22815(31-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22815  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  124  

         

Bogotá, D. C.,  treinta y uno (31) de  octubre de dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Corte  respecto  de  la  admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de  JOSÉ   ESNORALDO   CHANDILLO   URBANO.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El 20 de enero  de  1994, en horas del mediodía, en el interior de la mina ubicada en la vereda  Matecaña,  corregimiento  de  Aguas  Claras,  municipio de Suárez –Cauca-,   el   sujeto   JOSÉ  ESNORALDO  CHANDILLO  URBANO   por  diferencias  relacionadas con la explotación de la mina le propinó varios  tiros  con un arma de fuego sin salvoconducto a NOHELI  ZAMBRANO  que  le  causaron la muerte de inmediato, y  otro   a   EMILIANO   ANDRÉS  GUACHETÁ,  padre  del  anterior,  hiriéndolo,  luego  de lo cual huyó del  lugar rumbo desconocido”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por los anteriores hechos, la Fiscalía 003  Especializada  de  Popayán, por resolución del 2 de enero de 2002 calificó el  mérito  del  sumario  contra  José  Esnoraldo  Chandillo  Urbano  por los  delitos  de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de uso privativo  de las fuerzas armadas.   

El    Juzgado    Primero   Penal    del    Circuito    de    Santander    de   Quilichao,    el   23    de    julio   de   2003,   condenó   a  José  Esnoraldo  Chandillo  Urbano   a  la   pena   principal   de   22  años  y   4   meses   de  prisión  y  a  la  accesoria  de   inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas por  un  lapso   de    10    años    como   autor   de   las   conductas    punibles    de   homicidio   agravado   y   porte   ilegal   de   armas   de   fuego  de   uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas.   

Apelado  el  fallo,  el   defensor      del      procesado,      el     Tribunal   Superior    de   Popayán,   el   22   de   abril   de   2004,   al   desatar   el  recurso,  lo   confirmó en  su  integridad.   

L  A      D  E  M A N D  A   

El     defensor     del   procesado,    al    amparo    de   las   causales   primera    y   tercera    de    casación,    presenta   dos      cargos     contra     la     sentencia     del  Tribunal,     cuyos     argumentos    se    sintetizan   así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal de haber violado la ley  sustancial  por errónea apreciación de las pruebas en lo atinente a las causas  de la muerte de la víctima.   

En  efecto, dice que el juzgador dio valor,  sin  tenerlo,  al acta de levantamiento del cadáver, puesto que de allí dedujo  la  causa  de la muerte, toda vez que la persona que lo hizo no estaba investida  de dicha facultad.   

Dice  que  las personas que suscribieron la  diligencia  no  tenían  los conocimientos técnicos ni científicos para emitir  el  concepto  de  la muerte  de la víctima. Así mismo, en el fallo se les  dio  el  calificativo  de  perito  forense.  Finalmente, advierte que el acta de  levantamiento de cadáver comporta las siguientes falencias:   

a) Que el levantamiento del cadáver lo hizo  el Presidente de la Junta Comunal.   

b)  Que  las  personas  que  aparecen  como  peritos no suscribieron la citada diligencia.   

c)   Que    la    única   persona    que   plasmó   la   rubrica   aparece   en   el   proceso   como   denunciante,  víctima   de     las     conductas     punibles    de   lesiones   personales  y  padre  del  occiso.   

Afirma  que  en  el acto de apreciación el  juzgador  pasó  por  alto  lo  reglado  por  el  artículo  238  del Código de  Procedimiento Penal.   

Por  consiguiente,  insiste  que  ante  la  ausencia  de  la  diligencia  de  necropsia  y  la  equivocación  en torno a la  apreciación  de  la diligencia de levantamiento del cadáver condujo a predicar  las  causas de la muerte de la víctima, vulnerándose igualmente lo reglado por  los artículos 232 y 238 del Código de Procedimiento Penal.   

De esa manera anota que el juzgador otorgó  un  valor  de  plena  prueba  a  la  citada  diligencia,  situación que lleva a  predicar el yerro de apreciación probatoria.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en   un   juicio   viciado  de  nulidad,  por  violación  del  debido  proceso.   

Como  irregularidades  sustanciales  anota  nuevamente  que  el  acta  de  levantamiento  del cadáver tenía las siguientes  falencias:  que  fue realizada por el Presidente de la Junta Comunal, que carece  de  las  firmas de las personas que actuaron como peritos, que sólo la suscribe  el  citado  presidente,  que  ésta persona aparece como denunciante víctima de  lesiones personales y padre del occiso.   

Así mismo anota que resultaba un imperativo  legal  que  se  realizara  la  necropsia,  situación  que  en este evento no se  hizo.   

Acota  que  el  segundo  motivo  de nulidad  consistió  en  que el representante del Ministerio Público en la diligencia de  audiencia  preparatoria  deprecó la nulidad de la actuación, petición que fue  coadyuvada   por  la  defensa,  pero  negada  por  el  sentenciador  de  primera  instancia.   

Anota  que  el  procesado  no  tuvo defensa  técnica  en  la etapa de instrucción, no obstante haber tenido 5 defensores de  oficio,   profesionales  del  derecho  que  se  limitaron  a  posesionarse  y  a  notificarse  de  los “autos reduciendo su actuación  a  esa sola actividad, y que en esas condiciones el proceso llegaría finalmente  a la resolución de acusación”.   

No  obstante,  reconoce que en la etapa del  juicio   no   se   vulneró   ni   el   debido   proceso   ni   el   derecho  de  defensa.   

Como tercer motivo de nulidad señala que el  proceso  no hay prueba objetiva  o material de la conducta punible de porte  ilegal  de  armas  de  fuego   de  las fuerzas militares, máxime cuando en  poder  del  procesado  no  le  fue  encontrado  arma de fuego, de acuerdo con el  artículo 366 del Código Penal.   

Agrega  que  el porte del arma se atribuyó  con  base  en  el testimonio de Emiliano Guachetá y Gumersindo Zambrano quienes  afirman haber visto portar al procesado una carabina punto 30.   

Añade que con la versión de Marcelino Cruz  Zambrano  “se  pretendió  demostrar  el  porte  de  arma”, “pero no es más  que un testigo de referencia”.   

No  desconoce  que la prueba testimonial es  suficiente  para  demostrar  el  porte  ilegal  de armas, pero en este evento se  trata   de  enemigos  de  su  defendido,  “Guacheta  –denunciante, ofendido y  padre  del  occiso,  y  Gumersindo  Zambrano, que fueron los únicos que dijeron  haberle     visto     portar     una    carabina    punto    30.    –otros deponentes con los que también  se   quiso   acreditar   el   porte   –como   Avelino  Llantén,  enemigo,  según  su  propio  testimonio  –Lupercio    en   su  declaración  manifestó  que nunca le vio armas de esa naturaleza, en idéntico  sentido  depusieron  Pedro  Vargas,  Diomedes  Sarria  y Luis Carlos Piedrahita,  quienes  fueron  enfáticos en afirmar que la única arma que le vieron portar a  Chandillo   Urbano   era  un  revólver  38  largo,  confirmando  con  ellos  la  afirmación  (sic)  que en tal sentido hizo éste en su injurada, confirmada por  Lupercio  Quina  y  por el propio denunciante, que en su denuncio dijo que entre  las  armas   que  portaba  José  Esnoraldo  le  conoció  un  revólver 38  largo”.   

Por  consiguiente, anota que el fallador le  negó   a  dichos  testimonios  el  valor  que la ley le asigna y les dio a  otros el que no tiene.   

Por  lo expuesto, solicita  a la Corte  casar  la  sentencia impugnada y, en su lugar, invalidar la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Como lo ha dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  el recurso de casación es de naturaleza rogada,  razón  por  la  cual constituye una carga para el censor confeccionar el libelo  de  acuerdo con los parámetros de la debida técnica y cumpliendo estrictamente  con  los  presupuestos  estatuidos  por  el  artículo  212  del  la  Ley 600 de  2000.   

De  esa manera, reitérese que no basta con  denunciar  el yerro sino que se erige un deber del libelista señalar el vicio y  demostrar  cómo  el mismo incidió en la parte dispositiva de la sentencia, que  imponga la casación de la sentencia impugnada.   

Cuando  se acude a la casación con base en  la  causal  de  nulidad,  el  reproche  también  debe  ser  construido  con los  presupuestos  de  claridad  y  precisión,  habida cuenta que de acuerdo con los  principios  que  rigen  las  nulidades,  el  error  de  actividad  tiene que ser  igualmente   trascendente  que  imponga  la  declaratoria  de  invalidez  de  la  actuación.   

2.  En  esas condiciones, resulta claro que  los  cargos  formulados  por  el  censor para demandar la casación del fallo de  segunda  instancia se quedaron en su postulación, sin que se advierta cómo los  errores  in  iudicando  e in procedendo invocados incidieron en las conclusiones  del fallo, careciendo de la debida claridad y precisión.   

De  entrada  se  advierte  que  el actor no  cumplió  con  el  principio  de  prioridad,  según el cual, al proponer varias  causales  debe  seleccionar  primero  la  que  posee  un  mayor  alcance,  y las  restantes  tendrá  que plantearlas como subsidiarias; a su vez, no le es viable  que  mezcle  simultáneamente  y  dentro  del  mismo  cargo  varias censuras por  nulidad  en igualdad de condiciones, pues allí también tiene la obligación de  disponer  un orden de preferencias al que debe sujetarse la Corte cuando realice  el  examen  de fondo de la sentencia, de acuerdo con el principio de limitación  que  rige  este  trámite; por tal motivo, en este evento, se debió proponer en  primer lugar el reproche fundado en la causal de nulidad.   

Respecto  del  primer  cargo,  el censor se  quedó  a  mitad  de  camino  para  evidenciar  cómo  el  yerro de apreciación  probatoria  presuntamente  cometido  sobre  la  diligencia  de  levantamiento de  cadáver  tuvo la trascendencia en la actividad probatoria, al punto que condujo  a predicar la comisión de la conducta punible de homicidio.   

En efecto, el casacionista centró la labor  demostrativa   de   la   censura   en   afirmar  que  ante  la  ausencia  de  la  correspondiente   necropsia   se  concluyó  en  la  existencia  del  delito  de  homicidio,  sin  que,  como  también  lo  ha  destacado la jurisprudencia de la  Corte,  evidenciara cómo excluyendo la diligencia de levantamiento del cadáver  en  el acto de apreciación de la prueba no era posible predicar la comisión de  esa  conducta  punible, para lo cual debió tener en cuenta los demás elementos  de  juicio  en  los  que se sustentó la sentencia impugnada, que en este evento  sería, por ejemplo, la plural prueba testimonial.   

Tal exigencia tiene razón de ser frente al  principio  de trascendencia, toda vez que si en el evento de existir el yerro de  actividad  probatoria  y  de  corregirse  éste  no logra cambiar las decisiones  adoptadas  en  el  fallo,  la  casación  no  procedería  al resultar inane con  respecto de las restantes pruebas en que se fundamentó el fallo.   

En cuanto al cargo de nulidad que funda por  los  senderos de la causal tercera de casación, también el actor se aparta del  postulado  de  autonomía  que  rige en materia de casación, según el cual, al  interior  de un mismo cargo no se pueden entremezclar ataques correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración  diferentes  y  producen  diversas consecuencia jurídicas, habida  cuenta  que  en  varios de los reparos que postula denuncia errores in iudicando  que  ha  debido de presentar con base en la causal primera de casación y no por  la tercera.   

En  efecto, en lo atinente a que el acta de  levantamiento  de  cadáver  no  debió  ser  apreciada por comportar múltiples  irregularidades,  ha  debido  de  plantearla  a través del error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad.  Y en cuanto a que en el expediente no obra prueba  para  predicar la existencia del delito de porte ilegal de armas de fuego de uso  privativo  de  las  fuerzas  militares,  debió  presentarla  de acuerdo con los  lineamientos del error de hecho por falso juicio de existencia.   

Ahora  bien,  si estimaba que en el acto de  apreciación  de  los  testimonios de Emiliano Guacheta y Gumersindo Zambrano se  violaron  los  postulados  que informan la sana crítica, al punto que condujo a  declarar  la existencia de la conducta  punible  de  porte ilegal  de  armas de fuego de uso privativo de las fuerzas militares, ha debido efectuar  el  ataque por la vía del error de hecho por falso raciocinio, señalando cuál  fue  la  regla  de  la lógica, el principio de la ciencia o de la máxima de la  experiencia  vulnerado,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  resolutiva del fallo, evento que aquí no ocurrió.   

El  actor  trata  de  restar crédito a las  citadas  versiones  alegando  que  los  deponentes  son  personas  enemigas  del  procesado,   siendo  esa  la  potísima  razón  para  que  no  se  les  otorgue  credibilidad,  sin  que  se  advierta transgresión de los postulados de la sana  crítica.   

De otro lado, en cuanto a la violación del  derecho   de   defensa,   el   actor  no  demostró  el  vicio,  por  cuanto  la  argumentación  la  centró  en  sostener  que   el  procesado  tuvo  cinco  defensores   de  oficio  en  la  etapa  de  instrucción,  que  se  limitaron  a  posesionarse  y  a notificarse, pero en manera alguna demostró a la Corte, como  era  su  deber,  cómo  el acusado de haber contado con defensores más activos,  necesariamente   las   conclusiones   del   sentenciador   habría   sido   más  favorables.   

Frente  a  este  punto, como lo ha dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,   cuando  se  aborda  la demostración de la  vulneración  al  derecho de defensa, por inactividad del letrado en una o todas  las   fases   de   la   actuación,  no  resulta  suficiente  con  mencionar  la  irregularidad,  se  debe partir de concretas y reales posibilidades de obrar que  surjan  del  proceso;  se  deben  trascender  los  enunciados  generales  e  hipotéticos   para   señalar   cuáles   eran   las  pruebas  susceptibles  de  practicarse,  aquellos  que  en concreto podía lograrse con su aducción en pro  de  los  intereses  del  sujeto  procesal;  cuáles  y  en  qué sentido podían  formularse   impugnaciones;   bajo   qué   estrategia  era  posible  lograr  un  pronunciamiento menos severo para la parte que se representa.   

Al     demandante    en   casación    se   le   impone   como   condición   lógica,    exhibir    la    trascendencia    de    la   inactividad   del   letrado,   en  el  sentido  de  demostrar    que    en    realidad    se   trató   de   una   omisión   lesiva   de   los intereses   del     sujeto    procesal,    sin    que    para   ello   resulte   válido  presentar   una   estrategia   profesional      diferente,      porque      una     óptica  distinta   no   significa   restricción   de  la   garantía    fundamental.    Ello,    por  cuanto   la   idoneidad    de    la    defensa    técnica   no   puede   medirse   a   partir  de  los  resultados   del    proceso,    sino   de   la   razonabilidad   de   las  posiciones   activas   u   omisivas  de   la  defensa.   

De  esa  manera,  ninguno  de  los  cargos  formulados  por  el  censor  obedecen  a una claridad y precisión exigidas; por  consiguiente, la demanda se inadmitirá.   

Finalmente,      cabe   señalar    que    el    estudio   detenido   del   expediente  permite   a   la  Sala  concluir  que   no     procede     la     casación    oficiosa,    por  cuanto    no    se    percibe    ninguna   causal   de     nulidad     ni    vulneración    de   derechos   fundamentales.   

En   mérito   de   lo   expuesto,   la   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JOSÉ  ESNORALDO  CHANDILLO  URBANO.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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