SP6354-2014(43275)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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República de Colombia     

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MAGISTRADO PONENTE  

SP6354-2014  

Radicación  No. 43275  

Aprobado acta 153  

Bogotá.  D.C, veintiuno (21) de mayo de dos  mil catorce (2014).   

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto  por la fiscalía y la víctima, contra la sentencia proferida el 13  de  diciembre  del  año  anterior  por  la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior   de   Cundinamarca,   mediante   la   cual  absolvió  a  TERESITA  BARRERA  MADERA, Juez Penal del  Circuito  de  Zipaquirá,  como  autora  del  delito  de  Fraude  a  Resolución  Judicial  por  el  cual fue  acusada.   

HECHOS  

         El   día   18   de   febrero   de  2009,  la  doctora  TERESITA  BARRERA  MADERA, para la época  Juez  Penal  del  Circuito  de Zipaquirá, efectuó la calificación integral de  servicios    de    la   empleada   Nataly   Cuéllar  Arcila,  Citadora  Grado  3  de  ese  juzgado,  con un  puntaje  insatisfactorio  de  48  puntos, que implicaba el retiro del cargo y la  exclusión de la carrera judicial.   

          La  afectada  interpuso  recurso  de  reposición  y  en subsidio de  apelación  contra  la decisión, impugnación que fue resuelta adversamente por  la  titular del despacho judicial, mediante resolución 001 del 27 de febrero de  2009,  razón por la cual le solicitó a la subalterna, mediante oficio del 4 de  marzo  de  ese  año,  que  hiciera entrega de su puesto de trabajo junto con el  inventario  al  secretario  del  juzgado, lo cual efectivamente ocurrió al día  siguiente.   

          El  11  de  marzo siguiente, la empleada interpuso acción de tutela  contra  la  decisión proferida por la doctora BARRERA  MADERA ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cundinamarca,  autoridad  judicial  que mediante sentencia del 2 de abril de  2009,  amparó  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso  administrativo, y  ordenó  el  reintegro  inmediato  de  la  accionante  a  su  puesto de trabajo.   

          En  la  misma  fecha,  y  en  todo  caso  un día antes de que fuera  notificada  de  esa  decisión,  la Juez complementó la calificación y dispuso  formalmente el retiro del cargo de la funcionaria.   

Notificada del fallo de tutela, solicitó la  aclaración  del  fallo,  por  cuanto  la  orden  aludía  al  Juzgado Penal del  Circuito  de  Fusagasugá  y  al  reintegro  “retroactivo”  de  la empleada,  aspectos  que  fueron  aclarados  por  el  Tribunal en decisión del día 21 del  mismo  mes y año, fecha en la cual la Juez ya había concluido el procedimiento  administrativo  que  decidía  formalmente la desvinculación de la funcionaria.   

          El  24  de  abril la Juez impugnó el fallo, recurso que el Tribunal  denegó  por  extemporáneo,  requiriéndole  a  la  vez  a  la  funcionaria que  informara  acerca  del cumplimiento del fallo, toda vez que desde el 14 de abril  la  accionante le había informado al Juez de tutela que no había sido acatado,  pese  a  la  solicitud  que  había  formulado  a  la titular del juzgado en ese  sentido.   

          Contra  la  decisión  de  negar  la impugnación, la Juez interpuso  recurso  de  reposición  y  en  subsidio de queja, pretensiones que el Tribunal  negó.  En consecuencia, el 20 de mayo de 2009, la funcionaria instauró acción  de  tutela  ante  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  amparo  que  le  fue negado el 4 de junio de 2009, en decisión confirmada el 25  de   septiembre  del  mismo  año  por  la  Sala  de  Casación  Civil  de  esta  Corporación.           

          El  4  de  agosto de 2009, Nataly Cuéllar  Arcila insistió en el incidente de desacato, debido a  que  la  Juez  no  cumplió  con  la  orden impartida en defensa de sus derechos  fundamentales,  petición  que  fue  resuelta  favorablemente a sus intereses el  día  29  de  octubre,  ordenando  la expedición de copias para investigar a la  Juez  por la probable comisión del delito de Fraude a Resolución Judicial y el  arresto  de  la  funcionaria  por  un día por haber incumplido la decisión del  Juez constitucional.   

          El  18  de  noviembre  de  2009,  la  Juez  dispuso  el reintegro de  Nataly  Cuellar  Arcila, al  cargo  de Citadora grado 3, verificándose su posesión el día 20 del mismo mes  y año.   

LA DECISION IMPUGNADA  

          Luego  de  realizar  una  reconstrucción  minuciosa de la conducta,  desde  el  momento  en que la doctora TERESITA BARRERA  MADERA,   Juez  Penal  del  Circuito  de  Zipaquirá,  calificó    con    nota    insatisfactoria    a    la    señora   Cuéllar  Arcila y ordenó su separación  del  cargo,  hasta  cuando tardíamente y luego de múltiples vicisitudes acató  la  orden  judicial  que dispuso el reintegro de aquélla, el Tribunal concluyó  que  el  comportamiento  imputado  a  la  sindicada  es  atípico,  “por  no  reunir  en  su  integridad  los  elementos que permiten  predicar    la    estructuración   del   delito   de   fraude   a   resolución  judicial.”   

          Consideró  que  el  artículo 454 de la Ley 599 de 2000 sanciona la  conducta       del       que      “fraudulenta   y  maliciosamente  decide  esquivar  los  perentorios  mandatos        de        las        autoridades       judiciales”,  perturbando  los  fines  de  la  administración  de  justicia,  comportamiento en el cual la  procesada    no    incurrió,    pues   no   se   acreditó   que   “hubiese  hecho  uso de medios fraudulentos y en especial el tipo  subjetivo,  es  decir  que  haya  actuado con dolo”,  debido a que acudió a los recursos legales con el fin  de  impugnar  la  decisión  del  Juez  constitucional  y  no  empleó maniobras  dirigidas maliciosamente a desobedecer sus órdenes.   

          Estima  que  no  existe  duda  acerca  de  la existencia de la orden  contenida  en  la  sentencia  el  2  de abril de 2009 impartida por el Tribunal,  “la  que a partir de su notificación imponía a la  entonces   Juez   Penal   del   Circuito  de  Zipaquirá,  doctora  TERESITA  BARRERA  MADERA,  el  deber  de  obedecerla”. Sin embargo,  señala  la  sentencia, es evidente que el Tribunal incurrió en un “lapsus    calami”    al  impartirle  una orden perentoria a la Juez de Fusagasugá y no a  la  de  Zipaquirá,  de  manera  que  la aclaración que la Juez solicitó no se  puede considerar desleal ni fraudulenta.   

          El  Tribunal  se  refirió cronológicamente a los medios de defensa  judicial  utilizados  por  la  procesada;  a la apelación interpuesta contra la  decisión  del  Juez constitucional y a la petición de suspensión de la misma,  que  le  fueron  negadas  por  el  Tribunal;  así  como al posterior recurso de  apelación  y  de  queja.  También  a la acción de tutela interpuesta el 20 de  mayo  de 2009 ante la Corte Suprema de Justicia, autoridad que el 4 de junio del  mismo  año  la  denegó, y recalcó que mediante decisión del 29 de octubre de  2009,  la  funcionaria  fue  sancionada  por  desacato  con  un día de arresto,  mediante  providencia  que  la  Corte  avaló  el  12  de  noviembre  del  mismo  año.   

         En  todo  ello,  destacó  que  cuando  la Juez fue notificada de la  iniciación  del  trámite  de  desacato, le hizo saber al Tribunal que el hecho  que  dio  lugar  a  la  acción  de  tutela se había superado, incluso antes de  dictarse  la  aclaración  de la sentencia, toda vez que mediante la resolución  número  002  del  2  de  abril  de  2009, dispuso el retiro formal del cargo de  citadora  grado  3  que  ocupaba  la  empleada  Nataly  Cuellar  Arcila,  con  lo  cual se conjuraba cualquier  posible  irregularidad  en  el procedimiento que dio origen a la desvinculación  de la empleada.   

          Con  base en esos elementos de juicio, destacó que efectivamente el  fallo  del  juez  de  tutela  “no fue cumplido en su  oportunidad  debida  (se había dispuesto que lo fuera en forma inmediata), sino  que  ello  se  produjo  de  manera efectiva solo varios meses más tarde …”,  Sin  embargo,  consideró  que desde el punto de vista  penal,  pese a la incuestionable desobediencia de la juez a la orden de tutela y  a  lo  deplorable  que resulta el desacato a las decisiones judiciales por parte  de  un Juez, la procesada –  señala  la  sentencia  –,  interpuso  los recursos y adelantó las acciones constitucionales que consideró  pertinentes,  sin que dicha conducta hubiese “estado  dirigida   en  forma  malintencionada,  fraudulenta  o  engañosa  a  desatender  dolosamente  el  fallo que finalmente cumplió pero con tardanza.”   

          En  ese  contexto,  dice  la  sentencia,  no  se  puede  ignorar  el  testimonio     del     doctor    Germán    Enrique  Botello,  Juez Civil del Circuito de Zipaquirá, quien  declaró  que  le informó a la juez acerca de la procedencia de la solicitud de  aclaración  de  la  sentencia  de  tutela  y  le manifestó su desconcierto por  haberle  negado  los  recursos  interpuestos, de manera que por eso pudo conocer  que  el  incumplimiento  de  la orden no tuvo razones distintas a la jurídicas.  Por  lo  tanto,  concluye  el  Tribunal,  si  la  Juez  tenía  el  “criterio  errado  de que al negársele la impugnación contra el  fallo   de   tutela   por  extemporáneo,  se  le  estaban  vulnerando  sus  derechos  al  debido proceso y  defensa,  y  ello  fue reforzado por su colega, pudo afianzarse más en su mente  el  error  que  la llevó incluso a dirigirse a la Sala de Selección de Tutelas  de la Corte Constitucional, para persistir en su postura.”   

          Concluyó  que  la  Juez  no  utilizó  medios fraudulentos y que el  comportamiento  es  atípico  por  cuanto  la  conducta devino de una equivocada  comprensión  de los recursos jurídicos a su alcance, lo cual denota que actuó  sin dolo. En consecuencia, absolvió a la Juez acusada.   

LOS RECURSOS  

          De la Fiscalía.   

Después de hacer referencia a los argumentos  que  condujeron a la Sala mayoritaria del Tribunal a absolver a la acusada, bajo  la    consideración   sustancial   de   que   la   Juez   actuó   “permeada  en forma constante por el error de creer que procedía  en   protección   de   sus   derechos   fundamentales   al   debido  proceso  y  defensa”,   la  Fiscal  Octava  Delegada  ante  esa  Corporación  solicita que se revoque la sentencia, pues los recursos judiciales  de  los que hizo uso la Juez revelan el abuso del derecho y se constituyen en un  medio    dirigido    a    eludir   la   orden   de   protección   de   derechos  fundamentales.   

         En  su  opinión, se demostraron todos los elementos del tipo penal,  empezando  por la vinculación de la Juez al cargo en el cual decidió calificar  insatisfactoriamente    a    la    señora    Nataly  Cuellar  y  las  vicisitudes del tortuoso trámite que  culminó  con  su  destitución. Asimismo, el recorrido judicial desde cuando la  señora  escribiente  decidió  defender  sus derechos constitucionales mediante  una  acción de tutela que la procesada desconoció, no con recursos jurídicos,  como  se  dice  en la sentencia, sino instrumentalizando el derecho para ponerlo  al servicio de su desobediencia.   

          En  ese sentido, dice la apelante, solicitó aclaración de un fallo  en  el  cual  era  evidente  que  la  orden  se  le impartía a ella y no a otra  autoridad.  Pero  aún  de  aceptar  que la aclaración procedía, no le quedaba  otra  alternativa  que  cumplir  la  orden,  y  sin  embargo  la desatendió, no  obstante  que  la  accionante  se lo solicitó expresamente en escrito del 14 de  abril  de  2009  y  pese  a  que  el  Tribunal  le  indicó  que el fallo era de  cumplimiento   inmediato  al  negarle  los  recursos  que  interpuso  contra  la  providencia  mediante  la  cual  se  tuteló  los  derechos  de  la trabajadora.   

          Los  demás  recursos  de  los  que hizo uso e incluso una fracasada  acción  de  tutela,  revelan el designio de sustraerse a una decisión que como  Juez  sabía  que  era  imperioso  obedecer en forma inmediata. De manera que de  todas    estas    manifestaciones    se    infiere    el    dolo,   “como  expresión  de  conocimiento  y  voluntad,  pues  bien  lo  reseña  el  salvamiento  de voto, a pesar de que en cada una de sus actuaciones  la  autoridad  le  explicó claramente el por qué no las acogía, subrayándose  las  sanciones  a  las  que se vería abocada, como su intención iba dirigida a  desobedecer   y   su   capricho   le   indicaba  no  reintegrar  a  Nataly  Cuéllar, de ahí su obstinación  e  inmersión  plena en el tipo penal por el que se acusó y por el que debe ser  condenada,  pues  es  cierto,  su  condición  de juez de la república eleva el  juicio    de   reproche   y   es   una   evidencia   más   de   su   intención  proterva.”   

         El  error  al  cual  hace  alusión  el Tribunal y que excluiría la  responsabilidad  no  tiene  sustento,  sobre  todo  tratándose de una cadena de  yerros  que  no  pueden excusar a una Juez que conoce la Ley y que actualizó en  cada  momento  la  decisión inequívoca de desconocer la orden judicial. En ese  orden,   el   testimonio  del  doctor  Henry  Botello  Aponte,  no puede ser un elemento valioso para admitir  el  desacierto  de  la Juez, pues aún cuando criticó las decisiones de tutela,  manifestó  que  nunca  le  expresó  a  la funcionaría que podía incumplir la  orden que se le había impartido.   

          Señala,  de  otra  parte,  que  es  equivocada  la  reflexión  del  Tribunal  al  señalar  que  los  recursos  judiciales  no  constituyen un medio  fraudulento,  pues  en  contexto  y en el ámbito de la situación analizada, su  ejercicio  demuestra  el abuso del derecho y la plena conciencia de ejercerlos a  pesar  de  su  abierta  improcedencia  con  el solo y único fin de incumplir la  orden  que  le  fue  impartida  en  defensa  de los derechos fundamentales de la  trabajadora.   

          Solicita,  por lo tanto, la revocatoria de la sentencia absolutoria.   

          La Víctima.   

          Sustancialmente  recurre  con  argumentos  similares a los expuestos  por  la  Fiscalía,  pero  destaca que la resolución proferida el 2 de abril de  2009  por  la  Juez  acusada,  día  en  que  el  Tribunal  tuteló  su derecho,  constituye  la prueba incontrastable de la utilización de recursos espurios con  el fin de eludir la decisión del Juez Constitucional.   

          Considera  que  para  esa  fecha  no se había superado el hecho que  motivó   el  ejercicio  de  la  acción  constitucional,  pues  la  resolución  mencionada  le  fue  notificada  el día 13 de abril siguiente, es decir, tiempo  después  de  proferirse  la  decisión  que  ordenó  el  reintegro a su cargo,  determinación  que  se  debía  cumplir  de  inmediato  y no estaba sujeta a la  discrecionalidad  de  la funcionaria, de acuerdo a lo previsto en los artículos  27 y 31 del decreto 2591 de 1991.   

          Entonces,  dice,  “cómo  puede la Sala  Mayoritaria,  aseverar  que  una  persona  con  la trayectoria profesional de la  acusada,   asumió   un   criterio   o  una  postura  errada,  para  justificar  el hecho de que la señora  TERESITA  BARRERA  MADERA,  pisoteó  y  se  burló  de  la  Constitución  Política,  de la Sala Penal del  Tribunal     de     Distrito    Judicial    de    Cundinamarca…”;              si  es evidente  que  la  secuencia  procesal que culminó con el fallo del 2 de abril de 2009, y  los  actos  posteriores a dicha decisión, demuestran su incondicional decisión  de  incumplir  el fallo, empleando argucias jurídicas de todo orden, con tal de  imponer su voluntad a la del Tribunal.   

          Por    lo    anterior,   dice,   está   probada   la   “mala    intención   de   la   acusada   y   el   dolo   en   su  actuar”,  razón  por  la  cual  solicita  revocar  la  sentencia absolutoria y condenar a la procesada por  los cargos formulados por la Fiscalía.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Primero.  De  acuerdo con el numeral 3º,  del  artículo  32 de la Ley 906 de 2004, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente  para  conocer  de  las apelaciones contra  sentencias  proferidas  por  las Salas de Decisión de los Tribunales Superiores  de  Distrito  Judicial.  Le  corresponde,  en consecuencia, a la Sala decidir la  impugnación interpuesta.      

          Segundo.  En el tránsito del Estado demo  liberal  al  Estado  social  y  democrático  de  derecho,  se  ha  dicho que la  expresión  “social” más  que  una  expresión que le aporta un toque de filantropía a la idea del Estado  y  del  derecho,  se constituye en elemento sustancial de un nuevo paradigma que  le  confiere  contenido y eficacia material a la idea del derecho y de justicia,  antes  cimentados  en  una  concepción  formal  de  lo  que podría llamarse la  teoría  de los derechos incompletos: derechos sin coerción; sin posibilidad de  ser cumplidos.   

          De  acuerdo  con esa concepción material del derecho y la justicia,  los  bienes  jurídicos,  como expresión de relaciones sociales prejurídicas y  dialécticas   esenciales   para   la   satisfacción  de  necesidades  básicas  fundamentales  y  de  la  vida  en común, se deben entender no como un elemento  para  la  ordenación  sistemática  de  conductas,  sino como presupuesto de la  antijuridicidad  material que le confiere contenido a la conducta desde un plano  valorativo y no simplemente fáctico.   

         Por   lo  mismo,  la  “Eficaz  y  recta  impartición  de  Justicia”  se  erige  en  un  bien  jurídico  esencial  para  conferirle  sentido a la idea de justicia a partir de  una  concepción  material  de  lo justo; cimentada en la imperiosa necesidad de  cumplir  las  decisiones judiciales como presupuesto de la validez y eficacia de  los  derechos. En consecuencia, en el marco de esa axiología, el incumplimiento  a  una  decisión  judicial,  fractura  la idea inspiradora de la teoría de los  derechos fundamentales tan en la base del Estado Constitucional.   

         Sin  embargo,  el programa penal de la constitución también indica  que  en ese plexo de valoraciones, para el derecho penal no es suficiente con la  verificación  objetiva  del  comportamiento  desde  una  perspectiva  meramente  descriptiva  de  la  conducta,  sino  que es necesario demostrar que se obra con  conocimiento  de  los  hechos  constitutivos  de  la infracción penal, y que se  quiere su realización.   

         En  otras palabras, siempre será una insensatez que un particular y  con  mayor  razón  un  Juez,  que  es  el  llamado  a defender como garante los  derechos  fundamentales,  incumpla  una orden judicial, cualquiera que ella sea,  como  desde una perspectiva general lo ha considerado el legislador para definir  el  ámbito  de lo prohibido (criminalización primaria). Pero desde el punto de  vista  penal,  el  juicio  de  exigibilidad  solo procede para quien incumple la  orden  acudiendo  a  medios  fraudulentos, pudiendo y debiendo hacerlo de manera  diferente (criminalización secundaria).   

         Bajo  esa  perspectiva,  la  Corte analizará, si, como lo afirma el  Tribunal,  en  las  circunstancias  anotadas,  la  Juez obró con la convicción  errada  e  invencible de que no incurría en el injusto por el cual se le acusa,  y   si   por  lo  tanto,  debe  confirmarse  la  absolución  de  la  procesada.   

Tercero.   De  acuerdo  con el artículo 454 de la Ley 599 de 2000, modificado por el artículo  47  de  la  Ley  1453 de 2011, “el que por cualquier  medio  se  sustraiga  al  cumplimiento de la obligación impuesta en resolución  judicial  o  administrativa de policía, incurre en prisión de uno (1) a cuatro  (4)  años  y  multa  de  cinco  (5)  a cincuenta (50) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.”   

Desde   una  aproximación  eminentemente  fáctica,   la   doctora   TERESITA  BARRERA  MADERA  incumplió   la   orden   impartida   por   el   Juez  Constitucional  que  dispuso,  según se lee en la providencia proferida el 2 de  abril    de    2009    por    la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Cundinamarca:   

“Tutelar  el  derecho  al  debido  proceso  administrativo de Nataly  Cuéllar  Arcila  frente  a  su  retiro  del cargo de  Citadora  Grado  03  del  Juzgado penal del Circuito de Fusagasugá, por vía de  hecho  de  la  titular  de  ese  despacho  judicial,  a  quien, en consecuencia,  se   ordena   su   inmediato   reintegro   con   carácter   retroactivo.”  (Resaltado  fuera  de  texto.  Estipulación probatoria 7)   

        La  orden es perentoria, pues el Tribunal consideró en la decisión  indicada,  que  si  bien  la  calificación como acto jurídico no era objeto de  control  judicial  por  vía  de  la  acción de tutela, la vía de hecho en que  incurrió  la funcionaria al desvincular materialmente a la funcionaria, llevaba  al  Juez  de  Tutela a amparar el derecho al debido proceso y por lo tanto, como  condición  sine  qua  non,  a ordenar el reintegro de la funcionaria, según se  indicó en la providencia en los siguientes términos:   

“De acuerdo con lo anterior, se tiene que  la  acción de tutela no es el mecanismo adecuado para cuestionar la presunción  de  legalidad  que  caracteriza  a  los  actos  administrativos,  como medios de  manifestación de la voluntad de la administración.   

“Sin embargo, situación distinta ocurre  cuando  se  constata,  como  en el presente evento que el retiro del cargo de un  empleado  obedeció  a  una  vía de hecho, pues el mismo no fue dispuesto en el  acto   administrativo   que   ratificó   la  calificación  insatisfactoria  de  servicios, debiendo haberlo sido por ser consecuencia de ella.”   

         

De  lo  expresado se concluye lo siguiente:  primero,  que  el Juez Constitucional tuteló el derecho al debido proceso de la  accionante,  y segundo, que como consecuencia de ello, la orden de reintegro era  ineludible,  pues  el  retiro  del  servicio  era  consecuencia  directa  de  su  infracción.   

Esta  precisión es fundamental. En efecto,  la  defensa  ha  insistido en que la orden que le impartió el Juez de Tutela no  podía  acatarse al haberse superado el hecho que le dio origen, toda vez que la  Juez,  el  mismo día en que se profirió la decisión de amparo, dictó el acto  administrativo  ordenando la desvinculación del cargo de la funcionaria, con lo  cual, en su sentir, se conjuraba la infracción al debido proceso.   

En  efecto,  en  la estipulación nueve, la  acusada,  advierte  que,  el  día  2  de  abril  de 2009, dictó la resolución  número 002 de esa fecha en la cual dispuso:   

“Primero.   Al  tenor  de  lo  expuesto,  Ordenar  el  retiro  del  servicio  del  cargo  de  citadora  grado 03 de Nataly  Cuéllar  Arcila,  identificada con la cédula de ciudadanía número 41.929.761  expedida  en Armenia (Quindío), por calificación insatisfactoria de servicios,  a  partir  del  seis  (6)  de marzo de dos mil nueve (2009), inclusive, por así  disponerlo el artículo 173 de la Ley 270 de 1996.”   

         Si  se analiza este supuesto, y los actos posteriores, tales como la  solicitud  de  aclaración de la sentencia, la interposición de recursos contra  esa  decisión  e  incluso  las  acciones  de  tutela,  desde  el punto de vista  fáctico  se  puede  afirmar sin ninguna duda que la Juez acusada no cumplió el  fallo  en los términos fijados por el Juez Constitucional, pese a que, en estos  casos,  el  artículo  27  del  Decreto 2591 de 19911   

,  dispone que la autoridad contra quien se  dirige  la  acción  de tutela debe cumplirlo, por tarde, dentro de las 48 horas  siguientes a haberse expedido la orden.   

         Sin  embargo,  pese  a la gravedad que significa que en un modelo de  Estado  en  el  cual  el  juez  el  garante  de  los derechos fundamentales, sea  precisamente  un  funcionario  de  esa  condición  quien  incumple una orden de  amparo,  no  por  eso,  ni  por  la  comprobación  fáctica  de la conducta, se  configura  el  injusto  de  fraude a resolución judicial. En efecto, la lectura  del  tipo  penal  integra  el  título  que sintetiza la conducta y determina el  injusto  como  el  incumplimiento  a  una  orden  judicial mediante el empleo de  maniobras   fraudulentas  dirigidas  a  ese  fin  y  no  a  partir  de  su  mera  constatación procesal.   

         

Precisamente en este sentido la Sala en CSJ  SP, rad. 40.006, del 10 de octubre de 2012, señaló lo siguiente:   

“… podría decirse que cuando la norma  alude  a  “cualquier  medio”,  en  principio  el simple incumplimiento de la  obligación  impuesta  en  la  resolución  judicial  conduciría  a predicar la  tipicidad  del  hecho.  Ello,  empero,  asoma  equivocado,  pues, aunque el tipo  examinado  no  alude  a  conducta  alguna  que  acompañe ese incumplimiento, la  verdad  es  que  la nominación del mismo sí demanda de una particular conducta  que  es  menester acompañe el incumplimiento, la cual, conforme se rotula en el  nomen iuris, deviene necesariamente fraudulenta.    

“El   fraude   entonces,  ‘entendido  en  su  sentido  natural y  obvio,  como una forma de engaño, se torna en elemento normativo del tipo y por  tanto  debe  demostrarse  la  realización  de  una conducta de este tenor, para  perfeccionar     el     juicio     de     encuadramiento     típico’ ”.    

        En  ese  orden, desde luego que no se puede sostener, que por haber  empleado  los  recursos  judiciales  a  su  alcance  con  el  fin  de dilatar el  cumplimiento  de  la  orden  judicial,  la  conducta  es  atípica, pues como lo  afirman  las  recurrentes,  el  ejercicio  de  medios  de  impugnación se puede  convertir  en  el  instrumento  idóneo  para  dilatar  el  cumplimiento  de una  decisión  del  juez  constitucional  que  debe  ser,  según  la teoría de los  derechos  fundamentales,  pronta  e  inmediata, como en general se espera que lo  sean todas las decisiones judiciales.   

        Sin  embargo,  desde  el  punto  de  vista fáctico, la persistente  interposición  de  recursos  y  la sustracción a la obligación impuesta en la  decisión  judicial,  son apenas un elemento de la tipicidad, pues el injusto de  fraude  a  resolución  judicial requiere, como se ha visto, que el acusado obre  con  conocimiento y voluntad de los hechos constitutivos de la infraccion penal,  elemento subjetivo del tipo que el Tribunal declaró no probado.   

        Cuarto.  Está probado, y es un elemento  de  discusión  que  incide directamente en la decisión que se habrá de tomar,  que  el 2 de abril de 2009, día en que el Tribunal amparó el derecho al debido  proceso    de    la    señora    Nataly   Cuéllar  Arcila,  la  acusada  dictó  la resolución judicial  número  002  de la misma fecha, con la cual culminó el trámite administrativo  que  disponía  el  retiro  del servicio de la empleada de acuerdo con el debido  proceso.  En  ese  contexto,  la  Juez  afirmó que el hecho que dio origen a la  acción de tutela se había superado.   

        En  efecto:  el  día  2  de  abril  de  2009, la Juez profirió la  resolución número 002 de esa fecha, en la cual dispuso:   

“…  Ordenar el retiro del servicio del  cargo   de  Citadora  Grado  003  de  Nataly  Cuellar  Arcila,  identificada  con  la  c.c.  No.  41.929.761  expedida  en Armenia (Quindío) por Calificación Insatisfactoria de Servicios a  partir  del día 6 de marzo de 2009, inclusive, por así disponerlo el artículo  173 de la Ley 270 de 1996.”   

        El  día 3 de abril la Juez fue notificada de la acción de tutela,  y  ese  mismo  día  solicitó  aclaración  del  fallo,  en  cuanto la orden se  impartía  al  Juez de Fusagasugá y no a ella como Juez de Zipaquirá. Mientras  tanto,  el  13  de  abril  la  empleada  fue  notificada  de  la resolución que  disponía  su  retiro,  la cual impugnó, quedando en firme el día 21 del mismo  mes  y año. Por lo tanto, el día 22 de abril siguiente, cuando se le notificó  a  la Juez la aclaración del fallo de tutela, el trámite administrativo que se  inició    con   la   calificación   insatisfactoria   de   servicios   de   la  señora    Nataly    Cuellar    Ardila,  había  concluido  siguiendo  el  debido proceso antes de que la  Juez   hubiese   sido   notificada   del  auto  que  aclaraba  la  sentencia  de  tutela.   

        Esta  secuencia  procesal  demuestra  lo siguiente: (i) que el día  anterior   a   notificarse   el   fallo  de  tutela,  la  Juez  dictó  el  acto  administrativo  con el cual se complementaba el proceso administrativo tendiente  a  la  destitución  de  la  señora  Nataly  Cuellar  Arcila, (ii) que los recursos contra esa decisión se  resolvieron  el  día  21 de abril de 2009, antes de que el Tribunal aclarara el  fallo  en  que  disponía  tutelar  el  derecho  al debido proceso de la señora  Nataly  Cuellar  Arcila, y  por   eso  la  Juez  entendió  que  el  hecho  que  dio  origen  a  la  acción  constitucional  se  había  superado, y (iii) que la aclaración de la sentencia  le  fue notificada a la Juez el día 22 de abril, fecha en la cual entendió que  procedían  los  recursos  contra la decisión, que efectivamente impugnó, pero  que le fueron negados por extemporáneos.   

        En  ese  orden, obsérvese que de acuerdo con el último aparte del  artículo    331    del    Código    de   Procedimiento   Civil,   “en  caso  de  que  se pida aclaración o complementación de una  providencia,  su  firmeza  sólo  se  producirá  una vez ejecutoriada la que la  resuelva.”   Si ese  enunciado  se entiende en su sentido natural y obvio, es perfectamente admisible  que  la  Juez  creyera, como el doctor Germán Enrique  Botello  se  lo  sugirió,  que la decisión del Juez  Constitucional  era  vinculante  a  partir de su aclaración y que por lo tanto,  para  esa fecha, el hecho se había superado, en el entendido que tal situación  se       presenta       cuando      “durante  el  trámite  de la acción de tutela o de su revisión  en  esta  Corte,  sobreviene  la  ocurrencia  de  hechos  que  demuestran que la  vulneración  de los derechos fundamentales, en principio informada a través de  la  instauración  de  la  acción  de  tutela,  ha  cesado.  (Sentencia  T 146-  12)   

   

        En  tales  circunstancias, si bien desde el plano objetivo se puede  hablar   de  un  incumplimiento  a  la  decisión  judicial,  es  evidente  que,  subjetivamente,  la  Juez obró con la convicción errada de que no incurría en  el  tipo  de  prohibición  que  describe  el  delito  de  fraude  a resolución  judicial,  razón  por  la  cual  la  solicitud  de  la Fiscalía, en la cual se  magnifica  la  secuencia  procesal para conferirle a la conducta unos rasgos que  no ostenta, carece de todo fundamento.   

        En  efecto,  si  se  analiza  la  conducta  a  partir  de  su  nuda  manifestación  ontológica y a partir de la secuencia de actos posteriores a la  decisión  del  Juez Constitucional, se puede caer en el riesgo de magnificar el  resultado  y encontrar en la faz objetiva del comportamiento la única razón de  ser  de  un  juicio que puede tener ribetes éticos, pero no jurídicos. Pero si  para  definir  la  responsabilidad  se  parte  del supuesto de que el tipo penal  incluye  ingredientes normativos que deslindan el contenido del injusto a partir  de  la  noción  de  fraude,  es  claro  que  no obra de conformidad con el tipo  subjetivo  quien  cree  erradamente,  en  las  circunstancias analizadas, que el  hecho que dio origen a la acción de tutela se había superado.   

         

        Ante  esa  realidad,  argumentativamente admisible, el hecho de que  la  Juez  hubiese  sido sancionada por desacato no incide en la decisión que se  habrá  de proferir, pues como corresponde al criterio de progresiva protección  de  bienes  jurídicos,  en  esa  determinación  se  valora el injusto desde la  perspectiva  del  incumplimiento  de  la  orden  (estipulación  probatoria 17),  cuestión   que   no   se   discute,   pero   no   desde   la  más  amplia  del  error.   

        En  conclusión, es posible que una mejor comprensión del tema por  parte  de la Juez, y una concepción material de los derechos fundamentales y de  su  protección,  conlleve  a conclusiones diferentes en torno a la necesidad la  orden  del Juez de Tutela, imperativo que no se discute. Pero es precisamente el  criterio  errado  acerca  de  esa  cosmovisión  del  Estado  y  de los derechos  fundamentales,  la  que  propicia  en este caso, el convencimiento errado que la  decisión, en las circunstancias anotadas, no podía cumplirse.   

De    manera   que   si   “El   error  de  tipo  se  presenta  cuando  se  obra  con  error  invencible  de  que  no  concurre  en  su  conducta  un hecho constitutivo de la  descripción    típica   (CSJ   AP,   rad.   37.613,   del   7   de   nov.   de  2011),   y al no estar prevista la conducta como  culposa,  en  las  circunstancias indicadas, es evidente que la Juez no realizó  subjetivamente  el  tipo  de  prohibición, y por tal razón, se confirmará, en  este sentido, la decisión del Tribunal.   

DECISION  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Administrando Justicia en  nombre de la República de Colombia y por Autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

         Confirmar  la  providencia  de fecha y origen indicada, por medio de  la  cual  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Cundinamarca, absolvió a la  doctora    TERESITA    BARRERA   MADERA del cargo por el cual fue acusada.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

     

    

1  El  artículo 27 del decreto 2591 de 1991, dispone:   

Cumplimiento   del   fallo.   Proferido   el  fallo  que  concede  la  tutela,  la  autoridad  responsable del agravio deberá cumplirlo sin demora.   

Si  no lo hiciere dentro de las cuarenta y  ocho  horas  siguientes,  el  juez se dirigirá al superior del responsable y le  requerirá  para  que  lo  haga  cumplir y abra el correspondiente procedimiento  disciplinario  contra  aquél.  Pasadas  otras  cuarenta y ocho horas, ordenará  abrir  proceso  contra  el  superior  que  no  hubiere  procedido  conforme a lo  ordenado  y  adoptará directamente todas las medidas para el cabal cumplimiento  del  mismo.  El  juez podrá sancionar por desacato al responsable y al superior  hasta que cumplan su sentencia.     

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