SP7278-2015(40370)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

          MAGISTRADO  PONENTE            

SP7278-2015  

Radicación        N° 40370   

Aprobado acta N° 205  

Bogotá, D.C., diez (10) de junio de dos mil  quince (2015).   

I.   V I S T O S  

La  Sala  se  pronuncia  sobre  el  recurso  extraordinario    de    casación   presentado   en   nombre   de   Edid   Johana   Reyes   Caro,   contra  la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  41  Penal  del  Circuito de Bogotá, que  modificó  la  pena  de  prisión,  concedió  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  confirmó en lo demás la emitida por el Juzgado 18  Penal  Municipal  de  la  misma  ciudad, que la condenó por el punible de hurto  agravado continuado.    

II.    A  N  T  E  C  E  D E N T E  S   

1.  Se conocieron los hechos a través de la  denuncia   que   el  5  de  febrero  de  2003  interpuso  Luis  Germán  Núñez  Castellanos,  contra  quien  fuera  su  empleada del servicio doméstico para la  época,    Edid    Johana   Reyes   Caro,  a  quien  sindicó que en octubre del 2002 le sustrajo entre 40 y  60  mil  pesos,  en noviembre 50 mil pesos, a comienzos de febrero del siguiente  año  70  mil  pesos, igualmente se apoderó en ese periodo de 600 dólares, una  medalla  y  dos  añillos de oro que pertenecían a su ex esposa, los que tenía  bajo  llave  habiendo  sido  forzada  la  chapa.  La  medalla y un anillo fueron  recuperados   en   dos   establecimientos  de  compraventa  según  los  recibos  entregados  por  la  empleada.  Los  daños los cuantificó en $2.600.000.    

2.  La Fiscalía 85 de la Unidad Local Sexta  Delegada  ante  los Juzgados Penales Municipales de Bogotá calificó el mérito  del  sumario,  el  12  de  octubre de 2006, con resolución de acusación contra  Edid  Johana  Reyes Caro como  presunta  autora  del  delito  hurto agravado (artículos 239, 241-2 del Código  Penal).   

3.  Las  diligencias  fueron  asignadas  al  Juzgado  Octavo  Penal Municipal de Bogotá, despacho que mediante proveído del  4  de  diciembre  de  2009  decretó  la  nulidad  de  la  actuación  a partir,  inclusive,  de  la  resolución  de  acusación, tras considerar que como varios  elementos  fueron  sustraídos  ejerciendo  violencia  sobre  las  cosas, debía  imputarse  la  circunstancia  prevista  en el artículo 240-1 del código de las  penas.   

4.  Reasignado  el  asunto a la Fiscalía 96  Delegada  ante los Juzgados Penales Municipales, ésta decretó la nulidad de la  resolución  que  ordenó  la  vinculación  como  persona  ausente a la señora  Edid  Johana Reyes Caro (1º  de   marzo   de  2010),  la  escuchó  en  indagatoria  (29  de  abril  de  2010),  cerró   la  investigación  (18  de  mayo  de  2010)  y  calificó el mérito del sumario con resolución de  acusación   (10  de  agosto  de  2010),  como presunta autora de los delitos de hurto calificado y agravado  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  “… art 239,  art.    240    inciso    segundo    –violencia  sobre  las  personas y art 241 numeral 10… en concurso  homogéneo  y  sucesivo  art.  31 ibídem” (folio 101  cuaderno principal).   

Recurrida  la  anterior  decisión  por  la  defensa  técnica, la Fiscalía 12 Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá  la  confirmó  el  31  de  agosto  de 2011,  pero  corrigió los cargos por los que era llamada a juicio, esto  es,  por  hurto  calificado y agravado continuado (artículo 239, 240-1, 241-2 y  el  parágrafo  del  artículo  31 del Código Penal), pues consideró que no se  trataba  de un concurso homogéneo y sucesivo, sino de un delito continuado; que  el calificante corresponde a  la  violencia  ejercida  sobre  las  cosas,  y el agravante porque aprovechó la  confianza depositada por el empleador.    

5.  La actuación fue asignada al Juzgado 18  Penal  Municipal,  despacho que después de realizar las audiencias preparatoria  y  pública,  emitió  sentencia el 10 de febrero de 2012 en la que descartó  por  duda  la  calificante prevista en el artículo 240-1  del  Código  Penal  e  impuso  a la procesada la pena  principal  de  37  meses  10 días de prisión y la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término, tras  hallarla  autora responsable de los punibles de hurto agravado continuado. En la  misma  decisión  la  condenó  al  pago  de perjuicios, le negó la suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  le  concedió  la  prisión  domiciliaria.   

6.  Apelada  esta  determinación  por  la  defensa,  fue  modificada por el Juzgado 41 Penal del Circuito de Bogotá, el 28  de   junio   de   2012,   por  considerar  que  el  a  quo erró al momento de graduar la pena del hurto, por  cuanto  debió  aplicar  la sanción contemplada en el  inciso  segundo del artículo 239 del Código Penal, en  tanto  la  cuantía  de lo apropiado para la época de los hechos no superó los  10  salarios  mínimos legales mensuales vigentes. Por tal motivo redosificó la  pena  e  impuso  21  meses  10  días  de  prisión  y  concedió la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

7.   Contra  la  sentencia  de  segundo grado la asistencia técnica de  la   acusada   interpuso  y  sustentó  en  tiempo  el  recurso  extraordinario  de  casación,  demanda  que  esta  Corporación, con  pronunciamiento    del    7    de    diciembre   de  2012,  declaró  formalmente  ajustada  a  derecho,  por  lo que dispuso  correr  traslado  para  concepto a la  Procuraduría, el que presentó hasta el 17 de abril de 2015.   

III.    LA   DEMANDA   

Con   sustento  en  el  artículo    207,    numeral   3º,    de    la    Ley    600   de   2000,   alegó  que  la  sentencia se dictó en un juicio  viciado     de     nulidad     por     falta    de  aplicación      de     los     artículos  83,  84  y 86 del Código Penal.   

Después   de  citar  jurisprudencia  de  esta   Corporación   para   desarrollar   el  cargo  de nulidad, en concreto   indica  que  respecto  de  la  pena  máxima prevista para  las  conductas   punibles  de  hurto  simple  agravado  continuado    por    los    que   su   asistida   fue   condenada   en   segunda  instancia,  transcurrió el  tiempo    previsto    en    la    ley,    esto    es,    cinco   años después de  los   hechos   que   fue   el   5   de   febrero  de  2003. De esta manera, dice, se configuró  el fenómeno  de         la         prescripción,   sin   que   se   hubiese   dictado  resolución     de  acusación,  en  tanto  la  misma  quedó  ejecutoriada  el  31 de agosto de 2011,  razón  por  la  que  el  fallador  de  segundo grado  debió   decretar   la  extinción    de    la  acción penal.   

          Para  efectos  de  la prescripción resalta que los cargos imputados  en  la resolución de acusación resultan intrascendentes, por cuanto si bien es  cierto  que  en  dicho acto procesal se acusó por el calificante previsto en el  artículo  240-1  del Código Penal, también lo es que en sentencias de primera  y  segunda  instancias ese calificante no se acreditó. Por tanto, al confrontar  dicha  circunstancia con lo indicado por esta Corporación en sentencia del 9 de  noviembre   de   2006,   dentro  del  radicado  23028,  en  el  sentido  de  que  “…no es la resolución de acusación la que ha de  marcar   la   pauta  para  una  prescripción  de  la  acción  penal,  sino  la  calificación  definitiva  que  se  imparta  en una sentencia de condena rituada  conforme  a  las reglas del debido proceso…”, surge  necesario  que  el término de prescripción debe contabilizarse respecto de las  conductas  por las que fue condenada de manera retroactiva a la instrucción, lo  que efectivamente se materializó.   

IV.   CONCEPTO   DE   LA  PROCURADORA  3ª  DELEGADA   

La  delegada emite  concepto  favorable  a  la  solicitud  del  actor,  al constatar que, en efecto,  respecto  del  delito  de  hurto  en  cuantía que no  supera  los  diez  salarios mínimos legales mensuales  vigentes   agravado   continuado   se   cumplió  el  término    de    la  prescripción de la acción  penal   en  la  instrucción,  por  cuanto  para  la  ejecutoria  del  pliego  de  cargos,  que  lo  fue  el  31  de  agosto  de 2011,  transcurrió  un  tiempo superior al máximo  de la pena fijada para la conducta por la que fue condenada,  además de haber superado  los  cinco  años, en tanto los hechos datan del 5 de  febrero de 2003.   

V.    CONSIDERACIONES    DE   LA  CORTE   

Razón le asiste al demandante en su reclamo,  al  igual  que  lo  conceptúa el Ministerio Público, en el entendido de que la  acción  penal  del  delito  de  hurto  agravado  consumado  prescribió  en  la  instrucción,  razón  por  la  cual,  desde  ya se advierte que la sentencia se  casará, por las siguientes razones.   

El   reproche  del    casacionista    se    funda    en       que      conforme      la  calificación  jurídica  definitiva  realizada en  la   sentencia   de  segunda  instancia,  por  medio  de  la cual se impartió  condena  por  el  delito  de hurto en cuantía que no  supera  los  10  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,   agravado  y     continuado,  la    acción   penal  habría   prescrito  en  la  fase     de     la     instrucción,   por   cuanto   la   ejecutoria  de  la  resolución       de      acusación      se  materializó  pasados los  5     años    que  tenía    el    Estado   para   investigar   dicho  comportamiento.   

En  efecto para asuntos regidos por la Ley  600   de   2000   y  la  Ley  906  de  2004,  el  artículo   83   del  Código  Penal  establece  que   la  acción  penal  prescribe  en  un  tiempo igual al máximo de la pena  fijada  en  la  ley,  si es privativa de la libertad, pero en ningún   caso   ese   lapso   puede   ser   inferior   a   cinco  (5)  años, ni exceder de veinte  (20),   límite   este  último  que  de acuerdo  con  el  inciso  segundo  del  citado precepto, cuando se trata de las conductas  punibles   de   desaparición  forzada,  tortura  y  desplazamiento  forzado,  se  amplía  a   treinta   (30)   años.   

A       su       vez,    el  artículo  86  del  mismo  plexo          normativo         establece     que     el       cómputo      de      la  prescripción   de  la  acción     penal    se    interrumpe     con     la    resolución    de  acusación   debidamente   ejecutoriada   para   el   sistema  mixto  o  con  la  formulación    de    imputación    para    el  acusatorio,  e  inicia  a  contabilizarse de nuevo a  partir  de ese momento por un tiempo igual a la mitad  del   señalado  en  la  anterior  normatividad  (83),  evento  en  el que el  respectivo  plazo  no  puede  ser  inferior  a cinco  (5)  para  los  de  la  ley  600  de 2000 o tres (3)  años  para  los  tramitados  por  la  ley  906  de  20041,       ni       superior a diez (10) años.   

Por  su parte el artículo 189 de la ley 906  de  2004,  establece  que una vez proferida la sentencia de segunda instancia el  término de prescripción se suspenderá hasta por 5 años.   

La normatividad reseñada no causa dificultad  en  su interpretación, por cuanto en los dos regímenes procesales se distingue  claramente  los  momentos y términos que deben contabilizarse en las diferentes  etapas  procesales  para  efectos  de la prescripción de cada conducta punible,  tarea  que  se  dificulta  cuando  la  calificación  provisional  emitida en la  resolución  de  acusación o en la imputación sufre modificación favorable al  acusado  en  el  juicio,  la  que  aprobada  en  la  sentencia  y sin que afecte  garantías  procesales, puede generar consecuencias en la prescripción, incluso  retroactivamente  por  cuanto  la  adecuación  típica  que  se  realiza  en la  sentencia es definitiva.   

Por  manera que, en esta última hipótesis,  la  calificación  jurídica que determina el cómputo del término prescriptivo  corresponde  a  la  fijada  en  la sentencia, pues de esta manera lo ha dicho de  forma reiterada la jurisprudencia de la Sala:   

“La   ley  penal  colombiana  vincula,  inexorablemente,  casi todas sus instituciones al cuadro normativo previsto para  los  hechos  que  se  regulan  en  ella.  Sin  embargo dicho cuadro normativo va  adquiriendo  su  perfil  definitivo  a través del juicio de valor que sobre los  hechos  y  sobre  el  derecho  se  lleva  a cabo progresiva y provisionalmente a  través del trámite y las etapas procesales.   

De  allí  se deriva, entonces, como lo ha  sostenido  la  Corte,  que  las  variaciones  a la calificación jurídica de la  conducta  imputada,  introducidas a través del proceso, deben considerarse para  los  cómputos  propios  de  la  prescripción  y produciendo efectos que se han  asimilado  a  los  de la retroactividad. (Confrontar sentencias de marzo 24/81 y  noviembre  16/93  por ejemplo). Esto no puede ser sino así, si se repara en que  la  acción  penal  que  prescribe es la generada por el delito respectivo y que  éste  por  su  parte, adquiere su identificación plena y definitiva en el acto  de sentencia.   

De   este   modo,  mientras  el  sistema  prescriptivo  esté  diseñado con referencia a la identificación jurídica del  hecho  punible, pues que allí se constata la duración de su pena y por ende el  término  de  prescripción,  tendrán que admitirse las repercusiones que sobre  el  fenómeno extintivo de la acción tenga la calificación definitiva, sea que  se  afecten con ello fases superadas del proceso o que, como acá, se influya la  sentencia misma impidiendo su ejecutoria.   

No   se   trata   de  plantear  acá  la  conveniencia  o  inconveniencia  de  que un sistema como el indicado produzca en  las  calificaciones  jurídicas  que  se  formulan  durante  el  trámite, actos  jurídicos   inestables  o  inseguros,  sino  de  que  mientras  el  sistema  de  prescripción  se  sostenga  sobre  este  modelo y estas regulaciones de derecho  positivo,  es  inevitable  que el fenómeno prescriptivo esté sujeto al vaivén  de  la  calificación  definitiva  hecha  en  la  sentencia  y que ella produzca  efectos  sustanciales  y  procesales  sobre  todas  las consecuencias jurídicas  derivables de la misma.   

Si  no fuese así el asunto, prevalecería  en  el  proceso  lo  formal  sobre  lo sustancial, sobre la justicia material, e  incluso  podrían llegarse a patrocinar formas de deslealtad procesal. Piénsese  si  no,  en que por otra vía hermenéutica como la sostenida por la Corte hasta  abril  de  1977,  el  sujeto  de  la función acusadora  podría impedir la  prescripción  de un delito deduciendo agravantes inexistentes en la resolución  de  acusación  en  desmedro  del derecho del imputado a su declaratoria, puesto  que  se  daría  carácter  de inmutable a lo que no lo tiene por naturaleza, es  decir  al  acto calificatorio, cuya misión al interior del proceso es netamente  funcional  pues  no tiene por objeto decidir la litis sino el ámbito dentro del  cual   se   desenvolverán   la   acusación   y   la   defensa”  (CSJ  SP,  05  Mar  1996, Rad. 8336, reiterada CSJ SP, 13 May 2009,  Rad.  31424 entre otras 2         ).    

En  el  presente  evento,  la  Fiscalía  de  Segunda  Instancia,  el  31  de  agosto  de  2011,  confirmó  la resolución de  acusación  contra  la  hoy  procesada,  con  la  aclaración que lo hacía como  autora   de   la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado  continuado  (artículo  239,  240-1,  241-2  y  el  parágrafo  del artículo 31 del Código  Penal),  por  cuanto  además  de  tratarse de un comportamiento “continuado”,  el  calificante se agotó  cuando    se   ejerció   “violencia   sobre   las  cosas”,   y   el   agravante   porque  se  cometió  “aprovechando   la  confianza  depositada  por  el  dueño,   poseedor   o   tenedor   de   la   cosa   en   el   agente”.   

La representante del ente acusador pidió en  la  audiencia  pública  que  se  profiriera  decisión  condenatoria, según la  imputación  precisada  por  la Fiscalía de segunda instancia. En contraste, el  juez  declaró  responsable  a  la  procesada  por  el  delito  de hurto simple,  previsto  en  el  primer  inciso del artículo 239 del Código Penal3, agravado por  el  numeral  segundo  del  artículo  241  ibídem  y  continuado, al tiempo que  descartó  la  calificante  del  artículo  240-1  ibídem,  tras  advertir  que  “….la  enjuiciada  no utilizó la violencia sobre  las  cosas  para  ejecutar  su  conducta delictiva; por consiguiente, al existir  dudas  sobre  la  presencia  de la circunstancia de calificación, este Despacho  resolverá  las  dudas  a  favor  de EDIT (sic) JOHANA REYES CARO y no impondrá  dicho                  calificante4”.      

A  su vez, la decisión de segunda instancia  modificó   la   sentencia  de  primer  grado  y,  como  consecuencia  de  ello,  redosificó  la  pena de prisión, por considerar que la misma debió calcularse  con  fundamento en los extremos previstos en el inciso segundo del artículo 239  del       Código       de      las      penas5,  por  cuanto  el  monto de lo  apropiado,   sobre   el   cual   no  se  presentó  ninguna  objeción,  fue  de  $2’600.000,  suma que no  superó  el  valor  de  10 salarios mínimos legales mensuales vigentes para los  años 2002 y 2003, exigidos en la norma.   

En  razón  al principio de inescindibilidad  entre  la  sentencia  de  primera  y  segunda instancia, se tiene que los hechos  fueron  calificados  definitivamente  como hurto agravado continuado. Por tanto,  para  efectos  de  calcular  los  extremos  punitivos de la pena privativa de la  libertad  debe  tenerse  en  cuenta la cuantía, ingrediente que finalmente debe  considerarse  para  los  cómputos  propios  de  la  prescripción  con  efectos  retroactivos,  por  cuanto  el  aspecto  fáctico adquirió su identidad plena y  definitiva en la sentencia.   

Lo  anterior  debe  ser  así, por cuanto si  corresponde  al  Estado  a  través  del  ente acusador emitir una calificación  jurídica  provisional  de  los  hechos,  la  misma  debe ser consecuente con lo  fáctico  y  los  elementos  de  juicio  en  su  poder, pues de lo contrario las  consecuencias  favorables  para  el sujeto pasivo de la acción penal en la fase  del  juicio  no  se  harían  esperar, no sólo con la posibilidad de obtener la  absolución,  sino  la de activar las causales de extinción desde la ejecución  de  la  conducta,  para  de  esta  manera  evitar  excesos  en detrimento de los  derechos  de  los  procesados,  buscando  que desde el inicio se haga una debida  tipificación.   

         

          Así  las cosas, como la calificación definitiva emitida en el acto  de  sentencia  fue  por  hurto  agravado  continuado, entonces, para precisar el  extremo  máximo  de  la  pena  de  prisión  fijada  por la ley para efectos de  determinar  la prescripción, debe tenerse en cuenta que el artículo 239 inciso  2º,  contempla  una  sanción de uno (1) a dos (2) años. Al extremo máximo de  la  pena  se debe aumentar la mitad en virtud de la circunstancia de agravación  prevista  en  el  artículo  241-2,  lo  que arroja una pena parcial de tres (3)  años.  Dicho  guarismo  debe  incrementarse en una tercera parte por razón del  parágrafo  del  artículo  31  del  Código  Penal (delito continuado), de esta  manera  se  obtiene  un  total  de  4 años.  Por  manera que si la acción penal prescribe en el máximo de la  pena,  pero  sin que sea inferior a 5 años,  será  este  último tiempo el que se debe tenerse en cuenta para  tales efectos.      

          En  tal  sentido,  si  los  hechos tuvieron origen entre octubre del  2002   y   el   2   de  febrero  de  2003,  fecha  esta  última  cuando  el  denunciante  se percató que la  procesada  le  había  sustraído  setenta  mil  pesos,  entonces los 5 años se  cumplieron  el  1º  de  febrero de 2008, fecha para la cual no había adquirido  ejecutoria  la  resolución  de  acusación, pues el llamamiento a juicio cobró  firmeza  el  31  de agosto de 2011 con la suscripción del auto que resolvió la  apelación incoada por la defensa técnica.   

Surge nítido, entonces, que la acción penal  correspondiente   a   la  conducta  punible  de  hurto  agravado  continuado  se  extinguió  por  razón  de  la prescripción en la fase instructiva, por lo que  acogiendo  la  posición  adoptada  por  el  casacioncita  como  por  la  de  la  Procuradora   Delegada   Judicial,  se  casará  la  sentencia  censurada  y  en  consecuencia  se  dispondrá  la  cesación  de  procedimiento  a  favor  de  la  procesada por haber operado la prescripción.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1. CASAR  la  sentencia  impugnada,  expedida  el 28 de junio de 2012 por el  Juzgado   41   Penal   del  Circuito  de  Bogotá.  En  consecuencia,  cesar  el  procedimiento  a  favor  de  EDID  JOHANA  REYES  CARO,  por  haber  operado  la  prescripción   de   la   acción   penal   del   delito   de   hurto   agravado  continuado.   

2.  Por  intermedio  del  juzgado de primera  instancia,  líbrense  los  oficios  de  rigor  a las autoridades pertinentes, a  efectos de comunicar esta determinación.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Artículo 292.   

2 9  de  abril  de  1999,  radicación  13.165; 24 de septiembre de 2002, radicación  12.951;  11  de  diciembre  de  2003,  radicación  21.450; 31 de marzo de 2004,  radicación  21.917;  28 de abril de 2004, radicación 22.058; junio 10 de 2004,  radicación  21.677;  26  de  enero  de 2005, radicación 22.292; 15 de junio de  2005,  radicación  23.805:  27  de  junio  de  2007,  radicación 27.156; 20 de  febrero de 2008, radicación 28.925.   

3  “El  que  se apodere de una cosa mueble ajena, con  el  propósito  de obtener provecho para sí o para otro, incurrirá en prisión  de dos (2) a seis (6) años”.   

4  Folio 14 de la sentencia de primera instancia.   

5  “…  La  pena será de prisión de uno (1) a dos (2) años cuando la cuantía  no  exceda  de  diez  (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.”     

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