SP15854-2016(48605)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

SP15854-2016  

Radicación No. 48605  

(Aprobado Acta No. 346).  

Bogotá D.C., dos (2) de noviembre de dos mil  dieciséis (2016).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  de manera conjunta  por    los  defensores de  JAIME   ALONSO   VALENCIA   VELÁSQUEZ  y      MARÍA     TERESA  DE  JESÚS  RESTREPO URIBE,  contra  la  sentencia proferida por la  Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Medellín de 13  de    abril   de   2016,  confirmatoria   de   la  decisión  de 10      de     febrero     de     igual  anualidad,  emitida por el  Juzgado  Noveno  Penal del  Circuito    de    la    misma    Ciudad,  mediante la  cual  los  condenó como coautores responsables de los  punibles   de   fraude  procesal  y  falsedad        en        documento  privado, a 78 meses de prisión, multa de 200 SMLMV e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un      lapso      de     5     años.  Del  mismo  modo,  los  condenó a pagar solidariamente perjuicios  materiales    por    un   valor   de   $20.000.000.oo  y  morales por la suma de  10   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigetes  al momento del pago.   

         

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

Fueron  relatados  por  el  Fiscal  en  la  resolución  de  acusación y reproducidos por   el   juzgador   de   segundo     nivel     así1:   

«El  día  30 de  agosto  de  2005 y previo conocimiento por parte de María Teresa Restrepo Uribe  de  que  había sido excluida como heredera de María  Josefa  (sic),  mediante  escritura pública No. 9590 de 30 de agosto de 2005 de  la  Notaría  15  del  Círculo  de  Medellín,  vendió a JAIME ALONSO VALENCIA  VELÁSQUEZ  los  derechos  y  acciones  que  le  correspondían  o  le  pudieran  corresponder  en  la  sucesión  de  la  señora  MARIA  JOSEFA RESTREPO VÉLEZ,  derechos  vinculados  al  bien  inmueble  ubicado  en  la  calle 10 No.  43-75  de  Medellín, con matrícula  inmobiliaria 001254569.   

En el mismo contrato de venta se anotó que  el  derecho  hereditario  objeto  de  la  venta fue adquirido por la vendedora a  título  gratuito  por  el  modo  de  la  sucesión  por causa de muerte, por el  fallecimiento  de María Josefa Restrepo Vélez. También en la misma escritura,  se  dejó  estipulado  que el precio de la venta es de $ 326.521.000. Esta venta  de  derechos  hereditarios  fue  inscrita en el folio de matrícula inmobiliaria  del   respectivo   bien   en   la  anotación  No.  8  […].   

En agosto 10 de 2006, Jaime Alonso Valencia  Velásquez,   en   condición  de  subrogatario  de  los  derechos  hereditarios  adquiridos  a María Teresa, presentó al Notario 29 del Círculo de Medellín y  a  través de apoderado, petición con los requisitos legales para el proceso de  liquidación  notarial  de  la  sucesión  de la causante María Josefa Restrepo  Vélez.  Es  de  advertir que en el Juzgado Tercero de Familia de Medellín aún  estaba  en  curso  el  proceso  de  sucesión de la causante, proceso en el cual  habían  reconocido  como  heredera  con  mejor  derecho a Carmen Tulia Vásquez  Ruiz.   

El  2 de octubre de 2006 el Juzgado Tercero  de  Familia  de  Medellín, mediante sentencia, aprobó el trabajo de partición  presentado  en  el  proceso  de  sucesión  intestada de la finada María Josefa  Restrepo  Uribe  y ordenó inscripción de la sentencia, así como el trabajo de  partición  en  la  oficina de instrumentos públicos. Esta sentencia no se pudo  inscribir  en  atención a que el segundo apellido de la causante era errado; el  correcto es Vélez y no Uribe.   

El  día  23 de noviembre de 2006, mediante  escritura  7727  de  la  Notaría  29  del  Círculo  de  Medellín  se elevó a  escritura  pública el trabajo de partición y adjudicación de bienes dentro de  la  sucesión  que inició Jaime Alonso Valencia Velásquez en la misma notaría  el  10  de agosto de 2006 y en calidad de subrogatario  de      los      derechos      hereditarios      de      María     (Sic)   Teresa   Restrepo  Uribe.  Esta  escritura  pública  aparece en la anotación No. 9 de la matricula inmobiliaria  No.    001-0254569    Pagina    602   a   604   del   c.   original.»   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por los anteriores hechos, una vez clausurado  el  ciclo instructivo, la Fiscalía Cincuenta y Tres Seccional Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Medellín,  el  1º  de  septiembre  de 2010  calificó   su   mérito   al  proferir  resolución  de  acusación2  contra  los  procesados  MARÍA  TERESA  DE  JESÚS  RESTREPO  URIBE  y JAIME ALONSO VALENCIA  VELÁSQUEZ,  por  la  coautoría de los delitos de fraude procesal y falsedad en  documento  privado.   La  acusación fue apelada por la defensa y concedida  por    la    fiscalía   de   primera   instancia3,     pero    posteriormente  inadmitida  por  la  de  segundo  nivel  el  21  de  julio  de  20114.   

Ejecutoriado  el  pliego acusatorio, el 10 de  noviembre  de 2011 la Juez de conocimiento dispuso su traslado a las partes para  efectos  del  artículo  400  de la Ley 600 de 20005.   

El 9 de octubre de 2012 el apoderado de Carmen  Tulia    Vásquez   Ruiz   presentó   demanda   de   constitución   en   parte  civil6.  El  libelo fue admitido mediante auto de 3 de diciembre del mismo  año7,    y    notificado    personalmente8    al    representante   del  ministerio  público,  al  demandante  y  a  la  delegada Fiscal. Los demandados  fueron        citados       telegráficamente9  a  efectos  de  realizar  la  notificación   personal   pero   no   asistieron10,  motivo  por  el cual se les  notificó            por           estado11.   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 16 de  octubre             de             201512, sin que hubiese solicitudes  probatorias   o   de   nulidades.   El   despacho   se  abstuvo  de  decretarlas  oficiosamente.  En  sesiones  de  26  de  noviembre13       y      09      de  diciembre14 de la misma anualidad se realizó el debate público.   

El  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Medellín,   el   10   de   febrero   de  2016  profirió  sentencia15 contra los  procesados,  condenándolos  a  la pena principal de 78 meses de prisión, multa  de  200  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por 5  años.   Les   concedió  la  prisión  domiciliaria  y  al  pago  solidario  de  $20.000.000.oo   por  perjuicios  materiales  y  10  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  al  momento del pago, por perjuicios morales, por hallarlos  responsables  de  los  delitos  de  fraude  procesal  y  falsedad  en  documento  privado.   

Los apoderados de los condenados interpusieron  recurso           de           apelación16    contra    la   anterior  decisión,  por  considerar  nula la vinculación de la parte civil por falta de  notificación  de  la  demanda, y por estimar prescrito el delito de falsedad en  documento  privado.  La  Sala  Penal  del  Tribunal  el  13  de  abril  de  2016  17confirmó el fallo recurrido.   

Ante  la  inconformidad  con  las  anteriores  decisiones,   los   apoderados   de   los   procesados   interpusieron   recurso  extraordinario         de         casación18.   

LA DEMANDA  

Los  defensores  de  JAIME  ALONSO  VALENCIA  VELÁSQUEZ  y  MARÍA  TERESA DE JESÚS RESTREPO URIBE amparados en el artículo  205  y  siguientes de la Ley 600 de 2000, interponen demanda de casación contra  la  sentencia  del  Tribunal,  con  el  objetivo de que se proteja el derecho al  debido  proceso  que  consideran  vulnerado  por ausencia de notificación de la  demanda  de parte civil, la valoración de prueba ilícita en la decisión, y la  falta  de  declaración de la prescripción de la acción penal por el delito de  falsedad en documento privado.   

Bajo tales parámetros, con fundamento en la  causal       primera       de       casación19, postulan tres cargos contra  las decisiones de instancia que desarrollan de la siguiente manera:   

Primer cargo.  

          Acusan  los  recurrentes que el juzgador de primer nivel desconoció  la  garantía  fundamental  del  debido proceso por afectación sustancial de su  estructura,  derivado  del  hecho de no haber notificado a la defensa la demanda  de  constitución  en parte civil instaurada dentro del proceso penal y basar su  decisión  en  ella,  vulnerando,  por  su  inaplicación, los artículos 48 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29 de la Constitución Política.  En  razón  de  lo  anterior,  solicita  la  declaratoria  de nulidad prevista en el  artículo   207  numeral  1º  de  la  Ley  600  del  2000  (causal  primera  de  casación).   

          Los  apoderados,  en  un  primer momento, transcriben los artículos  48,  54,  55  y  56 Ibídem,  para  luego  pasar a la sustentación del cargo como tal. Afirman que la nulidad  se        predica        del        “injusto  condenatorio›”  sobre  los perjuicios materiales y  morales,  pues  la pluralidad de procesos civiles relacionados en su escrito que  fueron  adelantados  en  los  Juzgados  de  Familia  y  Civiles  del Circuito de  Medellín,  servían  como  excepciones  de  mérito  por  cosa juzgada o por la  existencia  de  un  proceso  de  “preclusión de la  parte   penal   mientras   se   resuelve   un   proceso  civil›”.   

          Resaltan  la  existencia  del  proceso civil que se tramitó ante el  Juzgado   11   Civil   del   Circuito  de  Medellín,  con  numero  de  radicado  05-001-31-03-011-2007-0305  (que  obra  en  el penal), por medio del cual Carmen  Tulia  Vásquez  Ruiz  demandó la nulidad absoluta de las siguientes escrituras  públicas:  (i) No. 9590 de 30  de  agosto de 2005, de la Notaria 15 del Circulo Notarial de Medellín, respecto  de  la  venta  de  derechos  hereditarios  celebrada por MARÍA TERESA DE JESÚS  RESTREPO    URIBE    y    JAIME   ALONSO   VALENCIA   VELÁSQUEZ;   (ii)  No.  7727 de 13 de noviembre de 2006  de  la  Notaria  29  del  Circulo  Notarial  de  Medellín,  sobre el trabajo de  sucesión  y  adjudicación  de  María  Josefa  Restrepo  Vélez a JAIME ALONSO  VALENCIA  VELÁSQUEZ;  (iii)  892  de 20 de marzo de 2007, de la Notaria 11 del Circulo Notarial de Medellín,  acerca  de  la venta del 50% de los derechos de JAIME ALONSO VALENCIA VELÁSQUEZ  sobre  el  inmueble  identificado  con  matricula inmobiliaria N° 001-254569, a  Miguel   Jaime   Gutiérrez  Cardona  y  a  MARÍA  TERESA  DE  JESÚS  RESTREPO  URIBE.   

Con  relación  a  las anteriores escrituras  alegan   que  el  Juez  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Medellín  ordenó  la  cancelación  de  tales registros en contravía de los fallos civiles de primero  y  segundo  grado  que  al  respecto  fueron  emitidos, pues en tales instancias  decidieron  desestimar  las pretensiones incoadas por la demandante Carmen Tulia  Vásquez  Ruiz  -nulidad  absoluta-,  así  como  ordenar  la cancelación de la  inscripción   de   la   demanda  que  pesa  sobre  el  inmueble  de  matrícula  inmobiliaria N° 001-254569.   

          Ponen  de  relieve la existencia de un proceso civil que se adelanta  en  el  Juzgado  Séptimo de Familia de Medellín relacionado con una acción de  petición  de  herencia que fue notificado personalmente MARÍA TERESA DE JESÚS  RESTREPO URIBE el 9 de diciembre del año 2015.   

Como sustento de alegato del presente cargo,  los  recurrentes  mencionan  apartes  de la contestación de la demanda de parte  civil  citada,  relacionados  con  la  cosa  juzgada.  Sostienen  que  cuando un  funcionario  judicial advierte tal fenómeno debe rechazar la demanda, así como  decretar  probada  la excepción previa o de fondo que se proponga, y en último  caso, proceder con la sentencia inhibitoria.   

Aseguran  que para alcanzar el valor de cosa  juzgada  una  decisión  requiere  identidad  de  objeto  (demanda  con la misma  pretensión     material    o    inmaterial);    identidad    de    causa  petendi (los mismos fundamentos o  hechos);     e     identidad     de     partes     (las    mismas    partes    e  intervinientes).   

Respecto  de  la  primera,  la  identidad de  objeto,  la  estiman  configurada  en  el  presente  caso,  con  relación a las  escrituras  públicas  ya  mencionadas,  que  la demandante solicita se declaren  ineficaces.   En  referencia  a  la  segunda,  la identidad de causa  petendi,  consideran que la parte  demandante  pregona  los mismos hechos con los que impetró el proceso ordinario  de  nulidad  absoluta  de las escrituras públicas antes relacionadas, así como  la  acción  de  parte  civil dentro del proceso penal adelantado por el Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Medellín.  Finalmente,  en  relación  con la  tercera,   la   identidad   de   las   partes,   aseguran  que  está  más  que  acreditada.   

Sostienen  que  en el proceso se generó una  nulidad   en   cuanto   al   injusto   condenatorio  pues  el  sinnúmero  de  procesos  civiles que se han  ventilado  pudieron  ponerse de manifiesto en el trámite de la acción civil en  el  proceso  penal  como  excepción  de mérito de cosa juzgada, o existencia  actual  de  un  proceso  PRECLUSIÓN DE LA PARTE PENAL  MIENTRAS    SE    RESUELVE   UN   PROCESO   CIVIL20.   

Concluyen el cargo afirmando que la sentencia  producida  en  este  proceso  constituye  una  tercera  instancia  para la parte  civil21,   que  el  fallo  tuvo  en  cuenta  la  liquidación  de  perjuicios  y  las pruebas allegadas con la demanda carente de  notificación,  generándose  así  una  sentencia  viciada  de  ilegalidad.  En  definitiva,  solicitan  que  se  decrete  la  nulidad  de la actuación desde la  decisión  admisoria  de  la  demanda de constitución de parte civil dentro del  proceso penal.   

Segundo cargo.  

Con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 del 2000, los libelistas  alegan  que  el juzgador desconoció la garantía fundamental del debido proceso  por  afectación  sustancial  de  su  estructura, pues el no haber notificado la  demanda  de  constitución  en parte civil instaurada dentro del proceso penal y  fundamentar  en  ella  la decisión, vulnera por su inaplicación los artículos  48  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29 de la Constitución Política,  razón  por  la  cual  solicitan  la  declaratoria  de  nulidad  prevista  en el  artículo   207   numeral   1   de   la   Ley   600   del   2000  (causal  1  de  casación).   

Para  sustentar este cargo transcriben en su  integridad  los argumentos invocados en el primer yerro alegado, relacionado con  la  existencia  de  varios  procesos  en  los  Juzgados  Civiles y de Familia de  Medellín,  en  virtud  de  los  cuales, de habérseles notificado la demanda de  constitución  en  parte  civil,  habrían propuesto la excepción de mérito de  cosa juzgada.    

Igualmente  reparan  que  el  ad   quem  haya  valorado  las  pruebas  adjuntadas   con   la   demanda,  pues  sostienen  que  debido  a  su  falta  de  notificación,  tales elementos deben ser considerados ilegales.  Solicitan  de  nulidad  del  proceso desde el auto admisorio de la demanda de constitución  de parte civil dentro del proceso penal, inclusive.   

Tercer cargo.  

          Nuevamente  la causal primera de casación establecida en el Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000 es el fundamento de los recurrentes. Afirman  respecto  de  este  último  cargo  el  desconocimiento  del debido proceso y la  afectación   sustancial   de   su   estructura   al  no  haberse  decretado  la  prescripción  de  la  acción  penal,  vulnerándose así los artículos 48 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000 y 29 de la Constitución Política,  motivo  por  el  cual  requieren  la  declaratoria  de  nulidad  prevista  en el  artículo   207   numeral   1º   de   la   Ley   600  del  2000  (causal  1  de  casación).   

          Sostienen  que  en  el presente asunto debió aplicarse el principio  de   favorabilidad   consagrado   en   el   artículo  29  de  la  Constitución  Política22  y  los artículos 40,43 y 44 de la Ley 153 de 1887; los artículos  6,  191,  192,  193 y 194 de la Ley 600 del 2000; los artículos 6, 177 y 179 de  la  Ley 906 de 2004; el artículo 15-1 de la Ley 74 de 1968, y el artículo 9 de  la Ley 16 de 1972.   

          Aducen  que  el  artículo  13  de  la Ley 1142 de 2007 eliminó los  recursos  de  reposición  y apelación contra las providencias que califican la  instrucción,  y  que  pese  a que la investigación tuvo su apertura en el año  2006  bajo  el régimen de la Ley 600 de 2000, si se tiene en cuenta la fecha en  la  que  se  otorgó  la  escritura  pública,  debió  aplicarse, en virtud del  principio  de  favorabilidad,  el  artículo  13  de  la Ley 1142 de 2007 y, por  consiguiente  el  otorgamiento de un recurso inexistente, esto es, el recurso de  apelación  contra  la  resolución de acusación violó el debido proceso, toda  vez  que  el  numeral 5 del artículo 193 de la Ley 600 de 2000 había salido ya  del ordenamiento jurídico.   

          Aplicado  al caso lo anterior, ya se han cumplido los 5 años que la  norma  establece  para  la  prescripción de la acción penal, lo cual trae como  consecuencia  su  declaratoria  respecto  del  delito de falsedad ideológica en  documento  privado,  a favor de JAIME ALONSO VALENCIA VELÁSQUEZ y MARÍA TERESA  DE JESÚS RESTREPO URIBE.   

          Adjunto  a  lo  anterior,  transcriben  las  alegaciones presentadas  durante  la  audiencia  de  juicio,  en  la que plantean los mismos argumentos y  ponen  de  presente  las siguientes fechas: (i) 4 de octubre de 2010 -firmeza de  la  calificación  de  la resolución de acusación-, (ii) 16 de octubre de 2015  -audiencia   preparatoria-  y,  (iii)  12  de  noviembre  de  2015  –  calenda  inicialmente  fijada  para  celebrarse  la  audiencia pública de juicio-, las cuales, les permiten concluir  que la acción penal se extinguió por la causal de prescripción.   

          Finalizan  su  escrito  solicitando la declaratoria de nulidad desde  la  providencia  que  calificó  el  mérito  de la investigación, así como la  declaratoria  de prescripción de la acción penal por el punible de falsedad en  documento privado.   

EL NO RECURRENTE  

          Durante   el  traslado  de  los  no  recurrentes  se  pronunció  el  apoderado  de  la  parte  civil, quien sostuvo que los demandantes no observaron  los  requerimientos  técnicos propios del recurso extraordinario, razón por la  cual   solicita   a  la  Corte  no  casar  la  decisión  impugnada.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000  consagra  el  recurso extraordinario de casación como el mecanismo idóneo para  derruir  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que ampara a las decisiones  proferidas  en  segunda  instancia,  razón  por  la  cual compete al recurrente  elaborar  la demanda cumpliendo a cabalidad ciertos parámetros que el artículo  212  ibídem establece y la  jurisprudencia de la Sala desarrolla.   

Las  principales  exigencias  consisten  en  enunciar  la  causal que taxativamente el legislador ha dispuesto, y formular el  cargo  mediante  el  cual se busca invalidar el fallo recurrido, de forma clara,  precisa  y  concisa.  Respecto  de  la fundamentación requerida para el escrito  casacional,  la  Sala  ha sido reiterativa en afirmar que el recurrente no puede  limitarse  a  criticar vagamente las decisiones proferidas en las instancias o a  manifestar  la  inconformidad  con  el  actuar  o proceder judicial, sino que es  indispensable  la  existencia  de  un  discurso  coherente,  lógico, racional y  dialéctico,  con  indicación  de  las normas infringidas, en aras de demostrar  cómo  el vicio in iudicando  o  in procedendo vulnera las  garantías debidas a las partes procesales.   

En otras palabras, no resulta procedente que  el  libelista  se  limite  a invocar el error, sino que además de demostrar que  tiene  trascendencia  para  quebrar  la doble presunción de acierto y legalidad  que  revisten las decisiones de segunda instancia, debe precisar la necesidad de  que  la  Corte intervenga en procura de la efectividad del derecho material y de  las  garantías debidas a las personas que participan en la actuación penal, la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional  y la reparación de los agravios  inferidos a las partes.   

Primer y segundo cargo.  

Con  el  fin  de evaluar el primer y segundo  cargo  propuestos,  la  Sala  procederá  a estudiarlos de forma conjunta, en el  entendido  de  que sus fundamentos son exactamente iguales, pues los recurrentes  invocan  la  misma  causal,  con  los  mismos  argumentos  y  atacando  la misma  situación.   

Para  ello,  la  Sala se referirá a: (i) la  equivocación  en  la causal invocada por los casacionistas; (ii) el saneamiento  e  intrascendencia  de  la  irregularidad argüida consistente en la ausencia de  notificación  de  la  demanda de constitución en parte civil; (iii) la posible  excepción  de  mérito  de cosa juzgada; y, (iv) la viabilidad de la excepción  de   preclusión  de  la  parte  penal  mientras  se  resuelve         un         proceso        civil  (prejudicialidad).   

1.- De la causal invocada.  

Centran   los   libelistas   su   primera  inconformidad  en la presunta violación de la estructura del debido proceso, en  razón  de  la  ausencia  de  notificación  del auto admisorio de la demanda de  constitución  en  parte  civil,  presentada  dentro  del  proceso  penal por el  apoderado de Carmen Tulia Vásquez Ruiz.   

Desde  el comienzo debe precisarse que no es  jurídica  ni  técnicamente correcto acudir simultáneamente, como lo hacen los  recurrentes,  a  las  causales  previstas  en  las  Leyes  600  de 2000 y 906 de  2004.   El  presente  asunto  estuvo  regido por la primera de ellas y, por  tanto,  la  demanda  debió  formularse  de  conformidad con su reglamentación.   

Los  libelistas  se  amparan  en  una  vía  equivocada  de  ataque –la  de  la  causal primera de casación del Código de Procedimiento Penal de 2000-,  pues  por  ella  solo  pueden  invocarse  errores  in  iudicando  de  carácter jurídico, y lo propuesto por  los   casacionistas   es   un  error  in  procedendo  por   inobservancia   del   procedimiento  legalmente  establecido,  razón por la  cual,    el  sendero  adecuado  era  la  causal  tercera  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, y  desarrollada  con  cumplimiento  de  las  exigencias  propias  de  la violación  directa      de      la      ley     sustancial23   

.  

Así mismo, con total desconocimiento de los  principios  de  autonomía de los cargos y de suficiencia, inherentes al recurso  extraordinario   de  casación,  los  censores  esgrimen  críticas  de  diversa  índole,   que   han   debido   formular  en  acápites  separados,  debidamente  fundamentadas,  indicando con precisión el grado de afectación a la actuación  y   cuál   sería   la  forma  de  reestablecer  las  garantías  quebrantadas.   

          2.   Saneamiento e intrascendencia de la falta de notificación  de la demanda de parte civil.   

Es  un hecho cierto que el auto que admitió  la  demanda de constitución en parte civil no fue notificado de manera personal  a  los  procesados  ni  a  sus  apoderados.  Dado lo anterior, de acuerdo con el  inciso  16  del  artículo  48  de  la  Ley 600 de 2000, debió emplazarse a los  procesados  y  a  sus  apoderados  de acuerdo con lo  dispuesto  en  el  Código de Procedimiento Civil, vale  decir,      en      el      artículo      31824.   

Sin  embargo,  es indispensable destacar que  los  artículos  181  de  la  Ley 600 de 2000 y 330 del Código de Procedimiento  Civil  prevén  la notificación por conducta concluyente, que consiste en tener  por  surtida  ésta  cuando  la  parte afectada con la irregularidad participa o  adelanta  cualquier actividad procesal indicativa de que conoce la decisión con  respecto  de  la  cual  se  han  pretermitido  todos o algunos de los requisitos  sustanciales  del acto de comunicación. Por ello, la notificación por conducta  concluyente,  además  de  ser un acto procesal de comunicación, es un medio de  convalidación de actuaciones irregulares.   

De manera, que la notificación por conducta  concluyente  provoca  que  prevalezca  la  certeza  de  que  el  sujeto procesal  afectado  con  la  notificación  inadecuada  se ha enterado efectivamente de la  decisión  adoptada,  lo  cual  se  halla  plenamente  acreditado en el presente  asunto.  Obsérvese:   

A folio 711 del cuaderno original 3, obra el  acta  de  la  primera  audiencia  preparatoria,  celebrada en el proceso el 6 de  octubre  de  2015, a la que concurrieron los dos defensores y el apoderado de la  parte  civil.  Al  respaldo de dicho documento, figuran una tras otra,  las firmas de los sujetos procesales mencionados.   

En    el    folio    720    ibídem  se  avizora correo electrónico  del  5  de  noviembre  de  2015,  mediante  el  cual  el  juzgado  les  notifica  conjuntamente  a  los  defensores  y al apoderado de la parte civil el cambio de  fecha de la audiencia pública.   

A     folio     721     ejusdem  figura  el acta de la audiencia  pública  del  proceso  surtida el 26 de noviembre de 2015 a la que concurrieron  los  apoderados  de  los  procesados,  los procesados y el apoderado de la parte  civil,  cuya firma, incluso seguida de la de los defensores, aparece al respaldo  del mencionado folio.   

A  folio  722  del mismo cuaderno, consta el  acta  de  continuación  de  la  audiencia  pública,  en la que se deja expresa  constancia  de  que  no se hizo presente el apoderado de la parte civil.  A  esta diligencia concurrieron los procesados y sus defensores.   

A   folio   723   y  siguientes  de  igual  carpeta,   obran  los alegatos de conclusión del apoderado de la procesada  MARIA  TERESA  DE  JESUS RESTREPO URIBE en los que reconoce, a folio 727, que en  la  audiencia  pública de juzgamiento intervino la parte civil, e incluso, hace  alusión  a  los  argumentos de esta durante su intervención así: “Interviene       la      Parte  Civil,  Doctor  (…),  quien extensamente nos lleva  por  la cátedra de derecho penal general, y en clara exposición desmenuza cada  uno  de  los  elementos  que  exige nuestro ordenamiento penal para proferir una  sentencia    condenatoria    …”   .  Igualmente  ocurre  con  la  afirmación  realizada  a  folio  729  ibídem,    penúltimo  párrafo,   en  donde  también  reconoce  expresamente  la  existencia  de  una  “acción  civil” dentro  del proceso penal.   

Así mismo acontece a folio 737 párrafo 2 de  este  cuaderno  en  el  que el letrado expresa, refiriéndose a un proceso civil  ordinario  impetrado  por  la  señora  VASQUEZ RUIZ, lo siguiente: “proceso  que a todas luces conoce la  PARTE     CIVIL    obrante    en    esta    causa,  …” (Negritas del texto original).   

En  el  folio  766 y siguientes ejusdem,   obran   los   alegatos   de  conclusión  del  defensor contractual de JAIME ALONSO VALENCIA VELAZQUEZ, quien  a   folio   767   párrafo  5  del  referido  cuaderno,  expresa  lo  siguiente:  “Partiendo   de   esa  base,  se  hace  necesario  determinar  en  esa  instancia procesal si para condenar a JAIME ALONSO VALENCIA  VELAZQUEZ   se  dan  los  presupuestos  procesales  para  emitir  sentencia  adversa  al  pedimento de la Fiscalía y el apoderado  de  la  parte civil y de manera indubitable habrá de  concluirse   que…”   (Negrita   fuera   de  texto  original).   

Del mismo modo, al reverso de este folio, en  el  párrafo final, aduce “En las alegaciones tanto  del  representante de la Fiscalía como del apoderado  de  la  parte  civil en sus elocuentes y pedagógicos  discursos…” (Negritas de la Corte); al igual que a  folio   768   finalizando   el   primer   párrafo   afirma   que   “Las   demás   declaraciones   reprochadas   por  la  Fiscalía  y  por  el  apoderado  de la parte civil   como   falaces   y   que   se   encuentran   contenidas  en  la  escritura…”. (Destacado  de la Corporación).   

Finalmente,   puede  apreciarse  que  este  apoderado  hace  referencia  a  la  parte  civil  obrante en el proceso penal, a  folios  770 reverso, párrafo 1, ejusdem,  en  el  cual  se aparta de la solicitud de condena de la Fiscalía  General    de    la    Nación    y   “la   Parte  Civil”.   

De lo anteriormente descrito se advierte que  los  procesados  y  sus  respectivos defensores se enteraron oportunamente de la  constitución  de  la  parte  civil  dentro  del  proceso  penal,  pues  no solo  coincidieron  en  diversos  actos  procesales,  sino que en sus propios escritos  realizaron   afirmaciones   indicativas   de   que   conocían   plenamente   su  reconocimiento,  e incluso, se opusieron de forma expresa a sus pretensiones, lo  cual  conduce  a  la  Sala  a  concluir  que  no  se produjo vulneración alguna  proveniente  de  ausencia  de  notificación  de la demanda de parte civil, pues  como    se    observa,   es   indiscutible   la   notificación   por   conducta  concluyente.   

Establecido  lo  anterior,  no existe razón  alguna  para  que  los recurrentes aduzcan ilicitud25   o  ilegalidad26   de  la  prueba  que  especificaba  los perjuicios materiales sufridos por la parte civil  dentro  del  proceso  penal,  de su tasación o de los argumentos esgrimidos por  ella  en los diversos actos procesales a los que concurrió, como no se advierte  que   la  falta  de  notificación  personal  de  la  demanda  hubiere  incidido  negativamente    en    el    ejercicio   del   derecho   de   defensa   de   los  procesados.   

En  suma,  examinado  el  expediente la Sala  constata  que,  por un lado, los recurrentes no demostraron que la irregularidad  hubiere  incidido  negativamente  en  el ejercicio del derecho a la defensa o de  otro  derecho  de  los  procesados  y,  por  otro lado, que el vicio alegado fue  saneado  con  el  comportamiento  procesal  de  los  defensores  a través de la  notificación por conducta concluyente.   

3. De la cosa juzgada.  

Respecto  de  la  decisión  adoptada por el  Juzgado  Adjunto  al Undécimo Civil del Circuito de Medellín el 30 de abril de  201227  y confirmada por la Sala Civil del Tribunal, mediante proveído de  6       de       noviembre       de       201428,  los  inconformes alegan la  consolidación  del  fenómeno  de la cosa juzgada, pues bajo el radicado 05-001  31  03  011 2007 0305, Carmen Tulia Velásquez Ruiz demandó la nulidad absoluta  de  las  escrituras, por objeto y/o causa ilícitos29,   al   censurar   que  los  negocios   jurídicos   que  las  originaron  padecían  de  tal  irregularidad,  configurada  por  la  conducta de MARÍA TERESA RESTREPO cuando dijo vender unos  derechos que en realidad no tenía.   

La  Sala  ha  verificado que en realidad, la  decisión  de  los juzgadores de instancia consistió en estimar que al provenir  el  dolo  de  uno solo de los contratantes, vale decir la aquí procesada MARÍA  TERESA  RESTREPO,  no  se tipificaba una nulidad absoluta, sino una relativa, la  cual  conlleva  a  la  resolución y/o cumplimiento del contrato, sin alcanzar a  permear  los  límites  del  objeto y de la causa ilícita capaces de detonar la  nulidad absoluta en el ámbito civil.   

En   palabras   del   Tribunal30:   

«…   si   bien  es  paladino  que  la  codemandada  María  Teresa  Restrepo,  al  solicitar la apertura del proceso de  sucesión,  se  enteró a través de incidente del 22 de abril de 2002 (f.86 con  pruebas  dte.)  que  quien  estaba llamada a heredar era la señora Carmen Tulia  Vásquez,  no  obstante  3  años después, a través de escritura pública dice  vender  los  derechos  que  le  puedan corresponder en la sucesión de la señor  Josefa     Restrepo     Vélez     –vinculados  al  inmueble  con  M.I.  número 001-254569- y que los  derechos  objeto  de  la  venta  fueron  adquiridos  “por la vendedora  a  título  gratuito  por  el  modo  de  sucesión  por  causa  de  muerte,  por el  fallecimiento  de  Josefa Restrepo Vélez (f. 15 cdno. Ppal)”, lo cual permite  asegurar  que  ella  se  anunció  maliciosamente  frente  al  comprador  , como  heredera  universal a sabiendas  que no lo era; y tanto sabía de ello, que  la  misma  María  Teresa  fue  quien  inició  la demanda de “indignidad para  heredar”  en  contra de Carmen Tulia Vásquez, el 13 de septiembre de 2004, en  donde  fueron  desestimadas  sus pretensiones, debido a que no hubo ocultamiento  del  testamento  por  parte  de la allí demandada Carmen Tulia Vásquez, por lo  que  la  conducta  de  María Teresa, de anunciarse como heredera universal, sin  serlo,  y  a  sabiendas,  es  cierto  que  evidencia  una intensión positiva de  inferir  un  daño  patrimonial  tanto al comprador de sus derechos hereditarios  como  a  la  heredera  legítima Carmen Tulia Vásquez, con el fin de obtener un  beneficio  económico  que  no  hubiera  obtenido de no haber incurrido  en  tales  actos  u  omisiones,  lo  que  en puridad apenas sería una especie de la  conducta  calificada  unilateralmente  de  dolosa , sin embargo para que pudiera  tipificarse  una  nulidad  absoluta  por  causa  ilícita, habría requerido que  tanto  la  vendedora como comprador hubieren obrado de mala fe, como pasaremos a  verlo,  razón por la cual solamente pudo haberse configurado una irregularidad,  cuyas  consecuencias  deletéreas  están  dispuestas  bajo los términos de los  vicios  del  consentimiento (art. 1507 del C .C.); luego, no puede afirmarse que  se  trate  de uno de los eventos de causa ilícita y menos aún que sea el punto  de  quiebre  para  impugnar  la  validez  de ese acto  por el sendero de la  nulidad  absoluta,  como  que  apenas daban titularidad al comprador, en caso de  incumplimiento  de  la  vendedora,  para  incoar una acción de resolución o de  cumplimiento del contrato con indemnización.».   

          Y     más     adelante     reiteró31:   

“Se  relieva  entonces,  que esa nulidad  absoluta  que  se  depreca está fundada en que el acto celebrado “es producto  de  solo,  de  la  temeridad en la causa del contrato”, propiciada únicamente  por  la vendedora, nulidad que en verdad jurídicamente no se tipifica como tal,  sino  que  a  lo  sumo, de haberse probado las exigencias del artículo 1515 del  C.C.  ,  estaríamos  frente  a  una  nulidad relativa, tal y como lo pregona el  artículo  1.508  del  C.C.,  en  esa medida, la nulidad absoluta de la venta de  derechos  herenciales  por causa ilícita, que es la propuesta por el censor, no  tiene  cabida  aquí,  pues  tampoco  es posible que por ahí mismo, respecto de  idénticos  hechos  consistentes  en  engañar,  mentir,  ocultar la verdad, ser  desleal  (en  forma  unilateral),  con  el  propósito  de  contraer  beneficios  económicos  derivados  del acuerdo de voluntades, pueda deducirse y tipificarse  al  mismo  tiempo  la  sanción de nulidad absoluta y de la relativa, cuando son  dos  instituciones  totalmente  diferenciables,  al  punto  que están reguladas  legalmente  en forma diferente y con distintas exigencias, sin que pueda el juez  declararlas  de oficio, como que una u otra tienen que ser alegadas por la parte  demandante.»   

Y  cuando analizó el objeto del contrato, y  qué  es  aquello  que  lo  hace  ilícito, sostuvo32:   

«… la ley entiende que este se refiere a  aquello  sobre  lo  cual  versa  la declaración de voluntad de las partes, bajo  esta  denominación  generalísima se comprenden tanto las cosas corporales como  las        incorpóreas        –créditos,  derechos  etc.-.  Ya  es  conocido  de  antiguo que el  objeto  de  todo  acto  jurídico  debe  ser,  además de posible y determinado,  lícito,  es  decir,  conforme  a  la  ley,  el  orden  público  y  las  buenas  costumbres,  en  consecuencia,  cuando  en  sus prestaciones o en su conjunto se  contraría  alguno  de  estos extremos, el objeto sería ilícito, acarreando la  nulidad absoluta del respectivo acto o contrato.   

En materia de enajenabilidad, el artículo  1866  del  Código  Civil,  establece  el  principio  general en ese aspecto, de  acuerdo  con  esta  disposición  normativa  “pueden  venderse todas las cosas  corporales  o  incorporales  cuya enajenación no esté prohibida por la ley”,  so  pena  de  considerar  que  dicho  acto  pueda verse impugnado por la nulidad  absoluta, debido a la existencia de un objeto ilícito…».   

En  suma, en el proceso civil citado por el  defensor  no  se declaró la nulidad absoluta de las escrituras públicas porque  la  acción  se  encausó por la vía procesal equivocada, vale decir la nulidad  absoluta,   y   no  de  la  relativa  como  correspondía,  y  aquella  requiere  que  tanto  la  vendedora como el comprador hubieren  obrado          de          mala         fe33,  circunstancia que no se acreditó en el  proceso,  pues  esta  solo  era  predicable  de  MARIA  TERESA RESTREPO. Reitera  entonces  la  Sala,  que  la  decisión  de  desestimar  las  pretensiones de la  demandante  Carmen  Tulia  Vásquez  Ruiz  se  circunscribieron  una censura mal  formulada  y  acreditada,  que  no despliega los pretendidos por los impugnantes  frente  a  los  hechos  debatidos  en  el  presente  asunto, ni a las decisiones  adoptadas.   

Si  bien  el resultado concreto del proceso  civil  referenciado derivó escasamente en la cancelación de la inscripción de  la  demanda  sobre  el  inmueble,  y no como lo sostienen los impugnantes, en la  nulidad   de  las  controvertidas  escrituras  públicas  y  su  correspondiente  cancelación  en  el sistema registral colombiano, lo cierto es que la decisión  adoptada  al  respecto  por  el  Juez  Noveno  Penal  del Circuito de Medellín,  deviene  de  la  comprobada perpetración de los delitos de falsedad ideológica  en  documento  privado  y  fraude procesal, lo que obligaba a dar aplicación al  artículo  66  del  Código  Penal y, por ende, a ordenar la cancelación de las  anotaciones  dispuestas,  tal  y  como  lo  hicieron  los juzgadores34.   

4.  La  viabilidad  de  la  excepción  de  preclusión  de  la parte penal mientras se resuelve  un proceso civil. (Prejudicialidad).   

Finalmente, el argumento tendiente a lograr  la  nulidad  del  proceso  penal  a  partir  de  la  admisión  de la demanda de  constitución  en  parte  civil,  porque  según los casacionistas de haber sido  notificados   de   ella  se  habría  alegado  como  excepción  de  mérito  la  PRECLUSION DE LA PARTE PENAL MIENTRAS SE RESUELVE UN  PROCESO                    CIVIL35,        desconoce  la  significación de conceptos jurídicos básicos, pues  el  régimen  procesal  penal  nacional  no  prevé  como  causa para ordenar la  preclusión      de      la      investigación36  la existencia de un proceso  civil.   

Evidentemente  la  carga  argumentativa del  libelo  ha  estado  permeada  por  razonamientos subjetivos carentes de sustento  normativo, jurisprudencial o doctrinario, como pasa a verse:   

La  preclusión de la investigación es una  figura  procesal consagrada en el artículo 39 de la Ley 600 de 200037    que  autoriza  la  terminación  del  proceso penal sin necesidad de agotar todas las  etapas  procesales  cuando  se  demuestre  que  la  conducta no existió, que el  sindicado  no  la  cometió,  que  es  atípica,  que  opera  alguna  causal  de  exclusión  de  responsabilidad, o que la acción penal no podía iniciarse o no  puede proseguirse.   

De  modo  que  la  preclusión  ocasiona la  terminación   anticipada   del  proceso  penal  cuando  concurren  las  razones  expuestas,   sin  que  sea  ajustado  a  derecho  afirmar  que  con  ella  pueda  “suspenderse”   la  actuación     penal    “mientras” un proceso paralelo y de otra materia se resuelve.   

No obstante, es posible que los impugnantes  hayan  querido  referirse  a la figura de la prejudicialidad penal consagrada en  el  artículo  154  ibídem,  que   se   predica  respecto  de  acciones  tramitadas  en  otras  ramas  de  la  jurisdicción  ordinaria  en las que el fallo penal adoptado tiene la entidad de  influir  radicalmente.  Es  de  advertir  que  el  elemento  sobre  el  cual  se  fundamenta  la  prejucialidad consiste en evitar decisiones encontradas sobre un  mismo  asunto;  sin  embargo,  dada  la naturaleza, importancia y relevancia del  proceso  penal  y  de  los  bienes  jurídicos  que salvaguarda, cuando la misma  cuestión  sea  objeto  de  estudio  de  otra  área  del  derecho, prevalece la  competencia   del   penal.   Así  lo  ha  expresado  con  anterioridad  la  Sala:   

“cuando  la  cuestión  prejudicial  al  proceso  penal  es al mismo tiempo elemento configurativo del delito investigado  y  el  juicio  civil, laboral o administrativo que pretende resolverla de manera  definitiva  se  hubiese  iniciado  después  de  cometido  el hecho punible y no  antes,  el  juez  penal  goza  de  plena  competencia  para  decidir  cuestiones  extrapenales  atinentes  a la tipicidad del hecho, sin necesidad de suspender la  calificación  del  sumario  a  la  espera  de  una  decisión por parte de otra  jurisdicción…”38   

Se  evidencia entonces el incumplimiento de  los   presupuestos   establecidos  por  la  ley  y  la  jurisprudencia  para  la  formulación  de  la demanda de casación, razón por la cual los cargos primero  y segundo serán inadmitidos.   

Tercer cargo.  

          Amparados  en  la  causal primera de casación, el estrado defensivo  alega  su  tercer  cargo  por  desconocimiento   del   debido   proceso  y  la  afectación  sustancial  de  su  estructura,  al no haberse decretado la prescripción de la acción penal por el  delito  de  falsedad  en documento privado, vulnerándose así los artículos 48  del    Código    de    Procedimiento   Penal   y   29   de   la   Constitución  Política.   

          Como  sustento  de  lo  anterior  arguyen  que la fiscalía delegada  violó  el  artículo  13  de  la Ley 1142 de 2007 -que eliminó los recursos de  reposición  y  apelación  contra las providencias que califican el mérito del  sumario  desde  el  año  2007-,  al otorgar un recurso inexistente, esto es, la  apelación  contra  la  resolución de acusación, toda vez que el numeral 5 del  artículo  193 de la Ley 600 de 2000 había salido ya  del  ordenamiento  jurídico.  En tal sentido, afirman  que  se aplicó una norma procedimental derogada, refiriéndose a los artículos  191   a   194   ibídem.   

          Esgrimen    que    de   acuerdo   con   lo   anterior   ‹no  hay  suspensión de términos› y  que  por  ende,  ya  han transcurrido los 5 años que la norma establece para la  prescripción  de  la acción penal, lo cual trae como consecuencia respecto del  delito  de falsedad ideológica en documento privado, su declaratoria a favor de  JAIME   ALONSO   VALENCIA   VELÁSQUEZ   y  MARÍA  TERESA  DE  JESÚS  RESTREPO  URIBE.   

Una  vez  más,  la  vía  escogida por los  impugnantes  es  equivocada, como quiera que los ataques por prescripción de la  acción  penal        deben  ser  formulados por medio de la causal tercera de casación y  no por la que optaron los censores (causal primera).   

Pese  a lo anterior, la Sala recordará que  tal  y  como  lo manifestaron los juzgadores de instancia, el artículo 13 de la  Ley  1142 de 2007 reformó expresamente el canon 117 de la Ley 906 de 2004, y no  el  precepto 193 de la Ley 600 de 2000, razón que, entre otras, impide extender  los efectos normativos de un sistema a otro.   

          En  efecto,  la  estructura  de  cada una de las leyes anteriormente  mencionadas  ha  sido  jurisprudencialmente analizada por esta Sala, quien luego  de  considerar,  además  de otros aspectos, las fases procesales por las que se  halla  integrado,  las  facultades  de  la  fiscalía y de los jueces que en él  intervienen,  concluyó  que no era posible aplicar por favorabilidad el sistema  penal  acusatorio  a los casos regulados por la Ley 600 de 2000, de la siguiente  forma:   

«Las  facultades  y  calidades  de  la  fiscalía  y del juez de conocimiento en los dos sistemas procesales penales son  diferentes.   

En  efecto, en el sistema regulado por la  Ley  600,  proferida  la  resolución  de  acusación  e  inclusive  variada  la  calificación   jurídica   provisional,   el   juzgador   no   queda  vinculado  indefectiblemente  a  ellas  sino  que  puede  o  no  admitirlas,  cuidando  por  supuesto, de respetar el principio de congruencia.   

El juez dirige el proceso, puede actuar de  oficio  y su decisión final debe respetar los lineamientos de la acusación que  es una providencia judicial.   

Así  mismo, en este estadio procesal, la  fiscalía  encargada  primariamente  de  investigar  y  acusar,  deja  de ser el  representante  del Estado, para convertirse en un sujeto procesal como los otros  (defensa,  ministerio  público, terceros incidentales), cuyas peticiones pueden  o no ser atendidas por el funcionario judicial de conocimiento.   

En el sistema regulado por la Ley 906, la  fiscalía  es  la  titular  de  la acción penal durante todo el proceso, de tal  forma  que  al  formular  la acusación no renuncia a la potestad de retirar los  cargos  formulados,  pues  es dueño de la posibilidad de impulsarla o no.   La  acusación, no es una decisión judicial, sino su pretensión. El Juez está  impedido   para   actuar   de   oficio  porque  se  está  ante  un  sistema  de  partes.»39   

Siguiendo  el  precedente  jurisprudencial,  reitera  la  Colegiatura  que  la  Ley  1142  de  2007,  por medio de la cual se  reforman  parcialmente  las  Leyes  906  de  2004, 599 de 2000 y 600 de 2000, no  habilita  modificación alguna relacionada con los efectos en los que se concede  el  recurso  de apelación (suspensivo, diferido y devolutivo), previsto sistema  procesal  del  2000,  sino  exclusivamente  en  los que se concede -suspensivo y  devolutivo- en el régimen procesal de 2004.   

Igualmente  vale  precisar que los letrados  alegan   la  prescripción  de  la  acción  penal  con  base  en  una  supuesta  favorabilidad,  así  como  en  unas  fechas  claramente  equivocadas, ya que al  desconocer  la legítima procedencia del recurso de apelación de la resolución  de  acusación,  ubican su firmeza en fecha anterior -el 4 de octubre de 2010- a  la que realmente se produjo -21 de julio de 2011-.   

La  jurisprudencia  ha  sido reiterativa en  afirmar  que  para  determinar  la  fecha  de  ejecutoria  de  la resolución de  acusación  en  el  sistema  de la Ley 600 de 2000, se debe establecer si existe  decisión  de  segunda instancia, supuesto en el cual, si es confirmatoria de la  acusación   proferida   en  primer  grado,  se  entiende  ejecutoriada  con  el  proferimiento       de       la       última       decisión       –artículo 187 de la Ley 600 de 2000-,  toda  vez  que  con   la  decisión de primer nivel el procesado se hallaba  enterado  de  la resolución acusatoria de primera instancia, razón por la cual  no está siendo sorprendido con la determinación en tal sentido.   

En el supuesto contrario, vale decir, si de  la  apelación  surgiera  la revocatoria de la preclusión de primera instancia,  se  entiende ejecutoriada en la fecha en que la providencia de segundo grado fue  notificada        a        las        partes40, pues solo así se garantiza  el conocimiento de la acusación.   

          En  el  presente  asunto,  el 1º de septiembre de 2010 se profirió  resolución  de  acusación  por  el fiscal de primera instancia; esta decisión  fue  objeto  de apelación y el recurso fue concedido. Sin embargo, el fiscal de  segunda  instancia,  el  21  de  julio de 2011, inadmitió la alzada previamente  otorgada,  lo  cual deriva en la ejecutoria de la calificación impugnada y, por  lo  tanto,  en  la  fecha  desde  la  cual  empezaría  a contarse nuevamente el  término de prescripción.   

De   este   modo,   surge  claro  que  la  prescripción  no  se produce por las razones y los términos propuestos por los  libelistas  en  la demanda de casación, sino según lo establecido en acápites  anteriores.  Tras  la evidente equivocación en la fundamentación del cargo, no  prospera.   

Casación oficiosa  

No  obstante,  la  Sala  en  el  ejercicio  Constitucional  de  salvaguardar  los  derechos  fundamentales  de  las partes e  intervinientes   en   los   procesos,  advierte  en  el  caso  la  necesidad  de  pronunciarse  respecto  de  un defecto de carácter sustancial. Ello, tal y como  ha  manifestado  reiteradamente  la  Corte,  sin necesidad de correr traslado al  Ministerio   Público   para  que  emita  concepto41.   

En   el   sub  judice,  la irregularidad sustancial se circunscribe a  la  presencia  del  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción  penal con  relación  al  delito de falsedad en documento privado, posterior a la decisión  de  segunda  instancia  y  a  la  presentación  de  la  demanda de casación, y  previamente  a  que  el proceso arribara a la Corte42.   

Es pertinente por tanto recordar que si bien  el  Estado  tiene  la  responsabilidad  de investigar y sancionar a las personas  infractoras  de  la  ley  penal,  tal facultad tiene límites tan transcendentes  como  el  transcurso del tiempo, pues de acuerdo con el artículo 83 del Código  Penal,  en  el  mismo  instante  en  que  se  cumple  el  termino máximo fijado  legalmente  para  el  punible  -que  en ningún caso  será  menor  de  5  años ni excederá de 20-, sin que  exista  fallo  definitivo  en  firme,  cesa  la  posibilidad de continuar con el  trámite previsto al operar el fenómeno de la prescripción.   

          La    Corte    ha    sido    precisa    en    manifestar    que   la  prescripción43:   

‹‹…desde  la  perspectiva  de  la casación, puede producirse: a) antes de la sentencia de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia de alguna decisión adoptada en ella  con  repercusión  en  la  punibilidad; o, c) con posterioridad a la misma, vale  decir, entre el día de su proferimiento y el de su ejecutoria.   

                                             […]   

Frente   a  la  tercera  hipótesis  la  solución  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al  momento   de   producirse  el  fallo  y  su  legalidad  en  esa  medida  resulta  indiscutible  a través de la casación, porque la misma se encuentra instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción de la acción penal dentro del término de  ejecutoria.   

Cuando   así   sucede,  es  deber  del  funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o  de la Corte si el fenómeno se  produce  en el trámite del recurso de casación, declarar extinguida la acción  en  el  momento  en  el  cual  se cumpla el término prescriptivo, de oficio o a  petición  de  parte.  Pero  si  no  se advierte la circunstancia y la sentencia  alcanza  la categoría de cosa juzgada, la única forma de remover sus efectos e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción de revisión.››   

          Según  lo  prevén los artículos 83 y 86 de la Ley 599 de 2000, el  término  de  prescripción  de la acción penal se interrumpe con la ejecutoria  de  la resolución de acusación o su equivalente, y empieza a correr otro igual  a  la mitad del inicial, es decir, la mitad del máximo de la pena prevista para  el  delito,  que  en ningún caso puede ser inferior a cinco años ni superior a  diez años.   

          Los  procesados  fueron acusados y posteriormente condenados por los  punibles  de  falsedad  en  documento privado y fraude procesal descritos en los  artículos    289    y    453   ibídem  que contemplan penas de prisión de 1 a 6 años, y de 6 a 12 años  respectivamente.   

La   resolución  acusatoria  de  primera  instancia  emitida  el  1º  de  septiembre  de  2010  fue objeto del recurso de  apelación  y  el  agente fiscal procedió a concederlo, dando paso a la segunda  instancia.   Sin  embargo,  el  21  de  julio  de 2011, la impugnación fue  inadmitida  por  el  Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal,  fecha  en que quedó  ejecutoriada la decisión.   

          Atendiendo  a  que  el  plazo  máximo  establecido para la función  sancionadora  del  Estado  por  el punible de falsedad en documento privado, una  vez  en  firme  tal  resolución,  corresponde  a  la mitad de la pena máxima a  imponer  -3  años-,  pero que este término, por expreso mandato legal  no  puede  ser  inferior  a  5 años, el fenómeno extintivo de la acción penal, de  acuerdo  con  los artículo 83 y 84 de la Ley 599 de 2000 se consolidó el 21 de  julio  de  2016, después de la sentencia de segunda instancia y antes de que el  asunto   llegara   a   la   Corte   para   el   estudio   de   la   demanda   de  casación.   

En  consecuencia,  la  Sala  declarará  la  prescripción  de  la acción penal respecto del delito de falsedad en documento  privado,  imputado  a JAIME ALONSO VALENCIA VELÁSQUEZ y MARÍA TERESA DE JESÚS  RESTREPO  URIBE,  y ajustará las penas teniendo en cuenta que continúa vigente  la condena por el delito de fraude procesal.   

          El  fallador  de  primera  instancia  partió  de  la  mínima  pena  prevista  para  el  delito de fraude procesal por ser el más grave en términos  punitivos,  es  decir, de setenta y dos (72) meses de prisión, y la incrementó  por  el  concurso  heterogéneo  seis (6) meses, para un total de setenta y ocho  (78)  meses  de  prisión.  Eliminando  este  aumento,  se  tiene que la pena de  prisión  aplicable  por  el  delito de fraude procesal es de setenta y dos (72)  meses,   multa   de   200   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  termino  de  60  meses,  respetando  las  consideraciones  que al efecto tuvo el  a  quo y teniendo en cuenta  que  estas penas se hallan previstas para el delito de fraude procesal y no para  el de falsedad en documento privado.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República de Colombia y por autoridad de la Ley,   

                    

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  de  manera  conjunta  por los defensores  de  JAIME  ALONSO VALENCIA  VELÁSQUEZ y MARÍA TERESA DE JESÚS RESTREPO URIBE.   

Segundo.  Casar  parcialmente   de   oficio  la  sentencia de 13 de abril de 2016, proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Medellín, en lo que respecta a la  condena  impuesta  a  JAIME ALONSO VALENCIA VELÁSQUEZ y MARÍA TERESA DE JESÚS  RESTREPO  URIBE  por  la conducta punible de falsedad en documento privado, como  se indica en la parte considerativa de esta decisión.   

         Tercero.            Declarar          prescrita  la  acción penal originada  con  la  comisión del delito de falsedad en documento privado, en consecuencia,  Cesar  el  procedimiento  adelantado  contra  JAIME ALONSO VALENCIA VELÁSQUEZ y  MARÍA  TERESA  DE JESÚS RESTREPO URIBE por el referido ilícito.   

Cuarto.  Fijar  en  razón  de lo  anterior,    como    penas   principales  por  el delito de fraude procesal, 72  meses  de  prisión, multa de 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  término de 60 meses.   

Quinto:        Disponer:  que   en   los  demás  aspectos   se   mantiene   incólume   la  sentencia  confutada.   

Sexto: Disponer  que  por  el  juzgado  de  primera  instancia  se  realicen  las  anotaciones  y  cancelaciones pertinentes.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 10 de la carpeta.   

2 Cfr.  Folios 601 a 635 del c.o. 2.   

3 Cfr.  Folio 638 ibídem.   

4 Cfr.  Folios 642 a 652 ibídem.   

5 Cfr.  Folio 670 del c.o. 3.   

6 Cr.  Folios 1 a 56 del cuaderno de la parte civil.   

7 Cfr.  Folios     58     y     59     ibídem.   

8 Cfr.  Folio          60         ibídem.   

9 Cfr.  Folios     61     a     65     ibídem.   

10 Cfr.  Folio          67         ibídem.   

11  Cfr.      Folio      68      ibídem.   

12  Cfr. Folio 711 del c.o. 3.   

13  Cfr. Folio 721 ibídem.   

14  Cfr. Folio 722 ibídem.   

15  Cfr. Folios 775 a 785 reverso ibídem.   

16  Cfr. Folios 792 a 806 ibídem.   

17  Cfr. Folios 820 a 833 ibídem.   

18  Cfr.      Folio      869      ibídem.   

19  Artículo  207  Ley  600/00  En  materia  penal  la  casación  procede  por los  siguientes  motivos: “1.  Cuando  la  sentencia  sea  violatoria de una norma de derecho sustancial. Si la  violación  de la norma sustancial proviene de error de hecho o de derecho en la  apreciación  de  determinada  prueba,  es  necesario  que  así  lo  alegue  el  demandante.”.   

20  Cfr. Folio 25 de la demanda de casación.   

21  Cfr. Folio 889 del c.o.   

22  Artículo   29   de   la   Constitución  Política  de  Colombia:  “[…]  En  materia  penal,  la  ley  permisiva o favorable, aun  cuando   sea   posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable. […]”.   

23  Cfr.  entre otros, CSJ. SP. de 24 de octubre de 2003, Rad. 17.466 y AP. de 27 de  agosto de 2014, Rad. 44.207.   

24  Código  de Procedimiento Civil, artículo 318: “El  emplazamiento  de  quien  deba  ser  notificado  personalmente procederá en los  siguientes casos:   

1.  Cuando  la  parte  interesada  en  una  notificación  personal  manifieste  que  ignora  la  habitación  y el lugar de  trabajo de quien debe ser notificado.   

2.  Cuando  la  parte  interesada  en  una  notificación  personal  manifieste  que  quien debe ser notificado se encuentra  ausente y no se conoce su paradero.   

3. En los casos del numeral 4 del artículo  315. […]”   

25  Cfr. Folio 892 del c.o. 3   

26  Cfr.  Folio  900  ibídem.   

27  Cfr. Folios 741 a 750 ibídem.   

28  Cfr.   Folios   751   a   762   ibídem.   

29  Cfr.  (i)  No.  9590 de 30 de agosto de 2005 -Notaria 15 del Circulo Notarial de  Medellín;  (ii)  No.  7727  de  13 de noviembre de 2006 -Notaria 29 del Circulo  Notarial  de  Medellín;  y (iii) No. 892 de 20 de marzo de 2007 -Notaria 11 del  Circulo Notarial de Medellín   

30  Cfr. Folios 755 reverso y 756 del c.o. 3.   

31  Cfr.  Folios  757  y  757 reverso ibídem.   

32  Cfr.  Folio  757  y  757  reverso ibídem.   

33  Cfr.  Folio  755  y  755  reverso ibídem.   

34  Cfr. Folio 785 del c.o. 3.   

35  Cfr.  Folio  884  ibídem.   

36  Cfr. Ley 600 de 2000, artículos 399 y 39.   

37 Ley  600  de  2000,  artículo 39. “En cualquier momento  de  la investigación en que aparezca demostrado que la conducta no ha existido,  o  que el sindicado no la ha cometido, o que es atípica, o que está demostrada  una  causal  excluyente  de  responsabilidad,  o  que  la  actuación  no podía  iniciarse  o no puede proseguirse, el Fiscal General de la Nación o su delegado  declarará    precluida    la    investigación   penal   mediante   providencia  interlocutoria.  El  juez,  considerando  las  mismas  causales,  declarará  la  cesación   de   procedimiento   cuando  se  verifiquen  durante  la  etapa  del  juicio.”.   

38  Cfr. CSJ. SP. de 10 de noviembre de 1992, Rad. No. 6484.   

39  Cfr. CSJ. SP. del 22 de mayo de 2008, Rad. 28124.   

40  Cfr. Ley 600 de 2000, art. 176.   

41  Cfr.  CSJ.  SP. de 12 de septiembre de 2007, Rad. 26.967; de 21 de septiembre de  2011,   Rad   37.135;   de   30   de   noviembre  de  2011,  Rad  37.392,  entre  otros.   

42 El  proceso  arribó  a  la Corte el 3 de agosto de 2016 y fue repartido al despacho  del Magistrado Ponente el 4 del mismo mes y año.   

43  Cfr.  CSJ. SP. de 30 junio  de 2004, Rad. 18368 y AP. de 8 de septiembre de 2004, Rad. 22588.     

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