SP2996-2014(43317)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

SP 2996-2014  

Radicación N° 43317  

(Aprobado  Acta No.  074)   

Bogotá  D.C.,  marzo  doce  (12)  de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión  de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado ALBERTO  CARLOS  GUARÍN  PERTUZ contra la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el  16  de  septiembre  de 2013, a través de la cual confirmó la  dictada   el  27  de  mayo  anterior  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de Soledad que condenó al mencionado por el delito de homicidio  culposo.   

  HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  compendiados  por  el  a  quo,  de  la  siguiente  forma:     

El 29 de mayo de 2005 a  las  7:00  a.m.  se  dispuso  a  trabajar el señor Fredy Rafael Villa Escorcia,  junto  con  sus  compañeros  de  cuadrilla  Julio César Cantillo Torres, José  Francisco   Pugliesse,  Adalberto  Zabaleta  Agua,  Aníbal  Antonio  Manjarrés  Celín,  Alfonso  Maya  de la Hoz, Álvaro José Donado Fuentes y Nelson Enrique  Pulecio  a  cargo  del  ingeniero ALBERTO CARLOS GUARÍN PERTUZ, quien ordenó a  los  trabajadores  subir a los postes ubicados a la altura del Batallón Vergara  y  Velasco  a  instalar  las  pateclas  con  el  fin  de  adelantar el cambio de  conductores  de  los  circuitos  sur  y  Mesolandia  del  municipio  de Malambo-  Atlántico.  Seguidamente  el  liniero  Fredy  Rafael Villa Escorcia remontó el  poste  que le correspondía, colocó la patecla y al descender con su codo tocó  la  línea  que  se encontraba energizada produciéndose el deceso inmediato por  electrocución.   

       

Por  razón  de  los  hechos  anteriores, se  dispuso  la  apertura  de la correspondiente investigación dentro de la cual se  vinculó,   mediante   diligencia   de   indagatoria,  al  ingeniero        ALBERTO       CARLOS       GUARÍN       PERTUZ.   

Una  vez clausurado el ciclo instructivo, se  calificó  el mérito del sumario el 28 de septiembre de 2007 con resolución de  acusación  en  contra  del procesado como posible autor del delito de homicidio  culposo,  la  cual  fue confirmada el 18 de marzo de 2009 por un Fiscal Delegado  ante el Tribunal de Barranquilla.   

Para  la prosecución de la fase del juicio,  la  actuación  se  asignó  al  Juzgado Penal del Circuito de Descongestión de  Soledad   ante   el   cual  se  tramitaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento.  Al  cabo de esta última, el despacho judicial dictó sentencia el  27   de   mayo   de   2013,  por  medio  de  la  cual  condenó  a  GUARÍN  PERTUZ a las penas principales de  treinta  y  seis (36) meses de prisión, multa por valor de 20 salarios mínimos  legales  mensuales  y a la inhabilitación para el ejercicio de la profesión de  ingeniero  eléctrico  por  un  lapso  de  veinticuatro (24) meses, así como la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por el mismo término de la pena aflictiva de la libertad.   

Esta decisión fue impugnada por la defensa,  razón  por  la  cual  se  pronunció  el  Tribunal  de  Barranquilla  el  16 de  septiembre siguiente, impartiendo confirmación a la decisión.   

Contra  el  fallo  anterior, el mismo sujeto  procesal,  en  forma  exclusiva,  interpuso recurso extraordinario de casación,  mediante   demanda   presentada  oportunamente,  cuya  admisibilidad  procede  a  estudiar             la             Sala1.   

LA DEMANDA  

          Un  único  cargo  formula el defensor contra el fallo recurrido con  fundamento  en  la  causal  primera, cuerpo segundo, del artículo 207 de la Ley  600  de 2000, por violación indirecta de la ley sustancial proveniente de error  de    hecho    por    falso    juicio   de   existencia   en   la   apreciación  probatoria.   

          El  yerro,  aduce el libelista, se generó por desconocimiento de la  “multiplicidad   de   las   pruebas  testimoniales  recaudadas      durante      la     etapa     de     instrucción”.     

          Refiere,   en   concreto,   a   las  declaraciones  de  Álvaro  José  Donado  Fuentes, quien fue  enfático  en  precisar  por  qué razón en el caso particular no se cumplieron  las  reglas  de  oro  de  seguridad  en  los  hechos  que generaron la muerte de  Fredy  Villa  Escorcia,  en  cuanto  el  occiso trabajó distante de la línea energizada, como así mismo lo  ratificó  Nelson Enrique Palacio Oquendo  agregando  que  no era necesario desenergizar la línea del frente  puesto  que  el  trabajo  a  realizar  comprometía un poste libre, “atribuyéndole   a   un  estado  subjetivo  de  la  víctima  el  comportamiento imprudente”.   

Para el actor, el juzgador de la misma forma  desatendió  el  dicho  de  Aníbal Antonio Manjarrés  Celis,  quien  también  atribuyó el deceso a un acto  accidental,  debido  “a la desconcentración por la  posición  tan  peligrosa  que tomó la víctima conociendo los riesgos que esto  conlleva,  o  sea,  al  no mantener con seguridad sus movimientos, los puntos de  apoyo      y     violó     la     distancia     de     seguridad”.   

Igualmente,  dice,  se  verifica  el  error  “al  desatender  el valor probatorio de lo expuesto  durante  la  etapa  de indagatoria e interrogatorio por el señor ALBERTO CARLOS  GUARÍN  PERTUZ”  al manifestar que la orden dada al  operario   se  fundamentó  “en  bases  normativas,  técnicas,  establecidas  por  la unión FENOSA y el RETIE en donde se establece  las   distancias  (sic)  de  seguridad  para trabajar cerca de una línea energizada, señalando que el poste  se  encontraba  separado  a  unos  50  cms.  de la línea y el punto donde iba a  elaborar  la cruceta tiene 2.40 mts., con lo que la víctima tenía que trabajar  en  la esquina de la cruceta que lo ubicaba a una distancia de 2.90 de la línea  energizada,  si el occiso medía 192, la distancia según la norma es de 80 cms,  con  los  brazos extendidos, tomando como referencia la distancia de mano a mano  con  los brazos abiertos, como la distancia total del cuerpo, lo que se tendría  (sic)  una medida de 95 más  8,  lo  que  daría  1.75  o  1.90  cms, quedando a una distancia de 1.3 cms que  cumple  con  las  normas  de  seguridad  establecidas  en  la unión FENOSA y el  conjunto    normativo   conocido   con   el   nombre   de   RETIE”.   

Todo lo anterior, agrega, fue desconocido por  el  juzgador  de  segunda instancia, como igual ocurrió con lo advertido por el  testigo        Álvaro       Donado,  adscrito a la  firma  INGELEL,  encargado  de  impartir  las  órdenes, distribuir las tareas y  verificar las condiciones de seguridad.   

Igualmente,  afirma,  el  juzgador  dejó de  apreciar  uno  de  los  elementos  de  la  imputación objetiva referido a si la  responsabilidad   se   deriva   exclusivamente   de   la  víctima  “y  contrariamente  excluir  la  tipicidad  de  la conducta de mi  patrocinado”.   

Además,  “no se  adentró  la  colegiatura  a  analizar  bajo  la lupa de la sana crítica que el  señor  Fredy  Villa  para la fecha de los acontecimientos conocía la labor que  iba  a ejecutar, había recibido instrucciones claras de lo que iba a instalar y  de  igual  manera conocía la distancia reglamentaría que había entre el poste  sin  energía y las líneas que sí poseían energía eléctrica, de las pruebas  recaudadas  en  la etapa de instrucción y juzgamiento se desprende con claridad  suficiente  que  el  capataz  de  la  obra,  había transmitido con claridad las  instrucciones y previsiones necesarias”.   

Así las cosas, encuentra que la víctima fue  desobediente   frente  a  lo  ordenado  y  ese  comportamiento  desencadenó  el  resultado,  máxime  cuando  tenía  una  experiencia de más de 15 años en esa  actividad.   

Por    ello,    prosigue,   “se  infringió de manera directa la ley sustancial por cuanto no  se  valoró  la  ausencia de responsabilidad, entendida ésta como el objeto del  deber  de  cuidado  cuya presunta violación se le endilga hoy a ALBERTO GUARÍN  PERTUZ”.   

También  se  dejó de valorar, sostiene, el  postulado  constitucional  de  buena  fe previsto en el artículo 83 de la Carta  Política,  la  cual  siempre  se  presume,  a  la  par que se desconocieron los  artículos  238  del  estatuto  procesal  sobre la valoración en conjunto de la  prueba,  el  29 de la Carta Fundamental en torno a la presunción de inocencia y  el  232,  también  de  ordenamiento  adjetivo,  que  consagra  el  principio de  necesidad de la prueba.   

Acto  seguido,  en  el acápite “demostración  de  la  configuración  de  la  causal  alegada y  trascendencia  de  la  vulneración”  acota  que  su  defendido  actuó bajo la convicción errada e invencible de que con su conducta  no  concurrían  los elementos propios del tipo penal culposo, pues “de  haber  conocido  que  Fredy  Villa  realizaría una conducta  inapropiada  o imprudente jamás le hubiera confiado labor alguna”.   

Al   no   haber  acogido  el  ad  quem  “la  inculpabilidad  planteada por la imprudencia de la  víctima  estaría  deduciendo  una  responsabilidad puramente objetiva, pues en  tales  condiciones  Villa  no  pudo actuar dolosa ni culposamente”.  Así mismo, desatendió “el principio  de  precedente  jurisprudencial  que establece como elemento esencial del delito  culposo,    la    relación    de    causalidad    entre   la   acción   y   el  resultado”,  porque  la imputación sólo se produce  cuando  el  agente  con  su  comportamiento  despliega  una  actividad  riesgosa  sobrepasando los niveles del riesgo permitido.   

En este caso, por consiguiente, considera que  la  imputación no es procedente dado que la muerte es atribuible exclusivamente  a  la  conducta  imprudente  de  la  víctima “en la  medida  en  que  desconociendo  las  directrices impartidas por el capataz de la  obra  ascendió  y luego descendió por un lugar diferente, entrando en contacto  de  manera  imprudente  con  unas  líneas  energizadas,  ubicadas  en  el poste  totalmente     diferentes     (sic)    en  el  que  se  le  señaló  la labor a realizar y que consistía  simplemente     en     la     colocación    de    una    patecla”.   

En ese orden, estima para finalizar, que con  la  sentencia  también  se hizo caso omiso de lo previsto en el artículo 9 del  Código  Penal,  de acuerdo con el cual la causalidad por sí sola no basta para  la imputación jurídica de un resultado.   

Con sustento en lo expuesto, depreca casar la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, se profiera la que en derecho corresponda,  “decisión   que   restablecería  las  garantías  constitucionales    legales    (sic)    conculcadas     a     mi     apadrinado     judicial”.      

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Lo  primero  que  se debe dejar en claro en orden a determinar si el  libelo   satisface   los   presupuestos   de  admisibilidad  es  que  el  asunto  sub  exámine no permite el  acceso  al  medio extraordinario de casación por la senda normal o tradicional,  sino por la denominada vía excepcional o discrecional.   

          En  efecto, de conformidad con el inciso 1º del artículo 205 de la  Ley  600  de  2000  este  medio  de impugnación es viable contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Por  su  parte,  el  inciso  3° de la misma  disposición  prevé  que  cuando  el fallo de segundo grado no es proferido por  los  mencionados  Tribunales  o  el  delito  juzgado  tiene pena privativa de la  libertad    inferior    al    quantum   señalado  en  precedencia o sanción no restrictiva de la libertad,  se  faculta a esta Sala para admitir discrecionalmente las demandas de casación  presentadas,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

         

          En  el  asunto  objeto  de  estudio  se  advierte  que  el procesado  ALBERTO    CARLOS   GUARÍN   PERTUZ   fue  acusado,  y luego condenado en las dos instancias de decisión,  por  el  delito  de  homicidio  culposo, cuya sanción no satisface el requisito  punitivo    para    acceder    al    recurso    extraordinario   por   la   vía  tradicional.   

          Ciertamente,  dicha  conducta  punible,  de acuerdo con el artículo  109  de la Ley 599 de 2000, se reprime con una pena máxima de seis (6) años de  prisión,  monto  que  resulta inferior a los ocho (8) años que para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación  por  la vía ordinaria o común exige el  referido  artículo  205, inciso 1º, de la Ley 600 de 2000, según lo ya visto.   

         

En  cuanto a esta modalidad de casación, ha  sido   dicho   de  forma  reiterada  por  la  Sala  que  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los  motivos por los cuales debe intervenir la Corte contemplados en  el    aludido    inciso    3°   ibídem,  en  virtud de la naturaleza eminentemente rogada de este medio de  impugnación.   

               Así, al demandante le asiste el  deber  de  persuadir  a  la  Sala  que es preciso el pronunciamiento de fondo en  beneficio  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala  o  para salvaguardar garantías  fundamentales  de  las  partes  o intervinientes procesales y, sólo después de  verificar  ese  aspecto, se ocupará del aspecto formal de la demanda, es decir,  de   que   cumpla  con  los  presupuestos  de  presentación  lógica  y  debida  argumentación  conforme  lo  estipulado  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de  2000.    

         

          De  ahí  que  si  lo pretendido por el actor es el desarrollo de la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  de  demostrar  con  claridad  y precisión la  necesidad  de  proveer  un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto de  un   tema  jurídico  especial,  ya  sea  para  unificar  posturas  conceptuales  encontradas  o  con  el  fin de actualizar la doctrina o para abordar un tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar de qué manera la decisión  solicitada  tiene la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir  de guía a la actividad judicial.   

Empero, si el objetivo trazado es asegurar la  garantía  de  derechos  fundamentales, con la misma claridad y precisión tiene  la  obligación de demostrar la violación e indicar las normas constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como su desconocimiento en el fallo  recurrido,   circunstancias  que,  como  ya  lo  ha  reiterado  la  Sala,  deben  evidenciarse    con    la    sola    referencia    descriptiva   hecha   en   la  sustentación.   

Pues  bien,  a  esta altura resulta oportuno  colegir  que  el  libelo  objeto  de  análisis  no  satisface el presupuesto de  admisión  previsto  para franquear el acceso a la vía discrecional, pues amén  de  que ninguna mención se hace frente a tal modalidad, de su contenido tampoco  se  extrae  una argumentación compatible con los motivos aludidos, en cuanto se  instaura  una  única  censura  sustentada en la causal primera de casación del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000  por  violación  indirecta de la ley  sustancial  a consecuencia de errores de hecho por falsos juicios de existencia,  temática   que,   como  lo  tiene  decantado  esta  Colegiatura,  no  configura  per   se  vulneración  de  garantías  fundamentales,  excepto  cuando  se  adviertan  defectos  graves  de  motivación  (Cfr. CSJ SP, 9 feb. 2006, rad. 26493), punto sobre el cual nada se  dice en la demanda.   

          Además  de  la  prenotada deficiencia, también se observa cómo la  censura  planteada  tampoco  satisface  los  presupuestos  de  lógica  y debida  argumentación exigidos legalmente para su admisión.   

          De  una  parte, porque la propuesta resulta confusa, pues a pesar de  que  elige  la  senda  de la violación indirecta de la ley sustancial, a la par  hace  alusión  a la directa y es bien sabido que una y otra casual de casación  son contradictorias e, incluso, excluyentes.   

          Ciertamente,  es  de la esencia de la violación directa, como mucho  lo  ha preciado la Corte, sujetarse a los fundamentos fácticos y probatorios de  la  decisión  impugnada,  como  quiera  que  el  error  se  contrae a un debate  puramente  jurídico que deviene de la falta de aplicación (no se selecciona la  norma  llamada  a  regular  el caso), de su aplicación indebida (se escoge para  solucionar  el  caso  una preceptiva que no es atinente) o de su interpretación  errónea  (en  donde  si  bien  se  selecciona la normativa correctamente, se le  otorga una hermenéutica equivocada).   

De  modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la ley sustancial, a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  errores de hecho o de derecho, los primeros producto de  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Corolario de lo dicho, surge como conclusión  que  la  violación  directa  de la ley sustancial no era la vía apropiada para  impugnar  la  decisión  de  acuerdo  con  el planteamiento del censor en cuanto  involucra  controversia  en  el  plano  de la apreciación probatoria. Desde esa  perspectiva,  incurre en contradicción cuando también refiere, al interior del  único     reparo  propuesto,  a  ese  motivo casacional, lo cual  atenta   contra   la   necesaria   claridad   que  debe  evidenciar  el  escrito  casacional.      

              

          De  otro  lado,  también recae en confusión cuando no empece haber  elegido  el  error  de  hecho  por falso juicio de existencia para cuestionar la  apreciación  probatoria del fallo, en tanto, a su juicio, se dejaron de valorar  algunas  pruebas  de  carácter  testimonial  y  la indagatoria de su prohijado,  simultáneamente  pregona  que no se justipreciaron de acuerdo con las reglas de  la sana crítica.   

          Esta  última formulación, es necesario subrayar, no se corresponde  con  el  yerro  de  apreciación  pretextado  sino,  por  lo menos en el ámbito  enunciativo,  con  el  denominado  error  de de hecho por falso raciocinio, cuya  esencia   y  naturaleza  riñe  con  la  del  falso  juicio  de  existencia  por  omisión.   Ello, en cuanto desde el punto de vista de la lógica formal no  es  posible  aceptar  que algo que no ha sido valorado (error de hecho por falso  juicio  de  existencia por omisión) al mismo tiempo se aprecie en detrimento de  las  reglas  de  la sana crítica referentes a postulados científicos, máximas  de  la experiencia o reglas de la lógica (error de hecho por falso raciocinio),  aquellas  que,  dicho  sea  de  paso,  en  momento  alguno tampoco identifica el  actor.     

          Ahora     bien,    desde    el    punto    de    vista    dogmático  la      propuesta  del actor también resulta anfibológica,  pues  inicialmente  orienta  su crítica a evidenciar, a través de los defectos  de   apreciación   probatoria,  que  la  culpa  recayó  exclusivamente  en  el  comportamiento  de  la  víctima  y  no  de  su defendido por haber rebasado los  niveles  del  riesgo  permitido  y  que,  en ese orden, el resultado no se puede  imputar  al segundo; empero, a la par aduce que las pruebas demuestran que éste  actuó  bajo  la  convicción  errada  e  invencible  de  que con su conducta no  contrariaba  deber  de  cuidado  alguno  y  luego,  para  mayor  asombro, que la  causalidad  presente en este hecho no es suficiente para imputar el resultado al  agente,  conforme lo regla el artículo 9º del Código Penal.      

Todas estas figuras contienen elementos que a  más  de  diversos son contradictorios y, por lo mismo, han debido plantearse de  forma  independiente  y  no  en  un  mismo cargo a fin de conjurar la confusión  conceptual  en  la  que  finalmente  incurre,  defecto  que,  frente a todos los  aspectos   reseñados,   conduce  hacia  su  inadmisión,  en  tanto  se  ofrece  desconocedor  de  principios  regentes  de la actividad casacional en procura de  conseguir  demandas que satisfagan las exigencias argumentativas propias de este  medio  extraordinario  de  impugnación  de naturaleza rogada, tales como los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,         coherencia,         no         exclusión         y         no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

           No   obstante,  el  defecto  de  mayor  trascendencia  de  la  única  censura  formulada  en  el  libelo  radica  en la  inveracidad  de  su  fundamento  principal, según el cual en el fallo no fueron  ponderados  los  testimonios  de Álvaro José Donado,  Nelson  Enrique  Palacio  Oquendo, Aníbal Antonio Manjarrés Celis y  la  indagatoria  del  encausado ALBERTO  CARLOS  GUARÍN  PERTUZ, en abierto desconocimiento del  principio de corrección material.   

Para  ello, basta con consultar el contenido  de  los  fallos  de instancia, inescindiblemente vinculados dada la convergencia  existente  frente  a  lo  decidido y las razones expuestas, pues de su contenido  claramente  se infiere que todas las pruebas mencionadas, sin excepción, fueron  valoradas,  sólo  que  otorgándose  un  mérito  distinto  al  expuesto por el  demandante,  lo  que  a  la  postre  permitió  a  los  juzgadores unánimemente  colegir,  en  articulación con la ponderación de otras probanzas que dicho sea  de  paso  dejó  de  involucrar  el  actor  en perjuicio de la trascendencia del  reparo,  que  el ingeniero GUARÍN PERTUZ desconoció  las  “reglas de oro” o deberes objetivos de cuidado  consagrados  en la Resolución No. 180398 del 7 de abril de 2004 o “Reglamento  Técnico  de Instalaciones Eléctricas”, expedido por el Ministerio de Minas y  Energía,  al  asignar  el  trabajo  al operario Fredy  Villa  Escorcia,  fruto  de  lo  cual  se  produjo  su  deceso.      

Así,  por ejemplo, para no acoger la excusa  del  procesado  en  sentido  de  que  acató  la normatividad existente sobre la  materia  aludida  en  su  indagatoria,  precisó  el a  quo:   

De    la   lectura   del   ‘Reglamento  Técnico de Instalaciones  Eléctricas’ en adelante  ‘RETIE’,    en  contraste    con    la   indagatoria   que   rindiera   el   procesado   GUARÍN  PERTUZ  el  24  de  octubre  de  2005, se observa que  quebrantó  el  numeral 5° del artículo 38 de la Resolución 180398, pues como  se  dijo  este  precepto normativo es de imperativo cumplimiento al trabajar con  líneas  muertas,  no  admitiendo exclusión bajo ningún tipo de circunstancia.  Mírese  las  respuestas  dadas  por el procesado a la Fiscalía al indagársele  solo    la    aplicación   del   protocolo   circuitos   muertos…2 (subraya fuera de texto).   

       

          Luego,   el   mismo   juzgador   se  ocupó,  entre  otros,  de  las  declaraciones    de   Aníbal   Antonio   Manjarrés  Celín,  de quien dijo “no  aporta  elementos  interesantes  a  la  investigación,  pues no tenía contacto  visual   con   el   obitado,  atribuyendo  el  deceso  a  la  posible  falta  de  concentración  de  Villa Escorcia y al auxiliar del liniero quien no le indicó  la   posición   correcta”;   de   la  del  capataz  Álvaro   Donado  Fuentes,  advirtiendo  que  recalcó  sobre  la  existencia  de  las  cinco  reglas de oro  “pero  ese  día  no  las  aplicaron  ‘porque  mire  lo que sucedió, aunque  indica  que  la  posible causa del accidente se debió a la imprudencia de Fredy  Villa  Escorcia” y en la de  Nelson  Enrique Palacio Oquendo, también señalado por  el  actor como omitido, respecto de cuyo dicho destaca que también atribuyó el  deceso    a    la    imprudencia    del    occiso3.         

          Acto  seguido,  el  mismo  juzgador  abordó  la  ponderación de la  ampliación  de  indagatoria  del implicado, en donde éste manifestó que en el  caso   particular   no   se   aplicaban   las   reglas   en  comento4.   

          Por  su  parte,  el  ad  quem,  como  quiera  que  el  cuestionamiento  de la defensa también se  enfiló   contra   la   apreciación   probatoria,  descartó  expresamente  las  exculpaciones  del  sindicado,  pues  “el ingeniero  GUARÍN  PERTUZ  al  impartir  la  orden  no  se  percató  que  las  líneas se  encontraran  desenergizadas desconociendo los reglamentos técnicos de este tipo  de  trabajo”5.     

          Y  agregó: “lo anterior se apoya en los  testimonios  de  los  ciudadanos Julio César Cantillo, Adalberto Zabaleta Agua,  Álvaro  Donado,  Alfonso  Maya       y      Nelson      Palacio”,    cuyo    estudio   acometió   a  continuación6      (subrayas     fuera     de     texto).                

          De  lo  anterior  se  desprende  que  el demandante no se atuvo a la  realidad  del  fallo al señalar que el juzgador no valoró los referidos medios  de  prueba y ello, en esencia, porque su pretensión simplemente apunta a que se  les   conceda   el   mérito  que  merecen  conforme  a  su  estricto  punto  de  vista.   

Tal  propósito  no  se  acompasa  con  la  naturaleza    extraordinaria    del    recurso    de    casación   –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de  yerros que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que  constituya una tercera instancia- y deja de lado que el mismo arriba a  esta  sede  gobernado  por  la doble presunción de acierto y legalidad -en cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del  recurrente-.  Es  decir  que, en tales condiciones, la propuesta carece de total  idoneidad   argumentativa   para   conseguir   el   propósito  trazado  con  su  formulación.     

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que regula este medio extraordinario de impugnación y que por vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo 216  de  la  Ley  600 de 2000, imponen la inadmisión de la  demanda,  conforme  se  anunció  en  el exordio de este acápite considerativo.   

Casación oficiosa:  

De acuerdo con la potestad otorgada a la Sala  para  casar  oficiosamente el fallo en tratándose de la causal tercera o cuando  sea  ostensible  que  atenta  contra  garantías  fundamentales  prevista  en el  artículo        216        ejusdem,  se procederá  en  tal  sentido, sin necesidad de correr previo traslado al Ministerio Público  (Cfr. CSJ AP, 12 sep. 2007, rad. 26967).   

Ciertamente,   sometido  a  revisión  el  expediente,  la Sala encuentra que el sentenciador de primer grado al momento de  dosificar  la pena incurrió en vulneración del debido proceso y del derecho de  defensa  por  falta absoluta de motivación al imponer al procesado ALBERTO  CARLOS  GUARÍN  PERTUZ  el  monto  máximo  del  cuarto  mínimo  de  la  pena  de prisión y la sanción de  inhabilitación  para  el ejercicio de la profesión de ingeniero eléctrico por  un  período  de  24 meses, puntos inadvertidos por el Tribunal cuando resolvió  el  recurso  de  apelación interpuesto por la defensa contra el fallo de primer  grado,   lo   cual   amerita   corrección  inmediata  de  la  Sala.     

En  tal  dirección,  empiécese por evocar  textualmente  lo  esbozado  por  el a quo sobre  el  particular,  haciéndose  nuevamente  hincapié en que el  ad   quem   nada  dijo  al  respecto    al    impartir    confirmación    al    fallo   sin   modificación  alguna:   

De  entrada observa esta instancia que los  hechos  materia  de  investigación  acaecieron  en  el  año  2002 cuando ya se  encontraba  en  vigencia  la  Ley  599 de 2000 -Código Penal-, por lo que en el  proceso  de fijación punitiva se aplicará dicho precepto normativo, atendiendo  a   la   naturaleza,   modalidad,   gravedad   de   la   infracción,  grado  de  responsabilidad   y   entrever   si  concurren  circunstancias  específicas  de  agravación.   

Se  procede primeramente por el punible de  homicidio  culposo,  previsto  en el artículo 109 del Código Penal y cuya pena  de  prisión  oscila  entre  dos  (02)  a  seis (06) años, ámbito punitivo que  deberá  aplicarse  al  sentenciado  ALBERTO  CARLOS GUARÍN PERTUZ; además, se  impondrá  una  multa  de  20  SMLMV,  como  también la inhabilitación para el  ejercicio  de  la profesión de ingeniero eléctrico por un período de 24 meses  conforme   lo   señalan   los   artículos   43   y   48   del  estatuto  penal  sustantivo.   

Finalmente, se impondrá la pena accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, por un  lapso  equivalente  a  la  sanción  privativa de la libertad. Resulta entonces,  que:   

8.1. HOMICIDIO CULPOSO  

      

-. 72 meses-24 meses= 48 meses  

-. Pc: 24+ 12= 36  

Primer   cuarto   va   de   24   a   36  meses     

-. Sc: 36+12= 48  

Segundo  cuarto  va  de  36.1  a   48  meses   

-Tc: 48+12= 60  

Tercer   cuarto   va   de   48.1   a  60  meses   

   

-Cc: 60+12= 72  

Cuarto   cuarto   va   de   60.1   a  72  meses.   

Sentados  así  los  parámetros  para  la  determinación    de    los   mínimos   y   máximos   aplicable   (sic)  al  caso  estudiado, procede este  fallador  a  realizar  la  ponderación conforme a los criterios específicos de  punibilidad,  según prevé el artículo 61 ejusdem, según el cual ‘el  sentenciador sólo podrá moverse  dentro  del  cuarto  mínimo  cuando  no  existan  atenuantes  ni  agravantes  o  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva…’ y no existiendo antecedentes penales  dentro  de  esta  causa  judicial  contra  el  sentenciado, se tomará el primer  cuarto,  lo  que  para el asunto se condenará a ALBERTO CARLOS GUARÍN PERTUZ a  36 meses de prisión   

Pues  bien, se observa cómo en cuanto a la  pena  principal  de  prisión  el  juzgador  se  circunscribió  a  señalar que  tomaría  el  primer cuarto de dosificación punitiva (comprendido entre 24 y 36  meses),  sin  aducir  explicación alguna para imponer el término máximo allí  previsto  y  sin  que  para ello resulte válido aludir en forma genérica a los  aspectos  que  precisamente  se  deben  ponderar para individualizar la sanción  dentro  del  cuarto respectivo previstos en el mencionado artículo 61, esto es,  “la   naturaleza,   modalidad,   gravedad   de  la  infracción”  y “grado de  responsabilidad”, menos aún cuando no vincula estos  factores  con  la  determinación  de  la  pena  de  prisión  en  esa cantidad.   

Por tal razón, como correctivo se  impondrá  a  ALBERTO  CARLOS GUARÍN  PERTUZ   el  mínimo  contemplado  en  ese  cuarto  de  dosificación  punitiva,  es  decir,  veinticuatro  (24)  meses  de prisión. Se  aclara  que  en igual monto se impondrá la pena accesoria de inhabilitación en  el ejercicio de derechos y funciones públicas.     

La misma omisión, como se puede constatar a  partir  de la transcripción de la totalidad de los fundamentos expuestos por el  a  quo sobre el particular,  se  verifica  en  la  tasación  de  la pena principal de multa, como quiera que  tampoco  se  consignaron las razones para establecerla en un monto equivalente a  veinte  (20)  salarios  mínimos  legales  mensuales;  es  más,  ni siquiera se  acudió  al sistema de cuartos previsto en el referido artículo 61, cuando ello  era  imperativo  dado  que en el tipo penal por el que se procede dicha sanción  se  expresa  en un rango que va de veinte a cien salarios mínimos. No obstante,  esta   incorrección   ninguna   afectación  genera  frente  a  las  garantías  mencionadas,   en   cuanto   se   impuso  el  monto  mínimo,  por  lo  que  tal  determinación del fallo se dejará incólume.      

Situación  similar se advierte, como ya se  anunció,  en  lo concerniente a la pena de inhabilitación para el ejercicio de  la  profesión  de  ingeniero  eléctrico  fijada en un término de 24 meses, no  sólo  porque  ningún  argumento se expuso de cara a justificar su imposición,  sino    porque    nada   se   dijo   para   atribuirla   en   ese   quantum    cuando   su   duración,   de  conformidad    con    el   tercer   inciso   del   artículo   51   ibídem,  que  no  los artículos 43 y 48  citados  por  el  a  quo los  cuales  ninguna  relación  guardan relación con esta temática, es de seis (6)  meses a veinte (20) años.   

En  consecuencia,  para enmendar este   yerro,  la  Sala marginará de la dosificación punitiva esta sanción (en igual  sentido, cfr. reciente decisión CSJ SP 19 feb. 2014, rad. 42959).   

Resta  señalar que los demás aspectos del  fallo impugnado no se afectan con ocasión de lo aquí decidido.   

               En  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  de ALBERTO CARLOS  GUARÍN  PERTUZ,  por  las  razones  consignadas en la  anterior motivación.   

2.- CASAR OFICIOSA  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  en el sentido de fijar como pena  definitiva  al  mencionado  veinticuatro (24) meses de prisión, mismo monto por  el  cual  se  impone  la  pena  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas; así mismo, se margina de la pena la sanción  de   inhabilitación   para   el   ejercicio  de  la  profesión  de  ingeniero.   

           

3.           En  lo  demás,  el  fallo  impugnado se  mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  El  asunto  arribó  al  despacho  de  la  Magistrada  Ponente  el  3  de  marzo  de  2014.   

2 Fols.  288 y 289 del cuaderno de la causa.    

3 Fol.  290 ibídem.   

4  Ibídem.   

5 Pág.  11 de la sentencia de segunda instancia.   

6  Págs.     11     y     ss.     ibídem.     

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