SP7537-2014(36655)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

Radicación 36655  

(Aprobado Acta No. 189)  

SP 7537-2014  

Bogotá D.C., junio dieciocho (18) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el  apoderado de la parte civil, contra la sentencia a través  de  la  cual  el   Tribunal  Superior de Bogotá, tras revocar la sentencia  condenatoria  de primera instancia, absolvió del cargo de estafa agravada a los  procesados MORRIS HARF MEYER y KAREN WENDY BERG GUTT.   

HECHOS:  

Verbalmente,  a  finales  de  1995,  Isaac  Mildenberg  Martahaim,  presidente  y  socio  de COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A., se  comprometió  a  capitalizar  hasta  la  suma  de  7.000  millones de pesos a la  empresa  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A., de propiedad de MORRIS HARF MEYER y  KAREN  WENDY  BERG  GUTT,  dedicada a la explotación y exportación de carbón,  con  puerto  propio  en  la ciudad de Barranquilla, avaluado el 21 de febrero de  1997  por la firma de ingenieros consultores HAN PADRON ASSOCIATES de Nueva York  en  US$48.384.000.oo  y  con  solicitud  de concesión portuaria elevada el 8 de  febrero  de  1995  por  MORRIS  HARF  MEYER  ante la Superintendencia General de  Puertos  del  Ministerio  de  Transporte,  aprobada  por el término de 30 años  mediante resolución 0978 del 26 de agosto de 1998.   

El   inversionista   incumplió  debido  a  “fuerza   mayor”  desde  comienzos  de  mayo  de 1996. La situación de iliquidez que ya venía sufriendo  ATLANTIC  COAL  se  agudizó  y  bajo  el  liderazgo  del  Instituto  de Fomento  Industrial,  el  30 de agosto siguiente, se celebró entre la firma deudora, sus  socios  y  los acreedores, un acuerdo general de reestructuración financiera de  la  sociedad.  La pretensión con el mismo era preservar la actividad económica  de  la  compañía y pagar con los ingresos que se obtuvieran, dejados al manejo  de una fiducia, sus obligaciones presentes y futuras.   

Isaac  Mildenberg  Martahaim  suscribió ese  acuerdo,  en  el cual se definió que su empresa debía firmar con ATLANTIC COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  un  “acuerdo privado”  donde  se  hiciera  constar  el  valor de la suma entregada por  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A., cuyo reintegro, en cuanto se trataba de aportes de  capitalización,  quedaba  supeditado  “al  pago del  pasivo externo”.   

El 15 de noviembre de 1996 la junta directiva  de  ATLANTIC  COAL  DE COLOMBIA S.A. autorizó la celebración de un contrato de  transacción  con COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. Este tuvo lugar el 18 de noviembre  siguiente  entre  los  representantes de las dos sociedades y MORRIS HARF MEYER,  quien  actuó  en  su  propio  nombre.  A  través  de  ese  acuerdo  las partes  declararon  la  existencia  del  convenio  de  capitalización  por  la  suma ya  indicada,  el  incumplimiento  de la firma inversionista y dieron por extinguida  la   obligación   de  ésta,  cuyo  representante  Isaac  Mildenberg  Martahaim  renunció  a  tener  cualquier  participación  accionaria  en  ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.  Esta sociedad y MORRIS HARF MEYER, a su turno, se comprometieron  a  cancelarle a COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. US$2.078.001.oo, pagaderos en cuotas  semestrales a partir del 18 de noviembre de 1998.   

El 19 de noviembre de 1996 MORRIS HARF MEYER,  en  su  propio nombre, y Fabio Cárdenas Scovino, en representación de ATLANTIC  COAL   DE   COLOMBIA   S.A.,   suscribieron   un   nuevo  convenio  –al   cual   allegaron  una  copia  del  contrato       de      transacción      del      día      anterior—,  de conformidad con el cual las sumas  de  dinero  que  se  comprometieron  a  pagarle solidaria e incondicionalmente a  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  y  a  Isaac Mildenberg Martahaim, las cancelaría  “exclusivamente”  MORRIS  HARF  MEYER. Adujeron como razón de esa determinación en el documento privado,  la  finalidad  “de que el convenio de refinanciación  de  las obligaciones de ATLANTIC COAL no sea violado y el flujo de caja con base  en   el   cual   se  efectuaron  las  proyecciones  de  la  empresa  no  se  vea  alterado”.   

Acordaron, en segundo lugar, que las sumas de  dinero  que   “en  cumplimiento del contrato de  transacción”  fueran  canceladas  por  MORRIS  HARF  MEYER  a  favor  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. y/o Isaac Mildenberg Martahaim,  serían  “debidamente  subrogadas a favor del señor  Morris  Harf  Meyer  y/o  de  quien efectúe el pago y reflejadas en los estados  financieros     de     Atlantic     Coal     de     Colombia    S.A.”.   

Más   adelante,  en  diciembre  de  1998,  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A. presentó demanda ejecutiva contra ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.  y  MORRIS  HARF MEYER. Prescindió luego la demandante de seguir  adelante  la  ejecución  respecto de la compañía, admitida a concordato desde  el  8  de  julio de 1997 –al  cual      no      concurrió     COMPAÑÍAS     INTEGRADAS     S.A.—  y después presentó desistimiento de  la  acción  en  relación  con  MORRIS  HARF MEYER, el cual fue aceptado por la  justicia civil el 7 de febrero de 2001.   

El  proceso  concursal  de  ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.  surtió  el  trámite  legal  pertinente,  acreedores y deudores  presentaron  el  acuerdo  concordatario, éste lo aprobó la Superintendencia de  Sociedades  el 16 de mayo de 2002 y el 14 de febrero de 2008 la misma entidad lo  declaró cumplido, cesando así la intervención estatal.   

          A   finales   de   2003,  antes  de  la  finalización  exitosa  del  concordato,  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A., a través de apoderado, denunció por  estafa  a  los  esposos MORRIS HARF MEYER y KAREN WENDY BERG GUTT, a quienes les  atribuyó  ocultar  hábilmente  la  situación  financiera  de ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.  para  darle  la  apariencia  de una compañía equilibrada y con  futuro,  consiguiendo  así  que  Isaac  Mildenberg  Martahaim,  engañado,  les  hiciera desembolsos de dinero por la suma de $2.081.907.649.oo.   

ANTECEDENTES PROCESALES:  

1.  Al  proceso,  iniciado  el del 7 de septiembre de 2004, fueron vinculados mediante indagatoria  MORRIS  HARF  MEYER y KAREN WENDY BERG GUTT, a quienes la Fiscalía acusó el 17  de  abril  de  2008 en calidad de autores responsables de la conducta punible de  estafa  agravada por la cuantía (Arts. 246 y 267-1 de la Ley 599 de 2000). Esta  providencia   fue   confirmada   en   segunda  instancia  el  13  de  agosto  de  2008.   

2.  Tramitado  el  juicio,  el  9  de  julio  de  2009 el Juzgado 1º Penal del Circuito de Bogotá  condenó  a  los  acusados a 3 años y 4 meses de prisión, inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo término, multa de  50  mil  pesos  y  al  pago  solidario,  a  favor de COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A.  –representada  por  Isaac  Mildenberg    Martahaim    o    por    quien    haga    sus    veces—, de 2.078.001 dólares “de   noviembre   18   de   1996”  o  su  equivalente  en  pesos  colombianos,  “junto con sus  intereses  legales  establecidos  por  la  Superintendencia  Financiera causados  desde  esa  misma  fecha,  hasta  cuando  se  haga  efectivo su pago”. Se les otorgó la prisión domiciliaria.   

3.  El  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante providencia del 14 de octubre de 2009, se abstuvo  de  resolver  los  recursos  de  apelación  interpuestos  por los defensores en  contra  de  la  sentencia de primera instancia y declaró la prescripción de la  acción  penal  en  relación  con la estafa agravada imputada a los procesados,  respecto de los cuales ordenó la cesación del procedimiento.   

Los  esposos  Isaac  Mildenberg  Martahaim y  Janin   Posner   presentaron   acción  de  tutela  en  contra  de  la  anterior  determinación  y la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, en  Sala  de  Decisión  integrada por los Magistrados Jorge Luis Quintero Milanés,  María   del   Rosario  González  y  Yesid  Ramírez  Bastidas,  la  declararon  procedente  el  10  de  agosto de 2010. En consecuencia, se dispuso ampararles a  los  accionantes los derechos de debido proceso y de acceso a la justicia, dejar  sin  efecto  la  declaración  de  prescripción  y  ordenarle a la Corporación  judicial  demandada  resolver  las  apelaciones  interpuestas  contra  el  fallo  condenatorio   del   a  quo.   

El   Tribunal  cumplió  la  orden  y  por  intermedio  de  la  sentencia  recurrida   en  casación,  dictada el 14 de  octubre  de  2010,  revocó  la  condena de la primera instancia y, en su lugar,  absolvió a los enjuiciados del cargo objeto de la acusación.   

4.  Después  de  impugnado  en  casación  ese  pronunciamiento, la Sala de Casación Civil de la  Corte   Suprema  de  Justicia,  como  consecuencia  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  tutela del 10 de agosto de 2010, ordenó  anularla  mediante  providencia  del  5  de noviembre siguiente porque no fueron  notificadas  todas  las personas a las que se ordenó vincular al trámite en el  auto admisorio de la acción constitucional.   

          Así  las  cosas,  remediada la irregularidad procesal advertida por  la  segunda  instancia,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de  Justicia,  esta  vez  en  Sala de Decisión conformada por los Magistrados Jorge  Luis  Quintero  Milanés  y  María  del  Rosario  González,  adoptó  el  2 de  diciembre  de 2010 las mismas determinaciones asumidas en el fallo de tutela que  había  sido  invalidado.  Según  decisiones  posteriores  de  la  Corte  y del  Tribunal,  se entendió que con la sentencia del 14 de octubre de 2010 recurrida  en   casación,   quedaba   satisfecha   la  orden  adoptada  en  ese  fallo  de  tutela.   

         

LA DEMANDA:  

          El    recurrente    formuló    3    cargos    en   contra   de   la  sentencia.   

Primero.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivado de falso juicio de existencia.   

1.  El Tribunal  omitió considerar los siguientes medios de prueba:   

1.1.   La  versión  presentada  en  el  juicio  por  KAREN  WENDY  BERG  GUTT,  en la cual  reconoció  que  jamás aportó dinero para capitalizar la empresa ATLANTIC COAL  DE  COLOMBIA  S.A. y explicó que si tiene acciones de esa sociedad es porque su  esposo se las regaló (fl. 5/2).        

De  haberse  tenido  en  cuenta  el medio de  convicción   “de   manera  contundente”  se  habría  concluido  que  los  balances  entregados  a Isaac  Mildenberg         Martahaim         “estaban  adulterados”.   Simplemente   porque   en   éstos  “aparece      un      supuesto     aporte     de  capitalización”  de $1.374.500.000.oo realizado por  KAREN  WENDY  BERG  GUTT,  negado  por  ella  en  esa  intervención procesal al  reconocer   que   jamás   aportó   dinero   a   ATLANTIC   COAL   DE  COLOMBIA  S.A.   

Si  lo  anterior  es  así, sorprende que el  Tribunal  expresara que no se probó la adulteración de los balances, aduciendo  “que  los dictámenes periciales no llegaron a dicha  conclusión”. El análisis de los resultados de esos  peritajes  para  el casacionista, de conjunto con la declaración de KAREN WENDY  BERG  GUTT,  lleva a colegir  sin  mayor  dificultad   “que  dichos  balances  fueron manipulados”.   

La  adulteración es clara si se observa que  en  el  balance  general  de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. a 31 de diciembre de  2005,  figura  la  procesada BERG GUTT haciendo el aporte de capital por la suma  señalada  en precedencia. Una contribución que apareció justo “a  la  hora de convencer a Isaac Mildenberg Martahaim de invertir en  la  mencionada empresa y que extrañamente desapareció con posterioridad de los  balances contables”.   

La falsificación de los datos contables, no  hay  duda,  fue una de las maniobras utilizadas por los procesados para engañar  a  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y convencerlo de desembolsarles “una  fuerte cantidad de dinero” que hasta  hoy se han negado a devolver.   

1.2. El acta 143 del  15  de  noviembre  de 1996, mediante la cual la junta directiva de ATLANTIC COAL  DE  COLOMBIA  S.A.,  designó  a  KAREN  WENDY  BERG  GUTT como presidente de la  compañía  y, previa solicitud de ésta, la autorizó para celebrar un contrato  de  transacción  con  la  sociedad  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  e Isaac Mildenberg  Martahaim, el cual se suscribió el 18 de noviembre siguiente.   

En  virtud  de  ese arreglo ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.  y  MORRIS  HARF  MEYER  se  comprometían a devolver los dineros  adeudados a Isaac Mildenberg Martahaim y/o COMPAÑÍAS INTEGRADAS.   

La  autorización dada a través del acta de  la   junta   directiva   fue   paso   previo  de  los  acusados  “para  la  maniobra final” que desplegaron  el  19  de  noviembre  del  mismo año, es decir, la desvinculación de ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A. como deudora de Isaac Mildenberg Martahaim.   

1.3. El convenio del  19  de  noviembre  de  1996,  para  el recurrente “la  prueba  más  importante dentro del plenario”, fue el  tercer   medio   de   convicción  dejado  de  considerar  por  el  ad  quem.  A través del mismo MORRIS HARF  MEYER,  actuando  en  calidad  de persona natural, y Fabio Cárdenas Scovino, en  condición  de  representante  legal  de  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A., sin el  consentimiento  de  Isaac  Mildenberg  Martahaim, pactaron que la suma de dinero  que  se  comprometieron  a  pagar  al último en el contrato de transacción del  día          anterior,          la          cancelaría         “exclusivamente”   MORRIS   HARF  MEYER,  excluyendo  así  a  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A. como deudora solidaria de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A.   

Pasó  lo  anterior,  no  obstante que en el  acuerdo  del  18 de noviembre de 1996 “se estableció  que  la  obligación  no  podía  ser  cedida  ni endosada sin autorización del  acreedor”.   

El Juzgado de primera instancia, a juicio del  recurrente,  “logró  develar  que fue por medio del  convenio  de  fecha 19 de noviembre de 1996, que los esposos MORRIS HARF MEYER y  KAREN  WENDY  BERG GUTT se apoderaron de los dineros del señor Isaac Mildenberg  Martahaim,  dejándolo  además,  sin  posibilidad alguna de reclamarlos ante la  jurisdicción  civil  y menos a instancias del proceso concordatario”.    

Así  debió  concluirlo el Tribunal tras el  examen  de  ese  convenio,  de  conjunto  de  los  demás  medios de prueba y en  particular  con  las  declaraciones de Isaac Mildenberg Martahaim y Janin Posner  de Mildenberg.   

Se debía advertir en el fallo impugnado que  en  el  pacto  del  18  de  noviembre  de  1996  se  estipuló,  “como   era   lógico”,  “que  la  deuda  reconocida  a  favor  del  señor  Isaac  Mildenberg  Martahaim   no   podía   ser  cedida  ni  endosada  sin  el  consentimiento  de  éste”.  Pero  MORRIS  HARF  MEYER,  pese  a  dicha  cláusula,  suscribió al día siguiente, “a espaldas  del  acreedor”,  el documento del 19 de noviembre de  1996,   el  cual  representó  “una  artimaña  para  perfeccionar  la estafa que adelantaban los procesados, con el fin de apoderarse  de  los  dineros  que  el señor Isaac Mildenberg Martahaim había aportado para  capitalizar    la    empresa   ATLANTIC   COAL   DE   COLOMBIA   S.A.”.   El peritaje del Cuerpo Técnico de Investigación de la  Fiscalía  hizo  alusión  al  desconocimiento  por  parte de los procesados del  compromiso  adquirido en el contrato de transacción del 18 de noviembre. MORRIS  HARF,  a  su  turno, reconoció que Isaac Mildenberg Martahaim no pudo concurrir  al  concordato  porque  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. no figuraba para entonces  como deudora solidaria.   

1.4.  El  Tribunal  omitió,  por  último,  la  versión  rendida  por  MORRIS  HARF  MEYER ante la  Fiscalía   (fl.143/1),   donde  indicó  que  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y/o  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS tenían dos opciones para el cobro de la obligación: la  vía  judicial, de la cual desistieron, y el proceso concursal a que se sometió  a  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  Reconoció el procesado, asimismo, que el  acreedor  “no  acudió  al  proceso concursal porque  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  ya no aparecía como deudora solidaria de la  obligación  y  por ende, Isaac Mildenberg Martahaim y/o COMPAÑÍAS INTEGRADAS,  no  pudieron  presentarse  como  acreedores dentro del concurso convocado por la  Superintendencia de Sociedades”.   

Si  se  hubiera tomado en cuenta el dicho de  MORRIS  HARF  MEYER, la segunda instancia “no habría  concluido  equivocadamente  que Isaac Mildenberg Martahaim decidió no acudir al  concordato  porque prefirió acudir a la vía civil”.  No  podía  presentarse  al primero debido al convenio de noviembre 19 de 1996 y  al   encontrarse  convocada  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  a  “un   proceso   ejecutivo   universal   como   el   concordato”,  le    resultaba   imposible   a   Isaac   Mildenberg  Martahaim   “continuar  con  la  reclamación  que  había  iniciado  por la vía  civil,   razón  por  la  cual  tuvo  que  desistir  de  la  acción”.    

Si  el  Tribunal Superior no hubiera omitido  esa  declaración  injurada,  su  análisis conjunto con el acta 143 de la junta  directiva  de  ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A. y los convenios de noviembre 18 y  19  de  1996,  lo  habrían  llevado  a concluir “sin  mayor     esfuerzo”    que    dichos    documentos  “se  suscribieron  con el fin de mantener en error a  Isaac  Mildenberg Martahaim y finalmente con el fin de apropiarse de los dineros  que   éste   había   invertido   en  la  empresa  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.”.   

Segundo.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial    originada    en    error    de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad.   

                                     

          El  Tribunal, con cercenamiento de los apartes del peritaje contable  “en los que se señala que los balances contables de  la    empresa    ATLANTIC   COAL   DE   COLOMBIA   S.A.   fueron   efectivamente  manipulados”,  dijo  que  no  se probó que hubieran  sido adulterados.   

          Los  funcionarios  del CTI de la Fiscalía, en el examen del balance  a   diciembre   31  de  2005,   advirtieron  un  valor  de  “anticipo      capitalización”     de  $1.374.500.000.oo,           “presuntamente  invertidos”  por  KAREN  WENDY  BERG  DE  HARF.  No  obstante  lo  anterior,  los  peritos  indicaron que en los libros auxiliares de  diciembre  de  1995  y enero de 1996 no se encontraba registrada esa inversión.  Sólo  se  registraron,  bajo  el rubro “anticipos de  capitalización”,  las  sumas depositadas por MORRIS  HARF   MEYER.  Se  señaló,  “de   modo   aún   más   categórico”,  que  “en los extractos de diciembre  de  1995  y  enero  de  1996,  no se aprecia la suma presuntamente invertida por  KAREN  WENDY  BERG  DE  HARF,  lo  que  comportó la reversión de los registros  contables de dichos anticipos”.   

          Es  relevante  para  el  casacionista lo anterior si se recuerda que  los  procesados, “con miras a acreditar la solidez de  la   empresa”  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  y  conseguir  que  Isaac  Mildenberg  Martahaim  la  capitalizara,  ofrecieron como  prueba  los balances contables en los que aparecía el aporte de capitalización  de KAREN WENDY BERG DE HARF por la suma de $1.374.500.000.oo.   

          A  través  del  dictamen  se  demuestra, además, que inclusive las  sumas  efectivamente  invertidas  por  Isaac  Mildenberg Martahaim y COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  “desaparecieron  de  los  balances  contables   de   la   empresa   ATLANTIC   COAL   DE  COLOMBIA  S.A.”  e  igualmente  que  “jamás serían  invertidas  en la capitalización de la compañía y que el único propósito de  los  acusados  era  apropiarse  de las mismas”.    

         La      falsificación      de     los     balances     –también  demostrada con la afirmación  de  KAREN  WENDY  BERG GUTT consistente en que no invirtió recursos en ATLANTIC  COAL—    tuvo  como  propósito    “hacer   incurrir   y   mantener   en  error”  a  la  víctima.  También apropiarse de las  sumas invertidas por Mildenberg Martahaim.   

         Tercer  cargo. Violación indirecta de la ley sustancial derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

         

         La  segunda  instancia  apreció los testimonios de Isaac Mildenberg  Martahaim  y  de Janin Posner de Mildenberg “a la luz  de  una  peculiar  regla  de  experiencia,  conforme  a la cual las personas con  formación   académica   no   pueden   ser   sujetos   pasivos  del  delito  de  estafa”.   

         Esa  Corporación  judicial,  cuando  menos  tácitamente,  admitió  “la  existencia  de  irregularidades  en  los balances  contables”  presentados a Isaac Mildenberg Martahaim  y   que  los  acusados  “faltaron  a  la  verdad  en  desarrollo   de   la   negociación”.  No  obstante,  consideró  que  tales  conductas “escapan al ámbito  normativo  del  delito  de  estafa” pues los esposos  Mildenberg  –“dada  su formación académica y calidades profesionales”—, debieron,  antes  de  desembolsar  el  dinero, realizar un estudio riguroso de los asientos  contables   de   ATLANTIC   COAL   y   no   estarse   a   la   palabra   de  los  acusados.   

         El  Juzgador se apoyó, en lo jurídico, en la sentencia de la Corte  del  10  de  junio  de  2008  (radicación  28593), donde a juicio del censor se  estableció  que  “quien se halla en pie de igualdad  con  su contraparte negocial, es el creador del riesgo sobre sus bienes, de modo  que  dicha  contraparte  no asume en ningún caso posición de garante frente al  patrimonio   de   la   presunta   víctima”,  tesis  jurisprudencial  relacionada  con un caso que no guarda ninguna semejanza con el  de la presente actuación.   

         El  Tribunal, en fin, al tiempo que consideró equivocadamente regla  de  experiencia  una  circunstancia  que  no lo es, dejó de aplicar otra que si  alcanza  esa  entidad, consistente en que “a nadie le  es  dado  incurrir  en  mentiras o en maniobras fraudulentas en desarrollo de un  negocio  jurídico, so pena de incursionar en el supuesto fáctico del delito de  estafa”.   

         El  razonamiento  que  se  cuestiona  a  la  sentencia  desconoce el  principio  de confianza, “conforme al cual a nadie le  es   exigible  actuar  bajo  la  premisa  de  que  los  demás  infringirán  el  ordenamiento    jurídico”.   Es   “lícito   y  adecuado”  conforme  a  ese  principio,   por  el  contrario,  actuar  bajo  la  idea  contraria,  es  decir,  “que  los  restantes  miembros  de  la  sociedad”  se comportarán reglamentariamente.   

Así  las  cosas,  debió  el  ad   quem  otorgarle  credibilidad  a  las  declaraciones     de     las     víctimas,     las    cuales    “reafirman  la  culpabilidad  que asiste a los procesados y refuerzan  el  valor  disuasivo  de  las  pruebas  de  cargo  testimoniales,  periciales  y  documentales”  señaladas en la demanda. Expresaron,  en  efecto,  que  los  acusados “presentaron balances  fraudulentos  con  el  propósito  de  hacerlos  incurrir y mantenerlos en error  acerca  de la real situación financiera de la empresa ATLANTIC COAL DE COLOMBIA  S.A.”.   

Esas atestaciones, más los medios de prueba  aludidos  en las otras censuras, acreditan con suficiencia la materialidad de la  conducta    imputada   y   la   responsabilidad   penal   de   los   procesados.  Simultáneamente  que la segunda instancia, en virtud de los errores probatorios  vistos,  aplicó indebidamente el principio de in dubio  pro  reo consagrado en el artículo 7º del Código de  Procedimiento  Penal  y  dejó  de  aplicar los artículos 246 y 267 del Código  Penal.   

         

Le solicitó el casacionista a la Sala, por  último,  casar  la  sentencia  absolutoria impugnada y, en su lugar, condenar a  los  procesados  en  los términos que lo hizo el juzgado de primer grado, menos  la  concesión  de  prisión  domiciliaria  en  atención  a que “resulta  inadecuada” en el caso concreto  “para la consecución de las finalidades perseguidas  por   el   legislador   con   la   sanción  penal”.   

Si  una de las finalidades de la pena es la  prevención     general,     atendidas     las    condiciones    “sociales    y   económicas”   de   los  enjuiciados,  recordando  que “se han desempeñado en  altos  cargos públicos” (MORRIS HARF fue Ministro de  Comercio),   “sencillo   resulta  advertir  que  la  conducta  punible  desplegada  resulta  especialmente  censurable  y es causa de  inmensa  conmoción social; de modo que sólo la detención de los procesados en  un  establecimiento carcelario garantizaría el restablecimiento de la confianza  de   los   administrados   en   la   vigencia  del  orden  jurídico”.   

ALEGATOS DE LOS DEFENSORES DE LOS PROCESADOS  COMO SUJETOS PROCESALES NO RECURRENTES:   

         Expresaron,  en  primer  lugar,  que  el apoderado de la parte civil  presentó  la demanda de casación después de cumplirse el plazo legal previsto  para ello.   

Tras  las  consideraciones  pertinentes, en  segundo   término,   le   solicitaron  a  la  Corte  que  de  no  compartir  el  planteamiento  anterior  no  admita  la  demanda  por  carecer  los cargos allí  presentados  de  las  exigencias  de  claridad  y  precisión establecidas en el  artículo 212-3 de la Ley 600 de 2000.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA:  

         1. A juicio del  Delgado,  los  cuatro medios de prueba en los que hizo el censor recaer el error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  planteado en el primer cargo, son  demostrativos de la configuración del delito de estafa.   

         Desconoció  el  Tribunal  que  KAREN  WENDY  BERG GUTT expresó que  nunca  le  aportó  a  ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A., para capitalización, la  suma  de  $1.374.500.000.oo registrada en el balance correspondiente a diciembre  de  1995,  aunque  no  en  los  libros  auxiliares  según  la pericia contable.   

         No  tuvo en cuenta la segunda instancia, además, el convenio del 19  de  noviembre  de  1996,  prohibido  por  disposición pactada en el contrato de  transacción  del  día  anterior y a través del cual el acreedor quedó sin la  posibilidad  de  hacerse  parte  en el proceso concordatario de ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA.  Dicho  acuerdo  constituyó  para  el  a quo  la  maniobra  final  utilizada por los procesados para  apoderarse del dinero de Isaac Mildenberg Martahaim.   

         Se  omitió  en  la  sentencia,  a  la  vez,  el  acta 143 del 15 de  noviembre  de  1996,  correspondiente  a  la junta directiva de ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA.  Por  su  intermedio se autorizó celebrar el contrato de transacción  del  18  de  noviembre  siguiente,  concebido  “para  reconocer  y respaldar la deuda que se tenía con el acreedor MILDENBERG, y más  allá  como lo refiere el apoderado de la parte civil, en realidad se firmó con  el  fin de mantener en error a la víctima y preparar el camino para la maniobra  que  los  esposos  MORRIS  HARF  y  BERG  GUTT  desplegarían  el día siguiente  (19/11/1996)  la  subrogación de la deuda a título personal que hiciera MORRIS  HARF a espaldas del acreedor”.   

         2. Para el Agente del Ministerio Público,  el  casacionista  también acertó en el segundo cargo, es decir, en el error de  hecho  por falso juicio de identidad que hizo recaer en el dictamen contable del  CTI  de  la  Fiscalía  General de la Nación. En su criterio, fueron claras las  maniobras  contables  “propiciadas por los procesados  para  hacer  incurrir  en  error  a  los esposos MILDENBERG y POSNER” e igualmente para mantenerlos en él.     

         Las  manifestaciones  de  las víctimas tienen respaldo en la prueba  pericial,  “también pretermitida por el Tribunal, en  la  que  señala  que  en  algunos  libros  aparecían  aportes  por concepto de  capitalización   por   parte   de   KAREN   WENDY   BERG   GUTT   por  más  de  $1.000.000.000.oo,  los  cuales  no  se  registraron  en los libros auxiliares y  finalmente  desaparecieron  en  la contabilidad en los extractos de diciembre de  1995  y  diciembre  de  1996,  lo  que conllevó una sustancial disminución del  capital   de   la   sociedad   ATLANTIC   COAL   DE   COLOMBIA  S.A.”.   

         BERG  GUTT,  se  insiste,  afirmó  que  jamás  realizó aportes de  capital   a   esa  compañía  y  eso  acredita  “de  plano”  la  falsedad  de  la  información contable,  “por  lo  que le asiste la razón a los perjudicados  cuando   señalan   que   fueron   engañados   por   los   acusados”.   

         Los  testimonios  de  los esposos Mildenberg, de otro lado, resultan  “coincidentes”  con  la  prueba    documental    “que   incrimina   a   los  procesados”  y  especialmente con el convenio del 19  de  noviembre  de  1996,  a  través  del cual MORRIS HARF MEYER “se  subrogó a título personal la deuda adquirida por ATLANTIC COAL  DE   COLOMBIA   S.A.  con  las  aquí  víctimas  y  de  ese  modo  los  dineros  desaparecieron  de  los balances contables de la mencionada sociedad”.    Ese    convenio   –dijeron—  se  firmó  a  sus  espaldas,  “un  día  después   –precisa      el  Delegado—  de  que  MORRIS  HARF  MEYER  los  convenció  de  suscribir  el  contrato de transacción que le  serviría  para subrogarse la obligación a título personal, tras manifestarles  que  era  la  única  garantía que se hallaba dispuesto a prestar por las sumas  invertidas”.   

3. El Tribunal, de  otra  parte,  incurrió en el error de raciocinio denunciado en el tercer cargo,  al  absolver a los procesados con apoyo en una supuesta regla de experiencia que  señala  que  las  personas  con  alto  grado de preparación académica y vasta  experiencia  en  negocios,  como  es  el  caso  de los procesados, no pueden ser  sujetos  pasivos  de  estafa,  siendo que algo así no se puede generalizar pues  depende  de  cada  caso  particular,  de  acuerdo  a  como  lo  ha  señalado la  jurisprudencia (CSJ SP, 10 Jun 2008, Rad. 28693).   

         En  las  transacciones comerciales impera el principio de confianza,  como  lo  recordó el demandante. Eso significa que aún en el evento de que las  víctimas  desatendieran  “las reglas de diligencia y  prudencia”,     asumiendo    “acciones  a  su  propio  riesgo”, tampoco  ello  conduciría a que los acusados fueran exonerados de responsabilidad penal,  de acuerdo a como lo pretenden sus defensores.   

         En  respaldo  de  la postura de considerar responsables penalmente a  los  procesados  del  delito  de  estafa,  reprodujo el Delegado a continuación  buena  parte de la sentencia de la Sala del 4 de abril de 2012, donde se abordó  el  tema  de  las  acciones  a propio riesgo. Luego concluyó que la valoración  probatoria  de  la  primera  instancia, de la cual transcribió sus conclusiones  más  importantes,  resulta  ajustada  “a la realidad  jurídico  procesal” y que si se tienen en cuenta los  yerros  en  los  cuales incurrió el Tribunal, cabe casar la sentencia impugnada  y,   en  su  lugar,  confirmar  el  fallo  condenatorio  de  primera  instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Cuestión previa.  

Los defensores, dentro del término legal de  traslado   para  alegar  otorgado  a  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  coincidieron  en  señalar que la presentación de la demanda fue extemporánea.   

El  Tribunal,  mediante decisión del 31 de  mayo  de 2011,  y la Corte, por auto del Magistrado Ponente del 16 de abril  de  2012,  concluyeron  que  el  recurso  de  casación  y  la demanda en que se  sustenta  se  presentaron  dentro de los términos establecidos en la Ley 600 de  2000.  La  Sala  reafirma  esa  determinación  con  sustento  en las siguientes  razones:   

          1.1.  La sentencia de segunda instancia se  profirió  el  14  de octubre de 2010, en cumplimiento del fallo de tutela de la  Corte  del  10  de  agosto del mismo año. El mismo día se cursó citación por  escrito para notificación a todos los sujetos procesales.   

1.2.  El  19  de  octubre   de   2010  el  apoderado  de  la  parte  civil  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.  Eso significa, de un lado, que el mismo día esa  parte  quedó  notificada  por  conducta  concluyente  y,  de otro, que impugnó  oportunamente  si  se  tiene en cuenta que contaba para hacerlo con los 15 días  siguientes  a  la  última notificación de la sentencia (Art. 210 de la Ley 600  de  2000) y ésta actividad de publicidad aún se estaba surtiendo, al punto que  las   Delegadas   de   la   Procuraduría  y  de  la  Fiscalía  se  notificaron  personalmente el 1º y el 15 de diciembre de 2010 respectivamente.   

1.3.  El  5  de  noviembre  de 2010 la Sala de Casación Civil de la Corte anuló la sentencia de  agosto  10  del  mismo  año,  por  la  cual  una  Sala de Tutelas de la Sala de  Casación  Penal  le  amparó  a  los esposos Isaac Mildenberg Martahaim y Janin  Posner  los  derechos  de  debido proceso y de acceso a la justicia, dejando sin  efecto  la  declaración  de  prescripción de la acción penal decretada por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  y ordenándole a éste resolver las apelaciones  interpuestas  contra  el  fallo condenatorio dictado por la primera instancia en  contra de MORRIS HARF MEYER y KAREN WENDY BERG GUTT.   

El 2 de diciembre de 2010, tras los remedios  procesales  pertinentes,  la  Sala  de  Tutelas  de  la  Sala de Casación Penal  adoptó  nuevamente  las  mismas  determinaciones  asumidas  en  la sentencia de  tutela invalidada.   

1.4. Mediante auto  del  11  de  enero de 2011, El Tribunal Superior de Bogotá dispuso pedirle a la  Sala  de Tutelas de la Corte que dictó la sentencia del 2 de diciembre de 2010,  indicar  si  tras  dicho  pronunciamiento se mantenía vigente o no la sentencia  penal dictada en el presente proceso el 14 de octubre anterior.   

La Sala de Tutelas de la Corte, por auto del  20  de  enero  de  2011, determinó no dictar fallo complementario. Precisó, no  obstante,   que   si  la  nulidad  ordenada  por  la  Sala  de  Casación  Civil   

“no tuvo efecto  alguno  sobre la actuación que adelantaba el Tribunal accionado en cumplimiento  del  amparo  inicialmente  concedido  el  10 de agosto de 2010, como en realidad  así  sucedió  según  viene  de  verse,  al  haberse  adoptado igual decisión  concediendo  el  amparo una vez subsanada la irregularidad declarada, surge como  conclusión  lógica que la actuación sigue su curso normal porque retrotraerla  al  momento  de  la  nulidad  para  repetir  lo  que hasta ahora se ha cumplido,  resultaría  desproporcionado, de suerte que no se imponía señalar al Tribunal  los  efectos  que  para  este momento puede tener la nulidad cuando lo cierto es  que  la  misma  colegiatura  tenía claro que ello en nada afectó la actuación  cumplida  con  ocasión  del  amparo concedido, luego, no resta más que dar por  cumplida  la  orden  del  juez  constitucional,  que  a  pesar  de  la decisión  nulitativa, resultó ser la misma”.   

          En  razón  de  la  declaración  anterior,  mediante auto del 26 de  enero  de  2011,  el Tribunal concluyó acertadamente que la sentencia del 14 de  octubre  de  2010,  por  la  cual  fueron  absueltos los procesados, cumplía lo  ordenado  en  el  fallo de tutela del 2 de diciembre de 2010 y, en consecuencia,  no   le   correspondía  a  la  Corporación  llevar  a  cabo  ninguna  gestión  adicional.   

1.5.  Así  las  cosas,  de  conformidad  con  las actuaciones judiciales antes relacionadas, que  son  todas  las  que  obran en el cuaderno original 1 del Tribunal, es claro que  hasta  la  providencia  del  26  de  enero de 2011 aludida antes, únicamente se  encontraban  notificados  del  fallo recurrido en casación la Procuraduría, la  Fiscalía  y  el apoderado de la parte civil. Así lo estableció la secretaría  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  18  de  febrero de 2011, la cual, para  notificar  a  los sujetos procesales que no lo hicieron en forma personal, fijó  edicto  el  21  de  febrero  siguiente  y  lo  desfijó  a las 5 de la tarde del  siguiente 23.   

Para   la  Corte  no  hay  duda  que  esa  notificación   supletoria   había   que  hacerla,  contrariamente  a  como  lo  plantearon   los   defensores.   Simplemente   porque  ni  a  éstos  ni  a  sus  representados  se  les  había  notificado personalmente del fallo de la segunda  instancia,  sin  que  pueda  entenderse que sí bajo el argumento de que ciertas  actuaciones  de  unos  y  otros  en  el trámite de la acción de tutela así lo  traducían.   

El  paso  del  tiempo,  por  otra parte, no  elimina  el mandato de notificación por edicto de la sentencia en relación con  los  sujetos  procesales que no se notifiquen personalmente de ella (Art. 180 de  la  Ley 600 de 2000). Resulta equivocado, por tanto, decir que si no se publicó  el  edicto en los días siguientes a la remisión de los telegramas de citación  a  las  partes  para  enterarlas  de  la  sentencia,  igual a partir de entonces  –como   si   se  hubiera  fijado—     debía  contabilizarse  sin  ninguna  interrupción el término de ejecutoria y, tras el  vencimiento  de  éste,  el  de  presentación  de la demanda de casación. Este  planteamiento  del  defensor  de  la  acusada  KAREN  WENDY  BERT GUTT, del cual  derivó  que  el  20  de  enero  de 2001 se le cumplió al apoderado de la parte  civil el plazo para allegar el libelo, es inaceptable.   

Sin  discusión, entonces, para la Corte es  evidente  que  la secretaría del Tribunal actuó conforme a derecho al concluir  que  no  todos los sujetos procesales habían sido notificados personalmente del  fallo   y   que   debía,   por   tanto,   enterarlos  del  pronunciamiento  por  edicto.   

1.6. Ahora bien, si  el  edicto  se  publicó durante 3 días a partir del 21 de febrero de 2011, los  15  días  de  ejecutoria  de  la sentencia, contados desde el 24 de febrero, se  cumplían  el  16 de marzo siguiente y los 30 para presentar la sustentación de  la  casación  el  5  de  mayo  del  mismo  año,  fechas  todas  que  coinciden  perfectamente  con  las  escritas en las constancias suscritas por la secretaria  de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

En   conclusión,   se   ratifican   las  determinaciones  aludidas  al  comienzo  de  este  capítulo,  adoptadas  por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el 31 de mayo de 2011  y por el Magistrado  Ponente  de  la Sala de Casación Penal de la Corte el 20 de abril de 2012, ante  la  circunstancia  manifiesta  de  que  el recurrente allegó la demanda el 4 de  mayo  de 2011, un día antes de vencerse el término legal de que disponía para  el cumplimiento de esa carga procesal.   

2. De la demanda de casación.  

2.1.  Primer cargo. Violación indirecta de  la ley sustancial derivada de falso juicio de existencia.   

La  Sala  ha  examinado  los argumentos con  sustento  en  los  cuales  el  Tribunal  resolvió  absolver  a  los  acusados y  ciertamente,  como  lo  señaló el recurrente, no se consideraron allí el acta  143  de  la reunión de la junta directiva de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. del  15  de noviembre de 1996 y el convenio del 19 de noviembre de 1996, suscrito por  MORRIS  HARF  MEYER  y  Fabio  Cárdenas  Scovino. Y aunque sí se aludió en el  pronunciamiento  a  las  versiones  de  los  procesados,  se  hizo  en términos  generales,  sin  detenerse  el  juzgador  en  las  afirmaciones que a juicio del  casacionista  se dejaron de lado. Se trataría el reproche, frente a sus dichos,  no  de  un  error  de hecho originado en falso juicio de existencia por omisión  sino  de  uno  derivado  de  falso  juicio de identidad por no tenerse en cuenta  cierta   parte   de   los   medios  de  prueba.  Pero  es  una  impropiedad  sin  consecuencias, ya superada con la admisión de la demanda.    

Bajo  el  reconocimiento anterior, entra la  Sala   a   examinar   a   continuación   la  trascendencia  de  esas  omisiones  probatorias.   

2.1.1.  Versión presentada por KAREN WENDY  BERG GUTT.   

El   18  de  julio  de  2007,  cuando  su  vinculación   procesal,  se  negó  a  rendir  indagatoria,  en  los  términos  previstos  en  el  artículo  337  de  la  Ley  600  de  2000.  En el juicio fue  interrogada  y, efectivamente, como lo recordó el censor, admitió que nunca ha  aportado  dinero  a  la compañía ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. y que si tiene  acciones  allí  es  porque  su  esposo  se  las regaló. Esto significa para el  apoderado  de  la  parte  civil  que  el  balance  general de la empresa a 31 de  diciembre  de 2005, en el cual la procesada aparece haciendo una capitalización  de  $1.374.500.000.oo,  se  falsificó  en ese punto específico para engañar a  Isaac    Mildenberg    Martahaim    y    convencerlo    de    invertir   en   la  sociedad.   

En  ese  balance,  ciertamente,  aparece la  cuenta   anticipos   de   capitalización  por un valor de $2.374.500.000.oo (116/anexo 14), compuesto según  el  anexo  28  del documento contable (fl. 126 vto. /anexo14) por los siguientes  aportes:   $1.000.000.000.oo   a   nombre   de  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  y  $1.374.500.000.oo  a  nombre de BERG DE HARF KAREN WENDY. Esta última cantidad,  contrariamente  a  como  lo plantea el casacionista, ingresó a ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA S.A.   

MORRIS  HARF  MEYER,  según  se  acreditó  documentalmente,  recibió  dos  créditos  de  COANDINA  LTDA.  El  primero por  $1.000.000.000.oo  el  26  de diciembre de 1995 y el segundo por $400.000.000.oo  el  17  de enero de 1996. Del inicial recibió ATLANTIC COAL $974.500.000.oo por  concepto  de “anticipo de capitalización”,  según  recibo de caja del mismo 26 de diciembre (fl. 54/anexo  14).  Y  aunque  respecto  del  otro  no  aparece  en la actuación un documento  contable  similar, su importe, menos las deducciones respectivas que ascendieron  a  $18.500.000.oo,  se  consignó  el  18 de enero de 1996 a la cuenta corriente  42500989-1  del  Banco  Extebandes  de Colombia, de la cual era titular ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A. (fol. 72/anexo 14).   

Al  realizarse el balance general del 31 de  diciembre   de   1995,   según  se  deduce,  se  agregaron  al  “anticipo    de    capitalización”   de  $974.500.000.oo  efectuado  por  MORRIS  HARF  MEYER,  los  $400.000.000.oo  que  desembolsaría   COANDINA   LTDA   días  después.  Las  dos  cantidades  suman  $1.374.500.000.oo,  vale  decir,  el mismo valor registrado como “anticipo  de capitalización” a nombre de  KAREN WENDY BERG GUTT.   

Si materialmente esa suma de dinero ingresó  a  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA, menos los descuentos aplicados al préstamo de 400  millones  de  pesos, el hecho de que no se haya imputado contablemente el aporte  a  MORRIS HARF MEYER, sino a su esposa KAREN WENDY BERG GUTT, no perfila ningún  artificio  o  engaño  que  haya  podido  inducir  en  error  a Isaac Mildenberg  Martahaim  para desembolsar las cantidades de dinero que entregó, a favor de la  compañía que había convenido capitalizar.   

Tampoco despierta suspicacia el hecho de que  se  haya incorporado en el balance general del 31 de diciembre de 1995 el aporte  de  capital  correspondiente a los 400 millones de pesos, cuando es evidente que  sólo  el 18 de enero de 1996 ingresó el dinero a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA. Se  desconoce  la  razón  para  que  se haya procedido de esa manera. Pero, en todo  caso,  debió  tratarse  de  la  misma  lógica  que  motivó a incluir en dicho  balance,  a  nombre  de COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. (representada legalmente por  Isaac   Mildenberg   Martahaim),   el  “anticipo  de  capital”    de    $1.000.000.000.oo   –registrado  junto  al atribuido a KAREN  WENDY  BERG  GUTT  por $1.374.500.000.oo—,  apenas  recibido  por ATLANTIC COAL DE COLOMBIA el 10 de enero de  1996.   

Los  1000  millones  de  pesos, conforme al  documento  que  obra  a  folio  39 del cuaderno anexo 14, se los prestó la Caja  Agraria  en  esa  misma  fecha  a  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  Al  tiempo, en  garantía  de  pago,  Isaac  Mildenberg  Martahaim  suscribió  un pagaré y los  $900.324.501.oo  que  finalmente  le  giró  la  entidad financiera a la deudora  fueron  consignados,  también  el  10  de enero de 1996, en la cuenta corriente  0310012637-8  de la Caja Agraria, perteneciente a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A.  (fl. 48/anexo 14).   

Es  claro,  entonces,  que  los  asientos  contables  relacionados  con los aportes comentados, por 400 millones de pesos a  nombre  de  KAREN  WENDY  BERG  GUTT  y  por  1000 millones de pesos a nombre de  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS,  guardan  similares características. Son anteriores al  ingreso  de  los  recursos  a  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA, están vinculados a  créditos  del sector financiero concedidos a quienes proporcionaron el dinero y  se  asumieron  en  libros  por  el  valor  total de los empréstitos (1000 y 400  millones)  y  no por las sumas que finalmente giraron las entidades prestamistas  y  que  efectivamente  ingresaron  a  ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A., es decir,  $900.324.501.oo y $381.500.000.oo.   

En dichas circunstancias, por tanto, no hay  lugar  a  deducir  de  las  inconsistencias  contables  asociadas al anticipo de  capital  de 400 millones de pesos, la configuración de una puesta en escena que  condujera  a  engañar al representante legal de COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. y a  la  defraudación  patrimonial  a  que  se  hizo referencia en la resolución de  acusación.   

De otra parte, si los $1.374.500.000.oo que  en  el  balance general de diciembre 31 de 1995 se atribuyeron como aporte de la  procesada  KAREN WENDY BERG GUTT  en realidad ingresaron a ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA           S.A.,           la          supuesta          “manipulación”   de  las  cuentas  para  aparentar  ante  Isaac  Mildenberg  Martahaim  una  realidad  inexistente que lo  impulsara  a la capitalización de esa compañía, no tuvo ocurrencia. Por ende,  que  el  juzgador haya dejado de lado las afirmaciones de la procesada BERG GUTT  a que alude el censor es intrascendente.   

2.1.2. Acta 143 del 15 de noviembre de 1996,  convenio  del 19 de noviembre siguiente suscrito entre MORRIS HARF MEYER y FABIO  CÁRDENAS SCOVINO y versión del primero.   

Son  los tres medios de prueba restantes en  los  cuales  hizo  recaer  el  casacionista el error probatorio denunciado en el  primer  cargo.  El examen atinente a la trascendencia de su no consideración en  la  sentencia  impugnada,  dada la íntima relación entre ellos, se asumirá de  manera conjunta.   

No  se  puede  comprender  el  contenido  y  alcance  del  acta  143,  correspondiente a la reunión de la junta directiva de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  del 15 de noviembre de 1996 (fl. 90/7 y fol.  6/14),  sin aproximarse a la reconstrucción de lo que sucedió desde el acuerdo  de  capitalización  pactado  entre  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y MORRIS HARF MEYER.   

La  iniciativa  del negocio se la atribuyen  recíprocamente  los mencionados y las pruebas allegadas al proceso no aclararon  quién  dijo  la  verdad. Se trató, no obstante, ello es indudable, de un trato  que  obligaba al inversionista Isaac Mildenberg Martahaim a aportarle a ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A. importantes cantidades de dinero. Hasta 7000 millones de  pesos  se  escribiría  después  en  el  único  documento  con la firma de los  contratantes  donde  se  esbozaron  las  características de la negociación. Se  refiere  la Corte al contrato de transacción del 18 de noviembre de 1996, sobre  el cual se volverá después.   

Cuando  el acuerdo de capitalización de la  mencionada  compañía,  entonces, finalizando el año 1995, no se documentó el  compromiso.  Fue  de  palabra  y  los  aportes  de  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A.  empezaron   a   producirse.  Se  hizo  alusión  en  el  punto  anterior  a  los  $900.423.501.oo  que ingresaron efectivamente a una cuenta corriente de ATLANTIC  COAL  en  la Caja Agraria, provenientes de un crédito de 1000 millones de pesos  que  esa  misma  institución  le otorgó a COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. y que se  registraron  por  el  último  valor  en  la  cuenta  del pasivo “aportes   de   capital”   de  la  firma  destinataria del aporte.   

Otras entregas de dinero llevadas a cabo, de  las  cuales  obra  evidencia  en  la  actuación, se relacionan enseguida con su  respectivo contexto:   

    

* $30.000.000.oo  el  29  de  febrero  de  1996.  Esta  cantidad se la  solicitó  Carlos Ernesto Ariza Pinzón, Director Financiero de ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.,  a  Isaac Mildenberg Martahaim, “para  cubrir   una   obligación   del   Banco   Extebandes   de  Colombia”  (fl. 35/anexo 14). Según comprobante de egreso del mismo día,  “por     concepto     de    préstamo”,  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. le entregó un cheque por el valor  señalado a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. (fl. 36/anexo 14).     

    

* $380.000.000.oo  el  5  de marzo de 1996. Así le pidió esa suma el  Director  Financiero  de  ATLANTIC  COAL  DE COLOMBIA S.A., Carlos Ernesto Ariza  Pinzón,   al   presidente   de   COMPAÑÍAS   INTEGRADAS,   Isaac   Mildenberg  Martahaim:     

“Solicitamos  a  usted  su  concurso  ante  Corporación Financiera de Occidente, quien nos está  requiriendo  cubrir  la  suma  de  trescientos  ochenta millones de pesos m/cte.  ($380.000.000.oo)” (fl. 9/ c. anexo 14).   

En  la  misma  fecha, según recibo de caja  40869,  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  le  pagó  a  CORFIOCCIDENTE,  en cheque,  $378.100.000.oo,  “para  aplicar a la obligación de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA así: cancelación cuenta de cobro de febrero 12/96  RP-20405  28.03.96  abono capital” (fl. 10/c. anexo).  Esos  recursos  fueron  obtenidos  por COMPAÑÍAS INTEGRADAS, a su turno, de un  crédito  que  le  otorgó la misma Corporación Financiera de Occidente el 5 de  marzo  de  1996, en garantía del cual Isaac Mildenberg Martahaim, a su nombre y  como  representante  legal  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS, suscribió un pagaré el  mismo día por la suma de $380.000.000.oo (fl. 16/anexo 14).   

    

* $130.000.000.oo  el  29  de marzo de 1996. Esta suma se la solicitó  ese  mismo día, a través de carta, el presidente de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA,  Fabio   Cárdenas   Scovino,   a   Isaac  Mildenberg  Martahaim,  presidente  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS.     

“El   Banco  Tequendama    –dice   la  comunicación—   nos  está  requiriendo  la cancelación del pagaré No. 95-399 por un valor total de  ciento  treinta millones de pesos ($130.000.000.oo). Solicitamos a usted recoger  este     pagaré,     suma     que    se    contabiliza    como    anticipo    a  capitalización” (fl. 8/c. anexo 14).   

En   la   misma  fecha  Isaac  Mildenberg  Martahaim,  invocando  su  condición  de  representante  legal  de  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A., se dirigió a la Gerente Empresarial del Banco Tequendama y le  pidió,  sobre  un  crédito  a  su  favor  aprobado por la entidad, desembolsar  $130.000.000.oo  y  aplicarlos para el pago de una obligación pendiente a cargo  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A. Le solicitó al Banco, además, endosar en  propiedad  y  entregarle el pagaré que era objeto de cancelación, otorgado por  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. (fl. 7/c. anexo 14).   

    

* $20.000.000.oo  y $100.000.000.oo los días 8 y 11 de abril de 1996,  respectivamente.  En  los  dos  casos,  mediante  cartas  de  tales  fechas,  el  presidente  de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA, Fabio Cárdenas Scovino, le certificó  al  presidente  de  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS,  Isaac  Mildenberg Martahaim, haber  recibido  esos  valores  “como préstamo para capital  de  trabajo”  y  que  las sumas se le reintegrarían  “en   el   evento   de   que   no   se  realice  la  capitalización   por   parte   de   COMPAÑÍAS   INTEGRADAS   S.A.” (Folios 31 y 25/anexo 14).     

El proceso de capitalización no continuó.  E  innegablemente los problemas financieros de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. se  agudizaron  desde entonces. En especial porque en febrero de 1996, a raíz de su  nombramiento  como  Ministro  de  Comercio  Exterior, MORRIS HARF MEYER tuvo que  declinar  un  crédito  cercano  a  los 10.000 millones de pesos proveniente del  Instituto   de   Fomento   Industrial  –IFI-.  En  su  testimonio  en  la audiencia pública de juzgamiento,  Isaac  Mildenberg  Martahaim  se  refirió  a  la  eventualidad,  señalando que  “por  gallardo”  MORRIS  HARF  hizo  esa  renuncia,  a  sabiendas  de  que  la  misma  podía costarle la  capitalización de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA (fl. 65/9).   

La   mala  situación  económica  de  la  sociedad,  por  tanto, llevó a que el 30 de agosto de 1996 se suscribiera entre  la  misma  y  sus  acreedores,  bajo  el  liderazgo  del  Instituto  de  Fomento  Industrial,  un “acuerdo general de reestructuración  financiera”  (fol.  54/anexo  4  y  anexo  9),  cuyo  objetivo  primordial  concertado  fue garantizarle a los últimos el pago de las  obligaciones  financieras  contraídas  con ellos por ATLANTIC COAL DE COLOMBIA,  estableciéndose  para  el  efecto  no detener las actividades de explotación y  exportación  de  carbón  de  la  compañía.  En aras de lograr que la empresa  pudiera  llegar  al  nivel  de  productividad necesario para la atención de sus  compromisos  comerciales  y  económicos,  se  pactó el refinanciamiento de los  créditos.  Se  fijó para su pago un plazo de 7 años, un período de gracia de  2  años  para  cancelación  de  capital  y como fuente de pago los deudores se  comprometieron  a  entregarle el manejo de “los   contratos   de   exportación   de   carbón   vigentes   y  futuros” a una fiducia.    

Isaac  Mildenberg  Martahaim, en calidad de  acreedor,  suscribió  ese acuerdo. Al hacerlo respaldó sus cláusulas y, entre  ellas, el parágrafo primero de la sexta, del siguiente tenor:   

“LOS DEUDORES y  la  sociedad  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS, suscribirán un documento privado… a EL  ACUERDO,  en  el  cual,  se  dejará constancia que los MIL SEISCIENTOS CUARENTA  MILLONES  CUATROCIENTOS  DOCE MIL TRESCIENTOS UN PESOS M/CTE ($1.640.412.301.oo)  anticipados  por  COMPAÑÍAS INTEGRADAS por concepto de capitalización, quedan  supeditados   al   pago  del  pasivo  externo”  (fl.  58/anexo 4).   

Todo indica que la estipulación anterior  fue  el  origen de la reunión sostenida el 15 de noviembre de 1996 por la junta  directiva  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.,  de la cual quedó constancia  escrita  en  el  acta  143.  Para  esa asamblea fue designada como presidente la  señora  KAREN  BERG  DE  HARF.  Esta  –así   reza   el  documento—  “informó a los señores directores que  es  necesaria  su autorización para celebrar un contrato de transacción con la  sociedad  Compañías  Integradas  y  el  señor  Isaac  Mildenberg, tendiente a  solucionar  las  obligaciones  a cargo de Atlantic Coal y a favor de los mismos,  derivadas  de  la  capitalización  que  iban  a efectuar y que finalmente no se  llevó  a  cabo.  Oída  la  solicitud  de  la  señora  Karen Berg de Harf, los  señores  directores  por  unanimidad  impartieron  aprobación  a la operación  precedentemente  señalada”  (fl. 90/7 y fl. 3/anexo  16).   

El  contrato de transacción autorizado por  la  junta  directiva  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A. se celebró el 18 de  noviembre  de  1996.  Lo  suscribieron: MORRIS HARF MEYER a nombre propio, Fabio  Cárdenas  en  representación  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  e  Isaac  Mildenberg  Martahaim  a  nombre  propio  y  en  representación  de COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A. (fl. 118/1, fl. 18/6, fl. 88/7, fol. 4/anexo 14).   

Según  se  expresa  en el instrumento, las  consideraciones de las partes fueron las siguientes:   

“…que  Isaac  Mildenberg  M.  convino  con  Morris  Harf  Meyer  que  participaría  en  la  capitalización  de  la empresa  ‘Atlantic Coal de Colombia  S.A.’ con la suma de hasta  siete  mil  millones  de  pesos  ($7.000.000.000.oo)  mientras Morris Harf Meyer  conseguía  créditos  por  igual  monto  avalados  con  bienes  de ‘Compañías         Integradas  S.A.’,  por lo que Morris  Harf  Meyer  y  ‘Atlantic  Coal  de  Colombia S.A.’ le  entregarían      a     Isaac     Mildenberg     M.     y     a     ‘Compañías         Integradas  S.A.’   las   acciones  ordinarias  correspondientes  que  representarían  no  menos  del cincuenta por  ciento   (50%)    del  total  de  acciones  en  circulación;  que  en  virtud  de  lo  acordado  Isaac  Mildenberg    M.    utilizando    recursos    de    la    empresa   ‘Compañías         Integradas  S.A.’  hizo ciertos pagos  por  su  cuenta  pero  en  nombre  de Atlantic Coal de Colombia S.A. por la suma  equivalente  a dos millones setenta y ocho mil un dólares de los Estados Unidos  de    América    ($2.078.001.oo);   que     los     anteriores     pagos     hechos     por    ‘Compañías         Integradas  S.A.’ serían imputados a  la      capitalización     de     ‘Atlantic        Coal        de       Colombia       S.A.’;    y,  que  por razones de fuerza mayor Isaac Mildenberg M. y  ‘Compañías  Integradas  S.A.’ a partir del día 3  de  mayo  de  1996  no  pudieron  continuar  cumpliendo  con  su  compromiso  de  participar  en  la  capitalización de ‘Atlantic        Coal        de       Colombia       S.A.”.   

Tras   esas   explicaciones   convinieron  “transar  todas sus obligaciones mutuas relacionadas  con   la   operación   de   capitalización   de   Atlantic  Coal  de  Colombia  S.A.” y acordaron:   

    

* Renuncia  de  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y COMPAÑÍAS INTEGRADAS  S.A.  a  cualquier  participación  accionaria  en  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.     

    

* Compromiso   solidario  e  incondicional  de  MORRIS  HARF  MEYER  y  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A. para pagarle a COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. la  suma  de  US$2.078.001.oo   “o su equivalente en  pesos   colombianos   liquidados   a   la   tasa   de   cambio  vigente  en  las  correspondientes   fechas   de   pago,  más  intereses  liquidados  a  la  tasa  equivalente  a  libor  más  8  sobre  saldos  de capital, pagaderos también en  dólares  de  los  Estados  Unidos  de  América  o  en  su equivalente en pesos  colombianos  liquidados  a  la  tasa  de  cambio  vigente en las fechas de pago,  trimestre  vencido  contados a partir de la suscripción del presente contrato y  hasta  el  vencimiento del plazo total que es de 7 años para el pago de capital  y  de  los  intereses  correspondientes.  El  capital comenzará a amortizarse a  partir  del  día  18  de  noviembre  de  1998  mediante  el  pago de alícuotas  semestrales”.      

    

* Novar    “todas    las    obligaciones  pecuniarias  a cargo de MORRIS HARF MEYER y/o ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. y a  favor  de  ISAAC  MILDENBERG  M.  y/o  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A. que se hayan  originado   con   relación  al  compromiso  adquirido  por  los  últimos  para  participar  en  la capitalización de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. conforme lo  expresado    en    los    considerandos    del   presente   contrato”.     

    

* “Este     documento     –se  expresó  en  el  OTROSÍ final del  contrato—   únicamente  podrá  ser  cedido o endosado con el consentimiento de  las partes”.     

Al  otro día del contrato de transacción,  el  19  de  noviembre  de  1996, MORRIS HARF MEYER, en su propio nombre, y Fabio  Cárdenas  Scovino,  en  representación  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A.,  suscribieron   un   nuevo   convenio,   apoyados  esta  vez  en  las  siguientes  consideraciones:   

“A. Entre el señor Isaac Mildenberg M. y  la  sociedad  Compañías  Integradas  S.A. de una parte y el señor Morris Harf  Meyer  y  la  sociedad  Atlantic  Coal  de Colombia S.A. de otra, se celebró un  contrato  de  transacción  el 18 de noviembre de 1996, con el fin de finiquitar  las  diferencias surgidas del incumplimiento de un compromiso de capitalización  de  la  sociedad  Atlantic  Coal  de  Colombia  S.A.  que  los  primeros habían  adquirido  con  los segundos y en virtud del cual éstos reconocieron a favor de  aquellos  obligaciones  por  valor  de  US$2.078.001  por  concepto de capital e  intereses  pagaderos  en  la  forma estipulada en el documento que se anexa para  que del mismo modo forme parte integrante de esta convención.   

“B. En la actualidad la sociedad Atlantic  Coal   de   Colombia   S.A.  adelanta  un  proceso  de  refinanciación  de  sus  obligaciones  con  los acreedores financieros y no financieros de la entidad. En  el   mencionado   convenio   el   pasivo  correspondiente  a  la  sociedad   Compañías  Integradas  S.A.  y al señor Isaac Mildenberg M. que fue objeto de  transacción,  se  encuentra  debidamente reconocido y su pago quedó supeditado  al  del  pasivo  externo  de  la  compañía,  por cuanto dichos recursos fueron  tomados como capitalización.   

“C.  Contra  la  firma  del  contrato  de  transacción  de  que  trata  la consideración primera, la sociedad Compañías  Integradas  y  el  señor  Isaac  Mildenberg  M. accedieron a firmar y en efecto  firmaron  el  convenio  de  refinanciación  de  obligaciones  de  que  trata la  consideración segunda precedente”.   

Con  sustento  en esas razones, MORRIS HARF  MEYER  y  Fabio  Cárdenas  Scovino acordaron, en primer lugar, que las sumas de  dinero  que  se  comprometieron  a  pagarle  solidaria  e  incondicionalmente  a  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  y  a  Isaac Mildenberg Martahaim, las cancelaría  “exclusivamente”  MORRIS  HARF  MEYER  “con  el  fin  de  que  el  convenio de  refinanciación  de  las obligaciones de ATLANTIC COAL no sea violado y el flujo  de  caja  con base en el cual se efectuaron las proyecciones de la empresa no se  vea alterado”.   

Convinieron, en segundo lugar, que las sumas  de  dinero que  “en cumplimiento del contrato de  transacción”  fueran  canceladas  por  MORRIS  HARF  MEYER  a  favor  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. y/o Isaac Mildenberg Martahaim,  serían  “debidamente  subrogadas a favor del señor  Morris  Harf  Meyer  y/o  de  quien efectúe el pago y reflejadas en los estados  financieros     de     Atlantic     Coal     de     Colombia    S.A.”.   

Ninguna  de las circunstancias vinculadas a  la  cadena  de hechos reseñados conduce a deducir que los procesados cometieron  el delito de estafa.   

Las  entregas  de dinero que paulatinamente  realizó  Isaac  Mildenberg Martahaim a favor de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A.,  no  hay  duda  al  respecto,  tuvieron como causa un acuerdo de capitalización,  cuyos  términos  quedaron  claros  en  el  contrato  de  transacción del 18 de  noviembre  de  1996,  autorizado por la junta directiva de ATLANTIC COAL  a  través del acta 143 del 15 de noviembre del mismo año.   

En   la   transacción  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y  MORRIS  HARF  MEYER  declararon  que  el primero se comprometió a  capitalizar  a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. hasta la suma de 7.000 millones de  pesos  y que el inversionista, “por razones de fuerza  mayor”,  dejó de cumplir su compromiso el 3 de mayo  de 1996.   

Isaac   Mildenberg   Martahaim,   en  sus  intervenciones  procesales,  señaló  que  firmó ese convenio libremente, para  “contrarrestar”   el  acuerdo  general  de  reestructuración financiera de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA,  en  el  cual  había  quedado  de  último en la recuperación de su dinero (fl.  78/9).  También  expresó,  e  igual  su esposa Janin Posner de Mildenberg, que  “les  tocó”  aceptar el  contrato  de  transacción a disgusto, para contar con alguna garantía (fls. 31  y 22/1 y 48/9).   

Esas  últimas  afirmaciones de los esposos  Mildenberg,  claramente  orientadas  a  transmitir  desconfianza  en torno a los  términos  del  contrato de transacción, no las cree la Sala. Eran dos hábiles  comerciantes.  Él,  en  particular,  un avezado hombre de negocios que, como lo  reconoció,  salvó  de  la  quiebra  a  comienzos  de los años 80 a la empresa  CELANESE;  compró  con  otras tres personas, entre ellas su suegro y su esposa,  un  banco  en  Miami  por  esa  misma  época y participó con la empresa COLOCA  INTERNACIONAL  en  la compra del Banco de Caldas, la cual finalmente se frustró  después  de  haberlo  pagado  (fl.  92/9).  Adicional  a lo anterior, según un  artículo  de  la  revista  Dinero  de  julio  de  1996  citado  en la sentencia  impugnada  y  que obra a folio 242/2 del expediente, fue creador en los años 70  de  la  distribuidora  de  telas Orotexto Ltda, se dedicó desde esos tiempos al  negocio  de  la finca raíz, construyó edificios en Medellín, Bogotá y Miami,  compró  empresas  y bancos al borde de intervención en la crisis económica de  comienzos  de  los años 80, llegó a llamársele “el  salvador  de  Colombia”,  fue  dueño de la mitad de  FABRICATO  y lideró a un grupo de inversionistas para el desarrollo de una zona  franca en Cartagena.   

Esas,   entre   muchas   otras,  son  las  actividades  a  las  que  se  ha  dedicado  don Isaac Mildenberg Martahaim. Para  cuando  el acuerdo de capitalización con MORRIS HARF MEYER, entonces, no era un  ingenuo  comerciante.  Tenía  su propia compañía, acceso a crédito, asesores  expertos,  buenos  abogados  y  experiencia  en  operaciones  similares.  No  es  creíble,  en  circunstancias así, que haya firmado el contrato de transacción  porque  “le tocó” o para  constituir  una  garantía,  de  la cual ya disponía en realidad. Aparte de que  tenía  en  su poder dos pagarés emitidos por MORRIS HARF MEYER y ATLANTIC COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  por  un  total  de  1.130 millones de pesos (los entregó al  firmar  el  contrato  de  transacción) –fl.      2/anexo      16—,  en  la  contabilidad de esa compañía aparecían registrados con  claridad  los anticipos de capitalización por él realizados y se le citó como  acreedor  para  participar en la reunión del 30 de agosto de 1996 que finalizó  con   el   “acuerdo  general  de  reestructuración  financiera” de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A., en el  marco  del  cual  quedó expreso que la compañía le adeudaba $1.640.412.301.oo  “anticipados por COMPAÑÍAS INTEGRADAS por concepto  de capitalización”.   

Isaac  Mildenberg  Martahaim,  como  ya  se  advirtió,  estuvo  en  esa  asamblea y firmó el compromiso. Y que dijera en su  testimonio  en  el  juicio  que  lo hizo sin leer “la  parte  jurídica  del acuerdo” donde quedaba relegado  al  último  lugar  el  pago  de su crédito (fl. 65/9), con independencia de la  cierta  incredulidad  que  la  manifestación  genera,  otra  vez  asociada a la  consideración  del  perfil  del  declarante,  lo indiscutible es que en ningún  momento  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A., ni ninguno de sus socios, pretendió  desconocerle  a  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS S.A. o a su presidente Isaac Mildenberg  Martahaim,  la deuda que se generó por efecto de la capitalización frustrada a  que el último se comprometió.   

La  respuesta de Isaac Mildenberg Martahaim  –la    dio    en    el  juicio—  que  sí  resulta  lógica   y   la  comprende  la  Corte,   es  que  firmó  el  contrato  de  transacción    para   contrarrestar   la   repercusión   del   “acuerdo    general   de   reestructuración   financiera”.  Si  en  éste  el  pago  de su dinero quedaba en último lugar  –es     como     lo  explicó—,  con  el  nuevo  documento,  a  través del cual se operaba una novación, no estaba sujeto a esa  prelación  pues  le  podía  pagar ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. o MORRIS HARF  MEYER.   

Más allá de dichos cálculos, sin embargo,  para  la  Sala  no existe una sola razón que conduzca a poner en tela de juicio  los  términos  del  contrato  de  transacción.  Mucho menos cuando el amigable  componedor  encargado  de escribirlo, un abogado amigo de MORRIS HARF MEYER y de  Isaac  Mildenberg  Martahaim,  el  doctor  Alfonso Llorente Sardi, aludió en su  testimonio  en  el  juicio  al extremo cuidado de las partes en el proceso de su  elaboración  (fl.  146/9).  Su declaración deja sin piso la afirmación de los  esposos    Mildenberg    relativa    a   que   “les  tocó” firmar el convenio, como si carecieran de una  opción  diferente  por encontrarse sometidos a los atropellos incontrolables de  unos embaucadores.   

Según  Llorente  Sardi,  de  cuyo dicho no  existe  motivo  para  desconfiar,  su  mediación  la  pidieron Isaac Mildenberg  Martahaim  y  MORRIS  HARF MEYER. Desde “abril o mayo  de  1996”  empezó  a  elaborar  el documento, éste  “recogió  las  impresiones  y  voluntades  de ambas  partes”,        existió       “armonía”  entre  ellas, “hubo  varios borradores”, los mencionados  “discutieron”    sus  términos     e       “hicieron     sus  comentarios”,    “se  introdujeron  los  cambios pertinentes fruto de esas discusiones” y,  finalmente,  se celebró el contrato. Un punto bastante sensible  del   acuerdo,   indicó   el   testigo,   fue   precisar   la   “situación”    de   Isaac   Mildenberg  Martahaim  frente al hecho de  no seguir con la capitalización de ATLANTIC  COAL    DE    COLOMBIA    S.A.    “Se    discutió  mucho”       al      respecto      –dijo     el     abogado—   “y  se  convino   que   no  fuere  introducido  al  contrato  de  transacción  como  un  incumplimiento  tal  y cual de parte de él y de sus empresas, sino que recuerdo  que  se  convino que se utilizaría el concepto fuerza mayor que el señor Isaac  Mildenberg  Martahaim  y sus empresas no pudieron cumplir por factores de fuerza  mayor,  eso  fue  discutido  con el señor Isaac Mildenberg Martahaim y como tal  quedó reflejado en ese documento”.   

En  síntesis,  si  se  demostró que Isaac  Mildenberg  Martahaim  convino con MORRIS HARF MEYER capitalizar a ATLANTIC COAL  DE  COLOMBIA S.A., si el primero admitió que incumplió el compromiso adquirido  debido  a  “fuerza mayor”,  si     los     dos    acordaron    libre    y    voluntariamente    –tras   meses   de   examen—  la  extinción  de  la obligación de  Isaac  Mildenberg  Martahaim  y  de  su  empresa  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. de  continuar  con  los aportes de capitalización a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A.,  si   de   la   misma   manera   establecieron  el  valor  de  los  anticipos  de  capitalización  desembolsados  por el inversionista y la forma y condiciones de  su  devolución, está fuera de lugar el empeño del casacionista dirigido a que  se  identifiquen  como ardides de los procesados el acta 143 del 15 de noviembre  de  1996  correspondiente  a  la  reunión de esa fecha de la junta directiva de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  y  el convenio del 19 de noviembre del mismo  año,    suscrito    por    MORRIS    HARF   MEYER   y    Fabio   Cárdenas  Scovino.   

Es  transparente  que  mediante  el acta se  cumplió  con  el  mandato  contemplado en el parágrafo primero de la cláusula  sexta  del  acuerdo  general de reestructuración financiera de ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A.,  suscrito  por los accionistas de la compañía y sus acreedores  el  30 de agosto de 1996. A través de la misma se autorizó la celebración del  contrato  de transacción del 18 de noviembre de 1996. Además, no causa ninguna  sospecha  su contenido, como para admitir el pensamiento del censor, consistente  en  que  el  acta fue paso previo, calculado se entiende, del convenio del 19 de  noviembre  de  1996,  apreciado  como  la  “maniobra  final” de la estafa por el demandante.   

En  el  acta, eso es claro, se extendió la  respectiva   autorización   para   “solucionar  las  obligaciones  a  cargo de ATLANTIC COAL” y a favor de  COMPAÑÍAS   INTEGRADAS   y/o   Isaac   Mildenberg  Martahaim,  “derivadas   de   la  capitalización  que  iban  a  efectuar  y  que  finalmente  no  se llevó a cabo”. Ya se vio, de otra  parte,  qué  se  dijo  en  el  contrato de transacción, cómo se acordaron sus  términos  y  el  sumo  cuidado  observado  por  las  partes en su elaboración.   

En  el  acuerdo  de  reestructuración,  en  síntesis,  se  reconoció  el  crédito  a favor de COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A.  originado  en  los anticipos de capitalización, en el acta 143 se reafirmó esa  obligación  de  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. y en el contrato de transacción  se  declararon  los  términos  de  la  negociación: Isaac Mildenberg Martahaim  admitió  su  incumplimiento,  quedó  relevado  del  deber  de  capitalización  contraído  en  el  acuerdo y ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A., solidariamente con  MORRIS  HARF  MEYER, se comprometieron a pagarle al inversionista, en los plazos  allí previstos, US$2.078.001.oo.   

El documento del 19 de noviembre de 1996 no  modifica  la  visión  del  caso.  Su  contenido no sugiere ningún ardid de los  procesados  encaminado  al  apoderamiento  de  las  sumas  de  dinero  que Isaac  Mildenberg  Martahaim,  en  representación  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A., le  entregó  por  concepto  de capitalización a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA. Nada se  ocultó  en el instrumento. Se hizo referencia allí al contrato de transacción  –inclusive una copia de él  se   anexó   a  la  nueva  convención—,  al proceso de refinanciación de las obligaciones financieras que  atravesaba  ATLANTIC  COAL,  al  compromiso  solidario de ésta compañía y del  socio  MORRIS  HARF  MEYER  de  pagarle US$2.078.001.oo a COMPAÑÍAS INTEGRADAS  S.A.  y, por último, al acuerdo de los firmantes consistente en que esa suma la  cancelaría        “exclusivamente”  MORRIS  HARF  MEYER,  “con el fin de  que  el  convenio de refinanciación de las obligaciones de ATLANTIC COAL no sea  violado  y  el  flujo de caja con base en el cual se efectuaron las proyecciones  de la empresa no se vea alterado”.   

No se trató de una fórmula para excluir a  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  de  su  condición de deudora de COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  Fue  un documento de carácter privado que se confeccionó con  el  propósito allí declarado, inoponible al acreedor a juicio de la Corte y en  el  que,  en  contra  de  la  tesis del censor, se reiteró que ATLANTIC COAL DE  COLOMBIA  S.A. debía responder por la obligación. Es la deducción lógica que  sigue  al  examen  de  su  cláusula  segunda, en la cual se estableció que las  sumas  que  en  cumplimiento  del  contrato  de  transacción  se  cancelaran  a  COMPAÑÍAS   INTEGRADAS   S.A.   o   a   Isaac   Mildenberg  Martahaim  serían  “subrogadas”  a favor de  MORRIS  HARF  MEYER  o  de  la  persona  que  hiciera  el pago y los movimientos  quedarían  “reflejados en los estados financieros de  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A.”.   

Intrascendente  resulta,  en  suma,  la  no  consideración  en  la  sentencia  impugnada  de los documentos a que aludió el  casacionista  en la censura. En igual forma, la omisión del siguiente aparte de  la indagatoria de MORRIS HARF MEYER:   

“El   señor  Mildenberg  y  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS no se presentaron como acreedores a éste  proceso  concursal convocado por la superintendencia de sociedades. Y no podían  hacerlo  porque de acuerdo con el contrato de transacción que había novado las  obligaciones,   fueron   asumidas   personalmente  por  el  suscrito” (fl. 145/1).   

Si ya se señaló que a través del convenio  del  19  de noviembre de 1996 no se buscó descartar como deudora de COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A., carece de importancia que el  procesado       afirmara       en       dicha      oportunidad      –en  el  juicio  dijo  lo contrario (fl.  277/7)— que esa compañía  no podía presentarse al concordato.   

Adicionalmente,  no  está de más advertir  que  Isaac  Mildenberg  Martahaim en ningún momento asoció al documento del 19  de  noviembre de 1996, la no concurrencia de su empresa al proceso concursal. En  la  declaración  del  27  de febrero de 2004 manifestó que no estuvieron entre  los  acreedores  “porque no fue muy claro”   sobre   el   particular   “el  documento   de   transacción”  y  podrían,  si  se  presentaban,   verse   expuestos  a  la  no  recuperación  de  su  dinero  (fl.  33/1).   

En  la  audiencia  pública de juzgamiento,  ante   la   pregunta   de   por   qué   no   participó   en   el   concordato,  respondió:   

“Porque si usted  revisa  la  solicitud inicial de concordato de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. en  el  folio 26, él solamente pone a COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A. con una acreencia  de  1.000  millones  de  pesos, mientras que en la realidad él adeudaba más de  2.200  millones  de pesos, yo no me iba a presentar para disminuir el capital de  mi  deuda,  además  de que fui asesorado por varios abogados que me aconsejaron  de    que    era   opcional   el   querer   entrar   o   no   entrar,   no   era  obligatorio” (fl. 80/9).   

          Más  adelante, en esa misma intervención, se le pidió informar si  sus  asesores  le  dijeron  que la diferencia en el valor de la acreencia podía  corregirse en el trámite concordatario y contestó:   

“Sí,   mis  asesores  legales  estuvieron  pendientes  de  la  convocatoria a concordato, me  informaron  de  que  sí podía alegar o podía aportar pruebas de que era mayor  la  deuda,  pero  a  esas  alturas  del paseo, como se dice, cuando firmo con el  señor  MORRIS  HARF  MEYER  un  negocio  de  transacción  el  18 de noviembre,  todavía  creyendo en él, y sobre todo con la autorización de su esposa, en el  acta  que  figura ahí, y que malo o bueno a un tiempo largo iba a pagar, ya fue  muy  desmoralizante  pensar  de que no valía nada, ya iba a entrar a concordato  como  cualquier otro acreedor cuando realmente los hechos que me hicieron entrar  a  ese negocio fueron fraudulentos, me engañaron, mi plata que había puesto no  lo  hubiera  hecho si hubiera visto la realidad del negocio y no quise entrar al  concordato.   Y   era   de   libre   voluntad  entrar  o  no  entrar” (fl. 88/9).   

          Janin  Posner  de Mildenberg, a su turno, dijo que su cónyuge no se  hizo  parte  en  el concordato porque su crédito quedaba en último lugar y eso  les resultaba inaceptable (fl. 24/9).   

          Los  esposos  Mildenberg,  en fin, siempre fueron conscientes de que  podían   presentarse  al  concurso  de  acreedores.  Pero  escogieron  la  vía  judicial.  El  18 de diciembre de 1998 le otorgaron poder a un abogado para, con  fundamento  en el contrato de transacción, presentar demanda ejecutiva singular  “contra   MORRIS   HARF   MEYER   y  ATLANTIC  COAL  S.A.”.  Así se hizo en enero de 1999, el Juzgado 29  Civil  del  Circuito  de  Bogotá  ordenó librar mandamiento de pago contra los  demandados  el  23  de  abril  siguiente  y  el  14  de  junio  de 2000 la parte  demandante  prescindió de seguir la ejecución contra ATLANTIC COAL DE COLOMBIA  S.A.,  con  arreglo  a lo establecido en el artículo 100 de la Ley 222 de 1995.  El  mismo  sujeto  procesal,  por  último,  desistió  de  la acción y el 7 de  febrero   de   2001  el  despacho  judicial  a  cargo  del  asunto  admitió  el  desistimiento (folios 1, 14, 32, 51 y 117/anexo 4).   

          Se  resalta  que en el trámite civil en ningún momento MORRIS HARF  MEYER,  directamente  o  por  conducto  de  su  apoderado, utilizó el documento  privado  del  19  de  noviembre de 1996 como argumento para sustraer del proceso  civil  a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. Esta circunstancia refuerza aún más la  conclusión  de  que  ese  convenio nunca lo suscribieron MORRIS HARF MEYER y el  representante  legal  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A. con el propósito de  mantener  en  error  a Isaac Mildenberg Martahaim y así lograr el apoderamiento  de  las  sumas  de  dinero  por  él  entregadas  por  concepto  de anticipos de  capitalización.   

          El reproche, entonces, no está llamado a prosperar.   

2.2. Segundo cargo. Violación indirecta de  la   ley   sustancial   originada   en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.   

En  el  dictamen  contable  que realizó el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de la Fiscalía el 7 de junio de 2004 (fl.  47/1),  se  mencionaron  los  $1.374.500.000.oo contabilizados como anticipos de  capitalización   a   nombre   de   KAREN   WENDY   BERG  GUTT,  de  los  cuales  $974.500.000.oo  se  hicieron  figurar  en  un  comienzo a nombre de MORRIS HARF  MEYER,  en la cuenta “anticipos y avances” del pasivo.   

Aunque   el   Tribunal  no  se  refiriera  puntualmente  al  tema, ya la Sala en la respuesta a la censura inicial, tras el  recorrido     documental     pertinente,     estableció    que    efectivamente  $1.374.500.000.oo  ingresaron  a  ATLANTIC  COAL  DE COLOMBIA S.A. y que así se  hubiera  registrado  contablemente  la  suma  a nombre de KAREN WENDY BERG GUTT,  procediendo  en realidad de créditos otorgados a MORRIS HARF MEYER por COANDINA  LTDA,  ello  no  representaba un artificio o engaño propio del delito de estafa  que  haya  podido conducir a error a Isaac Mildenberg Martahaim, determinándolo  a   desembolsar   las   cantidades   de   dinero  que  entregó,  a  título  de  capitalización, a la compañía ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A.   

El  dinero aportado a nombre de COMPAÑÍAS  INTEGRADAS  S.A.  por  Isaac  Mildenberg Martahaim, de otra parte, efectivamente  entró  casi  en  su totalidad a cuentas bancarias de ATLANTIC COAL y con él se  pagaron  algunas  obligaciones  financieras de la compañía. La circulación de  los     recursos     quedó     descrita     en     el     punto    2.1.2  de  esta providencia y se comprueba  con  ella  que no es cierto, como lo sugiere el recurrente, que de los mismos se  hayan apropiado los procesados.   

El  convenio  de  capitalización celebrado  entre  Isaac  Mildenberg  Martahaim y MORRIS HARF MEYER, tuvo como causa la mala  situación  económica  de  ATLANTIC  COAL. Eran muchas las deudas a cargo de la  compañía  y  la ayuda del inversionista era proveer recursos para cancelarlas.  Y  así  efectivamente  fue como sucedió. No se entiende, entonces, cuál es el  apoyo   del  casacionista  para  afirmar  que  los  anticipos  no  se  emplearon  “en  la capitalización de la compañía” sino que los tomaron para ellos los procesados.   

Ahora bien, si después de diciembre de 1996  la  contabilidad  de  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA  S.A.  dejó  de  reflejar la  inversión  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A., según lo da a entender el dictamen  pericial  y  lo  destaca  el  demandante, en el proceso no se desentrañaron los  motivos  que  condujeron  a  ello  mientras se surtía el desarrollo del acuerdo  general  de  reestructuración  financiera de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. y a  pocos meses de admitirse a la compañía a trámite concordatario.   

Sin descartar, pues, que puedan presentarse  inconsistencias  contables  o  movimientos que no se entienden y respecto de los  cuales  no  se buscaron las explicaciones pertinentes, lo palmario para la Corte  es  que  el  supuesto  engaño  inicial que habría conducido a Isaac Mildenberg  Martahaim  a  invertir  en  ATLANTIC  COAL  DE  COLOMBIA S.A., consistente en la  inclusión  falsa  en el balance general de diciembre 31 de 1995 de un aporte de  capital  por  $1.374.500.000.oo  a  nombre  de  KAREN  WENDY  BERG GUTT, no tuvo  ocurrencia.   

Ese  dinero,  más  allá  del  tratamiento  contable  que  se  le  haya  dado  y de las críticas que sobre el particular se  hagan,  materialmente  ingresó a ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. y eso significa  que  no  se aparentó ese hecho para transmitirle al inversionista una seguridad  mentirosa.   

Resulta intrascendente, en conclusión, que  el  ad quem no se haya ocupado  de  los  apartes  del  dictamen  pericial  de  la  Fiscalía  a  los cuales hizo  referencia   el   apoderado   de   la   parte  civil.  El  cargo,  entonces,  no  prospera.   

2.3.  Tercer cargo. Violación indirecta de  la ley sustancial derivada de error de hecho por falso raciocinio.   

No es cierto que el Tribunal aplicara en el  presente   caso   una  regla  de  experiencia  según  la  cual  “las  personas  con  formación  académica  no  pueden  ser  sujetos  pasivos del delito de estafa”.   

“Los  conocimientos  en  economía,  la  formación  académica  en administración de  empresas  y  la  amplia  experiencia  en  grandes  negocios  de Isaac Mildenberg  Martahaim  y  su  esposa  Janin  Posner –fue    como    argumentó    la    Corporación   judicial   en   lo  pertinente—  impiden creer  que   los   acusados   pudieran   engañarlos   en  la  forma  expuesta  en  sus  declaraciones,  es  ilógico  que  accedieran  a  capitalizar  ATLANTIC  COAL DE  COLOMBIA  S.A.  sin  previamente  hacer  un  estudio  riguroso  de  sus balances  contables,  identificar  cuáles  eran los inversionistas interesados en comprar  la  sociedad  luego  de  superar  sus  problemas  y  elaborar  un  documento que  consagrara los derechos y obligaciones de las dos partes”.   

Ya  la  Sala  en un pasaje anterior de este  pronunciamiento,  considerando  el  perfil profesional y la vasta experiencia en  grandes  negocios  de  Isaac  Mildenberg Martahaim, no creyó afirmaciones suyas  relativas     a    que    “le    tocó”  firmar  a  disgusto  el  contrato  de  transacción  del  18 de  noviembre   de  1996  y  que  suscribió  sin  leer  la  parte  del  acuerdo  de  reestructuración  financiera  de  ATLANTIC COAL del 30 de agosto de 1996, donde  se relegó al último lugar el pago de su crédito.   

El  anterior  argumento  de  la Corte, como  sucede  con  el  del  Tribunal,  no está sustentado en una regla de experiencia  similar  a  la que de acuerdo con el casacionista utilizó la segunda instancia.  Se  trata, en los dos casos, de la apreciación de un testimonio a partir de las  condiciones personales de quien lo rinde.   

Nunca  en  las motivaciones de la sentencia  impugnada,  eso  es  indudable,  se  expresó  que Isaac Mildenberg Martahaim no  podía  ser  víctima  de  estafa  debido  a su alta formación académica o por  tratarse  de  un negociante curtido. Sería un error haberlo hecho, desde luego,  pues  en  general  una  conclusión  así  tiene que surgir, necesariamente, del  examen   de   las   circunstancias  particulares  asociadas  al  caso  concreto.   

Aquí  simplemente  el Tribunal valoró las  declaraciones  de  los  esposos  Mildenberg y en atención a quiénes eran en lo  profesional  y  en  el  mundo  de  los  negocios,  no  creyó  que  pudieran ser  engañados  de la manera como lo expusieron.   

A  partir  de  su  perfil,  igualmente,  le  pareció  ilógico  a  la  Corporación  judicial que accedieran a capitalizar a  ATLANTIC  COAL  sin  un riguroso estudio previo de las cifras de la compañía y  que  no  elaboraran  un  documento  en  el  cual  se contemplaran los derechos y  obligaciones  de  las  partes.  La corrección de estas inferencias –en  forma  alguna  determinadas por una  regla  de  experiencia  de  acuerdo  a  la  cual “las  personas  con  formación académica no pueden ser sujetos pasivos del delito de  estafa”—,  eran  susceptibles  de discutirse en casación por el recurrente.  Bastaban,  para  desvirtuar  la  segunda,  las  versiones  de  los contratantes,  quienes  dejaron  manifiesto  siempre  que  el convenio de capitalización no se  documentó.  Y era suficiente, para dejar sin piso la segunda, acreditar que los  esposos  Mildenberg no estudiaron a fondo la contabilidad de ATLANTIC COAL ni la  proyección  de  la  explotación y exportación de carbón, sino simplemente se  confiaron   en   la   información   que  les  suministró  MORRIS  HARF  MEYER,  comportándose  entonces  en sentido contrario a como lo suelen hacer casi todos  los  comerciantes  que  emprenden  negocios  millonarios  como  el  del proceso.   

Está claro para la Corte, sin embargo, más  allá  de  si  los  denunciantes  observaron  los  cuidados  obvios esperados de  alguien  que se involucra en un negocio de varios miles de millones de pesos, la  evidente  naturaleza privada del conflicto objeto del presente proceso.  Se  trató  del  incumplimiento  de  ciertas  obligaciones  civiles por parte de los  contratantes.   

Primero  fue el convenio de capitalización  entre  las  sociedades  ATLANTIC  COAL DE COLOMBIA S.A. y COMPAÑÍAS INTEGRADAS  S.A.  a  finales  de  1995. Luego, el 3 de mayo de 1996, el incumplimiento de la  última  tras  desembolsar un poco más del 20% de lo prometido. Después, el 30  de  agosto de 1996, ante la imposibilidad de ATLANTIC COAL de seguir pagando sus  deudas,  el  acuerdo  general  de  reestructuración financiera suscrito por esa  compañía  y  sus  acreedores,  en el cual se definió, con la aquiescencia del  representante  de  COMPAÑÍAS INTEGRADAS S.A., que el crédito a favor de ésta  quedaba  supeditado  al  pago del pasivo externo de la deudora, y la obligación  de  las  sociedades  de  suscribir  un  documento privado en el cual constara el  valor   de   los   anticipos   de   capitalización  aportados  por  COMPAÑÍAS  INTEGRADAS.   

Más  adelante, el 18 de noviembre de 1996,  previa  autorización para el efecto otorgada el 15 de noviembre de ese año por  la  junta  directiva de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. (acta 143), se suscribió  entre  el  representante de esta compañía Fabio Cárdenas Scovino, MORRIS HARF  MEYER  e  Isaac  Mildenberg Martahaim, el contrato de transacción en el que las  partes   reconocieron   los   términos  del  convenio  de  capitalización,  el  representante  de COMPAÑÍAS INTEGRADAS admitió que lo incumplieron por fuerza  mayor,  se  declaró  extinguida  la  obligación  de  continuar haciéndolo, se  determinó  el  valor  de los aportes realizados por la firma inversionista y se  fijaron  los  plazos y condiciones de pago. Ni ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. ni  MORRIS HARF MEYER cancelaron esa obligación.   

Nada  irregular ha advertido la Sala en esa  sucesión  de  acontecimientos. Un negocio complejo, es cierto, pero donde no se  han  identificado maniobras engañosas de los procesados para inducir o mantener  en  error  a  los  denunciantes. Y es una conclusión que guarda correspondencia  con  la  conducta que asumió Isaac Mildenberg Martahaim durante los hechos y en  los siguientes años.   

Si se sentía víctima de estafa en mayo de  1996  y  por  esa  razón detuvo la capitalización de ATLANTIC COAL DE COLOMBIA  S.A.,  la  reacción normal era denunciar el crimen en ese momento. No en agosto  de  2003,  después de admitir que incumplió un negocio (noviembre de 1996), de  aceptar  como  acreedor que su dinero se le pagaría en último lugar (agosto 30  de  1996),  de suscribir el contrato de transacción del 18 de noviembre de 1996  en  los términos ya aludidos, de presentar demanda ejecutiva en contra de   MORRIS   HARF   MEYER   y  su  compañía  (diciembre  de  1999),  de  presentar  desistimiento  de  esa  acción  (febrero  de  2001),  de  que  se  admitiera  a  concordato  a  ATLANTIC COAL DE COLOMBIA S.A. (julio de 1997) y de aprobarse por  parte  de  la  Superintendencia  de  Sociedades  el acuerdo concordatarios entre  deudores    y    acreedores    (mayo    de    2002),    el   cual   –dicho    sea    de   paso—  lo declaró cumplido la misma entidad  mediante auto del 14 de febrero de 2008.   

La   Corte,   en   conclusión,  ante  la  improcedencia  de  los  cargos  presentados  en  la  demanda  y  por las razones  brindadas  a  lo  largo de esta providencia, no casará la sentencia absolutoria  objeto de impugnación.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

        NO  CASAR  la  sentencia   impugnada,  a  través  de  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá absolvió a los procesados  MORRIS HARF MEYER y KAREN WENDY BERG GUTT.   

          Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Impedido  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Impedida  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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