SP17060-2015(45917)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA    DE   CASACIÓN  PENAL   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado ponente  

SP17060-2015  

Radicación No. 45917  

(Aprobado Acta No. 437)  

Bogotá, D.C.,  diez (10) de diciembre  de dos mil quince (2015).   

Procede  la  Sala a emitir sentencia con el  propósito  de  determinar  si  en  este  asunto  se  vulneraron  las garantías  fundamentales     del     procesado    Jhon  Kennedy  Sánchez Alegría, de conformidad con lo resuelto al  inadmitir  la  demanda  de casación interpuesta por su defensor contra el fallo  del  Tribunal  Superior  de  Popayán,  confirmatorio del dictado por el Juzgado  Promiscuo  de  Guapi  (Cauca),  por  cuyo  medio fue condenado como autor de las  conductas  punibles  de  fabricación,  tráfico,  porte  o tenencia de armas de  juego, accesorios, partes o municiones y lesiones personales.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTES:   

Estos    aspectos    fueron  sintetizados por la Sala, en pretérita  ocasión, de la siguiente manera:   

Sucedieron el veinticuatro (24) de marzo de  2013,  cuando el señor Adrián Vente Ocoró se encontraba en el establecimiento  comercial  de  nombre  «Ritmo  Son»,  ubicado  en  la población de Timbiquí,  Cauca,  [quien] fue atacado por el administrador del lugar Jhon Kennedy Sánchez  Alegría  ante  un  reclamo  que le hiciera… propinándole 3 disparos… [así  que   uno  de  ellos]  le  impactó  en  la  pierna  [derecha]  causándole  una  incapacidad  médico  legal  de  ciento  cincuenta  días, [deformidad física y  perturbación    del   órgano   de   la   locomoción,   ambas   de   carácter  permanente].   

Con fundamento en dicho acontecer fáctico,  el  8  de julio de 2014, en el Juzgado Promiscuo Municipal de Timbiquí (Cauca),  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  a  Jhon Kennedy Sánchez Alegría como  autor  de  los  delitos  de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de  juego,  accesorios,  partes o municiones y lesiones personales (arts. 365, 112 y  114 del C.P.), el cual no se allanó.   

El  29  de  octubre  de 2014, en el Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Guapi  (Cauca), se aprobó el preacuerdo celebrado  entre  la Fiscalía y el acusado Sánchez Alegría, el cual le significaría una  rebaja  de  pena  del  50%, así que tras evacuarse lo dispuesto en el artículo  447  de  la  Ley 906 de 2004, en la misma fecha se condenó al citado como autor  de  los  delitos  por los cuales se le formuló imputación, imponiéndosele las  penas  principales  de  66  meses de prisión y multa de 17,33 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, así como las accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y la privación del derecho a la  tenencia  y  porte  de  arma  de  fuego  por  el  mismo término de la prisión.  Además,  se  le  negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria  como padre cabeza de  familia.   

Ese  fallo  fue apelado por el defensor del  inculpado  y,  el  23  de  febrero  de 2015, el Tribunal Superior de Popayán lo  confirmó en su integridad.   

Contra  esa  decisión,  el  apoderado  del  enjuiciado presentó recurso de casación.   

Mediante auto del 30 de septiembre de 2015,  esta  Corporación  inadmitió la demanda y, a su vez, dispuso que eventualmente  promovido  el  trámite  del mecanismo de insistencia, volviera la actuación al  Despacho  del  Magistrado  ponente,  a  fin  de  pronunciarse  sobre  la posible  violación   de   garantías   fundamentales   del  procesado,  en  concreto  al  dosificársele  la  pena de privación del derecho a la tenencia y porte de arma  de    fuego    en    la    sentencia,   por   tanto,   ahora   se   procede   de  conformidad.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Cuestión   previa:  

Es  preciso señalar que, de acuerdo con el  criterio  fijado  por la Sala (CSJ AP, 23 ago. 2007, rad. 28059), en este asunto  no  se dispuso llevar a cabo la audiencia de sustentación prevista en el inciso  final  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, por cuanto tal vista pública se  encuentra  reservada  para que las partes se pronuncien sobre la demanda y en el  sub   judice   ella   se  inadmitió.  En  esa  medida,  la  misma  resultaba  improcedente  por elemental  sustracción  de  materia, postura que consulta lo sostenido por la Corporación  en la oportunidad identificada, donde expresó:   

Es   de  anotar  que  no  se  dispone  la  celebración   de  audiencia  de  sustentación,  pues  si  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  inciso  final  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, el  debate  dialéctico que allí se concibe debe darse dentro de los “límites de  la  demanda”,  es  de  entender  que  la realización de dicha diligencia solo  procede  cuando  se  produzca su admisión. En ese caso, dígase adicionalmente,  son  las  partes  las  que fijan los temas a tratar, lo cual no acontece cuando,  como  en  este  asunto,  se  inadmite  el libelo, sin que los sujetos procesales  hayan  advertido  la posible vulneración de garantías fundamentales, porque en  ese  último  evento  es  la  intervención  exclusiva de la Sala la que resulta  impulsando  el  trámite para su eventual corrección, en cuyo marco no cabe, se  repite, espacio para el debate entre las partes.   

Violación     de    garantías   fundamentales:   

El   artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en  concordancia  con el artículo 6º, tanto del Código Penal como  de  la  Ley  906  de 2004, consagra el principio de legalidad, de acuerdo con el  cual,  “Nadie podrá ser juzgado sino conforme a las  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y  con   observancia   de   la   plenitud   de   las   formas   propias   de   cada  juicio”.   

Este  postulado  cuenta  con un plus que se  concreta  en  (i)  la  legalidad de los delitos, pues a nadie se le puede juzgar  por  una  conducta punible que previamente no se haya establecido como tal en el  ordenamiento  jurídico,  (ii) el agotamiento del trámite respectivo debe estar  previamente  definido, así como el o los funcionarios encargados de adelantarlo  y  (iii) la pena correspondiente a la infracción ha de determinarse antes de la  comisión  del  comportamiento,  a  efectos de que sea posible imponerla a quien  resulte declarado responsable en el juicio respectivo.   

Frente  a  este  último  aspecto, conviene  advertir  que  el  principio  de  legalidad involucra, según se desprende de lo  dispuesto  en  el  artículo  35  del  Código  Penal,  las  penas  “principales”, esto es, “la  privativa de la libertad de prisión, la pecuniaria de multa  y  las  demás  privativas  de  otros  derechos, que como tal se consagren en la  parte  especial” del estatuto en cita e, igualmente,  las  “accesorias” a que  se   refiere   el   artículo   52   en  concordancia  con  el  43  ibídem.   

Así  mismo, en desarrollo del principio de  legalidad   de   la  pena,  se  han  establecido  un  conjunto  de  “límites”,       “reglas”      y     “criterios”  a  efectos  de  poderla  determinar  frente  a  cada  caso  concreto,  acorde  con  lo  previsto  en  los  artículos 34 a 62 del Estatuto Punitivo.   

Dentro     de     las    “reglas”  a tener en cuenta en orden  a  individualizar  la pena en general, está la consagrada en el artículo 60 de  la Ley 599 de 2000, conforme a la cual,   

“Para    efectuar   el   proceso   de  individualización   de  la  pena  el  sentenciador  deberá  fijar,  en  primer  término,    los   límites   mínimos   y   máximos   en   los   que   ha   de  mover…   

A  su  vez,  en el artículo 61 de la misma  ley, se prevé que,   

Efectuado  el  procedimiento  anterior,  el  sentenciador  dividirá  el  ámbito punitivo de movilidad previsto en la ley en  cuartos: uno mínimo, dos medios y uno máximo.   

En  el  caso  particular,  entre  otros, se  procedió  por  el  delito de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones,  motivo  por el cual, en la sentencia, en atención a lo preceptuado  en  el  artículo  52  del  Estatuto  Punitivo,  conforme  al  cual “las  penas  privativas  de  otros derechos, que pueden imponerse  como  principales,  serán  accesorias  y  las  impondrá  el Juez cuando tengan  relación  directa  con  la  realización  de  la conducta punible, por… haber  facilitado  su  comisión,  o cuando la restricción del derecho contribuya a la  prevención   de   conductas   punibles   similares  a  la  que  fue  objeto  de  condena”;   se   impuso   la   pena  accesoria  de  “la privación del derecho a la tenencia y porte de  arma”,   la   que   dígase,   no  fue  objeto  de  preacuerdo.   

Entonces, de conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  51  de  la  Ley  599  de  2000, la pena accesoria de “la  privación  del derecho a la tenencia y porte de arma [tiene  una    duración]    de    uno    (1)   a   quince   (15)   años”.   

Ahora bien, en la sentencia de primer grado,  la  pena  accesoria  en  cita se fijó por “el mismo  periodo”  de  la  pena  principal  de  prisión, es  decir,   66  meses,  determinación  frente  a  la  cual  no  se  pronunció  el  Tribunal.   

Así  las  cosas,  se  advierte  que  en el  proceso    de    determinación   de   la   pena   accesoria   de   “la   privación   del   derecho   a   la  tenencia  y  porte  de  arma”  no  se  tuvo  en  cuenta  el  principio  de  legalidad,  pues  se  soslayó  lo  previsto en el artículo 61 de la Ley 599 de  2000,  toda vez que al individualizar dicha sanción no se aplicó el sistema de  cuartos.   

Tal circunstancia impone, entonces, entrar a  restablecer  la garantía de la legalidad de la pena en el puntual aspecto de la  accesoria en mención.   

Esta  visión  se  avine  a  lo  señalado  recientemente  por  la  Sala  que,  al  estudiar un asunto de semejante supuesto  fáctico al que aquí es objeto de juzgamiento, señaló:   

Como   ya   ha  tenido  [oportunidad]  de  señalarlo  la  Corporación  (CSJ SP-9226, 16 jul. 2014. rad. 43514), el citado  precepto  [art.  61  C.P.]  establece que una vez fijados los extremos mínimo y  máximo  de  la  pena,  el  juez  procederá  a  dividir  el ámbito punitivo de  movilidad  en  cuartos,  labor  que  debe emprenderse  tanto  respecto de las sanciones principales como de las accesorias, pues la ley  no  introduce  distinción  al  respecto.  (Subraya  fuera  del  texto  original. CSJ SP, 11 mar. 2015, rad.  44221).   

Con el propósito de entrar a fijar la pena  accesoria  de  “la  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de arma” respetando el principio  de  legalidad,  no  solo resulta necesario tener en cuenta el sistema de cuartos  señalado  en  el  artículo 61 de la Ley 599 de 2000, sino que también se debe  acoger  el  criterio  de intensificación de la sanción fijado en la sentencia,  lo    cual,    en    el    sub   judice,  estuvo  a  cargo  del  Juez  de  primer  grado,  pues el Tribunal guardó silencio sobre el  particular.   

En  ese  sentido,  se tiene que el Juzgador  a   quo  impuso  la  pena  mínima  para  cada  uno  de  los  delitos  que  concursaron,  atendiendo  a los  términos  del preacuerdo, motivo por el cual se debe mantener ese criterio para  determinar  el  monto  de  la  pena accesoria de “la  privación   del   derecho   a   la  tenencia  y  porte  de  arma”,  en  consecuencia,  de  oficio  se casará el fallo y la misma se  fijará   en   un  (1)  año,  pues  el  artículo  51  de la Ley 599 de 2000 señala que su duración es de  “uno   (1)   a   quince   (15)   años”.   

Finalmente,  conviene señalar que salvo lo  aquí   decidido,   las   demás   determinaciones   del   fallo   se  mantienen  incólumes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

1.    CASAR  oficiosa y parcialmente el fallo de segundo grado, en  consecuencia,  fijar la pena accesoria de privación del derecho a la tenencia y  porte  de  arma  en un (1) año al procesado Jhon Kennedy Sánchez Alegría, por  las     razones    expuestas    en    la    parte    considerativa    de    esta  providencia.   

2.   PRECISAR  que   en   lo   demás   el   fallo   se   mantiene  incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

Con Salvamento de voto  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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