SP12861-2015(38076)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP12861-2015  

Radicación N° 38076  

Aprobado acta No. 334.  

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de septiembre  de dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se  decide  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por el defensor de LUIS MANUEL GARCÍA PÉREZ, en contra  de  la  sentencia  proferida el 22 de agosto de 2011 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  mediante  la  cual  se  confirmó  la  del  Juzgado  Décimo Penal del  Circuito  Especializado  O.I.T.,  en  el  sentido  de condenar al procesado como  coautor     de     los    delitos    de    Homicidio    agravado    (en   concurso   homogéneo) y Concierto para delinquir.   

A N T E C E D E N T E S  

I. Fácticos  

En  la sentencia impugnada se tuvieron como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

La génesis de la investigación, se remonta  al  día  dos  (02)  de  septiembre  de  dos  mil  tres  (2003),  cuando  en  el  corregimiento   de   Puerto   Giraldo,   municipio   de   Ponedera  –    Atlántico,    desaparecieron  los hermanos CÉSAR AUGUSTO  FONSECA  MORALES,  JOSÉ RAFAEL FONSECA MORALES Y RAMÓN JOSÉ FONSECA CASSIANI,  siendo  posteriormente  hallados por parte de un grupo de búsqueda en cabeza de  su  padre, quienes una vez ubicado (s) los cuerpos sin vida, de manera inmediata  avisaron  a  las  autoridades del lugar, quienes confirmaron el macabro hallazgo  de  los  cadáveres  descuartizados  en  una  fosa común en predios de la finca  “La Montaña” ubicada en esa misma localidad.   

De  acuerdo  a  las  labores investigativas  adelantadas,  estas  personas  fueron asesinadas en brutal forma por un grupo de  sujetos  integrantes  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia, Bloque Norte,  Frente  José  Pablo Díaz que operaba en la región y estaban al mando de Edgar  Ignacio   Fierro   Flórez   alias   “Don   Antonio”   quien  había  designado como comandante de la Facción denominada Comisión  Oriental  a  Wilson  Manuel  Naranjo  Casto alias “Evaristo”, quien a su vez  tenía  como  subordinados a Luis Eduardo Cabarcas Amador alias “Luis”, Lino  Antonio  Torregrosa  Contreras  alias  “Jonathan”  y  José  Antonio  Castro  Castillo  alias “El calvo” y/o “Pollo”, personas estas que aceptaron los  cargos  dentro  del  presente  proceso y que fueron contestes en afirmar que los  señores  ARISMENDI  QUIÑONES  OCORO alias “Guillermo”, LUIS MANUEL GARCÍA  PÉREZ  alias  “Nico”  y LUIS EDUARDO SIERRA PÁEZ (sic) alias “Ángel”,  participaron activamente en la comisión del triple crimen, …   

II. Procesales  

El  15  de septiembre de 2003, la Fiscalía  ordenó  la apertura de una indagación previa; sin embargo, el 29 de septiembre  de  2005  se  abstuvo  de  abrir  investigación.  Esta  última resolución fue  revocada  el  17  de  noviembre  de  2006  y  el  10  de  diciembre  de  2007 se  decretó la apertura de la  instrucción  en  contra  de Edgar Ignacio Fierro Flórez, Wilson Manuel Naranjo  Castro,  Lino Antonio Torregrosa Contreras, José de Jesús Angulo Bandera, Luis  Fernando Mendoza Orozco y Luis Alberto Cabarcas Amador.   

El 27  de  agosto de  2009,   la   Fiscalía  dispuso     vincular     a     la     instrucción  a los señores LUIS  MANUEL  GARCÍA  PÉREZ,  Luis  Arismendi Quiñonez Ocoro, Luis  Eduardo  Sierra  Páez,  Luis  Bermejo Araujo y José Antonio Castro Castillo. A  los   4  primeros  se  les  escuchó    en   indagatoria   entre   el  9  y  el 10 de septiembre de 2009, y el día 14 de ese mismo mes  les  fue  resuelta  la situación jurídica mediante la imposición de medida de  aseguramiento   consistente   en  detención  preventiva  carcelaria.   

El  10         de         febrero de 2010, se decretó la clausura  de  la  investigación  en  relación  LUIS  MANUEL GARCÍA PÉREZ, Luis Arismendi  Quiñonez     Ocoro     y    Luis    Eduardo    Sierra    Páez,    rompiéndose     así     la    unidad  procesal.   Luego,  el 20 de  mayo siguiente,  la  Fiscalía 78 Especializada de la Unidad de Derechos Humanos y  Derecho   Internacional   Humanitario  calificó  el  mérito   del   sumario   profiriendo  resolución  de  acusación  en   contra   de   los   sindicados  en  mención,  como  coautores  de  Homicidio agravado en  concurso   homogéneo   y  de  Concierto  para  delinquir  agravado.  Ante  el  recurso  de apelación interpuesto por el defensor, esa  decisión  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  4ª  delegada  ante  el Tribunal  Superior de Barranquilla el 13 de julio de 2010.   

Una vez adquirió ejecutoria la resolución  de   acusación,   el  conocimiento  de  la  actuación correspondió al    Juzgado    Décimo   Penal   del  Circuito  Especializado  O.I.T., el cual,    luego    de    surtido  el  traslado  previsto  en  el  artículo  400  del  C.P.P./2000,  celebró  la  audiencia  preparatoria el 12  de  noviembre  de  2010.  Cuando se  iniciaba  la  audiencia  pública  de  juzgamiento el 21 de diciembre siguiente,  LUIS     MANUEL     GARCÍA    PÉREZ,  Arismendi  Quiñonez  Ocoro  y  Luis  Eduardo    Sierra    Páez    manifestaron   su   voluntad  de  acogerse  a  sentencia anticipada.   

Luego  de  verificada  la  legalidad de la  aceptación  de  los  cargos, el 18 de enero de 2011,  el   juzgado   dictó   sentencia   mediante   la  cual  condenó  a    los  acusados a las siguientes  penas: a las   principales   de  prisión  por  un  término  de  466  meses – 20 días y de multa  por  un valor equivalente a 4.333,34 s.m.l.m.v.,  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones  públicas    por    20    años.   Esa   decisión  fue  confirmada  por  el  Tribunal     Superior    de    Bogotá  el  22 de  agosto de 2011  al  desatar la apelación promovida  por  el  defensor.  A su  vez,  el  fallo  de segunda instancia fue objeto del recurso de casación por el  mismo  sujeto  procesal,  quien lo sustentó a través de la presentación de la  respectiva  demanda  el  21  de noviembre        de       2011.   

La  demanda  de  casación  fue  admitida  mediante  auto  del  13 de  enero    de    2012  ordenándose  su  traslado  por 20 días al delegado del Ministerio Público. El  11   de   agosto  de  2015  se recibió concepto  del Procurador Segundo delegado para la Casación Penal.   

E L  R E C U R S O  

I. Demanda de casación  

Luego de identificar los sujetos procesales,  la  sentencia  impugnada,  los hechos juzgados y la actuación relevante, invoca  la  causal  primera  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 (violación directa  de  la ley sustancial), para formular un cargo consistente en la interpretación  errónea  del  inciso  2º  del  artículo 31 del Código Penal que condujo a la  inaplicación   del   principio  de  legalidad  contemplado  en  los  siguientes  artículos:  6  del  estatuto  sustantivo  y del procesal, 11 de la Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos y 26 de la Declaración Americana de Derechos y  Deberes del Hombre.   

Destaca el censor que se violó la legalidad  porque  al  procesado  se le impuso una pena superior a la que le correspondía,  al  aplicarse  en  su determinación el monto máximo imponible que introdujo la  Ley  890  de  2004  (60 años) y no el que estaba vigente para el momento de los  hechos  (40  años).  Más  adelante,  rememora que el A quo impuso 345 meses de  prisión  por  un Homicidio y a esa cantidad se agregaron 150 meses por cada uno  de  los  dos  restantes  delitos contra la vida, para advertir que esa sumatoria  desconoce  el  inciso 1º del artículo 31 sustantivo porque su resultado supera  los  40  años  que constituyen la pena máxima aplicable al delito de Homicidio  (art.  104).  Peor  aún,  continúa,  a esos 645 meses se adicionaron 55 por el  Concierto  para  delinquir,  con lo cual también se habría vulnerado el inciso  2º   ibídem,   pues   se   excedió  el  límite  cuantitativo  máximo  allí  contemplado.   

Considera   que   la  interpretación  del  Tribunal,  según  la  cual  la  prohibición  del  artículo  31-2  del C.P. es  aplicable  a  la  pena  definitiva  y no a la sumatoria inicial de las sanciones  imponibles  por  cada  delito  concursal,  lesiona  la  legalidad y los derechos  fundamentales  de los procesados porque conduce a que, aun cuando no se hubiesen  acogido  a  sentencia  anticipada,  la condena, igualmente, sería de 700 meses.  Siendo  así,  continúa,  una  interpretación  correcta  conllevaba  a  que el  cálculo  partiera  de  25  años  (pena  de  un  Homicidio) y agregarle “otro  tanto”  que  no  superara los 40 años previstos en el artículo 104 del C.P.,  después  sumarle  lo  que  correspondía  por  el Concierto para delinquir, sin  desatender  la prohibición ya aludida. Luego de establecida una pena máxima de  40  años,  a  ésta debía aplicarse la rebaja por sentencia anticipada, con lo  cual el resultado final debió ser 26,66 años de prisión.   

En consecuencia, solicita casar la sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar, redosificar la pena impuesta a LUIS MANUEL GARCÍA  PÉREZ.    

    

II.    No  recurrentes:  ningún pronunciamiento hicieron.   

III.   Concepto   del   Ministerio   Público   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal rindió concepto sobre la demanda presentada por el delegado de  la  Fiscalía,  en  el  cual,  en  principio,  hizo  un  recuento  de los hechos  juzgados,  de la actuación procesal relevante y de los argumentos que sustentan  la demanda.   

Cita  los  artículos  29,  228  y 230 de la  Constitución,  6  del  estatuto penal sustantivo y del procedimental, así como  apartados  de  la  sentencia C-936/10 y de la proferida por esta Corporación el  19  de  junio  de  2012 (rad. 60987), para, luego, señalar los principios y los  límites  de  la imposición de las sanciones penales. También trascribe varios  fragmentos  de  la  decisión  del 16 de abril de 2008 (rad. 25304) considerando  que  en  ella  la  Corte  ya  dilucidó  el  problema  jurídico propuesto en la  demanda.  A  continuación,  advierte que la individualización de la pena   no  fue  debidamente  motivada,  por lo que solicita que en esta sede se subsane  esa falencia.    

Ya  en  lo  que  hace al cálculo de la pena  imponible  por el concurso de homicidios, concede la razón al censor por cuanto  la  misma  desbordó el tope de 40 años establecido en el artículo 31 del C.P.  Igual  ocurrió,  continúa,  con  la adición de 55 meses por el Concierto para  delinquir,  pues el monto total (700 meses) excede ampliamente el límite legal.  En  consecuencia,  solicita se redosifique la pena de acuerdo con lo previsto en  el  inciso  1º  del  referido  artículo  y  así  se  proteja  el principio de  legalidad,  advirtiendo que la rebaja aplicable por el allanamiento a los cargos  en  la  audiencia  preparatoria  es  la contemplada en la Ley 906 de 2004 que es  más  favorable  que  la  establecida  en el código procesal anterior. Además,  pide  que el restablecimiento de la legalidad, de manera oficiosa, se extienda a  los    otros    dos    procesados   cuya   situación   es   igual   a   la   ya  analizada.   

En  síntesis,  solicita  casar la sentencia  para  que  se emita la que proteja el principio de legalidad y de motivación de  las penas.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

I. De conformidad con lo establecido en el  artículo  217  del  C.P.P./2000, la Corte casará parcialmente la sentencia que  condenó  a  LUIS MANUEL GARCÍA PÉREZ,  Arismendi  Quiñonez  Ocoro  y  Luis  Eduardo  Sierra  Páez  por los delitos de Homicidio  agravado  (en  concurso homogéneo) y Concierto para delinquir, específicamente  en  lo  que  hace  a  la  cuantía  de  las  penas  principales  que  fueran  impuestas,  conforme  a  las  razones    que    se  expondrán,  no  sin  antes advertir que en el auto admisorio del  recurso  de  casación  ya se examinaron los requisitos formales del libelo, por  lo que no se volverá sobre ellos.   

II.   En  la  demanda  se  propuso como único cargo la interpretación errónea del artículo  31   del   Código   Penal,   hipótesis   que   de  comprobarse configuraría  una     violación     directa    de    la    ley  sustancial.  Las razones  en que se apoya son tres:   

(i) Que  en la  sentencia  se  impusieron 645 meses (53,75 años) de prisión por los delitos de  Homicidio  agravado,  siendo  que  esa cantidad excede los 40 años previstos  en el artículo 104 del C.P.  Por  esa  vía se habría  infringido  el  precepto  contenido  en el inciso 1º  de   la   disposición  normativa  supuestamente  vulnerada, en tanto que la  suma  de  las sanciones por los delitos contra la vida no podía superar la pena  máxima imponible a uno de ellos.   

(ii)  Que  el    monto   punitivo   final   de   700   meses   de  prisión,  resultante  de  sumar:  345  por un  Homicidio        agravado        (delito         base),   150   por   cada   uno   de  los  dos  restantes  delitos  contra  la  vida  y 55 por el  Concierto     para     delinquir;    habría  desconocido  el  límite  legal previsto en el inciso 2º  del     artículo    31    sustantivo. Y,   

(iii) Que en el  ejercicio  dosimétrico se aplicó el extremo máximo  que  introdujo  el  artículo  1  de  la  Ley  890  de  2004  (60 años) y no la  disposición  normativa anterior que era la vigente al momento de los hechos (40  años).   

III.  Una  vez  delimitado   el   marco   de   la  discusión,  debe  advertirse    que   el   último   de   los   argumentos   expuestos,   a   más   de   que  configuraría   no   un   vicio   de  interpretación  sino de falta de aplicación del principio de favorabilidad que  permitía  a la norma derogada regir el caso, carece del más mínimo fundamento  porque  el  juzgado  de  primera  instancia  jamás  invocó  las  reformas  introducidas  por  la Ley 890 de 2004 en el esquema     punitivo    colombiano  y, en todo caso, impuso una  pena   de   prisión   que   respetó  el  límite  cuantitativo  vigente  al  momento   de   los   hechos   (40  años)  que  era  el  anterior  al  fijado por aquella ley que   lo   aumentó   a   60   años.   Este   aspecto,       además,      fue    aclarado    en   la   sentencia  de  segunda  instancia  cuando  concluyó,  con  acierto,  que se aplicó la  norma  vigente  al  momento  de  los  hechos  que  era  más  favorable  que  la  posterior.      

IV.  Precisado  lo  anterior, se  trae  a  colación  el  tenor  de  la  norma sustantiva que el  demandante  estima  fue  objeto  de  una  incorrecta  interpretación  por  el  juzgador,  para luego fijar el sentido y el  alcance  de la misma y así verificar si coincide con el acogido en la sentencia  o  si,  por  el  contrario,  al  recurrente  le  asiste  la razón. Entonces, se  trascriben  a  continuación  los  incisos  1º y 2º del artículo 31 del C.P.,  sin  la  modificación introducida por la Ley 890 de  2004  pues  en  ellos  se  encuentran las reglas que  habrían      sido      objeto      de     un     entendimiento     equivocado.       

El  que  con una sola acción u omisión o  con  varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena  más  grave  según  su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior a la suma aritmética de las   que   correspondan  a  las  respectivas  conductas  punibles  debidamente dosificadas cada una de ellas.   

En  ningún  caso,  en  los  eventos  de  concurso,  la  pena  privativa  de  la  libertad podrá exceder de cuarenta (40)  años.   

Conforme  a las  disposiciones      trascritas,      en   la  determinación  de  la  pena  imponible  a  una persona  condenada  en  un  mismo  proceso  por  la  comisión de una pluralidad de  conductas        punibles       –homogéneas         o         heterogéneas-;         deben  seguirse    los    siguientes    pasos,    en   su  orden:   

1.  Se  dosificará  la  pena  imponible  a   cada  uno  de  los  varios  delitos, conforme  a  los criterios previstos  en  los  artículos 60 y 61 del C.P., esto  es:  en primer lugar, se  establece  el   ámbito   de   movilidad   (extremos   mínimos   y   máximos)  a  efectos  de  lo  cual  habrá  de  aplicar las circunstancias  modificadoras    de   la   punibilidad,     si     éstas     se     presentan.     En    segundo  lugar,   ese  contorno  se   divide   en   cuartos   y   se   escogerá   el   que  corresponda  de  acuerdo  a  la presencia de circunstancias genéricas  de   atenuación   y/o  de  agravación1.  En      último  lugar,  el  juez individualizará la pena conforme a  la  gravedad  de  la  conducta, el daño causado, la naturaleza de los factores  genéricos  de mayor o menor punibilidad, el aspecto  subjetivo  de la conducta y la función que cumplirá  la  sanción.   

Ahora  bien, como quiera que las reglas de  medición  de  las  consecuencias  del  concurso presuponen la determinación de  las  penas correspondientes a las conductas punibles  “debidamente    dosificadas    cada    una    de  ellas”,    tal    y    como    lo   exige  la  parte  final del inciso 1º  del  artículo 31 sustantivo; en caso de existir          circunstancias   que   como   las   postdelictuales  implican  una  modificación  de la pena  provisionalmente             individualizada    conforme   a   los   parámetros   contemplados  en  los  artículos 60 y  61       antes  citados,    deberán  producir  sus  efectos  en este instante a      fin     de     que  se pueda establecer la punibilidad  concreta  que,     en     definitiva,    se  impondría  a cada delito.  Es  claro  que   los   criterios   dosimétricos  delictuales   y  postdelictuales,  siempre  que  se  presenten,  confluyen  a la determinación de la pena  con     la    única    diferencia    del  momento  en  que  intervienen: las  primeras  a  la  hora  de  establecer  el ámbito de movilidad, mientras que las  segundas   cuando   ya  se  ha  dosificado  la  pena  respectiva,  es  decir,  cuando  existe  una  cifra  resultante.     

Al     respecto,    debe  recordarse  que  las  circunstancias postdelictuales    diferentes    a    las    previstas    como    genéricas   de  punibilidad, operan      frente      a      las      conductas     ilícitas  en  su singularidad, algunas  inclusive  se  circunscriben  a  una determinada categoría de ellas como ocurre  con  la  reparación  en  los  delitos contra el patrimonio económico (art. 269  C.P.),      por      lo     que     necesariamente     afectarán    sus  consecuencias     jurídico-penales     de     manera     individual.    Este    proceder   es   aún  más  necesario  cuando  se  trata  de un concurso de  delitos  porque  es  posible  que  solo  uno  o  algunos  de éstos sean los que  presenten  esa clase de circunstancias, por lo que su  aplicación   global   es   desacertada.   Siendo   así,   en  el     procedimiento     cuantificador    de    la    sanción      correspondiente      a     una     pluralidad     de  conductas,  el instituto  bajo   estudio   debe   producir   sus  efectos  en  la     etapa    de  individualización   de   las  penas  imponibles  a  cada  una  de  ellas.        

2.  En segundo  lugar,   se   determinará   la  pena  individual   más   grave  entre  las  que  ostenten  idéntica  naturaleza,  es  decir,  aquélla  que  afecte  con  más   intensidad  los  intereses   del  sentenciado:  la  de  mayor  duración  en  tratándose  de  la  privación     de     la     libertad     o    la    de    mayor    cuantía   si  es  una  de  carácter  pecuniario.   

Como    consecuencia    de lo expuesto en el numeral anterior,  es   obvio   que   la  determinación        de        la        sanción       más       lesiva  no  se  hace  a  partir de las  penas  abstractas  previstas en los respectivos tipos  o,     mejor,     de     los     ámbitos     legales     de    punición,    sino    de    la     específica     que   resulte   imponible  al  caso  en  particular.  Así   lo   ha  afirmado  la  Corte en varias oportunidades tal y  como  se reconoció en la sentencia SP 2998 del 12 de marzo de 2014, rad. 42623,  en   la   cual   se   reiteró   que:  “…  El  funcionario  debe individualizar cada una de las penas concernientes a todas las  conductas  punibles  que entran en concurso. De esta manera, determina cuál es,  en  el  caso concreto, la  que    considera,    según   lo   presupone   la   norma,   “la   pena   más  grave”.    

3. Por último,  se     aumentará  hasta  en  “otro   tanto”   la   pena   más  grave,  lo  cual   implica   que   el  incremento  por     los     delitos     concursales            podrá           ser  de una  proporción cuyo    máximo    es   el  doble de  aquélla.  Ahora bien, el resultado de adicionar  la    pena    en   un   máximo   de   otra  cantidad  igual  no puede exceder (i) la suma aritmética de  las  penas  que  corresponderían  a  las  respectivas  conductas  punibles  por  separado,  ni  (ii)  el tope de 40 años previsto en el inciso 2º del artículo  31  sustantivo2.   

Pues  bien,  en  cuanto  al primer límite  anunciado,   es   claro  que  la  ley  prohíbe el  exceso        sobre       el       resultado         de    la    sumatoria   de   todas   las   penas  concurrentes  debidamente   individualizadas;   por   tanto,   el  demandante  incurre  en  un  error manifiesto cuando  asevera  que ese  extremo  equivale  al  máximo legal imponible para el delito  base  del proceso de dosificación. De otra parte, en  lo   que   respecta   a   la   prohibición   según  la  cual    “En  ningún  caso,  en  los  eventos  de  concurso, la pena  privativa     de     la     libertad     podrá    exceder    de    cuarenta         (40)        años”                   3,  también  es evidente que  se  dirige  a  la  pena  de  prisión  aplicable  al  concurso  de   delitos   y  ésta  es  sólo  la  definitiva  que  resulta  luego  de  agotar  las  fases antes descritas, por lo  que,        nuevamente,       desacierta       el       recurrente     al    sostener    que  esa          limitante          opera  en  los  escenarios  previos  cuando  sólo  existen  cifras o montos provisionales.   

En   anteriores   oportunidades, ya la  Corte  había  establecido que es la pena definitiva del concurso de delitos, la  que   debe  respetar  la  triple  limitación  antes  expuesta:   

De acuerdo con lo dispuesto el artículo 31  del  Código  Penal,  el  incremento  por  razón  del concurso de delitos tiene  previsto  tres  limitantes  a saber, uno, que la pena  final no debe exceder el doble de la individualmente  considerada  como  más  grave;  dos,  que  no puede resultar superior a la suma  aritmética  de las que corresponderían en el evento de un juzgamiento separado  de  las  distintas  infracciones;  y,  tres,  no  puede  superar los 40 años de  prisión  de que trata el inciso segundo del artículo 31 de la Ley 599 de 2000,  vigente    cuando    ocurrieron    los    hechos4.   

Esa  conclusión  fue  reiterada  en  la  sentencia  de  casación  citada  más  arriba,  en la cual se afirmó de manera  categórica:   

El  artículo  31  de la Ley 599 de 2000,  prevé  que a quien con una sola acción o una omisión, o con varias acciones u  omisiones,  infrinja  varias  disposiciones  penales,  o  varias  veces la misma  disposición  penal, se le impondrá una sanción equivalente a la prevista para  la  pena más grave, aumentada “hasta en otro tanto”, sin que supere la suma  aritmética   de   las   penas   correspondientes  a  los  respectivos  delitos,  debidamente  dosificados  cada  uno  de  ellos,  y  sin  que la privación de la  libertad  exceda  de  los 40 años de prisión, si se trata de un hecho ocurrido  antes  de  la  Ley  890  de  2004,  pues  esta aumentó hasta 60 años ese marco  máximo.    

V.  Conforme a  las   anteriores   consideraciones,   forzoso   es  concluir  que  en  el  caso  bajo  examen la  sentencia  no se equivocó en la interpretación del artículo  31    del    C.P.    Sin   embargo,   cuando      en     ella  se  determinó  adicionar  por dos Homicidios Agravados y por el  Concierto  para  delinquir  era de 355 meses (150 por cada uno de aquéllos y 55  por   el   último),  se  incrementó  la  pena de prisión más grave, la cual  fue  fijada  en  345  meses  por  uno de los delitos  contra  la  vida,  en  una  proporción  superior  a “otro tanto”, es decir,  en    un    monto   que   excedió   el  doble  de aquella cifra que equivale  a  690 meses. En  consecuencia,  si bien no se erró  en  la interpretación de la precitada disposición normativa porque el juzgador  la    entendió    en   su   correcto   sentido   y  alcance,  su aplicación     fue    indebida     porque    al      subsumir      el      caso      concreto      desconoció   uno   de   los    condicionamientos    en   ella  previsto.   

VI.  Previo   a   corregir  la  aludida anomalía  en  el  proceso de dosificación punitiva, se abordará  el  análisis  de otro aspecto que eventualmente puede significar una violación  a   las   garantías   fundamentales   del  procesado  y  que  fue  puesto     de     presente     por     el     delegado    de    la  Procuraduría.    Según    éste,    la  motivación  de  la  individualización  de  las  penas sería  insuficiente,  por  lo  que  considera  debe       subsanarse   dicha  falencia. Antes que nada,  se  traen  a  colación las razones ofrecidas por el juzgador a la hora de tasar  la  pena  para  cada especie delictiva concurrente, la cual, se anticipa, ubicó  en   el   extremo   máximo   del   primer   cuarto   del  ámbito  punitivo  de  movilidad.   

En cuanto al delito de Homicidio agravado,  una  vez  seleccionado el primer cuarto que era el correcto debido a la ausencia  de  circunstancias  genéricas de agravación, se decidió imponer el máximo de  345  meses  “obedeciendo  dicho  incremento  a  la  gravedad   de  la  conducta,  el  daño  real  causado,  la  naturaleza  de  los  agravantes,  la  intensidad del dolo y la necesidad y función de la pena; luego  de   haberse   probado   que   para   el   mismo   acto  delictual  se      uso      (sic)   un   máximo   de  violencia  y  agresión  en  contra  de  las  víctimas  CESAR  AUGUSTO  FONSECA  MORALES,  JOSÉ  RAFAEL   FONSECA   MORALES   y   RAMÓN  JOSÉ  FONSECA  CASSIANI”.    (Negritas   fuera   del   texto  original).   

La  parte  del  texto  que  se  resaltó  constituye  la  motivación  de  la  cuantía  de  la  sanción  privativa de la  libertad  fijada  para  el  delito  de  Homicidio  agravado,  pues los renglones  anteriores    solo    contienen    la    reproducción   de   los   parámetros  establecidos  por  el  legislador  para  que, una vez  seleccionado  el  cuarto  de  movilidad,  orientaran  al juez en la individualización      de      la  pena.   Así  las  cosas, la imposición de una  consecuencia       punitiva       superior  al  mínimo  legal se habría justificado a partir de la  gravedad  de  la  conducta  debido  al  grado    intenso   de   violencia   y   de   agresión     sufrido    por    las     víctimas.     Esa             motivación,  ciertamente,              sería    suficiente    para    un    incremento    en    la    punición,    más   aún   cuando   la  modalidad  especialmente  perversa  del  comportamiento   ilícito   fue  tal  que  permitió  configurar  la  causal  de  agravación  denominada  como  sevicia  (art.  104-6  C.P.).   

Sin     embargo,     precisamente  el que los autores del triple crimen hayan utilizado  una   violencia  física  o  agresión  excesiva  justificó  la imputación de la agravante de la sevicia  que,  junto  con el estado de indefensión a que fueron sometidas las víctimas,  determinó   la   aplicación   del  marco  punitivo  más  severo  al del tipo  simple  de  Homicidio.  Por  esa  razón,  la  misma circunstancia  fáctica  no puede ser empleada para  agravar aún más  la  pena  que  ya,  de entrada, era superior porque            permitió  encuadrar    la    conducta    en   una            tipicidad   más   drástica,   so   pena   de   infringir   la  prohibición     de     doble    incriminación    (art.    8    C.P.).  Para  una  mejor  ilustración  obsérvense           las            razones       por       las           cuales   el  juzgador  consideró que los homicidios fueron cometidos con sevicia:   

En el caso subjudice ha de decirse que los  hermanos  FONSECA  fallecieron  a  consecuencia  de  la  agresión que sobre sus  humanidades  fue  realizada por parte de sus agresores ARISMENDI QUIÑONES OCORO  Alias  “Guillermo”,  LUIS  EDUARDO  SIERRA  PÁEZ  Alias “Ángel” y LUIS  MANUEL  GARCÍA  PÉREZ  Alias  “Nico” entre otros, quienes los superaban en  número,  y optaron por conseguir la muerte de sus víctimas con la utilización  de  un  elemento  cortocontundente, el cual generó un dolor innecesario para la  consecución  del  resultado  de la muerte de estos. Pues téngase en cuenta que  demostrado  esta  que  los  desmembramientos  se realizaron cuando las víctimas  estaban  con  vida,  de  conformidad  con el Protocolo de Necropsia.5    

Ahora,  en  lo  que respecta al Concierto  para   delinquir,    le   asiste  plena   razón   al  delegado  de  la  Procuraduría   porque   en  la  decisión  de  imponer  una prisión y una multa en cantidades superiores a los montos mínimos  legales    (90    meses    y   6.500   s.m.l.m.v.,  respectivamente), ninguna  motivación  suministró  el  juzgador  a  partir de  la gravedad del delito en  cuestión,  del  daño  real  o  potencial que éste  creó,   de  la  naturaleza  de  las  causales  que  agravaran       o      atenuaran           su       punibilidad,   de  la  intensidad  del  dolo,  la  preterintención  o culpa concurrentes, de  la necesidad de pena y   de  la  función  de  la pena en el caso concreto.   

Al  efecto,  la  sentencia  se  limitó a  afirmar  que el incremento de la pena procedía “al  igual  que  en  la  conducta anterior” o   “…   siguiendo   los   mismos  parámetros”, cuando es  claro  que  las  conductas que permitieron configurar, de una parte, los delitos  contra  la  vida  y,  de  la  otra,  uno contra   la   seguridad   pública,  son  diferentes  en  su  estructura  fáctica,  en  su descripción típica y en el  bien  jurídico que cada una de ellas puede lesionar,  de     allí     que     los     juicios     que     permiten    calificar  la    gravedad    de  esas  conductas  también sean distintos.  No sobra  advertir    que    la  asociación  criminal, al  igual  que los homicidios,  fue  imputada  en  la modalidad agravada, por lo que  la  motivación  de una pena que superara el mínimo  legal   requería   de  una     carga     argumentativa     que    trascendiera    la   gravedad  prevalorada    por    el    legislador.        

Teniendo  en  cuenta  que,  como  se vio,  la    fundamentación  de la aplicación  de  penas  principales por encima  de  los  mínimos  legales  respectivos,  o viola el  principio   del   non   bis  in  ídem  porque  reprodujo  el  sustrato  de  una  circunstancia  legal de agravación específica de las conductas homicidas, o es  inexistente,    como  ocurrió      frente      al      Concierto      para      delinquir,  porque  omitió  cualquier  análisis  de  los  parámetros  consagrados  en  el  artículo 61 sustantivo frente a  la     conducta    en    concreto;    se  desconoció  el  principio  de  la  motivación  suficiente  y  explícita  de  las sanciones penales (art. 59 C.P.),  lo  cual  hace  imperativa  la  corrección  de  la  irregularidad  mediante  la revocatoria de las cantidades de pena que exceden los  extremos mínimos determinados por el legislador.   

En    consecuencia,    las  sanciones penales que corresponden a los delitos concurrentes  serán  las  siguientes: para cada Homicidio agravado se impondrán 300 meses de  prisión,  mientras  que  al  Concierto para   delinquir   una   pena  privativa  de  la  libertad  de  72  meses   y   una  multa  equivalente a 2.000 s.m.l.m.v.   

VII.  A  partir  de  las  reglas  ya  dilucidadas  para la  determinación  de  la  pena  aplicable  al  concurso  de  delitos, se   corregirán   los   errores  que  antes            se           identificaron,   para   lo   cual  se  respetarán        los  criterios  en  que  acertó  el  juzgador  y que no fueron objeto de impugnación:   

1.   Como  se  acaba  de  afirmar,  las  penas  de  prisión  que  individualmente   serían   imponibles  son  las  siguientes:  300  meses  por  cada uno de los Homicidios  agravados    cometidos   y   72   meses      por      el     Concierto     para     delinquir.  Ello, se  reitera,       por      cuanto      frente   a   ninguno  de  los  delitos  concurrentes     se    presentaron    circunstancias  genéricas de mayor punibilidad y no se justificó  la fijación de un monto superior al extremo mínimo legal.   

2.   Como  quiera  que el Juez  decidió  reconocer  un  descuento  de  la  tercera parte de la pena  por  la  aplicación  favorable  del  artículo  352  de  la  Ley  906  de  2004,  teniendo en cuenta que los  procesados  LUIS  MANUEL  GARCÍA PÉREZ, Arismendi Quiñones  Ocoro    y    Luis    Eduardo    Sierra   Páez   se   acogieron   a   sentencia  anticipada;   la  plena  individualización  de  las  sanciones  privativas  de  la  libertad  erigida en  prerrequisito  de  la  determinación  de  la  más  grave  de  ellas,  exige la  disminución  de  cada  una  de  ellas  en  la proporción anunciada.   

Antes     de     ello,             debe         advertirse que en  el  evento  bajo  examen no era procedente el cotejo del artículo 352 de la Ley  906  de  2004  a  efectos  de  determinar  si, en cuanto a la rebaja de pena que  debía  reconocerse  a  los condenados, era más favorable al artículo 40 de la  Ley  600  de  2000,  por la sencilla razón de que la  norma     posterior     regula     un    supuesto  fáctico  diferente  al  del  allanamiento  simple a  cargos:  la novedosa institución de los preacuerdos. Así las cosas, a lo sumo,  la    comparación    normativa tendiente a efectivizar el principio  de   favorabilidad   debió   hacerse  frente   al   artículo   367  del  C.P.P./2004  que  contempla  la manifestación unilateral  de   culpabilidad   realizada   al   inicio   del   juicio  oral  como  medio para obtener la rebaja de una  sexta    parte    de    la   pena.   En        consecuencia,  en  el  mejor  de los casos, el descuento punitivo que  podía  reconocer   el   A   quo  era  de  una  sexta  parte  de   la   pena  por  ser  éste  más  favorable   que  el  de  la  octava  prevista  en  el artículo 40 para la aceptación de la acusación.   

Sin embargo, en garantía del cumplimiento  de  la  prohibición  de  la reforma perjudicial, como quiera que el defensor es  recurrente   único,   se  mantendrá  el  descuento  reconocido   desde   la  sentencia  de  primera  instancia, a partir de lo cual  se  obtiene que las penas correspondientes a cada uno  de los delitos son las siguientes:   

a) Homicidios agravados: si los 300 meses  que   les   son   imponibles   se   reducen  en  una  tercera  parte  (100  meses), entonces queda una pena  definitiva  para cada una de esas conductas punibles  de 200 meses.   

b)  Concierto  para  delinquir: si los 72  meses  que  resultan  aplicables  se  reducen en una  tercera   parte   (24   meses),   entonces   la   pena   definitiva   es  de  49  meses.   

Resulta,  evidente,  entonces  que de las  penas  imponibles debidamente dosificadas, la más grave es la que corresponde a  uno   de   los   delitos   contra  la  vida,  es  decir,  la  de  200  meses  de  prisión.   

3.    A  continuación  se  determina el “otro tanto” que se debe adicionar a la pena  base  de 200 meses, para lo cual, como se advirtió, se respetará en lo posible  los  criterios  empleados  por  el  juzgador.  En ese  orden,  recuérdese  que las porciones que asignó a  los  delitos concurrentes para conformar la cuantía final a aumentar fueron las  siguientes:  a)  150  meses  por  cada  uno  de  los  dos  Homicidios  Agravados  restantes,  cifra ésta que en relación a los 345 meses que fijó como cantidad  de  partida  equivale  a un 43,47%; y b) 55 meses por  el   Concierto   para   delinquir,   cifra  ésta  que  en  relación  al  monto  básico  representa  el  15,94%.  Sin  embargo,  como  quiera  que  cuando la  sentencia  adicionó  este  último  valor  excedió  el  duplo  del  monto más  grave              (102,88%),    la  salvaguarda  del límite legal determina la reducción del porcentaje respectivo  hasta 13,06%.   

De    esa    manera,    a  la pena más grave (200  meses) se  adicionarán:   86,94   meses  por  el  segundo  Homicidio  agravado,  otra cifra igual por el tercero de tales delitos y, finalmente,  26,12  meses por el atentado a la seguridad pública,  lo   cual   implica  que,  por  los  delitos  concurrentes,  se  impondrá  el  máximo           de          otro  tanto  (200  meses),    por    lo    que   la   pena   definitiva   de  prisión  que       corresponde       a      la     pluralidad    de   conductas  punibles  por  la  cual  resultaron  condenados  LUIS  MANUEL GARCÍA PÉREZ, Arismendi Quiñones Ocoro y  Luis   Eduardo   Sierra   Páez,   será   de   400  meses  o  33  años  y  4  meses.      Esta  cantidad     final  no    supera    (i)  la  suma aritmética de las penas imponibles por los  delitos  que, según las explicaciones antecedentes,  sería   de   649   meses,  ni  (ii)  los  40  años  previstos   como  tope  superior   de   la   pena   privativa   de   la   libertad  en  los  eventos  de  concurso.   

VIII.         Consideraciones finales   

1.  Según lo  expuesto,  la  pena  de multa tasada en 2.000 s.m.l.m.v. también debe reducirse  en   una   tercera   parte,   por   lo   que   la  misma  se  fija  en  1.333,34  s.m.l.m.v.   

2.  Las demás  decisiones  contenidas en la sentencia se mantienen incólumes, especialmente lo  relativo      a      (i)     la     cuantía   de  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas porque  la  prisión en todo caso supera el máximo legal de  los   20  años  previstos  para  aquélla,  y  (ii)  a   la  negativa  de  conceder  subrogados  penales  (suspensión   condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria),  pues  el  monto  de  la  sanción privativa de la libertad los  hace        manifiestamente       improcedentes.   

3. Finalmente,  como  quiera que la vulneración a la garantía de la  legalidad  de  la  pena,  de   igual    forma    ocurrió   en     relación     a     los    procesados    no    recurrentes        Arismendi     Quiñones    Ocoro    y    Luis    Eduardo    Sierra  Páez,  es  menester      extender,     oficiosamente,    a  ellos  los efectos de la corrección  de          la         sentencia.          

D E C I S I Ó N  

En  mérito de lo expuesto, la   Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

Primero:  Casar   parcialmente   la  sentencia  condenatoria  proferida en contra de LUIS  MANUEL   GARCÍA  PÉREZ,  ARISMENDI  QUIÑONES  OCORO  y  LUIS  EDUARDO  SIERRA  PÁEZ,  por  los  delitos  de Homicidio agravado en  concurso  homogéneo y Concierto para delinquir, con  el  objeto  de modificar  las   penas   principales   que   fueran   impuestas.   

Segundo:  En  consecuencia,   imponer   a  LUIS  MANUEL  GARCÍA  PÉREZ,  ARISMENDI QUIÑONES  OCORO   y   LUIS   EDUARDO  SIERRA  PÁEZ,  las  penas  de  prisión  por un término de cuatrocientos (400) meses y multa equivalente a  un  mil  trescientos  treinta  y  tres  punto  treinta  y  cuatro  (1.333,34)      salarios      mínimos      legales      mensuales  vigentes.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  “El  sentenciador  sólo podrá moverse dentro del  cuarto   mínimo   cuando  no  existan  atenuantes  ni  agravantes  o  concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  dentro  de  los cuartos  medios   cuando   concurran  circunstancias  de  atenuación  y  de  agravación  punitiva,   y   dentro   del   cuarto   máximo   cuando  únicamente  concurran  circunstancias  de  agravación punitiva”. Art. 61,  inciso 2º, del Código Penal   

2 60  años a partir de la Ley 890 de 2004 (art. 1º).   

3 El  artículo   2º   de   la   Ley   890   de   2004  aumentó  ese  límite  a  50  años.   

4  Sentencia de casación del 5 de septiembre de 2011, rad. 30085.   

5  Páginas 39 y 40 de la sentencia de primera instancia.     

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