme  con  el principio de  legalidad.  “En  dicho  caso  la  pena  a imponer no  podría  ser  superior  a  46 meses de prisión. Es decir, 14 meses menos de los  impuestos     en     la     sentencia     condenatoria     impugnada”.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar, “reformar la  duración  de  la  pena impuesta, en cuanto a que ésta no podrá ser superior a  46 meses de prisión”.   

  Cuarto  cargo   

Finalmente,   el   defensor   de  Molinares  Díaz   acusa  que  la sentencia no está en consonancia con la resolución  de   acusación,  “al  dosificar  la  pena  conforme  con   los  art.  240  numeral 4°, inciso 2°, modificado por la Ley 813 de  2003,  mientras  que la resolución de acusación lo hizo por la comisión de la  conducta punible contemplada en el art. 240 numeral 2 del C. P.”.   

Dice   que   la   pena   fue  erróneamente  determinada,  habida  cuenta  que al procesado se le atribuyó en la resolución  de  acusación la agravante contemplada por el artículo 240, numeral 2° del C.  P.,  por  colocar  a la víctima en condiciones de inferioridad. “De  esa  manera la pena a imponer es de 3 a 8 años de prisión y no  de 4 a 10 años de prisión”.   

Luego de transcribir la parte pertinente de la  resolución  de  acusación  y  de  la  determinación  de  la  pena que hizo el  sentenciador  de  primera  instancia,  anota  que “la  pena  impuesta en sentencia es incongruente con la contemplada en la resolución  de  acusación,  en  detrimento del procesado, pues esta se encuentra dosificada  erróneamente  (60  meses  de  prisión),  en aplicación de agravantes  no  contemplados  en  la  resolución  acusatoria  y debe dosificarse conforme lo he  señalado  para  que  ajuste  al principio de legalidad. En dicho caso la pena a  imponer  no  podría  ser  superior  a  46 meses de prisión. Es decir, 14 meses  menos  de  los  impuestos  en  la  sentencia condenatoria impugnada. De allí se  deriva    el    perjuicio    en    tiempo    para    el    procesado”.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en consecuencia, determinar la pena de acuerdo con los  cargos formulados en la resolución de acusación.   

CONCEPTO   DEL   PROCURADOR CUARTO   

DELEGADO     PARA     LA   CASACIÓN  PENAL   

  Primer  cargo   

De   entrada  advierte  que  los  reproches  planteados  a  través  de la causal tercera de casación carecen de fundamento,  razón por la cual no tienen vocación de éxito.   

En efecto, dice que no entiende el reparo por  la  presunta  violación  del  artículo 332 del Código de Procedimiento Penal,  puesto  que  en la reseña procesal quedó claro que el acusado fue vinculado al  proceso  en  debida  forma  a  través  de  la  indagatoria en la que contó con  asistencia de un abogado defensor.   

Respecto de la presunta vinculación tardía,  manifiesta   que   tampoco   tiene  respaldo  procesal,  habida  cuenta  que  la  investigación  preliminar se adelantó en cuestión de horas, y si el procesado  no   fue   citado   a   comparecer  en  ese  estadio  procesal,  “ello  no ocurrió por el descuido u omisión del instructor, y mucho  menos  con  el  fin   protervo  de  impedirle  a  aquel el ejercicio de sus  derechos,  sino  por  la contundente y eficaz labor del funcionario al lograr en  espacio  de  unas  pocas horas, en forma casi inmediata, la individualización e  identificación  de  las  personas señaladas por los ofendidos como autores del  reato  de  marras,  en  razón de lo cual estaba obligado a abrir investigación  formal  en  el  menor  tiempo posible, como en efecto así lo hizo el mismo 2 de  mayo  de  2003, justamente para garantizar el cabal, completo y oportuno derecho  de  defensa  de  quienes  fueron  señalados  como autores del hurto”.   

De igual manera destaca que en la práctica de  las  pruebas  evacuadas durante la citada investigación preliminar, en especial  el  reconocimiento fotográfico, se respetaron los derechos, en particular el de  defensa,  “pues  tal y como puede se puede constatar  en  las  actas  que  recogen  las respectivas diligencias para la misma, les fue  designado       a       los       ‘imputados’ un  defensor  de oficio, sujetándose el reconocimiento a lo normado en el artículo  304 del Código de Procedimiento Penal (ley 600/00).”.   

Después  de  recordar  cómo  se  protege el  principio  de  contradicción  en  materia  probatoria, anota que ningún éxito  tiene el cargo principal de nulidad.   

  Segundo  cargo   

Manifiesta     que     el   reparo   formulado   por  el  casacionista  está   centrado  en   presentar   una  personal  apreciación   respecto     de    los    testimonios    de   Lilibeth   Rondón   y   Dunia  Sigrid   Bravo,  sin elaborar  una  crítica  vinculante   en   términos   de  falso   raciocinio    frente    a    las    razones  expuestas   por    los    juzgadores    para    no    otorgar   credibilidad    al   dicho   de  aquellas,   oponiendo   simplemente      su     criterio     al     de     los   juzgadores   lo cual  no  es  de  recibo  en   sede  de  casación.   

Estima  que  el  sentenciador “acogió  dentro  de  su libertad relativa de apreciación hechos del  testimonio  de  una de las víctimas y de la testigo de excepción, en concreto,  el  señalamiento  que  del  acusado  hicieron  en  el reconocimiento en fila de  personas,  indicación  que  tuvo  por  cierta para llegar a la certeza sobre la  autoría  del  hurto,  al  tiempo  que  descartó  los  relatos de las otras dos  deponentes  por  considerar  que  no  le ofrecían credibilidad, valoración que  prevalece  sobre  la  del  demandante  por  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad   con   la  que  arriba  el  fallo  de  segunda  instancia a la sede de casación”.   

  Tercer  cargo   

En  cuanto  al  primer  reparo que formula el  censor  en  lo  atinente  a que el sentenciador de primer grado al determinar la  pena  consideró  que  el punible de hurto era calificado por cuanto se cometió  con  violencia  sobre las personas, razón por la cual el ámbito de movibilidad  lo   estableció   en  prisión  de  4  a  10  años,  desconociéndose  que  la  calificación  del  punible  fue la contemplada en el artículo 240 numeral 2°,  hipótesis  que  se  encuentra  reprimida con prisión de 3 a 8 años, opina que  debió  formularlo  por  la  vía de la causal segunda de casación por falta de  consonancia  entre la resolución de acusación y el fallo, máxime cuando en el  discurso    del    censor     no    se     consigna    “ninguna  argumentación  jurídica  tendiente  a  demostrar  que los  hechos  declarados en la sentencia no se acomodaban a la norma seleccionada para  la individualización de la pena”.   

Dice  que  acierta el demandante al alegar la  aplicación  indebida  del artículo 241, numeral 6°, del Código Penal, puesto  que  dicho  yerro  condujo  a  que  al  marco de la punibilidad se le hiciera un  incremento  de  la  tercera  parte  a la mitad, toda vez que dicha normativa fue  derogada  por  el  artículo 1° de la Ley 813 de 2003, la cual si bien entró a  regir   con   posterioridad   a   los   hechos   por  favorabilidad  debió  ser  considerada.   

No    obstante,    afirma   que    con    la    aplicación    indebida    de   dicha     norma    no     tuvo    ningún    “efecto    nocivo   en   la   dosificación   de   la  pena  en  el asunto  analizado,  ya   que   al  concurrir  otra  causal  específica  de  agravación   como  lo  es  la  del  numeral   10°    del    aludido    precepto,   igualmente   era   procedente   el   incremento   punitivo   de  una   tercera   parte   a   la   mitad  sobre  los   extremos    correspondiente    a    la   sanción   por  hurto    calificado,    circunstancia    que   condena   al    fracaso    la   réplica   por  crecer   de   trascendencia  el  yerro”.   

Finalmente,    estima    el   Procurador    Delegado    que,   en   cuanto   al   reparo  de   inconformidad   del   aumento  de  4   meses    con    base    en    los   criterios  de   individualización     del     artículo     61    del   Código   Penal   al   invocarse  la gravedad  de   la   conducta,   vulnerándose,   a   juicio  del   censor,   el   debido  proceso  pues  le  aplicó   doblemente   una  agravante,  “carece  de desarrollo   en   los   términos   de  la  modalidad  de   yerro    alegado,    y    en  atención   a   los   principios   de   limitación   y   petición  de   parte    que   gobiernan    la    casación    resulta   imposible     acceder    al    análisis    de    éste  último    aspecto    de    la   censura,   amén   de    que    en    realidad   el   actor  termina   por   aceptar  el  referido  incremento  punitivo   en   la   pena   que reclama  se  imponga  a   su  representado”.   

Cuarto cargo  

Afirma que razón le asiste al censor demandar  la  casación del fallo respecto de la falta de consonancia de la resolución de  acusación  con  la  sentencia  en  lo  atinente  a  que  los cargos no hicieron  alusión  fáctica  y  jurídicamente,  en  el sentido de que el delito de hurto  fuera  calificado  por la violencia desplegada sobre las víctimas, toda vez que  “el  marco  punitivo  para  el  delito era del hurto  calificado  conforme  al  artículo  240,  inciso primero, numeral 2°, esto es,  prisión  de  3  a  8  años, más no el consagrado en el mismo precepto, inciso  cuarto,  es  decir, el del hurto calificado por la violencia, como lo estimó el  juez   singular   con   desconocimiento   del  pliego  de  cargos…”   

Acota  que  dicho  dislate  fue  trascendente  porque  influyó de manera desfavorable al procesado en la determinación de los  extremos de la punibilidad.   

Por lo expuesto, depreca la Corte no casar la  sentencia  con  base  en  los cargos primero, segundo y tercera de la demanda. Y  casar el fallo respecto del cargo quinto.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

  Primer  cargo   

1. El defensor de Keith Harry Molinares Díaz,  acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad,  por   violación   del   debido   proceso   y   del  derecho  de  defensa.  Como  irregularidades sustanciales cita las siguientes:   

a) Que no se dio cumplimiento con lo estatuido  por  los  artículos 332 y 344 de la Ley 600 de 2000. Dice que  no obstante  estar  el  sentenciado individualizado no fue citado para que ejerciera  el  derecho de defensa.   

b)  Que  no pudo ejercer el contradictorio en  dicha  etapa,  en  especial  en  la  diligencia  de reconocimiento fotográfico,  máxime cuando ésta se recaudó sin la presencia del defensor.   

2. Como lo señala el Procurador Delegado, de  verdad  que  no  se  entiende  las  razones por las cuales el censor invoca como  normas  transgredidas  los  artículos  332  y  344 del Código de Procedimiento  Penal,  pues  no  se  da  ningún  argumento  en  torno  al  desconocimiento del  contenido de éstos en el trámite.   

En efecto, la primera de las normas, esto es,  el  artículo  332   de  la  Ley  600  de 2000  indica que el imputado  quedará  vinculado  al  proceso  cuando  se  le  escuche en indagatoria o se le  declare  persona ausente. Por su parte, el artículo 344 de la misma ley señala  la procedencia de la declaratoria de persona ausente.   

De esa manera, los argumentos expuestos por el  censor  están  referidos  a  que  en  la  etapa  de investigación preliminar a  Molinares  Díaz  no  se  le citó para que ejerciera el contradictorio en dicho  lapso  procesal  y  se  le garantizara a plenitud  el derecho de defensa en  aquellas  diligencias  en  que  la  participación  de  la  defensa técnica era  indispensable.   

Ahora bien, teniendo en cuenta los pedimentos  hechos  por  el  censor  en  el cargo, advierte la Corte que las irregularidades  sustanciales  que  presuntamente  afectaron  el  debido  proceso y el derecho de  defensa  no  encuentran respaldo con el trámite surtido en el diligenciamiento.  Veamos:   

En   primer   lugar,   recuérdese  que  la  investigación  previa,  según  como  lo prevé el artículo 322 del Código de  Procedimiento  Penal,  tiene como finalidad determinar si efectivamente el hecho  señalado  como  delictual  ocurrió, si está descrito como conducta punible en  la   ley,   si   se   ha  actuado  al  amparo  de  una  causal  de  ausencia  de  responsabilidad,  si  cumple  el  requisito  de  procedibilidad  para iniciar la  acción  penal  y  para  recaudar  las pruebas necesarias tendientes a lograr la  individualización  o  identificación  de  los  autores  o  partícipes  de  la  infracción a la ley penal.   

Precisamente, la Fiscal adscrita en la Unidad  de  Estructura  de  Apoyo en Averiguación de Responsables, basada en el informe  policial  que  dio  cuenta  de  los  hechos  delictuales que atentaron contra el  patrimonio  económico,  el  2  de  mayo  de 2003, dictó providencia donde daba  inicio,  de  acuerdo  con  el  artículo  322  de  la  Ley  600  de  2000,  a la  investigación  preliminar, “con el fin de determinar  si  en  realidad se cometió el hecho denunciado y establecer la identificación  e  individualización de los responsables del mismo”.   

Con  base  en  esa  providencia,  la  citada  funcionaria  judicial incorporó a la actuación en ese mismo día (2 de mayo de  2003)  los testimonios de Jean William Archibold Hooker, Johana Archibold Cabeza  y  un  reconocimiento  a  través  de  fotografía,  según  lo  previsto por el  artículo  304  de  la  Ley  600  de  2000.   Cumplido  con  dicho trámite  identificado  e  individualizado  los  autores  del  reato,  la  citada  Fiscal,  mediante  resolución  del  mismo  2  de  mayo  de 2003 profirió resolución de  apertura  de instrucción, en la que ordenó vincular mediante indagatoria a los  señores  Antonio  González  Mancera y Keith Molinares  Díaz  y,  por  lo  mismo,  dispuso  librar  orden  de  captura,  de  conformidad  con  lo  estatuido  por  el artículo 350 de la misma  ley.   

En  esas  condiciones,  claro  es  que  si el  procesado  no  fue  compelido  a que compareciera a la investigación preliminar  para  ejercer  el  derecho  de  defensa  fue  porque  no  estaba  identificado e  individualizado como uno de los posibles autores del ilícito.   

El trámite indica que la funcionaria judicial  que  conoció  del asunto en la investigación previa adelantó, en cuestión de  horas,  todas  las  diligencias tendientes a verificar la existencia del hecho y  la  individualización  e identificación de los posibles autores de la conducta  punible,  cumplido  con  el cometido profirió la correspondiente resolución de  apertura   de   instrucción   y  ordenó  vincular  a  los  imputados  mediante  indagatoria.   

En  consecuencia, la actividad desplegada por  la  funcionaria  se  ajustó a los cánones legales, puesto que dada su agilidad  para   investigar   se   cumplieron   los   fines  propuestos  al  ordenarse  la  investigación  preliminar,  en  cuestión  de  horas,  sin  que dicha actividad  merezca  el  más mínimo reproche por parte de la Sala. Todo lo contrario es de  resaltar  la celeridad que se le imprimió al trámite, pues precisamente con la  identificación  e  individualización de los autores se facilita la protección  de los derechos a que refiere el casacionista.   

Tampoco resulta acertado que se afirme que el  derecho   de  defensa  se  desconoció  cuando  se  realizó  la  diligencia  de  reconocimiento  a  través de fotografía, pues revisada la correspondiente acta  se  advierte  que la misma se cumplió de acuerdo con los estrictos presupuestos  contemplados  por  el  artículo  304 del Código de Procedimiento Penal, y como  quiera  que  “el  presunto  implicado a reconocer no  aparece  aun  vinculado a la investigación se le nombra defensor de oficio para  efecto     de     garantizar     su     derecho     de    defensa…”.   

Finalmente,  como  lo  destaca  el Procurador  Delegado,  el derecho de contradicción en materia probatoria, de acuerdo con el  proceso  previsto  en  la  Ley 600 de 2000, no se circunscribe únicamente en la  participación  de  los  sujetos  procesales  en  el  proceso  de  producción y  aducción  de  la  prueba,  sino  que  también  se puede ejercitar de distintas  maneras,  tales,  como,  por  ejemplo,  criticando  el  medio  de prueba no solo  aisladamente  considerado  sino  con relación al resto del material probatorio,  actos   que   se   pueden   desarrollar   durante   las   etapas   del  trámite  judicial.   

De  acuerdo  con  lo expuesto en precedencia,  resulta   diáfano   que  las  presuntas  irregularidades  que  se  demandan  no  existieron,   razón   por   la   cual   la   censura   no   está   llamada   a  prosperar.   

  Segundo  cargo   

1.  El  defensor de Molinares Díaz, esta vez  apoyado  en  la causal primera de casación, acusa al Tribunal de haber violado,  de  manera indirecta, la ley sustancial, derivado de un error de hecho por falso  juicio  de  identidad  cometido  en  los  testimonios de Lilibeth Rondón, Dunia  Sigrid Bravo y Bernie Salazar.   

Anota  el casacionista que el citado error en  la   actividad   probatoria   generó   a   predicar  certeza  en  cuanto  a  la  responsabilidad   del   procesado,   dándosele    preponderancia   a   las  declaraciones  juramentadas  de  Yohana  Archibold  Cabezas  y  Marlevis  Torres  Hernández.   

2.  El acto de apreciación probatoria se  erige  en  la  operación  mental que tiene por fin conocer el mérito que pueda  inferirse  del  contenido  de  la  prueba.  De  ahí  que  cuando  se  habla  de  apreciación   o   valoración  probatoria  se  parte  de  un  estudio  crítico  individual  y  de  conjunto  de los elementos de juicio allegados validamente al  proceso,   motivo   por  el  cual  el  funcionario  judicial  debe  examinar  la  credibilidad,   fiabilidad   o   confianza   que   le   merece  la  probanza  y,  posteriormente, examinarla en su conjunto.   

Dicho  de  otra manera, en la apreciación de  los  medios  de  prueba  solamente  se deben estimar aquellos en cuyo proceso de  aducción  y  producción  se respetaron todos su ritos, luego se debe verificar  su  pertinencia, conducencia y utilidad frente al convencimiento del funcionario  judicial,  para  seguidamente proceder a realizar una reconstrucción histórica  del  acontecer  fáctico  en  discusión,  teniendo como únicos parámetros los  postulados  que  informan  la  sana  crítica,  formando  de  esa manera un todo  sintético, coherente, lógico y concluyente.   

En lo que respecta a la sentencia la ley exige  que  para  dictar  fallo  de  condena  se  requiere  el grado de conocimiento de  certeza,  grado  al  que  se  llega  luego  de  apreciar  de manera individual y  mancomunada  todos  los  elementos  de  juicio allegados validamente al proceso.   

La certeza implica que el funcionario judicial  está  fuera de toda duda, es decir, que acepta la existencia de unos hechos con  criterio  de  verdad  desde dos planos a saber: (i) Subjetivo. Consistente en la  manifestación  de  aceptar el hecho como cierto  y (ii). Objetivo. Son los  fundamentos  probatorios  que  se tienen para concluir en la existencia de dicho  hecho.   

En otras palabras, la certeza no es otra cosa  que  la  convicción  del hecho. Conocimiento al que se arriba luego de concluir  que  éste  encuentra  cabal  correspondencia  con  lo que revelan los medios de  prueba  incorporados  al  trámite,  luego  de ser examinados de acuerdo con los  postulados  de  la  lógica,  de la ciencia o de las máximas de la experiencia,  excluyéndose   de   esta   manera  las  ideas  contrarias  que  se  tenían  de  él.   

3. En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  se  advierte  que  los  juzgadores  de  instancia  llegaron  el  grado de  conocimiento  de  certeza  con  base  en las informaciones que suministraron las  víctimas y en el reconocimiento en fila de personas.   

En  tales circunstancias, el pretendido error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad no tiene sustento, máxime cuando el  dicho  de  los  citados  deponentes  fue  analizado  en  su  contenido objetivo,  concluyéndose  que  los  mismo  chocaban  con  el principio de la lógica de no  contradicción.   

En  efecto,  para  el  sentenciador de primer  grado  fue  claro  y  evidente  que  los testimonios de Bernier Salazar, Llibeth  Rondón  y Dunia Bravo fueron deprecados al interior del diligenciamiento con el  fin  de ubicar al procesado en otro lugar distinto de donde ocurrió el ilícito  apoderamiento;  por  consiguiente,  los  testimonios  de  Jean William Archibold  Hoocker,  Johana  Archibold  Cabeza y Marlevis Torres Hernández “son  plenamente  creíbles y de ellos (en especial los dos últimos)  se   infiere   plenamente   la   autoría   delictual   que   se  le  imputa  al  encausado”.   

Por  manera,  que  el  juzgador  desechó los  cuestionamientos  que  les  hizo   la  defensa  en  el acto de la audiencia  pública,  como,  por  ejemplo,  que  las deponentes no hicieron referencia a la  manera  como  Molinares  Díaz  vestía el día de los acontecimientos, pues tal  aspecto  no  tenía  incidencia con la “percepción y  evocación   de   un  rostro”,  máxime  cuando  los  testigos   recuerdan   “muy   bien  el  rostro  del  agresor”,   al   punto  que  en  la  diligencia  de  reconocimiento en fila de personas así lo confirmaron.   

De la misma manera, atinadamente se consideró  por  el  juzgador  de primer grado, que así Marlevis Torres fuera familiar  de  la  víctima,  ello  en  manera  alguna  enervaría  su  dicho,  puesto  que  “ni   la   testigo  ni  la  víctima  conocían  al  encausado,  así que, el parentesco no puede incidir en el reconocimiento que se  pretende cuestionar”.   

“Es  más,  si se  insiste  en  el  punto  hay  que aceptar la veracidad de la imputación, pues la  víctima  (que,  según  las premisas ocultas del argumento, habría incidido en  el  testigo  para  que declarase falsamente en contra del encausado) no tendría  otro  motivo  que  la  verdad  (sobre el ataque que éste le habría infringido)  para   inducir   a   su   familiar   a  mentir  en  la  declaración”.   

Finalmente,  calificó  como especulación la  censura  hecha  a  la  deponente,  en el sentido de que no podía identificar al  agresor,  puesto  que  “nada en el proceso avala esa  falta  de  visibilidad  (mucho  menos las distancias y oscuridad a las cuales se  alude),  y  por  el  contrario, es la propia testigo la que describe el punto en  condiciones en que ellos es posible”.   

En  definitiva,  concluye que a pesar que los  testimonios  del  Pastor Bernier Salazar de la jóvenes Lilibeth Rondón y Dunia  Bravo  “podría  ser  intrínsicamente creíbles, no  descartan  la  autoría que se le imputa al encausado, por que, como ya se dijo,  los  de  las  víctimas  y  la  señorita TORRES, son plenamente creíbles y por  tanto  el  principio  lógico de no contradicción los descarta, amén de que el  primera,  por sí mismo, nada aporta, pues la hora que señala es muy anterior a  la de la ocurrencia de los hechos”.   

En   consecuencia,   como   lo  destaca  la  Procuraduría,   el   sentenciador   llegó   al  convencimiento,  en  grado  de  certeza,   de la autoría de Molinares Díaz con base en los testimonios de  las  víctimas  y  en  los  reconocimientos  realizados a éste, descartando los  datos  suministrados  por  los  testimonios  que  el  casacionista  estima  como  tergiversados,  dando  las  razones de esa convicción, las cuales se encuentran  ajustadas a las reglas sana crítica.   

En  síntesis,  el  casacionista  no  logra  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad con que el fallo viene  amparado  en  esta  sede,  motivo  por  el  cual,  la censura no está llamada a  prosperar.   Tercer   y   cuarto  cargo   

Como  quiera  que los cargos tercero y cuarto  presentados  por  el  censor guardan armonía en cuanto a los reparos formulados  con  base  en  la causal primera y segunda de casación, la Corte los estudiará  de manera conjunta.   

1.  Acusa   al   Tribunal  de  haber  violado  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida del artículo 240,numeral 4°,  modificado por la Ley  813  de  2003,  yerro  que  condujo a la falta de aplicación del artículo 240,  numeral 2°, del Código Penal.   

De  igual  manera,  acusa que la sentencia no  está  en  consonancia  con  la  resolución  de  acusación,  toda  vez  que al  procesado  en  esta  última  pieza  procesal se le atribuyó la comisión de la  conducta  punible  de  hurto  calificado  de  acuerdo  con  lo  que  preveía el  artículo  240,  inciso 1° del Código Penal, más no el consagrado en el mismo  precepto,  inciso  cuarto,  es  decir,  el del hurto calificado por la violencia  sobre   las   personas,   yerro   que   incidió   en  la  dosificación  de  la  pena.   

2. La sentencia se casará por cuanto no está  en consonancia con la resolución de acusación. Veamos:   

El   instructor,   en   lo  atinente  a  la  calificación jurídica de la conducta punible, consideró:   

“Conforme  con  lo  expuesto tenemos que la  ocurrencia  de  los  hechos  está  demostrada  a  través  de  las  diligencias  realizadas  por los miembros de la Policía Nacional, por la denuncia del señor  Jean  Willian  Archibold Hooker, por la declaración de Johana Archibold Cabeza,  ya  que todas estas pruebas dan por acreditado que el 1° de mayo de 2003 en las  horas  de  la  noche  Keith  Harry  Molinares  Díaz y Antonio González Mancera  mediante  arma de fuego hurtaron el vehículo Nissan Sentra en la carrera 32 N°  68C-65 Barrio Olaya.   

“Este  hecho  sin  lugar  a  duda  resulta  relevante  para  nuestro  ordenamiento  penal, dado que el mismo encuadra dentro  del  Título  VII Delitos contra el Patrimonio Económico, Capítulo Primero del  Hurto,  artículos  240  y  241,  numerales  2,  6  y  10,  Hurto Calificado con  circunstancia de Agravación Punitiva”.   

Sin  embargo,  como  también  lo  destaca la  Delegada,  el  numeral  2°  a  que  se  hace  referencia es al consagrado en el  artículo  240  y  no  en el 241 del Código Penal, toda vez que como se plasmó  claramente  en  la  providencia que resolvió situación jurídica al procesado,  resulta:  “Indiscutible que nos encontramos frente a  unos  hechos  que  tienen  relevancia penal, puesto que los mismos se encuentran  tipificados  como conductas ilícitas en nuestro ordenamiento penal, en los tipo  penales  previstos  en  los  artículos  240,  numeral  2°  y 241 numeral 6 del  Estatuto Penal Colombiano; es decir, Hurto Calificado Agravado.   

“El  delito  de  hurto calificado agravado,  porque  realmente  hubo  apoderamiento  de  un  vehículo,  para lo cual hubo la  obligada  necesidad  de  colocar  a la víctima en condiciones de indefensión o  inferioridad,  al  ser  amenazado con arma de fuego; ilícito éste que resultó  posible  consumarse  gracias  a  la  intervención en el mismo de tres personas,  cada   una   de   ellas   con   una  determinada  labor  a  realizar”.   

Por consiguiente, resulta fácil advertir que  el  instructor  se equivocó al atribuir  la  circunstancia  para  la  calificación  del  hurto  prevista  en el numeral 2° del artículo 240 del  Código   Penal   en   el   artículo   241   de   la  misma  obra  –aprovechando  la  confianza depositada  por  el dueño, poseedor o tenedor de la cosa en el agente-; por consiguiente se  tendrá  que  el hurto es calificado por cuanto el procesado colocó la víctima  en  condiciones  de indefensión o inferioridad, tal como lo preveía la primera  de las normas en precedencia citadas.   

No  obstante, el sentenciador de primer grado  al  momento  de dosificar la pena estimó que Molinares Díaz había cometido la  conducta  punible  de hurto con violencia contra las personas, circunstancia que  no  le  había sido atribuida ni fáctica ni jurídicamente en la resolución de  acusación,  razón  por la cual lleva a la Corte a concluir que la sentencia no  es  armónica  con  el  pliego  acusatorio,  tal como se demanda a través de la  causal segunda de casación.   

Dicho  dislate  conllevó  un  perjuicio  al  procesado,  por cuanto en el proceso de determinación de la pena  se fijó  los  extremos  de la punibilidad entre 4 y 10 años, cuando debía ser entre 3 y  8   años.  Por  consiguiente,  como  se  anunció,  se  casará  la  sentencia,  procediéndose   nuevamente   a   dosificar   la   sanción   privativa   de  la  libertad.   

Para dicho efecto de igual manera se excluirá  la  circunstancia de agravación punitiva que preveía el artículo 241, numeral  6°  de  la  Ley 599 de 2000 y que fue imputada en la resolución de acusación,  toda   vez   que   fue   derogada  por  el  artículo  1°  de  la  Ley  813  de  2003.   

En  síntesis,  la  Corte  sólo tendrá como  circunstancia  específica  de  agravación   punitiva  la  prevista por el  artículo  241, numeral 10, del Código Penal, por cuanto fue atribuida fáctica  y jurídicamente en la acusación.   

En  consecuencia,  a  efecto de determinar la  pena  privativa  de  la  libertad  y  de acuerdo con el artículo 61 del Código  Penal  (la  pena  privativa  de la libertad para el hurto calificado y agravado,  para  este  evento,  oscila entre 3 años y 6 meses y 12 años), se tiene que el  primer  cuarto  va  de  42  meses  a 67 meses y 15 días; el primer cuarto medio  entre  67  meses  y 16 días y 93 meses y un día; el segundo cuarto medio entre  93  meses  y 2 días y 118 meses y 17 días, y el cuarto final entre 118 meses y  18 días y 144 meses.   

De igual manera se advierte que en este evento  concurre  la  circunstancia  de  menor  punibilidad  determinada  por  la  buena  conducta  anterior  o  la  ausencia  de  antecedentes  penales de los procesados  (artículo  55,  numeral  1°,  de  la  Ley  599  de 2000). Por consiguiente, de  acuerdo  con  lo  expuesto  el  ámbito  de movilidad estará determinado por el  primer cuarto, esto es, entre 42 meses y 67 meses y 15 días.   

Por  lo  expuesto, se partirá del mínimo de  sanción,  cifra  a  la que se aumentará en una proporción equivalente a los 4  meses  que  fijó el juzgador al tasar la sanción entre una proporción de 56 a  87  meses,  esto  es, 3 meses y 3 días, por la gravedad de la conducta punible.   

En  consecuencia,  la  pena  privativa  de la  libertad se determinará en 45 meses y 3 días.   

Finalmente,    la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas se fijará  en el mismo lapso de la pena privativa de la libertad.   

En lo demás, el fallo se confirma.  

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

1.    CASAR  parcialmente  la  sentencia impugnada, por prosperar los cargos tercero y cuarto  formulados  en  la  demanda  de  casación.  En  consecuencia,  se  fija la pena  privativa  de  la  libertad  determinada  a Keith Harry  Molinares  Díaz en 45 meses y 3 días y a la accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por ese  mismo  lapso,  como  coautor  de  la  conducta  punible  de  hurto  calificado y  agravado,   de   acuerdo   con   lo   expuesto   en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

2.  En  lo demás, el fallo no sufre ninguna  modificación.   

3.  Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 TERESA RUIZ NUÑEZ   

                                                     Secretaria   

    

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