SP13099-2014(40737)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

SP13099-2014  

Radicación n.° 40737  

(Aprobado Acta n.°  318)   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014)   

                                              I.ASUNTO   

Decide  la  Sala  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el defensor del procesado, contra la sentencia proferida el 23  de  enero  del año pasado por la Sala Única de Decisión del Tribunal Superior  de  Quibdó,  mediante  la cual condenó a JOSÉ ISRAEL  MARTÍNEZ   LEMOS,   Juez   Penal   del  Circuito  de  Istmina,       como  autor  del delito prevaricato  por acción.   

II. HECHOS  

          Fueron  consignados  en  la  sentencia  de  primera instancia en los  siguientes términos:   

El doctor JOSE ISRAEL MARTINEZ LEMOS, en su  calidad  de Juez Penal del Circuito de Istmina, al tramitar la segunda instancia  de  la  acción  de tutela promovida por el señor JORGE ANDRÉS MONTOYA MORENO,  en  la  que  deprecaba  la  protección  de sus derechos fundamentales al debido  proceso  y  a  la  defensa por considerarlos vulnerados dentro del proceso penal  radicado  No. 05001-61-00297-2006-00232-00 N.I. 2006-00730, que se adelantaba en  su  contra  en  la  ciudad  de  Medellín  (proceso que en primera instancia fue  adelantado  por  el Juzgado 8º Penal del Circuito de Medellín y confirmado por  el  Tribunal  Superior de dicha ciudad –Sala  Penal,  e  inadmitida  la demanda de Casación por la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia);  decidió  proteger los  derechos   invocados  por  el  accionante  revocando  la  sentencia  de  primera  instancia  que  había  proferido  el Juzgado Municipal de Bajo Baudó, despacho  que había resuelto no conceder la referida tutela.   

La  Sala  Tercera  de Revisión de la Corte  Constitucional,  al  revisar  el fallo de tutela proferido por el Juez Penal del  Circuito   de   Istmina,   ordenó  la  suspensión  provisional  inmediata  del  cumplimiento  del  referido  fallo  (mediante  auto de fecha 1º de diciembre de  2009)  y  posteriormente  el  2  de  febrero  de  2010 decretó la nulidad de lo  actuado  a  partir  del  auto admisorio de la demanda de tutela proferido por el  Juzgado  Promiscuo  de  Bajo  Baudó  –Pizarro.    Consideró   el  alto  Tribunal,  que  los  jueces  constitucionales  no  aplicaron la regla de competencia prevista en el artículo  37  del Decreto 2591/1991, dedicándose a invocar una serie de argumentos que no  tienen  ningún  impacto para la determinación de la competencia desde el punto  de  vista  geográfico,  optando  el  Juez Penal del Circuito de Istmina por una  aplicación  fragmentaria  y  descontextualizada  del auto 100 de 2008 aludiendo  únicamente  a  la regla que refiere la posibilidad de presentar la acción ante  cualquier  juez (unipersonal o colegiado) desligando esa alternativa de la regla  geográfica  que  establece  el  legislador  y a la que explícitamente alude la  Corte  en  los  autos  04/04  y  100/08,  como  marco  legal  vinculante para la  aplicación  de  la  alternativa de acceso que allí se contempla, decidiendo la  Corte  que el juez competente para conocer la referida acción de tutela era una  Corporación  judicial  de  la misma jerarquía de la Corte Suprema de Justicia,  cuya  sede  necesariamente  es la ciudad de Bogotá o los jueces del lugar donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivó  la  presentación de la  solicitud,  es  decir,  la  ciudad  de  Medellín que fue donde se surtieron los  efectos de las decisiones cuestionadas.   

Formulando  denuncia  por  los  anteriores  hechos,  el  Presidente  (E)  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  –Sala de Casación Penal.   

III.ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  audiencia  celebrada  el  2  de  mayo de  20111  la  fiscalía  imputó  al doctor JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ LEMUS, la  comisión  del  delito  de  PREVARICATO  POR  ACCIÓN,  de  conformidad  con  el  artículo 413 del Código Penal.   

El   supuesto   fáctico  se  contrajo  al  proferimiento  del  fallo de tutela fechado el 5 de junio de 2009, desconociendo  la  regla  general  de  competencia territorial señalada en el artículo 37 del  Decreto  2591  de  1991,  que  le impedía pronunciarse, por tratarse de posible  violación    o    amenaza    de    derechos    ocurrida   en   la   ciudad   de  Medellín.   

El imputado no aceptó los cargos.  

El  25  de  mayo  de  2011,  el  ente fiscal  presentó  escrito de acusación contra el funcionario mencionado por la posible  comisión  del  delito que le fuera imputado, manteniendo también la situación  fáctica.    El   13  de  julio  siguiente  se  realizó  la  audiencia  de  formulación  de  acusación,  sin  que  la  defensa  efectuara observaciones al  escrito, ni invocara  nulidades.   

En  esa audiencia, la fiscalía señaló los  hechos     jurídicamente     relevantes     así2:   

Impugnada esta decisión por el accionante,  le  correspondió  al  Juzgado  Penal del Circuito de Istmina conocer del asunto  como   segunda  instancia  y  es  allí  donde  el  Juez  JOSE  ISRAEL  MARTINEZ  LEMUS3,  revoca  la  sentencia de tutela proferida por el Juzgado de Bajo  Baudó,  Nº  004, y en su lugar concede el amparo a los derechos fundamentales,  al  debido  proceso  y a la defensa del procesado JORGE ANDRES MONTOYA MORENO, y  como  consecuencia de lo anterior declara la nulidad de todo lo actuado a partir  inclusive  de  la  audiencia  de  juicio oral llevada a cabo en el proceso penal  Nº   05001-61-002972006-00232-00 N.I. 2006-00730, en aras que se realizara  un  juicio  con  todas  las garantías constitucionales y procesales, juicio que  debía  ser llevado a cabo en el Juzgado Octavo Penal del Circuito de Medellín,  con  funciones  de  conocimiento,  dentro  de  los  15  días  siguientes  a  la  notificación  de  la  sentencia.   Lo que en la práctica generaba que los  fallos  de  primera y segunda instancia proferidos quedaran sin efecto.  La  Corte  en  respuesta  de  la  acción  de  tutela,  hizo saber al Juez Promiscuo  Municipal  de  Bajo Baudó, el 28 de mayo de 2009, lo que fue desconocido por el  Juez  Penal  del  Circuito  de  Istmina,  que  de  conformidad  con  el  decreto  1382/2000,  la  competencia  para  conocer  de  las  acciones  de  tutela que se  instauren  contra  la  Corte  Suprema  de  Justicia, se encuentra atribuida a la  misma  corporación  y se resolverá por la Sala de decisión que corresponda de  acuerdo  con  el  reglamento  al  que  se  refiere el artículo 4º del presente  decreto.   Igualmente  enfatizó que las reglas de competencia establecidas  en  el  aludido  decreto eran de obligatorio cumplimiento, y su desacato viciaba  de  nulidad el trámite, sin que la voluntad del legislador o del constituyente,  pudiera  ser  suplida  por  el  querer  de  cualquier  autoridad judicial, quien  independientemente  de  su categoría y especialidad, está obligada a acatar su  mandato  por  más  razones  loables  que  le  asistan en contrario.     

(…)  

El fallo fue seleccionado después de haber  llegado  a  la Sala Tercera de Revisión de la Corte Constitucional, en donde en  auto  fechado  1  de  diciembre  de  2009,  ordenó  la  suspensión provisional  inmediata  del  cumplimiento  de  la  acción  de tutela decidida por el Juzgado  Penal  del Circuito de Istmina.  Posteriormente en calendas 2 de febrero de  2010,  declaró  la nulidad de todo lo actuado a partir del auto admisorio de la  demanda…   pues   los   Jueces  Constitucionales  no  aplicaron  la  regla  de  competencia  prevista  en  el artículo 37 del decreto 2591/1991, dedicándose a  invocar  una  serie  de  argumentos  que  no  tienen  ningún  impacto  para  la  determinación  de  la  competencia  desde  el punto de vista geográfico.   Optando  el Juez Penal del Circuito de Istmina, por una aplicación fragmentaria  y  descontextualizada del auto 100 de 2008, aludiendo únicamente a la regla que  refiere  la posibilidad de presentar la acción ante cualquier Juez (unipersonal  o  colegiado), desligando esta alternativa de la regla geográfica que establece  el  legislador  y  a  la que explícitamente alude la Corte en los autos 04/04 y  100/08,  como  marco  legal  vinculante para la aplicación de la alternativa de  acceso que allí se contempla…   

          Descripción  fáctica  por  la  que  se  acusó al doctor MARTÍNEZ  LEMOS  como  autor  del  delito  de  PREVARICATO  POR  ACCIÓN, tipificado en el  artículo  413  del  Código  Penal,  sin  que  se  dedujeran  circunstancias de  agravación punitiva, ni de mayor o menor punibilidad.   

La audiencia preparatoria se adelantó el 18  de enero de 2012.   

El juicio oral inició el 6 de septiembre del  mismo  año,  oportunidad  en  la cual la fiscalía presentó su extensa teoría  del  caso  que  denominó  «la actuación de un juez  incompetente».   Prometió   llevar  a  la  Sala  de  conocimiento  las  pruebas  que  acreditan la condición de funcionario público  que  ostentaba  el  doctor  JOSÉ  ISRAEL MARTÍNEZ para el momento de emitir la  decisión  manifiestamente contraria a la ley por la cual se formuló acusación  en su contra.   

Expuso que probaría que el Juez Penal del  Circuito  de  Istmina  hizo caso omiso a las advertencias en torno a la falta de  competencia  para  fallar en segunda instancia la acción de tutela, resolviendo  libre  y  conscientemente  adoptar  la  decisión  con  la  cual  se  afectó la  administración de justicia.   

Añadió,  que  así el acusado hubiera sido  competente  para  fallar  la  tutela,  no  era  posible  atacar  por esa vía la  sentencia ejecutoriada.   

Continuó   con   el   análisis   de   la  estructuración de la vía de hecho.   

Por su parte, la defensa técnica decidió  realizar  alegato  de  apertura  en el que prometió demostrar en desarrollo del  juicio,  que  el  acusado  actuó desprovisto de cualquier interés diferente al  cumplimiento  de  un  deber legal y confiado en que el auto 100/2008 de la Corte  Constitucional  creaba  una  nueva regla de competencia para conocer de acciones  de  tutela  en contra de la Corte Suprema de Justicia, en los eventos en que las  Salas de la misma Corporación se negaban a admitirlas.   

En  la  misma  fecha  se  introdujeron  las  estipulaciones               acordadas4  en la audiencia preparatoria,  con lo cual se agotó la pretensión probatoria de la Fiscalía.   

El  23  de  octubre  se  recepcionaron  las  declaraciones  ordenadas  a petición de la defensa.5   Se   introdujeron   cuatro  restantes               estipulaciones6  y  se escucharon los alegatos  de  conclusión  en  los  que  el  ente  fiscal  requirió  el  proferimiento de  sentencia  de carácter condenatorio por el delito de PREVARICATO POR ACCIÓN, a  la  vez que la defensa sostuvo que claramente el doctor MARTÍNEZ interpretó en  forma  errada  el  auto  100/2008 de la Corte Constitucional, lo que descarta el  dolo en su actuar.    

El  28  de  noviembre  de  2012  se anunció  sentido  del  fallo  en el que se declaró probada la tesis de la fiscalía y el  23  de  enero  de 2013 se llevó a cabo la audiencia de lectura de la sentencia,  la cual fue apelada por el defensor del acusado.   

    

IV. LA DECISIÓN APELADA  

En  primer lugar, con el fin de responder la  inconformidad  alegada  por  la  defensora,  el  Tribunal  entra  a verificar el  supuesto   fáctico   especificado   por  la  fiscalía  en  las  audiencias  de  imputación  y  acusación, indicando que al doctor JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ LEMOS  se  le acusa por haber emitido, en sede de segunda instancia, el fallo de tutela  del  5  de  junio  de  2009,  sin  aplicar  la  regla de competencia territorial  prevista  en  el  artículo 37 del Decreto 2591 de 1991, confirmada en los autos  004 de 2004 y 100 de 2008 de la Corte Constitucional.   

Adentrándose  en el análisis del delito de  prevaricato  por  acción,  transcribe  decisiones de la Corte que lo llevaron a  concluir  su  configuración desde el punto de vista objetivo. Consideró que el  procesado  desconoció en forma dolosa el artículo 37 del Decreto 2591 de 1991,  realizando   rebuscadas    interpretaciones   de  los  autos  de  la  Corte  Constitucional,  para  fallar  en  segunda instancia, sin tener competencia, una  acción   de   tutela  cuyos  hechos  ocurrieron  en  la  ciudad  de  Medellín.   

También   encontró  probado  el  aspecto  subjetivo  de  la  conducta,  por cuanto MARTÍNEZ LEMOS, con amplia trayectoria  laboral  en  la  Rama Judicial, informó que realizó múltiples consultas antes  de  decidir  que  tenía  la  competencia para avocar en segunda la instancia la  acción  de tutela, luego era consciente de que su actuar vulneraba el artículo  37 del Decreto 2591 de 1991 que dijo conocer perfectamente.   

Trae  a  colación  las  respuestas  que los  accionados  dieron  en  el  trámite  de  la tutela,7  en  las cuales advertían que  el   Juez   ante   quien  se  instauró  la  acción  constitucional8  no  tenía  facultad    para   decidirla,   por   falta   de   competencia   territorial   y  funcional.   

Señala que el doctor JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ  al  momento  de tomar la decisión, contaba con el material documental requerido  para  actuar  en  derecho,  sin  embargo, optó por interpretar extrañamente la  normatividad y las decisiones de la Corte Constitucional.   

Concluye,  en  consecuencia,  que el acusado  actuó  dolosamente  y,  por  lo  tanto,  lo  condenó  como autor del delito de  PREVARICATO  POR  ACCIÓN a las penas principales de 60 meses de prisión, multa  de  95.8275  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes para el año 2009 e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de 88 meses.  Le negó el sustituto de la suspensión condicional  de    la    pena    por    improcedente    y    le    concedió    la   prisión  domiciliaria.   

V. SUSTENTACIÓN DEL RECURSO  

El   defensor   del  acusado  propugna  la  apelación en los siguientes aspectos:   

El Tribunal desconoció la realidad jurídica  que  se  presentaba para la época de los hechos, cuando se generó discrepancia  de  posiciones  entre  la  Corte  Constitucional  y  la Suprema de Justicia, por  cuanto  la  primera  consideraba que procedían las acciones de tutela en contra  de   las   decisiones   de   la   segunda,   mientras   que  esta  sostenía  la  improcedencia.   

Cuestiona   que  su  defendido  haya  sido  condenado  por  decidir  la  acción constitucional en segunda instancia, cuando  quien  asumió  la competencia fue el Juez Promiscuo de Bajo Baudó –Pizarro,   y   por   lo   tanto,   le  correspondía  resolver  el  recurso de apelación interpuesto por el accionante  contra el fallo de primera instancia.   

Alega  que  el  doctor  MARTÍNEZ  LEMOS  se  sujetó  a  la  normatividad vigente para la época de ocurrencia de los hechos,  es  decir,  siguió los parámetros dispuestos por la Corte Constitucional en el  auto  100 de 2008 para eventualidades en las cuales la Corte Suprema de Justicia  se  negara  a  tramitar las acciones de tutela interpuestas en su contra, por lo  que  no  es  posible concluir que hubo una decisión manifiestamente contraria a  la ley.   

Cuestiona  que  el  Tribunal  omitiera  el  análisis  de  la  providencia  considerada  prevaricadora, para indicar en qué  aparte  es  manifiestamente  contraria  a  la ley, y de esa manera, arribar a la  conclusión  de  que  se  estructuró  objetivamente  el tipo de prevaricato por  acción.   

Frente  al  examen del aspecto subjetivo del  tipo,  considera que el Tribunal erró al imaginar que el actuar doloso del Juez  Penal  del Circuito de Istmina quedó evidenciado con las consultas que del tema  realizó  con  varios  funcionarios  judiciales,  pues, por el contrario, fue el  ánimo de acertar el que lo impulsó a escuchar varias opiniones.   

Argumenta que de acuerdo con esa noción, aun  si   se  aceptase  la  contrariedad  entre  el  actuar  de  su  defendido  y  el  ordenamiento   jurídico,   solo   se   estaría   frente  a  una  desafortunada  interpretación  de los autos de la Corte Constitucional, que por su ambigüedad  permitían el errado razonamiento.   

Por  tanto,  solicita  la  revocatoria de la  sentencia  condenatoria  dictada en contra de JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ LEMOS, para  que en su lugar, se le absuelva del cargo por el cual fue acusado.   

Subsidiariamente, requiere la redosificación  de  las  penas  impuestas,  para  fijarlas  en el mínimo señalado en el primer  cuarto   punitivo,   por  cuanto  la  fiscalía  no  acusó  con  circunstancias  genéricas  de  mayor punibilidad y atendiendo la intensidad del dolo, así como  la   lesividad   de   la   conducta,   considera  que  estas  debieron  ser  las  mínimas.   

VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  el  numeral  3º  del  artículo  32  de  la  Ley  906 de 2004, la Corte es competente para conocer del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra la sentencia condenatoria proferida  por  la  Sala de Decisión Única del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Quidbó.   

Como  las  alegaciones  del  recurrente  se  dirigen  a  cuestionar  los  elementos  objetivo  y  subjetivo  del  tipo  penal  imputado,   en  orden a abordar el análisis del tema, se parte de señalar  que  el delito de prevaricato por acción se encuentra definido en la Ley 599 de  2000, así:   

«Artículo 413.  Prevaricato  por  acción.  El  servidor público que  profiera  resolución,  dictamen  o concepto manifiestamente contrario a la ley,  incurrirá  en prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses,  multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a trescientos (300)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta  y cuatro (144) meses.»   

El  tipo objetivo contiene un sujeto activo  calificado     («servidor    público»),         un         verbo         rector        («proferir»)    y    dos   ingredientes  normativos:      «dictamen,     resolución     o  concepto»,   por   un   lado,   y   «manifiestamente  contrario  a  la  ley»,  por el otro.   

En este asunto no es objeto de discusión la  calidad  de  servidor  público que ostentaba JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ LEMOS en la  fecha     en     que     profirió    la    decisión    cuestionada,9  época  para  la  cual  desempeñaba  el  cargo de Juez Penal del  Circuito  de  Istmina  (Chocó),  hecho  que se halla  debidamente                  probado10 con la estipulación número  3.   

Tampoco  se  ha  controvertido  que la decisión del 5 de junio de 2009  fuera  emitida por MARTÍNEZ LEMOS en ejercicio de sus  funciones   como   Juez   Penal   del   Circuito  de  Istmina.   

Frente al alcance  de        la       expresión       ‘manifiestamente   contrario   a   la  ley’,   la   Sala   ha  considerado  que su configuración no sólo contempla  la  valoración  de  los  fundamentos  jurídicos  o  procesales que el servidor  público  expone en el acto judicial o administrativo cuestionado (o la ausencia  de  aquéllos),  sino también el análisis de las circunstancias concretas bajo  las  cuales  lo  adoptó,  así  como  de  los  elementos  de juicio con los que  contaba al momento de proferirlo.   

Resulta  entonces  necesario contextualizar  la  situación, ubicación geográfica y el  momento  para el cual se profirió el  fallo       de       segunda       instancia dentro  del  trámite  de tutela aquí cuestionado,  para  lo cual se ponen de presente los  siguientes antecedentes:   

Por   hechos   ocurridos   en  enero  del  año  2006 en la ciudad de  Medellín  (Antioquia),  el  Juzgado  8º  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad  emitió     sentencia  condenatoria11     en     contra    de    JORGE    ANDRÉS    MONTOYA, como autor de los delitos de homicidio  agravado,  en  el grado de tentativa, hurto calificado y agravado y porte ilegal  de  armas  de fuego, siendo víctima de  ellos  JHON  FREDY  CAÑAS  VILLA. La  decisión  fue conocida en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior de la misma ciudad, el  cual,  en fallo del 8 de noviembre de  2007,    la    revocó  parcialmente  en lo atinente al delito de porte ilegal  de    armas    de    fuego   y   confirmó   en   lo  demás.   

Interpuesto  por  el  abogado  defensor  el  recurso  extraordinario  de  casación, la  Sala de Casación Penal, en auto del 7  de    julio    del    2008   inadmitió la demanda formulada.   

El  29  de  octubre  de  2008,      un      abogado12  radicó  demanda  de  tutela  en  la  Sala  Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  contra de las          sentencias  de  primera y segunda instancias  y  el  auto  que  inadmitió el recurso extraordinario,  libelo   que   fue   remitido   por   competencia13    a    la    Sala    de  Casación Civil de la misma Corporación,  que  a  su  vez,  en auto del 26 de noviembre de 2008, decidió  rechazarla  al considerarla improcedente,      por      cuanto,  el  auto  inadmisorio  de  la  demanda  de casación extingue la  jurisdicción del Estado.   

En la acción constitucional solicitaba el  actor  la  protección a  los  derechos  de  defensa  y  debido  proceso, en su  concepto  vulnerados  a JORGE ANDRÉS MONTOYA MORENO,  dentro  del proceso penal que se le siguió por los delitos de homicidio tentado  agravado   y   hurto   calificado   y  agravado,  ya  que   las  autoridades  accionadas  incurrieron  en  «la  no  permisión de  aportación  alguna  de  pruebas,  la  desestimación  de  algunos  elementos de  juicio,       amén       de       su      indebida      valoración.»14   

Seis    meses    después,15    otro    profesional      del      derecho16        instauró         nueva  acción  de tutela, esta vez ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Bajo  Baudó,  en  contra del  «Juzgado  Octavo  Penal del Circuito de Medellín y el Tribunal  Superior  de  Medellín  Sala  Penal», la  que  se  avocó  y decidió en primera instancia, negando         el        amparo  deprecado.   

En     esa     ocasión,  JORGE ANDRÉS MONTOYA, a través de  apoderado   judicial   solicitó   la   nulidad   del  proceso  penal  referido,  «…por  haberse  proferido  una  sentencia  ilegítima,  por  haberse  incurrido  en  vía  de  hecho,  pues  se está en presencia de un testimonio de  oídas,  improcedente  en  el  sistema  de  tendencia  acusatoria…».   

El  abogado  del  accionante interpuso el  recurso     de    apelación    contra    el    proveído    adverso    a    sus  pretensiones.   

Fue a raíz del  recurso  de  alzada, que por reparto correspondió el  conocimiento   al   Juzgado   Penal   del   Circuito  de  Istmina,  el     cual     en     fallo   del   5  de  junio  de  2009,  decidió   revocar   la  decisión  y  en  su  lugar conceder el amparo a los  derechos  fundamentales  al  debido  proceso  y  la  defensa del procesado JORGE  ANDRÉS  MONTOYA  MORENO,  al  encontrar17:   

«Evidenciada  la  vía  de hecho por la  configuración  del  defecto  fáctico al detectarse que en las decisiones tanto  de    primera   como   de   segunda   instancia  objeto   de   reproche,   se  fundamentaron  evidentemente  en  un  medio de prueba no apto para ello que  generó    una    valoración    equivocada   de   las   pruebas   válidamente  admitidas  en  el  juicio  oral…»   

Como     consecuencia   de   la   revocatoria,   declaró   la   nulidad   de   lo   actuado   en   el   proceso  penal    seguido   18contra  MONTOYA  MORENO,  a  partir  de  la audiencia de juicio oral, inclusive, y  ordenó  que el Juez 8 Penal del Circuito de Medellín realizara un nuevo juicio  dentro   de   los   quince   días   siguientes   a   la  notificación de esa sentencia.   

Sobre el punto  aquí discutido, sostuvo:   

La competencia.  

Para el despacho, es válido predicar que  el  a-quo,  estaba  revestido legalmente de competencia para abordar el trámite  de  la  presente  acción  de  tutela,  pues si bien  resulta              indiscutible  que  la competencia emana de la  ley,  y  que en esta materia su regulación general está regida en el artículo  37  del decreto 2591 de 1991, modificado por la ley19  1382 de 2000, no es menos  verdad,     que     estamos     frente    a    una    situación    especial-  de  las  consideradas  por  la  Honorable  Corte  Constitucional  en auto 100 de  2008,  en  donde consideró adelantar un tratamiento  igual   en  situaciones  semejantes  a  la  aquí  estudiada  (la  acción de  tutela  contra  providencias judiciales sea rechazada  por  la  Corte  Suprema de Justicia), lo que habilita  al  actor o actores a acudir al Juez de la categoría  indicada20  por  el  alto  tribunal (unipersonal   o  colegiado)  incluida  otra  corporación  de igual jerarquía a la de la Corte Suprema de Justicia, en  procura  de  solicitar  amparo  tutelar de los derechos fundamentales que estime  vulnerados.     Ello    mientras    el    legislador    no    disponga   lo  contrario.   

         Ahora  bien,  hecha la delimitación de los antecedentes del caso,  es  necesario  señalar  que  el debate planteado  por la defensa se centra, en  principio,  en la ausencia de tipicidad objetiva por  no      estar     presente     el     ingrediente     normativo     ‘manifiestamente   contrario  a  la  ley’.      Al  efecto,      es  necesario  desglosar  la  única  argumentación que  presentó  en el fallo el  doctor   MARTÍNEZ   LEMOS,   de   cara   a  establecer  si  se  trató  de  una  interpretación      razonable,      como     lo  pregona.   

         En    ese    orden,    es    indiscutible   que   el   funcionario   judicial   tuvo  claro   que:  (i) en el  trámite   avocado  «la  competencia   emana   de   la   ley»,  y  (ii) esa  materia    se    regula    por   el   «artículo  37  del  decreto  2591 de 1991, modificado por la ley 1382 de 2002».   Ello  se  deduce  del  siguiente  aparte del contenido del  fallo  de  segunda instancia dictado por el doctor MARTÍNEZ LEMOS, dentro de la  acción de tutela aquí tratada:   

«…pues  si  bien  resulta  indiscutible  que  la  competencia emana de la ley, y que en esta  materia  su regulación general está regida en el artículo 37 del decreto 2591  de     1991,     modificado     por    la    ley21  1382  de 200022,  no  es  menos  verdad,  que estamos  frente   a   una   situación  especial-  de  las consideradas por la Honorable  Corte   Constitucional   en   auto   100   de   2008  en  donde  consideró adelantar un tratamiento igual  en     situaciones     semejantes     a     la    aquí    estudiada…»   

         

       Entonces,    para   el   momento   de  pronunciarse       en      segunda          instancia,      el     Juez        MARTÍNEZ    era    consciente,    como    lo  adujo   en   la  decisión  y  reiteró  durante  su  declaración  en el juicio oral, que la facultad de  los   jueces   para   conocer   de   un  determinado  asunto  no  es  abierta  o  ilimitada  y   para  el caso debía ceñirse no  solo    al    componente    territorial  señalado  en  el  artículo  37  en  mención, que además para  entonces   ya   había   sido   objeto  de  estudio  constitucional,23  sino   al   Decreto   1382   de   2002,   que  adicionó   –para  los  efectos    del    artículo    37,   el   siguiente  texto:   

«Lo accionado contra la Corte Suprema de  Justicia,  el  Consejo  de  Estado  o el Consejo Superior de la Judicatura, Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria,  será  repartido  a  la  misma corporación y se  resolverá  por  la Sala de Decisión, sección o subsección que corresponda de  conformidad  con  el  reglamento al que se refiere el artículo 4º del presente  decreto».   

       El   juez  procesado,  como  acaba  de  reseñarse,  en  el  fallo  catalogado  como  prevaricador  reconoció  que la problemática suscitada en el  caso    sometido    a    su    conocimiento    presentaba   una   «situación  especial» que, consideró,  se  asemejaba  a  las  señaladas  por la Corte Constitucional en el auto 100 de  2008,  aspecto que es necesario evaluar con el fin de establecer si su decisión  realmente estuvo determinada por ese antecedente constitucional.   

Veamos  entonces  qué  señaló la Corte  Constitucional  en  el  auto  100/2008,  para  llevar al procesado a realizar la  afirmación transcrita en líneas precedentes:   

…de  los  enunciados  normativos  antes  reseñados  se  desprende sin ninguna discusión la procedencia de la acción de  tutela  contra providencias judiciales, pues los funcionarios judiciales son una  autoridad  pública, cuyas actuaciones, generalmente consignadas en providencias  judiciales,  cuando  son  vulneradoras  de  derecho  fundamentales,  pueden  ser  atacadas   mediante   el   remedio   constitucionalmente   previsto  para  tales  efectos.   

   

Ahora bien, ante la negativa reiterada de  ciertas  corporaciones  judiciales  a  dar  cumplimiento  de  las  disposiciones  constitucionales,   legales  y  reglamentarias  anteriormente  señaladas,  esta  Corporación  ha  sostenido  que  en  esos  casos la acción de tutela puede ser  interpuesta ante cualquier juez (unipersonal o colegiado).   

   

Cabe  reiterar  aquí lo consignado en el  Auto 004 de 2004:   

En  esa  medida,  si  la  Constitución  Política  (art.  86),  el  Decreto  2591  de  1991  (art.  1º),  y  el Decreto  Reglamentario  1382  de  2000, establecen que la tutela procede contra cualquier  autoridad  pública  y  no  solo en contra de las autoridades administrativas, y  así  lo  han  reiterado  la  Corte  Constitucional  en  sus sentencias sobre la  procedencia  de  la tutela contra providencias judiciales por vía de hecho y el  Consejo  de  Estado  en  la  sentencia  anteriormente citada, es evidente que lo  resuelto  por  las diferentes Salas de Casación de la Corte Suprema de Justicia  al  no  admitir  a  trámite  las acciones de tutela que interponen las personas  contra  providencia  judicial  proferida por una Sala de dicha Corporación, les  vulnera  su derecho constitucional fundamental de acceso a la administración de  justicia  (C.  N.,  art.  229)  y  a  obtener la tutela judicial efectiva de sus  derechos   fundamentales,   de  conformidad  con  los  Tratados  Internacionales  (Convención   Americana   de  Derechos  Humanos,  art.  25),  y  las  Opiniones  Consultivas   de   la   Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos  (OC-11/90,  OC-16/99).   

Le  corresponde  por  lo tanto a la Corte  Constitucional,   como  máximo  órgano  de  la  Jurisdicción  Constitucional,  impedir  que  continúe  la  violación  advertida,  dado que las solicitudes de  tutela  en  los  casos  en  que  las  diferentes  Salas de Casación de la Corte  Suprema  de  Justicia  resuelven  no  admitir  su trámite, no pueden quedar sin  solución alguna.   

Pese  a  lo anterior, no es posible, como  regla  general,  que la respectiva Sala de Selección disponga lo pertinente sin  que    las    tutelas    hubieren    surtido   el   trámite   propio   de   las  instancias.   

En estos casos entonces, con fundamento en  el  artículo  37 del decreto 2591 de 1991, que dispone que son competentes para  conocer  de  la  acción  de  tutela, a prevención, los jueces o tribunales con  jurisdicción  en  el  lugar  donde  ocurriere  la  violación  o la amenaza que  motivaren  la  presentación  de  la solicitud, y con el fin de que las personas  logren  que  se  pueda  disponer  lo pertinente en relación con la revisión de  dichas  acciones  de  tutela,  los  accionantes tienen el derecho de acudir ante  cualquier  juez  (unipersonal  o colegiado), incluida otra Corporación de igual  jerarquía,  solicitando  la  tutela  del  derecho  fundamental  que  consideran  violado.  Es claro que el juez escogido por el actor  o  actores  no  podrá suscitar conflicto de competencia con la Corte Suprema de  Justicia  pues es la autoridad que ya con anterioridad ha resuelto no admitir su  trámite.   

Tampoco   podrá   negarse   la  tutela  respectiva  con  fundamento en la temeridad o mala fe del accionante, por cuanto  para  estos  casos,  al  no  existir  una  decisión  de  fondo, la vulneración  sobreviniente  del  derecho de acceso a la administración de justicia justifica  la nueva interposición de la acción de tutela.   

Finalmente,   es   necesario   dar   un  tratamiento  igual  a  otros  ciudadanos  que  puedan  encontrarse  en  la misma  situación  aquí  advertida.  Por  ello,  para los casos en que exista la misma  situación   de   vulneración   del   derecho   fundamental   de  acceso  a  la  administración  de  justicia  y  la no tutela judicial efectiva de sus derechos  fundamentales,  los  ciudadanos  tienen el derecho de acudir ante cualquier juez  (unipersonal  o colegiado), incluyendo una Corporación de igual jerarquía a la  Corte  Suprema  de  Justicia,  para  reclamar  mediante una acción de tutela la  protección  del derecho fundamental que consideran violado con la actuación de  una   Sala   de   casación  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia”  (negrillas  añadidas).   

    

En  el caso objeto de examen la petición  presentada  por  el ciudadano Paredes Villalobos tiene origen precisamente en la  negativa  de  distintas  autoridades judiciales en abocar el conocimiento de una  acción  de  tutela  instaurada,  el  20  de septiembre de 2006, contra la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal.   

   

       La  anterior  transcripción  se torna necesaria para resaltar que  si  el  acusado  tuvo en cuenta los argumentos del auto 100/2008, para asumir en  segunda  instancia  el  conocimiento de la acción de tutela, también estaba al  tanto   del   texto   del   auto   004   de   2004,   por  ser  el  sustento  de  aquél.   

Pero  de  ninguno  de  ellos  surge  algún  contenido   que   tuviera  tal  injerencia  en  la  comprensión del doctor MARTÍNEZ, para  confundirlo  al punto de llevarlo a realizar elucubraciones exóticas y ajenas a  lo sostenido por la Corte Constitucional.   

Tanto  el auto  del  2008,  como  el del  año  2004,  se  refieren  a un evento en el cual la  Corte  Suprema  de  Justicia se negó a tramitar acciones de tutela interpuestas  en  contra  de  decisiones proferidas por ella, luego, la solución otorgada por  la jurisprudencia constitucional no fue otra distinta a:   

«Segundo.- Para   otros   casos   en   que  exista  la  misma  situación  de  vulneración  de  los  derechos  fundamentales de acceso a la administración de  justicia  y a la tutela judicial efectiva, por la no admisión a trámite de una  acción  de  tutela  instaurada  contra  providencia  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  con  fundamento  en  el  artículo 37 del  decreto  2591  de  1991  los  ciudadanos  tienen  el  derecho  a  escoger  alguna  de  las  siguientes  alternativas:  (i) acudir ante  cualquier  juez  (unipersonal o colegiado), incluyendo una Corporación de igual  jerarquía   a   la   Corte  Suprema  de  Justicia24   

…»  

Lo primero que ha de destacar la Sala, es  que  esta  alternativa  fue puesta de presente por la Corte Constitucional desde  el  año  2004, en el auto  004,  es  decir,  cinco  años  antes  de  que el Juez MARTÍNEZ LEMOS tomara la  decisión,  y  no  como  se  ha  pretendido  hacer  ver,  que  por  tratarse  de una decisión expedida  en el año 2008, correspondía     a     un     tema  novedoso.   

Entonces,  desde  el  año  2004  el  máximo  órgano  de  la Jurisdicción Constitucional  señaló  que en los casos  en      los      cuales     las     diferentes  Salas de Casación de la Corte Suprema de Justicia, se  nieguen  a  conocer  de  tutelas  contra  sus  decisiones,  con fundamento en el  artículo  37  del  Decreto 2591 de 1991, son competentes para conocer de ellas,  a prevención, los jueces  o  tribunales  con  jurisdicción en el lugar donde ocurriere la violación o la  amenaza que motivaren la presentación de la solicitud.   

Frente  a  este  primer  criterio, veamos  el  significado que la Corte Constitucional otorgaba  al    término    «a    prevención»   desde  el  año  2002,    hasta   el   año   2011            (Autos 277 de 2002, 149 y 017 de 2003,  021  de 2003, 030 de 2003, 036 de 2003, 037A de 2003, 043 de 2003, 044A de 2003,  045  de  2003,  048  de 2003, 049 y 081 de 2003, 083 de 2003, 048 y 105 de 2004,  072 de 2004, 123 de 2004, 137 de 2005 y 213 de 2005, entre otros):   

«…existe  un interés del ordenamiento  jurídico  en  proteger  la libertad del actor frente a la posibilidad de elegir  el  juez  competente  de  las  acciones de tutela que desee promover.   Libertad,   que  si  bien  está  sometida  a  las  reglas  de  competencia  fijadas  por  el artículo 37 (factor territorial) y por las reglas  del  decreto 1382 (factor subjetivo y factor funcional), resulta garantizada por  el  ordenamiento,  al  ofrecer la posibilidad de elegir la especialidad del juez  de tutela competente.»   

Concepto que evolucionó a partir del año  2011, cuando la Corte sostuvo en el auto 061:   

“Con este mismo ánimo, y para seguir la  línea  jurisprudencial  construida  desde los autos 124 y 198 de 2009, la Corte  considera  necesario  cambiar  la  posición  jurisprudencial ya citada sobre el  significado  del  término  “a prevención” para adoptar una que hasta ahora  había sido minoritaria en la jurisprudencia constitucional.   

Esta  nueva  interpretación  consiste en  entender   que   el   término   “competencia   a  prevención”,  significa  que  cualquiera de los jueces que sea competente, de  acuerdo  con  el  artículo  86  de la Constitución y el 37 del Decreto 2591 de  1991,  está  autorizado  para  conocer  de  la  acción  de tutela,   independientemente   de   la   especialidad   que   haya   sido  el   (sic)  escogida por el actor. En este orden  de  ideas,  los  jueces no deben promover conflictos aparentes de competencia en  las  acciones  de tutela con el argumento de que la oficina judicial no respetó  la especialidad seleccionada por el demandante.    

De manera que el alcance de la expresión  competencia   “a   prevención”,  en  los  términos  de  las  disposiciones  precedentemente  citadas  (artículo  37  del decreto 2591 de 1991 y artículo 1  del  decreto  1382  de  2000), debe entenderse circunscrito a la posibilidad con  que  cuenta  el  demandante de presentar su solicitud de tutela (i) ante el juez  con  jurisdicción  en  el  lugar donde ocurriere la violación o amenaza que la  motivare  o,  a  su  elección,  (ii) ante el juez con jurisdicción en el lugar  donde  se  produjeren  sus  efectos.  Solicitud  de  amparo  que se repartirá a  través   de   la   oficina   judicial   respectiva  encargada  de  efectuar  la  distribución   y   asignación   de   estos   casos,   en   los  lugares  donde  exista25.   

Conforme  con  lo  anterior,  jamás  la  Corte  Constitucional  ha  interpretado   que   el   actor   puede   escoger  a  su  antojo  el  juez  de  tutela,  por  el  contrario,  debe someterse a las reglas de competencia fijadas  por  el artículo 86 de la Constitución y el 37 del  Decreto 2591 de 1991.   

Se   hace  evidente    que   el   Juez   procesado  no tenía competencia para adoptar la  decisión  en  segunda  instancia, verificación que  salta  de  bulto  al  establecer que: (i)   los   hechos  que  originaron  el  proceso  penal  adelantado   contra   JORGE   ANDRÉS  MONTOYA  ocurrieron  en  Medellín;  (ii)  la  vulneración de derechos fundamentales alegada en la demanda  de   tutela,  también  ocurrió    en   esa  ciudad, donde se tramitó  el  proceso  penal en su contra, y, (iii)  si se entendiera que los efectos de la vulneración o amenaza se  proyectaron   por  la  inadmisión  del  recurso  de  casación,  el  juez  con  jurisdicción territorial  sería Bogotá.   

En     efecto,     cuando  el  auto  004 de 2004,  otorga a los accionantes la posibilidad de acudir ante cualquier  juez  (unipersonal o colegiado), incluida otra Corporación de igual jerarquía,  es  claro  que  limita la  escogencia      entre      dos     jueces     con  competencia      territorial.      En   este   caso,   -solo  atendiendo  el  factor  geográfico-,  a  prevención   podrían   asumir   el   conocimiento  jueces de las ciudades de Bogotá y/o Medellín.   

De lo  anterior  se  concluye  que  el  único criterio establecido  por  el  legislador para  determinar  la  competencia  en  materia   de   tutela,  fue  el  factor  territorial,        luego,        resulta   incompatible   con  mínimos  postulados   lógicos,   interpretar   que    un    auto    de   la   Corte  Constitucional           excluya  dicho  ítem     de     la     legislación, cuando es  claro    que   desde   el   año   1993,  ese mismo alto Tribunal  declaró  la   conformidad   de   su  tenor  con  el  artículo  86  de la Constitución Política.   

No   se  prestan  a  interpretación     diferente    los   autos   del   máximo  Órgano Constitucional,  pues, basta con  una  lectura  desprevenida  de la  proposición:   «En   estos  casos  entonces,  con  fundamento   en   el   artículo   37   del  decreto  2591  de  1991,26que    dispone      que      son      competentes     para     conocer de la  acción  de  tutela,  a  prevención,  los  jueces o  tribunales         con        jurisdicción  en el lugar donde ocurriere  la  violación o la amenaza que motivaren la presentación de la solicitud…los  accionantes    tienen    el    derecho    de    acudir   ante   cualquier   juez  (unipersonal    o    colegiado),   incluida   otra  Corporación  de igual jerarquía, solicitando      la      tutela      del     derecho     fundamental  que           consideran           violado27…»,  para  entender  fundadamente que la  regla  de  competencia se encuentra inescindiblemente  ligada  al  artículo  37  del Decreto 2591/91.   

Y  es  que  no  podía  deducirlo de otra  manera   el   doctor   MARTÍNEZ  LEMOS,  cuando  ni  la ley, que   dijo   tener   muy  clara,  ni  los  autos,  le  atribuyen competencia para aprehender el  conocimiento   de   la  acción    de   tutela   en   cuestión,  cuyos  hechos  ocurrieron  en  una  comprensión geográfica totalmente distinta a su jurisdicción.   

En    el    ámbito    funcional   de   competencia,   no  es  posible  asumir  que  el  doctor MARTÍNEZ,   en  verdad, solo erró     al     examinar     la    decisión    de    la    Corte  Constitucional,  pues si  fuese  así  no  habría  razón para consignar en su  decisión que la acción  de  tutela  debía  instaurarse  ante el «juez de la  categoría   indicada».  La  afirmación  en  cita  conduce  a  concluir  que el funcionario tenía en su  esfera  cognoscitiva que a pesar de la informalidad de este trámite,  no  era  factible    excluir   el   cumplimiento   de   unos  presupuestos  mínimos,  entre  ellos,  la  competencia territorial     y    funcional    del juez.   

Es  más,  la hipótesis planteada en los  autos,   (competencia  funcional  y  territorial  para  decidir acciones de  tutela  en contra de la Corte Suprema de Justicia) ni  siquiera    se    abordó    por   el   funcionario  judicial  en su decisión, de tal forma que no puede  alegarse   como   fundamento   para   respaldar  la  errada hermenéutica.    

La   Sala  encuentra    que    existe   ostensible   disparidad   entre   la   norma  y  el   proveído   en   el   que   el   implicado   se  atribuyó    la   competencia   territorial   para   decidir   en  segunda  instancia  la  tutela  que se radicó en contra del  Tribunal   y   el  Juzgado  8º  Penal  del  Circuito  de  Medellín,           pues,   aunque   el   juez   advirtió     que     la       jurisdicción     geográfica     es     asignada     por    el    artículo  37 del Decreto 2591 de 1991,  en  forma  extraña actuó  en  contra  de  su propia  tesis         decidiendo         arrogarse  la  competencia sin sustento  alguno,  ya  que ni este decreto, ni el reglamentario  1382    de   2000   se   la   atribuyen.    Tampoco    los    autos mencionados, como se vio en precedencia.   

Pero   como   el   juicio   de  tipicidad  correspondiente  no  se  agota con la simple constatación objetiva entre lo que  la  ley  manda  o  prohíbe  y  lo  que  con  base en ella se decidió, sino que  involucra  una labor más compleja, en tanto, supone efectuar un juicio de valor  a  partir  del  cual  ha  de establecerse si la ilegalidad denunciada resiste el  calificativo  de  ostensible,  debe  procederse  a  estudiar si ella se revela como manifiestamente contraria a  la ley.   

Por  tanto,  como es apenas natural, quedan  excluidas   de   esta   tipicidad   aquellas  decisiones  que  puedan  ofrecerse  discutibles  en  sus  fundamentos pero en todo caso razonadas, como también las  que  por  versar  sobre preceptos legales complejos, oscuros o ambiguos, admiten  diversas posibilidades interpretativas.   

Sobre   este   tópico,   halla      la      Sala   que  la  contradicción   entre   la   decisión  del  5  de  junio  de  2009,     y     la     ley,  es  palmaria  porque  la     Corte    Constitucional  siempre  ligó  la  regla  de  competencia  para  conocer  de las acciones de tutela  instauradas   contra  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  rechazadas por alguna de sus Salas,  al artículo 37 del Decreto 2591 de 1991 que señala: «Primera  instancia.   Son  competentes  para  conocer  de  la  acción  de tutela, a  prevención,  los  jueces  o  tribunales  con  jurisdicción  en  el lugar donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivaren la presentación de la  solicitud.»,     luego,    no    tenía    cabida   una   interpretación  diferente.   

Solo  bajo  el actuar al margen de la ley  del  doctor MARTÍNEZ, se entendería que   el  auto  100/2008  introdujo   «una    excepción    frente    a    la    regla  general28»,            pues,  la  Corte   Constitucional   no  abordó  el  tema  de  la  competencia  por  factor  territorial,  sino  que  indicó   las  posibilidades  con  las  que   cuenta   el   actor   cuando   la  acción  es  instaurada  contra la Corte Suprema de  Justicia y alguna de sus Salas se niega a tramitarla:   

«En  estos  casos  entonces, con fundamento en el artículo 37 del decreto 2591 de 1991, que  dispone   que   son  competentes  para  conocer  de  la  acción  de  tutela,  a  prevención,  los  jueces  o  tribunales  con  jurisdicción  en  el lugar donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivaren la presentación de la  solicitud,  y  con el fin de que las personas logren  que  se  pueda  disponer  lo  pertinente en relación con la revisión de dichas  acciones  de  tutela, los accionantes tienen el derecho de acudir ante cualquier  juez  (unipersonal o colegiado), incluida otra Corporación de igual jerarquía,  solicitando    la    tutela    del    derecho    fundamental    que   consideran  violado…»29   

Entiéndase     que    no    es   que   la   Sala   pretenda  sancionar  equivocaciones  judiciales   sin   trascendencia   jurídico  penal,  generadas  por  disparidad  de  criterios  acerca de  determinados     temas     jurídicos  o una desafortunada interpretación de la ley, lo cual es propio  de  la dinámica judicial,  sino  que, como sucedió en este caso, la incoherencia con la norma –conocida    por   el   juez-   es  grosera,  al  pretender  deducir  del contenido de  los    autos    comentados    una   irreal            pauta           según     la     cual  las  acciones  de  tutela  deben ser  tramitadas  por  el  juez  que  caprichosamente escoja el demandante.   

Es  que,  como se dijo en precedencia, si  bien,  la  acción  de  tutela  y  su  trámite  se  rige  por  el  principio de  informalidad,   ello  no  significa  que  se  puedan  pasar  por  alto  mínimos  necesarios  para  su  regulación  y  estandarización,  en  respeto  de  claros  principios  constitucionales,  cuando no de factores  claramente    funcionales,    en   aras,   precisamente,   de   hacer  más    expedito   su  tránsito por la judicatura.   

Por  ello,  se  reitera,  ha  sido  norte  esencial   del   trámite  de  tutela,  conforme  lo  consagrado  en  la ley y lo que de allí extracta la  Corte  Constitucional,  que  siempre  debe  respetarse  el criterio territorial,  incluso  en situaciones extremas o excepcionales como la surgida con ocasión de  la  negativa  de  la  Corte  Suprema  de Justicia de examinar acciones de tutela  presentadas   contra   fallos   que   cierran   la   vía  ordinaria.   

Para lo debatido, si se dejara de lado la  discusión  meramente  jurídica  referida  a  la  posibilidad  legal  de que el  procesado,  o  mejor, la jurisdicción de Itsmina examinara en sede de tutela la  vía  de  hecho  propuesta  por  el accionante, es lo cierto que de entrada, con  un   simple   criterio   de  observador  imparcial,  se  advierte gratuito  e  inmotivado  acudir  a los  jueces   del   Chocó   para   dilucidar  el  debate,  cuando  claro se tenía  que   hechos  e  intervención  judicial  inicial  reposaban  en  la  ciudad  de  Medellín.    

Tampoco  está  llamado  a  prosperar  el  argumento del defensor, a  partir        del       cual       el     funcionario    de    segunda  instancia   se   encuentra  obligado   a   decidir   todos      los     recursos     de     apelación     concedidos  porque  la  competencia  se  origina  en  la primera  instancia.      Al     respecto     destáquese   que   ningún  análisis  realizó    el    acusado   en     torno     a    los    motivos    del    Juez    Promiscuo   de  Bajo  Baudó para asumir  la competencia.   

Un juez con la  trayectoria  referida  por  el  doctor  JOSÉ ISRAEL  MARTÍNEZ,30   

no  puede  amparar  su  actuar  en  que  su      única     opción     jurídica   consistía   en   desatar   el  recurso por ser el superior funcional de   quien   lo   concedió,          dejando          de          lado          alternativas no solo  obvias sino  imperiosas,  como la nulidad o la remisión inmediata  al funcionario competente.   

De   las  explicaciones      suministradas      por     el  procesado,    pareciera    entenderse,  contrario  a lo expuesto   en   su   declaración,  que  fue  el    exceso    de    información    el      que     lo     desconcertó,     pues,   según  lo  manifestado,  hasta  el  día   en  que  la  acción  de  tutela llegó a su conocimiento,   tenía   perfectamente   entendida  e  interpretada  la  regla  general  de  competencia,  según        la        cual       corresponde   adelantar   la   acción  de  tutela  al    juez    del    lugar    donde    ocurrió   la   violación   o   amenaza   del   derecho,   o   donde  ésta     se    proyecte.   

En    ese    orden,    el     juez     excluyó  deliberadamente la aplicación de las  reglas  generales  de  competencia previstas en el artículo 37 del Decreto 2591  de  1991,  pero  también,  aunque      las      mencionó,     prescindió  de  las pautas de reparto  fijadas   en   el  Decreto  1382  de  2000,  para  dar  paso  a  una     amañada     interpretación     de     los     autos    004    y    100,     que     en    ninguno   de   sus  apartes  dispone  que  cualquier juez del país,  omitiendo   el  factor  territorial,  tiene  competencia para conocer de las  acciones    de    tutela    instauradas  en  contra  de  la Corte Suprema de Justicia, luego,    en    este   caso   no    se    afronta    un    tema   de   hermenéutica,  sino de grosera contrariedad con la  ley.   

En  desarrollo  de  esa conducta, el juez  escogió  cercenar      el     auto    100    de    2008,   para  tomar  de  manera  sesgada  y  opuesta  a  la  realidad  solo   un  aparte  que  servía   a   su   especial  interés,  buscando        brindar       una  apariencia  adecuada de motivación al pronunciamiento    ilegal.   

De manera que el fallo cuestionado está en  abierta  contradicción  con  la  ley  y  además,  conforme  a la exigencia del  legislador, ella es manifiesta, ostensible, notoria o palmaria.   

 De  igual  forma, quedó probado que el  procesado  actuó  de manera consciente y voluntaria, anteponiendo su capricho y  arbitrariedad  y  con  fundamento en ellos adoptó la decisión, distanciándose  palpablemente del ordenamiento jurídico.   

En  efecto,  la  primera  alerta  que  el  procesado   advirtió   sobre  la  incompetencia  para  decidir  el  recurso  de  apelación,  la  tuvo  cuando  conoció  el  auto  del juez de primera instancia  mediante   el  cual  avocó  la  acción  constitucional,  al  punto  que  tomó  comunicación   telefónica   con   su   inferior  funcional  para  preguntarle  por  sus  conclusiones  sobre  el  tema,  las cuales lo  dejaron convencido.   

Sin  embargo,  expuso  el  procesado  que  también  hizo  saber  la inquietud a otros compañeros, quienes compartieron su  particular  entender.  Lo  inesperado  es que adicionalmente conoció la postura  contraria,  la  cual  ni  siquiera  consideró  para exponer contra argumentos a  ella.   

Entonces,  estaba  al  tanto  el  doctor  MARTÍNEZ  LEMOS de su actuar ilícito y pese a que fue  prevenido  por  el  Juez  8º  Penal  del  Circuito y un Magistrado del Tribunal  Superior   de  Medellín,  de  la  incompetencia,  ni  siquiera  respondió  las  apreciaciones  de  los  accionados; sin contar con su absoluto silencio frente a  los  argumentos  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  expuestos en el traslado  tardío  que se ordenó por el Juez Promiscuo de Bajo Baudó-Pizarro, el cual se  comentará más adelante.   

Ciertamente,  no  tenía  ningún argumento  coherente  el juez para arrogarse la competencia de dicha acción de tutela, por  lo  que  le  resultó más cómodo definir las respuestas de los accionados como  manifestaciones  «que disienten de la competencia del  a  quo  para  tramitar  esta acción tutelar».    

No es coherente con el actuar de alguien que  dice  haber  dudado  profusamente de la competencia para pronunciarse en segunda  instancia,  guardar silencio y no exponer sus argumentos frente a las coetáneas  peticiones que los accionados realizaron en tal sentido.   

Solo  su  querer  e  intención decidida de  pronunciarse  explica tal comportamiento, tan atento a escuchar los conceptos de  quienes  dice  lo  apoyaron  en  su  interpretación, pero sin ningún respeto y  comedimiento  por  los  que  resaltaron el punto de vista opuesto, asumiendo con  suma apatía el tema de la falta de competencia.   

Ese  querer,  que  antepuso  a  cualquier  razón  o  lógica  de  quienes le hicieron ver su deber de remitir la demanda a  una  Corporación de igual categoría a la de Corte Suprema de Justicia, o a los  jueces  de Medellín, lugar donde se produjeron los efectos de la actuación que  se  acusaba  como vulneratoria de los derechos fundamentales invocados, deja ver  su resuelto interés por asumir el conocimiento de la tutela.   

En efecto, resulta ser otra circunstancia  demostrativa  del  dolo  con  que actuó el doctor JOSÉ ISRAEL,  aunque la  fiscalía  no  formuló  imputación  en  su  contra  por  los  argumentos de la  decisión,  su innegable intención de conceder la tutela contra toda evidencia.  Los  análisis de pertinencia y valoración que de las pruebas practicadas en el  juicio,  efectuó el Juez Penal del Circuito de Medellín, así como el Tribunal  de  Medellín  en segunda instancia, fueron completamente pasados por alto en el  fallo   emitido   por   el  acusado,  pese  a  contener  argumentos  válidos  y  trascedentes.   

Estas  circunstancias  que  antecedieron  y  permanecieron  concomitantemente  con la emisión de la decisión del 5 de junio  de  2009,  no permiten que de manera lógica se concluya que se trató de simple  interpretación  errónea  -ni  siquiera  de  la  ley  sino  de  un  auto-  pues  evidentemente  al juez Penal del Circuito de Istmina solo le interesaba proferir  su decisión, aunque en forma burda tuviera que desconocer la ley.   

Es  cierto, como lo expone el defensor, que  para  esa  época  había discusión sobre la procedencia de tutela en contra de  las  decisiones  adoptadas  por la Corte Suprema de Justicia, pero en este caso,  ni  la  demanda instaurada ni el fallo catalogado como prevaricador, abordan tal  cuestión.   

Mientras  el accionante solo lo menciona en  el  último  párrafo,  en el capítulo atinente a la competencia, para anunciar  que  anexa  el  auto  100 de 2008 de la Corte Constitucional, el juez de segunda  instancia  a  quien  tanto  le  preocupaba  el  tema,  no lo afrontó, su única  mención la efectuó en los siguientes términos:   

«Para el despacho, es válido predicar que  el  a-quo,  estaba  revestido legalmente de competencia para abordar el trámite  de la presente acción de tutela…»   

Es decir, el debate en la segunda instancia  giró  en  torno  a  la  procedencia  de  la acción de tutela contra sentencias  judiciales  por  existencia  de  una  vía  de  hecho  y no sobre la competencia  territorial y/o funcional del juez constitucional.    

Comentario adicional merece el extravío de  la  respuesta que el Magistrado Ponente remitió vía fax una vez se le vinculó  en  forma  tardía como parte accionada dentro del trámite de tutela.  Sin  ningún  sonrojo  acepta  el  doctor  Gilbert  Stein  Vergara Mosquera, juez que  conoció  en  primera  instancia la acción de tutela, que recibió la respuesta  extemporáneamente31 y que días después, cuando  se   envió   el   expediente   a   Istmina,   tampoco   fue   agregada   a   la  actuación.   

Por  su parte, el procesado es enfático en  afirmar  que  cuando  recibió  el  expediente  de  tutela,  no se encontraba la  respuesta  de  la Corte Suprema de Justicia y así permaneció durante el tiempo  que  el trámite estuvo en su poder, por lo que no conoció los argumentos de la  alta  Corporación,  como  quedó  consignado  en su decisión del 5 de junio de  2009.   

Veamos  entonces  cuál  fue  la  secuencia  temporal,  de  cara a hallar las razones por las cuales a ella (la respuesta) no  se  refirieron  los  jueces  ni en primera ni en segunda instancia: i)  en  auto  del  14  de mayo de 2009 se  admitió  la acción y ordenó correr traslado de la misma al Juez 8º Penal del  Circuito  y  al Tribunal de Medellín; ii)  el  19 de mayo se ordenó vincular a la Corte Suprema de Justicia;  iii)   21  de  mayo se  recibe  el  oficio  en  la  Secretaría  de la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia;  iv) se respondió  por  la   Corte  el  28  de  mayo; v)   la   tutela  fue  decidida  en  primera  instancia  el  mismo  28  vi) la respuesta de la Corte  se  recibió  en  el  Juzgado  el  29 del mismo mes;32         vii)  la providencia de segunda instancia  está datada el 5 de junio del mismo año.   

Con  esas  fechas,  que  se  extraen  de la  providencia  cuestionada  y  de  la respuesta ofrecida por el Magistrado Ponente  del  auto  mediante  el  cual se inadmitió la demanda de casación,33  se observa  que  la contestación fue recibida en el Juzgado Promiscuo solo un día después  de  decidirse  la  demanda  de  tutela,  cuando  aún  el  expediente tenía que  hallarse   en  la  Secretaría  en  trámite  de  notificaciones,  luego,  causa  extrañeza  que  no  hubiera  estado disponible para agregar a la actuación que  fue  enviada  a  la  segunda instancia y tampoco para el momento en que la Corte  Constitucional conoció en revisión.   

Si  como  lo  refirió  el  implicado,  su  preocupación  y  dubitación al asumir el conocimiento en segunda instancia fue  tan  grande  que  lo llevó a comunicarse telefónicamente con el doctor Gilbert  Stein           Vergara           Mosquera,34  con quien platicó sobre la  acción  de tutela, tampoco es admisible que para ese momento no fuera informado  de  la  respuesta  que  la  Corte  Suprema  había  remitido días atrás.    

Así  como  no  es  verosímil  que solo se  enterara  de  su  existencia  varios  meses después de su decisión, al leer el  pronunciamiento  de  la  Corte Constitucional, pues, en ella ninguna mención se  hace   a  dicha  respuesta.   Es  más,  la  copia  que  se  agregó  a  la  estipulación  número  uno, fue la obtenida en los archivos de la Corte Suprema  de Justicia y allegada a los anexos de la denuncia.   

Mayor  desconcierto  genera el que nunca se  hubiera   incorporado   a  la  actuación  esa  respuesta,  pese  a  que  debió  transcurrir  mínimo  un  mes desde el instante en que se recibió en el Juzgado  Promiscuo,  hasta  cuando  el  fallador   de  segunda  instancia  envió la  actuación  para  eventual  revisión a la Corte Constitucional, y más de siete  meses  para  cuando este alto Tribunal revisó los fallos de tutela en mención.   

Este  hecho  observado de manera aislada no  suscitaría  mayor  reparo,  pero  analizado  de  forma  conjunta con las demás  circunstancias  examinadas, no puede pasar desapercibido a efectos de concatenar  la  coyuntura  que  rodeó la emisión de la providencia del 5 de junio de 2009.   

También   con   la   secuencia  temporal  señalada,  se  advierte el inusitado interés por decidir la acción de tutela,  al  punto  que  ni  siquiera  se  respetaron  los  términos  de notificación y  ejecutoria  de la decisión de primera instancia, lo cual se concluye al cotejar  las       fechas       de      los      fallos.35    

Teniendo  en  cuenta la ubicación apartada  del  Juzgado  de  Bajo  Baudó  con sede en Pizarro, resultaría excepcional que  solo  en  un día se lograra notificar a los accionados (Juez Penal del Circuito  y  Tribunal  de Medellín y Corte Suprema de Justicia, Sala Penal) e interesado,  (Jhon  Fredy Cañas Villa) para luego correr el término de ejecutoria (lunes 1,  martes  2  y  miércoles  3);  enviar  el  expediente  hasta Istmina (jueves 4);  someterlo  a  reparto  (jueves 4); recibirlo en el Juzgado Penal del Circuito de  Istmina  (jueves  4) y emitir el pronunciamiento de segunda instancia el viernes  5 de junio de 2009.   

De  ese  corto  lapso transcurrido entre el  proferimiento   del   fallo  de  primera  instancia  y  el  de  segunda,  no  es  posible   tener  como  cierta la explicación del procesado, según la cual  sometió  a múltiples consultas el tema de la competencia, pues, en menos de un  día  recibió  el  trámite,  ingresó  al  Despacho, realizó el estudio de la  demanda,   anexos,   respuestas  y  fallo  de  primera  instancia,  estudió  el  expediente  penal y tomó la trascendental decisión de anular lo adelantado por  los  jueces  competentes,  luego  de  efectuar su particular valoración de  las pruebas practicadas en el juicio oral.   

Sin  que  se  pueda dejar de lado que en su  marcado  interés  por  emitir  el fallo en segunda instancia, el juez pasó por  alto  temas concluyentes en esos casos –además  de  la  competencia-  como  la  inmediatez en la acción de  tutela  y la vinculación de la víctima en el proceso penal, Jhon Fredy Cañas,  o  por  lo menos, su notificación. Obviamente el doctor MARTÍNEZ, en su actuar  ilegal  estaba  al  tanto de que esa víctima haría reclamos incómodos para su  actuar al margen de la ley.   

Tal  como  lo  refirió  el  A  quo  en  este proceso, todo hace parte  del  ardid  fraguado  para que en segunda instancia se decidiera en contra de la  ley  la acción de tutela, pues, de otro modo no existe explicación que lleve a  comprender  que  un  abogado  instaure  demanda en contra de la Corte Suprema de  Justicia,  no  mencione  a la Corporación como entidad accionada, la radique en  un  municipio  apartado  del  lugar  donde ocurrieron los hechos que se predican  violatorios  de  derechos  -mucho  más  alejado  de  la ciudad de Bogotá donde  tienen  sede  todas  las  corporaciones  judiciales de la misma jerarquía de la  Corte-,  no  tenga  en  cuenta  la  respuesta  de  los  accionados  y  obvie  la  notificación al perjudicado.   

Ahora,  siendo un funcionario tan acucioso,  al  punto  que sus compañeros le consultaban temas jurídicos por su reconocida  trayectoria  en  ese  distrito judicial, ¿por qué no inquirió al Juez de Bajo  Baudó  una  explicación  por  la pérdida de ese documento público que debía  hacer   parte   del  expediente?  con  mayor  razón,  si  de  haberlo  conocido  probablemente     su     enfoque    –que  ha  denominado errado- habría cambiado.  Y ¿cómo es que  no  cumplió  con  su obligación de compulsar copias para que se investigara el  ocultamiento,   destrucción  o  desaparición  de  esa  pieza  procesal?.   Ninguna explicación se asoma plausible.   

Esta sucesión de pretendidos errores no es  propia  de  simple  negligencia,  descuido  o  desidia,  sino  de  la manifiesta  voluntad  del doctor JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ de querer contrariar el ordenamiento  jurídico,  por  lo que en presencia de los elementos cognitivo y volitivo en su  conducta   dirigida  inequívocamente  a  conculcar  el  derecho  y  habiéndose  descartado  el  presunto  desconocimiento y el error, se impone la confirmación  de la decisión impugnada.   

Frente  a  la  petición  subsidiaria  del  recurrente,  tendiente  a  que la pena se disminuya de 60 a 48 meses de prisión  por  ser  el  mínimo  señalado  para el primer cuarto y no haberse acusado con  «circunstancias  genéricas  de mayor punibilidad…  por  lo  que  debió trabajarse en el primer cuarto»,  tampoco  tiene  vocación  de  prosperar, pues solo se  expuso  el  criterio  personal del abogado, quien ningún argumento sostuvo para  refutar   la   valoración   que   el   Tribunal   A  quo  realizó  al  individualizar la pena, teniendo en  cuenta los parámetros del artículo 61 del Código Penal   

Precisamente  porque la Fiscalía no dedujo  ninguna  circunstancia  de  mayor punibilidad y en cambio indicó la ausencia de  antecedentes  penales,  el  Tribunal ubicó las sanciones en el primer cuarto de  punibilidad,  que  oscila entre los 48 y 72 meses de prisión, y 66,66 a 124,995  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, luego, tanto la pena privativa de  la  libertad  (60  meses)  como la de multa (95,8275) se aplicaron dentro de ese  cuarto.   

La  pena  determinada  no  fue producto del  capricho  del  juzgador,  sino  que  a ella se llegó luego de cumplir los pasos  previstos  tanto  en  el  artículo  60  del  Código  Penal,  es  decir, que el  sentenciador  haya  fijado  sus “límites mínimos y  máximos  en  los  que  se  ha  de mover”, como en el  inciso   1º  del  artículo  61  ibídem,  valga  decir,  “dividir  el  ámbito  punitivo   de   movilidad   previsto   en   la   ley  en  cuartos”, esto es, en uno mínimo, dos medios y uno máximo.   

Agotada la tarea que imponen las anteriores  disposiciones,  el juzgador, conforme con los incisos 3º y 4º del artículo 61  de  la  Ley 599 de 2000, precisó la pena teniendo en cuenta los criterios allí  previstos, para lo cual razonó:   

«Ahora  bien, la mencionada norma dispone  que  en  la determinación de la pena debe ponderar el juzgador, entre otros, la  mayor  o  menor  gravedad  de  la conducta, el daño real o potencial creado, la  intensidad  del  dolo,  la  necesidad  de  la  pena y la función que ella ha de  cumplir  en  el  caso  concreto.   En el caso sub judice, esta corporación  considera  que  la  conducta ejecutada por el procesado fue grave, pues no sólo  se  causó  un  detrimento al bien jurídico de la administración pública sino  que  se  afectó  la credibilidad de la comunidad en la recta administración de  justicia,  lo  que  incrementa  la  intensidad del dolo, por cuanto el encartado  conocía  perfectamente  la  ilicitud  de  su  conducta,  y sin embargo quiso su  realización,  ejecutando  la  conducta sin importarle su posición como juez de  la  república  y  el  mal ejemplo que con su actuar daba a la comunidad, es por  eso  que  la  Sala, atendiendo además a la ausencia de antecedentes penales, se  ubicará en la mitad del primer cuarto…»   

Le  asiste  razón al apelante al afirmar  que         la        pena        «debió  haberse  trabajado en el primer cuarto»,  pues a ese ámbito de movilidad se ciñó la primera instancia,  como quedó expuesto anteriormente.   

Al margen del  objeto       de       debate,      observa   la   Sala   que  no  se  ha  investigado  ni juzgado la posible comisión de otro  delito  de  prevaricato  cometido  por  el  Juez  MARTÍNEZ en el mismo fallo de  tutela  (5  de  junio de 2009), referido al contenido de la decisión en la cual  concluyó:   

«Por    tal   virtud,   evidenciada  la  vía  de  hecho por la configuración del defecto  fáctico  al  detectarse que en las decisiones tanto  de  primera  como  de  segunda  instancia  objeto  de reproche, se fundamentaron  evidentemente  en  un  medio  de  prueba  no  apto  para  ello  que  generó una  valoración  equivocada de las pruebas válidamente admitidas en el juicio oral,  el   despacho   revocará   el   fallo   de  tutela  impugnado,  y  en  su defecto, dispensará el amparo  tutelar    al    accionante    a   sus   derechos   fundamentales   al  debido  proceso  y  a  la  defensa,  ordenando  la  nulidad  de todo lo actuado a partir inclusive de la realización  de  la audiencia de juicio oral celebrado en el proceso penal que se adelanta en  contra       de       JORGE      ANDRÉS      MONTOYA      MORENO      (radicado  Nro.05001-61-00-297-2006-00232-00  N.I. 2006-00730), en aras a que se realice un  juicio  con  todas  las  garantías  constitucionales  y  procesales, juicio que  deberá  llevarse  a  cabo  por  el  señor  JUEZ  OCTAVO  PENAL  DEL CIRUITO DE  MEDELLÍN  CON FUNCIONES  DE  CONOCIMIENTO,  dentro de los quince (15) días siguientes a la notificación  de  esta  sentencia; lo anterior impone a que por sustracción de materia queden  sin  efectos los fallos de primera y segunda instancia de fechas 31 de julio y 8  de noviembre de 2007, proferidos en contra del actor.»   

Aunque  el fiscal delegado incluyó en la  exposición  de  su  teoría  del caso y alegato de conclusión, argumentaciones  alusivas a la ilegalidad  de     la     providencia    emitida    por    el  procesado,   en  torno  al  sustento  para  tutelar  los  derechos  invocados  como  vulnerados  por  el  accionante, 36  bien  hizo  el  Tribunal  en  marginarlas  de  la  sentencia,  por  cuanto  no  guardan congruencia con la  situación   factual   por   la   cual  se  formuló  imputación    y    acusó    a   MARTÍNEZ LEMOS.   

Así  también lo entendió la defensa al  afirmar37:   

Antes  de  abordar  mis argumentos y como  quiera  que  estamos en el momento de la declaración final o de conclusión, es  bueno  dejar  claro  que en esta sistemática penal, todas las actuaciones deben  estar  regidas  de  manera legal desde el inicio de las mismas y hasta el final.  Este  procedimiento  indica  que  estamos ante varios estadios del proceso hasta  llegar  al  juicio  oral,  iniciamos  con  la  imputación  que  es  la  primera  audiencia,  posteriormente la acusación, preparatoria, juicio. Las promesas que  hiciera  el  doctor…  deben  estar  concatenadas e  hiladas  de conformidad a  la    primera    audiencia    de   imputación  que  es  donde  al  procesado  se  le  fija  el  derrotero  hacia  dónde  va  la  investigación.  Cuando se  hizo  la primera   audiencia   de   imputación lo  que  se  le enrostró a mi  representado  era  que  había  violado las reglas de  competencia  del art. 37.  Posteriormente  en  la  audiencia  de  acusación se dio a conocer todos los  hechos   que   narrara   la   Corte  Suprema  en  su  denuncia      y      se     enuncian unos  elementos   de   prueba  recaudados.  De   la   misma  forma,  solamente  después  de  decir  todos  los  hechos como fueron,   se  dijo  qué  conducta  había  cometido  el  servidor  público JOSE ISRAEL  MARTINEZ.   Hago esta  ilustración  para  entender  que  si  esa fue la conducta o la forma como se le  enrostró  en su imputación, ese será el norte de nuestro proceso porque es de  lo  que  mi  representado  tenía  que  defenderse,  es  por  eso que no hicimos  hincapié       en       la       larga        argumentación  que  hiciera  el  señor  representante  de  la  fiscalía en atención  a  que  asumió  toda  la  otra  parte  que  me  sorprendió  desde  que  hizo  su  teoría  del  caso en donde la resumió en varios aspectos  cuando   dijo   que…se   probará   que   como   juez  produjo  la  sentencia de… ya le aplica       otro       tipo      de  interpretación…  donde  conoció  los  requisitos  para  admitir  y  fallar  una tutela contra providencia judicial por  vía  de hecho; eso jamás  se  tocó  en  el  inicio  de  la  imputación  y  tampoco  se hizo en la acusación que son las fuentes a  través  de las cuales uno  orienta su defensa.   

Por   lo  tanto,  se dispondrá la  compulsa  de  copias para que la Fiscalía General de  la  Nación  determine si  hubo  o  no  infracción  a  la  ley  penal con dicha  determinación.   

En  este orden de ideas y dado que en el  comportamiento   típico  del  inculpado  no  medió  circunstancia  o  precepto  permisivo  que  justifique  o  devengue  en  lícita  la  conducta, aunado a que  JOSÉ  ISRAEL  MARTÍNEZ  LEMOS  es  una persona imputable, esto es, que en el  momento  de vulnerar el bien jurídico tuvo capacidad para comprender la licitud  de  su  acto  y  determinarse de acuerdo con esa comprensión, la Corte, por las  razones  expuestas,  confirmará  el  fallo de condena emitido por la Sala Penal  del    Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Quibdó.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

    

1. Confirmar      el      fallo  impugnado.     

    

1. Compulsar   las  copias  aludidas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.     

Contra  esta  providencia,  no  procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

                      JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

(Impedido)   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

(Impedida)   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Ante  el  Juez  2º  Promiscuo  Municipal  de  Istmina  con  función  de  control  de  garantías.   

2  Transcripción  que  corresponde  a  los  hechos  del escrito de acusación, los  cuales    fueron    leídos    textualmente    en    la    audiencia.   

3  El  apellido corresponde a LEMOS.   

4 N.º  1:  Dar como hecho cierto que la denuncia que originó el proceso fue presentada  por  el  doctor  Sigifredo  Espinoza  Pérez  (no  se  allegó)  y  contiene los  siguientes  documentos  anexos:  sentencia de primera instancia proferida por el  Juzgado  8  Penal  del Circuito de Medellín, fechada el 31 de julio de 2007, en  el  proceso  seguido  contra  JORGE  ANDRÉS MONTOYA, ofendido JHON FREDY CAÑAS  VILLA.  Sentencia  de la Sala Penal del Tribunal de Medellín del 8 de noviembre  de  2007.   Auto de la CSJ, del 7 de julio de 2008, que inadmite la demanda  de  casación interpuesta por el defensor de JORGE ANDRÉS MONTOYA.  Oficio  154-2010-1447.   Copia   de  la  demanda  de  tutela  presentada  ante  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Seccional de la Judicatura, en contra  de  la  Corte Suprema de Justicia, el Tribunal de Medellín y el Juzgado 8 Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad. Copia de telegrama. Copia del oficio 3076,  proferido  dentro de la acción de tutela 2010-1447. Copia del fallo del Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Cundinamarca, fechado el 15 de abril de 2010.  Copia  de  la contestación a la demanda de tutela, suscrito por el doctor José  Leonidas  Bustos  Martínez  el  7  de  abril  de  2010.   Copia  del  auto  interlocutorio  del  14 de mayo de 2009, mediante el cual el Juez de Bajo Baudó  admite  la  acción  de  tutela. Copia del escrito dirigido al Juez Promiscuo de  Bajo  Baudó,  por  el  doctor  José Leonidas Bustos Martínez.  Copia del  fallo  de  tutela  del  5  de junio de 2009, suscrito por el doctor JOSÉ ISRAEL  MARTÍNEZ,  Juez  Penal  del  Circuito  de Istmina. Copia del Auto 344 del 14 de  diciembre  de  2009,  proferido  por  la  Sala  Tercera de Revisión de la Corte  Constitucional.    N.º2:  Se  tiene  como  hecho  sin  discusión  que  el  ciudadano  acusado se encuentra individualizado y plenamente identificado.   N.º3:  Sin  ninguna  discusión  el  hecho  consistente  en que el doctor JOSÉ  ISRAEL  MARTÍNEZ  LEMOS  desempeñaba  el  cargo  de Juez Penal del Circuito de  Istmina  Chocó para el 5 de junio de 2009. N.º4: hecho cierto y probado que la  documentación  que  se  allega  sin  foliatura  corresponde  al  proceso  penal  radicado  con  el  número 050016000206200600232 adelantado contra JORGE ANDRÉS  MONTOYA  MORENO. N.º 5: No se discute que los documentos aportados conforman el  trámite de la acción de tutela 27001200900004-00.   

5  Gilbert  Stein  Vergara,  Victor  Hugo  Cárdenas Pérez, Luis Vladimir Palacios  Mosquera,   Benjamín  Ferrer  Mosquera,  Ariosto  Castro  Perea,  José  Israel  Martínez (acusado).   

6  N.º6:  hecho  cierto y sin discusión: la comprensión territorial del Distrito  Judicial  del Chocó.  N.º7: el acusado no registraba antecedentes penales  y  disciplinarios  para  el  7 de septiembre de 2010.  N.º8: no se discute  que  el  procesado  es padre de familia de seis personas mayores de edad. N.º9:  que los seis hijos cursan estudios superiores.   

7  Juzgado  8º  Penal  del  Circuito  y Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín.   

8  Promiscuo  Municipal  de  Bajo  Baudó –Pizarro.   

9 5 de  junio de 2009.   

10 Acto  administrativo  032-08  del  24  de  abril de 2008, mediante el cual el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Quibdó nombra en provisionalidad en el cargo  de  Juez  Penal  del  Circuito  de  Istmina,  al  doctor  JOSÉ ISRAEL MARTÍNEZ  LEMOS.   Acta  de  posesión ante el Alcalde Municipal de Istmina, de fecha  30 de abril de 2008.   

11 31  de julio de 2007.   

12  EDGAR  SOLER  LAVERDE  quien  dijo  actuar  por  poder  conferido por JORGE LEON  MONTOYA  NEGRETE,  padre  del  “joven JORGE ANDRÉS  MONTOYA,  y, a la vez, como agente de derechos ajenos, en razón de que su hijo,  cuyo  paradero  se  desconoce,  no  está  en  condiciones de promover su propia  defensa…”    

13 6  de noviembre de 2008.   

14  Como  se  lee  de los folios 77 y 78 de la carpeta que contiene el hecho probado  n.º 5.   

15 14  de mayo de 2009   

16  Leonardo Arturo Mena Hurtado   

17  Folio 20 del fallo de tutela de segunda instancia.   

18  05001-61-00-297-2006-00232-00 N.I. 2006-00730   

19 En  verdad  corresponde al Decreto 1382/2000, mediante el cual se regula la forma de  reparto de las acciones de tutela.   

20  Subrayado nuestro.   

21 En  verdad  corresponde al Decreto 1382/2000, mediante el cual se regula la forma de  reparto de las acciones de tutela.   

22  Negrillas fuera del texto original.   

23  C-054 de 1993   

24  Numeral 2º de la parte resolutiva del Auto 100 de 2008   

25  Negrillas ajenas al texto original.   

26  Negrillas fuera del texto original.   

27  Auto 004 de febrero de 2004   

28  Sesión  de  la  tarde  del  23 de julio de 2012, declaración del acusado en el  juicio oral.   

29  Auto  004/2004  Corte  Constitucional,  cuya  regla  fue  reiterada  en  el Auto  008/2008.   

30 En  la  declaración  dijo haber ingresado a la Rama Judicial el 18 de abril de 1986  como  citador  del  Juzgado  Único Penal del Circuito de Quibdó, después de 4  años  ascendido  a  escribiente,  luego  pasó a ser secretario del Juzgado 1º  Superior  que  se  convirtió en Penal del Circuito de Quibdó y desde el mes de  marzo  de 2004 como Juez Promiscuo Municipal de Tadó, Sipí y por último, Juez  Penal del Circuito de Istmina desde el año 2008.   

31  Enviada  por  fax  el 29 de mayo de 2009, es decir, un día después de emitirse  la decisión de primera instancia.   

32  Según  anotación  a mano, obrante al folio 1 de la respuesta que hace parte de  estipulación  número  1.  Enviada  por fax a la secretaría de la alcaldía en  donde  fue confirmada por Yaneth Asprilla.  En el juzgado se recibió en la  misma fecha por Zulema Valencia.   

33 7  de julio del 2008.   

34  Juez  Promiscuo  Municipal  de  Bajo  Baudó-Pizarro  quien  decidió en primera  instancia.   

35  Primera   instancia:   28   de   mayo   y  segunda  instancia:  5  de  junio  de  2009.   

36  Desconocer  la declaración de la víctima del delito de tentativa de homicidio;  afirmar  que  la  sentencia  se  sustentó  en  prueba  de  referencia; realizar  valoración  probatoria  desconociendo  el  debate que se dio dentro del proceso  penal,  lo  cual  se  hizo  para  declarar  la  existencia  de vía de hecho por  configuración  de defecto fáctico y anular la actuación desde la audiencia de  juicio oral.   

37 Se  escucha  al récord 29500 del cd que contiene la segunda sesión de la audiencia  de juicio oral adelantada el 23 de octubre de 2012.     

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