23207(10-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23207  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 61  

Bogotá,   D.C.,   diez   de   agosto   de  2005.   

          Decide   la   Corte   si  es  admisible  la  demanda  de  casación  discrecional  interpuesta por el defensor de Luis Raúl  Quintero   Maldonado   en  contra  de  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  superior  de  Pamplona  el  27  de agosto de 2004,  mediante  la  cual  confirmó  la del Juzgado segundo penal del circuito, que lo  condenó  como  autor  del delito de fraude a resolución judicial y prevaricato  por omisión.   

HECHOS  

Laura  Matilde Parada, en representación de  su  hija  menor,  instauró ante el Juzgado trece de familia de Bogotá, demanda  de  alimentos  en contra de su esposo Nestor Alfonso Leal Gómez, profesor de la  Universidad  de  Pamplona,  logrando  que  durante  el  proceso  se decretara el  embargo  del  50%  del  valor  de las cesantías que le pudiesen corresponder al  demandado,  tal  y  como  el juzgado se lo comunicó a la sección de pagaduría  mediante  los  oficios  735  del  27  de junio de 1991 y 974 del 21 de agosto de  1992.   

Como su cónyuge falleció el 25 de noviembre  de  1998,  al  año  siguiente  decidió  tramitar  el  retiro de las cesantías  embargadas,  advirtiendo que desde 1994 hasta 1998, Leal Gómez realizó retiros  parciales  de  las  mismas,  siendo  propiciada  esa  conducta  por  el  pagador  Luis  Quintero  Maldonado,  quien  pese  a  que esas sumas estaban embargadas no solo hizo caso omiso de las  órdenes  judiciales  que  así  lo  imponían,  sino            que ordenó depositar las  cesantías en una entidad particular.   

ACTUACION PROCESAL  

El  13  de  marzo  de  2001  la  Fiscalía  seccional  de Pamplona asumió el conocimiento de la investigación, disponiendo  la   apertura  formal  de  investigación  penal  el  10  de  agosto  del  mismo  año.   

El  25  de  octubre  de 2001 se escuchó en  diligencia   de   indagatoria   a  Quintero  Maldonado  y  el  6  de  diciembre  se  resolvió  su situación  jurídica,  absteniéndose de imponerle medida de aseguramiento y precluyendo la  investigación,  decisión  que  al  ser apelada fue revocada, disponiendo en su  lugar que continúe la instrucción.   

El  21  de  abril  de  2003 se calificó la  investigación,  acusando  al sindicado por la probable comisión de los delitos  de   Fraude  a  resolución  judicial  (ilícito  cuya  sanción   es   mas   benigna   en   el   anterior  estatuto  penal)  y  prevaricato por omisión (delito cuya  pena  es  mas  favorable  en  el nuevo código).    

El  11  de febrero de 2004, el Juez segundo  penal  del  circuito de Pamplona condenó al procesado como autor de los delitos  de  fraude a resolución judicial y prevaricato por omisión a la pena principal  de  30  meses de prisión, la cual fue confirmada por el Tribunal superior el 27  de  agosto  de  2004,  pero  modificándola  en  el  sentido de degradar la pena  principal a 24 meses.   

          El  defensor  del  procesado  recurre la sentencia y para el efecto  formula  demanda  de casación discrecional.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal primera de  casación,  el  demandante  formula un solo cargo contra la sentencia de segunda  instancia,   y   otro   con   apoyo   en   el   cuerpo   primero   de  la  misma  causal.   

          El  demandante aduce que el Tribunal incurrió en un error de hecho  al  apreciar  la  providencia del Juzgado de Familia, pues en ella no se ordenó  el  embargo  de  las  prestaciones  y  cesantías del señor Nelson Alfonso Leal  Gómez,  de  modo  que si nada se dijo sobre ese tema, mal se puede decir que su  defendido  haya  incurrido en el delito de fraude a resolución judicial o en el  de prevaricato por omisión.   

          Además,  el  Tribunal no tuvo en cuenta que la beneficiada con los  alimentos  siempre  estuvo  asistida  en esa materia y que en consecuencia no se  puede  afectar  el  valor  que  encarnan las decisiones de la administración de  justicia.   

          Así  mismo,  se  debe  observar  que  las decisiones judiciales se  plasman  en  autos  y sentencias, de manera que tener como tales simples oficios  en  los  que  se  comunicó  el  embargo,  es  tanto  como  conferirles  a estos  documentos una categoría que no tienen.   

          Estos  tres  momentos  que, según el demandante, son secuencias de  errores  que  se  manifiestan  en un solo cargo, le permiten expresar que de ese  modo  se  aplicó  indebidamente el artículo 454 del código penal que tipifica  el  delito  de fraude a resolución judicial, pues no se “probó plenamente la  culpabilidad”   como   consecuencia   de   la  errónea  apreciación  de  las  pruebas.   

          Se  infringieron,  así  mismo,  los artículos 12 y 22 del código  penal,  relacionados  con  el principio de culpabilidad, y el 232 del código de  procedimiento,  el  cual  postula  que  ante  la  duda  razonable  se  impone la  absolución del sindicado.   

          La  infracción  directa de la ley, en el margen del segundo cargo,  en  cambio, surge a raíz de la estructura de la conducta que el Tribunal hace a  partir  del  “concepto  de  deber”  (se dice que el  procesado  no  informó  a  la  entidad, como era su obligación, que esas sumas  estaban  embargadas,  propiciando  el  cobro indebido de las mismas),  confundiendo de esa manera los conceptos de dolo y culpa, siendo  lo  cierto  que  el delito de prevaricato por omisión es por esencia doloso, lo  cual  le  impone  al  Estado  el  deber  de demostrar el contenido subjetivo del  tipo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Con  fundamento  en  la  teoría  del  hecho procesal relevante, la  Corte  había  diseñado  el  acceso  al  recurso  extraordinario  de  casación  teniendo  en  cuenta  la  ley  vigente  al momento de proferirse la sentencia de  segunda  instancia  y  no  la  que  regía cuando se cometieron los hechos. Esta  tesis,   sin   embargo,   ha   sido   reelaborada,   en  el  sentido  de  asumir  mayoritariamente   que   la   ley  vigente  al  acto  que  se  imputa,  como  la  Constitución  lo  dice,  no puede tener excepción en estas materias, salvo que  una   norma   posterior   y  favorable  permita  tomar  una  opción  diferente.  1   

         

Aun cuando no faltarán casos en los que las  normas  se  comporten  tal si como tuvieran efectos neutros, pues en la mayoría  de  los  estatutos  (desde el decreto 2700 de 1991 a la  ley  600  de  2000,  con  modificaciones  de  las  leyes  81  de  1993  y 553 de  2000),  los  requisitos  sustanciales para acceder al  recurso  de  casación  discrecional  son  en  esencia  los  mismos (el  quantum  de  la  pena  del delito imputado, la naturaleza de la  decisión   y   la   autoridad   que   la   profiere,  entre  otros),  habrá  casos en los cuales, la ley previa al acto que se imputa  facilita el acceso al recurso por la vía de la casación común.   

          Para  el caso, sin embargo, teniendo en cuenta la pena máxima y la  conexidad  de los delitos por los cuales fue condenado el sindicado –  el  fraude  a  resolución judicial,  tiene  asignada  pena  de 6 meses a 4 años de prisión, de acuerdo al artículo  184  del  decreto  100  de  1980, y el prevaricato por omisión, de 2 a 5 años,  según  el  artículo  414 de le ley 599 de 2000 -, de  conformidad  con  las  modificaciones que le introdujo la ley 81 1993 al decreto  2700   de   1991,  la  demanda  debe  reunir  los  requisitos  de  la  casación  discrecional y no solamente los de la común.   

En efecto, esta disposición, en su momento  señalaba que:   

“El recurso de casación procede contra las  sentencias  proferidas  por  el  Tribunal Nacional, los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  tribunal  Penal  Militar,  en  segunda instancia, por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad  cuyo  máximo sea o exceda de seis años, aun  cuando la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad.”   

“El  recurso  se  extiende  a  los delitos  conexos,  aunque  la pena prevista para éstos sea inferior a la señalada en el  inciso anterior.”   

          Cuando  el  expediente,  como  en  este caso, exige cumplir con los  requisitos  de  la  casación  discrecional,  el demandante está en el deber de  persuadir  a  la  Corte  para  que haga uso de su facultad en orden a revisar la  decisión  de segunda instancia, bien sea para proteger garantías fundamentales  o para desarrollar un punto de la jurisprudencia.   

          En  ese entendido, si “el motivo de inconformidad con el fallo de  segundo  grado  se  funda  en aducir la violación de un derecho fundamental, el  demandante  tiene  por  deber  desarrollar una argumentación lógica dirigida a  patentizar  el  desacierto  que  se pretende noticiar. En tal medida, le compete  demostrar  que  el  juicio se llevó a cabo con desconocimiento de una garantía  por  el  quebrantamiento de la estructura básica del proceso o la actividad del  juzgador,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado     y     su     concreto     conculcamiento     con    la    sentencia  ameritada.”   

          “Si   lo   perseguido  es  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  en  relación  con determinado punto jurídico que por oscuro merezca  ser   clarificado,  resulta  indispensable  que  ello  se  diga  en  el  escrito  respectivo.  Debe indicarse, igualmente, si lo que se pide es la unificación de  posiciones  encontradas  sobre  el  particular, la actualización de la doctrina  hasta  el  momento  imperante  o  el  pronunciamiento  sobre  un  tema  aún  no  desarrollado.  También  ha  de señalarse de qué manera la decisión demandada  de  la  Corte  presta  el  doble  servicio de solucionar adecuadamente el caso y  servir  de  guía  como  criterio  de  la  autoridad  judicial.”  2   

          Quizá  porque el demandante hizo mas énfasis en los requisitos de  la  casación  común,  nada  dijo  con respecto a la necesidad de preservar las  garantías  fundamentales  ni acerca del interés por buscar el desarrollo de la  jurisprudencia,  y  de  la  formulación  de los cargos tampoco se infieren esos  objetivos  que  son  insoslayables  en  orden  a  que  la Corte puede admitir la  demanda  presentada,  ,  pues,  como  lo  ha  dicho  la Sala, “son las labores  jurídicas  del  actor las que, en principio, permiten y estimulan el trabajo en  casación.  Mejor  dicho,  si  el  recurrente  no  enseña a la Sala por qué es  menester  que  entre  a  ocuparse  del  expediente,  esta  no  puede hacerlo.”  3   

                     

          Véase,  entonces, que en el primer cargo, el demandante se limitó  a  denunciar  supuestos  errores  de hecho, pero sin especificar a qué clase de  defectos  correspondían  los  yerros  denunciados:  si  a  un  falso  juicio de  identidad,  como  consecuencia de la distorsión o tergiversación del contenido  de  la  sentencia  del juez de familia; o de existencia o de raciocinio. En todo  caso,  anunció  el  error,  pero no explicó la modalidad, ni su trascendencia,  dentro  de un análisis sistemático de la prueba, en el cual debía resaltar el  error  a  partir  de  la  correcta  lectura de las pruebas aportadas al proceso.   

          Después,  sin la claridad y precisión suficiente, aduce que no se  tuvo  en cuenta que la demandante nunca estuvo desamparada, pero sin explicar si  ese  concepto  está  vinculado  con  la  infracción  directa  o  indirecta del  ordenamiento  jurídico. En efecto, no dijo por qué cuestiona la aplicación de  la  ley,  ni  indicó la modalidad de la infracción ni naturaleza del error, si  de  hecho  o de derecho, o si es que aceptaba los hechos y la valoración de las  pruebas, pero no el sentido de adjudicación de la ley.   

          En  ese  tipo  de imprecisiones persiste al afirmar, genéricamente  desde  luego,  que  los oficios de los jueces no contienen mandatos ni órdenes,  en  el  contexto  de  un alegato que olvida que la casación no es una instancia  adicional  sino  un  recurso excepcional dirigido a enjuiciar la legalidad de la  sentencia.   

          Por  lo  mismo,  de  esa  exposición  se  puede  concluir  que  la  propuesta  del  censor  es  insuficiente  para  persuadir a la Corte para que se  ejerza  su facultad discrecional, pues allí no se ensaya ninguna argumentación  relacionada  con  ninguno de los propósitos que se exigen para abrir espacio al  juicio de constitucionalidad y de legalidad a la sentencia.   

          Tampoco  del segundo cargo se puede inferir que la intervención de  la  Corte  sea  necesaria  en orden a buscar el desarrollo de la jurisprudencia,  pues  la  discusión  acerca  del carácter doloso de la conducta de prevaricato  por  omisión,  por  la  cual  fue  condenado  el  recurrente,  no es asunto que  requiere  de nuevas elaboraciones, como quiera que ese tema ya ha sido precisado  por  la Corte, entre otras, en las decisiones del 4 de septiembre y 8 de octubre  de   2003.   4   

          Por  lo  demás,  la  Sala  no  encuentra  violación de garantías  fundamentales que le permitan oficiosamente restaurarlas.   

            

          Por lo tanto, se inadmitirá la demanda.   

          En  consecuencia,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION  PENAL,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación   presentada   a   nombre  de   Luis   Raúl   Quintero   Maldonado.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ       HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO        

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  en  este  sentido, Corte Suprema de Justicia, Sala penal, auto del de febrero de  2005, M.P. Alfredo Gómez Quintero.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  auto  del 6 de julio de 2005, radicado 23415, M.P. Mauro  Solarte Portilla.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  sala  de  casación penal, auto del 20 de abril de 2005,  radicado 23517, M.P. Alvaro Orlando Pérez Pinzón.   

4 Ver,  radicado  19007,  M.P.  Jorge Anibal Gómez Gallego y 18285, M.P. Yesid Ramírez  Bastidas.,     

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