SP4316-2015(43262)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

SP4316-2015  

Radicación 43262  

(Aprobado Acta No. 134).  

Bogotá  D.C., abril dieciséis (16) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Una vez realizada la diligencia de audiencia  de           sustentación           del           recurso          extraordinario,  resuelve  la  Sala  la  impugnación  interpuesta por la Fiscalía  Seccional  de  Pereira  y la          apoderada    de   la   víctima   contra    el   fallo   absolutorio   de  segundo  grado  proferido por el Tribunal Superior de  la   misma   ciudad   el   29   de   noviembre   de  2013,  a  través del cual  fue  revocada  la  sentencia  de  primera instancia dictada por el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de la capital risaraldense,  por  cuyo medio condenó al  procesado                 MLG  como  autor       penalmente      responsable      del      concurso      homogéneo sucesivo de delitos de acceso  carnal violento agravado.   

HECHOS  

En  el  primer  semestre  de  2006,  en  el  Instituto  Colombiano de Bienestar Familiar se recibió una llamada anónima que  daba  cuenta  de  una  situación de abuso y maltrato de una niña de 8 años de  edad,  por parte de personas residentes en la Carrera (…) No. (…) del Barrio  (…)   de  la  ciudad de Pereira. Entonces, la referida entidad emprendió  las  averiguaciones  correspondientes,  estableciendo  la palmaria violación de  los    derechos    de   la   niña   XXX1 por parte de  LFAR   y   ALG, a quienes dicha institución había  entregado  la  menor  para  su  custodia  y  cuidado,  pero  no  le proveían lo  necesario  para  su  alimentación,  estaba  desescolarizada  y era utilizada en  labores de servicio doméstico.   

         En  el marco de la referida indagación se estableció que la menor  presentaba  un  desgarro antiguo del himen, compatible con probable abuso sexual  y,  en  efecto,  ella señaló a MLG   hijo  de ALG,  como  la  persona  que,  aprovechando su tamaño y contextura física, en varias  ocasiones la accedió carnalmente por vía vaginal y oral.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  6  de  octubre  de  2010,  en audiencia  realizada  en  el  Juzgado Treinta y Dos Penal Municipal con función de control  de  garantías  de  Bogotá  se impartió legalidad a la captura de LG,  oportunidad en la cual la Fiscalía  le  imputó  la  comisión  del concurso de delitos de acceso carnal abusivo con  menor  de  14 años, sin que se allanara, y a instancia del ente acusador la fue  impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva.   

         En  audiencia adelantada el 3 de noviembre de la referida anualidad  ante  el Juzgado Sexto Penal Municipal con funciones de conocimiento de Pereira,  la  Fiscalía  reformuló  la  imputación  por el concurso de delitos de acceso  carnal  violento (artículos 31 y 205 Ley 599 de 2000) agravado (numerales 2º y  4º     ídem)    con  circunstancias    de    mayor    punibilidad    (artículo   58-5   ejusdem),   a   la   que   tampoco   se  allanó.   

         Presentado  el escrito de acusación y realizada la correspondiente  audiencia,  en  la  cual la Fiscalía insistió en la misma imputación referida  en  precedencia,  amén  de realizado el rito propio del juicio oral, el Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Pereira dictó fallo  el   30   de   marzo   de   2011,   por   cuyo  medio  condenó  a  MLG    a   la  pena  principal  de  trescientos   sesenta   (360)   meses   de   prisión,   y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  (20)  años, como autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto de  acusación.  En  la  misma  providencia  le  fue  negada  tanto  la  condena  de  ejecución   condicional,  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

         Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa, el Tribunal Superior de  Pereira  la revocó mediante fallo del 29 de noviembre de 2013, para en su lugar  absolver  al acusado, proveído contra el cual la Fiscalía Seccional de Pereira  y  la  representante  de  la  víctima  interpusieron  recurso  de  casación  y  allegaron  las  respectivas  demandas,  las  cuales fueron admitidas, y luego se  realizó la audiencia de sustentación.   

LOS LIBELOS  

          1.        Demanda presentada por la Fiscalía   

Con  base en la causal tercera de casación  reglada  en  el  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, la Fiscal aduce que se  violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por  falso  raciocinio  pues  no se  aplicaron  los  artículos  31,  58,  205,  211-2  y  211-4  de  la  Ley  599 de  2000.   

         Alude  conceptualmente  al  falso  raciocinio,  y manifiesta que el  ad  quem violó las reglas  de  la  lógica  al  exigirle  a  la  víctima,  una  niña  de 8 años, relatos  absolutamente  precisos  e idénticos en cada una de sus tres intervenciones, so  pena  de  demeritar  su dicho y, a partir de ello, proferir fallo absolutorio en  favor del acusado.   

         Considera  que el Tribunal desconoce la presencia de factores en la  menor  capaces  de incidir en imprecisiones accesorias sin afectar la esencia de  los  hechos,  como  puede  ocurrir  con el tiempo entre una y otra narración, y  entre  los  hechos  y  su  relato,  además  de que por su edad puede fijarse en  ciertos  detalles  y  se  desentiende  de otros, con mayor razón si unos hechos  pudieron impactarla más que otros.   

Luego  de citar jurisprudencia de esta Sala  (Providencia   del   21   de   octubre  de  2009.  Rad.  32103)  acerca  de  las  contradicciones  intrascendentes  en  los  testimonios,  advera  que el Tribunal  procedió  a  valorar las declaraciones de la niña (a la investigadora del CTI,  la  psicóloga  de  Bienestar  Familiar  y al perito de Medicina Legal) en forma  insular, y no en conjunto con las demás pruebas.   

Puntualmente  asevera: La niña ha relatado  que  fue  accedida  carnalmente  por  ML y  su  himen  se  encuentra  desgarrado;  describió  al mencionado  ciudadano  como un individuo altísimo y el procesado mide 1.93 metros; declaró  que   el   agresor  la  recostó  contra  un  baúl,  y  la  Trabajadora  Social  Gloria   Amparo   Silva  encontró  en  la  habitación  de la niña un baúl; varios testigos declararon  que  el acusado no estudiaba ni trabajaba y permanecía en la casa con la niña,  quien   estaba   desescolarizada,  lo  cual  permite  construir  el  indicio  de  oportunidad;  además  de  no  asistir a la escuela, la menor estaba desnutrida,  circunstancia que denota la desatención de sus tutores.   

Añade  que  la  psicóloga  Yaneth  Quintero  Celis  declaró  en el  juicio   que   no   detectó  en  la  niña  animadversión  hacia  M,   refirió   que   la  víctima  era  coherente  en  su  relato  y  siempre  señaló  a  ML  como   la   persona   que   abusó   sexualmente  de  ella.   

         A  partir de lo expuesto, la Fiscal demandante reclama la casación  del  fallo  absolutorio,  para  que en su lugar se dicte sentencia de condena en  contra de MLG.   

          2.        Demanda presentada por la apoderada de la víctima   

         Con  fundamento en la causal tercera de casación establecida en el  artículo  181 del estatuto procesal penal de 2004, la recurrente manifiesta que  el  Tribunal  incurrió en violación indirecta de la ley sustancial producto de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  lo  cual  condujo  a  no  aplicar los  artículos 31, 205, 204, 211 y 58.5 de la Ley 599 de 2000.   

         Cita  el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos  de  los  Niños  y  transcribe  apartes  de  las consideraciones de la sentencia  confutada,  para  adverar  que si los atentados sexuales comenzaron en el barrio  (…)  o en el Barrio (…), es algo irrelevante, pues lo cierto es que mientras  la  menor  vivió  en  el  segundo  lugar  fue  sometida  sexualmente  en varias  ocasiones.   

         Va  contra  las  reglas  de  la  lógica  exigirle a una niña de 8  años,  nuevamente  victimizada  al  relatar  los  hechos,  sin apoyo emocional,  familiar  ni  educativo y desorientada en una ciudad, que sea precisa, pues ello  supondría una lección aprendida.   

         Después  de  trascribir apartes de las varias intervenciones de la  menor,  así  como  de  la  Trabajadora  Social Gloria  Mercedes  Alvis, la Defensora de Familia Marina   Agudelo,  el  Médico  Legista  Jorge  Federico Gartner, la  Psicóloga  Yaneth Quintero  y  la  Trabajadora  Gloria  Amparo  Silva,  concluye  que  las  imprecisiones  de  la  niña con base en las  cuales  el  ad quem edificó  el  fallo  absolutorio carecen de entidad e imponen su casación, para dictar en  su    reemplazo    sentencia    de    condena    en   contra   de   MLG.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.              Intervención    de   la   Fiscalía  (demandante)   

         El  Fiscal  Doce  Delegado  ante  esta Corporación recuerda que se  impugnó  en  casación  la  sentencia  absolutoria proferida por el Tribunal de  Pereira    en    favor    de   MLG   y se adhiere a lo expuesto en la demanda presentada por la Fiscal  seccional.   

Considera    que    el    ad   quem  violó  el  principio  de  no  contradicción,  pues  acepta  la violación sexual de la niña, pero no pondera  adecuadamente  los  testimonios de los profesionales que la asistieron, y por el  contrario,  deplora  que  ella no precisó los diferentes lugares de los hechos,  máxime    si    la    prueba    científica    acreditó   que   fue   accedida  sexualmente.   

Se pregunta cómo es posible que el Tribunal  dude  del  señalamiento  efectuado  por  la  niña  respecto  del  autor  de la  violación,  sin tener en cuenta que cuando ocurrieron los hechos tenía 8 años  y  no  salía  de  su  vivienda,  de  manera  que necesariamente la conducta fue  cometida  por  un  miembro  de  su  propia familia, y todo conduce a señalar al  procesado.   

Solicita la casación del fallo del Tribunal  y dejar vigente la sentencia condenatoria de primer grado.   

2.            Intervención  de  la  apoderada  de  la  víctima (demandante)   

         Depreca   casar  íntegramente  el  fallo  absolutorio  de  segunda  instancia,    para    condenar    a   ML, conforme a lo expuesto en la demanda casacional.   

Aduce que si bien esta Sala se pronunció en  agosto  de  2014  sobre  la  prueba  de  referencia, ello sólo se refiere a las  declaraciones de los adultos.   

Precisa que este caso tiene que ver con una  niña  de  escasos  8 años violada por ML,  quien  se aprovechó de las circunstancias de inferioridad de la  menor,  y así fue establecido con los testimonios de la sicóloga, el médico y  la  trabajadora  social  que declararon en el proceso. En consecuencia, la niña  debe ser protegida y reclama justicia.   

3.    Intervención   del  Ministerio  Público (no recurrente)   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación  Penal  se  pronuncia  conjuntamente  sobre las dos demandas por estar  sustentadas  en  la  denuncia  de errores de raciocinio en la apreciación de lo  dicho por la víctima.   

Resalta  la  especial  protección  de  los  niños   en   delitos   sexuales,   dada   la   preeminencia   de  sus  derechos  fundamentales.   

Asevera que el Tribunal manifiesta que no se  contó  con  la  niña en el juicio por haber sido adoptada por extranjeros, con  lo  cual  desconoce  el  derecho de aquella a no ser revictimizada y mejorar sus  condiciones  de  vida, a fin de no estar en estado de desnutrición, no realizar  labores  domésticas,  no  estar  desescolarizada  y  no  ser  objeto  de abusos  sexuales.    Olvidó    el    ad   quem  lo expuesto en sentencia de casación 29678 del 5 de noviembre de  2008,  según  la  cual,  no es necesario que el niño ratifique su declaración  para  fundamentar  la responsabilidad, amén de que sus declaraciones previas no  están sujetas a tarifa legal negativa.   

Lo  dicho  por  los  niños  debe valorarse  conforme  a  su  edad y capacidad de narración, sus detalles y vivencia, previo  contraste con las demás pruebas.   

En  este  caso  la  niña señaló en forma  reiterada  a  ML como autor  de  los  accesos sexuales orales y vaginales, lo describió como alto y así fue  visto  por  la  funcionaria  del  ICBF.  Medicina  legal  corroboró  el  acceso  carnal.   

La  menor refirió que fue forzada sobre un  baúl  y,  en efecto, la profesional del ICBF encontró tal mueble en la casa de  la  niña.  El  líquido  al  que  aludió  la  niña es propio de esta clase de  actos.   

Puntualiza  que  resulta irrelevante si los  hechos  cesaron o no; si comenzaron en el Barrio Nicolás o en otro sector de la  ciudad,  pues  lo  cierto  es  que  la  menor fue sometida por el mismo autor en  varias  ocasiones,  sin  que  se  pueda  exigir a una niña de 10 años precisar  fechas  o  sitios  de  la urbe, dada su corta edad y los hechos violentos de los  que fue víctima.   

Abundante   ha  sido  la  jurisprudencia,  resalta,  sobre  la  valoración de los testimonios de los menores. En este caso  el  Tribunal  tomó  los  medios  de  convicción parcialmente y desconoció las  condiciones  de  la  víctima,  cuando  existían  pruebas,  además  de  la  de  referencia  admisible, suficientes para condenar, y por ello, solicita a la Sala  casar el fallo.   

4.             Intervención   de  la  defensora  (no  recurrente)   

         La  defensa  advera  que  su  tesis  se  sustenta  en  el principio  in  dubio pro reo, pues hay  una   serie   de   incongruencias   con   referencia   al   testimonio   de   la  menor.   

         En   la   historia   real  de  este  caso  llamado  “caperucita   roja”  o  “cenicienta” por parte de la Fiscalía,  las  pruebas  no  se  practicaron en el juicio sino ante funcionarios del Cuerpo  Técnico  de  Investigación, la Defensoría de Familia, el Instituto Colombiano  de  Bienestar  Familiar  y  Medicina Legal, pero la menor no fue escuchada en el  juicio.  No  siempre  que un niño habla de un abuso sexual dice la verdad, pues  hay casos en los que miente.   

El  caso  es  grave,  pero  en  el estatuto  procesal  penal  es  claro  que  con  base en pruebas de referencia no puede ser  proferida  sentencia  de  condena. Además, el juez debe llegar a la certeza con  base  en  pruebas,  de  modo  que  todas  las  dudas hayan sido resueltas, de lo  contrario,  debe  aplicar  el  principio  in dubio pro  reo.   

Puntualiza que la menor en sus declaraciones  incurre  en  serias  y profundas contradicciones y diferencias de contexto, pues  cambia los lugares.   

De  otra parte advera que aquí se trata de  una  pena  de  30  años  de  prisión en cárceles de Colombia, lo cual demanda  rigor  en  los  funcionarios  judiciales,  a  quienes  corresponde  ponderar las  pruebas hasta concluir que no hay la menor duda.   

También expone que hay algo sesgado en este  caso,  pues  Bienestar  Familiar  denunció, pero a la par empezó el sistema de  adopción  de  la  menor,  y  no  informó  de  ello, circunstancia que impidió  practicar  pruebas  anticipadas para arribar a la verdad, con mayor razón si en  Colombia    el    ICBF    ha    estado    investigado    por   esta   clase   de  adopciones.   

Señala  que  no  hay mérito para condenar  pues  todas las pruebas son de referencia, y hay una serie de dudas en cuanto la  menor  no  acudió  al  juicio. Aunque dicen que no era necesario, esto no riñe  con  el  derecho  de  defensa y el debido proceso, era necesario armonizar tales  derechos con los de los niños.   

Reitera que los menores no siempre dicen la  verdad,   pueden  fantasear  y  dar  versiones  amañadas  de  su  entorno,  por  diferentes presiones.   

El  test de la víctima no se practicó con  rigor,  pues exige elementos específicos para su valoración, era necesaria una  cámara,  una  grabación,  etc.,  máxime  si  lo  expuesto  por  la  niña fue  contradictorio.   

La defensora solicita a la Corte no casar el  fallo de absolución proferido en favor de su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         Dado  que  como acertadamente lo planteó el Ministerio Público en  la  audiencia  de  sustentación de la impugnación extraordinaria, las demandas  allegadas  por la Fiscalía y la apoderada de la víctima se afianzan en similar  argumentación,  orientada  a  demostrar  que  el  ad  quem  violó  en forma indirecta la ley sustancial al  absolver  a  MLG, pertinente  resulta  que la Corte se ocupe sincrónicamente de ellas, cometido en el cual se  tiene:   

         (i)  La debida motivación de las decisiones judiciales2   

La  adecuada  motivación de las decisiones  judiciales  era  un  postulado contenido en el artículo 163 de la Constitución  de  1886,  no  obstante,  aunque  tal  norma no aparece en la Carta Política de  1991,  de  manera  pacífica  se  ha  reconocido que dicha exigencia se erige en  sustento  esencial  del  derecho  fundamental  a  un  debido  proceso,  dado que  comporta   una  garantía  contra  la  arbitrariedad  y  el  despotismo  de  los  funcionarios,  a  la  vez que se erige en instrumento de seguridad al momento de  ejercitar  el  derecho  de  impugnación  de  las  providencias por parte de los  sujetos  procesales,  en  oposición  al  sistema  de  íntima  convicción,  de  conciencia  o  de libre convicción, en el cual se exige únicamente una certeza  moral  en el juzgador y no se requiere que motive sus decisiones, sistema propio  de la institución de los jurados de conciencia.   

         El  imperativo  de  motivar  las  determinaciones  judiciales no se  cumple,  sin  más,  con  la  simple  y  llana  expresión de lo decidido por el  funcionario  judicial,  en  cuanto  es  preciso  que  manifieste en forma clara,  expresa,  indudable  y  no  anfibológica  su argumentación, con soporte en las  pruebas  y  en los preceptos aplicados en cada asunto, pues no de otra manera se  garantizan  los  derechos  de  los  sujetos  procesales,  amén  de  que se hace  efectivo  el  principio  de  imperio  de la ley, esto es, de sometimiento de los  jueces al ordenamiento jurídico.   

         En  punto  de  la garantía de motivación de las decisiones, y con  ella  del debido proceso, el numeral 4º del artículo 162 de la Ley 906 de 2004  señala  los  requisitos  que  deben  contener  los  autos  y  sentencias, así:  “Fundamentación  fáctica,  probatoria y jurídica  con  indicación  de  los motivos de estimación y desestimación de las pruebas  válidamente  admitidas en el juicio oral”, de donde  se  concluye  que  si  las  providencias  carecen  de  motivación,  o  ésta es  incompleta,  ambigua,  equívoca  o  soportada  en  supuestos  falsos,  no sólo  quebrantan  el derecho de los intervinientes a conocer sin ambages el sentido de  la  decisión,  sino que también imposibilitan su controversia a través de los  medios  de  impugnación,  con lo que, sin duda alguna, se lesiona el derecho al  debido  proceso,  que  en  virtud de lo dispuesto en el artículo 457 del citado  estatuto  procesal  penal  constituye  causal  de  invalidez  de  la  actuación  viciada.   

         Es  oportuno  recordar que la apreciación de las pruebas por parte  de  los  funcionarios  judiciales se encuentra limitada: (a) Por la información  objetiva   que   aquellas   suministren,  motivo  por  el  cual  no  pueden  ser  pretermitidas  o  supuestas (falso juicio de existencia) ni tampoco es viable su  adición,  cercenamiento o tergiversación material (falso juicio de identidad).  (b)  Por  la  sujeción a las reglas de la sana crítica, so pena de incurrir en  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio.  (c) Por el valor que a determinados  medios  probatorios  otorga  la  ley  (juicio  de  convicción)  y  (d)  Por  la  ponderación  de  si  en  su  práctica  o  aducción  se tuvieron en cuenta las  exigencias dispuestas por el legislador (juicio de legalidad).   

Siendo  ello  así, el deber de motivar las  providencias  corresponde al funcionario que las profiere, pero también compete  a  las  autoridades  judiciales  que  intervengan  directamente  en  el trámite  verificar  que,  en  efecto,  la  motivación,  como condición de legitimidad y  validez  de  tales  decisiones se encuentre satisfecha, pues de lo contrario, se  impone adoptar los correctivos pertinentes.   

          (ii)  La  certeza,  la  duda  razonable  y el principio in       dubio       pro       reo3   

Según  el  artículo  5º de la Ley 906 de  2004,  “en ejercicio de las funciones de control de  garantías,  preclusión  y  juzgamiento,  los  jueces  se  orientarán  por  el  imperativo   de   establecer   con   objetividad  la  verdad  y  la  justicia”  (subrayas fuera de texto).   

La verdad se concreta en la correspondencia  que  debe  mediar entre la representación subjetiva que el sujeto se forma y la  realidad  u  objeto  aprehendido  por aquel, que, tratándose del proceso penal,  apunta  a  una  reconstrucción lo más fidedigna posible de una conducta humana  con   todas   las   vicisitudes   materiales,   personales,  sociales,  modales,  sicológicas,  etc.,  que  la  hayan  rodeado,  a  partir  de  la  cual  el juez  realizará  la  pertinente ponderación de su tratamiento jurídico conforme con  las  disposiciones  legales,  para ahí sí, asignar la consecuencia establecida  en  la  ley,  lo cual vale tanto para condenar, como para absolver o exonerar de  responsabilidad penal.   

         En  procura  de  dicha  verdad,  la Ley 906 de 2004 establece en su  artículo 7º, lo siguiente:   

“Presunción de  inocencia  e  in  dubio  pro  reo.  Toda  persona se presume inocente y debe ser  tratada  como  tal,  mientras  no  quede  en firme decisión judicial definitiva  sobre    su   responsabilidad   penal”.   

“En  consecuencia,  corresponderá  al  órgano  de persecución penal la carga de la  prueba  acerca  de  la  responsabilidad penal. La duda  que    se   presente   se   resolverá   a   favor   del   procesado”.   

“En ningún caso  podrá         invertirse        esta        carga        probatoria”.   

“Para proferir  sentencia  condenatoria  deberá  existir  convencimiento  de la responsabilidad  penal    del    acusado,    más   allá   de   toda  duda”   (subrayas   fuera   de  texto).   

         Como  viene de verse, en la referida legislación fueron refundidos  en  un  solo  precepto,  tanto  la  presunción  de inocencia, como el principio  in   dubio   pro   reo,  íntimamente   relacionados   con  el  concepto  de  verdad  al  que  atrás  se  aludió.   

          En  efecto,  la  convicción sobre la responsabilidad del procesado  “más    allá    de    toda    duda”,  corresponde  a  un  estadio  del  conocimiento  propio  de la  certeza                   racional4  y, por tanto, relativa, dado  que   la   certeza  absoluta  resulta  imposible  desde  la  perspectiva  de  la  gnoseología  en  el  ámbito  de  las  humanidades  e inclusive en la relación  sujeto que aprehende y objeto aprehendido.   

Impera   rememorar   que   la  verdad  racional  constituye una pretensión sustancial común a  cualquier  sistema  procesal  penal,  pues  sería  contrario a la justicia como  valor  fundante  de  las  sociedades  democráticas que la finalidad del proceso  fuera  la  mentira,  la  falacia  o el sofisma, aserto que es corroborado con el  texto   de   las   últimas   legislaciones   procesales  colombianas  sobre  el  tema:   

En el artículo 218 del Decreto 409 de 1971  se  disponía  que  para  proferir  sentencia  de  condena era necesario obtener  “prueba     plena     y     completa”  sobre  la  demostración  del  hecho  y la responsabilidad del  autor.   

En el artículo 247 del Decreto 050 de 1987  se  exigía  como  prueba  para condenar aquella que condujera a “la  certeza del  hecho       y       la       responsabilidad       del       acusado”.   

         En  el  artículo  247  del  Decreto  2700  de  1991  la  exigencia  probatoria    para    condenar    se   circunscribía   a   la   “prueba       que       conduzca       a       la       certeza   del   hecho   punible   y  la  responsabilidad del sindicado”.   

         A  su  vez  en  el artículo 232 de la Ley 600 de 2000 se establece  que  “no se podrá dictar sentencia condenatoria sin  que   obre   en   el   proceso   prueba   que   conduzca   a   la   certeza  de  la conducta punible y de la  responsabilidad del procesado”.   

         Como  viene  de  verse,  es  incuestionable que la certeza sobre la  materialidad  del  delito  y  la  responsabilidad  del  acusado, que a la postre  comporta  la noción de verdad racional dentro del diligenciamiento punitivo, no  es característica exclusiva del sistema procesal penal acusatorio.   

          En  consecuencia,  sólo  cuando  no  se  arriba  a  dicha  certeza  relativa  de índole racional ante la presencia de dudas sobre la materialidad y  existencia  del  delito  investigado  o  sobre  la  responsabilidad del acusado,  siempre  que,  en todo caso, dichas dudas tengan entidad y suficiencia como para  crear  incertidumbre  sobre  tales  aspectos  que  tienen  que  ser  debidamente  acreditados  con  medios  de  prueba reales y posibles en cada caso concreto, no  con  elementos  de  convicción  ideales  o imposibles, ahí, en tal momento, es  posible  acudir  a  la  aplicación  del  principio in  dubio  pro  reo,  esto  es,  resolver  la vacilación  probatoria   en   punto   de   la  demostración  de  la  verdad,  a  favor  del  acusado.   

          Así   las   cosas,   no   resulta  conforme  con  la  teoría  del  conocimiento  exigir  que  la  demostración  de  la  conducta  humana objeto de  investigación  sea absoluta, pues ello siempre será, como ya se dijo, un ideal  imposible  de  alcanzar,  como  que  resulta frecuente que variados aspectos del  acontecer   constitutivo  de  la  génesis  de  un  proceso  penal  no  resulten  cabalmente  acreditados,  caso  en  el  cual,  si  tales  detalles  son nimios o  intrascendentes  frente  a  la información probatoria ponderada en conjunto, se  habrá  conseguido  la certeza racional, más allá de toda duda, requerida para  proferir fallo de condena.   

Por  el contrario, si aspectos sustanciales  sobre  la  materialidad del delito o la responsabilidad del acusado no consiguen  su  demostración  directa o indirecta al valorar el cuadro conjunto de pruebas,  se   impone  constitucional  y  legalmente  aplicar  el  referido  principio  de  resolución  de  la duda a favor del incriminando, el cual a la postre, también  se  encuentra  reconocido  en la normativa internacional como pilar esencial del  debido proceso y de las garantías judiciales.   

          (iii)                     El caso concreto   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones  conceptuales, oportuno resulta traer a colación los argumentos con  fundamento  en  los  cuales  el  Tribunal  decidió  revocar el fallo de condena  proferido  por  el  a  quo,  como sigue:   

“Es  un  hecho  cierto  e  indiscutible  que  en el fallo confutado el juicio de responsabilidad  pregonado  en  contra  del  encausado  en  su  gran mayoría se edificó con las  declaraciones  que  por  fuera  del  proceso la menor agraviada les dijera a los  señores  Marina  Agudelo  Zapata,  Defensora  de Familia, Jorge Gardner Vargas,  Médico  Forense  del  Instituto  de  Medicina  Legal  y Ciencias Forenses, Flor  Marina  Tangarife,  Investigadora del C.T.I. y Jeaneth Quintero Celis, Sicóloga  del   I.C.B.F.  respecto  de  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar en virtud de las cuales ella fue sometida a una serie de  atropellos,   abusos   sexuales  y  demás  villanías  eróticas  supuestamente  perpetradas  por  parte del ahora encausado, lo cual a  su  vez  fue  replicado  por los susodichos en el momento en el que acudieron al  juicio a rendir testimonio.   

“En  el juicio  fue  probado válidamente por parte de la Fiscalía General de la Nación que la  menor  presentaba  un  desgarro  antiguo  en  la región himeneal, lo que sería  indicativo  que la ofendida sostuvo algún tipo de relación carnal o íntima en  la  cual,  como  bien  lo  afirma  el  médico  forense Jorge Gardner Vargas, le  introdujeron  en  la  cavidad vaginal un miembro viril o algún tipo de elemento  similar.   

“Pero a pesar de  ser  un  hecho  cierto  e indubitable el relacionado con la existencia del trato  carnal,  ello  no  acontecería con el grado de credibilidad que merecerían las  sindicaciones  que  la  agraviada  por  boca  de  los  testigos antes enunciados  efectuó  en contra del procesado respecto de las circunstancias de tiempo, modo  y  lugar de su victimización, las cuales, tal y cual lo afirma la recurrente en  la  alzada,  son contradictorias, inconsistentes e incoherentes, si nos atenemos  a lo siguiente:   

“1) No  existe precisión respecto de cuándo y cómo empezaron a tener  ocurrencia  los abusos sexuales, puesto que no sabemos  si  tales  repudiables  hechos  acaecieron  a  partir  del  momento en el que la  ofendida  comenzó  a  compartir cama con el procesado cuando ambos residían en  el  Barrio  San  Nicolás,  tal  y cual como se lo narró a la investigadora del  C.T.I.  Flor  Marina Tangarife; o si por el contrario ello no fue así como bien  se  lo  expresó  a la sicóloga Jeaneth Quintero Celis; o más bien, como se lo  expuso  al  médico  forense  Jorge  Gardner,  ello  aconteció en el Barrio San  Nicolás,  donde  un amigo de la persona a la que ella llamaba como su mamá, es  decir,  la  señora  ALG  ;  o  todo  tuvo  su  inicio  como consecuencia de una  borrachera   que   propició  que  el  acriminado  canallescamente  comenzara  a  satisfacer su libido con ella.   

“Igual  situación  se  refleja  en  lo que tiene que ver con el tema relacionado con la  cesación  de  los  abusos  sexuales, puesto que vemos  cómo  la ofendida sume una posición ambivalente y hasta contradictoria, ya que  afirma  que  todo cesó desde el momento en el que fue rescatada por el I.C.B.F.  pero  en igual sentido expone que el procesado dejó de ponerle las manos encima  cuando  ella  puso  en conocimiento de su novia y de sus tutores todo lo que él  le  hacía;  pero  luego  se  contradice cuando afirma que el acriminado siguió  haciendo   de   las   suyas   a   pesar  de  lo  que  dijo  su  madre,  novia  y  padrino.   

“En lo que tiene  que  ver  con las atestaciones de las Sras Marina Agudelo Zapata y Gloria Amparo  Silva  Mejía, considera la Sala que más que pruebas  de  referencia  estamos  en  presencia  de unos típicos testigos de oídas o ex  auditu,  los cuales, sin tener ningún tipo de soporte probatorio que respaldara  sus  dichos, solo se contentaron en replicar de manera  genérica  e  indeterminada  lo que a su vez la menor agraviada les había dicho  respecto    de    las    circunstancias    de    su   victimización.   

“Finalmente en  lo  que tiene que ver con lo atestado por la sicóloga  Jeaneth  Quintero,  cuando de sus dichos se desprende  que   se   le   debía   otorgar  absoluta  y  total  credibilidad  a  lo  que  la  menor ofendida le expuso a ella por ser reflejo de  unas  vivencias  reales, lo cual le permitió concluir  que  todo  lo  que  le  dijeron era compatible con episodios relacionados con un  abuso  de  tipo  erótico-sexual…  Si  la  menor  le  ofreció  una narración  dispersa,    descontextualizada    y    un   tanto   incoherente,   lo   lógico   es   que   un   relato   de  tales  connotaciones  y  características  que raya en lo farragoso y alambicado, por muy espontáneo que  sea  presentaba una serie de resquicios y grieta que de una u otra forma hacían  mella  tanto  en  su  credibilidad  como  en su lógica y coherencia.   

“Siendo así las  cosas  la  Sala  concluye  que del anterior análisis que hemos efectuado de las  múltiples  versiones  que  la  menor rindió por fuera del juicio, que  a  título  de prueba de referencia admisible fueron allegadas  al  mismo,  se  desprende  que  existe  una  serie  de  graves  contradicciones,  inconsistencias  e  incoherencias que afectan el objeto principal de sus dichos,  las  cuales,  acorde  con  las  reglas  de  la experiencia y de la lógica deben  repercutir  de  manera  negativa  en el grado de credibilidad de todo lo que por  boca  de  terceras personas ha narrado respecto de las circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar  relacionadas con su victimización por parte de MLG ” (subrayas fuera de texto).   

Para     terminar,     el    Tribunal  señaló:   

“Como  conclusión   del   análisis   que  la  Colegiatura  ha  efectuado  del  acervo  probatorio,  con  base  en  las  tesis  expuestas  por  la  apelante  y  los  no  recurrentes,  la  Sala  es  del  criterio  que durante el devenir de la presente  alzada  se  pudo  demostrar  que  a  pesar  que  en el proceso estaba plenamente  acreditado   que   la   menor   fue   accedida  carnalmente,  pero  (sic)  que ante  las  contradicciones,  inconsistencias  e  incoherencias en las que incurrió la  agraviada  en  los  múltiples  relatos  que  rindió por fuera del juicio, ello  conllevaba  que existieran razones plausibles de peso para dudar o poner en tela  de  juicio  las  sindicaciones efectuadas en contra del procesado MLG  como  el  autor  de  dichos  abusos”  (subrayas  fuera de  texto).   

         Respecto   de   dichas   consideraciones  encuentra   la   Corte  lo  siguiente:   

Lo expuesto por los diferentes profesionales  que  escucharon  a  la  niña corresponde a pruebas con total validez al momento  del  análisis  probatorio,  en cuanto aportan su punto de vista sobre el relato  de  los  hechos  suministrado  por  la  menor  al  momento  de  comparecer a las  respectivas   valoraciones,  como  ha  tenido  oportunidad  de  señalarlo  esta  Corporación  en  varias  providencias.  Así,  en  CSJ  SP,  10 mar. 2010. Rad.  32868:   

“En particular,  impera  señalar  que  lo  referido  por  la  víctima  ante las sicólogas y la  médico  forense,  ingresa directamente como elemento  de  juicio  menesteroso  de considerar, pues, en tanto  fundamento  de  la  experticia, hace parte integral de la misma, como claramente  lo  dejó  sentado  la  Sala en oportunidad anterior5:   

“Impera destacar  que  mientras  el  testigo,  en estricto sentido y por regla general, suministra  una  declaración  acerca de su experiencia en hechos pasados que haya percibido  directamente  bajo  el influjo de sus sentidos, el perito al rendir su dictamen,  entendido  en  los  dos  actos  que  lo  componen,  puede  emitir  su opinión y  transmitir   su   conocimiento   acerca   de  cuestiones  pasadas,  presentes  o  futuras.   

Ocasión  en la cual, igualmente, le restó  su consideración como prueba de referencia:   

“6.3.   Con  sustento  en  lo  anterior,  la  afirmación del ad-quem en el sentido de que la  prueba  de  referencia mediante la cual se acreditó la ocurrencia de los hechos  constitutivos  de  las  conductas  punibles y la autoría de ésta en cabeza del  procesado,  no  cuenta  con  otros  elementos  de  conocimiento que la respalden  carece  de  fundamento  legal, pues en el caso concreto la declaración obtenida  en  el  juicio oral del perito psiquiatra constituye prueba técnica pericial, a  la  que  el  artículo  405  de  la  Ley  906  de  2004 ordena aplicar en lo que  corresponda  las  reglas del testimonio, y como tal se debe apreciar.   

“Aun cuando es  cierto  que  el  aludido  profesional  no  presenció  los  hechos, la menor fue  valorada  por  el galeno, quien hizo una narración de eventos, circunstancias y  conclusiones  que fueron sometidos a examen en el curso del juicio oral y, desde  ese  punto  de  vista,  aportó  su  conocimiento  personal,  cumpliendo  con lo  ordenado  por  el  artículo  402  del  Código de Procedimiento Penal. (…) Es  claro,  así  mismo,  que  la  prueba  tomada  a  partir de lo dicho por menores  víctimas  de  delitos,  demanda  de especial cuidado por virtud de los derechos  que  se  hallan  en  juego,  la  necesidad  de no revictimizar al afectado y las  limitaciones  propias  de su corta edad. Ello ha conducido a que la Sala incluso  advierta,  en  seguimiento  de  claras pautas constitucionales y legales, que en  determinados   eventos   se  hace  necesario  valorar  con  plenos  efectos  las  entrevistas  o  versiones  rendidas  previamente, dado el daño que puede causar  obligar  a  que  el  menor  acuda  a la audiencia (aún con las posibilidades de  Cámara  Gesell  y  la mediación de profesionales que los asistan) o se le pida  recordar el evento traumático.   

También  se  precisó  en  CSJ AP, 10 oct.  2012, Rad. 39511:   

“Así,   en  materias  de  esta  índole,  es decir en casos de delitos sexuales, la Corte ha  señalado  que  las  declaraciones  de  expertos  para las que han acudido a las  entrevistas   practicadas  a  las  víctimas,  no  se  constituyen  en pruebas de referencia, porque no se trata de dilucidar el suceso  punible,  sino  la  veracidad  o  confiabilidad  de  la narración de los hechos  suministrados  por las personas entrevistadas, para lo  cual   el  perito  pone  al  servicio  de  la  administración  de  justicia  su  conocimiento  personal,  no  respecto  de  los acontecimientos que configuran la  conducta  delictiva, se repite, sino de la confianza que le merece el relato que  de  los  mismos  hicieron  los  ofendidos  u  otra  persona, ello a partir de su  formación   científica   y   su   experiencia   en  el  tratamiento  de  casos  similares”6    (subrayas    fuera    de  texto).   

Y en sentido similar (CSJ AP. 27 jun. 2012,  Rad. 35791):   

“A   este  respecto,   basta   recordar   que   para   la   Sala  ciertamente  dichas   pruebas   ostentan  plena  autonomía  y  son  objetos  de  valoración  en la sentencia en correspondencia con las demás practicadas en el  juicio,   toda   vez   que   comprenden  todo  cuanto  los  testigos  escucharon  directamente   exponer   a   la  menor  ofendida  sobre  los  hechos,  haciendo  desde  la  perspectiva de su especialidad conceptos de  rigor,  que son incorporados dentro del ámbito propio del juicio, junto con sus  declaraciones  y  en estricto apego a los principios de publicidad, inmediación  y   contradicción”  (subrayas  fuera  de  texto).   

Precisada  la  valía  demostrativa  de las  declaraciones  de  los  profesionales en el proceso penal colombiano tratándose  de  niños víctimas de delitos sexuales, constata la Sala que en los relatos de  la  menor  a  la  Trabajadora  Social  Gloria Mercedes  Alvis,   la   Defensora   de   Familia  Marina   Agudelo,  el  Médico  Legista  Jorge  Federico Gartner, la  Psicóloga  Yaneth Quintero  y  la  Trabajadora  Gloria  Amparo  Silva,  expuso  reiteradamente  que fue abusada sexualmente por parte de  MLG  ,  sin  aludir a otro  eventual  responsable  de  los  vejámenes  a  los  que  fue sometida a su corta  edad.   

En  tal  sentido  se  tiene  que al Médico  Legista le manifestó el 13 de octubre de 2006:   

“M me metió el  pene  en  la  vagina pero no todo porque me dolió, me  quitó  el  pantalón y el calzón, en la casa en el barrio (…) , eso  fue  como  en  julio  y  también  lo había hecho  en  (…)  donde  un  amigo  de  mi  mamá,  en  mi casa nadie me  creía” (subrayas fuera de texto).   

         En  la  entrevista  rendida  el  8  de  marzo  de  2007  indicó la  niña:   

“La primera vez  que  pasó  eso  con M fue cuando mi mamá Alba Lucía  me  llevó  a  San Nicolás, como cuando yo tenía 8 años y mi mamá me acostó  con  M.  La  última vez fue cuando yo conté a mi tía, ella es Sandra. Una vez  le  conté  y  ella le dijo a mi mamá Alba Lucía y ella llamó a M y este dijo  que      era      mentirosa,      pero      nadie      me     creyó”.   

         A  la  psicóloga  del  Instituto  Colombiano de Bienestar Familiar  Yaneth  Quintero  Celis le  expuso el 3 de noviembre de 2006:   

“M    me  violó”,  “él comenzó  a  violarme  y me decía que no vaya a contar nada y me amenazaba y yo estaba en  la  pieza  cuando  él  llegó y me tiró a la cama y comenzó a tocarme todo el  cuerpo  y  me metía el pene en la vagina”.   

“El  siguió  hasta que Bienestar fue por mí”.   

“Ese  día  mi  mamá  fue y se acostó en otra pieza, pero en la misma cama, ella se acostó en  la  misma  pieza  y  el señor en la segunda, y cuando ellos se acostaron él se  acostó  y  empezó  a molestarme y me metía el pene  por  la  vagina.  Ese  día  me  metió  el  pene por la boca y después siguió  metiéndome  el  pene por la vagina, y después él me  quitó  la  cabeza  de  ahí  y  salió  una  cosa  blanca  encima del cuerpo de  él”.   

“La última vez  fue  por  la  tarde,  él  estaba allá en la cama por la tarde y me cogió y me  tiró  a  la  cama,  pero  no me metía el pene en la  vagina,  sólo  en  la  boca y me tocaba, pero rápido  porque   ese   día  había  mucha  gente  allá,  y  luego  Bienestar  fue  por  mí”.   

“Ahí  en  la  pieza  se  quitó  la  toalla,  me recostó contra el  baúl  y  me  metió  el pene por la boca” (subrayas  fuera de texto).   

         Como  viene  de  verse,  encuentra la Sala que el Tribunal tuvo por  demostrado  que  el  perito  médico  estableció  un desgarro en el himen de la  niña,  compatible con acceso sexual en la cavidad vaginal de un miembro viril u  otro  objeto  similar.  No  obstante,  consideró  el  juez  plural que sobre la  responsabilidad    penal    de    ML   en  la comisión de los múltiples accesos carnales por vía oral y  vaginal relatados por la niña existen dudas.   

         Sobre  el  particular  advierte la Corte que tal como se plantea en  las  demandas y es avalado por el Ministerio Público en el traslado respectivo,  de  los  relatos  de  la víctima no surge duda alguna acerca de la autoría del  referido   concurso   de   delitos  en  cabeza  de  M  L.   

         Así  pues,  si los abusos sexuales comenzaron en el barrio (…) o  en  el  barrio (…) , es una temática que no tiene la virtud de desnaturalizar  la  credibilidad  del  relato de la niña acerca de que fue sometida sexualmente  en  muchas ocasiones, y que quien procedió a ello fue el acusado, de manera que  incurre  en  un  falso  raciocinio al exigir como regla de la experiencia que la  declaración  de  una  menor  abusada  sexualmente  requiere  para tener aptitud  demostrativa precisión sobre el lugar de los acontecimientos.   

         Tampoco  tiene  importancia  si  la  sucesión  de  abusos sexuales  culminó   por  voluntad  del  propio  LG,  porque  intervino  Bienestar  Familiar,  o  porque  la  víctima  enteró  de  tales  sucesos  a  la  novia  del depredador sexual; vale decir, en  cualquiera  de  las tres posibilidades anunciadas, lo cierto es que el procesado  sometió  sexualmente  a  la  niña  en  varias oportunidades. De nuevo aquí el  ad quem incurre en un error  de  hecho  por falso raciocinio al erigir en regla de la experiencia, sin serlo,  que  en  la acreditación de la materialidad y responsabilidad de un concurso de  delitos  como  el  investigado es imprescindible que la víctima precise cuándo  culminaron los abusos.   

Con  relación  a  lo expuesto en el debate  oral    por   la   Defensora   de   Familia   Marina  Agudelo     y    la    Trabajadora    Gloria  Amparo Silva, cuyas declaraciones  demerita  el  Tribunal por tratarse de testigos de oídas, baste señalar de una  parte,  que  la  fuente  de  sus  manifestaciones  proviene  de  la  misma menor  agredida,  y  de  otra,  que son coincidentes en lo fundamental, esto es, en que  ML  accedió sexualmente en  muchas  ocasiones  a  la  niña,  aspecto  corroborado  con  lo declarado por la  Trabajadora  Social  Gloria Mercedes Alvis,  el  Médico  Legista  Jorge  Federico  Gartner     y     la    Psicóloga    Yaneth  Quintero,  de  tal manera que el  Tribunal  yerra  al  descartar  de plano los referidos testimonios, sin tener en  cuenta  las  reglas  que  en punto de las declaraciones de los profesionales que  han  escuchado  a niños víctimas de delitos sexuales ha definido el legislador  y  ha  desarrollado la jurisprudencia, máxime si en casos como el de la especie  no  fue  posible  la  concurrencia de la víctima (fuente de la información) al  juicio   oral,   en   cuanto   se  encuentra  en  el  exterior  por  haber  sido  adoptada.   

         Respecto    del    testimonio   de   la   psicóloga   Jeaneth    Quintero,    encuentra   la  Colegiatura   que   una   vez   más  el  Tribunal  establece  incongruencias  e  imprecisiones  donde  no las hay, o por lo menos, donde resultan manifiestamente  intrascendentes      y      ajenas     al     tema  probandum  que  dio  lugar a este averiguatorio, pues  huelga  precisar  que  conforme a las reglas de la experiencia, el relato de una  niña  sobre unos hechos que le han causado tan hondo impacto, no tiene por qué  ser  concreto, claro, lógico, sucesivo, ordenado y coherente como lo reclama el  ad  quem  como  condición  para  otorgarle  valía,  pues el por el contrario, ello supondría una indebida  preparación, cual si se tratase de un libreto.   

No,  la  narración  de  una víctima sobre  hechos  arrasadores  como  los  investigados en este diligenciamiento, por regla  general,   resulta  atropellada,  desordenada,  en  ocasiones  confusa  y  hasta  increíble,  con  mayor  razón  si se trata de una niña, pero lo importante es  que  el  cuadro  conjunto  pueda  ser  reproducido  y  le permita al funcionario  judicial  reconstruir  el  escenario,  sin  quedarse  en  nimiedades  capaces de  convertir  impropiamente  el  derecho  a  la presunción de inocencia, en un mal  entendido   derecho  a  la  impunidad,  insostenible  en  el  modelo  de  Estado  colombiano,  además de no corresponderse con el referido estado de certeza  racional relativa, más allá de  toda duda sobre la responsabilidad del acusado.   

         Sucintamente puede concluirse:   

(i)  La  niña ha relatado que fue accedida  carnalmente  por  ML  y el  médico legista estableció que su himen se encuentra desgarrado.   

(ii) La víctima describe al agresor como un  individuo     altísimo     a     quien     identifica     como     M,  y en efecto, según se acreditó con  la  tarjeta  de  preparación  de  la Registraduría Nacional, el procesado mide  1.93   metros,   aspecto   pretermitido   por  el  ad  quem    (falso    juicio    de    existencia    por  omisión).   

(iii) La menor declaró que quien la violó  la   recostó   contra   un   baúl,   y   la  Trabajadora  Social  Gloria  Amparo  Silva  dio  cuenta de la  existencia   de   tal   elemento  en  la  habitación  de  la  niña  un  baúl,  circunstancia   no   ponderada   en   el   fallo   atacado   (falso   juicio  de  identidad).   

(iv)  Varios  testigos  declararon  que  el  acusado  no  estudiaba ni trabajaba y permanecía en la casa con la niña, quien  estaba  desescolarizada,  lo  cual  permite  advertir  una  estrecha y constante  cercanía con la víctima.   

(v) La situación de desescolarización de  la  niña,  unida su estado de desnutrición da pábulo para colegir el descuido  de quienes fungían como sus cuidadores.   

(vi)  Según  lo  expuso  la  psicóloga  Yaneth Quintero Celis en el  debate  oral,  no  estableció  alguna  animadversión  de  la menor respecto de  M  L,  lo  cual  descarta  algún  interés  en  mentir  o  en  perjudicarlo,  aspecto  no  valorado por el  Tribunal (falso raciocinio).   

(vii) La misma profesional señaló que la  víctima   era  coherente  en  su  relato,  tenía  gestos  naturales  y  sabía  diferenciar las verdades de las mentiras.   

Finalmente  se tiene que la niña en todas  sus  intervenciones  señaló  en  forma  directa  y  sin  dubitación  alguna a  ML  como la persona que en  varias   ocasiones  abusó  sexualmente  de  ella,  circunstancia  no  ponderada  adecuadamente por el Tribunal (falso raciocinio).   

         Entonces,  si  de  tiempo atrás la Sala ha puntualizado (sentencia  del   26   de   enero  de  2006.  Rad.  23706,  entre  otras),  conforme  a  las  recomendaciones  que  en  el ámbito internacional y nacional se ocupan del tema  puntual,   que   tratándose   de   niños  víctimas  de  delitos  sexuales  es  indeclinable  no  desechar  lo  expuesto  por  ellos,  sino  desentrañar de sus  relatos   la   verdad   de   los  sucesos,  desde  luego,  sin  convertir  tales  declaraciones   en   aspectos   incontrovertibles,   sino  cotejándolos  en  la  reconstrucción  de  los  hechos  a  partir  de su concatenación con los demás  medios  de  prueba,  no  hay duda alguna que en este asunto, como lo deprecan en  sus  demandas la Fiscalía y la apoderada de las víctimas, y lo plantean en sus  intervenciones  en  la  audiencia  de  sustentación el mismo ente acusador y el  Ministerio  Público,  se  encuentra acreditada más allá de toda duda tanto la  materialidad  de  los delitos imputados, como la responsabilidad respecto de los  mismos    por    parte    de    MLG    .   

         Así  pues,  si  en  el  análisis  de  las  pruebas obrantes en la  actuación  el Tribunal Superior de Pereira incurrió en errores de apreciación  (falsos  raciocinios, falsos  juicios  de  identidad  por  cercenamiento  y  falso  juicio  de  existencia por  omisión)  los  cuales  lo  llevaron  a  proferir  un  fallo  absolutorio,  cuya  “fundamentación    fáctica,    probatoria    y  jurídica”  (artículo 162-4 de la Ley 906 de 2004)  resultó  carente  de  apoyatura,  es  claro  que  incurrió  en una motivación  sofística  o  aparente  que  socava  la  estructura  fáctica y jurídica de su  decisión7.   

Por  tanto,  como  de  conformidad  con el  recaudo  de  pruebas  se  imponía  proferir sentencia condenatoria en contra de  MLG  , palmario resulta que  los  referidos  errores  son trascendentes en el sentido del fallo, amén de que  comportan  un  vicio  en la motivación del mismo, esto es, tornan sofística la  argumentación  orientada  a  sustentar la absolución del acusado, todo lo cual  impone  a  la Sala casar la sentencia dictada por el Tribunal, para en su lugar,  confirmar el proveído condenatorio de primer grado.   

Casación oficiosa  

         Pese   a   que   por   la  casación  del  fallo  del  ad  quem  se dispone la confirmación de  la  sentencia  del  a  quo,  encuentra  la Sala que la dosificación de la pena no se realizó conforme a los  cánones  legales  y la jurisprudencia de esta Colegiatura, lo cual impone casar  de  manera  oficiosa  y  parcial  tal aspecto, en orden a cuantificar adecuada y  legalmente la pena, como a continuación se procede.   

MLG   fue  acusado  por  el  concurso de delitos de acceso carnal violento (artículos 31 y  205  Ley  599  de  2000)  agravado  (numerales  2º  y  4º  del  artículo  211  ídem,  esto  es,  si  el  “responsable tuviere cualquier carácter, posición  o  cargo  que  le  dé  particular  autoridad  sobre  la víctima o la impulse a  depositar  en él su confianza”, el primero, y si el  delito  “se  realizare  sobre persona menor de doce  (12)  años”,  el segundo) con una circunstancia de  mayor  punibilidad (artículo 58-5 ejusdem,   vale   decir,   por  “Ejecutar  la  conducta   punible   mediante  ocultamiento,  con  abuso  de  la  condición  de  superioridad  sobre  la víctima, o aprovechando circunstancias de tiempo, modo,  lugar  que  dificulten  la defensa del ofendido o la identificación del autor o  partícipe)”.   

         Conforme  a la acusación, fue condenado a la sanción principal de  treinta  (30)  años  de  prisión,  para  lo  cual  adujo  el  juez  de primera  instancia:   

“De conformidad  con  el aumento previsto en la Ley 890 de 2004 para este tipo penal, los cuartos  de  movilidad quedan de la siguiente manera: Mínimo: 128 meses a 163 meses y 15  días;  1º  cuarto medio: 163 meses 16 días a 199 meses; 2º cuarto medio: 199  meses  1  día  a  234  meses  y  15  días;  Máximo:  234 meses 16 días a 270  meses.   

“Como concurren  las  circunstancias  de  agravación  previstas  en  los  numerales  2  y  4 del  artículo    211    C.P.,    la    primera    referida    a    la   posición  que  el procesado tenía sobre la víctima, a quien ella  consideraba  su  hermano,  lo que le daba autoridad y hacía que ella depositara  en  él su confianza, y la segunda, inherente a que la  víctima  tenía por la época de los hechos menos de  12  años  de edad, la pena de acuerdo con lo previsto  en  la  norma mencionada modificada por el artículo 14 de la Ley 890 de 2044 se  incrementa  en  la tercera parte respecto del mínimo y en la mitad respecto del  máximo, quedando los cuartos de punibilidad así:   

“Mínimo:  170  meses  18 días a 229 días 6 días; 1º cuarto medio: 229 meses y 6 días a 287  meses  y  24  días; 2º cuarto medio: 287 meses 24 días a 346 meses y 4 días;  Máximo: 346 meses 12 días a 405 meses.   

“Obran en contra  del  acusado  MLG   circunstancias  de  mayor  punibilidad  como  el  hecho  referido  por  la  Fiscalía y consagrado en el numeral 5º del artículo 58 del  C.P.,  por haber ejecutado la conducta con abuso de la  condición  de  superioridad  sobre  la víctima. Ello  unido  a  la  gravedad  especial de este ilícito, a su peculiaridad que lo hace  más  reprochable  y  condigno  de  mayor  reproche  jurídico  por  tratarse la  víctima  de  una  menor  de edad; por el daño real perpetrado a la menor y los  efectos  nocivos  que  para ella causó la conducta que se reprime; por el daño  potencial  creado y el grado de culpabilidad que se presenta por la reiteración  de  la  conducta  lo  cual refleja mayor intensidad del dolo; por la prevención  general  cuya  pretensión  consiste en que las personas se abstengan de cometer  delitos  para  lo  cual  se acude a la amenaza de pena y, finalmente, como justa  retribución  s  la  magnitud  del  daño  ocasionado por el autor del ilícito,  la  pena  debe  quedar  ubicada  dentro  del  cuarto  máximo,   correspondiendo   en  este  caso  a  una  pena  de  346  meses  y  12  días.   Pena   que   se  incrementa  en  atención  al  concurso homogéneo de conductas punibles para un  total  de  pena  de  TRESCIENTOS SESTENTA (360) MESES DE PRISIÓN, como sanción  principal.   

“Se le aplica la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  término  de  20  años,  artículos  44  y  51  del  Código  Penal” (subrayas fuera de texto).   

         Como  ya se advirtió, sobre dicha dosificación punitiva se impone  realizar varias glosas, así:   

a)           No   hay   duda   que   concurre   la  circunstancia  de  agravación  punitiva  específica  contenida en el artículo  211-4  del estatuto penal, toda vez que la víctima para la época de los hechos  tenía  menos  de 12 años de edad. No ocurre igual con la circunstancia reglada  en  el  artículo  211-2  del mismo ordenamiento, referida a la posición que el  procesado  tenía  sobre  la  menor, pues huelga señalar que si se trató de un  acceso  carnal  violento, en el cual el agresor sometió por la fuerza física a  la  niña,  ninguna injerencia tuvo su posición para contar con autoridad sobre  la  víctima o conseguir que depositara en él su confianza, y por tal razón se  impone  casar  oficiosa  y  parcialmente  el fallo para marginar dicho agravante  específico.   

         b)  Si  bien  concurre  la circunstancia de mayor punibilidad establecida en el artículo 58-5  del  estatuto  penal y que fue deducida en la acusación, referida a ejecutar la  conducta  punible  “con  abuso  de la condición de  superioridad  sobre  la  víctima”,  es  claro  que  también  se  configura  la  circunstancia  de menor punibilidad dispuesta en el  artículo    55-1    del    mismo    ordenamiento,   dada   la   “carencia  de  antecedentes  penales” de  MLG  , no ponderada por el  a  quo,  y  que lo condujo  equivocadamente  a  ubicarse  en el cuarto máximo de movilidad punitiva, cuando  debía colocarse en los cuartos medios.   

Así las cosas, los extremos punitivos para  el  delito  de  acceso  carnal violento agravado (artículos 205 en concordancia  con  el  211 de la Ley 599 de 2000. No se aplica el artículo 1º de la Ley 1236  del  23  de  julio de 2008 en virtud del principio de irretroactividad de la ley  penal,  toda  vez  que  los  hechos ocurrieron antes de su vigencia), son de 128  meses  a  270  meses  de  prisión.  Al  aplicar  el  incremento señalado en el  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004 arroja unos límites de punibilidad de 170  meses y 19 días a 405 meses de pena privativa de libertad.   

El sistema de cuartos queda así: Primero:  170  meses  y 19 días a 229 meses y 7 días; segundo: 229 meses y 8 días a 287  meses  y  24  días;  tercero:  287  meses  y 25 días a 346 meses y 12 días; y  último: 346 meses y 13 días a 405 meses de prisión.   

         Como  en este caso hay una circunstancia de mayor punibilidad y una  de  menor  punición,  conforme a las reglas del artículo 61 del estatuto penal  la  sanción se debe ubicar en los cuartos intermedios, es decir, de 229 meses y  8 días a 346 meses y 12 días.   

         Dado    que    el   a   quo  tomó  como  base  la  pena  mínima  del cuarto máximo, la cual  incrementó   en  4.04%  en  razón  del  concurso  homogéneo  de  delitos,  se  procederá  de  manera similar a tomar como punto de partida la sanción mínima  de  los  cuartos  intermedios,  esto  es,  229  meses  y  8  días  de prisión,  incrementada  en  el  4.04%  (9  meses y 7 días), para un total de doscientos  treinta  y  ocho  (238)  meses  y  quince  (15)  de  prisión, de modo que se casa oficiosa y parcialmente  el  fallo  para  tasar  en  dicho  quantum  tanto  la  pena principal dosificada  inicialmente  en  360  meses  de  prisión, como la accesoria cuantificada en 20  años.   

          Cuestión final   

        Como  ya  ha  tenido  oportunidad  de  disponerlo  la Sala en otros  casos (Cfr. Sentencia del 5  de   noviembre   de   2008.  Rad.  29678),  dado  el  papel  preventivo  y los procedimientos especiales que  corresponde  adoptar  al  Estado  cuando  los  niños, niñas y adolescentes son  víctimas  de delitos, a través de las Entidades del Sistema de Responsabilidad  Penal   de   Adolescentes,   se   ordena    remitir    copia    de    la    sentencia    al   Instituto     Colombiano     de    Bienestar    Familiar,      entidad      encargada      de      los      “lineamientos  técnicos” en la materia  (L.  1098  de  2006),  máxime  si  la  víctima  fue  entregada  por  dicha  institución a ALGC,    madre   del   agresor   condenado.   

         Por  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.            CASAR   la  sentencia  absolutoria  de  segundo  grado,  para en su lugar confirmar el fallo  condenatorio   de   primera   instancia  proferido  en  contra  de  MLG,   con   las   salvedades   que   a  continuación se expresan.   

        2.        CASAR   oficiosa   y   parcialmente   la  sentencia   condenatoria   del   a   quo,  para  tasar la pena principal en doscientos treinta y ocho (238)  meses  y  quince  (15)  días de prisión, lapso en cual también se dosifica la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

3.           DECLARAR que en  lo demás el fallo permanece incólume.   

4.              LIBRAR  inmediatamente la correspondiente orden de captura.   

        5.                      REMITIR copia de esta  providencia  al  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar  para  lo de su competencia  (Artículo  163 de la Ley 1098 de 2006).   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.   

2 Cfr.  Sentencia   de  casación  del  5  de  diciembre  de  2007.  Rad.  28432,  entre  otras.   

3 Cfr.  Sentencia   de  casación  del  5  de  diciembre  de  2007.  Rad.  28432,  entre  otras.   

4  En  este sentido sentencia C-609 del 13 de noviembre de 1999.   

5  Sentencia    del    17   de   septiembre   de   2008.   Rad.   29609.   

6 Cf.  Corte  Suprema  de  Justicia.  Casación  Penal. Proveídos del 21 de febrero de  2007.  Rad.  25920; 29 de febrero de 2008. Rad 28257 y 17 de septiembre de 2008.  Rad. 29606.   

7  Sentencia del 20 de mayo de 2003. Rad. 20756, entre otras.     

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