SP6420-2016(43809)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNANDEZ BARBOSA  

Magistrado Ponente  

SP6420-2016  

Radicación N° 43809  

Aprobado Acta Nº153  

Bogotá  D.C.,  dieciocho (18) de mayo de dos  mil dieciséis (2016).   

Decide  la  Sala  el  recurso  de  casación  presentado  en  nombre  de  ÁLVARO  HERRERA HERRERA,  contra  la sentencia proferida en el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, la cual confirmó la emitida en el Juzgado  Dieciséis    Penal   del   Circuito   (Adjunto   de  Descongestión) de esta ciudad en la que fue condenado  con  Juan  Nepomuceno  Luna  Guerrero  como  coautor  de  los  delitos de fraude  procesal   y   obtención   de   documento   público   falso  agravado  por  el  uso.   

I. SÍNTESIS FÁCTICA Y PROCESAL  

1.  El  inmueble  ubicado en la calle 84 Nº 14-00 de Bogotá, propiedad  de  Santander  Eliecer  Mafioly  Cantillo,  se hallaba  embargado en un asunto civil y el 11 de junio de 2004  sobrevino  la  orden  judicial para cancelar esa medida; sin embargo,  como  la  secuestre, Martha Martínez  Buendía,   entrabó   la   entrega  del  bien  a  su  dueño,  éste  el 27 de julio siguiente solicitó un  certificado    de    libertad    y   tradición   en   el   que   observó   una  anotación  (la  Nº  18) según la cual el 10 de junio  anterior   él   habría  vendido     el    predio    a    ÁLVARO    HERRERA  HERRERA mediante la Escritura Pública Nº 1471 de la  Notaría 11 del Círculo de Bogotá.   

El  señor  Mafioly  Cantillo  se  dirigió  enseguida  a  tal oficina y tras obtener copia del acto notarial observó que la  tradición  de  su  inmueble  se hizo mediante un poder general conferido a Juan  Nepomuceno  Luna  Guerrero  a través de la Escritura Pública Nº 3569 de 26 de  diciembre  de 2003 de la Notaría 56 del Círculo de Bogotá, despacho en el que  constató  que  para  ese trámite fue empleada una copia de su anterior cédula  de       ciudadanía       pero      adulterada1.   

2.  Tras  una  dilatada   indagación   previa,   el   20  de  enero  de  2009  fue  abierta la  investigación  formal  y  se  ordenó  recibir  indagatoria  a  Juan Nepomuceno Luna Guerrero y  ÁLVARO     HERRERA     HERRERA,     empero   como   éstos  no  fueron  ubicados,  su  vinculación  se  materializó  el 29 de octubre de 2010 mediante declaración de persona ausente,  tras  lo  cual,  sin  que  se  les  hubiese  definido  previamente la situación  jurídica,  el  9 de mayo de 2011 el instructor clausuró el ciclo instructivo y  el  18  de julio siguiente precluyó la investigación  por  el delito de estafa por prescripción y profirió  contra     aquéllos  resolución  de  acusación  como  coautores  de  los  delitos  de obtención de  documento   público   falso,   agravado,   y   fraude   procesal   (Ley   599   de   2000,  artículos  288,  290  y  453),  pliego  de  cargos  que  alcanzó  ejecutoria  el 3 de agosto de  20112.   

3. La fase de la  causa  correspondió  al  Juzgado  Dieciséis  Penal  del  Circuito  de Bogotá,  oficina  en la que el 29 de marzo de 2012 se profirió contra los acusados fallo  condenatorio,  y  en  tal  virtud  a  cada uno les fue  impuesta   pena  principal  de  sesenta  (60) meses de prisión y la accesoria de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por igual  lapso;  además,  no  les  fueron  concedidos los subrogados penales3.   

4. Una vez cobró  ejecutoria  la  reseñada  decisión, el expediente fue remitido al Juzgado Once  Penal  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá, cuyo titular al  constatar   que   en  el  trámite  procesal  nunca se  solicitó  la  captura  de  los implicados,  el 24 de septiembre de 2012 envió las respectivas órdenes para  la  ejecución  de  la condena, con base en las cuales el 29 de enero de 2013 se  hizo  efectiva  la  de  Juan  Nepomuceno  Luna  Guerrero,  en  tanto  que  la de  ÁLVARO  HERRERA HERRERA se  concretó    el    5    de    agosto    siguiente4.   

5. Luego, a raíz  de  la  acción  de  tutela promovida por el últimamente citado a través de un  abogado  de confianza, mediante decisión de 6 de septiembre de 2013 el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial  de  Bogotá  amparó  la  garantía fundamental del debido proceso al  encontrar  que  en  efecto  el fallo de primer grado no fue notificado en debida  forma.  En  consecuencia,  invalidó  parcialmente  la  actuación  para que con  sujeción   a  la  ley  se  rehiciera   el   trámite  correspondiente,  y  dispuso  la  libertad  inmediata  de       HERRERA  HERRERA,  medida  que  el Juez de Ejecución de Penas  hizo    extensiva   también   a   Luna   Guerrero5.   

6.  Corregida   la  actuación  invalidada,  el   fallo   condenatorio   de  primera  instancia  fue   apelado   por   el  defensor  de  HERRERA       HERRERA,    y   el   19   de   diciembre   de  2013 el Tribunal Superior  del   Distrito  Judicial  de  Bogotá  resolvió  la  impugnación  en el sentido de confirmar la decisión  cuestionada.     Contra     esa     sentencia  de  segundo  grado  el mismo  sujeto  procesal  formuló  el recurso de casación,  cuya      demanda     la     Corte     admitió6.   

II. LA DEMANDA  

7.  La  asistencia  técnica  de  ÁLVARO  HERRERA      HERRERA     propuso     tres  reproches,  dos con apoyo en la causal tercera de casación,  y  otro,  subsidiario  de  los  anteriores,  con  sustento en la causal primera,  cuerpo   segundo,  cuyos  fundamentos son:   

7.1. Como primer  cargo  y  con  carácter  principal  refiere el censor que las sentencias fueron  emitidas  en  un  proceso  viciado  de  nulidad por ausencia absoluta de defensa  técnica,    tanto    en    la    fase   de   instrucción   como   en   la   de  juzgamiento.   

Luego  de  explicar  la  importancia de la  garantía  vulnerada  y  de  rememorar  decisiones  de  esta Corporación acerca  de  la misma, señala que  en  el  presente  asunto  pese  a  que  desde  un principio se supo el nombre de  los    eventualmente  partícipes   en   los   sucesos,  entre  ellos  su  representado,  respecto de éstos nunca se desplegó  labor    para    enterarlos   de   la   indagación  previa,   la   cual  se  extendió  por  más  de cuatro años (entre el 23 de  agosto  de  2004 y el 20 de enero de 2009), tiempo en  el      que     la     Fiscalía     recaudó  la prueba concerniente a la materialidad de los delitos,  pero  en  el mismo lapso  no   adoptó  medida  alguna  para  asegurar  el  derecho a la defensa de su prohijado.   

Precisa  que tras la apertura formal de la  investigación  (el 20 de enero de 2009),  tampoco se efectuó acto concreto por parte del instructor para  lograr  que  los  sindicados  comparecieran  a  rendir indagatoria, sino   que   los   declaró  personas  ausentes  y  les designó un defensor común a ambos, sin considerar la eventual  incompatibilidad   de  intereses,  además  que  el  respectivo  profesional  no  concurrió  a  posesionarse  del encargo, y éste fue reemplazado el 11 marzo de  2011  por  otro  abogado  que  aun  cuando aceptó la designación, no desplegó  gestión  en  beneficio de  los intereses confiados.   

En  relación con esto último destaca que  al   aludido   profesional   no   le   mereció       reparo  el  ostensible  desbordamiento de los términos procesales, nada  dijo  por  la  ausencia  de  labores  concretas para  ubicar  a  su  representado,  lo  que  condujo a la declaración de ausencia, ni  por    la    omisión    de   resolverle  la  situación  jurídica,  no  se  notificó  del cierre de investigación, y apenas se limitó a notificarse de la  resolución   de   acusación   contra   la   que   no   ejerció  mecanismo  de  impugnación.   

Explica que la inercia y falta de interés  del  abogado que fungía  como   defensor   de   los   acusados  fue  también  evidente  en  la    causa,   ya   que   aquél   no  elevó  solicitud alguna  en  el  término  dispuesto para alistar  el  juicio,  dejó  de asistir a la audiencia preparatoria, y su  intervención  en  el  debate  oral, aduce el censor, permite advertir cómo ese  letrado  ni  siquiera  se  ocupó  de  actualizar  su conocimiento acerca de los  delitos  imputados,  y  de  ahí la intervención descontextualizada y abstracta  que  plasmó en la clausura de ese acto público, abandono que también constata  en     el     hecho     de     que    tampoco       asistió a notificarse del fallo de primer grado.   

En resumen, puntualiza que el ejercicio de  la   acción   penal   estatal  en  sus  dos  etapas  fue  adelantado en el presente asunto sin control ni  oposición  por  parte de un abogado que asumiera con un mínimo de solvencia la  defensa de su representado.   

Con  base  en  lo  anterior solicita casar  el    fallo  impugnado,  para  en  su  lugar  declarar   la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de  la providencia mediante la cual  su    prohijado    fue    vinculado    mediante    declaración    de    persona  ausente.   

7.2.  Como   subsidiario   del  anterior  reproche,  pero  también  por  vía de la nulidad, refiere la vulneración del debido proceso en  aspectos   sustanciales,   por  cuanto  el  funcionario  instructor  no atendió la obligación de definir  la  situación  jurídica  de los implicados, con sujeción al rito fijado en la  Ley 600 de 2000.   

Resalta  cómo de acuerdo con el artículo  354  del  citado  ordenamiento  penal adjetivo, la situación jurídica debe ser  definida  en todos aquellos eventos en los que se procede por delitos en los que  es  posible  imponer detención preventiva, y dado que en el asunto estudiado al  declarar  persona  ausente  a  su defendido se indicó que era, entre otros, por  los    de    estafa    y    fraude   procesal,   ambos   susceptibles  de  tal  medida  cautelar,  era una  obligación  y  no  un  simple  acto discrecional adoptar el pronunciamiento que  echa de menos.   

Puntualiza  que la irregularidad destacada  quebranta  de  manera  irreparable el artículo 29 de la Constitución Política  por  desconocer  la  garantía  fundamental de observancia de la plenitud de las  formas  de  cada  juicio,  además  que  el  vicio es trascendente por cuanto se  privó  al  sujeto  pasivo de la acción penal de conocer el mérito dado por el  funcionario  a  las  pruebas de cargo frente a las conductas punibles  imputadas, y en ese medida también  se  le  cercenó  el  derecho  a impugnar esa calificación jurídica, o exponer  tempranamente  irregularidades  relevantes  como en este caso lo fue la orfandad  de defensa.   

Apoyado en los anteriores planteamientos el  actor  pide  declarar la  nulidad   a   partir  de  la  clausura  de la investigación.   

7.3.  Por  último, como cargo subsidiario  de  los  anteriores,  el  demandante,  con  apoyo  en  la causal primera, cuerpo  segundo, asevera que las  instancias  incurrieron  en  violación  indirecta de la ley sustancial debido a  falsos    raciocinios   en   la   ponderación   y  mérito   persuasivo   de   las  pruebas  técnicas  practicadas en la indagación preliminar.   

Precisa  que  el juicio de responsabilidad  construido  por  los  falladores  a  partir  de lo que en concreto demuestran el  dictamen  de  grafología  y  el  de lofoscopia, se basó en múltiples indicios  cuya   característica  es  haber  sido  construidos  sobre  hechos  indicadores  equívocos  de  los  cuales  se  pueden extractar múltiples conclusiones, todas  insuficientes   para   arribar   al   grado   de  certeza  exigido  para  emitir  condena.   

Al  respecto  destaca  que  la  condición  espuria  probada  frente  la  Escritura  Pública Nº 3569 de 26 de diciembre de  2003   (presunto  poder  general  otorgado  por  el  denunciante   a  Luna  Guerrero)  no  permite  hacer  inferencia  acerca de la participación delictiva de su defendido, sencillamente  porque  no  hay  evidencia  de que él hubiese intervenido en la consecución de  tal documento falso.   

Igualmente señala que aun cuando el nombre  de  su  defendido  aparece  en  la Escritura Pública Nº 1471 de 10 de junio de  2004  como  comprador, la participación material de él en la venta fraudulenta  a  que  se  refiere ese instrumento los juzgadores la  infirieron  al  enlazar  ese acto con el poder falso  que  hizo  posible la tradición, siendo claro para el demandante que el ad-quem  conjeturó  la  coautoría  de  su representado sin sustento en algún postulado  concreto de la sana crítica.   

Advierte     que     como  según  la  Escritura Pública Nº  1516  de 17 de junio de 2004, quien figura en calidad  de comprador en el instrumento antes aludido otorgó  poder  general  a  una tercera persona para la administración de sus bienes, el  Tribunal   concluyó   que   según   las   reglas   de  experiencia  tal  acto  era  para  proceder a una  cadena  indefinida  de enajenaciones, análisis que para el libelista es errado,  pues  en  este asunto no existe o no se dio la aducida sucesión de tradiciones,  es   decir   que   la   lógica   del   ad-quem  se  sustentó  en  una  premisa  falsa.   

Por lo anterior  solicita  casar  la  condena emitida contra su prohijado, y en su lugar proferir  fallo    absolutorio,    habida    cuenta   que   del   análisis   objetivo   de   la  prueba  de  cargo  no  se  infiere  la  participación activa  o    pasiva    de    su   prohijado   en    los    hechos   de   los   que   se   ocupó   el   presente  proceso.   

III.    CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

8.  La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación Penal en  relación   con  los  cargos  formulados  rindió  concepto  en  los  siguientes  términos:   

8.1. Acerca del  reproche  principal  por  violación del derecho a contar de manera efectiva con  defensa  técnica,  la  agente  del  Ministerio  Público  asegura  que no tiene  vocación   de   prosperidad  pues  entiende  que  no  obstante  “las  múltiples  comunicaciones” que  se  hizo  a  los condenados, de su desatención “se  colige  sin dificultad la ausencia total de interés por parte de los procesados  por  comparecer  al  proceso”,  de suerte que como  “el  principio  de comunicación, al no constituir  una  garantía  absoluta,  no  puede  obligar a la administración de justicia a  ejecutar lo imposible”.   

Y    agrega    que    “frente  a  la evidencia probatoria, ningún planteamiento novedoso  podía  esgrimir  la  defensa  técnica  o  material, en atención a que el ente  investigador  recogió  todos  los  elementos materiales y evidencia”     con     los    cuales    se  demuestra   la  conducta  punible,  motivo  por  el  que,     asegura,  al        abogado       que       representó   los   intereses   de  los  acusados  “no  podría exigírsele una actividad diversa a la ejecutada en el  presente  evento  o  la  realización  de  otras  actuaciones que minimizaran la  ausencia     de     los     procesados     en     esta    actuación”.   

8.2. Frente al  segundo  cargo  por  vía de la nulidad, en el que se postuló la violación del  debido  proceso  por  cuanto  el  instructor  incumplió la obligación legal de  resolver  la situación jurídica de los entonces investigados, la representante  de  la  Procuraduría  señala que no obstante ser cierto que el acto omitido es  en  efecto  sustancial,  también  es  verdad que, contrario a lo alegado por el  censor,     era     menester     demostrar     la     trascendencia    de    esa  pretermisión.   

A ese respecto indica que esta Corporación  “ha  reiterado”  que  la  tutela  del  aludido  derecho   fundamental   por   omisión   del  pronunciamiento  echado  de  menos  “tiene   significativa   importancia   cuando  va  aparejada  al  principio  de  lealtad,  lo  cual  supone la presencia activa del  procesado  y  el  ejercicio  del  derecho a la defensa tanto material    como    técnica”,    cuando    a    pesar    de   esa  “activa         participación”   “el   operador  jurídico  se  abstiene  de  manera  injustificada  de  informarle  que  la  administración de  justicia  ha  encontrado  en  su  comportamiento  elementos  de  los  cuales  se  desprende  la  posible  comisión de una conducta que en apariencia va en contra  del régimen jurídico”.   

Luego  de  transcribir  un fragmento de la  decisión  de  esta  Sala  (AP 24 oct. 2007, rad. Nº  25981)  de  la  cual  habría extractado el anterior  entendimiento,  el  Ministerio  Público  sostiene que como en este asunto no se  concretó  esa  “activa participación”  de  los  procesados,  sino  que  éstos,  por  el  contrario,  “eludieron  en  forma  sistemática su presencia a  través  de  toda  la  instrucción y la causa”,  la  alegada vulneración de  garantías   carece  de  fundamento   dado   que  “fue  evidente  su  total  despreocupación  por  asistir  al  proceso  y  dar  una  explicación  sobre la  ejecución         de         los         hechos        investigados”.   

8.3. Finalmente,  en  cuanto  a  la  tercera  censura  por violación    indirecta    de    la   ley   sustancial      debido     a     errores  de valoración probatoria, la  Procuradora        sostiene       que:            i)  los  resultados  de  las  labores  desplegadas  por  la  Policía  Judicial que hicieron  ostensible    “el  ocultamiento     del     procesado    [recurrente]   y   su   sistemática  negativa   a   concurrir  al  proceso”;             ii)        la       acreditación     de    “anotaciones  por el delito de hurto  en  la ciudad de Bogotá, así como una solicitud de antecedentes proveniente de  Ibagué”  respecto  de  aquél;   y   iii)  la  ausencia   de   alguna   reacción   del   procesado   frente   a   la  cancelación  del  registro  de la venta realizada mediante la  Escritura  Publica  1471  de  10 de junio de 2004, lo  cual  era  de  esperarse si en verdad hubiese obrado  como  un  comprador legítimo, permitieron a los juzgadores deducir con   acierto  la  participación  del  acusado  en  el  entramado  delictivo,  razón por la que las críticas sobre la  estimación de las pruebas no están llamadas a prosperar.   

IV. CONSIDERACIONES   

9.  Como  la  demanda  presentada por el  apoderado  de  ÁLVARO  HERRERA  HERRERA  fue  declarada  ajustada  a  derecho,  la Sala tiene el deber de  resolver  de  fondo  los  problemas  jurídicos  planteados  en  el  escrito, en  armonía   con   los   fines   de   este  mecanismo  extraordinario,  orientados  a:   la  eficacia  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de quienes intervienen en la  actuación,  reparar  los  agravios  inferidos  a  las  partes,  y  unificar  la  jurisprudencia,  tal  como  lo  estipula  el  artículo  206  de  la  Ley 600 de  2000.   

Para   ello,   la   Corte   debe  desentrañar, en aras del eficaz  desarrollo  de  la  comunicación  establecida,  lo  correcto  de  las  diversas  aserciones  empleadas  por  sus  interlocutores, para  referirse  a  cada  postura  desde  la  perspectiva  jurídica más coherente y racional posible.   

Por lo tanto, en atención al principio de  prioridad  que  gobierna este recurso extraordinario, la Sala se ocupará de los  dos  primeros cargos por nulidad, pues observa, al contrario de lo sostenido por  la   Delegada   de  la  Procuraduría,  que  como  lo  propone  el  censor, durante la fase instructiva se  configuraron  de  manera  insubsanable  los  vicios  que  denuncia,  los  cuales  lesionaron  de  manera  grave  y  trascendente  las garantías fundamentales del  derecho  a  la  defensa y al debido proceso, razón por la que, en consecuencia,  la    Corte    queda    relevada    de   estudiar   el   reproche   acerca  de  la violación indirecta de  la ley.   

10.   La  Constitución  Política  prevé  en  su artículo 29 que quien sea sindicado de  una  conducta  punible  tiene  derecho  a la defensa, garantía superior erigida  como  norma  rectora  en  el  artículo  8  de  la  Ley  600 de 2000, Código de  Procedimiento Penal que gobernó el presente asunto.   

El  derecho  de  defensa  también  está  consagrado   y  desarrollado  en  diversos  Tratados  Internacionales,     como     en     el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  artículo  14.  3.  b  y d7  (Ley  74  de 1968), y en la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos, artículo 8. 2. d y e8 (Ley 16 de  1972),  instrumentos  que  hacen  parte  del llamado  Bloque     de     Constitucionalidad  (Constitución  Política, artículo  93),  cuya aplicación también está prevista en el  citado  ordenamiento penal adjetivo (Ley 600 de 2000,  artículo 2).   

Además,     esta     prerrogativa integra el debido proceso  en     sentido     amplio     y,    como    se    sabe,    está    integrada  por  un  doble cariz:  de  una  parte,  el  derecho a  contar  de  manera real, efectiva, permanente e ininterrumpida con la asistencia  de  un abogado, de confianza o provisto por el Estado; y de otra, la facultad de  intervenir  directamente  en  resguardo de los propios intereses, actividad esta  última  que  se  manifiesta,  entre  otras  formas,  mediante  el derecho a ser  oído.   

10.1.   En  tratándose       de       la       asistencia       jurídica      cualificada     o     técnica  durante  la investigación y  juzgamiento,  escogida  por  el  procesado  o provista por el Estado, es por sí  misma  una  garantía de rango superior autónoma e independiente, cuya eficacia  no  queda  al  libre  ejercicio  de  quien  oficiosamente  es  postulado  por el  funcionario   o  del  defensor  público  o  contractual,  ni  se  reduce  a  su  designación  sucedánea  cuando  el  procesado  no  cuenta  con  un  abogado de  confianza,  sino  que se prolonga con la vigilancia de la gestión, a fin de que  la  oposición  a la pretensión punitiva del Estado se amolde a los parámetros  de  diligencia  debida,  en  pro  de  los  intereses del incriminado9.   

El  Estado, mediante el aparato judicial,  ejerce  la potestad punitiva que le es inherente respecto de comportamientos que  han  vulnerado  o  puesto  en  peligro  real  o  efectivo  bienes jurídicamente  tutelados, actividad que, de acuerdo con la doctrina, puede,   

…ser refutada de dos maneras diferentes  y  paralelas:  una,  mediante  la  denominada defensa material, que es la que se  lleva  a  cabo  por el mismo imputado y que se manifiesta en diferentes formas y  oportunidades.  (…)  Paralelamente  a  esa  defensa, se adhiere como exigencia  necesaria  en  el  proceso  penal  la  defensa  técnica, que es la ejercida por  abogado,  quien  debe desplegar una actividad científica, encaminada a asesorar  técnicamente  al  imputado sobre sus derechos y deberes; controlar la legalidad  del  procedimiento,  el  control  crítico  de  la producción de las pruebas de  cargo  y  de  descargo,  la exposición crítica de los fundamentos y pruebas de  cargo  desde  el  doble  enfoque  de  hecho  y de derecho; recurrir la sentencia  condenatoria   o   la   que   imponga   una   medida   de  seguridad10.   

Tiene   dicho   la   Corte11  que  el  derecho  a  la  defensa  técnica,  como  garantía  constitucional,  posee tres  características        sustanciales,        a        saber,        intangible,        real   o   material,  y  permanente,  sin  las  cuales no puede  aseverarse  el  respeto  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  29  de  la  Carta  Fundamental.   

La intangibilidad está relacionada con la  condición  de  irrenunciable,  por lo tanto, en el evento de que el imputado no  designe  su  propio defensor, el Estado debe procurárselo de oficio o a través  de la Defensoría del Pueblo.   

El  carácter material o real implica que  no   puede   entenderse  garantizada  por  la  sola  existencia  nominal  de  un  profesional  del  derecho,  sino que se requieren actos positivos y perceptibles  de  gestión  defensiva  que  la  vivifiquen,  tal  y  como  lo  ha precisado la  jurisprudencia12, y lo entiende la doctrina  al indicar que:   

Insoslayablemente debe ser un contraste o  antítesis   cuestionadora  de  la  incriminación.  Es  imprescindible  que  el  defensor  agote  pormenorizadamente  una  razonada  refutación de las pruebas y  fundamentos  de  cargo,  tanto desde el punto de vista de hecho como de derecho.  Pues  va de suyo que la actividad del defensor que se allane, preste conformidad  u  omita  cuestionar  fundadamente  algún  extremo  relevante de la acusación,  equivale  no  sólo  a  una omisión de defensa en sí, sino además a trocar la  posición  para  la  cual está precisamente destinado, pues con tales posturas,  que  al fin son coadyuvantes a la acusación, se termina ubicando al imputado en  peor situación que si la defensa se hubiese omitido (…).   

Si bien no es obligación de la asistencia  técnica  del  imputado  fundar pretensiones de su defendido que no aparezcan, a  su  entender,  mínimamente  viables,  ello  no lo releva de realizar un estudio  serio  de  las cuestiones eventualmente aptas para ser canalizadas por las vías  procesales  pertinentes,  máxime  porque  se  trata  de  una obligación que la  sociedad  puso  a  su  cargo. (…) La imperativa forma que los actos de defensa  técnica  deben  reunir  para  satisfacer  la  garantía constitucional (son) su  necesariedad,  obligatoriedad,  realización efectiva y con contenido fundado en  una  crítica  oposición  a la tesis acusatoria. Toda defensa que no se consume  bajo  esos  parámetros  viola  la  garantía  en cuestión y con ello el debido  proceso  legal,  lo  cual  debe  conducir,  en  tal caso, a la nulificación del  proceso13.   

Y,  finalmente, la permanencia conlleva a  que  su  ejercicio debe ser garantizado en todo el trámite procesal sin ninguna  clase de excepciones ni limitaciones.   

La no satisfacción de cualquiera de esos  atributos,  por  ser  esenciales,  deslegitima el trámite cumplido, e impone la  declaratoria de nulidad.   

De  acuerdo  con  lo  precisado  por esta  Corporación   en  criterio  reiterado  en  asuntos  gobernados  por  el  modelo  procedimental  diseñado  en la Ley 600 de 2000, constituye un deber-obligación  del  director  del  proceso (juez o fiscal) realizar un control constitucional y  legal  con  el  fin  de  verificar  el respeto de los derechos fundamentales del  procesado,   examinando   en   detalle   el   ejercicio   del   derecho   a   la  defensa14.   

De  suerte  que  al  constatar  que  esa  garantía   en   su  contenido  técnico  ha  sido  vulnerado,  bien  porque  el  nombramiento  ha  recaído  en  una  persona que no se encuentra acreditada como  abogada,  o porque teniendo los conocimientos jurídicos especializados su labor  no  se  ha  traducido en actos eficaces y reales de gestión defensiva, o porque  en  algún  interregno del trámite procesal penal cumplido ha sido cercenada la  asistencia  letrada,  el  funcionario  judicial  está  obligado  a  declarar la  nulidad de la actuación.   

En  relación  con el aseguramiento de la  defensa   técnica  en  eventos  como el presente, esto es, cuando se adelanta en ausencia de la persona  señalada  de  cometer  una conducta tipificada como delito, por su armonía con  el  tema analizado, vale la pena traer a colación las siguientes reflexiones de  la Corte Constitucional:   

[N]uestro  sistema de procedimiento penal  acepta  que  se  procese  penalmente  a un sindicado en su ausencia, posibilidad  que,  como ya lo ha establecido esta Corporación, encuentra plena aceptación a  la    luz    del   ordenamiento   constitucional.15 Ello requiere, empero, que  dentro  del  proceso,  los  derechos  e  intereses  de la persona ausente estén  representados  por  un  abogado  defensor  que,  en  la  medida  en que ello sea  posible,  aporte  y controvierta pruebas e impugne las decisiones judiciales. El  ejercicio  de  la  función  de  defensoría  de  oficio  de una persona ausente  presenta  ciertas  dificultades específicas, pues la inasistencia del sindicado  al   proceso,   además   de  imposibilitar  la  defensa  material,  limita  las  posibilidades  de llevar a cabo una adecuada defensa técnica. Esto implica que,  en     estos     casos,     los     defensores     de    oficio,    —abogados    titulados—,   deben   ser   particularmente  diligentes  y por tanto, responden hasta por culpa levísima, correspondiente al  nivel  de  experto,  pues  están  representando  los intereses de personas que,  además  de ver comprometida su libertad individual, no tienen la posibilidad de  ejercer    por    sí    mismo    sus    derechos16.   

10.2.  Ahora  bien,  en  cuanto  tiene  que  ver  con  el  derecho  de defensa desde su arista  material,  ninguna controversia despierta que para el imputado la incolumidad de  esa  garantía es sustancial con el fin de ser oído en persona para suministrar  las  explicaciones  que  estime  pertinentes; vigilar directamente el desarrollo  regular   del   procedimiento;  ofrecer  pruebas  de  descargo  y  controlar  la  producción  de  las  de cargo; presentar alegatos para exponer las críticas de  hecho    (o    incluso   de   derecho)  acerca  de la valoración de las pruebas y contra los argumentos  acusatorios,  y  recurrir  las decisiones adversas a sus intereses, en especial,  la sentencia que imponga una pena o medida de seguridad.   

En  todo  sistema  procesal que acoja los  estándares  internacionales  atrás rememorados, es carga del Estado garantizar  las  condiciones para que la persona señalada de ser autora o partícipe de una  conducta  punible  pueda  hacer  cabal  ejercicio de su facultad de defensa  material,  esto  es, para que  disponga  como  a  bien  tenga de esa garantía, de manera que una vez el Estado  Jurisdicción   le   ha   ofrecido  la  posibilidad  cierta  de  activarla,  pueda  el procesado disponer  cómo la desarrollará atendiendo su carácter renunciable.   

Acerca  de  la  necesidad  de  ofrecer al  procesado  la  oportunidad  real  de  comparecer personalmente al trámite penal  para  ejercer  su defensa, el Comité de Derechos Humanos de la Organización de  las Naciones Unidas ha señalado que,   

…para satisfacer los derechos de defensa  garantizados  en  el  párrafo  3  del artículo 14 del PIDCP, especialmente los  enunciados  en  los  apartados  d)  y  e),  todo  proceso penal tiene que dar al  acusado  el derecho a una audiencia oral, en la cual se le permita comparecer en  persona  o  ser  representado  por  su abogado y donde pueda presentar pruebas e  interrogar        a        los       testigos17.   

Y  aun cuando el mismo organismo reconoce  que  el  derecho del acusado a estar presente en el proceso no es absoluto y que  dicha  garantía  puede  franquearse  cuando  aquél  entra  en rebeldía, también ha precisado que frente  a esas excepcionales y justificadas razones,   

…las   actuaciones  in  absentia  son  admisibles  en  algunas  circunstancias  (por  ejemplo, cuando el acusado aunque  informado  de  las  actuaciones con suficiente anticipación, renuncia a ejercer  su  derecho  a  estar  presente)  en  beneficio  de una buena administración de  justicia.  Sin  embargo, el ejercicio efectivo de los derechos que figuren en el  artículo  14  presupone que se tomen las medidas necesarias para informarle con  anticipación  al  acusado  de  las  actuaciones  iniciales contra él (art. 14,  párr.  3 a). Los procesos in absentia requieren que, a la comparencia (sic) del  acusado,  se  hagan todas las notificaciones para informarle de la fecha y lugar  de  su  juicio  y  para  solicitar  su asistencia. De otra forma, el acusado, en  especial,   no   dispondrá  de  tiempo  y  de  los  medios  adecuados  para  la  preparación  de  su  defensa  (art.  14,  párr. 3 b), no podrá defenderse por  medio  de defensor de su elección (art. 14, párr. 3 d), ni tendrá oportunidad  de  interrogar  o  hacer  interrogar  a  los  testigos  de  cargo  y  obtener la  comparencia    de    los    testigos    de    descargo    y   que   estos   sean  interrogados18.   

La  Corte  Constitucional  también se ha  pronunciado  en  relación  con  la  garantía que le asiste a todo procesado de  estar  presente  en  los  juicios  penales  para  ejercer  su derecho de defensa  material.   Así,   al  estudiar  la constitucionalidad del artículo 18 de la Ley 1142 de 2007, el cual  modificó   el  289  de  la  Ley  906  de  2004,  luego  de  referirse  a  los  preceptos  internacionales  (ya   citados   aquí)  concernientes con esa prerrogativa, puntualizó:   

…las normas  transcritas       en       precedencia       reconocen      el      ‘derecho  a  hallarse presente en el  proceso’   o   a  la  intervención  personal  del  sindicado  en  el  proceso  como una garantía del  derecho  al  debido  proceso  penal  que  hace  efectiva la defensa material del  indiciado.   

(…)  

De acuerdo con la jurisprudencia nacional  y  extranjera,  el derecho a la defensa material supone, entre otras garantías,  el  derecho  del sindicado a comparecer personalmente  al  proceso,  a  enfrentar los cargos que pesan en su contra, haciendo el propio  relato    de    los   hechos,   suministrando   las  explicaciones   o   justificaciones  que  considere  pertinentes  en  su  favor,  también    ejerciendo    actos    positivos    de  oposición  a las pruebas de las cuales se desprende  su    señalamiento    como    posible   autor   o  partícipe     de     la     comisión     de     un     delito,  a  ver  el expediente y a escoger  libremente  el  derecho  a  guardar  silencio  como estrategia de defensa. En el  mismo  sentido,  el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dicho que el derecho  del  acusado a defenderse comporta el de poder dirigir realmente su defensa, dar  instrucciones  a  sus  abogados,  interrogar a los testigos y ejercer las demás  facultades  que  le  son  inherentes,  en  tanto que la presencia del acusado es  fundamental para el juicio justo.   

(…)  

Entonces,  con  el  fin  de  obtener  una  correcta  ponderación de  los  derechos  e intereses en conflicto en el Estado Social de Derecho cuando el  sindicado   no   ha   acudido   al   proceso   penal   que,  en  síntesis,  se  reducen  a  proteger,  de un lado, los derechos de la  sociedad  a  la cumplida administración de justicia,  a             la             resocialización  de los delincuentes y  de  las  víctimas  a  conocer la verdad, justicia y  reparación de los daños  y,  de otro, los derechos del sindicado a hallarse presente en el proceso y a la  defensa  material y técnica, la Corte Constitucional  ha    concluido    que  las investigaciones y juicios penales en ausencia se  ajustan     a     la     Constitución,  siempre  y  cuando  éstos constituyan la excepción a la regla  general  de  presencia  física  y/o mediante abogado de confianza en el proceso  penal  y  se  hubieren adelantado todas las diligencias pertinentes y al alcance  del  funcionario  competente para localizar al sindicado, de tal forma que pueda  concluirse  que  él  se  esconde o que renunció voluntariamente a su derecho a  hallarse   presente   en   el  proceso  (subrayado    ajeno    al    texto)19.   

11.  Al  aplicar los anteriores criterios  decantados  por  la  doctrina  y  la jurisprudencia al devenir procesal del caso  sometido  a  estudio,  se aprecia el efectivo quebranto del derecho a la defensa  tanto técnica como material del procesado.   

11.1. Constata  la  Sala que desde   la   formulación   de   la   queja   penal   (29  de  julio  de  2004),   el   instructor  tuvo  los  datos  acerca  de  la  probable  identidad   de  las  personas  involucradas  en  los  hechos   denunciados,  entre ellos: Juan      Nepomuceno      Luna     Guerrero     y     ÁLVARO  HERRERA  HERRERA, empero,  al    disponer    la  indagación       preliminar       sólo         ordenó   la  práctica     de     dictámenes     de  grafología  y  dactiloscopia  por  parte      del      Cuerpo      Técnico      de  Investigación              (CTI) sobre las  escrituras   públicas   obtenidas   de  manera  fraudulenta,  mas  no             requirió         del    mismo   organismo     (o     de    otro)    actividad   alguna   para  ubicar  a           los          citados.   

El   fiscal  se  limitó  a     requerir    de    la  Empresa  de  Teléfonos  de Bogotá  (ETB)     los    datos    de  quienes figuraban como suscriptores  de  los  abonados  2656560  (escrito    bajo   el   nombre   de   HERRERA   HERRERA   en  la  Escritura  Nº1471),                2869032  y  7763765   (anotados         bajo  el  nombre  de  Luna  Guerrero  en las Escrituras Nº 1471 y  3569,                respectivamente)20.   

Y  pese a que  el  juzgado  civil  que  ordenó     y    luego    levantó    el    embargo    y    secuestro    del    inmueble    objeto   del  fraude,  suministró  la  dirección y teléfonos de  ubicación   de   la   secuestre  (Martha  Martínez  Buendía)   que,  según  el  quejoso,  demoró  la  restitución  del  inmueble,  nunca  el  instructor se preocupó de citarla para  esclarecer    su    comportamiento    frente   a  los  hechos  denunciados21.   

Sólo  después de dos años (el  5  de  julio  de  2006) solicitó  colaboración     a     la    “DIJIN”,   no   para   conducir   o  hacer  comparecer     a    HERRERA    HERRERA  y  a  Luna  Guerrero,  sino  con  la  finalidad   de   que   estableciera  si  “aparecen  afiliados   a   alguna   entidad   de  salud  o  pensión,  y  en  los  sistemas  crediticios”, labor que  no  fue atendida por ese organismo y tuvo que ser reiterada algo más de un año  después  (el  28 de septiembre de 2007)22.   

El  9 de junio de 2008 el aludido aparato  policial  suministró  los  resultados  del  trabajo  de  inteligencia confiado,  informando    al    respecto    que   obtuvo               de               la              Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil    copia    de   la   tarjeta   dactilar    elaborada   para  la  expedición  de  la  cédula de ciudadanía Nº  14.225.245 de Ibagué,  a nombre  de     ÁLVARO     HERRERA    HERRERA,  y de la  tarjeta  de  preparación  del  duplicado  de  la Nº  7.217.055  de  Duitama, a  nombre  de  Juan  Nepomuceno Luna Guerrero.   

Además,  indicó  que de acuerdo con las  bases     de     datos     consultadas,  el primero de los citados se hallaba  reportado     en     Ibagué     como     cotizante     a     la    EPS    Salud    Total   S.A.,       y       tenía   vínculo   con   la   entidad  Bancolombia,  en  la misma ciudad, por la expedición  de  una  tarjeta  de  crédito  vigente,  en  tanto  que el segundo registraba   similares  nexos  con  el  Banco    de    Bogotá,    Sucursal    Cúcuta,    y    con    el   BBVA     en     Bogotá23.   

Sin  embargo,  el mencionado organismo de  policía     no     informó     qué     gestiones    concretas    realizó  para  ubicar  a HERRERA   HERRERA  en  la  ciudad  de  Ibagué,  no  solo  por  los  nexos con la entidad financiera y EPS aludidas,   sino   porque  en  la tarjeta de preparación de su  cédula  de  ciudadanía  figura  como  dirección     de     aquél  “B.  Las  Vegas,  M.L.  #  2,  Ibagué”,    información   esta   última  que,  dicho  sea  de  paso,  ya  se  conocía  en el  expediente  desde  hacía  algo más de dos años, a  raíz  de  los resultados del primer dictamen de dactiloscopia  con los que  se     aportó     la     referida    tarjeta     dactilar    (allegados  el  2 de febrero de 2006)24.   

Tampoco   señaló   el   organismo  en  cuestión     (la  SIJIN-MEBOG)  qué pesquisas realizó para ubicar a  Luna  Guerrero  en  la  ciudad  de  Cúcuta (de donde  también   según   su  cédula     de     ciudadanía     era  oriundo),  o  para  hacer  lo propio  respecto   de   éste  y  HERRERA  HERRERA   en  Bogotá,   habida  cuenta  que  según  información  suministrada   a   la  actuación desde el 14 de  septiembre    de    2004   por   la   ETB,    el    abonado    telefónico  2656560  figuraba  como  instalado   en  “Timiza,  Bloque  JC,  Entrada  3,  Apartamento      401”,     el     7763765    en   la   “Calle   56   A   Sur  Nº  78M-12,  Manzana  42  Interior  2  Apto  204”,        y        el        2869032    en   la   “Calle       18      Nº      10-33      Local      189”25.   

En   favor   del   citado   aparato  de  inteligencia  impera  destacar  (lo  cual  no excusa  su evidente ineficacia y  superficialidad   para   cumplir   la  labor  encomendada), que el funcionario  instructor,   pese   a  que  dejó  “el  expediente  a  disposición” del  investigador  que  fuera  designado,     omitió    reportar    en  los dos  oficios    con    los   que   requirió    su  colaboración,    la  información últimamente aludida.   

Pretermisión   a   la   cual     se    suma,    en  contra  del  cabal  cumplimiento de la función del fiscal que  dirigía  la  indagación,  que  aun cuando los números telefónicos aparecían  bajo    los    nombres    y   firmas   de   HERRERA  HERRERA  y  Luna  Guerrero,  respectivamente, en las  Escrituras  Públicas  Nº  1471  y  3569,  el  aludido funcionario de  manera  directa  jamás  libró  oficios  o  telegramas  a las  direcciones    indicadas   por   la   ETB   con   el   fin   de  citarlos;  además,  tampoco  se  ocupó, con base en la información transmitida por la  SIJIN-MEBOG acerca de los  vínculos  de  aquéllos  con  la  EPS Salud Total  S.A.,  con  Bancolombia,  Banco   de   Bogotá,   y   BBVA,  de  enviar  a esas entidades solicitud de la información radicada por  los  investigados  con  ocasión  de  los  nexos con  las mismas.   

11.2.  Ahora  bien,  el  20  de  octubre   de   2008   se  allegaron  los  resultados  del  segundo dictamen de  dactiloscopia,     los     cuales    revocaron  el  primero   en   cuanto   a   la  “uniprocedencia”  entre  la  impresión dactilar de  Mafioly  Cantillo  estampada en la Escritura Pública  Nº  3569  (poder general)  y    la   registrada  “en  la  copia  del  informe de consulta  técnica    del   sistema   AFIS   del   cupo   Nº  19.137.052”26,  pues en la segunda  experticia  con  base  en  las  huellas      originales      tomadas     directamente     a  aquél,  se  estableció  que  la  plasmada    en    tal  instrumento  “presenta  caracteristicas  impropias  de  una impresión original del dermatoglifo natural  del    índice    derecho    del    citado,       siendo       por       consiguiente,      altamente   probable   un   origen   por  reproducción  mecánica  (SELLO)   elaborado  a  partir   de   la   imagen  de  la  impresión  del  índice  derecho”       del       denunciante27.   

En  la segunda pericia el “COTEJO   DACTILOSCOPICO”  llevado  a  cabo  entre  la impresión dactilar de Juan Nepomuceno Luna Gurrero estampada  en  los  originales  de las  Escrituras                Públicas  Nº  3569  (poder general)  y  Nº  1471  (venta del  inmueble),      con      la      “huella  dactilar,  índice  derecho,  de  la  copia  de la Tarjeta  Alfabética  de la Registraduría Nacional del Estado  Civil,    a    nombre    [del   citado]  C.C. 7.215.055” arrojó            “RESULTADO    POSITIVO   ya   que   se  identifican  entre  sí,  en su morfología, distribución topográfica y puntos  característicos,  es  decir,  provienen  de  una  misma  fuente  […] quedando  VERIFICADA  LA IDENTIDAD,  de      acuerdo      al     soporte     de     la     Registraduría”28.   

El  mismo  estudio  practicado  entre las  impresiones   dactilares   sentadas   junto   a   la   firma   que  aparece      como     de  ÁLVARO HERRERA HERRERA   en  los  originales  de  las  Escrituras  Públicas  Nº 1471  (venta del inmueble) y la  Nº  1516  de  17  de  junio  de  2004  (por   la   cual   aparece  confiriendo  poder  a  “Medardo  Alexander  Serna  Melo” para  la   administración   general   de   sus   bienes),  y    “la   huella   dactilar,  índice  derecho,  de  la  copia  Tarjeta  Alfabética   de   la   Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  a  nombre  [de  aquél]    C.C.    14.225.245”     arrojó     “RESULTADO    POSITIVO   ya   que   se  identifican  entre  sí,  en su morfología, distribución topográfica y puntos  característicos,  es  decir,  provienen  de  una  misma  fuente  […] quedando  VERIFICADA  LA IDENTIDAD,  de      acuerdo      al     soporte     de     la     Registraduría”29.   

De acuerdo con esos resultados   el   20   de   enero  de  2009  el  instructor   resolvió  abrir  investigación   formal   sólo  contra    Luna    Guerrero    y    HERRERA    HERRERA30,        por       “FRAUDE      PROCESAL,  ESTAFA   y   FALSEDAD  MATERIAL  EN  DOCUMENTO  PÚBLICO,  AGRAVADA  POR EL  USO”,   pero   no  ordenó   la   captura   de  aquéllos  para  recibirles       indagatoria,      pese   a   que   estaba  facultado    para   ello   con  sujeción  al  artículo  336,  inciso  segundo,  de  la Ley 600 de 200031,  habida  cuenta  que  respecto de los dos primeros       delitos       era     obligación    (como   se   verá   más   adelante)  resolverles  la  situación  jurídica  dado  que  para  los mismos procede  la detención preventiva, de  conformidad     con     los     artículos         35432  y   357,     numerales    1º  y  2º  ibídem.   

En lugar de  ordenar la aprehensión  de    los    citados    para    escucharlos    en  injurada,                dispuso:   

Como quiera que no obra en el expediente  dirección  de  ubicación  de  los  aquí  encartados,  se  librará misión de  trabajo  al  CTI  para que mediante la respectiva busqueda en las bases de datos  se   establezca   su   dirección   de  residencia  y/o  de  trabajo33.   

Esa  determinación    permite    advertir        la        falta   de  una  revisión  seria  y  adecuada  de  lo  actuado  hasta  entonces,  pues  no  es cierta   la   carencia   de  datos  acerca  del  probable  lugar de ubicación de los entonces  sumariados,  ya  que  desde  años atrás se tenía  noticia  de  la dirección de instalación de los abonados telefónicos escritos  bajo  sus nombres en las  escrituras  tachadas de falsas; en las copias de las  cartillas     dactilares    de    la  Registraduría    Nacional   del   Estado   Civil  que  repetidas  veces  aparecen  hasta entonces  aportadas  figura,  no  solo    el    lugar    de    donde   son       naturales,     sino    también  el de residencia que indicaron para  cuando       adelantaron       los       respectivos       trámites;  e  igualmente  ya  se  sabía que  tenían  nexos  susceptibles  de  revisar  con  una  empresa prestadoras de salud y con entidades financieras.   

Luego,  adicional a que no se aprovechó  la   facultad   legal  de  ordenar  la  captura  de  los  implicados34,  la  misión  de  trabajo ordenada por el instructor  de ninguna manera tendía a  garantizar  el  derecho  de  los  implicados  de  conocer  los fundamentos de la  actuación     que     desde    hacía      casi     cinco     años     venía     tramitándose contra ellos.   

De  remate,  importa  destacar que siete  días   después  de  abierta  la investigación, el 27 de enero de 2009,  el      Departamento      Administrativo     de  Seguridad                (D.A.S.)  respondió la solicitud de  antecedentes  ordenada  por  el  instructor  en  el  respectivo  auto  de sustanciación, de la siguiente  manera:   

“HERRERA  HERRERA     ÁLVARO,     con     CÉDULA  CUPO  NUMÉRICO  14225245,  NO  REGISTRA(N)  ANTECEDENTE(S)  JUDICIALES SEGÚN ARTÍCULO 248 DE LA CONSTITUCIÓN  NACIONAL.   

Sin   comprobación   dactiloscópica,  figura(n) la(s) siguiente(s) anotacione(s):   

FIGURA   COMO:   GONZÁLEZ   GUTIERREZ  GUILLERMO       C.       C.       14225245.   

Fiscalía  Local  21  Unidad  Local  de  Fiscalías  Ibagué  –  Tolima,  solicita  antecedentes, of 4092 mayo 16 del  2001,   dentro   del  proceso  59401,  no  informa  delito.   

FIGURA COMO: HERRERA HERRERA ALVARO C. C.  19077563.   

Juzgado  33  Penal  Municipal  de  Bogotá,  solicita reseña el  22/11/96,  mismo  sol  (sic)  ante  tel  2135 del 25/11/96 CV 888, dentro delito  hurto  art. 239 cp.”35.   

Es decir que de acuerdo con esa   información,   respecto  del  procesado     ÁLVARO    HERRERA    habría         dos  homónimos  o  coincidencias:  una  con  la misma cédula de  ciudadanía  pero a nombre de “Guillermo González  Gutierrez”,    y    otra    con   igual  nombre  del  aquí  procesado,  pero  con  diferente  número de identificación, el  “19077563”,    lo    cual    de    suyo    implica   que   respecto   de   aquél  no           está            cabalmente   establecida  su  plena  identificación e individualización.   

Y    aun    cuando    el  expediente  permite la constatación  objetiva de       todos      los        aspectos  reseñados,  el  investigador  del  C.T.I.,  comisionado  para  la  “misión       de       trabajo”       que      ordenó  el instructor, el 16 de  febrero  de  2009  presentó  un  lacónico  reporte  en      el     que     se     limitó  a  indicar  que  la EPS  Salud  Total  S.A.,    fue    “renuente”  a  suminitrar  información  de  HERRERA             HERRERA;      no      refirió  labor    alguna    para    obtener   datos  de  éste   o   el  otro  sumariado          en         las         entidades       bancarías  con  las      que  tenían  vínculos  comerciales, y tampoco  adujo  qué  labores  de  verificación  hizo frente  a        los        datos        suministrados  por  el  D.A.S.,   acerca   de  las       autoridades   judiciales   que   reportaron  anotaciones  coincidentes  con  el  nombre  o  con  la  cédula  de  ciudadanía del  primero de los aludidos.   

El  investigador  apenas señaló en concreto  que  averiguó    por  HERRERA  HERRERA  y el  otro    implicado,   sin   resultados   positivos,  en  la  “Calle  56 A  Sur,  Nº  78N-24 Interior I Apt. 404”,     así     como     en     el     abonado     “7793918”;    sin    embargo,   tal     dirección    y    número  telefónico, según el  propio   informe  de  inteligencia,              fueron          suministrados      u   obtenidos   del  “SISBEN”   exclusivamente   en     relación     con     Luna  Guerrero36,  lugar  al  que,  dicho  sea de paso, el funcionario instructor  nunca  remitió  citación  para comunicarle a éste la existencia del proceso y  que lo requería para recibirle indagatoria.   

Así,  sin  concretarse            alguna          otra  labor  realmente  dirigida      a     hacer   comparecer   a  los  citados  procesados,  un año y  nueve     meses  después,  el  29  de  octubre  de  2010,  la  fiscal que dirigía la investigación declaró a HERRERA  HERRERA    y   a   Luna   Guerrero   personas   ausentes,   pronunciamiento         que   devine   viciado,  justamente,  por     ausencia  de una labor concreta y  eficaz,   tendiente   a   garantizar   y  asegurar  que se les recibiera indagatoria a los implicados.   

Además,  impera destacar que la aludida  declaración    de   ausencia   tampoco   cumplió  dos                   requisitos  sustanciales   señalados  en  el  artículo     344    de    la    Ley   600   de   200037,       pues       en      la misma  no    fueron    consignados    los    hechos    o   situación   fáctica   por   los  que  eran    requeridos    los      prenombrados,   sino   que  simplemente  se  hizo  mención  al  nomen   juris   de   las  conductas  delictivas,  y respecto del primero de los   implicados,   como   se   advirtió   atrás,  no    se    estableció  de  manera  inequívoca su identificación e individualización.   

11.3.  Para      la      Sala      es     imperioso  destacar  que  según  se  desprende   de   los   artículos  332,  333,  336  y 344 de la Ley 600 de  2000,  la  vinculación  del  imputado al proceso mediante declaración de  persona  ausente,  no  es  un  trámite    simplemente   optativo   frente  al  que  se  concreta  a    través    de  indagatoria,  sino  residual  o  supletorio  de  éste, al que únicamente puede  llegarse      cuando      no      ha      sido     posible     hacerlo   comparecer   para   que  asuma  su defensa38.   

La   ley  procesal   penal   que   gobernó   este   asunto  prevé   el   cumplimiento   de   algunos   pasos  previos  a  la decisión motivada de declarar  persona  ausente  al  procesado, a saber:  citación  u orden de conducción para indagatoria, y orden de captura para los mismos  efectos   cuando  el  delito     por     el     que     se     procede     es    de    aquéllos  para  los que es obligatorio  resolver  la  situación  jurídica,  pues  en esos  eventos  el  instructor  tiene la facultad de librar  directamente     a    las    autoridades    competentes    la    solicitud    de  detención.   

Dado     que    el    Estado     tiene    a  su  servicio los organismos de seguridad y diversas agencias de  investigación   e  inteligencia,  le  asiste  la  responsabilidad  de  usar  la  información  que  posea  para  la localización de cada sindicado o de recaudar  esa  información  si  no  la tiene; en  todo  caso  el  deber procesal de vinculación es suyo y es por  tanto  a  quien  le  compete  realizar  las  gestiones materiales suficientes en  virtud    de    cuyo   fracaso   es   imposible    hacer    comparecer    a   la   persona   que   debe   rendir  indagatoria.   

De    ahí    que    en  desarrollo  de  la actividad dirigida a lograr que el sindicado  concurra   a   rendir  indagatoria,  el    Estado    tiene   la  obligación  de  agotar  todas  las  opciones  razonablemente  posibles   para   que  así  ocurra.  Sólo    así    puede   entenderse   y   aceptarse   que   la  opción  de  adelantar  el  proceso  en  ausencia  del  sindicado  obedeció      a      que     en  verdad  no  fue  posible  su  localización, pese a  haberse  acudido  a  los  medios  disponibles para lograrlo; o que habiendo sido  informado,         aquél        asumió         una  actitud  de  rebeldía frente a los llamados de la justicia,  marginándose   voluntariamente   de  la  posibilidad  de  comparecer  a  rendir  indagatoria39.   

Respecto de este tema se ofrece oportuno  recordar  el  siguiente antecedente jurisprudencial elaborado por la Corte en un  caso similar:   

“Ahora  bien,  en  cuanto a ese trámite [la declaración de  ausencia] debe recordarse que en tratándose de una  persona  que  no  ha  podido  ser  localizada,  es  necesario  que se agoten las  pesquisas  adelantadas  por  las  autoridades policivas para lograr su captura y  que  haya avisado negativamente sobre los esfuerzos realizados; o tratándose de  sindicados  que  deben  ser  citados  para  ser  escuchados  en  indagatoria, es  necesario   esperar   los  informes  que  indiquen  que  ha  sido  imposible  su  ubicación,  para  entonces  en  tales  circunstancias sí proceder a ordenar el  respectivo  emplazamiento  y  posterior  declaratoria  de  ausencia;  por tanto,  primero  se  deben  agotar  todos  los  esfuerzos  necesarios  para localizar al  sindicado,  pues  proceder  de  manera distinta sería vulnerante del derecho de  defensa,  en  la  medida  en  que  la  posibilidad  de ejercerlo es mayor con la  presencia   física  dentro  del  proceso;  así  lo  han  reiterado  el  propio  legislador,  la  jurisprudencia  y  la  doctrina.  Es  por  ello  que proceder a  realizar  emplazamiento  y  a  la  posterior  declaratoria  de ausencia, sin que  previamente  se  hubieran  hecho  los  esfuerzos  de  búsqueda  además  de que  quebrantan  el  debido  proceso,  vulneraría  el  derecho de defensa, porque se  estaría  dando carácter de contumaz a quien posiblemente sí tiene interés en  presentarse  ante las autoridades para ejercer la defensa material y disponer de  los  auxilios  profesionales  pertinentes  para  garantizar la defensa técnica.  Aún  en  el  caso de que el sindicado sea renuente a tal presentación personal  ante  las  autoridades  de  la  justicia, al Estado le corresponde finalmente el  deber  de  garantizar el derecho de defensa, realizando todos los esfuerzos para  lograr  la  captura  y que con ella se cumpla una de sus múltiples finalidades,  la  de procurar la presencia física del sindicado en el proceso y de esa manera  darle  todas  las  garantías  legalmente  previstas  en  relación  con la real  existencia     de     una     defensa     material     y    técnica”40.   

11.4.  De   otra   parte,   pero   en  relación  con  la  vulneración      del      derecho      a      la      defensa      alegada   por   el  recurrente,  la  revisión    de    la    actuación    permite   advertir   cómo   el   fiscal   en  la  decisión  de  declaración    de    ausencia   se   limitó   a  la  designación    apenas    formal   de   un  abogado      de  oficio    para    ambos    implicados,     profesional    que           no  acudió a posesionarse del cargo,  y por ello fue      reemplazado   el   7   de  marzo  de  2011  por  otro,      quien      tampoco      ejerció    labor    compatible     con     los     intereses    confiados.   

En   efecto,   el   aludido   letrado  se   conformó   con   darse   por   enterado  del  auto  de ausencia y con  notificarse  de  la emisión del pliego de cargos, y desde entonces se  olvidó  del trámite procesal, para reaparecer, luego  de varias citaciones, el 15 de  febrero  de  2012,  en  el  acto  de  audiencia pública, en el que tras una  desordenada   remembranza  de  fragmentos  de  las  pruebas    técnicas,    elevó   petición   de   absolución   por   considerar  que  ninguno  de  los  elementos  de  las  conductas  endilgadas se hallaba  acreditado.   

Es   decir,   la   inercia  y  abandono  del defensor de oficio  llegó    a    tal    grado    que   no  se  percató  de la ausencia de medidas o acciones eficaces y  verdaderamente  adoptadas  para  garantizar  que los  implicados      comparecieran      a  rendir  indagatoria;  tampoco  advirtió  que en relación con  ÁLVARO    HERRERA  existía     incertidumbre     (no     despejada  aun)   sobre  su  plena  identificación  por  los  homónimos      o     coincidencias     que     reportó     el     D.A.S.;  no  se notificó del cierre  de  investigación;  no impugnó el pliego de cargos; no asistió a la audiencia  preparatoria,  y  en  la  instrucción ni en el juicio presentó memoriales para  pedir  pruebas  o  plantear  alguna  situación  en  favor  de los intereses que  representaba,     siendo    tal    la  orfandad en que dejó sumidos a los  procesados  el  abogado  en  cuestión  que tampoco  concurrió          a          notificarse del fallo de primera instancia.   

En   conclusión,   durante   toda  la  indagación   previa,   desde  la  apertura  de  la  investigación   y   hasta   el  fenecimiento  del  juicio,  la  representación letrada de             los       procesados  fue  inexistente,  dado que quien  fungió     como  defensor   de   aquéllos   nada  hizo  por  representar  de  manera idónea, seria y real los       intereses  de  los  procesados,  pues  no  ejerció  una  labor  tangible  que  se  tradujera en actos que revelaran, al menos, una estrategia de  defensa  pasiva  pero expectante y permanente, sin que la circunstancia de haber  estado    ausentes  (como  ya se precisó,  por  causas  atribuibles a la Fiscalía),    constituya    motivo    que    justifique   la   inercia   e  indiferencia    del    respectivo    profesional       frente al trámite procesal.   

La anterior situación, consistente en la  ausencia   de  defensa  técnica  durante  todo  el  proceso,   también  es  trascendente  para  concluir la invalidez de la  actuación  desde  ese estadio, pues aun cuando el instructor designó de manera  sucedánea     abogados     para    que   representaran  a  los  implicados, lo cierto e  indiscutible  es  que los aludidos profesionales cumplieron un papel simplemente  formal,   nominal,   sin   involucrarse   en   el   cabal   desarrollo   de  sus  funciones.   

11.5.  La  inercia y abandono  de       la       asistencia       técnica       de       los      encausados no solo es irrefutable de  cara  a  los  aspectos atrás resaltados, sino que también se evidencia en otra  pretermisión   tan  grave  como  las  ya  resaltadas,  a  saber:  la  falta  de  definición   de   la   situación   jurídica  de  éstos.   

El  deber  de  resolver  la  situación  jurídica    en    los   trámites   gobernados  por  el  rito  establecido  en  la  Ley  600 de 2000,  de  ninguna  manera  está  aparejado  o  ligado al  “principio       de      lealtad”  en  respuesta  a  la  “activa  participación” del sumariado o su defensor, como  de   manera  equivocada  lo  entendió  el  Ministerio  Público  al  citar  una  decisión41,     cuyos     presupuestos    de  hecho  y  procesales  no  se  asemejan a  los  aquí  debatidos, lo que de suyo implica la improcedencia  de  aplicar  ese  único  (que  no  “reiterado”)  razonamiento  jurídico  construido  para  la  solución de ese  caso, precisamente por disanalogía fáctica.   

En  efecto,  el  aludido pronunciamiento  ocurrió   durante   el   lapso   en   el  que  se  presentó   una  antinomia  entre  los  artículos  313, numeral 2 y 315 de  la   Ley   906   de   2004,   con  el  artículo 354 de la Ley 600 de 2000,  con  ocasión  de  lo  cual  la  jurisprudencia de esta Sala, para solucionar el  vacío,  interpretó que “la contradicción que se  advertía  entre los referidos textos normativos debía resolverse privilegiando  el  principio  de libertad personal, y por tanto, que la obligación de resolver  la   situación   jurídica   [en  la  Ley  600  de  2000] debía entenderse circunscrita a los casos en  los  cuales  el delito por el que se procedía tuviera prevista una pena mínima  privativa     de     la     libertad     superior    a    4    años”42.   

Sin embargo, dicho criterio tuvo que ser  recogido  al  sobrevenir  la  expedición  de  la  Ley 1142 de 2007 (28  de junio), en la que mediante su  artículo  28 fue modificado el 315 de la Ley 906 de  2004  con  el  fin  de  precisar  que  las  medidas  cautelares no    restrictivas    de   la  libertad  procedían  sólo  cuando  el delito tuviera pena mínima privativa de  la     libertad     inferior     a     cuatro     (4)     años,    superándose      de      esa      manera     la     antinomia  que se presentaba con el artículo 313 numeral segundo  del citado Estatuto Procesal Penal.   

A partir de este momento quedó claro que  la  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva podía imponerse no solo  cuando  el  delito  tuviera  pena  mínima  privativa  de la libertad superior a  cuatro  años,  sino también, cuando fuera igual a este monto, y por tanto, que  frente  al  artículo  354  de la Ley 600 de 2000, resultaba necesario, en estos  casos,  resolver  la  situación  jurídica,  hermenéutica  que es la que acoge  actualmente    la    doctrina    de    la   Sala43.   

Y  es  que  de cara a esa nueva realidad  legal,  la  Corte concluyó que en el modelo procesal diseñado en la Ley 600 de  2000,  en  los delitos  para   los   que   es  susceptible       la       detención      preventiva,      constituye  un  acto  estructural  la previa  definición  de  la situación jurídica, así no se  imponga      la     respectiva     cautela   por   ausencia   de   los  requisitos        sustanciales        condicionantes       de       ésta          (ídem,     artículo     356,     inciso    segundo)  o  por  no  ser  necesaria para el  aseguramiento   de   sus  fines  (ídem,  artículo  355), pues el  pronunciamiento  deviene           forzoso  para  explicar una u otra eventualidad, siendo claro  que  tal  decisión, de  suyo,     implica  un  ejercicio  argumental  que  permite  al  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal  conocer  la  valoración  concedida a  todos  los  elementos  probatorios  allegados,  tanto  los  de  cargo,  como  los  de descargo.   

Y  por  lo  tanto:   

De omitir el  fiscal    ese    paso   procesal   —conforme     lo     autorizaba    la    jurisprudencia   en   el   pasado—  es  claro  que el procesado no podrá conocer cuál es el grado  de  credibilidad  que  al operador judicial le ofrecen las pruebas en que aspira  aquél sustentar su defensa.   

No  hay  duda, así, que de omitirse ese  paso  del  esquema procesal no sólo se desvertebra el sistema a seguir (para el  caso,  el  procedimiento  de  la  ley 600 de 2000), que impone la obligación de  resolver  situación  jurídica,  sino  que  también  se limita por esa vía el  derecho  de  defensa  y  por  contera  se  desobedece el mandato 29 superior que  impone  el  respeto  a  las  formas  propias de cada juicio, siendo ‘forma      propia’  la  definición  de  situación  jurídica44.   

En   el   presente  asunto  se  abrió  investigación  el  20  de  enero de 2009 por los delitos de fraude procesal,        estafa   y   falsedad  material  en  documento  público  agravada por el uso, y por las mismas conductas punibles el  29  de  octubre  de  2010  fueron  vinculados  como  personas    ausentes   los   aquí   enjuiciados,  luego   era   perentoria   la  definición  de  la  situación    jurídica   de   éstos,  ya  que  la detención preventiva era viable respecto de dos de  esos   comportamientos   conforme   al   artículo   357   de   la  Ley  600  de  2000.   Respecto        del        primero,  pues según la última legislación  sustantiva  durante  el  periodo  de  materialización  de  los  efectos  de esa  conducta45,  para  el mismo está prevista una  pena  mínima de seis años de prisión (numeral     primero     de    la    citada    norma),   lo  mismo  que  frente  al  segundo  por  ser superior su cuantía a cincuenta salarios mínimos46  (numeral  segundo del aludido precepto).   

Dado que la fiscalía omitió adoptar el  pronunciamiento       de      rigor,  se estructura la vulneración al debido proceso reconocida por  la  jurisprudencia  y  demandada  en  sede  de  casación  por  el  aquí      impugnante en el segundo cargo.   

12.  Recapitulando  se  tiene  entonces que por falta de  cuidado  y  rigurosidad  del  instructor,  se  dio  la  vinculación en ausencia  de    los       procesados,    lo    que    permitió    el  adelantamiento   del   proceso  a  sus  espaldas,  sin  que  pudieran  ejercer  el  derecho  de  defensa  material,  y  además,  tampoco  fue  el  Estado  capaz  de  garantizar  que  en  todo            el           trámite     procesal,    contaran   los   incriminados  con   una   defensa   técnica,   real,  eficaz  y  permanente.   

La   Sala   destaca  que  el  proceso penal, en esencia, es un escenario de controversia, a  través   del  cual  el  Estado  ejerce  su  derecho  de  investigar,  juzgar  y  sancionar las conductas  prohibidas        por        el        ordenamiento        jurídico;  empero,  esa actividad, en virtud  del  principio  de  legalidad, no puede desarrollarse de manera arbitraria, pues  la  ley  establece las reglas de su adelantamiento y a ellas debe sujetarse  la  actividad del fiscal, el  juez y las partes.   

Esa manera en la que se halla ordenado el  debate  procesal,  adicionalmente, debe estar de manera permanente ceñida a los  principios  impuestos por la Constitución Política, como condición de validez  de  los  actos judiciales. El derecho del sindicado a la defensa durante toda la  actuación  judicial  y  como  expresiones  de  éste  los  de  contradicción e  impugnación,  hacen  parte  de  esas  garantías,  que  de  no cumplirse tornan  inconstitucional  el  diligenciamiento, debiendo acudirse al mecanismo jurídico  de  la  nulidad  como  forma  de  saneamiento  de la  respectiva violación.   

Reconocido  por  la  Carta el derecho de  defensa  con  carácter de fundamental, su ejercicio está regido por ella y por  la  ley,  y la condición de sujetos procesales tanto del sindicado (para  su  defensa material) como del  defensor     (responsable    de    la    defensa  técnica),  dentro de la actuación penal cobra una  especial  significación,  en  la  medida  en que éste cada vez mas evoluciona,  como  corresponde  a  la  organización  Constitucional  del  Estado  social  de  derecho,  hacia  un  trámite  caracterizado por la participación activa de los  sujetos intervinientes.   

Por   lo   tanto,   esta   categoría  (sujetos  procesales)  reconocida  por  la  ley, no es una definición vacía de contenido sino que, al  contrario,  se  nutre  de  obligaciones y derechos, cuya precisión y alcance se  define  por  la  fase  del rito en la que se actúa y las características de la  diligencia en la que se interviene.   

A  partir de tales caracterizaciones del  proceso  penal,  en  un  sistema  como  el colombiano, en el cual la función de  acusación  está  en  cabeza del Estado, el ejercicio de esos derechos sólo es  posible  si  al procesado se le ofrecen las garantías e instrumentos necesarios  para  su  ejecución,  y se le brinda la oportunidad de enfrentar en condiciones  de  igualdad  a  su  contraparte:  el  Estado,  el  cual  debe  permitirle,  sin  cortapisas,  desarrollar  a  plenitud  su  derecho fundamental de defensa, en su  carácter dual, esto es, tanto material, como técnica.   

La definición del proceso penal como un  trámite  caracterizado  por  su bilateralidad, no es simplemente teórica, sino  que  constituye  una  acepción  llena  de contenido por cuanto esa es la única  naturaleza   que   permite   considerar   ajustado  el  proceso  penal  a la Constitución y la ley. De  ahí   que  sea  obligación  del  Estado  establecer  esa  relación  jurídica  bilateral  y  generar  los  actos  para que si llega a ocurrir el extrañamiento  personal  del  procesado,  sea  fruto de su decisión voluntaria o de la física  imposibilidad  de  hacerlo  comparecer,  sin que ello licencie el descuido de su  derecho a la asesoría técnica, aún en su ausencia.   

Por lo tanto,  si   como   aquí   ocurre,   no   se   construyó   un   proceso   que  garantizara  la  controversia  entre  el sujeto procesal que  acusada  (Fiscalía) y  el    sujeto    pasivo   receptor   de   la   imputación   penal   (procesado),   pues  éste  último  no   tuvo  la  oportunidad  de  ser escuchado  como  tal,  y  quienes lo representaron abandonaron  el  deber  de  representar  de manera eficaz,  real   y  permanente  los  intereses  encomendados,  mostrándose,  por  el  contrario, indiferentes a la  pretensión  punitiva  de  la  Fiscalía,  se trató entonces, no de un proceso,  sino  de  la  actuación  unilateral del  Estado,  encarnado  en  el aparato  judicial,     en     contra     del    sindicado  ausente     y     sin     asistencia    técnica  idónea.   

Esa unilateralidad injustificada pone de  presente  un  desbalance  de  la  actuación  penal,  en  cuanto  se estableció  deficientemente  la relación jurídica que caracteriza el proceso penal, única  forma  en  que  la Constitución y la ley reconocen como válido y auténtico el  ejercicio  del  derecho de defensa. Es allí, en la oportunidad de construcción  de  ese balance procesal, Estado – defensa (material  y  técnica),  donde  se define la medida y límite  del    deber    estatal   de   establecimiento   de   la   relación   jurídica  procesal.   

La decisión de la Fiscalía, de declarar  personas  ausentes a             los       procesados,  sin  antes  agotar de manera  razonable,  por  todos  lo  medios  a  su  alcance, su localización       para       que      rindieran      indagatoria,   limitó   de  manera  severa  e  irreparable  su  derecho  a  una defensa material e  incluso  les  impidió  designar   defensor   técnico   de  confianza,  sumándose  a  lo  anterior  la  injustificada  inercia  y  abandono de los deberes profesionales de los abogados  designados    de   oficio   para   representarlos,  profesionales  que  en  su  momento  no advirtieron la ausencia de acciones para  garantizar  la  comparecencia  de  los implicados, así como la pretermisión de  actos estructurales sustanciales.   

Las  anotadas  irregularidades proyectan  sus  consecuencias  en la garantía de defensa, en su doble concepción material  y  técnica,  debiendo  ser  restablecida  la  misma  desde  un momento procesal  oportuno,  motivo  por  el  que, de acuerdo con la pretensión de la defensa, la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá será removida en sus  efectos   de  cosa  juzgada,  y  en  su  lugar  esta  Sala  declarará la nulidad de lo actuado a partir  de   la   vinculación   como  persona  ausente  de  los  procesados, dispuesta mediante auto  de 29 de octubre de 2010.   

No  sobra  precisar  que  aun  cuando la  demanda   fue   interpuesta   en  nombre  de  HERRERA  HERRERA,  puesto  que  la  vulneración       de       la       garantía  fundamental de defensa, en sus componentes material  y  técnico,  afectó  también al procesado Luna Guerrero como quedó explicado  en  las  consideraciones  que  anteceden,  la Corte  hará       extensiva       la       decisión  invalidante  también respecto de éste.   

13.  Con  ocasión de la nulidad de la  actuación  en  los  términos atrás precisados y,  por  contera,  debido a  la  consecuente    remoción    de   la   providencia  calificatoria,  es  obligatorio  revisar la incidencia del transcurso del tiempo  frente  a  la  potestad  punitiva  del  Estado  en  los  delitos  objeto de este  proceso.   

13.1.  En  lo  que  respecta  a  la  conducta  de  fraude  procesal,     de     acuerdo     con     inveterado     y    vigente    criterio  jurisprudencial,  como ese comportamiento  es        de        efectos       permanentes,  sólo  a  partir  de  cuándo esos efectos cesen es  posible  empezar  a computar los términos de prescripción de la acción penal,  en  armonía  con  lo  previsto  en  los     artículos    83,  84 y 85  de la Ley 599 de 2000.   

Pues  bien,  en  este  caso el fraude se  concretó  con el acto  de  inscripción  de  la  espuria  Escritura  Pública 1471 de 10 de junio 2004,  hecho    ocurrido    el    15    de   junio   del   mismo   año,   empero  tal  conducta  fraudulenta se  prolongó    en    el    tiempo   hasta    el    9    de   febrero   de  2009,  fecha  en  la  que  se  canceló el anterior  registro,  en cumplimiento de la providencia de 20 de enero anterior,  en la  cual  se  ordenó el restablecimiento del derecho de  la  víctima47.   

El  artículo 453 de la Ley 599 de 2000,  fue  modificado  por el artículo 11 de la Ley 890 del 7 de julio del     mismo     año,   el   cual   estableció   para  la  conducta  punible  de  fraude  procesal  una  pena  de  prisión  que  oscila  entre  seis (6)     y    doce    (12)        años48;  luego  entre  el  9 de febrero de  2009  y  la fecha de la presente decisión es evidente que no ha transcurrido el  tiempo   necesario   para   que   se  consolide  la  extinción  de  la  acción  penal     por     prescripción     en   la  fase  instructiva,  ya  que  tal  fenómeno  vendría  a  materializarse el 9 de febrero de 2021.   

13.2. Por lo  que  respecta  al  delito  de  estafa, tal conducta punible se perfeccionó  cuando  a  través  el  medio    fraudulento,   esto   es,   la   escritura   pública  de  venta  falsa  1471  de  10 de  junio  de  2004,  se  sustrajo del patrimonio de la  víctima un bien raíz estimado en $400’000.000,  hecho cumplido también  mediante  el  acto de inscripción del instrumento apócrifo, es decir, el 15 de  junio de la citada anualidad.   

El  delito de estafa, de conformidad con  el  artículo  246  de  la  Ley  599  de  2000,  vigente  para  ese entonces, se  encontraba    reprimido    con   una   pena   máxima   de   ocho   (8)  años,  empero,  este  guarismo  debe  incrementarse,  con base en el artículo 267 de la misma codificación, en  la  mitad  por  razón  de  la  cuantía, lo cual arroja como resultado una pena  máxima  de  doce  (12)  años de prisión.   

Consecuente con lo anterior, para que se  configure  el  fenómeno  extintivo  de la acción penal por prescripción en la  etapa  instructiva ha de transcurrir un lapso igual al últimamente indicado, el  cual  vendría  a  cumplirse el 15 de junio de 2016,  luego  tampoco se ha materializado el decaimiento de la potestad punitiva frente  al punible de estafa.   

13.3.  Finalmente,   en   el  auto  de apertura de investigación se advirtió la  configuración  del  delito de falsedad material en  documento       público,       agravada       por       el      uso.   

Sin  embargo,  atendiendo  el  devenir  fáctico  y  los resultados de las pruebas técnicas  practicadas,  la  Sala  observa  la  configuración  de   un  concurso  material  de  conductas de falsedad en documentos.   

En    primer   lugar,   falsedad    material,    agravada   por   el   uso   (Ley        599        de       2000,       artículos    287,    inciso   primero,   y  290)  respecto  de  la  cédula    de    ciudadanía    del    señor    Mafioly    Cantillo,         exhibida  el 26 de diciembre de 2003 en la  Notaría  56 del Círculo de Bogotá para obtener el  falso  poder  general  del  que  da  Cuenta  la  Escritura  Pública 3569 de esa  fecha.   

A su vez, en segundo término, obtención  de  documento  público  falso, agravada    por    el   uso   (ídem,      artículos           288       y      290),  en  cuanto  tiene  que  ver,  justamente,  con  la expedición  del   falso   poder   a   través   de  la Escritura Pública 3569, la cual fue usada el 10 de junio de  2004  para  la  tramitación  de  la  Escritura Pública 1471 en la Notaría   11   del   Círculo   de  Bogotá.   

Y   por   último,  en  tercer  lugar,  obtención  de  documento  público  falso  ante la  Notaría   11   del  Círculo  de  Bogotá  por  la  expedición     de    la    Escritura    Pública  1471,   con  la  que  de  manera  falaz  fue          vendido          el  inmueble       de       propiedad      de      Mafioly      Cantillo.   

Sin embargo, atendida la fecha en que se  concretaron  las  respectivas  conductas y las penas  de  prisión  que a cada una de ellas corresponde (9  años  para  las  dos primeras y 6 para la última),  es  evidente  que frente  a   esos   comportamientos  la  extinción  de  la  acción  penal  se  configuró, en su orden: el 26 de  diciembre  de  2012, el 10 de junio de 2013 y el 10 de junio de 2010, motivo por  el  que  respecto  de  tales  comportamientos  la Corte adoptará la consecuente  decisión de cesación de procedimiento.   

13.4.  Como  consecuencia  de  la  extinción  de la acción penal por prescripción frente a  los  reseñados comportamientos delictivos, con fundamento en lo dispuesto en el  artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  es forzoso para la Corte declarar la  extinción  de  la acción civil derivada de esas conductas punibles respecto de  los   penalmente   responsables,   como   así  lo  puntualizará  en  la  parte  resolutiva.   

14.  Para  terminar,  no  está de  más  aclarar  que como  los  aquí  procesados  se encuentran en libertad no  hay  lugar  a  adoptar  pronunciamiento  alguno  al  respecto.   

En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

1.  CASAR  la  sentencia  impugnada  con  base  en  los cargos  primero y segundo propuestos por el recurrente.   

2.  DECLARAR     LA  NULIDAD de lo actuado a  partir,   inclusive,  del  auto  de  29     de    octubre    de  2010,  mediante  el  cual  se  ordenó  la  vinculación de  los        procesados  ÁLVARO HERRERA HERRERA    y    JUAN    NEPOMUCENO   LUNA  GUERRERO como personas ausentes.   

3.  DECLARAR LA EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN  PENAL  POR  PRESCRIPCIÓN respecto de las conductas  punibles  de  falsedad  documental reseñadas en la  parte    motiva   de   esta   providencia   (supra  13).  En  consecuencia  CESAR  PROCEDIMIENTO en  favor  de  los  implicados  HERRERA  HERRERA y LUNA  GUERRERO    en    relación    con   los   mismos  comportamientos.   

4.  DECLARAR LA EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN  CIVIL  POR  PRESCRIPCIÓN  respecto del concurso de  delitos  de  falsedad indicados la parte motiva de esta providencia (supra     13),    en    relación    los    procesados  HERRERA   HERRERA   y   LUNA  GUERRERO.   

5.            REMITIR   la  presente  actuación,  una  vez  cumplido  el trámite de notificación de  esta  providencia,  al Tribunal de origen para que el expediente en su totalidad  sea  enviado  a  la  Fiscalía General de la Nación  con  el  fin  de  que  proceda de conformidad con lo  aquí decidido.   

Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

PRESIDENTE  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aclaración   de   voto.  MG.  EUGENIO  FERNANDEZ CARLIER   

Rdo. Casación 43809  

Procesados:       Álvaro Herrera Guerrero y otro.   

A  continuación expreso las razones por  las  cuales  salvo  el  voto  en el proceso referido, pues estimo que los hechos  corresponden   al   tipo  penal  de  obtención  de  documento   público  falso  y  no  a  fraude procesal.   

       Me  remito  a  los argumentos expresados en el salvamento de voto  que  presenté en la casación con radicación 43.716, lo que se predica no solo  de los Registradores de Instrumentos Públicos.   

        Cordialmente,   

       EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

       Magistrado.   

       Fecha ut supra.   

    

1  Cuaderno # 1, folios 1-28, 29, 33, 66-68 y 73-83.   

2  Cuaderno # 1, folios 195, 219, 220, 240 y 246-253.   

3  Cuaderno # 2, folios 2 y 36-51.   

4  Cuaderno    de   Ejecución   de   Penas,   folios   21-28,   30-34,   35-38   y  191-194.   

5  Cuaderno   de   Ejecución  de  Penas,  folios  200,  201,  206-214,  284-295  y  296-299.   

6  Cuaderno  #  2,  folios  84-95,  96,  104, 105 y 108-114. Cuaderno del Tribunal,  folios 4-13, 21 y 26-64.   

7  Artículo  14, numeral 3. “Durante el proceso, toda  persona  acusada  de  un  delito  tendrá  derecho,  en  plena  igualdad,  a las  siguientes  garantías  mínimas:  (…)  b)  A disponer del tiempo y los medios  adecuados  para la preparación de su defensa y a comunicarse con un defensor de  su  elección;  (…)  d)  A  hallarse  presente  en  el  proceso y a defenderse  personalmente  o  ser asistida por un defensor de su elección; a ser informada,  si  no  tuviera defensor, del derecho que le asiste a tenerlo, y, siempre que el  interés  de  la  justicia  lo  exija,  a  que  se le nombre defensor de oficio,  gratuitamente, si careciere de medios suficientes para pagarlo.”.   

8  Artículo  8, numeral 2: “Toda persona inculpada de  un  delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca  legalmente  su  culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en  plena  igualdad,  a  las  siguientes  garantías  mínimas: (…) d) derecho del  inculpado  de  defenderse  personalmente o de ser asistido por un defensor de su  elección  y  de  comunicarse  libre  y privadamente con su defensor; e) derecho  irrenunciable  de  ser  asistido  por  un  defensor proporcionado por el Estado,  remunerado  o  no  según  la  legislación  interna,  si  el  inculpado  no  se  defendiere  por  sí mismo ni nombrare defensor dentro del plazo establecido por  la ley.”.   

9 Cfr.  SP 11 jul. 2007, rad. Nº 26827, y SP 6 sep. 2007, rad. Nº 16958.   

10  JAUCHEN,      Eduardo     M.     Derechos     del  imputado.  Rubinzal-Culzoni Editores. 2005. Pág. 154  y 155.   

11  Cfr. SP 19 oct. 2006, rad. Nº 22432.   

12  Cfr. SP490-2016, 27 ene. 2016, rad. Nº 45790.   

13  JAUCHEN,      Eduardo     M.     Derechos     del  imputado. Rubinzal-Culzoni Editores. 2005. Pág. 158,  160 y 161.   

14  Cfr. SP 8 may. 2008, rad. Nº 28115.   

15  Sentencia C-488 de 1996, M. P. Carlos Gaviria Díaz.   

16  Cfr. Fallo de tutela T-957 de 17 de noviembre de 2006.   

17  Comité  de  Derechos  Humanos,  caso  Rodríguez Orejuela. Colombia, párr. 7.3  (2002).   

18  Comité   de   Derechos   Humanos,   Observación   General   Nº   13,   párr.  11.   

19  C-425 de 30 de abril de 2008, M. P. Dr. Marco Gerardo Monroy Cabra.   

20  Cuaderno # 1, folios 13, 18, 29, 30 y 35.   

21  Cuaderno # 1, folio 57.   

22  Cuaderno # 1, folios 84, 85, 93, 98 y 100.   

23  Cuaderno # 1, folios 102 a 107.   

24  Cuaderno # 1, folios 73-83.   

25  Cuaderno # 1, folio 44.   

26  Cuaderno # 1, folios 74.   

27  Cuaderno # 1, folio 119.   

28  Cuaderno # 1, folios 119-120.   

29  Cuaderno # 1, folio 120.   

30  Nada  dijo respecto de la secuestre Martha Martínez  Buendía,  de  quien  desde  los  inicios de la investigación tenía datos para  citarla  a  esclarecer  el  por qué de la mora en la entrega del bien atribuida  por  el  denunciante  (cuaderno  #  1, folio 57), ni respecto de “Medardo   Alexander   Serna   Melo”,  última  persona  que  figuraba con poder general para disponer de los bienes de  Álvaro  Herrera  Herrera,  como  se estableció tambien desde el 2 de frebro de  2006 (cuaderno # 1, folios 73-83).   

31  “Cuando  de  las  pruebas allegadas surjan razones  para  considerar  que  se  procede por un delito por el cual resulta obligatorio  resolver  situación  jurídica, el funcionario judicial podrá prescindir de la  citación y librar orden de captura”.   

32  “La  situación  jurídica deberá ser definida en  aquellos  eventos  en  que  sea  procedente la detención preventiva”.   

33  Cuaderno # 1, folio 195.   

34  Herramienta  que,  dicho  sea  al margen, para buscar la ejecusión del fallo de  primera  instancia  fue  eficaz,  pues sin suministrarse información certera de  ubicación  de  los  procesados,  acarreó la aprehensión de Luna Gurrero a los  cuatro  meses  de  librada  la  orden,  y la de HERRERA HERRERA a los diez meses  (Cuaderno    Ejecusión    de    Penas,    folios    21-28,   30-34,   35-38   y  191-194).   

35  Cuaderno # 1, folio 204.   

36  Cuaderno # 1, folio 210-212.   

37  “…Esta decisión se adoptará por resolución de  sustanciación  motivada,  en  la  que  se  designará  defensor  de  oficio, se  establecerán  de  manera  sucinta  los  hechos por los cuales se lo vincula, se  indicará  la  imputación  jurídica  provisional…  (…)  En ningún caso se  vinculara   a   persona   que   no   esté  plenamente  identificada”.   

38 CSJ  SP 6 jun. 2002, rad. 14722 y SP 12 may. 2004, rad. 19421.   

39  CSJ. SP 18 dic. 2000, rad. 12780.   

40  Sentencia  de 30 de abril de 1993, en Gaceta Judicial No. 2.463, primer semestre  de 1993, Volumen II, página 826.   

41  CSJ.  AP 24 oct. 2007,  rad.  25981,  en  el  que  se  cita la STP      13      jun.      2006,      rad.      25512.   

42 CSJ  AP15530-2015,  11  nov. 2015, rad. 44915, en la cual son citadas como fundamento  de  la  aludida hermenéutica el AP 20 oct. 2005, rad. 24152 (segunda instancia)  y AP 20 jun. 2007, rad. 19528 (única instancia), entre otras.   

43 CSJ  AP15530-2015, 11 nov. 2015, rad. 44915.   

44 CSJ  AP  4  mar.  2009,  rad.  27539 (única instancia) y AP 22 abr. 2009, rad. 26708  (única instancia), entre otros.   

45  Entre  el  15  de  junio  de  2004 y el 9 de febrero de 2009, fecha en la que se  extendieron  los  efectos  de la acción fraudulenta, el artículo 453 de la Ley  599  de  2000, fue modificado por el artículo 11 de la Ley 890 de 7 de julio de  2004,  el  cual  modificó  los  límites de la pena de prisión, fijándolos de  seis (6) a doce (12) años.   

46 El  bien  raíz  objeto  material de la estafa imputada lo avaluó la Parte Civil en  una    suma    superior    a   $400’.000.000 (Cuaderno de la Parte Civil, folio 3).   

47  Cuaderno  #  1, folios 6 vto., 198-203, 207-209, y Cuaderno ejecución de penas,  folio 242 vto., (anotación # 20 del respectivo certificado).   

48 CSJ  AP  4  dic. 2013, rad. 42552; AP1712-2014, 2 abr. 2014, rad. 42762; AP3809-2015,  8   jul.  2015,  rad.  46204;  AP885-2016,  24  feb.  2016,  rad.  47484,  entre  otros.     

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