SP13792-2016(46432)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

SP13792-2016  

Radicación N° 46432.  

Aprobado acta No. 305.  

Bogotá,  D.C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Se decide el recurso de casación interpuesto  por  la  defensora  de  RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO en  contra   de   la   sentencia   de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Medellín       el      16         de        marzo       de      2015, mediante la  cual   se   condenó   al   acusado   como  autor  del  delito  de  hurto  calificado  agravado.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO  integró  una  organización  criminal dedicada a hurtar bienes de personas, en su mayoría, de  la    tercera    de   edad.   Entre   otras   conductas   delictivas,    habría    participado    en   la  siguiente:   

… el 11 de marzo de 2008, el señor Tomás  Vélez  Ángel  fue  víctima  de  hurto  en la carrera 43B con calle 36, sector  Almacentro,  por cuatro sujetos que además de intimidarlo con arma de fuego, lo  mantuvieron  retenido  por  espacio de una hora en la que lo hicieron subir a un  taxi,  lo  llevaron  por  el Intercontinental, pasando por el Country Club hasta  “Chuscalito”  y  lo  bajaron  cerca  de  la  Cola del Zorro y lo dejaron sin  dinero,  tarjetas  y celular. Durante ese tiempo fue amedrentado con una pistola  y  sin  oponer resistencia realizaba lo que los captores le pedían, ascendiendo  lo    hurtado    a    2    millones    de   pesos.1   

    

1. Procesales     

En   audiencia  preliminar  celebrada  el 11 de julio de 2011 ante el Juzgado 42 Penal Municipal  de  Medellín  con  función de control de garantías,  la  fiscalía  formuló imputación a RICARDO CORTÉS  LONDOÑO    por   los   delitos   de   concierto   para   delinquir,   secuestro  simple  y  un  concurso  homogéneo  de  hurtos  calificados            agravados              (3).    El  imputado  se  allanó  a  los  cargos  con  excepción  de los delitos contra la  libertad  individual  y  contra el patrimonio económico cometidos en la persona  de  Tomás  Vélez Ángel.  Antes  de  finalizar  la audiencia de formulación de  imputación,     la     juez    advirtió  a  la  fiscalía  que debía proceder a la ruptura de la unidad  procesal  en  atención  al  allanamiento  parcial  a  cargos.   

Luego   de   presentado   el  escrito  de  acusación,  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Conocimiento de Medellín  celebró      la      respectiva     audiencia  el  27 de septiembre de 2011,  durante      la      cual     la     fiscalía  formuló  cargos  al imputado  por   las   conductas  que  no  fueron  objeto de aceptación, es decir, por el  secuestro     simple  y     el    hurto  calificado agravado.   

La  audiencia  preparatoria  se realizó en  sesiones  del  19 de diciembre de 2011 y del 16 de febrero de 2012, mientras que  la  de  juicio  oral  tuvo  lugar los días 11 de mayo, 18 de octubre y el 11 de  diciembre  del  último  de tales años; el 22 de febrero y el 4 de diciembre de  2013; el 24 de abril y el 3 de julio de 2014.   

Al    final    del   juicio   oral  (sesión  del  3  de  julio  de  2014),   el   juzgado   emitió   sentido  de  fallo  absolutorio   y  procedió,  inmediatamente,  a  dar  lectura  del  mismo.      Contra      esa     decisión,     la     fiscalía  interpuso  recurso  de apelación que fue resuelto por el  Tribunal   Superior   de   Medellín   el   16   de   marzo  de  2015   mediante  sentencia  que revocó     parcialmente     la    inicial    para    (i)   condenar   al  acusado  por  el  delito  de  hurto  calificado  agravado y        (i)        mantener la  absolución  por  el  de secuestro simple.     En    consecuencia    de    lo  primero,  le  impuso pena de prisión y la accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por un término de 13  años.   

El defensor de confianza de RICARDO CORTÉS  LONDOÑO   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  y,  luego,  una  profesional  adscrita  a  la  Defensoría  Pública  lo  sustentó  presentando  la respectiva demanda el 9 de  julio de 2015.   

Mediante  auto del 28 de julio de 2015, se  admitió  la  demanda  de  casación y el 13 de octubre siguiente se realizó la  audiencia de sustentación oral.   

       

E L   R E C U R S O  

1. Demanda de casación  

          Luego  de  identificar  los sujetos procesales, los hechos juzgados,  la    actuación    relevante    y    la    sentencia   impugnada   –incluido  el  salvamento de voto-, se  acude  a la causal de casación de violación indirecta de la ley sustancial por  falso juicio de legalidad.   

En  desarrollo  del  cargo,  cuestiona  la  demandante  la  validez  de la trascripción de unas conversaciones telefónicas  interceptadas,  la  cual  fue  presentada  en  juicio  por el investigador de la  fiscalía  Germán  Elías  Toro.  Con  ese  propósito,  enlista  una  serie de  reparos,  así:  (i)  no  se  acreditó  el agotamiento del control de legalidad  posterior  exigido  por el artículo 237 del C.P.P./2004; (ii) se identificó la  voz  del  acusado  como  uno  de los interlocutores, con la sola afirmación del  investigador   y   éste   pudo   haberse   confundido;   (iii)  se  omitió  la  incorporación  de  las  grabaciones  magnetofónicas   impidiéndose  así  verificar   que   la   transcripción   de   las   mismas   fuese   «exacta  y  fidedigna»; y, por último,  (iv)   no  se  acreditó  la  forma  en  que  se  realizó  la  escucha  de  las  conversaciones  y  ni  siquiera  se  precisó  cuál  fue el abonado telefónico  intervenido.    

Aclara   la  recurrente  que  «El  tema  de producción de la prueba visto desde la perspectiva  de  la  garantía  material de confiabilidad en su consecución es la que atañe  al  principio  de  legalidad,…», para luego inferir  que  si  bien  en  la audiencia preparatoria deben reunirse los estándares para  decretar  la  prueba,  ésta  se  produce  es  en  el juicio oral y este momento  «está   filtrado   igualmente  en  pertinencia  y  admisibilidad». De esa manera, cuando en la sentencia  de  segunda  instancia  se  valoraron  como  pruebas  la  transliteración de la  grabación  y el testimonio del investigador, aquél considera, se desconocieron  los   presupuestos  consagrados  en  los  artículos  235  y  237  del  estatuto  procesal.     

Por  último,  no  sin antes advertir que la  intervención  de  la Corte es necesaria para que se restablezcan las garantías  fundamentales  del acusado y se desarrolle la jurisprudencia, y de señalar como  normas   violadas   los   artículos   «14-2   del  P.I.D.C.P.,  8-2 de la C.A.D.H.; 29 y 31 de la C.N.» y  las  demás consagradas en la Ley 906 de 2004; la demandante solicita se case la  sentencia  condenatoria  y,  en su lugar, se dicte una de carácter absolutorio.   

2. Audiencia de sustentación  

2.1 Recurrente  

La  defensora  se  ratificó en la causal de  casación  invocada  adicionando  que  en  la demanda se señalan temas de mucho  interés  como  son  la  libertad probatoria, la regla de la mejor evidencia, la  tarifa  negativa  de  valoración  probatoria  porque  en  el  caso  se condenó  exclusivamente  con  prueba de referencia, las interceptaciones telefónicas sin  cumplimiento   de  los  requisitos  legales,  el  valor  que  se  asignó  a  la  transliteración  de  las  conversaciones,  la  identificación  de voces sin el  respectivo  cotejo y, por último, la naturaleza del testimonio del investigador  líder  que,  sin  haber participado en las actividades de campo, refiere lo que  otros hicieron.      

2.2 No recurrentes  

El  delegado de la  Fiscalía  solicitó  desestimar el cargo formulado en  la  demanda  recordando,  en primer lugar, que la génesis del proceso se fundó  en  actos  de investigación como interceptación de comunicaciones, seguimiento  y   vigilancia  de  personas,  todos  los  cuales,  afirma,  fueron  debidamente  legalizados  ante  el  juez de control de garantías. Reprocha que en ninguna de  las  oportunidades procesales pertinentes la defensa cuestionara la legalidad de  la  transliteración,  pero  al  margen  de  lo anterior, señala que tampoco es  viable  esa  censura  porque  según  la  decisión  de febrero 12 de 2014, rad.  39069,  es  admisible  la  validez probatoria de las trascripciones telefónicas  sin el audio que las soporta.   

Sostiene  que  las  citadas  transcripciones  ostentan   el  carácter  de  prueba  porque  dieron  cuenta  de  conversaciones  plasmadas  en  un  documento  digital,  el  cual, reconoce, constituía la mejor  evidencia   y  no  fue  incorporado,  pero  recuerda  que  esta  regla  presenta  excepciones  como  son  las  relativas  a  los  documentos  públicos  (art. 434  C.P.P./2004).  Al  efecto,  recalca  que  el  investigador  Germán  Elías Toro  percibió  en  forma  directa  el  contenido de esas conversaciones y produjo un  documento,  el  cual  se introdujo con el testigo que certificó las condiciones  de  su elaboración. Esa prueba «directa», afirma, sirvió como complemento de  las   pruebas   de   referencia   (testimonio   de   víctima  y  reconocimiento  fotográfico), por lo que solicita no casar el fallo impugnado.   

El representante del  Ministerio  Público, luego de recordar el concepto de  legalidad   de  la  prueba  (art.  276),  advierte  que  al  proceso  no  fueron  introducidas   las  grabaciones  de  las  llamadas  interceptadas,  pero  si  la  transliteración  de  las  mismas  con  el  investigador  que  manifestó  haber  identificado  la  voz  del  acusado  por  previa  escucha que de la misma había  hecho.   

Rememora la regla de la mejor evidencia (art.  433)  para  aseverar  que  en el presente evento no se incorporó el original de  las  llamadas  interceptadas y no comparte que, en vez del cotejo científico de  voces,  se  hiciera  una  simple comparación con muestras anteriores, pues esta  última  refleja  una interpretación del investigador que no puede ser valorada  por  el  funcionario  judicial,  pues afecta los principios de inmediación y de  concentración.  Respecto  a  esto  último,  estima  que  le  otorga  razón la  decisión  de esta Sala, radicado No 30645, que obliga a una ponderación de los  derechos  involucrados  cuando  aquellos principios se atenúan. Así, entonces,  concluye  que  la  falta  de  un  cotejo  de  voces que otorgara certeza y de la  incorporación  del  material  original  de  las  grabaciones  que  asegurara la  defensa, son razones por las cuales debe casarse la sentencia.   

CONSIDERACIONES  

        La  alegada  violación      indirecta      de     la     ley  sustancial   por  falso  juicio   de   legalidad,  se  habría  consumado  en  la    apreciación  de la transliteración de  una  conversación  telefónica  que  se  introdujo a juicio con el investigador  criminalístico  Germán  Elías  Toro Gómez. Según  la demandante,  el vicio  ocurrió  por  las  siguientes  razones:   (i)   el   incumplimiento   de   las  formalidades  previstas  en  los  artículos  235 y 237 del C.P.P./2004; (ii) la  identificación  de  la  voz  del  acusado  con  la  sola afirmación del citado  testigo;  (iii)  la  omisión  de incorporar las grabaciones magnetofónicas que  contienen  el  diálogo  que  se  trascribió;  y, por último, (iv) la falta de  demostración  de  la  forma como se realizó la escucha de las conversaciones y  de cuál fue el número telefónico intervenido.   

          Tal  y  como  lo asevera la    recurrente,    la    grabación  magnetofónica  de una conversación en la que uno de  los   interlocutores,   concluyó   la   sentencia,  era   RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO; no se  incorporó como prueba, tan solo lo  fue        la       referida       trascripción.       Entre  esas  evidencias,  es obvio, existe un vínculo causal, por  lo  que  un vicio de ilegalidad de la principal (grabación) podría comunicarse  eventualmente   a   la  derivada     (transliteración),     como  lo  prevé  el  artículo  23 del  C.P.P./2004.  Ahora,  a  pesar   de  esa  vinculación,  cada  una  de  tales  evidencias           es          autónoma2  y,  por  ende, no  es  la  ausencia  de  una  de ellas en el proceso la  que por  sí   sola   puede  invalidar  a  la  otra  sino  la  acreditación    de    la    ilegalidad    de   la  primigenia, y  eso,  siempre  que  no resulte    aplicable   uno   de   los  siguientes   criterios:  vínculo  atenuado,  fuente  independiente,  descubrimiento      inevitable      «y  los demás que establezca la ley»  (art.  455).        

En  todo  caso,  más    allá    de  alegar    que   la   interceptación   telefónica  y  la  evidencia  que por  esta    se    obtuvo   incumplieron   las  formalidades  previstas  en  los  artículos  235  y  237,  especialmente el del  control     judicial     posterior    exigido  por  el último, la      demandante     no         justificó        tal  aseveración.  Esta carga  demostrativa  le  correspondía  en su condición de  recurrente,  con  mayor  razón porque el   medio   de   conocimiento   en  el  que  residiría  el  vicio  (evidencia  fuente)    no    fue  incorporado  al  proceso, situación que impide  a  la  Corte  realizar  cualquier  examen aun cuando   pudiera   hacerlo  de  manera  oficiosa.    Además,  basta  revisar  la  actuación  para  establecer que  en       las       instancias      la  defensa   nunca  se  preocupó  por  demostrar la  infracción    legal  que   ahora   denuncia  y,  peor  aún,   en  la  audiencia  preparatoria  no  cuestionó  la validez de  las    trascripciones    cuyo   ingreso   solicitó   la   fiscalía,     ni    se    opuso    a    tal  petición.       

Recuérdese   que   es   la   audiencia  de  preparación  del  juicio oral el escenario en  el   cual   se   puede  solicitar  «…  la  exclusión,  rechazo  o  inadmisibilidad de los medios de  prueba…»    (art.    359)    y,    cuando       una      petición  como  la inicial  resulte procedente, el juez de  conocimiento  «excluirá la práctica o aducción de  medios     de    prueba    ilegales,…»    (art.  360).   Es   más,   en  tratándose  de  las  evidencias  obtenidas  en  procedimientos de registro y allanamiento, retención  de     correspondencia,     interceptación    de  comunicaciones   o  recuperación  de  información  producto  de  la transmisión de datos a través de las redes de comunicaciones;  el       artículo       238       adicionó a aquélla oportunidad la de  una audiencia preliminar.  En   ninguno  de  esos  momentos   postuló   la  defensa  la exclusión de  la      aludida  transliteración  y  no  obra  elemento de  juicio  alguno  que  sustente  esa  tardía  pretensión, por  lo  que  se  desvirtúa  la  ocurrencia  de un falso  juicio de legalidad.   

Los  demás  reproches           de          la  demandante  no cuestionan  las   formas   de   producción   de   la  evidencia  incorporada,      sino      la      eficacia  de  ésta  para acreditar  los siguientes aspectos: (i)  la  coincidencia  entre  el     contenido  de   la  conversación  grabada     y     el     de    la    trascripción     presentada     en  juicio;          (ii)          la  identificación    de    la    voz    de        RICARDO        CORTÉS  LONDOÑO      en  aquélla; y, (iii)  la  determinación         de        las  condiciones  en que se realizó la  interceptación.  Pues     bien,    a  continuación   se   examinará  la  veracidad  de  tales  críticas  y la posibilidad de que éstas hayan  configurado  un  vicio  en  la  labor de apreciación  probatoria, lo             cual             permitirá            determinar   si   existe   evidencia  directa  que  respalde la  incriminación   contenida  en  otras  que   son   de   referencia,  como  lo  declaró  la  sentencia. Solo así podrá         descartarse   un   falso   juicio   de   convicción   por   la  eventual  desatención  de  la  tarifa  fijada  en  el  artículo  381,  inciso  2, como el  sugerido    por    el    recurrente   en   la   sustentación   oral.   

Obsérvese  que  la     demanda    de    casación    se  dirige  a cuestionar, en últimas,  la     demostración     de    la    identificación  de  RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO          como          el       interlocutor  que,  en  la  conversación  telefónica transliterada, reconoce  haber   participado   en   un   hurto.  En       efecto,      según   las   críticas   planteadas  en   el   proceso   no   existiría   conocimiento  suficiente    sobre  (i)   si  el    contenido   del   escrito  incorporado es idéntico al de  la  grabación magnetofónica y (ii) si la voz de uno  de  los  que  allí  habla  corresponde a   la   del   acusado.   Ahora   bien,   tales   reproches  no  fueron desestimados en el juicio de admisibilidad de  la  demanda  porque, si bien no constituyen vicios de  ilegalidad    de    la    prueba,    es     necesario     determinar     si     algunas    particularidades       observadas  en  el  proceso  de  reconstrucción  de  la  verdad  constituyen  un  error  de  hecho  o  de derecho que  anule    la   eficacia   del   referido   elemento  probatorio.   

Como   antes   se   dijo,   la  fiscalía  no introdujo al juicio la grabación magnetofónica  obtenida     en     una     interceptación    de  comunicaciones,   por   lo  que  carece  de  objeto  cualquier  examen  sobre  la  autenticidad  de  aquélla  como el referido a las  condiciones   específicas  en  que  fue  recolectada  o  conservada.   Además,  si  bien  es   cierto  que  el  investigador  del  CTI   que  realizó  la  escucha,  análisis  y  trascripción del contenido de la grabación  -Germán  Elías  Toro  Gómez- no  puede  dar  cuenta  de  lo ocurrido con ésta en los  momentos  anteriores  a  aquél  en  que  la recibió  porque  no  fue  el  encargado de la interceptación,  también  lo es que aportó información que  obtuvo mediante percepción personal y directa, como la que a  continuación          se          señala3:   

1.     Que    existe    la     grabación     magnetofónica  de  una comunicación   telefónica  que  tuvo  lugar  el  12  de  marzo  de  2008,  a  las  07:39:19  horas.   

2.  Que  esa  grabación la  recibió  de  la  sala técnica de interceptaciones acompañada  de  un  informe sobre su  contenido,   en   su  condición   de   «gerente  del  caso»           seguido contra una banda criminal dedicada a  hurtar  dinero  de  personas de la tercera edad, a la  cual    denominaron  «los           robaviejitos».   

3. Que      escuchó     el   audio,  lo  analizó  y,  luego,  procedió a trascribirlo.   

4. Que  la  transliteración presentada en juicio por la fiscalía es  la  misma que él realizó y corresponde fielmente    a    lo    que          escuchó      (autenticidad).   

5.  Que  en la  conversación   escuchada,   uno  de  los  interlocutores  afirma:  «…,  entonces llamé a MERINGUE, me marcó al celular, MERINGUE  me  dijo ¿NANO con quien  va?  Le  dije  parce  ya  llegó   RAFA…».   (Negritas   fuera  del  texto  original)   

6.    Que  una parte de la transliteración leída en juicio es  la siguiente:   

«NANO  Ayer lo hice con LAVADORA  anda  buen carro es que yo  ya se las canté, si quiere que le dé pega consiga un carro nuevo   

(…)   

NANO  Claro, si  es   que   se   (sic)   carro   ¿Si   me  entiende?  Ahh  buen  carrito  si  me  entiende,                ayer    nos    toco    (sic)    par   tarjetitas      guevón     (sic), al viejo lo cogí   

WILMAR   ¿Y  por  qué  le  sacó tan  poquito?   

NANO  Ahh  porque  él  había  acabado de  cobrar la pensión con la de…   

WILMAR  Hizo la  vueltita ¿O qué?   

NANO ¿Quién?  

WILMAR Usted  

NANO No, era una  de    MEGABANCO    tenía    3   pesos   la   de   MEGABANCO   se   la   pasé  al  LLORON  y  la  de DAVIVIENDA imagínese que él  me  dijo  que  si tenía 500 y mentiras le saqué fue  800  y  ya  efectivo  la  pensión que había sacado  300, pero xxxx iba mas de 300 mil   

WILMAR Esa de MEGABANCO da… da millón y  medio   

NANO     Si     pero    tenía   no   mas  (sic)  300  mil  bobo;  él me dijo a mi (sic)  que     MEGABANCO  tenía  sino  300  mil  y  el  LLORON  le   sacó   320   mmmm  si  era  mas  (sic)     de    una  ¿no?».   

(Negritas     fuera     del    texto  original)   

6.  Que,  en  razón   de   esta  información,  consultó  en  el  Sistema   Penal            Oral           Acusatorio           (SPOA)  las  denuncias  presentadas  desde el día anterior (11 de  marzo   de   2008)   y   ubicaron   una,  presentada por Tomás Vélez Ángel,  cuyos    supuestos    fácticos    eran    similares    a    los    referidos    en   la   comunicación  telefónica.   

Estos  datos  que,  se  reitera,  fueron  percibidos    directamente    por   Germán   Elías   Toro   Gómez,    sin    duda   alguna,   corroboran   los   que   ingresaron    al   proceso   mediante   pruebas   de   referencia.  En  efecto,  entre otros  asuntos,        en        la       conversación    que    escuchó   el  investigador  se  refiere  un   hecho   ocurrido   el  11  de  marzo  de  2008  («ayer»)   en   el   que  «NANO»,             utilizando  un  vehículo («LAVADORA»)    le  sustrajo     a    una    persona    de    la    tercera    edad    («viejo»)  dos tarjetas («par  tarjetitas»)  de las entidades  financieras               «Megabanco»  y    «Davivienda»,  las  que  fueron  utilizadas  para  hurtar  $320.000  y  800.000,  respectivamente.  Esta  información  coincide  con el tiempo, modo y otras características (condición  de  la  víctima  y  cuantía) del hurto cometido en  contra    de    Tomás    Vélez   Ángel.    Al   efecto,   basta  observar  la ampliación que éste  hizo  de  la  denuncia  el  2  de  abril  de  2008,  la  que fue introducida por  intermedio del fiscal que  la  recibió  en  razón  de la indisponibilidad del  deponente:     

Tengo   63   años  de  edad,…eso fue el 11 de marzo,  un martes, fue aproximadamente a las once de la mañana, yo iba  por  la  parte posterior de Almacentro,…, iba por la acera cuando paró   un   taxi   y   se   bajaron   tres   personas  del  taxi,  uno de ellos que era el más fornido me cogió de la  correa  en  la parte de atrás y del brazo izquierdo y me puso contra la pared y  dijo  que  una  requisa,  no  recuerdo  bien si dijo que eran del D.A.S. o de la  Fiscalía,  …, el que me tenía contra la pared efectivamente me requisó y me  sacó  la  billetera  que tenía en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón,  la   revisó   y   al   abrirla   vio  dos  tarjetas  débito  que  yo  tenía  en  ella,…, enseguida me  subieron  al  taxi,  me  dejaron  en  el  medio,  me  agacharon  la  cabeza y me  amenazaron  con  una  pistola,…  en  vista  de  la amenaza, muerto del miedo y  pensando  en  mi  familia, les di las claves que eran  y  ahí  nos quedamos un momentico hasta que el otro  les  confirmó  que  sí  eran  y habían sacado el dinero, … Llegué al banco  Davivienda   y  logré  bloquear   la   tarjeta,   pero   ya   habían  sacado  ochocientos cincuenta  mil  pesos  y  luego  bloqueé  la  de  Megabanco  de la cual habían retirado  trescientos    veinte    mil    pesos.  Antes  de  tirarme  me robaron como trescientos veintisiete mil  pesos que llevaba en efectivo y el teléfono celular…   

En    segundo    lugar,   se  destaca  que  también por percepción directa el investigador        de       la       fiscalía       identificó   las  voces  de  las  dos  personas  que  intervinieron  en la comunicación telefónica del 12 de marzo de  2008,    como    las   correspondientes   a   Wilmar   Alberto   Gómez   Villa,  alias       «el      zurdo»      o   «paso   de   reina»,     y     a    RICARDO    CORTÉS  LONDOÑO,                alias     «Richar»,     «Nano»  o «Enano». Sobre  el  primero  comentó  que  era  el usuario del teléfono  móvil     interceptado     cuyo     número     iniciaba    por    «311»       y      que      siempre      se   refería   al  acusado  con  los  remoquetes  señalados.  Agregó  que,  como  líder del caso, había escuchado  y    analizado   plurales   grabaciones   obtenidas  en  el  procedimiento  de interceptación, muchas de  las    cuales    eran  sostenidas  por los mismos interlocutores.   Además,   explicó,   que   como  resultado   de   esas   pesquisas   se  había     logrado    la    judicialización    de    esas  personas  no solo en este sino en  otros  procesos en los que  fueron    plenamente    identificados.   

El  señalamiento  del  testigo  Germán  Elías  Toro  Gómez respalda la identificación que realizó la víctima Tomás  Vélez    Ángel   en  una  diligencia realizada  el  4 de abril de 2011, en  presencia    de    una    delegada   del   Ministerio   Público,   durante     la    cual    reconoció  la  imagen  de  RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO  en una de las fotografías que le  fueron  exhibidas  como uno de los autores del hurto,  de  quien  dijo  fue el que «se metió al taxi en la  parte   trasera   y  manejaba  el  celular  y  era  el  que  me  preguntaba  las  claves,…».            Al         respecto,  no puede olvidarse que por  virtud  del  principio  de  libertad  probatoria «los  hechos  y  circunstancias  de  interés  para  la solución  correcta  del  caso, se podrán probar por cualquiera de los medios establecidos  en  este código o por cualquier otro medio técnico o científico, que no viole  derechos  humanos» (art.  373); por lo que, si bien  el  cotejo  científico   de  voces  sea      quizás      el  mecanismo  más  idóneo  para  la  respectiva  identificación,  ello  no  excluye que,  como  en  el presente evento, esa convicción pueda lograrse por otros elementos  probatorios4.         

Entonces,  el    testimonio   de  Germán    Elías    Toro    Gómez   y     la     transliteración     que     realizó    introdujeron   contenidos   probatorios   directos  que  reafirman  los   de   referencia  originados por el sujeto  pasivo  del  delito,  siendo razonable el mérito que  le    asignó    el    Tribunal    porque    aquél  aportó   suficientes  razones  de  su dicho: (i)  que  era el «gerente del  caso»  contra  una banda  dedicada   al  hurto  que  denominaron  «los      robaviejitos»;     (ii)  que,   en   tal   virtud,   coordinó  los    seguimientos    tendientes    a    judicializar    a    sus  miembros,   no   solo   en   este   sino  en  otros  procesos;      (iii)      que      escuchó   muchas  conversaciones  telefónicas  sostenidas  entre  ellos,   en   varias  de  las  cuales  intervenía        el  acusado;  (iv) que siempre recibía  los  audios  de  la  sala  técnica  de  interceptaciones  acompañada con   informes   de  análisis  de  los  mismos;  y,  por  último,  (v)  que   la   identificación   de   los  delincuentes   fue   corroborada   en  otros procesos penales que se les adelantó.   

Así      pues,      ningún      error     –de  hecho o de derecho- se cometió  en  la  apreciación del testimonio y de la evidencia  documental   aludidos,   por   lo   que              sirven   como  pruebas complementarias o  de   corroboración   de   las   declaraciones   de  referencia                –incluido    un    reconocimiento  fotográfico-  rendidas por la víctima Tomás Vélez  Ángel.   Claro,   más   importante   aún   es   que   la  conjunción  de  todos       esos       medios      probatorios    permite   fundar   la  conclusión  de  que existe el conocimiento más allá de toda duda razonable de  que  RICARDO  CORTÉS  LONDOÑO  fue  uno  de los coautores del delito contra el  patrimonio    económico    por    el   cual   resultó   condenado.   Recuérdese  que,  tal  y  como  lo  indicó  la sentencia sin que haya sido cuestionado   por  el  demandante,  las  declaraciones  rendidas  por  la  víctima por fuera del juicio establecieron la  ocurrencia   del  hecho  y  algunos  rasgos  que  le  permitieron          individualizar      al     acusado,  así  como  la  pertinencia  de las pruebas adicionales para la  demostración de esos mismos aspectos.   

En conclusión,  la  existencia de pruebas directas (el testimonio de  Germán   Elías   Toro  Gómez  y  la  transliteración  de  una  conversación  telefónica)  que  respaldan  el  conocimiento obtenido mediante la información  suministrada   por   la   víctima  por  fuera  del  juicio  oral;  descartan  la   concreción  de  un  falso  juicio  de  convicción  en  razón  de la  eventual    desatención    de   la   tarifa   probatoria  negativa  establecida  en  el  inciso  2  del  artículo  381,  tal  y como lo sostuvo el  delegado   de   la   fiscalía  con  fundamento  en  consideraciones      similares     a     las     aquí     expuestas. Por ende, no se casará la sentencia  que    condenó   al   acusado   como   autor   del   delito   de   hurto      calificado     agravado,  desestimándose  así  los  argumentos  de la demandante y del representante del  Ministerio Público.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal, administrando justicia en nombre de  la República y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

No   casar   la  sentencia  condenatoria  proferida  en contra de RICARDO CORTÉS LONDOÑO por el  delito  de  hurto calificado agravado.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

I m p e d i d o  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Así  fueron descritos en la sentencia de primera y de segunda instancia.   

2  En  anteriores  oportunidades,  la Corte ha admitido la validez de transliteraciones  que  no  se  acompañan  por  la  grabación  magnetofónica  de  la  cual nacen  (CSJ  SP,  26 nov. 2003, rad. 19008, reiterada en el  CSJ  AP490-2014, 12. feb,  rad. 39069).   

3  Rindió  declaración en el juicio oral, sesión del 11 de mayo de 2012, récord  25:00 en adelante.   

4  «…, el cotejo de voces  es  un medio idóneo pero no el único para identificar a los partícipes en una  comunicación  telefónica,  de manera que cuando las circunstancias del proceso  impiden  llevarlo  a  cabo,  habrá  de  acudirse a otros medios probatorios que  hagan  posible  establecer  quién  es el que interviene en ella.» (CSJ  SP,  7  nov.  2012,  rad.  37394; CSJ SP, 27 oct. 2004, rad.  22639;     y     CSJ    AP490-2014,    12.    feb,    rad.    39069).     

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