SP135-2016(45377)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado Ponente  

SP135-2016  

Radicación n° 45377  

(Aprobado  Acta No.  10)   

Bogotá D.C., veinte (20) de enero de dos mil  dieciséis (2016).   

ASUNTO  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto   por   el   apoderado  de  DANIEL   ALEJANDRO   MANTILLA   VARGAS,  contra  el  fallo del 17 de  julio  de  2014  proferido por el Tribunal Superior de Cundinamarca, mediante el  cual  confirmó  la sentencia condenatoria emitida el 13 de junio de 2013 por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá,  que  lo  condenó a prisión de  veinticuatro (24) meses por el delito de homicidio culposo.   

HECHOS  

Las   instancias  los  resumieron  de  la  siguiente manera:   

“En horas de la tarde del 6 de febrero de  2005,  en la vía Panamericana a la altura del K68+400 mts, trayecto comprendido  entre  la  Avenida  Las  Palmas y la Avenida Manuel Cárdenas de Fusagasugá, el  bus  de placas TBK 660 al mando de DANIEL ALEJANDRO MANTILLA VARGAS y afiliado a  la  empresa  COOMOTOR,  arrolló  al  menor  ROBINSON  PIÑEROS  RENGIFO  que se  desplazaba  por  la  misma  calzada  en  bicicleta; a raíz del impacto el menor  sufrió  múltiples  traumatismos  que le ocasionaron su deceso el 23 de febrero  siguiente  en  la  Clínica  Jorge  Piñeros  Corpas  de  Bogotá”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 21  de  abril de  2005    la     Fiscalía    Quinta  Delegada  ante  el  Juzgado  Penal del  Circuito  de  Fusagasugá,  dispuso  la  apertura  de  instrucción  y  vincular  al  proceso  a     DANIEL     ALEJANDRO    MANTILLA  VARGAS.   

El 19    de    agosto   de   2005   MANTILLA  VARGAS fue oído en indagatoria.   

El 15  de octubre de  2010,  la  Fiscalía  6ª  Seccional    declaró  clausurado   el   ciclo   investigativo;   el  22  de  noviembre  del  mismo año acusó a MANTILLA VARGAS en  calidad de autor del delito de homicidio culposo.   

El 4 de febrero de 2011 la Fiscalía Quince  de  la  Unidad Delegada ante el Tribunal Superior de Cundinamarca, confirmó por  vía de apelación la resolución de acusación.   

El   juicio   correspondió   adelantarlo  al     Juzgado     Penal     del    Circuito    de  Fusagasugá,  que después  de   llevar  a  cabo  la  audiencia  pública  dictó  sentencia     condenatoria,     la     cual    fue  confirmada    por   el  Tribunal      Superior      de      Cundinamarca.   

DE LA DEMANDA  

Se      proponen      dos             (2) cargos.   

1.  Al  amparo  de  la  causal primera  del artículo 207 de la ley 600  de  2000,  el recurrente aduce la violación indirecta  de  la  ley sustancial por haber incurrido el Tribunal  en error de hecho por falso juicio de existencia.   

Para  el  casacionista   el  vicio  se  origina  en  que  el  Tribunal  presume  un  medio  de  prueba inexistente en el  proceso,  razón  por  la  cual  la condena de MANTILLA VARGAS carece de soporte  probatorio  demostrativo  de  la  infracción  al  deber  de  cuidado que le era  exigible al momento del accidente.   

Señala  que  en  la  sentencia el juzgador  supone  que  el  acusado  sabía  que  quienes se desplazaban en las  bicicletas  eran  menores  de edad, en tanto le reprocha no haber  adoptado  las  precauciones  necesarias  para  evitar  el resultado dañoso, sin  existir  prueba  de  la  velocidad a la que conducía el bus ni indicativa de la  distancia    a    la    cual    quedaron  la  bicicleta  y  el  menor  del  bus, circunstancias a su juicio  indispensables  en  orden  a  establecer  si  hubo  o  no  exceso de velocidad y  reacción   del  conductor,  ya  que  éste   manifestó   haber   esquivado   y  frenado  el  automotor  para  eludir la colisión con  el  ciclista,  que  a  su  paso   fue   empujado  por  el  acompañante  de  manera  imprudente  contra  el  vehículo.   

2.  Con fundamento en la causal tercera del  artículo  207  de  la ley 600 de 2000, alega que la sentencia fue dictada en un  juicio  viciado  de nulidad porque el proceso se adelantó hallándose prescrita  la acción penal.   

El recurrente estima que la acción penal en  este   asunto   prescribe  en  seis  (6)  años,  de  conformidad   con   lo  previsto  en  los  artículos  83, 86 y 109 del Código  Penal.   

Expresa  que los hechos ocurrieron el 6 de  febrero  de  2005,  de modo que el término para interrumpir la prescripción de  la  acción  penal  venció  el  6  de  febrero de 2011, sin que a esta fecha se  hubiesen    causado    efectos    jurídicos   para   que   la   acusación   la  interrumpiera.   

Lo anterior en cuanto que de acuerdo con la  sentencia  C-641  de 2002 de la Corte Constitucional,  a  partir  del  acto  de  notificación  de  la  resolución  de  acusación  se  interrumpe  el  término de prescripción de la acción penal. De modo que si la  decisión  de  segunda  instancia  fue notificada el 15 de febrero de 2011, para  dicha   fecha   había   operado   el   fenómeno   extintivo   de   la  acción  penal.   

Pide  en  consecuencia  declarar  nula  la  actuación  y  en  su  lugar  declarar  prescrita  la acción penal adelantada a  DANIEL ALEJANDRO MANTILLA VARGAS   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1. El Procurador  Segundo   Delegado   para   la  Casación  Penal  en  relación    con    el    primer    cargo,    expresa    que   el   artículo  23  del  Código  Penal describe cuándo la conducta es  culposa,  mientras  que  el artículo 25 consagra que  la conducta punible puede ser realizada por acción u omisión.   

Manifiesta     que    en  la sentencia C-115 de 2008, la Corte Constitucional se ocupó de  la  responsabilidad  en  los   casos  de homicidio culposo, lo mismo que la  Corte   Suprema   de  Justicia  lo  hace en fallo de septiembre 2 de 2009.   

Advierte  que el tipo subjetivo del delito  culposo  surge a partir de  la  posibilidad  del autor  de    conocer    el    peligro    creado    por    la    conducta   a  los  bienes jurídicos y de prever el resultado conforme a ese conocimiento.   

Luego de referirse a las normas del Código  de  Tránsito  que  imponen  el  mínimo  cuidado que debe tener quien ejerza la  actividad  de  conducir,  aborda  las  pruebas  para concluir que es evidente la  violación  del  deber  objetivo  de cuidado, dado que en el lugar del accidente  había    alto    flujo   vehicular,   los   niños  se desplazaban por la berma, zona autorizada para el  tránsito  de  ciclistas,  mientras que el conductor a pesar de haberlos visto a  una  distancia  de  40  metros, no hizo maniobra alguna para evitar el resultado  lesivo.   

Para   el  Ministerio  Público  el  acusado    pudo   disminuir   la   velocidad   del  bus   que   conducía,  esperar  que los menores terminaran el juego o pitar  para  advertir  su presencia; sin embargo, los medios  de         prueba         muestran que se desplazaba a alta velocidad y  que  omitió  tener  cuidado  y  garantizar  la  vida  e  integridad  de quienes  transitaban por el lugar.   

Dado  que  no  existe  el  fundamento para  considerar  que  el  hecho correspondió a un evento de caso fortuito o de culpa  de    la    víctima,    considera   que   el   cargo   no   está   llamado   a  prosperar.   

2. Respecto del  segundo     cargo,     el    Delegado  procede  a  transcribir el artículo 187 de la ley 600 de 2000 y  con  sustento  en la sentencia C-641 de 2002 que declaró la exequibilidad de la  norma  transcrita,  advierte que los efectos jurídicos se surten a partir de la  notificación  de  la decisión judicial, la cual queda ejecutoriada el día que  el funcionario la suscribe.   

En  razón  a  que  esta  actuación  se  encuentra  regida por el procedimiento previsto en la ley 600 de 2000, en el que  la  resolución  de acusación interrumpe el término prescriptivo de la acción  penal,  expresa  que al haber sido suscrita la decisión de segunda instancia el  4    de    febrero    de   2011,   a   partir   de   esta   fecha   cobra        ejecutoria       la  acusación.   

Expresa  que si los hechos ocurrieron el 6  de   febrero   de   2005   y   la   conducta  de  homicidio  culposo   por   la   cual   se   acusó   a  MANTILLA  VARGAS  se sanciona con prisión  máxima de  seis    (6)    años,    acorde    con   el   artículo   83   del  Código  Penal  la  acción penal  prescribe   en   el   tiempo   señalado   para   la   pena   privativa   de  la  libertad.   

En ese orden la prescripción de la acción  penal  operaría el 6 de febrero de 2011; sin embargo, como la acusación quedó  ejecutoriada  el  día  4 de ese mes y año, el fenómeno extintivo no se había  producido.   

En   esas   circunstancias  el  Procurador  Segundo  observa que el  Estado  estaba  legitimado  para continuar el proceso seguido al acusado, razón  por  la  cual  solicita no  casar la sentencia.   

CONSIDERACIONES  

1.   Violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de hecho por falso juicio de existencia por  suposición.   

Según  el  casacionista  el Tribunal supone  medios  de  prueba para demostrar la infracción del deber objetivo de cuidado o  la previsibilidad del hecho causado por el acusado.   

Agrega que no existe medio de conocimiento a  partir  del  cual  puede  afirmarse  que  el  conductor  sabía  que  quienes se  desplazaban  en  bicicleta  por  la  berma  eran  menores,  como  tampoco  está  demostrada  la  velocidad del bus, ni la distancia y el lugar a la cual quedaron  el   velocípedo   del  automotor  y  la  víctima,  supuestos  necesarios  para  determinar    si    existió    el    comportamiento    omisivo   atribuido   al  acusado.   

En  principio  es importante advertir acorde  con  el artículo 9º del Código Penal, que la causalidad por sí sola no basta  para  la  imputación  jurídica del resultado, ya que en orden a su atribución  debe         tenerse         en         cuenta         otras        “razones”  demostrativas  de  que el  resultado   lesivo  es  “obra  suya”,    esto    es    que   depende   del   comportamiento   como   ser  humano1.   

A partir de esta conceptualización, se tiene  dicho  que  en  el  ejercicio de una actividad riesgosa la imputación jurídica  existe   si   con   su   comportamiento  el  autor  va  más  allá  del  riesgo  jurídicamente  permitido  o  aprobado y el resultado lesivo es consecuencia del  vínculo    causal    entre    dichos    factores2,  mientras  que la imputación  jurídica  del  resultado  exige  establecer la relación de causalidad entre la  creación   del  riesgo  al  momento  de  producirse  la  conducta  y  el  daño  ocasionado3.   

Conforme  con  tales  presupuestos al ser la  causalidad  insuficiente  para  la  imputación jurídica del resultado, hay que  acudirse  a  criterios  valora  normativos  que  permitan imputarle a alguien el  resultado     lesivo     como     una     “obra  suya”.   

En  este  asunto,  es  el  recurrente  quien  desconoce  la  prueba  tenida  en  cuenta  por  los  juzgadores  para imputar el  resultado  al  acusado,  al  establecer  que  en  los accidentes de tránsito es  primordial  el  peritaje  determinante  de  la velocidad a la cual transitaba el  vehículo,  olvidando  que  en  virtud  del  principio de libertad probatoria la  responsabilidad  penal del autor puede demostrarse con cualquier medio de prueba  que haya sido legal y oportunamente incorporado a la actuación.   

Por el contrario, los juzgadores sustentan la  sentencia  en  la prueba testimonial recaudada, la cual en la demanda es omitida  en  su  integridad,  pues  no se realiza confrontación alguna con los supuestos  traídos  a  colación  para  mostrar  que el sentido del fallo debía ser otro,  porque  el  impugnante  se  limita  a  formular  unos interrogantes apartados de  ella.   

A partir del análisis de la prueba de cargo  y  descargo,  el  a  quo advierte que el procesado pretendió trasladar la causa  del  accidente  a  la  víctima,  descarta su autopuesta en peligro por falta de  soporte  probatorio  y atribuye el resultado a la conducta del conductor del bus  por  no  haber  extremado las precauciones ante la presencia de los niños, esto  es, por no haber disminuido el riesgo.   

Concluyó  que  por  la presencia de los dos  menores  a  los  cuales  potencialmente podía causar daño, ha debido asumir el  riesgo  como  propio,  lo  cual  no  hizo  y  por eso encuentra el nexo entre su  acción  y el resultado. Al dejar de hacer lo que un hombre prudente y diligente  haría, infringió el deber objetivo de cuidado.   

El Tribunal confronta lo dicho por el acusado  con  las  versiones  de José Edwinson Rengifo Mosquera, José Alejandro Rengifo  Ruiz,  Ángel  Humberto  Rodríguez  y  Claritsa  Ávila  Obando, y concluye que  aquél  incurrió  en  una conducta imprudente por violación del deber objetivo  de  cuidado,  porque  en  ejercicio  de la actividad riesgosa de conducir en una  vía  de  alto  flujo  vehicular  y  características indicadas en el informe de  accidente   de   tránsito,   habiendo   visto   a  los  niños  con  suficiente  anticipación  movilizándose  y  jugando  por  la  berma  nada  hizo por evitar  atropellarlos,  en  cuyo respaldo trae a colación lo consagrado en el artículo  55  del Código Nacional de Tránsito Terrestre, al mismo tiempo que descarta la  culpa de la víctima como causa del accidente.   

Frente  a  ese  panorama  probatorio, debía  mostrar  cuál  fue  el  medio  probatorio  supuesto  para dar por acreditada la  infracción  al  deber  objetivo de cuidado y no hacer conjeturas para apoyar su  tesis,  la cual no puede pretender sustentar en la transcripción parcial de una  decisión de esta Sala.   

En  el libelo como ya se advirtió, no sólo  alude  a  que los falladores suponen la prueba demostrativa de la violación del  deber  objetivo  de  cuidado;  sino que discute la apreciación de los medios de  convicción  al  advertir  que no es cierto que el conductor supiera que quienes  iban   en   la   bicicleta   eran   niños,   contrario  a  lo  afirmado  en  la  sentencia.   

Del mismo modo que cuestiona el fallo, porque  en  él  no  fueron  analizadas  circunstancias  a  su  juicio  necesarias  para  determinar  si  existió  la  infracción  o  no de ese deber en la conducta del  acusado, insiste en que se da por demostrada sin prueba alguna.   

Sin  duda,  el  casacionista  confunde  la  suposición  con  la  valoración de la prueba, pues mientras en la sentencia se  afirma  que  la  infracción  del  deber emerge sin dificultad de ella, aquel la  niega  a  partir  de  sus  propias  consideraciones  sobre  lo que los medios de  conocimiento enseñan.   

Si el tema era el entendimiento dado por los  juzgadores   a  la  prueba,  porque  considerara  que  en  su  apreciación  fue  tergiversada  o en su valoración desconocieron las reglas de la sana crítica o  de  la  persuasión racional, el error es de naturaleza distinta al propuesto en  el libelo.   

No por la brevedad en el desarrollo del cargo  sino  por la evidente equivocación en que incurre en su formulación, habrá de  ser desestimado.   

2. Nulidad por prescripción de la acción  penal.   

El   problema   jurídico   planteado  en  la  censura,  tiene que ver con el momento en el  cual   causa   ejecutoria   la   decisión  de  segunda instancia  que resuelve el recurso de apelación  contra los autos interlocutorios.   

El   tema  objeto  de  controversia  se  encuentra    regulado  por  el  inciso  2º del  artículo183  de  la  ley 600 de 2000, el cual prevé  que  la  providencia  que  decide   la  apelación  contra  los  autos  interlocutorios,  la  consulta,  la  casación,  excepto  cuando  se sustituye la sentencia materia de la misma, y la  acción  de  revisión quedan ejecutoriadas el día en que sean suscritas por el  funcionario que la profirió.   

La  Corte  Constitucional  al examinar la  citada  disposición  por  haber  sido demandada su constitucionalidad, mediante  fallo    C-641    de   agosto   3   de  2002  al distinguir los conceptos de  ejecutoriedad  de  las  decisiones  judiciales  y  la producción de sus efectos  jurídicos,   concluyó  que  la  norma  acusada  se  ajustaba  al  ordenamiento  jurídico.   

A  pesar de lo dicho en esa sentencia, el  casacionista  hace  una  lectura  parcial  apartada  de  su  sentido    para    indicar    que    es    a    partir    del   acto   de  notificación    de    la   resolución  de acusación que empieza a contarse  el     término    de    prescripción,   por  lo  cual  advierte  que  la  decisión  de  segunda  instancia  mediante  la cual  confirma   aquella   queda   ejecutoriada   el  día  de         su        notificación.   

La  misma  evidentemente  es  equivocada.  El  actor  olvidó en la  demanda  reproducir el aparte del fallo, según  el cual la Corte Constitucional declara que las sentencias  y  providencias  a  que  alude  el inciso 2º del artículo 187 de la ley 600 de  2000  causan  ejecutoria  el  día  de su suscripción por el funcionario que la  profirió,   y   producen   efectos   jurídicos  únicamente  a  partir  de  su  notificación    en    razón    al   principio   de   publicidad   como     regla     general     que     rige     las    actuaciones  judiciales.   

De   ese   modo   expresó:   “40.  Conforme  a  lo  expuesto, es pertinente concluir que la norma es constitucional  en   el   sentido   de   que  efectivamente  dichas  sentencias  y  providencias  interlocutorias  quedan  ejecutoriadas  el  día  en  que  son  suscritas por el  funcionario  correspondiente.  Sin  embargo, como la notificación de las mismas  es  indispensable y solamente a partir de dicho conocimiento, es posible imponer  voluntaria  o  coactivamente  el  cumplimiento  de las órdenes proferidas en la  decisión  judicial, la Corte considera que la ejecutoria de dichas sentencias y  providencias   no   produce   efectos   jurídicos   mientras  no  se  surta  su  notificación.  Por  eso, en la parte resolutiva de esta sentencia se declarará  exequible  la  disposición acusada, en el sentido que los efectos jurídicos se  surten     a    partir    de    la    notificación    de    las    providencias  respectivas.”.   

Tal  criterio seguido por la Sala ha sido  plasmado  en  numerosas  decisiones,  basta mencionar  por  vía de ejemplo las  de   27   de   julio  de  2011,  radicación  30823;  13   de   abril   de  2013,  radicación  38385;  20  de  noviembre  de 2013,  radicación             42475; diciembre  5    de    2014,    radicación   42209;     mayo     25     de     2015,  radicación 45329, en las  que  ante la exequibilidad  de   la   disposición  demanda  se  ha reiterado  que   la   providencia  que  decide  la      apelación     contra     la  resolución       de      acusación,   queda   ejecutoriada   el   día  de         su         suscripción   por   el  funcionario que la emite.   

Por lo demás,  no  puede  confundirse  la  ejecutoria con el acto de  notificación     o     comunicación  de  la  decisión judicial, a partir  del  cual  producen  efectos  jurídicos. Ahora si en  virtud  de  aquella  las providencias de segunda instancia carecen de recursos o  son  inimpugnables,  es  pertinente  entender que los efectos surtidos  no  son  distintos  a  los  de  su  comunicación   y   publicidad   a   los   sujetos  procesales.   

Obviamente  la  confusión del casacionista, en principio deviene de  no  distinguir  entre  decisiones  de  primera  y  segunda instancia;             aquellas   susceptibles  de  recursos  ordinarios  y  estas  por  regla   general   carentes   de   ellos,   ni   entre  ejecutoriedad  y  efectos  jurídicos     como     consecuencia     de    su  notificación.   

La    ejecutoria    según    la    naturaleza    del   auto   o   sentencia,   enerva   la  interposición     de    recursos    legales  o  constituye  límite para la  iniciación     o    interrupción de términos.   

En   esas  circunstancias,   en  este  asunto  contrario  a  lo  afirmado  en el reparo la acción penal no se hallaba  prescrita,   de   modo   que   su   prosecución  no  vulneró  garantía  ni  derecho alguno del acusado.   

En  efecto, el  hecho  ocurrió  el  6 de  febrero  de  2005  y de acuerdo con la acusación, al  procesado  se  le  imputó  el  delito  de homicidio  culposo   tipificado   en   el   artículo  109  del  Código  Penal  y sancionado con prisión de dos a seis (6) años.   

Ahora bien, la  prescripción  es  causal  de  extinción    de    la   acción   penal.   El  artículo  83  del Estatuto Punitivo consagra que la  acción  penal  prescribe  en  un  tiempo  igual  al  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley, si fuere  privativa     de     la     libertad,     sin    que    en    ningún   caso  pueda  ser  inferior  a  cinco  (5)  años ni exceder  veinte   (20),   salvo   el   caso   de   los   hechos  punibles  de  genocidio,  desaparición  forzada,  tortura  y  desplazamiento  forzado,  en  el  que  el término es de treinta (30)  años.   

De   otro   lado  el  artículo  86  del  citado  Código,  en lo concerniente a este asunto  tramitado   por   el   procedimiento   de   la   ley  600  de  2000,        prevé       que       la  prescripción     de     la    acción    penal    se    interrumpe   con   la   resolución   acusatoria   o   su   equivalente  debidamente ejecutoriada.   

Conforme  con  las disposiciones  mencionadas  se  tiene:  en  este caso, la acción  penal  prescribe  en seis (6) años,  en  razón  a que no fueron imputadas circunstancias  específicas      de      agravación de la pena.   

Luego   si   la  resolución   de  acusación  causó   ejecutoria   el   4   de   febrero   de  2011,  día  en  el  cual  fue  suscrita  por el  Fiscal   de   Segunda   Instancia,   y   el   hecho  ocurrió  el 6 de febrero  de  2005,  es  evidente que aún no habían  transcurrido  los  seis  (6)  años  para que la acción penal prescribiera.   

En    consecuencia,   el   cargo   no  prospera.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

   

   

RESUELVE  

No  Casar  el  fallo  de origen, naturaleza y contenido indicados, de acuerdo con los  cargos  formulados  por  el defensor del acusado.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO A. CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  Casación, mayo 20 de 2003, radicación 16636.   

2  Casación, mayo 20 de 2003, radicación 16636   

3  Casación, noviembre 24 de 2004, radicación 21241.     

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