SP7269-2015(44585)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

SP7269-2015  

Radicación Nº 44585  

(Aprobado mediante Acta No. 205)  

Bogotá  D.C.,  diez (10) de junio de dos mil  quince (2015).   

Surtido  el  trámite  de  rigor,  la Sala se  pronuncia  de fondo sobre la demanda de revisión presentada por el apoderado de  HÉCTOR    GONZAGA   RAMÍREZ   RAMÍREZ  contra la sentencia proferida el 19 de febrero de 2010 por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Neiva,  que  confirmó  la  emitida el 13 de  noviembre  de 2009 por el Juzgado Quinto Penal Municipal de la misma ciudad, que  lo  condenó a 8 años de prisión y multa equivalente a 1.500 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes, como coautor del delito de tentativa de extorsión  agravada.   

ANTECEDENTES  

1. Fácticos  

En  la sentencia del Tribunal, cuya revisión  se pide, fueron reseñados así:   

«1. Dan cuenta los registros magnetofónicos  y  el  material  probatorio allegado a la actuación, que siendo aproximadamente  las  13:00 horas del 28 de julio de 2009, fue aprehendido en el Centro Comercial  San  Pedro  Plaza  de esta ciudad el señor Víctor Alfonso Artunduaga Ramírez,  cuando  se  disponía  a  recibir  un  paquete  que simulaba contener la suma de  $2.000.000  producto  de  la extorsión al señor Félix Alejandro Erazo, según  llamadas  provenientes  del móvil número 3143169441, las cuales venían siendo  realizadas  desde  el  27  de  julio anterior, por quien se identificaba como el  comandante  Camilo  jefe  del  bloque  Centauro  de  las  Autodefensas Unidas de  Colombia,  arguyendo  que  de  no  atender  sus  pretensiones  sería  declarado  “objetivo militar”.   

2.  Como  consecuencia  de  los  elementos  materiales  probatorios,  los  actos  urgentes realizados y el señalamiento que  realizara   el  precitado  Víctor  Alfonso  Artunduaga  sobre  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ,  de ser la persona que ideó, planeó y ejecutó el injusto,  se  tramitó  la  solicitud  de  orden  de captura contra éste…».   

2. Procesales  

                                              2.1.    En  razón   del   precitado  acontecer    fáctico,  capturado    HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ RAMÍREZ,  el     7   de   agosto   de  2009  ante    el    Juzgado    Único   Penal  Municipal    con    Funciones    de    Control   de  Garantías   de   Rovira  (Huila)  se  legalizó  su  aprehensión     y,  seguidamente,  la Fiscalía  le    formuló    imputación   como   autor       del      delito      de  extorsión    agravada    tentada,   conforme   los  artículos  27,  244,  245  numeral  3º  del  Código  Penal,  modificados por los artículos 5º  y 6º de la Ley 733 de 2002   y   14   de   la  Ley  890  de  2004,  cargos que el mencionado ciudadano aceptó1.  En  este  mismo  acto  público,    se    le    impuso    medida    de    aseguramiento    de  detención     preventiva     en     centro     de  reclusión.   

                                            2.2.  Con   fundamento  en  el  allanamiento  a  cargos  y  examinado   por  el  Juez  5º  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Neiva el respeto de las garantías procesales y  derechos  fundamentales,  el  13 de noviembre de 2009 condenó a HÉCTOR GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  a la pena de prisión de 8 años y multa equivalente a 1.500  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  como  autor  del  delito  de  «EXTORSIÓN     AGRAVADA     EN    MODALIDAD    DE  TENTATIVA»,    conforme   lo   previsto   en   los  artículos  27,  244,  245  numeral    3º    del  Código  Penal, modificados por los artículos     5º    y    6º  de  la  Ley  733  de  2002 y 14 de la Ley 890 de 2004.   

Importa  destacar, que se negó  la  concesión  de  rebaja  de pena con  ocasión  de  la aceptación de cargos (art. 351 Ley 906 de 2004), atendiendo la  prohibición contemplada en el artículo 26 de la ley 1121 de 2006.   

2.3.  Apelada  la  sentencia,  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Neiva la confirmó el 19 de  febrero  de  2010, reiterando los argumentos del a quo, exclusión de beneficios  y  subrogados  por prohibición expresa del artículo 26 de la Ley 1121 de 2006,  sentencia   que   quedó   debidamente   ejecutoriada   el   26   de   mayo   de  2010.   

DEMANDA DE REVISIÓN  

          El  defensor del condenado, al amparo de la causal 7ª del artículo  192  de  la  Ley 906 de 2004, presentó demanda de revisión contra la sentencia  de segunda instancia.   

Sustentó  su  pretensión  en  un cambio de  jurisprudencia  favorable  a  la  situación  jurídica  de su prohijado con los  fallos  de  esta  Corporación (CSJ, SP, 27 Feb 2013, Rad. 33254 y 19 Jun. 2013,  Rad.  39719),  para  que  se inaplique el aumento de pena que se hiciera por los  jueces   de  instancia  al  momento  de  tipificar  la  pena  con  base  en  las  disposiciones  del  artículo  14  de  la  Ley 890 de 2004, pues la Corte en las  citadas   decisiones  precisó  que  cuando  se  nieguen  rebajas  de  pena  por  aceptación  de  cargos con fundamento en la prohibición del artículo 26 de la  Ley  1121  de 2006, no es jurídicamente procedente que se haga el incremento de  la sanción con la citada disposición.   

          En   el   caso  concreto,  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  fue  condenado  por  el delito de tentativa de extorsión agravada, respecto del cual  el  artículo 26 de la Ley 1121 de 2006 excluye cualquier tipo de rebaja de pena  por  sentencia  anticipada  o concesión de beneficio o subrogado, razón por la  que  precisamente  se le negó la rebaja de pena establecida en el artículo 351  de  la Ley 906 de 2004, pese a haber aceptado su responsabilidad en la audiencia  de imputación.   

En  ese  orden, requirió dejar sin valor la  sentencia  que  motivó  la  acción,  para  que  en  su  lugar  se dicte la que  corresponda  otorgando  la  rebaja de pena correspondiente por el allanamiento a  cargos  que  realizara  el  sentenciado y que fue el fundamento de la sentencia.   

ACTUACIÓN SURTIDA EN LA CORTE  

Admitida  la  demanda  se ordenó allegar la  totalidad  del  proceso  objeto  de cuestionamiento, sin embargo, dada la causal  invocada, no se dispuso la práctica de pruebas.   

ALEGACIONES     DE     LOS     SUJETOS  PROCESALES   

El   demandante  y  el  Representante  del  Ministerio  Público  se  pronunciaron  al  unísono  por  la  prosperidad de la  acción.  En  ese sentido requirieron inaplicar el aumento de pena del artículo  14  de  la Ley 890 del 2004 atendiendo un cambio jurisprudencial favorable a los  intereses  del sentenciado en la sentencia CSJ SP, 27 Feb 2013, Rad. 33254, pues  al  aceptar  los  cargos  en  la  audiencia  de  imputación  es  inaplicable el  incremento  de  la  sanción  que en las instancia se hizo con base en la citada  disposición.   

La  defensa  solicitó  además  conceder al  sentenciado  la  libertad  por  pena  cumplida  atendiendo el tiempo físico que  lleva  privado de su libertad y los 7 meses y 14 días de redención de pena que  han  efectuado  los  Juzgados  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad que  vigilan la sanción.   

CONSIDERACIONES  

          De  conformidad  con  lo establecido en el numeral 3º del artículo  32  de  la Ley 906 de 2004, la Corte es competente para conocer de la demanda de  revisión  presentada  por  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  a  través  de  apoderado,  como  quiera  que  se promueve contra sentencia dictada por Tribunal  Superior de Distrito Judicial.   

En  cuanto  a  la  acción  de revisión esta  Corporación  la  ha  definido como un mecanismo adjetivo excepcional de control  que  se  concreta  a  través  de un proceso judicial independiente, mediante el  cual  se  busca  levantar  los  efectos  de  cosa  juzgada  y  la presunción de  legalidad  de una decisión jurisdiccional ejecutoriada, acusada de ser injusta,  nítidamente  alejada  de  la  verdad  real  e histórica, para que se emita una  nueva.   

Por  su  parte,  la  Corte  Constitucional ha  destacado  la  realización  del  valor  justicia  y la prevalencia de la verdad  material  como  fin  último  o  razón  de  ser  de la acción de revisión, en  cumplimiento  de  los  propósitos  esenciales  del  Estado  conforme a la Carta  Política de 1991, así:   

         «En  este  sentido  puede  afirmarse  que  la revisión se opone al  principio  ´res iudicata pro veritate habertur´ para  evitar  que  prevalezca  una  injusticia,  pues  busca  aniquilar  los  efectos de la cosa juzgada de una sentencia injusta y reabrir un  proceso  ya  fenecido.  Su  fin último es, entonces,  buscar  el  imperio  de la justicia y verdad material, como fines esenciales del  Estado.» (Sentencia C-871 de  2003)2.   

En  tanto no es una prolongación del juicio,  su  naturaleza excepcional, hace que proceda únicamente por las causales que de  manera  taxativa  han  sido previstas en la ley y bajo las exigencias requeridas  para  su  admisión,  las  cuales,  por  razón  de las notas de inmutabilidad e  intangibilidad     que     acompaña     la     res  iudicata, compete acreditar al accionante.   

Así, el juicio rescindente de la acción de  revisión  no  opera  en  relación  con  trámites  o  actuaciones ya agotados,  independientemente   de   que   se   evidencien   irregularidades   u  omisiones  trascendentes  en  curso  del proceso, las cuales, debieron tener como escenario  natural  de discusión los recursos ordinarios o el extraordinario de casación,  como bien lo ha precisado la Sala:   

«1.  La  acción de revisión, a diferencia  del       recurso       extraordinario       de      casación      –a  través  del cual, con apoyo en los  motivos  legales que lo hacen procedente, es posible discutir la regularidad del  trámite  procesal,  el cumplimiento de las garantías debidas a las partes, los  supuestos  de  hecho  de la sentencia de segunda instancia no ejecutoriada y sus  consecuencias  jurídicas—,  tiene  como  objeto  una  sentencia, un auto de cesación de procedimiento o una  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  que  hizo tránsito a cosa  juzgada  y  como  finalidad remediar errores judiciales originados en causas que  no  se  conocieron durante el desarrollo de la actuación y que están limitadas  a las previstas en la ley.   

No  es  la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en fundamentos propios del recurso de casación. Tampoco  es  una  tercera  instancia a la que se accede para discutir lo resuelto por los  jueces  o  fiscales  con  base  en  los  mismos  elementos  probatorios  que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

          Lo  anterior  significa  que por medio de la acción de revisión no  se  puede  abrir  de  nuevo el debate sobre lo declarado en la sentencia.» (CSJ  AP, 6 Feb. 2007, Rad. 23839)   

También refirió la Corte:  

         «No  busca  pues,  la  acción  de  revisión,  subsanar errores de  juicio  o  de  procedimiento  porque  esa  es  la  función  de  los recursos de  instancia  y de la casación. La revisión, en cambio pretende la reparación de  injusticias  a partir de la demostración de una REALIDAD HISTÓRICA diferente a  la  del  proceso y únicamente dentro del marco de invocación precisado por las  causales establecidas.» (CSJ AP, 23 Ag. 2000, Rad. 15322)   

Es  evidente  que dentro de estas exclusivas  causales  de  revisión  asoma  la  invocada  por  el accionante, orientada a la  invalidación  de  un  fallo  ejecutoriado, bajo el supuesto que la Corte   haya  variado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que  sirvió  para  sustentar  una  sentencia  condenatoria,  tanto  respecto  de  la  responsabilidad, como de la punibilidad.   

Causal frente a la cual la Corte tiene  dicho  que  para su configuración  es   indispensable   que   el   actor  no  solamente  demuestre  cómo   el   fundamento  de  la  sentencia  cuya  remoción   se   persigue  es  entendido  por  la  jurisprudencia  de  modo  diferente,      sino      que,      de      mantenerse,     comportaría  una  clara  situación  de injusticia, pues la nueva solución  ofrecida  por la doctrina de la Corte conduciría a la  sustitución del fallo.   

          De   otra   parte,   recientemente   se  señaló:   

«El entendimiento normal de la disposición  apuntaría  a  que  el  pronunciamiento  favorable  de  la  Corte deba darse con  posterioridad  a  los  fallos  de  instancia. No obstante, puede suceder que los  jueces  de  conocimiento  no  se  hubiesen  enterado, no estuvieren al tanto, no  supieran  de  la  existencia de la nueva jurisprudencia y que, como consecuencia  de   ello,  su  decisión  se  hubiese  adoptado  con  fundamento  en  criterios  anteriores de la Sala de Casación Penal.   

En  esas  eventualidades,  así  el criterio  favorable  de  la  Corte  sea posterior en el tiempo a la emisión de los fallos  por  revisar,  para esos casos concretos se muestra como “nuevo”, porque, en  efecto,  la  novedad  de lo dicho por la Corte radica, no en su ubicación en el  tiempo  siguiente  a  las  decisiones  de  los  jueces, sino en relación con la  época del criterio adoptado en ellas.   

Por  mejor  decir,  la  inteligencia  de  la  posterioridad  del  lineamiento  jurisprudencial  de la Sala de Casación Penal,  apunta  no  a  las  fechas de las decisiones, sino a las épocas en que la Corte  adoptó  los  dos  criterios:  el  que  sirvió  de soporte a las sentencias por  revisar  y  el aducido como nuevo y favorable. Así, el argumento benéfico debe  haberse  producido luego de aquel que fue el fundamento de los fallos demandados  en revisión.   

Esta   interpretación  se  adecua  con  precisión  al mandato legal, como que en estricto sentido este no determina que  lo  trascendente  sea el momento de emisión de la jurisprudencia, sino que ella  sea  benéfica  y  posterior  a  aquella  que sirvió de soporte a los jueces de  instancia.». (CJS SR, 20 Ag. 2014, Rad. 43624).   

Hechas   las   anteriores   precisiones,  lo  primero que habrá de  señalarse  y  como bien lo reconociera el  demandante,  la acción  apunta  no  a  derruir  los  juicios  de responsabilidad sino a  morigerar  sus  efectos,  en tanto los juzgadores de  instancia,   impartieron   una  condena  e  impusieron  una  sanción,    basados    en    una    precisa   interpretación  jurisprudencial  que  posteriormente fue variada. De manera que  habiéndose             modificado  el precedente en favor del  procesado,   se   impone   proceder   al   reconocimiento   de   lo  que  se  le  denegó  con fundamento en la determinada y revocada  jurisprudencia.   

        Concretamente  se solicita la  inaplicabilidad  del  incremento  de pena del artículo 14 de la  Ley  890  de  2004, pues la Corte con posterioridad al criterio sostenido en las  sentencias  de  instancias  concluyó  que  en  los  supuestos  en los cuales el  procesado  se allane a cargos o acuerde con la Fiscalía, pero se estuviese ante  las  prohibiciones  del  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006, no hay lugar a  aplicar   el   incremento   punitivo   del   artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.   

        Al  respecto lo primero que tendrá que  advertirse  es que el juez  de   instancia   ciertamente  negó  al  sentenciado  la  rebaja  de  pena  prevista en el artículo 351 del  Código  de  Procedimiento  Penal  no  obstante  haber aceptado los cargos en la  audiencia  de  imputación,  por expresa prohibición del artículo 26 de la Ley  1121   del   2006   y  atendiendo  lineamientos  jurisprudenciales  de  la  Sala  – CSJ, SP 1º Jul. 2009,  Rad.  30800,  donde se admitía la exclusión de beneficios con fundamento en la  normatividad en cita. En palabras del juzgado de instancia:   

«En razón a que la Ley 1121 en su artículo  26  dispone  que  cuanto  se  trate  de  delitos  de extorsión, entre otros, no  procederán  las  rebajas  de  pena por sentencia anticipada y confesión, ni se  concederán  subrogados  penales  o mecanismos sustitutivos de la pena privativa  de  la  libertad  de condena de ejecución condicional o suspensión condicional  de  ejecución  de  la  pena,  o  libertad  condicional.  Tampoco  a la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la prisión, ni habrá lugar a ningún otro  beneficio  o  subrogado  legal,  judicial o administrativo, salvo los beneficios  por  colaboración consagrados en el código de procedimiento penal, siempre que  esta  sea  eficaz.  Por  el  contrario y muy a pesar nuestra jurisprudencia más  reciente  de la Corte Suprema de Justicia ha confirmado lo anterior en sentencia  del  1º  de  julio de 2009, proceso 30800 no hay lugar a conceder rebaja alguna  por     la     aceptación     de     cargos.»3.   

Criterio  reiterado por el Tribunal Superior  de  Neiva  al  momento  de  resolver el recurso de apelación interpuesto por la  defensa:   

«Hace  parte de tal preceptiva contenida en  el  artículo  26, de las normas expedidas “para la prevención del terrorismo  y  otras  disposiciones”  a  que  se  refiere  la  reglamentación  citada  en  precedencia,  como  política criminal del Estado tendiente a combatir con mayor  rigorismo  las  conductas  que  no  solamente  afecta  al  patrimonio económico  particular,  la  tranquilidad  del  conglomerado  social,  sino la economía del  país,  con  atentados a bienes jurídicos que es necesario contrarrestar por la  frecuencia  en  que  se  cometen,  como  por  la  mayor  perversidad  con que se  realiza.   

Una prohibición contemplada en los términos  antes  referidos,  no permite realizar ninguna otra consideración (…) pues el  imperativo  mandato,  releva  al operador judicial de realizar cualquier tipo de  análisis  para  la  concesión de rebajas de pena, beneficios o reconocimientos  de   subrogados,   en   acatamiento   del   principio  de  la  legalidad  de  la  pena.   

Es de relievar, que nuestra máxima autoridad  judicial  en  reiterada  jurisprudencia  ha  señalado  que el referido precepto  mantiene  cabal  rigor,  ámbito  y  cobertura  y  operancia plena, en cuanto es  aplicable  sin  distinciones  a todos los hechos cometidos bajo su vigencia, sea  el  sistema  procesal  que  preside la investigación o juzgamiento (CSJ SP, 1º  Jul.       2009,       Rad.       30800.)…»4.   

Sin   embargo,   con   posterioridad   al  proferimiento  de  las  sentencias  de  instancia y la jurisprudencia citadas en  ésta,  la  Sala  de Casación Penal profirió el fallo 33.254 del 27 de febrero  de  2013, considerando que en los supuestos en los cuales el procesado se allane  a  cargos  o  acuerde con la Fiscalía, pero se estuviese ante las prohibiciones  del  artículo  26 de la Ley 1121 del 2006, no hay lugar a aplicar el incremento  punitivo del artículo 14 de la Ley 890 del 2004.   

Lineamiento  que  parte de la base de que la  Ley  1121 del 2006 prohíbe conceder cualquier tipo de prebendas cuando, como en  este  caso, se trate del delito de extorsión, razón por la cual no se entiende  que  se aplique el aumento señalado, cuando su razón de ser es la de propiciar  una justicia premial.   

          En esa providencia, concluyó la Corte:   

«Por   consiguiente,   a  la  luz  de  la  argumentación  aquí  desarrollada,  fuerza  concluir  que habiendo decaído la  justificación  del  aumento  de  penas  del  art.  14 de la Ley 890 de 2004, en  relación  con los delitos incluidos en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006 –para  los  que  no  proceden  rebajas  de  pena  por  allanamiento o preacuerdo–, tal  incremento  punitivo,  además  de  resultar  injusto  y contrario a la dignidad  humana,  queda  carente  de  fundamentación,  conculcándose  de esta manera la  garantía de proporcionalidad de la pena.   

Así  mismo,  en ejercicio de su función de  unificación  de  la  jurisprudencia,  la Sala advierte que, en lo sucesivo, una  hermenéutica   constitucional  apunta  a  afirmar  que  los  aumentos  de  pena  previstos  en  el  art.  14  de la Ley 890 de 2004 son inaplicables frente a los  delitos  reseñados  en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006. No sin antes advertir  que   tal   determinación   de  ninguna  manera  comporta  una  discriminación  injustificada,  en  relación con los acusados por otros delitos que sí admiten  rebajas  de  pena  por allanamiento y preacuerdo, como quiera que, en eventos de  condenas  precedidas  del juicio oral, la mayor intensidad punitiva no sería el  producto  de una distinción arbitraria en el momento de la tipificación legal,  ajustada  por  la Corte, sino el resultado de haber sido vencido el procesado en  el  juicio,  sin  haber  optado  por  el acogimiento a los incentivos procesales  ofrecidos  por  el  legislador;  mientras que, frente a sentencias condenatorias  por  aceptación  de  cargos,  la  menor  punibilidad,  precisamente,  sería la  consecuencia  de  haberse  acudido  a  ese  margen  de negociación, actualmente  inaccesible  a  los  delitos  referidos  en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006.».   

Con posterioridad, el 19 de junio siguiente,  dentro del radicado 39.719, reiteró:   

«Durante las alegaciones orales, de consuno  la  Fiscalía y la representación del Ministerio Público, pidieron se aplicase  de  oficio,  en favor del procesado, la más reciente jurisprudencia de la Sala,  consignada en el radicado 33254 del 27 de febrero de 2013.   

La  decisión  en  comento, cabe recordar, a  partir  de  la  aplicación del principio de proporcionalidad y la verificación  del  querer  del  legislador  al expedir la Ley 890 de 2004, concluyó que a los  delitos  a  los  cuales  cobija  la  prohibición  de  rebajas  o beneficios del  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006,  entre  ellos la conducta punible de  extorsión,  no  les es aplicable el incremento generalizado de pena establecido  en el artículo 14 de la primera normatividad citada.   

Empero, de lo expuesto por la Corte hacen los  representantes  de la Fiscalía y la Procuraduría una equivocada lectura, pues,  no  deriva  de  allí  que  la  eliminación  del  incremento  opere  general  e  indiscriminada  para  esos  delitos reseñados en el artículo 26 de la Ley 1121  de    2006,   sin   que   importen   las   vicisitudes   procesales   del   caso  concreto.   

Todo  lo  contrario,  en  la  jurisprudencia  objeto  de  análisis,  dentro al apartado final del tópico referido al tema en  cuestión, la Corte advirtió: (…)   

Claramente el apartado trascrito contiene una  restricción  al  concepto  de inaplicación del aumento de penas establecido en  el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004, pues, precisamente para que el principio  de  igualdad  respecto de personas a quienes se condena por la vía ordinaria en  delitos  diferentes,  no sea vulnerado, establece como premisa básica que el no  incremento  sólo  opera  cuando  el  procesado  se  acoge a los mandamientos de  justicia  premial  que  contienen  las  figuras  del  allanamiento  a  cargos  y  preacuerdos.   

Vale  decir,  en  los casos en los cuales la  persona  vinculada por delitos contemplados en el artículo 26 de la Ley 1121 de  2006,  no hace manifiesta su intención de acogerse a la terminación anticipada  del  proceso,  vía  allanamiento  o  preacuerdo, y ello no se materializa en la  consecuente  definición anticipada del asunto, la pena aplicable debe consultar  también  el  incremento  dispuesto  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.   

Pues, de no ocurrir así quedaría huérfana  de  soporte  la  tesis  que gobierna la jurisprudencia examinada, que tiene como  objeto  central de definición la imposibilidad de incrementar penas de Ley 890,  a quienes no acceden a la justicia premial.   

Cuando  el  asunto  discurre  por el camino  ordinario  del juicio oral, ya se hace necesario igualar a todas las personas de  conformidad  con  lo  establecido  por el artículo 14 de la tantas veces citada  Ley  890 de 2004, no sólo porque aquí en nada incide la justicia premial, sino  porque  de no hacerse así se establece una desigualdad gratuita e injustificada  a  favor  de  quienes,  precisamente,  cometen  delitos graves que el legislador  estimó necesitados de más draconiano trato.   

Por  lo  demás,  si  se  dejara de lado la  necesaria  acotación  del  criterio  establecido  por la Corte, ningún sentido  tendría  la  exhortación que en la decisión jurisprudencial objeto de examen,  se  hace  para  que  el  legislador  en  lugar  de  limitar las posibilidades de  terminar  los  asuntos  rápidamente  a  través  de  los mecanismos de justicia  premial,  las  flexibilice  a efectos de hacer funcional y eficaz el sistema, so  pena de su colapso.   

Apenas  natural surge que si la posibilidad  del  no  incremento de pena en los delitos objeto de prohibición de beneficios,  resulta  consecuencia de acceder a alguno de los institutos de justicia premial,  ello  servirá  de acicate para que así suceda y se eviten los efectos dañosos  de la congestión judicial.   

         En  consecuencia,  la Corte reafirma que por inescapables razones de  igualdad  y  funcionalidad  del sistema, la prohibición del incremento de penas  general  dispuesto  en  el  artículo  14 de la ley 890 de 2004, respecto de los  delitos  enlistados  en  el  artículo  26  de  la Ley 1121 de 2006, únicamente  remite  a aquellos casos en los cuales la persona se allanó a cargos o llegó a  un  acuerdo  con  la Fiscalía y en atención a ello se terminó anticipadamente  el proceso».   

Postura  que  se  acredita  en  el caso sub  examine,  dado  que  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  en  la  audiencia  de  imputación  de  manera  libre,  consciente y voluntaria se allanó a los cargos  formulados  por  la  Fiscalía,  aceptación  que  constituyó  el soporte de la  sentencia  de  condena  y  en la dosificación punitiva se aplicó el aumento de  pena  consagrado  en el artículo 14 de la Ley 890 del 2004, pero se le negó la  rebaja  del  artículo 351 procesal, porque así lo reglaba el 26 de La Ley 1121  del 2006 y lo disponía la jurisprudencia de la época.   

En  ese orden, no son necesarias, entonces,  mayores  lucubraciones  jurídicas  o fácticas para concluir que, en efecto, se  presentó   un   cambio   favorable  de  jurisprudencia  en  el  aspecto  de  la  punibilidad,  motivo  por  el  cual  resulta  material y formalmente ajustada la  causal  de revisión contemplada en el numeral 7° del artículo 192 del Código  de    Procedimiento   Penal   de   2004,   invocada   por   el   apoderado   del  sentenciado.   

En consecuencia, la Sala declarará fundada  la  acción  de  revisión  objeto  de estudio, por lo que dejará sin efecto la  dosificación  punitiva  contenida  en  la sentencia condenatoria dictada contra  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  y, en su lugar,  procederá  a  emitir la providencia respectiva,   tal  y  como  lo  dispone  el  numeral  1°  del  artículo  196 de la Ley 906 de  20045   

,  sin  tener  en  cuenta  los  aumentos  contemplados  en  el  artículo  14 de la Ley 890 de  2004,  con  la  precisión  que  se  respetaran  los  criterios  adoptados  por  el  a  quo  al  momento de  dosificar la pena.   

En  ese orden, el artículo 244 del Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  5º de la Ley 733 de 2002, contempla una  pena  de  prisión  de 12 a 16 años -144 a 192 meses-  y  multa  de  600  a  1200  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes,  pero  al  ser  la  conducta agravada por lo previsto en el  numeral  3º  del  artículo  245 ibídem, modificado por el artículo 6º de la  Ley  733  de  2002,  dicha  sanción  se aumenta hasta en una tercera parte y la  multa  queda  de  3.000  a  6.000  salarios mínimos legales mensuales vigentes;  luego  hecho  el  cálculo según el artículo 60 numeral 2º del Código Penal,  deja los topes de prisión entre 144 a 256 meses.   

         Ahora,  como  se  trata  de una conducta en grado de tentativa, debe  considerarse  lo  dispuesto  en  el artículo 27 del Código Penal, es decir, la  pena  no  puede  ser  menor de la mitad del mínimo ni mayor de las tres cuartas  partes  del  máximo de la señalada para la conducta punible consumada. De esta  forma,  la  pena,  queda  de 72 a 192 meses de prisión y multa de 1.500 a 4.500  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

El juzgador se ubicó en el cuarto inferior,  que  en  este  caso y atendiendo la prosperidad de la acción, oscila entre 72 a  102  meses  de  prisión  y  multa  de  1.500  a 2.250 salarios mínimos legales  mensuales                  vigentes6   

.  

Ahora, como las instancias individualizaron  la  pena  en  los  citados  mínimos, criterio que como se indicara no puede ser  modificado,  se  fija  la  sanción  en  72  meses  de prisión y multa de 1.500  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, que será la pena que tendrá que  purgar el sentenciado HÉCTOR GONZAGA RAMÍREZ RAMÍREZ.   

Conveniente  resulta precisar que si bien  la  pena de multa no sufre variación alguna respecto  de   la  impuesta  por  el  sentenciador,  ello  lo  es  en  la  medida  que  el  artículo 245 del Código  Penal,   que   fuera  modificado  por  el  artículo  6º   de   la   Ley   733  de  2002,  previó  de  manera    taxativa    que   al   concurrir   alguna  circunstancia  de  las  allí descritas, para el caso  concreto,   la  tercera,  la  multa  “será  de  tres  mil  (3.000) a seis mil (6.000) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes”,  guarismos  que  al  aplicarle  las  preceptivas  del  artículo  27  de  la  norma sustantiva quedan  oscilando   entre   1.500   y   4.500   salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes.   En  otras palabras, como el artículo 6º de la Ley 733 de 2002  no  fue  modificado  por  el  artículo  14  de  la  Ley  890 de 2004, no había  necesidad   alguna   de   realizar  modificación  ante  la  prosperidad  de  la  causal.   

Ahora, como el  artículo  52 del Código  Penal  inciso  3º, prevé  que  la  pena  de prisión conllevara la accesoria de  inhabilitación    para    el    ejercicio      de      derechos     y     funciones     públicas,  por  un  tiempo  igual  al  de  la  pena  a  que  accede,  ésta  se  fijará en el  mismo  término  de  la pena principal privativa de la  libertad que se les impone.   

En  conclusión, se tiene que las penas que  debe   cumplir   el   sentenciado  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ  son  de  72  meses  de  prisión  y         multa        de        1.500    salarios    mínimos  legales mensuales vigentes para el  año  2010  al  igual  que  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual que el de la pena privativa  de la libertad.   

         Finalmente  se  tiene  que  HÉCTOR  GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ fue  privado  de  su  libertad  el  6 de agosto de 2009, de donde se concluye que por  tiempo  físico  al momento de registro de esta decisión (10 de junio de 2015),  lleva    5    años,    10    meses    4    días7  (70  meses  4  días) privado  físicamente  de  su libertad, tiempo inferior al que fue condenado, esto es, 72  meses,  por  tanto,  no tendría derecho a la concesión de la libertad por pena  cumplida,  máxime que no es dable determinar si el sentenciado ha redimido pena  por  estudio  y/o  trabajo,  pues  aunque  el demandante señaló que a RAMÍREZ  RAMÍREZ  se  le  había reconocido 7 meses y 14 días de redención de pena por  parte  de los Juzgados de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad que vigilan  la  sanción, no aportó elemento de prueba que permita a la Sala corroborar tal  información.  En consecuencia, ese supuesto deberá el apoderado del accionante  presentarlo a consideración del juez de penas.   

Ahora, la Sala se abstendrá de pronunciarse  frente  a  la  libertad  condicional  pues  de  hacerlo  estaría  limitando  la  posibilidad  de  la  segunda  instancia  como  si sucedería si fuera el juez de  ejecución  de  penas  el  que  lo  hiciera,  amén  que  no  se  cuenta  con la  información   requerida   sobre   el  tratamiento  penitenciario  del  interno.   

Lo  anterior  no es óbice para ordenar que  inmediatamente  la  Secretaría de la Sala remita copia de la presente decisión  al  Juzgado de Ejecución de Penas que vigila la sanción impuesta al demandante  para lo de su competencia.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO.  DECLARAR FUNDADA la causal de  revisión  invocada  por el defensor de HÉCTOR GONZAGA  RAMÍREZ  RAMÍREZ,  conforme las razones expuestas en  la parte motiva.   

SEGUNDO.  DECLARAR    SIN    VALOR,  PARCIALMENTE,  la  sanción  impuesta  en las sentencias del 13 de noviembre de 2009 y 19 de febrero de 2010,  proferidas,  en  su orden, por el Juzgado 5º Penal Municipal de Conocimiento de  Neiva  y  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  dicho Distrito Judicial,  exclusivamente  para dejar  en   6  años    de  prisión,  multa      de     1.500  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes en el año 2010 e inhabilitación de derechos  y  funciones  públicas  por  un lapso igual a la pena privativa de la libertad,  siendo  estas las penas que debe cumplir HÉCTOR GONZAGA RAMÍREZ RAMÍREZ, como  autor   del   delito  de  tentativa  de  extorsión  agravada  por  el  que  fue  condenado.   

En   todo  lo  demás,  los  fallos permanecen vigentes.   

TERCERO. Remítase  copia  de  la  presente decisión al Juzgado de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad  que  se  encuentra  vigilando  la sanción impuesta a HÉCTOR GONZAGA  RAMÍREZ RAMÍREZ para lo de su competencia.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 5-6 Carpeta Juzgado de Instancia   

2  Citada en la sentencia T 442 de 2007 de la Corte Constitucional.   

3  Fls. 73-74 Carpeta Juzgado de Instancia   

4 Fls.  15-34 C.O. Tribunal   

5  “Revisión   de   la   sentencia.  Si  la  Sala  encuentra  fundada  la causal invocada, procederá de  la siguiente forma:   

1.  Declarará  sin  valor  la  sentencia  motivo  de la  acción  y  dictará  la  providencia  que  corresponda  cuando  se  trate  de  prescripción     de     la    acción  penal,  ilegitimidad del querellante, caducidad de la querella,  o  cualquier  otro  evento generador de extinción de  la  acción  penal,  y la  causal   aludida   sea   el  cambio  favorable  del  criterio  jurídico   de   sentencia  emanada  de  la  Corte.” (Se destaca).   

6  192-72=120/4=30   

Prisión             

1º Cuarto             

2º Cuarto             

3º Cuarto             

4º  Cuarto  

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo  

120             

30             

30             

30             

30  

Meses             

72             

102             

102             

132             

132             

162             

162             

192  

4.500-1.500=3000/4=750  

Multa             

1º Cuarto             

2º Cuarto             

3º Cuarto             

4º  Cuarto  

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo             

Mínimo             

Máximo  

3.000             

750             

750             

750             

750  

Salarios             

1.500             

2.250             

2.250             

3.000             

3.000             

3.750             

3.750             

4.500  

7  La  captura del sentenciado se materializó el 6 de agosto de 2009.     

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