SP12197-2014(38960)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP12197-2014  

Radicación N° 38960  

(Aprobado  Acta N°  298)   

Bogotá  D.C., diez (10) de septiembre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 28 de marzo de 2012, el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Sincelejo declaró autor penalmente  responsable   al   doctor   Alberto  de  Jesús  Alviz  Tous,    en  su  condición  de  Fiscal  Tercero  Delegado  ante  el  Juzgado Promiscuo Municipal de San Onofre -Sucre, del delito  de  prevaricato  por  acción.  Le impuso 36 meses de prisión e inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por 60 meses y multa de 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  a  la  época de comisión del  delito  y,  finalmente,  le  suspendió  condicionalmente  la  ejecución  de la  pena.   

La  Sala  resuelve  el  recurso de apelación  propuesto  por  el  procesado  y  sustentado por su defensor, contra la anterior  decisión.   

HECHOS  

El  23  de  agosto  de 2007, la Comisaria de  Familia   de   San   Onofre   (Sucre)  denunció  ante  el  doctor  Alberto  de Jesús Alviz Tous    Fiscal  3º     Local   de   esa  población,     que  Janer   Huertas   Licona  quemó  en  los genitales a su hija M.C.H.G. de  6  años de edad y le causó lesiones en esa parte del  cuerpo.   

Ante   ello,   el   referido  funcionario  dictó  resolución  de  apertura  de  instrucción,  escuchó     en     indagatoria     al     supuesto  agresor   y,      sin      definirle      situación      jurídica,  lo  dejó  en  libertad.  Posteriormente,  el  5  de octubre del  mismo  año,  no  habiendo  acopiado  más  pruebas  y  sin  clausurar  la  fase  procesal,     dictó  preclusión  de  investigación  conforme al artículo  39   de   la   Ley   600   de   2000,  lo  cual  determinó  a  la  quejosa,   quien   no   pudo  enterarse  oportunamente  de  dicho  proveído,  a interponer una  acción  de  tutela, que le  fue        negada.       El       fiscal   que  sustituyó  al  procesado,  aprovechando  su  vinculación  al expediente constitucional, compulsó copias a  efectos de que su antecesor fuese investigado.   

DECURSO PROCESAL  

         1.-    La  investigación  preliminar  la  inició  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Sincelejo,  el  14  de  mayo  de  2010,  trámite  en  el   que   se  allegaron  testimonios  y  documentos.  El  25  de agosto  siguiente,  se  dispuso  abrir  formalmente  instrucción  y  vincular,  a  través  de indagatoria,      al     doctor     Alberto   de  Jesús  Alviz Tous, acto que  se llevó a cabo el 13 de septiembre del mismo año.   

         2.-  El 28 de  febrero   de   2011,   el  director   de  la  investigación,  al  resolver  la  situación  jurídica  del  sindicado,   se   abstuvo   de  imponerle  medida  de  aseguramiento.   

         3.-  El  5 de  agosto    posterior,  se  dictó resolución de  acusación   en  contra  de  Alviz  Tous,  como  probable  autor  del    delito    de    prevaricato por acción.   

        4.-   El  Tribunal    Superior    de   Sincelejo       realizó      audiencia  preparatoria el 17        de        noviembre        de    esa  anualidad.   

        5.-    La   audiencia   pública   de  juzgamiento    tuvo    lugar    el    7  de  febrero  de  2012 y,      el      fallo      de      primera     instancia,  se  profirió  el  28  de marzo del  mismo    año,    contra    el    cual,       oportunamente, apeló el procesado y sustentó la defensa técnica.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

          En  primer  lugar,  el  a quo  recuerda  los  elementos  objetivo  y  subjetivo del tipo penal de  prevaricato  por  acción,  dando por descontado frente a aquel, el referente al  sujeto activo calificado.   

          Seguidamente,  se  compromete  con  el  análisis de las pruebas que  tuvo  a  su disposición el implicado para precluir la instrucción, en favor de  Janer  Huertas  Licona; hace lo propio con el artículo 39 de la Ley 600 de 2000  y  pone de presente jurisprudencia de esta Sala (rad. 23901 del 23 de febrero de  2006),  para  arribar  a  la conclusión de que los fundamentos de la mencionada  decisión  gravitan  discordantes, toda vez que allí se califica de atípica la  conducta,  pero,  al  tiempo, se reconoce la duda en punto de la responsabilidad  del sumariado.   

          Advierte,  que  antes  del calificatorio no es procedente aplicar el  in  dubio  pro  reo, porque  para  ello,  precisamente, está reservado ese proferimiento; así es que, si se  llegare  a  presentar  un  estado  de  dubitación,  debe  seguirse  recopilando  elementos   de   convicción,   lo   cual  desatendió  el  doctor  Alviz  Tous   y,  por ello, a solo 31  días   de   iniciado  el  término  definido  para  la  etapa  instructiva,  la  precluyó.   

          Manifiesta,   que   el   sustento  de  la  resolución  cuestionada,  concretado  en la imposibilidad de acopiar pruebas, no resulta admisible para un  funcionario  de la trayectoria del procesado, quien, al menos, durante 10 años,  ocupó  los cargos de juez y fiscal, por lo que difícilmente podía ignorar que  la  calificación  de  la  investigación  procedía luego de que se acopiara la  prueba requerida.   

          No  pierde  de vista que la Comisaria de Familia aportó datos sobre  los  testigos,  incluso,  de  la niña lesionada; lo propio hizo el sindicado en  sus  descargos  y,  apegado  a  ese  hecho,  sugiere que la información la pudo  constatar  el  implicado  para  tener  mayores  elementos  de juicio con miras a  adoptar  la  decisión,  mas no mostró ningún interés al respecto y, tampoco,  se planteó un método en orden a recopilarlos.   

          Luego,  se  ocupa  de  los  riesgos  latentes  para  el fiscal en la  consecución  de  las  pruebas  y  reconoce  que  la  zona era poco segura, pero  plantea  que  si  la  recorría la Comisaria de Familia, quien así lo indicó y  agregó  que el desplazamiento en vehículo hasta la vereda en donde residía el  padre  agresor  tomaba  media  hora,  no  había  ningún inconveniente para que  Alviz   Tous   se  hiciera  presente en ese sitio con el fin de practicar pruebas.   

          Tacha  de  despreocupado al implicado porque dejó sin dilucidar si,  como  lo  señaló  la  denunciante,  acogiendo  las  quejas de los vecinos, las  lesiones  de la niña fueron causadas por su padre, o, se las causó ella misma,  al  orinar  en  unas  cenizas  calientes,  según  versión  de  Huertas Licona.   

          En  razón  de  esa  falta  de  actividad,  cuestiona a Alviz  Tous  y, con mayor rigor, porque no  dejó   constancia  en  el  expediente  de  que,  según  dice,  Leivis  Gómez,  progenitora  de  la  menor,  se  había  presentado a su despacho y, no obstante  negarse  a  declarar,  desmintió  que  su  esposo hubiese lesionado a la niña,  aduciendo   que  para  el  momento  del  hecho,  aquel  se  encontraba  en  otro  lugar.   

          Expresa   que  la  tipicidad  no  la  definen  criterios  subjetivos  –se  vale del precedente  de  esta  Sala,  del  5  de  agosto  de  1997,  radicado 9526- y, de esa manera,  desestima  el planteamiento del enjuiciado concretado en que no podía creer que  un  padre  maltratara  a  su pequeña hija y, por esa razón, fue que acogió la  manifestación de inocencia del sindicado Huertas.   

          Considera    que    el    doctor    Alviz  Tous,  antes  que  precluir,  estaba obligado a seguir  investigando,   mayormente,   porque  contra  el  padre  de  la  menor  recaían  amonestaciones  por violencia intrafamiliar que conllevó a la aplicación de la  medida  legal  consistente  en  retirar  a  la  niña  de  su hogar, la cual fue  adoptada por la Comisaría de Familia.   

          En  el  apartado  que  denominó la objetividad y subjetividad de la  conducta,  indicó que aquel aspecto concurre en el evento en cuestión, pues el  proveído   que   dictó   Alberto  de  Jesús  Alvis  Tous  es  contrario  a  la ley, en tanto que estaba al  frente  de  una  conducta  típica  de  violencia intrafamiliar que expresamente  atribuía   la   Comisaria   de   Familia   a   Janer   Huertas;   no  obstante,  “esotéricamente”  se  apartó  de  la prueba y dispuso la preclusión de la  instrucción,  desbordando los límites de permisión del artículo 39 de la Ley  600  de  2000,  con  lo cual activó el tipo penal contenido en el canon 413 del  Código Penal.   

          Reseña  el  Tribunal,  que  la  causalidad no es suficiente para la  imputación  jurídica  del  resultado  y,  enseguida,  acomete el examen de las  pruebas  que  le  permitirían  asegurar  que el procesado conocía y quería la  realización del hecho típico.   

          Descarta  el  error al producir el implicado la decisión, porque la  norma  a  aplicar,  valga  decir,  la  que  regula la preclusión, es muy clara,  fácil de entender e interpretar.   

          Empieza,   entonces,   a   hilvanar   el  dolo  en  el  proceder  de  Alvis  Tous  y, así, indica  que  éste  conocía  el  contenido  de  la  norma  procesal  en la que basó su  resolución,  tanto  que  la  citó;  entonces,  sabía que la causal preclusiva  tenía  que  estar  completamente demostrada o, en defecto de ello, continuar la  investigación,  pues el diligenciamiento contaba con suficiente información en  orden a ese aspecto.   

          Sostiene  el  juez plural, que el conocimiento del acusado acerca de  la  manifiesta ilegalidad de su actuación, lo reafirma su indagatoria, en donde  se  negó expresamente a responder el puntual interrogatorio que se le formuló,  lo  mismo  que  haber evadido, mediante respuestas incoherentes e ilógicas, las  preguntas formuladas en la audiencia pública.   

          Recuerda  que  el  prevaricato  por  acción  no  siempre  supone la  contrariedad  entre un precepto normativo y la interpretación o aplicación que  de  él  haga el funcionario, ya que también surge de la valoración probatoria  incompleta  y  maliciosamente  sesgada,  que  es lo que emerge del proveído del  doctor   Alberto  de  Jesús  Alvis  Tous,  puesto  que solo tuvo en cuenta la versión del investigado Janer  Huertas,  apartándose  por  completo, de otras pruebas, entre ellas, el acta de  visita  domiciliaria  de  la  Comisaría  de  Familia,  en donde se consignó el  señalamiento que le hizo la menor a su padre.   

          Para  el  Tribunal,  el  procesado  fácil podía inferir que estaba  frente  a una conducta punible, y que el investigado Janer Huertas era su autor,  pues   debió  apreciar  las  pruebas  en  su  conjunto,  como  está  dispuesto  legalmente.   

          Concluye   que   la   motivación   del   proveído  que  suscribió  Alviz  Tous fue antojadiza e  irracional,  con  el  fin  de  no  continuar  con  la  investigación  contra el  progenitor  de  la  menor  lesionada  y, en ello, estriba el desconocimiento del  orden  constitucional  y  legal,  y  afirma  el  aspecto subjetivo del delito de  prevaricato por acción.   

EL RECURSO  

          El  defensor  del procesado realizó la síntesis de la sentencia de  primer  grado  y  tras recordar lo precisado por esta Corporación en sentencias  del  3  de  septiembre  de  2002 y 11 de marzo de 2003, radicados 15513 y 18031,  respecto  del  delito  de  prevaricato por acción, en sus vertientes objetiva y  subjetiva.   

             Además,   indica  que,  de  acuerdo  con  dicha  jurisprudencia,  cualquier  contradicción  entre  la  decisión  y  la  ley, es incapaz  de  configurar  el  punible en estudio, pues se requiere que aquella sea evidente y,  de  otra  parte,  que  el  autor  tenga  consciencia  de  la  ilegalidad  de  su  determinación,  exigencias  inadvertidas aquí, lo que, a lo sumo, conllevaría  a tacharla de antitécnica, nunca de ilegal.   

          Para   explicar   su  postura,  sostiene  que  el  proveído  estuvo  enmarcado  en  principios  y  valores  del  ordenamiento jurídico, situados por  encima  de la norma aparentemente infringida, aplicables en cualquier momento de  la  actuación  procesal. Ese entendimiento, y el convencimiento en su defendido  de  no  lograr  el perfeccionamiento de la investigación, lo llevaron a aplicar  la  presunción  de  inocencia  y  el  in  dubio pro  reo.   

          Sugiere  que,  si  bien en la providencia que su asistido suscribió  hizo  mención del canon 39 del estatuto en cita, el verdadero fundamento lo fue  el  in  dubio pro reo, como  manifestación  del derecho constitucional a la presunción de inocencia, con lo  cual  queda  descartado  el dolo y, por ende, el capricho o la arbitrariedad; de  la    misma    manera,    borraría    todo    viso    de   ilegalidad   de   la  determinación.   

          Recuerda  que  esta  Corporación  ha  admitido la aplicación de la  duda  en  eventos  en  que se decida la apertura de una investigación, de donde  concluye  su  viabilidad,  aún,  en  la  fase  anterior  a  aquella  y frente a  cualquier aspecto de los referidos por la teoría del delito.   

          Así,  refiere  que  su  representado  podía acudir a ese beneficio  para  el  sindicado  Huertas  Licona,  aún  más,  cuando,  según  el panorama  procesal,  se  hacía necesario, merced a la ausencia de pruebas, aspecto que se  constata  con los anexos de la denuncia y la declaración bajo juramento rendida  por  la  doctora  Nubia  Caro  Arriola,  quien  indicó  que  los vecinos que se  quejaron  del  maltrato  infligido  por Janer Huertas Licona a su niña, estaban  dispersos y no podían ser identificados.   

          Destaca  que  a  la  aplicación de los principios de presunción de  inocencia    e   in   dubio   pro   reo,  su  prohijado  sumó  los de celeridad y economía procesal, para  evitar  que  durante un largo periodo el sindicado soportase inoficiosamente los  rigores  de  la  investigación,  toda vez que se hacía imposible comprobar los  hechos  de  la  denuncia,  porque  la  prueba pericial se hallaba incompleta, la  madre  de  la menor se negó a declarar, y la versión de ésta no convendría y  sería  muy  poco  lo  que  aportaría,  dada  la  naturaleza  de  esa  clase de  atestaciones y lo complejo que resulta ser su análisis.   

Bajo  ese  sustento,  reclamó  de  la  Sala  revocar  el  fallo  de  primera  instancia  y  disponer  la  absolución  de  su  defendido.   

CONSIDERACIONES  

          La  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia es la  llamada  a  desatar  el  recurso  de  apelación  conforme  a lo reglado por los  artículos  75.3  y  76.2  de  la Ley 600 de 2000, por tratarse de una decisión  proferida  en  primera  instancia por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Sincelejo,  en  un  proceso adelantado contra un fiscal local, por conductas  realizadas en ejercicio de sus funciones.   

          Con  expresa  observancia  de  los  principios  de  limitación y no  reforma  en  peor,  contenidos  en los artículos 31 de la Carta Política y 204  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corporación se detendrá en los  aspectos     impugnados     y     los     que     resulten     inescindiblemente  vinculados.   

          La  Fiscalía  basó la imputación fáctica en la preclusión de la  investigación  que dictó el acusado, el 5 de octubre de 2007 en favor de Janer  Huertas  Licona,  por el delito de violencia intrafamiliar agravado, al observar  que  fue prematura y estaba sustentada de manera lacónica e inadmisible, porque  para   tal  fin  Alviz  Tous  apenas  indicó  que  se  imposibilitó la labor probatoria y, consecuentemente,  afloraba   atípica   la   conducta,   además   de   que   se   configuraba  la  duda.   

          Las  reflexiones del fiscal implicado, para precluir, son las que se  exponen a continuación:   

“Como no se anunciaron los nombres de las  personas  que  supuestamente  son  testigos  de  los  hechos, para esta delegada  resulta  inocuo adelantar el trámite investigativo y darle verificación o no a  los  hechos.  Como  no  es  posible  obtener  pruebas encaminadas a demostrar la  responsabilidad  o  culpabilidad  del  denunciado,  resalta la duda en su favor,  atendiendo  a lo señalado en los artículos 12 del Código Penal, 7 del C.P.P.,  porque  objetivamente  no  se puede proferir sentencia condenatoria, y toda duda  debe resolverse a favor del procesado por presunción de inocencia.   

Esta situación normativa hace aconsejable  tomar  la  decisión  de  precluir  la investigación a favor de HUERTAS LICONA,                    porque  a  falta  del  elemento sustancial de la culpabilidad como  uno  de los integrantes de la acción penal o conducta punible, queda incompleta  la  definición.  Es decir, son tres los elementos: tipicidad, antijuridicidad y  culpabilidad   (Art.  9  del  C.P.);  es  por ello que los hechos quedan en  conducta  atípica  y  esta  es  una causal objetiva que impide continuar con la  acción  penal  o trámite procesal, amén de lo que pregona el artículo 39 del  C.P.P.   

Siendo  ello así, esta delegada ordenará  la  preclusión  de  la  investigación  y  el  archivo  del expediente, con las  anotaciones   secretariales   en   el  libro  radicador  y  sijuf”1.   

          Lo  llamó  a  juicio, entonces, como autor del reato de prevaricato  por  acción, previsto en el Código Penal, libro II, título XV, delitos contra  la   administración  pública,  capítulo  séptimo,  artículo  413,  definido  así:   

“El  servidor público que profiera resolución, dictamen  o    concepto    manifiestamente    contrario    a   la   ley,   incurrirá   en  prisión…”   

          Como  de resultado y doloso, por excelencia, se califica la ilicitud  del   sub   lite,   cuya  estructura básica objetiva atiende a:   

          1.-Tipo  penal  de  sujeto  activo calificado, esto es, que la parte  activa    de    la    conducta    debe   ostentar   la   calidad   de   servidor  público.   

          2.-  Que  se profiera una resolución, dictamen o concepto contrario  a  la  ley, es decir, que exista una contradicción evidente e inequívoca entre  lo resuelto por el funcionario y lo mandado por la norma.   

          Así  mismo,  ha  de precisarse que la subsunción que reclama dicha  especie  de  delito debe estar precedida simplemente de la comparación entre la  determinación   que   se   juzga   y   la   ley,  sin  que  devengan  exigibles  “complejas   elucubraciones   o  a  elocuentes  y  refinadas              interpretaciones2”,    toda   vez   que   la  divergencia  de  criterios mal puede considerarse como manifiestamente contrario  a la ley y, de contera, configurar el prevaricato por acción.   

          Frente  a  este  comportamiento,  la jurisprudencia de la Sala tiene  dicho:   

“…dicha  conducta  prohibida se realiza, desde su aspecto objetivo, cuando se presenta un  ostensible  distanciamiento entre la decisión adoptada por el servidor público  y  las  normas de derecho llamadas a gobernar la solución del asunto sometido a  su                  conocimiento…3”.   

          La  norma  que  se  dice  fue  desconocida  por  el  acusado,  es el  artículo  39  de  la  Ley  600  de  2000,  que  regula  la  preclusión  de  la  instrucción  no  en  el  calificatorio,  sino  en otros momentos procesales. Su  contenido es el siguiente:   

“En    cualquier   momento   de   la  investigación  en que aparezca demostrado que la conducta no ha existido, o que  el  sindicado  no  la ha cometido, o que es atípica, o que está demostrada una  causal  excluyente de responsabilidad, o que la actuación no podía iniciarse o  no  puede  proseguirse, el Fiscal General de la Nación o su delegado declarará  precluida       la      investigación      penal      mediante      providencia  interlocutoria…”.   

         

          Se  hace  completamente  notorio el distanciamiento con la ley de la  decisión   de   preclusión  de  la  investigación  que  profirió  el  doctor  Alberto de Jesús Alviz Tous,  toda vez que desatendió esos precisos y claros mandatos.   

          Ello  es  así porque al seleccionar de entre esas causales alternas  la  atipicidad  de  la  conducta, su inexcusable labor consistía en identificar  probatoriamente  el  fenómeno tal, es decir, solo podía precluir si encontraba  acreditado  que  la  conducta de Janer Huertas Licona no se subsumía en ningún  tipo penal.   

          Esa  reflexión  se  sugiere  correcta,  dado  que  si  se revisa el  precepto  en  cuestión, no figura que el estado de duda, en cuanto a la mentada  alternativa  normativa,  conlleve  al  mismo  resultado, como si ésta estuviera  probada,  es  decir, a la preclusión de la actuación; tampoco, esa hipotética  solución se desprende, al pretender analizar el citado mandato.   

La  Corte  se  ha ocupado de esa preceptiva,  concluyendo  que  la  causal que se invoca debe estar suficientemente probada en  el   proceso,   lo   cual   no  se  presta  a  ninguna  clase  de  confusión  o  interpretación  en  contrario;  ha  dicho,  igualmente,  que es una obligación  inobjetable  del funcionario seguir adelantando la actuación, en caso de que se  presente  duda  en  punto  del  aparte  normativo  seleccionado  con tal fin. La  siguiente, es su consideración al respecto:   

… La simplicidad y claridad del tenor de  las  disposiciones  desecha  la posibilidad de que se presenten interpretaciones  discordantes   o   confusiones  en  su  compresión,  además,  por  lustros  la  jurisprudencia  y  la doctrina han sido uniformes en pregonar que para precluír  la  investigación el Fiscal en la instrucción o cesar el procedimiento el Juez  competente,  es  imprescindible la demostración plena de la causal invocada, de  modo  que si perviven dudas sobre su comprobación el funcionario judicial está  compelido  a  continuar  el  trámite.(CSJ SP, 06 Abr.  2005, Rad. 22099).   

          Como  no  es  factible  precluir la investigación por duda, tampoco  por  falta  de  pruebas  puede  conseguirse  ese  mismo  fin,  a consecuencia de  imposibilitarse  su  recopilación,  tal cual, lo pretende la defensa material y  técnica.  Aquella,  en  el  proveído  censurado  y,  ésta,  en su memorial de  apelación,  pero  ninguna  exhibiendo  razones atendibles, ni preceptos legales  fundantes  de  esas posturas, nada de lo cual lo constituye la posible búsqueda  infructuosa  de los testigos, ora la negativa a declarar de la madre de la niña  ultrajada  o  el  concepto que pueda tenerse de las versiones de los menores, en  el  sentido  de  que  tomarlas  y  analizarlas  resulta  inoficioso  y, menos se  justifica   ese   proceder,   cuando   el  término  legal,  reservado  para  la  instrucción,  no se ha agotado y, por lo tanto, es factible seguir con la labor  encaminada   a   recoger   elementos   de  juicio  que  doten  la  decisión  de  sustento.   

          De   ahí,   que  se  desestimen  las  reflexiones  del  impugnante,  centradas  en  prohijar  lo alegado por su representado, en el sentido de que se  le  imposibilitó  acceder a los medios de conocimiento y acoja como sustento de  aquellas,    la    versión   de   la   denunciante   Nubia   de   Jesús   Caro  Arriola4,  consistente en que conversó con el procesado sobre la dificultad  de  tomar  los versiones de los vecinos de la familia Huertas Gómez, porque las  viviendas  en  ese  sector  rural están dispersas y la distancia entre ellas es  como de cien metros.   

          Es  lamentable  que  el  abogado  de  Alviz  Tous  le  dé  esa  lectura  tan desafortunada a dicha  declaración;   si   así  fuese,  habría  que  concebir  que  la  función  de  administrar  justicia  se  cumple, siempre y cuando, los funcionarios encargados  de  recolectar  los  elementos  de convicción consideren que no enfrentarán el  más mínimo de dificultades en la ejecución de dicha labor.   

          Es  oportuno determinar que cuando se observa que los plazos fijados  por  el  legislador  para  la  etapa instructiva están por acabarse, procede la  calificación  y,  con  ocasión  de  ésta,  si  las  pruebas  no justifican el  proferimiento  de resolución de acusación, conforme al artículo 397 de la Ley  600  de 2000, ya porque no es seguro que el hecho haya ocurrido o, si esto obra,  bien  puede acontecer que las pruebas no permitan afirmar la responsabilidad del  sindicado,  no  queda alternativa que la de precluir dicho estadio, reconociendo  el   estado  de  dubitación,  como  lo  contempla  el  canon  399  ibídem.   

          Por  eso,  una  decisión  en  tal  sentido  sin  existir los afanes  propios  del vencimiento de los términos, requiere de la acreditación plena de  la  causal  preclusiva y, por el contrario, deviene cuestionable asentarla en la  duda.   

          Lo  que aparta y, abiertamente, la decisión del fiscal Alviz  Tous del ordenamiento jurídico, es  que  la  hubiese  adoptado  sin demostrar que el comportamiento de Janer Huertas  Licona  no  encajaba  en el tipo de violencia intrafamiliar o en otro, y, por lo  tanto,  se  cernía  irrelevante  para  el  derecho  penal, tal cual lo exige el  precepto  39  ya  mencionado,  pues  para el momento procesal que la pronunció,  cuando,  se repite, los términos aún no se estaban extinguiendo, en tanto que,  mayor  era  el  tramo  vigente  que  el  que se había agotado, ninguna clase de  cabida   tenía  el  in  dubio  pro  reo.   

          Ahora  bien,  la  Sala tiene que señalar que las piezas persuasivas  acopladas a la investigación, no autorizaban a precluirla.   

          Lo  anterior, con base en que la Comisaria de Familia de San Onofre,  al   interponer   la  denuncia  que  el  propio  Alviz  Tous  recibió, lo empapó de unos hechos concretos y,  dio  cuenta allí, de un sujeto en particular a más que aludió como víctima a  una  niña,  suministrando  sus  nombres  y  apellidos;  incluso, agregó que el  señalado   maltratador   ya   había   sido  amonestado  en  razón  del  mismo  comportamiento   frente   a  sus  pequeños  hijos  y,  particularmente,  contra  M.C.H.G.,  acerca  de  lo  cual  aportó  documentación  oficial,  en  donde se  encontraba  la  versión  de  la menor quien señaló que su padre la quemó con  candela.  De  la  misma  manera,  obraba  en  el instructivo el dictamen médico  legal,  en donde se reafirmó el maltrato en los genitales de la pequeña acorde  a   como   ella   lo   informó  y  la  incapacidad  que  por  20  días  se  le  prescribió.   

          Es  de  resaltar que a ninguna de esas pruebas aludió el acusado en  la  decisión  que  se  analiza  y,  por  tal  motivo, es ilógico que señalara  “los     hechos     quedan     en     conducta  atípica”  y,  por  ahí  mismo,  pusiera  fin  a la  actuación por la vía ya vista.   

          En  definitiva,  la  providencia de preclusión de la investigación  que  suscribió  el funcionario acusado y que bastante ha sido mencionada aquí,  resulta ser manifiestamente contraria a la ley.   

         

          Frente  al ámbito subjetivo del prevaricato por acción, no hay que  perder  de  vista su modalidad dolosa, por manera que deberá comprobarse que el  acusado  sabía  que  actuaba en contravía del ordenamiento jurídico, pero aun  así dirigió su voluntad a quebrantarlo.   

          Sobre  el  elemento  intrínseco  del  tipo  penal  en cuestión, la  jurisprudencia de la Sala ha dicho:   

“El  aspecto  subjetivo  de  las  conductas  punibles  como  el  prevaricato  por  acción, lo  constituye  el  dolo,  que  se  predica  cuando  el  agente  conoce  los  hechos  constitutivos       de       la       infracción       penal       –elemento  cognoscitivo- y quiere su  realización  –elemento  volitivo-”-. (CSJ     SP,     26     Ene.     2009,    Rad.    30847).   

          El  entendimiento  resultante  del anterior aparte no puede ser otro  que  el  dolo  en  el  delito contra la administración pública que se examina,  queda   confeccionado  con  la  convicción  y  la  determinación  resuelta  de  transgredir  la  ley,  elementos  que  se  congregan justamente en el actuar del  doctor          Alviz         Tous.   

            El  funcionario  implicado obedece a un curtido servidor judicial,  sobretodo      en      el      área      penal5,  sabía  que para precluir la  investigación  por atipicidad de la conducta debía contar con piezas suasorias  que  indefectiblemente dieran cuenta de ese fenómeno del derecho penal. En caso  contrario  simplemente  debía  reconocer  que su labor investigativa, no podía  quedar  ahí y, por lo tanto, darse a la tarea de aumentar el número de pruebas  que  le aportó la denunciante para que, una vez agotados los esfuerzos -ciertos  y  acreditables,  no supuestos ni aparentes-, frente a dicho cometido y, siempre  que  el  ciclo  investigativo  estuviera  cumplido, pudiera acudir a la norma de  indiscutida   prevalencia   que   aplicó,   es   decir,   la  del  in dubio pro reo.   

          La   formación   jurídica   del  acusado  y  su  experiencia  como  funcionario   judicial   en   la   especialidad  penal,  temática  ya  tratada,  obstaculizan  entender  que  no estuviera al tanto de que las normas rectoras de  la  ley  procesal,  si  bien  son obligatorias y prevalecen sobre cualquier otra  disposición,  deben  ser  utilizadas como fundamento de interpretación; siendo  así,  y,  en  el  caso  concreto,  por  el  estado  en  que  se  encontraba  la  investigación,  la  preclusión se avenía solo si concurrían las premisas del  artículo  39  de la Ley 600 de 2000, en donde no hay espacio para el componente  axiológico  que  adecuó al asunto, no queriendo esto decir, de ninguna manera,  que  esté vedada su aplicación en la mencionada fase procesal; la prohibición  se limita a activarlo en consonancia con la norma antes enunciada.   

          Y,  así,  de  idéntica  forma  a  como  se advierte corroborada la  lucidez  del  ánimo  por  transgredir  la  ley,  se  verifica  la  voluntad del  implicado  direccionada  hacía  el mismo objetivo; nótese que mostrando cierta  rebeldía  frente  a  su  perentorio  deber  de  acopiar  pruebas, dentro de las  exiguas   consideraciones  indicó:  “Como  no  se  anunciaron  los  nombres  de  las personas que supuestamente son testigos de los  hechos,  para esta delegada resulta inocuo adelantar el trámite investigativo y  darle     verificación     o     no     a     los     hechos    …”.   

         Su  manifestación  emerge  reprobable porque no se compadece con el  principio  oficioso  en  materia de pruebas dentro de la ritualidad procesal que  fija  la  Ley 600 de 2000. Adicionalmente, luce sofistica, toda vez que, como ya  se  indicó, de la denuncia, la documentación que aportó la funcionaria que la  promovió,   incluso   de  la  indagatoria  del  sindicado  Huertas  Licona,  se  desprendían   algunas  fuentes  de  prueba  que  fácilmente  pudo  capitalizar  Alviz  Tous  y,  de  ahí en  adelante, proyectar la ampliación del caudal correspondiente.   

          Desde  luego  que, según ya se puntualizó, un panorama de orfandad  probatoria  en los albores de una investigación, no autoriza a fulminarla; todo  lo  contrario,  en tanto que cuanto promueve es la decidida actitud exploratoria  a fin de evitar la odiosa impunidad.   

          El  procesado se entregó decididamente a infringir la ley. De ahí,  que  recurriese  a  aplicar  conscientemente  esa llamativa mixtura entre duda y  atipicidad.  A  aquella, es lo cierto, se le rinde tributo una vez sopesadas las  piezas  de persuasión, sin que esa labor haya permitido superarla, claro está,  en el momento de entrar a calificar el mérito del sumario.   

          Esa  cadena  de  asombrosas  formas  de aplicar la ley, a lo cual se  suma  la puesta en libertad del sindicado Huertas Licona, apenas lo indagó y la  pretermisión  de decidirle la situación jurídica6,  constituyen claras muestras,  lo  cual  excluye  la  duda,  de  que  el  doctor Alviz  Tous  resolvió directamente infringir el ordenamiento  jurídico,   encontrándose  en  condiciones  de  proceder  de  conformidad  con  él.   

          Acorde  con  lo  examinado,  se  confirmará  la sentencia de primer  grado,  no obstante la Sala considera necesario advertir que el Tribunal derivó  del  ejercicio  del  derecho  a  guardar silencio, por parte del sindicado en la  indagatoria,  juicios  de  valor  negativo  y,  en parte, ellos promocionaron la  imputación  subjetiva,  contraviniendo el mandato contenido en el artículo 337  de  la  Ley 600 de 2000, concretado en la inadmisibilidad de que de la injurada,  se  extraigan indicios en contra de quien ejerce tal prerrogativa, razón por la  cual  exhorta  a  la  primera  instancia  a que en lo sucesivo atienda esa clara  proscripción legal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1º.-  Confirmar la  sentencia  condenatoria  contra  el  doctor  Alberto de  Jesús  Alviz  Tous,  proferida  por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Sincelejo, dentro del presente asunto.   

2º.-  Exhortar al  fallador  de  primer  nivel,  conforme  obra  en  el  último  acápite  de  las  consideraciones.   

         

          3º.-  Contra  la  presente providencia no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fl.  43 Cuaderno de la Fiscalía.   

2  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de casación Penal, sentencia de 4 de febrero  de 2009, radicado 30542.   

3  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 13 de julio de  2006, radicado 25627.   

4 Fl.  105   y   ss   C.  de  la  Fiscalía.  Declaración  que  rindió  ante  el  investigador el 7 de septiembre de 2010.   

5 Las  diligencias       informan       –fl.  35  y  36  c.  del  Tribunal-,  que en 1991 inició como juez  promiscuo municipal y en el 2002 fue nombrado fiscal local.   

6  Conforme    a    los    artículos    229   del   Código   Penal   –precepto modificado por la Ley 1142  del  28  de junio de 2007, que gravó con pena de prisión entre 4 y 8 años, el  delito  de violencia intrafamiliar, aumentando dichos extremos de la mitad a las  tres  cuartas  partes,  cuando  la  conducta recaiga cobre un menor, entre otros  eventos-.  354  y 357 de la Ley 600, debía definirse la situación jurídica en  el presente evento     

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