SP14206-2016(47209)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado Ponente  

SP14206-2016  

Radicación 47209  

Aprobado Acta No. 312  

          Bogotá   D.C.,   cinco   (5)   octubre   de   dos   mil  dieciséis  (2016).   

VISTOS:  

La  Corte resuelve los recursos de apelación  interpuestos  contra  la  sentencia  proferida por la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  24 de septiembre de 2015, respecto de los  postulados  EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA,  NÉSTOR   EDUARDO   CARDONA  CARDONA,  JUAN  FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA,  EDGAR  ALEXANDER  ERAZO  GUZMÁN,  MAURO  ALEXANDER MEJÍA OCAMPO, JUAN MAURICIO OSPINA  BOLÍVAR  y WANDER LEY VIASUS  TORRES,  desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara de  las AUC.   

ANTECEDENTES FÁCTICOS:  

          Antes  de  adoptar  la decisión correspondiente y con el propósito  de  facilitar  el  cabal entendimiento de las conductas objeto de juzgamiento en  este  proceso,  su gravedad e incidencia en las comunidades afectadas por ellas,  la  Corte  estima  indispensable  referirse  al marco histórico dentro del cual  surgió  el  Bloque  Cacique  Nutibara,  labor  en  la  cual  se  apoyará en lo  consignado  por  el  Tribunal  en  el  fallo  recurrido,  con  fundamento  en la  actuación  donde  se  origina.  No  se  hará  un  recuento  del  origen de las  autodefensas  porque  la Sala en varios pronunciamientos se ha referido al mismo  y a él se remite.    

          El Bloque Cacique Nutibara   

Acorde  con lo establecido en la sentencia de  primera  instancia,  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia tuvieron una fuerte  presencia  en  la ciudad de Medellín y su área metropolitana desde mediados de  los  años  noventa,  situación  favorecida  por la creación de la Cooperativa  Coosercom  y  de  las  Convivir,  por  el apoyo de algunos sectores de la fuerza  pública,  de líderes políticos y del sector privado, así como por el arraigo  del  narcotráfico  y  de  las bandas criminales que se relacionaron entre sí y  también con los grupos paramilitares.     

El  origen  del fenómeno de violencia en la  ciudad  se encuentra en varias situaciones acaecidas en los años ochenta. Así,  los  campamentos  de paz del M-19, establecidos en el marco de los diálogos con  el   gobierno   de   Belisario  Betancur,  crearon  un  espacio  de  formación  política y militar para los  jóvenes  de las zonas donde se ubicaron y una vez rotas las conversaciones, los  integrantes   se   dedicaron  a  la  delincuencia  común  o  integraron  bandas  criminales.  Con posterioridad se crearon las milicias populares como soporte de  los  grupos  insurgentes,  las  cuales  desplazaron  a las bandas y asumieron el  control  de  varios  barrios de Medellín en medio de violentas confrontaciones.   

Esta situación propició la negociación con  el  Gobierno  Nacional,  la  cual  culminó  con  la desmovilización en 1994 de  alrededor  de  650 jóvenes de las «Milicias Populares  del  Pueblo  y  para  el  Pueblo», con la consecuente  conformación   de   la  Cooperativa  de  Vigilancia  y  Servicios  Comunitarios  COOSERCOM,  apoyada y financiada por el Gobierno  Nacional, agrupación que  contaba  con  armas  amparadas  por  el  Estado y que ante la ausencia de reglas  claras  sobre  su  actuar,  incurrió  en múltiples excesos que condujeron a la  cancelación del proyecto.   

A mediados de 1996, por petición de algunos  militares  ingresó  al  sector de Belén Altavista un grupo de las Autodefensas  Campesinas  de  Córdoba  y  Urabá  al mando de Carlos  Vásquez,          alias          «Cepillo», con el objetivo de combatir a  las  milicias.  En desarrollo de dicho propósito, el 29 de junio de ese año el  grupo  ilegal  asesinó  a  19  personas  en  el  parqueadero  de buses de dicho  corregimiento.   

Por  la  misma  época,  previa solicitud de  varios  sectores  sociales  y miembros de la fuerza pública, llegó a Medellín  el  Frente  José Luis Zuluaga  de  las  Autodefensas  Campesinas  del  Magdalena  Medio  con la misma finalidad  antisubversiva.  A  partir  de  esa  estructura,  Diego  Fernando   Murillo   Bejarano,   alias   «Don     Berna»     y    Luis  Eduardo  Zuluaga  Arcila  crearon el  Bloque  Cacique  Nutibara  con  epicentro  en  los  barrios Belén Aguas Frías,  Belén   Zafra  y  Belencito,  lugar  desde  el  cual  pretendían  «recuperar»  la  comuna  13 dominada por  las milicias urbanas.   

Por  demás,  la consolidación del proyecto  paramilitar  en  Medellín  se  posibilitó  por  la existencia de otros actores  armados  que  se  integraron  o  interactuaron con los grupos de autodefensa que  operaron en la ciudad, así:   

a)  La «Oficina de  Envigado»,   estructura   delictiva   dedicada   al  narcotráfico,   la   extorsión   y   los   cobros  de  cuentas.  Facilitó  la  articulación  de  las  diferentes  bandas  criminales y su incorporación a los  grupos de autodefensas.   

b)  Las  bandas  criminales suministraron el  personal  para  engrosar  las  filas  paramilitares  a  través  de  procesos de  subordinación,  cooptación  o  absorción.  Incluso  en el segundo semestre de  2001   Diego  Fernando  Murillo  Bejarano  se  reunió  en el municipio de Sopetrán con más de 300 líderes  de  bandas  y  combos  que  se  integraron  al  Bloque  Cacique  Nutibara.    

c) En el año 1999 ingresó a la ciudad otro  grupo  de  las  Autodefensas  Campesinas  de  Córdoba  y  Urabá  al  mando  de  Carlos   Mauricio   García   Fernández,  alias «Comandante Rodrigo»     o     «Doble    Cero»,  denominado  Bloque  Metro, que se asoció con los líderes de las  bandas  criminales y los combos de los barrios para combatir a las milicias, con  lo  cual  pudo  dominar amplios sectores de la ciudad entre ellos los barrios La  Sierra,  Moravia,  El  Bosque  y  el  Oasis, entre otros. Sin embargo, entró en  disputa  territorial  con  el  Bloque  Cacique Nutibara, estructura que terminó  prevaleciendo  porque  exterminó  a muchos de sus integrantes y absorbió a los  restantes.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

Respecto  de  cada  postulado  la  Fiscalía  inició  un  proceso  que  tuvo  diferentes  vicisitudes  hasta  que  finalmente  confluyeron  en la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín que  el  28  de  noviembre  de 2011 decidió acumular los expedientes de JUAN   FERNANDO   CHICA   ATEHORTÚA,  EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS  CHAVARRIAGA,   NÉSTOR   EDUARDO   CARDONA  CARDONA  y  JUAN    MAURICIO    OSPINA    BOLÍVAR.     

La  audiencia de control de legalidad de los  cargos  de  los procesos acumulados se inició el 30 de enero de 2012 y culminó  el  4 de marzo del año 2013. En su desarrollo se ordenó la acumulación de los  procesos  seguidos contra EDGAR ALEXANDER ERAZO GUZMÁN  y   WANDER   LEY   VIASUS  TORRES, previa solicitud de la fiscalía.   

El  4  de septiembre de 2013, al estudiar la  legalidad  de  los  cargos,  el  Tribunal  excluyó  oficiosamente  del  proceso  transicional  a  los  siete  postulados  porque  consideró  que no reunían los  requisitos  de  elegibilidad.  Esta determinación fue anulada el 23 de julio de  2014  por esta Corporación al resolver la impugnación propuesta por las partes  e  intervinientes.  En consecuencia, la primera instancia continuó el trámite,  realizó  el  incidente  de reparación integral del 9 al 13 de marzo de 2015 y,  finalmente,  el 24 de septiembre de 2015 profirió sentencia respecto de la cual  la  Fiscalía,  el Ministerio Público, la Defensa y los apoderados de víctimas  interpusieron el recurso de apelación que se procede a desatar.   

CARGOS FORMULADOS A LOS POSTULADOS:  

      

Los  cargos  imputados  por  la Fiscalía 45  Delegada  de  la  Unidad Nacional de Justicia y Paz que fueron aceptados por los  postulados  son los que a continuación se relacionan e incluye la tipificación  legalizada  y  la  conclusión  del  Tribunal  sobre  la verdadera causa de cada  delito.   

    

1. JUAN FERNANDO CHICA ATEHORTÚA.     

Cargo  1. Concierto  para  delinquir;  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones;  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

Este  postulado  ingresó  al Bloque Cacique  Nutibara  en  enero de 1999 y operó en los barrios Robledo Aures, Civitón, Los  Pomos,  El  Mirador  y  Curazao  de  la  Comuna 7 y tuvo bajo su mando a unas 15  personas  hasta  el  19  de  noviembre  de  1999,  cuando  fue  capturado por el  homicidio      de     Luis     Fernando     Herrera  Saldarriaga,  del cual posteriormente sería absuelto.  Al  salir  de  la  prisión, el 8 de noviembre de 2000, se reintegró a la banda  «Civitón»  liderada  por  Edison  Oswaldo Nuno Vallejo,  la  cual  hacía parte del grupo paramilitar. Dentro de esa estructura delictiva  cometió  múltiples  delitos,  utilizó uniformes de uso privativo de la Fuerza  Pública y portó armas de fuego de defensa personal.   

Cargo  2. Homicidio  agravado    del    menor    Edwin    Alonso    Arias  Uribe.   

          El  22  de  febrero  de  1999 JUAN FERNANDO  CHICA   dio   muerte  con  arma  de  fuego  al  menor  Edwin  Alonso Arias Uribe, de  17  años,  a quien apodaban «Mueloncito»  o «Muelas», en  la  calle  76 C # 90-10 al frente de la Urbanización Curazao del barrio Robledo  Aures.  De  acuerdo  con  su  versión,  lo  asesinó  siguiendo  órdenes de su  comandante   Luis   Aníbal  Mejía  Ruiz  porque  era colaborador de las milicias o miembro de la guerrilla.  Sin  embargo,  la  evidencia  reveló que su muerte obedeció a sus antecedentes  judiciales y hábitos personales de consumo de drogas.   

          Cargo  3.  Homicidio  en persona protegida  de Camilo Andrés Quintero.   

El   17  de  octubre  de  2001  JUAN FERNANDO CHICA ATEHORTÚA dio muerte  con   arma   de   fuego   al   joven   Camilo  Andrés  Quintero,  de  21  años de edad, en el sitio conocido  como   «El   Paredón»,  localizado  en  la  carrera  85 B con calle 77 A del barrio Robledo Villa Flora.   

De  acuerdo  con  su  versión,  cometió el  homicidio    en   compañía   de   Mauricio   Bedoya  Puerta,           alias          «Cocho»,   por  orden  de  Luis  Aníbal  Mejía Ruiz, porque el joven  «estaba trayendo gente de otros barrios»  para  identificar  a  los  miembros  de  las  autodefensas.  En la  sentencia  se  señaló como verdadero móvil la práctica de los grupos armados  ilegales  de  ejercer  control social sobre los pobladores imponiéndoles reglas  arbitrarias  de  comportamiento  como  las  de  no  concurrir o no permanecer en  determinados  sitios  o  a  determinadas  horas  o  no  realizar ciertos actos o  conductas,  bajo  la amenaza de escarmiento o represalia, que puede llegar hasta  la   ejecución   arbitraria   o   extrajudicial   de   quien  desobedezca  esos  mandatos.   

Cargo  4. Homicidio  agravado   de   Luis  Fernando  Herrera  Saldarriaga.   

El   18  de  julio  de  1999  JUAN  FERNANDO  CHICA asesinó con arma de  fuego  a Luis Fernando Herrera Saldarriaga en  el  sector «El Depósito»  del  barrio Robledo Aures, en la carrera 91 B # 77 DD 4. Según el  postulado,    cometió    el    homicidio    en   compañía   de   Lesney  Augusto Nuno Vallejo y Saul  Alberto  Tascón  Agudelo, siguiendo  las  órdenes  de Luis Aníbal Mejía Ruiz,  porque el joven transportaba personas que no vivían en el barrio  con  el  fin  de  retomarlo.  El  fallo  concluyó que el crimen obedeció a los  antecedentes   de   la   víctima   y   a   sus   relaciones   con  Antonio   Restrepo   quien   había  sido  amenazado  por  el  grupo  ilegal  y  se encontraba en su compañía el día del  atentado.   

    

1. EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA,  alias     «cañitas»  o «Bertico».     

Cargo  1. Concierto  para  delinquir;  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones;  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

Su vinculación a las AUC se dio desde 1998.  En  esa  condición  utilizó  uniformes  y  portó armas de uso privativo de la  fuerza  pública  y  de  defensa  personal.  Operó  en  diversos  sectores  del  municipio  de  Itagüí.  Entre el 5 de mayo de 2000 y el 7 de noviembre de 2001  prestó  servicio  en la armada nacional y a su regreso se reincorporó al grupo  armado  ilegal.  Justificó su ingreso a la estructura ilegal en el asesinato de  un hermano por parte de la guerrilla o las milicias.   

Cargo  2. Homicidio  en   persona   protegida   de  Hugo  Alexander  López  Londoño.   

El   11   de   mayo   de  2002  EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA  mató  con  arma  de  fuego  a  Hugo  Alexander López  Londoño,  de  21  años  de  edad,  a  quien apodaban  «Velorio»,  en un aserrío  ubicado  en  la  calle 40 del barrio Los Olivares de Itagüí. De acuerdo con su  versión,  Joani  de Jesús Durango Quiroz,   alias  «Giovani  Zapata»  o «la Guasa»,  ordenó  la  muerte  porque era miembro de las milicias y estaba extorsionando a  un  trabajador  del aserrío. El fallo consigna como verdadero móvil del crimen  los  antecedentes  judiciales,  adicciones, costumbres personales y amistades de  la víctima.   

Cargo  3. Homicidio  en   persona   protegida   de   Jaime  Andrés  Posada  Rodríguez.   

El  18  de  mayo  de  2003  en  el  sector  «El Jardín» del barrio Los  Olivares,     EDILBERTO     DE     JESÚS    CAÑAS  CHAVARRIAGA   dio   muerte   con   arma  de  fuego  a  Jaime    Andrés    Posada    Rodríguez,  de  19  años de edad. Acorde con su versión, cometió el delito  por   orden   de   Joani  Durango  Quiroz,   alias  «Giovani  Zapata»  o  «la Guasa»,  porque  era  miembro de las milicias bolivarianas que operaban en ese sector. El  Tribunal  halló que el homicidio se produjo porque era consumidor de marihuana.   

Cargo  4. Homicidio  en   persona   protegida   de   Jorge  Horacio  Muñoz  Macías.   

    

El  28 de mayo de 2002, en el parqueadero de  los  colectivos  del  barrio  Calatrava,  EDILBERTO DE  JESÚS   CAÑAS   CHAVARRIAGA,   en   compañía   de  Joani    de    Jesús   Durango   Quiroz,   alias  «Giovani  Zapata»  o  «la Guasa»,  dio  muerte  con  arma  de fuego a Jorge Horacio Muñoz  Macías.  De  acuerdo  con  su  versión,  lo cometió  cumpliendo  órdenes  de  este  último  porque  era miembro de las milicias. La  primera  instancia  no  halló  claro  el  motivo del crimen, pero no consideró  creíble que perteneciera a las milicias.   

Cargo  5. Homicidio  en   persona   protegida   de   Jhon   Mario  Cardona  Hincapié   y   tentativa  de  homicidio  en  persona  protegida     de    Orlando    de    Jesús    Arias  Candamil.   

El   25  de  abril  de  2002  EDILBERTO  DE JESÚS CAÑAS CHAVARRIAGA con  arma  de fuego le causó la muerte a John Mario Cardona  Hincapié    e   intentó   matar   a   Orlando  de  Jesús  Arias  Candamil  en la  calle  46  #  50  A 12 del barrio Playa Rica de Itagüí. Según su versión, la  orden   la   impartió   Joani   de   Jesús  Durango  Quiroz,  apodado  «Giovani  Zapata»     o     «la  Guasa»,  porque eran informantes e integrantes de las  milicias.  La  sentencia  desestimó  ese  motivo  e indicó que el homicidio se  produjo  por  el  consumo  o  distribución  de  estupefacientes por parte de la  víctima  y  la  tentativa  por  el  hecho de estar la víctima con Cardona  Hincapié  o para no dejar rastros  del crimen.   

Cargo 6. Homicidios  en    persona    protegida   de   William   Alexander  Arroyave   y  Luis  Ernesto  Carrillo Oses.    

El   1º  de  mayo  de  2003  EDILBERTO     DE     JESÚS    CAÑAS    CHAVARRIAGA    y     Víctor     Mauricio     Sinitave  Rincón,   alias   «Niño  Víctor»,      asesinaron      a     William  Alexander  Arroyave, conocido como  «Ñeque»  y a Luis   Ernesto   Carrillo  Oses,  a  quien  apodaban  «Piernas», en la  cancha  de fútbol ubicada en la carrera 57 A # 47 A 15 del barrio El Rosario de  Itagüí.   Acorde   con  el  postulado,  la  orden  de  ultimarlos  provino  de  Joani  Durango Quiróz porque  eran milicianos.   

El fallo señaló que las muertes obedecieron  a  su  adicción  a  la  marihuana  y/o a la regla silenciosa establecida por el  grupo  que  prohibía  a los habitantes del barrio El Guayabo pasar al barrio El  Rosario  y  a  éstos  recibirlos, es decir, a las fronteras invisibles trazadas  arbitrariamente  por  el  grupo  armado  ilegal  para  dominar  y  controlar  su  territorio.  La lesión en el cuello con arma blanca, después de ultimarlos con  disparos   en  la  cabeza,  indica  castigo  o  represalia  por  no  acatar  las  reglas.   

Cargo  7. Homicidio  en   persona   protegida  de  Andrés  Felipe  Quiceno  Sotelo.   

El   29   de  agosto  de  2002  EDILBERTO DE JESÚS CAÑAS y Víctor    Mauricio   Sinitave   Rincón,  alias   «Niño  Víctor»,  asesinaron  con  arma de fuego a Andrés Felipe Quiceno  Sotelo,          apodado          «Soller»,  en  la carrera 56 A con calle  29  A  del  barrio La Finquita de Itagüí. Según el postulado, la orden la dio  Joani   Durango   Quiroz,  conocido   como   «Giovani   Zapata»   o  «la  Guasa»,  porque  el  joven  movilizaba  a  los  miembros  de  las  milicias.  El Tribunal  encontró  que  el  homicidio  se  cometió  con  el  propósito de hurtarle sus  bienes.   

Cargo   8.   Homicidio  y  tortura  en  persona protegida; detención ilegal y privación del  debido    proceso    de    quien    apodaban    «El  Gato».   

A mediados de 2003, en la vereda Las Cabañas  del   corregimiento   San   Antonio   de   Prado   de   Medellín,  EDILBERTO  CAÑAS CHAVARRIAGA, Hernán   Alonso  Pulgarín  Correa  y  un  hermano      de      éste,      apodados     «Los  Cachorros»,  enterraron  el  cadáver de un hombre de  unos   35   años,  conocido  con  el  alias  de  «el  Gato», del cual se desconocen otros detalles y al que  le   habían   dado   muerte   unos   momentos  antes  por  orden de Joani de Jesús  Durango  Quiroz.  Según el postulado, fue retenido en  el  parque  de  Envigado porque era un miembro de las FARC o el ELN que operaban  en  la  comuna  13  de  Medellín.  Para  el  Tribunal la muerte se produjo como  consecuencia de la guerra entre bandas de la ciudad.   

Cargo 9. Homicidio y  tortura  en persona protegida; detención ilegal y privación del debido proceso  de Jorge Mario Monsalve Guarín.   

A    mediados   de   2003   Jorge  Mario  Monsalve Guarín, de 15 años  de  edad,  fue  retenido  en  la cancha de San Antonio de Prado por miembros del  Bloque  Cacique  Nutibara  al  mando de Joani de Jesús  Durango  Quiroz y conducido al campamento «El  Chuscal» donde lo interrogaron sobre  su  pertenencia  a  los  Comandos  Armados  del  Pueblo -CAP-. Posteriormente lo  trasladaron   a  la  finca  «Montehuaca»  y  luego  de  2  o  3  días  fue  asfixiado  con  una  bolsa  por  EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA y     Víctor     Mauricio     Sinitave  Rincón,   alias   «Niño  Víctor»,  quienes  lo enterraron en ese mismo sitio.   

Cargo 10. Tentativa  de  homicidio  en  persona  protegida  de Néstor Raúl  Guerra Patiño.   

El   21   de   mayo   de  2002  EDILBERTO DE JESÚS CAÑAS CHAVARRIAGA le  disparó  en  tres  ocasiones  a  Néstor Raúl Guerra  Patiño  dentro  de la casa ubicada en la calle 45 A #  54-17  del  barrio  Playa  Rica de Itagüí. Según el postulado, el atentado lo  ejecutó   por   orden  de  Joani  de  Jesús  Durango  Quiroz,   alias   «Giovani  Zapata»     o     «la  Guasa»,  porque era patrocinador o colaborador de las  milicias  y  realizaba  reuniones  políticas con ellas. La sentencia consideró  que  el  crimen  estuvo  ligado  a  sus actividades políticas y a su empeño de  sustraerle   a   la  banda  «La  Unión»,   a   la   cual   pertenecía   el   postulado,  los  menores  que  reclutaba.   

Cargo    11.  Destrucción y apropiación de bienes a una mujer (NN).   

A  mediados  de  2003,  en  el semáforo del  centro  de la moda del barrio Santa María de Itagüí,  EDILBERTO  DE  JESÚS CAÑAS CHAVARRIAGA y John  David  Acevedo,  alias  «Cachorro  Pequeño»,  despojaron  de su  vehículo  Hyundai,  color  gris  a  una  mujer  que  viajaba en compañía de 3  hombres  y  2  niños,  amenazándola  con  un  revólver,  según  confesó  el  postulado.  El  hurto  se  cometió  a  instancias de su comandante Joani  de  Jesús  Quiroz  Durango,  quien  solicitó   un   vehículo  veloz,  pero  desconoce  el  fin  para  el  cual  lo  requirió.   

    

1. NÉSTOR  EDUARDO CARDONA CARDONA, conocido  como «mono» o «alpinito».     

Cargo  1. Concierto  para  delinquir; fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones y  de  uso  privativo  de  las  Fuerzas Armadas; utilización ilegal de uniformes e  insignias.   

Ingresó al Bloque Metro a mediados de marzo  de  2001 y permaneció con dicho grupo armado hasta el 7 de mayo de 2003, cuando  se  vinculó  al  Bloque  Cacique  Nutibara,  como consecuencia de la guerra que  libraban  ambas  estructuras  de  las  AUC.  Mientras  estuvo  en  dichos grupos  utilizó  diferentes  armas  y uniformes de uso privativo de la fuerza pública.  Operó  en los barrios Moravia, El Oasis y El Bosque de la comuna 4 de Medellín  al mando de diferentes comandantes.   

Cargo  2. Homicidio  en    persona    protegida    de    Didier   Murillo  Roa.   

El  22  de  septiembre  de 2001 NÉSTOR  EDUARDO CARDONA acompañó al jefe  del   Bloque   Metro   en   el   barrio   Moravia,  conocido  como  «Rosquete»,  a dar muerte a Didier  Murillo  Roa  en  la  calle  80C #  55-150.  La  sentencia  señaló  que  esa  muerte  no  se  produjo porque fuera  miliciano  como  adujo  el  postulado,  sino  por  sus antecedentes personales y  judiciales.   

Cargo 3. Homicidio  en   persona   protegida   de  Alberto  Miguel  Pérez  Reyes.   

El  4  de  septiembre  de  2003   NÉSTOR  EDUARDO  CARDONA  CARDONA,  en  compañía  de Juan Guillermo,  alias   «Flaco»   y   de  «Tiroloco»,  mataron  con  arma    de    fuego    a    Alberto   Miguel   Pérez  Reyes,      apodado  «Evangélico»   o   «el  Costeño»,  en  la  carrera  55  con  la  calle 80 de  Medellín,    por    orden    de   Stiven   Rentería  Rentería,   alias  «Negro  Acacio»  y  le  colocaron un  letrero que decía  «por  ladrón  y violador».  El  Tribunal  coligió  que el crimen se concretó por su condición de adicto a  los  estupefacientes  y  por las sospechas de que hurtaba cosas o bienes ajenos.   

Cargo 4. Tentativa  de  homicidio en persona protegida de Alberto González  Gil.    

El 6 de noviembre de 2001, en la calle 83 F  #  58 A 20, NÉSTOR EDUARDO CARDONA CARDONA      disparó      por      orden     de     alias     «Rosquete»      a      Alberto  González  Gil con la finalidad de  matarlo  por  su  supuesta  pertenencia  a  las  milicias  urbanas.  El Tribunal  encontró  probable  que  el  atentado obedeciera a los vínculos de la víctima  con el Bloque Metro en el barrio La Sierra.   

Cargo 5. Homicidio  en   persona  protegida  de  Sergio  Anderson  Cortés  Restrepo  y lesiones de Álex  Santiago Galvis Restrepo.   

El  8  de  septiembre  de 2001 en el barrio  Moravia   Carlos   Andrés  Botero  Peña,     alias     «Pañales»     y     NÉSTOR    EDUARDO    CARDONA  CARDONA  asesinaron  con armas de fuego a Sergio   Anderson   Cortés  Restrepo  por  integrar  las  milicias urbanas. En el atentado resultó lesionado en el codo el  menor   Alex   Santiago  Galvis  Restrepo.  La  sentencia  estableció  que el crimen obedeció a la venganza  por  los incidentes entre los miembros de la banda del Caño y la víctima, así  como por sus hábitos y adicciones.   

Cargo 6. Homicidio  en   persona  protegida  de  Julián  Andrés  Vergara  Agudelo.   

El 14 de octubre de 2003 alias «Niche»    y    alias    «Schumager»  retuvieron  a  Julián  Andrés  Vergara  Agudelo,  de 15  años  de  edad,  y  lo  llevaron  ante NÉSTOR EDUARDO  CARDONA,  quien  lo  asesinó  con arma de fuego en el  barrio  El  Bosque  y  luego fue arrojado al río Medellín. La orden del crimen  provino   de  Stiven  Rentería  Rentería,   alias   «Negro  Acacio»,  por  tratarse  de  un  miliciano  de  la  comuna  13. El Tribunal  consideró  que  la  muerte se produjo porque desobedeció la regla impuesta por  el grupo armado ilegal de transitar de noche siendo menor de edad.   

Cargo 7. Homicidio  en  persona  protegida  y  despojo  en campo de batalla respecto de William    de    Jesús   Herrera   Mesa;  constreñimiento ilegal a un taxista.   

El   27   de  octubre  de  2003,  en  las  inmediaciones   del   Parque  Norte,  NÉSTOR  EDUARDO  CARDONA   en   compañía   de   alias   «Picolo»  dieron  muerte  a William   de  Jesús  Herrera  Mesa  y  lo  despojaron  de  una escopeta que portaba. De igual forma, obligaron a un taxista  a  sacar  el  cuerpo  del  lugar.  Actuaron  por  instrucción  de  Stiven    Rentería    Rentería,   alias  «Negro   Acacio»,  quien  señaló  a  la  víctima  de  ser  miliciano  que  cobraba extorsiones. Para el  Tribunal lo mataron para hurtarle sus pertenencias.   

Cargo 8. Homicidio  en    persona    protegida    de    Yesid   Sánchez  Gómez.   

El   26   de  julio  de  2003  NÉSTOR EDUARDO CARDONA CARDONA junto con  alias     «Johan»    y  «el  Enano»  sacaron de su  casa   del   barrio   El   Bosque   a  Yesid  Sánchez  Gómez.  Como  se resistió, le dispararon con arma de  fuego   en   6   ocasiones.   La   orden   del   crimen   la   dio  Stiven    Rentería    Rentería,   alias  «Negro   Acacio»  por  su  condición de miliciano.   

Cargo 9. Homicidio  en    persona    protegida    de    Giovani   Loaiza  Mosquera.   

El 19 de mayo de 2002, en la carrera 52 con  la   calle   79   del  barrio  Moravia,  NÉSTOR    EDUARDO    CARDONA    CARDONA,  Carlos  Andrés Botero Peña,  alias  «Pañales»  y  los  patrulleros  apodados «Yiyo»  y  «Salchicha», le causaron  la  muerte  con arma de fuego a Giovani Loaiza Mosquera  por  su pertenencia las milicias urbanas. La sentencia  concluyó  que  la  causa  del  homicidio  fue  el  hurto  de una motocicleta de  propiedad de la víctima.   

Cargo 10. Homicidio  en  persona  protegida  y  secuestro  agravado de Yoana  Yanet Mosquera Guerrero.   

El  15  de  agosto  de  2003  NÉSTOR  EDUARDO  CARDONA  CARDONA y alias  «Beto»  sacaron  de  una  panadería  del barrio El Bosque a Yoana Yanet Mosquera  Guerrero,  quien estaba con sus dos hijos menores y la  llevaron  hasta  la  paralela del río Medellín en Moravia, donde el segundo de  ellos   le   disparó   varias   veces.   Según   el   postulado,  Stiven  Rentería  Rentería, conocido como  «Negro  Acacio»,  dio  la  orden  de matarla por miliciana e informante de las autoridades. En la sentencia  se  estableció  que  el motivo tuvo que ver con las relaciones y comentarios de  la víctima con otras mujeres del barrio.   

    

1. EDGAR   ALEXANDER  ERAZO  GUZMÁN,  alias  «Álex     Bonito»     

Cargo 1. Concierto  para  delinquir; fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones y  de  uso  privativo  de las fuerzas militares; utilización ilegal de uniformes e  insignias.   

Ingresó  al  Bloque Cacique Nutibara en el  año  1.998  donde  utilizó  uniformes  y  armas  de uso privativo de la fuerza  pública  y  de  defensa  personal.  Con  anterioridad  y  desde  los  13  años  perteneció  al  Ejército  de  Liberación  Nacional  donde  era  conocido como  «Dayron»  o  «Bayron».   

En las autodefensas actuó como patrullero,  bajo    el    mando    de    Ramón   Ovirly   Correa  Salas,       alias  «Ramón»,  con  quien  operó en el Corregimiento de  San  Antonio  de  Prado.  A  la  muerte  de  éste  en el año 2001,  Aldemar Alexander Noreña López, apodado  «Alex Cuñado», lo designó  comandante  de  la  zona, de forma que ejerció control y dominio en los barrios  El  Limonar,  Naranjitos,  Pradito,  El  Vergel,  Rosaleda,  Aragón, Mi Casita,  Tierralta  y  El  Descanso  y  las  veredas  La  Verde,  Santa Rita, Yarumalito,  Fronteras, El Barsino, El Astillero y El Alto del Romeral.   

Cargo 2. Homicidio  agravado  de  Rubén  Darío  Mesa Puerta y secuestro de otro.   

El 1º de junio de 2001, en la vereda Santa  Rita  del  corregimiento  San  Antonio de Prado, ÉDGAR  ALEXANDER  ERAZO  GUZMÁN  y otros miembros del Bloque  Cacique  Nutibara,  sacaron  de su casa a Rubén Darío  Mesa  Puerta y a  Donaldo  Muñoz  Vásquez, apodado «El  Repetido».  Al  primero  lo  amarraron  y trasladaron  hasta  las  partidas  de  Los Mesas donde Ramón Ovirly  Correa  Salas le disparó causándole la muerte por su  pertenencia  a  las  milicias del ELN. A Donaldo Muñoz  Vásquez,  colaborador  de  éstas,  lo liberó con el  mensaje  de  que  las  AUC  habían llegado y «que por  allá   no   queremos   milicianos».   La  sentencia  estableció   que  el  crimen  obedeció  al  ejercicio  del  control  social  y  territorial propio de los grupos armados ilegales.   

Cargo 3. Homicidios  agravados  de  Carlos Alberto Mesa Escobar     y     Jonathan    Steven    Pulido  Guarín y secuestro de este último   

El 29 de junio de 2001, en la carrera 13 No.  8-74  del  barrio  Los  Potreritos  del  corregimiento  San  Antonio  de  Prado,  ÉDGAR    ALEXANDER    ERAZO    GUZMÁN   y  otros  miembros  del  Bloque  Cacique  Nutibara  asesinaron  a  Carlos  Alberto Mesa Escobar.  Previamente  habían  retenido a Jonathan Steven Pulido  Guarín,  de  15  años  de  edad, a quien trasladaron  hasta  la  vereda  La  Loma,  donde el postulado le causó la muerte con arma de  fuego.      Posteriormente,      Ramón     Ovirly  Correa le cortó el cuello con un arma cortopunzante y  manifestó     que     era    «para    que    cojan  miedo».  La  primera  instancia  consideró  que  los  homicidios  estuvieron  relacionados  con  el  expendio,  consumo  y control del  comercio  de estupefacientes y los hábitos personales y antecedentes judiciales  de las víctimas.   

Cargo 4. Homicidios  agravados     de     Carlos     Aldemar    Álvarez  Gutiérrez  y  Víctor Norbey  Cañaveral Vélez.     

El 3 de junio de 2001, frente a la licorera  ubicada  en  la carrera 4 B No. 10 B 30 del barrio Aragón del corregimiento San  Antonio  de  Prado, varios miembros del Bloque Cacique Nutibara les dispararon a  Carlos   Aldemar   Álvarez   Gutiérrez    y   a   Víctor   Norbey   Cañaveral  Vélez,   mientras   ÉDGAR  ALEXANDER   ERAZO   GUZMÁN   conducía  un  vehículo  Mitsubishi  color  verde, en el cual huyeron del lugar. La orden la impartió el  comandante   Ramón  Ovirly  Correa  Salas.  La  sentencia  coligió que el móvil fue la desobediencia de las  reglas  impuestas por los grupos paramilitares de permanecer en la calle a altas  horas de la noche.   

Cargo 5. Homicidio  agravado de Víctor Hugo López Soto.   

El 11 de julio de 2001, en la carrera 7 Este  con  Calle  5 BA del barrio Limonar 2 del corregimiento San Antonio de Prado, un  sujeto      del     Bloque     Cacique     Nutibara     apodado     «Kevin»,   le   disparó  a  Víctor  Hugo López Soto, de 15 años de  edad,  quien  falleció  a  consecuencia  de  las heridas, mientras ÉDGAR  ALEXANDER ERAZO GUZMÁN vigilaba el  lugar.  Según  el  postulado,  la  víctima  fue  baleada por sus nexos con las  milicias  y  la  extorsión  de  los  habitantes  del sector. En la sentencia se  coligió   que   el   homicidio   se  cometió  porque  el  menor  no  se  dejó  reclutar.   

Cargo 6. Homicidio  en   persona   protegida  de  Heriberto  Antonio  Caro  Bedoya.   

El  31  de  julio  de 2001, en la vereda La  Verde  del  corregimiento  San  Antonio de Prado, Boris  Adrián     Muriel     y     alias     «Sandro»,  del  Bloque Cacique Nutibara,  asesinaron  a Heriberto Antonio Caro Bedoya.  El postulado les transmitió la orden del comandante Aldemar    Alexander   Noreña,   apodado  «Alex  Cuñado», según el  cual   Caro   Bedoya   era  colaborador  de  las  milicias  del  Ejército de Liberación Nacional. El fallo  concluyó  que  el  crimen  se  perpetró  por  las  labores de la víctima como  miembro de la Junta de Acción Comunal.   

Cargo 7. Homicidio  en   persona   protegida   de   José   Abigail  Caro  Bedoya   y   desplazamiento   forzado  de Elidia de Jesús Cardona.   

El  24  de  agosto de 2001, en la vereda La  Verde  del  corregimiento  San  Antonio de Prado, Boris  Adrian      Muriel     y     alias     «Sandro»  ingresaron  a la residencia de  José  Abigail  Caro Bedoya y  lo   asesinaron,   mientras   ÉDGAR  ALEXANDER  ERAZO  GUZMÁN    obligó   a   la   señora   Elidia  de  Jesús  Cardona de Caro, esposa  de  la  víctima,  y  a  sus  hijos a abandonar su residencia. De acuerdo con la  versión  del  postulado,  Aldemar  Alexander  Noreña  López,    alias   «Alex  Cuñado», ordenó la muerte por sus vínculos con las  milicias  del  ELN. En la sentencia se afirmó que el crimen se relaciona con el  homicidio    de    su    hermano    Heriberto   Caro  Cardona,  quien  también  pertenecía  a  la Junta de  Acción Comunal del lugar.   

Cargo  8. Primera  masacre  del barrio Limonar 2: homicidios en personas protegidas de Everardo  de  Jesús,  Nicolás de Jesús y José de Jesús Espinosa  Velásquez  y  Herman Augusto  Espinosa Villa.   

El  19 de septiembre de 2001, en la calle 3  No.  5  Este  9  del  Barrio  Limonar  2 del corregimiento San Antonio de Prado,  ÉDGAR    ALEXANDER    ERAZO    GUZMÁN  junto  con  alias «Piolín»   y  «Sandro»  asesinaron    a   Nicolás   de   Jesús,  Everardo  de  Jesús  y  José  de  Jesús  Espinosa  Velásquez  y  Herman  Augusto  Espinosa  Villa  por  orden  de Aldemar  Alexander      Noreña,     alias     «Alex  Cuñado», por tratarse el primero  de  un  miliciano  de las FARC y los otros para no dejar testigos del delito. La  sentencia  estableció  que  se  trató  de  un  acto  de  venganza  de la banda  «Los Cobis».   

Cargo  9.   Homicidio  en  persona  protegida  de  Andrés Fernando  Arboleda Arboleda.   

El  2  de  mayo  de  2002, en la calle 4 DC  frente  al No. 2 B Este 62 del barrio El Limonar 2 del corregimiento San Antonio  de  Prado,  alias «Jaimito»,  integrante   del   Bloque   Cacique   Nutibara,   por   orden   de  ÉDGAR  ALEXANDER ERAZO GUZMÁN, asesinó a  Andrés   Fernando   Arboleda   Arboleda.  El  postulado reseñó que recibió la instrucción de matarlo de  Aldemar    Alexander    Noreña   López  porque  estaba  conformando  un  grupo de apoyo a las milicias del  ELN.  En la sentencia se coligió que el asesinato se produjo por la adicción a  la  marihuana  y los conflictos de la víctima con los miembros del grupo armado  ilegal.   

Cargo  10. Segunda  masacre  del barrio Limonar 2: homicidios en personas protegidas de Arturo   Antonio  y  Luis  Arnoldo  Rodas  Lora,  Luis  Elber  Rodas  Gutiérrez,     Faber     Arley    y    Adrián de Jesús Villa Mesa.   

El  11  de  junio  de  2002,  en una cabina  telefónica  ubicada  en  la  carrera  3 Este del barrio Limonar 2, ÉDGAR  ALEXANDER  ERAZO GUZMÁN asesinó a  Arturo  Antonio y  Luis  Arnoldo  Rodas  Lora, mientras que  otros   sujetos   del   Bloque   Cacique   Nutibara   mataron   a   Luis   Elber   Rodas   Gutiérrez   y   Faber   Arley   y Adrián de Jesús Villa Mesa  frente  a  la residencia ubicada en la calle 4 DB No. 2 B Este 50.  La    orden    provino    de    Aldemar    Alexander  Noreña,   alias   «Alex  Cuñado»,  quien  considera  que  eran  milicianos  y  estaban  reclutando  jóvenes  para  conformar un grupo. La sentencia consideró  que el móvil fue la venganza.   

Cargo 11. Homicidio  en  persona  protegida  y secuestro de Gilberto Antonio  Cardona  Echavarría y Carlos  Mario Gañán García.   

El  6  de  septiembre de 2002, en la vereda  Santa  Rita  de  San Antonio de Prado, ÉDGAR ALEXANDER  ERAZO   GUZMÁN   y  Witmar  Esteban    Sánchez    Arango,   alias   «Pomponio»      y      Joani  de  Jesús  Durango  Quiroz,  alias  «Giovani    Zapata»   o  «la   Guasa»,  sacaron  a  Gilberto   Antonio   Cardona  Echavarría  de  su  casa, mientras que a Carlos Mario  Gañán  García  lo retuvieron cuando jugaba fútbol.  Los  amarraron  y  los  trasladaron  hasta  la  vereda  El  Chuscal donde fueron  asesinados   con   disparos   de   arma  larga,  previa  orden  de  Aldemar  Alexander  Noreña, conocido como  «Alex  Cuñado», quien los  consideraba  milicianos.  La  sentencia  halló  que  el  crimen obedeció a las  costumbres y adicciones de las víctimas.   

Cargo 12. Homicidio  en  persona  protegida  de  José Humberto Echavarría  Cardona  y Albeiro Echavarría  Chavarriaga; secuestro de este último.   

El  10  de  septiembre de 2002, en la finca  Cañaduzal  de  la  Vereda  Santa  Rita  del corregimiento San Antonio de Prado,  ÉDGAR    ALEXANDER    ERAZO    GUZMÁN  y  otros  integrantes  del  Bloque  Cacique Nutibara, asesinaron a  José   Humberto   Echavarría   Cardona  y  luego  sacaron  de  su  residencia  y  amarraron  a  Albeiro  Echavarría Chavarriaga, a quien  trasladaron  hasta la vereda El Chuscal, donde lo mataron. Lo anterior por orden  de  Aldemar Alexander Noreña,  alias  «Alex Cuñado», quien  los  señalaba  de colaborar con las milicias y militar en ellas. El Tribunal no  encontró  evidencia de que fueran insurgentes y por ello coligió que el crimen  obedeció  a  la  política  de  dominación,  sometimiento  y  control  de  los  habitantes del sector.   

Cargo         13.  Homicidio en  persona    protegida    de   Alirio   Antonio   Villa  Muñoz.   

El  20  de octubre de 2003, en el barrio El  Limonar    2    del   corregimiento   San   Antonio   de   Prado,   Joani  de  Jesús  Durango  Quiroz,  alias  «Giovani    Zapata»   o  «la  Guasa» y otro miembro  del  Bloque  Cacique  Nutibara mataron a Alirio Antonio  Villa   Muñoz.   Según   el  postulado,   Aldemar   Alexander   Noreña   López,  alias  «Alex  Cuñado», dio  la  orden  porque  pertenecía  a la guerrilla y estaba llevando gente al barrio  para  hacer inteligencia. El Tribunal no halló evidencia de los vínculos de la  víctima con la subversión.   

Cargo  14.   Homicidio  en  persona  protegida  de  Mónica Patricia  Agudelo Mejía.   

El  1º de febrero de 2003, en el barrio El  Limonar    1    del   corregimiento   San   Antonio   de   Prado,   ÉDGAR  ALEXANDER ERAZO GUZMÁN le disparó  en  varias  ocasiones a Mónica Patricia Agudelo Mejía  delante  de  su  madre María  Noelia  Mejía  y  de  sus  hijos menores Stiven    y  Carolinek   Álvarez   Agudelo.   La   orden  la  dio  Aldemar    Alexander    Noreña   López,   alias   «Alex  Cuñado»,  porque  estaba  poniendo en riesgo a la organización al reclamar  por  la  muerte  de  su  hija  Leydy  Andrea  Álvarez  Agudelo.   

    

1. MAURO   ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO,  alias  «El              Aguacate».     

Cargo 1. Concierto  para  delinquir;  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones;  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

Ingresó  al  Bloque Cacique Nutibara en el  segundo  semestre  de  1.998  donde  utilizó  armas  de  fuego.  El  día de su  desmovilización  usó  uniforme  de uso privativo de la fuerza pública, que le  fue  entregado ese día, pues siempre vistió de civil. Operó en los barrios La  Finca   y   Yarumito   de   Itagüí   y  sus  comandantes  fueron  Aldemar  Alexander  Noreña  López, alias  «Alex    Cuñado»,   y  Witmar    Esteban    Sánchez    Arango,    apodado    «Pomponio».  Fue  comandante  de  la  banda  La  Unión,  adscrita a la llamada  Oficina de Envigado.   

Cargo 2. Exacciones  y contribuciones arbitrarias.   

Durante  el  2000, o a comienzos del 2.001,  MAURO     ALEXANDER    MEJÍA    OCAMPO,    junto    con    Giovanni    Cuartas  Ocampo,       alias  «Nene»            o           «Natilla», Juan  Gabriel    Ruíz    Zapata,   apodado   «Lulo»,       y       «Mauricio»,   impusieron   y   cobraron  contribuciones  arbitrarias  a  los  pobladores  del  barrio Yarumito, de común  acuerdo  con  el  presidente  de  la  Junta  de  Acción Comunal. A cambio de la  vigilancia  exigieron  a 600 casas de las 900 que componían el barrio mil pesos  semanales  ($  1.000), a las 20 tiendas cinco mil pesos cada 8 días ($ 5.000) y  a  los  vehículos  que  parqueaban en la noche otros cinco mil pesos ($ 5.000).   

Cargo 3. Homicidio  en    persona    protegida    de    Bladimir   Ojeda  Álvarez.   

El  15  de mayo de 2002, en la carrera 54 B  con   la   calle  29  AA  del  barrio  La  Finquita  de  Itagüí,  MAURO  ALEXANDER MEJÍA OCAMPO dio muerte a  Bladimir   Ojeda   Álvarez  dentro  del  taxi  que éste conducía. Según su versión, cumplía órdenes de  Witmar    Esteban    Sánchez    Arango,     alias    «Pomponio»,  porque  transportaba  milicianos  en  su  vehículo. La sentencia  descartó  esa  explicación y planteó como posibles móviles el despojo de sus  bienes,  facilitar  o  consumar  dicha  conducta,  asegurar  la impunidad de los  partícipes  o  la  venganza por las diferencias con los miembros de la banda La  Unión.   

Cargo  4.   Homicidio   en  persona  protegida  de  José  Alfredo  Acevedo Bustamante.   

El 12 de julio de 2002, en la carrera 54 B #  29  AA  10  del  barrio  La Finquita de Itagüí, MAURO  ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO  le  disparó  a  José Alfredo Acevedo Bustamante. Una vez  caído,   Dany   Alejandro  Urán  Ocampo,    alias   «El   Mellizo»,   le   hizo  otros  disparos.  La  orden  de  matarlo  provino  de  Witmar    Esteban    Sánchez    Arango,     alias     «Pomponio»,   porque   «la  había  embarrado  muy  feo»,  lo cual significa que no estaba cumpliendo las  órdenes  o  estaba  haciendo  cosas  que  no  debía.  Aunque  el  Tribunal  no  desestimó  el  motivo  aducido  por  el postulado, destacó que le hurtaron sus  pertenencias,  antes  o después de matarlo, como algo ocasional y secundario al  homicidio.   

Cargo  5.   Homicidio  en  persona  protegida  de Mauricio Restrepo  Diosa;   tentativa   de   homicidio  de  Luz   Mery   de   Jesús  Diosa;  lesiones  personales  de  Pedro Luis Restrepo Loaiza;  desplazamiento  forzado  de  Luz Mery de  Jesús Diosa y su familia.   

El 9 de febrero de 2002, cuando Luz  Mery de Jesús Diosa salía de su casa  ubicada  en  la  calle  50  A con la carrera 30 del barrio Yarumito de Itagüí,  MAURO ALEXANDER MEJÍA OCAMPO  y  otros  integrantes  del  Bloque  Cacique  Nutibara,  la amenazaron con arma de fuego para que abandonara el  barrio.  Como  se resistió, luego de forcejear la lesionaron con un machete. Al  día  siguiente,  cuando  su  hijo  Mauricio  Restrepo  Diosa  y su esposo Pedro Luis  Restrepo  Loaiza se dirigían al hospital, el postulado  mató  al  primero  e hirió al segundo y 3 días después amenazó a la familia  para  que se fueran del barrio, de manera que el núcleo familiar, compuesto por  8 personas, abandonó la casa donde vivían.   

Según  el  postulado la orden la impartió  Witmar    Esteban    Sánchez    Arango,     alias    «Pomponio»,  porque le llevaba informaciones a la policía y difundía rumores  o  informaciones  falsas.  Para  el  Tribunal  los  crímenes  se  originaron en  disputas  personales  de  la  familia  con  Giovanni de  Jesús  Cuartas  Ocampo,  primo del postulado, a quien  apodaban    «Nene»   o  «Natilla,»   y   por  la  denuncia penal instaurada en contra suya.   

Cargo 6. Homicidio  agravado    de    Armando    de    Jesús   Vásquez  Castro.   

El 20 de noviembre de 1998, en la calle 30 B  No.  50  B 93 del barrio La Finquita de Itagüí, MAURO  ALEXANDER   MEJÍA   OCAMPO   y   alias  «El  Mellizo» mataron con arma de fuego a  Armando   de   Jesús   Vásquez   Castro  por  orden  de  Witmar  Esteban Sánchez  Arango,   conocido   como  «Pomponio», «para probar finura».   

Cargo  7. Falsedad  en documento público y el uso del documento falso.   

En los primeros meses de 2002, MAURO    ALEXANDER   MEJÍA   OCAMPO   se  identificó   con   la  cedula  de  ciudadanía  número  98.626.001,  a  nombre  de   Nelson   Albeiro   Ceballos  Galeano,  la  cual  alteró colocándole una fotografía suya. Con ésta se  identificó  también  en  La  Ceja  durante  el  proceso  de  desmovilización.  Posteriormente,   Aldemar  Alexander  Noreña  López,  conocido    como   «Alex  Cuñado»,  le  elaboró  otra  cédula con los mismos  datos  de  la  anterior,  con  la  cual se identificó hasta su captura el 20 de  marzo de 2.006, más de dos años después de su desmovilización.   

    

1. JUAN   MAURICIO  OSPINA  BOLÍVAR,  alias  «El Rolo».     

Cargo 1. Concierto  para  delinquir; fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones y  de uso privativo; utilización ilegal de uniformes e insignias.   

Ingresó siendo menor de edad en 1997 a una  estructura  de  las  autodefensas, la cual se integró en el año 2000 al Bloque  Cacique  Nutibara. Utilizó armas de defensa personal y armas y uniformes de uso  privativo  de  la  fuerza pública. Operó en los barrios Calatrava y El Tablazo  del  municipio  de  Itagüí  y de manera ocasional en otros barrios aledaños a  estos,  bajo  las  órdenes  de Joani de Jesús Durango  Quiroz,      conocido      como      «Giovani    Zapata»   o   «la Guasa».   

Cargo 2. Homicidios  en    persona    protegida    de    Yobany   Corrales  Cuartas  y  Miguel Alejandro  Gómez Arias.   

El  21 de enero de 2003, en la calle 67 No.  53-30  del  Barrio  Balcones  de Sevilla del municipio de Itagüí, JUAN  MAURICIO  OSPINA  BOLÍVAR  y  alias  «Siberiano»  asesinaron  a  Yobany  Corrales  Cuartas  y  Miguel     Alejandro    Gómez    Arias,  ambos  de  17  años  de  edad.  La Orden provino de Joani  de  Jesús  Durango  Quiroz,  alias  «Giovani     Zapata»  o   «la   Guasa»,  porque  habían  hurtado  un  televisor  y  un  nintendo. La sentencia concluyó que los  crímenes  están  ligados  a  sus  antecedentes  judiciales  y  a  sus hábitos  personales.   

Cargo 3. Homicidio  agravado      de      Joan     Andrés     Restrepo  Quintana.   

El  13  de mayo de 2001, en la carrera 56 A  con  la  calle  57 del barrio El Tablazo del municipio de Itagüí, JUAN  MAURICIO  OSPINA  BOLÍVAR dio muerte  con   arma   de   fuego   a   Joan  Andrés  Restrepo  Quintana  porque  era  miembro  de  las  milicias.  La  primera  instancia  consideró  que  el  crimen  se  produjo  por  los  hábitos  personales de la víctima.   

Cargo  4.   Homicidio   en   persona  protegida  de  Víctor  Hugo  Hernández   Pedraza  y  tentativa  de  homicidio  de  Wilson Jaiber López Moreno.   

El  28  de  octubre  de  2002  JUAN  MAURICIO  OSPINA  BOLÍVAR asesinó  con  arma  de  fuego  a Víctor Hugo Hernández Pedraza  y  lesionó  a  Wilson Jaiber  López  Moreno, en el Puente del Artista ubicado en la  calle  63  con  carrera  52  D del municipio de Itagüí. Según su versión, la  orden    la   emitió   Joani   de   Jesús   Durango  Quiroz,    alias    «la  Guasa»,  contra  un  grupo  de  integrantes  de  los  Comandos   Armados   del   Pueblo  -CAP-  que  estaban  cobrando  contribuciones  arbitrarias  a  las  residencias  y  negocios  del  barrio  Simón  Bolívar  de  Itagüí.  La sentencia no encontró probado que las víctimas fueran milicianos  y  por  ello  coligió  que  los  delitos  se  cometieron  por  su condición de  farmacodependientes.   

Cargo 5. Homicidio  agravado de un N.N.   

Según la versión del postulado, a mediados  del  año 2.000, en la cancha El Guayabo ubicada en la carrera 57 A con calle 69  C  del  municipio  de Itagüí, Joani de Jesús Durango  Quiroz,   alias   «Giovani  Zapata» o «la Guasa», le disparó a un hombre desde  una  motocicleta  conducida  por él. Se trataba de un sujeto a quien le habían  decomisado  unos  fusiles  y  unos  uniformes camuflados, el cual era comandante  guerrillero  procedente  de la Comuna 13. Sobre este hecho no existen resultados  de   la   investigación   conducentes   a   establecer   la   veracidad  de  la  confesión.   

Cargo  6. Falsedad  Personal.   

El postulado reconoció haberse identificado  en   varias   oportunidades   ante   las   autoridades  con  un  registro  civil  correspondiente     a     Juan     David     Pabón  Bolívar,  documento  que  le  fue suministrado por un  sujeto  conocido como «Tato»  y  que  correspondía  a un primo suyo. Lo hizo durante el año 2001 para evadir  un  porte  de  armas  y la ejecución de la orden de captura en su contra por el  homicidio   de   Yeison   Esteban  Ocampo.  El  Tribunal no halló evidencia alguna que permita ahondar sobre  el hecho y constatar la veracidad de la confesión.   

    

1. WANDER LEY VIASUS TORRES.     

Cargo         1. Concierto para  delinquir;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o municiones y de  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares;  utilización ilegal de uniformes e  insignias.   

Se  vinculó  al Bloque Cacique Nutibara en  enero  del  año  2000,  cuando fue reclutado por Roger  Alberto     Zuleta    Cano,    alias    «Rogelio».  Actuó  en  los  barrios San  Blas,  La  Cima 2 y 3, Barrios Unidos, Jardín y el sector del Reversadero de la  Comuna  3,  donde  desarrolló actividades ilícitas con otras 22 personas hasta  su  desmovilización,  entre  ellas homicidios con armas de fuego, actividad por  la  cual  recibía una remuneración de seiscientos mil pesos mensuales. El día  de  su  desmovilización  portó  como  acto  simbólico  un  fusil AK-47 de uso  privativo  de las fuerzas armadas y vistió uniformes e insignias alusivas a las  AUC.   

Cargo 2. Homicidios  agravados  de  Nelson de Jesús Arias David,   Jair   Alberto   Calle   y Gonzalo Múnera Blandón.   

El 1º de marzo de 2001, en la calle 89 No.  36  C 08 del barrio San Blas de esta ciudad, WANDER LEY  VIASUS   TORRES   y   alias  «Magu»,  mataron  con arma de fuego a los menores de  17   años   de   edad,   Nelson   de   Jesús  Arias  David   y   Jair   Alberto  Calle  y lesionaron a Gonzalo  Múnera  Blandón,  a  quien  remataron  en  la Unidad  Intermedia  de  Manrique.  Según  el  postulado, la orden del crimen provino de  Roger  Alberto  Zuleta  Cano,  alias  «Rogelio», porque se  trataba  de  milicianos  de  «La Cima 2».  La  sentencia  concluyó que el verdadero móvil de la ejecución  de  los jóvenes lo constituyó el haber traspasado las  «fronteras  invisibles» entre los barrios San Blas y  La Cima 1 y 2.   

Cargo 3. Homicidio  en    persona    protegida    de    Dairo   Humberto  Amariles.   

El  29  de  junio  de 2002, en el sector de  barrios   Unidos,   WANDER  LEY  VIASUS  asesinó   con   arma  de  fuego  a  Dairo  Humberto   Amariles   por   orden   de   Roger    Alberto   Zuleta   Cano,   alias  «Rogelio»,   porque   la  víctima  era  informante del barrio La Cruz. El fallo estableció que el crimen  se  produjo  porque provenía de otro barrio y los paramilitares sospechaban que  tenía vínculos con otras bandas u organizaciones ilegales.   

Cargo 4. Homicidio  agravado   y   secuestro   de   Julio  César  Carmona  Rivera.   

El  13 de julio de 2001, en la calle 91 con  carrera  36  B,  WANDER  LEY VIASUS TORRES  asesinó con arma de fuego a Julio César  Carmona    Rivera,   alias  «Chacho»,     por     orden    de    Roger   Alberto   Zuleta   Cano,  apodado  «Rogelio», quien adujo que  era  informante de la guerrilla. Previamente lo habían retenido en contra de su  voluntad  en  la  cancha  de  fútbol  del barrio El Jardín. En la sentencia se  señaló  que  al  parecer  su homicidio obedeció a su captura e investigación  por un delito de hurto.   

CARGOS LEGALIZADOS:  

1.  El  Tribunal  legalizó  los  cargos de  concierto  para delinquir agravado y utilización de uniformes e insignias, pero  excluyó  el  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones  agravado  siguiendo  los  criterios  jurisprudenciales  vigentes, acorde con los  cuales esa conducta delictiva se subsume en la primera.   

2.  También  modificó  la imputación por  homicidio  agravado  efectuada  por  la Fiscalía respecto de los delitos de esa  especie  cometidos  con  antelación  a  la entrada en vigencia de la Ley 599 de  20001  y  en  su  lugar  adecuó  esos  cargos  al delito de homicidio en  persona  protegida,  pero  les  aplicó la pena prevista en los artículos 103 y  104  de  la  Ley 599 de 2000 porque los hechos fueron cometidos cuando no había  entrado  en  vigencia  la  ley que consagra los delitos contra personas y bienes  protegidos por el Derecho Internacional Humanitario.   

Excluyó  los  siguientes cargos por cuanto  los  hechos  ya  fueron  juzgados  por  la justicia ordinaria, pero acumuló las  penas impuestas:   

Postulado             

Cargo             

Sentencia  

JUAN  FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA             

-Cargo 3, homicidio de  Camilo  Andrés  Quintero.   

– Homicidio de Jhon  Jerderson  Torres  Bueno;  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones de uso personal.              

-Juzgado 21 Penal del  Circuito de Medellín, 10/09/09, pena de 135 meses de prisión.   

-Juzgado  8 Penal del Circuito de Medellín,  28/04/03  confirma Tribunal Superior de esa ciudad  22/08/03, condena a 366  meses de prisión.  

EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA             

-Cargo 6, homicidio de  William  Alexander Arroyave  y Luis Ernesto Carrillo Oses.   

-Cargo   5,   homicidio   de  Jhon  Mario Cardona Hincapié y tentativa  de    homicidio   de   Orlando   de   Jesús   Arias  Candamil.             

-Juzgado  3 Penal del  Circuito  Especializado  de Medellín, 30/09/01, pena de 191 meses y 20 días de  prisión.   

-Juzgado  2 Penal del Circuito Especializado  de Medellín, 23/02/12, pena de 21 años de prisión.  

NÉSTOR EDUARDO CARDONA  CARDONA             

Cargo 3, homicidio de  Alberto     Miguel     Pérez    Reyes.   

Cargo   5,   homicidio   de   Sergio         Anderson         Cortés        Restrepo.             

-Juzgado 21 Penal del  Circuito  de  Medellín  del  09/07/12,  pena  de  155  meses de prisión.    

-Juzgado 3 Penal de Circuito Especializado de  Medellín del 15/07/09, pena de 142 meses y 15 días de prisión.  

WANDER  LEY  VIASUS  TORRES             

CARGO 4, Homicidio de  Julio César Carmona Rivero.             

Juzgado  22 Penal del  Circuito  de  Medellín  del 25/02/10, pena de 180 meses de prisión, modificada  por   el   Tribunal   Superior  que  el  11/06/10  la  fijó  en  12  año  y  6  meses.  

3.  Legalizó  los  cargos  de tentativa de  homicidio,  lesiones  personales,  tortura, todos contra persona protegida, así  como  los  relacionados  con  los  delitos de detención ilegal y privación del  debido  proceso, desplazamiento forzado, falsedad material en documento público  y  uso  de  documento  público  falso, exacción o contribuciones arbitrarias y  constreñimiento ilegal.    

4. Los cargos por secuestro agravado fueron  variados  por  el Tribunal por detención ilegal y privación del debido proceso  del  artículo 149 de la Ley 599 de 2000 por cuanto se trata de atentados contra  la  población  civil, así algunos hechos se hayan concretado con antelación a  esa normativa.    

De igual forma excluyó los cargos por este  delito   respecto   de   José  Humberto  Echavarría  Cardona y Carlos Alberto Mesa  Escobar  porque  no fueron retenidos y sustraídos del  lugar  donde  se  les  sorprendió sino que fueron ejecutados allí (Cargo  12  contra  EDGAR ALEXANDER ERAZO  GUZMÁN).    

5.   El   delito  de  hurto  atribuido  a  EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS  CHAVARRIAGA  fue  modificado  por  el punible de destrucción y apropiación de  bienes protegidos del artículo 154 del Código Penal.   

De igual forma el hurto calificado imputado  a   NÉSTOR   EDUARDO  CARDONA  CARDONA  lo  modificó  el Tribunal por el de despojo en el campo de batalla.   

            

PROVIDENCIA IMPUGNADA:  

La  multiplicidad de temas abordados en las  786  páginas de la sentencia impone que en este acápite sólo se reproduzca la  parte  resolutiva del fallo. En la parte considerativa se extractarán los temas  materia   de   impugnación  y,  tras  ello,  se  justificarán  las  decisiones  pertinentes. La primera instancia resolvió:   

«1. Condénase al postulado Juan Fernando  Chica   Atehortúa,  desmovilizado  del  Bloque  Cacique  Nutibara,  a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión  y multa de 23.537,5 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  el año 2.003, como coautor de los  delitos  de  concierto para delinquir agravado, utilización ilegal de uniformes  e insignias y homicidio en persona protegida.   

2.  Acumúlanse  las  penas  impuestas  al  postulado  Juan  Fernando  Chica  Atehortúa  de i) 366 meses de prisión por el  Juzgado  8  Penal  del  Circuito  de  Medellín, mediante la sentencia del 28 de  abril  de  2.003, la cual fue confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Medellín  el 22 de agosto de 2.003, por los delitos de homicidio agravado y  hurto  calificado  agravado  de  Jhon  Jerderson  Torres  Bueno  y fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones de uso personal; ii) 135 meses  de  prisión  por  el  Juzgado  21  Penal del Circuito de Medellín, mediante la  sentencia  del  10  de  septiembre de 2.009, por el homicidio agravado de Camilo  Andrés  Quintero  Vargas.  Dichas  penas quedan incluidas en la fijada por esta  Sala en la presente decisión.   

3.  Condénase  al  postulado Edilberto de  Jesús  Cañas Chavarriaga, más conocido como Cañitas o Bertico, desmovilizado  del  Bloque  Cacique  Nutibara,  a  la  pena principal de cuarenta (40) años de  prisión,  multa  de  37.221,52  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de  20  años,  como  coautor  de  los  delitos de utilización ilegal de  uniformes  e  insignias,  homicidio  en  persona  protegida,  tortura en persona  protegida,  detención  ilegal  y  privación  del  debido proceso, tentativa de  homicidio   de  persona  protegida  y  destrucción  y  apropiación  de  bienes  protegidos.   

4.  Acumúlanse  las  penas  impuestas  al  postulado  Edilberto  de  Jesús  Cañas  Chavarriaga de i) 27 años, 6 meses de  prisión  por el Juzgado 2 Penal del Circuito de Itagüí, mediante la sentencia  del  7  de  diciembre  de  2.004,  la  cual fue confirmada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  8  de agosto de 2.006, por los delitos de  homicidio  agravado  y  hurto  agravado  de  Mauricio Hernández Taborda; ii) 21  años  de  prisión y 444,44 salarios mínimos legales mensuales vigentes por el  Juzgado  2  Penal del Circuito Especializado de Medellín, mediante la sentencia  del  23  de  febrero  de  2.012,  por  los  delitos  de concierto para delinquir  agravado,  homicidio  agravado  de  Jhon  Mario Cardona Hincapié y tentativa de  homicidio  agravado  de  Orlando  de  Jesús Arias Candamil; y iii) 15 años, 11  meses,  20  días  de  prisión  y  multa  de 2.083,33 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  por  el  Juzgado  3  Penal  del  Circuito Especializado de  Medellín,  mediante la sentencia del 30 de septiembre de 2.011, por los delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  homicidio  en  persona protegida de  William  Alexander  Arroyave  y Luís Ernesto Carrillo Oses. Dichas penas quedan  incluidas en la establecida por la Sala en esta decisión.   

5. Condénase al postulado Néstor Eduardo  Cardona  Cardona,  más  conocido  como  Alpinito  o  el Mono, desmovilizado del  Bloque  Cacique  Nutibara,  a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  años de  prisión,  multa  de  28.058,33  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de  20  años,  como  coautor  de  los  delitos de utilización ilegal de  uniformes  e  insignias,  homicidio  en  persona  protegida, detención ilegal y  privación  del  debido  proceso,  tentativa  de homicidio en persona protegida,  lesiones  personales  en  persona  protegida,  despojo  en el campo de batalla y  constreñimiento ilegal.   

6.  Acumúlanse  las  penas  impuestas  al  postulado  Néstor  Eduardo Cardona Cardona de i) 12 años, 11 meses de prisión  y  multa  de  833.33 salarios mínimos legales mensuales vigentes por el Juzgado  21  Penal  del Circuito de Medellín mediante sentencia del 9 de julio de 2.012,  por  el delito de homicidio en persona protegida de Alberto Miguel Pérez Reyes;  ii)  18  años  de  prisión  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Medellín,  mediante  la sentencia del 31 de octubre de 2.005, por el delito de tentativa de  homicidio  agravado  de  Yoana Yaneth Mosquera; iii) 13 años, 6 meses, 15 días  de  prisión,  multa  de  750  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes e  inhabilidad  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas de 7 años, 6  meses  por  el Juzgado 27 Penal del Circuito de Medellín, mediante la sentencia  del  17  de  febrero de 2.010, por el delito de desaparición forzada de Julián  Andrés  Vergara  Agudelo;  iv) 11 años, 10 meses, 15 días de prisión y multa  de  1.250  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes por el Juzgado 3 Penal  del  Circuito  Especializado de Medellín, mediante la sentencia del 15 de julio  de  2.009,  por  los delitos de concierto para delinquir y homicidio agravado de  Sergio  Anderson  Cortés  Restrepo.  Dichas penas quedan incluidas en la fijada  por la Sala en la presente decisión.   

7. Condénase al postulado Édgar Alexander  Erazo  Guzmán, más conocido como Alex Bonito, desmovilizado del Bloque Cacique  Nutibara,  a  la  pena  principal  de  cuarenta (40) años de prisión, multa de  50.000  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso de 20 años, como  coautor  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir agravado, utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias,  homicidio en persona protegida, detención  ilegal  y  privación  del debido proceso y deportación, expulsión, traslado o  desplazamiento forzado de población civil.   

8. Acumúlase la pena 26 años, 8 meses de  prisión  impuesta al postulado Édgar Alexander Erazo Guzmán por el Juzgado 22  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  mediante  la  sentencia del 19 de junio de  2.009,  por  los  delitos  de  homicidio de Arturo Antonio y Luís Arnoldo Rodas  Lora,  Luís  Elber Rodas Gutiérrez, Faber Arley y Adrián de Jesús Villa Mesa  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas de fuego de uso privativo de las  Fuerzas  Armadas.  Dicha  pena  queda  incluida en la fijada por la Sala en esta  sentencia.   

9. Condénase al postulado Mauro Alexander  Mejía  Ocampo, más conocido como El Aguacate, desmovilizado del Bloque Cacique  Nutibara,  a  la  pena  principal  de  cuarenta (40) años de prisión, multa de  12.412,5  salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso de 20 años, como  coautor  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir agravado, utilización  ilegal  de  uniformes e insignias, homicidio en persona protegida, deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento  forzado  de población civil, lesiones  personales   en  persona  protegida,  exacción  y  contribuciones  arbitrarias,  falsedad   material   en   documento   público  y  uso  de  documento  público  falso.   

10.  Acumúlanse  las  penas  impuestas al  postulado  Mauro  Alexander  Mejía  Ocampo de i) 19 años, 5 meses, 10 días de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  por el Juzgado 1 Penal del Circuito de Itagüí, mediante  sentencia  del  31 de octubre de 2.003, la cual fue confirmada por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de Medellín el 8 de marzo de 2.004, por los delitos de  homicidio  de  Mauricio  Restrepo  Diossa  y  tentativa de homicidio de Luz Mery  Diossa;  ii) 8 meses de prisión mediante sentencia del 25 de marzo de 1.999 por  el  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o municiones.  Dichas   penas   quedan   incluidas   en   la   fijada   por  la  Sala  en  esta  decisión.   

11.  Condénase al postulado Juan Mauricio  Ospina  Bolívar,  más  conocido como El Rolo, desmovilizado del Bloque Cacique  Nutibara,  a  la  pena  principal  de  cuarenta (40) años de prisión, multa de  31.100  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso de 20 años, como  coautor  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir agravado, utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias, homicidio en persona protegida, tentativa de  homicidio en persona protegida y falsedad personal.   

12.   Acumúlase  la  pena  impuesta  al  postulado  Juan  Mauricio  Ospina Bolívar de años de prisión por el Juzgado 1  Penal  del  Circuito  de  Itagüí, mediante sentencia del 12 de julio de 2.002,  por  el  delito de homicidio de Yeison Esteban Ocampo, la cual queda incluida en  la fijada por la Sala en esta decisión.   

13.  Condénase  al  postulado  Wander Ley  Viasus  Torres,  desmovilizado  del Bloque Cacique Nutibara, a la pena principal  de  cuarenta (40) años de prisión, multa de 11.312,5 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de 20 años, como coautor de los delitos de concierto  para   delinquir   agravado,  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias,  homicidio  en  persona  protegida  y  detención  ilegal y privación del debido  proceso.   

14.  Acumúlanse  las  penas  impuestas al  postulado  Wander  Ley  Viasus  Torres  de  i)  12  años, 6 meses de prisión e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  tiempo,  por  el  Juzgado  22 Penal del Circuito de Medellín mediante sentencia  del  25  de  febrero  de  2.010,  la  cual  fue modificada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior de Medellín el 11 de junio de 2.010; y ii) 29 años, 2 meses  de  prisión  por  el  Juzgado  12  Penal  del  Circuito  de  Medellín mediante  sentencia  del  13  de  diciembre  de  2.005, la cual fue confirmada por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  7  de  junio de 2.006, por el  homicidio  agravado  y las lesiones personales de Robinson Johan Álzate Giraldo  y  Luis  Octavio  Chalarca  Álvarez. Dichas penas quedan incluidas en la fijada  por la Sala en esta sentencia.   

15.  Ordénase acumular todos los procesos  que  se  tramitan  en la justicia ordinaria contra los postulados por los mismos  hechos que fueron materia de juzgamiento en este proceso.   

16.  Sustituyéseles  la  pena  ordinaria  impuesta  por  la  pena alternativa de 6 años de prisión a los postulados Juan  Fernando  Chica  Atehortúa,  Juan  Mauricio  Ospina Bolivar y Wander Ley Viasus  Torres,  de  7  años  de  prisión  a los postulados Edilberto de Jesús Cañas  Chavarriaga  y Néstor Eduardo Cardona Cardona y de 7 años, 6 meses de prisión  al  postulado  Édgar  Alexander  Erazo  Guzmán,  la  cual  estará  sujeta  al  cumplimiento  de  las obligaciones y compromisos establecidos en la parte motiva  de la presente decisión.   

17.  En  caso  de  que los postulados Juan  Fernando  Chica Atehortúa, Néstor Eduardo Cardona Cardona, Edilberto de Jesús  Cañas  Chavarriaga,  Édgar  Alexander  Erazo  Guzmán,  Juan  Mauricio  Ospina  Bolivar  y  Wander  Ley  Viasus  Torres  incumplan  alguno  de los compromisos y  obligaciones  fijados  en  esta  decisión,  se les revocará el beneficio de la  pena alternativa y deberán cumplir la sanción ordinaria.   

18.  Niégasele la sustitución de la pena  de  prisión  por  la  pena  alternativa  a  Mauro Alexander Mejía Ocampo y, en  consecuencia,  se ordena su captura si ya se hizo efectiva la sustitución de la  medida  de  aseguramiento  por  una no privativa de la libertad concedida por el  Magistrado  de  Control  de  Garantías, o que sea puesto a disposición de este  proceso,  en  caso  contrario,  para  que  cumpla la pena ordinaria impuesta, de  conformidad con el artículo 450 de la Ley 906 de 2.004.   

19.   Reconócese   como  víctimas  del  conflicto  armado  a  i) Ana Luisa Uribe Barrientos, Alonso Arias Castaño, Jhon  Eddy  y Andrés Felipe Arias Uribe; ii) Amanda del Socorro Quintero Vargas, Juan  Alexander,  Diana  Patricia  y  Stefany  Quintero;  iii)  María  Eugenia  Rojas  Aristizabal  y  Johan  Esteban Herrera Rojas; iv) Mónica María Restrepo Rojas,  María  Camila  Torres  Restrepo, Jesús Hernando Torres Muñoz y María Rosalba  Bueno  Ardica;  v)  Lina  María Londoño Rojas y Brahian Stiven Ojeda Londoño;  vi)  Paola  Andrea  Hincapié Giraldo; vii) Luz Mery de Jesús Diosa, Pedro Luis  Restrepo  Loaiza,  Marcela  Viviana Abad Diosa, Johana Restrepo Diosa, Luz Elena  Diosa  de  Trujillo  y  Ana María Trujillo Diosa; viii) Patricia Elena Ramírez  Ramírez  y Jesica Estefanía Vásquez Ramírez; ix) Luz Mila Arias David, José  Oraime  Vidales Duarte, José Daniel y Paulina Vidales Arias; x) Luz Elena Calle  Piedrahita;   xi)   María  Raquel  Blandón  Mejía,  Joaquín  Emilio  Múnera  Álvarez;  xii)  Liliana Patricia Jaramillo Botero, Luz Ermilda Camargo García,  Manuela  Amariles  Jaramillo y Juan Manuel Amariles Camargo; xiii) Maruja Rivera  Vásquez  y Nasly Marcela Carmona Rivera; xiv) Luz Clarisa Roa de Murillo, Pedro  Murillo  Aguilar,  Yilmar, Dulfary y Luz Amira Murillo Roa; xv) Magdalena María  Reyes  Flórez, Alberto Miguel Pérez Estrella y Glebi del Carmen Pérez Ortega;  xvi)  Alberto  González Gil, Romelia Gil Libreros y Claudia Patricia Gil; xvii)  Oscar  Darío,  Diego  Alonso,  César  Augusto,  Sor Ángela Cortés Restrepo y  Martha  Elena,  Inés  Amalia y Jhon Jairo Restrepo; xviii) Alex Santiago Galvis  Restrepo;  xix)  Luz  Elena Agudelo Hernández, Jairo de Jesús Vergara Flórez,  Yhojans  Smit,  Margy  Mallersy,  Xiomara,  Erika  Maryori  y  Luz Enith Agudelo  Hernández;  xx)  Claudia  Elena  Quintero  Montoya,  William  Esteban  y  Yenny  Karolina  Herrera  Quintero;  xxi) Yandri Duperly Gutiérrez Camargoy Juan David  Sánchez  Gutiérrez;  xxii) Paula Andrea Correa Marín, Lizeth Lorena, Cristian  Alexander  Loaiza Correa, José Dionisio Loaiza Casafus y Henry Loaiza Mosquera;  xxiii)  Yoana  Janeth Mosquera Guerrero; xxiv) Doris Marcela del Socorro Cuartas  de  Corrales,  Luis  Albeiro  Corrales  Montoya,  Rosali Migdalia y Arley Alonso  Corrales  Cuartas;  xxv)  Nubia  Amparo  Quintana  Quintana  y  Daiana  Restrepo  Quintana;  xxvi)  María  Nohelia  Pedroza  Cardona; xxvii) Wilson Jaiber López  Moreno;  xxviii)  María  Emilcen  Ocampo  Londoño  y  Yamile  Johanna Restrepo  Ocampo;  xxix)  Gloria  Cecilia Uribe Gallón, Anlly Daniela López Uribe, Karol  Estefanía  Uribe  Gallón  y  Omar  Andrés  Uribe  Gallón;  xxx) Martha Elena  Rodríguez  Carvajal,  José  Vicente  y  Luis  Felipe  Posada Rodríguez; xxxi)  Adriana  María  Ospina  Fernández,  María  Alejandra  y María Juanita Muñoz  Ospina;  xxxii)  Daniela Cardona Osorio, Mario de Jesús Cardona Piedrahita, Luz  Beatriz  Hincapié  de  Cardona,  Diana  Patricia,  Mary  Luz  y Diego Alejandro  Cardona  Hincapié;  xxxiii)  Orlando de Jesús Arias Candamil y Luz Enid Vélez  Ortíz;  xxxiv)  María  del  Socorro  Arroyave y Yuri Angélica Arroyave; xxxv)  Jhonny   Santiago   CarrilloArroyave,  María  Eugenia  Oses,  María  Isabel  y  Alejandra  Cristina  Ospina  Oses  y  Luz Elena Posada Oses; xxxvi) Jaime Adolfo  Quiceno  Quiceno;  xxxvii)  Gladys de Jesús Guarín Castaño, Fabián de Jesús  Monsalve  Sepúlveda,  Yeison  Fabián  y  Alejandra  Marcela  Monsalve Guarín;  xxxviii)  Julián  David  Guerra Acevedo, María Gladys, Margarita María y Dora  Cecilia  Guerra  Patiño;  xxxix) María Evelia Taborda Taborda, Edinson Javier,  Maryluz,  Diana  Patricia  y Wilmar Hernández Taborda; xl) Dora Patricia Osorio  Martínez,  Carolina,  Marcela y Cristian Camilo Mesa Osorio; xli) Gladys Amparo  Pulido  Guarín,  Yenyfer  Yurani,  Brayam Alexis, Juan Esteban y Sintia Micheli  Pulido  Guarín y Andrés Felipe y Jorge Wilson Castrillón Pulido; xlii) Édgar  de  Jesús,  Juan  David,  José  Orlando, Darío de Jesús, Flor María y Esaú  Mesa  Escobar,  Rosalba  Mesa  de  Ramírez  y  Luz Elena Mesa de Arango; xliii)  Guillermina  Gutiérrez  de  Álvarez,  Luis Alonso, Gladys del Socorro, Alberto  León  y Nora Elena Álvarez Gutiérrez; xliv) Alba Lucia Soto Marulanda y Sonia  Vanessa  López  Soto;  xlv)  Celsa  Rosa  Montoya  Montoya,  Carlos  Mario, Luz  Adriana,Lina  Marcela  y  Juan  Esteban  Caro  Montoya;  xlvi)  Elidia de Jesús  Cardona  de  Caro,  José  Norbey,  Robilson de Jesús, Paula Andrea, Anderson y  Andrey  Caro  Cardona;  xlvii) Ana Teresa Espinosa Echavarría, Francy Catalina,  Nicolás  de  Jesús,  Dionisio  Arley,  Doris  Omaira,  Sandra  Yamile Espinosa  Espinosa  y  María  Cecilia  Velásquez  de  Espinosa,  Germán  Alirio, María  Eugenia,  José Antonio, María Elena, Blanca Rosa, Manuel Salvador, Libia Rosa,  Joaquín  Guillermo,  Román  de  Jesús,  Luis  Enrique, Cándida Rosa Espinosa  Velásquez  y María LuzMila Villa; xlviii) Rubiela García Montes, Kelly Johana  y  Yobani  Espinosa  García,  María  Cecilia  Velásquez  de Espinosa, Germán  Alirio,  María  Eugenia,  José  Antonio,  María  Elena,  Blanca  Rosa, Manuel  Salvador,  Libia  Rosa,  Joaquín  Guillermo,  Román  de  Jesús, Luis Enrique,  Cándida  Rosa  Espinosa Velásquez y María Luz Mila Villa; xlix) Yudis Maeline  Orrego  Jaramillo,  Yulieth  Melisa  Espinosa  Orrego,  Manuel Salvador Espinosa  Velásquez  y  María  LuzMila  Villa,  María  Cecilia  Velásquez de Espinosa,  Germán  Alirio,  María  Eugenia,  José  Antonio,  María  Elena, Blanca Rosa,  Manuel  Salvador,  Libia  Rosa,  Joaquín  Guillermo,  Román  de  Jesús,  Luis  Enrique,  Cándida  Rosa  Espinosa  Velásquez  y  María Luz Mila Villa; l) Luz  Adíela  Gutiérrez  Restrepo,  Ledy  Lorena y Leidy Diana Rodas Gutiérrez; li)  Elber  Alexander  Rodas Rojas, Claudia del Socorro Gutiérrez Restrepo, Asbleydy  Andrea  y  Claudia  Milena Rodas Gutiérrez; lii) Claudia del Socorro Gutiérrez  Restrepo,  Asbleydy  Andrea  y  Claudia  Milena  Rodas  Gutiérrez; liii) Jesús  María  Villa Gutiérrez, Sandra Milena y Jhon Fredy Villa Mesa; liv) Girlesa de  Jesús  Arroyave  Zapata, María Eugenia, Andrés Felipe, Walter, Sandra Beatriz  y  Jorge Armando Cardona Arroyave; lv) Ángela María Gañan García; lvi) Laura  Rosa  Chavarriaga de Echavarría, Ruperto de Jesús, Olga María, Beatriz Elena,  Hugo  Alberto  y  Jhon  Jairo  Echavarría Chavarriaga; lvii) Luz Fanny Arroyave  Zapata,  Jaqueline  y Maribel Echavarría Arroyave; lviii) Luz Berenice Arroyave  Cardona,  Sebastián Camilo y Alirio Antonio Villa Arroyave; lix) Hernán Stivel  Álvarez   Agudelo,   Carolinek   Agudelo   Mejía   y   María   Noelia  Mejía  Colorado.   

20.  Condénase  a  los  postulados  Juan  Fernando  Chica  Atehortúa,  Edilberto  de  Jesús  Cañas Chavarriaga, Néstor  Eduardo  Cardona  Cardona, Edgar Alexander Erazo Guzmán, Mauro Alexander Mejía  Ocampo,  Juan Mauricio Ospina Bolivar y Wanderley Viasus Torres y solidariamente  a  los demás miembros del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de  Colombia  y/o a falta o en defecto de éstos, y ante su incapacidad de pago o la  insuficiencia  de  sus  recursos,  a  la  Unidad Administrativa Especial para la  Atención  y Reparación Integral a las Víctimas y al Fondo de Reparación para  las  Víctimas  de  la  Violencia,  a  pagar a las víctimas reconocidas en esta  sentencia  las indemnizaciones que fueron liquidadas en la parte motiva y en los  términos y cuantías discriminados en ella.   

21. La Unidad Administrativa Especial para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas  y el Representante u  ordenador  del  gasto  del  Fondo  para  la  Reparación  de  las Victimas de la  Violencia  pagarán  dicha indemnización en las condiciones, términos y plazos  fijados  en  la  parte  motiva  de  esta  sentencia  y  presentará el plan y la  programación  de  la  forma  cómo  le  dará  cumplimiento,  en  los términos  dispuestos en ella.   

22.  Ordenar  las  siguientes  medidas  de  Restitución:   

a) Exhórtase a las Alcaldías de Medellín  e  Itaguí, en coordinación con la Gobernación de Antioquia, la Unidad para la  Atención  y  Reparación  Integral a las Víctimas y el Ministerio de Vivienda,  Ciudad  y Territorio, para que promuevan y/o fortalezcan los programas de acceso  a  vivienda  propia  para  los  hogares  de  las  familias  de las víctimas del  conflicto  armado  que  aún  no  cuentan con ella o mejoramiento de la vivienda  para  quienes  ya  la  tienen,  o los subsidios de vivienda, especialmente a las  familias  desplazadas,  los  adultos  mayores y las madres cabeza de hogar y, en  particular,  incluyan  en  dichos  programas  a  las madres cabezas de familia y  personas  adultas  mayores  de  edad  relacionados  en  la  parte motiva de esta  decisión.   

b) Exhórtase a las Alcaldías de Medellín  e  Itaguí  para  que implementen todas las medidas necesarias para condonar las  deudas  por  concepto de Impuesto Predial de las víctimas del conflicto armado,  a  las  madres  cabeza  de  hogar,  y  especialmente  en el caso de Luz Berenice  Arroyave  Cardona,  compañera  de Alirio Antonio Villa Muñoz, en los términos  señalados en la parte motiva de esta sentencia.   

c)  Exhórtase  a la Unidad Administrativa  Especial  de  Atención  y Reparación Integral a las Víctimas y a las Unidades  Municipales  de  Atención  a  las  Víctimas  de  Medellín e Itaguí, para que  implementen  todas  las  medidas de asesoría y acompañamiento para procurar el  alivio  de  los pasivos o deudas que las familias sujeto de este pronunciamiento  han  adquirido  hasta la actualidad por concepto de créditos bancarios y que no  han  podido  cumplir  por  las mismas razones de vulnerabilidad, especialmente a  las  madres  que  tienen  la  calidad  de cabezas de hogar y en particular a las  víctimas  relacionadas  en  el  Capítulo  VIII,  Las  medidas  de  reparación  integral,  numeral 7.2.2. Medidas de Restritución, párrafo 835, literal c), de  esta decisión y en los términos señalados en ella.   

d)  Exhórtase  a la Unidad Administrativa  Especial  para  la Atención y Reparación Integral a las Víctimas para que, en  coordinación  con  la  Gobernación de Antioquia, los municipios de Medellín e  Itaguí,  el SENA y las demás instituciones de educación técnica y/o superior  de  carácter público o del Sistema de Atención y Reparación a las Víctimas,  en  el marco de sus competencias, promuevan y/o garanticen el acceso a los cupos  que  brindan  dichas  instituciones  de  los miembros de las familias, mujeres y  hombres,  sujetos  de  reparación  en este pronunciamiento, que no hayan podido  acceder  a  educación  técnica  y/o superior y a la Gobernación de Antioquia,  sus  universidades  e  instituciones de educación técnica o superior y el SENA  para  que  implementen  medidas de acceso a sus programas para las víctimas del  conflicto  armado, en especial a las madres cabeza de hogar e hijos de víctimas  de  homicidio,  desaparición  y  desplazamiento  forzados, y en especial, a las  víctimas  relacionadas  en  el  Capítulo  VIII,  Las  medidas  de  reparación  integral,  numeral 7.2.2. Medidas de Restritución, párrafo 835, literal d), de  esta decisión y en los términos señalados en ella.   

e)   Exhórtase  a  la  Gobernación  de  Antioquia,  en  coordinación  con  las  Alcaldías de Medellín e Itaguí y los  demás  municipios  en  los  que  residen  las víctimas que son sujetos de este  pronunciamiento,  para que implementen las medidas necesarias para garantizar la  permanencia  en  el  sistema educativo de los estudiantes beneficiarios de dicha  medida,  incluidos  subsidios para el transporte y la alimentación una vez sean  asignados los cupos.   

f)   Exhórtase   a   las  universidades  públicas,  y  solicítese  a  las  privadas del Departamento de Antioquia, para  que,  de  conformidad con el artículo 51 de la Ley 1448 de 2.011 y, en el marco  de  su  autonomía, asignen cupos especiales para víctimas del conflicto armado  que  hayan  sido  reconocidas como tales en el marco del proceso de reparación,  de acuerdo a lo establecido en la parte motiva de esta decisión.   

g)  Exhórtase  a la Unidad Administrativa  Especial  de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, a la Gobernación  de  Antioquia y a los municipios de Medellín e Itagüí, para que fortalezcan y  amplíen  los  proyectos  productivos,  los  programas  y  procesos  de  apoyo y  acompañamiento  al  emprendimiento  para  la  generación  de  ingresos  y  los  programas   de   acceso  y  capacitación  para  el  empleo,  en  los  términos  establecidos en la parte motiva de esta decisión.   

23.  Ordenar  las  siguientes  medidas  de  Rehabilitación:   

a)  Exhórtase  a la Unidad Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas y los  municipios  de  Medellín  e  Itaguí,  a  brindar  la  atención psicológica y  psiquiátrica  prioritaria  y  permanente,  a  las  víctimas relacionadas en el  Capítulo  VIII,  Las  medidas  de reparación integral, numeral 7.3. Medidas de  Rehabilitación,  párrafo  839  de  esta  sentencia  y  en  los términos allí  señalados.   

b)  Exhórtase al Ministerio de Salud, las  Secretarías   de  Salud  de  los  municipios  de  Medellín  e  Itagüí  y  la  Secretaría  de  Salud Departamental para que garanticen el derecho a la salud a  todas  las  víctimas  de  las  que  se  ocupa el presente pronunciamiento y, en  especial,  a  brindar  los  procedimientos  que requieran y la atención médica  especial  y  prioritaria  a las víctimas relacionadas en el Capítulo VIII, Las  medidas  de  reparación  integral,  numeral  7.3.  Medidas  de Rehabilitación,  párrafo 840 de esta sentencia y en los términos allí señalados.   

c) Exhórtase a las unidades de atención a  las  víctimas  y  a la Defensoría del Pueblo, a brindarle el acompañamiento y  asesoría  jurídica  a  las  víctimas  relacionadas  en el Capítulo VIII, Las  medidas  de  reparación  integral,  numeral  7.3.  Medidas  de Rehabilitación,  párrafo 841 de esta sentencia y en los términos allí señalados.   

d)  Exhórtarse a la Unidad Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a las Víctimas y a las  unidades  y  centros  de atención a las víctimas de Medellín y de Itagüí, y  como  medida  de  reparación  colectiva,  a  crear,  implementar  y promover un  programa  comunitario  de  atención  psicosocial para que las víctimas superen  los  impactos  causados por los actos de violencia del Bloque Cacique Nutibara y  los demás actores del conflicto armado en dichas ciudades.   

24.  Ordenar  las  siguientes  medidas  de  Satisfacción:   

a)   Declárase  que  el  Estado  y  las  Alcaldías  de  Medellín  e  Itaguí son responsables por acción y omisión de  las  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos  y  al Derecho Internacional  Humanitario  cometidos  por  los  miembros  del  Bloque  Cacique Nutibara de las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  y los hechos en los cuales perdieron la vida  las víctimas.   

b) Declárase que esta sentencia constituye  una  reconstrucción lo más fidedigna posible y lo más próxima a la verdad de  los  hechos  cometidos y el contexto en el que se cometieron y en esa medida, es  en  sí  misma  una  forma  de reparación y satisfacción de las víctimas y la  sociedad.   

c)  Declárase  que  todas  las víctimas,  salvo  el caso del sujeto identificado sólo como el Gato, eran personas civiles  que  no  participaban directamente en las hostilidades y, por lo tanto, se trata  de  hechos injustos cometidos como parte de una política dirigida a erigirse en  el  único  poder  y  autoridad  real  en  Medellín  y su área metropolitana y  mantener  y  ejercer  la  hegemonía,  dominio  y  control sobre la población a  través  del terror y distintos métodos ilegales e imponer un orden político y  social  autoritario  y  excluyente,  a  través  de la ejecución sistemática y  arbitraria  de quienes disentían o se oponían a él y de cualquier persona que  no  se  ajustara  a  las  normas  y  las  reglas  morales impuestas por el grupo  armado.   

Declárase que al ser retenido y privado de  su  libertad, el sujeto identificado como El Gato adquirió el status de persona  protegida y su muerte también fue injusta.   

d)  Ordénase  a  la Unidad Administrativa  Especial  de Atención y Reparación Integral a las Víctimas y al Ministerio de  Justicia  que  publiquen  en  un  medio  de  información de amplia circulación  nacional  las  conclusiones  a  las  que  llegó  la Sala en el Capítulo IV, El  contexto  de los crímenes, numeral 6, En busca del tiempo perdido. La política  detrás  de los crímenes, párrafos 167 a 181 y en el Capítulo VII, Los hechos  atribuidos  a  los  postulados, numeral 8. Las graves omisiones de la Fiscalía,  párrafos 341 a 343, de esta sentencia.   

e)   Ordénase   a  la  Gobernación  de  Antioquia,  a la Alcaldía de Medellín y al Concejo Municipal que adopten todas  las  acciones y medidas necesarias para suspender el arrojo de escombros y otros  desechos  en  las  zonas conocidas y delimitadas como la Escombrera y la Arenera  de  esta  ciudad,  en  los  términos  establecidos  en  la parte motiva de esta  decisión.   

f)  Ordénase al Ministro del Interior, al  Fiscal  General  de  la  Nación,  al  Gobernador  de  Antioquia,  al Alcalde de  Medellín  y  las  demás  instituciones  que  hacen parte de la Mesa Técnica e  Interinstitucional   de   Desaparición  Forzada  del  Área  Metropolitana  que  financien  y realicen todos los esfuerzos posibles, suficientes y razonables que  estén  al  alcance  de  la  ciencia,  humanos,  técnicos  y  materiales,  para  encontrar  los  cuerpos de las víctimas que fueron inhumadas ilegalmente en las  zonas  identificadas  y delimitadas como La Escombrera y La Arenera y continúen  y lleven hasta su terminación el Proyecto La Escombrera.   

Sin   perjuicio   de   lo  anterior,  la  Gobernación  de  Antioquia y la Alcaldía de Medellín deberán construir en La  Escombrera  un  memorial  para  rescatar y honrar la memoria de las víctimas de  desaparición  forzada  de  la  comuna 13, que podrá incluir a las víctimas de  desaparición  forzada  de  otras comunas o zonas de Medellín, en los términos  establecidos en la parte motiva de esta sentencia.   

Las  mismas  o  similares medidas deberán  adoptarse,  en  coordinación  con  la  Fiscalía,  para la búsqueda, hallazgo,  identificación  y  entrega  de  los  cuerpos o restos de las personas inhumadas  ilegalmente  en  los  sitios  conocidos como El Morro, El Cebollal, Buenavista y  otros.   

g)  Ordénase a la Fiscalía General de la  Nación,  la  Alcaldía  de Medellín y las demás instituciones que hacen parte  de  la  Mesa  Técnica  e  Interinstitucional de Desaparición Forzada del Área  Metropolitana  y  del  Plan  Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, en  especial,  financiar  y  realizar  todos  los  esfuerzos posibles, suficientes y  razonables,  humanos,  técnicos y materiales, para encontrar los cuerpos de las  víctimas  Alberto  Miguel  Pérez Reyes, Jorge Mario Monsalve Guarín y Julián  Andrés  Vergara Agudelo, en los términos señalados en la parte motiva de esta  sentencia.   

h)   Ordénase   la  realización  de  3  ceremonias  de  reconocimiento de responsabilidades y recordación de los hechos  de  que  fueron  víctimas,  una  en  el  municipio  de  Medellín,  otra  en el  Corregimiento  de  San Antonio de Prado y la otra en el Municipio de Itaguí con  la   presencia   del  Alcalde  de  cada  municipio,  el  Director  Seccional  de  Fiscalías,  los  Comandantes  del  Ejército  y  la  Policía  y  las víctimas  reconocidas en esta decisión.   

En  estas ceremonias tendrá lugar un acto  de  desagravio  por  parte de los postulados según el municipio en el que hayan  actuado  cuando  hacían  parte  del grupo paramilitar y en ellas deberán hacer  público  reconocimiento  de  su  responsabilidad, de su arrepentimiento por los  actos  cometidos,  su  compromiso de no volver a cometerlos y deberán solicitar  perdón  por  el daño causado, en los términos establecidos en la parte motiva  de esta sentencia.   

El  Ministro  de  Justicia,  en nombre del  Estado,  los  Alcaldes de Medellín e Itaguí y el Director y los Comandantes de  Policía,  reconocerán  la responsabilidad de sus instituciones por acción y/o  omisión  en  los  hechos  cometidos  por el Bloque Cacique Nutibara al mando de  Diego  Fernando  Murillo  Bejarano,  solicitarán  perdón  por  esas acciones y  omisiones  y  deberán  comprometerse  a  desplegar todas las acciones y medidas  para  que  esos  hechos no vuelvan a repetirse, en los términos establecidos en  la parte motiva de esta sentencia.   

Las  autoridades mencionadas garantizarán  que  los  canales  Teleantioquia  y  Telemedellín  difundan y transmitan dichas  ceremonias.   

i)  Ordénase  a  la Unidad Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las  Víctimas,  la  Gobernación  de  Antioquia,  su  Secretaría  de Educación para la Cultura, el  Instituto  de  Cultura y Patrimonio de Antioquia y la Alcaldía de Itagüí para  que  conjuntamente  financien,  asesoren  y  acompañen  los proyectos del joven  Julián  David  Guerra Acevedo, en los términos expuestos en la parte motiva de  esta sentencia.   

j)  Ordénase  a  la Unidad Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las  Víctimas,  la  Alcaldía   de  Medellín,  su  Secretaría  para  la  Cultura  Ciudadana  y  su  Consejería  para  la  Convivencia, la Reconciliación y la Vida que realicen un  acto  cultural,  en  el  cual se le rinda homenaje a la memoria del señor José  Abigail  Caro  Bedoya  y  su  banda  “Mis  Primeros Instrumentos”, en el que  participará  el  postulado  Édgar  Alexander  Erazo  Guzmán, en los términos  establecidos en la parte motiva de esta decisión.   

k)  Ordénase  a  la Unidad Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las  Víctimas,  la  Alcaldía  de  Medellín,  sus  Secretarías  de  Educación  y  para la Cultura  Ciudadana  y  el  Colegio San Juan Bautista de la Salle que realicen una jornada  cultural  en  memoria  de  los  jóvenes  Gonzalo Múnera Blandón, Jair Alberto  Calle  y  Nelson  de  Jesús  Arias  David, en la cual participará el postulado  Wander  Ley Viasus Torres, en los términos expuestos en la parte motiva de esta  decisión.   

l) Ordénase a los postulados Juan Fernando  Chica  Aterhotúa,  Néstor  Eduardo Cardona Cardona, Edilberto de Jesús Cañas  Chavarriaga,  Édgar  Alexander  Erazo  Guzmán,  Mauro Alexander Mejía Ocampo,  Juan  Mauricio  Ospina  Bolívar  y  Wander  Ley Viasus Torres, que elaboren una  placa  conmemorativa  con los nombres de las víctimas sujeto de esta sentencia,  que  será  colocada  en  el  memorial  que  se  deberá  construir en el sector  conocido  como La Arenera y La Escombrera de Medellín, o en el Museo Casa de la  Memoria,   en   los   términos   establecidos   en  la  parte  motiva  de  esta  sentencia.   

ll)  Ordénase  a la Unidad Administrativa  Especial  de  Atención  y Reparación Integral a las Víctimas y a las Unidades  Municipales  de  Atención a Víctimas de Itaguí y Medellín, que garanticen el  acompañamiento   respecto  del  protocolo  de  exención  de  servicio  militar  obligatorio  y  expedición  de  la  tarjeta  militar  a los jóvenes que fueron  relacionados  en el Capítulo VIII, Las medidas de reparación integral, numeral  7.4.  Medidas  de Satisfacción, párrafo 845, literal l) de esta sentencia y en  los términos allí señalados.   

25.  Ordenar  las siguientes medidas de No  Repetición:   

a) Ordénase a las Alcaldías de Medellín  e  Itagüí, en coordinación con la Gobernación de Antioquia y los Ministerios  de  Educación y Salud, adoptar las medidas de acompañamiento y fortalecimiento  de  los  derechos  y garantías fundamentales de l@s niñ@s y jóvenes afectados  por  la  acción  de los grupos armados ilegales y por el reclutamiento ilícito  de  tales  grupos  y  los  jóvenes  en  situación de riesgo de reclutamiento o  incorporación   a  las  organizaciones  y  grupos  armados,  en  los  términos  expuestos en la parte motiva de esta decisión.   

b) Ordénase a la Gobernación de Antioquia  y  las  Alcaldías  de  Medellín  e  Itagüí,  en coordinación con la Agencia  Colombiana  para  la  Reinserción,  que  diseñen  e implementen un programa de  experiencias  de  vida,  en  el  cual los postulados del Bloque Cacique Nutibara  sujetos  de  esta  sentencia  puedan  compartir  y dar testimonio de sus actos y  vivencias  y  su recuperación y reconciliación, de acuerdo a lo establecido en  la parte motiva de esta sentencia.   

Los  postulados  se  vincularán  a  esos  programas  como  parte  de  sus  compromisos  con  la  justicia  y su proceso de  reinserción.   

c)  Ratificar las órdenes y exhortaciones  dadas  en  el  numeral 11 literales c), e), f), g), h), i), j), k),l) y m) de la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  esta  Sala del 9 de diciembre de 2.014  contra  el  postulado  Jesús  Ignacio  Roldán  Pérez,  y  especificadas en el  párrafo  726,  en  sus  puntos  iv,  v,  vi,  vii,  viii, ix, x, xi y xii, pero  entendiendo  que  allí  donde  se  menciona  a  la  región  de  Urabá y a los  municipios  de  San Pedro y Valencia debe entenderse referido al departamento de  Antioquia y los municipios de Medellín e Itagüí.   

d) Ratificar las órdenes impartidas en el  numeral  11,  literales  p), r) y s) de la parte resolutiva de dicha sentencia y  especificadas  en  el  párrafo  726,  en  sus  puntos  xv,  xvii  y xviii, pero  entendiendo  que  allí  donde  se  menciona  a  la  región  de  Urabá y a los  municipios  de  San Pedro y Valencia debe entenderse referido al departamento de  Antioquia y los municipios de Medellín e Itagüí.   

26.  Ordénase  oficiar al Juzgado 2 Penal  del  Circuito de Itagüí para que haga efectiva la sentencia del 3 de agosto de  2.009,  por  la  cual  se  condenó  al  postulado  Edilberto  de  Jesús Cañas  Chavarriaga  por el delito de acceso carnal violento de un menor de edad, en los  términos establecidos en la parte motiva de la presente decisión.   

27.  Ordénase  expedir  copias  de: i) el  homidicio  de  Yesid  Sánchez  Gómez  para  que se investigue ese delito en la  jurisdicción  ordinaria  y  se establezca la responsabilidad que pueda tener el  postulado  Néstor  Eduardo Cardona Cardona en ese delito; ii) de las evidencias  y  pruebas  para  que  se investiguen los delitos de secuestro y abuso sexual de  Marcela  Viviana  Abad  Diosa  en  la jurisdicción ordinaria y se establezca la  responsabilidad  que  pueda  tener el postulado Mauro Alexander Mejía Ocampo en  ese delito.   

28.  Ratificar  la orden de expedir copias  para investigar a:   

a)  el Ex-Presidente Álvaro Uribe Vélez,  la  Ex-Fiscal  Viviane  Morales  Hoyos,  el Fiscal Quinto Delegado ante la Corte  Suprema  de  Justicia  Eberto  Rodríguez  Hernández, el Fiscal 28 de la Unidad  Delegada  de  Fiscalía  contra  el Terrorismo de la época (2.009 – 2.011) y el  Fiscal  7  Delegado  ante  la Corte, los Comandantes de las unidades y oficiales  mencionados  en  esta  decisión,  entre  ellos,  a los Generales Carlos Alberto  Ospina,  Iván  Ramírez  Quintero  y Alejandro Navas Ramos, al Teniente Coronel  John    Jairo    Cardona    Chaparro    y    al    Coronel    Germán   Morantes  Hernández.   

ii) el Teniente de la Estación de Policía  de   San   Antonio  de  Prado  por  el  caso  del  joven  Jorge  Mario  Monsalve  Guarín.   

iii)  la Fiscal 6 Delegada de la Unidad de  Justicia  y  Paz,  Oher  Hadith  Hernández  Roa;  al Fiscal 64 Delegado, Javier  Girón  Rodríguez; al Fiscal 90 Delegado, Hernando Antonio Bustamante Triviño;  al  Fiscal 129 Delegado, Hugo Alberto Gómez Lemus; al Fiscal 3 Delegado, Carlos  Alberto  Rico  Correa;  al  Fiscal  113  Delegado,  Milton Javier Rodríguez; al  Fiscal  Primero  Delegado,  Rafael  Antonio Vargas Gallo; al Fiscal 14 Delegado,  Guillermo  Alonso  Uribe  Rueda  y  la  Fiscal  51  Delegada, Ana Lucia Jiménez  Zapata.   

iv) Jacinto Alberto Soto Toro, como uno de  los   máximos  responsables  de  las  Autodefensas  Campesinas  de  Córdoba  y  Urabá.   

29. Ordénase a la Comisión de Acusaciones  que  presente  un informe público de las investigaciones adelantadas a raíz de  las  copias  expedidas  por esta Sala, en los términos establecidos en la parte  motiva de esta decisión.   

Los fiscales a quienes les correspondió el  conocimiento  de  las copias expedidas por esta Sala, en éste y en otros casos,  también  deberán  presentar informes en los términos establecidos en la parte  motiva de esta sentencia».   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

Competencia  

De  conformidad  con  el parágrafo 1º del  artículo  26  de  la Ley 975 de 2005, modificado por el canon 27 de la Ley 1592  de  2012,  y  los  artículos  68  ibídem  y  32-3 de la Ley 906 de 2004, la Corte es competente para desatar  los    recursos    de    apelación    interpuestos    contra    la    sentencia  proferida   el   24   de  septiembre  de  2015  por  la  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Medellín.   

Las impugnaciones  

Los diez recursos de apelación presentados  y  sustentados por las partes e intervinientes abordan diversos tópicos, según  se observa en el siguiente resumen:   

Apelante             

Aspectos  impugnados  

Fiscalía             

1. Solicitó la nulidad  parcial  de  la  sentencia  porque el contexto se construyó con base en pruebas  ordenadas  y  practicadas  fuera  del  rito procesal que no podían valorarse ni  fundamentar la decisión.   

2.  De  igual  forma,  porque  la  tasación  punitiva  incluyó  circunstancias  de  mayor  punibilidad  no  imputadas  en la  acusación.   

3.  Pidió  revocar  la  condena impuesta al  postulado  JUAN FERNANDO CHICA ATEHORTÚA por   el   homicidio  de  Luis  Fernando  Herrera  Saldarriaga  por  afectar la garantía de la  cosa  juzgada  en  tanto  el  Juzgado  22  Penal  del  Circuito de Medellín, en  sentencia  del 7 de noviembre de 2000, lo absolvió de este delito. La solución  correcta,  dice,  demanda  acudir  a  la acción de revisión.     

Ministerio  Público             

1. Pidió declarar la  inexistencia  de la sentencia o subsidiariamente la nulidad por violación de la  legalidad  y  el  debido proceso porque el magistrado ponente, luego de proferir  el  fallo,  en  la adición de voto  complementó la sentencia para otorgar  la  libertad  a  los  postulados por pena cumplida, decisión que no fue avalada  por los restantes magistrados.   

2.  Demandó  anular el fallo por violación  del  principio de congruencia por cuanto el Tribunal usurpó las funciones de la  Fiscalía  y  de  oficio agregó circunstancias de mayor punibilidad que tuvo en  cuenta para fijar la pena.   

3. El Tribunal no tenía competencia para: a)  dictar     sentencia     ordinaria     contra    el    postulado    ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO  si consideraba  que no reunía los requisitos de elegibilidad.   

b) Pronunciarse sobre hechos no cometidos por  los  postulados  como  los  sucedidos  en  la comuna 13 de Medellín. La Sala no  distinguió  entre  los  delitos  cometidos por los postulados y los perpetrados  por el Bloque Cacique Nutibara.      

c) Condenar al Estado como responsable de la  totalidad   de   crímenes   ejecutados   por   el  Cacique  Nutibara,  párrafo  845.   

d) Imponer órdenes a los demás órganos del  poder público con plazos perentorios.   

4.   Solicitó   revocar,   por  falta  de  competencia,  la  orden  de  compulsar copias para investigar a funcionarios que  nada  tuvieron  que  ver  con las conductas delictivas desplegadas por los siete  postulados  y,  además, no hay razón para que reitere las copias que ya había  expedido.   

5.  Pidió  revocar  el  plazo otorgado a la  Unidad  para  la  Reparación  de  Víctimas para cumplir la sentencia porque es  injustificado  en  tanto  las  víctimas  ya han tenido que esperar mucho tiempo  para la satisfacción de sus derechos.   

Apoderados   de  Víctimas             

1.   Alma  Patricia  Rincón  Ramírez,  como  vocera  de  sus  colegas,  tras advertir que la Sala no tuvo en cuenta la prueba  aportada,  cuestionó  la liquidación de perjuicios en los siguientes casos: a)  Jhon  Torres Bueno en tanto  la  pensión  reconocida  no puede equipararse a la indemnización de perjuicios  por  el  delito;  b) respecto de las víctimas Víctor  Hugo      López      Marulanda,     Nelson     David     Arias     y    Alberto    Calle,    pues  aunque  por  regla  general  la  muerte de un menor no genera  lucro  cesante,  en  su  caso sí debió reconocerse por cuanto se probó que se  estaban  preparando  para  un  mejor  futuro  y  su situación debió analizarse  individualmente  acorde  con  sentencia  del  Consejo de Estado de 5 de julio de  2012.  Pidió  modificar la sentencia y reconocer el lucro cesante debido en los  términos   del   peritaje   aportado.          

2.  Luis Fernando  Barrera   Restrepo,  vocero  de  los  apoderados  de  víctimas,  censuró  los  criterios utilizados por el Tribunal para cuantificar  los  perjuicios  morales  porque  los  montos  son muy bajos considerando que se  trata  de  víctimas  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos y, además,  desconoce  los  precedentes  del  Consejo  de  Estado  y  de la Corte Suprema de  Justicia sobre la materia.   

3.    Los    apoderados    Luis  Fernando  Barrera  Restrepo,  Luis  Fernando  Agudelo Gómez,  Ramiro  Alberto  Toro  Jaramillo, Carlos Eduardo Angulo Vivas, Álvaro De Jesús  Londoño      Gutiérrez,      María      Clara     Valderrama     y  Alma  Patricia Rincón Ramírez   presentaron  la  inconformidad  concreta  respecto de  cada  poderdante en cuanto a la liquidación de perjuicios materiales, morales y  del daño a la vida de relación.  

Defensa             

1.  Señaló  que,  contrario  a  lo  expuesto  en  el  fallo,  los  postulados  sí cumplen con los  requisitos  de  elegibilidad  y por ello la sentencia tácitamente legalizó los  cargos.   

2.  Pidió  que  la  pena  ordinaria se tase  reconociendo  las  rebajas por confesión y aceptación de cargos porque la pena  alternativa eventualmente puede revocarse.   

3.  Solicitó  excluir  de  la dosificación  punitiva  las  circunstancias  de mayor punibilidad incluidas de manera oficiosa  por el Tribunal.   

4. Indicó que la sentencia proferida contra  EDGAR    ALEXANDER    ERAZO    GUZMÁN  por  el  homicidio  de Mónica Patricia  Agudelo  García  es  equivocada porque el Juzgado 27  Penal  del  Circuito  de Medellín lo condenó por ese hecho el 18 de octubre de  2011, siendo procedente  acumular esa sentencia.   

5.  Afirmó  que  el  Tribunal  sí  tenía  competencia  para  condenar  a  JUAN  FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA   por   el   homicidio   de  Fernando  Saldarriaga porque el postulado  renunció a la garantía de la cosa juzgada en aras de la verdad.   

6. Cuestionó que a  ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO  no se le concediera la pena  alternativa  porque  al  trámite  no se aportó sentencia ejecutoriada donde se  corrobore que faltó a la verdad o haya continuado delinquiendo.   

7.   Si    no   se  concede  la  pena  alternativa,  la Corte debe definir cuál es la autoridad competente para dictar  la  sentencia  ordinaria.  De  igual  forma,  debe definir si en la sentencia el  Tribunal    puede    ordenar    la   libertad   por   pena   cumplida   de   los  postulados.          

          En   atención   a   que  el  Ministerio  Público  y  la  Fiscalía  solicitaron  declarar la nulidad parcial de la sentencia, la Sala emprenderá el  estudio  de  dichos  planteamientos  de  manera  prioritaria,  pues  en  caso de  prosperar  tornarían  nugatorio  cualquier  pronunciamiento  sobre  los  demás  motivos de la alzada.   

Para  mejor  comprensión se identificarán  los   temas  objeto  de  inconformidad  y  a  continuación  se  plasmarán  las  consideraciones y la decisión de la Sala sobre el particular.   

1.          Nulidades propuestas   

     

1. El  contexto  consignado  en  la sentencia se construyó con base en  pruebas ordenadas y practicadas fuera del rito procesal.     

La Fiscalía cuestionó el contexto incluido  en  la  sentencia  tras  advertir que esta Corporación anuló la determinación  del  Tribunal  del  4  de septiembre de 2013 no solo por la falta de competencia  para  excluir  a  los  postulados sino también porque el magistrado ponente, en  autos  proferidos  fuera  de  audiencia,  decretó  numerosas pruebas de oficio,  invocó  normas  derogadas,  invadió  el  campo de acción de la Fiscalía y se  convirtió en instructor adicional.   

Por lo anterior, pidió decretar la nulidad  del  contexto  por  cuanto  se  construyó  con  base  en material probatorio no  aportado  por la Fiscalía ni debatido en las audiencias, en desmedro del debido  proceso y del derecho de defensa.   

Consideraciones de la Sala:  

La  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal  Superior  de  Medellín  a través del auto del 4 de septiembre de 2013 excluyó  de  forma  oficiosa  a los siete postulados bajo el argumento de que no reunían  los  requisitos  de  elegibilidad de carácter colectivo previstos en la Ley 975  de 2005.   

Esa  determinación  fue  revocada por esta  Corporación  mediante decisión del 23 de julio de 2014, previa impugnación de  la  Fiscalía,  la  defensa  y  los  apoderados  de  víctimas,  porque  con  el  advenimiento  de  la  Ley  1592  del  3  de  diciembre  de  2012, la potestad de  solicitar  la  exclusión  quedó taxativamente atribuida a la Fiscalía General  de  la  Nación  y  su  definición  se asignó a la Sala de Conocimiento de los  Tribunales  de  Justicia  y  Paz.  Por  esta razón dichos magistrados no pueden  expulsar  de  manera  oficiosa  a  los  postulados,  pues siempre deberá mediar  petición  del  ente acusador o del apoderado de víctimas, según lo dispuso la  Corte  Constitucional en sentencia C-694 del 11 de noviembre de 20152.   

En la misma oportunidad esta Corte también  cuestionó  el  proceder del magistrado ponente porque en autos proferidos fuera  de  audiencia,  rubricados  exclusivamente  por él, decretó pruebas de oficio,  invocó  facultades  conferidas  en  la  Ley 600 de 2000 y en el Decreto 2700 de  1991,  normativa  ésta  derogada y sin ninguna vigencia desde el 24 de julio de  2001,  pues  si bien es posible que la magistratura decrete pruebas de oficio en  aras  de  garantizar  la  reconstrucción de la verdad, esa facultad se entiende  orientada   a   complementar   la   información   suministrada,  aclarar  temas  controversiales  o  precisar  aspectos  específicos,  pero no para realizar una  nueva  instrucción  o  adoptar  decisiones oficiosas que no han sido demandadas  por las partes e intervinientes.   

Con todo, la Corte no decretó la nulidad de  la  actuación por esa causa, en relación con la cual sólo llamó la atención  para  que  el  Tribunal  ajustara  su  actuación  a las normas sobre el decreto  probatorio.  Siendo  ello  así,  no  prescindió  de  los medios de convicción  acopiados  de  esa  manera,  limitando  la determinación a anular la exclusión  oficiosa  de  los  postulados.  En  ese orden, la irregularidad denunciada no se  configura  porque ninguna prueba fue marginada del proceso en la decisión del 4  de septiembre de 2013.   

Además, la recurrente no individualizó los  medios  de convicción irregularmente acopiados y valorados ni consideró que el  contexto  consignado  en  la sentencia no tuvo soporte exclusivo en ellos porque  se  elaboró  a partir de las versiones de los postulados, de las víctimas y de  los  máximos  responsables  de  los  grupos organizados al margen de la ley que  operaron en la ciudad de Medellín.   

Tampoco concretó la trascendencia del yerro  ni  demostró  que el contexto incluido en la sentencia se aleja de lo realmente  acontecido,  pues  no  rebatió  la  tesis del Tribunal según la cual el Bloque  Cacique  Nutibara  surgió  a  finales de los años noventa como consecuencia de  una  serie  de fenómenos históricos de orden nacional y local, entre ellos, la  creación  de  Coosercom  y  las  Convivir,  la promoción por diversos sectores  públicos  y  privados  de  grupos  armados  al margen de la ley, la presencia y  arraigo  del  narcotráfico, la existencia de bandas y combos en la ciudad y las  relaciones     entre     paramilitarismo,     narcotráfico     y    estructuras  delincuenciales.    

De esta manera, no demostró que los sucesos  y  fenómenos  económicos, políticos y sociales descritos en la sentencia para  explicar  el  nacimiento y desarrollo del Bloque Cacique Nutibara se alejaran de  la  realidad  establecida  procesalmente,  de forma que su reparo quedó como un  discurso genérico e indemostrado.     

Por demás, el marco de referencia plasmado  en  la  sentencia  sobre  el  origen de los grupos de autodefensas, en términos  generales,  coincide  con  el establecido en diversas sentencias confirmadas por  esta  Corporación.  Así  mismo, el contexto del Bloque Cacique Nutibara, salvo  el  acápite  6  (párrafos  167  a  181)  que  será  objeto  de  examen  separado,  se  observa  razonado y  sustentado  en  su  gran  mayoría  en las versiones de los postulados en este y  otros  trámites, conocidas por el Tribunal porque en procesos separados juzga a  los  máximos  responsables  de  las  estructuras  delictivas  que  operaron  en  Medellín.   

Recuérdese  que el contexto constituye una  herramienta  orientada  a  establecer  la  verdad  de  lo  acontecido  que busca  determinar  la  génesis  de  los  delitos  cometidos  en el marco del conflicto  interno,  sus  autores,  sus motivos, las prácticas utilizadas, los métodos de  financiación,  las  colaboraciones  recibidas,  a  fin  de  que  salga a la luz  pública  ese  acontecer soterrado que debe exponerse a la comunidad para que se  implementen  los  correctivos  necesarios  en  orden  a  impedir su reiteración  (CSJ             SP16258-2015).   

En  consecuencia, para la construcción del  marco  de  referencia  de  la  estructura  al  margen  de  la  ley  —no   para   imputar   cargos   a  los  postulados—   resulta  atinado  acudir  a lo establecido en otras sentencias que han cobrado ejecutoria  para  precisar  el  proceder criminal del grupo ilegal y la forma como se gestó  el  conflicto  en  esa  zona  específica  de la geografía nacional o, incluso,  consultar  las  versiones  rendidas  por  los  máximos  responsables  sobre los  patrones   macro   criminales  desplegados  por  el  grupo,  porque  fueron  los  encargados de implementarlos e imponerlos a sus tropas.   

Con  mayor  razón cuando los postulados de  este  proceso,  en  su  gran mayoría, fueron patrulleros encargados de ejecutar  las  órdenes  y directrices de los jefes de las bandas y del Bloque, situación  que  imponía  acudir  a  las  versiones  de  los comandantes de las estructuras  delictivas  para  comprender las causas, los motivos y la forma de ejecución de  los  crímenes  del  Bloque  Cacique  Nutibara. En consecuencia, tampoco resulta  irregular  que  la  sentencia haya consultado, citado y cimentado el contexto en  versiones de postulados investigados en otras actuaciones.   

          Por   consiguiente,  no  se  decreta  la  nulidad  solicitada.    

     

1. La sentencia es inexistente.     

El  representante  del  Ministerio Público  solicitó  declarar  la  inexistencia  del  fallo o, en subsidio, su nulidad por  infringir  los  principios  de  legalidad  y debido proceso tras advertir que el  magistrado   ponente  complementó  la  sentencia  sin  el  aval  de  los  otros  magistrados    y    otorgó    la   libertad   a   los   postulados   por   pena  cumplida.   

Consideraciones   de   la   Sala:    

          Es  cierto  que  el  doctor  Rubén Darío  Pinilla  Cogollo,  magistrado  ponente de la sentencia  impugnada,     suscribió    una    «adición    de  voto»  en  la  que  expresó  su inconformidad con el  hecho  de  que  sus  compañeros  de  Sala no hubiesen acogido su pretensión de  conceder  de  oficio la libertad por pena cumplida a los postulados EDGAR   ALEXANDER   ERAZO   GUZMÁN,   EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS  CHAVARRIAGA  y JUAN MAURICIO  OSPINA  BOLÍVAR,  a quienes  no  se  había  sustituido  la  medida  de  aseguramiento,  porque  «no  es  razonable  y  no  se  ajusta  a la Constitución, ni a los  pactos   e   instrumentos   internacionales   de   Derechos   Humanos   mantener  indefinidamente  la  privación  de la libertad de quien, al momento de proferir  la sentencia, ya cumplió la pena impuesta».   

          Sin  embargo,  no  corresponde  a  la  realidad  que  el funcionario  hubiese  modificado la sentencia sin autorización de sus compañeros de Sala y,  menos  aún,  otorgado la libertad a los postulados que aún estaban privados de  la  libertad,  pues  esa  orden no está incluida en la  «adición  de  voto».  Por tanto, carece de sustento  fáctico  el  cuestionamiento  del  Ministerio  Público  y  por  ello  la Corte  denegará  su pretensión principal y subsidiaria de declarar inexistente o nula  la  decisión  recurrida  por  la suscripción y contenido del escrito rubricado  por el ponente.    

          El  impugnante  omitió  considerar  que  la  práctica  judicial de  Colombia   permite  a  los  integrantes  de  los  cuerpos  colegiados  presentar  aclaración  y/o  salvamento  de  voto,  siendo  la  primera la expresión de la  posición  particular  de  quienes  acompañan  con  su voto la totalidad de las  decisiones  adoptadas,  pero  discrepan  total  o  parcialmente  de su sustento,  mientras  que  la  segunda,  el  salvamento  de  voto,  «permite  a  los disidentes de la decisión explicar las razones por las cuales  estuvieron  en  desacuerdo  con  aquélla,  según  hubiere  quedado planteado a  partir  de  su  voto  negativo.  Cabe  agregar  que  resulta posible expresar un  salvamento  parcial,  en  aquellos casos en los que exista disenso solo frente a  una  parte  de  lo  decidido,  o  simplemente  salvamento  (que en tal medida se  asumiría  como  total)  cuando  quiera  que  no  se  comparta  ninguna  de  las  decisiones   incorporadas   en   la   providencia   así  aprobada» (C.C. T-345-2014).   

          En  este  caso,  el  ponente  optó  por denominar como «adición  de  voto» su desacuerdo con la  negativa  de sus compañeros de Sala de abordar oficiosamente en la sentencia el  tema  de  la  libertad por pena cumplida. Sin embargo, esa opinión personal del  magistrado  no  alteró  la sentencia ni tuvo las repercusiones que el censor le  atribuye   y,  por  ello,  no  hay  lugar  a  decretar  la  nulidad  solicitada.   

          Ante  la inquietud de la defensa sobre la posibilidad de conceder la  libertad  a  prueba  en  la  sentencia,  la Sala reitera el criterio esbozado en  anterior  oportunidad  (CSJ SP17444-2015),  acorde con el cual ese derecho no se adquiere automáticamente por  el  simple paso del tiempo, como ocurre en el proceso penal ordinario, porque el  trámite  transicional  involucra el cumplimiento de otras obligaciones, como la  contribución  a  la  reparación  integral  de  las  víctimas  ordenada  y  la  satisfacción de las cargas impuestas en la sentencia.   

En  ese  orden, la competencia para decidir  ese  aspecto  corresponde  a los jueces encargados de la vigilancia y ejecución  de  la  sentencia,  puesto  que  no puede hablarse de la libertad a prueba hasta  tanto  no  cobre  ejecutoria  el  fallo  que  impone  la  pena alternativa y las  obligaciones  inherentes  al  proceso  transicional  cuya verificación da lugar  justamente al mentado beneficio.   

     

1. Falta  de  competencia  para  dictar  sentencia  ordinaria frente al  postulado   al   que   no  le  concedió  la  pena  alternativa.  Requisitos  de  elegibilidad.        

El  representante  del  Ministerio Público  cuestionó   la  condena  de  40  años  de  prisión  impuesta  a  MAURO  ALEXANDER MEJÍA OCAMPO porque en su  opinión  la  jurisdicción de Justicia y Paz perdió competencia para continuar  con  el  proceso  cuando  determinó  que el postulado no reunía los requisitos  para  acceder  a  la  pena  alternativa, momento en el cual debió excluirlo del  trámite  transicional  y  remitir  la  actuación  a  la  justicia  permanente.   

Por  estar íntimamente relacionados con el  tema  anterior,  en  este mismo acápite la Sala resolverá los cuestionamientos  del  defensor  en  torno  a  los  requisitos  de  elegibilidad colectivos y a la  negativa  de  reconocer  la  pena  alternativa a MEJÍA  OCAMPO.   

Consideraciones de la Sala:  

     

i. Los requisitos de elegibilidad.     

Aunque  la  defensa  no  pidió  revocar,  modificar  o  adicionar la sentencia, sí planteó un tema sobre el que la Corte  debe  pronunciarse,  dada  la contradictoria postura esbozada por el Tribunal en  torno  a  los  requisitos  de  elegibilidad.  En  efecto,  en  el  fallo se lee:   

Ahora bien, si la terminación del proceso y  la  exclusión  de  los  postulados  de la lista sólo procede a petición de la  Fiscalía,  en  los  términos  del  artículo  11A  de  la  Ley  975  de 2.005,  introducido  por  el  artículo 5 de la Ley 1592 de 2.012 y la jurisprudencia de  la  Corte,  parece  improcedente  examinar  el cumplimiento de los requisitos de  elegibilidad  si de todos modos la Sala no puede excluirlos de oficio en caso de  que  no  los  cumplan.  Dicho  de  otro  modo:  así  este  Tribunal llegue a la  conclusión  de  que  no  los cumplen, no puede terminar el proceso y ordenar su  exclusión  de  la  lista  respectiva, que es la consecuencia prevista en la ley  cuando  no  se  cumplen los requisitos de elegibilidad (artículo 11 A numeral 2  de  la  ley  citada).  Por  tanto,  la  Sala  se  limitaría  a  hacer  una mera  constatación  y  declaración  sin  consecuencia  alguna,  cumplan  o  no tales  requisitos,  o  se  vería  forzada  a  concluir que sí los cumplen, lo cual es  superfluo, a más de inútil.   

En  efecto,  en  este  caso  específico la  mayoría  de la Sala no encuentra razones suficientes para modificar su criterio  sobre  el  incumplimiento  de  los requisitos de elegibilidad, pues la prueba en  que  se  fundó su juicio no ha cambiado y tampoco se le han ofrecido argumentos  convincentes  y  válidos para hacerlo, más allá de los aducidos por el Fiscal  en  la  apelación y que son insuficientes frente al extenso análisis realizado  por  la  Sala.  Aún  así no puede excluir a los postulados y tampoco encuentra  procedente  devolverle la actuación a la Fiscal para que examine el punto, pues  de  acuerdo  con  las  razones  que se expusieron más arriba, ésta   ya  tiene  una  posición  definida  al  respecto.   

De  allí  que  la Sala no se detenga en el  examen  de  los  requisitos  de  elegibilidad  y  se  limite  simplemente  a  la  evaluación  de  los requisitos para gozar de la pena alternativa, de los cuales  se ocupará más adelante.   

Inicialmente  el  Tribunal  adujo  que  no  revisaba  los  requisitos de elegibilidad, dada la inutilidad de hacerlo ante la  imposibilidad  de excluir oficiosamente a los postulados que no los reúnan. Sin  embargo, posteriormente señaló:   

920. Eso significa que el incumplimiento de  dichos  requisitos  es  una  condición  suficiente  para  terminar el proceso y  excluir  a los postulados de sus beneficios, pero también para negarles la pena  alternativa.  Sólo  que  la  Sala  no  puede excluirlos en el primer caso, así  compruebe   que   no   cumplen   con  ellos  y  en  cambio  sí  puede  negarles  autónomamente  la  pena  alternativa en el segundo caso, si verifica que están  ausentes   tales   condiciones,   porque   es   una   competencia   o   facultad  suya.   

En  otras palabras, a un mismo supuesto -el  incumplimiento  de  los  requisitos  de  elegibilidad-, la ley le da dos efectos  distintos  y  le  prohíbe a la Sala aplicar uno, pero le permite hacer efectivo  el  otro.  Eso  quiere  decir  que  un  mismo  supuesto  recibe dos tratamientos  diversos.  Si una misma condición tiene o admite dos tratos distintos es porque  alguna  diferencia debe haber entre ambas situaciones o casos. No parece lógico  que  la Sala no pueda excluir a los postulados del proceso de justicia y paz por  incumplir  los  requisitos  de  elegibilidad,  pero  si  pueda  negarles la pena  alternativa  por  el  mismo  motivo.  Dicho  de  otro  modo,  no  es lógico, ni  razonable,  que  la Sala pueda negarles la pena alternativa por incumplir dichos  requisitos,  si  no puede excluirlos por esa misma razón. Si no se advierte una  razón    lógica,   alguna   diferencia   debe   haber   entre   una   y   otra  situación.   

La  diferencia, a juicio de la Sala, es que  mientras  para  efectos  de  la  terminación del proceso y la exclusión de los  beneficios  de  la  ley  de  justicia y paz los requisitos de elegibilidad deben  juzgarse  colectiva y/o individualmente, según sea el tipo de desmovilización,  para  efectos de evaluar el otorgamiento de la pena alternativa sólo es posible  hacer   un  juicio  de  carácter  personal  sobre  el  cumplimiento  de  dichos  requisitos  por  parte del postulado, precisamente porque la pena ordinaria y la  pena   alternativa   como  sustituto  de  aquella  son  de  índole  personal  e  individual. Con ese criterio, obrará la Sala.   

Los  requisitos  de elegibilidad colectivos  están definidos en artículo 11 de la Ley 975 de 2005:   

10.1  Que el grupo armado organizado de que  se  trata  se  haya desmovilizado y desmantelado en cumplimiento del acuerdo con  el Gobierno Nacional.   

10.2 Que se entreguen los bienes producto de  la actividad ilegal.   

10.3  Que el grupo ponga a disposición del  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar  la  totalidad de menores de edad  reclutados.   

10.4 Que el grupo cese toda interferencia al  libre  ejercicio  de  los derechos políticos y libertades públicas y cualquier  otra actividad ilícita.   

10.5 Que el grupo no se haya organizado para  el tráfico de estupefacientes o el enriquecimiento ilícito.   

10.6   Que  se  liberen  a  las  personas  secuestradas, que se hallen en su poder.    

Las  exigencias  de  elegibilidad  para  la  dejación  de  armas  individual,  según  el  artículo 11, son las siguientes:   

11.1  Que  entregue información o colabore  con el desmantelamiento del grupo al que pertenecía.   

11.2.   Que  haya  suscrito  un  acta  de  compromiso con el Gobierno Nacional.   

11.3. Que se haya desmovilizado y dejado las  armas   en  los  términos  establecidos  por  el  Gobierno  Nacional  para  tal  efecto.   

11.4.    Que    cese   toda   actividad  ilícita.   

11.5. Que entregue los bienes producto de la  actividad ilegal, para que se repare a la víctima.   

La dejación de armas y la incorporación al  proceso  de Justicia y Paz pueden originarse en una decisión colectiva, como la  surgida  de  los  acuerdos del Gobierno Nacional con los grupos paramilitares, o  en  una  individual,  como  la adoptada por integrantes de grupos organizados al  margen  de  la  ley que a lo largo de los años se han ido integrando al proceso  transicional  por  la  postulación  efectuada  por  el Gobierno Nacional en los  eventos  en  que  el  grupo  al  que  pertenecieron  no  pactó  con  el  Estado  (por   ej.   guerrilla),  desapareció  (por  ej,  algunos frentes guerrilleros  del  EPL) o no fue incluido en el listado elaborado por  el  representante  del  grupo  paramilitar, pero se demostró que perteneció al  mismo y contribuyó a su desarticulación.   

Acorde con el artículo 72 de la Ley 975 de  20053,   desmovilizado   individual  es  aquél  «cuyo  acto  de  desmovilización sea certificado por el Comité Operativo para  la  Dejación  de las Armas (CODA)» en contraposición  con  el  desmovilizado  colectivamente  que  según  el  artículo  10 del mismo  estatuto  es  el  que «se encuentre en listado que el  Gobierno  Nacional  remita  a  la  Fiscalía General de la Nación»   y   reúna   las   condiciones   allí   previstas   (CSJ SP5198 de 2014).   

No  sobra  precisar  que  el parágrafo del  citado  artículo  permitió a los miembros del grupo organizado al margen de la  ley,  privados  de  la  libertad  al  momento  de la desmovilización colectiva,  acceder  a  los  beneficios  de Justicia y Paz siempre y cuando el representante  del  grupo  certificara  su  pertenencia  a  la  organización  y  el interesado  manifestara  por  escrito,  bajo  la  gravedad del juramento al Alto comisionado  para  la  Paz,  su  pretensión  de  ingresar  al  proceso  y  cumplir  con  las  obligaciones  previstas  en  la  ley,  hipótesis regulada en el Decreto 4719 de  2008.   

Como  se dijo, el Tribunal coligió que los  requisitos   de   elegibilidad,  colectivos  e  individuales,  deben  examinarse  respecto  de  cualquier procesado cuando se avoca la temática de la exclusión,  mientras  la  concesión  de la pena alternativa sólo demanda el estudio de los  presupuestos de carácter individual.   

Esa  postura es equivocada porque cuando el  trámite  se  adelanta  hasta  su  fase  final  sin que la Fiscalía solicite la  expulsión  del  postulado,  el  Tribunal  tiene  la obligación de constatar el  cumplimiento  de  todas  las  exigencias  legales,  incluidos  los requisitos de  elegibilidad  colectivos  e  individuales,  a  efectos de determinar si quien se  desmovilizó  de  manera  colectiva se hace merecedor de la pena alternativa tal  como  se  desprende  del  contenido  del  artículo  29  de  la Ley 975 de 2005.   

Para  acceder a dicho beneficio punitivo no  basta  con  el desmantelamiento del grupo, la entrega de bienes y de los menores  de  edad  reclutados,  la  liberación  de  los  secuestrados  o  el  cese de su  interferencia  en el ejercicio de los derechos políticos, pues también se debe  corroborar  el  compromiso  individual del postulado con el proceso transicional  constatando  que cesó toda actividad delictiva, suministró versiones completas  y  veraces  y  entregó bienes para la reparación de las víctimas, entre otras  obligaciones   adquiridas   al   vincularse   al   trámite  transicional.    

En  tal  sentido,  los  aquí  postulados  manifestaron  por  escrito  al  Alto  Comisionado para la Paz y/o a la Fiscalía  General  de  la Nación su voluntad de acogerse al procedimiento y beneficios de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  y  bajo  la gravedad del juramento ratificaron el  «compromiso  de  cumplir con los requisitos previstos  en      los     artículos     10     y     11»4  de  la Ley 975 de 2005.    

En consecuencia, la afirmación del Tribunal  según  la  cual  sólo  se  deben  revisar  los  requisitos  de elegibilidad de  carácter  individual  para  conceder  la  pena alternativa es equivocada porque  desconoce  la  naturaleza de la desmovilización concretada por los postulados y  omite  el  mandato del artículo 29 del estatuto transicional que impone revisar  todas las exigencias allí establecidas.   

No  resulta admisible entonces que el grupo  cumpla   con   los   requisitos   de   elegibilidad,   pero  el  postulado   desmovilizado  en  forma  colectiva  continúe  delinquiendo, se niegue a rendir  versiones  fidedignas o no entregue bienes para la reparación de las víctimas,  si  los  tuviere.  Si  procede de esa manera, debe ser excluido del trámite con  independencia  del  tipo  de desmovilización concretada, tal como lo señala el  artículo 11 A de la Ley 975 de 2005.   

Pues  bien,  aunque  el Tribunal consideró  innecesario  examinar los requisitos de elegibilidad colectivos para conceder la  pena  alternativa, en la práctica sí los estudió y llegó a la conclusión de  que  no se reunían, situación que le imponía abstenerse de dictar sentencia y  ordenar  la  devolución  del  expediente a la Fiscalía. Sin embargo, de manera  equívoca,  contradictoria  e  ilógica,  dictó  el  fallo  y concedió la pena  alternativa en contravía de sus propias conclusiones.   

A  pesar de esa ambivalente argumentación,  no  es  procedente  decretar  la  nulidad de la actuación porque la falencia se  supera  examinando las razones suministradas para señalar la ausencia de dichos  requisitos,  que  fueron consignadas en la decisión del 4 de septiembre de 2013  y ratificadas en la sentencia apelada.   

La  Corte  encuentra que los postulados sí  reúnen  las  citadas  exigencias  porque  el  Bloque  Cacique Nutibara el 23 de  noviembre  de  2003 desmovilizó a 870 integrantes, según lo certificó el Alto  Comisionado  para  la  Paz  al  enviar  el listado de integrantes del grupo a la  Fiscalía  General  de  la Nación, oportunidad en la que entregó, entre otros,  128    fusiles    y    dejó   a   disposición   del   ICBF   a   los   menores  reclutados.   

Y  aunque  el  Tribunal  adujo  que  no  se  desmovilizaron  todos sus integrantes porque a los pocos días la mayor parte de  ellos  pasaron  a conformar el Bloque Héroes de Granada creado por Diego  Fernando  Murillo  Bejarano, de ser  cierta  esa  circunstancia,  no  es atribuible a CAÑAS  CHAVARRIAGA,  CARDONA  CARDONA,  CHICA ATEHORTÚA, ERAZO GUZMÁN, MEJÍA OCAMPO,  OSPINA   BOLÍVAR  y  VIASUS  TORRES  porque  no  eran  máximos  responsables  sino  patrulleros  encargados  de  ejecutar las órdenes  impartidas  por  los  cabecillas  y  no  tenían el control de la actuación del  grupo      ni      trazaban      sus      políticas      y      líneas      de  acción.          

Igual  razón  cabe  frente  a  la crítica  relacionada  con  que  sólo  entregaron  128  de los más de 600 fusiles que el  Tribunal  presume  debían  tener  porque esa afirmación no se apoya en pruebas  legalmente  aportadas  sino  en  inferencias  que  no  socavan  la  tesis  de la  Fiscalía  según  la  cual  no  todos  los  miembros de la organización usaban  armas.   

Los  cuestionamientos  relativos  a  que el  grupo   no   restituyó   176   inmuebles  de  familias  desplazadas,  continuó  interfiriendo  en  el  libre  ejercicio  de los derechos políticos y libertades  públicas  a  través  de  la Corporación Democracia y no informó la suerte de  los  1663  casos  de  desaparecidos ocurridos en Medellín en vigencia de la Ley  906  de  2004,  que  el  Tribunal presume fueron cometidos por el Bloque Cacique  Nutibara  porque  controlaba  las  comunas, no pueden imputarse a los postulados  por  cuanto  no  tenían  la  posibilidad  de  adoptar  esas  determinaciones en  atención a su rango en la organización.   

Dichos  reparos,  dirigidos  a los máximos  responsables  del  Bloque  Cacique Nutibara, deben debatirse y demostrarse en el  proceso   seguido   contra   Diego  Fernando  Murillo  Bejarano,   alias   «Don  Berna»,  en  su  condición  de jefe de la estructura  delictiva,  y  en  los  trámites adelantados contra sus otros dirigentes.    

Entonces,  como  los postulados juzgados en  esta  actuación  no  fueron  líderes o máximos responsables de esa estructura  delictiva  y  no tenían la posibilidad de disponer de las condiciones en que se  produjo  la  desactivación  del  grupo,  no  es viable derivarles consecuencias  negativas  por  las  desviaciones, inconsistencias o irregularidades mencionadas  por  la  primera  instancia,  la  cuales, además, no fueron objeto de debate en  este proceso.   

Obviamente, a los comandantes de los grupos  armados  al  margen  de  la  ley  sí les son atribuibles las deficiencias en el  proceso  de  desmovilización  colectiva  por  cuanto  eran  los  encargados  de  concretar  de  buena  fe los compromisos pactados con el Gobierno Nacional, pues  como  se  afirmó  en  la  exposición  de  motivos  de  la Ley 975 de 2005, los  líderes   sólo   pueden   acceder   a  los  beneficios  transicionales  cuando  efectivamente  desmantelen  el  grupo  y  cumplan  las exigencias legales porque  «la  suerte  del  jefe  o  líder  del grupo criminal  depende  de que en realidad logre desmantelar o desmovilizar al grupo que ayudó  a    crear»5.   

En   relación   con  los  requisitos  de  elegibilidad  de  carácter  individual  para  acceder al beneficio punitivo, el  Tribunal señaló:   

Ahora  bien,  los  postulados Juan Fernando  Chica  Atehortúa,  Edilberto  de  Jesús  Cañas  Chavarriaga,  Néstor Eduardo  Cardona  Cardona,  Édgar Alexander Erazo Guzmán, Juan Mauricio Ospina Bolívar  y   Wander   Ley   Viasus   Torres,   cumplen  los  requisitos  de  elegibilidad  individuales, pues   

i)  Todos  se  desmovilizaron  el  25  de  noviembre  de  2.003  y  entregaron  las  armas,  conforme  se estableció en el  Capítulo I, “Los antecedentes del caso”, párrafos 1 a 6.   

ii)  Cesaron toda interferencia en el libre  ejercicio  de  los  derechos  políticos y libertades públicas, pues la Sala no  tiene  constancia  o  evidencia de lo contrario, ni conoce que éstos hayan sido  condenados  por  dichas  conductas,  de  tal  manera que se pueda desvirtuar ese  hecho.   

iii)  Su  participación  y actividad en la  organización   no   estaba  destinada  al  tráfico  de  estupefacientes  o  al  enriquecimiento  ilícito  o  el  usufructo  personal  de esa actividad, pues no  existe evidencia alguna al respecto.   

iv)   Han   revelado  la  suerte  de  los  desaparecidos  y  han contribuido en la búsqueda de sus cuerpos o restos, hasta  donde llega su conocimiento.   

v)  Aunque no han entregado bienes, tampoco  hay  evidencia  de  que  los  hayan obtenido ilícitamente, ni hay prueba de que  posean bienes propios que deban aportar para la reparación.   

Siendo ello así, la Corte advierte que los  requisitos  de  elegibilidad  colectivos e individuales, así como las restantes  exigencias  de  orden  legal están presentes, razón por la cual ratificará la  decisión  de  la  primera  instancia  de  conceder  la  pena  alternativa a los  postulados    (a    excepción    de   MAURO  ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO como se  explicará   más   adelante),   con  las  precisiones  realizadas en este capítulo.   

     

i. Imposibilidad  de  emitir  sentencia  ordinaria cuando no se reúnen  los requisitos para acceder a la pena alternativa     

La  Corte  debe  resolver  si  la  Sala  de  Conocimiento  de  Justicia  y  Paz,  al concluir la audiencia concentrada, puede  emitir  sentencia  y  tasar la pena ordinaria aún si encuentra que el postulado  no  reúne  los  requisitos  para  acceder  a  la  pena alternativa o si, por el  contrario,  debe  excluir  al  postulado  y  remitir la actuación a la justicia  permanente   para   que   reactive  los  procesos  suspendidos  y/o  inicie  las  investigaciones a que haya lugar, según sea el caso.   

Lo  anterior  porque  el  Tribunal  emitió  sentencia  ordinaria  contra  MAURO  ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO  y  le negó la pena alternativa, decisión que  el agente del Ministerio Público consideró improcedente.   

Pues  bien,  la determinación del Tribunal  desconoce  que  la  jurisdicción  transicional está instituida para procesar y  juzgar  de  manera exclusiva a los desmovilizados que voluntariamente ingresaron  al  trámite  regulado  por  la  Ley  de  Justicia  y Paz, que cumplen todas las  obligaciones  propias  de  dicho  sistema normativo y permanecen firmes hasta el  final  en  su propósito de enmienda. De igual forma omite considerar que cuando  los  postulados  quebrantan  su promesa de respetar las obligaciones adquiridas,  deben  ser  expulsados  del  trámite  transicional a efectos de que la justicia  ordinaria los investigue y juzgue.   

La condición de delitos cometidos durante y  con   ocasión   del  conflicto  armado  no  es  suficiente  para  habilitar  la  competencia   de   la   jurisdicción  transicional  para  emitir  la  sentencia  ordinaria.  Si  ello fuera así bastaría con el ingreso al trámite de Justicia  y  Paz  para que la Sala de Conocimiento dictara sentencia, con independencia de  que  el  postulado  cumpliera  o  no  con  las exigencias para acceder a la pena  alternativa  y,  además, no existiría el instituto de exclusión consagrado en  el  artículo  11A  de  la  Ley  975  de  2005 porque en cualquier evento sería  imperativo fallar el caso.   

Si  de antemano se sabe que el postulado no  es   acreedor  a  la  pena  alternativa, indulgencia en virtud a la cual se  sometió  a  un  procedimiento  excepcional donde necesariamente será condenado  con  base  en  su  confesión,  resulta  desproporcionado  y  violatorio  de sus  garantías      fundamentales      —juez   natural,   debido  proceso,  derecho  de  defensa  y  de  contradicción— continuar  con  el  proceso  transicional  y  condenarlo a la pena ordinaria privándolo de  desplegar    todas    las   acciones   defensivas   propias   de   la   justicia  permanente.   

En efecto, acorde con el artículo 2º de  la  Ley  975 de 2005, la Ley de Justicia y Paz «regula  lo  concerniente  a  la  investigación,  procesamiento,  sanción  y beneficios  judiciales  de  las personas vinculadas a los grupos organizados al margen de la  ley,  como  autores  o  partícipes de hechos delictivos cometidos durante y con  ocasión  de  la pertenencia a esos grupos, que hubieren decidido desmovilizarse  y   contribuir   decisivamente   a  la  reconciliación  nacional».     

De   esta   manera,   el   procedimiento  transicional  se  ocupa  de investigar, procesar, sancionar y otorgar beneficios  judiciales,  si  a  ello  hubiere  lugar,  a  los desmovilizados que el Gobierno  Nacional  postule,  respecto  de los delitos cometidos durante y con ocasión de  su  pertenencia  al  grupo organizado al margen de la ley, siempre que persistan  en  su  voluntad  de  dejar  el  accionar  delictivo  y  cumplir los compromisos  adquiridos al vincularse al trámite excepcional.   

Surtidas las diversas etapas previstas en la  Ley  de Justicia y Paz — i)  versión  libre  y  confesión  de  delitos,  ii)  formulación de imputación e  imposición   de   medida   de  aseguramiento,  iii)  audiencia  concentrada  de  formulación  y  aceptación  de  cargos  e  incidente  de  reparación integral  —,  la Sala de Justicia y  Paz  del  Tribunal debe fijar la pena que corresponda por los delitos cometidos,  de  acuerdo  con la reglas del Código Penal, como lo señala el artículo 29 de  la Ley 975 de 2005.   

Adicionalmente, en caso de que el condenado  haya  cumplido  las  condiciones  previstas  en la ley,  «impondrá  una  pena alternativa que consiste en privación de la libertad por  un  periodo mínimo de cinco (5) años y no superior a ocho (8) años, tasada de  acuerdo  con  la  gravedad  de  los  delitos  y  su colaboración efectiva en el  esclarecimiento                              de                              los  mismos».             

Entonces, el principal beneficio de ingresar  al   trámite   transicional  y  cumplir  los  requisitos  establecidos  en  esa  normatividad  es la alternatividad penal que al tenor del artículo 3º consiste  en  «suspender la ejecución de la pena determinada en  la  respectiva  sentencia,  reemplazándola  por  una  pena  alternativa  que se  concede  por  la  contribución  del  beneficiario  a  la consecución de la paz  nacional,  la  colaboración  con la justicia, la reparación de las víctimas y  su                    adecuada                    resocialización».             

Dicha  indulgencia  no se adquiere en forma  automática  sino  como producto de la satisfacción de una serie de condiciones  establecidas   en   la  ley  y  en  la  sentencia,  orientadas  a  verificar  la  contribución  a  la  verdad,  la  justicia, la reparación de las víctimas, el  fortalecimiento  de  las  garantías de no repetición y, consecuentemente, a la  consecución  de  la  paz nacional. Los principales presupuestos para obtener el  beneficio punitivo son:   

a) Haberse desmovilizado de un grupo armado  organizado al margen de la ley.   

b)            Ser   autor  o  partícipe  de  hechos  delictivos  cometidos  durante  y  con  ocasión  de  la  pertenencia  a  dichas  estructuras.   

c)           Manifestar  la voluntad ante el Gobierno  de  ser  postulado  para acogerse al procedimiento y beneficios de la ley 975 de  2005  y  declarar  bajo  juramento  el  compromiso  de  cumplir  las  exigencias  previstas en la ley.   

d)             Cumplir   con   los   requisitos   de  elegibilidad de los artículos 10 y 11 de la Ley 975 de 2005.   

e)           Ser  postulado  por  parte  del Gobierno  Nacional.   

f)  Rendir  versión  libre  que permita el  establecimiento  de  la  verdad  a  partir de la confesión plena y veraz de los  hechos  cometidos  durante  y con ocasión de la pertenencia al grupo, con apoyo  en la cual contribuya a reconstruir la verdad de lo acontecido.   

g) No incurrir en nuevas conductas punibles,  realizar  un  proceso  de  resocialización  a  través  de  trabajo,  estudio o  enseñanza  y  contribuir a la desmovilización del grupo armado al margen de la  ley  al  que  perteneció,  tal como lo dispone el artículo 29 de la Ley 975 de  2005.    

Agotadas   las  fases  del  procedimiento  transicional,  el Tribunal debe confrontar los cargos con el material probatorio  acopiado  y  la  normatividad  transicional  a  efectos  de  realizar el control  material  y  formal  de la aceptación total o parcial de cargos y verificar los  requisitos  de  elegibilidad  y  demás exigencias legales para determinar si el  postulado se hace merecedor a la pena alternativa.   

Si  se cumplen dichos presupuestos, la Sala  de  Conocimiento  dicta  la  sentencia correspondiente dentro de la cual debe i)  fijar  las  penas  principales y accesorias, ii) determinar la pena alternativa,  iii)  establecer  las  medidas  de  reparación  integral  de las víctimas y su  cuantía,  iv)  decretar  la extinción de dominio de los bienes destinados a la  reparación,  v)  ordenar  la  acumulación  jurídica  de penas, vi) indicar la  obligación  del  condenado de participar en el proceso de reintegración, entre  otras,   tal   como   lo   dispone   el   artículo   24   de   la  Ley  975  de  2005.         

Si  el  examen  del  material  probatorio  acopiado  le  indica  al  Tribunal que el postulado no satisface a cabalidad las  condiciones  previstas  en  la  Ley  de  Justicia  y  Paz para acceder a la pena  alternativa,  incluidos  los  requisitos  de  elegibilidad, así debe declararlo  mediante   decisión  interlocutoria  en  la  que  exponga  las  razones  de  su  conclusión,  de la consecuente determinación de abstenerse de emitir sentencia  y  de  la  orden  de  remisión  de  la  actuación a la Fiscalía General de la  Nación,  procedimiento  con  el  que  garantiza  a las partes la posibilidad de  interponer  los recursos de ley para rebatir la decisión, si no la comparten, y  ejercer el derecho de contradicción.       

Lo anterior por cuanto la competencia de la  justicia  transicional  se circunscribe a procesar y juzgar a los postulados por  el  Gobierno  Nacional  que  mantengan  hasta el final su compromiso de dejar de  delinquir  y de contribuir a la reconciliación nacional garantizando la verdad,  la justicia y la reparación a las víctimas.     

Además,  porque la Sala de Conocimiento de  Justicia  y  Paz  tiene  la  obligación  de  verificar  el  cumplimiento de los  presupuestos  de  orden  legal antes de otorgar el beneficio punitivo, labor que  no  puede  limitarse a ratificar sin crítica la solicitud de la Fiscalía, como  si se tratara de un simple avalista.   

Si de manera razonada y fundada el Tribunal  colige  que  un  postulado  deshonró  su palabra, puede y debe  ordenar su  expulsión  porque  quien  por  acción  u  omisión  exterioriza su voluntad de  sustraerse  a  las  obligaciones  propias de la justicia transicional, evidencia  menosprecio  y  deslealtad hacia sus fines y hacia los derechos de las víctimas  y,   por   tanto,   no   puede   acceder   a   los  beneficios  establecidos  en  ella.   

Entonces,  de manera excepcional, cuando la  Fiscalía  solicita  conceder  al  postulado  el  beneficio  punitivo,  pero  el  Tribunal  encuentra  que  no  están dados los requisitos para reconocerlo, debe  abstenerse  de  dictar  sentencia y ordenar el retiro del postulado del trámite  transicional.   

Esta expulsión difiere de la establecida en  el  artículo  11A  de  la  Ley 975 de 2005 porque se produce, i) de oficio, ii)  culminada   la  audiencia  concentrada,  al  evaluar  los  cargos,  el  material  probatorio   y  las  peticiones  de  las  partes  e  intervinientes,  iii)  como  consecuencia  del  incumplimiento  comprobado  de  algún  requisito  legal para  acceder    a    la    pena    alternativa,   incluidos,   obviamente,   los   de  elegibilidad.   

En cambio a la exclusión del artículo 11A  puede  llegarse  i)  por  petición  de  la  Fiscalía  o  del  apoderado de las  víctimas  ii)  presentada en cualquier etapa del proceso, iii) por las causales  enlistadas   en  la  norma  y  por  las  «demás  que  determine  la  autoridad  judicial  competente»,  iv)  previa  celebración  de  una  audiencia  en  la  que  se  debata  y  decida ese  aspecto.   

En anteriores oportunidades la Sala señaló  que  los  Tribunales  no  pueden excluir de oficio a los postulados (CSJ    AP4085-2014,    AP2578-2015,    entre    otras),   criterio   que   continúa  vigente  tratándose  de  la  figura  contemplada  en el artículo 11 A de la Ley 975 de 2005, pero que no aplica para  eventos  como  el examinado, donde se llegó al final del proceso y la Fiscalía  solicitó  conceder  la  pena  alternativa, pero objetivamente se estableció la  ausencia de las exigencias para otorgar el beneficio punitivo.   

En  este  único  evento, los Tribunales de  Justicia  y  Paz  se encentran habilitados para excluir del proceso al postulado  que   incumplió  las  obligaciones  adquiridas  con  el  proceso  transicional,  solución  que evita el desgaste judicial que implicaría ordenar a la Fiscalía  adelantar  el  trámite  correspondiente,  con  mayor  razón cuando esa entidad  consideró  satisfechos  los  requisitos  para  emitir el correspondiente fallo.   

Así  las  cosas,  pese a la inconsistencia  lógica  planteada  en  la sentencia, se materializó la obligación impuesta en  los  artículos  24  y 29 de la Ley 975 de 2005 a las Salas de Justicia y Paz de  los  Tribunales  de  conceder la pena alternativa única y exclusivamente cuando  corroboren  el  cumplimiento  de la totalidad de las condiciones previstas en la  ley.    

     

i. Del caso concreto.     

El  Tribunal  negó  la  pena alternativa a  MAURO    ALEXANDER    MEJÍA   OCAMPO   porque  después  de  su desmovilización faltó a su compromiso con  la verdad y continuó delinquiendo.   

Lo  primero porque se reservó delitos como  el    homicidio    de    Alonso   Tabares,  la  amenaza al hijo de una testigo, la utilización de menores de  edad  para  la  realización  de los delitos y el despojo de las pertenencias de  José    Alfredo    Acevedo   Bustamante.  Así mismo, por cuanto faltó a la verdad en el caso del atentado  contra   Luz   Mery   de   Jesús   Diosa,   su   esposo   Pedro   Luis   Restrepo  Loaiza  y  su  hijo  Mauricio  Restrepo  Diosa al proclamar que ejecutó el homicidio  de  este último en legítima defensa putativa, ocultar a los demás partícipes  y  omitir el intento de despojo de la vivienda y el abuso sexual de Marcela Viviana Abad.   

Lo   segundo   por   cuanto  MEJÍA  OCAMPO luego de su desmovilización  continuó  identificándose  con una cédula de ciudadanía falsa y porque el 19  de  marzo  de  2010  fue  condenado  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  Medellín,  junto  con  otras  personas,  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado respecto del accionar delictivo de la banda  «La  Unión» en la Central  Mayorista de Itagüí.   

Los  reproches  relativos  a la omisión de  confesar  hechos punibles y a la falta de veracidad de las circunstancias en que  cometió  algunos  delitos  no se encuentran acreditados porque sólo recogen la  percepción  aislada y sin corroboración de algunas víctimas sobre el proceder  del  postulado, así como las conjeturas del Tribunal sobre la posible comisión  de otros delitos que no quiso develar.      

Con  todo,  el  reproche relativo al uso de  documento  público  falso por parte de MAURO ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO con posterioridad a su desmovilización,  concretada  de  manera  colectiva el 25 de noviembre de 2003, sí fue constatado  en  el  proceso.  En  efecto,  acorde  con  el informe 310 del 9 de mayo de 2012  rendido  por  el  investigador  de campo designado por la Fiscalía —carpeta    No.    417481—,    el    postulado    «laboró  con el programa «Manejo del Árbol Urbano…de Itaguí»  por  medio  de  contrato  de  trabajo» en el año 2005  bajo   la   identidad   de   Nelson  Albeiro  Ceballos  Galeano,  C.C. 98.626.001 y con ese nombre se vinculó  al  sistema  de  riesgos  profesionales  y  a  la  entidad  prestadora de salud,  documentación que fue aportada al proceso.   

   

Aún más, el mismo postulado ratificó esa  situación  cuando  expresó  en  la  versión libre del 21 de junio de 2011 que  «esta  falsedad  empezó  en febrero de 2002, con esa  duré  como  cuatro  meses hasta que «Alex cuñado» me manda hacer una cédula  con  esos  mismos  datos pero original, me la hace llegar con «Pomponio» y esa  la  utilicé  hasta el día de mi captura».  Y su  aprehensión  se  concretó  el 20 de marzo de 2006 a efectos de cumplir la pena  impuesta  en la sentencia del 31 de octubre de 2003 por el Juzgado Primero Penal  del   Circuito   de  Itaguí,  relacionada  con  el  homicidio  de  Mauricio Restrepo Diosa.   

Entonces, aunque en su versión el postulado  no   faltó,   sí   infringió  la  obligación  adquirida  al  momento  de  su  desmovilización  de  no continuar en la actividad delictiva por cuanto usó una  identidad  falsa  por  un lapso superior a dos años después de la dejación de  armas,  en  desmedro  del  requisito  de elegibilidad consagrado en el artículo  11.4 de la Ley 975 de 2005.   

Adicionalmente,     la     sentencia  proferida  el 19 de marzo de  2010  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Medellín  contra  el  postulado  y  otras  personas  más  por el delito de concierto para  delinquir   informa   que  MEJÍA  OCAMPO,   como   integrante  de  la  banda  «La  Unión»,   delinquió   con   posterioridad   a   su  desmovilización  acaecida el 25 de noviembre de 2003, pues aunque la narración  de  los  hechos  allí  juzgados no incluye fechas exactas, la investigación se  originó  en informes de policía  de octubre de 2.006 y marzo de 2.007 que  describen  las  actividades  delincuencias desplegadas por el grupo delictivo en  la  Central  Mayorista de Itagüí en los años inmediatamente anteriores.    

Siendo   ello   así,   se  constató  el  incumplimiento  de ese requisito de elegibilidad, lo cual imposibilita su acceso  a  la  pena  alternativa  porque  devela  que  la  voluntad  del postulado no se  orientó a respetar la ley, como debía hacerlo.   

En  consecuencia,  la  Corte confirmará la  decisión  del  Tribunal  de  negar  a  MAURO ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO  la  pena alternativa. Sin embargo, por  las  razones expuestas en el acápite anterior, revocará la sentencia ordinaria  impuesta  por  la primera instancia y, en su lugar, dispondrá la exclusión del  postulado  del trámite transicional y la ruptura de la unidad procesal para que  la  Fiscalía  continúe  o  inicie  los  procesos  por  los  hechos  delictivos  atribuidos en este trámite.   

Por último, la situación examinada impone  a  la  Corte  requerir  a  la  Fiscalía  que  cumpla con su deber de depurar el  trámite  transicional solicitando oportunamente la exclusión de los postulados  que  por  acción u omisión se aparten de los objetivos de la ley, a efectos de  evitar  el  desgaste  de  la  administración  de  justicia  y  la  burla  a las  expectativas  de  la  sociedad  y  de  las  víctimas,  como  ocurrió  con este  caso.          

     

1. El  Tribunal  no  tiene  competencia  para pronunciarse sobre hechos  delictivos   que   no   fueron   cometidos   por   los   postulados.          

El  representante  del  Ministerio Público  pidió  anular  la  sentencia  bajo  el argumento de que la primera instancia se  pronunció  sobre  hechos  delictivos  que  no  fueron perpetrados por los siete  postulados  involucrados  en  este proceso, como los acaecidos en la comuna 13 y  «La     Escombrera»,  materializados  por  otros  integrantes  del  Bloque  Cacique  Nutibara,  contra  quienes  se  adelantan  los respectivos procesos, escenario donde debe debatirse  su configuración y responsabilidad.   

Consideraciones de la Sala:  

En  el  capítulo  correspondiente  a  los  patrones  de  criminalidad  del Bloque Cacique Nutibara, el Tribunal develó que  esa  estructura  criminal,  de  manera  sistemática y generalizada, utilizó la  desaparición  forzada  como  forma  de  aterrorizar  a  la población y ejercer  dominio  sobre  ella  sin  aumentar  los  índices  de  homicidios  de la ciudad  —     párrafos      189     a     196     del     fallo     —,  en apoyo  de   lo  cual  describió  lo  ocurrido  en  el  sitio  denominado  «La   Escombrera»   de   la   siguiente  manera:   

192.  De  acuerdo a la evidencia, el Bloque  Cacique  Nutibara  tuvo  por  lo  menos  3  bases  estratégicas en la comuna 13  ubicadas  en  el  Alto  de  Bellavista  “El Cebollal”, el Alto de la 43 o el  sector   del   Morro,  desde  donde  controlaban  los  barrios  Las  Margaritas,  Vallejuelos  y Juan 23, La Escombrera y La Arenera, en las cuales, conforme a la  evidencia  de  que  dispone  la  Sala,  se  encuentran  los  cuerpos de unos 300  jóvenes desaparecidos por el Bloque Cacique Nutibara.   

La  ESA  Escombros Sólidos Adecuados Ltda,  antes  Agregados  San  Javier, inició su explotación en el año 2.000 y tenía  por  objeto  la  industrialización  y comercialización de materiales pétreos.  Las  Empresas Varias de Medellín también utilizaron los sectores de La Arenera  y  La  Escombrera  para  depositar  escombros.  El  Bloque  Cacique  Nutibara se  instaló  en  dicho  lugar  y  no  sólo lo utilizaron como base, sino que allí  enterraron  a  sus  víctimas  y están sepultadas bajo cantidades de escombros.  Sólo  recientemente, y a raíz de la decisión de esta Sala del 4 de septiembre  de  2.013, las autoridades competentes han tomado medidas para ponerle fin a esa  condición,  pero  antes  hubo una indiferencia que constituye una afrenta a los  derechos  de las víctimas a la reparación, más si el Estado y las autoridades  de  la  ciudad  de  Medellín  son  responsables de esa situación por acción u  omisión.   

Posteriormente,  en  el  acápite  de  las  medidas    de   satisfacción   (párrafos   843   a  846),  ordenó a las autoridades competentes suspender  el  vertimiento  de escombros y desechos en el citado lugar, realizar las tareas  necesarias  para  encontrar  los  cuerpos  inhumados  ilegalmente y construir un  memorial  para  rescatar  y  honrar la memoria de las víctimas de desaparición  forzada de la comuna 13 de Medellín.      

          

Es cierto entonces que la primera instancia  se  refirió  a  diversos hechos delictivos que no fueron cometidos directamente  por   CAÑAS   CHAVARRIAGA,  CARDONA  CARDONA,  CHICA  ATEHORTÚA,   ERAZO   GUZMÁN,   MEJÍA   OCAMPO,   OSPINA   BOLÍVAR  y  VIASUS  TORRES  sino  por  la  estructura  delictiva a la cual  pertenecieron.  Sin  embargo,  esa  mención  se hizo dentro del acápite de los  patrones  macro  criminales  desplegados  por  el  Bloque  Cacique Nutibara, por  manera  que  el Tribunal no los atribuyó a los postulados sino que los utilizó  para  contextualizar  la  organización  ilícita  a  la  que  pertenecieron, su  proceder  y  modus  operandi,  como lo exige la normatividad transicional vigente.   

El  artículo  15  de  la  Ley  975 de 2005  establece   que   los  servidores  públicos  que  intervienen  en  el  trámite  transicional  «dispondrán  lo  necesario para que se  asegure  el  esclarecimiento de la verdad sobre el patrón de macro criminalidad  en  el accionar de los grupos armados organizados al margen de la ley y se pueda  develar   los   contextos,  las  causas  y  motivos  del  mismo»,  lo  cual  significa  que  en  el  trámite transicional no es viable  investigar  y  juzgar  los  delitos  de  forma  individual y aislada, como si no  tuviesen  ninguna  concatenación.  Por el contrario, resulta imperativo para la  Fiscalía  y  las  Salas de Conocimiento, en aras de materializar las garantías  de  verdad y no repetición, establecer el contexto, las causas, consecuencias y  patrones  macro  criminales  que propiciaron la violación generalizada y masiva  de  los  derechos  humanos  por parte de los diversos grupos armados que dejaron  las   armas   como   consecuencia  de  los  pactos  con  el  Gobierno  Nacional.   

En   ese   orden,  ninguna  irregularidad  configura  el  contextualizar el accionar del Bloque Cacique Nutibara y reseñar  los  patrones  macro  criminales desplegados porque es claro que ese proceder se  ajusta  al  mandato  legal  transcrito  y  propende  por  develar  lo  realmente  acontecido.   

Y  aunque  los  aquí  postulados no fueron  máximos  responsables  del Bloque Cacique Nutibara, sí formaron parte de él y  resulta  necesario  saber cómo funcionaba esa estructura ilegal para comprender  que  los  crímenes  imputados  no  obedecieron  a  motivaciones  individuales o  impulsos  particulares  sino  a  la existencia de una organización jerarquizada  que tenía políticas y objetivos precisos.   

Analizar  de manera aislada los delitos que  cada  postulado  confesó,  como  lo  propone  el  Ministerio Público, conlleva  desconocer  la naturaleza del trámite transicional, sus objetivos y propósitos  e  impide  conocer   la  verdad  de  lo  ocurrido en el marco del conflicto  armado.  También  soslaya el deber de establecer el grado de responsabilidad de  los  integrantes  del  grupo  armado  organizado  al  margen  de  la ley, de sus  colaboradores y financiadores.   

Las  medidas orientadas a que no se arrojen  más   desechos   a   «La   Escombrera»,  buscar a los allí inhumados y construir un monumento para honrar  su  memoria,  no  son  irregulares  en  tanto  el  Bloque  Cacique  Nutibara  es  responsable  de múltiples desapariciones y el Tribunal puede y debe adoptar las  medidas  que  redunden  en  la búsqueda de los cuerpos con independencia de que  los  aquí  postulados  no hubiesen sido los autores de esos delitos, aunque sí  la estructura delictiva a la que pertenecieron.   

    

1. 5.  El  Tribunal  no  tiene competencia para condenar al Estado como  responsable   de  los  crímenes  cometidos  por  el  Bloque  Cacique  Nutibara.     

El  Ministerio  Público pidió decretar la  nulidad  de  la  sentencia de primera instancia por cuanto el Tribunal no podía  condenar  al  Estado  colombiano  como  responsable  de  las acciones delictivas  perpetradas   por  el  Bloque  Cacique  Nutibara.  Con  esa  decisión  vulneró  principios  fundamentales  como el debido proceso, el derecho de contradicción,  juez  natural,  entre  otros,  porque  el  Estado  fue condenado sin ser oído y  vencido  en  juicio  por  una  autoridad carente de competencia para adoptar esa  determinación.    

Consideraciones de la Sala:  

         

En  el  capítulo  6  del contexto de los  crímenes  del  Bloque  Cacique  Nutibara,  el Tribunal consignó las siguientes  afirmaciones:   

170.  Las  convivir  y Coosercom fueron una  estrategia  del  Estado  en  la lucha contrainsurgente y el control social de la  población.  Ambos  fueron una fuente o cantera de los grupos paramilitares y en  más  de  un  caso  una  herramienta  para  encubrir  sus  actividades  y fueron  promovidas,  organizadas,  financiadas  y  apoyadas  por  las Fuerzas Militares,  empresarios    privados   de   distintos   sectores   y,   por   supuesto,   los  narcotraficantes. (…).   

172. La promoción, organización y apoyo de  las  convivir y los paramilitares no fue la conducta de unos miembros o sectores  aislados  de  las  Fuerzas Militares, y en especial del Ejército Nacional, como  quizá  pudo  ser  en sus comienzos. A diferencia de lo que concluyó una de las  Salas  de Justicia y Paz del Tribunal de Bogotá, con el tiempo se convirtió en  una  política  trazada,  auspiciada  o  permitida  y facilitada desde los altos  mandos  de  las  Fuerzas  Militares,  como  lo  demuestran  los múltiples casos  registrados  por la Sala, algunos de ellos, y solo algunos, documentados en esta  decisión. (…).   

176.  El  Estado colombiano es responsable,  por  acción y/o omisión, de los hechos cometidos por los grupos paramilitares.  Éste  y las Fuerzas Militares promovieron las convivir, que fueron una fuente o  cantera  de  los grupos paramilitares y un mecanismo para encubrir su actividad.  En  la  promoción,  creación  y  expansión  de  éstos  participaron  amplios  sectores  del  Estado  y  la sociedad civil, con la complacencia o tolerancia de  otros  sectores  del gobierno. Pero, el Estado sabía de esas actividades de sus  agentes.   

Y  más  adelante,  en  el  acápite  845  relacionado   con   las   medidas  de  satisfacción,  el  Tribunal  determinó:   

845.  Como medidas de satisfacción, y como  ya lo ha hecho en otros casos, la Sala:   

a)  Declarará que el Estado y la Alcaldía  de  Medellín,  de conformidad con lo constatado y reconocido en esta sentencia,  son  responsables  por  acción  y  omisión  de  las  graves  violaciones a los  derechos  humanos  y  al  Derecho  Internacional  Humanitario  cometidos por los  miembros  del  Bloque  Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia y  los hechos en los cuales perdieron la vida las víctimas.   

e)  (…)  la  Gobernación  de Antioquia y  Alcaldía  de Medellín deberán construir un memorial para rescatar y honrar la  memoria  de  las  víctimas  de  desaparición  forzada de la comuna 13 (…) El  memorial  deberá  incluir por lo menos 5 elementos que sirvan de símbolo de la  memoria  de las víctimas y del sufrimiento y reparación de los familiares: …  v)  una  placa  conmemorativa  en  la  cual  el  Estado, la Fuerza Pública y la  Alcaldía  de  Medellín  reconozcan  su  responsabilidad  en  su  desaparición  forzada  por  acción  y/o  omisión  y su compromiso para que esos hechos no se  repitan.   

g)  El  Ministro de Justicia, en nombre del  Estado,  los  Alcaldes de Medellín e Itaguí y el Director y los Comandantes de  Policía,  reconocerán  la responsabilidad de sus instituciones por acción y/o  omisión  en  los  hechos  cometidos  por el Bloque Cacique Nutibara al mando de  Diego  Fernando  Murillo  Bejarano,  solicitarán  perdón  por  esas acciones y  omisiones  y  deberán  comprometerse  a  desplegar todas las acciones y medidas  para  que  esos  hechos  no vuelvan a repetirse, indicando públicamente las que  adoptarán  para  evitar  que  se  repitan  y  deberán incluir y hacer mención  expresa de los siguientes casos (…).   

Esta  condena quedó incluida en el numeral  24,  literales a) y h), inciso tercero, de la parte resolutiva de la sentencia y  fue justificada de la siguiente manera:   

i) La declaración sobre la responsabilidad  del  Estado  es  apenas  una  medida  de  satisfacción para las víctimas, pues  éstas  tienen  derecho a conocer la verdad, a saber por qué y cómo ocurrieron  los  hechos de los cuales fueron víctimas y quiénes son responsables de ellos,  incluidos  quienes  promovieron,  financiaron,  apoyaron o facilitaron que tales  hechos  sucedieran,  sean  autoridades  públicas  o  particulares, pues así lo  prescriben  los artículos 7, 15, 16A y 17 de la Ley 975 de 2.005, modificados o  adicionados  por  los  artículos  10,  13  y  14  de  la Ley 1592 de 2.012, que  establecen  el deber de develar “los contextos, causas y motivos del mismo”,  contribuir  a  “la  reconstrucción  de  la  verdad  y al desmantelamiento del  aparato  de  poder  del  grupo  armado”  y  “esclarecer las redes de apoyo y  financiación”  y  las  víctimas  tienen  derecho  a  que  esos  responsables  contribuyan  por  lo  menos  a  darles  satisfacción  y  pedirles  perdón.  El  artículo  48.1  de  la  Ley  975  de  2.005  establece  también como medida de  satisfacción  “la  difusión  pública y completa de la verdad judicial” y,  siendo    completa,    no   puede   excluir   a   determinadas   autoridades   o  personas;   

ii)  Dicha  declaración  no  constituye en  estricto  sentido una condena al Estado, ni a dichas entidades territoriales por  un  hecho específico y concreto y ni siquiera de manera general porque, si así  fuera,  la  Sala  las  condenaría  a pagar directamente las indemnizaciones del  caso    y   les   impondría   las   demás   obligaciones   derivadas   de   su  responsabilidad;   

iii)  La  Sala sólo le está imponiendo al  Estado  el  deber  de pagar la indemnización de manera secundaria, a falta o en  defecto  de  los  postulados,  de  conformidad  a  la jurisprudencia de la Corte  Constitucional,  que  establece que la responsabilidad del Estado en esa materia  es  subsidiaria o supletoria y de allí que en la parte resolutiva se condene al  postulado   y/o  a  la  Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  de  las Víctimas y/o al Fondo para la Reparación de las  Víctimas de la Violencia, estos últimos de manera subsidiaria;   

iv) No sólo por esa razón la Sala citó al  Estado,  a  la  Gobernación  de  Antioquia  y  a  las Alcaldías de Medellín e  Itaguí  como  partes  incidentales,  a  través  del Ministerio de Justicia, la  Unidad  Administrativa  Especial para la Atención y Reparación Integral de las  Víctimas  y  los  representantes  legales  de la Gobernación y las Alcaldías,  directamente  o  a través de sus apoderados, sino también porque este Tribunal  puede   impartirles   órdenes   o   imponerles   obligaciones   en  materia  de  satisfacción  y  garantías  de  no repetición, de conformidad con la ley y la  jurisprudencia  de  la  Corte Suprema de Justicia y puede exhortarlas a realizar  otros  actos  de  reparación  en  materia  de  restitución  y rehabilitación,  instarlas  a  que  las  realicen  en un tiempo razonable y hacerle seguimiento a  esas medidas, de conformidad con la misma jurisprudencia.   

       La  Corte  ha  decantado  que el contexto es un método de análisis orientado a establecer las  causas  y motivos del conflicto, el accionar del grupo delictivo, identificar su  estructura  y  a  los  máximos  responsables,  así  como  las redes de apoyo y  financiación   (CSJ   SP16258-2015).   Sin  embargo,  también ha aclarado que no es un escenario ilimitado  en  el  que  los  funcionarios  judiciales puedan declarar la responsabilidad de  personas o instituciones no vinculadas debidamente al trámite.   

Con   mayor  razón  cuando  la  justicia  transicional  no es competente para derivar ese tipo de atribuciones, por cuanto  su  objeto se circunscribe a juzgar a los postulados por el Gobierno Nacional al  proceso  de  Justicia  y  Paz  garantizando  los  derechos de las víctimas a la  verdad, la justicia y la reparación.   

Y aunque al establecer el contexto se deben  reseñar  los  sucesos  que  rodearon  el  nacimiento y funcionamiento del grupo  ilegal,  incluidos  los  que  develen  complicidad  de  los  integrantes  de las  instituciones  públicas,  no  puede  confundirse  la construcción del marco de  referencia  con  la actividad de juzgar a instituciones que no han sido parte de  la  actuación,  como ocurrió en este evento donde se condenó al Estado y a la  Alcaldía   de   Medellín  por  los  crímenes  del  Bloque  Cacique  Nutibara.   

          La  Ley  de  Justicia y Paz busca facilitar los procesos de paz y la  reincorporación  individual  y  colectiva a la vida civil de miembros de grupos  armados  al  margen  de  la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación,  propósito  en  el cual establece un  procedimiento   para   investigar,  procesar,  sancionar  y  otorgar  beneficios  judiciales  a  los  desmovilizados que sean postulados por el Gobierno Nacional,  respecto  de  los  delitos  cometidos durante y con ocasión de su pertenencia a  esas estructuras delictivas.   

El compromiso del Estado por actos cometidos  por  sus agentes o funcionarios debe definirse ante la jurisdicción contencioso  administrativa.  Lo  contario,  esto  es,  deducir  responsabilidad al Estado en  proceso  transicional  implica  desconocer  el  principio  del Juez Natural y el  carácter excepcional del trámite transicional.   

En  tal  sentido,  la Corte ha advertido lo  siguiente:   

Con independencia de la responsabilidad que  pueda  corresponder  al  Estado  por  el  origen y desarrollo del atroz accionar  delictivo  de las AUC, este proceso, tramitado al amparo de la Ley 975 del 2005,  no  puede  ser  el  escenario  para  juzgarlo  e imponerle la carga que se pide,  primero,  porque  respecto  del  Estado  debe  cumplirse  el  mismo  lineamiento  constitucional  atinente  a  que,  previo  a  condenarlo,  se  impone llamarlo y  vencerlo  en  juicio,  permitiéndole  defenderse, y ello no sucedió, ni podía  suceder,  como que no es esta la jurisdicción en donde puede juzgarse al Estado  por los errores cometidos por sus agentes.   

Segundo,  porque  si bien en el marco de la  justicia   transicional   el  Estado  acude  a  adoptar  medidas  de  atención,  asistencia  y  reparación a favor de las víctimas, ello en modo alguno implica  reconocimiento  ni  presunción  de  su responsabilidad (artículo 9º de la ley  1448  del  2011),  la  cual  evidentemente debe postularse y demostrarse ante la  jurisdicción  respectiva.  Por lo mismo, cuando al Estado le corresponda acudir  en  forma  subsidiaria  a  indemnizar,  en  atención  a  la  imposibilidad  del  victimario  o del grupo armado ilegal, tal actuación no comporta reconocimiento  ni   puede   presumirse  como  acto  de  admisión  de  responsabilidad  estatal  (artículo    10    ídem).    (CSJ   6/06/12,   rad.  38508)   

      

En  ese  orden, la condena al Estado y a la  Alcaldía  de  Medellín  como  responsables  de  las  graves violaciones de los  Derechos  Humanos  y  del  Derecho  Internacional  Humanitario  cometidas por el  Bloque  Cacique  Nutibara,  es  ajena  a  la  justicia  transicional  porque esa  determinación  sólo  puede  adoptarse en los procesos donde esas instituciones  sean parte y tengan la oportunidad de defenderse.   

A   nivel  interno  es  la  jurisdicción  contencioso-administrativa    la    encargada    de    pronunciarse   sobre   la  responsabilidad  estatal  y  en  el  campo  internacional  le compete a la Corte  Interamericana   de   Derechos  Humanos,  cuya  competencia  aceptó  el  Estado  colombiano  por  haber  suscrito  y  posteriormente  ratificado  la  Convención  Interamericana de Derechos Humanos a través de la Ley 16 de 1972.   

El  Tribunal  afirma que la declaración de  responsabilidad  del  Estado  y  la  Alcaldía  de  Medellín  no constituye una  condena  sino  una  medida  de satisfacción porque las víctimas tienen derecho  a   conocer  la  verdad.  No  obstante, se trata de un argumento sofístico  porque  realmente  sí  los  condenó por los crímenes perpetrados por el Boque  Cacique  Nutibara y de ello dan cuenta las expresiones gramaticales que utilizó  y  la  orden  a  las  entidades  ya  referidas de pedir perdón por esos hechos.   

Si la primera instancia observa algún tipo  de  compromiso penal por parte de funcionarios estatales, debe compulsar copias,  como  efectivamente  lo  ha hecho, para que las autoridades competentes realicen  las  investigaciones correspondientes porque le está vedado asumir competencias  que legalmente no le han sido asignadas.   

El carácter condenatorio de la declaratoria  de  responsabilidad  del  Estado  y  la Alcaldía de Medellín no se desvirtúa,  como   aduce   el   Tribunal,   porque   no   les  haya  ordenado  sufragar  las  indemnizaciones  a  las  víctimas,   pues ello obedeció a la prohibición  legal  de  adoptar  esa  determinación  contendida en el artículo 10 de la Ley  1448 de 2011.   

En el capítulo 6º del fallo se afirmó la  existencia  de  una política de Estado orientada a la promoción, organización  y  apoyo  a  los  grupos  paramilitares  y  por  ello el Tribunal condenó a las  citadas instituciones de derecho público.   

La Corte no ignora la relación que existió  entre   integrantes   de   la   fuerza   pública   con   diversas   estructuras  delincuenciales,  pero  no  encuentra  que  se  haya debatido en este proceso la  existencia  de  la  mencionada  política  estatal  y,  mucho menos, que se haya  demostrado  su  configuración  a  partir de las pruebas acopiadas en el proceso  porque  no  se  particularizaron  los  medios  de convicción que evidencian esa  situación.  Siendo  ello así, se trata de afirmaciones genéricas sin el rigor  propio  de  las  decisiones judiciales, razón por la cual no pueden hacer parte  del  contexto  porque  sólo  contienen la visión particular de los magistrados  que  conforman  la  Sala mayoritaria del Tribunal respecto de la responsabilidad  del Estado en el conflicto armado colombiano.   

A pesar de las falencias detectadas, la Sala  no  anulará  la  sentencia por tratarse de una medida extrema que sólo procede  cuando  no  existe  otro  medio para salvaguardar las garantías vulneradas y en  este  evento es posible reestablecer el equilibrio marginando la decisión y las  motivaciones cuestionadas.   

    

En consecuencia, la Sala excluirá del fallo  el  capítulo  6 del contexto denominado «En busca del  Tiempo  perdido.  La  política  de los crímenes» que  sustenta  la orden contenida en el acápite 845, literales a) y e), aparte v) de  las  medidas  de  satisfacción, y revocará la orden contenida en el numeral 24  literales  a)  y  h),  inciso  tercero,  de  la parte resolutiva de la sentencia  porque  exceden  la  competencia  del Tribunal, invaden órbitas funcionales que  constitucionalmente   no   le   fueron  atribuidas  y  vulneran  las  garantías  fundamentales  del debido proceso, derecho de defensa, juez natural, en tanto el  Estado  y  la  Alcaldía  de  Medellín  fueron  declarados responsables sin ser  oídos  y  vencidos  en un juicio donde se debatiera su responsabilidad respecto  de los crímenes juzgados en esta actuación.   

     

1. El  Tribunal  no  es  competente  para imponer órdenes a los demás  órganos del poder público con plazos perentorios.      

El agente del Ministerio Público cuestionó  las  órdenes  impartidas  a  diversos órganos del poder público por parte del  Tribunal  por  vulnerar  el  principio de autonomía e infringir los precedentes  jurisprudenciales que disponen librar exhortaciones respetuosas.   

Consideraciones de la Sala:  

La  primera  instancia  consideró que como  medidas  de  satisfacción  podía  librar  órdenes  y no simples exhortaciones  porque  el  criterio  jurisprudencial vigente,  establecido en la sentencia  del  27  de  abril  de  2011,  rad.  34547,  así  lo  autorizaba  y  al  efecto  transcribió   el   siguiente   apartado   de   esa  determinación:     

«(…)   todas   aquellas   medidas   de  rehabilitación,  satisfacción,  no  repetición  y colectivas por medio de las  cuales  se  imparten  órdenes  a  las  diversas  autoridades estatales se deben  entender  como  exhortaciones  para  su  cumplimiento,  excepción  hecha de las  medidas   de   satisfacción   de  carácter  simbólico  y  de  no  repetición  contempladas  en los apartados 358, 359, 360 y 362 del fallo, para las cuales el  Tribunal   ostenta  expresa  facultad,  de  conformidad  con  el  artículo  48,  numerales 49.4, 49.6 y 49.8 de la Ley 975 (…)»   

Con  apoyo  en esa consideración, declaró  responsable  al  Estado  y  a la Alcaldía de Medellín de los delitos cometidos  por  el  Bloque  Cacique  Nutibara, ordenó que en ceremonias públicas pidieran  perdón   a   las   víctimas,   declaró   que   la   sentencia  constituye  la  reconstrucción   fidedigna  de  lo  sucedido,  dispuso  su  publicación,   ordenó  suspender  el  arrojo  de  desechos  en  «La  Escombrera»  y establecer un plan de búsqueda de los  desparecidos, entre otros mandatos.    

La   reparación  integral  como  derecho  esencial  de  las  víctimas  comporta  la  adopción  de  medidas  tendientes a  garantizar  i)  la  restitución, entendida como la posibilidad de devolver a la  víctima  a  la  situación  anterior al daño padecido; ii) la indemnización o  pago  del  valor de los perjuicios morales, materiales y de la vida de relación  irrogados;  iii) la rehabilitación orientada a recuperar a las víctimas de las  secuelas  físicas  y  sicológicas  derivadas  de los delitos cometidos; iv) la  satisfacción          o         compensación  moral dirigida a restaurar la dignidad de la víctima  y  a  divulgar lo acontecido y, v) la garantía de no repetición que incluye la  desmovilización,   desarme,   reinserción,   desmonte  de  las  organizaciones  delictivas   y   prohibición,   en  todas  sus  formas  y  expresiones,  de  la  conformación  de  grupos  armados  organizados  al margen de la ley (CSJ, 27/04/11, rad. 34547).   

Las  medidas de satisfacción se orientan a  restaurar  la  dignidad  de  las  víctimas  y  a  divulgar  los  fenómenos que  originaron  los  crímenes  padecidos  por  ellas,  como  forma de compensación  moral.  Siendo  ello  así,  la  condena  contra  el  Estado  y  la Alcaldía de  Medellín  y la orden de que pidan perdón no encajan dentro de las acciones que  los  Tribunales  de Justicia y Paz pueden disponer para reparar moralmente a los  afectados  y,  por  ello,  la  Corte  debe  revocarlas a efectos de restaurar la  legalidad  y  el  debido proceso, tal como se reseñó en el capítulo anterior.   

El  precedente  citado  por  el  Tribunal  distinguió  entre  medidas de satisfacción y de reparación simbólica, según  lo  dispuesto en los apartados 49.4, 49.6 y 49.8 de la Ley 975 de 2005 y aclaró  que  las  primeras  se  concretan  a  través  de  exhortaciones  y las segundas  mediante  órdenes.  Allí  mismo  precisó  que  las de carácter simbólico se  refieren  al  «aseguramiento de la memoria histórica,  aceptación   pública   de   la  comisión  de  delitos,  perdón  difundido  y  restablecimiento  de  la  dignidad  de las víctimas, v. gr. la construcción de  camposantos,   de   monumentos   o   la   colocación   de   placas   en  sitios  especiales»  y sólo respecto de ellas sería posible  emitir  órdenes.  Siendo  ello  así,  declarar  responsable  al  Estado y a la  Alcaldía  de  Medellín  y ordenar que en ceremonias públicas pidan perdón no  constituyen  medidas  de  satisfacción  en  los  términos de la jurisprudencia  mencionada.   

Además, la normativa en que la Corte fincó  esa  distinción  fue  derogada  por  el  artículo  41  de la Ley 1592 del 3 de  diciembre  de  2012, de manera que no podían utilizarse por la Sala de Justicia  y  Paz  del Tribunal de Medellín para impartir órdenes a otras ramas del poder  público.   

Con mayor razón cuando continúa vigente el  criterio  según  el cual la única forma de conciliar el principio democrático  de  separación  de poderes adoptado en la Constitución Política, los derechos  de  las  víctimas  y  las  facultades  de las autoridades judiciales dentro del  régimen  transicional  de  Justicia y Paz, en los eventos en que la reparación  involucra  a  entidades  del  Estado  del  orden  nacional, departamental o  municipal,   es   exhortándolas  a  cumplir  las  medidas  dispuestas  por  los  Tribunales de Justicia y Paz.   

La lectura sesgada del precedente, así como  la  omisión  de  considerar que los artículos 48 y 49 de la Ley 975 de 2005 no  tienen  vigencia  desde el 3 de diciembre de 2012, llevaron al Tribunal a emitir  órdenes y no exhortaciones, con lo cual desbordó su competencia.   

Por  lo  anterior, la Corte modificará los  numerales  25  y  29 de la parte resolutiva del fallo impugnado en el sentido de  que  todas  aquellas  medidas de satisfacción y no repetición por medio de las  cuales  se  imparten  órdenes  a  las  diversas  autoridades estatales se deben  entender  como  exhortaciones para su cumplimiento, con excepción de la condena  al  Estado  y  a  la  Alcaldía  de Medellín y el mandato de pedir perdón, las  cuales serán revocadas.   

     

1. La  tasación  punitiva incluyó circunstancias de mayor punibilidad  no imputadas en la acusación.     

   

La  Fiscalía,  el Ministerio Público y la  Defensa  cuestionaron la determinación del Tribunal de incluir oficiosamente en  la  tasación  punitiva varias circunstancias de mayor punibilidad que no fueron  atribuidas  a  los postulados en la formulación de cargos por cuanto afectó el  principio  de  congruencia  y  el  derecho de defensa. En razón a ello, los dos  primeros  recurrentes  solicitaron  decretar  la  nulidad parcial del fallo y el  tercero     pidió     fijar    la    pena    nuevamente    excluyendo    dichas  circunstancias.      

Consideraciones de la Sala:  

En  el capítulo correspondiente al control  de los cargos, la sentencia de primera instancia señaló:   

La  Fiscalía  no imputó circunstancias de  mayor  punibilidad  en  ninguno  de  los  delitos.  Así  el  Fiscal no las haya  mencionado   expresamente,   es  evidente  que  la  imputación  incluye  varias  circunstancias  que  la  ley  califica  como de mayor punibilidad, tales como a)  “obrar  en  coparticipación  criminal”,  tanto que la imputación se hace a  título  de  coautor  en  múltiples  casos; b) “ejecutar la conducta. . . con  abuso  de  la  condición  de  superioridad  sobre  la  víctima, o aprovechando  circunstancias  de  tiempo, modo, lugar que dificulten la defensa del ofendido o  la  identificación  del  autor  o  participe”,  la  cual  surge  innegable  y  ostensible  en muchos casos que fueron ejecutados con sorpresa, por la espalda o  entre  varios  sujetos  armados,  en  los  cuales  se colocó o se aprovechó la  indefensión  de  la  víctima,  o  se dificultó al máximo su defensa, como se  desprende  de  los hechos imputados; y c) “aumentar deliberada e inhumanamente  el  sufrimiento de la víctima, causando a ésta padecimientos innecesarios para  la  ejecución  del  delito” (artículo 58 numerales 10, 11, 5 y 8 del Código  Penal, respectivamente), entre otras circunstancias destacables.   

En  vigencia de la Ley 600 de 2.000, que en  esa  materia  es  aplicable  a  este  proceso,  pues  no  se trata de un proceso  acusatorio   o   de   corte   adversarial,  la  Corte  sostuvo  que  bastaba  la  “atribución  jurídicamente  valorada”  de  dichas  circunstancias de mayor  punibilidad  para  que  el  Juez  las  pudiera  incluir en la sentencia, así el  Fiscal  no  mencionara de manera expresa los numerales del Código Penal que las  recogían. (…).   

En este caso, es evidente que éstas fueron  atribuidas  y  valoradas,  así  no  se  mencionaran las normas legales, pues se  atribuyó  la  calidad  de  coautor y no se remite a discusión la condición de  inferioridad  o  la indefensión de varios menores de edad y otras víctimas, la  cual se destaca en los cargos.   

Pero,  aún  en  el caso de no ser así, la  Sala  puede  y  debe  ejercer  el control formal y material de los cargos, cuyos  términos  y  alcances quedaron fijados más arriba e incluyen la posibilidad de  modificar  los  delitos  formulados  o  atribuir  otros que se desprendan de los  hechos confesados e imputados.   

Con fundamento en dichos razonamiento tasó  la  pena  ordinaria  respecto  de cada postulado a partir de los cuartos medios,  considerando  las  citadas  circunstancias  de  mayor punibilidad y las de menor  punibilidad  relacionadas  con la carencia de antecedentes al momento de cometer  el  delito,  la presentación voluntaria a las autoridades y el deseo de reparar  los daños causados.   

Obviamente, según las reglas del artículo  61  de la Ley 599 de 2000, si hubiese atendido la formulación de cargos, que no  incluía  circunstancias  de mayor o menor punibilidad, habría tenido que fijar  la  pena  dentro  del  primer  cuarto  de  movilidad punitiva.      

          Pues  bien,  la Corte ha señalado pacífica e insistentemente desde  la  sentencia  proferida  por  la  Sala  el  23  de septiembre de 2003, radicado  16.320,  que  las  circunstancias de agravación punitiva, hoy llamadas de mayor  punibilidad,  específicas  o  genéricas,  deben  aparecer imputadas fáctica y  jurídicamente  en  la  acusación  para ser atendidas en el fallo al momento de  dosificar   la   pena   correspondiente,   como   garantía   del  principio  de  congruencia.   

En  efecto,  de acuerdo con la normatividad  sustancial  y  procesal  aplicable  al  caso,  debe existir congruencia entre la  acusación  o  su  equivalente y la sentencia en los aspectos personal, fáctico  —hechos       y  circunstancias—    y  jurídico,  porque  si uno de ellos no guarda identidad, se quebrantan las bases  fundamentales  del  proceso  y  se  vulnera  el  derecho de defensa, en tanto el  procesado  no  puede ser sorprendido con imputaciones que no fueron incluidas en  la  acusación  ni  se  le pueden desconocer aquellas condiciones favorables que  redunden en la determinación de la pena.   

Y  aunque  el  Tribunal citó el precedente  fundacional  de  la línea argumentativa expuesta, lo interpretó sin considerar  que  en  él se enfatiza que no basta cualquier mención de un hecho susceptible  de  encajar  en  una  situación  de  mayor punibilidad, pues se requiere que la  imputación     jurídica     esté     inequívocamente    incluida    en    la  acusación.     

Al  revisar  la  formulación de acusación  realizada  por  la  Fiscalía frente a cada postulado, la Corte constató que no  incluyó  ningún  evento  de mayor punibilidad, ni en la descripción fáctica,  ni  en  la  imputación  jurídica ni contiene referencias específicas al tema.  Aún   más,   el   Tribunal   reconoció  esa  situación  cuando  afirmó  que  «la  Fiscalía  no  imputó  circunstancias  de mayor  punibilidad  en  ninguno de los delitos». Sin embargo,  en  contravía  de  esa evidencia dedujo oficiosamente, sin estar facultado para  ello,  circunstancias  no  atribuidas  por la Fiscalía, con lo cual vulneró el  debido  proceso,  el  principio  de  congruencia  y el derecho de defensa de los  procesados.   

La valoración del Tribunal de la forma como  se  concretaron  los  hechos  no  reemplaza  la necesaria imputación que de las  circunstancias  de  mayor  punibilidad  debió  efectuar  la  Fiscalía, pues la  mención  de  la  coautoría  de  los  delitos  y  la  deducción  de la primera  instancia  de  que  los  hechos  se  cometieron  abusando  de  la  condición de  inferioridad  e  indefensión  de  las  víctimas  no  configura  imputación de  ninguna  especie  de las condiciones establecidas en el artículo 58 del Código  Penal o su equivalente en anteriores legislaciones.   

Además,    no   fueron   las   únicas  circunstancias  adicionadas  por cuanto en algunos delitos también incluyó las  contenidas  en  los  numerales  2  y  8  del  artículo  58  del  Código  Penal  (apartados   872  a  877,  entre  otros)  y frente ellas no explicó el motivo por el que las dedujo a pesar  de que no fueron imputadas por la Fiscalía.   

Es  cierto que en el trámite transicional,  de    acuerdo    a   los   precedentes   de   esta   Corporación   —  Rad.  33301 del 11/03/10—   y   de   la  Corte  Constitucional  —     C-370     de  2006—,   «la  Sala  de  Conocimiento de Justicia y Paz, no puede limitarse a  la  de  simple  avalista  de los cargos presentados por la fiscalía y aceptados  por  el  postulado» y por ello puede modificarlos para  ajustarlos  a  la  verdad  de  lo  acontecido.  Sin  embargo,  acorde  con  esos  pronunciamientos,  ello  es  posible  cuando  se  ha  discutido  el  tema  en la  audiencia  de  formulación de acusación y se ha habilitado un espacio para que  el  postulado  manifieste,  con  asistencia  letrada, su aceptación voluntaria,  libre,  espontánea  de los cargos corregidos, condiciones que en este evento no  se  cumplieron  e  impiden  avalar  la modificación unilateral efectuada por la  primera instancia.    

Con mayor razón cuando el control material  no  faculta  a  la  Sala  de Conocimiento para atribuir otros hechos punibles no  imputados  por el ente acusador porque «la titularidad  de  la  acción  penal en el modelo de justicia transicional implementado por la  Ley  975  de  2005, radica exclusivamente en la Fiscalía General de la Nación.  De  ahí  que  no  puedan  la  judicatura ni las demás partes o intervinientes,  formular  o  agregar  cargos  y  delitos  a su amaño»  (CSJ  7/11/12,  rad.  39472;  18/04/12,  rad.  38526;  17/10/12, rad. 39269).   

Entonces, la Sala de Justicia y Paz agregó  circunstancias  de mayor punibilidad no imputadas expresamente a cada postulado,  lo  cual  comportó  que  se  ubicara  en  los  cuartos medios de movilidad para  establecer  los  límites  mínimos  y  máximos de la pena correspondiente. Esa  situación  vulnera  las  garantías  procesales  de  los  postulados  porque al  realizar  el  proceso de individualización de la sanción el Tribunal desbordó  el  marco de la imputación jurídica contenido en la formulación de acusación  al fijar una sanción superior a la que en derecho correspondía.   

Para  remediar  esa  irregularidad  no  es  necesario  anular  la  actuación  como  demandan  la  Fiscalía y el Ministerio  Público  porque  la  falencia se supera realizando una nueva tasación punitiva  que  excluya  las  circunstancias deducidas de forma oficiosa. Esta solución es  menos  gravosa  para  la  actuación,  que  data  de  hace  más  de  8 años, y  salvaguarda  los  derechos  de  la  sociedad  y  de  las  víctimas a la verdad,  justicia      y     reparación.           

No  sobra  precisar que la variación de la  tipificación  de  los  hechos  atribuidos a los postulados de delitos comunes a  delitos  contra  bienes  y  personas  protegidos  por  el  Derecho Internacional  Humanitario  no obedece a la posibilidad de la Sala de Conocimiento de modificar  a  su  arbitrio  los  cargos  formulados  sino  al  cumplimiento  del precedente  jurisprudencial  consolidado,  según  el  cual  «las  graves   conductas   cometidas   por   los   paramilitares   deben   enmarcarse,  primordialmente,  dentro  del  contexto  de crímenes de lesa humanidad, pues el  ataque  perpetrado  contra  la  población  civil adquirió tales dimensiones de  generalidad  y  sistematicidad,  que  alteró  de  manera significativa el orden  mínimo  de civilidad, implicando el desconocimiento de principios fundantes del  orden      social      imperante»     (CSJ 21/09/09, rad. 32022).   

En  este caso el cambio en la denominación  del     tipo     penal     efectuado     por     el     Tribunal    —de  homicidio  agravado a homicidio en  persona  protegida,  de  secuestro  a  detención ilegal y privación del debido  proceso,  de  hurto a destrucción y apropiación de bienes protegidos o despojo  en  el campo de batalla— no  tuvo  efectos en la dosificación punitiva porque la sentencia tuvo en cuenta la  pena  vigente  al  momento de la comisión de la conducta delictiva en atención  al principio de favorabilidad.   

Antes   de   rehacer  la  cuantificación  punitiva,  conviene  precisar a la defensa, dada su solicitud orientada a que la  sanción   ordinaria   se   tase  reconociendo  las  rebajas  por  confesión  y  aceptación  de  cargos  ante  la  eventualidad de que la pena alternativa pueda  revocarse,  que  el proceso transicional no contempla la posibilidad de conceder  esas  figuras jurídicas, dada su disímil naturaleza respecto del procedimiento  ordinario.   

          En  tal  sentido,  la  Corte  se ha referido al tema de la siguiente  manera   (CSJ,   27/04/11,  rad.  34547):        

De  modo, pues, que la referencia en la Ley  975  de 2005 a los criterios establecidos en la ley penal para tasar la sanción  y  la  consagración  en  la  primera  de  esas  disposiciones  del principio de  complementariedad  no  implica, per se, que el postulado tenga derecho a obtener  rebaja  por  razón  de  mecanismos  posdelictuales previstos en la legislación  ordinaria.   

En  ese  sentido,  se  advierte  cómo  la  aceptación  de  cargos,  la  confesión  y  la  colaboración  con  la justicia  regulados  en  la  Ley  de Justicia y Paz se estructuran sobre bases distintas a  las establecidas en la Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004.   

Sobre  el particular, es necesario tener en  cuenta  que  el  acceso a la justicia transicional reviste carácter voluntario,  en  el sentido de que a sus trámites solamente ingresan quienes, haciendo parte  de  grupos armados al margen de la ley, así lo manifiestan. Pero una vez allí,  su  permanencia  depende  de  que confiesen integralmente sus delitos, colaboren  eficazmente  con  la  justicia  y acepten los cargos. Si no lo hacen saldrán de  inmediato  de  dicho  marco  y  serán  procesados  por  la  justicia ordinaria.  (…)   

Como se observa, la confesión, aceptación  de  cargos  y  colaboración  con  la  justicia  son  de  la esencia del esquema  diseñado  en la Ley 975 de 2005, de manera que sin su presencia no habrá lugar  a  la  aplicación  de  sus  trámites. En cambio, en los procedimientos penales  ordinarios  tales  mecanismos son eventuales, en forma que de su concurrencia no  depende la continuación del trámite.   

Si lo anterior es así, resulta improcedente  que  dentro  de la determinación de la pena ordinaria que se impone en el marco  de  la  Ley 975 de 2000, se pretenda la aplicación de beneficios propios de las  Leyes  600  de  2000 y 906 de 2004. Para que esto ocurra, será necesario que el  procesado  haya sido investigado y juzgado conforme a los trámites regulados en  dichas  codificaciones.  Como esa situación no acontece en el presente caso, la  solicitud  en  tal  sentido  de  los  defensores debe despacharse negativamente.   

La  inclusión oficiosa del Tribunal de las  circunstancias  de mayor punibilidad 2 —motivo  abyecto  o  fútil—,  5  —abuso de  superioridad     o     inferioridad—,  8  —aumentar  el  sufrimiento  víctimas—  y   10  —coparticipación  criminal— del artículo 58  de  la Ley 599 de 2000 se presentó respecto de algunos delitos y sólo frente a  ellos la Corte modificará el monto de la sanción.   

La pena prevista en los artículos 103 y 104  de  la  Ley  599  de  2000  para  el  homicidio  agravado es de 25 a 40 años de  prisión.  Como  la  Fiscalía  no  imputó  circunstancias  de  mayor  o  menor  punibilidad,  acorde  con  el  artículo 61, la sanción debe fijarse dentro del  primer  cuarto  —de 300 a  345  meses—. En ese ámbito  la  Corte  seleccionará  el máximo en atención a la gravedad de la conducta y  el  daño  real causado a las familias de las víctimas que debieron soportar un  dolor  superlativo,  máxime  cuando  las  muertes  se causaron a personas de la  población  civil,  no  involucradas en el conflicto armado. En consecuencia, la  pena por este delito se fija en 345 meses de prisión.   

Lo   anterior,  además,  respetando  los  criterios   fijados   por   el  Tribunal  que  sobre  el  tema  estableció  que  «debe  tenerse  en  cuenta algunos elementos, como el  tipo  de  violencia utilizada, la gravedad de la conducta, el daño causado a la  víctima,  a  su  familia y a la comunidad en general, según se desprende de la  narración  de  los  hechos.  Todo lo anterior implica la necesidad de ubicar la  pena   en  el  máximo  de  los  cuartos  medios,  es  decir  de  435  meses  de  prisión».   

El artículo 135 del Código Penal establece  para  el  homicidio  en  persona protegida pena de 30 a 40 años de prisión. La  Fiscalía  no imputó circunstancias de mayor o menor punibilidad, acorde con el  artículo  61,  la  sanción  debe fijarse dentro del primer cuarto —de   360   a   390  meses—.   Con   iguales   criterios  a  los  señalados  en  el  párrafo  anterior,  porque  estos  delitos  también fueron  cometidos  en el marco del conflicto armado por un grupo organizado al margen de  la  ley,  la  Sala  establecerá como sanción el máximo señalado, esto es 390  meses  de  prisión.  Igual operación se realiza en relación con la multa y la  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas, las cuales  quedan en 2750 smmlv y 195 meses, respectivamente.   

En  el caso de la tentativa de homicidio en  persona  protegida,  acorde  con  los  parámetros  del artículo 27 del Código  Penal,  la  pena  oscila  entre  los 15 y 30 años, de manera que el máximo del  primer  cuarto impone fijar la sanción en 225 meses de prisión, 1687,5 smmlv y  112,5  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas.      

Similar  criterio  se aplicará respecto de  los  delitos  de  tortura,   detención  ilegal  y  privación  del  debido  proceso,  destrucción  y apropiación de bienes protegidos, despojo en campo de  batalla,  desplazamiento  forzado  y constreñimiento ilegal frente a los cuales  el  Tribunal  agregó  las circunstancias de mayor punibilidad no atribuidas por  la Fiscalía.    

La Corte conservará la tasación de la pena  efectuada  por  el  Tribunal  en  relación  con  los  delitos de concierto para  delinquir,  falsedad  y  uso  ilegal de uniformes e insignias porque respecto de  ellos  no  se  presenta  la  falencia  examinada  por  cuanto  la  sentencia  no  consideró  motivos  de mayor punibilidad. No obstante, la pena fijada para esos  hechos  delictivos  será  considerada  en  las proporciones determinadas por la  primera instancia a efectos de establecer la sanción final.    

Postulado             

Cargo             

Pena    en   la  sentencia  Tribunal             

Pena  tasada  por  la  Corte             

Pena  definitiva  

JUAN  FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA             

– Cargo 2, Homicidio     agravado    Edwin Alonso Arias Uribe   

            

-435   meses   de  prisión   

            

345 meses de prisión,  20 años de inhabilitación.             

A  la pena más grave  (345  meses)  se agregan 7 meses por concierto para delinquir y 5 meses más por  utilización ilegal de  uniformes e insignias.   

Total  pena:  357  meses  de  prisión, 20 años de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas y multa de 10.037,5 smmlv (corresponde a la pena fijada por  la  Corte más la fijada por el Tribunal por el concurso de delitos de concierto  para delinquir y uso ilegal de uniformes)  

EDILBERTO  DE  JESÚS  CAÑAS CHAVARRIAGA             

-Cargos 9,  2,  3,  4,  7  y 8,  homicidio          en         persona         protegida     Mario    Monsalve    Guarín  y otros   

–   Cargo  10,  tentativa  homicidio  en  persona protegida de Néstor  Raúl Guerra Patiño   

– Cargos 8 y 9, tortura en persona protegida  de NN y Jorge Mario Monsalve Guarín   

– Cargo 8, detención ilegal y privación del  debido proceso de NN   

–  Cargo  11, destrucción y apropiación de  bienes protegidos             

-450 meses de prisión,  multa 4250 smmlv,   

225 meses inhabilitación  

-315  meses de prisión, 3062,5 smmlv, 157,5  meses inhabilitación   

-210 meses de prisión e inhabilitación, 875  smmlv multa   

-165  meses  prisión  y  multa  1750  smmlv   

-105   meses   prisión,   593,75   smmlv  multa             

390 meses de prisión,  2750 smmlv, 195 meses inhabilitación   

-225  meses de prisión, 1687,5 smmlv, 112,5  meses inhabilitación   

-150      meses      prisión      e  inhabilitación,   

625 smmlv multa  

-135    meses   prisión,   1250   smmlv  multa   

-75  meses  de  prisión,  593,75  multa (la  tasación   correcta   arroja  625  smmlv.  No  se  modifica  en  virtud  de  la  reformatio         in        pejus)             

A  la pena más grave  (390  meses)  se suman 15 meses por cada homicidio adicional (15 x 5 =75 meses),  12  meses  por  la  tentativa  de homicidio, 8 meses por cada tortura (8 x 2= 16  meses),  7  meses  por  cada  detención  ilegal (7 x 2 = 14 meses), 5 meses por  utilización   ilegal  de  uniformes  y  7  meses  por  apropiación  de  bienes  protegidos.   

Total pena: Como la  suma  supera  el  máximo  legal  permitido, se fija en 40 años de prisión, 20  años  de  inhabilitación  y  multa  de 21.568,75 smmlv (sumatoria de todas las  multas fijadas, más la de uso ilegal de uniformes e insignias).  

NÉSTOR EDUARDO CARDONA  CARDONA             

-Cargos 6, 2, 7, 8, 9  homicidio    en    persona    protegida   

-Cargo   4,   tentativa   de   homicidio  Alberto   Gil   González   

–   Cargo   5  lesiones  a  Alex Santiago Galvis Restrepo   

–  Cargo  7,  despojo  campo  de batalla a  William De Jesús Herrera Mesa   

-Cargo     7,     Constreñimiento  ilegal   

-Cargo  10  detención ilegal y privación  del     debido     proceso     de    Yoana    Yanet  Mosquera   

            

-450  meses prisión,  multa 4250 smmlv,   

225 meses inhabilitación  

-225  meses de prisión, 1687,5 smmlv, 112,5  meses   

-27 meses de prisión  

-99    meses    prisión,    250   smmlv  multa   

-21 meses prisión  

-165    meses   prisión,   1750   smmlv  multa             

-390 meses de prisión,  2750 smmlv, 195 meses inhabilitación   

-Tribunal  no  incluyó circunstancias mayor  punibilidad. Corte ratifica tasación   

-17 meses de prisión  

-57    meses    prisión,    150   smmlv  multa   

-15 meses de prisión  

-135  meses  de  prisión,  1250 smmlv multa             

A la pena más grave  (390  meses) se suman 15 meses por cada homicidio adicional (60 meses), 12 meses  por  la  tentativa de homicidio, 8 meses por el delito de lesiones personales, 7  meses   por   el   delito   de   despojo  en  campo  de  batalla,  4  meses  por  constreñimiento  ilegal, 13 meses por detención ilegal y privación del debido  proceso, 5 meses por el uso ilegal de uniformes.   

Total  sanción:  Como  la  suma  supera  el  máximo  legal  permitido,     se     fija     en     40    años    de    prisión,  20 años de  inhabilitación  y  multa  de  15.550  smmlv  (sumatoria  de todas las multas fijadas + la de uso  ilegal de uniformes)  

EDGAR ALEXANDER ERAZO  GUZMÁN             

-Cargos 6, 7, 8, 9, 11,  12 y 13, homicidio en persona protegida   

-Cargos   2,   3,   4   y   5   homicidio  agravado   

–  Cargos  2, 3, 11 y 12 detención ilegal y  privación debido proceso   

– Cargo 7, desplazamiento forzado  

            

-450  meses prisión,  multa 4250 smmlv,   

225 meses inhabilitación  

-435 meses de prisión  

-165   meses   prisión   y   multa   1750  smmlv   

-210 meses de prisión, 1750 smmlv, 150 meses  inhabilidad             

-390 meses de prisión,  2750 smmlv, 195 meses inhabilitación   

-345 meses de prisión  

-135    meses   prisión,   1250   smmlv  multa   

-150 meses de prisión y de inhabilitación,  1250 smmlv             

A la pena más grave  (390  meses)  se  suman  15  meses por cada uno de los 18 homicidios adicionales  (270  meses),  13  meses  por  cada  detención  ilegal  y privación del debido  proceso  (5×13=65  meses),  10  meses  por  cada desplazamiento forzado (6×10=60  meses),  7  meses por el concierto para delinquir y 5 meses por el uso ilegal de  uniformes.   

Total  sanción:  Como  la  suma  supera  el  máximo  legal  permitido,  se  fija  en 40 años de prisión, multa de 50.000 smmlv (el máximo  permitido) e inhabilitación de 20 años.      

JUAN  MAURICIO OSPINA  BOLÍVAR             

-Cargos 2 y 4 homicidio  en  persona  protegida,  Yobany  Corrales  Cuartas  y  Miguel Alejandro Gómez Arias   

-Cargos 3 y 5, homicidio agravado  

-Cargo  4,  tentativa  homicidio  en persona  protegida de Wilson Jaiber López Moreno   

            

-450  meses prisión,  multa 4250 smmlv,   

225 meses inhabilitación  

-435 meses de prisión  

-315  meses de prisión, 3062,5 smmlv, 157,5  meses inhabilitación   

            

-390 meses de prisión,  2750 smmlv, 195 meses inhabilitación   

-345 meses de prisión  

-225  meses de prisión, 1687,5 smmlv, 112,5  meses inhabilitación             

A la pena más grave  (390  meses)  se suman 15 meses por cada uno de los 4 homicidios adicionales (60  meses),  12  meses  la  tentativa  de  homicidio,  6 meses por el concierto para  delinquir y 5 meses por el uso ilegal de uniformes.   

Total  sanción:    473    meses    de    prisión,   inhabilitación  de 20 años y multa de 18.412,5 smmlv (2750×3+1687,5×2 más las  tasadas  por  el  tribunal  por  concierto 6500 y uso ilegal de uniformes 287,5)  

WANDER  LEY  VIASUS  TORRES             

-Cargo  3,  homicidio  persona     protegida     de     Dairo    Humberto  Amariles   

-Cargo   2,   homicidios   agravados   de  Nelson  de  Jesús  Arias Dadiv, Jair Alberto Calle y  Gonzalo Múnera Blandón   

-Cargo  4,  detención  ilegal  y privación  debido  proceso  (se  fija pena con ley más favorable,  secuestro art. 269  C.P. de 1980)             

450  meses  prisión,  multa 4250 smmlv,   

225 meses inhabilitación  

-435 meses de prisión  

–   243   meses   prisión   y  multa  275  smmlv             

-390 meses de prisión,  2750 smmlv, 195 meses inhabilitación   

-345 meses de prisión  

-129    meses    prisión,   125   smmlv  multa             

A la pena más grave  (390  meses)  se suman 15 meses por cada uno de los 3 homicidios adicionales (45  meses),  13  meses  por  la detención ilegal y privación del debido proceso, 6  meses  por  el  concierto  para  delinquir  y  5  meses  por  el  uso  ilegal de  uniformes.   

Total sanción: 459  meses    de    prisión,   multa   de   17.912.5   e   inhabilitación   de   20  años.      

No  sobra precisar que el cuadro no incluye  las  penas  impuestas  en las sentencias emitidas en la jurisdicción ordinaria,  cuya  acumulación  dispuso  el  Tribunal  ni  en  la  que más adelante la Sala  ordenará acumular.   

    

1. Impugnaciones     

2.1.  Las condenas impuestas a JUAN   FERNANDO   CHICA  ATEHORTÚA  y  a  EDGAR    ALEXANDER   ERAZO   GUZMÁN   por  las  muertes de Luis Fernando Herrera  Saldarriaga   y   Mónica  Patricia  Agudelo  Mejía, respectivamente,   vulneran  la  garantía  de  la  cosa  juzgada.   

La  Fiscalía  pidió  revocar  la  condena  impuesta    al    postulado   JUAN   FERNANDO   CHICA  ATEHORTÚA   por   el   homicidio   de   Luis  Fernando  Herrera  Saldarriaga porque  afecta  el  principio  de la cosa juzgada, pues  el  Juzgado 22 Penal del Circuito de Medellín lo absolvió el  7  de  noviembre  de  2000  por  tales  hechos  y la única forma de remover esa  decisión  es a través de la acción de revisión. Y si bien imputó ese cargo,  ello  obedeció  a  la necesidad de garantizar el derecho a la verdad, de manera  que  el  Tribunal no podía condenarlo y, menos aún, imponerle pena de 40 años  de prisión.   

En  igual sentido, la defensa se refirió a  la  condena  impuesta  a  EDGAR ALEXANDER ERAZO GUZMÁN  por  el  homicidio de Mónica  Patricia  Agudelo  Mejía  en relación con el cual el  Juzgado  27  Penal del Circuito de Medellín dictó sentencia condenatoria el 18  de octubre de 2011.    

Consideraciones de la Sala:  

En  el  capítulo  correspondiente  a  la  legalización  de  cargos, la primera instancia manifestó lo siguiente en torno  a  la  sentencia  absolutoria expedida en favor de JUAN  FERNANDO   CHICA   ATEHORTÚA   por   la   muerte  de  Luis    Fernando   Herrera   Saldarriaga:   

La   Sala,   con  todo,  debe  hacer  una  precisión.  El  postulado Chica Atehortúa fue absuelto por el Juzgado 22 Penal  del  Circuito  de  Medellín del homicidio de Luis Fernando Herrera Saldarriaga,  delito  que  la  Fiscalía  le  imputó en este proceso y él aceptó. A primera  vista  podría  decirse que esa imputación viola la cosa juzgada y el principio  non  bis  in  ídem,  que subyace en ella, conforme al cual una persona no pueda  ser  juzgada  dos veces por el mismo hecho, con mayor razón si fue absuelto del  delito.  Pero,  la  cosa juzgada no es absoluta porque puede quebrarse a través  de  una  acción  de  revisión  y  el  principio non bis in ídem constituye un  derecho  y  una  garantía  para  el  ciudadano  y, como tal, es renunciable por  éste.   La  Sala  entiende,  entonces,  que  al  aceptar  libre,  voluntaria  y  espontáneamente  y debidamente informado esa imputación, a pesar de haber sido  absuelto,  renunció  a la protección de la cosa juzgada y el non bis in ídem.  De allí que legalizará ese cargo.   

La  defensa  se identificó con dicha tesis  porque  el  postulado  renunció a la cosa juzgada en aras de la verdad, la cual  debe  prevalecer,  máxime  cuando acudir a la acción de revisión para remover  los  efectos de la sentencia absolutoria contraría los principios de celeridad,  economía y afecta los derechos de las víctimas.   

Pues   bien,   la   Corte   revocará  la  legalización   del  cargo  No.  4  atribuido  a  JUAN  FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA  y  la condena impuesta en  razón  de  ese  delito  porque  si bien la Fiscalía le imputó el homicidio de  Luis   Fernando   Herrera   Saldarriaga,  cometido  el  18  de  julio  de  1999,  lo  hizo  para  efectos de  garantizar  el  derecho  a  la  verdad  de las víctimas, dada la confesión del  crimen  efectuada por el postulado, pero allí mismo señaló que en su favor el  Juzgado  22  Penal del Circuito de Medellín profirió el 7 de noviembre de 2000  sentencia  absolutoria  que  se  encuentra ejecutoriada, cuya remoción sólo es  posible a través de la acción de revisión.   

El principio de la cosa juzgada implica que  a  quien  se  le haya definido situación jurídica por sentencia ejecutoriada o  providencia  con la misma fuerza vinculante, no se le puede someter nuevamente a  juicio  por  la misma conducta, aun cuando se le dé una denominación jurídica  diferente.  Esta garantía integrante del debido proceso, se correlaciona con el  postulado  non  bis  in ídem  consagrado  en el inciso cuarto del artículo 29 de la Constitución Política y  en  los  artículos  8º  del Código Penal, 19 de la Ley 600 de 2000 y 21 de la  Ley 906 de 2004.   

Dicho principio no es de carácter absoluto  porque  puede  ser  limitado  para  defender  intereses de supremo valor para la  sociedad  como  los derechos de los procesados o de las víctimas de violaciones  a  los  derechos  humanos   o  graves infracciones al derecho internacional  Humanitario,  como  ha  decantado  la jurisprudencia constitucional (C-4   de  2003;  C-871  de  2003).    

Por  ello,  el mecanismo establecido por el  ordenamiento  jurídico  nacional  para compaginar esa garantía con la justicia  material  es  la  acción  de revisión que permite remover la cosa juzgada para  hacer  cesar  la  injusticia  contenida  en  una  decisión en la cual la verdad  procesal  es  diametralmente opuesta a la verdad histórica del acontecer objeto  de  investigación o juzgamiento, previa demostración de alguna de las causales  previstas en la ley.   

El principio de la cosa juzgada no es ajeno  al  proceso  que  se  surte  bajo  los  lineamientos de la Ley de Justicia y Paz  porque  el  compendio  normativo transicional no lo excluye y, por el contrario,  se  nutre de las garantías generales del ordenamiento jurídico nacional dentro  del  cual  ocupa  lugar  preponderante  la  prohibición  de  doble juzgamiento.   

Incluso,   considerando   la   especial  protección  de  los  derechos de las víctimas otorgada en la Ley de Justicia y  Paz,  no  es posible desconocer, sin más, los efectos de la cosa juzgada, dados  lo  nocivos  efectos  que ello comportaría para la coherencia y legitimidad del  sistema   jurídico   al  propiciar  la  coexistencia  de  fallos  de  carácter  contradictorio frente a un mismo supuesto fáctico.   

Ello,  además,  porque  la  confesión  de  hechos   punibles   juzgados   con  anterioridad  puede  obedecer  a  disímiles  propósitos,  desde  contar  la  verdad hasta encubrir a los verdaderos autores,  por  manera  que  debe ser examinada con detenimiento en el trámite establecido  para esos propósitos.   

De otra parte, la imputación del homicidio  de   Luis  Fernando  Herrera  Saldarriaga  obedeció  a la necesidad de materializar el derecho a la verdad y  configurar  la memoria histórica del conflicto y no tuvo como finalidad obtener  una  sentencia  de  condena,  pretensión  imposible mientras no se remuevan los  efectos  de  la cosa juzgada que acompañan a la sentencia absolutoria porque no  pueden  coexistir  frente a un mismo hecho delictivo dos decisiones opuestas: la  sentencia  absolutoria  proferida  el  7  de noviembre de 2000 por el Juzgado 22  Penal  del  Circuito  de  Medellín  y  el  fallo  de  condena  emitido el 24 de  septiembre  de  2015  por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de esa  ciudad.       

Con  mayor  razón  cuando  la  Corte ya ha  definido  el  asunto en los siguientes términos (CSJ,  07/11/22,     rad.     39665;      26/09/12,     rad.    39261):   

De  manera  que  la  inquietud que plantean  algunos  sujetos  procesales  acerca  de  si  la mera confesión de un postulado  puede  resultar  suficiente  en  el  ámbito  de  la  justicia transicional para  derruir  la cosa juzgada, debe ser respondida negativamente y de manera tajante.  Y  la  respuesta no puede ser otra, dado que ello avocaría a la administración  de  justicia a la anarquía jurídica, al caos judicial, en tanto sentencias con  autoridad  de cosa juzgada se verían derruidas con la sola manifestación de un  sujeto procesal.   

Piénsese  tan  solo  en  los  problemas de  competencia,  de  jerarquía,  insoslayables  dentro de un sistema de estructura  piramidal,  pues  de  no  ser  así  las decisiones de los más altos tribunales  podrían  ser  revocadas o desconocidas por funcionarios de inferior categoría,  como  ocurriría  en el caso que nos ocupa, en donde fue la cabeza máxima de la  justicia  ordinaria  la  que  profirió  la  decisión  que se pretende revocar.  Inadmisible  se  torna  entonces,  que  la simple manifestación de un postulado  tenga  poder  suficiente  para  desconocer la presunción de acierto y legalidad  que  ampara  una  sentencia o una decisión con el mismo efecto definitorio y la  cual ha hecho tránsito a cosa juzgada.   

Pero   considérense   igualmente   otros  inconvenientes,  v. gr. el que tan sólo uno de dos o treinta procesados que han  sido  beneficiados  por una decisión en firme, decida renunciar a la misma, con  lo  cual surge el interrogante, bastaría tal manifestación de tan sólo uno de  ellos  para  dar  al traste con esa decisión preclusoria o absolutoria, y cuál  sería  entonces  la situación de aquellos procesados que se mantienen apegados  a dicha decisión y a la fuerza de la cosa juzgada.   

Se  argumenta  por  la  Fiscalía  que  nos  encontramos  frente  a  un proceso transicional que privilegia las víctimas, lo  cual,  en  muchos aspectos tiene sentido y así ha sido reconocido, pero tampoco  puede  pretermitirse  que  la  cosa juzgada y el non bis in idem, corresponden a  derechos  de  igual jerarquía a aquellos que se invocan a favor de víctimas, y  se  encuentran igualmente consagrados a nivel de tratados (Convención americana  de  derechos  humanos  (art.  8.4),  Pacto  internacional  de derechos civiles y  políticos (art. 14).   

El   proceso   transicional   devela  una  situación  coyuntural  diferente, históricamente distinta y trascendental para  la  paz  del  país.  Pero  no  necesariamente  de  lo que ese proceso significa  intrínsecamente  y  de  lo  que  propugna  por  su  feliz  culminación,  puede  entenderse  que  todo  el  procedimiento  ordinario debe rendirse a esos fines y  propósitos.   Admitirlo   comportaría   instaurar  excesivos  privilegios  que  conducirían  al  despotismo  jurídico  en  aras  de  la  paz y otros fines que  persigue  el  proceso  transicional  y  la  paz  así  lograda, por encima de la  juridicidad, genera más injusticia, más guerra.”   

4-  Qué  debe  hacerse,  entonces,  si  un  postulado,  a  quien  se le imputa una conducta punible cometida con ocasión de  su  vinculación a grupos al margen de la ley, que hayan declarado su intención  de  acogerse  a  la  Ley  975, confiesa un hecho por el que fue absuelto en otro  proceso.  El procedimiento a seguir, como lo sugiere la Magistrada de Control de  Garantías  y  lo admiten todos los sujetos procesales, no puede ser otro que el  de  la  acción  de revisión, a fin de que a través de ella, se deje sin valor  ni efecto esa decisión preclusoria o absolutoria. (…).   

Adviértase,  contra  el  argumento  de  la  morosidad  de  la  acción  de  revisión,  que la finalidad que se persigue, se  logra  tan  solo  con  el hipotético o eventual fallo de revisión, sin que sea  menester  reiniciar  otro juicio, dado que aquel procedimiento cuya revisión se  demandó  pasaría  a integrarse al proceso de justicia y paz, es decir, emitida  la  orden  de  revisión,  esto  es,  derruida  la  cosa juzgada, ese proceso se  integraría  al  proceso  transicional,  para  los  efectos  de quienes han sido  postulados  y se rompería la unidad procesal, siguiendo su curso en la justicia  ordinaria,   para   quienes  no  se  han  sometido  a  la  ley  de  transición.   

Siendo ello así, la Sala de Justicia y Paz  no   podía   emitir   nueva   sentencia   por   el  homicidio  de  Luis   Fernando  Herrera  Saldarriaga  por  cuanto  se  encuentra  vigente el fallo emitido respecto del mismo hecho punible  por  el  Juzgado  22  Penal  del  Circuito de Medellín, frente al cual no se ha  promovido la correspondiente acción de revisión.     

En igual situación se encuentra la sanción  impuesta  al  postulado  EDGAR ALEXANDER ERAZO GUZMÁM  por  el  homicidio de Mónica  Patricia  Agudelo Mejía porque el Juzgado 27 Penal del  Circuito  de  Medellín  el  18  de  octubre  de 2012 lo condenó a 280 meses de  prisión  por  ese mismo crimen, según se observa en la documentación aportada  por la Fiscalía en la audiencia de legalización de cargos.   

En  consecuencia,  la  Corte  revocará las  condenas  emitidas  por  los citados hechos en contra del postulado JUAN    FERNANDO   CHICA   ATEHORTÚA   y  EDGAR    ALEXANDER    ERAZO    GUZMÁN.  Respecto  de  este último se acumulará la sentencia proferida el  18   de   octubre   de   2012   por   el   Juzgado  27  Penal  del  Circuito  de  Medellín.   

2.2.  Falta  de competencia de la Sala para  compulsar  copias  para  investigar  a  funcionarios  no  relacionados  con  los  crímenes atribuidos a los postulados.   

El  Ministerio  Público  pidió revocar la  orden  de  reiterar  la  expedición de copias para investigar a funcionarios en  apariencia   ajenos  a  las  conductas  delictivas  desplegadas  por  los  siete  postulados  juzgados en este proceso, máxime cuando ya habían sido expedidas y  esa  decisión  no  fue  afectada  con  la  nulidad  decretada  con antelación.  Además,  la  mayoría de investigaciones disciplinarias surgidas de ese mandato  ya   fueron   archivadas  y  la  nueva  compulsa  afectaría  el  principio  del  non   bis  in  ídem.    

    

Consideraciones de la Sala:  

En decisión del 4 de septiembre de 2013 la  Sala   de   Justicia   y   Paz  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  excluyó  oficiosamente   del   proceso  transicional  a  los  postulados,  determinación  impugnada  por las partes e intervinientes  y anulada por esta Corporación  mediante proveído del 23 de julio de 2014.   

En  la  misma  determinación  la  primera  instancia  dispuso  emitir  copias  para investigar penal y disciplinariamente a  numerosos  servidores públicos, orden que no fue materia de pronunciamiento por  esta  Sala  por  tratarse  de  un mandato de cumplimiento inmediato. En razón a  ello,  el  Tribunal  la materializó a través de oficios fechados el 15 y 17 de  octubre  de  2013  dirigidos  a  la  Comisión  de  Acusaciones de la Cámara de  Representantes  y  al Fiscal General de la Nación, como se observa a folios 259  a  263  y  276  a  278  del cuaderno No. 4 de la audiencia concentrada. Incluso,  según   informa  el  impugnante,  muchas  de  esas  investigaciones  ya  fueron  tramitadas   y   decididas   judicial  y  administrativamente.      

Siendo  ello  así,  la  reiteración  del  mandato  de  expedir  copias  para  investigar  a los mismos funcionarios que ya  habían  sido  objeto  de  la  compulsa  resulta repetitiva e innecesaria por el  desgaste  de  recursos  que  comporta  para la administración de justicia, pues  promueve  la  duplicación  de  actuaciones  y somete a los afectados a un doble  ejercicio  de  defensa  dentro del cual deben informar y demostrar la existencia  de la investigación anterior.   

Con  mayor  razón cuando la Corte ha dicho  que  las órdenes de jueces y fiscales de compulsar copias para investigar penal  o  disciplinariamente  la  posible  comisión de conductas punibles diferentes a  las  que investiga o juzga, constituyen el ejercicio de un deber legal que no es  susceptible  de  recursos «no sólo por constituir un  aspecto  colateral,  sino  porque  cualquier controversia sobre la viabilidad de  iniciar  o  no  la  acción  a  que  hubiere  lugar,  corresponde  dirimirla  al  funcionario  competente  y  no  al  que,  en  cumplimiento de su deber legal, se  limita   simplemente  a informarlo». (CSJ,  6/09/00,  rad.  16725;  28/04/92,  rad. 3525; 11/05/94, rad.  8989; 17/08/00, rad. 15862; 20/11/13, rad. 42576, entre otras).   

La  actuación  iniciada  a  partir  de las  copias  expedidas es el escenario idóneo para controvertir la configuración de  los  hechos informados, la participación de las personas mencionadas, así como  la  existencia de cosa juzgada o afectación del principio del non bis in ídem,  entre otros múltiples aspectos.   

En   consecuencia,   por   innecesaria  y  repetitiva,  la  Corte revocará la orden impartida en el numeral 28 de la parte  resolutiva de la sentencia.     

2.3. Se debe revocar el plazo otorgado para  el cumplimiento de la sentencia.   

     

El  representante  del  Ministerio Público  solicitó  revocar el plazo otorgado a la Unidad para la Atención y Reparación  Integral  de  Víctimas  para  cumplir  las  órdenes  de reparación pecuniaria  impartidas  en  la  sentencia  porque  resulta injustificado, dado el prolongado  tiempo  de  espera  de  las  víctimas  para  obtener  el  resarcimiento  de sus  derechos.   

Consideraciones  de  la  Sala:   

En el capítulo correspondiente a las reglas  para   hacer  efectiva  la  indemnización,  la  primera  instancia  dispuso  lo  siguiente:   

iii) La Unidad Administrativa Especial para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a las Víctimas deberá presentar en un  plazo  de 6 meses a partir de la ejecutoria de esta sentencia, y con miras a dar  cumplimiento  al  total  de  la indemnización ordenada, una programación de la  forma  cómo  le  dará cumplimiento al pago de las indemnizaciones, con base en  las siguientes reglas:   

“a) El plan deberá incluir un inventario  y  una  estimación  de  los  recursos que espera recolectar y/o apropiar de las  distintas  fuentes  del  Fondo, las víctimas por indemnizar y la cuantía total  de  las  indemnizaciones,  indicando  las razones de esos estimativos, así como  las  fechas  específicas  y  el  procedimiento  para  pagarle a cada una de las  víctimas;  b)  El  plazo  máximo para comenzar a entregar el monto restante de  las  reparaciones judiciales no superará los 12 meses a partir de la ejecutoria  de  esta  sentencia;  c) El plan podrá incluir el pago a plazos, siempre que se  trate  de  un plazo razonable de acuerdo a las circunstancias de las víctimas y  del  Fondo; d) El plan podrá incluir como modalidad la posibilidad de instituir  una  cuota  indemnizatoria  que  será  entregada a cada una de las víctimas de  manera  periódica  hasta  completar la totalidad del monto o hasta que el Fondo  cuente  con  los  recursos  suficientes  para  hacer  la entrega total del monto  asignado;  e) El plan deberá tener en cuenta los principios fijados por la Sala  y,  en  particular,  la  posibilidad  de garantizar el acceso preferencial a las  personas más vulnerables o en condiciones de mayor debilidad.   

Pues bien, acorde con el compendio normativo  de  Justicia  y  Paz,  una vez proferido y ejecutoriado el fallo, el pago de las  indemnizaciones  económicas  a  las  víctimas  le  corresponde  al  Fondo para  la   Reparación   a  las  Víctimas,  entidad  que  administra  los bienes entregados por los postulados y  los demás recursos previstos en la ley para esos efectos.   

Respecto  del plazo con que cuenta el Fondo  para  sufragar  las  condenas,  la  Sala  ha establecido que es el mismo del que  disponen  las  entidades  públicas para efectuar los pagos de dicha naturaleza,  según  lo  prescribe  el   artículo 299 de la Ley 1437 de 2011, de manera  que  no  le  corresponde  al  fallador  fijarlo  (CSJ  27/0411,   rad.   34547;   24/10/12,   rad.   39957;   SP12969-2015). Dice la norma:   

«Artículo 299. De la ejecución en materia  de contratos y de condenas a entidades públicas. (…)   

Las condenas impuestas a entidades públicas  consistentes  en  la liquidación o pago de una suma de dinero serán ejecutadas  ante  esta  misma  jurisdicción  según las reglas de competencia contenidas en  este  Código, si dentro de los diez (10) meses siguientes a la ejecutoria de la  sentencia la entidad obligada no le ha dado cumplimiento».   

Adicionalmente, la Corte ha considerado que  la  determinación  judicial  del  plazo  para  el  pago  podría menoscabar los  derechos  de  víctimas  de  otros procesos al ser desplazadas del turno que les  corresponda  en  los  eventos  en que han sido reconocidas con anterioridad. Por  ello,  lo  más conveniente es que el Fondo para la Reparación de las Víctimas  cumpla   con   la  obligación  en  el  menor  tiempo  posible,  acorde  con  la  reglamentación existente sobre la materia.   

En  consecuencia,  la  Corte  revocará  el  numeral  21  de  la parte resolutiva de la sentencia que establece el plazo y el  plan  de  pagos  de  las indemnizaciones reconocidas y liquidadas en ella.    

2.4.    Liquidación    de   perjuicios  materiales.      

La  abogada  Alma  Patricia  Rincón Ramírez, vocera de los apoderados de  víctimas,  impugnó  algunas  liquidaciones de perjuicios porque el Tribunal no  tuvo  en cuenta la prueba aportada. Para mayor comprensión y agilidad, la Corte  reseñará     los    casos    planteados    y    enseguida    consignará    su  decisión.   

          i)  Negativa  de  liquidar  lucro  cesante  en favor de Mónica    María   Restrepo   Rojas   y  María   Camila   Torres   Restrepo,   esposa  e hija de la víctima directa Jhon  Torres   Bueno,   porque   cuentan  con  pensión  de  sobrevivientes.   

          La   defensa  resaltó  que  la  pensión  de  sobrevivientes  y  la  indemnización  de perjuicios por la comisión de delitos son figuras jurídicas  diferentes  que  no  pueden  equiparase,  con  mayor razón cuando ello comporta  liberar  a  los  perpetradores  del  deber  de  resarcir los daños ocasionados.   

          El Tribunal denegó la pretensión por lo siguiente:   

         

(…) la Sala no liquidará dicho concepto,  pues  Mónica  María Restrepo Rojas y María Camila Torres Restrepo, compañera  permanente  e  hija  de  la  víctima  respectivamente,  fueron  pensionadas por  sobrevivencia  por  la  Policía  Nacional  a  partir de la fecha de los hechos,  mediante  resoluciones número 001014 del 08 de agosto de 2.002, 00726 del 01 de  junio  de  2.009, 01281 del 18 de septiembre del 2.009 y 00775 de mayo de 2.011.  Siendo  así, continuaron recibiendo los ingresos que percibía la víctima y es  la  falta  o  ausencia de éstos lo que justifica y fundamenta el lucro cesante.  No  habiéndose interrumpido o faltado ese ingreso no hay un perjuicio por lucro  cesante.   

El   tema   de   la   concurrencia  de  indemnizaciones   ha  sido  abordado  con  amplitud  por  varias  especialidades  jurídicas,  en  particular  por el derecho de daños, sin que exista una única  solución  sobre  los múltiples eventos cobijados por esa figura. La Sala Civil  de  la  Corporación  ha planteado la complejidad del problema en los siguientes  términos:   

Suele ocurrir -y de hecho sucede con cierta  frecuencia-  que  un mismo resultado lesivo sea susceptible de ser resarcido por  distintas  fuentes,  como  por ejemplo, cuando la víctima está amparada por un  seguro  particular  que cubre los daños que ha sufrido; o cuando está afiliada  al  sistema  de  seguridad social integral o a un régimen especial; o cuando el  daño  es  atribuible  a  culpa  o dolo del empleador o de un tercero; por citar  solo unos casos.   

Frente  a tal situación, surge el problema  de  si  es  posible  o  no  acumular  tales  prestaciones,  lo  cual  genera una  disyuntiva  inevitable: si no se admite la concurrencia, se enriquece quien deja  de  pagar  o  paga  menos porque el infortunio de la víctima ya estaba cubierto  por  otra  vía; y si se acepta la acumulación, se enriquece la víctima al ser  retribuida en exceso.   

El  conflicto  ha estado presente de tiempo  atrás  tanto  en  la  jurisprudencia y la doctrina nacionales como extranjeras,  sin  que  hasta el momento pueda decirse que se haya llegado a una solución que  satisfaga   a  todos  los  sectores  o  que  resuelva  de  modo  definitivo  los  interrogantes que el tema suscita.   

La dificultad tiene su origen en la noción  misma  de  indemnización,  que no persigue como fin hacer que el perjudicado se  lucre,  sino  reponer  su  patrimonio, por lo que es natural que, al comparar el  estado  que  tenía  antes y después de producirse el daño, se tomen en cuenta  los  efectos  ventajosos  producidos  por  el  mismo hecho en virtud del cual se  reclama.  (CSJ SC 09/07/12,  rad. 11001-3103-006-2002-00101-01).   

Evidentemente el homicidio del agente de la  Policía   Nacional   Jhon  Torres  Bueno,  ejecutado  cuando  borraba un grafiti pintado por integrantes del  Bloque  Cacique  Nutibara en la fachada de su residencia, ocasionó a su familia  perjuicios  de  todo  orden  que  deben  ser  indemnizados  por  los  postulados  condenados en este proceso.   

Sin  embargo,  en este particular evento el  lucro  cesante,  entendido  como  la  pérdida de cualquier utilidad, ganancia o  beneficio  a  consecuencia  de  la  conducta  dañosa,  fue  compensado  por  la  obtención  de la pensión de sobrevivientes desde la fecha del fallecimiento en  la   medida  que  la  esposa  e  hija  continuaron  recibiendo  el  ingreso  que  habitualmente  obtenían,  pues  no  se acreditó que la víctima obtuviera otro  tipo de emolumentos.   

          Con  independencia  de  la  solución brindada en otros ámbitos del  derecho,  en justicia transicional la respuesta más compatible con la finalidad  del  trámite impone negar la posibilidad de que concurran el lucro cesante y la  pensión   de   sobrevivientes   respecto   de   los  favorecidos  con  las  dos  prerrogativas,   por  cuanto  su  confluencia  propiciaría  su  enriquecimiento  injustificado,  dado que se trata de beneficios resarcitorios que cumplen con el  objetivo  de  restituir  a  la  víctima  los ingresos que dejó de recibir como  consecuencia del hecho dañoso.   

          Lo   anterior   no   releva   a   los   postulados  de  sufragar  la  indemnización  por  los  daños que causaron por cuanto la sentencia incluye la  obligación  de  pagar  el daño emergente y el perjuicio moral acreditado en el  proceso,  no  así  el  lucro cesante que fue cubierto por la prestación social  reconocida  en  favor  de  los  familiares  de  Torres  Bueno.   

En  consecuencia,  la  Corte ratificará la  decisión de la primera instancia.   

          ii)  Negativa de  reconocer  lucro cesante a los familiares de las víctimas directas Víctor  Hugo  López  Marulanda, Nelson David Arias y Jair Alberto  Calle  por  tratarse  de  menores  de edad respecto de  quienes no se demostró que percibieran ingresos.   

La  defensa  solicitó  revocar la anterior  decisión  porque  a  pesar  de  la  minoría  de edad de las víctimas directas  —todos tenían 17 años y  estudiaban  bachillerato—,  Jair   Alberto   Calle  era  artista   y   ayudaba   a   su   abuelo   en   una   ferretería,   Víctor  Hugo  López  adelantaba estudios  para  reparar  computadores  y Nelson Arias  aspiraba  a  ingresar  a  la  universidad,  por manera que estaban  preparándose  para un mejor futuro y muy seguramente ayudarían a sus familias.   

Sobre  el  reconocimiento del lucro cesante  por  la  muerte  de  menores  de  edad,  el Consejo de Estado tiene establecido:   

[L]a  jurisprudencia  ha  sido pacífica en  sostener  que  en tratándose de la muerte de un menor de edad no hay lugar  a  reconocer el lucro cesante por unos hipotéticos ingresos del menor, dado que  estos  son  eventuales,  a  menos  que  se  acredite  con  grado  de  certeza la  obtención  futura  de  estos  ingresos  y  también  que  en estos casos están  sometidos  a  la  doble  eventualidad  de  que  el menor hubiera podido llegar a  percibir ingresos y que los destinara a ayudar a sus padres. (…).   

Aunque  le  asiste  razón al impugnante al  afirmar  que  el  a-quo  no analizó las circunstancias particulares del caso, y  por  lo  tanto  no le dio valor a la situación de pobreza en la que vivían los  padres  del  menor,  circunstancia  que  aumenta la posibilidad de que éste los  ayudaría  posteriormente,  encuentra  la  Sala  que  dicho  análisis  lejos de  contribuir  a  modificar  la decisión, reafirma las razones de la negativa, por  cuanto,  en el sub judice, el solo hecho de que el menor apenas contaba con tres  años  y  nueve meses y no había ni siquiera iniciado su formación educativa y  la  maduración  de  su carácter o personalidad, sitúa la existencia del daño  en  un  grado  de probabilidad, que implica para el juez entrar en el terreno de  las  conjeturas,  a  efectos  de  cumplir  con el deber legal de reparar todo el  daño y nada más que el daño.   

En  efecto,  lo  relevante  a  la  hora  de  reconocer  la  indemnización  de  un  daño  bajo  el concepto de lucro cesante  futuro,   es   justamente   la  certeza  sobre  su  existencia  o  su  posterior  materialización,  es  decir  que  ello  no  puede  quedar  en  el  campo de las  probabilidades   o   depender   de  la  realización  de  otros  acontecimientos  contingentes  y extraños, ya que no en vano se afirma  por la doctrina que  sólo  del  daño  que  es  cierto,  no importa si es actual o futuro, se pueden  derivar     consecuencias     jurídicas     y     por     ende    ordenar    su  indemnización.  (CE. Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo,  Sección  Tercera, Subsección C. 5/07/12,  rad. 05001-23-31-000-1997-01942-01).   

Es  cierto que los jóvenes asesinados eran  menores  de  edad  porque  al  proceso  se  allegaron  los registros civiles que  corroboran  esa  situación,  pero  también  es cierto que por su condición de  estudiantes  ninguno laboraba para el momento de su deceso ni percibía ingresos  que  destinaran  al  sostenimiento  de  su  familia  porque  así lo reconoce el  recurrente.   

Y  aunque  los  adolescentes  cursaban  la  educación  media  y  en  su  tiempo  libre adelantaban cursos complementarios o  actividades  artísticas,  ese sólo hecho no permite adquirir certeza de que al  llegar  a  la mayoría de edad empezarían a laborar y a devengar, por lo menos,  un  salario mínimo legal y, menos aún, que lo destinarían al sostenimiento de  sus padres.   

Demostrar  la  configuración  del  lucro  cesante  por  la  muerte  de  un menor de edad exige aportar elementos de juicio  adicionales  que brinden certeza sobre la configuración del daño, deber que no  se  satisface con la simple afirmación de que se concretó ni con la condición  de  estudiante de la víctima. Si así fuese, el perjuicio se materializaría de  manera  automática  respecto  de  todos  los  educandos menores de 18 años sin  importar  sus  condiciones  particulares,  situación  que  no  corresponde a la  excepcionalidad    señalada   en   la   regla   jurisprudencial   citada.    

Se   requiere   entonces  de  un  estudio  detallado,  soportado  en  prueba  legal  y  oportunamente aportada, del cual se  deduzca  sin  dubitación  la  concreción  del  daño,  carga  procesal  que el  impugnante  incumplió  porque  los  certificados  allegados  sólo  reflejan la  calidad  de  estudiantes  de los jóvenes, quedando su afirmación en el terreno  de las probabilidades y conjeturas.   

Por  demás,  la  sentencia sí ponderó el  dictamen  contable  suscrito por perito de la Defensoría Pública, al punto que  citó  la  cifra  resarcitoria  en él establecida. No obstante, la liquidación  que  contiene  parte  de  considerar  que  los jóvenes realizaban una actividad  productiva  cuyos ingresos dedicaban al sostenimiento de su familia, aspecto que  no fue corroborado en el trámite incidental.   

Entonces,  para  que  adquiera  el  mérito  probatorio  pretendido, el estudio financiero debe acompañarse de los medios de  convicción  demostrativos  de  que  la  víctima  directa  realizaba  actividad  laboral  productiva  generadora de ingresos, su cuantía, el derecho a recibirla  por  quien  reclama,  bien  porque  el vínculo, grado de parentesco y/o la edad  obligaban   al   fallecido   a   la  manutención  del  reclamante  (esposa/o,    compañera/o    permanente,    hijos    menores    de  edad)  o porque se demostró la dependencia económica  (cuando  se  aduce frente a padres u otros familiares  sin capacidad de valerse por sí mismos).    

En   razón  de  lo  anterior,  la  Corte  confirmará la determinación del Tribunal.   

2.5.  Monto  de  los  perjuicios  morales.   

El  doctor  Luis  Fernando  Barrera Restrepo, vocero de los apoderados de  víctimas,  cuestionó la determinación del Tribunal de establecer una tabla de  indemnización  de  perjuicios morales que oscila entre 5 y 30 salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes porque esos montos son muy bajos respecto del daño  padecido   por  los  reclamantes  y  desconocen  la  jurisprudencia  nacional  e  internacional  sobre el resarcimiento de daños originados en graves violaciones  a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario.   

Consideraciones de la Sala:  

El    Tribunal    redujo   los   montos  tradicionalmente  reconocidos como indemnización de los perjuicios morales bajo  el  argumento  de  que  la  cifra  de  100  salarios  mínimos mensuales legales  vigentes  sólo aplica a casos y decisiones individuales y no a las reparaciones  masivas,  dada  la  escasez  de  recursos  del  Fondo  para  la  Reparación  de  Víctimas. Al efecto señaló:   

Si  bien el Consejo de Estado ha fijado los  perjuicios  morales  hasta  en  100  salarios  mínimos  mensuales vigentes, ese  criterio  es  aplicable  cuando  se  trata  de casos y decisiones individuales y  específicas,    pero    tratándose   de   violaciones   y   reparaciones   masivas,    con   cientos  de  miles  de  víctimas  a  las  que  debe  garantizarse  su  acceso  a  la  reparación  en  igualdad  de  condiciones, esa  cantidad  desborda  los  criterios de proporcionalidad y razonabilidad que deben  presidir  el  juicio de igualdad y no garantizan una reparación efectiva en una  sociedad que tiene recursos escasos.   

Relación con la víctima directa            

Víctima directa             

1er Nivel   

Relación   afectiva  conyugal  y  paterno  filiales (100%)             

   

2do Nivel  

Relación  afectiva  de  segundo  grado  de  consanguinidad o civil (50%)             

   

3er Nivel  

Relación  afectiva  de  tercer  grado  de  consanguinidad o civil   

(35%)  

Delitos  

Homicidio y  Desaparición forzada             

             

30  SMLMV             

15  SMLMV             

10,5  SMLMV  

Homicidio o  Desaparición forzada             

             

20  SMLMV             

10  SMLMV             

7  SMLMV  

Reclutamiento  ilícito o VBG (violencia sexual)             

20  SMLMV             

12  SMLMV             

6  SMLMV             

4.2  SMLMV  

Secuestro,  tortura, desplazamiento forzado             

12  SMLMV  

Tentativa de  homicidio             

5  SMLMV  

Lesiones  personales con pérdida permanente del órgano o función             

12  SMLMV  

Lesiones  personales sin pérdida permanente del órgano o función             

5  SMLMV  

           El  artículo  94  del  Código  Penal  estableció   que   «la   conducta  punible  origina  obligación  de reparar los daños materiales y morales causados con ocasión de  aquélla»  y los artículos 102 y siguientes de la Ley  906  de 2004 y 23 de la Ley 975 de 2005 instituyeron el incidente de reparación  integral  como  mecanismo  para  establecer  la  indemnización y demás medidas  resarcitorias  en  favor  de  las  víctimas  de  los perjuicios causados con la  infracción  penal.  A  su vez el artículo 23 de la Ley 975 de 2005 estableció  el  incidente  de reparación integral como escenario natural para identificar y  cuantificar  los daños ocasionados con las conductas criminales desplegadas por  los postulados.     

La  reparación  integral exige que una vez  demostrado   el   perjuicio  causado,  se  establezca  su  equivalencia  con  la  indemnización  a  efectos  de  restablecer el equilibrio quebrantado sin que la  cuantía resarcitoria exceda el valor del daño.   

Tratándose  del daño moral entendido como  el  dolor,  aflicción,  desesperación,  desasosiego, temor y zozobra padecidos  por   la   víctima   como   consecuencia   del  hecho  dañoso,  los  criterios  tradicionalmente  utilizados por los jueces para cuantificarlo se relacionan con  la  naturaleza  de  la  conducta  y  la  magnitud del perjuicio, mediados por la  sensatez   y   la   ponderación  de  las  diversas  aristas  de  la  situación  analizada.   

Con   todo,   conviene   precisar,   la  indemnización  por  el  daño  moral  no  es  restitutoria  ni  reparadora sino  compensatoria  porque  la pérdida de la vida de un ser querido o el sufrimiento  padecido  por  la  afectación  de  otro  bien  jurídico  no  se elimina con el  suministro de una suma de dinero.   

          Siendo  ello  así,  la  insuficiencia  de  recursos  del penalmente  responsable  no constituye criterio válido para fijar la indemnización por los  daños  ocasionados  con  el proceder delincuencial, pues su cuantía sólo debe  obedecer  al  valor  del  daño  realmente causado, en el caso de los perjuicios  materiales,  y  a  la compensación razonada de los inmateriales, acorde con los  criterios  ampliamente  decantados  por  la jurisprudencia nacional.     

En ese orden, resulta desacertada la postura  del  Tribunal  de  limitar  la  tasación  de los perjuicios inmateriales por la  escasez  de recursos del Fondo para la Reparación de Víctimas porque introduce  un      elemento     ajeno     al     derecho     de     daños     —la    capacidad    económica    del  obligado—  y,  además,  favorece  a  los  sentenciados al aligerar injustificadamente su responsabilidad  pecuniaria.   

Por  demás,  no  sobra  recordar  que  los  obligados  a  reparar los daños ocasionados con la actividad criminal  son  los  postulados  declarados  penalmente  responsables por cuanto el Estado sólo  acude  en  forma  subsidiaria  a  sufragar  el  «monto  establecido  en  el reglamento correspondiente para la indemnización individual  por   vía   administrativa»,  según  establece  el  artículo  10  de  la  Ley  1448  de  2011  y  la sentencia C-160 de 2016.    

Siguiendo  los  derroteros  trazados por la  Corte  Constitucional  en la sentencia C-370 de 2006, esta Corporación negó la  posibilidad  de  limitar  la  reparación  de  perjuicios por criterios de orden  presupuestal con los siguientes argumentos:   

De manera, pues, que una cosa es el derecho  a  obtener  la  declaración  judicial  del  monto  que  corresponda  al pleno e  integral  resarcimiento  de  los  perjuicios  causados  y  otra  muy distinta la  existencia  de  recursos  para  su  efectivo  pago  total, el cual podrá quedar  diferido  para  cuando  el  responsable (el desmovilizado o el Estado) tenga con  qué hacerlo.   

Al  respecto piénsese en que la condición  económica  del  deudor no permite a la judicatura minimizar sus obligaciones, o  peor  aún,  desconocerlas  en perjuicio del acreedor, pues es claro que el pago  de  la  reparación  será  un paso ulterior en todo este proceso tendiente a la  reconciliación nacional.   

Mutatis  mutandi, es necesario señalar que  igualmente  constituiría  violación  al  derecho de las víctimas a obtener la  reparación  integral por los daños causados si el juez, para fijar el monto de  la  indemnización,  no  se atiene a lo demostrado probatoriamente en el proceso  sino  que  reduce  la  cuantía  por  razones  relacionadas con limitaciones del  presupuesto  nacional.  (CSJ  SP 27/04/11, rad. 34547).   

Con  su determinación el Tribunal también  propició  inequidades  y  tratamientos  desiguales  frente a supuestos de hecho  semejantes   padecidos   por   otras  víctimas  involucradas  en  los  procesos  tramitados  en  las  diversas  jurisdicciones, incluida la de Justicia y Paz, en  desmedro  del  derecho  fundamental  a  la igualdad del artículo 13 de la Carta  Política  porque  las cuantías reconocidas usualmente por la justicia nacional  para  resarcir  los  perjuicios  morales  son  superiores  a  la  fijadas  en la  sentencia examinada.   

El  Consejo  de  Estado  en  sentencia  de  unificación  del 28 de agosto de 2014 —Rad. 66001-23-31-000-2001-00731-01—    estableció    los    siguientes  parámetros  respecto  de  la liquidación de perjuicios inmateriales en caso de  muerte.   

NIVEL 1             

NIVEL 2             

NIVEL 3             

NIVEL 4             

NIVEL 5  

Regla  general en el caso de muerte             

Relaciones  afectivas  conyugales y paterno-filiales             

Relación  afectiva   del   2°   de  consanguinidad o civil (abuelos, hermanos y nietos)             

Relación  afectiva  del  3o  de  consanguinidad  o  civil             

Relación  afectiva  del  4o  de  consanguinidad  o  civil.             

Relaciones  afectivas no  familiares -terceros damnificados  

Porcentaje             

100%             

50%             

35%             

25%             

15%  

Equivalencia  en salarios mínimos             

100             

50             

35             

25             

15  

Y  la Sala, considerando la naturaleza y la  magnitud   del   daño  causado  por  los  crímenes  juzgados  en  el  trámite  transicional,  ha fijado los siguientes montos de indemnización por el rubro de  perjuicios   morales   (SP   27/04/11,  rad.  34547,  SP12969-2015):   

Homicidio             

Desplazamiento  forzado             

Secuestro o Detención  Ilegal  

1er grado   

(padres,  hijos,  esposa/o o compañera/o)             

100 smmlv             

50  smmlv  para  cada  víctima directa sin superar 224 smmlv por grupo familiar             

30  smmlv  para  la  victima directa.  

2º grado   

(Abuelos, hermanos, nietos)            

50 smmlv  

Al fijar un tope máximo de 20 y 10 salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  como  indemnización  para cada víctima  indirecta  del delito de homicidio, según esté en el primer o segundo grado de  consanguinidad,  o  de  30  smmlv  si  concurren  varios delitos, el Tribunal se  apartó  ostensiblemente  de  la cuantía usualmente asignada a las víctimas de  ese  delito,  situación  que  debe ser enmendada porque el argumento relativo a  los  pocos  recursos  del  fondo  que  administra  los bienes entregados por los  perpetradores  para  la  reparación  de  las  víctimas  no constituye criterio  válido   para  fijar  la  indemnización.  Igual  situación  se  configura  en  relación  con  los perjuicios inmateriales tasados respecto de los otros hechos  punibles  y por ello la Corte hará la corrección respectiva.      

En  consecuencia,  la  Sala  modificará la  sentencia  y en su lugar asignará las siguientes indemnizaciones por perjuicios  morales  a  las  víctimas  que  demostraron  ante  el Tribunal su derecho a ser  resarcidas:   

Víctima  directa             

Víctima  indirecta             

Cuantía asignada por  perjuicios morales  

Edwin  Alonso  Arias  Uribe   

(Homicidio)            

Ana   Luis   Uribe  Barrientos y   Alonso Arias Castaño (padres)   

Jhon  Fredy  y  Andrés  Felipe  Arias Uribe  (hermanos)             

– 100 smmlv para cada  uno   

– 50 smmlv para cada uno  

Camilo   Andrés  Quintero   

(Homicidio)            

Amanda  del  Socorro  Quintero Vargas (madre)   

Juan  Alexander,  Diana  Patricia  y Stefany  Quintero  (hermanos)             

– 100 smmlv   

-50 smmlv para cada uno  

Luis Fernando Herrera  Saldarriaga (Homicidio)             

María  Eugenia Rojas  Aristizabal (compañera) y Johan Esteban Herrera Rojas (hijo)             

-100  smmlv para cada  uno  

Jhon Jenderson Torres  Bueno (Homicidio)             

Mónica María Restrepo  Rojas (compañera) y María Camila Torres Resptrepo (hija)   

Jesús  Hernando  Torres  Muñoz  y  María  Consuelo Bueno (padres)             

-100smmlv para cada uno   

-50 smmlv para cada uno  

Hugo Alexander López  Londoño   

(homicidio)            

Gloria  Cecilia Uribe  Gallón  (compañera),  Anlly  Daniela  López  Uribe (hija), Karol Estefanía y  Omar Andrés Uribe Gallón (hijos)             

-100  smmlv para cada  uno  

Jaime  Andrés Posada  Ramírez   

(homicidio)            

Martha Elena Rodríguez  Carvajal (madre)   

José Vicente y Luis Felipe Posada Rodríguez  (hermanos)             

100 smmlv   

50 smmlv para cada uno  

Jorge  Horacio Muñoz  Macías   

(Homicidio)            

Adriana María Ospina  Fernández  (compañera)  y  María  Alejandra  y  María  Juanita Muñoz Ospina  (hijas)             

100  smmlv  para cada  una  

Jhon  Mario  Cardona  Hincapié   

(Homicidio)            

Daniela Cardona Osorio  (hija),  Mario  de Jesús Cardona Piedrahíta y Luz Beatriz Hincapié de Cardona  (padres)   

Diana  Patricia,  Mary  Luz, Diego Alejandro  Cardona Hincapié (hermanos)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

William  Alexander  Arroyave   

(Homicidio)            

María  del  Socorro  Arroyave (madre)   

Yuri Angélica Arroyave (hermana)            

100 smmlv   

50 smmlv  

Luis Ernesto Carrillo  Oses   

(homicidio)            

Jhonny   Santiago  Carrillo Arroyave (hijo) y María Eugenia Oses (madre)   

María  Isabel  y  Alejandra Cristina Ospina  Oses y Luz Elena Posada Oses (hermanas)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada una  

Jorge  Mario Monsalve  Guarín   

(homicidio)            

Gladys  de  Jesús  Guarín Castaño y Fabián de Jesús Monsalve Sepúlveda (padres)   

Yeison  Fabián y Alejandra Marcela Monsalve  Guarín (hermanos)              

100  smmlv  a  cada  uno   

50 smmlv a cada uno  

Mauricio  Hernández  Taborda   

(homicidio)            

María Evelia Taborda  Taborda (madre)   

Edinson  Javier,  Maryluz,  Diana Patricia y  Wilmar Hernández Taborda (hermanos)             

100 smmlv   

50 smmlv para cada uno  

Orlando de Jesús Arias  Candamil (tentativa de homicidio)             

Víctima  directa   

Luz   Enid   Vélez   Ortz  (esposa)              

30 smmlv   

15 smmlv  

Néstor  Raúl Guerra  Patiño (tentativa de homicidio)             

Víctima  directa   

Julián     David    Guerra    Acevedo  (hijo)   

María  Gladys,  Margarita  María  y  Dora  Cecilia Guerra Patiño (hermanas)             

30 smmlv   

15 smmlv  

5 smmlv  

Didier  Murillo  Roa   

(homicidio)            

Luz  Clarisa  Roa  de  Murillo y Pedro Murillo Aguilar (padres)   

Yilmar,  Dulfray  y  Luz  Amira  Murillo Roa  (hermanos)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

Alberto Miguel Pérez  Reyes   

(homicidio)            

Magdalena María Reyes  Flórez (madre)   

Glebi    del    Carmen   Pérez   Ortega  (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

Sergio Anderson Cortés  Restrepo   

(homicidio)            

Oscar  Darío,  Diego  Alonso,  César  Augusto  y  Sor  Ángela Cortés Restrepo y Martha Elena, Inés  Amalia y Jhon Jairo Restrepo (hermanos)               

50  smmlv  para  cada  uno  

Julián Andrés Vergara  Agudelo   

(homicidio, desaparición forzada)            

Luz  Elena  Agudelo  Hernández y Jairo de Jesús Vergara Flórez (padres)   

Yhojans Smit, Margy Mallersy, Xiomara, Erika  Maryori y Luz Enith Agudelo Hernández (hermanos)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

William  de  Jesús  Herrera Mesa   

(homicidio)            

Claudia Elena Quintero  Montoya  (compañera),  William Esteban y Yeny Karolina Herrera Quintero (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Yesid Sánchez Gómez   

(homicidio)            

Yandri   Duperly  Gutiérrez    Camargo    (compañera)   y   Juan   David   Sánchez   Gutiérrez  (hijo)             

100  smmlv  para cada  uno  

Giovanny   Loaiza  Mosquera   

(homicidio)            

Paula  Andrea  Correa  Marín  (compañera),  Lizeth Lorena y Cristian Alexander Loaiza Correa (hijos),  José Dionisio Loaiza Casafus (padre)   

Henry Loaiza Mosquera (hermano)            

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv  

Yoana Janeth Mosquera  Guerrero (detención ilegal (secuestro) y lesiones personales)             

Víctima  directa             

30  smmlv  por  el  secuestro y   

10 smmlv por las lesiones  

Alberto González Gil  (tentativa de homicidio)             

Víctima  directa   

Romelia Gil Libreros (madre)  

Claudia Patricia Gil (hermana)  

Alex  Santiago Galvis  Restrepo   

(lesiones personales)            

Víctima  directa             

10 smmlv  

Rubén  Darío  Mesa  Puerta   

(homicidio, detención ilegal)            

Dora  Patricia Osorio  Martínez  (compañera), Carolina, Marcela y Cristian Camilo Mesa Osorio (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Jonathan Stiven Pulido  Guarín   

(homicidio y detención ilegal)            

Gladys  Amparo Pulido  Guarín (madre)   

Yenyfer Yurani, Brayam Alexis, Juan Esteban y  Sintia  Micheli  Pulido  Guarín  y  Andrés  Felipe  y Jorge Wilson Castrillón  Pulido (hermanos)             

100 smmlv   

50 smmlv para cada uno  

Carlos  Alberto  Mesa  Escobar   

(homicidio)            

Édgar de Jesús, Juan  David,  José  Orlando,  Darío  de  Jesús,  Flor  María y Esaú Mesa Escobar;  Rosalba Mesa de Ramírez y Luz Elena de Arango (hermanos)             

50  smmlv  para  cada  uno  

Carlos Aldemar Álvarez  Gutiérrez (homicidio)             

Guillermina Gutiérrez  de Álvarez (madre)   

Luis  Alonso,  Gladys  del  Socorro, Alberto  León y Nora Elena Álvarez Gutiérrez (hermanos)             

100 smmlv   

50 smmlv para cada uno  

Víctor  Hugo  López  Soto (homicidio)             

Alba  Lucía  Soto  Marulanda (madre)   

Sonia     Vanessa     López     Soto  (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

Heriberto Antonio Caro  Bedoya   

(homicidio)            

Celsa  Rosa  Montoya  Montoya  (compañera),  Carlos  Mario,  Luz Adriana, Lina Marcela y Juan Esteban  Caro Montoya (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

José  Abigail  Caro  Bedoya (homicidio)             

Elidia  de  Jesús  Cardona  de  Caro  (esposa),  José  Norbey,  Robilson  de Jesús, Paula Andrea,  Anderson y Andrey Caro Cardona (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Nicolás  de  Jesús  Espinosa (homicidio)             

Ana  Teresa  Espinosa  Echavarría  (esposa),  Francy  Catalina,  Nicolás  de  Jesús, Dionisio Arley,  Doris Omaira y Sandra Yamile Espinosa Espinosa (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Everardo  de  Jesús  Espinosa Velásquez (homicidio)             

Rubiela García Montes  (esposa), Kelly Johana y Yobani Espinosa García (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Herman Augusto Espinosa  Villa ( homicidio)             

Yudis  Maeline Orrego  Jaramillo  (compañera),  Yulieth Melisa Esponosa Orrego (hija) y María LuzMila  Villa (madre)   

Nathaly Espinosa Villa (hermana)            

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv  

Arturo  Antonio Rodas  Lora (homicidio)             

Luz Adiela Gutiérrez  Restrepo   (compañera),   Ledy   Lorena   y   Leidy   Diana   Rodas  Gutiérrez  (hijas),   Claudia   del  Socorro Gutiérrez (madre)   

Asbleydy  Andrea  y  Claudia  Milena  Rodas  Gutiérrez (hermanas)             

100  smmlv  para cada  una   

50 smmlv para cada una  

Luis  Elber  Rodas  Gutiérrez (homicidio)             

Claudia  del  Socorro  Gutiérrez (madre)   

Asbleydy  Andrea  y  Claudia  Milena  Rodas  Gutiérrez (hermanas)             

100 smmlv   

50 smmlv para cada una  

Luis Arnoldo Rodas Lora  (homicidio)             

Claudia  del  Socorro  Gutiérrez  (compañera),  Asbleydy  Andrea  y  Claudia  Milena Rodas Gutiérrez  (hijas)             

100  smmlv  para cada  una  

Adrián de Jesús Villa  Mesa   

(homicidio)            

Jesús  María  Villa  Gutiérrez (padre)   

Sandra   Milena   Villa   Mesa   (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

Faber  Arley  Villa  Mesa   

(homicidio)            

Jesús  María  Villa  Gutiérrez (padre)   

Sandra Milena Villa Mesa (hermana)            

100 smmlv   

50 smmlv  

Gilberto   Antonio  Echavarría   

(homicidio y detención ilegal)            

Girlesa  de  Jesús  Arroyave  Zapata  (esposa),  María  Eugenia,  Andrés  Felipe,  Walter,  Sandra  Beatriz y Jorge Armando Cardona Arroyave (Hijos)             

100 smmlv para cada uno  

Carlos  Mario Gañán  García   

(homicidio y detención ilegal)            

Ángela María Gañán  García (hermana)             

50 smmlv  

José   Humberto  Echavarría Cardona (homicidio)             

Laura    Rosa  Chavarriaga  de  Echavarría  (esposa),  Ruperto de Jesús, Olga María, Beatriz  Elena, Hugo Alberto y Jhon Jairo Echavarría Chavarriaga (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Albeiro  Echavarría  Chavarriaga   

(homicidio y detención ilegal)            

Luz  Fanny  Arroyave  Zapata (esposa), Jaqueline y Maribel Echavarría Arroyave (hijas9             

100  smmlv  para cada  una  

Alirio  Antonio Villa  Muñoz (homicidio)             

Luz Berenice Arroyave  Cardona   (compañera),  Sebastián  Camilo  y  Alirio  Antonio  Villa  Arroyave  (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Mónica   Patricia  Agudelo Mejía (homicidio)             

María  Noelia Mejía  Colorado  (madre),  Hernán  Stivel  Álvarez Agudelo y Carolinek Agudelo Mejía  (hijos)              

100  smmlv  para cada  uno  

Bladimir Ojeda Álvarez  (homicidio)             

Lina  María Londoño  Rojas (compañera) y Brahian Stiven Ojeda Londoño (hijo)             

100  smmlv  para cada  uno  

José Alfredo Acevedo  Bustamante ( homicidio)             

Paola Andrea Hincapié  Giraldo (compañera)             

100 smmlv  

Mauricio Restrepo Diosa  (homicidio)             

Luz  Mery  de  Jesús  Diosa y Pedro Luis Restrepo (padres)   

Marcela Viviana Abad Diosa y Johana Restrepo  Diosa (hermanas)               

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

Más   50  smmlv  para  cada  uno  por  el  desplazamiento forzado  

Luz  Mery  de  Jesús  Diosa (tentativa de homicidio)             

Pedro  Luis  Restrepo  Loaiza (esposo)   

Marcela Viviana Abad Diosa y Johana Restrepo  Diosa (hijas)               

30 smmlv   

15 smmlv para cada una  

Pedro  Luis  Restrepo  Loaiza (Lesiones personales)             

Víctima  directa             

10 smmlv  

Armando  de  Jesús  Vásquez Castro (homicidio)             

Patricia Elena Ramírez  Ramírez (esposa) y Jesica Estefanía Vásquez Ramírez (hija)             

100  smmlv  para cada  una  

Yobany Corrales Cuartas  (homicidio)             

Doris  Marcela  del  Socorro    Cuartas    de    Corrales    y    Luis   Alberto   Corrales   Montoya  (padres)   

Rosali  Migdalia  y  Arley  Alonso  Corrales  Cuartas (hermanos)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

Joan Andrés Restrepo  Quintana (homicidio)             

Nubia Amparo Quintana  Quintana (madre)   

Daiana Restrepo Quintana (hermana)            

100 smmlv   

50 smmlv  

Víctor Hugo Hernández  Pedroza (homicidio)             

María Nohelia Pedroza  cardona (madre)   

Natalia    Andrea   Hernández   Pedroza  (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

Yeison Esteban Ocampo  Restrepo (homicidio)             

María Emilcen Ocampo  Londoño (madre)   

Yamile    Johana    Restrepo    Ocampo  (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

Wilson  Jaiber López  Moreno (tentativa de homicidio)             

Víctima  directa             

30 smmlv  

Nelson de Jesús Arias  David (homicidio)             

Luz Mila Arias David y  José Oraime Vidales Duarte (madre y padrastro)   

José   Daniel  y  Paulina  Vidales  Arias  (hermanos)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

Jair  Alberto  Calle  (homicidio)             

Luz   Elena  Calle  Piedrahíta (madre)             

100 smmlv  

Gonzalo   Múnera  Blandón (homicidio)             

María Raquel Blandón  Mejía y Joaquín Emilio Múnera Álvarez (padres)   

Yuliana  Andrea  y  Miriam  Lucía  Múnera  Blandón (hermanas)             

100  smmlv  para cada  uno   

50 smmlv para cada uno  

Dairo Humberto Amariles  (homicidio)             

Liliana   Patricia  Jaramillo  Botero  y  Luz  Ermilda  Camargo  García  (compañeras permanentes),  Manuela Amariles Jaramillo y Juan Manuel Amariles Camargo (hijos)             

100  smmlv  para cada  uno  

Julio  César Carmona  Rivera (homicidio y detención ilegal)             

Maruja Rivera Vásquez  (madre)   

Nasly     Marcela    Carmona    Rivera  (hermana)             

100 smmlv   

50 smmlv  

     

1. Otros aspectos cuestionados     

   

i)  El  apoderado de víctimas Luis  Fernando  Agudelo  Gómez  solicitó  revocar  la sentencia de primera instancia y en su lugar reconocer 200 smmlv por  perjuicios  morales  a favor de las víctimas indirectas del delito de homicidio  por tratarse de graves violaciones a los derechos humanos.    

   

La sentencia de unificación del Consejo de  Estado    ya   citada   señaló   que   «en   casos  excepcionales,  como  las  graves  violaciones de derechos humanos, entre otros,  podrá  otorgarse  una  indemnización  mayor  a  la  señalada  en  los eventos  anteriores,  cuando  existan  circunstancias  debidamente  probadas de una mayor  intensidad  y gravedad del daño moral, sin que en tales casos el monto total de  la  indemnización  pueda  superar el triple de los montos indemnizatorios antes  señalados».   

Siendo  ello así, el recurrente incumplió  con   el  deber  de  suministrar  elementos  de  juicio  adicionales  sobre  las  especiales   circunstancias   del   caso   que  ameritan  el  trato  diferencial  solicitado.        

En  consecuencia,  la  Sala  denegará  la  solicitud  porque la mayoría de los crímenes juzgados en justicia transicional  ostentan  la  naturaleza  de graves violaciones a los derechos humanos e invocar  esa  característica  de  la  conducta dañosa no satisface la carga procesal de  probar  una  mayor  intensidad  y  gravedad  del  daño  moral  que  amerite una  reparación  superior  a  la  que  le  corresponde  a las víctimas de similares  crímenes.   

ii)  El mismo apoderado pidió modificar la  indemnización  decretada  en  favor  de Orlando  Arias  Candamil  por  concepto de  daño  a  la  salud  a efectos de que «se aumente a 40  smmlv porque sólo se reconocieron 4smmlv».   

El  Tribunal  señaló  sobre este aspecto:   

531.  Si bien el representante no solicitó  el  reconocimiento  del  daño  a  la  salud  a favor de Orlando de Jesús Arias  Candamil,  de acuerdo a las reglas establecidas por la Sala, se liquidará dicho  concepto  a su favor, pues en este caso se acreditó que el daño incidió en el  desarrollo  de  su personalidad, su independencia y autonomía como ser humano o  el  ejercicio  de  sus  derechos  y  se irradió sobre su proyecto de vida y sus  relaciones con los demás.   

De allí que la Sala condenará al postulado  Edilberto  de  Jesús  Cañas  Chavarriaga a pagar una suma equivalente a cuatro  (4)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes por concepto de daño a la  salud.   

La  Sala  ratificará  la determinación de  primera  instancia  porque el recurrente no sustentó su pretensión de aumentar  la  cuantía  liquidada,  pues  solamente  señaló que  «en   este   caso   está   el   estudio   sicológico  de  profesional  de  la  Defensoría   Pública  que señala que la víctima quedó con secuelas que  aún  persisten».  Sin  embargo, no señaló por qué  dicha  experticia  imponía  fijar  una  suma  mayor de indemnización o de qué  manera  se  equivocó  el  Tribunal  al  valorarla  y disponer el reconocimiento  oficioso   del   daño   a  la  salud  causado  por  el  postulado  CAÑAS CHAVARRIAGA.   

iii)    El    abogado    Luis   Fernando   Barrera   Restrepo  pide  modificar    la    sentencia    a    efectos   de   reconocer   a   Natalia  Andrea  Hernández  Pedroza  como  víctima   porque   sí  otorgó  poder  para  intervenir  en  el  incidente  de  reparación integral.   

Asiste  razón  al  impugnante  porque  la  revisión  del  expediente  demuestra  que  la  peticionaria  es  hermana  de la  víctima     directa    Víctor    Hugo    Hernandez  Pedroza   (cargo   4,  de  JUAN    MAURICIO    OSPINA    BOLÍVAR)  y que confirió mandato para actuar en  su nombre dentro de esta actuación.   

En efecto, a folio 268 del cuaderno No. 1 se  observa  que  el  abogado Wilson Mesa Casas  sustituye  al  litigante  Luis  Fernando  Barrera   el   poder   que  le  otorgó  Natalia       Andrea      Hernández  y en el folio 318 se encuentra  el  acta  de la audiencia de legalización de cargos realizada el 30 de enero de  2012,  donde  el  Tribunal reconoció a las víctimas del postulado JUAN   MAURICIO   OSPINA  BOLÍVAR,  entre  ellas, a la citada ciudadana.   

Siendo  ello  así,  la  Sala reconocerá y  ordenará  el  pago  de  50  smmlv  a  Natalia  Andrea  Hernández  Pedroza como compensación por el perjuicio  inmaterial  sufrido  en  tanto  acreditó  el  vínculo de consanguinidad con el  registro civil correspondiente.    

         

iv)     El     doctor    Álvaro   de  Jesús  Londoño  Gutiérrez  cuestionó  la  sentencia porque liquidó los perjuicios materiales sufridos por  Alberto  González  Gil  con  base  en  la  incapacidad médica de 45 días y no por los 135 días solicitados  en  el  incidente,  pues  la  víctima en declaración jurada afirmó que estuvo  incapacitado  por  espacio  de tres meses y la perito de la defensoría liquidó  los perjuicios sobre ese periodo.   

La  sentencia  se  ratificará  porque  la  solicitud   carece   de  fundamento  probatorio  en  la  medida  que  la  simple  manifestación  del  lesionado sobre la duración de su incapacidad no prueba el  lapso  que  perduró.  Para  demostrar  ese  aspecto, la parte interesada debía  aportar  dictamen  médico legal o medio de convicción similar que certificara,  desde  el  punto  de  vista  médico,  el  tiempo  en  que  estuvo impedido para  laborar.   

Como  el  impugnante  desatendió  la carga  procesal  que  le  imponía  probar  la  mayor  magnitud  de daño que aduce, se  denegará  su petición, máxime cuando la liquidación contendida en el estudio  contable  elaborado  por  la Defensoría Pública no demuestra el daño inferido  porque  acoge sin crítica la afirmación de la parte interesada, la cual carece  de sustento probatorio.   

          v)  El  mismo  abogado censuró que sólo se reconocieran 20 smmlv a  Alberto  González Gil por el  daño  a la salud que padeció como consecuencia de la tentativa de homicidio de  que  fue  víctima   y  no  los  100 smmlv solicitados, pues a raíz de las  lesiones  recibidas  quedó  cuadrapléjico.  Así  mismo,  cuestionó que no se  compensara  por  este  concepto a la madre y hermana, personas que sufren con la  invalidez  de su familiar al que visitan cada 8 días en el centro penitenciario  donde se encuentra recluido.     

   

Sobre   dicha  pretensión  la  sentencia  señaló:   

De acuerdo a las circunstancias particulares  de  la  tentativa de homicidio de Alberto González Gil, la gravedad del hecho y  el  daño  sufrido  por  la víctima y las reglas generales establecidas en esta  decisión,  la  Sala  condenará  al postulado Néstor Eduardo Cardona Cardona a  pagarle  a  aquél  una suma equivalente a veinte (20) salarios mínimos legales  mensuales vigentes por concepto de daño a la salud.   

Ahora, la jurisprudencia de la Corte Suprema  de  Justicia  establece  que  el  daño  a  la  salud  se  hace  extensivo a los  familiares  de  una  persona  discapacitada  cuando deben asumir su cuidado. Sin  embargo,  si  bien  Alberto  González  Gil es discapacitado, éste se encuentra  detenido  en  la  cárcel desde el año 2012. Por lo tanto, el daño causado por  el  delito no se hizo extensivo a su madre Romelia Gil Libreros, ni a su hermana  Claudia  Patricia  Gil,  pues  no  han  asumido  su cuidado de manera que afecte  notoriamente  su  comportamiento  social, ni se acreditó que el daño incidiera  negativamente   en   el  desarrollo  de  su  personalidad,  su  independencia  y  autonomía  como seres humanos o el ejercicio de sus derechos y se irradie sobre  su  proyecto  de  vida y sus relaciones con los demás. Por lo tanto, la Sala no  reconocerá el daño a la salud a favor de aquellas.   

El  daño a la salud comprende «la  afectación  de la integridad psicofísica del sujeto, y está  encaminado  a  cubrir  no sólo la modificación de la unidad corporal, sino las  consecuencias  que  las mismas generan». Este concepto  unifica  el  daño  corporal  y  las  consecuencias que el mismo produce tanto a  nivel  interno —alteración  a   las   condiciones   de  existencia—,       como       externo       o      relacional      —daño     a     la     vida     de  relación—   y  permite  determinar   el  perjuicio  padecido,  «a  partir  de  parámetros  objetivos  y  equitativos,  con  apego irrestricto a los principios  constitucionales  de  dignidad  humana  e  igualdad».  (CE,       sentencia       28/08/14,       rad.  25000-23-26-000-2000-00340-01).   

Su  tasación  se  realiza  acorde  con  la  gravedad  del  daño padecido por la víctima y, siguiendo los criterios fijados  por       el       Consejo       de      Estado6, puede determinarse según las  siguientes  equivalencias:   

GRAVEDAD   DE   LA  LESIÓN   

             

Indemnización   

   

Igual  o superior al 50%              

100 smmlv  

Igual  o superior al 40% e inferior al 50%             

80 smmlv  

Igual  o superior al 30% e inferior al 40%              

60 smmlv  

Igual  o superior al 20% e inferior al 30%              

40 smmlv  

Igual  o superior al 10% e inferior al 20%              

20 smmlv  

Igual  o superior al 1% e inferior al 10%              

10 smmlv  

En  efecto, la citada Corporación unificó  su  jurisprudencia  en  relación con la indemnización del daño a la salud por  lesiones  temporales  «en  el sentido de indicar que,  para  su  tasación,  debe establecerse un parangón con el monto máximo que se  otorgaría  en caso de lesiones similares a aquellas objeto de reparación, pero  de   carácter   permanente    y,   a   partir   de  allí,  determinar  la  indemnización  en  función del período durante el cual, de conformidad con el  acervo  probatorio,  se  manifestaron  las  lesiones  a indemnizar».   

Siendo   ello   así,  asiste  razón  al  impugnante  al  señalar  que  los  perjuicios  reconocidos  por  el  Tribunal a  Alberto  González  Gil  por  este  concepto son demasiado bajos, pues las lesiones padecidas con ocasión del  atentado   contra   su   vida,   perpetrado   por   el   postulado  NÉSTOR    EDUARDO    CARDONA    CARDONA,  ocasionaron  graves  y  permanentes  daños  a  la  salud de la víctima, según  dictamen  No.  2011C-08011520427  del  4  de  noviembre de 2011 realizado por el  Instituto de Medicina Legal:   

«DSCUSION:   hombre   de  40  años  con  antecedentes  de trauma raquimedular y abdominal por arma de fuego hace 9 años,  secuelas  derivadas  de  esos  traumas (…) DIAGNÓSTICO: Trauma raquimedular y  abdominal  antiguos,  paraplejia,  incontinencia  de  esfínteres, nefrectomía,  esplenectomía.  CONCLUSIÓN:  …  se  conceptúa  que  éste  paciente  no  se  encuentra  en el momento en estado grave por enfermedad incompatible con la vida  en reclusión formal».   

Se  probó,  entonces,  que  las  lesiones  implicaron  i)  anomalías  fisiológicas  en  virtud  de las cuales  González Gil perdió la movilidad de sus  extremidades  inferiores,  ii)  anatómicas  derivadas  de  la  extirpación del  riñón  y el bazo, iii) funcionales por la incontinencia de esfínteres, daños  todos   de  carácter  grave  y  permanente  que  a  no  dudarlo  alteraron  sus  condiciones de existencia.   

Siendo  ello  así,  la Sala modificará el  fallo   recurrido   y   en   su   lugar  condenará  al  postulado  CARDONA  CARDONA al pago de 100 smmlv como  indemnización de los perjuicios a la salud que ocasionó.   

Por  el  contrario, la Corte confirmará la  negativa  del  Tribunal  a reconocer perjuicios por este concepto a Romelia   Gil   Libreros  y  Claudia  Patricia  Gil, madre y hermana de  la  víctima  directa,  porque  no  acreditaron, como era su deber, que el daño  producido  a su familiar les causó a ellas un perjuicio corporal o síquico que  afectara  notoriamente  su  calidad  de vida, su independencia y autonomía o su  proyecto  de  vida,  pues  el  hecho  de  visitarlo en el centro de reclusión o  llevarle  elementos  para  paliar  su  discapacidad  no configura la afectación  reseñada sino que devela una actitud de solidaridad filial.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.  DENEGAR  las  nulidades solicitadas por el  Ministerio  Público  y la Fiscalía General de la Nación respecto del contexto  consignado  en  la  sentencia,  la  adición  de voto del magistrado ponente, la  mención  de  hechos  delictivos  no atribuidos a los postulados, la competencia  para  dictar  sentencia  ordinaria,  para  condenar  al  Estado  y  para imponer  órdenes a los demás órganos del poder público.   

2.  REVOCAR  la  sentencia  ordinaria  proferida  contra MAURO ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO,  contenida en los numerales 9 y 10 del  resuelve.   

3.  EXCLUIR  a MAURO  ALEXANDER  MEJÍA  OCAMPO del  trámite  transicional,  romper  la unidad procesal y remitir su expediente a la  Fiscalía  General de la Nación para que continúe o inicie las investigaciones  relacionadas   con   los  hechos  que  le  fueron  imputados  en  este  proceso.   

4.  MODIFICAR los  numerales  25  y  29  de la parte resolutiva del fallo  en el sentido de aclarar que todas aquellas medidas de  satisfacción  y  no  repetición por medio de las cuales se imparten órdenes a  las  diversas  autoridades estatales deben entenderse como exhortaciones para su  cumplimiento,  con  excepción  de  las  condenas  al Estado y a la Alcaldía de  Medellín    y   el   mandato   de   pedir   perdón,   las   cuales   quedarán  revocadas.   

5.  EXCLUIR de la  parte   considerativa   del   fallo  el  capítulo  6  del  contexto  denominado  «En  busca  del  Tiempo  perdido. La política de los  crímenes»,  así  como los literales a) y h), inciso  tercero, del artículo 24 del resuelve de la sentencia.   

         6.  MODIFICAR los numerales 1, 3, 5, 7, 11  y  13  de  la  sentencia  para  imponer  las  siguientes  penas a los declarados  penalmente responsable por los delitos allí enlistados:   

Penalmente  responsable             

Pena  definitiva  

JUAN  FERNANDO CHICA ATEHORTÚA             

357 meses de  prisión,  multa  de  10.037,5 smmlv y 20 años de inhabilidad para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.  

EDILBERTO DE  JESÚS CAÑAS CHAVARRIAGA             

40 años de  prisión,  20  años  de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas y multa de 21.568,75 smmlv.   

NÉSTOR  EDUARDO CARDONA CARDONA             

40 años de  prisión,  20  años  de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas y multa de 15.550 smmlv.  

EDGAR  ALEXANDER ERAZO GUZMÁN             

40 años de  prisión,  20  años  de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas y multa de 50.000 smmlv.  

JUAN  MAURICIO OSPINA BOLÍVAR             

473 meses de  prisión,  20  años  de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas y multa de 18.412,5 smmlv.  

WANDER LEY  VIASUS TORRES             

459 meses de  prisión,  20  años  de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas y multa de 17.912,5 smmlv.  

7.  REVOCAR  las  condenas    impuestas   a   EDGAR   ALEXANDER   ERAZO  GUZMÁN  y  a  JUAN FERNANDO  CHICA  ATEHORTÚA  por  los  homicidios de  Mónica  Patricia  Agudelo y   Luis  Fernando  Herrera  Saldarriaga,  respectivamente.   

8.  ACUMULAR  la  pena  de  280  meses de prisión impuesta en sentencia del 18 de octubre de 2012  proferida  por  el  Juzgado  27  penal  del  Circuito  de Medellín en contra de  EDGAR ALEXANDER ERAZO GUZMÁN.   

         9.   REVOCAR  la  orden  impartida  en  el  numeral  28  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia,  relacionada  con  la  ratificación de compulsar de copias.   

10.  REVOCAR  el  numeral  21  de  la parte resolutiva del fallo relativo al plazo y al cronograma  de pagos de las indemnizaciones ordenadas.      

         11.  MODIFICAR  el numeral 20 del resuelve  para  establecer  que  la  indemnización  por  daños  morales reconocida a las  víctimas  será  la  establecida en la tabla inserta en el capítulo 2.5. de la  parte   considerativa   de   este   pronunciamiento   de  la  Corte.     

12.  ADICIONAR el  numeral   20   del   resuelve   en   el  sentido  de  reconocer  a  Natalia  Andrea  Hernández  Pedroza  como  víctima  indirecta  y  asignarle  como  indemnización  por  el perjuicio moral  padecido la suma de 50 smmlv.   

13.  MODIFICAR el  numeral    20    del   fallo   para   reconocer   en   favor   de   Alberto  González Gil la suma de 100 smmlv  como    indemnización    por    el    daño    a   la   salud   del   que   fue  víctima.        

14.  DENEGAR  las  restantes  solicitudes  orientadas  a  modificar  la  liquidación de perjuicios  consignada en la sentencia de primera instancia.   

15.  CONFIRMAR en  todo lo demás el fallo recurrido.   

Contra   esta  providencia  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Los  homicidios  de  Edwin Alonso Arias Uribe, cargo     2    atribuido    a    CHICA  ATEHORTÚA;  Rubén Darío  Mesa,  Carlos  Alberto  Mesa  Escobar,  Jonathan  Steven  Pulido Guarín, Carlos  Aldemar  Álvarez  Gutiérrez,  Víctor  Norbey Cañaveral y Víctor Hugo López  Soto,  cargos  2,  3,  4 y 5 imputados a ERAZO   GUZMÁN;  Armando  de  Jesús  Vásquez  Castro,  cargo  6  de MEJÍA OCAMPO;      Joan     Andrés     Restrepo  Quintana  y  NN,  cargo  3  atribuido  a OSPINA        BOLÍVAR;  Nelson de Jesús Arias David, Jair Alberto Calle, Gonzalo Múnera  Blandón  y  Julio  Cesar Carmona Rivera, cargos 2 y 4  imputados      a     VIASUS     TORRES.    

2  La  Corte  Constitucional  en  sentencia C-694 del 11 de noviembre de 2015 extendió  la  posibilidad  de solicitar la exclusión de los postulados a las víctimas en  los  siguientes  términos: «En virtud de la anterior  norma,  se está excluyendo a la víctima de una facultad tan importante como es  la  posibilidad  de  solicitar  la  audiencia  de  terminación  del  proceso de  justicia  y  paz  y  la exclusión de la lista de postulados, lo cual afecta sus  derechos  a  la  verdad, a la justicia y a la reparación, pues las aparta de un  recurso  que puede ser efectivo para verificar el cumplimiento de los deberes de  los  postulados  en  relación con las víctimas y con la sociedad».  En  consecuencia,  declaró la exequibilidad condicionada de las  expresiones  «y debe ser presentada por el fiscal del  caso»   y   «según  lo  considere  pertinente  el fiscal del caso y así lo manifieste en su solicitud»  contempladas  en  el  artículo 5º de la Ley 1592 de  2012,  en el entendido que las víctimas también podrán solicitar la audiencia  de terminación del proceso de justicia y paz.   

3  Modificado por el canon 36 de la Ley 1592 de 2012.   

4 Cfr.  Carpetas    de    requisitos    de    elegibilidad    de   cada   uno   de   los  postulados.   

5 Cfr.  Gaceta del Congreso No. 27 del 4 de febrero de 2005.   

6  Sentencias  de  unificación del 27/08/14, radicado 31170  y 28/08/14, rad.  25000-23-26-000-2000-00340-01(28832).     

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