SEP087-2020(51532)

2020

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  ESPECIAL DE PRIMERA INSTANCIA  

JORGE  EMILIO CALDAS VERA  

Magistrado  Ponente  

SEP  087-2020  

Radicación  N° 51532  

Aprobado  mediante Acta No. 60  

Bogotá,  D. C., doce (12) de agosto de dos mil veinte (2020)  

ASUNTO  A DECIDIR  

Cumplidas  las previsiones de la ley 906 de 2004, y una vez ha cobrado firmeza  el auto de aprobación del preacuerdo, mediante el cual se  produjo la aceptación de cargos, procede la Sala a dictar  sentencia en contra de HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN, ex  Fiscal Delegada ante el Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Bogotá, como coautora del delito de cohecho propio con la  circunstancia de mayor punibilidad de coparticipación  criminal.  

IDENTIDAD  DE LA PROCESADA  

HILDA  JEANETH NIÑO FARFÁN,  identificada con la cédula de ciudadanía 51.987.719,  nacida en Bogotá el 9 de agosto de 1971, hija de Pedro Niño  e Hilda de Niño, con 49 años de edad, de profesión  abogada, casada con Gustavo Adolfo Calero Vargas y residente en la  calle 119 A No 57-60, Torre 6, apartamento 1220 de esta ciudad  capital.  

SÍNTESIS  DE LOS HECHOS  

La  situación fáctica fue compendiada por la Fiscalía  Primera Delegada ante esta corporación, en desarrollo de la  audiencia de formulación de acusación en los siguientes  términos:  

“Desde  por lo menos el año 2013 HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN,  entonces Fiscal delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz a cargo  de la situación de los miembros del Bloque Vencedores de  Arauca, recibió a través del abogado Juan Carlos  Restrepo Bedoya cifra cercana a los doscientos millones de pesos que  le fueron enviados por Miguel Ángel Mejía Múnera,  postulado a los beneficios de la Ley 975, y entregados por personas  cercanas a ella como el asistente de Fiscal Iván Darío  González Cañón y su padre Pedro Niño, a  cambio de realizar acto contrario a sus deberes oficiales, como fue  imputarle ante un Magistrado de la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal Superior de Bogotá, incluso, actos constitutivos de  narcotráfico.  

Entre  2013 y 2017 HDJF de común acuerdo con Juan Carlos Restrepo  Bedoya, Milena Isabel Paz García y Orlando Villa Zapata,  recibió de éstos sumas que ascienden a los  cuatrocientos millones de pesos y dos camionetas, con el propósito  de no presentar a éste como un verdadero narcotraficante.  COHECHO PROPIO  

Como  circunstancia de mayor punibilidad de carácter objetivo, que  incide sobre la acusación respecto del delito de cohecho  propio, obra la consagrada en el artículo 58-10 del Código  

Penal.  

Desde  por lo menos el 2013 y hasta el 2014, cuando dejó de tener a  su cargo la Fiscalía 22 de la Unidad de Justicia y Paz, HJNF  indujo en error a un Magistrado de la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal Superior de Bogotá, ante quien, en desarrollo de las  respectivas audiencias, dejó de hacer mención clara  acerca del real estado en que se encontraba un proceso seguido en  contra de Orlando Villa Zapata en la ciudad de Santa Marta por los  delitos de tráfico de estupefacientes en concurso con  concierto para delinquir, por hechos ocurridos con posterioridad a la  desmovilización de Villa Zapata, actuación que contaba  con resolución de acusación en firme desde 2009. FRAUDE  PROCESAL  

Desde  por lo menos el 2014 y hasta 2017, HJNF utilizando influencias  derivadas de su cargo como Fiscal delegada ante el Tribunal de  Justicia y Paz, obtuvo en repetidas ocasiones que su esposo el señor  Carlos Adolfo Calero Vargas, quien no es abogado ni jamás ha  ostentado la calidad de servidor público, ingresara como  notificador o como abogado al establecimiento carcelario La Picota,  con el fin de reunirse, al menos, con los internos Edwar Cobos Téllez   a. Diego Vecino y /o Orlando Villa Zapata. TRÁFICO DE  INFLUENCIAS DE SERVIDOR PÚBLICO  

Por  lo menos desde el 2015 y hasta junio de 2017 HJNF viajó de  manera reiterada a varias ciudades del país, haciendo parecer  que se trataba de comisiones de servicio, pero sin realizar de manera  directa y personal la actividad misional aducida para justificar las  comisiones, apropiándose de sumas por concepto de viáticos  que llevaron a un correlativo detrimento de la FGN por valor  aproximado a los ciento quince millones de pesos. PECULADO POR  APROPIACIÓN.  

Por  lo menos desde el 2015 y hasta junio de 2017 HJNF, como Fiscal  delegada ante TS J y P, permitió que el vehículo  oficial que le asignó la FGN para su exclusivo servicio  durante su permanencia en Bogotá, fuese usado por su hermano  Pedro Enrique Niño Farfán para actividades sin ninguna  relación con la finalidad para la que fue asignado, durante  las reiteradas ausencias con ocasión de las comisiones de  servicios a las que se desplazaba. PECULADO POR USO.”  

ANTECEDENTES  PROCESALES  

La  Fiscalía Primera Delegada ante esta corporación, el 12  de junio de 2017 formuló imputación en contra de la ex  Fiscal HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN, como presunta  coautora del delito de cohecho propio, y autora de los delitos de  fraude procesal, tráfico de influencias de servidor público,  peculado por apropiación y peculado por uso.  

El  22 de marzo de 2018 se celebró audiencia de formulación  de acusación, conforme los mismos presupuestos de la  imputación, en tanto que la audiencia preparatoria fue  cumplida los días 22 de mayo, 25 de junio, 9 y 17 de julio de  la citada anualidad.  

Esta  Sala profirió el auto por medio del cual decidió las  solicitudes probatorias el 30 de agosto de 2018.  

El  5 de diciembre de la misma anualidad, la defensa técnica y el  Delegado del ente requirente pusieron en conocimiento de la Sala que  adelantaban labores exploratorias a efectos de viabilizar la  aplicación del principio de oportunidad respecto de algunos de  los delitos por los cuales fue convocada a juicio la exfuncionaria  aforada, propuesta que luego de numerosas sesiones, recibió  aprobación a través de Resolución No 00859 de 21  de junio de 2019, procedente del despacho del Fiscal General de la  Nación.  

El  28 de junio de 2019, en cumplimiento de la función de control  de garantías descrita en el parágrafo 1° del  artículo 39 del Código procesal de 2004, un Magistrado  de la Sala Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Bogotá, impartió aprobación al principio de  oportunidad bajo la modalidad de suspensión de procedimiento a  prueba por el lapso de 4 meses, cobijando los delitos de fraude  procesal, tráfico de influencias de servidor público,  peculado por apropiación y peculado por uso, por lo que solo  se continuará el trámite de la acción penal por  el delito de cohecho propio.  

TÉRMINOS  DEL PREACUERDO  

Continuando  el trámite procesal, el delegado del ente persecutor radicó  escrito el día 25 de junio de esta anualidad, poniendo en  consideración el preacuerdo celebrado con la bancada  defensiva, a través del cual la ex funcionaria acepta los  términos de la imputación fáctica por el delito  de cohecho propio, con la circunstancia de mayor punibilidad descrita  en el numeral 10 del artículo 58 sustantivo penal.  

Como  beneficio se pactó la imposición de las penas mínimas  dentro del primer cuarto medio, guarismos a los cuales se les  aplicará la rebaja de una tercera parte, fijando las sanciones  en 64 meses 1 día de prisión, multa de 58,66 salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas de 64 meses  1 día.  

Resulta  preciso advertir que el representante del ente persecutor definió  con claridad que el preacuerdo celebrado con la acusada, cobija  exclusivamente el delito de cohecho propio y la situación  fáctica que respecto de dicho punible fuera consignada en el  acápite que recoge los hechos por los que fuera inicialmente  acusada la ex funcionaria judicial, específicamente los que  corresponden a su ofrecimiento de adelantar gestiones comprometiendo  su función como Fiscal delegada ante el Tribunal de Justicia y  Paz, en favor de Miguel Ángel Melchor Mejía Múnera  y Orlando Villa Zapata, por conducto del abogado Juan Carlos Restrepo  Bedoya, en tanto que el espectro de comportamientos restantes que se  le endilgan a la procesada y que le fueron comunicados en la  audiencia de formulación de acusación, así como  los incrementos patrimoniales que de ellos se hubiere derivado, serán  albergados dentro del trámite de principio de oportunidad que  se encuentra en curso, tal como lo puntualizó el delegado del  ente requirente.  

Se  estimaron cumplidos los presupuestos exigidos por el artículo  349 del Código procesal de 2004, quedando un remanente de  setenta millones de pesos ($70.000.000.), que se cancelarán  por cuotas, de acuerdo al convenio al que se arribó con la  Fiscalía que ha sido reconocida como víctima.  

A  su turno, se comprometió la procesada a ofrecer una  manifestación de perdón público en la audiencia  en la que se hizo el control judicial al preacuerdo, a modo de  reparación simbólica, sumándose a ello el  compromiso de realizar tres talleres de sensibilización que se  coordinarán con el ente persecutor y, en el evento que no se  logre tal coordinación en alguna de las sesiones, se suplirá  ésta con la elaboración de cartillas pedagógicas  cuyos derechos de autor serán de la Fiscalía General de  la Nación.  

Finalmente  es preciso destacar que también fue objeto de aprobación  que la  pena de prisión a la que será sometida la acusada, en  principio sea cumplida en las instalaciones de la Estación  de Carabineros y Guías Caninos de la Policía ubicada en  el Parque Nacional de esta ciudad capital, en salvaguarda de su  seguridad e integridad personal, siempre que se cuente con  disponibilidad de cupo. En el evento de no contarse con el mismo,  tendrá que ser ubicada en un establecimiento que le brinde  condiciones y garantías de seguridad semejantes.  

AUDIENCIA  DE VERIFICACIÓN Y APROBACIÓN DE LA ACEPTACIÓN DE  CARGOS  

En  sesión de 24 de febrero de 2020, luego de verificar que la  acusada HILDA  JEANETH NIÑO FARFÁN aceptó los términos  del PREACUERDO en forma libre, consciente y voluntaria, debidamente  informada y asesorada por su defensor, dentro del marco de  observancia pleno de sus garantías fundamentales, le impartió  aprobación al mismo, decisión que cobró firmeza  habida cuenta de la conformidad que frente a ella expresaron las  partes.  

En  dicha decisión la Sala consideró cumplidos los  presupuestos consagrados en el título segundo del libro  tercero de la Ley 906 de 2004, exigidos para la aprobación del  preacuerdo, correspondientes a la identificación de los hechos  jurídicamente relevantes que enmarcan el delito de cohecho  propio y los soportes probatorios que lo acreditan, las rebajas  conforme la reglamentación legal vigente, el mínimo  probatorio para inferir la existencia de la conducta punible y el  compromiso penal de la acusada, así como las exigencias  legales requeridas para la emisión de la decisión de  condena, particularmente el presupuesto de reintegro del incremento  patrimonial derivado del delito en los términos del artículo  349 de la codificación procesal en comento.  

Finalmente,  en esta sesión la acusada hizo manifestación pública  de perdón, como forma de reparación simbólica,  ante la cual la representación de víctimas expresó  su aquiescencia, dándose por satisfecha.  

CONSIDERACIONES  DE LA SALA  

            

1. Competencia  

La  Sala Especial de Primera Instancia de la Corte Suprema de Justicia,  es competente para proferir el fallo dentro de este proceso que se  adelanta en contra HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN, conforme  lo dispuesto en el artículo 235-5 de la Constitución  Política, reformado por el artículo 3 del Acto  Legislativo 01 de 2018, en concordancia con el numeral 9 del artículo  32 de la ley 906 de 2004, que defiere a esta Sala la competencia para  juzgar previa acusación del Fiscal General de la Nación,  entre otros funcionarios a los Fiscales delegados ante los Tribunales  Superiores de Distrito Judicial1.  

            

2. El          delito de cohecho propio  

En  el asunto que nos ocupa se imputó a HILDA JEANETH NIÑO  FARFÁN el haberse valido de su condición de Fiscal  delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz, a cargo de la situación  jurídica de los integrantes del Bloque Vencedores de Arauca,  para recibir, por medio de su asistente Iván Darío  González Cañón y su progenitor Pedro Niño,  dádivas del abogado Juan Carlos Restrepo Bedoya y la señora  Milena Isabel Paz García, procedentes de Miguel Ángel  Mejía Múnera y Orlando Villa Zapata, a cambio de  ejecutar actos contrarios a los que su cargo le exigían,  presentándolos ante la Magistratura de la Sala de Justicia y  Paz del Tribunal Superior de Bogotá, como destinatarios de los  beneficios de la ley 975 de 2005, a pesar de ostentar la condición  de verdaderos narcotraficantes.  

La  ley 599 de 2000, en el artículo 405 consagra el delito de  cohecho propio, en los siguientes términos:  

“El  servidor público que reciba para sí o para otro, dinero  u otra utilidad, o acepte promesa remuneratoria, directa o  indirectamente, para retardar u omitir un acto propio de su cargo, o  para ejecutar uno contrario a sus deberes oficiales, incurrirá  en prisión de ochenta (80) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses, multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a ciento  cincuenta (150) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses.”  

En  auto de 6 de junio de 2019, dentro del radicado 51196, esta Sala,  aludiendo a la sentencia emitida por la Sala de Casación Penal  el 10 de mayo de 2011, dentro del radicado 34282 indicó que la  configuración de este delito exige que confluyan los  siguientes elementos:  

“Un  sujeto activo calificado, por requerir que el supuesto de hecho sea  ejecutado por un servidor público permanente o transitorio, y  el pasivo constituido por la administración pública y  finalmente por el Estado como titular del bien jurídico  tutelado, no obstante, también puede resultar perjudicada una  persona natural.  

El  objeto jurídico se relaciona con la necesidad de impedir que  la administración pública y sus cargos sean el origen  de los enriquecimientos indebidos, y usados como instrumentos de  injusticia, mientras el material está integrado por el acto  vendido cuya realización dependerá del pago, la oferta  aceptada o el cumplimiento de lo ofrecido.  

En  el momento de la dación o aceptación de la promesa el  sujeto agente ha de ostentar la condición de servidor público  y tener facultad para decidir lo pedido o tener la posibilidad de  hacerlo. La ilicitud se debe valorar en el instante de la entrega o  la aceptación antes del retardo, omisión o ejecución  del acto ilegal, sin requerir su ejecución para alcanzar el  perfeccionamiento.  

El  acto ha de ser futuro, atendiendo a que el fin de la dádiva o  la promesa es obtener del actor hacer u omitir algo, encerrando con  ello el inicial pago o aceptación de la promesa y después  el acto convenido.  

La  gratificación debe tener el alcance de recompensa o estímulo  como contraprestación por lo prometido a realizar, es  intrascendente la cuantía y el pago o cumplimiento de lo  ofrecido.  

El  agente debe tener la competencia para ejecutar el acto arbitrario  bien sea por acción u omisión, o tener la posibilidad  de realizarlo, por el organismo a que pertenece o el oficio que  ejecuta.  

El  acto propio de la función es realizado por el agente  atendiendo sus facultades específicas deferidas por la ley. La  pretermisión implica tener la competencia pues solo se puede  omitir o retardar los comportamientos que está compelido a  cumplir en determinado plazo.  

El  convenio para realizar un acto contrario a los deberes oficiales,  conlleva la violación de las atribuciones concedidas por la  constitución o la ley.  

El  material tiene que ver con el precio o la promesa.  

Promesa  es el ofrecimiento de un estímulo por su actuación.  Remunerar es retribuir, gratificar, recompensar, pagar o premiar no  solo con dinero sino de otras maneras. El costo o la promesa pueden  ser para el autor o para un tercero que en todo caso ha de ser  indebido, no interesa para su perfección el monto o la calidad  de lo cedido o prometido. Debe ser trascendente como para constituir  causa eficiente de la conducta, basta el sólo acuerdo.  

Recibirá  o aceptará la dádiva o promesa de forma directa cuando  en persona toma el dinero o la utilidad indebidos o admite o accede a  la promesa, e indirecta de hacerlo por medio de un tercero.  

La  conducta es alternativa recibir dinero u otra utilidad, o aceptar  promesa remuneratoria, con el propósito de retardar u omitir  un acto propio del cargo, o ejecutar uno contrario a sus deberes.  

No  cabe la tentativa porque el delito se perfecciona desde el momento en  que el funcionario acepta la promesa remuneratoria”.  

En  decisión de 16 de octubre de 2019, frente al mismo punible la  alta corporación resaltó:  

“Para  que el comportamiento descrito sea punible, se exige que el servidor  oficial tenga pleno conocimiento de que está prohibida la  conducta de recibir dinero o cualquier otra utilidad de persona que  tenga alguna clase de interés en los resultados de un asunto  sometido a su conocimiento, el cual deba resolver por razón de  su cargo o sus funciones, y sin embargo, voluntariamente acepte la  promesa o reciba para su beneficio la dádiva u ofrenda dada  por el particular.  

No  requiere, la conducta, que el servidor reciba el dinero o la  utilidad; lo que la norma busca proteger es el bien jurídico  administración pública, de manera que los intereses  personales de los funcionarios no pongan en duda la integridad y  moralidad que debe gobernar el ejercicio de la función.  

De  ahí que el halago, la dádiva, la ofrenda, la oferta o  entrega de dinero, o la utilidad, otorgados por el particular, no en  consideración a la persona del funcionario, sino de su cargo,  estén prohibidos penalmente, tanto para el particular que  ofrece (art. 407 de C.P.), como para el funcionario que recibe, pues,  es de entenderse que, así expresamente no se anuncie, la  intención que anima ofrecer de una parte y recibir de otra,  conlleva el interés oculto de una solución favorable a  los intereses particulares, poniendo en tela de juicio la  imparcialidad y transparencia con las que debe actuar la  administración en la definición de los asuntos a su  cargo”2.  

            

3. Del          preacuerdo  

En  cumplimiento de lo establecido en los artículos 348 a 354 de  la Ley 906 de 2004 y las sub-reglas fijadas por la Corte Suprema de  Justicia, esta Sala verificó que la aceptación que por  virtud del preacuerdo hiciera la señora HILDA JEANETH NIÑO  FARFÁN como coautora responsable del delito de cohecho propio  se hizo de manera consciente, voluntaria y libre, al paso que durante  toda la actuación estuvo asistida por su defensor como lo  señala el artículo 350 ídem.  

Respecto  del derecho a la defensa  técnica,  se destaca que esta garantía debe ser intangible, permanente y  real, lo cual dice relación con la irrenunciabilidad, y  continuidad, así como con los actos positivos de gestión  defensiva3,  resaltándose en el presente asunto el cumplimiento cabal de  tales exigencias, pues la acusada ha contado de manera ininterrumpida  con asistencia de profesionales del derecho que de forma dinámica  han adelantado una activa gestión en favor de su representada,  abogando por el respeto de sus derechos, enfocada muy especialmente  en la búsqueda de opciones procesales que permitieron la  materialización de alternativas  para la culminación del proceso a través de la  aplicación del principio de oportunidad y por sobre todo del  preacuerdo que da lugar a esta sentencia condenatoria.  

La  actuación procesal ha evidenciado que los diversos titulares  encargados de la defensa de la acusada, se ocuparon de examinar las  condiciones del mecanismo de terminación preacordada,  verificando los aspectos que lo conformaban, así como la  correspondencia de cada una de sus cláusulas con los términos  que integraron la negociación de la Fiscalía con su  representada.  

A  su turno, la Sala en el trámite de las sesiones en que se  adelantó el convenio al que llegaron las partes, se ocupó  de garantizar a la procesada la debida información respecto de  la figura jurídica del preacuerdo, su naturaleza y efectos,  los aspectos que conformaban la negociación, ante lo cual la  acusada informó que su abogado le había brindado el  asesoramiento requerido, logrando así conocer y comprender los  pormenores y alcances de la aceptación de cargos que presenta,  incluso los múltiples ajustes que fueron delineando sus  contornos fundamentales, ratificando que se encontraba en pleno uso  de sus facultades mentales, y que su aceptación era el fruto  de su libre expresión, sin amenazas ni presiones que viciaran  su decisión de asumir responsabilidad respecto del preacuerdo,  ratificando la aceptación del mismo, sabedora de la  irretractabilidad de tal manifestación.  

A  este panorama se suma el hecho que la procesada es abogada y tiene  una vasto conocimiento y experiencia en el quehacer jurídico,  ostentando la calidad de funcionaria del ente acusador en calidad de  Fiscal delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz.  

Todo  lo anterior permite concluir a la corporación que se ha  tramitado un preacuerdo fruto de la manifestación de  aceptación  voluntaria, libre, consciente e informada  de parte de la acusada, con asistencia letrada y pleno respeto de sus  derechos fundamentales y garantías procesales, quedando  establecida la validez del proceso4.  

De  otra parte, la Sala destaca que se brindaron amplias garantías  a la representación de la víctima, quien manifestó  su conformidad integral con los términos del preacuerdo.  

Luego  que el fallador ha constatado que el preacuerdo se realizó sin  vicios del consentimiento y respetando los derechos fundamentales y  garantías procesales de la encartada, le corresponde verificar  la concurrencia de evidencias y elementos de prueba que, si bien no  necesariamente deben aportar conocimiento más allá de  toda duda –grado de certeza exigido en el artículo 381  del Código de Procedimiento Penal de 2004– acerca del  delito y de la responsabilidad del acusado, sí deben conducir  a establecer la tipicidad y antijuridicidad de la conducta aceptada  por la incriminada, y a señalarla como su más posible  autora y responsable.  

4.  La acreditación de la conducta punible  

El  artículo 9 de nuestra codificación sancionatoria penal  impone que para que una conducta sea punible debe ser típica,  antijurídica y culpable, proscribiendo elevar juicio de  imputación con fundamento en la mera causalidad.  

Entendido  que el tipo penal es la descripción abstracta que hace el  legislador de una conducta que estima debe ser sancionada, en  protección de bienes jurídicos de importancia  destacable para el adecuado funcionamiento del tejido social, resulta  imprescindible acudir al juicio de tipicidad, entendido como la  valoración que hace el intérprete con el objeto de  determinar si la conducta bajo análisis guarda o no  coincidencia con la descripción legislativa, tendiendo en  cuenta las exigencias materiales del tipo objetivo en concreto, tales  como el sujeto activo, la acción, la causalidad, las diversas  formas de comportamiento, así como el tipo subjetivo, ligado a  la especie de conducta censurada, bajo la modalidad de dolo, culpa o  preterintención, conforme lo establezca el legislador en cada  norma de la parte especial del código penal, que habrán  de corresponder a la modalidad dolosa, salvo que de manera expresa se  consignen las formas de comisión culposa o preterintencional,  conforme lo dispone el artículo 21 del estatuto en cita.  

En  lo que a la antijuridicidad hace relación, esta categoría  corresponde a la contrariedad del comportamiento humano con el  ordenamiento jurídico y además la lesión al bien  jurídico protegido. En este escenario, resulta imprescindible  precisar que cuando al agente realiza la conducta típica,  procede en forma antinormativa, sin que ello signifique que su hacer  sea antijurídico, pues adicionalmente a los mandatos y  prohibiciones, se consagran las normas permisivas, que habilitan la  realización conforme a derecho de la conducta expresada en la  ley (p. ej. homicidio en legítima defensa) lo que diferencia  la tipicidad con la antijuridicidad formal.  Además, puede  ocurrir que aunque el comportamiento típico no se encuentre  amparado bajo una norma que permita tal actuar, no obstante, tampoco  alcance la categoría de antijuridicidad, por no lesionar o  poner en riesgo siquiera el bien jurídico que la ley se empeña  en proteger, no logrando la categoría de antijuridicidad desde  la perspectiva material5.  

La  Corte Constitucional tiene dicho que la culpabilidad como presupuesto  de responsabilidad penal, y la consecuente imposición de una  sanción punitiva, se funda en la conducta externa de un  individuo que, pudiendo actuar de manera distinta, en plena capacidad  de comprender el hecho, de manera voluntaria dirige su actuar a la  realización del comportamiento merecedor de reproche penal6.  

Teniendo  en cuenta las tres categorías mencionadas, frente al punible  de cohecho propio que se examina, el primer presupuesto que exige la  codificación lo constituye la cualificación del sujeto  activo que ha de ostentar el agente. Bajo este derrotero, la Fiscalía  aportó la  resolución No 03180 de 7 de julio de 20097,  por medio de la cual se nombra a la doctora HILDA JEANETH NIÑO  FARFÁN como Fiscal delegada ante el Tribunal de Distrito  Judicial, y el acta de posesión 000256 de la misma calenda8,  quedando acreditada su calidad de servidora pública, cargo que  desempeñó hasta el momento de su aprehensión que  tuvo lugar el 10 de junio de 2017.  

En  cuanto a los comportamientos alternativos contenidos en la  disposición sancionatoria, los mismos persiguen un concreto  propósito consistente en recibir para sí o para otro,  dinero u otra utilidad, o la aceptación de promesa  remuneratoria, a cambio de lo cual se compromete a retardar, omitir  un acto propio de su cargo, o a realizar uno contrario a sus deberes  funcionales.  

Para  el caso que nos ocupa, a la luz de los elementos probatorios  aportados por el delegado del ente acusador, se advierte sin  dificultad que  la acusada recibió altas sumas de dinero para, abusando de su  cargo como Fiscal delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz,  contrariando los deberes propios del mismo, adelantar labores  tendientes a presentar a Villa Zapata y a Mejía Múnera  como miembros de un grupo paramilitar, a pesar que era conocedora de  su simple condición de traficantes de estupefacientes.  

De  ello dan cuenta los  informes de policía judicial a través de los cuales se  recogen las entrevistas recibidas a Iván Darío González  Cañón9,  asistente de la Fiscalía 22 dirigida por la acusada y a Juan  Carlos Restrepo Bedoya, profesional del derecho que representaba los  intereses de los referidos narcotraficantes10,  así como los mensajes de texto11  que se dirigían este defensor, la ex Fiscal y González  Cañón.  

El  asistente de la acusada refiere en entrevista rendida al ente  persecutor12,  que los pagos que recibió con destino a NIÑO FARFÁN  le eran remitidos por el abogado Restrepo Bedoya dentro del contexto  de la priorización con el bloque Vencedores de Arauca, a  cambio de que esta presentara la audiencia de imputación por  los delitos correspondientes a la actividad paramilitar entre los que  se encontraban los de desaparición forzada, desplazamiento,  homicidio entre otros, con el fin último de que la misma se  enmarcara dentro de los patrones de comportamientos propios del  accionar de los grupos de autodefensas, y así conseguir que  los postulados Mejía Múnera y Villa Zapata fueran  destinatarios de los beneficios de la ley 975 de 2005.  

A  más de los dineros aportados por el profesional del derecho  Restrepo Bedoya a la acusada a través del asistente González  Cañón, se da cuenta en la investigación de  amplias sumas de dinero entregadas directamente a la hoy acusada,  pagos que se acreditan de manera fehaciente a través de los  mensajes  que se cruzaban la ex funcionaria y el apoderado, en los que este  hace una relación pormenorizada y detallada de los montos de  dinero que le había entregado, advirtiéndose 14  remisiones que van entre dos (2) y cuarenta y ocho (48) millones de  pesos, todos con el objeto de que NIÑO FARFÁN ejecutara  actos contrarios a sus deberes como Fiscal delegada ante el Tribunal  de Justicia y Paz, evidenciándose el acuerdo ilegal que en tal  sentido se celebró y las entregas dinerarias pactadas y  cubiertas, agotando así los presupuestos de tipicidad exigidos  para la conducta punible de cohecho propio.  

De  esta manera, indiscutible resulta que en efecto la procesada, como  Fiscal Delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz, actuando en el  ejercicio de sus funciones, tenía a cargo presentar a los  postulados a recibir las prebendas conferidas por la legislación  expedida para la reinserción de los miembros de los grupos  paramilitares.  

De  tal suerte que, valiéndose de su condición de servidora  pública, decidió ejecutar un acto arbitrario, contrario  el ordenamiento jurídico y a sus deberes funcionales a cambio  de importantes sumas de dinero, lesionando de forma efectiva el bien  jurídico de la administración pública al  utilizar su cargo como instrumento de injusticia y de enriquecimiento  indebido, sin justificación alguna que ampare su actuar  cumpliendo el presupuesto de antijuridicidad tanto formal como  material, para la configuración de la conducta punible.  

Del  recaudo probatorio presentado por la Fiscalía, fácilmente  se concluye que la procesada obró con pleno conocimiento y en  absoluta capacidad de comprender que estaba cometiendo una infracción  al estatuto penal, decidiendo de manera libre y voluntaria ejecutar  un acto contrario a sus deberes oficiales, al recibir sumas de dinero  para presentar a los dos narcotraficantes como paramilitares, lo cual  buscaba irrogarles beneficios a los que no tenían derecho,  situación que, se itera, era de pleno conocimiento de la  acusada, quien estaba al corriente de la legislación que  regulaba la materia, y con fundamento en ella ejercía de forma  permanente su labor como delegada del ente persecutor, todo lo cual  nos permite arribara  la conclusión de que está  presente el requisito de culpabilidad demandado para la existencia de  la conducta punible.  

Es  tan claro que conocedora de la ilicitud de su actuar acometió  decididamente en su realización, al punto que como  contraprestación de su ilícito actuar puso precio a la  desviación de la función pública que le fue  encomendada, mismo que no solo le fue pagado, sino que exigió  con vehemencia, en la modalidad dineraria convenida.  

Resulta  tan evidente el actuar doloso de la incriminada, que el material  probatorio pone de relieve la forma en que logró la  contribución de Iván Darío González  Cañón, persona a la que con anterioridad había  logrado vincular a la planta de personal de la Fiscalía, quien  relata la forma en que la acusada demandó su colaboración  en los asuntos relativos a las reuniones con Villa Zapata, para la  época privado de su libertad en La Picota, con el fin de  transmitirle mensajes de carácter personal y económico,  cada ocho o quince días, aseverando el testigo que los dineros  que este enviaba a la acá procesada, le eran entregados en  efectivo por el abogado Restrepo Bedoya, en sumas que variaban entre  dos (2), cinco (5) o diez (10) millones de pesos, las cuales eran  llevadas al apartamento de NIÑO FARFÁN o entregadas a  los padres de esta, como remuneración pactada a cambio de los  beneficios que la procesada se encargaría fueran destinados al  narcotraficante Villa Zapata, dentro del marco de imputación  del bloque Vencedores de Arauca, que corresponde al contexto al cual  se ciñe la actuación procesal que concierne al  preacuerdo por el delito de cohecho propio.  

Advierte  la Sala que a la manifestación libre y voluntaria de aceptar  su compromiso penal en los hechos que le fueron endilgados desde la  audiencia de formulación de imputación, como sustento  fáctico del delito de cohecho propio cometido en  coparticipación criminal, se suman los elementos materiales  probatorios aportados por el delegado del ente requirente, que  ratifican que NIÑO FARFÁN se comprometió a  adelantar labores como Fiscal de Justicia y Paz, para lograr la  inclusión de los dos traficantes de estupefacientes bajo la  normativa de “reincorporación de miembros de grupos  armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera  efectiva a la consecución de la paz nacional y se dictan otras  disposiciones para acuerdos humanitarios” y los consecuentes  beneficios en que ello se traduciría.  

Con  el fin de desvirtuar la presunción de inocencia de la ex  funcionaria del ente acusador, fueron aportados los chats en los que  el abogado de Villa Zapata, Juan Carlos Restrepo Bedoya le hace saber  a NIÑO FARFÁN que no han sido limosnas los dineros que  le ha entregado a nombre de su cliente, refiriendo inicialmente sumas  entregadas a partir del 13 de mayo de 201313,  al que se suman 7 pagos, culminando con el que se efectuara el 5 de  noviembre14,  mes en el que según lo asevera el testigo González  Cañón, debía ser presentada la imputación  del bloque Vencedores de Arauca. Sobre este particular, las  referencias de aportes dinerarios en ese mismo año 2013 se  evidencian en los mensajes de celular hasta llegar a la número  14.15  

A  través de tal relación detallada de las remuneraciones  dinerarias entregadas a NIÑO FARFÁN, se acredita con  suficiencia el altercado que se presentó con el abogado  Restrepo Bedoya, así como los compromisos por ella adquiridos  y que asevera no han recibido la contraprestación convenida  por el defensor, partiendo de la afirmación de la acusada en  la que lo amenaza de no garantizarle nada, por los incumplimientos en  los pagos demandados16,  asegurándole después “Mezcle  todo y mmuestrele (sic) a su cliente q ha cumplido q se le sale a  deber17”,  para  luego agregar:  “Acuerdos  son acuerdos o cree q las cosas q le han hecho son gratis. No asi  cono (sic) ud cobra la gente también lo hace no solo lo suyo  es honesto o justo. Mire dr es mejor que nos entendamos en donde debe  ser. Voy a denunciar este hecho y lo invito a q haga lo propios.  Propio18”  .  

Así  las cosas, de los medios de conocimiento arrimados a la actuación,  emerge solida la conclusión que la acusada, valiéndose  del apoyo de su auxiliar Iván Darío González  Cañón y de sus progenitores, recibió importantes  sumas de dinero para realizar actos contrarios a sus deberes  oficiales, acordados con el abogado Restrepo Bedoya, pervirtiendo la  función pública que como Fiscal juró cumplir, al  poner a la orden de narcotraficantes la administración de  justicia, comprometiendo la realización de actividades  ilegales que reportaran beneficios de los que estos no eran  destinatarios, a pesar de que la tarea que le fuera encomendada como  funcionaria del ente instructor era totalmente opuesta, pues su  obligación justamente era custodiar con máximo celo el  otorgamiento de dichas prebendas, que acorde con la libertad  configurativa del órgano legislativo no estaban destinadas a  las personas que se dedicaran de manera exclusiva a la producción  y tráfico de sustancias estupefacientes.  

Como  conclusión, la Sala estima que ha quedado acreditada con  suficiencia la conducta punible de cohecho propio que fue objeto de  aceptación de cargos vía preacuerdo por parte de la  procesada HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN.  

            

5. Conocimiento          para condenar  

El  legislador ha establecido los diferentes grados de conocimiento a que  debe arribarse dentro de la actuación, a efectos de la emisión  de un fallo sancionatorio respetuoso del principio de presunción  de inocencia, partiendo del entendido que no resulta admisible desde  la óptica constitucional, que exclusivamente con fundamento en  la decisión de aceptación de responsabilidad del  procesado, se pueda proferir sentencia de condena.  

Lo  que pretende el legislador es que la asunción de  responsabilidad de parte del procesado, resulte útil para  arribar a un grado de conocimiento que legitime la decisión de  imposición de una pena, no que esta manifestación sea  el único presupuesto sobre el que se funde tan trascendental  decisión judicial, pues ello conduciría a que se emita  la condena anticipada en el vacío probatorio.  

Así  lo indica la Corte Constitucional en Sentencia T-091 de 10 de febrero  de 2006, en relación con la aceptación de cargos al  indicar:  

“En  el nuevo sistema la aceptación unilateral de los cargos  conduce a una sentencia condenatoria, por lo que tiene como  presupuesto la confesión simple del imputado o procesado.  

Debe  aclarase que se trata de una idea de confesión en sentido  natural, como admisión de cargos sin condicionamiento alguno,  no en sentido probatorio, por cuanto la confesión no  constituye un medio de prueba en el nuevo sistema”.  

Tal  presupuesto de raigambre superior, no es exclusivo del sistema de  enjuiciamiento adversarial que gobierna nuestro panorama procesal  desde el año 2005, pues incluso con anterioridad ya la Sala de  Casación Penal había sentado la postura de que la sola  confesión no prestaba mérito para condenar (CSJ SP, 16  de octubre de 2003, Rad. 15656; CSJ SP, rad. 25108 30, nov. 2006; CSJ  SP, 12 de febrero de 2014, Rad. 30183; CSJ SP, 10 de junio de 2015,  Rad.44064; CSJ SP488, 27 de enero de 2016, Rad. 38151; CSJ AP,  5151-2016, rad. 48204 11 ag. 2016 entre otras).  

En  esta misma línea de pensamiento, el legislador en busca de un  sistema judicial eficiente que viabilice la culminación  anticipada de los procesos penales estableció las figuras de  allanamiento a cargos y preacuerdo, que comportan el cumplimiento de  la pretensión punitiva y la consecuente aplicación de  la sanción penal.  

Pues  bien, ante este diseño procesal, el codificador de 2004  dispuso la aplicación del principio de gradualidad o  progresividad del conocimiento para trasegar por las diferentes fases  del proceso, aparejando a su turno la posibilidad de aceptación  unilateral o negociada que dé lugar a la culminación  abreviada del proceso, sin que ello comporte el desconocimiento de  las garantías fundamentales del procesado.  

Tales  estadios se aparejan con un diseño progresivo de búsqueda  de la verdad, que corresponden inicialmente a la inferencia razonable  de que el  imputado es autor o partícipe del delito que se investiga;  posteriormente  se exige arribar a la afirmación  con probabilidad de verdad, que la conducta delictiva existió  y que el imputado es su autor o partícipe;  y finalmente al conocimiento  más allá de toda duda, acerca del delito y de la  responsabilidad penal del acusado.  

Los  dos primeros grados de conocimiento se construyen con base en los  elementos materiales probatorios, evidencia física e  información legalmente obtenida, y habilitan al fiscal para  formular la imputación (art. 287) y presentar el escrito de  acusación (art 336), respectivamente.  

El  tercero se funda en las pruebas debatidas en el juicio y constituye  el mérito para emitir fallo condenatorio ordinario, previo  agotamiento de todas las etapas del proceso (art. 381).  

Las  formas de terminación anticipada bien sea por allanamiento a  cargos o preacuerdo, solo tienen cabida desde la audiencia de  formulación de imputación y hasta la fase inicial del  juicio oral previo al debate probatorio, demandando estadios de  conocimiento menores al que se pregona para la sentencia ordinaria,  entre otras razones porque en las fases anteriores al juicio no se  está ante la presencia de pruebas que solo cobran existencia  durante el debate oral.  

Por  lo mismo, resulta evidente que no sea predicable que para el  proferimiento del fallo de responsabilidad por vía abreviada,  es decir en las etapas anteriores al debate oral, se exija un nivel  de conocimiento que solo emerge de la práctica probatoria.  

Esta  normativa se armoniza con lo dispuesto en el artículo 327 de  la normativa en comento, en el que se dispone que solo procederá  la aplicación del principio de oportunidad y los preacuerdos  cuando se cuente con un mínimo de prueba, en irrestricto  respeto al principio de presunción de inocencia.  

La  visión sistemática de las disposiciones en comento,  fácilmente nos lleva a la conclusión de que la prueba  mínima que consagra el legislador para arribar válidamente  a una condena anticipada, en medio de un panorama respetuoso de las  garantías procesales lo constituye la inferencia razonable de  autoría o participación en el delito que se investiga.  

Esta  postura ha sido expresada en la aclaración de voto frente a la  sentencia SEP 00075-2019 de 8 de julio de 2019, dentro del radicado  00082, indicándose sobre el particular que:  

“Por  lo tanto, en los eventos de sentencia anticipada, sería  equivocada la pretensión de exigir el máximo grado de  conocimiento, es decir más allá de toda duda, reclamado  para proferir sentencia condenatoria ordinaria, que solo se obtiene  luego del agotamiento de la fase de juicio oral, misma a la cual  precisamente ha renunciado el procesado, ejerciendo el derecho de  presentar allanamiento a cargos o preacuerdo.  

De  paso, se estaría en claro desacato al mandato del legislador,  que en uso de su libertad configurativa y aplicando caros derroteros  de política criminal, determinó que cuando se cuente  con la aceptación de cargos del procesado, y se haya  verificado por el juez de conocimiento el mínimo probatorio  exigido para inferir la tipicidad de la conducta punible y la autoría  o participación del procesado, no se entenderá  comprometida la presunción de inocencia, y en consecuencia  podrá emitirse fallo de condena.  

Es  tan claro lo anterior, que la legitimidad para impugnar en estos  eventos no tiene cabida respecto de los presupuestos de  responsabilidad ya asumidos por el procesado.  

La  postura que propongo, se centra en que para emitir sentencia  condenatoria por virtud de allanamiento o preacuerdo, solo se debe  exigir un mínimo probatorio que de lugar a inferir  razonablemente la tipicidad de la conducta y la autoría o  participación del imputado, a tono con la codificación  procedimental vigente, respaldada por la jurisprudencia  constitucional y de la Sala de Casación Penal, siguiendo los  dictados de justicia premial ordenados por el legislador, enderezada  a simplificar el trámite de los procesos, evitando el  agotamiento íntegro de las fases del trámite,  especialmente la práctica probatoria, contribuyendo a una  mejor y más pronta y cumplida justicia, por supuesto, con el  respeto pleno que las garantías que el debido proceso demanda,  en especial el respeto a la presunción de inocencia”.  

En  idéntico sentido se pronunció la Sala de Casación  Penal, al señalar:  

“Cuando  las partes proponen estas formas de terminación anticipada de  la actuación penal, al juez le corresponde verificar si están  dados los presupuestos para emitir una sentencia  condenatoria,  lo que incluye aspectos como los siguientes: (i) la existencia de una  hipótesis de hechos jurídicamente relevantes, toda vez  que, en virtud del principio de legalidad, la condena solo es  procedente frente a conductas que estén previa y claramente  sancionadas por el legislador; (ii) el aporte de evidencias físicas  u otra información legalmente obtenida, que permita cumplir el  estándar  de conocimiento previsto en el artículo 327 de la Ley 906 de  2004,  orientado, según dice esta norma, a salvaguardar la presunción  de inocencia del procesado; (iii) la claridad sobre los términos  del acuerdo, lo que implica, entre otras cosas, precisar cuándo  un eventual cambio de calificación jurídica (en  cualquiera de sus modalidades) corresponde a la materialización  del principio de legalidad, y en qué eventos ello es producto  de los beneficios acordados por las partes; (iv) la viabilidad legal  de los beneficios otorgados por la Fiscalía, bien por la  modalidad y cantidad de los mismos, o por las limitaciones previstas  frente a determinados delitos; (v) que el procesado, al decidir sobre  la renuncia al juicio, haya actuado con libertad y suficientemente  información; etcétera. (Subrayas  fuera de texto original).19  

Y  más enfática fue en reciente decisión, indicando  que:  

“En  la misma línea, en los trámites orientados a la  obtención de condenas anticipadas, bien por allanamiento a  cargos o en virtud de los acuerdos logrados por la Fiscalía y  la defensa, la imposibilidad de controlar materialmente la imputación  y la acusación no inhabilita a los juzgadores para verificar  los presupuestos legales de la condena, pues ello afectaría la  esencia misma de la función jurisdiccional.  

Lo  que sí es claro es que en uno y otro evento (trámite  ordinario y condena anticipada) las constataciones que deben realizar  los jueces varían sustancialmente,  pues, a manera de ejemplo, mientras  en el primero impera el estándar de convencimiento más  allá de duda razonable, en el segundo se debe verificar la  existencia de “un mínimo de prueba que permita inferir  la autoría o participación en la conducta y su  tipicidad”, como lo dispone el artículo 327.  

Con  esta aclaración, la Sala comparte lo expuesto por la Corte  Constitucional en la sentencia SU479 de 2019 sobre las verificaciones  que deben hacer los jueces para la emisión de una condena  anticipada, que incluye, entre otras cosas, la constatación  de que la Fiscalía sujete su actuación a la  Constitución Política, a las normas que regulan este  tema en la Ley 906 de 2004 y a las directrices de la Fiscalía  General de la Nación.  Este tema será ampliado más adelante”.  

…  

Quinto.  El estándar establecido por el legislador en el último  inciso del artículo 327 de la Ley 906 de 2004: (i) está  orientado a proteger los derechos del procesado, especialmente la  presunción de inocencia; (ii) se aviene a la tradición  jurídica colombiana, ya que a lo largo del tiempo se ha  considerado que la confesión del procesado –en sentido  estricto- no puede ser soporte exclusivo de la condena; (iii) aunque  es un estándar menor del previsto para la condena en el  trámite ordinario, el mismo está orientado a  salvaguardar, en la mayor proporción posible, los derechos de  las víctimas;  y (iv) si el fiscal realiza los juicios de imputación y de  acusación conforme a los lineamientos legales y  jurisprudenciales, no debe tener ninguna dificultad para cumplir este  requisito. 20  (Subrayas de la Sala)  

Pues  bien, como quedó advertido en el acápite anterior,  respecto de la acreditación de la conducta punible, la  Sala concluye la presencia de elementos materiales que permiten  arribar al mínimo probatorio a través del cual se  infiere la coautoría de NIÑO FARFÁN en el delito  de cohecho propio, nivel de conocimiento requerido para emitir  sentencia condenatoria21  sin menoscabo del principio de presunción de inocencia,  quedando así verificada la legalidad de la calificación  jurídica de la conducta que será objeto de condena y la  coparticipación criminal con que obró.  

            

5. Punibilidad          por el delito de cohecho propio y rebaja de penas  

De  conformidad con el artículo 405 de la Ley 599 de 2000,  modificado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, el  punible bajo examen tiene señalada una pena de prisión  de 80 a 144 meses, multa de 66.66 a 150 salarios mínimos  legales mensuales e inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas de 80 a 144 meses.  

En  relación con las penas de prisión e inhabilitación  de derechos y funciones públicas, aplicando el sistema de  cuartos establecido por el inciso 1° del artículo 61  sustantivo penal, corresponde a:  

                                                                                    

Primer                                  cuarto                                                                                              

Cuartos                                  medios                                                                                              

Último                                  cuarto                  

80                                  – 96 meses                                                                                              

96                                  meses 1 día – 128 meses                                                                                              

128                                  mes 1 día – 144 meses              

En  cuanto a la pena de multa, conforme al artículo 39 de la Ley  599 de 2000, modificado por el artículo 46 de la Ley 1453 de  2011, el sistema de cuartos se establece como se indica:  

                                                                                    

Primer                                  cuarto                                                                                              

Cuartos                                  medios                                                                                              

Último                                  cuarto                  

66.66                                  smlmv – 87.495 smlmv                                                                                              

87.496                                  smlmv – 129.165 smlmv                                                                                              

129.166                                  smlmv – 150 smlmv              

Por  virtud del convenio al que arribaron las partes, y atendiendo que el  delito por el que se procede se cometió bajo la circunstancia  de mayor punibilidad de la coparticipación criminal, las penas  en concreto se ubicarán en los mínimos del primer  cuarto medio, correspondiendo a noventa y seis (96) meses un (1) día  de prisión y de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas, y multa de 87,496 s.m.l.m.v.  

Con  fundamento en el inciso segundo del artículo 352 del Código  de Procedimiento Penal, las partes acordaron una rebaja de la tercera  parte de la pena, fijando en definitiva las sanciones de sesenta y  cuatro (64) meses un (1) día de prisión, multa de  cincuenta y ocho punto sesenta y seis (58,66) salarios mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas de sesenta y cuatro (64)  meses un (1) día.  

Conforme  se advirtió en el auto a través del cual se impartió  aprobación al preacuerdo, quedó verificado que las  penas se ajustan a los lineamientos legales, al igual que la rebaja  concedida como contraprestación a la aceptación de  responsabilidad.  

            

5. DEL          REINTEGRO DEL INCREMENTO PATRIMONIAL DERIVADO DE LA CONDUCTA PUNIBLE  

El  artículo 349 de la ley 906 de 2004 dispone:  

“ART.  349. Improcedencia de acuerdos o negociaciones con el imputado o  acusado. En  los delitos en los cuales el sujeto activo de la conducta punible  hubiese obtenido incremento patrimonial fruto del mismo, no se podrá  celebrar el acuerdo con la fiscalía hasta tanto se reintegre,  por lo menos, el cincuenta por ciento del valor equivalente al  incremento percibido y se asegure el recaudo del remanente”.  

Dentro  de los presupuestos de procedencia de los preacuerdos y  negociaciones, el legislador ha dispuesto que si la persona que  obtuvo un aumento patrimonial derivado del ilícito pretende  acudir a la celebración de un preacuerdo, el mismo solo puede  tener lugar una vez se ha efectuado el reintegrado cuando menos el  50% del citado incremento y se encuentre garantizado el recaudo del  remanente.  

Este  mecanismo legal se constituye en un instrumento a través del  cual se desestimula la comisión de las conductas punibles,  obligando a que quien haya acrecentado su patrimonio con ocasión  de la comisión del delito se vea forzado a rembolsar lo  ilegalmente obtenido, como requisito para conseguir beneficios por  vía de preacuerdo.  

Sobre  este particular, partiremos de la estimación que el Delegado  del ente acusador fijó como incremento patrimonial fruto del  cohecho propio en la suma de doscientos cuarenta y cinco millones de  pesos ($ 245´000.000.oo), misma que la Sala estimó  acorde con el acervo probatorio aportado, bajo la salvedad que tal  cifra alude exclusivamente a los ofrecimientos y pagos dinerarios o  en especie convenidos con el abogado Restrepo Bedoya, para incluir a  Miguel Ángel Melchor Mejía Múnera y Orlando  Villa Zapata como miembros del Bloque Vencedores de Arauca.  

Respecto  del cumplimiento de este requisito, debe recordarse que la acusada se  acogió a la figura de sentencia anticipada dentro del proceso  de extinción de dominio con relación a los ciento  setenta y cinco millones ($175.000.000) que le fueran incautados en  su apartamento el 10 de junio de 2017, a efecto de cubrir las  exigencias del reintegro en comento, trámite que culminó  con sentencia declarando la extinción de dominio sobre dicho  dinerario, emitida por parte del Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado de Extinción de Dominio de Bogotá, suma  que cubre el 71% del monto total del incremento patrimonial estimado  por la Fiscalía.  

Frente  a esta particular circunstancia procesal, retomando lo decidido por  esta corporación en auto de 24 de agosto de 2019, por medio  del cual se aprobó el preacuerdo en que se funda la presente  decisión, debe indicarse que a pesar de que tal numerario no  resultó direccionado a este proceso en razón de la  acción de extinción de dominio ya referida, que bien  habría podido surtir el trámite de la figura del  comiso22  más propia del panorama fáctico que rodeó su  adquisición por la procesada e incautación por el  órgano persecutor23,  en definitiva se cumplió el axioma que gobierna la exigencia  del reintegro como presupuesto del preacuerdo, esto es, que se retire  del patrimonio de la acusada el provecho obtenido con su ilícito  actuar, logrando así emitir el mensaje desestimulante para  ella y para los asociados que se concreta en el apotegma de que el  crimen no paga.  

Este  objetivo se puede conseguir por vía de extinción de  dominio como por el reintegro de dicho aumento patrimonial cuando,  como en el caso que nos ocupa, su incautación se genera con  ocasión y dentro del escenario procesal que da lugar a la  acción penal en la que se pretende hacer valer como reintegro,  en la medida que la actuación que originó su  incautación se funda en el mismo núcleo fáctico  que ocupa el preacuerdo.  

A  tono con lo que indica la Sentencia C-374 de 1997 cuando se ostenta  la propiedad sobre un bien cuya procedencia es ilícita, no  puede entenderse que sobre este se consolidó derecho de  dominio pues esta forma de adquirir no es protegida por la  Constitución, convirtiéndolo en una mera apariencia.  

De  la manera en que se desarrolló la investigación penal  con ocasión del presunto actuar ilícito de quien para  la época fungía como servidora del ente acusador, se  dispuso la práctica de diligencia de registro a su apartamento  encontrándose allí la moneda nacional ya referida, cuya  incautación, a pesar de encontrarse ligada a la actuación  penal, generó la llamativa decisión de activar la  acción de extinción de dominio.  

En  este orden de ideas se hicieron coincidir las acciones penal y de  extinción de dominio, guardando en común el efecto que  en cada escenario se asuma sobre la cantidad de dinero incautada, de  un lado persiguiendo que se desvirtuara la legitimidad del dominio  que sobre el capital incautado se ejercía por la acusada, y de  otro el reintegro del mismo dinero a efectos de cumplir con el  presupuesto demandado por el artículo 349, en el escenario de  un eventual preacuerdo.  

Sin  embargo, el hecho de que coincidieran estas dos actuaciones en manera  alguna podría conllevar a que la procesada deba asumir el  doble efecto que recae sobre el dinerario incautado para recibir de  un lado la decisión extintiva sobre el mismo, y de otro el  cumplimiento de reintegro exigido para ser destinataria de la rebaja  punitiva que la ley le otorga, cuando de acuerdo con la investigación  y la manifestación del delegado del ente requirente, se  evidencia que la suma de dinero incautada tuvo su origen en los  hechos configuradores del delito de cohecho propio que está  siendo objeto de la presente condena.  

Bajo  estas particulares circunstancias, el decreto de extinción de  dominio sobre el dinero incautado en la actuación penal  generaría como efecto que el mismo cobre vocación de  reintegro, a efectos de cumplir los presupuestos exigidos por el  artículo 349 del estatuto procesal vigente.  

El  razonamiento según el cual, de una parte le debía ser  extinguido el derecho de dominio sobre esa suma de dinero y a la vez,  exigir a la procesada que tuviera que conseguir nuevamente el mismo  monto con miras a cumplir en el reintegro demandado por el artículo  349, implicaría un despropósito que conllevaría  a un enriquecimiento sin causa en favor del Estado y a la aplicación  a la procesada de una sanción no consagrada en nuestro  ordenamiento jurídico.  

Para  asegurar el recaudo del remanente, que en el caso que nos ocupa  correspondería al 29% del total de doscientos cuarenta y cinco  millones de pesos ($ 245´000.000.oo), es decir, setenta  millones de pesos ($ 70´000.000.oo), se aseguró su  recaudo garantizándose mediante suscripción de pagaré,  correspondiente a la cancelación de  cuotas semestrales por valor de cinco millones de pesos ($  5´000.000.oo), a través de consignación a la  cuenta corriente número 00130311000100182307 del banco BBVA, a  nombre de la Fiscalía General de la Nación Seccional  Bogotá, NIT 800.187.567, iniciando el 24 de abril de 2020 y  continuando cada seis meses, esto es 24 de octubre de 2020, 24 de  abril de 2021, 24 de octubre de 2021, 24 de abril de 2022 y 24 de  octubre de 2022, 24 de abril de 2023 y 24 de octubre de 2023, 24 de  abril de 2024 y 24 de octubre de 2024, 24 de abril de 2025 y 24 de  octubre de 2025, 24 de abril de 2026 y 24 de octubre de 2026,  con lo cual el ente acusador estima satisfecho el requisito exigido  por el artículo 349 del estatuto adjetivo.  

Quedando  establecido que la garantía de recaudo del remanente del  incremento patrimonial correspondiente a setenta millones de pesos ($  70´000.000.oo) para dar por satisfecho el requisito de  procedibilidad del preacuerdo se asegura a través de pagaré,  bajo los parámetros acabados de señalar, los cuales se  destinarán a esta actuación procesal, propuesta acogida  plenamente por el delegado del ente persecutor, la Sala entenderá  cumplido el presupuesto de reintegro del incremento patrimonial fruto  del delito exigido por el artículo 349 tantas veces citado.  

Finalmente,  debe dejarse sentado que se ha cumplido el compromiso de reparación  simbólica ofrecido por la acusada consistente en solicitar  perdón público en desarrollo de la audiencia de  verificación de preacuerdo, a lo que se suma la realización  futura de tres talleres de sensibilización, coordinados con la  representación de víctima.  

            

5. DEL          SITIO DE RECLUSIÓN DE LA PROCESADA  

Como  parte del preacuerdo se convino que la procesada pudiera purgar la  pena en la Estación de Carabineros y Guías Caninos de  la Policía, ubicada en el Parque Nacional de esta ciudad  capital.  

Para  abordar este punto, resulta necesario advertir que los pormenores de  la situación de privación de la libertad de la acusada  fueron puestos en consideración de la autoridad judicial,  disponiéndose el 19 de diciembre de 2017 por un Magistrado de  la Sala Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá  en función de control de garantías, que a efectos de  salvaguardar la seguridad de la ex fiscal en un nivel máximo  en cumplimiento de su detención preventiva, fuera trasladada  al Centro de Estudios Superiores de la Policía Nacional  (CESPO) con sede en Bogotá, o a una dependencia de las mismas  condiciones.  

Activada  la acción constitucional por virtud del incumplimiento a esta  orden judicial, las Salas de Casación Penal y Civil de la  Corte Suprema de Justicia en sede tutelar, pusieron de relieve que a  pesar de las limitaciones que conlleva la imposición de una  medida de aseguramiento, no resulta admisible que por su aplicación  se transgredan prerrogativas esenciales e inherentes a la persona,  especialmente el derecho a la vida y a la integridad personal,  aspectos que fueron precisamente los que motivaron la decisión  del magistrado de garantías para disponer que la restricción  de libertad de la incriminada lo fuera en la dependencia ya indicada.  

Se  destacó por la alta corporación que la negativa del  INPEC de dar inmediato cumplimiento a la orden de reubicación  en un centro de reclusión que brindara garantías de  seguridad e integridad personal de la procesada genera una grave  afectación a la dignidad humana de un sujeto de especial  protección, dada su condición de persona privada de  libertad.  

A  este panorama se suma la aplicación de la suspensión de  procedimiento a prueba en el marco del principio de oportunidad con  ocasión de los delitos de fraude  procesal, tráfico de influencias de servidor público,  peculado por apropiación y peculado por uso, con ocasión  de su contribución para lograr el esclarecimiento de un  sinnúmero de conductas punibles, a través de una matriz  de colaboración  que, tal como se he ventilado dentro de este proceso, ha incrementado  las situaciones de riesgo frente a su seguridad e integridad personal  de forma considerable.  

Sobre  el punto bajo examen, dada la condición foral de la acusada,  resulta pertinente traer a colación el artículo 29 de  la Ley 65 de 1993, que respecto de la reclusión en casos  especiales señala:  

“ARTÍCULO  29. RECLUSIÓN EN CASOS ESPECIALES. Cuando el hecho punible  haya sido cometido por personal del Instituto Nacional Penitenciario  y Carcelario, funcionarios y empleados de la Justicia Penal, Cuerpo  de Policía Judicial y del Ministerio Público,  servidores públicos de elección popular, por  funcionarios que gocen de fuero legal o constitucional, ancianos o  indígenas, la detención preventiva se llevará a  cabo en establecimientos especiales o en instalaciones proporcionadas  por el Estado. Esta situación se extiende a los exservidores  públicos respectivos.  

La  autoridad judicial competente o el Director General del Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario, según el caso, podrá  disponer la reclusión en lugares especiales, tanto para la  detención preventiva como para la condena, en atención  a la gravedad de la imputación, condiciones de seguridad,  personalidad del individuo, sus antecedentes y conducta.  

También  procederá la reclusión en establecimiento o pabellón  especial cuando se haya ordenado el arresto de fin de semana, el  arresto ininterrumpido, el cumplimiento de fallos de tutela que  impliquen privación de la libertad superior a diez (10) días  y las privaciones de la libertad a las que se refiere el inciso  cuarto del artículo 28 de la Constitución Política”.  

Bajo  las circunstancias descritas, en lo atinente al sitio de reclusión  de la procesada, mal puede percibirse como la concesión de un  privilegio, como quiera que tal determinación es la simple  continuación de las medidas que ya le han sido otorgadas, en  virtud de las situaciones que amenazan su seguridad personal,  ameritando un juicioso análisis por los órganos  judiciales ya referidos. Más aún si se tiene en cuenta  que las condiciones de seguridad de la procesada han empeorado,  atendiendo su proceso de delación frente a un amplio grupo de  personas que al parecer, desde las altas esferas de nuestros órganos  judiciales han acometido en la realización de diversas  conductas punibles, lo que comporta aumentar los riesgos frente a su  seguridad personal y su vida.  

Así  las cosas, imponer condiciones de privación de la libertad  comunes, desconocería las necesidades reales que las  situaciones de riesgo sobre la integridad personal de NIÑO  FARFÁN ameritan, y que en manera alguna podrían ser  marginadas de esta decisión judicial, conforme ya fue  analizado y aprobado en el trámite del presente preacuerdo.  

La  Corte Constitucional en decisión C-394 de 1995 se pronunció  respecto del canon del régimen penitenciario y carcelario  recién citado, señalando:  

“En  cuanto al primer inciso del artículo 29 acusado, hay que  recalcar que si bien es cierto se aplica a personas a quienes, en  razón de las dignidades públicas que ocuparon en cierto  momento, les cabe ante la sociedad un grado mayor de responsabilidad  moral, se encuentran, también por ese mismo motivo, en  circunstancias de mayor riesgo, en razón de las probables  enemistades que genera el ejercicio de ciertos cargos. De ahí  que la reclusión en establecimientos especiales para ellos, no  constituya, propiamente hablando, un privilegio, sino una prudente  medida de seguridad”.  

Bajo  la misma óptica, es preciso citar la decisión proferida  por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia  el 6 de marzo de 2018, frente a las condiciones de seguridad de la  acusada NIÑO FARFÁN y las condiciones de internamiento  que ameritaban, advirtiendo que:  

“Conforme  lo anterior, se concluye que la restricción de la libertad, no  conlleva la limitación de prerrogativas esenciales e  inherentes a la persona, como el derecho a la vida, integridad  personal, a la salud y a no ser sometido a torturas ni a tratos o  penas crueles, inhumanas o degradantes, respecto de los cuales surge  para el Estado una posición de garante de la cual se derivan  concretas y exigibles obligaciones tendientes a garantizar su  protección.  

Este  deber de garantía de ciertos derechos existe desde el momento  mismo en que la persona queda sometida a la vigilancia estatal en  virtud de orden de autoridad competente o por haber sido capturada en  flagrancia, sin importar su estatus penitenciario, bien  sea, imputado, enjuiciado o condenado”.  (Negrilla  fuera de texto original)  

En  este orden de ideas, resulta de obligada conclusión que cuando  una persona se encuentra privada de la libertad de locomoción,  el estado ejerce sobre ella una relación de especial sujeción,  asumiendo la ineludible y permanente obligación de garantizar  sus derechos inalienables, especialmente la vida, la integridad  personal y la dignidad humana, máxime si se predica que  estamos en un Estado Social y Democrático de Derecho, sin que  sea dable sobre este particular, hacer diferencias por la condición  de procesado o condenado que ostente.  

Bajo  tales consideraciones, se torna procedente disponer que la pena de  prisión a la que será sometida la procesada, en  comienzo sea cumplida en las instalaciones de la Estación  de Carabineros y Guías Caninos de la Policía ubicada en  el Parque Nacional de esta ciudad capital, en salvaguarda de su  seguridad e integridad personal, conforme ha sido dispuesto por el  tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá y las Salas  de Casación Penal y Civil de la Corte Suprema de Justicia, tal  como fuera aprobado en el preacuerdo que da lugar a la presente  decisión judicial, sometido a la disponibilidad de cupos en  tales instalaciones. En caso contrario, deberá ser ubicada en  un establecimiento de similares condiciones y garantías de  seguridad.  

Lo  anterior, sin perjuicio de que conforme lo ordena el numeral 6°  del artículo 38 de la Ley 906 de 2004, durante la ejecución  de la sanción le corresponderá al Juez de Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad verificar las condiciones de  seguridad de la penada, como también tomar las decisiones que  estime pertinentes para salvaguardar sus derechos fundamentales, en  especial la seguridad e integridad personal, a la luz de las  decisiones de tutela emitidas por la Corte Suprema de Justicia.  

            

5. DE          LA REDENCION DE PENA  

Para  el efecto se tendrá en cuenta que la ley 65 de 1993 dispone:  

“ARTÍCULO  82. REDENCIÓN DE LA PENA POR TRABAJO. El juez de ejecución  de penas y medidas de seguridad concederá la redención  de pena por trabajo a los condenados a pena privativa de libertad. A  los detenidos y a los condenados se les abonará un día  de reclusión por dos días de trabajo. Para estos  efectos no se podrán computar más de ocho horas diarias  de trabajo. El juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad constatará en cualquier momento, el trabajo, la  educación y la enseñanza que se estén llevando a  cabo en los centros de reclusión de su jurisdicción y  lo pondrá en conocimiento del director respectivo.”  

Nuestro  ordenamiento jurídico de manera clara prescribe que tanto a  los condenados como a los detenidos se les confiere la posibilidad de  acceder a la redención de penas. Así lo dispuso el  legislador en el Régimen Penitenciario y Carcelario al  disponer:  

“ARTÍCULO  86. REMUNERACIÓN DEL TRABAJO, AMBIENTE ADECUADO Y ORGANIZACIÓN  EN GRUPOS. El trabajo de los reclusos se remunerará de una  manera equitativa. Se llevará a cabo dentro de un ambiente  adecuado y observando las normas de seguridad industrial.  

Los  detenidos podrán trabajar individualmente o en grupos de  labores públicas, agrícolas o industriales en las  mismas condiciones que los condenados, siempre que el director del  respectivo establecimiento penal conceda esta gracia, según  las consideraciones de conducta del interno, calificación del  delito y de seguridad. Los trabajadores sindicados o condenados, solo  podrán ser contratados con el establecimiento respectivo y  serán estrictamente controlados en su comportamiento y  seguridad”.  

La  Corte Constitucional, sobre el particular en sentencia T-286 de 14 de  abril de 2001 sostuvo:  

“En  definitiva, no es legítimo denegar las solicitudes elevadas  por los internos/as, cuya situación jurídica es la de  sindicado/da, bajo el argumento de que no son sujetos de tratamiento  penitenciario, pues en ciertas circunstancias, como son (i) la  disponibilidad y (ii) el permiso otorgado por el director del centro  de reclusión para desarrollar una labor, en atención a  la conducta del interno, gravedad del delito, entre otros aspectos,  un procesado tiene la posibilidad de que se le otorgue la gracia de  desarrollar un trabajo para obtener la redención de la pena a  futuro; evento que tendrá que ser valorado por el juez  competente, y una vez se reúnan los requisitos legales  exigidos, para estudiar la solicitud de reducción de la pena  por trabajo y/o estudio.”  

Igualmente,  sobre el particular la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia, indicó lo siguiente:  

“ (…)  Como puede observarse, el trabajo extramural no es un derecho-deber  exclusivo de quienes se encuentren condenados dentro de un  establecimiento carcelario, sino que la ley extiende esa posibilidad  a los internos que tienen la calidad de detenidos, a manera de  gracia, cuya concesión debe evaluarla el director del  respectivo centro de reclusión (…)  

Expresado  de otro modo, el funcionario judicial no puede sustraerse a dar su  opinión cuando se le solicita que extienda su aval para el  otorgamiento de autorización a un sindicado con el fin de que  realice trabajo extramuros, con el simple argumento de que se trata  de un beneficio administrativo, porque, como se vio, es  posible que quienes se encuentran en situación de detención  también accedan a esa forma de tratamiento.”24  (Negrillas  fuera de texto original).  

Si  bien el espectro normativo citado indica que la decisión de  redención se encuentra radicada en sede de ejecución de  la sanción y es por regla general de competencia del juez  encargado de la vigilancia del cumplimiento de la pena, ello obedece  a que es dentro de esta fase de tratamiento penitenciario que se  cumple la función de resocialización asignada a la  pena, de la que es propia el desarrollo de actividades productivas.  

Ello,  como ha quedado sentado, no solo se verifica frente a las personas  condenadas, pues existiendo la posibilidad de que al ostentar la  condición de procesadas, pueden ser destinatarias de medidas  restrictivas de sus derechos, entre ellos el de libre locomoción,  se verían en situación de desigualdad frente a sus  compañeros de internamiento que, por ser condenados, tendrían  privilegiado y excluyente acceso a los programas de trabajo, estudio  o enseñanza, y asegurarían además la rebaja de  pena.  

La  Sala abordará el estudio de la redención de pena en  razón a la solicitud de libertad condicional presentada por la  defensa, instituto que reclama como presupuesto el análisis  del tiempo de pena cumplido por la procesada, que se compone del  tiempo físico más el reconocido por redención de  pena.  

Sobre  el particular, bajo la égida de la ley 906 de 2004, es preciso  indicar que son diversos los episodios y fundamentos procesales que  justifican la afectación de la libertad personal.  

Primeramente  se admite la imposición de medida de aseguramiento privativa  de la libertad (arts 307 a 313 de la ley 906 de 2004), como medida  cautelar que persigue la protección del proceso a efectos de  que no sea obstruido el adecuado ejercicio de la administración  de justicia, la protección de la sociedad y las víctimas,  así como asegurar la comparecencia del imputado al trámite  y al cumplimiento de la decisión judicial.  

A  su turno, el legislador ha asignado al juez con funciones de control  de garantías la competencia para resolver los asuntos  relacionados con la petición de medida de aseguramiento (art  154-4), su prórroga o levantamiento (307 parágrafo) y  la libertad con anterioridad al anuncio del sentido del fallo (art  154-8).  

Finalmente,  el otro escenario procesal en el que se verifica la restricción  de la libertad del sujeto pasivo de la acción penal lo  configuran la imposición y el cumplimiento de la sanción  que sobreviene a la ejecutoria del fallo que la impone, mismo que  ante la negativa de reconocimiento de los subrogados penales, no  puede ser entendido como una modificación de la medida de  aseguramiento, que ha dejado de existir a partir del momento de  emisión de la sentencia, y que busca el cumplimiento de las  funciones de prevención general, retribución justa,  prevención especial, reinserción social y protección  al condenado, propias de la pena, consignadas en el artículo 4  del Código Penal.  

En  cuanto a su aspecto competencial, corresponderá al juez con  función de conocimiento el proferimiento de la sentencia y la  decisión sobre los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa de la libertad, que dará paso al accionar del juez  de ejecución de penas y medidas de seguridad, encargado de  vigilar el cumplimiento de las sentencias ejecutoriadas que impongan  sanciones penales.  

Ahora  bien, si el juez con función de conocimiento al emitir el  sentido del fallo omite pronunciarse sobre la detención del  hallado responsable conforme lo dispone el artículo 450 de la  Ley 906 de 2004, los efectos de la medida de aseguramiento se  prolongarán hasta el proferimiento de la sentencia, momento en  el cual la privación de la libertad dependerá del  reconocimiento o no de los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa de la libertad.  

Pero  en los eventos en que al momento de emisión del sentido de  fallo en los procesos ordinarios, o de aprobación del  mecanismo de terminación anticipada en los abreviados, el  fallador ordena la detención o dispone su continuación,  por estimarla necesaria, se abre un particular escenario que va hasta  la adopción de la sentencia, durante el cual la detención  continúa teniendo una naturaleza cautelar, ya no para el  proceso, sino para el cumplimiento del fallo25.  

En  el episodio procesal acabado de aludir, esto es, entre la emisión  del sentido del fallo condenatorio y la sentencia, corresponde al  juez con función de conocimiento cualquier petición que  se suscite sobre la libertad de la persona por condenar.  

En  este orden de ideas, atendiendo que la defensa ha solicitado se  reconozca el derecho de libertad condicional de la procesada,  reclamando el reconocimiento de la redención de pena, se  procederá a su examen y decisión al estar de por medio  un derecho fundamental, que demanda una decisión judicial que  lo resuelva.  

Teniendo  en cuenta los certificados de cómputo por trabajo que allega  el centro carcelario, se procederá a calcular el tiempo que  por redención se le reconocerá a la procesada, conforme  se consigna en el siguiente esquema:  

                                                                                  

No.                          Cert                                                                      

Periodo                                                                      

Periodo                                                                      

Máximo                                                                      

Horas                                                                      

Horas                          a                                                                      

Días          

Est.                          /Trab.                                                                      

Trabajo                                                                      

H/Max                          

Trabajo                          

                                                                      

Excede                                                                      

                          

Reconocer                          Trabajo                                                                      

Trabajo          

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192                                                                      

                                                                      

180                                                                      

22.5          

2019/03                                                                      

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25.5          

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23          

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2019/07                                                                      

216                                                                      

200                                                                      

                                                                      

200                                                                      

25          

2019/08                                                                      

212                                                                      

200                                                                      

                                                                      

200                                                                      

25          

2019/09                                                                      

180                                                                      

200                                                                      

                                                                      

180                                                                      

22.5          

17636226                                                                      

2019/10                                                                      

212                                                                      

208                                                                      

                                                                      

208                                                                      

26          

2019/11                                                                      

204                                                                      

192                                                                      

                                                                      

192                                                                      

24          

2019/12                                                                      

208                                                                      

200                                                                      

                                                                      

200                                                                      

25          

17750973                                                                      

2020/01                                                                      

212                                                                      

200                                                                      

                                                                      

200                                                                      

25          

2020/02                                                                      

192                                                                      

200                                                                      

                                                                      

192                                                                      

24          

2020/03                                                                      

208                                                                      

200                                                                      

                                                                      

200                                                                      

25          

TOTAL                                                                      

4282                                                                      

4560                                                                      

                                                                      

4194                                                                      

524          

DÍAS                          DE REDENCIÓN                                                                      

524/2                          = 262 días o lo mismo que 8 MESES Y 22 DÍAS    

Como  quiera que para los meses de enero, marzo, junio, julio, agosto,  octubre, noviembre y diciembre de 2019, enero y marzo de 2020, se  reportaron cómputos que sobrepasan las ocho (8) horas diarias  permitidas para ejecutar actividades con fines de redención,  solo se reconocerá hasta el máximo de horas autorizadas  por cada mes citado.  

De  otra parte, es preciso señalar que aunque el reclusorio  registra en el resumen de certificados TEE a nombre de la acusada,  los distinguidos con los Nos. 16923353 de los meses de enero, febrero  y marzo de 2018 y 16984696 de abril y mayo de 2018, estos no fueron  aportados para el reconocimiento de redención de pena, por lo  cual, no podrán ser tenidos en cuenta en el presente cómputo.  

Siendo  así, el tiempo de redención de pena que por trabajo se  reconocerá a la señora HILDA JEANETH NIÑO FARFAN  es de 262 días o lo mismo que 8  meses y 22 días,  amén de que se encuentran acreditadas en el proceso las  evaluaciones satisfactorias exigidas por el artículo 101 de la  Ley 65 de 1993.  

            

5. DE          LA LIBERTAD CONDICIONAL  

El  artículo 471 de la ley 906 de 2004 dispone:  

“SOLICITUD.  El condenado que se hallare en las circunstancias previstas en el  Código Penal podrá solicitar al juez de ejecución  de penas y medidas de seguridad la libertad condicional, acompañando  la resolución favorable del consejo de disciplina, o en su  defecto del director del respectivo establecimiento carcelario, copia  de la cartilla biográfica y los demás documentos que  prueben los requisitos exigidos en el Código Penal, los que  deberán ser entregados a más tardar dentro de los tres  (3) días siguientes.  

Si  se ha impuesto pena accesoria de multa, su pago es requisito  imprescindible para poder otorgar la libertad condicional”.  

Atendiendo  que la señora NIÑO FARFÁN se encuentra privada  de su libertad desde el de 10 junio de 2017, a la fecha (31 de julio  de 2020) completa 37 meses 22 días de detención física,  los que sumados a los 8 meses y 22 días que le están  siendo reconocidos en la presente decisión por redención  de pena, corresponden a un total de 46 meses 14 días,  cumpliendo el lapso que la ley exige como presupuesto objetivo para  acceder al derecho libertario que su defensa reclama.  

No  obstante, en la documentación obrante en la actuación  no se cuenta con la resolución favorable del consejo de  disciplina, requisito imprescindible en la evaluación del  cumplimiento de las exigencias legales consignadas en el canon recién  citado para el reconocimiento del derecho.  

Al  respecto, vale la pena destacar que la Sala mediante auto de 27 de  mayo último, reiteró el pedido de la documentación  necesaria para adelantar el examen de la libertad condicional  deprecada por la defensa, incluyendo el concepto favorable o  desfavorable con miras a definir la viabilidad del otorgamiento de la  libertad condicional  librando para tal fin los oficios 1189 y 1190  de 28 de mayo; reiterando tal pedido mediante oficios 1261 y 1262 de  4 de junio, así como los requerimientos 1334 y 1335 de 11 de  junio, sin que se aportara el referido concepto.  

Como  quiera que es precisamente este documento en el que se consigna la  evaluación interdisciplinaria que las autoridades carcelarias  realizan para concluir si la persona privada de su libertad se  encuentra en condiciones de reinsertarse de forma condicionada a la  sociedad, se constituye en requisito bacilar para el reconocimiento  del derecho libertario reclamado, ante su ausencia esta Sala denegará  el sustituto de libertad condicional deprecado por la defensa.  

No  obstante, se requerirá a la autoridad carcelaria que proceda a  emitir tal certificación a afectos de que haga parte de la  actuación, y de esa manera se puedan tomar por la autoridad  que se encuentre conociendo del trámite las decisiones que en  derecho correspondan, respecto de los sustitutos que resulten  procedentes.  

            

5. Mecanismos          sustitutivos de la pena privativa de libertad  

No  resulta procedente reconocer a HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN  la suspensión  de la ejecución de la pena,  pues la pena de prisión impuesta supera los 4 años de  prisión, por lo que no se encuentra satisfecho el requisito  objetivo señalado en el artículo 63 de la ley 599 de  2000, ni en la modificación introducida por el 29 de la Ley  1709 de 2014. Se suma a lo anterior, la prohibición legal  consagrada por el artículo 68 A de la Ley 599 de 2000, con las  modificaciones contenidas por los artículos 28, 13, 32 y 4 de  las leyes 1453 de 2011, 1474 de 2011, 1709 de 2014 y 1773 de 2016,  respectivamente, normas en las que se dispone que no procederá  dicho subrogado penal, como tampoco la prisión  domiciliaria  para quienes hayan sido condenados por delitos dolosos contra la  administración pública, como ocurre en este asunto con  el delito de cohecho propio por el cual se emite la presente  sentencia.  

Tampoco  estamos en presencia de las circunstancias descritas en los numerales  2, 3, 4 y 5 del artículo 314 de la Ley 906 de 2004 referidas a  que la acusada sea mayor de 65 años, o se trate de persona a  la que le falten 2 meses o menos para el parto; que se encuentre en  estado grave por enfermedad, previo dictamen de perito oficial; ni se  ha acreditado la condición de padre cabeza de familia,  situaciones que acorde con el inciso 3 del artículo 68 A  sustantivo penal, modificado por el artículo 32 de la Ley 1709  de 2014, permitirían la aplicación de los subrogados  penales.  

Por  lo anteriormente expuesto, la Sala Especial de Primera Instancia de  la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia, en nombre de la  República de Colombia y por autoridad de la ley,  

RESUELVE  

PRIMERO.  CONDENAR a  HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN como  coautora penalmente responsable del delito de cohecho propio con la  circunstancia de mayor punibilidad de coparticipación  criminal, consagrado en los artículos 405 y 58-10 del Código  Penal a las penas de sesenta  y cuatro (64) meses un (1) día de prisión, multa de  cincuenta y ocho punto sesenta y seis (58,66) salarios mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas de sesenta y cuatro (64)  meses un (1) día.  

SEGUNDO:  RECONOCER a  NIÑO FARFÁN 8 meses y 22 días de redención  de pena por trabajo.  

TERCERO:  NEGAR a  NIÑO FARFÁN la suspensión de la ejecución  de la pena, la prisión domiciliaria y la libertad condicional.  

CUARTO:  COMUNICAR esta  determinación a la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la Judicatura, para el efectivo recaudo de la multa impuesta.  

QUINTO:  EXPEDIR  las  comunicaciones establecidas en los artículos 166 y 462 de la  Ley 906 de 2004, una vez cobre ejecutoria la presente decisión.  

SEXTO:  REMITIR la  presente actuación a los Juzgados de Ejecución de Penas  y Medidas de Seguridad (Reparto), para lo de su cargo, una vez en  firme esta sentencia.  

Contra  esta sentencia procede el recurso de apelación.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

ARIEL  AUGUSTO TORRES ROJAS  

MAGISTRADO  

JORGE  EMILIO CALDAS VERA  

MAGISTRADO  

RODRIGO  ERNESTO ORTEGA SÁNCHEZ  

SECRETARIO  

1          C.          elementos del preacuerdo, folios 5 y 6. Resolución No 0-3180          de 7 de julio de 2009, por medio de la cual se efectúa el          nombramiento en provisionalidad de HILDA JEANETH NIÑO FARFÁN          y Acta de posesión número 000256 de la misma fecha,          como Fiscal Delegada ante el Tribunal de Distrito de la Unidad          Nacional de Fiscalías para la Justicia y Paz con sede en          Bogotá.  

2          CSJ SP4414-2019, Rad. 50667 de 16 de octubre de 2019.  

3          CSJ          SP490-2016, Rad. 45790 de 27 de enero de 2016  

4          CSJ SP931-2016, Rad. 43356, 3 de febrero de 2016; CSJ SP7100-2016,          Rad. 46101, 1 de junio de 2016, entre michas otras.  

5          Velásquez          Velásquez, Fernando: Manual de derecho penal, parte general,          Ediciones jurídicas Andrés Morales, 2014.  

6          C-425          de 1997.  

7          Folio          5 cuaderno de elementos  

8          Folio          6 cuaderno de elementos  

9          Folio          60 y ss cuaderno de elementos  

10          Folio          79 y ss cuaderno de elementos  

11          Folio          82 y ss cuaderno de elementos  

12          Folio          60 cuaderno de elementos  

13          Folio          37 cuaderno de elementos  

14          Folio          39 cuaderno de elementos  

15          Folio          40 dorso cuaderno de elementos  

16          Folio          40 dorso cuaderno de elementos  

17          Folio          41 cuaderno de elementos  

18          Folio          41 dorso cuaderno de elementos  

19          CSJSP, 11 dic, 2018, Rad. 52311  

20          CSJSP, 24 jun, 2020, Rad. 52227  

21          Artículo          327 de la Ley 906 de 2004.  

22          Ley 793 de 2002, art. 2 numeral 5.  

23          Sentencia C-740 28 de agosto de 2003  

24          CSJSP, 15 sep. 2004, Rad. 22777  

25          CSJAP,          4711-2017, 24 jul. 2017, Rad.49734  

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