SP13790-2016(41781)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP13790-2016  

Radicación N° 41.781  

(Aprobado acta Nº 312)  

Bogotá,  D.  C., cinco (5) de octubre de dos  mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte decide de fondo sobre la demanda de  casación  presentada  por  el apoderado de la parte civil (Patrimonio Autónomo  de  Remanentes  de  la  Caja  Agraria en Liquidación),  contra  la  sentencia  proferida el 29 de noviembre de  2012  por  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de Cartagena, que  confirmó  la  absolución  impartida  el  25  de  julio  de  2011,  a  favor de  Marina     Matilde    Escobar    Araujo,  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de esa ciudad, por el  delito de peculado por apropiación.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

Según denuncia penal instaurada en fecha 13  de    enero    de   2000,   por   el   señor   Wilson   Guarnido   (sic)   Carranza,   en  su  calidad  de  representante  legal  de  la  Caja  de Crédito Agrario, Industrial y Minero -en  liquidación-,  se  conoce  que con ocasión de la Auditoría integral llevada a  cabo  por  la  Contraloría  General  de  la República en todas las oficinas de  dicha  institución  a nivel nacional, en los periodos comprendidos entre 1997 y  1998,  fueron  detectadas  una serie de irregularidades, en virtud de las cuales  se  dispuso  del  peculio  público  en  forma  irresponsable  y/o  abiertamente  ilícita.   

Fue  así,  como  se  descubrió  que en la  sucursal  de  la  Caja  Agraria  de  este  departamento, se otorgaron múltiples  créditos  y  sobregiros  a  diferentes  entidades  y personas naturales sin los  mínimos  requisitos  exigidos  para  estas  operaciones,  lo  que  redundó  en  perjuicio  de  la  entidad por la pérdida de cuantiosas sumas de dinero. En ese  aspecto   se  destacan  los  sobregiros  o  desembolsos  otorgados  [por     Marina    Matilde    Escobar  Araujo]  a las compañías  DRAGACOL  S.A.  y  HOLDING  PANAMERICANA  S.A.,  por  valores  de  cuatrocientos  millones    de   pesos   ($400.000000.oo)   y   cuarenta   millones   de   pesos  ($40.000.000.oo),  respectivamente, [los cuales cuales  finalmente          ascendieron          a          $754.906.064.37].   

Dentro de las irregularidades detectadas se  exponen  las  siguientes:  no  se  hicieron  análisis  de  solicitudes,  no  se  exigieron  los  estados  financieros  de  los  clientes, hubo deficiencias en la  constitución  de  garantías,  no  se  reportó  la carta de autorización para  consultar  CIFIN,  no  existe  carta  de  aprobación,  entre  otras1.2.   

2.  El  16  de  marzo  de  2000 la Fiscalía  Catorce   Seccional   de   Cartagena   profirió   resolución  de  apertura  de  instrucción  y  ordenó  vincular  a  través  de  indagatoria  a  Marina        Matilde        Escobar       Araujo       y  Diego Espinosa  Posada3.   

3.   Como  quiera  que  no  se  logró  la  comparecencia  de la primera al proceso, se la declaró persona ausente el 31 de  enero  de  20034.   

4.  El  11 de agosto de 2004, se definió la  situación   jurídica  de  los  sindicados  en  el  sentido  de  abstenerse  de  imponerles  medida  de  aseguramiento como presuntos autores responsables de los  delitos  de peculado por apropiación y prevaricato por acción, a la vez que, a  su  favor,  se  precluyó  la  investigación  por  dichos  punibles5.   

5.  Inconforme  con  esta determinación, el  representante  de  la  parte  civil  la  apeló,  siendo  revocada parcialmente,  mediante  resolución  del  4 de octubre de 2005 de la Fiscalía Cuarta Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Cartagena, en cuanto se refiere a la decisión de  preclusión6.   

6.  El  26  de abril de 2006 se clausuró el  ciclo                   instructivo7.   

7.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución  mixta  del  29  de  septiembre posterior, en el sentido de acusar a  Marina    Matilde    Escobar   Araujo   en  calidad  de  autora  del  injusto  de  peculado por apropiación  (artículo  133  del  Decreto  100 de 1980) y precluir a favor de Diego Espinosa  Posada   por   dicha  conducta  y  la  de  prevaricato  por  acción8.   

8. El juzgamiento le correspondió al Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Cartagena, despacho que avocó conocimiento del  asunto    el    15    de    diciembre    de   20069.   

9.  El  12  de  enero de 2007 la Secretaría  corrió   el  traslado  de  que  trata  el  artículo  400  de  la  Ley  600  de  200010.   

10. La audiencia preparatoria se celebró el  12        de        abril        de       200711  y  la  vista  pública  de  juzgamiento   se   llevó   a   cabo   en   varias  sesiones  (22  de  julio  de  200812,        9        de        julio13, 9 de septiembre14  y  6  de  octubre              de             200915    y   25   de   mayo   de  201016).   

11. A petición de la defensa, el 5 de agosto  ulterior  se declaró la nulidad de lo actuado a partir de la resolución del 31  de   enero   de  2003,  por  cuyo  medio  la  procesada  fue  declarada  persona  ausente.   

No obstante, impugnada esta decisión, por el  representante  de  la  parte  civil, fue revocada por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  24  de  junio  de  201117.   

12.  Mediante  sentencia  del 25 de julio de  2011,   Marina   Matilde  Escobar  Araujo     fue    absuelta    por    el    delito    de    peculado    por  apropiación18.   

13.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el  representante de la parte civil lo recurrió pero fue ratificado  el  29 de noviembre de 2012 por la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior  de  Cartagena19.   

14.  El   mismo  sujeto  procesal  interpuso20   y   sustentó21  oportunamente  el recurso extraordinario de casación, que inicialmente estuvo a  cargo  del  magistrado  Gustavo  Enrique  Malo Fernández, a quien mediante auto  AP1708-2014  se  le  aceptó  impedimento  para  conocer  del asunto22.   

15.  La demanda de casación fue admitida el  29        de        abril        de       201523.   

16.  El  15  de  junio del año en curso, la  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación Penal rindió el concepto de  rigor24.   

LA DEMANDA  

Previa   identificación  de  los  sujetos  procesales  y  de  la  sentencia  impugnada,  el recurrente cita los hechos como  fueron  concebidos  por el juez de primer nivel y la actuación procesal, aparte  dentro  del  cual  transcribe, en extenso, los fallos, para, enseguida, postular  un  único  cargo  al amparo de la causal primera, cuerpo segundo, del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, esto es, por la infracción indirecta de la ley  sustancial por error de hecho en la modalidad de falso raciocinio.   

En  desarrollo  de  la censura, el libelista  explica  que  el  yerro  es  producto  de la violación de las reglas de la sana  crítica,   en   la   valoración   de   la  «prueba  pericial»25,  consistente  en el informe  de  auditoría  integral practicado por la Contraloría General de la República  a  la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, para el período 1997-1998,  tiempo  durante  el  cual  la  procesada fungió como Gerente Regional (e) de la  Sucursal Bolívar.   

Tras  aludir  a las funciones encomendadas a  dicha  servidora  pública, destaca que ella fue llamada a juicio con fundamento  en  el  referido  informe  porque  el  ente  instructor  logró  establecer  que  favoreció   a  Dragacol  S.A.  y  a  Holding  Panamericana  S.A.,  mediante  el  otorgamiento  de  sobregiros  superiores  a  $400.000.000  y  por  la  falta  de  remisión,  a  cobro  judicial,  de  las obligaciones incumplidas entre el 16 de  febrero y mayo de 1998.   

Destaca   que,   según   lo   señala  la  Contraloría,  la acusada tenía vínculos familiares con el representante legal  de       Dragacol       S.A.      –Reginaldo  Bray-, quien era su cuñado, sujeto éste que tenía como  suplente  a  Lourdes  Escobar  Araujo  –hermana de la implicada-.   

De este modo, reduce el nexo causal entre la  mentada   empresa  y  la  enjuiciada  al  señalar  que  aquella  «obtuvo  la  apropiación  por sobregiros de $400 millones de pesos,  dineros  que  fueron  tramitados, avalados y otorgados por la aquí procesada en  su  calidad de Gerente encargada. Alcanzando hasta 207 días de descubierto, sin  que   los   mismos   fueran   remitidos   a   cobro  judicial  (…)»26.   

Luego,  transcribe,  ampliamente, el aludido  «informe    de   auditoría   integral»,  en  el  que se indica, frente a Dragacol S.A., que Marina  Matilde  Escobar  Araujo participó  en  la  aprobación  de  sobregiros  en  la  cuenta  corriente  No. 6878-3   –abierta con $10.000 el 4  de  febrero  de 1998- con descubiertos por $501.871.156,74 y $188.711.684,45 por  un  tiempo  de  44  y  207 días, respectivamente, siendo que i) se requería el  voto  unánime  de la Junta Directiva, ii) no se encontró ningún documento que  comprobara  la  cuantía  autorizada  ni  los  extractos  bancarios  de los tres  últimos  meses y de los estados financieros de los años 1995-1996 y, iii) a 31  de  diciembre  de  1997  la  sociedad  presentaba  un  estado  de  iliquidez  de  “0098<1”.   

Respecto a Holding Panamericana S.A. resalta  que  tenía un cupo aprobado de sobregiro, en la cuenta corriente No. 6891-6, de  $40.000.000,  pero  alcanzó  los  $45.553.423,81  de descubierto por 63 días y  $188.711.684,45  por  220 días y los sobregiros fueron concedidos pese a que la  compañía  tenía promedios negativos en sus obligaciones y estas no se habían  reportado  a  la  sección  de  cartera,  cuando  alcanzaron  los  90  días  de  vencimiento.   

El  informe  también  sostiene, respecto de  Dragacol   S.A.,   que,   i)   había  instrucciones  del  comité  de  reparto,  particularmente,  del  jefe  del  departamento  de  crédito  y  cartera y de la  gerente   regional   –la  procesada-,  de  no  entregar  los  casos  de  los referidos clientes a abogados  tarifados  para  cobro  jurídico,  ii)  razones  de  parentesco  y  de negocios  familiares  sirvieron,  al parecer, para darle trato preferencial a esa empresa,  lo  cual  se vio reflejado en la insistencia de la acusada ante la presidencia y  vicepresidencia   comercial   de   la   Caja   Agraria  para  que  se  atendiera  favorablemente   la   solicitud   de  crédito,  iii)  no  era  viable  realizar  operaciones  financieras  con  dicha  persona  jurídica  porque  el  estudio de  títulos  reflejó  que  había aumentado su capital autorizado de $10.000.000 a  $200.000.000,  sin  especificar  los  montos  del  valor  suscrito  y pagado, y,  además,  esa  compañía  había  sido  demandada,  por  lo  que  era necesario  precaver  garantías  reales,  que  no  se obtuvieron ya que las obligaciones se  soportaron,   únicamente,   en   las   firmas   del   representante   legal   y  codeudor.   

Y  en cuanto a Holding Panamericana S.A., el  informe  señaló  que  i)  su gerente –Nayid   Fontalvo  Corrales-  tenía  vínculos  familiares  con  una  suplente  de  la Junta Directiva de Dragacol S.A. -Milagros Fontalvo- y ii) esta  última  empresa  autorizó  a  la  Caja  Agraria  a  hacer pagos con cheques de  gerencia a favor de Nayid Fontalvo.   

Además,  el  documento puso en evidencia la  concentración,  a  31  de  julio  de  1998,  de  los  recursos  de crédito por  sobregiro   en   esas  dos  empresas  –el  94%- y que sólo hasta el 18 de septiembre siguiente se entregó  poder     al     abogado     Oscar     Gil     Corrales    Viola    –con   parentesco   con  los  gerentes  (principal  y  suplente)  de Dragacol S.A.- para el cobro de las obligaciones de  Holding Panamericana S.A., pero él se declaró impedido.   

Según el informe de auditoría, la relación  entre  las  dos  sociedades  es  estrecha  porque  la  dirección y el teléfono  registrados  por  Holding  Panamericana S.A. en el RUT de la DIAN, en febrero de  1998,  corresponden  a  los  del membrete de la papelería ordinaria de Dragacol  S.A.   

Enseguida,  el  recurrente cita un fragmento  del   pliego   de   cargos   y  recuerda  que  el  ad  quem,  acogiendo el criterio de su inferior, absolvió  a  la  procesada  aduciendo  para  el  efecto que «el  análisis  de  los sobregiros se redujo solamente a la valoración predicada por  la  Contraloría  General  de  la República, que como se dijo constituye prueba  válida,  pero  insuficiente  para  edificar  una  sentencia condenatoria por el  punible  de  peculado  por  apropiación.»27   

Previa transcripción de las consideraciones  de  los  fallos, asevera que el juez plural «reconoce  varios  hechos  transcendentes  y  de  importancia  que se infieren del dictamen  pericial,  los  cuales apuntan a la responsabilidad penal que se le debe asignar  a   la  señora  MARINA  ESCOBAR  ARAUJO»28,  e incluso  que   el   informe   es   muy  importante  para  establecer  que  «ofrece  información  precisa  sobre  alguno  de  los  tópicos  de  interés   para  el  esclarecimiento  de  los  hechos,  entre  los  cuales  cabe  mencionar,  que  la  procesada Marina Escobar Araujo se desempeñó como Gerente  Regional  (Bolívar)  de  la  extinta  Caja  Agraria  y  que la cuenta corriente  perteneciente  a  la empresa DRAGACOL S.A. obtuvo aprobación por aun (sic) cupo  de  sobregiros  por  $400.000.000.oo,  que  la empresa HOLDING PANAMERICANA S.A.  obtuvo   un   cupo   aprobado   de   $40.000.000.oo   alcanzando   la   suma  de  $45.553.423.oo»29.   

No  obstante,  dice  el jurista, el Tribunal  concluyó  que  dicho  informe  «no alcanza a abarcar  todos  los  supuestos  que  se hace necesario tener por establecido de cara a un  juicio  de  responsabilidad  penal, por el contrario al ponerlo en relación con  el  resto  de  los  elementos  de  prueba recogido (sic) queda de manifiesto que  alguna    de    sus    conclusiones   requerían   ser   verificadas».   

Además, destaca que, habiendo reconocido la  colegiatura  la  existencia  de  medios  de  prueba,  de  manera  contradictoria  expresó  que  no  obraban,  pues  señaló  que  «al  interior  del  plenario  no  existen  (sic)  prueba  documental  que  soporte la  tramitología  en torno a los desembolsos otorgados a las empresas DRAGACOL S.A.  y  HOLDING  PANAMERICANA  S.A.,  presuntamente  a través de la ciudadana MARINA  ESCOBAR  ARAUJO, para la Sala las apreciaciones llevadas a cabo por la Fiscalía  al  respecto  sobre los cuales edifico (sic) el llamamiento a juicio, carecen de  sustento   probatorio.»30   

Para  el censor, el falso raciocinio recayó  sobre   el   plurimentado   «informe  de  auditoría  integral»  porque  fue  apreciado  en  contra  de las  reglas  de  la  sana crítica, habida cuenta que se ignoró el principio lógico  de  razón suficiente, amén que dicha prueba «no fue  valorada  acorde  con  su  virtualidad,  en tanto soportaba por si (sic) sola el  fundamento   de   responsabilidad   penal   de   la   señora   MARINA   ESCOBAR  ARAUJO.»31   

En  suma,  el  defecto  surge  del  hecho de  admitir  que  dicho  medio  de  convicción  evidencia las irregularidades en el  otorgamiento  de  créditos,  pero  considerarlo  insuficiente  para edificar el  juicio de reproche.   

Opina el casacionista que, los resultados del  informe  de  la  Contraloría  son  determinantes y conclusivos, y por sí solos  expresan  razones  aptas  para condenar a la acusada; por eso, los falladores no  podían   decir   que   eran   exiguas,   «pues  tal  apreciación  no se realizó frente a la confrontación con los demás medios de  prueba  [no  los especifica]. Lo que ocurrió fue un juicio de raciocinio frente  a  dicha prueba, indicando que la mismas (sic) por si (sic) misma no infería la  autoría     de     la     encartada.»32   

En criterio del letrado, las conclusiones del  ente  de  control  fiscal  prueban que i) la acusada intervino en la aprobación  del  sobregiro  por  $400.000.000  a  favor  de  Dragacol S.A., de la cuenta que  había  sido  abierta con $10.000, por ser miembro del comité de adjudicación,  ii)  el balance de 1997 de esta compañía mostraba que se encontraba ilíquida,  que  la  documentación  para  el otorgamiento del sobregiro estaba incompleta y  que  la  empresa no cumplía los requisitos para ser beneficiaria de aquel, iii)  la  enjuiciada  era  cuñada del representante legal de Dragacol S.A. -Reginaldo  Bray-  y  hermana  de  uno  de  los  suplentes  de  esa  compañía –Lourdes-, por lo que ese nexo familiar  medió  en  el  otorgamiento  del crédito y, iv) el estudio de títulos mostró  que no existían garantías para su concesión.   

En  ese  orden,  recaba  que  «cada  una  de las razones en (sic) dictamen pericial demostraban la  suficiencia  del  medio  de  prueba  para enrostrar responsabilidad en cabeza de  MARINA  ESCOBAR ARAUJO. Por ello, la inferencia a la que llega el Tribunal de la  insuficiencia  del  medio  de  prueba,  en un (sic) desacertada apreciación del  supuesto  fáctico  que demostraba el medio de persuasión criminal.»33   

Agrega  que, el ad  quem,  al analizar el contrato de mandato –no    especifica-,    «descartó  unas  inferencias  sobre  la naturaleza y estipulaciones  jurídicas   que   se   derivaban   del   contenido   de  la  prueba»34   y   que   «comparando  lo  expuesto  por  el  documento, y la ausencia de más  medios  de  convicción,  con los razonamientos o contemplación material, hecha  por  el  juzgador  de  segundo  grado,  queda  nítidamente  claro  que hubo una  omisión  de  la  expresión  fáctica  del contenido del documento.»35   

El  yerro  es trascendente, estima, toda vez  que  si  no  se  hubiera  desconocido  que  con  la  prueba documental se podía  alcanzar  la  certeza  jurídica  sobre  la  responsabilidad de la procesada, la  decisión atacada sería distinta.   

Como  normas  infringidas,  por  falta  de  aplicación,  enuncia  los  artículos  232,  233,  237  y  237  del  Código de  Procedimiento Penal y 133 del Decreto 100 de 1980.   

En  consecuencia,  solicita  casar  el fallo  impugnado,  para  que,  en  su  lugar,  se revoque y se condene a la acusada, en  calidad  de  autora  del  delito  de  peculado  por  apropiación,  a  favor  de  terceros.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación  Penal  solicita  no  casar  la  sentencia  impugnada,  conforme a las  siguientes razones:   

Luego de referirse a los elementos del tipo  penal   de  peculado  por  apropiación,  aborda  el  tema  de  los  estándares  probatorios  requeridos en cada una de las fases del proceso penal regido por la  Ley   600   de   2000,  enfatizando  que,  para  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  se  requiere  mínimo dos indicios graves de responsabilidad con  base  en  las  pruebas  producidas  (artículo  356),  para  la  resolución  de  acusación,  estar  probada  la  ocurrencia  del  hecho  y  existir  confesión,  indicios   graves,  peritación  u  otros  medios  de  prueba  que  señalen  la  responsabilidad       del       acusado       (canon       397      ejusdem)  y,  para  condenar,  la certeza  sobre  la  conducta  punible  y la responsabilidad del procesado (inciso 2º del  precepto         232         ibidem).   

Resalta,  desde una perspectiva garantista,  que  la  emisión  de  sentencia  condenatoria  está  en estrecha relación con  «la  presunción  de  inocencia y el umbral a partir  del  cual  el  juez puede aceptar una afirmación de hecho o una hipótesis como  verdadera  dentro  del  proceso  penal,  de  allí que se imponga la vigencia de la presunción de inocencia  no  solo desde la perspectiva de principio y regla de tratamiento, sino también  como  regla  de  apreciación probatoria y regla de juicio, o sea, que cuando no  se  alcanza  el  grado  de  conocimiento  exigido  al juez para dictar sentencia  condenatoria  y  subsiste  la  duda  debe  darse aplicación a la presunción de  inocencia    como    regla   de   juicio:   -in   dubio   pro   reo-»36.   

Para  la  Procuradora, la aplicación de la  presunción  de  inocencia,  en  tanto regla de juicio, es la consecuencia de la  duda   razonable   sobre  la  existencia  del  hecho  o  la  participación  del  incriminado  en  el  mismo,  ya  que  cuando  hay  certeza  de  la inocencia, la  absolución no es producto de dicha presunción.   

En  cuanto  al  que  intitula  primer  cargo,  considera  que  no  está  llamado  a  prosperar  debido  a  que  los  jueces  de  instancia realizaron una  valoración adecuada del informe de la Contraloría.   

Para  acreditarlo,  cita  un  fragmento del  fallo   de   primera   instancia   en  el  que  el  a  quo  reprueba  la labor investigativa de la Fiscalía,  en  orden  a  esclarecer  los  hechos,  esencialmente, por limitarse al referido  documento   «en   el  cual  consta  el  cúmulo  de  irregularidades    en    el    otorgamiento    de    los   créditos»37,  y  por  no  esmerarse  en  «averiguar la realidad que se ocultaba detrás de la  aprobación  irregular  de  los créditos»38.   

Tal  estimación, dice, es también visible  en  la  sentencia de segundo nivel pues del informe valoró la forma como fueron  ejecutadas  las autorizaciones de los desembolsos a las personas jurídicas, las  sumas involucradas y el monto de apertura de las cuentas.   

A  juicio  de  la  Delegada, dicho medio de  prueba  permitía abrir formalmente la investigación, eventualmente, definir la  situación  jurídica e incluso, quizá, acusar, pero no sustentar una sentencia  condenatoria, porque sus estándares probatorios son superiores.   

En  punto del que para la Procuradora es el  segundo     cargo39,   tras   aludir   a   los  requisitos   indispensables  para  que  una  conducta  sea  punible  (tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad)  estima  que  no es cierto que se violaran las  leyes  de la sana crítica, teniendo en cuenta que, a partir del escaso material  probatorio  allegado  a la actuación, el Tribunal consideró que la conducta de  la   acusada   es  atípica  y  «(…)  además  ni  siquiera  por  simple  causalidad  se puede inferir la  responsabilidad  penal  de  la procesada,  ya  que  en el proceso no existe prueba  de   que   ella  era  la  persona  encargada  de  otorgar  los  créditos,  sino  por  el contrario, en la denuncia se puso de presente  que  en  el  otorgamiento de los créditos existió un  concurso    de    omisiones    por    parte    de   la   Gerencia   Regional,  el  Comité Regional de Crédito, el Comité de Crédito  de  Presidencia,  y  la  Dirección de la Sucursal de  Cartagena,  es  decir el otorgamiento de los créditos  que  incurrieron  en  mora  no estaba solo a cargo del  gerente  regional,  que  era  el  cargo  que  ejerció  temporalmente la señora  MARINA  ARAUJO,  en  la entidad perjudicada, sino que  estaban  a cargo de cuatro departamentos de la entidad  financiera,  además  si  miramos  la  fecha en que se  otorgaron  los  préstamos  de  manera  irregular,  la procesada no fungía  como  gerente  de  la  CAJA AGRARIA EN LIQUIDACION. De tal  forma,   no  existe  responsabilidad  por  hechos  u  omisiones  ajenas,  la  responsabilidad pena (sic) es  personal,  especifica  (sic), objetiva e indivisible. No puede suponer que entre  un     conjunto     de     responsabilidades,     todas     sean    solidarias,    cada   quien   responde   individualmente   por   lo  individualmente     imputado     y     demostrado.  (…)40.   

La  representante  de  la sociedad es de la  idea  que  debió allegarse a la actuación prueba de la verdadera injerencia de  la   procesada   en   el   otorgamiento  irregular  de  los  créditos,  de  las  autorizaciones  desviadas  otorgadas por ella o, de los funcionarios del Comité  Regional  de Crédito, del Comité de Crédito de Presidencia y de la Dirección  de  la  Sucursal  de  Cartagena  a los que la procesada habría determinado para  otorgar  dichos  créditos,  sobre  todo  si, como lo señaló el Tribunal, para  algunas  de  las  fechas  de  los créditos, la enjuiciada no ostentaba el cargo  directivo   del  que  estuvo  encargada,  «de  donde  efectivamente  no  podría  responder  por  conductas  ejecutadas  por  terceras  personas,  a no ser que se estableciese mediante prueba legalmente obrante -y no  es   ese   el   caso-   que   se  trató  de  una  autoría  mediata  o  de  una  determinación»41.   

Igualmente,  resalta  que  «[t]ampoco  se  demostraron  los  extremos  necesarios  sobre  nexos  familiares  que  integraron  la hipótesis de la fiscalía, pues el simple hecho  de  la  coincidencia  de  apellidos  no basta para dar por demostrado un nexo de  consanguinidad  y  mucho  menos a partir de él presumir parentescos de afinidad  con  un presunto cuñado, sin demostrar que esta persona era esposo o compañero  de  quien  al  parecer era su hermana, pues estos no son hechos notorios de cuya  prueba  pueda prescindirse, de donde el presunto parentesco que orientasen (sic)  el   interés   de   favorecer   a   terceros   también   quedó  huérfano  de  demostración.»42   

Finalmente,  asevera  que como no se logró  desvirtuar  la presunción de inocencia que favorece a la encartada y los fallos  están ajustados a la legalidad, la demanda no debe prosperar.   

CONSIDERACIONES  

1. Problema jurídico planteado  

Se   circunscribe  a  establecer  si  los  juzgadores  incurrieron  en  una  violación indirecta de la ley sustancial, por  error  de  hecho  en  su  vertiente  de falso raciocinio, capaz de desvirtuar la  doble  presunción  de acierto y legalidad que recae sobre los fallos de primera  y  segunda  instancias,  de  carácter absolutorio, al valorar el «informe  de auditoría integral», rendido  por  la  Contraloría  General  de  la  República, en relación con la gestión  crediticia  desarrollada  por  Marina  Matilde Escobar  Araujo  en  la  Sucursal  Bolívar  de la extinta Caja  Agraria  durante  el  año 1998, particularmente, respecto de los sobregiros que  habría  autorizado  a  favor  de  las  compañías  Holding Panamericana S.A. y  Dragacol S.A.,.   

2. Cláusula probatoria del artículo 271 de  la Constitución Política   

La  mencionada  disposición  consagra  una  cláusula  procesal específica que establece, expresamente, que «[l]os  resultados  de  las indagaciones preliminares adelantadas por  la  Contraloría  tendrán  valor  probatorio  ante  la  Fiscalía General de la  Nación    y    el    juez   competente»43.   

Esta  norma, de carácter superior, tuvo su  origen  en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, oportunidad en  la  que,  inicialmente,  a  la  par  que  se  concibió  la  idea  de  crear una  jurisdicción  especial  para  la  investigación  y  juzgamiento de los delitos  contra   el  patrimonio  del  Estado  –de  carácter  imprescriptible-,  se  pretendió  que «las  investigaciones  y tareas fiscalizadoras de la Contraloría se  consideraran  en  (sic)  plena  prueba  en los procesos penales vinculados a las  infracciones    del    gasto   público»44.   

La primera de tales aspiraciones normativas  no  llegó  a  feliz  término, por respeto al principio de igualdad ante la ley  –entre los perseguidos por  infracciones  contra  el  patrimonio  público  y los investigados por cualquier  otro  injusto-  y debido a que se advirtió la incoherencia resultante de que la  plenaria  hubiera  aprobado  previamente la creación de la Fiscalía General de  la  Nación,  como  órgano  encargado  de  la  persecución  penal de todas las  conductas  punibles  –salvo  las de naturaleza castrense-.   

La segunda, por su parte, cuya consagración  constitucional  había  encontrado obstáculos en la comisión redactora, porque  a       ese      cuerpo      colegiado      le      pareció      «redundante»  que las pruebas practicadas  por  la  Contraloría  pudieran  tener  mérito probatorio ante la jurisdicción  especializada           por           crear45, finalmente fue aprobada con  algunas modificaciones.   

Es  así  como, tras precisar que era menos  «complicado»  aludir  a  «los   resultados   de   la  investigación  de  la  Contraloría»46   y   no  a  «las    investigaciones    y    tareas    fiscalizadoras    de    la  Contraloría»47  y  cambiar  la  expresión  «plena prueba»48  por  la de  «valor             probatorio»49, se aclaró que los aludidos  resultados  tendrían  mérito suasorio ante la Fiscalía General de la Nación.  La siguiente fue la redacción preliminar de la disposición:   

Artículo  quinto, la ley establecerá una  jurisdicción  penal  especializada  en el juzgamiento de los delitos, cometidos  contra   el   patrimonio   del   Estado,  los  resultados  de  las  indagaciones  preliminares  adelantadas  por la Contraloría tendrán valor probatorio ante la  Fiscalía General de la Nación.   

Finalmente, luego de abandonar la idea de la  creación   de  la  mentada  jurisdicción  penal  especializada,  al  fragmento  normativo  restante,  que  iría  a  constituir  el definitivo, consagrado en el  artículo  271  Superior, sólo se agregó que esos resultados no solo deberían  tener  valor probatorio ante la Fiscalía sino también ante el juez competente.  Las  que  siguen  fueron  las  consideraciones  del  constituyente Carlos Daniel  Abello  Roca,  tras  lo  cual  se  dio  la  aprobación  por  la  plenaria de la  Asamblea:   

–   Yo   quiero   hacer   la   siguiente  explicación,   porque   el  doctor  Cala  consultó  esta  redacción  conmigo;  realmente  aquí  se  están  estableciendo  dos  aspectos; primero, creando una  jurisdicción  penal  especializada para el juzgamiento de los delitos cometidos  contra  el patrimonio del Estado, porque le entendí al doctor Echeverri Uruburu  que  esa  era  la  intención  de  la  Comisión  Accidental;  posteriormente me  explicó,  porque  yo  soy  autor  de  este  artículo; posteriormente el doctor  Echeverri  me  explicó  que  el  interés  de la Comisión Accidental no era el  juzgamiento  de  esos  delitos,  que  hoy  son  competencia  de  los  juzgadores  superiores,  sino  que  la  Contraloría  tuviera funciones de Policía Judicial  para  hacer  las  indagaciones  preliminares  y  que esas pruebas, que pasarían  después  al  Fiscal  para  la acusación pertinente, tuvieran valor probatorio;  esa  segunda  parte yo no la considero incompatible con la Fiscalía; la primera  parte  la  considero  ahora  impropia  de  un  sistema  acusatorio en el cual no  existen,  no deben existir jurisdicciones especiales; desaparecerán por ejemplo  las  jurisdicciones  de  orden público, entonces debe mantenerse en poder de la  justicia  ordinaria  o  sea  de  los  jueces  superiores  la competencia para el  juzgamiento  de  los  delitos  cometidos contra el patrimonio del Estado; en ese  sentido  retiraría  la  primera  parte  del  artículo.  La  segunda  parte del  artículo  no  me  parece  que  sea  incompatible  con  la  organización  de la  Fiscalía  General, por cuanto dice simplemente o así comenzaría el artículo,  los  resultados  de  las indagaciones preliminares, indagaciones preliminares es  Policía  Judicial,  adelantadas  por la Contraloría, tendrán valor probatorio  ante  la  Fiscalía  General de la Nación y habría que agregar también y ante  el            juez           competente…50   

Lo anterior significa que, el constituyente  de  1991  le  confirió  a  las conclusiones de las investigaciones preliminares  adelantadas  por  el  órgano de control fiscal, el alcance de medio probatorio,  de  tal  forma que, por disposición constitucional, los funcionarios judiciales  están  obligados  a  evaluarlas  de  igual  manera  que  lo  harían en torno a  cualquiera  de  los  instrumentos  de  prueba, descritos en el artículo 233 del  Estatuto   Adjetivo  Penal  de  2000  –canon  382  de  la  Ley  906  de  2004-,  a  efecto de acreditar los  elementos   constitutivos   de  la  conducta  punible,  la  responsabilidad  del  procesado,  las causales de agravación y atenuación punitiva, las que excluyen  la responsabilidad y la naturaleza y cuantía de los perjuicios.   

Nótese  cómo  el querer del constituyente  estuvo  marcado  por  la  intención  de  dotar  de  una  especial  connotación  probatoria  a las conclusiones de las investigaciones de la Contraloría, de tal  suerte  que  sirvieran de bastión cognoscitivo a los funcionarios encargados de  adelantar la instrucción y el juzgamiento ordinario penal.   

En   efecto,   dada   la   indiscutible  especificidad  de  las  pesquisas  obtenidas por el órgano contralor durante la  etapa  de  indagación  preliminar  a  la hora de detectar irregularidades en la  gestión  fiscal  que  pudieren  comprometer  el  patrimonio público y el valor  suasorio  concreto  que  el  referido  canon  271  Superior  le  confirió a los  resultados   obtenidos   en   esa   labor   investigativa,   se  debe  concluir,  fundadamente,  que  ellos  están en capacidad de verter al proceso penal, junto  con  los  medios  de  prueba recaudados por el órgano investigador tendientes a  ratificar   esa   información   del   ente   contralor,  el  sustento  suasorio  indispensable para emitir fallo condenatorio.   

Recuérdese  que, en el ámbito del control  fiscal,  la indagación preliminar procede cuando no existe certeza del hecho y,  consecuente  con  ello,  la apertura del diligenciamiento formal por parte de la  Contraloría  está  condicionada  a  que los resultados de dicha investigación  permitan   verificar   la  competencia  del  órgano  fiscalizador,  la  ocurrencia  de  la  conducta  y su  afectación  al  patrimonio  estatal,  la  entidad  afectada  y  los  servidores  públicos  y/o  particulares  que  hayan  causado  el detrimento o intervenido o  contribuido  a  él  (artículo  39  de  la  Ley  610  de  2000, “por   la   cual  se  establece  el  trámite  de  los  procesos  de  responsabilidad   fiscal   de   competencia   de  las  contralorías”).   

Así  las  cosas,  las  impresiones  de las  indagaciones  preliminares  del  ente  de  control  fiscal,  que  dan  cuenta de  conductas  aflictivas  del erario público, no solo sirven para continuar con el  juicio  fiscal a cargo de esa entidad sino como fundamento suasorio autónomo de  orden constitucional en la causa penal.   

En punto del carácter probatorio de dichas  conclusiones  del  ente de control fiscal diverso al de los informes de policía  judicial,    en   pretérita   oportunidad   la   Sala   resaltó   (CSJ AP2812-2015):   

Empero,  cuando el demandante sostiene que  sin  el  informe  en  cuestión  las  pesquisas de la Fiscalía hubiesen quedado  apenas  en  su  fase  germinal,  pues,  “solo”  contaba con el informe de la  Contraloría   sobre   “simples  irregularidades  contractuales”,  desconoce  abiertamente  el  contenido  y  efectos  probatorios específicos del trabajo de  auditoría  realizado  por  la Contraloría, cuyos resultados dieron origen a la  denuncia penal.   

Pero, además, ignora la esencia jurídica  y  material  del  medio  en  cuestión –informe   de  Contraloría-,  para  superlativizar  un  informe  de  Policía  Judicial  que,  finalmente, no hace más que reiterar lo consignado en  aquel,  y  minimizar las otras pruebas –de  carácter  testimonial-,  que  corroboran  el hecho objetivo de  incumplimiento del contrato.   

A este efecto, resulta bastante infortunado  hermanar   el   informe   de   policía  judicial  con  aquel  expedido  por  la  Contraloría,  bajo  el  supuesto  argumental  que,  como la Contraloría ejerce  funciones  de  policía  judicial,  corre la misma suerte de lo consignado en el  artículo  314  de  la  Ley 600 de 2000, en cuanto contempla que las actividades  previas  a  la  judicialización  del caso, realizadas por la policía judicial:  “sólo  podrán  servir  como  criterios orientadores de la investigación”,   

Pasa  por  alto  el  recurrente,  que  lo  adelantado  por  la  Contraloría  en  la  alcaldía,  a  efectos de auditar los  contratos,  no  corresponde  a las tareas de policía judicial que defiere a esa  institución  el  numeral  1  del  artículo  312  de la Ley 600 de 2000 (por lo  demás,  específicamente  limitadas  a “asuntos de su competencia”), sino a  la  vigilancia  de la gestión fiscal de la administración, que expresamente le  atribuye el artículo 267 de la Carta Política.   

Precisamente,  el  artículo  271  de  la  Constitución  Política  colombiana,  otorga  valor probatorio a esos informes,  cuando especifica:   

“los  resultados  de  las indagaciones  preliminares  adelantadas  por la Contraloría tendrán valor probatorio ante la  Fiscalía General dela Nación y el juez competente”   

Ya  la  Corte,  así  mismo, se pronunció  sobre   el  valor  probatorio  de  dichos  informes51,  sin  que  el  demandante  exponga  algún  argumento  que  permita verificar por qué en el caso examinado  los   documentos   en   cuestión   se   apartan   de  la  norma  constitucional  citada.   

Examinado   el   contenido  del  informe  trasladado  por  la  Contraloría  Departamental  de  Cundinamarca a la justicia  penal,  se concluye indubitable que del mismo no se desprenden, como lo pretende  hacer       ver       el       impugnante       “simples       irregularidades  contractuales”.   

Huelga  señalar  que  si  la Contraloría  decidió  dar  traslado  del  hallazgo  de  auditoría a la Fiscalía, es porque  precisamente advierte la comisión de conductas punibles.   

No  cabe  duda,  pues,  del  valor  probatorio autónomo y eficiente de  los  informes  preliminares  de  la Contraloría en materia penal; pero, ello no  los    convierte    en    plena   prueba  del  acontecer delictivo, aspecto éste suficientemente discernido  por  los  creadores  del artículo 271 Superior, quienes modificaron el proyecto  constitucional, justamente,  para  quitarle  tal  connotación  y  conferirle  solamente  la  de  instrumento  cognoscitivo.   

De  esta  manera,  lo  deseable  es que las  conclusiones  que,  de forma preliminar, obtenga el ente de control fiscal, sean  corroboradas  por otros medios de prueba, que permitan dilucidar la materialidad  de  la  conducta punible y la responsabilidad del encausado en la misma, para lo  cual,  se ofrece relevante recaudar, en lo posible, el expediente administrativo  correspondiente  y  conocer  el resultado final de la investigación del órgano  contralor  consignado  en  el  fallo  con  o sin responsabilidad fiscal o por lo  menos   en   el   auto  de  imputación  de  responsabilidad  fiscal.   

Y  es  que avalar que los resultados de una  indagación  preliminar  de  la  Contraloría,  pueda  servir  de plena y única  prueba  de  la  materialidad  de  la conducta punible y de la participación del  encausado  en el mismo, supondría llegar al absurdo de admitir que ante la mera  probabilidad   de   compromiso  de  un  funcionario  o  particular  –gestor   o   custodio   de   recursos  estatales-  en  el  detrimento  patrimonial  de  los bienes públicos, advertida  apenas,  entonces,  como  una  hipótesis por parte del aludido ente de control,  sea  posible  que, sin recaudar otros medios de prueba durante la investigación  y  juzgamiento  por  parte  de  la  jurisdicción  ordinaria penal, tendientes a  corroborar  si  el injusto existió y si el presunto responsable la ejecutó, se  llegue a la imposición de condena penal.   

Lo  anterior, implicaría admitir que basta  con   la  sola  incriminación  preliminar  de  la  Contraloría  para  entender  debidamente  acreditado  el  delito y su responsable. Razonar como lo propone el  libelista,  conllevaría,  por ende, a un nítido desconocimiento del derecho al  debido  proceso,  a  la infracción del principio de presunción de inocencia y,  sobre   todo,   al   debilitamiento   de   la   autonomía  reconocida  legal  y  jurisprudencialmente   a   los  dos  modelos  sancionatorios:  penal  y  fiscal.   

Recuérdese  que,  el  parágrafo  1º  del  artículo   4º   de   la   Ley   610  de  2000,  establece  que  «la  responsabilidad  fiscal  es  autónoma  e  independiente  y  se  entiende  sin  perjuicio  de cualquier otra clase de responsabilidad».   

En similar sentido, la Corte ha razonado que  las  «tareas  que  cumple la Contraloría se ejercen  con  absoluta  independencia  de  las  acciones  penales  y  disciplinarias  que  pudieren  surgir de las actuaciones y omisiones de los servidores públicos. Por  ello,  no  necesariamente  deben converger en el mismo sentido los resultados de  los  procesos  que adelante cada autoridad competente, dentro del ámbito de sus  funciones.»  (CSJ  AP,  23  ene. 2001, rad. 17.089).   

Además,  si  las  conclusiones del informe  preliminar  bastaran,  a manera de plena prueba, para afirmar la responsabilidad  penal  del  inculpado, el juez penal quedaría convertido en un simple fedatario  de  las  estimaciones  esgrimidas  por  el  ente  de control fiscal –incluso  en  su fase más primigenia-,  lo  cual tornaría inane o superfluo el inicio de cualquier investigación penal  porque   con   antelación  ya  se  conocería  su  resultado,  obligatoriamente  condenatorio,  así  como  banal  cualquier  esfuerzo  defensivo por rebatirlas.   

De  otro  lado, es importante precisar que,  contrario  a  lo  estimado  por las instancias y por el demandante, por más que  dichas  conclusiones preliminares de la Contraloría, dada la especialidad de la  materia  investigada,  tengan un alto contenido técnico, no gozan del carácter  de  prueba  pericial y, por ende, no están sometidas a las ritualidades propias  del  título  VI,  capítulo III, artículos 249 a 258 de la Ley 600 de 2000. En  efecto,   como   se   esgrimió  atrás,  los  resultados  de  las  indagaciones  preliminares  del  ente  de  control  fiscal,  son prueba autónoma de carácter  constitucional    en    los   supuestos   de   detrimentos   patrimoniales   del  Estado.   

3. El caso concreto  

3.1. Lo primero a destacar es que el reporte  de   auditoría   integral   rendido   por   la   Contraloría  describe  varias  irregularidades   en   que   Marina  Matilde  Escobar  Araujo  habría  incurrido, siendo Gerente Regional de  la  sucursal  Bolívar,  particularmente,  al  otorgar  cuatro  sobregiros a las  empresas    Dragacol    S.A.    y   Holding   Panamericana   S.A.   –dos  a  cada una- que no cumplían con  los requisitos mínimos de aprobación.   

Así,  en  relación  con Dragacol S.A., el  informe  indica  que  el  4  de febrero de 1998 -cerca de un mes después de que  Marina   Matilde   hubiera  llegado  al  cargo  de  Gerente  Regional  Bolívar52- la referida sociedad abrió  una   cuenta   corriente  en  la  Caja  Agraria  (la  No.  6878-3)  con  escasos  $10.000.   

Dice  también  que,  pese  a  la  menguada  capacidad  monetaria  de  respaldo  que exhibía dicha compañía, la procesada,  sin  contar  con  el  voto unánime de la Junta Directiva y soslayando varios de  los  requisitos legales, habría autorizado un cupo de sobregiro de $400.000.000  que  esa  empresa  incluso superó, sin control alguno de la entidad crediticia,  pues  la  sociedad tuvo unos descubiertos por $501.871.156,74 y $188.711.684,45,  por   un   tiempo   de   44   días   –entre  el  16 de febrero y el 3 de marzo del año en mención- y 207  días  –entre el 8 de abril  y  el  24  de  noviembre de 1998-, respectivamente, sin que se aplicara sanción  alguna al respecto.   

Además,  sostiene que la acusada no contó  con  el documento de aprobación de la cuantía autorizada de la Junta Directiva  y  tampoco obtuvo, como le hubiera correspondido, los extractos bancarios de los  tres  últimos  meses  y los estados financieros de ese grupo empresarial de los  años 1995-1996.   

Igualmente,   refiere   el   reporte,  la  incriminada  habría  desconocido  que, a 31 de diciembre de 1997, Dragacol S.A.  presentaba  un  estado  de  iliquidez de “0098<1”, que estaba demandada y  que  la  Escritura  Pública  de  reforma  social  No. 912 de 3 de abril de 1995  reflejó   que   había   aumentado  su  capital  autorizado  de  $10.000.000  a  $200.000.000,  sin  especificar  las sumas suscritas y pagadas, por lo que, como  lo  conceptuó  el  abogado  externo  –Eduardo  Saladen  Vega-,  quien  realizó  el  estudio  de  títulos  respectivo,  no  solo  no  era  viable  celebrar ninguna operación financiera o  crediticia  con esa entidad hasta tanto no se hiciera la aclaración respectiva,  sino  que  con ocasión de la acción civil que podía comprometer el patrimonio  de   la   compañía,  la  funcionaria  debió  obtener  garantías  reales  que  respaldaran los descubiertos.   

Contrario   a   esas  mínimas  y  obvias  precauciones,   el   informe   advierte  que  las  obligaciones  se  soportaron,  únicamente,  en las rúbricas del representante legal y del codeudor, garantía  del  todo insuficiente, de cara al monto de capital prestado, pues, era evidente  que,  ante un eventual incumplimiento, dada la iliquidez manifiesta de la firma,  no  existiría  el  respaldo necesario para recuperar lo adeudado a corto plazo,  facilitando, de esta manera, la pérdida del dinero público.   

A  ello,  el  reporte  suma  que, según el  certificado  de existencia y representación de Dragacol S.A. y el oficio U.R.C.  /  98  197  del  5  de  agosto de 1998 –suscrito  por  R.  Douglas  Méndez  Díaz y dirigido a Edna Chacón  Briceño,  Gerente  Nacional  de  Control  de  Legalidad  de  la  Caja Agraria-,  precisamente,      la      hermana     de     la     enjuiciada     –Lourdes  Leonor  Escobar  Araujo- y su  cuñado    (esposo    de    esta)    –Reginaldo  Bray- eran, para la época de los hechos, la suplente del  representante    legal    y   el   representante   legal   de   Dragacol   S.A.,  respectivamente,   cuestión  que  sugiere que el parentesco con los socios  de  esa firma -establecido por la Contraloría- y los negocios familiares fueron  los  que  generaron  un  trato  preferencial del banco hacia dichos usuarios, el  cual  se  habría  visto  reflejado  en  la  insistencia  de la acusada, ante la  presidencia  y  vicepresidencia  comercial  de  la  Caja  Agraria,  para  que se  atendiera favorablemente la solicitud de crédito.   

Por   su  parte,  frente  a  Holding  Panamericana S.A. el informe de la  Contraloría   indica  que  era  un cliente con promedio  negativo  ($17.380.718.59)  en su cuenta corriente No 6891-6, razón por la que,  de  acuerdo  con las normas de administración de cartera de la Caja Agraria, no  era    prudente    tener    relaciones    comerciales    crediticias   con   esa  empresa.   

Sin  embargo,  asevera  la Contraloría, la  encartada  le habría aprobado un cupo de sobregiro de $40.000.000 que, incluso,  en   una   oportunidad,   excedió   dicha  persona  jurídica,  alcanzando  los  $45.553.473.81    por   63   días   –entre  el  11  de  marzo  y  14  de mayo de 1998-. El otro evento de  sobregiro   fue   del   orden  de  $18.769.799.37  por  220  días  –entre  el 15 de mayo y 25 de noviembre  del  mismo  año-.  En uno y otro caso, según el informe, la enjuiciada omitió  aplicar las sanciones de rigor.   

De esta manera, la Contraloría estima que,  tal  como  ocurrió  con  Dragacol  S.A.,  la  acusada,  tenía claros intereses  familiares  y personales en favorecer a esa empresa, ajenos, por consiguiente, a  su  deber  de  custodia  jurídica del dinero de la entidad crediticia estatal y  proyectó  su  indebido ánimo ilícito frente a Holding Panamericana S.A., cuya  relación  comercial  era,  en  extremo,  cercana,  con  aquella  otra sociedad.   

A  tal  inferencia llegó tras advertir que  Dragacol  S.A.  autorizó  a  la  Caja  Agraria  a  efectuar pagos en cheques de  gerencia  con  cargo  a  su  cuenta,  a  favor de Nayib Fontalvo Corrales Viola,  representante  legal  suplente  de  Holding  Panamericana  S.A.,  quien tendría  vínculos  familiares  con  Milagros  A. Fontalvo Corrales, suplente de la junta  Directiva de Dragacol S.A.   

Además,  el  ente control destacó que, la  dirección  y  el  teléfono  de  Holding  Panamericana S.A., señalados el 2 de  febrero  de  1998  en  el  RUT  de  la  DIAN,  son los mismos que aparecen en el  membrete  de  la  papelería  utilizada  ordinariamente por Dragacol S.A. en sus  operaciones  comerciales y en las solicitudes de servicios bancarios presentadas  a   la   Caja   Agraria,   (carrera   3   No.  8-06,  Edificio  Montelibano,  50  Piso-Bocagrande, teléfono 6566760).   

Aseguró también que el 18 de septiembre de  1998  se  confirió poder para el cobro jurídico de las obligaciones a cargo de  Holding   Panamericana   S.A.,  con  la  instrucción  de  que  fuera  entregado  expresamente  al  abogado  externo  Oscar  Gil  Corrales  Viola,  con  lazos  de  parentesco   con   el  Gerente  suplente  de  Dragacol  S.A.  -Gilberto  Gaitán  González-  y  codeudor  de  Holding  Panamericana  S.A.  y  con  Nayib Fontalvo  Corrales  Viola,  representante  legal  de  la  última  compañía mencionada y  miembro de la Junta Directiva de la misma.   

De  hecho,  dicho  nexo  familiar  entre el  doctor  Corrales  Viola  y  Gaitán González, refirió el órgano contralor, le  sirvió  al  primero  para  declararse  impedido  en el mandato ejecutivo que le  había sido otorgado.   

Resaltó que la encausada dio instrucciones  precisas,   como  miembro  del  Comité  de  Reparto,  junto  con  el  jefe  del  departamento  de  crédito  y  cartera –Jaime  García  Uribe-,  a  través  de los oficios U.R.C. /98 197 y  U.R.C.  /  98  202,  de no remitir a cobro jurídico las obligaciones en mora de  las  citadas  empresas, siendo que, tras 90 días de vencimiento, era imperativo  proceder en ese sentido.   

Fue notorio para la Contraloría que, tanto  en  el  descubierto  de  207  días  de Dragacol S.A. como en el de 220 días de  Holding  Panamericana S.A. transcurrió el plazo máximo de 90 días, sin que la  acusada   los   reportara   a   la   sección   de   cartera   para   su   cobro  judicial.   

Finalmente,   resaltó   que   hubo   una  concentración   significativa   de   los  recursos  de  crédito  otorgados  en  sobregiro,  pues  a  julio  31  de  1998,  estas  dos empresas tenían el 94% de  participación  -Dragacol  S.A.  el  86% y Holding Panamericana S.A. el 8% en el  rubro   destinado   por  la  entidad  financiera  para  esa  línea  comercial-,  descubiertos  que por estar ampliamente vencidos ameritaban su cobro jurídico y  que,  sin  embargo,  para  esa fecha, no contaban, siquiera, con los respectivos  poderes.   

3.2.  Al  respecto, aunque el informe de la  Contraloría  sugiere  que la procesada tuvo una participación activa, tanto en  la  aprobación de los ilegales sobregiros, como en la falta de recaudo oportuno  de  las  sumas  de  dinero entregadas por el banco, pues se habría valido de su  cargo  para  impedir  que  las  obligaciones  en mora de Dragacol S.A. y Holding  Panamericana  S.A.  no  fueran reportadas a la unidad de cartera, pese a que por  su  condición  de  Gerente  Regional y de miembro de los comités regionales de  crédito  y de castigo de cartera vencida, tendría pleno conocimiento del deber  de  iniciar  el  cobro jurídico de las deudas de los usuarios incumplidos, cuyo  vencimiento     superara     los     90     días53,  es  lo  cierto  que, tales  hechos   no   pudieron  ser  objeto  de  corroboración  en  la  causa  que  nos  ocupa.   

En efecto, como lo resaltaron los falladores  y  la  Delegada  del  Ministerio Público, los juicios de valor incriminatorios,  consignados  en  el informe de auditoría integral de la Contraloría, no fueron  verificados  en la actuación penal, sino apenas en torno al tiempo de servicios  de  la inculpada al frente de la gerencia regional Bolívar y las funciones a su  cargo,  lo cual resulta insuficiente para erigir en su contra juicio de reproche  jurídico  penal  por  el delito de peculado por apropiación, máxime cuando se  desconoce  si  las  imputaciones  elevadas  por el ente de control fiscal en esa  fase  primigenia de investigación fiscal, llegaron a consolidarse en un auto de  imputación  de  responsabilidad  fiscal  o  en  un  fallo  con  responsabilidad  fiscal.   

Ciertamente,  la  Corte  concuerda  con los  juzgadores  y  la  representante  del  Ministerio Público en que, en el legajo,  aparte  de i) un fragmento del mencionado «informe de  auditoría   integral»,   ii)  la  denuncia  que  lo  reproduce  en  idénticos  términos,  iii) algunos documentos que, por un lado,  ubican  a la procesada como Gerente Regional (e) de la sucursal Bolívar para la  época  de  los  hechos y describen las funciones propias del cargo y, por otro,  informan  su  asistencia  a  algunos  comités  en  los  que,  por cierto, no se  aprobaron  los sobregiros que le son reprochados y iv) ciertos documentos que no  tienen   ninguna   relación   de   pertinencia   con  la  señora  Escobar  Araujo  sino con otro coprocesado  (gerente  regional  para  el  año 1997) -valga recalcar, aportados por el mismo  implicado-,  no  obra  ninguna prueba que, en grado de certeza, permita sostener  la atribución de responsabilidad penal.   

Esto,  por  cuanto,  es  palmario  que  la  actividad  del  ente  instructor  fue  supremamente deficiente, al punto que, si  bien,  desde  un inicio, ordenó la práctica de varios elementos de persuasión  –testimonial, documental,  inspección  judicial  con  acompañamiento  de  perito  contable-  dirigidos  a  recaudar  información  acerca  del  trámite  de  aprobación de los sobregiros  endilgados  a  la  inculpada,  jamás  se  ocupó de que, verdaderamente, fueran  allegados  a la investigación, falencia que, por igual, se reprodujo en la fase  de juzgamiento.   

Así  se  pronunció  en  lo fundamental el  fallo de segundo nivel:   

En  efecto,  se  observa  que a través de  sendos  oficios  emanados  de  la  Fiscalía  Catorce  Delegada de Cartagena, se  requirió  a  la  Contraloría  General  de la República, a la Caja de Crédito  Agrario,  Industrial  y  Minero  en  Liquidación,  entre  otras  entidades,  la  remisión  de los documentos fundamento de los créditos y desembolsos objeto de  investigación,  sin que se tuviera respuesta por parte de las citadas entidades  oficiales,  específicamente  los documentos soporte presuntamente otorgados por  la  señora  Marina  Escobar  Araujo.  Por  el  contrario,  se evidenció que la  mayoría  de  la  documentación  solicitada  se  encontraba  archivada  en  las  instalaciones  de  la  Caja Agraria en la ciudad de Bogotá, tal como se declara  en  la  Inspección  Judicial llevada a cabo el día 17 de Abril de 2000, en las  oficinas   de   Coordinación   del  Banco  Agrario54,  y  en  el escrito emanado  del  Banco  Agrario de Colombia (sucursal Cartagena)55.   

Ahora  bien, no desconoce la Sala, como lo  destaca  el  representante  de  la parte civil, que la auditoría integral de la  Caja   de   Crédito  Agrario  realizada  por  la  Contraloría  General  de  la  República,  constituye  una prueba pericial válida, en tanto fue realizada por  un  ente  de  control  que  tiene  dentro  de  sus atribuciones la vigilancia de  gestión  fiscal  de los entes sometidos a ella, pues la Constitución Política  de  Colombia  define  el  Control  Fiscal en su artículo 267, como una función  pública  que ejercerá la Contraloría General de la República, la cual vigila  la  gestión  fiscal de la administración y de los particulares o entidades que  manejen fondos o bienes de la Nación.   

(…)  

Sin embargo, debe advertirse que aunque la  Auditoría  Integral realizada por la Contraloría General de la República a la  Caja  Agraria  entre  1997  y  1998,  constituye  un  elemento de prueba de gran  valía,  como  que  en su análisis individual ofrece información precisa sobre  alguno  de los tópicos de interés para el esclarecimiento de los hechos, entre  los   cuales   cabe  mencionar,  que  la  procesada  Marina  Escobar  Araujo  se  desempeñó  como Gerente Regional (Bolívar) de la extinta Caja Agraria, que la  cartera  en  mora  de dicha entidad financiera estaba conformada por una cartera  de  consumo  estimada  en  17.91%,  una  cartera comercial de 82%, y una cartera  hipotecaria  de  0.07%,  que  en  el  otorgamiento  de  sobregiros o desembolsos  participaron  cuatro departamentos integrantes de la Caja Agraria, que la cuenta  corriente  perteneciente  a  la empresa DRAGACOL S.A. obtuvo aprobación para un  cupo  de  sobregiros  por $400.000.000.oo, que la empresa HOLDING S.A. obtuvo un  cupo  aprobado  de  $40.000.000  alcanzando la suma de $45.553.423, es lo cierto  que,  en sentir de la Sala, no alcanza a abarcar todos los supuestos que se hace  necesario  tener  por  establecido de cara a un juicio de responsabilidad penal,  por  el  contrario,  al  ponerlo  en  relación con el resto de los elementos de  prueba  recogido (sic) queda  de    manifiesto    que    alguna    de    sus   conclusiones   requerían   ser  verificadas.   

En  efecto, conforme se puede referenciar,  para  establecer  los  sobregiros  irregulares  evidenciados por la Contraloría  General  de la República, la Fiscalía se basó principalmente en la auditoría  adelantada  por  la  citada entidad oficial, destacando que la procesada Escobar  Araujo  tenía  responsabilidades  funcionales  y  operativas  en  los créditos  otorgados,  y  muchos  de  los  cuales  se efectuaron sin el cumplimiento de los  requisitos     correspondientes     en     desacato     de    la    (sic)  directrices  internas  de la Caja  Agraria56.   

Pese  a ello, la Sala encuentra atendibles  las  observaciones  que  realizara  el Juzgador de Primera instancia, en torno a  que  el trabajo llevado a cabo por la Fiscalía no fue lo suficientemente eficaz  para  lograr el esclarecimiento de los hechos. Lo anterior encuentra respaldo en  el  oficio  adiado  04  de  Mayo  de  2007  emanado  por  la Fiscalía Seccional  1457,  mediante el cual el ente instructor pone de presente al fallador  de  instancia  lo siguiente: “…muy respetuosamente  nos  permitimos  infórmale  (sic)  que  revisados los documentos aportados a la  investigación,  ellos  corresponden  a los tramitados créditos y/o sobre giros  autorizados  por  el  doctor  DIEGO  ESPINOSA POSADA, a quien se le precluyó la  investigación  y  por tanto se encuentra debidamente ejecutoriada y archivada y  respecto  a  la  acusación  de  la  doctora  ESCOBAR ARAUJO, no aparecen anexos  correspondientes  a  los  trámites de aprobación de sobre giros a favor de las  sociedades  DRAGACOL  S.A.  y  HOLDING  PANAMERICANA S.A, suscrito por ella, y a  quien  el  despacho  le  vinculó  en  su  oportunidad, mediante declaración de  PERSONA AUSENTE…”.   

Así las cosas, y teniendo en cuenta que al  interior  del  plenario no existe prueba documental que soporte la tramitología  en  torno  a  los  desembolsos  otorgados a las empresas DRAGACOL S.A. y HOLDING  PANAMERICANA  S.A,  presuntamente  a  través  de  la  ciudadana  MARINA ESCOBAR  ARAUJO,  para  la  Sala  las  apreciaciones  llevadas a cabo por la Fiscalía al  respecto,  sobre  las  cuales  edificó  el  llamamiento  a  juicio,  carecen de  sustento  probatorio, pues no corresponde a un profundo y detenido análisis que  consultara  las  condiciones en que debía ejecutarse los desembolsos atribuidos  a  la procesada, la naturaleza de los mismos, ni los parámetros conformes (sic)  los  cuales  fueron adjudicados los citados créditos, siendo necesario, como es  apenas  obvio,  la  verificación  del cumplimiento de los requisitos exigidos y  valorados  por  los  comités  integradores  de  la  Caja  Agraria, pues como lo  refirió  en  este  sentido  el fallador de primer nivel, el otorgamiento de los  créditos  que  incurrieron  en  mora,  no  estaba  sólo  a cargo de la gerente  regional,  sino también involucraba la autorización de cuatro departamentos de  la liquidada entidad financiera.   

Efectivamente, en este sentido, observa la  Sala  que  el  análisis  de los sobregiros se redujo solamente a la valoración  predicada  por  la  Contraloría  General  de  la  República,  que como se dijo  constituye  prueba  válida,  pero  insuficiente  para  edificar  una  sentencia  condenatoria por el punible de Peculado por Apropiación.   

Se   observa   también   que   el  ente  investigador  no  insistió  en  orden  a  que se aportara la documentación que  soportaba  los  sobregiros  o  créditos  en mora irregularmente concedidos a la  (sic)  empresas  DRAGACOL  S.A.  y  HOLDING  PANAMERICANA  S.A, ni se escuchó en declaración jurada a los  funcionarios  de  la  extinta  Caja  Agraria,  que también hacían parte de los  cuatro  comités  integradores  de  dicha entidad financiera, para constatar sí  (sic)   los   requisitos  exigidos  para  la adjudicación realmente se cumplían o no. Menos se averiguó  cuál  era realmente el procedimiento en torno al otorgamiento de los créditos,  pues  según  lo  manifestado  por  el  otrora  vinculado  procesal Diego Posada  Espinosa,  éstos  fueron modificados en varias oportunidades, puntualizando que  se    trataba    de    una   decisión   colegiada58.  Tampoco  aparece probado,  ni  ello  se  desprende  del  informe  de  auditoría  realizado a la mencionada  entidad,  el  comportamiento  financiero  de las entidades arriba citadas con la  Caja Agraria.   

Siendo así las cosas, se presenta en este  caso   una  incertidumbre  probatoria  insuperable  en  relación  con  el  real  acaecimiento  del  hecho  investigado,  lo  que,  desde  luego, impide erigir un  juicio      de      responsabilidad     penal     en     contra     (sic)   la   señora   MARINA   ESCOBAR  ARAUJO.59 (Negrillas originales)   

Nótese  cómo,  contrario a lo argumentado  por  el  censor, no es cierto que el Tribunal se haya contradicho al admitir, de  un  lado,  que  los hechos imputados a la acusada fueron probados con el mentado  informe   y,  de  otro,  que  no  estaban  acreditados,  pues  lo  que  hizo  el  ad  quem, como quedó visto  en  la  transcripción del fallo de segunda instancia que antecede, fue reseñar  lo  narrado  en el documento de la Contraloría y, a continuación, sostener que  dicha  información  debió ser respaldada con otras pruebas que ratificaran que  tal estimación del ente de control era certera.   

3.3.  En  realidad,  como se sostuvo en los  proveídos  de instancia e incluso lo destacó el mismo recurrente en su demanda  –apoderado del Patrimonio  Autónomo  de  Remanentes  de la Caja Agraria en Liquidación-, la única prueba  eficiente  recaudada  en el proceso, tendiente a acreditar la responsabilidad de  Marina Matilde Escobar Araujo  en  el  delito  de peculado por apropiación, es el fragmento del «informe   preliminar   de   auditoría»,  practicado   por  la  Contraloría  General  de  la  República  a  la  gestión  desplegada   por   aquella   en   la  sucursal  Bolívar  de  la  Caja  Agraria,  particularmente,  durante  el  año  1998, aportado con la denuncia –que   lo   reproduce   en  idénticos  términos  y  no agrega ningún otro elemento de juicio-, el cual carece de toda  corroboración a través de cualquier medio cognoscitivo.   

Ciertamente,  más  allá  de las referidas  enunciaciones  incriminatorias  de  la  Contraloría,  no  existe  ningún  otro  elemento  de  juicio  pertinente, conducente y útil, decretado y practicado por  el  ente  investigador  o  por  el  juzgador, aportado por alguno de los sujetos  procesales  o  trasladado desde el juicio de responsabilidad fiscal, destinado a  recabar   la  prueba  de  la  materialidad  de  la  conducta  punible  o  de  la  participación  de  la  procesada  en el injusto, pues, ni siquiera se obtuvo el  expediente  administrativo  producido  por  el  órgano  contralor,  en  el  que  obrarían  los  documentos  a  que  hace  referencia  el aludido reporte fiscal,  soporte  del  mismo,  ni  se  sabe  la  suerte  definitiva  del  proceso fiscal.   

3.4.  Y  esto  es enteramente atribuible al  órgano  de  persecución  penal  y,  parcialmente, al juzgador de primer grado,  como pasa a verse.   

En  verdad,  la minuciosa verificación del  expediente  permite  establecer  que  el  13  de  enero  de  2000,  a través de  apoderado,  el  liquidador  de la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero,  en  liquidación,  formuló  denuncia penal en relación con el otorgamiento, en  la  Sucursal Bolívar de dicha entidad, de múltiples créditos y sobregiros por  cuantiosas  sumas de dinero que, al parecer, no reunían los requisitos exigidos  para  esas  operaciones,  generando la pérdida de tales capitales, en perjuicio  del erario público.   

Particularmente,  en cuanto se refiere a la  señora  Escobar  Araujo, se  tiene  que  la denuncia, reproduciendo el contenido del informe de auditoría de  la  Contraloría,  le  endilga haber concedido unos sobregiros a Dragacol S.A. y  Holding  Panamericana S.A. sin acatar algunas previsiones, en orden a garantizar  que  los dineros prestados no se perdieran y, para probarlo, aportó copia de un  pequeño  fragmento del aludido documento, el cual, se insiste, no se acompañó  de soporte alguno.   

El   denunciante   solicitó  decretar  y  practicar  los  testimonios  de  Diego  Espinosa Posada, Sigifrido Ardila Peña,  Marina   Escobar   Araujo,  Enrique  Ruiz  Osorio,  de  «todos y cada uno de los  “clientes”   y   representantes  legal  (sic)  de  las  personas  jurídicas  relacionadas     en     el     informe»60   y   de  «los  integrantes del Comité Regional de Crédito y  Comité  de  Crédito  de  Presidencia, al Gerente Regional Bolívar»61,    inspección   judicial  «sobre  los  archivos,  libros, asientos contables y  demás  documentos  atinentes  al  caso investigado, los que se encuentran en la  Regional  Bolívar del Banco Agrario de Colombia, y/o donde se hallen conforme a  las        indicaciones        del       mencionado       Banagrario»62  y  oficiar  a  la  Regional  Bolívar  del  Banco  Agrario  de  Colombia «para que  remitan  los  documentos  relativos  al  caso  investigado  en copia debidamente  autenticada;  o  para  que  informen  al  despacho  en  qué sitio reposan tales  documentos»63.   

Del  mismo  modo,  suplicó  «decretar  y  practicar todas aquellas pruebas que estime necesarias  para   el  esclarecimiento  de  los  hechos,  la  identidad  de  sus  autores  y  partícipes   y   la   indemnización   de   los   perjuicios   causados   a  la  entidad»64,  así como manifestó estar  dispuesto  a  ampliar  y  ratificar  la denuncia, sin perjuicio del conocimiento  exacto  que,  sobre  los  hechos,  dijo  tenían  quienes hicieron la auditoría  (Walter  Ahumada  Ballestas,  Sandra Esperanza Fox, Ezequiel Fernández Méndez,  Lisímaco  Jiménez  Méndez,  Raquel  Mendoza Caicedo, Oscar Pardo Ramos, Celia  Pérez  González-Rubio,  Bertha  Tous  Rodríguez, Gustavo Palmieri y Margarita  Vega), los que también podían ser llamados a rendir testimonio.   

En  consecuencia, la Fiscal 14 Seccional de  Cartagena,  en  la  resolución de apertura de investigación del 16 de marzo de  2000,  dispuso  i)  escuchar en declaración jurada a dos de los funcionarios de  la   Contraloría  -Walter  Ahumada  Ballestas  y  Sandra  Esperanza  Fox-,  ii)  practicar   inspección   judicial,   con   anuencia   de  un  perito  contable,  «a  los  fólderes  de  los  créditos a que se hace  referencia  en  la  denuncia,  así  como a los registros contables pertinentes,  orientada  igualmente  la  diligencia a revisar el comportamiento de crédito de  las  cuentas corrientes que se beneficiaron irregularmente de los sobregiros que  se     relacionan»65  y a los demás elementos de  trascendencia  para  el  esclarecimiento  de  los  hechos,  iii)  solicitar a la  Gerencia   Regional   del   Banco  Agrario,  remitir  copia  certificada  de  la  documentación  concerniente  a  cada  uno  de  los créditos relacionados en el  informe  de  la Contraloría y iv) vincular a través indagatoria a Marina  Escobar  Araujo  y  Diego Espinosa  Posada.   

Libradas  las  comunicaciones  respectivas,  mediante  oficio  320  del  12  de  abril  posterior66,  se  remitió  al  Gerente  Zonal  del Banco Agrario una relación de 70 créditos, respecto a los cuales se  había  solicitado  información,  entre los que no se enunciaron los sobregiros  otorgados  a  Dragacol  S.A. y Holding Panamericana S.A., y al día siguiente se  realizó   la  diligencia  de  inspección  judicial,  en  las  oficinas  de  la  Coordinación  Zonal  del  Banco,  la  cual  no  tuvo  mayor  fortuna, porque se  informó  que  la  mayoría  de  los fólderes de los créditos enlistados en la  denuncia  reposaban  en las dependencias de la Caja Agraria en liquidación, con  sede  en  Bogotá,  razón  por la que la instructora pidió a quien atendió la  diligencia   –Esperanza  Díaz   Ardila-  remitir,  con  destino  al  expediente,  copia  del  manual  de  procedimiento  y  de  cartera  y  de  los  expedientes  que sí se hallaban a su  disposición,   entre   los   que   tampoco   estaban   los   de   las  mentadas  empresas.   

Posteriormente, el 30 de mayo, la fiscal del  caso  ordenó requerir a la referida funcionaria del Banco Agrario, a fin de que  enviara  al  Despacho  las  copias  que  le fueron solicitadas en la inspección  judicial,  practicar  prueba  pericial  para establecer el movimiento de algunas  cuentas  corrientes,  entre  ellas,  las de Dragacol S.A. y Holding Panamericana  S.A.,   identificadas   con  los  números  6878-3  y  6891-6,  respectivamente,  «y  a partir de allí determinar si sobre las mismas  se  sutorizó  (sic)  sobregiros,  indicando  el monto de los mismos»67,    así   como   realizar  inspección  judicial  a  la  Contraloría General «a  fin  de  que  remitan el expediente adelantado en relación con el informe de la  Caja     Agraria.»68   

Procedente de la Gerencia Zonal Bolívar del  Banco  Agrario,  el  9  de  junio  de  dicho año se recibió un oficio que dijo  enviar    copia    de   la   documentación   de   11   créditos   –no  aparece  en el expediente- y en el  que  se  asevera  que  la  correspondiente  a  20  obligaciones  más,  debe ser  solicitada   a  la  Caja  Agraria  en  liquidación69.   

Cerca de un año después, el 14 de mayo, se  reiteraron   las   órdenes   de   escuchar   en   indagatoria   a  Marina  Escobar  Araujo  y  Diego Espinosa  Posada  y  de  practicar  inspección  judicial en la Contraloría General de la  República,  Regional  Bolívar, así como se dispuso solicitar al Banco Agrario  que  informara qué personas integraban el Comité de Crédito de la Presidencia  y el Comité Regional de Crédito en los años 1996 a 1998.   

A  este último requerimiento, a través de  oficio  338  del  12 de junio de 2001, la Directora de la Sucursal Cartagena del  Banco  Agrario  respondió  que «para los años 1997,  1998  las  diferentes  modalidades  de  crédito,  sus  requisitos  y diferentes  comités,  eran manejados por la antigua Caja Agraria, información ésta que no  manejamos»70,  razón  por  la que pidió  dirigir  la  consulta  a  la  Caja  Agraria,  en  liquidación,  lo cual se hizo  mediante  resolución  del 17 de julio ulterior, en el que también se insistió  en realizar la inspección judicial a la Contraloría.   

El  oficio 348 del 28 de septiembre de 2001  suscrito  por  la  Coordinadora de la oficina de Pensiones, Quejas y Reclamos de  la  Caja  Agraria,  en  liquidación informó quiénes eran los funcionarios que  conformaban  los comités de crédito de presidencia entre los años 1995 y 1999  (presidente,  vicepresidente de crédito y cartera, gerente de crédito, gerente  de  cartera  especial y oficial de cumplimiento) y regional de crédito (gerente  regional  Bolívar, director del departamento de crédito y cartera, director de  la  sucursal  sede  de  la  regional  gerencia  regional  y  director  comercial  regional).   

Entre todos ellos, como miembro del segundo  de  los  comités  mencionados  para  el  año  1998,  apareció  el  nombre  de  Marina     Matilde    Escobar    Araujo,    en    calidad    de   gerente   regional   Bolívar71.   

Igualmente, en oficio 482 del 22 de octubre  se  solicitó al Director del Grupo Especial Anticorrupción de la Caja Agraria,  en  liquidación,  copia  certificada  de  varios  expedientes  de  créditos  y  sobregiros,  entre  ellos  de  Dragacol  S.A.  y  Holding  Panamericana  S.A.  e  información  sobre  el  estado  actual  de  la  obligación  y  la  afectación  patrimonial                respectiva72.   

Dicho  funcionario  contestó,  en  oficio  GEA-05-388  del  12  de  febrero  de  2002, que la Fiscalía Quinta de la Unidad  Nacional   de   Delitos   contra   la  Administración  Pública  se  encontraba  investigando  algunos  créditos  concedidos  en  diferentes  regionales,  entre  ellos,   los   de   Holding   Panamericana   S.A.  y  Dragacol  S.A.73, y mediante  oficio  GEA-00675  del 26 de marzo siguiente remitió copia de los memorandos de  la  Coordinación  de  Unidad  Remedial  y  de  la  Coordinación de Arreglos de  cartera  donde  se  da  cuenta, en su orden, de los créditos en cobro jurídico  –en  ellos no figuran las  referidas                  empresas74-  y  del  saldo  de  algunas  obligaciones    –dichas  sociedades  sólo son mencionadas para señalar que no se encuentran registradas  en       sus       bases       de       datos-75.   

Posteriormente,    a    petición   del  representante  de  la  parte  civil, la señora Escobar  Araujo  fue vinculada al proceso mediante declaratoria  de             persona            ausente76.   

Por su parte, la parte civil, en un memorial  por  cuyo  medio  solicitó  la  definición  de  la situación jurídica de los  procesados   dijo  allegar  copia  de  las  carpetas  de  varios  clientes  (12)  –tampoco  aparecen  en el  expediente-,  entre  los  que,  en todo caso, no figuran Dragacol S.A. y Holding  Panamericana                   S.A.77    

En  resolución del 4 de octubre de 2005 de  la  Fiscalía  Cuarta Delegada ante el Tribunal Superior de Cartagena se revocó  la  decisión  que  precluyó  la  investigación a favor de los procesados y se  dispuso    recaudar    «mayores    elementos    de  juicio»78,   por  lo  menos,  ampliar  indagatoria   a  Espinosa  Posada,  «oficiar  a  los  Juzgados  Civiles  del  Circuito  donde  se adelantaron los procesos ejecutivos,  buscando  ante  todo  el  avalúo de los inmuebles dados en garantía y el valor  del     crédito     junto     con     los     intereses     legales»79, si fuera el caso, remitir a  la  Fiscalía  Quinta Seccional la actuación concerniente a los créditos a los  que  aludió  el  Director del Grupo Especial Anticorrupción -no se referenció  como   titulares  a  Dragacol  S.A.  y  Holding  Panamericana  S.A.-  a  fin  de  «evitar     que     se     profiera    decisiones  contradictorias»80  y confrontar al indagado en  punto de la razón para la concesión de los sobregiros.   

El  14  de  octubre de 2005 el Ministerio  Público   requirió   a  la  Fiscalía  para  que  allegara  dichos  medios  de  conocimiento       a       la       actuación81.   

El  12  de  diciembre  siguiente se ordenó  ampliar  la indagatoria a Diego Espinosa Posada y oficiar a los juzgados civiles  del  circuito  donde  se  tramitaron  los procesos ejecutivos para establecer el  valor  de  los  créditos  y  los  intereses de ley, así como el avalúo de los  inmuebles       dados       en       garantía82         –ninguno correspondía a los sobregiros  de Dragacol S.A. y Holding Panamericana S.A.-.   

En  dicha  diligencia de ampliación, Diego  Espinosa         Posada         –coprocesado-   aportó  algunos  certificados  de  paz  y  salvo  de  obligaciones               crediticias83  y  unos  cuantos  juzgados  civiles   enviaron   la   información   solicitada84.  Ninguna  se  relaciona con  las plurimencionadas empresas.   

Cerrada  la  investigación  –el  26  de  abril de 2006- el delegado  del  Ministerio Público solicitó precluir la investigación, habida cuenta que  no  se  recaudaron  las  pruebas  que  la  segunda instancia había reclamado al  revocar  la  preclusión  que  dictara  su  inferior.  En  el  mismo sentido, se  pronunció la defensa de Espinosa Posada.   

Mientras  tanto,  la  parte civil solicitó  acusar  con  fundamento  en el informe preliminar de la Contraloría85,  postura  enteramente  aceptada  por  la  Fiscalía  en  el  pliego  de  cargos  del 29 de  septiembre   posterior   respecto  de  Marina  Matilde  Escobar   Araujo   por  el  delito  de  peculado  por  apropiación,   pues   a   favor   de   Diego   Espinoza   Posada,  declaró  la  preclusión.   

Nótese,  en  este  punto, cómo, siendo la  resolución  de  acusación  el marco para la atribución de responsabilidad, se  limitó  a  señalar  que  la  sindicada  hizo  unos  sobregiros  «por  valor  hasta  de  Cuatrocientos millones de pesos moneda legal  ($400.000.000.oo  M/L)  sin  el  lleno  de  los  requisitos  administrativos, no  obstante  a  (sic) la iliquidez de algunos beneficiarios, [tales como “Holding  Panamericana  S.A.  que  tenía  un  promedio  negativo en su cuenta] con lo que  habría  violado  los reglamentos de crédito de la Entidad Oficial, dando lugar  al   detrimento  fiscal  de  la  Entidad»86  y  que, se  abstuvo    de    cobrar    las    respectivas    obligaciones    por   la   vía  ejecutiva,    imputación que dijo estar fundamentada, sin más, en la  denuncia y el informe de la Contraloría.   

Habiendo alcanzado ejecutoria la resolución  calificatoria,  en  el  traslado  del artículo 400 del Código de Procedimiento  Penal,  el  Ministerio  Público pidió recaudar «las  garantías,  pólizas,  seguros,  aprobaciones,  manejo  de  cuentas, al momento  de[l]  otorgamiento  [de  los 256 sobregiros] y demás documentación de éstos;  lo  mismo  que  establecer  la  participación de la enjuiciada en el trámite y  aprobación     de     los     mismos»87, allegar los  memoriales  por  cuyo  medio  ella  ordenaba no entregar a cobro jurídico a los  titulares  de  los  sobregiros  que  autorizó,  concretamente, en relación con  Holding   Panamericana   S.A.   y   solicitar   los   antecedentes   penales   y  contravencionales de la acusada.   

Por  su parte, en la audiencia preparatoria  del  12  de  abril  de  2007,  la  Juez  Segunda Penal del Circuito de Cartagena  ordenó requerir   

a la fiscalía presente para (sic) allegue  los  anexos  correspondientes  a  la  acusación  elevada  contra la Dra. Marina  Escobar  y si dentro de ellos no obra la documentación pedida por el Ministerio  Público  se  oficiara  (sic)  a  la  Caja Agraria en liquidación ubicada en la  ciudad  de  Bogotá y los antecedentes de la procesada. De oficio se solicitará  informe  a la Caja de Crédito Agrario en liquidación informe del estado actual  de  los sobregiros y/o créditos autorizadazos (sic) por la Dra. MARINA ESCOBAR.  Obtenida  la  respuesta  si existiere procesos judiciales por cuenta de ellos se  oficiará  a  esos  despachos a fin de establecer (sic) valor del mandamiento de  pago  y  de las sumas de dineros recuperados dentro de los mismos y en términos  generales  estado de los proceso (sic). Realizar avalúo pericial a partir de la  actualización  de  saldos  insolutos de los sobregiros y/o créditos que puedan  existir  para  determinar  daños y perjuicios comisionado (sic) para tal fin al  C.T.I.      de      la      Fiscalía,     término     15     días.88   

En  cuanto  a  los  anexos  que, se pensó,  estarían  en  poder de la Fiscalía, esta informó mediante oficio 393 del 4 de  mayo de 2007 que:   

revisados  los  documentos  aportados a la  investigación,  ellos  corresponden  a  los tramitados créditos y/o sobregiros  autorizados  por  el  doctor  DIEGO  ESPINOZA POSADA, a quien se le precluyó la  investigación  y  por tanto se encuentra debidamente ejecutoriada y archivada y  respecto  a  la  acusación  de  la  doctora  ESCOBAR ARAUJO, no aparecen anexos  correspondientes  a  los  trámites  de aprobación de sobregiros a favor de las  sociedades  DRAGACOL  S.A.  y  HOLDING PANAMERICANA S.A., suscrito por ella, y a  quien  el  despacho  le  vinculó  en  su  oportunidad, mediante declaración de  PERSONA AUSENTE.   

Como  quiera  que se abrió investigación  penal,  el  20  de  abril  de  2007,  por  la  compulsa  de  copias  contra  los  representantes   de   estas   sociedades,  hemos  ordenado  solicitar  toda  esa  documentación  en  la  Caja  de  Crédito  Agrario en Liquidación.89   

Así  mismo,  los  peritos  designados para  hacer  el avalúo pericial de los saldos adeudados manifestaron su imposibilidad  de  realizarlo  por no contar con la información necesaria para tal fin. En ese  sentido, expresaron:   

La  Auditoría Integral fue practicada por  la  Contraloría  General  de la República en el año 1999 y el informe data de  junio  de  la  misma anualidad, lo que quiere decir que estamos ante unos hechos  detectados  hace  8  años, desconociéndose si de los 12 créditos relacionados  en  la  denuncia,  existen  algunos  créditos que ya han sido cancelado (sic) e  igual   situación  se  presenta  con  los  sobregiros  otorgados,  por  lo  que  solicitamos  al  Despacho  Judicial  que se sirva aclarar esta situación con la  Entidad  demandante o su apoderado, en razón a que por nuestra cuenta indagamos  en  las  oficinas del Banco Agrario de Colombia-Cartagena, antes Caja Agraria, y  nos  informaron  que  toda  la  información  relacionada con los hechos que nos  ocupa  (sic)  se  encuentran en las oficinas de la Caja Agraria en Liquidación,  ubicadas en la ciudad de Bogotá D.C.   

Una vez obtengan la información exacta nos  la    allegan    y   así   podremos   darle   cumplimiento   a   la   comisión  referenciada.90   

Al  expediente, mediante oficio UGP-PP-2109  del  8  de  agosto  de  2007,  la Coordinadora de la Unidad de Gestión Procesal  –privado y penal- también  allegó  fotocopia  de  la  tarjeta  de  control  de  empleados de la procesada,  fotocopia  de  sus  funciones,  de  las  actas  de  Comité  Regional de Cartera  –  No.  5  a  10 del año  1998-,    del   acta   de   Comité   de   Castigo   de   Cartera   –No.   2-  en  las  que  aparece  como  asistente  el  nombre de aquella y de las actas de aprobación de 11 créditos y  el  estado  de esas obligaciones. En ninguna parte se mencionan las obligaciones  de Dragacol S.A. y Holding Panamericana S.A.   

3.5.  El  precedente  recuento, deja ver la  incuria  manifiesta  del  instructor y del juzgador de primer nivel de cara a la  necesidad de esclarecer los hechos denunciados.   

En realidad, tanto la Fiscalía instructora  como  el  juzgador  no  sólo  dejaron de practicar importantes medios de prueba  pedidos  por  la  parte  civil,  pese  a  encontrarse  en posibilidades reales y  materiales  de  hacerlo,  sino  que también omitieron ejercer la oficiosidad en  orden  a  averiguar con igual celo tanto lo desfavorable como lo favorable a los  intereses  de  la  acusada,  con  lo  cual  se  dejó de comprobar la hipótesis  acusatoria,  dando paso a la obligación de mantener incólume la presunción de  inocencia que favorece a la inculpada.   

Al  respecto, lo primero que se advierte es  que  si  bien  la  víctima  de  la  infracción  penal solicitó en su denuncia  escuchar  en  declaración  a  varias  personas,  además  de  los procesados, y  particularmente  a  las  personas  naturales  y  representantes  legales  de las  personas  jurídicas  titulares de los créditos y sobregiros, a los miembros de  los  comités  de  autorización  y  a  los  auditores  que rindieron el informe  preliminar  de  la  Contraloría, la Fiscalía ignoró tal petición probatoria,  porque   únicamente   ordenó   recepcionar  los  testimonios  de  dos  de  los  funcionarios  del  ente  fiscal,  pero  nunca  los  practicó  y  aunque  obtuvo  información sobre los miembros de los comités tampoco los citó.   

De  igual  modo,  la  parte  civil  pidió  practicar  una  inspección  judicial  al  sitio  en  el  que se encontraran los  documentos  que  respaldarían  las  supuestas  irregularidades,  pero  el  ente  acusador  solamente  realizó  una  en  las  dependencias  del  Banco Agrario de  Cartagena,  sin  obtener  ninguna  información  relevante  a  los  fines  de la  investigación   en   contra  de  la  señora  Escobar  Araujo,  porque  ahí  se  le  informó al funcionario  instructor   que   ella   reposaba  en  Bogotá  y,  sin  embargo,  tampoco  fue  perseverante  en  la  solicitud de los elementos de prueba requeridos, cuestión  que,  como  es  obvio,  impidió  que  el perito contable convocado a la mentada  diligencia pudiera cumplir su cometido.   

Agréguese  que,  en  esa  oportunidad,  la  Fiscal  del  caso  le  pidió  a  la  Coordinadora  Zonal  del  Banco Agrario la  remisión  de  copia  de  los  fólderes  de  los  créditos  que  tenía  a  su  disposición,  entre  los  cuales  no aparecieron los de Dragacol S.A. y Holding  Panamericana  S.A.  y  del  manual  de procedimientos y de cartera; sin embargo,  aunque  tras  un  requerimiento,  se  indica que los primeros fueron enviados al  proceso,  no constan en el expediente y el segundo nunca se allegó, el cual era  valioso  para  establecer el trámite a seguir en el otorgamiento de créditos y  sobregiros y en el cobro de cartera.   

De ahí en adelante, la Fiscalía dispuso un  par  de  veces  practicar una inspección a la Contraloría, a efecto de obtener  copia   del  expediente  fiscal  correspondiente,  diligencia  que  jamás  tuvo  lugar.   

Igual  sucedió  con  la  prueba  pericial  ordenada  para  establecer  el  movimiento  de algunas cuentas corrientes, entre  ellas,  las  de Dragacol S.A. y Holding Panamericana S.A., identificadas con los  números  6878-3  y  6891-6,  respectivamente,  «y a  partir  de  allí  determinar si sobre las mismas se sutorizó (sic) sobregiros,  indicando   el   monto   de  los  mismos»91,  pues  no  obra  constancia  en  la  foliatura  de que se haya realizado tal experticia, la  cual  era  indispensable de cara a comprobar lo aseverado en el informe del ente  de  control  fiscal, en el sentido que las cuentas fueron abiertas con un escaso  valor y presentaban saldos negativos.   

Nótese,  asimismo,  que el apoderado de la  Caja  Agraria, en liquidación, manifestó su intención de ampliar la denuncia,  empero nunca se contempló esa posibilidad.   

Aunque  se  solicitó al Director del Grupo  Especial  Anticorrupción de la Caja Agraria, en liquidación, copia certificada  de  varios  expedientes  de  créditos  y  sobregiros, entre los que estaban los  concernientes  a  Dragacol S.A. y Holding Panamericana S.A. e información sobre  el    estado    actual    del    crédito    y    la   afectación   patrimonial  respectiva92,  no  se  obtuvo  dicha información en relación con las referidas  empresas.  Es más, el funcionario informó que la Fiscalía Quinta de la Unidad  Nacional   de   Delitos   contra   la  administración  pública  se  encontraba  investigando  algunos  créditos  concedidos  en  diferentes  regionales,  entre  ellos,     a     las    mencionadas    sociedades93  y  la  Fiscal,  pese  a  la  advertencia  de  su superior, no hizo nada por establecer si correspondía a los  mismos  hechos  indagados  en  esta  actuación,  a fin de confirmar si, quizá,  existía   un  doble  proceso  al  respecto,  que,  eventualmente,  pudiera  ser  violatorio  del  principio non bis in idem.   

Repárese, también, que a pesar del expreso  mandato  que  la  Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante  el Tribunal le hiciera a su  inferior  en  orden  a  recaudar  elementos  de  convicción  pertinentes  a  la  investigación  y  de  la  preocupación manifestada, en similar sentido, por el  representante  del  Ministerio  Público,  el  órgano  instructor  no recopiló  ninguno  de  esos  medios  suasorios  –escasamente  la  información aportada por algunos juzgados sobre el  estado  de  unos  procesos  ejecutivos, sin ninguna relación de pertinencia con  los  plurimencionados  sobregiros-  y  se  aventuró  a acusar con lo único que  desde  el  inicio  del  sumario tenía en sus manos: el fragmento del informe de  auditoría  aportado por el denunciante, al cual, se recaba, no se anexó ni una  sola   prueba   de   aquellas   que   le   sirvieron   de   base   al  documento  fiscal.   

La  actividad  investigativa en la fase del  juicio no tuvo mejor suerte.   

Así, en el traslado del artículo 400 de la  Ley  600  de  2000,  el Ministerio Público insistió en recaudar «las   garantías,   pólizas,   seguros,  aprobaciones,  manejo  de  cuentas,  al  momento  de[l]  otorgamiento  [de  los  256  sobregiros]  y demás  documentación  de  éstos;  lo  mismo  que  establecer  la participación de la  enjuiciada   en   el   trámite   y   aprobación   de   los  mismos»94   y   pidió   allegar  los  memoriales  por  cuyo  medio  la  procesada  había ordenado no entregar a cobro  jurídico  a  los  titulares  de los sobregiros que autorizó, concretamente, en  relación  con Holding Panamericana S.A., y solicitar los antecedentes penales y  contravencionales   de   la   acusada,  razón  por  la  que,  en  la  audiencia  preparatoria,  el  juez  de  la  causa  dispuso  oficiar  a  la  Caja Agraria en  liquidación  en el sentido requerido por el referido delegado, siempre y cuando  no  obrara  esa información en los anexos que, el juzgador supuso, debía tener  en su poder la Fiscalía, respecto de la procesada.   

Pero,  al  verificarse  que  los documentos  requeridos  no  constaban  en ningún anexo que pudiera no haberse allegado a la  actuación   –así   lo  informó  el  órgano  investigador  al  juez de la causa-, porque, como se vio,  jamás  se  obtuvieron  durante  la  instrucción,  el fallador no hizo nada por  recaudarlos en la etapa de juzgamiento.   

Del mismo modo, como se destacó atrás, el  Juez  de  conocimiento,  en la mentada audiencia, ordenó solicitar a la Caja de  Crédito   Agrario,   en   liquidación,   información   sobre   el  «estado  actual  de  los  sobregiros y/o créditos autorizadazos  (sic)  por  la  Dra.  MARINA  ESCOBAR.  Obtenida la respuesta si existiere (sic)  procesos  judiciales  por cuenta de ellos se oficiará a esos despachos a fin de  establecer  (sic)  valor  del  mandamiento  de  pago  y  de las sumas de dineros  recuperados  dentro de los mismos y en términos generales estado de los proceso  (sic).  Realizar  avalúo  pericial  a  partir  de  la  actualización de saldos  insolutos  de  los  sobregiros  y/o créditos que puedan existir para determinar  daños  y  perjuicios  comisionado (sic) para tal fin al C.T.I. de la Fiscalía,  término   15   días»95.   

No  obstante, los peritos designados por el  juzgador  para hacer el avalúo pericial de los saldos adeudados manifestaron su  imposibilidad  de  realizarlo  por  no  contar con la información indispensable  para cumplir la misión encomendada.   

Así también, aunque la Coordinadora de la  Unidad    de   Gestión   Procesal   –privado  y  penal-  allegó  fotocopia  de  la tarjeta de control de  empleados  de  la  procesada, de una relación de sus funciones, de las actas de  comité    regional   de   cartera   –  No.  5  a  10  del  año  1998-,  del  acta  de comité de castigo  –No. 2- en las que aparece  el  nombre  de  la  acusada  y de las actas de aprobación de 11 créditos y del  estado  de  dichas  obligaciones, ninguno de estos documentos corrobora que ella  aprobó los ilegales sobregiros.   

En  efecto,  la  copia de su hoja de vida y  control   de   empleados   indica  que  la  encartada  laboró  en  la  referida  institución  bancaria  entre el 12 de junio de 1995 y el 15 de junio de 1999 y,  específicamente,  como  Gerente Regional (e) entre el 1º de enero de 1998 y el  30     de     septiembre     del    mismo    año96.  Así  mismo,  las actas de  algunos  de  los comités regionales de cartera, y de castigo de cartera vencida  incorporadas  al  diligenciamiento muestran que la procesada participó en ellos  en  dicha calidad. Sin embargo, estos documentos, al tiempo, también dan cuenta  que  en  ninguna de esas reuniones se autorizó o se tomó alguna determinación  respecto  a  los sobregiros de las empresas Holding Panamericana S.A. y Dragacol  S.A. por los que se elevó pliego de cargos.   

De  igual manera, obran unas constancias de  aprobación  de  algunos  créditos,  pero  ninguna de ellas se refiere a dichos  usuarios bancarios.   

Por  lo  demás,  aunque  las funciones del  cargo    que    desempeñó   la   procesada   aparecen   documentadas   en   el  expediente97  y  en  ellas  se  lee que el Gerente Regional tenía a su cargo la  aprobación  de  los  créditos y la autorización de su desembolso, también se  expresa  que dependiendo de la cuantía o naturaleza se requería el concurso de  sus superiores.   

La  vinculación  de  la  procesada a dicho  cargo  y  su presencia en algunos comités en los que no se discutió nada sobre  los  sobregiros  investigados  solo  indica  eso,  que  era  la  gerente  y  que  participaba  en  esos comités, pero no que haya autorizado los descubiertos por  cuenta  propia  o  en  connivencia  con  otros  funcionarios, simplemente porque  además  de  las  afirmaciones hechas en el informe de la Contraloría nada más  lo comprueba.   

Repárese  que  no existe claridad sobre el  procedimiento  de  aprobación  de  los  sobregiros,  pues aunque se conocen las  funciones  de  la  implicada, estas no son precisas al respecto y dan a entender  que  otros  cuerpos  colegiados intervenían en el asunto, a más que tampoco se  consiguió  el  reporte  de las competencias de sus superiores y demás comités  bancarios.   

Igualmente,  no  se estableció que hubiera  algún   interés   ilícito  de  la  señora  Escobar  Araujo  en  favorecer  a las empresas involucradas, ya  que   no   se  obtuvieron  los  certificados  de  existencia  y  representación  respectivos  ni  prueba  alguna  que  acreditara tanto los nexos de parentesco o  amistad  con  sus socios o representantes legales como su intervención para que  las obligaciones no fueran pasadas a cobro jurídico.   

Así, pues, en este caso, como lo destacaron  las  instancias,  no  existe  certeza  acerca  de  si  la  autorización  de los  sobregiros  estaba  o  no  en cabeza de la procesada o de otras instancias, pues  además  que  se  desconoce  si  la  cuantía  o la naturaleza de la obligación  crediticia  le permitían tomar tal determinación, se observa que varios de los  créditos  que  aparecen  aprobados  a  clientes  diversos a los que nos ocupan,  fueron  autorizados  por  el  vicepresidente  comercial,  el gerente nacional de  crédito,  el  vicepresidente  de  crédito  y  cartera  y  el jefe de la Unidad  Regional  Bogotá, pero no por la gerente regional y, se itera, más allá de la  participación  de la enjuiciada en los aludidos comités no aparece autorizando  o gestionando alguno de los descubiertos investigados.   

A  esto  se  añade,  como  lo  resaltó el  ad  quem, que Diego Espinosa  Posada,  quien  también  fuera  gerente  de  la regional Bolívar durante 1997,  destacó  que  los  procedimientos  para  la aprobación de los créditos fueron  modificados  en  varias oportunidades y, en todo caso, no era una determinación  necesariamente  autónoma sino que requería del concurso de varios funcionarios  en distintos niveles de decisión, según el caso.   

Entonces,  como se dijo desde un inicio, si  no    obstante    el    indiscutible    valor    suasorio   del   «informe  de  auditoría fiscal», cada uno  de  los  hechos  a  los  que  alude  ese documento, relacionados con la presunta  aprobación   por  parte  de  Marina  Matilde  Escobar  Araujo de los cuatro sobregiros a favor de las empresa  Dragacol  S.A.  y  Holding Panamericana S.A. mientras ella era gerente regional,  no  pudieron  ser  verificados  en el proceso penal por la incuria investigativa  del  ente  instructor  y del juez de la causa, es del caso admitir que subsisten  dudas  insalvables sobre la participación de la encausada en los mismos, que no  se  satisface  el estándar probatorio mínimo incriminatorio indispensable para  superar  el  estado  de  incertidumbre  generado  y que, en esas condiciones, es  inviable  derruir  la  presunción  de  inocencia  y  emitir  fallo  de condena.   

Esto  es,  no  existe razón suficiente que  permita  edificar  juicio  de  responsabilidad  penal en cabeza de la acriminada  pues  los  hechos  presuntamente  delictivos  en  torno  suyo, consignados en el  fragmento  del informe preliminar de la Contraloría, no fueron, ni remotamente,  objeto  de  verificación,  constatación o comprobación a través de cualquier  otro medio de convicción.   

En  verdad,  lo  descrito  atrás  pone  en  evidencia  que  la  Fiscalía  General  de la Nación, a través de su delegada,  incumplió  su  obligación  constitucional  y  legal  de investigar el delito y  coordinar  las  funciones  de  policía judicial, averiguando tanto lo favorable  como  lo  desfavorable  a  la  imputada,  y  que el juez de conocimiento, pese a  contar  con  la  facultad  legal  de  decretar  y  practicar  pruebas de oficio,  dirigidas  a  establecer  la verdad histórica, más allá de ordenar el recaudo  de  los  medios suasorios que habrían podido cumplir tal cometido, no insistió  en  su  recopilación,  generando  un  vacío  probatorio  que  sólo  puede ser  correspondido  con  la declaración de absolución que, con tino, decretaron las  instancias.   

3.6.  El recuento antecedente deja ver, con  meridiana  claridad  que,  además  que  no  se  recaudaron los medios de prueba  ordenados  por las autoridades judiciales que tuvieron a cargo la investigación  y  juzgamiento  de  la  procesada,  se dejó de indagar acerca de si, en verdad,  como  lo  aseguró  el  Director  del  Grupo Especial Anticorrupción de la Caja  Agraria,  los  hechos  relacionados  con  la  autorización  de  los  sobregiros  endilgados  a  la  señora  Escobar Araujo   fueron   investigados  en  cuerda  procesal  aparte  –específicamente  ante  la  Fiscalía  Quinta  de  la  Unidad Nacional de Delitos contra la Administración Pública- y  cuál  fue  la decisión adoptada, a efecto de precaver una eventual ruptura del  principio     non    bis    in    idem.   

De  concluirse que ninguna acción penal se  inició  por  tales  acontecimientos,  era  oportuno  que  se investigara por la  historia  de  las cuentas corrientes pertenecientes a Dragacol S.A. No. -6878-3-  y  Holding  Panamericana  S.A.  -6891-6- a cuyos titulares les fueron concedidos  los  sobregiros  –extractos  bancarios-,  la  capacidad de endeudamiento de dichas empresas para la época de  los  hechos  -estados  financieros, certificados de existencia y representación  en   los   que   fuera   visible   el   monto   de  los  capitales  –suscrito  y  pagado-  y  las  demandas  civiles  en  su contra-, las garantías personales o reales entregadas a la Caja  Agraria,   los   montos   exactos   de  los  sobregiros,  la  duración  de  los  descubiertos,      si      fueron      o      no     cancelados     –directamente  o  por  vía  de  cobro  prejurídico  o  judicial-,  los  funcionarios involucrados en la aprobación de  los  mismos  y  las  constancias  documentales o testimoniales sobre la presunta  insistencia  de  la  gerente  investigada  ante la presidencia y vicepresidencia  comercial de la Caja Agraria en su concesión.   

Así  mismo, era del caso el recaudo de los  manuales  de  procedimiento  y  de  cartera  de  todos  los  cargos que tuvieron  injerencia  en  la  autorización  de  los  sobregiros  y  en  la falta de cobro  judicial  oportuno  de  los  mismos,  las  actas  en que ello se consintió, los  testimonios  de  los  empleados  de  la institución financiera que –conforme  a los atributos de la prueba  (pertinencia,  conducencia y utilidad)- hubieran servido para establecer cuáles  eran  los  protocolos para el otorgamiento de los sobregiros y las instrucciones  dadas para el manejo de la cartera.   

También  resultaba adecuado establecer si,  como   lo   afirma   el  informe  de  la  Contraloría,  los  sobregiros  fueron  concentrados  casi en su totalidad en las referidas sociedades, e inquirir sobre  los  vínculos  de  parentesco de la procesada con los altos funcionarios de las  dos    personas    jurídicas    beneficiarias    y    también    entre   estas  sociedades.   

Sin embargo, tal como lo resalta la Delegada  del  Ministerio  Público,  nada  de  esa  información  aparece reflejada en el  proceso  y,  por  eso,  como  bien  lo dilucidaron las instancias, se impone dar  aplicación  al principio constitucional y legal de la presunción de inocencia,  lo   mismo   que  a  su  similar  del  in  dubio  pro  reo,  pues la Fiscalía no logró establecer, en grado  de  certeza,  si  verdaderamente  hubo  una  apropiación  ilegal de los dineros  estatales  por  parte  de  la  enjuiciada, por lo que no existe otro remedio que  mantener la decisión absolutoria de las instancias.   

Finalmente, es necesario agregar que aunque  el  censor  alude  a la presunta falta de valoración de un contrato de mandato,  no  señala  cuál  es su contenido suasorio ni la trascendencia del mismo a los  fines  de la decisión impugnada y la Corte, en su exhaustivo reconocimiento del  expediente,  tampoco  lo  observa,  como  para imputarle a los juzgadores alguna  suerte de omisión probatoria.   

Las   anteriores  son  las  razones  para  no    casar   el   fallo  impugnado.   

4. Cuestión final  

La  Corte compulsará copias disciplinarias  para  ante  el  Consejo Seccional de la Judicatura de Cartagena, a efecto de que  se  investigue la conducta de la funcionaria investigadora y del juez de primera  instancia,  de  cara  a  la  falta  de acopio efectivo de los medios probatorios  indispensables  para  pronunciarse  acerca  de  la  materialidad  de la conducta  punible  y  la responsabilidad penal endilgada a Marina  Matilde Escobar Araujo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  No casar  la  sentencia  la  sentencia proferida el 29 de noviembre de 2012 por la Sala de  Decisión   Penal   del   Tribunal  Superior  de  Cartagena,  que  confirmó  la  absolución  impartida  el  25  de  julio  de  2011,  a  favor  de  Marina  Matilde  Escobar  Araujo,  por  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de esa ciudad, por el delito de peculado por  apropiación.   

Segundo.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Tercero. Compulsar  las   copias   de   que  trata  el  acápite  de  la  cuestión  final  de  esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente (impedido)  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Ver  folio 3 a 19 (Denuncia Penal). Cuaderno de instrucción.   

2  Cfr.  folios  153-286  del  cuaderno original del Tribunal.   

3  Cfr.  folios  60-61  del  cuaderno original de instrucción.   

4  Cfr. folio 134 ibidem.   

5  Cfr.  folios  161-169  del  cuaderno original 4.   

6  Cfr.  folios  17-25  del  cuaderno de segunda instancia de la Fiscalía.   

7  Cfr. folio 224 del cuaderno  original de instrucción.   

8  Cfr.   folios   248-256  ibidem.   

9  Cfr.  folio 2 del cuaderno  del juicio.   

10  Cfr.  folio 3 ibidem.   

11  Cfr. folio 88 ibidem.   

12  Cfr.   folios   176-182  ibidem.   

13  Cfr.   folio   214-218  ibidem.   

14  Cfr.   folios   224-231  ibidem.   

15  Cfr.   folios   241-246  ibidem.   

16  Cfr.   folios   273-274  ibidem.   

17  Cfr.   folios  4-22  del  cuaderno de autos del Tribunal.   

18  Cfr.   folios   300-324  ibidem.   

19  Cfr.   folios  7-28  del  cuaderno del Tribunal.   

20  Cfr. folios 35 ibidem.   

21  Cfr.   folios   65-139  ibidem.   

22  Cfr.  folios  11-20  del  cuaderno de la Corte   

23  Cfr. folio 23 ibidem.   

24  Cfr.    folios   25-45  ibidem.   

25  Cfr. folio 106 ibidem.   

26  Cfr. folio 109 ibidem.   

27  Cfr.   folios   119-120  ibidem.   

28  Cfr. folio 126 ibidem.   

29  Cfr. folio 128 ibidem.   

30  Cfr. folio 129 ibidem.   

31  Cfr.   folios   129-130  ibidem.   

32  Cfr. folio 132 ibidem.   

33  Cfr. folio 134 ibidem.   

34  Cfr. folio 135 ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr. folio 25 del cuaderno  de la Corte.   

37  Cfr. folio 29 ibidem.   

38  Ibidem.   

39 Se  precisa que el demandante sólo postuló un cargo.   

40  Cfr. folio 33 ibidem.   

41  Cfr. folio 34 ibidem.   

42  Ibidem.   

43  Nótese  que  no  se  se  previó  tal  valor  probatorio para, por ejemplo, los  resultados de las indagaciones de carácter disciplinario.   

44  Cfr. acta de la sesión de  la  Comisión  redactora  del  5  de  mayo  de  1990  de  la  Asamblea  Nacional  Constituyente. p. 9.   

45 Al  respecto,  el  constituyente  Hernando  Londoño Jiménez opinó: «(…)   por  lo  demás,  los  resultados  de  las  investigaciones  adelantadas   por   la   Contraloría,  tendrán  valor  probatorio  ante  ésta  jurisdicción,  es  una norma que no tiene sentido porque es obvio, es apenas de  sentido  común,  que  si  tiene  la  función, que si va a tener la función de  investigar  los delitos contra el patrimonio del Estado y juzgar a los presuntos  responsables,  es  evidente  que  las  pruebas que practique, tienen pleno valor  ante  ella  misma,  es como decir, como si dijéramos en la Carta Política, que  las  pruebas  practicadas por la Fiscalía General de la Nación, en los delitos  que  esté  adelantanto  (sic),  tienen plena prueba ante ella misma. Eso es una  cosa   absolutamente  redundante.  (…)».  Acta  de  sesión plenaria del 17 de junio de 1990. p. 3.   

46  Ibidem.   

47  Ibidem.   

48  Ibidem.   

49  Ibidem.   

50  Ibidem.   

51  Radicado 17089, del 23 de enero de 2001   

52 De  acuerdo    con    la    tarjeta    de   control   de   empleados,   Marina  Matilde  Escobar  Araujo laboró  entre  el  1  de enero de 1998 y el 30 de septiembre del mismo año como Gerente  Regional,      supernumerario.     Cfr. folios 196 y 196 vuelto.   

53 En  este  sentido, ver acta No. 007 del 25 de marzo de 1998, del Comité Regional de  Cartera  en  la  que  se  da  lectura  de  las  directrices  a  examinar  en ese  meating, entre ellos, el de  obligaciones    con   vencimientos   superiores   a   90   días.   Cfr.   folio   67   del   cuaderno   de  anexos.   

54 Ver  folio 72. Cuaderno Original de Instrucción.   

55 Ver  folio 82. Cuaderno Original de Instrucción.   

56 Ver  folio 82. Cuaderno Original de Instrucción.   

57 Ver  folio 112. Cuaderno Original de Juzgamiento.   

58 Ver  folio 89. Cuaderno de Instrucción Original.   

59  Cfr.  folios  15-22  de la  sentencia   de   segunda   instancia   a   folios   21-26   del   cuaderno   del  Tribunal.   

60  Cfr. folio 18 del cuaderno  de instrucción.   

61  Ibidem.   

62  Ibidem.   

63  Ibidem.   

64  Ibidem.   

65  Cfr. folio 60 ibidem.   

66  Cfr.    folios   70-71  ibidem.   

67  Cfr. folio 75 del cuaderno  de instrucción.   

68  Ibidem.   

69  Cfr.    folios   76-77  ibidem.  Ninguno  de  los  créditos  a  los  que  se  alude  en  este oficio corresponde a DRAGACOL S.A. y  HOLDING PANAMERICANA S.A.   

70  Cfr. folio 82 del cuaderno  de instrucción.   

71  Cfr.    folios   92-94  ibidem.   

72  Cfr.    folios   95-96  ibidem.   

73  Cfr.   folios   112-113  ibidem.   

74  Cfr. folio 115 ibidem.   

75  Cfr. folio 119 ibidem.   

76  Cfr. folio 134 ibidem.   

77  Cfr. folio 156 ibidem.   

78  Cfr. folio 124 del cuaderno  de segunda instancia de la Fiscalía   

79  Ibidem.   

80  Ibidem.   

81  Cfr. folio 185 del cuaderno  de instrucción.   

82  Cfr. folio 188 ibidem.   

83  Cfr.   folios   197-199  ibidem.   

84  Cfr.  folios 228-231 y 235  ibidem.   

85  Cfr.   folios   240-246  ibidem.   

86  Cfr. folio 254 del cuaderno de instrucción.   

87  Cfr. folios 14 del cuaderno  de la causa.   

88  Cfr. folio 88 ibidem.   

89  Cfr. folio 112 ibidem.   

90  Cfr. folio 108 ibidem.   

91  Cfr. folio 75 del cuaderno  original de instrucción.   

92  Cfr.    folios   95-96  ibidem.   

93  Cfr.   folios   112-113  ibidem.   

94  Cfr. folios 14 del cuaderno  de la causa.   

95  Cfr. folio 88 ibidem.   

96  Cfr. folios 196 y vuelto del cuaderno de anexos.   

97 Las  relativas al crédito y cartera son las siguientes:   

«Controlar que  las  solicitudes de crédito, se encuentren debidamente documentadas, de acuerdo  con  lo  estipulado en los Manuales de normas y Políticas de Crédito y aprobar  y  autorizar  mediante  su  firma,  las  operaciones  de  crédito dentro de los  límites  de  las  atribuciones  que  le  han  sido  conferidas y conforme a las  reglamentaciones,  sometiendo  a los niveles decisorios superiores, aquellas que  por su cuantía o naturaleza así lo requieran.   

Estudiar  las  operaciones  de  crédito,  cartera  vencida,  arreglos  de  cartera y comercio exterior, que correspondan a  sus  facultades,  aprobar  y  autorizar  su concesión y desembolso, ordenar los  trámites  para  constitución  de  garantías  e hipotecas o ampliación de las  mismas,  supervisar  el  cumplimiento  y  lleno  de  requisitos  y someter a los  niveles  decisorios  superiores,  aquellas  que  por su cuantía o su naturaleza  así lo requieran.   

Adelantar   gestiones   para   cobro   y  recuperación  de  cartera  y  presentar a consideración del superior inmediato  posibles   fórmulas   de   arreglo   o   la   conveniencia   de   una   acción  judicial.»   Cfr.   folio   55   del   cuaderno  de  anexos.     

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