SP14576-2016(46904)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

SP14576-2016  

Radicación     N°     46.904   

Aprobado acta N° 317  

Bogotá,  D.  C., doce (12) de octubre de dos  mil dieciséis (2016).   

I.  V I S T O S  

Superados  los  defectos  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  ABELARDO  GALVIS    LUNA,   y   realizada   la   audiencia   de  sustentación,  procede  la  Sala  a  pronunciarse  de  fondo sobre la sentencia  acusada,  dictada  en  segunda  instancia,  el  10  de noviembre de 2014, por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,  Sala de Decisión  Penal,  por  medio  de  la  cual  confirmó  el  fallo  del Juzgado Séptimo Penal del Circuito con función de  conocimiento  de  esa  ciudad, que condenó  al  precitado,  como  coautor de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  a  las  penas  principales  de  302  meses de prisión y 37833  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  negándole  la concesión de mecanismos sustitutivos de la sanción privativa de  la libertad.   

II. H E C H O S  

Aproximadamente  a las 16:00 horas del 22 de  noviembre  de  2011,  miembros  de  la Sección de Investigación Criminal de la  SIJIN,   Unidad  de  Estupefacientes,  recibieron  información  proveniente  de  “fuente  humana” acerca  de  una  posible  negociación de, al parecer, marihuana que se llevaría a cabo  en  cercanías  de  la  cancha  de tierra del barrio El Poblado del municipio de  Girón  (Santander)  y  que sería realizada por dos personas que se desplazaban  en un vehículo Renault 9 gris.   

Los  policiales  se pusieron en acción para  constatar     el     evento     que     les    fue    anunciado    y,  aproximadamente  a  las 16:40 horas de  ese   día,  observaron  un  vehículo  con  las características que les habían sido reveladas, ocupado por  dos  personas. Fue así como en la vía pública, a la altura de la calle 49 con  carrera  26,  barrio  El Poblado de la localidad de Girón, en proximidades a la  cancha  precitada, interceptaron el automotor Renault 9 de placas BUW-010, 1998,  gris,  servicio  particular,  conducido  por  ABELARDO  GALVIS  LUNA, quien se encontraba acompañado por EDGAR  DE JESÚS URREA VALENCIA.   

Al     registrar    el    baúl    del  automóvil,   encontraron  cinco  paquetes que contenían en su interior una sustancia vegetal prensada con  características  propias  de  la  marihuana,  empacada  en un plástico negro y  luego en otro de color azul.   

Sometida  la  sustancia  a examen (PIPH) por  parte   del   investigador   de   campo,  arrojó  un peso neto de 47.200  gramos,  esto  es,  47,2  kilos,  y  resultado  de clorimetría  positivo   para   cannabis,   corroborado   posteriormente  por  un  profesional  especializado   del   Instituto   Nacional   de   Medicina   Legal   y  Ciencias  Forenses.   

III. ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  El  23  de noviembre de 2011, el Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  con  función de control de garantías de Bucaramanga,  descentralizado   en   Girón,   declaró   legal  la  captura  de  ABELARDO  GALVIS  LUNA  y  EDGAR DE JESÚS  URREA VALENCIA, decisión que no fue objeto de recursos.   

En la misma fecha inicialmente mencionada, la  Fiscalía  Cuarta adscrita a la URI de Bucaramanga les formuló imputación como  coautores  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes (artículo 376  –    inciso   tercero  –  del  Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  11  de  la  Ley  1453  de  2011),  verbo  rector  “transportar”,  cargo  al que ninguno de los imputados  se allanó.   

En   la   siguiente  audiencia  preliminar  concentrada,  atendiendo  solicitud  de la fiscalía, el juzgado con función de  control  de  garantías  le  impuso  a  los  mencionados medida de aseguramiento  privativa   de   la   libertad,   consistente   en   detención   preventiva  en  establecimiento  carcelario,  determinación  que  no  fue impugnada.   

2.  El 12 de diciembre de 2014, la Fiscalía  Diecinueve  Seccional  de  Bucaramanga  radicó  escrito  de  acusación  contra  ABELARDO  GALVIS LUNA y EDGAR  DE  JESÚS  URREA  VALENCIA  como coautores de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  indicando  ahora  el  inciso  primero  del  artículo  376 del  Código  Penal.  El  asunto correspondió,  por reparto, al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  con  función  de conocimiento de dicha  ciudad.   

3. La audiencia de formulación de acusación  se  llevó  a  cabo  el 10 de febrero de 2012, con la intervención de la Fiscal  Décima Seccional de Bucaramanga.   

4.  El 21 de febrero de 2012 el señor EDGAR  DE  JESÚS  URREA  VALENCIA  celebró  preacuerdo  con la fiscalía, el cual fue  aprobado, situación que generó la ruptura de la unidad procesal.   

5.  El  trámite  ordinario,  respecto  de  ABELARDO   GALVIS   LUNA,  prosiguió  con la audiencia preparatoria,  el  12  de  marzo  de  2012,  y  el juicio oral, que se desarrolló en varias sesiones, a saber:  30  de abril, 22 de junio y 17 de agosto de 2012; 28 de febrero, 17 de julio, 20  de  noviembre,  2 y 12  de diciembre de 2013.   

6.  El  10  de  abril  de  2014,  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito  con  función  de  conocimiento de Bucaramanga profirió sentencia condenatoria.  Consideró,  en  primer  lugar,  que con el acta de incautación de elementos se  demostró  que el 22 de noviembre de 2011, aproximadamente a las 16:40 horas, le  fueron   incautadas   al   señor   ABELARDO   GALVIS  LUNA,  cuya  plena  identidad  fue  estipulada por las  partes,  cinco  bolsas  plásticas  que  contenían  una  sustancia  vegetal con  características  similares  a  la  marihuana,  objetos  que  transportaba en el  vehículo    de    su    propiedad,   Renault   9,   gris,   1998,   de   placas  BUW-010.   

Destacó  que  sometida  la  sustancia a las  pruebas  químicas  de  rigor  arrojó resultado positivo para marihuana, con un  peso  neto  de 47.200 gramos,  y    que,    en    consecuencia,   era   posible   concluir   que   GALVIS  LUNA incursionó en el verbo rector  “transportar”  previsto  en     el     artículo     376     –inciso        primero–  del  Código  Penal,  comportamiento que no encontró amparado por  justificante    alguna    y    que   –agregó–  “vulneró   el  bien  jurídico  tutelado  por  el  legislador de la salud pública”.   

Entendiendo la culpabilidad como “la  reprochabilidad  de  un  injusto  a  un autor”,  consideró  al  acusado como “persona  en  pleno  goce  de sus facultades mentales” y juzgó  que,   a   partir  de  varios  hechos  indicadores,  se  infería,  “de  acuerdo  a  la  lógica  y  a  la experiencia”,   que   era   conocedor   del   contenido   de  los  paquetes  que  transportaba.   

En primer lugar, anotó, se desempeñó como  policía,  según  lo  dio a conocer el testigo ÁLVARO HERNÁNDEZ PÉREZ, luego  entonces  debía  poseer  una “actitud de atención,  observación,  incluso  de  desconfianza” y también  “conocer   de  formas  de  empaque  de  sustancias  estupefacientes  para  su comercialización, de la presentación en que podrían  observarse”.   

Por otra parte, la información suministrada  por  la  fuente  humana,  sobre la que existe el testimonio del policial ARMANDO  LANDÍNEZ  GELVES, quedó confirmada con la interceptación de un rodante de las  mismas  características  reveladas,  efectivamente ocupado por dos personas, en  el que trasladaban marihuana.   

Finalmente,  el señor EDGAR URREA VALENCIA,  quien  rindió  testimonio  “tratando de desligar la  responsabilidad  de  ABELARDO  GALVIS”,  incurrió  en  contradicciones que lograron que su dicho careciera  de  credibilidad,  ya  que  no  concordó con el testigo ROSENDO ARANDA VESGA en  cuanto  al  momento  de  arribo a la casa de éste (un mes o la noche anterior a  los  hechos),  la forma como llegó al parque Centenario, el espacio ocupado por  los   paquetes   en  el  baúl  del  rodante  y  el  conocimiento  de  la  carga  transportada;  sobre el último aspecto, inicialmente dijo que no sabía de qué  se  trataba  pero más adelante “reconoce haber sido  el    único    responsable   del   conocimiento   sobre   lo   que   allí   se  transportaba”.   

Además, a juicio del a quo el dicho de este  deponente   “tampoco  tiene  lógica”  porque,  “tratándose  de  la  enorme  cantidad  que  se  transportaba  (…)  resulta  apenas  obvio que se tratara de  transportarla  con  precaución  y reserva, luego el decir que se estuvo durante  al  menos  10  minutos en plena vía pública, principal, con afluente vehicular  considerable,  no tiene asidero alguno en punto a su credibilidad”.   

7.  La  defensa  interpuso  recurso  de  apelación  que  fundó en que URREA VALENCIA dijo la verdad cuando señaló que  GALVIS  LUNA  no conocía lo  que  acarreaba, pues su encuentro fue ocasional y consistió en la celebración,  de  buena  fe,  de  un  contrato  de transporte en cuya ejecución jamás le fue  delegada  la  posesión  o  dominio  del  paquete  y  cuyo  contenido  no debía  verificar, pues no lo iba a llevar él solo a su destino.   

8. El Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bucaramanga,  Sala  de Decisión Penal, desató la alzada mediante proveído  del  10  de  noviembre  de  2014, en el cual estimó que el acusado “se   encuentra   inmerso   en   el   verbo  rector  ‘transportar’,   pues   en  el  vehículo  de  su  propiedad  conducía  47.200  gramos  de  marihuana,  situación  (…)  que  se  encontró  plenamente  probado  con  los testigos de cargo, como Gabriel Eduardo  Valencia  Melgarejo  quien  se desempeñó para la época como funcionario de la  Sijin  y  perito  PIPH  (…),  Gilberto  de Jesús Díaz Ordóñez, profesional  forense  especializado  del  Instituto  de  Medicina  Legal (…) los cuales son  conducentes   a   inferir   la  conducta  típica  del  encartado”.   

A  continuación,  sopesó  la alegación de  inocencia  de  la  defensa,  soportada en el testimonio de EDGAR DE JESÚS URREA  VALENCIA,  cuyo  relato  fue valorado por el a quo como carente de credibilidad.  Para  el  efecto,  destacó  algunos  apartes  del  interrogatorio directo y del  contra interrogatorio y concluyó:   

A  criterio  de  la  Sala,  es  ajustada la  apreciación  que  la  primera  instancia efectuó para despachar por ilógica e  inverosímil  su  versión, por ser un testigo que no logró precisar los hechos  de  manera  coherente  sino  que  por  el  contrario,  con vacilaciones enunció  situaciones  fictas, de las cuales a partir de las reglas de la experiencia y de  la  sana  crítica  se puede sostener que una cantidad semejante a 47.200 gramos  de  marihuana  comprimida para su traficación, no se transporta con naturalidad  a  la  luz  del  día  sobre  concurridas  calles  de  la  ciudad  y  con  total  desconocimiento  de  quienes  se encargan de movilizarla, igualmente, es carente  de  credibilidad  el  testimonio  de Edgar de Jesús Urrea Valencia, pues por un  lado  aceptó  su  responsabilidad  por  llevar  a  cargo  el  transporte  de la  marihuana  eximiendo  al  acusado  quien fue el conductor, y por otro lado, dijo  que  tan  sólo  le realizaba un favor a un amigo sin saber ni indagar cuál era  el  objeto  del  encargo,  persona  que supuestamente le pagaría al final de la  diligencia  aunque no supiera cuánto, aunado a otras contradicciones de tiempo,  modo  y lugar de los hechos, como su fecha de llegada a la ciudad de Bucaramanga  y  la razón de su estadía, suficientes cogniciones para dudar de su versión y  concluir  que  si  sabía del ilícito al igual que Abelardo Galvis Luna, sujeto  que  en efecto no resultó favorecido por el relato del testigo, evidenciándose  que  la  duda  sembrada  por  la  defensa  en  la teoría del caso no prospera y  contrario  a  ello,  da lugar a concluir su responsabilidad a partir de indicios  (…).   

La sentencia fue leída en audiencia que tuvo  lugar  el  18  de  diciembre  de  2014.  Como  el  acusado  no  fue remitido, la  providencia  le  fue  notificada  personalmente  al día siguiente y éste en la  diligencia     consignó    “Apelo”.   Posteriormente,   su  defensora  pública  presentó,    de   manera   oportuna,    libelo    impugnatorio.   

IV.  LA DEMANDA DE CASACIÓN   

La recurrente, al amparo de la causal tercera  del   artículo   181   de   la  Ley  906  de  2004,  planteó  un  cargo  único, consistente en: “ERROR  DE  HECHO POR FALSO RACIOCINIO POR IRRESPETO A LAS REGLAS  DE  LA LÓGICA Y DE LA SANA CRÍTICA, POR CUANTO EL TRIBUNAL LE DIO VALOR A UNAS  PRUEBAS  QUE  SON  VERACES Y VEROSÍMILES, PERO QUE RACIONALMENTE CONDUCEN A UNA  DECISIÓN DISTINTA A LA CONDENA”.   

Arguyó  la  censora  que  el raciocinio del  Tribunal  es lógicamente válido con relación al dueño de la mercancía, pero  no  en  lo  atinente  al  conductor  del  taxi  pirata,  es  decir, GALVIS  LUNA,  pues  respecto  de éste el  ad quem razonó “de  espaldas  a la sana crítica, a los principios de la lógica  (mencionó   el   de  razón  suficiente),   a   los  postulados  de  la  ciencia  y  a  las  reglas  de  la  experiencia”  porque,  desde  su  punto  de  vista,  “El   Honorable  Tribunal,  en  vez  de  hacer  un  raciocinio  de  cara  a  las  reglas  de  la  sana crítica, tomó lo que un mal  investigador  y  un  mal  juez  toman  a  primera  vista,  sin  importarle otras  perspectivas que resultaban más claras y verosímiles”.   

Es decir, con fundamento en lo declarado por  los     testigos     de    la    fiscalía,    coligió,    como    “cualquier  persona  razonablemente  justa  piensa  que igual que  Urrea,  GALVIS  probablemente es autor del delito contra la salud pública, pues  fue  capturado  en  el  momento  mismo  en que transportaba la droga. Como quien  dice;  si  en el carro que es suyo y que él está conduciendo, van varios kilos  de    marihuana,    él    es    responsable    del    transporte    de    dicho  alcaloide”.   

Sin embargo, esa argumentación “se  cae  estrepitosamente  cuando  se sabe, por medio de pruebas  serias   y   precisas”,   esto   es,   mediante  la  declaración   de   EDGAR   DE   JESÚS   URREA   VALENCIA,   que   “GALVIS  no  sabía,  no  tenía la oportunidad de saber, que los  paquetes  que  su  pasajero  echó  en  la  cajuela  del  automóvil  contenían  marihuana  destinada  a la venta”. Esto, debido a que  URREA  VALENCIA  “escuetamente  aceptó  que  él y  nadie   más   había  transportado  la  marihuana  desde  el  Café  Madrid  de  Bucaramanga  hasta  el  municipio  de Girón, y relató los pormenores del viaje  (…)”.   

Empero          –prosigue  su  exposición–,  el juzgado y el Tribunal condenaron  a  GALVIS LUNA con fundamento  en  razones  fáciles  de “desbaratar”, ya que:   

I) La vacilación  inicial  de URREA, al momento de la interceptación, era natural por la sorpresa  que le generó el procedimiento policial.   

II)  Nadie  debe  escandalizarse  porque  URREA  haya  dicho  que  él  y un tercero esperaron por  varios  minutos  un carro que los llevara a Girón y entre tanto mantuvieron las  bolsas  con  la  sustancia en el suelo, prácticamente al borde de la carretera.  De  hecho,  ello no es inverosímil dado que fueron sorprendidos a plena luz del  día.   

III)  URREA  tuvo  muchas  incertidumbres  en  relación  con el tercero presuntamente dueño de la  marihuana,  no  fue  preciso  cuando  le  preguntaron  cuánto tiempo hacía que  había  llegado  a  Bucaramanga,  pareciera que no fue muy claro cuando explicó  cómo   había   llegado  al  parque  Centenario  de  esa  ciudad  y,        supuestamente, fue inexacto al decir que las bolsas no  ocupaban  todo  el baúl del carro, pero ello obedece a una reacción natural de  alguien  inexperto  porque:  “¿No es natural en los  seres  humanos, sean inocentes o no, tratar de evitar la cárcel?”.   Sin  embargo,  esa  actitud  y  esas  contradicciones  intrascendentes,  opina,  no  pueden  servir  de  base para una  condena.   

IV)   URREA  “sustancialmente no mintió, y apenas fue impreciso  y      dubitativo”.  Pero,  aun  suponiendo  que  hubiera   mentido:   “¿Qué  tienen  que  ver  sus  inconsistencias  con  la  responsabilidad  de GALVIS? (…) ¿Puede pensarse, de  verdad,  que  Galvis  delinquió,  sin  que  la  Fiscalía haya aportado la más  mínima  evidencia  respecto  de  que  él  sabía qué contenían las bolsas de  plástico?”.   

Si  bien la defensa no citó como testigo al  acusado,  “con  el testimonio de URREA, a la única  persona  que  le  consta  en  qué condiciones y de qué manera y a solicitud de  quién   resultó   Galvis   transportando  la  droga,  con  ese  testimonio  se  derrumbaron  todas  las  inferencias poco razonables que hicieron los juzgadores  para      apuntalar      una     condena     francamente     injusta.  (…)  Los  juzgadores  tranquilamente  elevaron  a  la  categoría de prueba el rumor en el  sentido  de  que  GALVIS  alguna  vez fue policía, y sin rubor dedujeron de ese  hecho   que  un  policía  tenía  que  saber  que  lo  que  llevaba  Urrea  era  marihuana”.   

En   conclusión,  sostiene:  “El  falso raciocinio efectuado por el Tribunal y por el Juzgado,  cuando  le  asignaron  a  aquellas  circunstancias  que  denominó  ‘indicios’,  un  mérito  persuasorio  que  no  tienen,  en  total  transgresión del sentido común, de la lógica, y de lo que  normalmente  se  tiene  como  cierto,  fue  lo  que  desembocó  en la sentencia  condenatoria”.   

“(…) Una interpretación de la prueba de  mano  de  la  sana  crítica,  desencadena  sin  duda la absolución de ABELARDO  GALVIS  LUNA,  porque  él  llevaba  físicamente en su carro la marihuana, pero  ignoraba esa situación”.   

En consecuencia, la solicitud es que se case  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  se  absuelva  al  señor  ABELARDO GALVIS LUNA.   

V.  AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1. En el curso de esa diligencia,         la         defensora  se  reafirmó  en  su demanda y  precisó  que  aunque  la  fiscalía  demostró  fehacientemente que su asistido  transportaba  la  marihuana incautada en el vehículo de su propiedad, lo cierto  es  que,  ante  la  falta de oportunidades laborales, éste fungía como taxista  pirata  y  fue  así  como  le prestó el servicio al señor URREA, sin siquiera  bajarse  del  vehículo,  puesto  que  fue  éste quien introdujo la carga en el  baúl.  Acto  seguido,  GALVIS  procedió  a realizar el desplazamiento hacia Girón, sin entablar conversación  en  el  camino, hasta cuando el rodante fue interceptado por la policía y en el  registro  se  halló  el  alijo,  del cual se hizo cargo URREA, aclarando que el  conductor  no  tenía  conocimiento  al respecto, lo que es normal, pues ningún  taxista le pregunta a su pasajero qué lleva consigo.   

Censuró  que  el  juzgado  y  el  tribunal  hubieran   inferido   que   GALVIS   LUNA  conocía  el  contenido  de  los  paquetes  por la simple y única  razón  de  que  fue  policía  y,  entonces,  debió  percibir  el  olor  de la  sustancia,  posibilidad de detección que fue negada en el juicio por un experto  en  la  materia.  Se  cuestionó,  por tanto, ¿cómo era posible que se hubiera  condenado   a   su   asistido   por   esa   sola   circunstancia  que  nunca  se  probó?   

También criticó a la fiscalía por no haber  investigado  al  tercero  relacionado  con  la  marihuana  y  porque únicamente  invocó  una  circunstancia de mayor punibilidad, pese a que su defendido carece  de antecedentes penales.   

2.     El     señor     Fiscal   Noveno  Delegado  ante  la  Corte compartió la apreciación de  los  falladores  de  primera y segunda instancia sobre el testimonio de EDGAR DE  JESÚS     URREA    VALENCIA    porque,     frente     a     la    forma    como    suelen    actuar    los  narcotraficantes,    es  inconcebible  que  no  se  hubiera  previsto  el  transporte  de  la  sustancia,  exponiéndola  en  una  espera  azarosa y arriesgada, más cuando momentos antes  había sido utilizado otro rodante, carpado.   

Por  otra  parte,  acotó que, en virtud del  principio    de    libertad   probatoria,   el   hecho   de   que   GALVIS  LUNA fue policía podía darse por  demostrado  con  el  testimonio  de  ÁLVARO  HERNÁNDEZ  PÉREZ,  quien así lo  afirmó  basado en su conocimiento personal del acusado, aseveración que no fue  refutada por la defensa.   

Así, concluyó que el Tribunal no incurrió  en  error  de  hecho  porque  las  inferencias  que  realizó se ajustaron a los  postulados de la sana crítica y a las reglas de la experiencia.   

3.   Finalmente,  el  señor  Procurador           Segundo  Delegado desestimó los argumentos  de  la demanda, por encontrar que se trata de simples apreciaciones de carácter  subjetivo  que  son  inocuas  para  derruir  la  doble  presunción de acierto y  legalidad  con  que  se  halla  revestido  el  fallo  atacado,  el cual, en esas  circunstancias,    debe    prevalecer    sobre    una    mera    disparidad   de  criterios.   

VI.     CONSIDERACIONES    DE    LA  SALA   

1.  Al  haberse superado los defectos de la  demanda, procede la Corte al  examen y resolución, de fondo, de los aspectos planteados en ella.   

2.   La   causal   invocada  –tercera  del  artículo  181 de la Ley  906  de 2004– se refiere al  “manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”.   La  casacionista  aludió,       específicamente,  a  la valoración probatoria efectuada  por el Tribunal.   

3.  De acuerdo con lo sostenido por la  Corte,  en el sistema penal acusatorio introducido por el Acto Legislativo N°03  de 2002:   

El sistema de valoración probatoria sigue  siendo  el  de  persuasión  racional  o  de  la  sana  crítica,  como  se  deduce,  vr.gr.,  de  distintos  pasajes  normativos  de  la  Ley 906 de 2004: art. 308, sobre requisitos para la  medida  de  aseguramiento,  la cual será decretada cuando el juez de control de  garantías  “pueda inferir razonablemente” que el imputado puede ser autor o  partícipe  de  la conducta punible que se investiga; art. 380, “los medios de  prueba,  los  elementos  materiales  probatorios  y  la  evidencia  física,  se  apreciarán   en  conjunto”;  y,  arts.  7  y  381,  para  proferir  sentencia  condenatoria  deberá  existir  “convencimiento  de  la responsabilidad penal,  más  allá  de  toda  duda”.  (CSJ AP 24 nov. 2005,  rad. N°24323).   

4. El sentido de la violación indicado por  la  recurrente,  vale decir, el falso raciocinio “se  materializa  por  la violación que efectúan los juzgadores a los postulados de  la  sana  crítica”  (CSJ SP 17 sept. 2008, rad. N°  26055).   

5.  Ahora,  la  sana  crítica “es  el  límite  de la soberanía con la cual cuenta el juzgador  en  su  tarea de apreciación probatoria en el sistema procesal colombiano y tal  es  la  razón  para que resulte marginal al recurso de casación la valoración  que  realice  con  sujeción a las reglas que la gobiernan, que no son otras que  el  examen  reflexivo,  razonable  y  lógico de los medios demostrativos, en la  vía  de  los  principios  de  la  ciencia  y  sin desatender las máximas de la  experiencia,  es  decir las formas como usual y reiteradamente tienen ocurrencia  las  cosas  por  efecto  de las costumbres sociales”.  (CSJ SP 20 sep. 2000, rad. N°11013).   

6.  Para verificar si en este caso existió  desconocimiento  de  las  reglas de apreciación de las pruebas sobre las que se  fundó  la  sentencia,  por  error  de hecho consistente en falso raciocinio, se  parte  de  la premisa, expresamente aceptada por la defensa, de que la fiscalía  probó   fehacientemente   que   el   22   de  noviembre  de  2011  ABELARDO         GALVIS         LUNA  transportaba,   en   el  vehículo   de  su  propiedad,  Renault  9  de  placas  BUW-010,  47,2  kilos  netos  de marihuana prensada y  empacada en plástico.   

También   se   toma  como  base  que  la  comprobación  de  un  estado  subjetivo,  como  lo  es  el  conocimiento  que  tenga  el sujeto activo de la  conducta  de  que  lo  que  transporta  es  marihuana;  de  que es una sustancia  prohibida   y   de   que   ello   es   constitutivo  de  infracción  a  la  ley  penal,  se puede lograr por  vía  de  indicios,  esto  es, de inferencias efectuadas por el juez a partir de  circunstancias  objetivas  debidamente  constatadas1.   

Igualmente, se toma como supuesto que en la  Ley  906  de  2004  el  indicio,  a pesar de que “no  aparece  en  la  lista  de  las  pruebas  -elevadas a la categoría de medios de  conocimiento-  que  trae  el  artículo  382 (…) no significa, empero, que las  inferencias  lógico jurídicas a través de operaciones indiciarias se hubieren  prohibido        o        hubiesen       quedado       proscritas”.  (CSJ  SP  30 mar. 2006, rad. N°24468,  reiterada  en  CSJ AP 24 ene. 2007, rad. N°26618 y en CSJ AP 18 abr. 2012, rad.  N°38204).   

7.   Pues   bien,  en  relación  con  la  averiguación  del componente subjetivo del hecho indiscutido de que, cuando fue  sorprendido  por  los  policiales,  el  señor ABELARDO  GALVIS  LUNA transportaba, a bordo del vehículo de su  propiedad,   en   compañía  de  EDGAR  DE  JESÚS  URREA  VALENCIA,  sustancia  estupefaciente    consistente   en   47,2  kilos  de  marihuana  prensada  y  empacada  en plástico, que se  encontraba  dentro del baúl de su automotor, solamente caben dos posibilidades:  1ª)  que  desconocía  la  naturaleza  de lo que acarreaba o, 2ª) que obraba a  sabiendas    de    que    trasladaba    un    cargamento   ilegal   –      marihuana      –  de un lugar a otro.   

La defensa, naturalmente, se inclina por la  primera   y   arguye   que   GALVIS  LUNA  es  simplemente  un  taxista pirata que fue casualmente contratado  por   URREA   VALENCIA   para  llevarlo  a  Girón  con  las  pacas  que  tenía  consigo.   

Entonces,    surge    aquí,  como  elemento  de  juicio  inicial al  respecto,  el  hecho de que  ABELARDO  GALVIS  LUNA  fue  policía.  Así,  y contrariamente a lo aseverado por la defensa, no se trata de  un  rumor,  entendido  éste  último como un “hecho  social   vago,   impreciso   e   indefinido   que   tiene  cierto  carácter  de  improbabilidad,  porque quienes lo esparcen no aseguran sino que manifiestan que  puede  haber  ocurrido,  que  parece  ser cierto, o que alguien, o algunos, o un  grupo  (sin  precisar  quién  o quiénes), lo que lo hace sospechoso y debe ser  probatoriamente       descartado”.   (Consejo  de  Estado.  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo.  Sección  Segunda.  Consejero  Ponente: Diego Younes Moreno. Sentencia del 27 de  noviembre de 1995. Rad. N°8045).   

Aquí,  por el contrario, tal premisa surge  de  la  aseveración  de un testigo, el señor ÁLVARO HERNÁNDEZ PÉREZ, basada  en  el  conocimiento  personal  que  tuvo  de  ABELARDO  GALVIS  LUNA  (artículo  402  de la Ley 906 de 2004).  Declaración  que constituye un medio de conocimiento idóneo para acreditar ese  hecho,   en   virtud  del  principio  de  libertad  probatoria  (artículo  373 ibídem), como lo anotó el  señor Fiscal Noveno Delegado en la audiencia de sustentación.   

Por  tanto,  en  este  aspecto  fracasa  la  demostración   del  cargo,  porque  lo  que  queda  en  evidencia  es  que  los  sentenciadores  formaron  su  convicción  a  partir de un medio de conocimiento  idóneo  y  aplicando  el  principio  de libertad probatoria o libre persuasión  racional.   

Ahora  bien,  es  necesario resaltar que lo  significativo  no  es el suceso en sí mismo considerado, esto es, que el señor  ABELARDO  GALVIS LUNA hubiera  sido   policía,  ni  por  cuánto  tiempo,  ni  si  su desempeño fue bueno o malo; lo relevante es lo que  ello  implica:  una  preparación y una vivencia que se convierte en experiencia  frente a ciertas situaciones de la vida.   

Y  es  que ello, indefectiblemente, lleva a  cuestionarse    si    es    factible    que    GALVIS  LUNA,  dada  su condición de ex policía hubiera sido  utilizado   o  instrumentalizado  para  el  transporte  de  los  47,2  kilos  de  marihuana. En ello radica el  cuestionamiento  y  no  en  qué  tan  desarrollado tiene el sentido del olfato,  según  lo  refiere  la  casacionista,  aspecto  que,  por demás, nunca aparece  referido   en   los  fallos  de  las  instancias.  Para  comprobarlo,   basta   con   recordar  que  en  las  sentencias  se  aludió  fue  a  que GALVIS,  debido  a  su  paso  por  la  fuerza  pública, debía poseer una  particular  “actitud  de  atención,  observación,  incluso  de  desconfianza”.  Lo  planteado por la recurrente, entonces, se muestra desfasado con el contenido  de la providencia que pretende sea casada.   

En pos de resolver la inquietud planteada en  precedencia,   acude   al  testimonio  de  EDGAR DE JESÚS URREA VALENCIA el cual, por supuesto,  también  tiene  que  ser  sometido  a  valoración  o  crítica,  conforme  al  ejercicio  intelectivo  agotado por los  juzgadores. Este declarante  manifestó  que  fue  dejado  por  un  vehículo en la vía pública y que allí  permaneció  aproximadamente  durante  10  minutos a la espera de un taxi que lo  transportara  con  los  cinco  paquetes que fueron depositados a la orilla de la  ruta.   

Se  sabe  que  se  trataba  de  marihuana  prensada,   con   un  peso  neto  de  47,2  kilos,  es decir, de una cantidad considerable, pues, teniendo en  cuenta  el  límite  legalmente  fijado  para  la  dosis  para  uso personal (20  gramos),  de allí podrían  extraerse,  al  menos,  2.360  dosis.   

La   consecución   de  esa  cantidad  de  sustancia,  evidentemente,  implicó un  costo   y   su   transporte   al   municipio  de  Girón  tenía  una  finalidad  específica.   

El cargamento también representaba un valor  económico      determinado     por     su     destinación,     que,        indudablemente, no era el consumo propio.   

Entonces, según lo adujo el Fiscal Delegado  ante  esta  corporación,  ¿será  que  todo  eso  se  iba a comprometer con su  exposición    en    una    “espera   azarosa   y  arriesgada”  como  la descrita por el testigo URREA?  Indudablemente  que no, y por eso, aunado a las contradicciones detectadas en el  testimonio  de  URREA,  es  que no se compadece con la reglas de la experiencia,  conforme  lo  dedujo  el  tribunal,  que  los hechos hayan sucedido como él los  relató   y   tampoco   que   GALVIS  LUNA   simplemente   fuera   –como   aquél   lo   adujo–  un taxista pirata que casualmente pasó por el lugar y de buena fe  aceptó realizar el transporte de los paquetes.   

La  misma defensora contribuye a robustecer  esa  conclusión  cuando  pregunta: “¿No es natural  en   los   seres   humanos,   sean   inocentes   o   no,  tratar  de  evitar  la  cárcel?”.   Por   supuesto   que   sí,  por  eso,  precisamente,  no es creíble que URREA hubiera procedido como lo describió, es  decir,  exponiéndose  en  plena  vía pública, generando la posibilidad de ser  sorprendido   por   cualquier   policial   en   posesión   de   47,2  kilos  de  marihuana.   

Además,  no debe confundirse, como lo hace  la  censora,  el  transporte  de  la  sustancia  a  plena  luz  del  día con su  movilización  a  la vista, que no es lo mismo, pues lo cierto es que dentro del  baúl del carro los paquetes no eran visibles.   

También resulta insólito el dicho de URREA  en   el   sentido   de   que  GALVIS  LUNA  ni  siquiera  descendió  del  automotor sino que fue él quien se  encargó  de  introducir  los  paquetes al baúl del carro, pues no es corriente  que  un taxista se desentienda de tal operación y deje en manos del pasajero la  decisión   de   acomodar   la   carga   en   el   espacio   destinado  para  el  efecto.   

De  igual  modo,  tal aseveración también  contrasta   con   lo   narrado   por   el  policial  ARMANDO  LANDÍNEZ  GELVEZ,  quien,  al  describir  el  procedimiento  de  registro  del  rodante,   indicó   que   para  examinar  el  contenido  del  portaequipaje  GALVIS  LUNA tomó las llaves  del  automóvil  y abrió la tapa del compartimiento, lo que indica que lo usual  es  que  se  hubiese procedido en la misma forma para introducir los paquetes al  vehículo.   

Por  otra  parte,  también  converge  la  afirmación  de  ARMANDO  LANDÍNEZ  GELVEZ  en el sentido de que su actuación,  como  miembro de la SIJIN, fue impulsada por la información que les suministró  una   “fuente  humana”,  datos  cuya  exactitud corroboró al interceptar el automotor que le había sido  descrito  y  que  también  aludían a que la negociación de la marihuana iba a  ser  realizada  por  las  dos  personas  que  se  desplazaban en ese rodante, de  características  precisas  y  cuyo  registro  no  obedeció al azar.   

Lo  considerado  en  precedencia  permite  advertir  que  los  razonamientos  de los juzgadores, cuyos fallos conforman una  unidad  inescindible, se recalca, no se apartaron de los postulados que integran  la   sana   crítica.   Por  el  contrario,  se  ajustaron  a  ellos.  Por  tanto,  no  hay  lugar a casar la  sentencia del tribunal, por el cargo formulado en la demanda.   

8.  De  otro lado, en el libelo se advierte  una  censura  adicional, que se dirige contra la dosificación punitiva. Si bien  no  aparece presentada en acápite separado y subsidiario, en consonancia con el  principio  de autonomía, a continuación se abordará su estudio de fondo, dado  que    los    defectos    de    la    demanda    fueron    superados.   

Al respecto, se tiene que en la formulación  de  la  imputación  se invocaron por la fiscalía dos circunstancias genéricas  que  inciden  en la graduación de la pena, a saber: la de menor punibilidad del  artículo    55-1    del    Código    Penal,    consistente   en   “La     carencia     de    antecedentes    penales”,  y  la  de mayor punibilidad del artículo 58-10 ibídem, esto es,  “Obrar  en coparticipación criminal”.   

En  la acusación únicamente se plasmó la  segunda  y  durante  el  juicio  la  fiscalía  introdujo, con el testimonio del  policial  ARMANDO  LANDÍNEZ  GELVEZ, la impresión del reporte del SPOA, según  consulta  efectuada  el  23 de noviembre de 2011, rotulada como evidencia N° 7,  en  el  que  le  aparecen  al  señor  ABELARDO GALVIS  LUNA  dos  anotaciones:  una,  correspondiente  a este  proceso  y,  otra,  la  del  radicado     N°680016000159200703838,     que     figura     en    “EJECUCIÓN   DE   PENAS”  (fol.  84  carpeta N° 1).   

En  la  audiencia  de individualización de  pena   y   sentencia,  la  fiscalía  hizo  referencia  a  esa evidencia y a la circunstancia del artículo  58-10  del Código Penal para efectos de la determinación a tomar por parte del  a    quo.    La    defensa    no    ejerció   ninguna   oposición   sobre   el  particular.   

Luego,  en el proceso de cuantificación de  la  pena  a  imponer,  el  Juzgado  Séptimo  Penal del Circuito con función de  conocimiento   de   Bucaramanga   dividió  el  ámbito  punitivo  de  movilidad  contemplado  por  el  inciso  primero del artículo 376 del Código Penal en los  cuartos  legales,  cuyos  límites  demarcó  así: cuarto mínimo, de 128 a 186  meses  de prisión y de 1.334 a 13.500 salarios de multa; cuartos medios, de 186  a  302 meses y de 13.500 a 37.833 salarios; y cuarto máximo, de 302 a 360 meses  y  de 37.833 a 50.000 salarios. A continuación, considerando la presencia de la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  del artículo 58-10 del Código Penal, se  ubicó   en   el   cuarto   máximo   y,  luego  de aplicar los criterios contemplados por el estatuto penal  sustantivo  para  la individualización de las sanciones, determinó imponer los  mínimos  del  segmento  seleccionado,  esto  es, 302 meses de prisión y 37.833  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa.   

La  objeción  que  sobre  el punto hizo la  defensa  en  la  alzada,  aspecto  también  tratado por el propio acusado en un  memorial  que  dirigió  a  la  segunda  instancia  (fol.  7  carpeta N°2), fue  despachada  negativamente  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Bucaramanga,   Sala   de   Decisión   Penal  con  la  escueta  afirmación  que  “(…)  no  hace falta al caso sub judice verificar  si  el  condenado  presenta  antecedentes  penales ya que no cambia ni mejora su  situación  a  efectos  de la condena (…)” (fol. 16  carpeta N°2).   

Empero,  esa  aseveración  no  es acertada  porque  la  carencia  de  antecedentes  penales  está prevista como supuesto de  hecho  de  una  causal de menor punibilidad (artículo 55-1 del Código Penal) y  el  estatuto  punitivo  ordena  que la labor de individualización de la pena se  adelantará  “(…)  dentro  de  los cuartos medios  cuando  concurran circunstancias de atenuación  y de agravación punitiva,  y  dentro  del  cuarto  máximo  cuando  únicamente concurran circunstancias de  agravación  punitiva” (inciso segundo del artículo  61).  Por  consiguiente,  no  era  irrelevante  examinar  si  existía  o no tal  concurrencia de motivos de atenuación y agravación punitiva.   

Ahora  bien,  el  ya mencionado reporte del  SPOA  no  fue  debidamente apreciado por las partes ni por los juzgadores porque  si  bien  es  cierto  la  anotación del radicado N°680016000159200703838 está  referida  al  señor  ABELARDO GALVIS LUNA,  no  alude  a  él como imputado, acusado o sentenciado, sino como  “TESTIGO”,  tal  como  claramente  se aprecia a  folio 84 de la carpeta N° 1.   

Para aclarar su situación, el procesado le  dirigió,  el  27 de mayo de 2014, memorial al Tribunal anexándole fotocopia de  certificación  expedida  por  la  Fiscal Catorce Seccional de Bucaramanga en el  sentido  de que el caso N°680016000159200703838 se siguió contra William Díaz  Botello  y  Medardo Antonio Díaz de La Rosa y que dentro del mismo “aparece   como   testigo   ABELARDO  GALVIS  LUNA” (fol. 6 carpeta N° 2).   

En consecuencia, como al señor ABELARDO   GALVIS   LUNA  únicamente  le  aparecen  dos anotaciones en el SPOA, una por el presente proceso y la otra como  testigo  dentro  del  expediente  antes  mencionado,  es ineludible concluir que  carece de antecedentes penales.   

Por  tanto,  se  le  debió  reconocer  la  circunstancia  de  menor  punibilidad prevista por el artículo 55-1 del Código  Penal.  Así  mismo,  como consecuencia de ello, las sanciones principales se le  debieron  individualizar  dentro  de  los cuartos medios del ámbito punitivo de  movilidad  correspondiente  a  la  conducta  punible  de  la que se le encontró  responsable.   

Evidenciado   ese  yerro,  con  indudable  infracción  de  la ley sustancial, la Sala procederá a su corrección, para el  logro  de  las  finalidades plasmadas en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.  Por  ello,  casará  parcialmente  la  sentencia  impugnada  y,  respetando  los  criterios  de individualización de las sanciones principales empleados por el a  quo,  las  fijará en las cantidades mínimas de los cuartos medios, esto es, en  186  meses  de prisión y 13.500 salarios mínimos legales mensuales vigentes de  multa.   

Las demás decisiones contenidas en el fallo  de  primera  instancia  se  mantendrán  incólumes,  teniendo  en cuenta que la  modificación  anunciada  repercute  en  el  término  de  duración  de la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   irrogada   que,   tal  como  estaba  configurada  con  anterioridad,  sobrepasaba   el   límite   impuesto   por   el   artículo   51   del  Código  Penal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Primero:  CASAR    PARCIALMENTE  la  sentencia dictada el 10  de  noviembre  de  2014  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Bucaramanga, Sala de Decisión Penal.   

Segundo:   En  consecuencia,  MODIFICAR  el  fallo  de  primera instancia, proferido el 10 de abril de la misma anualidad por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  con  función  de  conocimiento  de  Bucaramanga,  en  el  sentido de fijar las penas principales impuestas al señor  ABELARDO  GALVIS  LUNA, como  coautor   penalmente   responsable   de   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  en  ciento  ochenta y seis (186) meses de prisión y trece mil  quinientos   (13.500)   salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes  de  multa.   

Tercero:  En  lo  demás, la providencia impugnada se mantiene incólume.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  La  Sala  ha  enfatizado  en  que  para la determinación procesal del dolo se ha de  partir  del  examen  de  las circunstancias externas que rodearon los hechos, ya  que  tanto  la intencionalidad en afectar un bien jurídico o la representación  de  un  resultado ajeno al querido por el agente y su asunción al no hacer nada  para  evitarlo,  al  ser  aspectos  del  fuero  interno  de la persona se han de  deducir  de  los  elementos  objetivos  que  arrojan  las demás probanzas. (CSJ  SP3334-2016, 16 mar. 2016, rad. N° 36.046).     

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