SP2913-2017(43495)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado  ponente   

SP2913-2017  

Radicación n.° 43495  

Aprobado acta n.º 61  

Bogotá, D. C., primero (1º) de marzo de dos  mil diecisiete (2017).   

VISTOS  

         Resuelve      la     Sala    sendos  recursos      de  apelación           interpuestos      por      la      apoderada      de     la     víctima     y     la     representante  de  la fiscalía en el proceso seguido a  Jaime Alonso Reyes Velandia,    Juez  Civil    del     Circuito    de    Acacías  (Meta),   en      contra     de     la     sentencia     del     22         de        noviembre  de 2013, por medio de la cual  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Villavicencio     lo     absolvió  del  delito  de  prevaricato.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La  situación fáctica del presente asunto se remonta al año 2002,  cuando  la  señora María Elvira Carrillo García, en su calidad de propietaria  de  la  finca  “La  Esperanza”  de  la  vereda  Brisas  del Guayuriba, en el  municipio  de  Acacías  (Meta),  demandó  a  Porfirio  Torres Fino, dueño del  predio  colindante  “El Porvenir”, para fijar el lindero sur-norte a través  de proceso de deslinde y amojonamiento.   

          El  anterior  trámite su surtió ante el Juzgado Civil del Circuito  de  esa  ciudad,  a cargo de Hernando de Jesús Urrutia Barón; la audiencia con  el  fin  de dividir los inmuebles se realizó entre el 31 de agosto de 2004 y el  2 de igual mes de 2006.   

          En   esa  última  fecha, luego de advertir que los límites no  coincidían,  según los documentos y lo observado en el terreno, profirió auto  ordenando  el  alinderamiento,  al  tiempo  que delegó en el perito la tarea de  levantar  un  nuevo  plano,  que  en  lo  sucesivo  constituyera  la  división,  determinación  a  la  que se opuso sólo el demandando, empero, no la sustentó  en término.   

          El  1  de abril de 2008, el aquí encartado asumió las funciones de  ese  despacho judicial y el 23 siguiente dispuso la instalación de los mojones,  conforme  al  mapa  referido, pese a que, aparentemente, el mismo no siguió los  derroteros  señalados  para  su elaboración y no se concedió su objeción por  improcedente.      

          De   esta   manera,  la  demandante,  no  logró  el  acceso  a  sus  pretensiones  y  fue  despojada de una servidumbre y un fragmento de su terreno.   

          Es  así  como  acudió  al  mecanismo  de  la acción de tutela, al  considerar  conculcado  el  derecho  al  debido  proceso, amparo que se negó en  primera  y segunda instancia, por el Tribunal Superior de Villavicencio el 20 de  mayo  de  2008  y  la  Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia el 30 de julio  siguiente, respectivamente.   

          El  24  de  marzo  de  2009,  a  través  de su abogado solicitó la  nulidad  de  todo  lo  actuado,  con  la finalidad de que el juzgado ajustara el  trámite  al  procedimiento, de acuerdo a los artículos 464 numeral 3 y 465 del  Código  de  Procedimiento Civil, petición desestimada por extemporánea porque  el proceso ya se encontraba finalizado.   

         En  lo que respecta a la actuación, ante  el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  Ambulante  de Villavicencio (Meta)   con   Funciones   de   Control   de  Garantías,  el 9     de  febrero de 2012 se llevó a  cabo  audiencia  de  imputación  en  contra  de  Jaime  Alonso     Reyes    Velandia    por    el  delito  de  prevaricato  por  acción,  quien  no  aceptó  cargos.  El  28  de  marzo  de ese año se presentó escrito de  acusación  en  los  términos  antes  referidos  y  el  10 de mayo siguiente se  cumplió  su  respectiva  sustentación,  en la que se ordenó al ente fiscal la  corrección  de  ese  documento para que incorporara los documentos y planos que  refiere éste, ajuste realizado el 15 del mismo mes.   

          Celebradas   las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio  oral,  se  anunció  por  parte  de  la  Sala Penal del Tribunal  fallo    absolutorio   en  favor  de  Jaime   Alonso  Reyes  Velandia,  como  en  consecuencia se resolvió en sentencia del 22 de noviembre de 2013.   

          Con  ocasión  del  recurso  de apelación interpuesto oportunamente  por  la  abogada  de  la  víctima  y  la  fiscal,  la  Corte  se  ocupa  de  su  resolución.   

   

LA    SENTENCIA  RECURRIDA   

          El    a   quo  relaciona   pormenorizadamente   los   hechos,   la  actuación  procesal  y  la  intervención de los sujetos procesales.   

A  continuación, inicia por sostener que la  determinación   del   23   de   abril   de   2008  proferida  por  Jaime  Alonso  Reyes  Velandia, consistente  en  alinderar  los  predios conforme al plano elaborado por el perito, sin tener  en  cuenta  los  mapas  que  acompañaban  las  escrituras  y  el  del Instituto  Geográfico    Agustín    Codazzi   –IGAC-,   «no  constituye  una  decisión  manifiestamente  contraria  a  la  ley,  de  la  que  se  configure el delito de  prevaricato,  más  bien  estima  el  Tribunal,  se trata de una interpretación  equivocada  del  auto  de  su  antecesor y de las normas que rigen el proceso de  deslinde  y amojonamiento, en detrimento serio de los derechos de la denunciante  María Elvira Castillo».   

Destaca  que  la  situación  fáctica  debe  examinarse  a  la  luz  de  las normas procesales aplicables, el contenido de la  diligencia  del  6  de  agosto  de  2006  y la realizada por el procesado; ésta  última,  con  la  participación  de  la  delegada de la procuraduría judicial  agraria,  en  la  que  se  desconoció el ritual establecido para el deslinde de  predios.   

Aunado  al  anterior  argumento,  afirma, la  denunciante  no contó con una representación diligente que ejerciera en debida  forma su derecho de contradicción en defensa de sus intereses.   

Destaca  la  finalidad  de  los  trámites  orientados  a  determinar  los límites entre inmuebles contiguos y relaciona su  estructura,  compuesta  por:  (i)  la  presentación de la demanda y sus anexos,  (ii)  la  fijación  de  mojones o señalamiento concreto del lindero y (iii) la  sentencia  que  declara  en  firme  el  deslinde y su protocolización o el auto  declarando desierta la oposición.   

En  este  orden, precisa, una vez agotado el  traslado  del  líbelo  contentivo  de  la  pretensión,  las  excepciones  y el  saneamiento,   al   tenor  de  las  disposiciones  461  a  463  del  Código  de  Procedimiento  Civil, previa citación de las partes, se lleva a cabo diligencia  de       deslinde,       según      el      precepto      464      ejusdem,  en  la  que  se  escuchan  los  testigos,  se  analizan  los  títulos  e  interviene  el perito, y «si  los predios son colindantes, el juez señalará los linderos,  para     demarcar    ostensiblemente    la    línea    divisoria».     

Manifiesta, conforme lo expuesto, que el Juez  Hernando  de  Jesús  Urrutia Barón invirtió el procedimiento descrito, porque  ordenó  la  demarcación,  de  manera  formal,  pero su materialización quedó  diferida hasta que el perito realizara un nuevo plano.   

Es  así como, sostiene, dio por determinada  la   parcelación,   incluso,   corrió  traslado  a  las  partes  para  que  se  pronunciaran  al  respecto,  en  los  términos  del  artículo  464, sin que se  hubiera  dibujado  la  delineación, mediante postes en terreno, debido a que la  instalación  quedó  diferida  a  una fecha posterior. Califica ese proceder de  ambiguo y contradictorio.   

Expone  en  su  apoyo  que  la  oposición  realizada  por  el demandado, precisamente, versó sobre los títulos de dominio  y  no  acerca  de la división, lo que reafirma su irregularidad. Sumado a ello,  el  medio de controversia fue declarado desierto, lo que le atribuyó ejecutoria  a  la  decisión  así  decretada  y  la  culpa  de  ser  la  verdadera  vía de  hecho.     

Agrega que lo acontecido equivale a otorgarle  a   un  medio  de  prueba  poder  decisorio,  e  inclusive,  ceder  la  potestad  jurisdiccional.   

Por otra parte, asevera que al auxiliar de la  justicia  se  le  hicieron  algunas precisiones sobre la labor encomendada, como  tener  en  cuenta  los planos anexos a las escrituras y el del IGAC, parámetros  que  no fueron considerados por él, razón por la cual el 19 de agosto de 2006,  su  informe  fue  objetado por la demandante, pero no prosperó al estimarse que  sólo procedía la aclaración o adición.   

Encuentra obvia la improcedencia legal de la  objeción,  pero  reprocha  el  actuar descuidado de las partes y del ministerio  público,  quienes,  en  contraposición  a  los  deberes que les asisten, no se  expresaron   ante  las  inconsistencias  en  el  obrar  del  juzgador  y  no  se  pronunciaron    frente    a    las    ambigüedades    en    que    se    estaba  incurriendo.   

En  lo  referente  a  la  intervención  del  encartado  en los hechos que se le inculpan, señala que pese a no ser acertada,  tampoco  puede colegirse la configuración del delito de prevaricato, al dar por  entendido  el  funcionario que el deber que le asistía era hacer cumplir en sus  precisos  términos  la  providencia emitida por su antecesor.      

Reprocha  la  postura de la fiscalía, quien  reclama  la  ejecutoriedad del auto del 2 de agosto de 2006, pero no con base en  su  tenor  literal,  al  sugerir  que  se  debió  ordenar  un  nuevo  deslinde,  omitiendo,  además,  que  las  instrucciones  iban  dirigidas exclusivamente al  perito,  quien  era en realidad el que estaba sujeto a los derroteros impartidos  para  la realización del plano y no Jaime Alonso Reyes  Velandia.   

Así  mismo, el ente acusador expresa que la  actuación  del  23 de abril de 2008, con el procesado como titular del despacho  era    en   estricto   sentido   la   «la    diligencia   de   deslinde   y   amojonamiento»,  postura  con  lo que desconoce las fases procedimentales surtidas,  incluida  la  que  declaró  desierta  la  oposición y que el alinderamiento ya  había sido decretado.    

De  manera  que,  asevera,  no  es  acertado  reclamar  del  encartado  la  devolución  de etapas precluidas, sin embargo, no  descarta  que  hubiera  podido  acudir,  en  última  instancia, a la vía de la  nulidad oficiosa o permitir una nueva oposición.    

A   pesar   de  reconocer  una  inadecuada  interpretación  del  procesado,  atribuye el auténtico error de apreciación y  valoración  al  anterior juez, Hernando de Jesús Urrutia, a quien le competía  sobre  terreno  situar  los maderos para la concreción del límite, pero, en su  lugar,  inexplicablemente,  declaró  la  demarcación difiriendo sus efectos al  criterio   del   experto.  Así  las  cosas,  no  era  exigible  a  Jaime  Alonso  Reyes  Velandia  una  nueva  apreciación probatoria.   

Resalta que el plano ordenado y elaborado por  el  técnico  no  era  un  simple formalismo, por el contrario, consistía en la  esencia   de   la   actuación   adelantada  por  Urrutia,  que  contó  con  la  participación pasiva de las partes.   

De  igual  forma,  de  la literalidad de esa  audiencia,  no  emanan  directrices  con  el  objeto  de  que en la subsiguiente  actuación   se  consultaran  los  planos  de  las  escrituras  y  del  IGAC  al  materializar     el     límite,    sino    expresamente    el    informe    del  perito.      

Ahora, de la lectura del acta de fecha 23 de  abril  de  2008,  calificada  de  prevaricadora, advierte, se desarrolló en los  precisos  términos  de  la determinación preliminar y observa, igualmente, que  la demandante se ausentó de la misma.   

Por otro lado, a partir de lo mencionado por  los  testigos  encuentra  acreditado  el  perjuicio  padecido  por María Elvira  Carrillo,  aunque  ellos  coinciden en que Jaime Alonso  Reyes   Velandia   se   limitó   a  cumplir  con  el  pronunciamiento  previo,  pero,  además, en el evento de haber actuado de forma  diferente,  perfectamente  habría podido ser procesado por fraude a resolución  judicial.   

Si  el  supuesto  para  deducir  la conducta  consiste   en  «no  haber  tenido  de  presente  los  instrumentos  públicos  del  inmueble  junto  con sus gráficos anexos y el del  IGAC»,  el  proceso,  a su juicio, debió seguirse en  contra  del  ingeniero  Uriel Jacinto Moreno Sanabria y no del juez Reyes Velandia.   

Los  mismos  argumentos  ahora  expuestos,  sirvieron  de sustento a ese mismo Tribunal y a la Corte Suprema de Justicia, en  sus  Salas  Civiles, para desechar la tutela impetrada por la aquí denunciante,  igualmente,  al  llegar  a la conclusión de que no se advertía vía de hecho y  que de existir, habría operado el fenómeno de la preclusividad.   

Finalmente, concluye que las consideraciones  plasmadas   son   suficientes   para   predicar  la  absolución  de  Jaime Alonso Reyes Velandia, sin dejar de  lamentar  que por medio del proceso civil se terminaron desfavoreciendo derechos  de  la  afectada;  en  todo  caso,  sin  que  sea  la acción penal la llamada a  rectificar los yerros de la jurisdicción civil.   

FUNDAMENTOS DE LAS IMPUGNACIONES  

Dentro  del  término  establecido  para  el  efecto,  la mandataria de la víctima y la fiscalía presentaron sus escritos de  apelación, los cuales pasan a condensarse:   

Apoderada de víctima  

Inicia  expresando  que  la  orden  del Juez  Urrutia  contemplaba  un  mandato manifiesto, consistente en que se levantara el  croquis  conforme  al  plano del IGAC y las escrituras  «que  tienen  puntos  de  referencia con distancia y  trayectoria» (Subrayado original).   

Sostiene,  no  se materializó la partición  debido  a  la  oposición  realizada  por  el  demandado,  por  lo que resultaba  necesario  esperar su sustentación y, como no fue así, el auto del 2 de agosto  de  2006  quedó  en  firme  y ejecutoriado con el efecto de cosa juzgada.    

Señala  que, no interpuso recurso contra la  anterior   medida   porque   era   favorable   a  sus  intereses,  además,  las  prescripciones  emanadas  eran claras respecto de la elaboración del plano y el  alinderamiento,  con  la instrucción de ceñirse a los instrumentos públicos y  al  del  Instituto  Agustín  Codazzi,  por  lo  que  no  encuentra plausible el  calificativo         de         «ambiguo»  que  asigna el Tribunal a esa decisión.   

En  idéntico  sentido,  tacha de ilógico y  excesivo  plantear  una cesión de la jurisdicción al perito sólo por requerir  «su         mejor         criterio» para la ejecución del informe, con lo  que  se pierden de vista las claras instrucciones impartidas en el auto, con las  que se delimitaba su labor.   

No  comparte  tampoco  la impugnante que el  Tribunal  considerara equivocada la interpretación de las normas procesales, al  tiempo  que  ignora el perjuicio padecido por la víctima a través de las vías  de  hecho  cometidas  por  Reyes  Velandia.   

    

Tacha de «absurdo  y   contradictorio»  el  anterior  razonamiento  por  desconocer  los  poderes  legales  del  juez,  los  cuales le imponían realizar  control  y  verificación  al peritaje, como garantía de los derechos reales de  su  poderdante.  Luego  de  esto,  acusa  al  Tribunal  de  asumir una posición  maternal y proteccionista hacia el procesado.   

Reprocha  de  dolosa  la actuación, por la  formación  y  experiencia  del  encartado  como juez promiscuo y de circuito de  Acacías  (Meta),  circunstancias  que  le  permitían advertir el alcance de la  determinación y las consecuencias adversas hacia su representada.   

Le  atribuye al a  quo   justificar   el   proceder   de   Reyes   Velandia   con   el  «absurdo»          argumento  de que su designación como titular del juzgado sobrevino  cuando  el  procedimiento  ya  discurría  y  esto  le  impedía  conocer de las  particularidades del trámite.   

De  nuevo,  retoma  el tema del dolo, ahora  apoyado  en  la  posibilidad  que  tenía  el  juez  de suspender la audiencia y  estudiar  detenidamente  lo  ocurrido,  «de no estar  preparado»,  para verificar lo acontecido y no correr  el  riesgo  de equivocarse «de buena fe».   

El   procesado  hizo  caso  omiso  a  las  objeciones  y  súplicas  de  la  parte  demandante,  en  una actitud soberbia e  intolerante,  que  le  impidió  identificar  el  yerro  en  el  que  incurría,  precisando,  que  el  mismo  Tribunal sugirió la opción de decretar la nulidad  oficiosa.   

Continúa manifestando que el comportamiento  se  erige  abiertamente  ilegal, ante el deber de intervención que le asistía,  como  lo  corroboran  los  testimonios  de  Juan Pablo Moreno y María del Pilar  Buitrago,   en   claro   desconocimiento   de   los  criterios  de  necesidad  y  trascendencia.   

Revela   que   sus   argumentos   guardan  coincidencia   con   los   planteamientos  de  la  fiscalía,  expuestos  en  la  acusación,  al  reprochar  que  el  procesado  no  se  enteró  previamente del  contenido  del  auto.  Y pone de presente otros errores, como no hacer entrega a  las  partes  de  los terrenos, registrar el acta, ni protocolizar el expediente,  para reforzar la censura de la conducta.   

Cierra  su  alegato pidiendo respeto por la  seguridad  jurídica  y  los  efectos  de  la  cosa  juzgada e insiste en que se  revoque la sentencia recurrida y se emita fallo condenatorio.   

Fiscalía  

Empieza invocando los fines de la casación,  establecidos  en  el  artículo  180  del  Código  de  Procedimiento Penal, por  analogía,  para  orientar  la  pretensión  de  su  recurso,  en  procura de la  efectividad del derecho material.   

Solicita  se  revoque  la  sentencia  que  absolvió  a  Jaime  Alonso Reyes Velandia  por incurrir en violación indirecta de la ley mediante errores de  falso raciocinio y falso juicio de existencia por omisión.   

La  primera  instancia  aduce  que, el Juez  Urrutia  decretó  el  deslinde  pero  finalmente no lo materializó, porque esa  actividad  se  hace en el terreno, sin embargo, del acta de fecha 2 de agosto de  2006,   se  verifica  el  recorrido  al  lindero  apoyado  en  las  pruebas,  su  señalamiento  y  la  orden  de  la  elaboración  de  un diseño, de acuerdo al  trayecto, con identificación del lugar donde irían los mojones.   

A  continuación, hace una relación de los  hechos  jurídicamente  relevantes  y  la  actuación,  donde destaca que María  Elvira  Carrillo,  dueña  de  la finca La Esperanza de la vereda Las Brisas del  municipio  de  Acacías,  demandó  a  Porfirio  Torres  Fino, dueño del predio  colindante  El Porvenir, para que mediante deslinde y amojonamiento se fijara el  lindero divisorio de los inmuebles.   

La diligencia de que trata el artículo 464  del  estatuto  procedimental  civil  se  realizó en varias etapas en las que se  recibieron  los  testimonios  y  presentaron pruebas. El 2 de agosto de 2006, el  juez  Hernando  de  Jesús  Urrutia  Barón  reconoció  el  lindero mediante un  recorrido  en  el  terreno,  profirió auto alinderando los predios y nombró un  perito,  al  que  literalmente  le encargó levantar el mapa que describiera los  lugares   en   los   que   el   profesional   considerara   deben  ubicarse  los  mojones.   

El  esquema  técnico  se  rindió el 19 de  agosto  siguiente,  el  cual,  al  tenor  del  numeral 1 del dispositivo 464 del  Código  de Procedimiento Civil, debía exponerse en el lugar de los hechos, con  la  concurrencia  del juez y las partes, a fin de que se instalaran los postes y  tirar la cerca para hacer visible el margen.     

El  23 de octubre ulterior, el apoderado de  la  demandante  formuló escrito de objeción al considerar que no se respetaron  los lineamientos trazados por el juez Urrutia.   

A su turno, al no presentarse la demanda de  oposición  anunciada  el 2 de agosto de 2006, éste mismo funcionario judicial,  el  15 de marzo de 2007, declaró desierto el recurso y fijó día para proferir  sentencia.   

Posteriormente,  el  23  de  abril de 2008,  fecha    en    la    que    Jaime    Alonso    Reyes  Velandia   fungía  ya  como  titular  del  despacho,  asistió  al  lugar  de  la  disputa  para la fijación de los mojones, es allí  donde  la demandante y su apoderado manifestaron su discrepancia con la pericia,  por  no  guardar  coincidencia  frente  a  los  criterios técnicos tantas veces  referidos.  Indicó  que,  antes  también se había anunciado la inconformidad.   

Ante  esto,  Jaime  Alonso  Reyes Velandia resolvió descartar la petición  con    apoyo    en    el    numeral    1    del   postulado   464   ejusdem,  según el cual no es procedente  la  objeción  y  por  encontrarse en firme el dictamen, apreciación que estima  equivocada  porque  la pericia se rinde en el lugar y allí se valora; asimismo,  si  bien  no  era  oportuna,  imponía  una manifestación ante lo flagrante del  error.          

Sostiene que la indebida formulación de la  réplica  no  era excusa para inhibirse de estimar la decisión de su antecesor,  más  aún,  por  ser  el  responsable  de  instalar los mástiles; omisión que  estructura la conducta reprochada.   

Acusa  al procesado de no valorar la prueba  –del  plano- de acuerdo a  la  ley,  así  como  todos  los  elementos de convicción, pese a que le fueron  puestas de presente las inconsistencias que sobrevenían.   

De ahí que, al ver conculcado sus derechos,  María  Elvira  Carrillo  García  acudió  a diferentes medios de impugnación,  como  la  acción  de  tutela, nulidad y de perturbación a la posesión, en los  que  no  encontró  respuesta de fondo, sumado a la precaria representación con  la  que  ha  contado.  De  esos mecanismos, sólo en el posesorio, parcialmente,  encontró la reivindicación de sus intereses.   

Encuentra  alejada  del  texto  legal  la  interpretación  realizada  por  el  Tribunal,  del  deslinde  y  amojonamiento,  procedimiento  que,  en  sus  fases de reseña de la línea e imposición de los  puntos   divisorios,  debe  realizarse  en  el  sitio  de  la  disputa  y  puede  suspenderse,   frente   a   alguna   dificultad,  posibilidad  rehusada  por  el  procesado.   

Para  la  fiscalía,  las  inferencias  del  a  quo,  son desacertadas y  faltan  a  la  verdad  probada,  pero  comparte que el juez Urrutia cedió poder  decisorio  al  perito  y  debió  levantar  el  lindero  en  la misma audiencia.   

Manifiesta   que   el  funcionario  dejó  plenamente  perfeccionada  la  división y el perito tan solo debía realizar el  mapa de un lindero ya establecido en la diligencia.   

Refiere  que el juez antecesor recorrió el  medianero  y  expresó  los  elementos  de  juicio  que  lo  llevaron  a definir  materialmente  el  trazado,  por  lo  que,  colige,  era  deber del procesado la  instalación  de  los mojones conforme a ello. Con esto desestima la conclusión  absolutoria.   

En   esa   misma  línea,  manifiesta  su  desacuerdo   en  que  se  considere  «inadecuado  el  comportamiento»   pero   se  descarte  su  carácter  punitivo.   

Las fallas en el auto del operador jurídico  predecesor  no  marginaban  los deberes del encausado como director del proceso,  por  lo  que  no  debió  actuar como un mero ejecutor; insiste en desaprobar la  ausencia  de  una nueva valoración del mapa, como alternativa plausible, en ese  momento,                   para                   franquear                   la  incongruencia.          

Reitera  que  la  actitud  displicente  de  Reyes Velandia,  termina  por  hacerle  perder  el  área  de  ingreso  y  buena  parte de su terreno a la  víctima,  con  una  justificación aparente, en cumplimiento de una providencia  en firme.    

Desaprueba  el argumento de la vinculación  del  anterior  juez  en  el  proceso penal, al no ser, en últimas, «quien volvió el plano veredicto».   

Retoma  la postulación del error de hecho,  por  falso  raciocinio,  porque  en  la  valoración  del material probatorio se  trasgreden  las  reglas  de  la  sana  crítica,  concretamente  la  lógica, al  plasmar,  en la parte motiva, que el comportamiento reprochado no violó la ley,  pero le atribuyó con el mismo graves perjuicios a la víctima.   

En cuanto al falso juicio de existencia por  omisión,  atina  a  señalar  que  las precisiones fácticas no tienen sustento  probatorio,  en  desacuerdo  con  la  afirmación  alusiva a que el Juez Urrutia  deslindó  formal  y  no materialmente los predios, cuando del acta se desprende  que se perfeccionó en su integridad la demarcación y partición.   

Termina  por  señalar  que  Jaime  Alonso  Reyes  Velandia  se apartó  fehacientemente  de  la  ley e incurrió en la conducta endilgada, más allá de  toda duda razonable, deducción por la que pide su condena.   

Intervención     de     los     no  recurrentes   

Dentro  del  término  de traslado a los no  impugnantes,  el procesado, con base en los artículos 464 y 465 del CPC, expone  los  siguientes  pasos,  que  conforman  el proceso de deslinde: (i) se profiere  auto  en  el  que  se  fija fecha y hora de partición, con la prevención a las  partes  para  que presenten su títulos de propiedad y se designa perito (ii) en  el  día  indicado, se concurre al terreno y se recaudan los elementos de juicio  necesarios,  incluso  la  experticia  que,  a  su  turno,  puede  ser aclarada o  adicionada,  pero no objetada, (iii) con todo, el juez señala el lindero y hace  colocar  los  mojones para demarcar ostensiblemente la línea divisoria, (iv) si  nadie  se  contrapone,  allí  se  dicta  sentencia; (v) si hay oposición, debe  presentarse  por  escrito  en  el  término  de  diez días a través de demanda  ordinaria,  (vi)  de  no  interponerse,  se declara desierta y queda en firme lo  determinado,  procede  la  cancelación  de las medidas cautelares y el registro  notarial  mediante auto equivalente a un fallo y (vii) por último, en firme, el  juez  pone  a  los  colindantes  en  posesión,  donde no puede formularse nueva  oposición,  salvo  la  de terceros. En el evento de litigios agrarios, el canon  45   del  Decreto  2303  de  1989,  adiciona  la  diligencia  de  conciliación.   

En el caso concreto, se surtió el mecanismo  alternativo  de  solución  de  conflictos,  sin  éxito,  por  consiguiente  se  decretaron  pruebas  y  estableció  día para la diligencia de parcelación, la  cual  inició  el  31  de agosto de 2004, continúo con recaudo de los medios de  convicción  y  concluyó  el  2  de agosto de 2006; agotada esa fase, se dictó  auto   en  el  que  textualmente  se  realizó,  «en  apariencia»,  el deslinde,  mediante  la  designación  de  un  perito  para  que,  bajo  ciertos criterios,  levantara  un  nuevo  plano  y demarcara la raya que constituiría el límite de  los predios en pleito.   

En  esa misma actuación, se señaló a las  partes   que   había   «quedado  fijada  la  línea  divisoria», para efectos de  que  se  pronunciaran,  al  tenor  del  numeral 3 del artículo 464 del CPC y se  opusieran, si así lo consideraban.   

Frente a lo explicado, en evidente desidia,  el  apoderado  judicial  de  la  denunciante  guardó  silencio, entre tanto, el  demandado     se     contrapuso,     pero     no     presentó     el    escrito  correspondiente.   

Advierte  que la forma irregular con que se  desplegó  la  actuación  no  fue  impugnada por las partes, ni siquiera por la  procuraduría  agraria,  a  través  de  los  medios ordinarios, y en orden a lo  dispuesto  por  el  artículo  331 ibídem, obró la ejecutoria.   

Pone  de  manifiesto  que el auto del 15 de  marzo  de  2007,  al  declarar  desierta  la  oposición  y no ser recurrido, le  brindó  firmeza  a  lo resuelto el 2 de agosto de 2006, con el agravante de que  era apelable.   

Por  lo expuesto, restaba solamente poner a  los  colindantes  en  posesión,  junto  con  la  instalación  de  los mojones,  oportunidad  en  la  que  el  abogado de la demandante recordó al juez sobre la  interposición  de  una  objeción  previa  a  la diligencia, que fue negada por  estar en firme el informe.   

Mal se interpreta la exigencia de retrotraer  actos  precluidos  y  violar  la cosa juzgada, lo que constituiría un verdadero  prevaricato,  en  coincidencia  no  solo  con el Tribunal, sino también con los  jueces de tutela.   

Descarta  la  posibilidad  de  la  nulidad  oficiosa,  con  el  argumento  de  su  taxatividad, sin encontrar en lo acaecido  coincidencia  en  alguna  de  las  causales  de la disposición 140 del estatuto  procedimental.   Restaba,   entonces,  el  ataque  a  través  de  los  recursos  ordinarios, alternativa que la parte no ejerció.   

Para  terminar,  comenta  que  el juicio de  deslinde  se  reduce  a  establecer  la referencia limítrofe, donde el operador  judicial,  con  la  presteza  de  las partes y el apoyo del técnico, realiza el  trazo,  como  aconteció  en  el caso en concreto con la anuencia de las partes,  por lo que colige, no hay lugar a los cuestionamientos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En   atención   a   que   Jaime  Alonso  Reyes  Velandia ejercía las  funciones  de  Juez  Civil  del  Circuito  de  Acacías  (Meta)   para  la  época  de  los  hechos  objeto  de  la  actuación, la Corte es competente para  conocer,  en segunda instancia, del fallo emitido por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Villavicencio,  de  conformidad con lo establecido en el artículo  32-3 de la Ley 906 de 2004.   

Se  advierte  que  se  acusa a Reyes       Velandia      de              prevaricar          –por     acción-,     al  ordenar la  instalación,  el  23  de  abril   de   2008,   de  los mojones que demarcan el límite sur –  norte de las fincas El Porvenir y  La  Esperanza,  localizadas  en la vereda Brisas del  Guayuriba   del   municipio   de  Acacías,  con  base  en  un  plano  realizado por el perito       designado      por      su  predecesor, en  desconocimiento  de los derroteros  determinados  para  su  elaboración   según   auto   anterior       emitido      en      el      mismo      proceso.   

Dentro  de  este  contexto  fáctico   la   representante  de  la  víctima  y  la fiscalía,  a   través   de   sus  memoriales, conducen  las    pretensiones        a       obtener      la     revocatoria     del  pronunciamiento,  bajo el argumento  de  un  ostensible desconocimiento de la ley   .  

Cuestión previa  

El     delito    de    prevaricato   

En  el escrito  de  acusación  se  atribuye al procesado la conducta  punible   definida   en   el   precepto    413  de    la        Ley        599        de       2000,           modificada    por    la    890    de  2004, en los siguientes términos:   

El   servidor   público  que  profiera  resolución,  dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá  en  prisión  de  cuarenta  y  ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses,  multa  de  sesenta  y  seis  punto  sesenta  y  seis (66.66) a trescientos (300)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta y  cuatro (144) meses.   

De   acuerdo   con  lo  anterior,  esta  Corporación  ha  dicho  que la resolución, dictamen o  concepto,  deben  ser  contrarios  a  la  ley de manera manifiesta, esto es, sin  reflexión,  que,  aún  con  algún  tipo  de razonamiento, asigna conclusiones  contrarias  a  lo  que exponen las pruebas o la normatividad que rige el asunto,  al  punto  que  el reconocimiento resulta arbitrario y caprichoso al provenir de  una   deliberada   y   mal  intencionada  voluntad  del  servidor  público  por  contravenir    el   ordenamiento   jurídico.   (CSJ,   19   mar.   2014,   rad.  41357)   

Es  así  como no tienen cabida las simples  diferencias   de   criterio   respecto  de  un  determinado  punto  de  derecho,  especialmente  en  materias  que  por  su  complejidad  o  ambigüedad,  admiten  diversas  interpretaciones  u opiniones, porque no es posible ignorar que suelen  ser  comunes  las  discrepancias,  aún  en  temas  que aparentemente no ofrecen  dificultad. (CSJ, 19 mar. 2014, rad. 41357)   

En lo que respecta a la estructuración del  tipo   del   delito   de  prevaricato  por  acción,  reiteradamente1,   se  han  precisado los siguientes presupuestos:   

De   acuerdo   con   esta   descripción  constituyen    supuestos    para    la    estructuración    del    tipo  objetivo  la  concurrencia  de  un  sujeto  activo calificado,  es  decir, tener la calidad  servidor  público;  como  sujeto pasivo el   Estado   y  la  Sociedad;  el  bien  jurídico  que este delito viola o pone en peligro es  la  administración  pública  en su especifica versión de exigir el respeto de  la   autoridad   a   la   ley   y   el   Derecho;  la  conducta consiste en conceptuar, proferir el dictamen  o   la   resolución   ilegal;   y,   como   elemento  normativo,  además  de los anteriores, la expresión  “manifiestamente contrario a la Ley”.   

6.   Cuando   se  imputa  el  delito  de  prevaricato  a  un  servidor judicial porque se cuestiona la interpretación que  da  a  una  norma, la jurisprudencia de la Sala ha reiterado, que dicha conducta  prohibida    se    realiza,    desde    su   aspecto  objetivo,   cuando   se   presenta   un   ostensible  distanciamiento  entre  la  decisión  adoptada  por  el servidor público y las  normas  de  derecho  llamadas  a  gobernar la solución del asunto sometido a su  conocimiento.   

También  ha  señalado  la  Sala  que  al  incluir  el  legislador  en  la  referida descripción un elemento normativo que  califica  la  conducta, el juicio de tipicidad correspondiente no se limita a la  simple  y llana constatación objetiva entre lo que la ley manda o prohíbe y lo  que  con  base  en ella se decidió, sino que involucra una labor más compleja,  en  tanto  supone efectuar un juicio de valor a partir  del  cual ha de establecerse si la ilegalidad denunciada resiste el calificativo  de  ostensible  por  lo cual, como es apenas natural,  quedan  excluidas  de  esta  tipicidad  aquellas decisiones que puedan ofrecerse  discutibles  en  sus  fundamentos pero en todo caso razonadas, como también las  que  por  versar  sobre preceptos legales complejos, oscuros o ambiguos, admiten  diversas  posibilidades  interpretativas  por  manera  que  no  se  revelan como  manifiestamente contrarias a la ley.   

7. El delito de prevaricato sólo admite la  modalidad  dolosa  en  los términos del artículo 22 de la Ley 599 de 2000 y se  presenta   cuando  el  servidor  público  profiere  de  manera  voluntaria  una  resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrarios  a  la  ley,  y  además,  es  consciente  de que con su comportamiento vulnera el bien jurídico  de la administración pública.   

8.  Tiene  dicho  la Sala que a la hora de  hacer  el  examen  del  aspecto subjetivo   de   la   conducta  prevaricadora  se  ha  de  observar  que  su  concurrencia   puede   inferirse  a  partir  de  la  mayor  o  menor  dificultad  interpretativa  de  la  ley  inaplicada  o tergiversada, así como de la mayor o  menor  divergencia de criterios doctrinales y jurisprudenciales sobre su sentido  o  alcance,  elementos  de  juicio  que  no  obstante su importancia, no son los  únicos  que  han  de  auscultarse,  imponiéndose avanzar en cada caso hacia la  reconstrucción  del  derecho verdaderamente conocido y aplicado por el servidor  judicial  en  su  desempeño  como  tal,  así  como  en  el  contexto en que la  decisión    se    produce,   mediante   una   evaluación   ex   ante   de   su  conducta.   

9. Otro aspecto que se debe tener en cuenta  es   el  referido  a  las  simples  diferencias  de  criterios  respecto  de  un  determinado  punto de derecho, especialmente frente a materias que por su enorme  complejidad  o  por  su  misma  ambigüedad  admiten diversas interpretaciones u  opiniones,  situaciones  en las que no se puede considerar la decisión judicial  como  propia  del  prevaricato,  pues  no  puede  ignorarse  que  en el universo  jurídico  suelen  ser comunes las discrepancias aún en temas que aparentemente  no ofrecerían dificultad alguna en su resolución   

        En     este    contexto,  corresponde  a  la  Sala determinar,  de  cara  a  las  probanzas  del  plenario  y  a  las  exigencias  típicas  de la conducta que viene endilgada, si se acredita o no su  existencia,    dentro    del    marco    de    censura    propuesto    por   las  recurrentes.   

Previamente,  se  debe  señalar  que  la  competencia  para  decidir las apelaciones se extenderá a los asuntos objeto de  impugnación   y   a   aquellos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados  a  éstos.   

Metodológicamente,         se        evaluará   la   actuación  de  Jaime  Alonso   Reyes  Velndia,  del  23 de abril de 2008,  frente a las reglas  que  orientan  el  proceso  de  deslinde    y    amojonamiento,   y   el  auto  del  2 de agosto  de  2006,  a efectos de determinar si  la  interpretación realizada comporta un ostensible  distanciamiento  normativo,  atendiendo  cada  uno de  los  temas propuestos por las impugnantes.   

Deslinde y amojonamiento  

El Decreto 1400  de    1970,   en   los  artículos  460  al 466,  consagra el procedimiento       para    este    tipo   de   asuntos,  compuesto     por:  (art.   461)            requisitos    de   la   demanda    y    anexos   (documentos que acrediten derechos,  certificados  de instrumentos públicos y  prueba  siquiera  sumaria  sobre la  posesión   material);  (art.   462)  traslado  y  citaciones;   (art.  463)   excepciones  previas, que se decidirán mediante incidente, una vez  surtidos  los  traslados  y  cumplidas  las  medidas  de saneamiento;             (art.  464)  diligencia de deslinde en  la  fecha  y  hora  que  señale  el juez,  con  la  prevención    a   las   partes   para  que  presenten  sus  títulos a más  tardar  el  día  de  la  diligencia.  El  perito se  designa   en  el  mismo  auto.   

En   la   práctica   del  deslinde  se  deben  observar los pasos  que a continuación se relacionan:   

1) El personal  se   traslada     al    lugar,    se     recepcionan    las  declaraciones  de  los  testigos, el  juez  examina   los  instrumentos para verificar los linderos  y escucha  al  perito,              allí,  el  dictamen  puede ser aclarado o adicionado,    pero   no   objetado;             2)             se             practican  las    pruebas    y    si    los    terrenos     son    colindantes,    se  señala     los     linderos    y    colocan los  postes  en  los  sitios  donde   sea   necesario,   para  demarcar  la  raya  divisoria;  3)             si   ninguna   de   las   partes   se  contrapone,     el  operador judicial pondrá  o  dejará en posesión de los respectivos terrenos a  las    partes    con    arreglo    a   la   línea  fijada         mediante         sentencia,     declarara    en    firme    el   deslinde   y  ordenará  cancelar  la inscripción de la demanda y  protocolizar    el   expediente   en   una   notaría   del   lugar.      Luego     de     lo             anterior,      el     funcionario  expedirá  a  las  partes  copia  del  acta  de  la  diligencia  para  su  inscripción  en el registro competente.   

Si fuere necesario continuar la diligencia  en   otro   día,   el  juez  hará  nuevo  señalamiento  para  dentro  de  los  cinco      días  siguientes.   

El trámite de  las   oposiciones  (art.  465),  se  surte  antes  de  concluir  la  diligencia bajo las   siguientes   reglas:         1)        dentro    de    los    diez    días  siguientes       el       opositor      deberá  formalizarla     mediante     demanda;             2.)             vencido    el   término,    si  no    es          presentada,  se  declara       desierta,      la    división   adquiere   firmeza   y   corresponde   poner   a  los    colindantes    en    posesión,  sin  se  pueda    admitir    nueva   oposición;    3)   si   se   presenta      en     tiempo,  se  correrá  traslado al demandado  por  diez  días,  con  notificación  por  estado  y  en  adelante  se seguirá  el trámite del proceso ordinario.   

Por    último,    el    artículo        466   dispone   cómo   se   procede   en   caso   de   mejoras.   

Ahora,   resulta   pertinente  analizar  el  trámite  que  se  imprimió  a la causa     por     el    Juzgado          Civil       del      Circuito    de    Acacías.   

La  actuación  se  inició  en el año 20022,    a  instancias   de  María  Elvira  Carrillo  García,  quien  como dueña de la  finca      “La  Esperanza”  demandó a  Porfirio  Torres  Fino,  propietario  del predio  colindante,  con  el  fin  de  fijar  el  lindero sur  – norte.   

Luego   de   fallida   la  audiencia  de conciliación,     la     diligencia   de  que  trata  el  canon  464  inició  el  31  de  agosto  de  2004,   de  la  que  se  transcribe  los  apartados  pertinentes:   

…procedieron      (las  partes)  a prestar la colaboración  del  caso  al  juzgado,  previo  requerimiento de éste, para llevar a efecto la  diligencia.  Dado que este proceso persigue que se señale con exactitud, con la  ayuda  del  perito  designado,  la línea divisoria de los predios en conflicto,  sus  costados (norte la demandante), y sur (el demandado), considera el despacho  para  tal  fin  es menester dar cumplimiento a lo mandado por la ley procesal en  estos  casos,  en uanto (sic)  hace    a    la    necesidad    de   que   el   auxiliar   de   l   (sic)  justicia  designado cuente con los  implementos  necesarios  para  medir  y  para  determinar pormenorizadamente los  linderos  de  la  finca  en  conflicto.  Es así como en compañía del personal  reseñado  el suscrito juez procede a recorrer el lindero del conflicto conforme  aparece  éste  en  el  lugar,  vale  decir  que  está constituido por la cerca  levantada   en  madera  e  hilos  de  alambre  de  púa  en  regular  estado  de  conservación.  Quien  va indicando al despacho por donde va el lindero, onforme  (sic)  est´  (sic)    est    blecido    (sic)  (cerca) es la demandante junto con  el  demandado.  En  términos aproximados considera el despacho que este lindero  no  es el mismo que aparece en el plano de las fincas que obra en el expediente.  Respecto  de  este  lindero dicen las partes estar de acuerdo en lo que respecta  al  punto  de  partida y el punto de llegada, más no en el curso que debe tomar  la  línea  que  divide  ambos predio (sic),   por   cuanto  duce  (sic)  la  demandante  que la cerca divisoria se movió hacia el costado  sur  por parte del demandado. Seguidamente y a fin de traer más luces al prceso  (sic), el despacho decidió  comenzar  el  recorrido  de  reconocimiento  de  los  linderos  de las fincas en  cuestión,  comenzando  por  el  punto  7 del plano correspondiente a la finca o  lote     de     propiedad     del     demandado     deduciendose    (sic)  aproximadamente  una extensión de  64  metros,  al  punto  6;  del  punto  6  al  punto 11, por la orilla del caño  Guarupaya  se  recorrió  el  lindero el cual tiene una extensión aproximada de  315  m. de éste punto último (punto 11) se siguió el recorrido del lindero de  la  finca,  teniendo  como señal la cerca que delimita la misma, lindero que no  corresponde  a  la  forma  como  aparece  en  el  plano  protocolizado  con  las  respectivas     escrituras     públicas    de    los    prediso    (sic) en conflicto. Conforme a este plano  el   lindero   occidental   respecto   del   lindero   sur   dela   (sic) finca de la demandante, no forma un  ángulo  recto  como  aparece en el plano, por el contrario el ángulo que forma  dicho  lindero  corresponde  a un ángulo agudo (45 grados aproximadamente. Este  lindero   último   reseñado   ,   (sic)  el  cual  como  se  dijo no tiene la dirección que aparece en el  plano   hecho   mención   se  recorrió  por  el  personal  de  l  (sic)  diligencia,  encontrándose que el  mismo  tiene  una  extensión  aproximada  de  280  metros (punto 11 al punto se  corrige  punto  11  a  unos  cuantos metros antes del punto 3, punto del lindero  confluencia  de  los  linderos norte y sur, costado oriental de l s (sic)   fincas).   A   continuación  la  diligencia  se  encaminó a verificar los linderos de la finca del demandado por  sus  costados oriente y norte, arrojando aproximadamente las siguientes medidas:  40  metros  entre 1 punto 3 y punto 2; 149 metros entre el punto 2 y el punto 1;  y  el  costado  de la finca está dado por las siguientes medidas de linderos 58  metros  (del punto 1 roca grande y un árbol); 170 metros de este sitio al caño  Guarupaya  (punto 7). El despacho entiende confrontado el plano protocolizado en  tiempo      del      otorgamiento      de     la     escrituras     (sic),   respecto   de   los  bienes  en  conflicto  que  los  linderos  hechos  ver  en dicho plano no corresponden a los  verificados   en  términos  aproximados  por  el  despacho,  en  particular  en  relación  con  el  lindero  sur  y  norte  de  las fincas y en relación con el  lindero sur de la finca de la demandante.   

…  

El  señor  perito  deberá  levantar  un  croquis  o  plano  en  conjunto  de  los  predios en conflicto, y de cada uno en  particular,  conforme  a  la  delimitación de los mismos puesta de presente con  esta  diligencia.  Dicho  plano  deberá  hacerse con las especificaciones a que  aludela   (sic)   señora  procuradora  particul   rmente  (sic)  en  lo  que  se refiere a: ubicación de los predios, linderos en  metros,  dirección  de  los  mismos  (coordenadas);  cabida  de  los predios en  particulr  (sic),  y cabida  global   de   ambos   predios   El   (sic)  señor  perito  deberá constatar sobre el terreno los planos con  los  que  dice  las escrituras a los que éstos se refiere, se corrige constatar  los  planos  a  los  que se refieren las escrituras y dictaminar si estos planos  corresponden   o   no   efectivamente   a   los   terrenos  vistos  hoy  por  el  despacho.   

Pese a que la parte demandante solicitó el  peritaje,     en    la    anterior    intervención    no    formuló    ninguna  pregunta.   

El  17  de septiembre de 2004 se rindió el  informe  del experto y el 19 de octubre del mismo año se elaboró constancia de  no haber sido objetado.   

Los  días 15 de septiembre y 20 de octubre  de 2005, se evacuan las pruebas testimoniales.   

A  continuación, se describe el desarrollo  de  la diligencia del 2 de  agosto      de  2006,     sin    dejar    de    resaltar   su   importancia,   al   afirmar  al  unísono  las        recurrentes,        su  desconocimiento    por    el   acusado:   

Seguidamente  se procedió a reconocer una  vez  más  el  lindero  motivo del conflicto, por el suscrito Juez y el personal  reseñado,  comenzando  por  el  punto  que  da sobre el costado oriental de los  predios,  lugar donde existe un broche, y respecto del cual digeron (sic)   las   partes   estar   deacuerdo  (sic) en que es el punto de  partida  del  lindero  en  conflicto, sobre el costado oriental de las fincan en  cuestión.  Dicho  lindero,  que esta (sic)  constituido  por  cerca de alambre de púas, tendido en postes de  madera  en  regular  estado,  tiene  una dirección en sentido recto, en la gran  mayoría  de  su  trazado,  salvo  la  parte  inicial que da una curvatura de 90  grados  descendiendo  al  sur del predio del demandado. Se terminó el recorrido  de  dicho  lindero  en  el  punto  que  da  sobre el caño Guarupaya, se corrige  Guarupaya,   punto   este  acerca  del  cual  también  coninciden  (sic)  las  partes, en que es el punto de  llegada  del  lindero  que  separa sus fincas. A continuación, y con base a los  planos  que  acompañan  las  escrituras,  se  procedió  a  recorrer  en  forma  imaginaria   el  lindero  que  separa  las  fincas,  constatandose  (sic)        los       (sic)     siguiente:     en  la  parte  norte  del  lindero de la finca La Esperanza, que se  adentra  en  la  finca  El  Porvenir,  se  pudo  verificar  que  existen algunos  árboles,    que    eventualmente    podrían    haber   serevido   (sic)   para  extender  cerca  en  ese sector del lindero; se halló  también  en  dicho  recorrido algunos postes derrumbados (madera), al igual que  almbres   (sic)  de  púas  oxidado,      cisrcuntancias      (sic)  estas  que  podrían  dar a entender que en el pasado se levantab  (sic) una cerca en el sector  que  constituía  el  lindero de lo s (sic)   predios   en   litigio;   siguiendo  el  recorrido  del  lindero  imaginario,  se  fue  a  desembocar  a  la curvatura que hace el lindero actual,  proveniente  del  costado oriental de las fincas. De este lugar se llegó denuvo  (sic)  al punto de partida,  broche  de entrada de la finca de Porfirio. A instancias de la demandante, quien  se   encuentra  inconforme,  con  el  reconocimiento  hecho  a  los  predios  en  diligencias  (sic) llevada a  caboel  (sic)  día  30  de  agosto  del año 2004 se procedió a recorrer el lindero oriental de la finca El  Porvenir,   teniendo  como  tal  según  ella  y  su  apoderado  un  carreteable  pavimentado,  que  corre  en  sentido  norte  hasta  dar  un situio (sic)   que   conforma   un   triangulo  (sic),  que  encierra  una  porcion  (sic) de terreno de  aproximadamente  una  hectárea,  y  acerca  del  cual  dice  la demandante y su  apoderado,  que  hacen parte de la finca El Porvenir, o mejor que es terreno que  está  dentro del palno (sic)  de  protocolizado (sic) en la  escritur  (sic) pública de  compraventa  realizada en favor de Porfirio Torres Fino, igualmente, se corrige,  El  suscrito funcionario considera que dicha porción  de  terreno, de aceurdo (sic)  a  la  anteriro  (sic) visita  reali  zada (sic) al lugar, y  al  criterio del señor perito, no pertenece a la finca El Porvenir.  El conflicto que ha dado lugar al presente proceso, lo constituye  esencialmente,  la  discusión habida entre las partes, con relación al lindero  que  separa  sus  fincas.  Este  lindero  es  un lindero sur parael (sic)  predio del demandado, y norte para  la   demandante…   (Resalta  la  Corte).   

                         …   

2-  la  prueba  testimonial recogida en el  expediente  no  da  muestra  a  cerca (sic)  de  que  los  actuales  linderos  de  las  fincas  en  cuestión,  particularmente   el   lindero  en  conflicto,  se  hallan  s  ido  (sic) los que se encontraban en el lugar,  cuando  se  realizaron  los  negocios  jurídicos a que se ha hecho mención. En  efecto,  los  varios testigos llevados por el demandado al proceso no demuestran  fehacientemente  y  en forma específica que el actual lindero de colindancia de  las  fincas  de  que  se trata, haya sido el mismo que se presentara cuando hubo  los  negocios  de  la  compraventa.  3-  )  Por  el contrario, en el curso de la  diligencia  del día de hoy, pudo constatar el despacho algunas señales que dan  cuenta  que  en  el  paso no muy remoto existió una cerca por el lugar, o mejor  por  el lindero que divide las fincas El Porvenir y La Esperanza, de conformidad  con  los  planos  que  se  allegaron  al proceso, y que fueron protocolizados al  tiempo  del  otorgamiento  de  las  escrituras  hechos  mención.  4- ) La carta  catastral     No.     266-LV-A-1     de     fecha     1985     ,    (sic)   expedida   por   el   Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi,  hace  ver  a  groso  modo, la existencia de los  predios   en   conflicto,  pudiéndose  verificar  en  ella  que  en  una  forma  aproximada,  se  ajusta la figura de los predios, a los que se ponen de presente  en  esta  actuación, y conforme a los planos adjuntos a las escrituras pública  (sic)  states  (sic)   veces  emncionadas  (sic).  En  efecto  en  dicha  carta  se  observa  que  el  lindero  que  separa  los predios de las partes no es de forma  recta  o  mejor  no  lo  constituye;  una  línea  recta, por el contrario está  conformado   por   una   cirvatura   (sic)  que  se adentra hacía el terreno del demandado, y que se asimila  a  la  forma  geométrica  de  los predios de demandante y demandado, según los  planos  acopañados  (sic) a  las  escrituras. 5- ) La circunstancia de no corresponder los linderos en metros  al  igual  que  la  cabida,  de  los  predios de que se trata, con las medidas y  linderos  ficicos  (sic)  y  cabida,  conforme a los planos acompañados a las escrituras, y con los linderos  a  que  hace  mención estas, no es óbice para tomar una desición (sic)  en  este  asunto,  pues  la ley le  impone   al  juez  resolver  no  pudiendo  declarar  que  carece  de  argumentos  jurídicos para definir el pleito.   

Se          percibe     del     registro    del  acta,  que  los testigos  no  dieron  ilustración        de  la  colindancia  actual  con  las  circunstancias históricas  al momento de la compra de  los     inmuebles;  en  contraste,  el  despacho  constató  señales que dan cuenta de lo que fue  una    cerca    por    el   cauce   divisorio,   de  acuerdo  a  los  planos anexos a las escrituras y la  carta  catastral del IGAC,  en   forma   aproximada   a   la   figura   de  los  predios.   

Además,     se     observó  en  el  terreno    que   el   lindero   no        es        recto  como  en     los     registros,     sino    curvo   y   se   adentra   hacia   la  hacienda  del  demandado.   

Es    así    como    por    la  incoherencia               advertida,  en  metros  y  cabida, se  dictó   auto  en  los  siguientes                términos:   

Como  en  el  caso  se  evidencia  que los  linderos  de  las  fincas  en  cuestión, particularmente el lindero materia del  litigio,   era  el  que  anuncian  (sic)  los  planos y las escrituras correspondientes, forsoso (sic) es concluir que cabe en este asunto  demandado,   debiendo   el   despacho   para   el  efecto  dictar  el  siguiente  auto:   

Deslindese        (sic)  el  lindero sur-norte, respecto de  las  fincas  “El  Porvenir”,  y  “La  Esperanza”,  ubicadas en la Vereda  Brisas  del  Guayuriba,  de esta ciudad, en la siguiente forma: el señor perito  designado  para  esta  diligencia  deberá  levantar  nuevo  plano,  que cobijé  únicamente  (sic) la zona de  conflicto,  en  la que se haga ver que el lindero sur-norte de dichas fincas, lo  constituye  la  línea  que  aparece en los planos que acompañan las escrituras  públicas  de  compraventa  de dichos predios. Para el efecto deberá tener como  punto  de  partida  , (sic) y  como  punto  de  llegada  de  dicho lindero, los puntos en que están de acuerdo  lasp  (sic) partes (partida y  llegada),  según  esta diligencia y según la diligencia pasada. El auxiliar de  la  justicia  deberá proyectar con base en los datos que suministre el proceso,  particularmente     los     planos     tanta     veces     hecho    (sic)  mención  y el visto a folión 117  del  expediente  (plano  IGAC)  de fecha septiembre de 2004, LA LÍNEA DIVISORIA  QUE  EN  LOS  SUCESIVO  DEBE  CONSTITUIR  EL LINDERO SUR-NORTE DE LOS PREDIOS EN  LITIGIO.   

El  señor  perito  deberá  indicar en su  experticio  (sic) la longitud  de  las  líneas  que  constituyen  el  lindero ordenado, y dispondrá según su  mejor  criterio, el lugar donde deben enterrarse mojones en madera o de cemento,  para   efectos   de   que   se  tienda  la  correspondiente  cerda  (sic).   

Rendido  el dictamen en cuestión, una vez  controvertido  si  fuere  el  caso, se dispondrá fecha para la continuación de  esta  diligencia  en  la  cual se levantará efectivamente el lindero que separa  dichas fincas, tal como fue ordenado en este proveído.   

En      es      e     (sic) estado de la diligencia el suscrito  Juez  hace  hincapié  a las partes, particularmente al demandado que conforme a  la    anterior    providencia   a   (sic)  quedado  fijada  la  línea  divisoria  que debe constituir en lo  sucesivo,  el  lindero  sur-norte  de  las fincas de las partes comprometidas en  este  juicio,  para efectos de que se pronuncie al respecto, si a bien lo tiene,  conforme  lo  establecido en el numeral tercero del Artículo 464 del Código de  Procedimiento  Civil.  En  este  estado  de  la diligencia solicita el uso de la  palabra   el   señor   apod   rado  (sic)   del   demandado   ,  (sic)   quien  en  uso  de  ella  adujo  lo  siguiente:  respetuosamente  manifiesto  al  señor  Juez  que  me  opongo  a  la  diligencia  de  deslinde y  amojonamiento  decretada  en  esta diligencia porque considero que no se tuvo en  cuenta  para  la  respectiva  demarcación  los  otros  títulos adquisitivos de  dominio    al   que   se   efiere   (sic)  los  predios  La  Esperanza  y el Porvenir, ni tampoco se tuvo en  cuenta  al  señor  perito  y por llo (sic)  tanto  presentaré la respectiva demanda dentro de los diez días  de  que  trata  el  artículo 465 del C. de P.C. numeral primero y donde fundare  (sic) los hechos y derechos  que  le  asisten  a  mi  poderdante  señor  Porfirio Torres. Dada la oposición  formulada  al  deslinde  realizado  en este proceso, se impone dar por terminada  esta  diligencia,  y  se  estará  a  la espera, por parte del juzgado, a que el  opositor  formule oportunamente la demanda ordinaria correspondiente.     

Esta providencia solo fue recurrida por el  abogado  del  demandado,  quien se opuso al considerar que no se tuvo en cuenta  «otros    títulos  adquisitivos    de    dominio   ni   el   concepto  del  perito»,   y   anunció,   por   ende,   la  interposición de la demanda respectiva.   

El  19  de  agosto  del  mismo  año,  el  técnico   rindió  el  dictamen  junto  con  el plano, del que expresamente se  lee:   

Para la nueva línea divisoria o lindero se  tuvieron  en  cuenta  el punto de partida y llegada, ya que las partes están de  acuerdo  y  la  línea  divisoria  con sus medidas se  proyectaron  aproximadamente  con  base  en el plano con el cual se hicieron las  escrituras  públicas  de los predios en litigio y el plano del IGAC. (Resaltado de la Corte).   

Este estudio es objetado por el abogado de  la     denunciante     el     23    de    octubre  siguiente.    

La  oposición  anunciada    en    la    diligencia   del   2   de  agosto,  fue  declarada  desierta   el  15  de  marzo  de  2007,   en  los  términos   de   la   disposición  465  del  CPC,  al    no    haber    sido   interpuesta    por   el   demandado,             por lo que se  procedió          a          fijar fecha  para sentencia.   

El    1  de  abril  de 2008, Jaime  Alonso    Reyes    Velandia    asumió  las  funciones  de  juez  civil  del  circuito     de     Acacías    (Meta)3,  con  el  proceso      en      el      estado     hasta     aquí     descrito.   

Es   así   como   el   23   del  mismo  mes y año, el enjuiciado  asistió  al lugar de los  hechos      para  continuar          la          actuación,  realizar  el    amojonamiento    junto    con   el   perito   y   las  partes,  así  como  dejarlos  en  posesión     de     los    inmuebles;  en  ese  momento,  la    parte    demandante   evocó   la   objeción   (del 23 de octubre de 2006)  respecto  al  plano  que  estaba  sirviendo  para  la  diligencia,  la cual fue despachada  desfavorablemente  por  improcedente   (464   CPC),  sin  que  se  reivindicara  ningún  otro  recurso.   

Ésta última, es la actuación tachada de  prevaricadora.   

Dentro  de  este  contexto  adjetivo,  es  pertinente  abordar  el  alcance  del  peritaje y su  contradicción,  para  luego  determinar  el  momento  del perfeccionamiento del  deslinde y la firmeza de la determinación.   

Plano elaborado por el perito       

Concurren   las   intervinientes   en  señalar    que   la  cartografía ordenada     el     2     de     agosto     de    2006,      al     ingeniero   asignado   al  proceso  para  las  funciones    de    peritación,   no   observó las orientaciones      delimitadas      para     el  efecto.   

A  su  turno,  la  abogada  manifiesta   que   en   los  términos  plasmados,    el    dibujo   era  favorable  a sus intereses, pero el profesional no acató los  lineamientos,   razón   por   la   cual   no   lo  recurrió;  mientras que  el    ente   acusador  apunta,  que debía rendirse en el sitio.   

Efectivamente,  en la fecha señalada, como  se  rememoró en el acápite anterior, el juez, que dirigía  la  audiencia,  solicitó  al   experto  levantar  un   gráfico  alusivo  de         forma        exclusiva,             al borde en  disputa,  que coincidiera  con  la  línea  de  los anexos a las escrituras y al  folio   del   IGAC   para   la   definición   de   su   trazado,   poniendo   de   presente   que   en   sus   puntos   extremos  las  partes  manifestaron  su  acuerdo.   

No   obstante,   insistentemente   se  afirma   que   los   soportes  aludidos  no  fueron  respetados   y,   que,  con  esto, se    produjo    un    daño    a   la  víctima.   

Para         dilucidar  esta situación, es   pertinente   el   análisis   de  las   circunstancias   antecedentes   en   las  que  se   agotó  este  medio  de convicción, esto es,  solicitud,    decreto    y   práctica.   Sin   dejar   de  señalar  que  el  análisis        del       Tribunal,    en    este    punto, se quedó  corto.   

Al     respecto,     dígase      que     la             participación  del  perito  no  resultó  accidental   en  el  proceso,  al  ser  una    prueba   pedida   por   la   demandante  y  ordenada  el  8 de octubre de 2003. Es  así como tomó posesión  de  su  cargo  el  31  de  ese   mes y año.   

De     igual     manera,  esta intervención tampoco fue pura  y      simple,      pues      ignoran      las      impugnantes     el             precedente    del    31    de   agosto   de   2004,   donde   se   resolvió   efectuar  un  croquis                 común  y de cada predio, en   el   que   se   discriminara  su  ubicación,    linderos   en   metros,  cabidas  e  igualmente  se         constatara  en  el  terreno      la  correspondencia con los planos de las escrituras.   

En    esta    instancia,  el  representante  de  María    Elvira   Carrillo   García  prescindió  de consultar  al     experto     en    relación    con    algún    aspecto      referente      al   asunto   y   guardó  silencio  en  su traslado.   

Asimismo,  en  la  continuación  de  la actuación4,                    de  nuevo  se    impartió   la   instrucción   de    levantar    otro   plano,  pero en esta oportunidad, ya no  con   el   fin   de   cotejar,   sino  para  determinar  la línea divisoria,  en  consonancia  con los instrumentos públicos y la  carta del IGAC.   

Ahora,  debe  responderse,   con   sustento   en   el  registro  del  acta,  que  el    trayecto   materialmente  no  coincidía   con   los   planos  aportados  por  las  partes.  Pero,    además,    el    linde       se       prolongaba         hacia      el      terreno     del  demandado    y    que  la  presencia     de     algunos    árboles,  pudieron  extender  la cerca en ese tramo.   

En  el  texto  también  se  descubre  que  la demandante y su abogado no estaban de acuerdo  con    el    recorrido   realizado,   porque   señalaban  que  un      segmento      del             sector             oriental            pertenecía a su predio, ante lo cual,  con     base     en    la    nueva    exploración        y    el    concepto    del   perito,   se   determinó,  de forma contrapuesta, que  no  le  correspondía a la finca  El     Porvenir5,  de propiedad de la denunciante.   

Así que, no le  asiste  razón  a  la  representante  de la víctima  cuando     afirma     que     las    orientaciones      del      informe  eran  convenientes a sus  pretensiones.   

Por    otro    lado,    en     lo    alusivo    al    desconocimiento    de    esas            instrucciones,    impartidas   para   elaborar   el  instrumento,  basta leer  el  oficio  remisorio del  perito,       el       cual       expresamente    consigna      que      se     atendió     para    su    elaboración  «las  escrituras públicas de los predios en litigio  y el plano del IGAC».   

Con   esto,  se  desvirtúa  la conveniencia reivindicada respecto  de  los  criterios  para  la    alineación        de   los   inmuebles,   así  como  el  desconocimiento         en        su          confección  cartográfica de las  indicaciones  impartidas.      

Lo  expuesto  margina  la  suposición  de las apelantes   y   ofrece   la   oportunidad  de  señalar  que  la  Sala  echa  de  menos el             medio            probatorio            pertinente         para  que se asuma errado el  dictamen  pericial, al observar que  en  el  plenario no obra  prueba  técnica  en  ese  sentido,  por  lo  que  esa  afirmación  no  deja de  ser  una mera        especulación sin sustento.   

De    otra    parte,    resulta  pertinente  elucidar en torno a  la     práctica     de     este     medio     de  convicción,     la  oportunidad      para      su      contradicción   y   el   funcionario  responsable      en      cada      etapa  de  su  ejecución.   

El Código      de      Procedimiento       Civil  de   1970  establecía  las    pautas   concretas   de   este  mecanismo  demostrativo,  vigentes para la época de  los  hechos. Siguiendo las  reglas     allí     consignadas,    bajo  el arbitrio de Hernando de Jesús  Urrutia     Barón,  en  el  proceso se solicitó, ordenó y practicó la  peritación,  incluso, el  juez  acudió  a ella en  dos  oportunidades,  para verificar, en primer lugar, identidad entre los planos  de    las    escrituras    y   los   linderos   en  sitio, y segundo, para la determinación definitiva  del deslinde.   

En  todo  caso,  cada  uno de los puntos  formulados      por     el     despacho        fueron  resueltos  por el experto a través  de  sendos  dictámenes.  Estos,  controvertibles,   por   mandato   del   artículo  464,    mediante  complementación   o   aclaración,   sin     que     fuera  admisible la objeción.   

Puntualmente, el 17 de septiembre de 2004  es  rendido  el  primer  informe,  del  que  se  corrió   traslado  el  23  siguiente  y   fue  aprobado   el   19   de   octubre   de   ese   año  ante  el  silencio  de  las  partes.   

El  19  de  agosto  de  2006, el experto  entregó  el  segundo  dictamen,   puesto  a  disposición   de   los  interesados  solo  el  12  de octubre,      por      tres  días  hábiles,  y  el  representante   de  la  demandante  presentó  escrito  de  observación  el  23  del  señalado  mes,  esto    es,   fuera  del  término.   

A  pesar  de  lo  anterior,   el  despacho  puso  a  la  vista de la contraparte    el   documento  de  réplica el 9 de noviembre y el  15    de    marzo    de   2007   fijó  fecha  para dictar sentencia con la  comparecencia      del      perito,        sin        decretar        más       pruebas.   

El 23 de abril de 2008, bajo la gestión  de   Jaime   Alonso   Reyes   Velandia,      correspondió         adelantar  audiencia  de  fallo, dentro   de   la   cual,      al      iniciarse   el   amojonamiento   con   la  instalación    de   las   estacas,   el   abogado  de   María   Elvira  Carrillo         García        puso  de  presente  la  observación  interpuesta         al         concepto,  manifestación  que  desestimó el  togado, con sustento en  el   canon  464,  por  improcedente  y  haber  operado  el vigor de su firmeza.   

La  carencia e inadecuada contradicción  del     peritaje,     desvirtúa    la  tesis  del incumplimiento de los deberes funcionales del juez  ante     el    error    sobreviniente    de    la  peritación,   como  quiera   que  el  yerro  no  se  probó,   no   se   violó  el  debido  proceso  probatorio   y  del  estudio  riguroso  de  la  actuación,  se advierte  más           bien           el            propósito           de           obtener          una            compensación           como  consecuencia    de  su    propia        culpa.   

De    lo   detallado,   emerge  la actitud displicente en la gestión de los intereses de  la    denunciante;  la  omisión  en  la  formulación de interrogantes  pese  a solicitar la prueba, el silencio,   por   un  lado,  y  su                reclamo               extemporáneo,   por   el  otro,  así  como  el  yerro  al recurrir         el     dictamen     mediante   objeción,   cuando   por   ley,  debió  proponer  aclaración  y/o adición,  son   clara  evidencia  de  una inadecuada  representación    de   María   Elvira   Carrillo  García               que,        en       últimas,     termina   incidiendo   en   la  resolución  adversa a su pretensión.   

Como   se  advierte,  no es cierto  que  se  haya  negado la contradicción del plano, en atención a que cuando fue  incorporado  al proceso,  el    Juez   Urrutia  dio  traslado del mismo  para  que  las  partes se pronunciaran con relación a su contenido, empero, fue  recurrido  por fuera del  término   y  además  equivocadamente,   a  través   del   medio  de            la            objeción,  cuando  lo procedente era la aclaración o adición,   estos   sí,   idóneos   para   tramitar  la  inconformidad.  Por  tanto, el dictamen quedó en firme.   

En ese orden, al momento de continuar con  la    diligencia,    en    virtud    de   encontrarse  cerrada  la  etapa  probatoria,   no   era  procedente  retrotraer  la  actuación  y  revivir  términos precluidos,     además,     con    la    anuencia    de    la    parte  interesada;  proceder  que   eventualmente   hubiera   podido   ser  objeto   de   reproche   penal,   allí  sí,  por  incontestable  desconocimiento  del  procedimiento y  los deberes legales del juez.   

Así pues, no  le  asiste  razón a las  reclamantes    al  pretender  que, luego de  agotada  la  fase de pruebas, el acusado revaluara y  modificara  los  efectos  del  dictamen,  en  un  absoluto  contrasentido,  pues  aceptan su firmeza pero  respaldan la teoría de  su   reforma,  en  desconocimiento  de  las  formas  propias del juicio.   

Al tiempo, de  lo  relatado  fácilmente  se  deduce que tampoco le  asiste  razón a la tesis según la cual        el        elemento  de convicción no    se    ajustó   a  las  reglas  para su producción y  valoración,  al no encontrarse trasgresión alguna  en  el procedimiento de  ejecución   y   aducción,   aparte   de   haberse  garantizado  la       oportunidad      de      reclamación      conforme   al  rigor  legal.   

El  único  error  que  queda  en  evidencia es el traslado del  juez                Urrutia,  de  un  medio improcedente y por  fuera  del  término,  circunstancia  favorable  a  la  ofendida  y que se torna  intrascendente,  al  ser despachada por Reyes   Velandia   conforme   a  la  ley.   

Todo  esto  confirma  el  empeño  por cargar en el procesado las  consecuencias    adversas   de   la   indebida   gestión   judicial,  a través de los tres abogados que  en  el  transcurso  del  proceso apoderaron a María  Elvira  Carrillo García, con el pretexto, según el  cual,  el  mapa  se  alejó  de las especificaciones  establecidas,   circunstancia   que   como  quedó  expuesta,    no    es    atinada   ni    atribuible   a   Jaime   Alonso  Reyes.     

Perfeccionamiento        del  deslinde   

Se    precisa    que    las    actoras   hacen   múltiples  reproches   en   este  tema, los cuales serán  atendidos  en su totalidad auscultando sobre el acto  de                   demarcación,  su  refutación  y el  momento  procesal  en  el  que  adquirió  firmeza,  aspecto           que          igualmente,  la  primera  instancia       debió      analizar      con      mayor      profundidad.   

Como      se      ilustró         precedencia,   de  forma  detallada  en la  audiencia  del  2  de  agosto  de  2006,  se  recorrió  el  lindero en dos oportunidades, se registró  el  estado  de la senda, la inconsistencia frente a  los   planos  de  las  escrituras  y  su  dilación  hacia   el   predio   del   demandado.   En  consecuencia,  agotadas  las pruebas y acreditada             la  colindancia,        expresamente     se    ordenó    el  deslinde a través del respectivo  auto.   

Conforme  a ello, el juzgado,   a  continuación,  tenía que señalar   el   lindero   y  colocar  los  mojones,  en  estricto  orden,  según    lo   consagrado  en  el         artículo         464;            sin     embargo,     optó     por    disponer    que    el    límite    fuera  el  que  constara en un nuevo  plano  realizado  por  el  perito,  según su mejor criterio, de acuerdo con los  mapas  que acompañaban  las    escrituras;    proceder    que  evidentemente no encuentra respaldo  pacífico   en   la  norma.   

Pero  esa  determinación  no fue  recurrida  por la denunciante, como lo hace ver el a  quo.   Quien   se  opuso  fue  el  demandado  y       con       ocasión       de     ese    recurso  la  diligencia  se  suspendió a la  espera  de  su  formalización, en los términos del  artículo    465,   mediante   la   interposición  del      escrito.      Como  no  se  presentó, fue declarado  desierto      y      cobró      firmeza     la  partición.   

Con  todo  y aun ejecutoriada            la  partición,    la  interesada  contó  con  una nueva oportunidad para expresar su insatisfacción,  mediante    la    solicitud    de    aclaración   o  adición  del  plano,  del  que  se  le  corrió  traslado,      pero      equivocadamente     su  abogado  instauró objeción, dispositivo proscrito  de   esta   clase   de   procedimiento.   

Evidentemente,  la Sala encuentra una   fisura   en  punto  del  deslinde  en concreto, donde se  comisionó  al  experto para que con base en el mapa  resultara  sentada  la  división,     empero,    operó    el  principio  de convalidación por  parte        de        la        suplicante,       quien    con    su   ausencia   de  diligencia  aceptó tácitamente las condiciones en  las  que  se  surtió  la  demarcación,  sumado al  equivocado medio de oposición.   

Debe     reconocerse,  igualmente,  que  quien  tomó en  esas   circunstancias   la   determinación,  no  fue  el  enjuiciado,  sino  su  predecesor,    por    tanto,   escapa   cualquier  consideración  en torno  al  juicio  de  responsabilidad  que  se le pueda hacer al encartado.   

Diligencia   del   23   de   abril  de  2008   

En  este  orden  de  ideas, al  evaluar  el  discurrir  de  la  intervención  del procesado,  sobreviene   que   la  peritación   y   la   partición  se  encontraban  precluidas,   con  el  agravante  de       la  aquiescencia    del  representante   de   la   afectada   y    la    carencia   de  elementos  de juicio  objetivos  que  restaran  credibilidad  al gráfico,  con  lo que se concluye válida la  ejecución    del    fraccionamiento,  en  estricta  observancia del auto del 2 de agosto de 2006, que  como la misma fiscalía lo reconoce, estaba en firme.   

Exigir      de      Jaime   Alonso   Reyes  Velandia  un  comportamiento        distinto,        como        por       ejemplo,  acudir  a la nulidad oficiosa, no  deja  de  ser  una mera interpretación o simple diferencia de criterio, en todo  caso,    con   insuficiente   justificación   en   virtud   de   lo        expresado.             

Como   queda   expuesto,  no  advierte  la  Sala  que  concurran  los  requisitos  para  la  estructuración  del  tipo de prevaricato por parte  del    procesado,    esencialmente,   al   no   hallar   en   su   actuar  desconocimiento       alguno      del     derecho    llamado    a    gobernar    su    intervención,      con      lo  que,  por sustracción  de  materia, se descarta de plano la concurrencia de  los         demás        elementos        del        delito        censurado.   

Por último, las suplicantes  nunca  concretaron la disposición  normativa  que  estimaban  trasgredida,  inclusive, el ente acusador,   en  su  escrito  poco  ordenado,  intenta  postular  una  violación      indirecta      de     la     ley  sustancial  a  través  del  error  de  hecho,  -falso   juicio   de  raciocinio-,  al     referir     trasgresión     de    las    reglas    de    la   sana   crítica,   concretamente, la lógica.   

Esta    formulación    se  eleva  en  absoluta  desatención  de las pautas previstas    para   su   formulación,  enunciando    el  cargo     de     forma    incompleta,     sin     indicar        las       disposiciones infringidas,  el  principio lógico que califica  ignorado     en  concreto, su trascendencia  en  la  decisión  y  la  necesidad  de atender uno de los fines fijados para el  efecto.   

       Reclama,  por esta misma vía, que se  incurrió en  un  falso  juicio  de existencia,  -por   omisión-,  respecto  del  acta  y el auto de  diligencia  del  2  de  agosto de 2006, exposición  que vulnera el principio  de  corrección  material,  porque  esos documentos  fueron   considerados   por   el  juzgador  en  las  estimaciones  del  pronunciamiento  y  este tipo de  yerro  hace referencia al juicio equivocado del juez  respecto    de    la    presencia    física    al  interior  del  proceso  de   un   medio   de  convicción,    que  obrando  en  el  mismo,  es  excluido  por  el  Tribunal.   

Inclusive,  en la acusación y alegatos, el  delito  se  atribuyó  en  la modalidad de acción, e intempestivamente, en esta  sede,    se    varía   a   omisión,   al   señalar   la   fiscalía   en   la  apelación:   

Y  si bien la indebida formulación de una  objeción  no  podía  ser  sometida  a  trámite, no puede el juez Jaime  Alonso Reyes Velandia excusándose  en  tal  convencimiento  eludir de realizar valoración de la forma en la que se  cumplió  lo ordenado por su antecesor y es en dicha NO actuación, en la que se  cimenta  la determinación de la fiscalía de acusarle, pues su conducta resulta  omisiva  y  contraria  a  la  ley,  máxime  que el debería hacer poner como en  efecto  lo  hizo  los mojones en los lugares señalados por el perito en el mapa  que elaboró.   

De  ese  modo,  trasgrede,  de  nuevo,  el  principio de corrección material, así como el de congruencia.   

Lo  anterior,  permite  colegir  que  las  súplicas   no   dejan   de  ser  meras  enunciaciones  sin  ningún  desarrollo  argumentativo,   sustentadas   en  razonamientos  genéricos,  centrados  en  un  presunto  desacierto  judicial,  sin  confrontación  efectiva  de  la  realidad  probatoria    y    procesal,   que   permite   advertir   la   precariedad   del  reproche.     

En  suma,  los  diferentes  planteamientos  esbozados,  son  asuntos,  por naturaleza, controvertibles ante la jurisdicción  civil,  sin  que  corresponda  al  juez penal el escrutinio de los mismos.    

Para  cerrar,  la  Sala  no  puede dejar de  requerir  a  la  apoderada de la denunciante por el uso en ciertos apartes de su  escrito,  de  referencias  y  términos  desobligantes al momento de expresar su  desacuerdo  con las consideraciones del Tribunal, actitud que le resta altura al  debate  y linda con el incumplimiento de los deberes que le asisten, a la luz de  la disposición 140 de la Ley 906 de 2004.   

Conclusión.  

En          consecuencia,      queda  descartada la estructuración  del  delito  de  prevaricato  por parte de Jaime Alonso  Reyes  Velandia  en la  actuación  desplegada  el 23 de abril de 2008, dentro del proceso de deslinde y  amojonamiento  instaurado por parte de María Elvira  Carrillo García.   

Así   las   cosas,   la  absolución    emitida    en    su  favor  será objeto de  confirmación,       en      virtud    de    los    argumentos   aquí  enseñados.   

En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Administrando Justicia en  nombre  de  la  República  de  Colombia  y por autoridad de la Ley,           

RESUELVE  

Primero.         Confirmar el fallo impugnado.   

Segundo. Contra  esta providencia, no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS    ANTONIO   HERNÁNDEZ BARBOSA   

GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  CSJ  SP,  25  may. 2005, Rad. 22855, CSJ SP, 23 feb.  2006,  Rad. 23901, CSJ SP,  13    jul.    2006,    Rad.   25627,   CSJ  SP,  17 jun. 2009. Rad. 30748, CSJ, 19 mar. 2014, rad. 41357,  entre otros.   

2  El   27  de  septiembre  de  2002  es  admitida  la  demanda.   

3  Estipulación número 2.   

4  Diligencia del 2 de agosto de 2006.   

5  Folio 208 Cuaderno número 1.     

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