SP1592-2015(41773)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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                                                  República de Colombia   

    

          Corte  Suprema  de Justicia            

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MAGISTRADO PONENTE  

SP1592-2015  

Radicado 41773  

(Aprobado en acta Nº 63)  

Bogotá.  D.C, dieciocho (18) de febrero de  dos mil quince (2015).   

         Decide  la Corte si es admisible la demanda presentada  por el  defensor     de     Ender     Rolando    Contreras  García,   contra  la  sentencia  del  11 de febrero de 2013, proferida por la  Sala  Única  de  Decisión  del  Tribunal  Superior de Arauca, mediante la cual  revocó  la  del  Juzgado  Único  Penal  del Circuito Especializado de la misma  sede,  que  absolvió al procesado como autor del delito de extorsión agravado.   

HECHOS  

Así pueden sintetizarse los hechos juzgados  en las instancias:   

En  el informe suscrito el 16 de febrero de  2006,  la  Policía Nacional le informó a la Fiscalía de posibles vínculos de  algunas  personas  – entre  ellas  Ender  Rolando  Contreras  García   –  con  grupos  organizados  al  margen  de  la  ley  y de exigencias económicas que se  venían realizando a contratistas en el departamento de Arauca.   

Durante  el  curso  de la investigación se  pudo  conocer  que  José  Rafael Morales Parra, representante de Tecnociencias,  celebró  con  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica de Arauca, “Enelar”, un  cuantioso  contrato  en  cuyo  trámite  participó Carlos Armín Rico Montilla,  quien  denunció  ante  la Fiscalía que Ender Rolando  Contreras   García,   funcionario  de  esa  entidad  pública  y  líder  sindical de la misma, pretendía que se le pagara una cifra  millonaria,  que  en  efecto  se le desembolsó el 13 de septiembre de 2005, por  una  asesoría  que  ellos  no  contrataron  y  que el funcionario sostenía que  había    prestado    para    gestionar   y   obtener   la   adjudicación   del  convenio.   

En  sentir de Rafael Morales, su empresa no  contrató  la  asesoría  ni  la  intermediación  del  funcionario Ender  Rolando  Contreras  García, toda  vez  que  el  encargado  de  esos  trámites  fue Carlos Rico Montilla, quien se  valió   de  Gustavo  Alfonso  Perpiñán,   un   ex  funcionario  de  “Enelar”  que  por  medio  de  la  intimidación  también  reclamó  el  pago de una suma importante de dinero, la  cual,   al   igual  que  a  Ender  Rolando  Contreras  García,  también le fue cancelada como consecuencia  de las amenazas de que fueron objeto.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.-   El  1º  de  marzo  de  2006,  la  Fiscalía  Especializada de la Estructura de Apoyo de Arauca inició indagación  previa  en  orden a establecer la ocurrencia del hecho y su autoría, y el 28 de  abril  del  mismo año, abrió investigación penal, entre otros, contra Gustavo  Alfonso   Perpiñán   y   Ender  Rolando  Contreras  García,  por la presunta comisión de los delitos de  concierto para delinquir, extorsión agravada y rebelión.   

         2.-  El  14  de  mayo  del  mismo  año,  después  de  su  aprehensión y de escucharlos en diligencia de indagatoria, la  fiscalía  les  resolvió  su  situación  jurídica,  imponiéndoles  medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como probables autores de los delitos  mencionados    por    los    cuales    la    fiscalía   abrió   investigación  penal.   

3.- El 16 de enero  de  2007 la fiscalía cerró la investigación y el 23 de marzo siguiente acusó  a   Gustavo   Alfonso   Perpiñán  y  Ender  Rolando  Contreras  García,  por  los  delitos  de extorsión  agravada     y     rebelión,    y    precluyó  la  investigación  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  decisión  que  quedó  en  firme  el  22 de mayo del mismo año, al  causar  ejecutoria  la  providencia del 10 de mayo anterior, mediante la cual se  declaró desierto el recurso de apelación.   

4.-  El  31  de  octubre  del  citado  año,  el  Juzgado Penal del Circuito de descongestión de  Arauca, absolvió a los acusados de los cargos formulados.   

5.- La Sala Única  de  Decisión  del  Tribunal  Superior  de  Arauca,  al  resolver  el recurso de  apelación  interpuesto  por  la fiscalía, mediante sentencia del 11 de febrero  de  2013,  dispuso,  en  lo sustancial: (i) declarar extinguida la acción penal  por  el  delito  de  rebelión  y  en  consecuencia, cesar procedimiento por esa  conducta,  y (ii) revocar la decisión de instancia, para en su lugar condenar a  Gustavo  Alfonso  Perpiñán y Ender Rolando Contreras  García   como  autores  del  delito  de  extorsión  agravado  a  la  pena principal de ciento noventa y dos (192) meses de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio de funciones públicas por el mismo lapso y  multa  de  4.000  salarios  mínimos  legales  mensuales,  (iii)  condenar a los  procesados  al  pago  de  los  perjuicios ocasionados con la infracción, (iv) y  negarles   la   prisión   domiciliaria  y  la  suspensión  condicional  de  la  pena.   

6.-  El defensor  de  Ender  Rolando  Contreras  García  interpuso  dentro  de  la instancia legal el recurso extraordinario  de casación.   

DEMANDA DE CASACION  

         Con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal primera de  casación  (numeral 1 del artículo 207 de la Ley 600  de   2000)   formula  dos  cargos  contra la sentencia por infracción indirecta  de   la   ley   por   errores   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  y  raciocinio.   

         Primer   cargo  por  violación  indirecta  de  la  ley.  En  el  primer cargo por infracción indirecta como consecuencia  de   haber  incurrido  el  Tribunal  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia, sostiene que  la  sentencia  se sustenta en las declaraciones de Carlos Armín Rico Montilla y  José  Rafael  Morales,  a quienes el juzgador les dio entera credibilidad, y en  el rechazo a las explicaciones de los condenados.   

         Considera   que   por  petición  de  Gustavo  Alfonso  Perpiñán,  Ender    Rolando    Contreras   García,  empleado  y líder sindical de la Empresa de Energía Eléctrica  de  Arauca,  asesoró a José Rafael Morales y Carlos Armín Rico Montilla en el  diseño  de  una  propuesta para licitar un contrato que se debía adjudicar por  la  entidad en la cual el procesado trabajaba, a cambio de una cuantiosa suma de  dinero.  Sin  embargo, pese a que la contratación les fue adjudicada, cuestiona  que  el  Tribunal  hubiese  declarado  que  la  causa  de  la  obligación no se  estableció  y  que  cobrar los honorarios correspondientes por una asesoría no  prestada constituya un delito de extorsión agravado.   

         

Asegura  que para llegar a esa conclusión,  el  Tribunal  le dio crédito al informe del agente de la Policía Fabio Orlando  Sierra,  quien  aseveró  que  Ender Rolando Contreras  García  acompañó  a  Ramón  Anaya Pérez hasta El  Amparo,  municipio  de Venezuela, sitio en donde las FARC le habrían exigido el  pago  de  una  “vacuna”  para  esa  organización  ilegal,  pero  no  tuvo  en  cuenta  que  Ramón Anaya  desmintió  esa  afirmación,  por  lo  cual  del  informe  policial no se puede  inferir relación alguna del procesado con grupos ilegales.   

         Posteriormente  analiza  la  declaración de Édgar Gustavo Cedeño  Capella,   contratista   del  Estado,  quien  aseguró  que  no  fue  objeto  de  extorsiones  por  razón de su oficio, para concluir que de haberse apreciado su  dicho  y lo expuesto por Ramón Anaya Pérez, el Tribunal no habría condenado a  Gustavo   Alfonso   Perpiñán   y  a  Ender  Rolando  Contreras  García  por el delito de extorsión, como  tampoco  si  hubiera  confrontado  debidamente  los  testimonios de Ramón Anaya  Pérez  y  Gustavo  Cedeño  Capella  con  los  de Carlos Armín Rico Mantilla y  Rafael Morales.   

         

Asimismo,  asegura  que  Carlos Armín Rico  Montilla   se   limitó  a  decir  que  en  el  departamento  de  Arauca  varios  contratistas  fueron  extorsionados,  sin  mencionar  nombres  y fechas, y José  Rafael  Morales  manifestó  no  tener  información  del  tema.  En  ese orden,  concluye   que  el  informe  del  agente  de  la  policía  Sierra  Barbosa  que  comprometería    a    Ender    Rolando     Contreras    García,  al  ser  desvirtuado por la posible víctima, corrobora el error  de  hecho  por falso juicio de existencia en que incurrió el Tribunal y el cual  “incidió  parcial  pero  claramente  en  el  fallo  condenatorio”.   

         De  otra  parte,  denuncia  que  el  Tribunal  tampoco  apreció el  análisis  técnico  que  hizo  el  Coronel  Enrique  Peralta  a los panfletos o  citaciones  que le habría entregado el procesado a Carlos Armín Rico Mantilla,  el  cual  de  haberse apreciado, “hubiera sumado una  duda  más  respecto  de la responsabilidad de los encartados, sobre todo cuando  el  fallo  de  segunda  instancia está soportado en un noventa por ciento en la  credibilidad  total  que  le  otorga  a las únicas pruebas de cargo que existen  contra ellos: los testimonios de Carlos Rico y Rafael Morales.”   

         Examina  posteriormente  el  testimonio  de  Nayibe  Elena Fuentes,  encargada  de  evaluar las propuestas de contratación en la Empresa de Energía  Eléctrica  de  Arauca,  quien  se  refirió  al  interés que mostraban Gustavo  Alfonso   Perpiñán   y   Ender  Rolando  Contreras  García en el proceso contractual y a la ayuda que le  solicitaron  para  corregir  deficiencias  que tenía la propuesta que presentó  Carlos   Armín   Rico   Montilla   a   nombre   de  Tecnociencias  –  firma  a  la cual finalmente le fue  adjudicado  el  contrato  por un valor de dos mil millones de pesos –,  petición  a  la  cual  se  negó,  destacando  que  por  esa  razón  se  enteró  de  la  asesoría que le prestó  Ender  Rolando Contreras  García a la firma mencionada,  sin que le conste si le pagaron o no por ese trabajo.   

En  su  criterio,  esa declaración y la de  Beatriz  Adriana  Vesga demuestran que el acusado asesoró a los contratistas, y  que  le  pagaron  por ese servicio. Sin embargo, con el propósito de defender a  ultranza  la  versión de las supuestas víctimas, el Tribunal omitió el aporte  de  las  testigos  Nayibe Elena Fuentes y Beatriz Adriana Vesga, y concluyó sin  razón que:   

“No  fueron  allegadas  al  plenario  las pruebas documentales o testimoniales que demuestren  los   vínculos   contractuales  que  habían  adquirido  Gustavo  Perpiñán  y  Ender     Contreras  García para la obtención  del   convenio   y  por  el  cual  les  pagarían  proporcionalmente  las  sumas  millonarias de que da cuenta el proceso”.   

De  esa  manera,  sostiene,  el  juzgador  descartó  la  asesoría  contractual  que  es el fundamento de la obligación a  favor  de  los procesados, misma que al haberse demostrado impide la adecuación  típica     de    la    conducta    al    delito    de    extorsión.   

En su opinión, con estos testimonios queda  en  vilo  la  tesis  del Tribunal que sostuvo que en el proceso no obran pruebas  que  avalen  la explicación de los sindicados y se desdibuja la aseveración de  Carlos  Rico  Mantilla,  quien  dijo que Ender Rolando  Contreras  García no participó en la elaboración de  la  propuesta  ganadora,  explicación  que  únicamente  se  justifica  ante el  inocultable   pretexto   de   negar   la  obligación  económica  a  favor  del  procesado.   

           De  otra  parte,  censura  que  no  se hubiese considerado que la  esposa  de Gustavo Perpiñán demandó a Macrosistemas, firma de propiedad de la  cónyuge  de  Carlos  Rico  Mantilla por el pago de una deuda por 40 millones de  pesos,  y  tampoco  el  acta  suscrita  el  15  de marzo de 2006 por Carlos Rico  Mantilla  y  Gustavo  Perpiñán  ante  autoridades  de  policía,  en  la  cual  convinieron  en  no agredirse, circunstancias con las cuales se demuestra que es  improbable  que  se  configure  el  delito  de  extorsión, como se supuso en la  cuestionada decisión.   

         Aduce igualmente que el Tribunal tampoco  apreció  las  versiones  de  William  Salcedo, María Pereira y Andrea Patricia  Torres,  con las cuales se prueba los nexos comerciales entre Carlos Armín Rico  Montilla  y  Gustavo  Alfonso  Perpiñán,  las  relaciones personales entre sus  familias,  y  la  imposibilidad  de  que  hubiesen  extorsionado  al denunciante  teniendo     en     cuenta     precisamente    esa    amistad    y    relaciones  comerciales.   

         Con  base  en  lo expresado, solicita casar la sentencia y proferir  el  fallo de reemplazo, reivindicando el principio de presunción de inocencia y  en consecuencia, absolviendo al acusado de los cargos formulados.   

         En    el    segundo   cargo     subsidiario    por    error    de  raciocinio,  reitera  que la sentencia se sustenta en  las  declaraciones  de  Carlos  Armín  Rico  Montilla  y  José Rafael Morales,  testigos   de   cargo   y   en   el   descredito  a  las  explicaciones  de  los  procesados.   

En   su  criterio,  en  la  sentencia  se  declararon  probados dos indicios: de mala justificación y ausencia de la deuda  que  generó  el  cobro.  Los  dos,  dice,  conforman un solo indicio que no fue  probado,  puesto  que con las declaraciones de Nayibe Fuentes y Adriana Vesga se  acreditó  la  asesoría  prestada  por Ender Rolando  Contreras  García, y de otra parte, ese “hecho  indicador  tiene una relación causal no vinculada con el  delito de extorsión y su responsabilidad.”   

         Considera  que  el  indicio  de falta de acreditación formal de la  asesoría   es   problemático,  pues  Ender  Rolando  Contreras  García estaba impedido para prestarla por  su  vinculación  con  la Empresa de Energía Eléctrica de Arauca, y de hacerlo  podía  incurrir en delitos contra la administración pública. Por lo tanto, no  podía  cometer el error de suscribir un recibo de pago por la ayuda que se dice  prestó  en  el proceso contractual y el cual a la postre podía constituirse en  prueba de tal ilicitud.    

En consecuencia, esta circunstancia no puede  ser  el  fundamento de un indicio y menos de que no existía una causa admisible  de la obligación.   

         De  otra  parte,  en  la  sentencia  se  concluyó que Ender   Rolando   Contreras  García  no  asesoró  a  Tecnociencias  en  una  licitación  a la cual se presentó un solo  oferente,   hecho  que  no  puede generar ninguna alarma, pues es usual que  eso  ocurra  en  todo  tipo  de  licitaciones. Sin embargo, eso no significa que  Contreras   García   no  hubiera  asesorado en esos menesteres a Gustavo Alfonso Perpiñán, por lo cual,  conforme   a   la   regla   de  experiencia,  es  evidente  que  a  “nadie  le  gusta  arriesgar  o  perder  el dinero producto de su  trabajo…  razón  demás  para   que   el  señor  Ender  Contreras procediera a hacer las llamadas cuestionadas.”   

         Estos  errores  fueron  definitivos  en  la  decisión  de  segunda  instancia  al  inferir  una  conclusión  de  hechos  que  no  fueron  probados,  infringiendo el principio de presunción de inocencia.   

         De  otra  parte,  sostiene que quien comete un delito de extorsión  no  ordena  que le depositen en su cuenta o en la de su esposa el producto de lo  ilícito,  como  lo hizo Gustavo Alfonso Perpiñán, ni tampoco lo recibe en una  entidad  bancaria,  como  ocurrió  con  Ender Rolando  Contreras  García; sin embargo, el Tribunal decidió  que  esas  situaciones  no  significaban  que  el delito no se hubiese cometido,  contrariando  la  regla  de  la  experiencia  según la cual, lo usual es que se  trate  de  ocultar  las  huellas  del  delito,  y no dejar rastros evidentes del  ilícito.   

         Ese  error,  dice,  implicó  que  el Tribunal desestimara la duda,  rechazara  las explicaciones ofrecidas por los sindicados, sus nexos comerciales  con  los  contratistas y declarara probada la improbable conducta de extorsión,  pasando  por  alto que Gustavo Alfonso Perpiñán y Carlos Rico Montilla tenían  una  sólida  y  tranquila  relación  comercial  y una amistad reconocida en el  medio  social, que torna inexplicable que le hubiese exigido dineros indebidos a  su socio en empresas comunes.   

         El  Tribunal,  por  lo  tanto,  estaba  obligado  a  apreciar estas  circunstancias,  pero  al  no  hacerlo  incurrió  en  un  error  de  raciocinio  trascedente,  declarando  una  certeza  que  no  existe y desconociendo una duda  evidente,  que  la  Corte  debe  declarar  al casar la sentencia por las razones  anotadas.   

         Pide,  en  consecuencia,  casar  la  sentencia y dictar el fallo de  reemplazo.   

                                                    CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Primero.  Con la  sentencia  de segunda instancia culmina el juicio y la relativa libertad con que  cuentan  los  sujetos  procesales  para  formular solicitudes de la más diversa  índole,  solicitar  práctica  de  pruebas,  enseñar argumentos e impugnar las  decisiones judiciales.   

A partir de ese momento, el único medio de  impugnación  procedente es la casación, que  según  lo  ha expresado la Sala, es un recurso extraordinario  que  procede  contra  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia en procesos  adelantados  por delitos sancionados con pena de prisión cuyo máximo excede de  ocho  (8)  años,  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido una medida de  seguridad,  e  incluso  por  conductas  punibles  que  tienen  asignada una pena  inferior,  a  condición  de  que con el recurso se propicie el desarrollo de la  jurisprudencia   o   la   defensa   de   garantías  fundamentales  (artículo  205  de  la Ley 600 de 2000).   

        Por  la pena principal asignada al delito de extorsión1,   no   se  requiere  de exigencias adicionales a las de la demanda normal, pero sí cumplir  las  formalidades indicadas en el artículo 212 de la ley citada, y entre ellas,  la  identificación  de  los  sujetos  procesales,  una  síntesis de los hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  procesal, la enunciación de la  causal  invocada  y  la sustentación clara, precisa, coherente y autosuficiente  de los cargos.   

        En  ese  orden,  la  Sala  debe rechazar la demanda cuando  no  cumple  las  exigencias  formales y sustanciales que el recurso impone, o porque  el  actor  carece de interés para acceder al recurso, o no selecciona la causal  o  no  elabora  el  cargo  de  conformidad  con  el  principio  de sustentación  suficiente,  temas que la Corte solamente puede pasar por alto cuando observa la  necesidad  de  ocuparse del recurso para restaurar garantías quebrantadas en el  trámite.   

Segundo. Desde el  punto  de  vista  formal,  los  cargos  carecen  de  la  claridad,  precisión y  coherencia para ser admitidos.   

En efecto:  

En     cuanto     al    primer  cargo, estructurado sobre la base  de  la  infracción  indirecta  de  la  ley  por  haber incurrido el juzgador en  errores    de    hecho    por    falso   juicio   de   existencia   (numeral  1  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000),  la  dogmática  del  recurso  indica  en términos generales que  cuando  se trata de esta clase de yerros, al demandante le corresponde acreditar  que  el  juez  supuso  una  prueba  que  no  obra  en  el  proceso  (falso    juicio   de   existencia   por   suposición),  o  no  apreció  otra  que  si  fue  incorporada válidamente al  expediente   (falso   juicio   de   existencia   por  omisión),   señalando,  según  sea  el  caso,  su  contenido  y  lo  que el medio expresa, o cuál supuso y que dijo el juzgador de  él,  y  en  ambos casos, superando el error, realizar un nuevo análisis de las  pruebas  que  obran  en  el  proceso, con el fin de acreditar la trascendencia e  incidencia  del  yerro  denunciado  en  el  sentido  de  que ese error condujo a  aplicar  una  norma extraña al debate o a excluir otra que resultaba pertinente  con los hechos objeto de controversia.   

Desde  luego que la postulación del cargo  no  fue  elaborada  de  acuerdo  con  la  técnica  que  ese error esencialmente  objetivo  demanda,  de  manera  que  la  Sala  ha  tenido  que hacer un esfuerzo  adicional  para  comprender  su  sentido  y  sintetizar el ataque que formula el  demandante  para  responder  una inapropiada propuesta, en la cual se admite que  el  error  “incidió  parcial pero claramente en el  fallo”,  con lo cual de paso niega su trascendencia  o  cuando  menos no explica cuál fue la incidencia parcial del yerro denunciado  y   el   relativo  acierto  de  la  decisión,  y  de  otra  no  logra  explicar  suficientemente  si  las  pruebas que menciona no fueron examinadas o fue que no  se  dedujeron  las  conclusiones  que  han  debido  tomarse  de  acuerdo con una  correcta  apreciación  de  las  mismas,  todo  como consecuencia de su precaria  propuesta.   

Al respecto, en algunos párrafos sostiene  que  el  Tribunal  apreció  y le dio crédito al informe del agente de policía  Fabio  Orlando  Sierra  –  asunto que ha debido proponer como un falso juicio de  convicción  si  es  que  se  le  confirió  al informe policial el carácter de  prueba   y   no   de  criterio  orientador  de  la  investigación  –,  y no a las explicaciones de Ramón  Anaya,  con  lo  cual  el  asunto  en  la  forma  que fue planteado encierra una  contradicción  insalvable,  pues  si  el  Tribunal  apreció  indebidamente los  medios  indicados fue porque los valoró, de manera que si así fue, el problema  ha  debido  plantearse  bajo  una modalidad de error diferente y en todo caso no  como un falso juicio de existencia.   

Incluso,  frente  a ese tema, por falta de  una  visión  holística  del  proceso,  pasa por alto que el procesado fue  acusado  por  la  comisión de otros delitos, tales como el de rebelión, por el  cual  fue  absuelto  en  la decisión que controvierte, y en tal razón no logra  determinar  el  alcance de los medios de prueba y su relación con el delito por  el  cual  el sindicado fue condenado, concediéndole una importancia superlativa  a  pruebas  que  no tienen relación directa con el tema objeto de impugnación,  incurriendo  en  un  desatino  adicional  al  sustentar  el  error que denuncia.   

En  medio  de  esas  confusas reflexiones,  eludiendo  la  necesaria  sujeción  a la sentencia, el censor evade esa carga y  señala,  por  ejemplo,  que el juzgador “omitió el  aporte”  de  las  testigos  Nayibe  Elena Fuentes y  Beatriz  Aldana,  sin  reparar  que  al apreciar esas declaraciones tendientes a  demostrar  el interés del procesado en la contratación, el Tribunal consideró  que   no  tenían  la  aptitud  para  explicar  la  agresión  a  la  soberanía  patrimonial,  protegida  a  través de un tipo penal pluriofensivo que tutela la  autonomía de la voluntad y el patrimonio de las víctimas.   

Es  evidente,  entonces, que el demandante  confunde    el   alcance   del   falso   juicio   de   existencia   –  error  objetivo  que  se verifica a  partir  de  su  constatación material –,  con  el  hecho de que el Tribunal no les hubiese conferido a las  declaraciones  de  Nayibe  Elena  Fuentes  y  Beatriz  Aldana, y de otros tantos  testigos  que  cita, el alcance que estima ha debido otorgarles. En ese sentido,  se  reitera,  si el Tribunal apreció los testimonios mencionados, como lo hizo,  no  ha  debido  el  censor  acudir  a  denunciar  esa  especie de error, sino la  indebida  valoración  de  los  medios  de  prueba,  sea  porque  tergiversó su  contenido,  lo  adicionó  o  hizo  agregaciones  que  no corresponden a su fiel  expresión,  para lo cual era necesario acudir al método que impone el error de  hecho  por  falso  juicio de identidad; o demandar la infracción a las leyes de  la  sana  crítica  por  vía  del  falso raciocinio, en caso de que el juzgador  hubiese  sido  fiel  a  su  contenido,  pero  infringido  en su apreciación los  principios de la sana crítica.   

Dicho en otras palabras: en la formulación  del  cargo  no  distingue  entre  los supuestos, fundamentos y consecuencias del  error  de  hecho por falso juicio de existencia y el alcance que el Tribunal les  confirió  a los medios de prueba que apreció en la decisión, pues frente a lo  primero,  su  constatación es esencialmente objetiva, y en cuanto a lo segundo,  subjetivo  y  de  raciocinio  si  se  trata  de  un problema de argumentación o  incluso  objetivo,  pero  no  por  omisión o suposición de la prueba, sino por  vía del falso juicio de identidad.    

Con todo, desde luego con las deficiencias  indicadas,  el  demandante  considera  que  esos errores propiciaron una condena  injusta,  teniendo  en  cuenta  que,  según  su  opinión,  se  estableció que  Ender    Rolando    Contreras   García  asesoró  a Tecnociencias, empresa de Carlos Armín Rico Montilla  en  la  elaboración  de una propuesta dirigida a la Empresa Energía de Arauca,  de  manera  que en su criterio, el haber cobrado sus honorarios no constituye un  hecho ilícito de la magnitud del que se le imputa.   

Aparte de que no logra precisar el error y  su   incidencia   en   la  conclusión  del  Tribunal  que  declaró  que  entre  Ender    Rolando    Contreras   García  y  Carlos  Armín  Rico  Montilla  y José Rafael Morales no hubo  ninguna  clase  de  contratos  o  acuerdos  que  justificaran  su cobro mediante  amenazas  –  lo  cual es  suficiente  para  inadmitir  el  cargo –,  tampoco  ofrece  ninguna  crítica  aceptable  al  argumento del  Tribunal  acerca  de la ilegalidad de la asesoría, tema del cual se dijo que el  procesado   “estaba   impedido   de  hacer  porque  trabajaba  en  la  empresa contratista”,  infiriendo  que  en  caso  de  haberse  prestado no podía cobrarla por medios lícitos.   

En  ese orden, cabe agregar que ni aún en  caso  de haberse demostrado la existencia de una obligación a cargo de la parte  que  es constreñida a pagarla, tal conducta deja de ser delito, pues como lo ha  señalado  la  Sala,  si  se  doblega la autonomía de la voluntad con el fin de  cobrar  forzadamente  una  obligación  que tiene una causa lícita, la conducta  del  procesado  si  bien  no  actualiza  el  tipo  de extorsión por ausencia de  provecho  ilícito,  si  constituye  un  constreñimiento  ilegal al lesionar la  autonomía  de  la voluntad (CSJ. SP., radicado 22.065  del  24  de  octubre  de  2007), conclusión que no se  puede  respaldar  cuando  la  obligación  pende  de una causa ilícita, como se  afirma tangencialmente en la decisión.   

En  fin,  al  no precisar el demandante el  yerro  que  pretende  denunciar, y no articular su discurso con las nociones del  falso  juicio  de  existencia,  su  magnitud  y  trascendencia,  el  cargo  debe  inadmitirse.   

El segundo cargo  subsidiario   por   infracción   indirecta   de  la  ley   presenta   iguales  deficiencias.   

Aun  cuando  el  demandante  ataca  la  sentencia  por  haber  incurrido  el  juzgador  en  errores  de  hecho por falso  raciocinio  en  la construcción de los indicios, no dijo si el error recayó en  la  prueba  del  hecho  indicador, en la inferencia lógica o en la conclusión,  temas esenciales en orden a sustentar el cargo.   

En efecto: como el indicio supone un hecho  indicador  del  cual  el  funcionario infiere lógicamente la existencia de otro  (artículo  284  de  la  Ley 600 de 2000),  se  debe  indicar  de  manera  clara  si  el  yerro  recae en la  demostración  del  hecho  indicador, y en tal caso, optar por una cualquiera de  las  modalidades  de  error, es decir, si se configuró un error de derecho y la  especie  del  mismo, o si de hecho, indicando la modalidad que se presenta, o si  de  raciocinio, en la demostración de ese supuesto esencial de la construcción  indiciaria.  En  cambio,  tratándose  de  errores  en  la  elaboración  de  la  inferencia,   el  asunto  se  reduce  a  un  problema  de  argumentación  o  de  raciocinio,  correspondiéndole  al censor indicar cuál fue la regla de la sana  crítica  que  infringió el juzgador, bien sea por desconocer los principios de  la  lógica,  las reglas de la experiencia o las leyes de la ciencia, y cuál ha  de ser la cabal comprensión del tema.   

Al  respecto  insiste  en  que el Tribunal  declaró  probado  dos  indicios: el de mala justificación y la inexistencia de  la  deuda,  pero  sin mayores reflexiones acerca del error que se configura y su  trascendencia  y sin referencias acerca de la ilegitimidad de la obligación. En  ese  sentido,  de  haber  aceptado  el  Tribunal sin ambages la existencia de la  acreencia,  le  correspondía al censor demostrar que el argumento colateral del  Tribunal  relacionado  con  su ilegalidad, y por lo tanto con el indicio de mala  justificación,  carecía  de  fundamento,  aceptando  que el procesado, dada su  vinculación  con  la  empresa estatal, estaba impedido de asesorar a la empresa  que obtuvo la contratación, y de cobrar por ello.   

Sin embargo, el demandante no se refiere a  estos  temas,  ni  expone  un  argumento  coherente  acerca de la manera como el  Tribunal   construyó  indicios  que  en  su  criterio  no  tienen  el  respaldo  probatorio  que  requiere  una argumentación de esa especie, ni alude a cuáles  fueron  los  hechos  que  el  Tribunal declaró probados para luego construir la  inferencia,  con  lo  cual su alegato se convierte en un afirmación subjetiva e  indefinida,  que  no  puede  ser  admitida  a  estudio en esta sede.   

Tercero.  Lo  expresado  permite  indicar  la  contradicción, falta de claridad, coherencia y  precisión  en  la  formulación  de  los  cargos;  por  lo tanto, las falencias  anotadas indican que la demanda debe inadmitirse.   

Sin embargo, materialmente la Sala observa  que   se   conculcaron   garantías   que   debe   preservar  oficiosamente.  En  consecuencia,  casará  de oficio la sentencia de conformidad con los siguientes  argumentos.   

CASACION OFICIOSA  

A   partir  de  la  decisión  del  12 de  septiembre  de 2007, la Sala consideró que atendiendo  los   principios   rectores   de   celeridad,   eficiencia   y  eficacia,  y  el  propósito  de  garantizar la efectividad del derecho  material,  lo  consecuente  cuando  se trata de casar oficiosamente la sentencia  es   subsanar  de  manera  inmediata   el   yerro   encontrado,   sin   correr   traslado   al   Ministerio  Público2, en  la  medida  en que la anomalía encontrada corresponda a un error susceptible de  atender  en sede del extraordinario recurso y la solución no conduzca a afectar  de   manera   irrazonable  otras  garantías  judiciales  de  igual  o  superior  raigambre.   

Pues  bien.  La garantía conculcada, dice  relación con la legalidad de los delitos y de las penas.   

En  cuanto  a  ello, los hechos ocurrieron  antes  de  que  en el Distrito Judicial de Arauca entrara en vigencia la Ley 906  de  2004,  sistema  que  a  juicio  del  legislador  requería,  de  una  parte,  implementarse  gradualmente, y de otra, como lo dispuso en el artículo 14 de la  Ley  890  del mismo año, un incremento de penas en aras de propiciar mecanismos  de  colaboración  y acuerdos con la justicia, instituciones que se inscriben en  un modelo de justicia consensuada.   

Al  interpretar  las  consecuencias que se  derivaban  de  la entrada paulatina y gradual del nuevo modelo de investigación  y  juzgamiento  (artículo  530  de  la  Ley  906  de  2004)        3  la Sala concluyó que en los  Distritos  Judiciales  en  donde  no había entrado a operar el sistema procesal  acusatorio,  tampoco  podía  agravarse  la  pena  de acuerdo a las proporciones  indicadas   en   el   artículo   14   de  la  Ley  890  de  2004.  4   

El Tribunal, sin  reparar      en      esa     situación,  determinó  la  pena  de  acuerdo  con el monto indicado en el artículo  244  de  la  Ley  599  de 2000, modificado por el  artículo 5  de  la  Ley 733 de 2002, con el incremento  del artículo 14 de la Ley 890 de 2004,  con  lo cual los extremos punitivos del tipo los fijó  entre   192  y  288 meses  de   prisión,  en  lugar de los 144 de pena mínima y  192   meses   de   máxima   que  prevé  el  artículo  5  de  la  Ley  733  de  2002.   

Además,  considerando  que         concurrían  las agravantes de los numerales 2 y 3  del  artículo  245  de  la  ley  599  de  2000,  y 6 de la Ley 733 de 2002, que  efectivamente  fueron  imputadas en la resolución de acusación, determinó los  extremos  punitivos  entre  192 y 384 meses de prisión, teniendo en cuenta que,  de  acuerdo  con  las  normas indicadas, la pena se aumenta hasta en una tercera  parte,  proporción  que por virtud del numeral 2 del artículo 60 de la Ley 599  de 2000, se aplica al máximo de la infracción básica.   

Optó  por  el  mismo  sistema para establecer el quantum de las penas  de  multa  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de  funciones             públicas.   

Es   claro   que   al  asignar  la  pena  considerando  el  incremento  previsto en el artículo  14   de   la   Ley   890   de   2004,   se  vulneró el  principio  de  legalidad  de  la  sanción  penal,  y  por  lo  tanto    la   Corte   casará   oficiosamente  el  fallo  impugnado,  en  el  sentido  de dosificar la pena sin tener en cuenta  dicho  incremento,  para  ambos  procesados,  pese  a  que  Gustavo      Alfonso      Perpiñán     no     recurrió la sentencia.   

Con    este    propósito,  teniendo  en  cuenta  que  el  Tribunal  les  impuso  a los  condenados      la      pena     mínima     del     primer     cuarto5,        la        Sala  respetará      esa      asignación,  y en consecuencia, determinará que  la  pena  sea  de  ciento  cuarenta  y cuatro (144) meses de prisión,  multa de seiscientos (600) salarios  mínimos       legales       mensuales       e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  funciones  públicas   por   el   mismo   lapso   de  la  pena  principal.   

Decisión  

En mérito de lo expuesto, la Corte  Suprema  de Justicia, Sala  de  Casación  Penal, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

Resuelve  

1.-  Inadmitir  la demanda de  casación  presentada  por el abogado de     Ender     Rolando    Contreras  García   contra  el  fallo  de segunda     instancia    indicado    en    esta    decisión.   

2.-  Casar     oficiosa     y     parcialmente        la        sentencia  impugnada.   

Como   consecuencia   de  lo  anterior,  fijar  la  pena impuesta  a     Ender         Rolando         Contreras         García y Gustavo  Alfonso  Perpiñán,  en  ciento   cuarenta   y   cuatro   (144)   meses   de  prisión,  multa  de  seiscientos (600) salarios  mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  funciones  públicas   por   el   mismo   lapso   de  la  pena  principal.   

En   lo  demás,  el  fallo  del  Tribunal      permanecerá     incólume.   

Contra  esta  providencia,  no  procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

                                                                   

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA  DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO   ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ   

EYDER  PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Entre 12 a 16 años, de acuerdo con el artículo 5 de  la  Ley  733  de  2002,  vigente  para  la  época de los hechos, quantum que se  incrementa   hasta   en  una  tercera  parte  de  concurrir  cualquiera  de  las  circunstancias  que  agravación  indicadas  en  el  artículo  6  de  la citada  ley.   

2 CSJ.  SP del 12 septiembre de 2007, rad. 26967.   

3  De  acuerdo  con el artículo 530 de la Ley 906 de 2004, en los Distritos Judiciales  que  llegaren  a  crearse, el sistema acusatorio entrará a regir a partir del 1  de  enero  de  2008. El de Arauca no existía para la fecha de expedición de la  ley,  por  lo cual, el sistema acusatorio no se aplicaba en ese Distrito para la  fecha de los hechos.   

4 Cfr.,  por todas, CSJ SP, del 21 de marzo de 2007, radicado 26.065.   

5 Los  cuartos,  de  acuerdo  con los artículos 244 y 245 numerales 2 y 3 de las leyes  599  y  633  de  2002,  se  determinan  de la siguiente manera: pena mínima 144  meses,    pena    máxima    256    meses.   Primer  cuarto:   Entre   144   y  172  meses.  Segundo  cuarto:  Entre 172  y 200  meses.   Tercer  cuarto:  Entre  200  y 228 meses, y Último cuarto: entre 228 y 256 meses.       

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