23789(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23789   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 54  

Bogotá,  D.C,  seis  de  julio  de  dos  mil  cinco.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  SAÚL  ANTONIO  GARCÍA  ECHEVERRI,  contra  la  sentencia anticipada de segundo  grado  de  fecha  21  de  enero  del  año  en curso, por cuyo medio el Tribunal  Superior  de Medellín confirmó integralmente el fallo proferido por el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  el 10 de noviembre de 2004,  mediante  el  cual condenó al procesado en cita a la pena principal de 37 meses  y  10  días  de  prisión  y  multa  de  $ 42.960.000, tras hallarlo penalmente  responsable  de los delitos de usurpación de marcas y patentes y fabricación y  comercialización de sustancias nocivas para la salud.   

  ANTECEDENTES   

De  acuerdo  con los hechos reseñados en la  sentencia  de primera instancia, por más de 50 años el señor AGUSTÍN ANTONIO  GARCÍA  OSPINA desarrolló la fórmula que daba origen al plaguicida denominado  “Mata  Rata  Guayaquil”,  motivo  por  el  cual,  previo a su fallecimiento,  adjudicó   en   cabeza   de   sus   8  hijos  los  derechos  de  producción  y  comercialización  de  dicho producto, quienes acordaron continuar con el legado  de su padre en la elaboración del mismo.   

          Sin  embargo,  en  vista  de que el producto se venía elaborando de  tiempo  atrás  sin  los  respectivos  permisos sanitarios y de comercio, Samuel  Darío  García  Echeverri,  uno  de  los herederos, llevó a cabo los trámites  pertinentes con miras a legalizar su elaboración.   

          De  esta  manera,  una  vez reunidos los requisitos exigidos para el  efecto,   la   Superintendencia  de  Industria  y  Comercio,  a  través  de  la  Resolución  No.  08959 de abril 28 de 2000, reconoció al citado Samuel Darío,  como  único  titular  de  la  marca  mixta  “Mata  Rata  Guayaquil”, por un  período  de  diez años, aprobando la fabricación del plaguicida pero sólo en  su presentación peletizada o granulada.   

          Habilitado  entonces  para  su  elaboración,  con miras a lograr la  proyección  del  producto  con  todas  las  especificaciones  y seguridades que  demandaba  el  mercado,  Samuel  Darío  decidió  crear  un laboratorio para la  producción  del  mismo  en  forma  peletizada,  previa aprobación del registro  sanitario   respectivo  por  parte  del  Instituto  Nacional  de  Vigilancia  de  Medicamentos y Alimentos INVIMA.   

          No  obstante  y  pese  a  la  restricción  para la elaboración del  plaguicida  por  personas  diversas a su dueño,  a partir del año 2003 el  mercado  de  la ciudad de Medellín se vio inundado por un producto de similares  características,  pero  en  presentación  líquida,  misma  que  se encontraba  prohibida  dada  su  alta  toxicidad,  situación que conllevó al titular de la  patente  a poner en conocimiento de las autoridades lo sucedido, lo que originó  un  amplio  despliegue operativo por parte de los estamentos de control, quienes  luego  de  varias  labores  de  inteligencia  incautaron  una  gran  cantidad de  material  propio  para la elaboración del plaguicida, cuyo responsable resultó  ser  el  señor  SAÚL  ANTONIO  GARCÍA  ECHEVERRI,  hermano  del  denunciante.   

Con  base  en  tales  hechos la Fiscalía 40  Seccional  Delegada  ante los Juzgados Penales del Circuito de Medellín, abrió  una  investigación  penal  a  la  que fue vinculado, entre otros, SAÚL ANTONIO  GARCÍA  ECHEVERRI,  quien se acogió al trámite de la sentencia anticipada, en  cuya  diligencia  se  le  formularon  cargos  por  los delitos de usurpación de  marcas  y patentes y fabricación y comercialización de sustancias nocivas para  la      salud,      los      cuales     aceptó     sin     objeción     alguna  .      

          La  sentencia respectiva fue dictada por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  del  Medellín,  que  mediante  fallo  del  10  de  noviembre de 2004,  condenó  a  SAÚL  ANTONIO GARCÍA ECHEVERRI a la pena privativa de la libertad  de  37 meses y 10 días de prisión, multa por valor de $42.960.000, a favor del  Tesoro  Nacional  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un lapso igual al de la pena privativa de la  libertad,  al  hallarlo  penalmente  responsable  de los delitos aceptados en el  acta de formulación de cargos.   

          Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín en el suyo del  21 de enero de  2005, lo confirmó íntegramente.   

         LA  DEMANDA   

             Tras  anunciar  que  la  demanda  de  casación  tiene  como  fin  “obtener  la  efectividad  del derecho material y de  las  garantías  de  los derechos fundamentales, debidas en la actuación penal,  buscando  con  ello  el  desarrollo  de  la jurisprudencia nacional y además la  reparación  de los agravios inferidos con la sentencia demandada”,  el defensor de SAÚL ANTONIO GARCÍA ECHEVERRI presenta un único  cargo  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuyo sustento puede resumirse de la  siguiente manera:   

          Según  el  demandante  el  Tribunal  incurrió en un error de hecho  “ya    que    ignoró   la   existencia   de   una  prueba”,   al  abstenerse  de  revisar  en  segunda  instancia  la  negativa  a  conceder a su representado la prisión domiciliaria,  con  el  argumento  de que el punto no había sido motivado por el recurrente en  apelación,   lo   cual   contrastaba  “con  el  muy  pormenorizado  análisis  que  sobre  el  particular hizo el a quo para negar el  sustituto”.   

               La    “prueba”  ignorada,  dice, es el memorial de impugnación de la sentencia de  primera  instancia,  pues  al  contrario  de  lo que se sostiene en el fallo del  Tribunal,   en el mismo sí se incluyó una sustentación para controvertir  el  punto,  como  se lee al folio 822. Además, de manera expresa a folio 826 el  recurrente  en  apelación  de  la sentencia de primera instancia, solicitó que  “subsidiariamente,  y  en el eventual caso de que la  Sala  no  comparta mis argumentos y estime que el juicio de reproche debe ser el  estimado  e  impuesto  por  el  Juez  Quinto Penal del Circuito les solicito muy  encarecidamente  se conceda la prisión domiciliaria como sustitutiva de la pena  de  prisión,  toda  vez  que  se  reúnen  las  exigencias del artículo 38 del  Código   Penal,   no  siendo  posibles  ni  valederos  los  fundamentos  del  a  –quo  para  soportar  su  negación”.   

          Agrega  que  los  artículos  18  y 194 del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000) posibilitan la apelación de las decisiones y regulan  su  trámite,  pero “no se invocan como norma violada  (sic),    sino    como    medio    de    prueba    del    error   ostensible   y  manifiesto”  en que incurrió el Tribunal, porque en  tales  preceptos  no se especifica “cuantos renglones  deba  de  tener el mismo”, pues sólo se limitan  a  decir  que  una  vez  interpuesto  debe  sustentarse  dentro  del término de  ley.   

         

Dice que el error ostensible y manifiesto del  Tribunal  determinó  que se le negara a su defendido la prisión domiciliaria a  pesar  de reunir los requisitos para acceder a ella, razón por la cual solicita  que  se  case  la  sentencia y en su lugar la Corte se pronuncie “de  manera justa concediendo la prisión domiciliaria”.   

          Afirma  que  la sentencia de primera instancia no tuvo en cuenta que  no  estaba  ante  un  delincuente con antecedentes, sino ante un comerciante que  había  recibido  en  herencia  el nombre del plaguicida y que se trataba de una  disputa familiar.   

          Finaliza  su  escrito  solicitando  que en aras del desarrollo de la  jurisprudencia  se  corrija  la  violación  de  los  derechos fundamentales del  señor SAÚL ANTONIO GARCÍA ECHEVERRI.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Como  la demanda se dirige contra una sentencia anticipada proferida  dentro  del trámite abreviado previsto por el  artículo 40 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000)  y  la   censura se centra en el  reclamo  por  el  reconocimiento de la prisión domiciliaria, esta circunstancia  permite  sostener  que  se  satisface el presupuesto relacionado con el interés  para  recurrir  en  sede  extraordinaria,  pues  corresponde  a uno de los temas  señalados  en el inciso 10º del citado precepto como susceptibles de invocarse  por  vía  de  impugnación,  el  cual,  en este caso, no es otro que el reclamo  por   uno  de  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la  libertad.   

Ahora  bien,  los  delitos por los cuales se  condenó  al  ahora  recurrente en casación SAÚL ANTONIO GARCÍA ECHEVERRI, se  encuentran  tipificados  y sancionados en los artículos 306 y 374 de la Ley 599  de  2000,   con  penas  que  en  ninguno de los eventos supera los seis (6)  años de prisión.   

Así, para el delito de usurpación de marcas  y  patentes,  la  primera  norma establece una pena de 2 a 4 años de prisión y  multa  de  20  a  2.000  salarios  mínimos mensuales. Para el de fabricación y  comercialización  de  sustancias  nocivas para la salud, la pena será de 2 a 6  años  de  prisión,  multa  de  100  a  1.000  salarios  mínimos  mensuales  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de la profesión, arte, oficio, industria o  comercio  por  el  mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad.    

         Por  lo tanto, como la casación ordinaria procede por regla general  contra  las  sentencias  de  segundo  grado  que  hayan  sido proferidas por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  Penal  Militar,  “en  los  procesos  que se hubieren adelantado por los delitos que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo exceda de ocho  años,  aún  cuando  la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad”,  tope que no alcanza ninguno de los delitos por los que  aquí  se  procede,  obligatoria  deviene  la  conclusión  de que la demanda de  casación  presentada  por el defensor de GARCÍA ECHEVERRI debe referirse a las  razones  de procedibilidad excepcional señaladas en el inciso 3º del artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  esto  es porque se considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

          En  tal  caso,  tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, compete al  censor  presentar  una  argumentación  clara  y  nítida de las razones por las  cuales   la   Corte  debe  intervenir  con  relación  a  alguna  de  estas  dos  alternativas, o por ambas.   

         Sin  embargo,  en  el  presente caso el impugnante no cumple con la  obligación  de  fundamentar  la  solicitud  frente  a  los  motivos por los que  resulta  procedente  invocar el ejercicio de la discrecionalidad por la Corte, y  ni  siquiera  con  la  carga  de  presentar clara y precisamente los fundamentos  fácticos  y  jurídicos de la causal de casación que se invoca, y su conexión  con  aquellos  en  orden  a  demandar  la  admisión  del  medio de impugnación  extraordinaria.   

         En  efecto,  salvo  el  simple  enunciado  genérico  de  que se busca tanto la garantía de los derechos fundamentales del  procesado  como  el desarrollo de la jurisprudencia, anotado en el introito y al  finalizar  la  demanda, todo el discurso del impugnante se dedica a sostener  que  a  pesar  de  haber  sido  impugnado  y  debidamente  sustentado,  entre  otros  aspectos  del  fallo  de  primera  instancia,  aquél  referente  a la negativa de conceder a su representado la prisión domiciliaria,  el  Tribunal  no se pronunció al respecto aduciendo que el punto no había sido  debidamente  sustentado en el memorial de apelación, argumento al cual se opone  el  recurrente  sosteniendo  que el punto sí fue debidamente desarrollado en el  aludido escrito, que, dice, fue ignorado por el Tribunal.   

   

         Pero  con la argumentación esgrimida por  el  censor,  prácticamente  se eliminó la pretendida  vulneración  de  las  garantías  del  procesado, pues no a otra conclusión se  llega  a  partir  de  la trascripción que el demandante trae de los apartes del  memorial  de  impugnación  contra  la  sentencia  de  primera instancia, de los  cuales  se  deduce  que  la solicitud de revisar el punto relativo a la prisión  domiciliaria,  fue  una  petición subsidiaria del recurrente, en caso de que no  fueran  aceptados  los  argumentos  esgrimidos  como principales en el memorial,  petición  que  realmente no se observa acompañada de una alegación distinta a  aquella  que  se  trascribe  en el sentido de que “se  reúnen  las  exigencias  del  artículo  38  de  (sic) Código Penal, no siendo  posibles  ni  valederos  los fundamentos del a-quo para soportar su negación”  (fl. 859 cuaderno del Tribunal).    

             

          La  casación  discrecional  sólo  se  justifica por la urgencia de  proteger  los  derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  las  razones  en  que se  sustenta.  Pero  las  meras  discrepancias  valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

         Y   frente   al   pretendido   desarrollo   de  la  jurisprudencia,  el  recurrente  ni  siquiera menciona cuál es el tema  sobre   el   cual  existe  tal  necesidad,  olvidando  que  las  condiciones  de  “necesidad”    de    la  intervención    de    la    Corte    y    el    supuesto    del   “desarrollo” de la jurisprudencia, sólo se  satisfacen   a  partir  de  situaciones  concretas,  hipótesis  específicas  y  vinculadas  con  los  hechos  objeto  del  proceso,  pues  dado  el principio de  limitación  que  rige  el  extraordinario  recurso,  la Corte no puede hacer la  valoración  referida sobre simples inconformidades, porque de esta manera no se  cumple  con  el  deber  de expresar con claridad y precisión los señalamientos  que  se  hacen en contra de la decisión censurada, quedando la Sala sin conocer  de   manera  concreta  la  razón  que  justifica  el  pronunciamiento  para  el  desarrollo de la jurisprudencia.   

         Adicionalmente,  no  sobra  aclararle al censor que la postulación  de  la  causal  primera  por  error  de  hecho  derivado  de la pretermisión de  pruebas,  resulta  absolutamente  incompatible  con  el  argumento  traído como  fuente  de su pretensión impugnatoria, pues la jurisprudencia de la Corte tiene  señalado  que la omisión de respuesta a los alegatos de la impugnación, es un  requisito  formal  que se relaciona con la debida motivación de la providencia,  cuya  omisión  entraña  nulidad de lo actuado si con ello resulta vulnerado el  derecho  de contradicción, el cual en ese sentido asiste al derecho de defensa,  siendo  ambos  elementos  estructurales  de  la garantía fundamental del debido  proceso,  yerro  que  por  lo  tanto sólo podía ser denunciado al amparo de la  causal  tercera,  y  no  de  la  primera,  lo  cual  patentiza el contradictorio  desarrollo de la censura.   

           En  condiciones  semejantes,  la demanda deviene inepta, y de ahí  que resulte imperativo decretar su inadmisión.    

Finalmente,  no  se  observa  violación  a  garantía  fundamental  alguna  que  en  virtud del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal conduzca a la Sala a actuar oficiosamente.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda de casación presentada  por  el  defensor del procesado SAÚL ANTONIO GARCÍA ECHEVERRI, por las razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO     

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              JORGE     LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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